Don Chencho era el hombre más tacaño de D.F. Se decía que era capaz de quitarle un peso a un ciego y pedirle el cambio. Una noche, mientras caminaba por un sendero oscuro contando sus monedas, escuchó el rítmico trote de un caballo.
De la penumbra surgió un caballero impecable: traje de charro negro con botonadura de oro puro, un sombrero de ala ancha que ocultaba su rostro y un caballo cuyos ojos brillaban como brasas de carbón.
—Buenas noches, Chencho —dijo el Charro con una voz que sonaba a ultratumba y a seda—. Te veo muy preocupado por esos centavos. ¿Qué te parecería una bolsa llena de monedas de oro? De las que no se acaban nunca.
A Chencho se le iluminaron los ojos más que al caballo. —¿Oro? ¿Del de verdad? ¿Y qué quiere a cambio? ¿Mi alma?
El Charro Negro asintió con elegancia, sacando una bolsa de cuero que tintineaba de forma celestial. —Solo un pequeño contrato. Oro infinito a cambio de tu compañía eterna en mi... hacienda particular. Hace calor, pero nunca falta el trabajo.
Chencho, que era ambicioso pero no tonto, miró la bolsa y luego el traje del Charro.
—Mire, patrón —dijo Chencho rascándose la barba—, acepto. Pero con una condición de caballero. Ese traje de charro que trae... es de una calidad impresionante. Si me voy al infierno, quiero ir elegante. El oro me lo da ahora, pero el alma se la lleva cuando me consiga un sastre que me haga una botonadura de plata como la suya, pero con mi nombre grabado en cada pieza.
—¿Un sastre? —rugió el Charro—. ¡Soy el cobrador del averno, no el asistente de un modista!
—Ah, pues si no hay atención al cliente, no hay contrato —replicó Chencho guardándose sus monedas de cobre—. Además, ese caballo suyo suelta mucho pelo. Mi alma vale al menos que un plato de mole.
El Charro Negro, indignado por la y la tacañería de Chencho, espoleó a su caballo y desapareció en una nube de azufre, gritando que prefería llevarse a políticos.
Chencho volvió a su casa silbando. Había salvado su alma, no por santo, sino porque al diablo no le salía a cuenta pagarle el sastre.


[RETO COOKING THE CHEF]
Sin investigación no hay cocina, en el sentido que si creas de la nada acabas creando nada, entonces nosotros creemos que nuestra cocina es básicamente un seguimiento sobre la tradición, y de ahí es de donde partimos, sin conocer nuestras raíces es muy difícil crear.
El círculo. Ni principio ni fin.
"La madre tierra es circular. La tortilla es circular. La ciudad es circular. El calendario maya es circular. Y emplato en círculo". Su logo es un círculo que contiene su nombre. Movámonos en círculo y regresemos al inicio. El plato que mejor encaja en la teoría del círculo es Madre Mole. El nombre impacta porque a una madre no se la nombra de forma gratuita. Si sacas a jugar a una madre, que sea en serio, de forma respetuosa. El mole es un icono. Pocos platos más intrincados y profundos: México cabe dentro. Salsa espesa con decenas de ingredientes, que cooperan, que se complementan, que se entrelazan hasta conformar un sabor nuevo. El mole es uno y cien.
De niño, en la escuela, a Enrique lo llamaban Pozole: "Me gustaba el pozole, la sopa con oreja, trompa, buche de cerdo y maíz. Lo de Pozole fue deteriorando, pasó a Pozol, a Puchol y de ahí a Pujol. Al principio algunos pensaban que era un restaurante catalán, lo que creo confusión". ¿Por qué no catalán? El abuelo paterno, Enrique, lo era.
"Naces cocinero y ya te chingaste", expresa Enrique con esos ojos de chino que le diluyen la sonrisa. Los padres, Alfonso y Pilar, quisieron que estudiara alguna profesión con prestigio, aunque cuando a los 12 años el chavo calentó una sopa de Campbell's para darles la bienvenida tras un viaje, supieron que el fuego sería el ganador. Enrique Olvera para el Periódico.
Señoras y señores estamos a día 5 y este mes toca presentar al gran chef Mexicano Enrique Olvera y con ello participo en el reto
Cooking The Chef, bienvenidos al show.
Los moles son sinónimos de estacionalidad. Como muchas referencias tradicionales, conjugan, a la perfección, el "aquí y el ahora" que a tantos chefs nos interesa reflejar en nuestras cocinas. Enrique Olvera, México de adentro hacía afuera.
· MOLE VERDE ·
Para 4
Espárragos y habas tiernas.
8 espárragos verdes, con las puntas separadas de los tallos
1 cucharadita de sal
100 gramos de haba tierna y limpia
Mole de brócoli.
1/2 cebolla blanca cortada en trozos grandes
1 diente de ajo grande
60 ml. aceite de oliva
200 gramos de brócoli cortado en trozos grandes
80 gramos de los tallos de espárragos reservados, troceados
1 chile jalapeño
35 gramos de pepita de calabaza
240 ml. agua
20 gramos de cilantro
1 cucharadita de sal
Col china.
1 cucharada de cebolla blanca fileteada
1 cucharadita de aceite de oliva
8 hojas de col china cortadas en chiffonade
3 cucharadas de agua
1 cucharadita de sal
Alcachofa.
2 alcachofas tiernas
120 ml. de vinagre blanco
2 cucharadas de zumo de limón
240 ml. de aceite de oliva
1 cucharadita de sal
Puré de espinacas.
1 cucharadita de bicarbonato de sodio
1 cucharadita de sal
80 gramos de espinaca tierna
Puré de nabo.
1 1/2 piezas de nabo pelado
240 ml. de nata para cocinar
1 cucharadita de sal
Coliflor.
100 gramos de coliflor blanca en un solo florete cortado en pluma y 4 láminas
1 cucharada de zumo de lima
1 cucharadita de sal
Espárragos y habas tiernas.
-
Lleva a ebullición 1 litro de agua con sal.
- Cuece las puntas de espárrago y las habas durante 5 minutos.
- Escurre, enfría y pela las habas.
Mole de brócoli.
-
En una cacerola, pocha a fuego medio la cebolla y el ajo.
- Añade el brócoli, después los tallos de espárragos y finalmente el chile.
- Echa las pepitas de calabaza y el agua, lleva a ebullición.
- Retira del fuego e incorpora el cilantro.
- Tritura, pasa por un colador fino y pon a fuego medio hasta que hierva.
- Retira del fuego y rectifica la sazón.
Col china.
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En una sartén a fuego medio, saltea la cebolla en el aceite.
- Agrega la col y el agua.
- Tapa y cuece a fuego bajo durante 3 minutos.
- Sazona y reserva.
Alcachofa.
-
Pon 1 litro de agua con el zumo de limón y el vinagre, sumerge las alcachofas durante 15 minutos.
- Escurre y corta en octavos.
- Calienta una olla con el aceite y la sal a 65 ºC y cocina las alcachofas 25 minutos manteniendo la temperatura constante.
- Reserva.
Puré de espinacas.
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En una olla a fuego alto, lleva a ebullición 1 litro de agua con el bicarbonato y la sal.
- Blanquea las espinacas durante 30 segundos.
- Escurre, enfría, tritura y pasa por un colador fino.
- Rectifica la sazón y pon el puré en una manga o botella dispensadora.
Puré de nabo.
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Pica el nabo finamente y cocina en una olla con la crema y la sal a fuego medio hasta que suavice.
- Tritura y pasa por un colador fino.
- Coloca en una maga o botella dispensadora.
Coliflor.
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Sazona la coliflor con el zumo de lima y la sal.
- Separa en pequeños floretes y hornea a 180 ºC durante 20 minutos, hasta que se dore.
Montaje.
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En cada plato, extiende 90 gramos de mole en forma de círculo con ayuda del dorso de una cuchara.
- Dispone encima la col, las habas, los espárragos y las alcachofas.
- Pon 3 bombones de ambos purés y termina con una lámina de coliflor.
Notas:
Él usa sal de Colima para la alcachofa y el puré de espinacas para lo demás sal fina.
En vez de nabo usa colinabo pero no encontré en la verdulería.
También usa chile serrano en lugar de jalapeño pero el único que encontré natural era el jalapeño y de bote.
Fotografías @catypol - Circus day.