Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

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Mostrando entradas con la etiqueta Dulces Malabares. Mostrar todas las entradas
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Mattentaart

Habían decidido conocerse en un concierto de Tomorrowland; a ambos les gustaban los djs y eso los unió, así que, después de muchos mensajes, creían firmemente que esa era su oportunidad de verse y comprobar si las fotos que se habían enviado eran ciertas. Habían quedado en que cada uno llevaría una pancarta con el título de la canción que más le gustaba: a ella le gustaba Sunset, el atardecer rojo, los últimos rayos de sol, la despedida del día y ahora su canción favorita; no podría asegurar qué canción habría elegido él, pero ella creía que sería The End, pues él le había dicho que a veces el final de algo puede ser el principio de otra cosa.

Mi pancarta estaba pintada con un bonito atardecer; yo iba vestida con unos vaqueros un poco rotos, mi camiseta de la suerte verde esperanza y mis zapatillas blancas gastadas de tanto llevarlas, una mariposa en el pelo y un chicle sabor sandía. ¡Qué ilusión! Él iba vestido con unos vaqueros negros y una camiseta blanca, deportivas rojas y un pendiente en la oreja, además del pelo cortísimo, negro como el betún. Su pancarta era negra, con una tipografía roja que ponía Demon; me hizo reír y él se rio conmigo. ¡Qué ilusión!

Fue una noche inolvidable, una pareja maravillosa y un concierto lleno hasta los topes: nos gustamos, nos besamos, bailamos juntos y separados, reímos y nos pusimos ciegos de mattentaart, a tope. ¡Qué ilusión!


Mattentaart tartaleta de cuajada de Bélgica con almendras

Mattentaart de cuajada belga con almendras


El origen de este dulce se remonta a la Edad Media, pues nació principalmente como un método ingenioso para conservar los excedentes de leche en las granjas antes de la invención de los sistemas de refrigeración modernos. El término matten o maton hace referencia directa a la leche cuajada o wrongel en dialectos antiguos. En los campos de la actual Bélgica, los pastores calentaban la leche entera fresca y le añadían suero de mantequilla o vinagre para provocar que se cortara de forma natural. Una vez escurrida la masa sólida en sacos de muselina durante doce horas, obtenían una cuajada fina que servía como base alimenticia.

Los primeros registros escritos sobre este ingrediente aparecen en canciones de trovadores que datan del siglo XIII, donde ya se mencionaban los grumos de leche. Durante esa época, la cuajada solía consumirse simplemente como una papilla endulzada con azúcar y enriquecida con huevos. No fue sino hasta el siglo XVI cuando se consolidó la receta del pastel tal como se conoce en la actualidad, al aparecer la base de masa de hojaldre rellena de esta crema de cuajada en un recetario de la época. En ese mismo período, las monjas del Hospital de Nuestra Señora de Geraardsbergen recibían habitualmente estas tartas como obsequio o pago por sus servicios caritativos.

La producción dio un salto fundamental a finales del siglo XIX, específicamente a partir de 1890, cuando el panadero local Francis Morre comenzó a comercializar las mattentaarten de forma profesional en su establecimiento. Esto marcó la transición del dulce desde sus raíces puramente agrarias y domésticas hacia las vitrinas de las pastelerías urbanas. El renombre del pastel creció de manera constante durante el siglo XX, lo que motivó a los pasteleros locales a unirse en 1978 para fundar la Cofradía de la Geraardsbergse Mattentaart. El objetivo de este gremio era y sigue siendo proteger la autenticidad y la estricta calidad del producto, instaurando además un día festivo anual en su honor desde 1980.

El reconocimiento definitivo a su importancia histórica llegó en el año 2006, cuando la Comisión Europea le otorgó el estatus de indicación geográfica protegida (IGP), convirtiéndola en el primer producto de la región de Flandes en recibir dicha protección jurídica. Debido a esta normativa, únicamente los pasteles horneados dentro de los límites de la ciudad de Geraardsbergen y el vecino municipio de Lierde, utilizando leche local y la receta centenaria, pueden denominarse oficialmente Geraardsbergse mattentaart. El resultado moderno es un pastelito de costra crujiente y hojaldrada, cuyo relleno combina el toque ligeramente granulado de la cuajada con notas sutiles de almendra, azúcar y huevo.

Con motivo del concurso del bloganiversario de Aurélie, descubrí este postre: la mattentaart de Geraardsbergen. ¡Sorpresa! Para mí, claro: después de estar barajando qué receta flamenca podría presentar al concurso, me apetecía algo dulce, pues las últimas entradas son saladas, y encontrarme esta referencia me decantó por ella.  #RecetasdeFlandes

La mattentaart es un pastel pequeño, aunque por la red he visto muchas versiones y muchas recetas. Lo que saqué en claro es que se usa leche cuajada, almendra, hojaldre y huevos; y creo que el resultado te lo puedo presentar sin ningún tipo de problema, ya que es una delicia.


Actualizada 2026.

Mattentaart


Ingredientes: 
  • 2 masas de hojaldre 
  • 200 g de cuajada (de buena calidad o preparada en casa)
  • 80 g de azúcar 
  • 2 huevos 
  • 45 g de almendras molidas
  • Unas gotas de extracto de almendra amarga
  • 1 huevo batido para pintar la masa
Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 225 °C. 
  2. Engrasa tus 4 moldes de tartaleta con manteca (o mantequilla) y espolvorea un poco de harina.
  3. Corta 4 círculos grandes para las bases de los moldes y 4 círculos un poco más pequeños para las tapas. Cubre el fondo y las paredes de los moldes con las bases.
  4. En un bol mediano, coloca los 200 g de cuajada bien escurrida. Desmenúzala firmemente con un tenedor hasta que quede en migas finas. 
  5. Añade las 2 yemas de huevo, los 80 g de azúcar, las almendras molidas y el extracto de almendra. 
  6. Mezcla todo con una cuchara de madera o espátula hasta tener una pasta homogénea pero con textura granulada.
  7. En un bol aparte y limpio, monta las 2 claras a punto de nieve firme. 
  8. Añádelas al bol de la cuajada y mézclalas con una espátula realizando movimientos suaves y envolventes (de abajo hacia arriba) para no romper las burbujas de aire.
  9. Distribuye el relleno entre las 4 bases de hojaldre. 
  10. Coloca las tapas encima. 
  11. Presiona fuertemente los bordes con los dedos o con los dientes de un tenedor para unirlas bien y que el relleno no se salga.
  12. Pincela toda la superficie superior de las tapas con huevo batido (así quedarán doradas y brillantes).
  13. Con una tijera o la punta de un cuchillo afilado, haz un pequeño corte en forma de cruz (o un agujero limpio) justo en el centro de cada tapa para que respire.
  14. Hornea a 225 °C durante 30 minutos en la parte media del horno, hasta que el hojaldre esté muy inflado y de un color dorado oscuro. 
  15. Saca del horno, desmolda con cuidado a los 5 minutos y deja enfriar sobre una rejilla.


Mattentaart belga con cuajada y almendras


Preguntas frecuentes

¿Por qué es preferible desmenuzar la cuajada con un tenedor en lugar de triturarla con batidora eléctrica?

La identidad de la auténtica mattentaart radica en su textura rústica y ligeramente granulada (matten). Si se pasa por una batidora eléctrica de cuchillas, la cuajada pierde su estructura física y se convierte en una crema líquida y homogénea similar a un pudin fino. Al desmigarla a mano con un tenedor, se respetan los pequeños grumos lácteos que contrastan a la perfección con la almendra molida y le otorgan esa consistencia tradicional tan característica tras el horneado.

¿Qué función cumple hornear a una temperatura tan elevada (225 °C) durante 30 minutos?

El hojaldre necesita un choque térmico muy alto desde el primer minuto para que la grasa de sus capas hierva de golpe y el agua se evapore con fuerza, levantando las hojas de masa antes de que la grasa se funda y se escape al molde. Además, los 225 °C caramelizan rápidamente el azúcar y el huevo batido de la superficie, sellando una corteza firme y de un color dorado oscuro que soporta el vapor interno sin que la masa de la base quede blanda o empapada por el relleno.

¿Por qué conviene esperar unos 5 minutos antes de desmoldar las tartaletas sobre la rejilla?

Recién salidas del horno, las paredes de hojaldre aún están tiernas por el calor extremo y el relleno de cuajada inflado conserva una textura frágil. Si se intentan sacar de inmediato, la base puede romperse por el peso del centro o abollarse al manipularla. Esperar exactamente 5 minutos permite que la grasa del molde temple ligeramente y la estructura exterior se asiente, garantizando un desmoldado limpio sin riesgo de rotura y permitiendo que la rejilla airee la base para que no condense humedad.


Mattentaart de cuajada dulce típico de Bélgica


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Empanadillas de pan

En mitad de un salón alrededor de una mesa camilla vestida con faldas de pana marrón y cortinajes que parecían rescatados del plató de una telenovela venezolana, la abuela Paquita servía sus célebres empanadillas, rellenas con lo que hubiera en la nevera y un caudal inagotable de cariño.

—¡Esto es fórmula de guerra y gloria bendita! —proclamaba.

En una esquina, un televisor importado que transmitía en perfecto alemán emitía reclamos de salchichas bávaras mientras Paquita le propinaba certeros zapatillazos para obligarlo a sintonizar TVE.

—¡Ponme a doña Rogelia, que hoy le canta a Camilo Sesto! —protestaba, pertrechada con la zapatilla en alto.

Corrían los albores de 1983, y la casa entera desprendía un aroma a ensaladilla, y a chocolate y nostalgia ochentera. El primo Javi hizo su entrada luciendo hombreras kilométricas; la hermana apareció enfundada en calentadores de lana fosforito, y el perro desfilaba con un tupé postizo. El receptor, fatigado de tanto escarmiento físico, resolvió por iniciativa propia conectar con una misa solemne radiada en polaco.

—¡Hasta aquí podíamos llegar! ¡Esto no es la Rogelia! —bramó Paquita con una empanadilla en la mano, dispuesta a librar la batalla definitiva contra la tecnología alemana.


Empanadilla de pan de sándwich rellena de ensaladilla

Empanadilla de pan de sándwich rellena de chocolate


La historia del pan de sándwich (o pan de molde) se halla estrechamente ligada a los avances de la panadería industrial y al empeño por lograr rebanadas perfectamente simétricas capaces de albergar todo tipo de viandas. Si bien disponer viandas entre dos pedazos de pan constituye una práctica milenaria, el pan de sándwich tal como lo concebimos en la actualidad vio la luz en la Inglaterra del siglo XVIII.

Mientras en la Europa continental prevalecían las hogazas rústicas de corteza gruesa y recia, los maestros panaderos británicos comenzaron a emplear moldes metálicos de hojalata para la cocción. Esta técnica permitía obtener piezas prismáticas y regulares, de miga tierna y tupida, idóneas para cortar las láminas delgadas que demandaba la aristocracia tras la célebre ocurrencia de John Montagu, cuarto conde de Sandwich, hacia 1762.

El salto cualitativo hacia el pan de sándwich moderno se consumó en los Estados Unidos de comienzos del siglo XX al calor de la mecanización a gran escala. En 1928, el inventor Otto Frederick Rohwedder ideó el primer ingenio mecánico capaz de rebanar y empaquetar hogazas de forma continua, hito comercial que despegó de la mano de la Chillicothe Baking Company. 

Apenas dos años más tarde, en 1930, enseñas míticas como Wonder Bread lanzaron al mercado de masas un pan blanco, mullido y de miga sedosa. La practicidad de adquirir un producto previamente cortado y con una vida útil prolongada revolucionó los desayunos y los tentempiés escolares en medio planeta, afianzando esta elaboración como un icono indiscutible de la alimentación contemporánea.

Y aquí llego yo para darle una vuelta de tuerca y transformarlo en empanadillas: unas saladas, con relleno de ensaladilla rusa, y otras dulces, colmadas de crema de chocolate. ¿Te apetece probarlas?


Actualizada 2026.


Empanadillas de pan de sándwich saladas y dulces

Ingredientes:
  • Pan de molde
  • Ensaladilla
  • Crema de chocolate

Utensilios:
  • Rodillo de cocina
  • Molde para empanadillas pequeño

Elaboración:
  1. Poner una rebanada de pan sobre el molde de empanadillas.
  2. Poner un poco de relleno y cerrar el molde, apretar. Quitar el sobrante y listo. 

Nota: 
No rellenes mucho la rebanada, ni aprietes demasiado fuerte o puede que el relleno salga por el otro extremo.


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable aplanar previamente la rebanada de pan de molde con el rodillo antes de colocarla en el molde de empanadillas?

El pan de sándwich industrial posee una estructura alveolar esponjosa y aireada, diseñada para absorber líquidos y ofrecer una mordida blanda. Si se intenta plegar directamente en el molde tal como sale del paquete, las tensiones de doblado fracturan la matriz de gluten y la miga se quiebra por la mitad, dejando escapar el relleno. Al pasarle el rodillo con firmeza por ambas caras, los alvéolos de gas colapsan y las fibras se compactan mecánicamente, transformando la rebanada en una lámina flexible, elástica y resistente que se amolda sin fisuras a la curvatura del utensilio.

¿Qué precauciones físico-químicas exige el relleno de crema de chocolate frente al de ensaladilla rusa al sellar la pieza?

Ambos rellenos presentan comportamientos reológicos y cinéticos opuestos: la crema de cacao es una suspensión lipídica densa pero altamente sensible a la presión puntual y al calor ambiental, lo que significa que un exceso de fuerza al cerrar el molde provocará que fluya hacia los bordes dentados, engrasando la unión e impidiendo que el pan se solape y selle correctamente. Por su parte, la ensaladilla contiene mayonesa (una emulsión inestable de agua en aceite) y hortalizas troceadas; si se sobrecarga la cavidad, los trozos duros de patata o zanahoria actúan como cuñas punzantes que desgarran la fina masa prensada, permitiendo que la humedad de la salsa se filtre y ablande el pan en cuestión de minutos.

¿Cómo actúa el prensado mecánico de los bordes dentados del molde para sellar el pan sin necesidad de huevo ni agua?

A diferencia de las masas tradicionales de harina cruda y manteca, el pan de molde contiene azúcares añadidos, grasas emulsionadas y almidones ya completamente gelatinizados durante el horneado industrial. Cuando las cuchillas dentadas del molde ejercen una presión concentrada a lo largo del perímetro curvo, fuerzan a los almidones y a las proteínas superficiales de ambas capas a entrecruzarse y unirse por compresión en frío. Este aplastamiento hermético basta para sellar la empanadilla sin necesidad de añadir adhesivos líquidos (como clara de huevo o agua), siempre y cuando el sellado se mantenga limpio y libre de restos de grasa o mayonesa.



Empanadillas de pan de sándwich dulces y saladas


Relato y fotografías @Catypol - Circus day.

Granada con queso y chocolate

Lo último que recuerdo fue que me apeé del coche justo en el momento en que pasaba otro vehículo. De la autopista al cielo fue un rápido ascenso… y aquí estoy yo, esperando en la puerta, sin maletas y… ¿desnudo? No sé si llamarlo así: no me veo el cuerpo cuando miro hacia abajo.

Delante de mí había un señor muy atareado con un gran libro. Escribía de derecha a izquierda y apenas levantó la cabeza cuando me acerqué.

—Hola… ¿señor? —dije alzando la voz.

—¡Hum! —exclamó, mirándome de reojo.

—¿Habla mi idioma? —ya puestos, pregunté.

—Aquí hablamos todos los idiomas, ¡zoquete! —soltó, levantando por fin la vista del libro.

—Ah… pues no sé muy bien qué hago aquí. Señor, ¿es esto el cielo?

—¡Hum! Bueno, si quieres llamarlo así. Cada uno lo llama a su manera. Aquí se acepta de todo —contestó él.

No parecía un hombre muy hablador, y yo ya me estaba cansando de sonsacarle. ¡Que me devuelvan al coche y santas pascuas!

—Esto… ¿y ahora qué hago? —volví a preguntar.

—¡Pues mira! —me dijo él, de pronto muy resuelto—. Hoy te encargarás del huerto. ¡Chist! Ni rechistes —me cortó tapándome la boca con un gesto—. Tienes un saco justo en la entrada. Vas a ir a recoger granadas, todas las de los granados que hay al fondo del huerto. Después las abrirás, sacarás los arilos y los guardarás en bolsas —concluyó.

—Pero… ¿y eso cuánto durará? —me atreví a preguntar.

—Toda la eternidad, hijo mío. Toda la eternidad —contestó sonriendo.

 
Bola dulce de chocolate y queso con granada fresca

Bola de queso y chocolate recubierta de granada fresca


El nombre de la granada procede del latín medieval granatum, que significa «manzana con muchas semillas». Ha sido citada en numerosos textos antiguos, desde el Libro del Éxodo en la Torá hasta el Corán, pasando por los himnos homéricos y las tablillas mesopotámicas, por citar solo unos pocos.

Los antiguos egipcios elaboraban con su zumo un vino ligero con notas de frambuesa y solían incluir granadas en sus ajuares funerarios. En Grecia, Hipócrates recomendaba su zumo para aplacar la fiebre, mientras que los babilonios masticaban sus granos antes del combate convencidos de que los volvía invencibles.

Los romanos descubrieron el fruto a través de los fenicios, que lo llevaron hasta Roma desde las costas de Oriente Próximo. La Biblia, por su parte, alude en incontables pasajes a esta fruta, siempre como símbolo de prosperidad y bendición.

Más que una fuente de nutrientes, la granada formaba parte indisoluble de muchas civilizaciones. Pocas frutas condensan a la vez tanta carga de esperanza y de tragedia mítica. Lo que a simple vista parece un mero deleite para el paladar es, en realidad, un puente histórico entre culturas de la Antigüedad.

Y aquí entro yo: como la granada y el cacao hacen una pareja fantástica, he decidido unirlos. Para esta ocasión preparé una crema de chocolate casera (estilo Nutella o Nocilla) que coge cuerpo al enfriarse; así, combinada con queso crema y reposada en la nevera, queda con una textura firme y perfecta.

No le he añadido azúcar extra —a mi juicio no la necesita en absoluto— ni frutos secos picados, ya que la propia crema de chocolate lleva avellanas. Después solo hace falta un poco de paciencia para incrustar los arilos alrededor de la bola; y tranquilo/a, que no tardarás una eternidad. Una vez lista ya puedes hincarle el diente: los granos le aportan un contraste crujiente, fresco y delicioso.

Actualizado 2026.


 

Bola de granada con queso y chocolate


Ingredientes:
  • 100 g de queso para untar
  • 100 g crema de chocolate para untar 
  • 1 granada
Para servir: palitos de hojaldre, galletitas, pan...

Elaboración:
  1. Mezcla el queso con la crema de chocolate. 
  2. En un film transparente forma una bola y deja en el frigorífico hasta que se solidifique un poco. 
  3. Mientras, abre la granada y extrae los arilos o semillas. 
  4. Cuando haya pasado 1 hora, saca la bola de frigorífico y quita el film.
  5. Pon en un plato y cubre toda ella con los arilos de la granada. 
  6. Es laborioso pero fácil.
  7. Sirve con palitos de hojaldre, o con galletitas, pan...

Paso a paso de cómo formar una bola de queso y chocolate


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable enfriar la mezcla de queso y crema de chocolate en film antes de adherir la granada?

Al combinar el queso de untar con la crema de chocolate a temperatura ambiente, las grasas lácteas y los aceites vegetales se ablandan, dando como resultado una masa tierna y pegajosa. Si se intentasen incrustar los granos de granada en ese momento, la presión deformaría la esfera y el jugo de la fruta resbalaría sobre la superficie grasa. La refrigeración dentro del film transparente permite que las grasas cristalicen y adquieran la firmeza necesaria para manipular la pieza como un bloque estable, ofreciendo la resistencia justa para que los arilos queden anclados sin hundirse ni aplastar la forma redondeada.

¿Qué función gastronómica cumplen los arilos de granada frente a la combinación de queso y chocolate?

La crema de queso y chocolate aporta un perfil denso, graso y marcadamente dulce. En boca, esta textura puede saturar con rapidez el paladar si no cuenta con un elemento de contraste. Los arilos de granada aportan dos recursos esenciales: una acidez tánica fresca que limpia la untuosidad de las grasas lácteas y un estallido crujiente y jugoso (crunch) que rompe la monotonía cremosa del relleno, logrando un bocado equilibrado que funciona tanto de postre como de aperitivo dulce.

¿Cómo conviene preparar los granos de la granada para evitar que la humedad arruine la cobertura?

Al desgranar la fruta es habitual que algunos arilos se rompan y liberen jugo, o que queden adheridos fragmentos de las membranas blanquecinas internas (el albedo). Es fundamental retirar con cuidado todas esas pieles amargas y colocar las semillas limpias sobre papel absorbente unos minutos antes de rebozar la esfera. Si los granos estuviesen mojados en su propio zumo, crearían una película acuosa resbaladiza que impediría que se adhieran con firmeza al queso, además de teñir la crema de cacao con un exceso de líquido que aflojaría la estructura en el plato de presentación.


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Gofres belgas

Cuando esos seres azules aparecieron por casa, yo acababa de llegar de fiesta. Un fiestón. Así que pensé que eran fruto de mi imaginación. ¡Qué malo es el ron!

Después de dormir doce horas, sin saber ni qué día era, me desperté… y allí seguían esos seres azules. Pensé: «Alguien me ha echado algo en la copa y el efecto todavía dura». Llegué a duras penas a la cocina a por café y, como seguían ahí, juré muy en serio que no volvería a beber. Palabrita.

Así que, cuando llamaron al timbre, también creí que era producto de mi imaginación… hasta que la llamada se volvió tan insistente que tuve que admitir que no, que aquello era real.

Al abrir la puerta, me encontré con el vecino: un señor con bigote y gafas cuadradas, sonriente y que hablaba a voces. Para mi desgracia.

—Estaba dibujando en casa a unos seres azules cuando, de pronto, salieron de mi bloc de dibujo y saltaron por la ventana —me soltó sin más.

—¡Hombre, vecino! Tú también estuviste en el fiestón —le dije riendo.

Entró en casa y, como por arte de magia, sacó una flauta que hizo sonar de forma estridente. De inmediato, todos y cada uno de los seres azules salieron de sus rincones y desfilaron ante mis ojos como platos.

¡Uf! Creo que la próxima vez que monten una fiesta, mejor me quedo en el sofá viendo la tele.


Los Pitufos fueron creados por el historietista belga Pierre Culliford, más conocido por su nombre artístico Peyo. El término "pitufo" (schtroumpf en francés) surgió cuando Peyo olvidó la palabra "salero" durante una cena con su colega André Franquin y le pidió que le pasara "el schtroumpf".



Gofre de Lieja pequeño y redondeado

Gofres belgas de Lieja



El gofre es tan antiguo como la propia historia de la humanidad, con su ancestro más remoto en las tortas de cereales que ya se cocinaban en el Neolítico sobre piedras calientes. En la antigua Grecia hallamos asimismo un molde compuesto por dos placas de hierro que servía para preparar pequeños pasteles. Más adelante, en la Edad Media, se elaboraban una suerte de obleas que se ofrecían en el culto religioso y que después consumían los fieles; solían ser redondeadas y lucían grabados con motivos heráldicos o religiosos marcados por las planchas metálicas. No fue hasta el siglo XIII cuando surgió el antecedente directo del gofre moderno, de la mano de un herrero que forjó moldes en forma de cuadrícula inspirándose en los panales de las abejas.

Su origen histórico está rodeado de leyendas locales, siendo la más popular aquella que atribuye su creación al cocinero del príncipe-obispo de Lieja en el siglo XVIII, quien supuestamente ideó este pastel añadiendo vainilla y azúcar grueso a una masa de brioche.

La variedad más extendida e internacional de Bélgica es el gofre de Lieja, el que suele despacharse en la mayoría de puestos callejeros y cafeterías. Junto a él destaca la otra gran variante tradicional: el gofre de Bruselas. ¿Cómo distinguirlos? A simple vista, por su silueta: el de Lieja es más denso, pequeño y de bordes redondeados e irregulares; el de Bruselas, en cambio, es más grande, ligero y con un corte rectangular bien definido.

Actualizada 2026.

Gofres belgas 


Ingredientes:
  • 250 g de harina de trigo de fuerza 
  • 90 ml leche 
  • 25 g de levadura fresca de panadería 
  • 2 huevos M
  • Una pizca de sal
  • 1/2 cdita. esencia de vainilla
  • 125 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 150 g de azúcar perlado 
Presentación:
Nata y fresas

Elaboración:
  1. Calienta ligeramente la leche y disuelve en ella la levadura fresca y la esencia de vainilla. Es importante que no la calientes demasiado o la levadura no actuará.
  2. En un bol grande, incorpora la harina y la sal.
  3. Mezcla y haz un hueco en el centro; añade ahí la leche con la levadura y los huevos.
  4. Con un tenedor, integra los ingredientes hasta obtener una masa homogénea.
  5. Deja fermentar la masa en un lugar cálido durante unos 45 minutos, tapada con un paño limpio o con papel film.
  6. Pasado este tiempo, añade la mantequilla en trocitos y amasa hasta que quede totalmente integrada.
  7. Agrega el azúcar perlado.
  8. Amasa un par de minutos más para que el azúcar se distribuya de manera uniforme.
  9. Pincela la gofrera con mantequilla y ponla a calentar.
  10. Cuando esté bien caliente, añade una porción de masa y cierra la tapa.
  11. Cocina durante unos 5 o 6 minutos, o hasta que el exterior quede dorado y crujiente.



Gofres de Bélgica

Preguntas frecuentes

¿Por qué es imprescindible utilizar azúcar perlado en lugar de azúcar blanquilla tradicional en esta masa?

El azúcar perlado está compuesto por granos compactos y prensados que poseen un punto de fusión más elevado que el azúcar común. Al someterse al calor directo de las placas de la gofrera, las perlas exteriores se funden lentamente, creando una costra de caramelo dorado, brillante y crujiente que envuelve la masa sin quemarse. Al mismo tiempo, los granos situados en el interior de la pieza no llegan a licuarse del todo, lo que aporta ese mordisco crujiente característico del gofre tradicional de Lieja, a diferencia del azúcar blanquilla, que se disolvería por completo durante el amasado y apelmazaría la miga.

¿Por qué la mantequilla debe añadirse después de la primera fermentación y no al principio junto con los demás ingredientes?

La masa contiene una proporción elevada de grasa (la mitad del peso de la harina). La grasa lubrica las cadenas proteicas de glutenina y gliadina, lo que dificulta que se entrelacen para formar una red elástica si se incorpora desde el comienzo; además, un exceso de grasa temprana ralentiza la reproducción de las levaduras. Al permitir que la masa fermente primero solo con harina, leche y huevos, se consolida una estructura de gluten fuerte capaz de retener el gas. Integrar la mantequilla blanda al final nutre y suaviza esa malla ya formada, logrando un gofre tierno y briochado por dentro sin perder volumen ni consistencia.

¿Qué precauciones deben tomarse con la temperatura de la gofrera durante la cocción para evitar que el caramelo se amargue?

La presencia del azúcar perlado exige un control térmico cuidadoso: el azúcar se carameliza entre los 160 °C y 180 °C, pero si la gofrera supera ese rango se carboniza con rapidez, arruinando el postre con un regusto acre y ahumado. La plancha debe estar caliente para sellar la masa y crear la corteza, pero a una potencia media-alta constante, nunca al máximo. Además, los restos de caramelo fundido que quedan entre los surcos de la máquina tras cada tanda continúan cocinándose; por ello, conviene limpiar con un papel absorbente doblado o una espátula de silicona el azúcar residual entre gofre y gofre para no transferir quemados a las siguientes porciones.



Relato, fotos y receta @catypol - Circus day.

Guinness cake

Fiona vivía cuesta arriba, en una casa verde, primer piso, izquierda. No era la típica pitonisa a la que visitan los famosos; más bien era una mujer del pueblo, con camisa de lunares rojos y falda hasta los tobillos, subida a sus tacones y con los ojos pintados de verde esmeralda.

Cuando Conor, el vecinito universitario, le preguntaba si veía alguna novia en su futuro, ella lo hacía ponerse colorado:

—Conor, loveen, si my hubby, que en paz descanse, hubiera tenido esos labios que tú tienes, la cola de mujeres que le habría rondado habría sido como de aquí al súper de Molly.

Y Conor se iba más contento que unas castañuelas, a poner morritos a las niñas.

Por la noche, una vez por semana, la visitaba Alana, mujerona buena donde las haya, pero con muchas bocas que alimentar. ¡Ay, Alana! Quería saber el número ganador de la lotería, y Fiona siempre le soltaba:

—Alana, cailín, primero hay que jugar para que te toque.

Y Alana pensaba que, si se echaba un novio lotero, igual le solucionaba lo de la papeleta.

Briana se iba a casar. Andaba nerviosa porque no había «catado» al novio.

—¿Y si resulta que no me gusta? ¿Se lo puedo return a su madre? —preguntó.

Fiona, muy seria, le contestó:

—¡Ay, a ghrá! El novio no sé cómo será; aquí lo que importa es que sepa play the guitar well. Que si gusta, gusta. ¡Deseando que llegue el Saturday para celebrarlo, yeah! ¡Que te lo digo yo!

Y así Fiona iba dando consejos a uno y a otra, a este y a aquella, sin bola de cristal, sin cartas ni lecturas, porque ella no era una adivina como las demás. Te subía la moral o te largaba una historia. ¿Y si se enfadaba? ¡Ay! Si se enfadaba Fiona, lo veía todo casi negro, negro, black… como el chocolate y la Guinness.


Bizcocho de chocolate con cerveza Guinness

Bizcocho irlandés hecho con cerveza Guinness



El bizcocho Guinness, también conocido como tarta de cerveza negra y chocolate, es una de las creaciones más icónicas y aclamadas de la repostería contemporánea. Consiste en un pastel de chocolate densamente húmedo cuya base líquida sustituye parcial o totalmente el agua o la leche por la famosa cerveza negra de tipo stout, de origen irlandés.

La gran genialidad de este postre reside en una reacción puramente química: la acidez natural, las levaduras y el gas carbónico de la cerveza negra actúan como potentes ablandadores del gluten de la harina. Al interactuar con el bicarbonato sódico en el horno, generan una miga extraordinariamente aireada pero densa, jugosa y aterciopelada, que tarda días en secarse. En contra de lo que se suele pensar, el bizcocho no tiene un regusto fuerte a alcohol o a taberna, ya que este se evapora por completo durante el horneado. Lejos de emborrachar, la cerveza rebaja el dulzor excesivo del azúcar y realza de forma espectacular los matices del cacao puro, aportando sutiles notas tostadas a café, regaliz y malta que recuerdan a un pan de jengibre oscuro sin especias.

En el plano histórico, la receta moderna es una evolución de los pasteles tradicionales de chocolate y licores (como el ron o el brandy) que se preparaban en el Reino Unido e Irlanda durante las celebraciones invernales. Sin embargo, el empujón definitivo hacia el estrellato global llegó a principios de la década de 2000 gracias a la célebre cocinera y divulgadora británica Nigella Lawson, quien popularizó la fórmula en sus libros y programas de televisión. Lawson ideó una estética impecable que imita a la perfección una auténtica pinta de cerveza: la base oscura simula el cuerpo de la bebida, coronada por una generosa capa irregular de frosting a base de queso crema, nata y azúcar glas que emula la inconfundible espuma blanca y cremosa de la Guinness.

Hoy celebramos San Patricio, patrón de Irlanda, tierra donde fue esclavo durante su adolescencia, donde encontró la fe para ordenarse sacerdote y a donde regresó para evangelizar a quienes lo habían cautivado. Supo respetar sus costumbres, les habló con un lenguaje llano y popularizó el trébol de tres hojas que hoy representa a todo el país.

Es de sobra conocido el carácter afable de los irlandeses, su abundancia de pelirrojos y, por supuesto, este legendario pastel de cerveza negra, sin olvidar la marea verde que inunda las calles cada 17 de marzo. Pero este mes también nos trae el Día Internacional de la Mujer, el Día de las Islas Baleares y la ansiada primavera. ¿No te parece que marzo es la excusa perfecta para regalarte un buen trozo de pastel?

Actualizada 2026.


Bizcocho Guinness


Molde 23 cm diámetro

El bizcocho:
  • 250 ml de cerveza Guinness
  • 250 g de mantequilla
  • 75 g de cacao en polvo, puro sin azúcar
  • 300 g de azúcar
  • 140 ml de crème fraîche
  • 2 huevos
  • 1 cdta. de esencia de vainilla
  • 275 g de harina 
  • 2 ½ cdtas. de bicarbonato 
La cobertura:
  • 300 g de queso crema, frío
  • 150 g de azúcar glas, tamizado
  • 125 ml de nata para montar, fría
El bizcocho:
  1. Precalentar el horno a 180 ºC
  2. Unta un molde desmontable con mantequilla y espolvorea con harina o rocía spray para moldes.
  3. Pon la cerveza y la mantequilla en un cazo, y calienta hasta que se haya derretido. 
  4. Echa el cacao y el azúcar en un cuenco, y vierte la cerveza con mantequilla.
  5. Mezcla con unas varillas la nata agria, los huevos y la vainilla y échalo a la mezcla de azúcar con mantequilla y cerveza.
  6. Añade la harina y el bicarbonato (previamente tamizados), y mezcla con una espátula o un robot de cocina.
  7. Echa la masa en el molde y hornea 45 minutos o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
  8. Saca del horno y deja reposar unos minutos.
  9. Desmolda hasta que esté frío sobre una rejilla.

La cobertura:
  1. En un bol tamiza el azúcar y bate con el queso crema hasta que el azúcar haya quedado totalmente disuelto.
  2. Añade la nata y bate hasta que te quede una mezcla aireada y esponjosa como de nata montada espesa.
  3. Cuando el bizcocho esté frío pon la cobertura en el centro del bizcocho y reparte del centro hacia afuera. Tiene que quedar como si fuera la espuma de la cerveza negra.
 
Cerveza negra irlandesa Guinness


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable calentar la cerveza Guinness con la mantequilla antes de incorporar el cacao y el azúcar?

La cerveza negra de tipo stout aporta matices tostados, café y cebada que necesitan calor para florecer. Al derretir la mantequilla directamente en la cerveza tibia, se crea una base emulsionada caliente que disuelve de inmediato los cristales de azúcar y «hace florecer» (blooming) el cacao puro en polvo. Este golpe térmico hidrata las partículas secas del cacao y extrae sus aceites esenciales más profundos, intensificando el color oscuro casi azabache del pastel y eliminando el regusto terroso o astringente que dejaría el cacao mezclado en frío.

¿Qué función química cumplen la crème fraîche y el bicarbonato en una masa tan densa?

A diferencia de los bizcochos tradicionales que recurren a polvos de hornear (levadura química), esta receta depende exclusivamente de bicarbonato sódico. El bicarbonato es una base que necesita un medio ácido para activarse y liberar dióxido de carbono: la acidez natural de la crème fraîche (o nata agria), sumada a la del cacao no alcalinizado y al pH de la propia cerveza fermentada, reacciona produciendo una gran cantidad de gas. Esta fermentación química interna aligera una masa cargada de mantequilla y azúcares, logrando una miga esponjosa, elástica y con una humedad extrema que se conserva intacta durante días.

¿Por qué el queso crema y la nata para el glaseado deben estar rigurosamente fríos antes de montarse con el azúcar glas?

El glaseado busca reproducir visualmente la icónica corona de espuma blanca y compacta de una pinta de Guinness recién tirada. Para que la nata monte y mantenga su emulsión junto al queso, los glóbulos de grasa láctea deben mantenerse en estado sólido (entre 4 °C y 6 °C). Si los ingredientes estuviesen templados, la fricción de las varillas y el poder licuante del azúcar harían que la mezcla colapsara, convirtiéndose en una salsa fluida e inestable. El frío riguroso garantiza que el batido atrape aire, consiguiendo una textura sedosa, densa y con suficiente cuerpo para sostenerse en el centro de la tarta sin escurrirse por los bordes.



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Mousse de chocolate

Todo comenzó cuando el despistado Aric, emocionado ante la inminencia de su boda, se topó con una mariposa que portaba un diminuto cartel: «¡Sígueme para una boda aún más emocionante!». Sin pensarlo dos veces, echó a correr tras ella y, para asombro de todos, el enlace acabó celebrándose al borde de un acantilado, justo al abrigo del árbol del cacao. El pueblo entero acudió vestido con ropas de colores vivos y sonrisas francas: adoraban a Aric y sabían de sobra que haría inmensamente feliz a Fiora.

Fiora descendía de un antiguo linaje de hechiceros; por sus venas corría la magia más pura. Aunque jamás había recurrido a ningún embrujo con Aric, él había caído rendido a sus pies desde el primer cruce de miradas. Aquello parecía salido de una fábula antigua. De esas que a veces cierran con moraleja y otras se despiden con un simple «colorín, colorado». Y aunque en el banquete no se sirvieron perdices, no faltaron riadas de chocolate… ni un final feliz.

Mousse de chocolate vegano para alérgicos o intolerantes

Mousse de chocolate con aguafaba de los garbanzos de bote


El nacimiento de este postre está ligado directamente al descubrimiento del aquafaba, el término culinario que recibe el agua viscosa resultante de la cocción de las legumbres. En diciembre de 2014, el tenor y cocinero aficionado francés Joël Roessel descubrió que el líquido de conservación de las conservas de palmitos y garbanzos formaba una espuma densa, similar a la clara montada, si se batía con energía. Roessel compartió sus ensayos en su blog de cocina vegetal, demostrando que aquel caldo habitualmente descartado poseía sorprendentes propiedades emulsionantes y espumantes gracias a las proteínas, saponinas y almidones que las legumbres liberan durante el hervor.

El testigo lo recogió en marzo de 2015 el ingeniero de software estadounidense Goose Wohlt. Obsesionado con perfeccionar el merengue vegano en los fogones de su casa, Wohlt comprobó que el caldo de los garbanzos en conserva montaba por sí solo con una firmeza impecable y un sabor prácticamente neutro, sin necesidad de recurrir a gomas ni espesantes artificiales. Bautizó el hallazgo uniendo las voces latinas aqua (agua) y faba (haba o alubia), y aprovechó el hito para idear la primera mousse de chocolate vegana moderna con solo dos ingredientes: aquafaba a punto de nieve y cobertura negra fundida.

La fórmula corrió como la pólvora por redes sociales y foros dedicados a la alimentación vegetal. La gran sorpresa de reposteros y aficionados de todo el mundo fue constatar que, al fundirse la espuma con la intensidad del cacao, el recuerdo a legumbre se desvanecía por completo, dando paso a una textura aireada, sedosa y untuosa, a la altura de la repostería clásica más exigente.

Hoy en día, este postre es un auténtico emblema del movimiento de cocina de aprovechamiento (zero waste), demostrando cómo la curiosidad doméstica puede transformar un residuo cotidiano en un bocado de alta gama apto para dietas veganas, alérgicos al huevo o intolerantes a los lácteos.

Ser la cuarta de cinco hermanos da para una enciclopedia de anécdotas, sobre todo de cuando éramos críos. Os podéis figurar a mi pobre madre capeando el temporal los fines de semana: sin colegio y con una energía inagotable que ni siquiera el campo abierto alrededor de casa lograban agotar.

Los desayunos de los domingos eran mi debilidad absoluta: chocolate a la taza bien espeso con ensaimada recién traída del horno. «¡Mmm!», pensaréis muchos; y sí, os doy toda la razón. En aquella mesa se veía de todo: quien devoraba primero la ensaimada para beberse después el chocolate a sorbos limpios; el que prefería el orden inverso; el purista que mojaba la miga hasta que no quedaba ni gota; y la que no paraba de corretear alrededor de la mesa hasta que tropezaba, vertía su taza y se quedaba compuesta y sin desayuno. Cada domingo traía su propia aventura, pero todos tenían en común una dulzura infinita.

Seguro que más de uno os sentís identificados: una casa llena de niños es garantía de taza derramada y zafarrancho a primera hora, ¿a que sí?

Aunque lo que hoy te traigo no es chocolate a la taza, tiene todo el aroma del mejor cacao; con la ventaja de que este no se derrama por más carreras que hagas por la cocina. Es una receta pensada al detalle para quienes no pueden o prefieren no tomar huevo —sean veganos, alérgicos o sencillamente curiosos—; y te aseguro que, si a mí me dejó con la boca abierta, a ti te va a fascinar.


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Mousse de chocolate sin huevo


Ingredientes para 4:
  • El líquido (aguafaba) de 1 bote grande de garbanzos (400 g aprox.)
  • Unas gotas de zumo de limón
  • 135 g de chocolate negro
  • 65 g de mermelada de higos (o crema de dátil)

Elaboración:
  1. Vierte el líquido de los garbanzos en el cuenco de la batidora. 
  2. Bate a velocidad moderada durante 5 minutos. 
  3. Cuando comience a montar, añade unas gotas de limón y aumenta la velocidad hasta obtener un merengue firme con picos. 
  4. Derrite el chocolate al baño María. 
  5. Una vez fuera del fuego, añade la mermelada y mezcla bien. 
  6. Incorpora la mezcla de chocolate al merengue con movimientos suaves y envolventes hasta que esté completamente integrado. 
  7. Reparte en moldes individuales y refrigera al menos 4 horas antes de servir.

Notas:

  1. Importante que no lleve sal el agua de cocción.
  2. Si quieres usar el merengue con otras elaboraciones dulces puedes añadirle azúcar como se haría con un merengue hecho con claras de huevo.



Preguntas frecuentes

¿Por qué es capaz el aguafaba de montar como las claras de huevo y qué función cumplen las gotas de limón?

El agua de cocción de los garbanzos concentra una combinación equilibrada de proteínas solubles (albúminas y globulinas) y saponinas vegetales. Al batir con varillas, estas moléculas tensioactivas atrapan burbujas de aire y forman una película protectora alrededor de cada cavidad, emulando la estructura física de un merengue tradicional. Las gotas de zumo de limón aportan ácido cítrico, el cual reduce el pH del medio; esta acidez debilita las cargas electrostáticas repulsivas entre las cadenas de proteínas, permitiendo que se enlacen con mayor firmeza y creando una espuma mucho más estable y resistente al colapso.

¿Qué temperatura debe tener la mezcla de chocolate y mermelada antes de incorporarla al merengue vegetal?

La mezcla debe estar tibia o a temperatura ambiente (en torno a 35-40 °C). Si el chocolate se vierte demasiado caliente, el choque térmico desnaturalizará de golpe la débil red proteica del aguafaba montada, fundiendo las burbujas de aire y licuando la preparación. Por el contrario, si se deja enfriar en exceso, el chocolate comenzará a cristalizar y endurecerse antes de tiempo, formando grumos duros y apelmazados al contacto con la espuma fría en lugar de integrarse en una emulsión homogénea y aterciopelada.

¿Por qué es indispensable que el líquido de los garbanzos no contenga sal añadida?

Muchos botes de legumbres comerciales incorporan cantidades considerables de salmuera para su conservación. En una elaboración dulce tan delicada como esta mousse, un exceso de sodio alteraría de manera negativa el equilibrio gustativo frente al chocolate negro y los higos, dejando un regusto salino estridente y poco apetecible. Además, a nivel físico-químico, concentraciones elevadas de sal interfieren en la capacidad de hidratación y espumado de las proteínas vegetales, dificultando que el merengue alcance el volumen y la rigidez de picos necesarios.


Ingredientes de la mousse de chocolate con aguafaba


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Bizcocho malayo

Vivir en un edificio con patio de luces era lo que ahora llaman redes sociales, pero en vivo y en directo: uso exclusivo para seguidores, sin invitación ni nada. Si les gusta lo que haces, te lo dicen; y si no, también. Te dan más o menos visibilidad según les da el aire, sin algoritmos ni etiquetas. Es tan chiquito el patio que nos vemos como si estuviéramos pegados a una pantalla, y eso, al igual que en internet, te quita toda la privacidad.

La cuestión es que la del segundo es el centro de operaciones: te pone al corriente de todo y de todos. A la del quinto le gusta absolutamente todo de todo el mundo, da igual el qué, el cómo o el cuándo. La del primero no está nunca, por lo que es, como no podía ser de otra manera, la más despellejada. La del ático nos informa al minuto de los chollos del supermercado, de la mercería e incluso de la joyería de la plaza Mayor. ¿Y los nuevos? Una pareja de malayos que no nos entiende —ni creo que tenga el menor interés en hacerlo—. Las del patio los han dejado «en espera», a ver si se los acepta en la comunidad o no.

Como ha llegado el buen tiempo, han decidido organizar una fiesta con todo el vecindario y han repartido una notita muy mona por los buzones. Ahora andan haciendo cábalas: quién vendrá seguro, quién es duda y, por supuesto, quién no aparecerá ni harto de vino. En ese saco ya han metido a la del primero. A los malayos los han dejado en interrogante: no es seguro que hayan descifrado el mensaje, pero lo mismo, por el dibujito, han pillado algo… y capaces son de plantarse allí con un bizcocho para que los admitan, por fin, en el grupo.

La del quinto va, seguro. La del segundo, también —que tiene que sacar fotos y tomar nota de todo para el parte posterior, no vaya a ser que se le escape un detalle—. La del ático anda regateando con el del súper a ver si nos hace precio especial por las bebidas, porque, ¡oiga!, somos una barbaridad, aprieta el calor y vamos a beber de lo lindo. Así que… hazme una rebajita, guapi.


Bizcocho malayo sabor caramelo tostado

Bizcocho malayo con el interior como un nido de hormigas



El kek sarang semut, conocido también en Malasia como kek gula hangus, es uno de los bizcochos tradicionales más sorprendentes del sudeste asiático. Su nombre en malayo se traduce literalmente como «tarta de nido de hormigas», un apelativo muy gráfico que alude a su curiosa e intrincada estructura interior. Guarda parentesco con una «prima hermana» vietnamita, el bánh bò, aunque se distinguen con claridad en el paladar: mientras la versión malaya despliega notas de caramelo tostado, la vietnamita destaca por el perfume a coco.

En los países anglosajones se comercializa bajo el nombre de honeycomb cake («pastel de panal de abeja»). Para el público occidental, asociar un dulce a la miel resulta mucho más apetecible que evocar insectos correteando, pese a que la disposición de los alvéolos encaja con ambas figuras. En la tradición malaya, la comparación con un hormiguero describe a la perfección esos laberínticos túneles verticales que horadan la miga.

La gran peculiaridad de este dulce no reside en su presentación externa —más bien sobria y de un tono tostado oscuro—, sino en esa textura única: esponjosa, elástica y perforada de arriba abajo. Al morderlo, regala esa sensación ligeramente gomosa y masticable tan apreciada en la repostería asiática, alejada del desmigado quebradizo del bizcocho tradicional de nuestras meriendas. Su sabor es puro confort, con recuerdos intensos a toffee y azúcar quemado que dejan un regusto amargo muy equilibrado.

En los hogares malayos es una receta imprescindible, habitual tanto para romper el ayuno durante el Ramadán como para acompañar una taza humeante de café o té por la tarde.

Es un pastel delicioso, jugoso y fascinante: una vez que empieces a pellizcarlo, no podrás parar. Y si tienes fiesta vecinal a la vista, anímate a prepararlo y llévalo; te aseguro que te lloverán los corazones.

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Tarta nido de abeja - Bizcocho malayo sabor caramelo tostado


Ingredientes:
  • 100 g de mantequilla sin sal
  • 180 g de leche condensada
  • 240 ml agua
  • 150 g de panela
  • 4 huevos
  • 130 g de harina
  • 10 g de bicarbonato de sodio
  • Molde de 20 cm. redondo o 18x18 cm. cuadrado
Precalienta el horno a 180 ª C

Elaboración:
  1. Añade la mantequilla, leche condensada, agua y panela en una cazo. 
  2. Pon el cazo a fuego alto y sin dejar de remover hasta que la mantequilla se haya derretido y la panela se haya disuelto. 
  3. Quita el cazo del fuego y deja enfriar. 
  4. No cocines la mezcla durante mucho tiempo, el líquido no debe evaporarse, lo que puede afectar la textura de la tarta.
  5. Bate los huevos en un bol. 
  6. Añade 1/3 de la mezcla anterior en los huevos batidos. 
  7. Tamiza la harina en el bol, bate bien hasta incorporar toda la harina y que no queden grumos. 
  8. Vierte lentamente el resto de la mezcla mientras bates simultáneamente la masa. 
  9. Bate hasta que todos los ingredientes estén bien incorporados. 
  10. Deja la masa en reposo durante 15 minutos. 
  11. Prepara el molde con papel de hornear.
  12. Después de 15 minutos de reposo, tamiza el bicarbonato de sodio en la masa y mezcla bien. 
  13. Vierte la mezcla por un tamiz y en el molde.
  14. Pon el molde en el cuarto estante del horno.
  15. Hornea 180 ºC durante 20 minutos. 
  16. La tarta se volverá de un color marrón oscuro, reduce el calor a 160 ºC y hornea otros 20 o 25 minutos. Comprueba que al hacer la prueba del palillo sale limpio. 
  17. Saca y enfría.

Notas: 
  • La panela se puede sustituir por azúcar moreno. 
  • Se puede usar batidora pero a la velocidad más baja. 
  • A veces pasa que no se forman los agujeros del nido de abeja, y sale un pastel muy denso, puede ser debido a la temperatura del horno demasiado elevada o demasiado baja.

Si buscas bizcochos fuera de lo común, tienes el trifle cake o el kasutera.


Paso a paso de la elaboración del bizcocho malayo

Preguntas frecuentes

¿Por qué se incorpora el bicarbonato de sodio justo al final y tras el reposo?

Es el secreto técnico para conseguir la famosa estructura interna de «nido de abeja» (sarang semut). Si el bicarbonato se mezclara al principio, comenzaría a reaccionar de inmediato con la acidez de la panela y la leche condensada, perdiendo fuelle antes de entrar al horno. Al tamizarlo tras los 15 minutos de reposo y hornear al instante, el desprendimiento súbito de dióxido de carbono viaja de abajo hacia arriba en vertical a través de la masa líquida, perforando los característicos túneles que dan nombre a este bizcocho.

¿Por qué se hornea en dos fases de temperatura diferentes (180 °C y 160 °C)?

El golpe térmico inicial a 180 °C es indispensable para activar el bicarbonato con fuerza y hacer subir la masa antes de que cuaje por completo. Sin embargo, al contener una proporción tan alta de azúcares no refinados (panela y leche condensada), la masa carameliza y se oscurece con suma rapidez; bajar la temperatura a 160 °C durante los últimos 20 o 25 minutos asegura que el interior termine de cocerse de manera uniforme sin que la corteza se queme o adquiera notas amargas.

¿Qué origen tiene este dulce y por qué se le conoce como pastel «nido de abeja»?

En el sudeste asiático —particularmente en Malasia e Indonesia— este pastel recibe nombres como kek sarang semut («nido de hormigas») o kek gula hangus («pastel de azúcar quemado»). Debe su fama visual a su corte transversal: a diferencia de un bizcocho esponjoso tradicional de miga cerrada, este presenta infinidad de cavidades tubulares elásticas similares a un panal, acompañadas de una textura sorprendentemente gelatinosa, tierna y con un profundo sabor a toffee tostado.




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Pantxineta

Se sentaba sobre mis rodillas y me contaba cómo había sido su día. Normalmente, había jugado con tal o cual niño o niña, y había merendado su bocado favorito: hojaldre con crema pastelera. Yo le acariciaba el pelo mientras tanto y la miraba como si cada historia fuera una sorprendente aventura. Me reía con sus gestos; adoraba ese momento dulce e infantil.

Así fue pasando el tiempo, entre sentarse sobre mis rodillas y descubrir nuevos sabores de la vida. Pero sus gestos seguían siendo míos, como si viera a un pequeño director de orquesta guiando a sus músicos. De vez en cuando, cuando refrescaba, nos tumbábamos en la hamaca a ver pasar las nubes: unas eran elefantes, corazones o algún castillo, y otras, cuando no tenían forma, simplemente algodón de azúcar.

Siempre que nos acercábamos a la piscina, metía primero su piececito y lo sacaba riendo y chillando por lo fría que estaba el agua, hasta que, de pronto, se lanzaba en bomba para pasar el mal trago y dejar de tiritar. Ya después, todo eran volteretas submarinas, intentando ver si, aunque solo fuera una piscina, aparecía el hada de las sirenas. Lucía le había dicho que existía, que ella la había visto… aunque ese verano no vino a visitarla.

Y, con la vuelta a la rutina, la felicidad no decaía. Eso es lo que me gusta de los niños: echaba de menos a sus amigos y volvía con ilusión a verlos. Yo echaría de menos que se sentara sobre mis rodillas y me contara sus aventuras.


Porción del postre vasco pantxineta con almendras

Pantxineta con hojaldre y almendras y crema pastelera



La pantxineta es uno de los postres más emblemáticos del País Vasco, cuyo origen se localiza con precisión en la ciudad de San Sebastián a principios del siglo XX. Este dulce vio la luz en 1915 en el obrador de la célebre Casa Otaegui, pastelería fundada en 1886 que llegó a ser proveedora de la Real Casa durante los veraneos de la reina regente María Cristina en la costa donostiarra.

Su creación fue fruto del fértil diálogo entre la tradición repostera francesa y la maestría artesanal local. En aquella época, la influencia gala al otro lado de la frontera popularizó el dominio del hojaldre mantecoso y las cremas finas. Inspirándose en estas técnicas, en Otaegui concibieron una tarta hojaldrada rellena de suave crema pastelera, rematada con almendra tostada y un ligero velo de azúcar glas. Al hornearse y servirse tradicionalmente templada, el contraste entre el crujido exterior y la untuosidad del corazón conquistó de inmediato a los comensales.

El nombre del pastel encierra una curiosa anécdota etimológica nacida de la fonética popular donostiarra. La receta se inspiró en elaboraciones galas con crema frangipane (franchipán); al intentar pronunciar este término foráneo, los clientes vascos adaptaron el sonido a su propia lengua hasta bautizarlo espontáneamente como pantxineta. La familia Otaegui no dudó en oficializar este nombre popular para registrar su creación más célebre.

Con el paso de las décadas, la pantxineta trascendió el obrador fundacional para convertirse en un emblema indiscutible de la repostería guipuzcoana y vasca, imprescindible hoy en sidrerías y restaurantes tradicionales. Aunque la fórmula original de 1915 continúa custodiada como un secreto familiar por los descendientes de Otaegui, el trinomio de hojaldre, crema y almendra forma ya parte del patrimonio gastronómico universal.

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Pantxineta 



Ingredientes para 8 personas:
  • 2 láminas de hojaldre
  • 150 g de almendras
  • 1 yema de huevo
  • 3 cucharadas de azúcar glas

Para la crema pastelera:
  • 1 l de leche
  • 5 claras de huevo
  • 150 g de azúcar
  • 70 g de maizena
  • 10 g de mantequilla
  • Cáscara de limón
  • Cáscara de naranja
  • 1 rama de canela
Precalentar el horno a 160º C

La crema pastelera:
  1. Calienta la leche con unos trocitos de cáscara de naranja y de limón, una rama de canela y la mantequilla. 
  2. Reserva. 
  3. Coloca un poco de la leche infusionada en un bol. 
  4. Añade el azúcar y maizena. 
  5. Remueve bien con la varilla. 
  6. Incorpora la clara de huevo y sigue removiendo. 
  7. Vuelca la leche sobre el bol, mezcla bien y pasa todo a la cazuela. 
  8. Remueve enérgicamente y cuando empiece a hervir, cocínala a fuego suave hasta que coja consistencia. Deja que se enfríe en un bol. 
  9. El resultado es una crema pastelera que parece cortada en lugar de cremosa, pero tiene que ser así por el horneado.

Montaje:
  1. Pon una lámina de hojaldre sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear. 
  2. Unta los bordes con la yema de huevo mezclada con un poco de agua. 
  3. Extiende la crema pastelera sobre el hojaldre. 
  4. Cubre con la otra lámina, cierra bien los bordes y pinta de nuevo la superficie con la yema. 
  5. Esparce las almendras laminadas sobre la tarta, espolvoréala con la mitad de azúcar glas y hornéala a 160 ºC durante 40 minutos. 
  6. Espolvoréala con el resto de azúcar glas. 
  7. Sirve la pantxineta templada.

Si te gustan las recetas con hojaldre, en Circus Day tenemos unas cuantas: croffles, mini croissants aux amandes, mattentaart, agujas de pollo mallorquinas o galletas de hojaldre.


Pastel de hojaldre con crema pastelera y almendras

Preguntas frecuentes

¿Por qué esta crema pastelera lleva solo claras y parece cortada?

Al prescindir de las yemas y cuajar la Maizena con las claras, la crema adquiere una textura más densa, firme y con un aspecto granulado similar al requesón o al cuajo. No es un error: esa consistencia más seca es imprescindible para que el relleno soporte el peso del hojaldre superior y no se licúe ni desborde por los laterales durante los 40 minutos de cocción en el horno.

¿Cuál es el secreto para que el hojaldre no quede crudo por la base?

Dado que la crema aporta bastante humedad, conviene colocar la bandeja en la parte media-baja del horno. Además, hornear a una temperatura moderada (160 °C) permite que el calor penetre despacio y cocine la lámina inferior antes de que las almendras laminadas y el azúcar glas de la superficie se doren en exceso.

¿De dónde procede el nombre y el origen de la pantxineta?

Es una creación donostiarra ideada a principios del siglo XX por la pastelería Otaegui de San Sebastián. El nombre procede de la adaptación fonética vasca de la voz francesa franchipane (el clásico relleno galo a base de crema y almendras). Con el tiempo, la receta evolucionó hacia este pastel hojaldrado con crema y almendras tostadas que hoy es un icono indiscutible de la repostería vasca.


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Bizcocho de manzana

Entré en la habitación que, en otros tiempos, había estado tan llena de vida. El aparador de la abuela seguía junto a la puerta, la chimenea presidía la estancia y aquel viejo sofá, que tantas veces nos había acogido entre sus brazos, lucía ya descolorido y sin fuerza.

Acaricié la madera del mueble, que siempre me había fascinado. Abrí el primer cajón: dentro continuaba el reloj que le regalamos a papá unas Navidades. Se había detenido a las diez en punto, la hora en que todos debíamos estar en la cama y él se sentaba frente al fuego a leer su libro, hasta que el sueño lo vencía y se le cerraban los ojos.

Al lado del reloj descansaba la bola sorpresa de mamá, aquella que ganamos en los recreativos y que escondía como premio una sortija de plástico. Ella la había lucido con orgullo; parecía una joya de princesa, con un diamante grande y rosa. Se la ponía siempre después de hornear para todos un bizcocho casero, el broche dulce del banquete navideño. Papá y ella presidían la mesa, uno en cada extremo: él con su reloj; ella, con su anillo.

Al fondo del cajón encontré una vieja caja de hojalata repleta de fotos de cuando la casa hablaba, de cuando latían corazones entre sus cuatro paredes, de cuando la banda sonora eran las risas y el alboroto por la llegada de Papá Noel. Apreté aquel tesoro con ternura contra mi pecho. Sonreí: al fin y al cabo, a los buenos recuerdos siempre hay que recibirlos con una sonrisa.


Bizcocho de manzana con trocitos de manzana dentro

Bizcocho de manzana aromatizado con vainilla



La historia de este dulce está ligada a la necesidad de no desperdiciar los excedentes de las cosechas de otoño. A diferencia de la tarta de manzana convencional, que suele llevar una base de masa quebrada u hojaldre, el bizcocho integra la fruta directamente en una masa batida a base de huevos, harina, azúcar y materia grasa. Las recetas más primitivas surgieron en la Europa continental y en las islas británicas, donde cada comarca desarrolló su propia identidad. En Inglaterra nació el bizcocho de Dorset, caracterizado por una miga densa y especiada con canela, mientras que en el norte de Italia se popularizó la tarta de Bolzano, una fórmula humilde donde la proporción de manzanas laminadas supera con creces a la de la harina. Paralelamente, en Europa del Este evolucionó la sharlotka, un esponjoso dulce ruso y polaco elaborado casi exclusivamente con huevos montados con azúcar y un suspiro de harina, vertido sobre un molde repleto de fruta troceada.

El gran secreto del bizcocho de manzana reside en la interacción de la fruta con el calor del horno. Al cocinarse, la manzana libera sus jugos de forma gradual, creando bolsas de humedad y vapor que mantienen la miga tierna, jugosa y fresca durante muchos más días que en un bizcocho tradicional. Además, aporta un dulzor y una acidez naturales que permiten reducir la cantidad de azúcar refinado en la masa. Según cómo se integre la fruta, el resultado cambia por completo: si se mezcla picada muy fina, prácticamente se funde en la masa regalando una jugosidad increíble; si se dispone en gajos ordenados sobre la superficie, se carameliza con el calor superior y forma una cobertura vistosa y crujiente, ideal para rematar con un toque de mermelada de albaricoque caliente que le aporte brillo de pastelería. Las variedades de manzana ácidas y de carne firme, como la reineta o la Granny Smith, son las predilectas en repostería porque conservan su estructura tras el horneado y equilibran de maravilla el dulzor del conjunto.

Actualizada 2026.


Bizcocho de manzana tradicional con azúcar moreno y canela — miga húmeda


Ingredientes:
  • 1 manzana
  • 140 g de mantequilla pomada
  • 280 g de azúcar moreno
  • 1 cda. de esencia de vainilla
  • 4 huevos 
  • 125 g leche
  • 280 g de harina
  • 1 cdta. de canela en polvo
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • Una pizca de sal
  • Molde de 20 cm de diámetro

Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 180 ºC
  2. Pela y corta a dados pequeños la manzana. 
  3. Pon en un cuenco y añade una cucharada de harina. 
  4. Mezcla y reserva.
  5. Pon la mantequilla en una batidora de varillas a velocidad media. 
  6. Pasados unos 2 minutos incorpora poco a poco el azúcar. 
  7. Añade al final la esencia de vainilla. 
  8. Sin parar la batidora, incorpora uno a uno los huevos. 
  9. Añade la leche y bate 10 segundos. 
  10. Para la batidora y vierte la harina, la levadura, la canela y la sal. 
  11. Bate velocidad media/alta unos 30 segundos. 
  12. Vierte la manzana a dados y mezcla con la espátula. 
  13. Echa la mezcla en el molde, previamente engrasado, dando unos pequeños golpecitos. 
  14. Allana la superficie con la espátula. 
  15. Coloca el molde sobre la rejilla del horno, no la bandeja.
  16. Hornea 30 minutos a 180 ºC y 10 minutos más a 160 ºC
  17. Saca fuera del horno y espera 5 minutos dentro del molde. 
  18. Desmolda sobre una rejilla hasta que se enfríe.

Si te gusta la manzana también en ensalada ve a ver la ensalada Alicia. Si prefieres los bizcochos el de yogur es un clásico.

Bizcocho de manzana tradicional

Preguntas frecuentes

¿Por qué se enharinan los dados de manzana antes de incorporarlos a la masa?

Es el truco infalible de repostería para evitar que la fruta se hunda hasta el fondo del molde durante el horneado. La fina película de harina absorbe parte de la humedad superficial de la manzana y crea fricción con la masa densa, manteniéndola suspendida y repartida de manera homogénea en cada bocado.

¿Qué aporta el azúcar moreno frente al azúcar blanco común?

El azúcar moreno contiene restos de melaza natural, lo que confiere al bizcocho un color dorado más oscuro, un sutil aroma a caramelo y tofe, y un extra de jugosidad en la miga. Además, combina de forma extraordinaria con la canela y la vainilla, reforzando ese perfil rústico y especiado tan propio de la repostería otoñal.

¿Por qué se hornea sobre la rejilla y se baja la temperatura en los últimos minutos?

Colocar el molde sobre la rejilla en lugar de la bandeja metálica permite que el aire caliente circule de manera uniforme por la base sin concentrar un calor excesivo en el fondo. Bajar la temperatura a 160 °C (tras los primeros 30 minutos a 180 °C) garantiza que el interior denso y húmedo por la fruta termine de cocerse a la perfección sin que la corteza superior se dore demasiado ni se reseque.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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