Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Dulces Malabares. Mostrar todas las entradas
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Melón al mojito

Creció entre historias de piratas, mares de un azul turquesa, aguas cristalinas y toneles de ron. Ser hija de marineros en tiempos revueltos, en tierras sin dueño y de tesoros escondidos, alimentó su fascinación por esas leyendas que su familia se empeñaba en mantener vivas para atraer a los turistas perdidos en aquella isla.

Se decía que su antepasado más ilustre había sido el mismísimo Sir Francis Drake. Ella no tenía la menor idea de si era verdad o leyenda, pero si afirmar que sí significaba atraer a más clientes a su excursión de la «búsqueda del tesoro»… ¡bienvenido fuera el parentesco!

Su padre hacía tiempo que se había marchado de la isla. Su madre había quedado a la deriva, con la mirada fija cada mañana en el horizonte marino por si él regresaba. A ella no le quedó más remedio que orquestar un plan para ganar dinero y no morir en el intento.

Allí había crecido y allí pensaba morir. Era la pirata perfecta —salvo por la dentadura podrida y las borracheras nocturnas—. Podría haber actuado en cualquier superproducción de piratas: conocía los códigos, la jerga, los tacos y los nombres (inventados por ella) de los corsarios más «ilustres» que jamás habían surcado los mares.

Solo le faltaba una buena cicatriz en la mejilla para infundir respeto a la mismísima Armada Invencible. Bueno, o eso le gustaba imaginar… y eso mismo les vendía a los visitantes. Le apasionaba sentirse una leyenda viva, y aquello la entretenía tanto o más que un buen trago de ron.


Melón macerado con mojito y ensartado en brochetas

Melón al mojito elaborado con un melón dulce y el cóctel cubano


El antecedente genético del mojito es una mezcla conocida como draque o drake, que consiste en combinar aguardiente de caña, azúcar, lima (o limón) y hierbabuena. Esta combinación fue creada por un colaborador del famoso corsario inglés Sir Francis Drake, quien, curiosamente, llevaba el mismo apellido que su capitán. En tiempos de piratería, la brebaje se utilizaba para combatir males estomacales, prevenir el cólera y aliviar el Intenso calor de las Antillas.

Aunque comúnmente se piensa que el mojito se inventó en La Bodeguita del Medio, la realidad es que los cubanos ya lo preparaban mucho antes de la apertura del célebre local. Su origen moderno se remonta a alrededor de 1910, en un bar de la playa de La Concha. El nombre proviene de la adaptación al español de mojo, un término derivado del vocablo africano o caribeño que aludía a aderezos y mezclas, aunque también se asocia informalmente con la coctelería británica de la época.

Sin duda, el mojito más famoso del mundo es el de La Bodeguita del Medio, inmortalizado por el escritor Ernest Hemingway con su conocida frase: «Mi daiquirí en El Floridita y mi mojito en La Bodeguita».

Curiosamente, mi primer mojito lo disfruté en La Bodeguita del Medio, pero no en Cuba, sino aquí, en esta isla mía. Y tenía que ser un estadounidense quien le diera una vuelta de tuerca para presentárnoslo bien fresco, con fruta dulce y sabrosa. ¿Te atreves a probarlo? Mira que si empiezas, no podrás parar. Sírvelo a tus invitados mientras preparas una barbacoa y te convertirás en el corsario preferido de todas las fiestas.

Actualizada 2026.


Melón al mojito helado


Ingredientes:
  • 8 brochetas o palillos de madera
  • ½ melón dulce (tipo piel de sapo o cantaloupe), pelado y cortado en 8 cuñas

Ingredientes del mojito:
  • 1 cda. de azúcar
  • El zumo de 3 limas
  • 5 ramitas de menta o hierbabuena
  • 3/4 taza de ron blanco
  • 1/2 taza agua

Elaboración:

  1. Coloca las cuñas de melón en una fuente o bandeja.
  2. Haz la mezcla de mojito: Coloca todos los ingredientes en una licuadora y pica. 
  3. Vierte la mezcla sobre las cuñas de melón y refrigera 1 hora.
  4. Cubre una bandeja que quepa en el congelador con papel de hornear. 
  5. Saca las cuñas de la fuente. 
  6. Pincha cada cuña de melón con un stick, y ponlo sobre la bandeja. 
  7. Congela de 20 a 30 minutos. 
  8. Sirve frío.

Paso a paso de cómo elaborar melón con mojito

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué se congela el melón solo entre 20 y 30 minutos?

Este tiempo justo permite que la capa exterior del melón se congele formando una fina corteza helada y refrescante, mientras que el interior se mantiene jugoso y lleno de la mezcla macerada de mojito. Si se deja más tiempo, la fruta se endurecería demasiado para morderla cómodamente.

¿Se puede preparar una versión sin alcohol para niños o eventos familiares?

Sí, perfectamente. Basta con sustituir el ron blanco por la misma cantidad de agua de coco, refresco de lima-limón o simplemente incrementar ligeramente el agua y el zumo de lima para obtener unas brochetas refrescantes y aptas para todos los públicos.

¿Qué variedad de melón es la más adecuada para esta receta?

El melón piel de sapo aporta una carne firme que absorbe muy bien el mojito sin deshacerse, mientras que el melón cantaloupe o el galia aportan un vistoso contraste de color naranja o verde brillante e intensifican el dulzor natural de la preparación.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Trufas de chocolate

—Por favor, mamá, deja de mojarme el pelo con saliva —protestaba yo, enfurruñado.

—Mi niño, ese remolino que se te levanta en la coronilla queda fatal —respondía ella, mirándome con devoción.

No me entraba en la cabeza que, a pesar de mis pelos en la barba, siguiera tratándome como a un párvulo. Creí ingenuamente que echar las tardes en el obrador de doña Luisa serviría, además de para costearme mis caprichos, para que asumiera de una vez que ya era un hombre hecho y derecho. Vano intento: ella andaba bastante más pendiente de sus propios años que de los míos.

Mi madre es una mujer de armas tomar. Hasta el director del banco se echaba a temblar cada vez que la veía asomar por la puerta si un solo céntimo bailaba en la cartilla. Y mi padre… bueno, él ponía pies en polvorosa en cuanto la descubría pintándose los labios de carmín encendido. Sostenía que aquello presagiaba tormenta, y que si se había librado de la mili y de cualquier conflicto bélico, no pensaba estrenarse en casa; de modo que enfilaba calle abajo a guarecerse en la taberna de don Antón.

Una vez al mes, mi madre se esfumaba. Religiosamente. Mi padre, aliviado y risueño, aprovechaba la tregua para atrincherarse entre fogones y deleitarnos con nuestros manjares favoritos. Yo, carcomido por la intriga de crío, la acorralaba antes de cruzar el umbral:

—Mamá, ¿adónde vas?

—¡A comer trufas, tesoro! —soltaba siempre, enigmática.

Nunca tuve claro si aquello era una contraseña secreta o si de veras se daba semejante homenaje clandestino: jamás regresaba con una triste cajita en las manos.

Años después, ya adulto, quise desvelar el misterio:

—¿De verdad era tan crucial escaparse a comer trufas, mamá?

—No, mi vida —susurró con infinita ternura—. El bocado en sí es lo de menos. Lo sagrado del ritual es cómo te hace sentir por dentro… y la pizca de felicidad que te rescata del mundo.


Trufas de chocolate con nata y licor

Trufas con chocolate negro y cacao puro sin azúcar



La historia de las trufas de chocolate es la crónica de un afortunado accidente de obrador ocurrido en las vísperas navideñas de 1895 en la localidad francesa de Chambéry. Este bocado, hoy indiscutible emblema de elegancia y alta chocolatería en todo el mundo, nació del ingenio apresurado del maestro pastelero Louis Dufour al verse contra las cuerdas ante la inminencia de las fiestas.

Aquel diciembre, Dufour comprobó con inquietud que sus vitrinas se habían quedado desabastecidas de bombones y que carecía de género suficiente para acometer una remesa tradicional. Guiado por el orgullo gremial y negándose en redondo a pedir auxilio a los obradores vecinos, decidió improvisar en su taller con lo que guardaba en la alacena. Mezcló nata fresca caliente, chocolate negro fundido y una pizca de vainilla, logrando una emulsión espesa y brillante: lo que hoy la pastelería técnica denomina ganache.

En cuanto la pasta tomó cuerpo y enfrió lo justo para ser maleable, Dufour boleó pequeñas porciones irregulares a mano alzada. Con el fin de vestirlas para la venta y evitar que el calor de los dedos fundiera la masa, las bañó en una película ligera de cobertura y las rebozó en cacao puro en polvo. Al contemplar el acabado, advirtió al instante que aquellas bolitas oscuras, rugosas y de aspecto terroso guardaban un asombroso parecido con las trufas negras del Périgord, los cotizados hongos silvestres que los cerdos y perros rastreaban bajo el suelo del bosque. Sin dudarlo, bautizó el invento como truffe en chocolat.

El furor desatado en Chambéry no tardó en cruzar fronteras. En 1902, Antoine Dufour, pariente del pastelero, desembarcó en Londres para fundar la mítica bombonería Prestat, introduciendo la receta en los salones de la alta sociedad eduardiana. La exquisitez causó tal devoción entre la nobleza que Prestat acabó recibiendo la Real Cédula de Proveedor de la Casa Real británica (Royal Warrant), encumbrando la trufa al rango de capricho aristocrático internacional.

Con el transcurrir de las décadas surgieron diversas variantes geográficas, como la trufa belga —más próxima al praliné por su encamisado crujiente y rellenos de frutos secos— o la versión estadounidense de mediados del siglo XX, formulada con mantecas vegetales y chocolate con leche. No obstante, el corazón de la verdadera trufa sigue anclado en aquel desliz navideño de Louis Dufour: el encuentro untuoso y fundente de nata y cacao que se rinde por entero al calor del paladar.

Actualizada 2026.


Trufas de chocolate


Ingredientes:
  • 200 g de chocolate 
  • 100 ml de nata para montar (35% de materia grasa)
  • 25 g de mantequilla
  • 25 g de cacao puro en polvo sin azúcar (para rebozar)
  • 1 cda. de licor (el que prefieras: ron, brandy, Cointreau...) opcional

Calienta la nata:
  1. Coloca la nata en un cazo pequeño y caliéntala a fuego medio. 
  2. Mientras tanto, trocea el chocolate en pedacitos pequeños con un cuchillo afilado: así se fundirá más fácilmente.
Funde el chocolate:
  1. Cuando la nata esté caliente (sin que llegue a hervir), añade el chocolate y remueve lentamente. 
  2. Una vez que casi todo el chocolate se haya derretido, retira el cazo del fuego.
Añade la mantequilla y el licor:
  1. Incorpora la mantequilla cortada en trocitos junto con el licor (si lo usas). 
  2. Mezcla bien hasta que la crema esté suave, brillante y totalmente integrada.
Deja enfriar:
  1. Vierte la mezcla en un bol o déjala en el mismo cazo. 
  2. Espera a que pierda el calor, tápala con film transparente y refrigera durante al menos 2 horas, o hasta que esté firme y manejable.
Forma las trufas:
  1. Saca la mezcla del frigorífico y, con una cucharita, toma porciones de unos 10 gramos (puedes pesar la primera para guiarte o hazlo a tu aire). 
  2. Con las manos limpias o guantes de un solo uso, forma bolitas girándolas entre las palmas.

Rebózalas en cacao:
  1. Prepara un plato hondo con cacao puro sin azúcar. 
  2. A medida que formes las trufas, pásalas por el cacao para cubrirlas por completo. 
  3. Puedes ayudarte de una cuchara o hacerlas rodar directamente con las manos limpias (el cacao se adhiere mejor si las trufas están bien frías).

Guarda y disfruta:
Coloca las trufas ya rebozadas en un recipiente hermético y consérvalas en la nevera. 


Trufas con chocolate y cacao puro sin azúcar

Preguntas frecuentes

¿Qué tipo de chocolate es el mejor para preparar estas trufas?

Lo ideal es utilizar un chocolate negro con un porcentaje de cacao de entre el 60 % y el 70 %. Un porcentaje superior puede hacer que la ganache quede demasiado amarga o seca, mientras que el chocolate con leche aportaría un exceso de azúcar y una textura demasiado blanda.

¿Se pueden congelar las trufas de chocolate?

Sí, se congelan perfectamente. Puedes guardarlas en un recipiente hermético bien separadas con papel vegetal hasta 2 meses. Para consumirlas, solo debes pasarlas a la nevera unas horas antes y darles un ligero rebozado extra en cacao puro si han absorbido humedad.

¿Cómo evitar que la masa de chocolate se pegue a las manos al formarlas?

El secreto está en enfriar muy bien la masa en el frigorífico (mínimo 2-3 horas) y formar las bolitas con rapidez para no transmitirles calor. También ayuda mucho lavarse las manos con agua muy fría antes de manipularlas o usar guantes finos de uso alimentario.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Tartaletas de limón

—¡Gastón! —exclamó Mademoiselle Jeanne, señalando el párrafo central resaltado en negrita—. Aquí dice que… que yo fui la «auténtica mente maestra tras la pólvora negra» y que lideré un asedio a la Bastilla montada sobre un avestruz de combate.

—¡Ups! —exclamó Gastón—. Verá, Mademoiselle Jeanne, estaba ordenando las fotos y se me mezcló una ficha con su nombre con un documental sobre la pólvora que vi en la televisión mientras dormitaba. Pensé: «Mademoiselle Jeanne tiene ese carácter explosivo cuando se enfada con el correo, ¡todo encaja!».

Prunelle, que pasaba por allí con un café en la mano, se detuvo en seco al oír lo del avestruz de combate.

—Pero, Gastón —continuó Mademoiselle Jeanne—, también has puesto que mi receta de tarte au citron fue la causa principal de la Guerra de los Cien Años porque el rey de Inglaterra no recibió su porción.

Gastón se encogió de hombros con una lógica irrefutable en su cabeza:

—Es que su pastel es histórico, Mademoiselle Jeanne. Cualquiera iría a la guerra por él. Y lo del año 1337… bueno, el teclado se quedó atascado con una miga de pan y me pareció una cifra con mucha personalidad.

Mademoiselle Jeanne suspiró, mirando la foto que acompañaba al artículo. No era una foto de ella, sino un grabado antiguo de una mujer con armadura a la que Gastón le había dibujado, con rotulador, sus características gafas y un moño.

—Y lo peor, Gastón… —dijo ella, señalando el pie de página—, es que me has puesto como contacto para «clases de esgrima con paraguas» y tengo cincuenta llamadas perdidas de la asociación de esgrimistas jubilados.

—¡Ah! ¡Eso es por el orden alfabético! —explicó Gastón—. Busqué «Defensa Personal» y «Dulce Jeanne», y el diccionario de mi cabeza hizo el resto. Además, jefe —dijo volviéndose hacia un Prunelle petrificado—, el artículo ha sido un éxito. ¡Se han agotado los ejemplares!

—¡Claro que se han agotado! —rugió Prunelle recuperando el habla—. ¡Los ha comprado todos el Museo de Historia Natural para usarlos en la sección de «Grandes Errores de la Humanidad»!

Mademoiselle Jeanne, incapaz de seguir seria, soltó una risita encantadora. Al final, Gastón siempre lograba que el caos pareciera, de algún modo, un acto de fe.


Inspirado en el cómic de Gastón Lagaffe


Tartaletas de limón de Paul Bocuse receta individual

Tartaleta de limón del famoso chef Paul Bocuse


[RETO COOKING THE CHEF]

Es uno de los chefs franceses más conocidos: Paul Bocuse, hijo de cocineros y con restaurante en Lyon. Yo creo que no necesita presentación, pues es sobradamente conocido; además, es creador de uno de los concursos de cocina con más prestigio del mundo a nivel profesional, el Bocuse d'Or, y cuenta en su haber con tres estrellas Michelin, así como con numerosos premios y honores a toda su trayectoria.

Pero también, a pesar de que sus platos no estén al alcance de cualquiera (o no, al menos, si los degustamos en su restaurante), podemos disfrutar de su gastronomía a través de sus libros. En ellos nos enseña la cocina francesa casera, en otros la cocina regional o simplemente la cocina de mercado con recetas sencillas para el chef. Señoras y señores: hoy toca reto Cooking the Chef.

Así que, después de leer y releer qué receta me gustaría cocinar, me he decidido por unas sencillas tartaletas de limón. Yo ya sabía que el resultado sería espectacular, sobre todo teniendo en cuenta que los limones son del jardín de unos amigos (¡y huelen maravillosamente!) y los huevos, totalmente camperos (amarillos a reventar, vamos). ¿El resultado? Desaparecieron más rápido que el tiempo que me llevó crearlas. Yo preparé tartaletas individuales, pero la cantidad da perfectamente para una tarta con un molde de 23 cm.

Actualizada 2026.


Tarta de limón de Paul Bocuse


La masa:
  • 125 g de mantequilla
  • La ralladura de 1 limón
  • 250 g de harina
  • 75 g de azúcar 
  • 1 pizca de sal
  • 1 huevo

El relleno:
  • 100 g de mantequilla en pomada
  • 125 g de azúcar
  • 3 huevos
  • 2 cdas. de nata espesa
  • 3 limones y su ralladura

La masa:
  1. En una cacerola pequeña derrite la mantequilla. 
  2. Agrega la ralladura de limón y deja reposar 5 minutos. 
  3. Por otro lado mezcla la harina, el azúcar y la pizca de sal. 
  4. Agrega el huevo y la mantequilla derretida. 
  5. Mezcla todo hasta que se integre bien. 
  6. Estira la masa entre dos hojas de hornear y transfiere al molde o moldes, preparados previamente o bien con spray para que no se pegue la masa o untado con mantequilla y harina. 
  7. Deja reposar 1/2 hora en el frigorífico. 
  8. Mientras precalienta el horno a 180 ºC 
  9. Una vez pasado el tiempo saca del frigorífico y pincha la base con un tenedor. 
  10. Extiende garbanzos en la base sobre papel de horno y hornea en blanco durante 20 minutos, o hasta que se dore la corteza. 
  11. Sácalo del horno, quita los garbanzos y el papel de hornear. 
  12. Deja enfriar sin sacar del molde. 
  13. No apagues el horno.

El relleno:
  1. Exprime los limones. 
  2. En un cuenco mezcla la mantequilla en pomada con el azúcar, los huevos y la nata. 
  3. Añade el zumo y su ralladura. 
  4. Bate todos los ingredientes y vierte en la base del pastel. 
  5. Vuelve a hornear durante 30 minutos o hasta que la base se vea firme. 
  6. Saca del horno y deja enfriar antes de servir. 

Tartaleta de limón con lemon curd suave y dulce


Preguntas frecuentes

¿Por qué es una técnica tan particular derretir la mantequilla con la ralladura para elaborar la masa (pâte sablée) en lugar de trabajarla en frío?

Al derretir la mantequilla con la ralladura de limón y dejarla reposar cinco minutos antes de integrarla, el calor suave de la grasa líquida actúa como vehículo para extraer y disolver los aceites esenciales aromáticos (limoneno) presentes en la piel del cítrico. Esto aromatiza intensamente toda la masa desde el interior. Además, al usarse derretida, la mantequilla impermeabiliza parcialmente la harina y evita un amasado prolongado, garantizando una textura de masa quebrada sablée muy crujiente y desmenuzable tras el horneado.

¿Qué función cumple el horneado a ciegas con garbanzos y por qué es indispensable antes de verter la crema de limón?

El horneado en blanco precocina la estructura de la masa quebrada y evita dos problemas comunes: que la masa suba o se deforme al crear vapor interno (peso de los garbanzos) y que el relleno líquido de limón ablande la base volviéndola pastosa (soggy bottom). Al dorar la corteza vacía previamente y dejarla enfriar, se forma una barrera crujiente y firme capaz de sostener la mezcla fluida de huevo, mantequilla y zumo durante la segunda cocción en el horno.

¿Por qué se añade nata espesa y mantequilla en pomada directamente al relleno en lugar de hacer una crema cocida al fuego (lemon curd)?

En esta fórmula clásica de la cocina casera francesa promovida por Paul Bocuse, el relleno se emulsiona en frío y se cuaja directamente dentro del molde en el horno (flan/tarte au citron al horno). La combinación de la mantequilla en pomada y las dos cucharadas de nata espesa suavizan la acidez directa del zumo fresco de limón y garantizan que, al coagular las proteínas del huevo a 180 °C, la tarta adquiera una textura cremosa, sedosa y estable sin necesidad de añadir almidones o gelatinas externas.



Y con esta receta participo en el reto COOKING THE CHEF.

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Mattentaart

Habían decidido conocerse en un concierto de Tomorrowland; a ambos les gustaban los djs y eso los unió, así que, después de muchos mensajes, creían firmemente que esa era su oportunidad de verse y comprobar si las fotos que se habían enviado eran ciertas. Habían quedado en que cada uno llevaría una pancarta con el título de la canción que más le gustaba: a ella le gustaba Sunset, el atardecer rojo, los últimos rayos de sol, la despedida del día y ahora su canción favorita; no podría asegurar qué canción habría elegido él, pero ella creía que sería The End, pues él le había dicho que a veces el final de algo puede ser el principio de otra cosa.

Mi pancarta estaba pintada con un bonito atardecer; yo iba vestida con unos vaqueros un poco rotos, mi camiseta de la suerte verde esperanza y mis zapatillas blancas gastadas de tanto llevarlas, una mariposa en el pelo y un chicle sabor sandía. ¡Qué ilusión! Él iba vestido con unos vaqueros negros y una camiseta blanca, deportivas rojas y un pendiente en la oreja, además del pelo cortísimo, negro como el betún. Su pancarta era negra, con una tipografía roja que ponía Demon; me hizo reír y él se rio conmigo. ¡Qué ilusión!

Fue una noche inolvidable, una pareja maravillosa y un concierto lleno hasta los topes: nos gustamos, nos besamos, bailamos juntos y separados, reímos y nos pusimos ciegos de mattentaart, a tope. ¡Qué ilusión!


Mattentaart tartaleta de cuajada de Bélgica con almendras

Mattentaart de cuajada belga con almendras


El origen de este dulce se remonta a la Edad Media, pues nació principalmente como un método ingenioso para conservar los excedentes de leche en las granjas antes de la invención de los sistemas de refrigeración modernos. El término matten o maton hace referencia directa a la leche cuajada o wrongel en dialectos antiguos. En los campos de la actual Bélgica, los pastores calentaban la leche entera fresca y le añadían suero de mantequilla o vinagre para provocar que se cortara de forma natural. Una vez escurrida la masa sólida en sacos de muselina durante doce horas, obtenían una cuajada fina que servía como base alimenticia.

Los primeros registros escritos sobre este ingrediente aparecen en canciones de trovadores que datan del siglo XIII, donde ya se mencionaban los grumos de leche. Durante esa época, la cuajada solía consumirse simplemente como una papilla endulzada con azúcar y enriquecida con huevos. No fue sino hasta el siglo XVI cuando se consolidó la receta del pastel tal como se conoce en la actualidad, al aparecer la base de masa de hojaldre rellena de esta crema de cuajada en un recetario de la época. En ese mismo período, las monjas del Hospital de Nuestra Señora de Geraardsbergen recibían habitualmente estas tartas como obsequio o pago por sus servicios caritativos.

La producción dio un salto fundamental a finales del siglo XIX, específicamente a partir de 1890, cuando el panadero local Francis Morre comenzó a comercializar las mattentaarten de forma profesional en su establecimiento. Esto marcó la transición del dulce desde sus raíces puramente agrarias y domésticas hacia las vitrinas de las pastelerías urbanas. El renombre del pastel creció de manera constante durante el siglo XX, lo que motivó a los pasteleros locales a unirse en 1978 para fundar la Cofradía de la Geraardsbergse Mattentaart. El objetivo de este gremio era y sigue siendo proteger la autenticidad y la estricta calidad del producto, instaurando además un día festivo anual en su honor desde 1980.

El reconocimiento definitivo a su importancia histórica llegó en el año 2006, cuando la Comisión Europea le otorgó el estatus de indicación geográfica protegida (IGP), convirtiéndola en el primer producto de la región de Flandes en recibir dicha protección jurídica. Debido a esta normativa, únicamente los pasteles horneados dentro de los límites de la ciudad de Geraardsbergen y el vecino municipio de Lierde, utilizando leche local y la receta centenaria, pueden denominarse oficialmente Geraardsbergse mattentaart. El resultado moderno es un pastelito de costra crujiente y hojaldrada, cuyo relleno combina el toque ligeramente granulado de la cuajada con notas sutiles de almendra, azúcar y huevo.

Con motivo del concurso del bloganiversario de Aurélie, descubrí este postre: la mattentaart de Geraardsbergen. ¡Sorpresa! Para mí, claro: después de estar barajando qué receta flamenca podría presentar al concurso, me apetecía algo dulce, pues las últimas entradas son saladas, y encontrarme esta referencia me decantó por ella.  #RecetasdeFlandes

La mattentaart es un pastel pequeño, aunque por la red he visto muchas versiones y muchas recetas. Lo que saqué en claro es que se usa leche cuajada, almendra, hojaldre y huevos; y creo que el resultado te lo puedo presentar sin ningún tipo de problema, ya que es una delicia.


Actualizada 2026.

Mattentaart


Ingredientes: 
  • 2 masas de hojaldre 
  • 200 g de cuajada (de buena calidad o preparada en casa)
  • 80 g de azúcar 
  • 2 huevos 
  • 45 g de almendras molidas
  • Unas gotas de extracto de almendra amarga
  • 1 huevo batido para pintar la masa
Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 225 °C. 
  2. Engrasa tus 4 moldes de tartaleta con manteca (o mantequilla) y espolvorea un poco de harina.
  3. Corta 4 círculos grandes para las bases de los moldes y 4 círculos un poco más pequeños para las tapas. Cubre el fondo y las paredes de los moldes con las bases.
  4. En un bol mediano, coloca los 200 g de cuajada bien escurrida. Desmenúzala firmemente con un tenedor hasta que quede en migas finas. 
  5. Añade las 2 yemas de huevo, los 80 g de azúcar, las almendras molidas y el extracto de almendra. 
  6. Mezcla todo con una cuchara de madera o espátula hasta tener una pasta homogénea pero con textura granulada.
  7. En un bol aparte y limpio, monta las 2 claras a punto de nieve firme. 
  8. Añádelas al bol de la cuajada y mézclalas con una espátula realizando movimientos suaves y envolventes (de abajo hacia arriba) para no romper las burbujas de aire.
  9. Distribuye el relleno entre las 4 bases de hojaldre. 
  10. Coloca las tapas encima. 
  11. Presiona fuertemente los bordes con los dedos o con los dientes de un tenedor para unirlas bien y que el relleno no se salga.
  12. Pincela toda la superficie superior de las tapas con huevo batido (así quedarán doradas y brillantes).
  13. Con una tijera o la punta de un cuchillo afilado, haz un pequeño corte en forma de cruz (o un agujero limpio) justo en el centro de cada tapa para que respire.
  14. Hornea a 225 °C durante 30 minutos en la parte media del horno, hasta que el hojaldre esté muy inflado y de un color dorado oscuro. 
  15. Saca del horno, desmolda con cuidado a los 5 minutos y deja enfriar sobre una rejilla.


Mattentaart belga con cuajada y almendras


Preguntas frecuentes

¿Por qué es preferible desmenuzar la cuajada con un tenedor en lugar de triturarla con batidora eléctrica?

La identidad de la auténtica mattentaart radica en su textura rústica y ligeramente granulada (matten). Si se pasa por una batidora eléctrica de cuchillas, la cuajada pierde su estructura física y se convierte en una crema líquida y homogénea similar a un pudin fino. Al desmigarla a mano con un tenedor, se respetan los pequeños grumos lácteos que contrastan a la perfección con la almendra molida y le otorgan esa consistencia tradicional tan característica tras el horneado.

¿Qué función cumple hornear a una temperatura tan elevada (225 °C) durante 30 minutos?

El hojaldre necesita un choque térmico muy alto desde el primer minuto para que la grasa de sus capas hierva de golpe y el agua se evapore con fuerza, levantando las hojas de masa antes de que la grasa se funda y se escape al molde. Además, los 225 °C caramelizan rápidamente el azúcar y el huevo batido de la superficie, sellando una corteza firme y de un color dorado oscuro que soporta el vapor interno sin que la masa de la base quede blanda o empapada por el relleno.

¿Por qué conviene esperar unos 5 minutos antes de desmoldar las tartaletas sobre la rejilla?

Recién salidas del horno, las paredes de hojaldre aún están tiernas por el calor extremo y el relleno de cuajada inflado conserva una textura frágil. Si se intentan sacar de inmediato, la base puede romperse por el peso del centro o abollarse al manipularla. Esperar exactamente 5 minutos permite que la grasa del molde temple ligeramente y la estructura exterior se asiente, garantizando un desmoldado limpio sin riesgo de rotura y permitiendo que la rejilla airee la base para que no condense humedad.


Mattentaart de cuajada dulce típico de Bélgica


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Empanadillas de pan

En mitad de un salón alrededor de una mesa camilla vestida con faldas de pana marrón y cortinajes que parecían rescatados del plató de una telenovela venezolana, la abuela Paquita servía sus célebres empanadillas, rellenas con lo que hubiera en la nevera y un caudal inagotable de cariño.

—¡Esto es fórmula de guerra y gloria bendita! —proclamaba.

En una esquina, un televisor importado que transmitía en perfecto alemán emitía reclamos de salchichas bávaras mientras Paquita le propinaba certeros zapatillazos para obligarlo a sintonizar TVE.

—¡Ponme a doña Rogelia, que hoy le canta a Camilo Sesto! —protestaba, pertrechada con la zapatilla en alto.

Corrían los albores de 1983, y la casa entera desprendía un aroma a ensaladilla, y a chocolate y nostalgia ochentera. El primo Javi hizo su entrada luciendo hombreras kilométricas; la hermana apareció enfundada en calentadores de lana fosforito, y el perro desfilaba con un tupé postizo. El receptor, fatigado de tanto escarmiento físico, resolvió por iniciativa propia conectar con una misa solemne radiada en polaco.

—¡Hasta aquí podíamos llegar! ¡Esto no es la Rogelia! —bramó Paquita con una empanadilla en la mano, dispuesta a librar la batalla definitiva contra la tecnología alemana.


Empanadilla de pan de sándwich rellena de ensaladilla

Empanadilla de pan de sándwich rellena de chocolate


La historia del pan de sándwich (o pan de molde) se halla estrechamente ligada a los avances de la panadería industrial y al empeño por lograr rebanadas perfectamente simétricas capaces de albergar todo tipo de viandas. Si bien disponer viandas entre dos pedazos de pan constituye una práctica milenaria, el pan de sándwich tal como lo concebimos en la actualidad vio la luz en la Inglaterra del siglo XVIII.

Mientras en la Europa continental prevalecían las hogazas rústicas de corteza gruesa y recia, los maestros panaderos británicos comenzaron a emplear moldes metálicos de hojalata para la cocción. Esta técnica permitía obtener piezas prismáticas y regulares, de miga tierna y tupida, idóneas para cortar las láminas delgadas que demandaba la aristocracia tras la célebre ocurrencia de John Montagu, cuarto conde de Sandwich, hacia 1762.

El salto cualitativo hacia el pan de sándwich moderno se consumó en los Estados Unidos de comienzos del siglo XX al calor de la mecanización a gran escala. En 1928, el inventor Otto Frederick Rohwedder ideó el primer ingenio mecánico capaz de rebanar y empaquetar hogazas de forma continua, hito comercial que despegó de la mano de la Chillicothe Baking Company. 

Apenas dos años más tarde, en 1930, enseñas míticas como Wonder Bread lanzaron al mercado de masas un pan blanco, mullido y de miga sedosa. La practicidad de adquirir un producto previamente cortado y con una vida útil prolongada revolucionó los desayunos y los tentempiés escolares en medio planeta, afianzando esta elaboración como un icono indiscutible de la alimentación contemporánea.

Y aquí llego yo para darle una vuelta de tuerca y transformarlo en empanadillas: unas saladas, con relleno de ensaladilla rusa, y otras dulces, colmadas de crema de chocolate. ¿Te apetece probarlas?


Actualizada 2026.


Empanadillas de pan de sándwich saladas y dulces

Ingredientes:
  • Pan de molde
  • Ensaladilla
  • Crema de chocolate

Utensilios:
  • Rodillo de cocina
  • Molde para empanadillas pequeño

Elaboración:
  1. Poner una rebanada de pan sobre el molde de empanadillas.
  2. Poner un poco de relleno y cerrar el molde, apretar. Quitar el sobrante y listo. 

Nota: 
No rellenes mucho la rebanada, ni aprietes demasiado fuerte o puede que el relleno salga por el otro extremo.


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable aplanar previamente la rebanada de pan de molde con el rodillo antes de colocarla en el molde de empanadillas?

El pan de sándwich industrial posee una estructura alveolar esponjosa y aireada, diseñada para absorber líquidos y ofrecer una mordida blanda. Si se intenta plegar directamente en el molde tal como sale del paquete, las tensiones de doblado fracturan la matriz de gluten y la miga se quiebra por la mitad, dejando escapar el relleno. Al pasarle el rodillo con firmeza por ambas caras, los alvéolos de gas colapsan y las fibras se compactan mecánicamente, transformando la rebanada en una lámina flexible, elástica y resistente que se amolda sin fisuras a la curvatura del utensilio.

¿Qué precauciones físico-químicas exige el relleno de crema de chocolate frente al de ensaladilla rusa al sellar la pieza?

Ambos rellenos presentan comportamientos reológicos y cinéticos opuestos: la crema de cacao es una suspensión lipídica densa pero altamente sensible a la presión puntual y al calor ambiental, lo que significa que un exceso de fuerza al cerrar el molde provocará que fluya hacia los bordes dentados, engrasando la unión e impidiendo que el pan se solape y selle correctamente. Por su parte, la ensaladilla contiene mayonesa (una emulsión inestable de agua en aceite) y hortalizas troceadas; si se sobrecarga la cavidad, los trozos duros de patata o zanahoria actúan como cuñas punzantes que desgarran la fina masa prensada, permitiendo que la humedad de la salsa se filtre y ablande el pan en cuestión de minutos.

¿Cómo actúa el prensado mecánico de los bordes dentados del molde para sellar el pan sin necesidad de huevo ni agua?

A diferencia de las masas tradicionales de harina cruda y manteca, el pan de molde contiene azúcares añadidos, grasas emulsionadas y almidones ya completamente gelatinizados durante el horneado industrial. Cuando las cuchillas dentadas del molde ejercen una presión concentrada a lo largo del perímetro curvo, fuerzan a los almidones y a las proteínas superficiales de ambas capas a entrecruzarse y unirse por compresión en frío. Este aplastamiento hermético basta para sellar la empanadilla sin necesidad de añadir adhesivos líquidos (como clara de huevo o agua), siempre y cuando el sellado se mantenga limpio y libre de restos de grasa o mayonesa.



Empanadillas de pan de sándwich dulces y saladas


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Granada con queso y chocolate

Lo último que recuerdo fue que me apeé del coche justo en el momento en que pasaba otro vehículo. De la autopista al cielo fue un rápido ascenso… y aquí estoy yo, esperando en la puerta, sin maletas y… ¿desnudo? No sé si llamarlo así: no me veo el cuerpo cuando miro hacia abajo.

Delante de mí había un señor muy atareado con un gran libro. Escribía de derecha a izquierda y apenas levantó la cabeza cuando me acerqué.

—Hola… ¿señor? —dije alzando la voz.

—¡Hum! —exclamó, mirándome de reojo.

—¿Habla mi idioma? —ya puestos, pregunté.

—Aquí hablamos todos los idiomas, ¡zoquete! —soltó, levantando por fin la vista del libro.

—Ah… pues no sé muy bien qué hago aquí. Señor, ¿es esto el cielo?

—¡Hum! Bueno, si quieres llamarlo así. Cada uno lo llama a su manera. Aquí se acepta de todo —contestó él.

No parecía un hombre muy hablador, y yo ya me estaba cansando de sonsacarle. ¡Que me devuelvan al coche y santas pascuas!

—Esto… ¿y ahora qué hago? —volví a preguntar.

—¡Pues mira! —me dijo él, de pronto muy resuelto—. Hoy te encargarás del huerto. ¡Chist! Ni rechistes —me cortó tapándome la boca con un gesto—. Tienes un saco justo en la entrada. Vas a ir a recoger granadas, todas las de los granados que hay al fondo del huerto. Después las abrirás, sacarás los arilos y los guardarás en bolsas —concluyó.

—Pero… ¿y eso cuánto durará? —me atreví a preguntar.

—Toda la eternidad, hijo mío. Toda la eternidad —contestó sonriendo.

 
Bola dulce de chocolate y queso con granada fresca

Bola de queso y chocolate recubierta de granada fresca


El nombre de la granada procede del latín medieval granatum, que significa «manzana con muchas semillas». Ha sido citada en numerosos textos antiguos, desde el Libro del Éxodo en la Torá hasta el Corán, pasando por los himnos homéricos y las tablillas mesopotámicas, por citar solo unos pocos.

Los antiguos egipcios elaboraban con su zumo un vino ligero con notas de frambuesa y solían incluir granadas en sus ajuares funerarios. En Grecia, Hipócrates recomendaba su zumo para aplacar la fiebre, mientras que los babilonios masticaban sus granos antes del combate convencidos de que los volvía invencibles.

Los romanos descubrieron el fruto a través de los fenicios, que lo llevaron hasta Roma desde las costas de Oriente Próximo. La Biblia, por su parte, alude en incontables pasajes a esta fruta, siempre como símbolo de prosperidad y bendición.

Más que una fuente de nutrientes, la granada formaba parte indisoluble de muchas civilizaciones. Pocas frutas condensan a la vez tanta carga de esperanza y de tragedia mítica. Lo que a simple vista parece un mero deleite para el paladar es, en realidad, un puente histórico entre culturas de la Antigüedad.

Y aquí entro yo: como la granada y el cacao hacen una pareja fantástica, he decidido unirlos. Para esta ocasión preparé una crema de chocolate casera (estilo Nutella o Nocilla) que coge cuerpo al enfriarse; así, combinada con queso crema y reposada en la nevera, queda con una textura firme y perfecta.

No le he añadido azúcar extra —a mi juicio no la necesita en absoluto— ni frutos secos picados, ya que la propia crema de chocolate lleva avellanas. Después solo hace falta un poco de paciencia para incrustar los arilos alrededor de la bola; y tranquilo/a, que no tardarás una eternidad. Una vez lista ya puedes hincarle el diente: los granos le aportan un contraste crujiente, fresco y delicioso.

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Bola de granada con queso y chocolate


Ingredientes:
  • 100 g de queso para untar
  • 100 g crema de chocolate para untar 
  • 1 granada
Para servir: palitos de hojaldre, galletitas, pan...

Elaboración:
  1. Mezcla el queso con la crema de chocolate. 
  2. En un film transparente forma una bola y deja en el frigorífico hasta que se solidifique un poco. 
  3. Mientras, abre la granada y extrae los arilos o semillas. 
  4. Cuando haya pasado 1 hora, saca la bola de frigorífico y quita el film.
  5. Pon en un plato y cubre toda ella con los arilos de la granada. 
  6. Es laborioso pero fácil.
  7. Sirve con palitos de hojaldre, o con galletitas, pan...

Paso a paso de cómo formar una bola de queso y chocolate


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable enfriar la mezcla de queso y crema de chocolate en film antes de adherir la granada?

Al combinar el queso de untar con la crema de chocolate a temperatura ambiente, las grasas lácteas y los aceites vegetales se ablandan, dando como resultado una masa tierna y pegajosa. Si se intentasen incrustar los granos de granada en ese momento, la presión deformaría la esfera y el jugo de la fruta resbalaría sobre la superficie grasa. La refrigeración dentro del film transparente permite que las grasas cristalicen y adquieran la firmeza necesaria para manipular la pieza como un bloque estable, ofreciendo la resistencia justa para que los arilos queden anclados sin hundirse ni aplastar la forma redondeada.

¿Qué función gastronómica cumplen los arilos de granada frente a la combinación de queso y chocolate?

La crema de queso y chocolate aporta un perfil denso, graso y marcadamente dulce. En boca, esta textura puede saturar con rapidez el paladar si no cuenta con un elemento de contraste. Los arilos de granada aportan dos recursos esenciales: una acidez tánica fresca que limpia la untuosidad de las grasas lácteas y un estallido crujiente y jugoso (crunch) que rompe la monotonía cremosa del relleno, logrando un bocado equilibrado que funciona tanto de postre como de aperitivo dulce.

¿Cómo conviene preparar los granos de la granada para evitar que la humedad arruine la cobertura?

Al desgranar la fruta es habitual que algunos arilos se rompan y liberen jugo, o que queden adheridos fragmentos de las membranas blanquecinas internas (el albedo). Es fundamental retirar con cuidado todas esas pieles amargas y colocar las semillas limpias sobre papel absorbente unos minutos antes de rebozar la esfera. Si los granos estuviesen mojados en su propio zumo, crearían una película acuosa resbaladiza que impediría que se adhieran con firmeza al queso, además de teñir la crema de cacao con un exceso de líquido que aflojaría la estructura en el plato de presentación.


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Gofres belgas

Cuando esos seres azules aparecieron por casa, yo acababa de llegar de fiesta. Un fiestón. Así que pensé que eran fruto de mi imaginación. ¡Qué malo es el ron!

Después de dormir doce horas, sin saber ni qué día era, me desperté… y allí seguían esos seres azules. Pensé: «Alguien me ha echado algo en la copa y el efecto todavía dura». Llegué a duras penas a la cocina a por café y, como seguían ahí, juré muy en serio que no volvería a beber. Palabrita.

Así que, cuando llamaron al timbre, también creí que era producto de mi imaginación… hasta que la llamada se volvió tan insistente que tuve que admitir que no, que aquello era real.

Al abrir la puerta, me encontré con el vecino: un señor con bigote y gafas cuadradas, sonriente y que hablaba a voces. Para mi desgracia.

—Estaba dibujando en casa a unos seres azules cuando, de pronto, salieron de mi bloc de dibujo y saltaron por la ventana —me soltó sin más.

—¡Hombre, vecino! Tú también estuviste en el fiestón —le dije riendo.

Entró en casa y, como por arte de magia, sacó una flauta que hizo sonar de forma estridente. De inmediato, todos y cada uno de los seres azules salieron de sus rincones y desfilaron ante mis ojos como platos.

¡Uf! Creo que la próxima vez que monten una fiesta, mejor me quedo en el sofá viendo la tele.


Los Pitufos fueron creados por el historietista belga Pierre Culliford, más conocido por su nombre artístico Peyo. El término "pitufo" (schtroumpf en francés) surgió cuando Peyo olvidó la palabra "salero" durante una cena con su colega André Franquin y le pidió que le pasara "el schtroumpf".



Gofre de Lieja pequeño y redondeado

Gofres belgas de Lieja



El gofre es tan antiguo como la propia historia de la humanidad, con su ancestro más remoto en las tortas de cereales que ya se cocinaban en el Neolítico sobre piedras calientes. En la antigua Grecia hallamos asimismo un molde compuesto por dos placas de hierro que servía para preparar pequeños pasteles. Más adelante, en la Edad Media, se elaboraban una suerte de obleas que se ofrecían en el culto religioso y que después consumían los fieles; solían ser redondeadas y lucían grabados con motivos heráldicos o religiosos marcados por las planchas metálicas. No fue hasta el siglo XIII cuando surgió el antecedente directo del gofre moderno, de la mano de un herrero que forjó moldes en forma de cuadrícula inspirándose en los panales de las abejas.

Su origen histórico está rodeado de leyendas locales, siendo la más popular aquella que atribuye su creación al cocinero del príncipe-obispo de Lieja en el siglo XVIII, quien supuestamente ideó este pastel añadiendo vainilla y azúcar grueso a una masa de brioche.

La variedad más extendida e internacional de Bélgica es el gofre de Lieja, el que suele despacharse en la mayoría de puestos callejeros y cafeterías. Junto a él destaca la otra gran variante tradicional: el gofre de Bruselas. ¿Cómo distinguirlos? A simple vista, por su silueta: el de Lieja es más denso, pequeño y de bordes redondeados e irregulares; el de Bruselas, en cambio, es más grande, ligero y con un corte rectangular bien definido.

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Gofres belgas 


Ingredientes:
  • 250 g de harina de trigo de fuerza 
  • 90 ml leche 
  • 25 g de levadura fresca de panadería 
  • 2 huevos M
  • Una pizca de sal
  • 1/2 cdita. esencia de vainilla
  • 125 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 150 g de azúcar perlado 
Presentación:
Nata y fresas

Elaboración:
  1. Calienta ligeramente la leche y disuelve en ella la levadura fresca y la esencia de vainilla. Es importante que no la calientes demasiado o la levadura no actuará.
  2. En un bol grande, incorpora la harina y la sal.
  3. Mezcla y haz un hueco en el centro; añade ahí la leche con la levadura y los huevos.
  4. Con un tenedor, integra los ingredientes hasta obtener una masa homogénea.
  5. Deja fermentar la masa en un lugar cálido durante unos 45 minutos, tapada con un paño limpio o con papel film.
  6. Pasado este tiempo, añade la mantequilla en trocitos y amasa hasta que quede totalmente integrada.
  7. Agrega el azúcar perlado.
  8. Amasa un par de minutos más para que el azúcar se distribuya de manera uniforme.
  9. Pincela la gofrera con mantequilla y ponla a calentar.
  10. Cuando esté bien caliente, añade una porción de masa y cierra la tapa.
  11. Cocina durante unos 5 o 6 minutos, o hasta que el exterior quede dorado y crujiente.



Gofres de Bélgica

Preguntas frecuentes

¿Por qué es imprescindible utilizar azúcar perlado en lugar de azúcar blanquilla tradicional en esta masa?

El azúcar perlado está compuesto por granos compactos y prensados que poseen un punto de fusión más elevado que el azúcar común. Al someterse al calor directo de las placas de la gofrera, las perlas exteriores se funden lentamente, creando una costra de caramelo dorado, brillante y crujiente que envuelve la masa sin quemarse. Al mismo tiempo, los granos situados en el interior de la pieza no llegan a licuarse del todo, lo que aporta ese mordisco crujiente característico del gofre tradicional de Lieja, a diferencia del azúcar blanquilla, que se disolvería por completo durante el amasado y apelmazaría la miga.

¿Por qué la mantequilla debe añadirse después de la primera fermentación y no al principio junto con los demás ingredientes?

La masa contiene una proporción elevada de grasa (la mitad del peso de la harina). La grasa lubrica las cadenas proteicas de glutenina y gliadina, lo que dificulta que se entrelacen para formar una red elástica si se incorpora desde el comienzo; además, un exceso de grasa temprana ralentiza la reproducción de las levaduras. Al permitir que la masa fermente primero solo con harina, leche y huevos, se consolida una estructura de gluten fuerte capaz de retener el gas. Integrar la mantequilla blanda al final nutre y suaviza esa malla ya formada, logrando un gofre tierno y briochado por dentro sin perder volumen ni consistencia.

¿Qué precauciones deben tomarse con la temperatura de la gofrera durante la cocción para evitar que el caramelo se amargue?

La presencia del azúcar perlado exige un control térmico cuidadoso: el azúcar se carameliza entre los 160 °C y 180 °C, pero si la gofrera supera ese rango se carboniza con rapidez, arruinando el postre con un regusto acre y ahumado. La plancha debe estar caliente para sellar la masa y crear la corteza, pero a una potencia media-alta constante, nunca al máximo. Además, los restos de caramelo fundido que quedan entre los surcos de la máquina tras cada tanda continúan cocinándose; por ello, conviene limpiar con un papel absorbente doblado o una espátula de silicona el azúcar residual entre gofre y gofre para no transferir quemados a las siguientes porciones.



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Guinness cake

Fiona vivía cuesta arriba, en una casa verde, primer piso, izquierda. No era la típica pitonisa a la que visitan los famosos; más bien era una mujer del pueblo, con camisa de lunares rojos y falda hasta los tobillos, subida a sus tacones y con los ojos pintados de verde esmeralda.

Cuando Conor, el vecinito universitario, le preguntaba si veía alguna novia en su futuro, ella lo hacía ponerse colorado:

—Conor, loveen, si my hubby, que en paz descanse, hubiera tenido esos labios que tú tienes, la cola de mujeres que le habría rondado habría sido como de aquí al súper de Molly.

Y Conor se iba más contento que unas castañuelas, a poner morritos a las niñas.

Por la noche, una vez por semana, la visitaba Alana, mujerona buena donde las haya, pero con muchas bocas que alimentar. ¡Ay, Alana! Quería saber el número ganador de la lotería, y Fiona siempre le soltaba:

—Alana, cailín, primero hay que jugar para que te toque.

Y Alana pensaba que, si se echaba un novio lotero, igual le solucionaba lo de la papeleta.

Briana se iba a casar. Andaba nerviosa porque no había «catado» al novio.

—¿Y si resulta que no me gusta? ¿Se lo puedo return a su madre? —preguntó.

Fiona, muy seria, le contestó:

—¡Ay, a ghrá! El novio no sé cómo será; aquí lo que importa es que sepa play the guitar well. Que si gusta, gusta. ¡Deseando que llegue el Saturday para celebrarlo, yeah! ¡Que te lo digo yo!

Y así Fiona iba dando consejos a uno y a otra, a este y a aquella, sin bola de cristal, sin cartas ni lecturas, porque ella no era una adivina como las demás. Te subía la moral o te largaba una historia. ¿Y si se enfadaba? ¡Ay! Si se enfadaba Fiona, lo veía todo casi negro, negro, black… como el chocolate y la Guinness.


Bizcocho de chocolate con cerveza Guinness

Bizcocho irlandés hecho con cerveza Guinness



El bizcocho Guinness, también conocido como tarta de cerveza negra y chocolate, es una de las creaciones más icónicas y aclamadas de la repostería contemporánea. Consiste en un pastel de chocolate densamente húmedo cuya base líquida sustituye parcial o totalmente el agua o la leche por la famosa cerveza negra de tipo stout, de origen irlandés.

La gran genialidad de este postre reside en una reacción puramente química: la acidez natural, las levaduras y el gas carbónico de la cerveza negra actúan como potentes ablandadores del gluten de la harina. Al interactuar con el bicarbonato sódico en el horno, generan una miga extraordinariamente aireada pero densa, jugosa y aterciopelada, que tarda días en secarse. En contra de lo que se suele pensar, el bizcocho no tiene un regusto fuerte a alcohol o a taberna, ya que este se evapora por completo durante el horneado. Lejos de emborrachar, la cerveza rebaja el dulzor excesivo del azúcar y realza de forma espectacular los matices del cacao puro, aportando sutiles notas tostadas a café, regaliz y malta que recuerdan a un pan de jengibre oscuro sin especias.

En el plano histórico, la receta moderna es una evolución de los pasteles tradicionales de chocolate y licores (como el ron o el brandy) que se preparaban en el Reino Unido e Irlanda durante las celebraciones invernales. Sin embargo, el empujón definitivo hacia el estrellato global llegó a principios de la década de 2000 gracias a la célebre cocinera y divulgadora británica Nigella Lawson, quien popularizó la fórmula en sus libros y programas de televisión. Lawson ideó una estética impecable que imita a la perfección una auténtica pinta de cerveza: la base oscura simula el cuerpo de la bebida, coronada por una generosa capa irregular de frosting a base de queso crema, nata y azúcar glas que emula la inconfundible espuma blanca y cremosa de la Guinness.

Hoy celebramos San Patricio, patrón de Irlanda, tierra donde fue esclavo durante su adolescencia, donde encontró la fe para ordenarse sacerdote y a donde regresó para evangelizar a quienes lo habían cautivado. Supo respetar sus costumbres, les habló con un lenguaje llano y popularizó el trébol de tres hojas que hoy representa a todo el país.

Es de sobra conocido el carácter afable de los irlandeses, su abundancia de pelirrojos y, por supuesto, este legendario pastel de cerveza negra, sin olvidar la marea verde que inunda las calles cada 17 de marzo. Pero este mes también nos trae el Día Internacional de la Mujer, el Día de las Islas Baleares y la ansiada primavera. ¿No te parece que marzo es la excusa perfecta para regalarte un buen trozo de pastel?

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Bizcocho Guinness


Molde 23 cm diámetro

El bizcocho:
  • 250 ml de cerveza Guinness
  • 250 g de mantequilla
  • 75 g de cacao en polvo, puro sin azúcar
  • 300 g de azúcar
  • 140 ml de crème fraîche
  • 2 huevos
  • 1 cdta. de esencia de vainilla
  • 275 g de harina 
  • 2 ½ cdtas. de bicarbonato 
La cobertura:
  • 300 g de queso crema, frío
  • 150 g de azúcar glas, tamizado
  • 125 ml de nata para montar, fría
El bizcocho:
  1. Precalentar el horno a 180 ºC
  2. Unta un molde desmontable con mantequilla y espolvorea con harina o rocía spray para moldes.
  3. Pon la cerveza y la mantequilla en un cazo, y calienta hasta que se haya derretido. 
  4. Echa el cacao y el azúcar en un cuenco, y vierte la cerveza con mantequilla.
  5. Mezcla con unas varillas la nata agria, los huevos y la vainilla y échalo a la mezcla de azúcar con mantequilla y cerveza.
  6. Añade la harina y el bicarbonato (previamente tamizados), y mezcla con una espátula o un robot de cocina.
  7. Echa la masa en el molde y hornea 45 minutos o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
  8. Saca del horno y deja reposar unos minutos.
  9. Desmolda hasta que esté frío sobre una rejilla.

La cobertura:
  1. En un bol tamiza el azúcar y bate con el queso crema hasta que el azúcar haya quedado totalmente disuelto.
  2. Añade la nata y bate hasta que te quede una mezcla aireada y esponjosa como de nata montada espesa.
  3. Cuando el bizcocho esté frío pon la cobertura en el centro del bizcocho y reparte del centro hacia afuera. Tiene que quedar como si fuera la espuma de la cerveza negra.
 
Cerveza negra irlandesa Guinness


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable calentar la cerveza Guinness con la mantequilla antes de incorporar el cacao y el azúcar?

La cerveza negra de tipo stout aporta matices tostados, café y cebada que necesitan calor para florecer. Al derretir la mantequilla directamente en la cerveza tibia, se crea una base emulsionada caliente que disuelve de inmediato los cristales de azúcar y «hace florecer» (blooming) el cacao puro en polvo. Este golpe térmico hidrata las partículas secas del cacao y extrae sus aceites esenciales más profundos, intensificando el color oscuro casi azabache del pastel y eliminando el regusto terroso o astringente que dejaría el cacao mezclado en frío.

¿Qué función química cumplen la crème fraîche y el bicarbonato en una masa tan densa?

A diferencia de los bizcochos tradicionales que recurren a polvos de hornear (levadura química), esta receta depende exclusivamente de bicarbonato sódico. El bicarbonato es una base que necesita un medio ácido para activarse y liberar dióxido de carbono: la acidez natural de la crème fraîche (o nata agria), sumada a la del cacao no alcalinizado y al pH de la propia cerveza fermentada, reacciona produciendo una gran cantidad de gas. Esta fermentación química interna aligera una masa cargada de mantequilla y azúcares, logrando una miga esponjosa, elástica y con una humedad extrema que se conserva intacta durante días.

¿Por qué el queso crema y la nata para el glaseado deben estar rigurosamente fríos antes de montarse con el azúcar glas?

El glaseado busca reproducir visualmente la icónica corona de espuma blanca y compacta de una pinta de Guinness recién tirada. Para que la nata monte y mantenga su emulsión junto al queso, los glóbulos de grasa láctea deben mantenerse en estado sólido (entre 4 °C y 6 °C). Si los ingredientes estuviesen templados, la fricción de las varillas y el poder licuante del azúcar harían que la mezcla colapsara, convirtiéndose en una salsa fluida e inestable. El frío riguroso garantiza que el batido atrape aire, consiguiendo una textura sedosa, densa y con suficiente cuerpo para sostenerse en el centro de la tarta sin escurrirse por los bordes.



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Mousse de chocolate

Todo comenzó cuando el despistado Aric, emocionado ante la inminencia de su boda, se topó con una mariposa que portaba un diminuto cartel: «¡Sígueme para una boda aún más emocionante!». Sin pensarlo dos veces, echó a correr tras ella y, para asombro de todos, el enlace acabó celebrándose al borde de un acantilado, justo al abrigo del árbol del cacao. El pueblo entero acudió vestido con ropas de colores vivos y sonrisas francas: adoraban a Aric y sabían de sobra que haría inmensamente feliz a Fiora.

Fiora descendía de un antiguo linaje de hechiceros; por sus venas corría la magia más pura. Aunque jamás había recurrido a ningún embrujo con Aric, él había caído rendido a sus pies desde el primer cruce de miradas. Aquello parecía salido de una fábula antigua. De esas que a veces cierran con moraleja y otras se despiden con un simple «colorín, colorado». Y aunque en el banquete no se sirvieron perdices, no faltaron riadas de chocolate… ni un final feliz.

Mousse de chocolate vegano para alérgicos o intolerantes

Mousse de chocolate con aguafaba de los garbanzos de bote


El nacimiento de este postre está ligado directamente al descubrimiento del aquafaba, el término culinario que recibe el agua viscosa resultante de la cocción de las legumbres. En diciembre de 2014, el tenor y cocinero aficionado francés Joël Roessel descubrió que el líquido de conservación de las conservas de palmitos y garbanzos formaba una espuma densa, similar a la clara montada, si se batía con energía. Roessel compartió sus ensayos en su blog de cocina vegetal, demostrando que aquel caldo habitualmente descartado poseía sorprendentes propiedades emulsionantes y espumantes gracias a las proteínas, saponinas y almidones que las legumbres liberan durante el hervor.

El testigo lo recogió en marzo de 2015 el ingeniero de software estadounidense Goose Wohlt. Obsesionado con perfeccionar el merengue vegano en los fogones de su casa, Wohlt comprobó que el caldo de los garbanzos en conserva montaba por sí solo con una firmeza impecable y un sabor prácticamente neutro, sin necesidad de recurrir a gomas ni espesantes artificiales. Bautizó el hallazgo uniendo las voces latinas aqua (agua) y faba (haba o alubia), y aprovechó el hito para idear la primera mousse de chocolate vegana moderna con solo dos ingredientes: aquafaba a punto de nieve y cobertura negra fundida.

La fórmula corrió como la pólvora por redes sociales y foros dedicados a la alimentación vegetal. La gran sorpresa de reposteros y aficionados de todo el mundo fue constatar que, al fundirse la espuma con la intensidad del cacao, el recuerdo a legumbre se desvanecía por completo, dando paso a una textura aireada, sedosa y untuosa, a la altura de la repostería clásica más exigente.

Hoy en día, este postre es un auténtico emblema del movimiento de cocina de aprovechamiento (zero waste), demostrando cómo la curiosidad doméstica puede transformar un residuo cotidiano en un bocado de alta gama apto para dietas veganas, alérgicos al huevo o intolerantes a los lácteos.

Ser la cuarta de cinco hermanos da para una enciclopedia de anécdotas, sobre todo de cuando éramos críos. Os podéis figurar a mi pobre madre capeando el temporal los fines de semana: sin colegio y con una energía inagotable que ni siquiera el campo abierto alrededor de casa lograban agotar.

Los desayunos de los domingos eran mi debilidad absoluta: chocolate a la taza bien espeso con ensaimada recién traída del horno. «¡Mmm!», pensaréis muchos; y sí, os doy toda la razón. En aquella mesa se veía de todo: quien devoraba primero la ensaimada para beberse después el chocolate a sorbos limpios; el que prefería el orden inverso; el purista que mojaba la miga hasta que no quedaba ni gota; y la que no paraba de corretear alrededor de la mesa hasta que tropezaba, vertía su taza y se quedaba compuesta y sin desayuno. Cada domingo traía su propia aventura, pero todos tenían en común una dulzura infinita.

Seguro que más de uno os sentís identificados: una casa llena de niños es garantía de taza derramada y zafarrancho a primera hora, ¿a que sí?

Aunque lo que hoy te traigo no es chocolate a la taza, tiene todo el aroma del mejor cacao; con la ventaja de que este no se derrama por más carreras que hagas por la cocina. Es una receta pensada al detalle para quienes no pueden o prefieren no tomar huevo —sean veganos, alérgicos o sencillamente curiosos—; y te aseguro que, si a mí me dejó con la boca abierta, a ti te va a fascinar.


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Mousse de chocolate sin huevo


Ingredientes para 4:
  • El líquido (aguafaba) de 1 bote grande de garbanzos (400 g aprox.)
  • Unas gotas de zumo de limón
  • 135 g de chocolate negro
  • 65 g de mermelada de higos (o crema de dátil)

Elaboración:
  1. Vierte el líquido de los garbanzos en el cuenco de la batidora. 
  2. Bate a velocidad moderada durante 5 minutos. 
  3. Cuando comience a montar, añade unas gotas de limón y aumenta la velocidad hasta obtener un merengue firme con picos. 
  4. Derrite el chocolate al baño María. 
  5. Una vez fuera del fuego, añade la mermelada y mezcla bien. 
  6. Incorpora la mezcla de chocolate al merengue con movimientos suaves y envolventes hasta que esté completamente integrado. 
  7. Reparte en moldes individuales y refrigera al menos 4 horas antes de servir.

Notas:

  1. Importante que no lleve sal el agua de cocción.
  2. Si quieres usar el merengue con otras elaboraciones dulces puedes añadirle azúcar como se haría con un merengue hecho con claras de huevo.



Preguntas frecuentes

¿Por qué es capaz el aguafaba de montar como las claras de huevo y qué función cumplen las gotas de limón?

El agua de cocción de los garbanzos concentra una combinación equilibrada de proteínas solubles (albúminas y globulinas) y saponinas vegetales. Al batir con varillas, estas moléculas tensioactivas atrapan burbujas de aire y forman una película protectora alrededor de cada cavidad, emulando la estructura física de un merengue tradicional. Las gotas de zumo de limón aportan ácido cítrico, el cual reduce el pH del medio; esta acidez debilita las cargas electrostáticas repulsivas entre las cadenas de proteínas, permitiendo que se enlacen con mayor firmeza y creando una espuma mucho más estable y resistente al colapso.

¿Qué temperatura debe tener la mezcla de chocolate y mermelada antes de incorporarla al merengue vegetal?

La mezcla debe estar tibia o a temperatura ambiente (en torno a 35-40 °C). Si el chocolate se vierte demasiado caliente, el choque térmico desnaturalizará de golpe la débil red proteica del aguafaba montada, fundiendo las burbujas de aire y licuando la preparación. Por el contrario, si se deja enfriar en exceso, el chocolate comenzará a cristalizar y endurecerse antes de tiempo, formando grumos duros y apelmazados al contacto con la espuma fría en lugar de integrarse en una emulsión homogénea y aterciopelada.

¿Por qué es indispensable que el líquido de los garbanzos no contenga sal añadida?

Muchos botes de legumbres comerciales incorporan cantidades considerables de salmuera para su conservación. En una elaboración dulce tan delicada como esta mousse, un exceso de sodio alteraría de manera negativa el equilibrio gustativo frente al chocolate negro y los higos, dejando un regusto salino estridente y poco apetecible. Además, a nivel físico-químico, concentraciones elevadas de sal interfieren en la capacidad de hidratación y espumado de las proteínas vegetales, dificultando que el merengue alcance el volumen y la rigidez de picos necesarios.


Ingredientes de la mousse de chocolate con aguafaba


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