Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Dulces Malabares. Mostrar todas las entradas
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Tarta de limón sin horno

Ir a casa de la abuela siempre me gustó. Ese era mi lugar favorito en el mundo. Claro que a la abuela solo la veíamos cuando mamá tenía vacaciones. Eso solía ser justo antes de que empezara la escuela, cuando los limones estaban en su mejor momento.

La abuela los llamaba primofiore y a mí me daba la risa, porque siempre lo decía con aire de condesa italiana, aunque tenía acento de Cuenca.

—Los primofiore son los primeros limones, los buenos —me explicaba, señalando su árbol como quien muestra una reliquia sagrada.

Yo no sabía nada de limones, pero sí sabía que con esos hacía la tarta de limón «más mejor» del mundo. Así lo decía yo. Con dos «más» y la boca ya salivando. Nunca sobraba. Y por mucho que le suplicara a mamá que se llevara limones y me hiciera una igual en casa, no había manera.

—No es la misma cocina —decía ella.

—No es la misma cocinera —decía yo.

Y entonces sonreía y zanjaba la conversación con su arma favorita:

—Pues aprende tú, que la abuela seguro te deja el secreto.

El problema es que, cuando por fin crecí, ya no había limonero. El campo se había convertido en una urbanización con nombres exóticos: Residencial Costa de Oro, Jardines de Capri... La casa de la abuela se había ido con ella.

Ahora, cada vez que veo limones, la recuerdo. Dicen que eso es nostalgia. Yo también lo digo, pero de la buena. De la que no aprieta el pecho, sino que te hace sonreír con los ojos. Y, sin pensarlo, sonrío. Y en mi lengua, lo juro, vuelve a aparecer ese sabor ácido y dulce: el de los primofiore de la abuela. El de la tarta «más mejor» del mundo.

Lemon pie sin horno con merengue

Tarta de limón con merengue y sin horno



La tarta de limón actual nació en el siglo XIX en la repostería de Estados Unidos, aunque sus raíces directas provienen de las técnicas culinarias europeas.

El ingrediente central de este postre es la crema de limón o lemon curd, creada originalmente en Inglaterra por comunidades protestantes y cuáqueras durante el siglo XVIII. En esa época, los colonos británicos llevaron la receta a América del Norte. Las primeras versiones consistían simplemente en una base de masa quebrada rellena con esta natilla horneada, simulando la consistencia de un flan o pudín, pero carecían por completo de la cubierta esponjosa debido a la escasez y al alto coste del azúcar y de los huevos.

La evolución definitiva hacia el clásico pastel de limón con merengue ocurrió en Filadelfia en 1806 gracias a Elizabeth Goodfellow, una cocinera estadounidense que dirigió la primera escuela de pastelería de ese país. La receta estrella de Goodfellow requería una gran cantidad de yemas de huevo para lograr la consistencia cremosa del relleno. Para evitar el desperdicio de ingredientes, decidió batir las claras sobrantes con azúcar y colocarlas sobre el pastel, horneándolo ligeramente. Su alumna Eliza Leslie documentó y publicó estas instrucciones culinarias en las décadas posteriores, expandiendo la popularidad del plato por todo el territorio norteamericano.

A mediados del siglo XIX, el término lemon cream pie ya se había consolidado, y para el año 1869 se registró formalmente por primera vez el nombre moderno de lemon meringue pie. Paralelamente, en Europa se desarrollaron variantes regionales sofisticadas como la tarte au citron en Francia. Más adelante, en los años treinta del siglo XX, surgieron adaptaciones comerciales en Florida que dieron origen al Key lime pie, utilizando leche condensada y limas locales. Hoy en día, esta tarta está considerada uno de los postres más internacionales y versionados de la gastronomía mundial.

Esta es, de todas las tartas, mi preferida, la clásica y esta versión que no necesita horno. Cada etapa de mi vida era diferente pero durante muuuucho tiempo siempre era de chocolate, siempre iba y venía y volvía al chocolate pero desde hace un tiempo el chocolate me empalaga y el limón me enamora, y el pie o tarta de limón está ya en mi corazón, ayer fue mi cumple y la tarta fue de limón. 

Actualizada 2026.


Tarta de limón sin horno


Ingredientes
  • 300 g de galleta tipo 'Digestive'
  • 130 g de mantequilla fundida
  • La ralladura de 1 limón
  • 150 g de queso de untar
  • 100 ml de nata para montar (35% MG)
  • El zumo de 2 limones
  • La ralladura de 1 limón
  • 150 g de azúcar
  • 1 sobre de gelatina neutra
  • 150 ml de agua
  • Molde de pie de 20 cm.

La base de la tarta:
  1. Tritura las galletas y cuando tengan un aspecto arenoso, añade la mantequilla fundida y la ralladura de 1 limón.
  2. Cuando todos los ingredientes estén bien mezclados, forma la base en un molde, (preferiblemente desmontable). 
  3. Aprieta bien la mezcla de galletas trituradas para que quede muy compacta y sea firme. 
  4. Reserva en la nevera.

La gelatina:
  1. En un cazo, pon a cocer el agua y cuando hierva retira del fuego y echa la gelatina. 
  2. Remueve bien hasta que se disuelva y reserva.

El relleno:
  1. En otro bol o recipiente para batir, echa la ralladura y el zumo de los limones, la nata, el queso de untar, el azúcar y la gelatina ya preparada. 
  2. Bátelo todo bien hasta obtener una mezcla homogénea.

Monta la tarta:
  1. Echa la mezcla sobre la base de galletas y déjalo cuajar todo en la nevera durante al menos 4 horas. 
  2. Si puedes dejarla reposar toda la noche o incluso un día entero, quedará perfecta.
  3. Decora con nata montada o merengue o con frutilla.

Tarta de limón sin horno y fría


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Pijama postre

Para desconcierto de los feligreses de la plaza de San Pedro, la fumata blanca que salía de la chimenea de la Capilla Sixtina anunciaba un nuevo papa. El problema era simple: el papa seguía siendo el mismo desde hacía ocho años. No había sede vacante. No había fallecimiento. No había renuncia. Nada.

En el interior del Palacio Apostólico, el caos no era ruidoso, pero sí anormal. Siempre había demasiada tranquilidad dentro, incluso cuando se conspiraba.

El cardenal secretario entró casi corriendo en la sala de coordinación.

—¿Quién ha autorizado la fumata blanca?

Silencio. Un técnico levantó la mano lentamente.

—No era fumata… Era una prueba de presión del sistema de ventilación.

—¿Una prueba de qué?

—De ventilación. De rutina. Se suponía que salía humo «neutro».

El cardenal Rossi cerró los ojos.

—Nada que salga por esa chimenea es «neutro».

En la plaza, la expectación crecía. Dentro, el intento de control de daños, también.

—Bien —dijo el cardenal decano con voz cansada—. O aclaramos esto en cinco minutos o tendremos que explicar por qué hemos anunciado un papa que ya está tomando café en pijama en sus aposentos.

En ese instante, entró el papa en cuestión.

—¿Por qué hay gente gritando fuera?

El cardenal secretario suspiró.

—Por la fumata blanca.

El papa frunció el ceño.

—¿Perdón? ¿La qué?

El cardenal secretario tragó saliva.

—La fumata blanca… Santidad.

—Ah —dijo el papa, mirando hacia la ventana—. ¿Ya han elegido a alguien?

El cardenal Rossi dejó escapar una risa ahogada entre carraspeos.

—Ha sido un error técnico.

El papa asintió lentamente.

—Entonces… ¿la gente está celebrando un error técnico?

El papa suspiró.

—Perfecto. Salgo yo a aclararlo.

Y mientras se dirigía a la puerta, añadió sin detenerse:

—Que alguien apague el humo antes de que me elijan a mí sin consultarme.

Pijama postre español de los 80

Pijama postre español de bodas



Durante la década de los cincuenta, los oficiales y marineros de la Sexta Flota de los Estados Unidos frecuentaban el puerto de Barcelona y solían comer en el restaurante de Paco Parellada. En una de estas visitas, un militar norteamericano pidió de postre un clásico de la gastronomía francesa llamado pêche Melba, una elaboración creada por el chef Auguste Escoffier que combinaba melocotón, salsa de frambuesa y helado de vainilla.

El encargado del establecimiento, Paco Parellada, no dominaba el inglés ni la fonética de los clientes extranjeros. Al escuchar la petición de pêche Melba pronunciada con un fuerte acento estadounidense, Parellada entendió la palabra «pijama». Sin dudarlo, transmitió la comanda a la cocina utilizando ese curioso nombre.

La cocina del restaurante no disponía de los ingredientes exactos de la receta francesa original, por lo que improvisaron una interpretación propia con los productos locales que tenían a mano. Decidieron servir en un plato combinado una base de flan de huevo, melocotón en almíbar, piña, helado de vainilla y una generosa porción de nata montada coronada con una guinda. El resultado fue un postre sumamente contundente que fascinó a los comensales.

A partir de esa divertida confusión, el pijama se consolidó en la carta fija del establecimiento. Su popularidad se extendió de forma masiva por Cataluña, la Comunidad Valenciana y el resto de España, alcanzando su máximo apogeo durante los años setenta y ochenta. Se convirtió en el rey indiscutible de los menús de fin de semana, bautizos, bodas y cenas de Navidad en los restaurantes de barrio y casas de comidas de todo el país. Hoy en día está considerado el máximo exponente de la repostería clásica o «viejuna» española.

A lo largo del tiempo, cada cual lo ha personalizado añadiendo algún que otro ingrediente. Yo me he limitado a preparar la versión que conozco, la que nos servían en las bodas, ya que fue en esas celebraciones donde lo descubrí. Verano es tiempo de bodas y aunque ya no se sirven pijamas en Circus day lo recordamos.


Pijama postre español — la receta del postre de bodas de los 80


Ingredientes:
  • Melocotón en almíbar
  • Piña natural o en almíbar
  • Guindas confitadas
  • Nata montada
  • Flan de huevo (receta abajo)
  • Helado de vainilla (receta abajo)
  • Para decorar (barquillos, galletas, virutas de colores o de chocolate...)

Elaboración:
  1. Puedes comprar el flan de huevo y el helado que más te guste o hacer las recetas escritas abajo.
  2. Coloca en un plato de postre, el flan de huevo, el melocotón y piña, una o dos bolas de helado de vainilla y corónalo con nata montada y cerezas.
  3. Decóralo con virutas de colores o de chocolate, con barquillos o como la imaginación te diga.


Helado de vainilla para pijama


Helado de vainilla sin heladera


Ingredientes
  • 300 ml de nata para montar (35% M.G.)
  • 300 ml de leche entera
  • 1 cdta. de pasta de vainilla
  • 80 g de azúcar
  • 4 yemas de huevos

Elaboración
  1. En un cazo calienta la leche, la vainilla, las yemas de huevo y el azúcar.
  2. Mientras se calienta, bate sin parar para disolver el azúcar y evitar que se cuaje el huevo.
  3. Calienta la mezcla sin que llegue a hervir en ningún momento.
  4. Cuando ves que aparecen burbujitas en la superficie retira del fuego y pasa la mezcla a un bol.
  5. Añade la nata y mezcla bien hasta incorporar.
  6. Vierte la crema del helado en un recipiente con tapa y guarda en el congelador.
  7. A partir de este momento, cada 30 o 45 minutos tienes que retirar el helado del congelador.
  8. Bate bien para romper los cristales de hielo que pudieran formarse y guárdalo de nuevo.
  9. Repite esta operación 3 o 4 veces.
  10. Para servir el helado, retíralo del congelador 10 minutos antes para que se ablande un poco y poder servirlo bien.

Flan de huevo casero


Flan de huevo casero con caramelo


Ingredientes
  • 500 ml de leche entera
  • 125 g de azúcar
  • 3 huevo
  • 1 piel de limón
  • 1 canela en rama

Caramelo:
  • 100 g de azúcar
  • 40 g de agua
  • 10 g de zumo de limón
  • 30 g de agua para el final

Elaboración caramelo:
  1. Junta en un cazo el azúcar, los 40 gramos de agua y el zumo de limón y pon a calentar. No remuevas ni toques la mezcla.
  2. Dejar hervir. Con el tiempo irá cogiendo color cada vez más tostado. Cuanto más oscuro, más tostado sabrá.
  3. Cuando llegue al color que deseas, vierte los otros 30 gramos de agua, reservados hervidos en otro cazo o en el microondas, que esté en punto de ebullición cuando lo añadas a la mezcla del caramelo.
  4. Remueve el cazo —sin varillas— para integrar todo y deja que se enfríe fuera del fuego.

Elaboración flan:
  1. Calienta la leche con la piel de limón y la canela en rama.
  2. Cuando arranque a hervir retira del fuego y deja que infusione al tiempo que enfría durante 30 minutos. Mezcla los huevos con el azúcar, removiendo con suavidad y sin batir.
  3. Incorpora la leche y remueve suavemente hasta que el azúcar se haya disuelto.
  4. Pasa la mezcla por un colador fino.
  5. Cubre la base de las flaneras con una fina capa de caramelo líquido.
  6. Rellena con la mezcla, con cuidado y lentamente para no incorporar aire, y colócalas en una fuente de horno.
  7. Llena la fuente con un dedo de agua e introdúcelas en el horno, precalentado con calor arriba y abajo, a 180 ºC.
  8. Cuece durante 25-30 minutos o hasta que, al introducir una aguja en el flan, esta salga limpia.
  9. Retira los moldes del horno.
  10. Espera a que se atemperen antes de pasarlos a la nevera y deja que reposen durante 24 horas.
Otro clásico en las bodas era el cóctel de gambas, así empezaba la fiesta. En Mallorca también clásico en las bodas era (y es en alguna) la lechona.

Pijama famoso postre español

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el origen del nombre "pijama" para este postre?

El nombre nació de una confusión lingüística en Barcelona durante los años cincuenta. El marinero americano pidió un *pêche Melba* — el clásico postre francés de Escoffier — y Paco Parellada, el encargado del restaurante, entendió "pijama" por el acento norteamericano. La cocina improvisó con lo que tenía y así nació el postre más español de todos, con nombre accidental incluido.

¿Se puede hacer el helado de vainilla sin heladera?

Sí — y es exactamente como está hecha esta receta. El truco es sacarlo del congelador cada 30-45 minutos durante las primeras 3-4 horas y batirlo bien para romper los cristales de hielo que se forman. Con 3 o 4 batidos queda cremoso y sin cristales. A partir de ese momento ya puedes dejarlo congelar sin intervenir.

¿Se puede usar flan de sobre en lugar de flan casero?

Sí, la propia receta lo indica como opción. El pijama original de restaurante se hacía con productos industriales — flan de sobre, helado comercial y fruta en almíbar de bote. Esa es parte de su esencia popular y sin pretensiones. La versión casera con flan de huevo y helado artesano es más elaborada pero igualmente válida.



Octava reunión de cocineros blogueros

Es un gustazo cuando nos reunimos los blogueros cocineros mallorquines (no estamos todos pero si muchos de ellos), a veces la nostalgia nos puede y recordamos postres o platos de nuestro pasado, los más jovenes igual no tanto pero los mayores si, jeje, es inevitable. 
Me recuerda a un bodorrio casi tanto como para celebrar un viva los novios, hablar de eso me llevó a recordar el pijama que yo solo comía en bodas, seguro que tú también lo recuerdas. 



Relato y fotografías @catypol - Circus day.


Tarta de chocolate sin horno

Un sábado por la mañana, cuando la casa todavía está tranquila y todos duermen, me gusta levantarme y pasearme en ese silencio. Escucho al señor gorrión saludarme, a las perras desperezarse e, incluso, si me esfuerzo, puedo llegar a oír a un vecino corriendo.

El ruido del reloj, poco a poco, me devuelve a la realidad del paso del tiempo y, de pronto, todo empieza a funcionar: los grifos del baño, los dibujos en la tele, los chillidos de «¡Buenos días!», las patitas de las perras sobre el parqué, la cafetera, la tostadora y el sonido de mi voz:

—Suena el timbre (¡Riiiin, riiiin, riiiin!) —repito—. ¿Alguien puede abriiiir? ¡Llaman a la puertaaa!

Al final, tengo que abrir yo. Me miro el pijama (menos mal que no está manchado), me recojo el pelo, me froto la cara para espabilarme y abro la puerta. En el umbral hay un señor. No sería nada extraño si no fuera porque va vestido con un esmoquin. Mi cara debe de ser un poema, pues el señor me sonríe y me pide un café. Es entonces cuando me acuerdo de mi madre, que solía decirme: «No hables con desconocidos».

¡En fin! Ese día debía de estar aventurera, así que lo dejé pasar. De repente, parecía que había vuelto el silencio de cuando me acababa de levantar: todo enmudeció; todo se centró en ese extraño que había dejado entrar en casa y que, tan elegantemente, se dirigía a la mesa del desayuno.

—¡Buenos días, familia! ¿Qué tal habéis dormido? ¿Habéis tenido dulces sueños? —preguntó y se sentó.

El estupor general era tan evidente que tuve que animar a todos a sentarse a la mesa. Y, como si fuera uno más, empezaron los interrogatorios, más ruido, platos y tazas, las perras… y todo volvió a la normalidad. Incluso hubo risas y armonía. Al despedirse, nos dejó un regalo: una tarta que haría que esa mañana fuese recordada no porque tuviéramos un extraño en la mesa, sino por la elegancia de su esmoquin y por el sabor de la tarta.

Tarta de chocolate negro sin horno estilo tuxedo

Tarta fría de chocolate estilo tuxedo


A veces, la decoración de una tarta —aunque sea la más sencilla del mundo— es lo que arranca los «¡ooh!» de los comensales, ¿no crees? Igual que cuando nos vestimos de fiesta.

Por ejemplo, con esta tarta. Claro que puedes presentarla sin nada encima, pero si quieres conseguir ese «¡oh!» de admiración, entonces vístela de etiqueta.

Tuxedo: la traducción de esta palabra inglesa es esmoquin, el traje que suelen vestir los hombres para los eventos más elegantes.

Mi versión es una tarta fría y sin horno. Elegante y vestida para una ocasión especial… o no. Para mí, cualquier reunión con mi tribu ya es especial, y a mi tribu le chifla esta combinación. Supersencilla y decorada para sacarte una sonrisa.

Te recomiendo que no te saltes el paso de disolver la maicena o el arrurruz en frío, o de lo contrario te quedará un pegote al calentarlo. Y si quieres que, aun sin decoración, te feliciten por el resultado, procura que el chocolate sea del bueno, bueno. No te arrepentirás.

Actualizada 2026.



Tarta fría de chocolate sin horno Tuxedo

La base:
  • 154 g (1 paquete) de galletas tipo Oreo relleno incluido 
  • 75 g de mantequilla fundida
  • Molde cuadrado desmontable de 17 × 17 cm (8 cm de altura)

La crema:
  • 600 ml de nata para montar (38 % de materia grasa)
  • 50 g de almidón de maíz o arrurruz
  • 80 g de azúcar (si te gusta muchísimo el dulce llega hasta 100 gramos)
  • 75 ml leche 
  • 200 g de chocolate negro troceado
  • 30 g de mantequilla
  • 1/2 cdta. de sal

Decoración (opcional):
  • Chocolate blanco para fundir

Elaboración:
  1. Pon las galletas (galleta y relleno) en una picadora y tritúralas hasta que queden reducidas a polvo.
  2. Añade la mantequilla fundida y mezcla hasta que los ingredientes queden bien integrados.
  3. Cubre el molde desmontable con papel de horno. Agrega la mezcla de galletas y mantequilla y extiéndela bien por toda la base presionando. 
  4. Reserva en el congelador.
  5. En un vaso bate la maicena o arrurruz con la leche. 
  6. Pon en un cazo la nata, el azúcar, la leche y la mezcla de maicena o arrurruz disuelta. 
  7. Remueve y calienta a fuego medio hasta que espese.
  8. Retira del fuego, añade el chocolate y remueve hasta que se derrita. 
  9. Añade la mantequilla y la sal. Remueve.
  10. Saca la base del congelador y vierte la mezcla dentro.
  11. Introduce el molde en el frigorífico y deja enfriar hasta que esté bien cuajada (4 horas o toda la noche).
Decoración:
  1. Decora con chocolate blanco como si fuera un tuxedo (esmoquin). 
  2. Para ello, yo lo hago de la siguiente manera: preparo una bandeja que quepa en el frigorífico y la cubro con papel de hornear. 
  3. Una vez que el chocolate blanco está derretido, lo introduzco en una manga pastelera, corto un agujerito en la punta de la manga y, directamente sobre el papel, trazo la decoración que ves en la foto. 
  4. Al terminar, llevo la bandeja a la nevera para que el chocolate solidifique. 
  5. Finalmente, cuando el pastel ya está bien frío, coloco las piezas encima para decorarlo.
Notas
  • También puedes preparar versiones individuales en moldes pequeños, cajitas o recipientes.
  • Si te gusta que la base de la tarta sea más gruesa, añade más galletas y mantequilla.
  • Por supuesto puedes usar otro molde, no tiene que ser cuadrado.

Si te gusta mucho el chocolate en Circus day lo tenemos en polos, a la taza, y en brownie además de otras recetas que puedes encontrar en tickets.




Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer sin molde de aro?

Sí. Puedes preparar la tarta directamente en vasitos de cristal individuales o en copas de postre, montando las capas igual. Queda una presentación muy elegante y te ahorras el desmolde. También funciona un molde redondo normal forrado con film transparente para facilitar el desmoldado.

¿Cuánto tiempo necesita en la nevera para cuajar bien?

Un mínimo de 4 horas, aunque lo ideal es dejarla toda la noche. Al día siguiente la textura es perfecta — las capas están bien asentadas y el sabor de la cobertura de chocolate blanco se integra completamente con la crema negra.

¿Se puede congelar la tarta de chocolate sin horno?

Sí, aguanta perfectamente en el congelador hasta un mes. Descongélala en la nevera durante la noche anterior — nunca a temperatura ambiente porque la condensación arruina la cobertura. Una vez descongelada tiene exactamente la misma textura que recién hecha.



tarta sin horno de chocolate decorada como tuxedo


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Polos de frutas y coco

¿Quién me había dicho a mí que el asunto terminaría de esta manera?

Cuando recibí la invitación no me puse a dar saltitos de alegría, porque me parecía de mala educación hacerlo delante de los novios, pero era el acontecimiento del pueblo y todos estábamos expectantes.

La novia me preguntó si iba a ir acompañada.

—¡Mmmmm!... No... quiero decir... síii, claro, claro, iré acompañada —dije, sin estar muy convencida.

—Bien —respondió ella—. Tengo ganas de ver con quién.

Me hinché como un pavo y allá me presenté el día del evento. Medio pueblo estaba vestido con sus mejores galas… y el otro medio —el que no estaba invitado— también.

Como ninguno de mis ex quiso acompañarme, tuve que "sobornar" a Zulú, un jardinero que había viajado por todo el mundo y acababa de llegar de un país tropical.

Fue una ceremonia bellísima, diría yo. No repararon en gastos: flores, coche, vestidos… hasta la familia del novio, que venía de otro país, le daba un glamour de revista de bodas. ¡Ains! Bueno, bueno, no me emociono. La cosa vino cuando llegamos al restaurante.

Un lujazo. Hasta los camareros parecían pingüinos, y los aparcacoches, de película. Maravilloso todo. Mi acompañante y yo parecíamos más bien el café con leche: él era morenito y yo más blanca que la nieve. Aunque él aseguraba que en invierno se volvía blanco, blanco. No sé si hice bien en traerlo de acompañante...

Nada más llegar, una señora sexagenaria me preguntó:

—¿Mesa, gogó, mambo?

Y nos miraba a los dos de una manera coqueta.

—No, señora… no somos los gogós —dije yo, asombrada y extrañada de que ya hubiera animadores. ¡Menuda marcha llevaba la señora!

Pero no conté con que mi pareja fuera tan rápido. Así que, sin que pudiera reaccionar a tiempo, cogió a la señora por la cintura, la subió a la mesa, le dio un meneo del que pensamos que le había reajustado el esqueleto y la volteó unas cuantas veces, hasta que acabó enseñándonos la enagua a rayas que llevaba debajo del vestido.

Hubo gritos, pasos, carreras, un desmayo, una ambulancia y unos señores que muy “amablemente” nos acompañaron a la salida.

Zulú, extrañado, me preguntó:

—¿Pero no quería mambo la señora?

—¡Nooooo! —le dije—. Se había olvidado ponerse la dentadura y nos pedía mango… un cóctel de fresa, coco y mango.

Frío se quedó el jardinero.



Polo de fresa, mango y leche de coco, sin lactosa y casero

Polos caseros de mango, fresa y leche de coco caseros

Y frío servimos el "cóctel", no pienses que después de la aventura de la boda lo sirva con alcohol (o si lo haces es cosa tuya), nooo, es fruta, fruta madura, tan madura que no necesita que le añadas azúcar invertido, ya es suficiente la que lleva, fresas maduras, mango madurísimo, y la nata de la leche de coco, ésta sí lleva azúcar, para que tuviera un toque más fresco aún le añadimos menta, solo un poco, lo hemos "turmixado" por partes y congelado de la misma manera.

Y como es verano, hace calor, y tenemos ganas de lo que nos refresca se alargue lo más que podamos, lo convertimos en paletas y ya podemos bailar mambo, ¿por qué no?.

Polos de frutas y coco caseros sin lactosa


La historia de los polos de fruta comenzó por puro accidente en una fría noche de 1905 en San Francisco (California), cuando un niño de solo once años llamado Frank Epperson olvidó en el porche de su casa un vaso de agua con polvos de soda gaseosa y un palito para mezclar. Durante la noche, las temperaturas bajaron drásticamente a niveles de congelación, lo que provocó que la mezcla de refresco se solidificara por completo alrededor del bastón de madera. Al día siguiente, el pequeño Frank descubrió el bloque de hielo dulce, lo extrajo del vaso usando el palito como mango y halló una forma revolucionaria de consumir una bebida congelada.

Durante los años siguientes, Epperson solo preparaba este postre helado para sus amigos y familiares directos, pero, al darse cuenta de su enorme potencial comercial, decidió patentar su creación en 1924 bajo el nombre original de «Epsicle». Poco tiempo después, sus propios hijos comenzaron a pedir el invento llamándolo coloquialmente Pop's 'sicle —una combinación de las palabras «papá» y «carámbano» en inglés—, lo que derivó en la marca mundialmente conocida como Popsicle. Con el paso de las décadas, este formato sustituyó los refrescos artificiales por zumos naturales, naciendo así los polos de fruta que hoy en día se consideran una opción refrescante, saludable y universal para combatir las altas temperaturas.

Actualizado en 2026.


Polos caseros de fresa, mango y coco sin lactosa — en capas


Ingredientes
  • Fresas congeladas
  • Mango congelado
  • Nata de coco 
  • 1 cucharada de azúcar invertido
  • Unas hojas de menta
Elaboración
  1. Reduce, en la túrmix, a puré las fresas.
  2. Vierte el puré en los moldes de helado y mete en el congelador durante media hora. 
  3. Reduce el mango y la menta a puré y añade al polo, encima de la fresa. 
  4. Coloca el palo para polos, asegúrate de centrarlo (puedes hacerlo con un papel haciendo un corte en el centro). 
  5. Vuelve al congelador. 
  6. A la media hora añade la nata de coco mezclada con el azúcar invertido y deja en el congelador hasta que esté solidificado todo.

Azúcar invertido


Ingredientes (los mismos tanto para Thermomix como tradicional)
  • 150 gr. agua mineral embotellada
  • 350 gr. azúcar
  • Gasificante (1 sobre blanco y 1 morado) 

Elaboración tradicional
  1. Mezcla en un cazo, usando varillas, al fuego el agua, azúcar y sobre blanco (ácido tartárico), hasta que empiece a hervir. 
  2. Apaga el fuego.
  3. Deja que baje la temperatura hasta que esté templado y no queme. (unos 20-30 minutos) hasta los 50º C.
  4. Añade el sobre morado (bicarbonato) y mezcla unos segundos con las varillas. 
  5. Quedará con bastante espuma, se va quitando pasados unos minutos, deja que baje bastante antes de llenar un tarro de cristal, para que no desborde. 
  6. Envasa en tarro de cristal, deja enfriar del todo y tapa el tarro.
Elaboración Thermomix
  1. Mezcla en al jarra el agua, el azúcar y el sobre blanco (ácido tartárico), 6-7 min. 100º, velocidad 3 y espera a que llegue a esta temperatura.
  2. Deja que baje la temperatura a 50º (unos 20-30 minutos).
  3. Añade el sobre morado (bicarbonato) y mezcla 1 min. velocidad 3. 
  4. Quedará con un poco de espuma, se va quitando pasados unos minutos, deja enfriar y tapa. 
  5. Envasa en tarro de cristal.
Notas: 
Puedes usar fruta sin congelar e ir congelando igual dentro del molde, también queda bien. 
La nata del coco es la parte más "dura" que hay cuando abres una lata de leche de coco, suele estar arriba de la lata. 
El azúcar invertido suele usarse para helados, sé que se vende hecho o puedes hacerlo casero o puedes usar miel para endulzar.
La menta le da un toque fresco, usa hierbabuena si es más fácil encontrarla para ti que la menta.

Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer el polo sin azúcar invertido?

Sí. Puedes sustituirlo por miel en la misma proporción o simplemente omitirlo si la fruta está muy madura y dulce. El azúcar invertido mejora la textura del polo evitando que quede demasiado duro y cristalice, pero no es imprescindible.

¿Qué es la nata de coco y cómo se separa?

La nata de coco es la parte sólida y grasa que se acumula en la parte superior de una lata de leche de coco fría. Para separarla fácilmente, mete la lata en la nevera unas horas antes. Al abrirla encontrarás la nata arriba — es más espesa y blanca — y el agua de coco abajo. Solo usamos la nata.

¿Cuánto tiempo necesitan los polos para congelarse bien?

Cada capa necesita unos 30 minutos en el congelador antes de añadir la siguiente. El polo completo necesita un mínimo de 4 horas para estar completamente sólido. Lo ideal es hacerlos la noche anterior.


Polos de fresa, mango y coco caseros

Relato y fotografías @catypol - Circus day

Cheesecake de patata

En el número 13 vive doña Tomasa, una mujer metomentodo que, por alquilar, alquila hasta la alcantarilla al pobre don Hurón.

Peculiar, este edificio. En general, hasta el ascensor —que siempre está estropeado— parece tener vida propia.
Y sus inquilinos son… bueno, no sé… ¿raros, raros? ¿Nunca has estado por allí?

Si es así, no conoces a la auténtica familia del Percebe. Y no creas que, por ser el 13 el número del edificio, tengan mala suerte. ¿O sí? Bueno, depende de cómo se mire… jeje.

Lo que sí sé es que, durante un tiempo, fueron casi como mi familia.
Tenía que tener cuidado con Ceferino: el pobre tenía la costumbre de “quedarse” con lo que quería, y eso tenía frita a su mujer. Nunca conseguía apropiarse de un diamante para ella.

¡Ah! Y me gustaba ver cómo se las ingeniaba Manolo para "espantar" a los acreedores. ¡Uff, si es que...!

Pero a mí, quien de verdad me fascinaba era don Senén, el de la tienda de ultramarinos en la planta baja.
Recuerdo sus mil y una maneras de sacarle las pesetas a la clientela con sus triquiñuelas. Todavía me pregunto cómo lograba que el saco de patatas pareciera tener vida propia.

¡En fin! Si alguna vez pasas por la Rue del Percebe, fíjate en el número 13.
¿Mi recomendación? No le compres las patatas a don Senén.


Creo que siguen siendo las mismas de la última vez que estuve… y de eso ya hace muuuucho tiempo. 


(Inspirada en: 13, Rue del Percebe es una serie de historieta de España creada por Francisco Ibáñez)

Cheesecake de patata

Tarta de queso con patata


Este mes Cocineros del mundo ha decidido que los ingredientes con los que teníamos que elaborar nuestras recetas fuera plátano y patata. No soy "amiga" del plátano he decidido que mi receta sea con patata, mi pregunta era, ¿puede ser plato dulce con patata? y sí, fue la respuesta. 

Después de buscar experimenté con la tarta de queso, y sí, ¿por qué no hacer una con patata?, para los que adoráis las tartas de queso, sé que existe una con batata que no patata, pues la batata es dulce (boniato), pero como yo experimentaba lo hice con patata. 

Llegó justo al límite del plazo, pero llegó, y con esta receta participo en el Reto de Agosto de Cocineros del Mundo en Google+ en el apartado dulce.

¡Listo! invitemos a los vecinos, espero no sean tan peculiares como los de la calle del Percebe, y si es así no pasa nada, será más divertido ¿no crees?.

Si crees que la patata no "casa" con la tarta de queso, puedes cambiarla por boniato.

Esta receta ganó el primer premio dulce del reto de agosto de Cocineros del Mundo. 


Receta actualizada en 2026.


Cheesecake de patata — tarta de queso dulce y salada, receta ganadora


La base
  • 85 g de almendras picadas 
  • 85 g de galletas integrales picadas 
  • 85 g de mantequilla en pomada
  • Molde redondo desmontable de 12 cm.
El relleno
  • 50 g de puré de patata cocida
  • 300 g de crema de queso 
  • 125 g de queso mascarpone
  • 3 huevos 
  • 80 g de azúcar
Decorar
  • Mermelada
  • Queso rallado de sabor fuerte
Precalentar el horno a 180º C

La base 
  1. Unta bien el molde con mantequilla o con spray para moldes. 
  2. Mezcla las avellanas, las galletas y la mantequilla picadas. 
  3. Extiende el preparado en la base del molde, aplanando presionando un poco. 
  4. Reserva el molde con la base en el frigorífico.

El relleno
  1. Pon los ingredientes en una batidora y bate hasta que estén bien mezclados. 
  2. Vierte la mezcla dentro del molde preparado y hornea durante 25 minutos.

Termina
  1. Deja enfriar dentro del molde. 
  2. Pon la mermelada que te guste por encima y lleva todo al frigorífico. 
  3. Deja hasta el momento de servir.
  4. Llegado el momento de servir; saca de el molde y coloca la tarta en una fuente. 
  5. Ralla el queso por encima.
Tarta de queso y patata

Preguntas frecuentes

¿Se nota el sabor de la patata en la tarta de queso?

Apenas. La patata cocida tiene un sabor muy neutro que se integra completamente con la crema de queso y el azúcar. Lo que aporta principalmente es una textura más densa y cremosa, similar a la del boniato en los postres anglosajones.

¿Se puede sustituir la patata por boniato?

Sí, y de hecho el boniato aporta un punto dulce extra que funciona muy bien. La propia receta lo sugiere como alternativa. La proporción es la misma: 50 g de puré de boniato cocido.

¿Con qué mermelada queda mejor el cheesecake de patata?

Las mermeladas de frutos rojos como fresa o frambuesa contrastan muy bien con el queso salado rallado por encima. La mermelada de tomate también funciona si quieres potenciar el contraste dulce-salado.



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Cheesecake de lavanda sin horno

El calor era tan sofocante que hasta las estatuas de mármol parecían sudar. En el palacio real, Cleopatra y Marco Antonio mantenían una discusión logística de alto nivel sobre una de las plantas más codiciadas del Mediterráneo: la lavanda.

Cleopatra, que trataba el cuidado personal como una cuestión de Estado, observaba con horror cómo Marco Antonio intentaba usar un fajo de flores moradas.

—¡Antonio, por Isis! —exclamó la reina, arrebatándole el ramo—. Eso no es un espantamoscas. Si quieres que el ejército te respete, no puedes ir oliendo a sudor de centurión y cuero viejo.

—Es que los egipcios sois muy complicados, Cleo —gruñó Antonio, rascándose el cuello—. En Roma usamos la lavanda para lo que sirve: lavar. Lavare, ¿entiendes? La echamos al agua de las termas, lavamos la túnica y a otra cosa. Es una planta práctica, para gente con cáliga de cuero y pies en la tierra.

Cleopatra suspiró, frotando un poco de aceite esencial de lavanda en sus sienes. Para ella, la lavanda no era jabón: era diplomacia líquida.

—En Egipto —explicó ella con tono regio— la usamos para que los dioses nos miren bien y para que tú dejes de quejarte por el insomnio. Además, sirve para el embalsamamiento. Si te mueres mañana, quiero que al menos huelas como un jardín y no como un barril de salmuera.

—¿Embalsamarme? ¡Si estoy en la flor de la vida! —protestó Antonio, aunque aceptó que una esclava le ungiera los antebrazos con el ungüento aromático.

De repente, el rudo general romano se detuvo. Olisqueó el aire, notando cómo la tensión de las legiones y las guerras civiles parecía disiparse bajo el efecto sedante de la flor.

—Está bien, lo admito —dijo Antonio, relajando los hombros—. Huele mejor que el puerto de Ostia en agosto. Pero como se enteren en el Senado de que me pongo aceititos de flores antes de cenar, a Octavio no le va a gustar.

Cleopatra sonrió de lado, ajustándose su corona de oro.

—Tranquilo, Antonio. Si alguien te pregunta, diles que es un nuevo sistema defensivo egipcio: los enemigos se quedarán tan relajados que olvidarán dónde dejaron la espada.

Antonio soltó una carcajada y se echó un puñado de flores en la crin del casco, solo para fastidiar. Al final del día, los dos estaban de acuerdo en algo: los romanos la usaban para el cuerpo, los egipcios para el alma, pero ambos la necesitaban para soportarse el uno al otro en medio del desierto.


Lavanda cheesecake

tarta de queso de lavanda


Se dice de la lavanda que es una planta muy utilizada en el mediterráneo, yo eso no lo sé, lo que me recuerda a mi esta planta es a mi infancia, al olor tan especial que desprendía cuando paseaba por el jardín y lo mucho que me gustaba, siempre pensé que un día la tendría en casa y bueno esta ha sido una buena ocasión para comprarla y aprovechar su flor para decorar una cheesecake para celebrar el II aniversario de un blog muy especial: Cocinando con CatMan, que en esta ocasión lo celebra con recetas con flores. Felicidades Manu, espero y deseo que cumplas muchos más.

Esta receta ganó el primer premio en el concurso de recetas con flores de Cocinando con CatMan. 

Receta actualizada en 2026.


Cheesecake de lavanda sin horno — receta ganadora con flores


Ingredientes para 2 unidades
  • 4 flores frescas de lavanda (para decorar)
  • 1 hoja de acetato tamaño DIN A4 cortada por la mitad
  • 2 aros de emplatar de 4,5 x 10 cm con 4,5 de altura

Para la base de galleta:
  • 80 g de galletas María
  • 40 g de mantequilla a temperatura ambiente

Para la base de queso:
  • 150 g de queso crema
  • 30 g de azúcar
  • 75 g de chocolate blanco
  • 150 ml de nata 35 % de materia grasa
  • 1 cda. de agar-agar
  • 40 ml de agua caliente
  • 1 gota de extracto o aceite esencial de lavanda comestible (según intensidad)

Para la cobertura de gelatina:
  • 220 ml de agua
  • 10 g de azúcar
  • 3 hojas de gelatina neutra
  • 1 cda. de zumo de limón exprimido (opcional)
  • Un poco de colorante lila (la punta de un palillo de dientes es ideal, ya que solo queremos darle un ligero toque de color)

1. Preparación de las flores
Lava las flores frescas de lavanda en un bol con agua y un poco de zumo de limón. Reserva.

2. Preparación de los moldes
Coloca las mitades de acetato dentro de cada aro de emplatar y sitúalos sobre un plato o bandeja que quepa en el frigorífico.

3. Base de galleta
Tritura las galletas metiéndolas en una bolsa y pasando un rodillo por encima hasta obtener una miga fina. Viértelas en un bol, añade la mantequilla a temperatura ambiente y mezcla bien hasta conseguir una masa homogénea. Distribuye esta masa en el fondo de cada aro, presionando ligeramente con el dorso de una cuchara. Lleva al frigorífico para que endurezca.

4. Base de queso
En un cazo, calienta a fuego medio la nata, el queso crema, el azúcar y el chocolate blanco. Mientras tanto, disuelve bien la cucharada de agar-agar en los 40 ml de agua caliente.

Cuando la mezcla del cazo esté bien integrada y rompa a hervir, añade el agar-agar disuelto, remueve y deja que hierva un par de minutos sin dejar de remover. Retira del fuego, añade de inmediato la gota de lavanda comestible y mezcla enérgicamente. Vierte la mezcla caliente directamente sobre la base de galletas sin esperar a que se temple (así evitarás que el agar-agar cuaje en el cazo y haga grumos). Refrigera hasta que cuaje.

5. Cobertura de gelatina
Pon a hidratar las 3 hojas de gelatina en un bol con agua muy fría durante 5 o 10 minutos.

Mientras tanto, en otro cazo, calienta los 220 ml de agua con el azúcar y el colorante lila (usa muy poco; si te pasas y el color queda muy intenso, retira un poco de líquido y rebájalo con más agua). Cuando el agua esté bien caliente (no es necesario que hierva), retira el cazo del fuego. Escurre bien las hojas de gelatina con las manos, añádelas al cazo y remueve hasta que se disuelvan por completo. Si lo deseas, incorpora la cucharada de zumo de limón.

Deja que esta mezcla se temple por completo a temperatura ambiente (pero sin que llegue a cuajar). Una vez tibia tirando a fría, viértela con cuidado sobre la capa de queso ya cuajada. Coloca las flores frescas encima, hundiéndolas ligeramente para que la gelatina las cubra bien.

6. Reposo y presentación
Deja reposar en el frigorífico al menos 4 horas, o hasta el momento de servir. Cuando esté bien fría, desmolda con cuidado retirando el aro, retira el acetato... ¡y a disfrutar!

Nota:
  • Si no tienes acetato, te da pereza usarlo o no quieres comprarlo, no te preocupes: puedes saltarte ese paso por completo. En lugar de utilizar los aros de emplatar, monta la tarta directamente dentro de vasitos de cristal individuales, copas de postre o tarros pequeños. Sigue exactamente los mismos pasos montando las capas en el fondo del vaso (la galleta, la crema de queso y la gelatina con la flor) y sírvelos tal cual, directamente de la nevera y con una cucharilla. Queda una presentación preciosa, limpísima y te ahorras el momento del desmolde.
  • Hay personas que utilizan la esencia de lavanda en infusiones, galletas o limonadas, pero con esta planta ocurre un poco como con el cilantro: hay a quienes les sabe a jabón. Si por lo que sea no te convence la lavanda, no te preocupes; cambia el sabor añadiendo una gota de la esencia que más te guste (como vainilla, azahar o limón) y decora el postre a tu manera.

Cheesecake de lavanda

Preguntas frecuentes

¿Se puede comer la lavanda?

Sí, siempre que sea lavanda comestible o aceite esencial apto para uso alimentario. La lavanda culinaria tiene un sabor floral y ligeramente amargo. La clave es usar muy poca cantidad para que no resulte jabonosa.

¿Qué diferencia hay entre agar-agar y gelatina?

El agar-agar es de origen vegetal, apto para veganos, y cuaja a temperatura ambiente. La gelatina es de origen animal y necesita frío. En esta receta se usa agar-agar para la crema y gelatina neutra para la cobertura transparente.

¿Se puede hacer el cheesecake de lavanda sin molde de aro?

Sí. Puedes prepararlo directamente en vasitos de cristal individuales o copas de postre, montando las capas igual. Queda una presentación preciosa y te ahorras el desmolde.





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Cheesecake Tiramisú

En una pequeña cafetería de Roma llamada “Dolce Vita”, Tommaso Bartolomei seguía empeñado en convertirse en el italiano más americano del barrio. Había cambiado su peinado, llevaba gafas de sol incluso de noche y pronunciaba cualquier palabra inglesa con una confianza absoluta.

Aquella tarde entró en la cafetería.

Hello everybody!

Nadie respondió. La camarera, Lucía, levantó la vista.

—¿Qué quieres, Tommaso?

Él apoyó ambas manos en la barra y habló muy serio:

—Hoy quiero un auténtico dessert americano.

—Tenemos tiramisú.

Tommaso hizo una mueca de superioridad.

—No, no, no… yo hablo de sweet international culture. Algo tipo… cheesecake.

Lucía señaló la vitrina.

—También hay cheesecake.

Y entonces ocurrió. Tommaso se quedó inmóvil. A la izquierda: una cheesecake brillante, perfecta, cremosa. A la derecha: un tiramisú espolvoreado con cacao, suave, glorioso, con olor a café recién hecho. El silencio fue absoluto.

Madonna santa… —susurró.

Lucía cruzó los brazos.

—¿Entonces?

Tommaso empezó a caminar nervioso de un lado a otro.

—La cheesecake es moderna… americana… cosmopolitan…

Se giró hacia el tiramisú.

—Pero el tiramisú… mamma mia… el tiramisú te abraza el alma…

Un señor del fondo dejó el periódico para observar la escena. Los demás ya hacía rato que estaban pendientes de Tommaso. Tommaso sudaba.

—¡No puedo elegir! ¡Es como escoger entre Elvis Presley y mi nonna!

Lucía ya estaba perdiendo la paciencia.

—Tommaso, hay gente esperando.

Él cerró los ojos dramáticamente.

Okay… decisión final…

Todo el bar contuvo la respiración. Tommaso señaló con solemnidad…

…la cheesecake.

Hubo murmullos. Lucía sirvió la porción. Tommaso cogió el tenedor, dio un bocado… y asintió lentamente.

Very good

Pero en ese momento vio cómo servían un tiramisú en la mesa de al lado. El cacao cayó lentamente sobre la crema. El aroma del café llegó hasta él. Tommaso tembló.

—No… no debo mirar…

El señor del fondo sonrió. Tommaso aguantó exactamente siete segundos. Después se levantó de golpe y gritó:

—¡LUCÍA, TRÁEME TAMBIÉN EL TIRAMISÚ Y QUE DIOS DECIDA!

El bar entero rompió a reír. Y esa noche, derrotado pero feliz, Tommaso salió de la cafetería con la camisa manchada de cacao y queso crema murmurando:

—América inventó la cheesecake… pero Italia inventó la felicidad.


tarta de queso con sabor a tiramisú

tarta de queso de tiramisu

Existen pocos postres que definan tan bien la identidad de sus regiones como la cheesecake y el tiramisú. Mientras la primera es un legado de la Grecia Antigua que Nueva York elevó a la perfección, el segundo nació en los salones de Italia como el 'tentempié' definitivo. Al unirlos, creamos un puente gastronómico: la textura densa y cremosa del queso se rinde ante la intensidad del espresso y la suavidad del mascarpone, logrando un postre que no solo satisface el paladar, sino que despierta los sentidos.

Tarta de queso de tiramisú

Ingredientes
  • 320 g de queso crema.
  • 250 g de queso Mascarpone.
  • 4 huevos L
  • 200 g de azúcar.
  • 200 ml de nata líquida (35% MG).
  • 3 cucharadas colmadas de café soluble.
  • 2 cucharadas de Amaretto.
  • 1 cucharada de harina de trigo.
  • Bizcochos de soletilla.
  • Para el remojo: 1 taza de café expreso muy fuerte + 1 chorrito de amaretto.
  • Para decorar: Cacao puro en polvo.

1. Infusionar la base: 

Calienta la nata y disuelve en ella las 3-4 cucharadas de café soluble. Remueve hasta que sea un jarabe oscuro y deja que temple.

2. Crear la crema:

En la batidora o Thermomix, bate el queso crema y el mascarpone con el azúcar. Añade los huevos y 2 cucharadas de amaretto. Incorpora el "jarabe" de café que preparaste y la harina. Bate hasta que sea una crema homogénea y de un color café con leche intenso.

3. El montaje:

1. Forra el molde (18-20 cm) con papel de horno humedecido.

2. El baño: Pasa las soletillas por la taza de café fuerte con amaretto. Ojo: vuelta y vuelta rápida. No queremos que se deshagan, solo que se saturen de sabor.

3. Capas: Cubre el fondo del molde con una capa densa de soletillas mojadas, bien apretadas. Vierte la mitad de la mezcla. Pon otra capa de soletillas mojadas en medio y termina de verter el resto de la crema.

4. Horneado y Enfriado

• Hornea a 200°C durante 40 minutos. Si te han quedado las soletillas arriba y ves que se doran mucho tapa con un papel de aluminio.

• Apaga el horno, deja la puerta entreabierta 15 minutos. Luego sácala y, cuando esté a temperatura ambiente, métela en la nevera al menos 8-12 horas. El sabor del café y el licor se asientan y ganan potencia con el frío.

• Justo antes de servir, desmolda con cuidado y cubre la superficie con una capa generosa de cacao puro tamizado.



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Brochetas dulces

Al final de la comida, entre bocados de postre y el principio de la sobremesa, empiezan las grandes historias.

Primero son pequeñas, casi tímidas, como si se asomaran con cautela desde la memoria. Alguien menciona un verano lejano, otro corrige un detalle —«no fue en el 98, fue el año de la tormenta grande»— y, de pronto, la mesa entera se inclina un poco hacia el centro, como si el mantel guardara un secreto.

Las cucharillas tintinean dentro de las tazas de café. Afuera, la tarde se vuelve más lenta.

Entonces aparece la primera carcajada.

Es la señal. A partir de ahí, todo se desordena: los recuerdos se pisan unos a otros, las versiones cambian, los héroes crecen y las desgracias se vuelven casi cómicas. El tío que siempre habla poco levanta un dedo para aclarar algo importante que nadie recordaba; la abuela niega con la cabeza, pero sonríe, porque sabe que la historia verdadera ya no importa.

Lo que importa es el viaje. Pincelada a pincelada… o, mejor dicho, a brocheta de fresa y chocolate.

—Eso no fue así —dice alguien—. Lo que pasó de verdad fue…

Y la historia vuelve a empezar.

Mientras tanto, el café se enfría lentamente y el sol baja un poco más por la ventana. Nadie tiene prisa. Las migas sobre el mantel parecen un mapa diminuto de lugares que quizá existieron o quizá no.

En algún momento, alguien cuenta algo que nunca había contado antes.

Y entonces la mesa se queda en silencio.
Un silencio corto, atento.

Porque todos entienden que, sin darse cuenta, acaban de entrar en otra historia distinta.

Brochetas dulces

Brochestas dulces de brownie, crepes y fresas


La práctica de ensartar alimentos se remonta a la prehistoria. Está documentada desde el Homo erectus, que utilizaba esta técnica para asar carne, y que con el tiempo evolucionó en diversas culturas para asar también frutas y verduras. Se cree que los pinchos de fruta tienen raíces en Asia y en la antigua Grecia y Roma, donde la fruta fresca era un postre habitual. Aunque la técnica es muy antigua, la brocheta de postre, como concepto versátil, es una variante moderna de preparaciones saladas tradicionales como los shish kebabs árabes o los souvlakis griegos. 

Estas brochetas dulces de fresas son un postre perfecto para el verano o para sorprender en una sobremesa. En mi opinión, es una forma diferente y fresca de presentar un postre. Y, si combinas bien los ingredientes, puede incluso convertirse en el centro de la sobremesa. ¿No lo crees?


Brochets de fresas, crepes y bizcocho de chocolate

Ingredientes para 4 personas (8 - 12 brochetas)
  • Crepes: 4-6 unidades (puedes comprarlas listas o hacerlas con harina, leche y huevo).
  • Relleno: Mermelada de albaricoque o melocotón o dulce de leche.
  • Acompañamiento: Bizcocho de chocolate (cortado en unos 16-20 cubos medianos).
  • Fruta: 12-15 fresas frescas, lavadas y sin el tallo verde.
  • Decoración: Azúcar glass para espolvorear.
  • Utensilios: Palillos largos para brochetas.
Preparación: 
Organiza todos tus elementos en la mesa de trabajo: las crepes estiradas, los cubos de bizcocho ya cortados, las fresas limpias y la mermelada.

Relleno de Crepes: 
Extiende una capa fina y uniforme de mermelada sobre toda la superficie de cada crepe usando una espátula. En lugar de mermelada puedes usar otro tipo de relleno que te guste más.

Enrollado: 
Enrolla la crepe de forma apretada para que el relleno se mantenga en su lugar y el cilindro quede firme.

Corte: 
Corta los rollitos de crepe en rodajas de aproximadamente 2 cm de ancho (estilo "sushi").

Ensamblaje (Parte 1): 
Toma un palillo de brocheta y comienza a insertar los ingredientes.

Ensamblaje (Parte 2): 
Repite el proceso hasta llenar la brocheta o terminar con los ingredientes. Asegúrate de que queden bien sujetas.

Toque Final: 
Coloca las brochetas en un plato plano y, con ayuda de un colador pequeño, espolvorea azúcar glass por encima para darles ese acabado profesional.

Presentación: 
Sirve inmediatamente.


Paso a paso de las brochetas dulces

Si las haces mini pueden formar parte de una tabla dulce:

tabla dulce


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Towel crepe rolls

[DESEOS]
Besos en la frente
El sonido de la lluvia
El olor después de la lluvia
Abrazos inesperados
Nada más que cielos azules
La luz de verano
Sonidos del mar
El cantar de los pájaros
Envolverse en una toalla suave y grande
Enamorarse de los detalles
Japón en primavera
Libros, té y una deliciosa crepe enrollada





Se considera una receta relativamente nueva, popularizada a través de plataformas como TikTok, con influencias de la repostería de estilo asiático. Se llama "Towel" (toalla) debido a la técnica de enrollado, que crea capas similares a una toalla enrollada. Se diferencia de la tarta milcreps (crepe cake) tradicional en que las creps se disponen en una fila, se rellenan y se enrollan juntas formando un tronco o rollo compacto. Para que sea más rápido de hacer y fácil, la versión con obleas de arroz es lo más top ahora y además sin gluten.



· TOWEL CREPE ROLLS ·


Ingredientes
  • Fresas
  • Nata montada
  • Azúcar o eritritol
  • Obleas de arroz
  • Cacao, fresas y menta (para decorar)
Elaboración
  1. Moja las obleas de arroz en agua, no dejes que se ablanden demasiado. 
  2. Coloca encima de la mesa tres obleas superpuestas una encima de la otra por un lado. 
  3. Esparce por encima la nata montada y trozos de fresa. 
  4. Cierra las obleas enrollándolas de un lado y enrollándolas por un lado hacía el otro. 
  5. Espolvorea cacao en polvo por encima y decora con fresa y menta.


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Granola casera

A mi abuela le gustaba peinarme por la noche. Decía que mi negra cabellera la había heredado de su hija Olive, una mujer alta, exageradamente delgada y con un eterno novio marinero al que le gustaban mucho las espinacas. Aunque yo la recuerde con un casto moño —como el que lleva mi abuela— y con unos pies enormes (y eso que quede entre nosotros, pues nunca reconoceré haberlo dicho delante de ella).

Lo que me gustaba de que mi abuela estuviera en casa no era precisamente que me recordara a mi tía, sino más bien su granola. Mejor que las espinacas. Endulzada con algo que ella nunca revelaba, y a mí me daba igual, pues no iba para repostera ni cocinera. Con que me lo hiciera ella, me bastaba. Tendría que convencer a mi madre para que le dejara la receta, o un día esa maravilla desaparecería de mi vida.

Cuando la tía Olive vino una vez de visita, lo hizo sin su eterno novio. Yo todavía era pequeña y todo de ella me fascinaba. Su “Oh, dear!”, que solía decir tan frecuentemente, se me “pegó” y no paraba de repetirlo. Hasta la abuela me puso mala cara alguna vez:

¡Qué cansino! —decía frunciendo el ceño.

Desde aquella visita que nos trastocó a todos un poco, a mamá no le hacía demasiada gracia la llegada de su cuñada. Pero si la abuela prometía que lo compensaría con su granola, la tía Olive era recibida con alfombra roja incluida.



La granola es un delicioso alimento que se ha vuelto muy popular en los últimos años. Se trata de una mezcla de ingredientes naturales, copos de avena u otros, frutos secos, semillas y miel, que se hornea para obtener una textura crujiente y un sabor delicioso.

El origen de la granola se remonta al siglo XIX, cuando el médico suizo Maximilian Bircher-Benner desarrolló una receta a base de avena cruda, frutas y nueces para alimentar a sus pacientes. Esta mezcla se convirtió en un alimento energético y nutritivo, y con el tiempo evolucionó hasta convertirse en la granola que conocemos hoy en día.

Se ha vuelto muy popular debido a sus numerosos beneficios para la salud. La avena es una excelente fuente de fibra y ayuda a mantener el sistema digestivo saludable, mientras que los frutos secos y las semillas proporcionan grasas saludables, proteínas y una gran variedad de nutrientes. Además, la miel utilizada en la granola le brinda un dulzor natural y también aporta beneficios antioxidantes.

Puede ser consumida sola como un snack saludable, pero también se utiliza como ingrediente en numerosas recetas. Se puede añadir a yogures, batidos, ensaladas de frutas o espolvorear sobre postres para darles un toque crujiente y nutritivo.

Y esta es mi versión, queda decir que si quieres puedes añadirle chocolate negro aunque yo lo añadiría después de la cocción para que no se derrita o también puedes añadir a la mezcla frutas deshidratadas si te gustan, si lo mezclas con chocolate puedes hacer barritas, personalizable según tus gustos.



· GRANOLA ·

Ingredientes
  • 150 gramos de copos de avena o trigo sarraceno
  • 75 gramos de semillas de calabaza
  • 40 gramos de semillas de girasol 
  • 35 gramos de semillas de sésamo
  • 40 gramos de almendras laminadas
  • 40 gramos de avellanas troceadas
  • 50 gramos de coco rallado
  • 1 cucharada de sal y pimienta
  • 1 cucharada de canela molida
  • 1 cucharadita de cúrcuma
  • 75 gramos de aceite de coco derretido
  • 120 gramos de miel 
  • 1 cucharadita de vainilla líquida
Elaboración
  1. Mezcla bien y extiende todos los ingredientes sobre una bandeja de horno. 
  2. Hornea a 170 ºC durante 30 minutos o hasta que esté dorado. 
  3. Deja enfriar y rompe en trozos. 
  4. Guardar en un recipiente hermético.



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