El dilema del yelmo: Queda terminantemente prohibido intentar sorber sopa con la visera bajada.
La barba, esa zona de guerra: Si tu barba es lo suficientemente larga como para que se confunda con la crin de tu caballo, utiliza una red de seda o, en su defecto, apártala con la mano izquierda mientras con la derecha blandes la cuchara. Nadie quiere encontrar restos de comida en tu vello facial durante el baile posterior.
Uso de la armadura: Si el jubón de hierro te aprieta tras el tercer plato, está permitido aflojar un par de remaches de forma discreta. Sin embargo, si al hacerlo saltan los tornillos y golpean el ojo del emperador, ten un plan para escapar.
Las manos y el mantel: El mantel de hilo de Constantinopla NO es para limpiarse la grasa de las berenjenas asadas. Para eso están las cortinas, que cuelgan más alto y disimulan mejor las manchas de salsa.
El eructo de la victoria: En caso de que un gas inoportuno escape de tu real cuerpo tras un banquete pesado, levanta tu copa y grita: «¡Por San Jorge, cómo ruge el dragón en mis entrañas!». Todo el mundo aplaudirá tu devoción religiosa.
Nota de Carmesina: «Tirant, si vuelves a intentar usar tu daga de combate para coger una berenjena mientras miras fijamente a mi padre, dormiremos en torres separadas».
La berenjena (Solanum melongena) es una hortaliza originaria del sudeste asiático, concretamente de la India y China, que llegó a Europa de la mano de los árabes. Estos la llamaban «al-bâdinjân» y, durante la Edad Media, la introdujeron en la Península Ibérica. Aunque inicialmente fue recibida con escepticismo, con el tiempo logró conquistar los paladares hasta convertirse en un ingrediente imprescindible.
Al igual que los caballeros defendían o conquistaban territorios, la berenjena se abrió paso en Europa a través de las incursiones árabes en el Mediterráneo. Nuestra historia siempre ha estado marcada por grandes viajeros; imperios como el Otomano, el Bizantino o el Mameluco, junto a la Corona de Aragón y las Repúblicas Italianas, tejieron una red de intercambios constantes.
Está claro que aquellos no eran viajes low cost, sino más bien todo lo contrario. Tampoco se viajaba por placer: conquistar era la etiqueta de la época. Caballeros, mesas redondas, emperadores y crónicas de ultramar... Señoras y señores, preparen el equipaje: viajemos, mezclémonos.
Unamos el Mediterráneo. Si hablo de canelones, la mayoría de las personas que me rodean pensarían de inmediato en los de pasta. ¡Y claro que nos gustan! Seguramente son los más famosos y los que más se preparan en el mundo pero, si no puedes comer gluten o buscas algo diferente, existen alternativas igual de ricas. Hacerlos con láminas de verdura, como estos de berenjena (o incluso de calabacín), es una opción deliciosa que se presta perfectamente al juego de texturas, ¿no crees?
Receta actualizada en 2026.
Canelones de berenjena rellenos de ternera
- 2 berenjenas (de tamaño mediano o pequeño)
- 350 g de carne picada de ternera
- 3 dientes de ajo
- ½ cebolla
- Aceite de oliva
- Tomate frito
- Sal
- Pimienta negra molida
- Orégano seco
- Queso mozarela rallado
- Albahaca fresca (para servir)
- Pica el ajo y la cebolla.
- Póchalos en una sartén con aceite de oliva hasta que estén transparentes.
- Añade la carne picada y cocínala por completo.
- Incorpora cinco cucharadas de tomate frito.
- Salpimienta al gusto y añade una cucharadita de orégano.
- Cocina durante varios minutos para que los ingredientes y los sabores se integren bien.
- Deja enfriar la mezcla antes de usarla.
- Corta las berenjenas longitudinalmente en láminas.
- Dora las láminas de berenjena por cada lado en una plancha engrasada con aceite de oliva. Resérvalas.
- Coloca una lámina de berenjena sobre una tabla.
- Añade una cucharada de carne picada en el extremo ancho de la berenjena.
- Enrolla la berenjena con cuidado, dejando la carne en el interior y el cierre hacia abajo para evitar que se abran los canelones.
- Distribuye unas cucharadas de tomate frito en una fuente o bandeja para horno.
- Coloca los canelones de berenjena encima.
- Añade un poco de tomate frito sobre cada canelón.
- Termina con el queso rallado por encima.
- Hornea a 200 °C durante 20 minutos, hasta que el queso se derrita y se dore ligeramente.
- Sirve y decora con la albahaca fresca.
Preguntas frecuentes
¿Son aptos para celíacos los canelones de berenjena?
Sí, completamente. Al sustituir la pasta por láminas de berenjena a la plancha, la receta es naturalmente sin gluten. Solo hay que asegurarse de que el tomate frito y el queso utilizados no contengan trazas de gluten en su etiquetado.
¿Se puede hacer la receta con calabacín en lugar de berenjena?
Sí, el calabacín es la alternativa más habitual. Tiene un sabor más suave y absorbe menos aceite que la berenjena. El proceso es idéntico: cortar en láminas finas y dorar a la plancha antes de rellenar y enrollar.
¿Se pueden preparar los canelones de berenjena con antelación?
Sí, es uno de sus grandes ventajas. Puedes montar los canelones y dejarlos en la fuente con el tomate y el queso en la nevera hasta 24 horas antes. Solo hay que hornearlos justo antes de servir.




































