Bari era un chico estupendo que, después de estudiar largo y tendido en la universidad, al fin se graduó y volvió a casa de sus padres. Su madre lo adoraba, y aunque su carácter había cambiado con los años —volviéndose un poco casquivano, cosa que a ella la sacaba de quicio—, seguía creyendo que aún quedaba algo de aquel jatorra que tanto quería.
Cuando se independizó y quiso montar una fiesta para celebrarlo con su cuadrilla, su madre se ofreció a encargarse de la comida.
—¡Epa, amá! No quiero nada pitiminí —le dijo él, conociéndola bien—. Unos pintxos y kalimotxo y vamos servidos —le aconsejó.
Y así quedó la cosa.
Pero la cosa se agrandó. La familia también quería ir a la fiesta… y allá que fueron todos. Al final, ocuparon la casa y la calle. Los pintxos y el kalimotxo fueron un éxito, incluidos los bocaditos de bonito de Isabel. ¿Y Bari? Bari pensó que, menos mal, aquello no era una fiesta anual… o tendría que volver a casa de su madre.
¡Aupa, Bari!
En el País Vasco, las tradicionales tapas españolas se transformaron en una seña de identidad única conocida como pintxos. Esta historia comenzó en la primera mitad del siglo XX en San Sebastián, una ciudad que entonces era el destino vacacional de la aristocracia y la alta sociedad. Para satisfacer los paladares exigentes de estos visitantes, los bares locales empezaron a elaborar pequeños bocados que iban más allá de la simple aceituna o rodaja de embutido que se servía en el resto de España.
El nacimiento del pintxo propiamente dicho ocurrió en la década de 1940 en el bar Casa Vallés de San Sebastián. Allí, unos clientes habituales empezaron a ensartar en un palillo una aceituna, una guindilla y una anchoa. Esta combinación ácida y salada recibió el nombre de gilda, en honor a la famosa y provocativa película de Rita Hayworth de la época. El éxito de sujetar los ingredientes sobre una rebanada de pan con un palillo o «pincho» revolucionó la hostelería vasca, dando origen al verbo pintxear o ir de bar en bar probando estas delicias en miniatura.
Con el paso de las décadas y el estallido de la nueva cocina vasca en los años setenta y ochenta, los pintxos evolucionaron de banderillas frías a complejas creaciones de alta cocina en miniatura. Hoy en día, las barras de los bares vascos exhiben una variedad infinita de opciones que combinan pescados frescos del Cantábrico, carnes y verduras de la huerta local, convirtiendo esta costumbre culinaria en un fenómeno social y cultural reconocido a nivel mundial.
Así empezó mi particular Culinary experience con Isabel y aquí la receta que presento para el concurso con el paso a paso, tanto del mousse como del pan. ¿Cuántas veces has cantado, hoy comemos con Isabel?, seguro que como yo, muchas. Mi agradecimiento a todos las personas que habéis votado mi receta, por que os gusta o simplemente por simpatía, de corazón gracias, no gané pero aún así me regalaron un lote surtido de conservas.
Actualizada en 2026.
Tapa de mousse de bonito con mayonesa del aceite de conserva
Ingredientes
- 1 bote (220 g) bonito Isabel
- 1 cda. de alcaparras
- 1 cda. de mostaza
- 1 cda. de tomate frito (casero o Bio)
- 2 sobres de Agar o 1 sobre de gelatina neutra
- 50 ml de agua
- 1 huevo + el aceite de oliva del bonito Isabel
- Molde de silicona de 15 cavidades de 3 centímetros de diámetro x 4 centímetros de alto
- Rebanadas de pan cortadas muy finas
- Tiras de pimiento rojo asadas
Elaboración
Nota: no tires la mayonesa que te sobre, úsala en cualquier preparación que te guste, tiene un ligero sabor a bonito y para una ensalada de patata o acompañar un pescado va genial.
Preguntas frecuentes
¿Cómo conseguir que la mousse quede compacta y se desmolde bien?
La clave está en tres puntos: usar la cantidad correcta de agar-agar o gelatina para la textura que quieres conseguir, dejar reposar la mousse en el molde el tiempo suficiente — mínimo media mañana o toda la tarde — y desmoldar con cuidado cuando esté completamente fría y sólida. Si la mousse no cuaja suficientemente, la próxima vez aumenta ligeramente la cantidad de gelificante.
¿Se puede sustituir el agar-agar por gelatina neutra?
Sí, la propia receta lo indica como alternativa. La diferencia principal es que el agar-agar es de origen vegetal y apto para veganos, mientras que la gelatina neutra es de origen animal. En cuanto a resultado, ambas dan una textura similar aunque el agar-agar cuaja a temperatura ambiente y la gelatina necesita frío para solidificar.
¿Por qué usar el aceite de la conserva para la mayonesa?
Porque ese aceite ya ha absorbido todo el sabor del bonito durante la conserva. Al usarlo para hacer la mayonesa se transfiere ese sabor marino directamente a la salsa, intensificando el sabor del conjunto sin añadir ningún ingrediente extra. Es el truco que diferencia esta mousse de cualquier otra versión convencional.



















































