Cuando Conor, el vecinito universitario, le preguntaba si veía alguna novia en su futuro, ella lo hacía ponerse colorado:
—Conor, loveen, si my hubby, que en paz descanse, hubiera tenido esos labios que tú tienes, la cola de mujeres que le habría rondado habría sido como de aquí al súper de Molly.
Y Conor se iba más contento que unas castañuelas, a poner morritos a las niñas.
Por la noche, una vez por semana, la visitaba Alana, mujerona buena donde las haya, pero con muchas bocas que alimentar. ¡Ay, Alana! Quería saber el número ganador de la lotería, y Fiona siempre le soltaba:
—Alana, cailín, primero hay que jugar para que te toque.
Y Alana pensaba que, si se echaba un novio lotero, igual le solucionaba lo de la papeleta.
Briana se iba a casar. Andaba nerviosa porque no había «catado» al novio.
—¿Y si resulta que no me gusta? ¿Se lo puedo return a su madre? —preguntó.
Fiona, muy seria, le contestó:
—¡Ay, a ghrá! El novio no sé cómo será; aquí lo que importa es que sepa play the guitar well. Que si gusta, gusta. ¡Deseando que llegue el Saturday para celebrarlo, yeah! ¡Que te lo digo yo!
Y así Fiona iba dando consejos a uno y a otra, a este y a aquella, sin bola de cristal, sin cartas ni lecturas, porque ella no era una adivina como las demás. Te subía la moral o te largaba una historia. ¿Y si se enfadaba? ¡Ay! Si se enfadaba Fiona, lo veía todo casi negro, negro, black… como el chocolate y la Guinness.
El bizcocho Guinness, también conocido como tarta de cerveza negra y chocolate, es una de las creaciones más icónicas y aclamadas de la repostería contemporánea. Consiste en un pastel de chocolate densamente húmedo cuya base líquida sustituye parcial o totalmente el agua o la leche por la famosa cerveza negra de tipo stout, de origen irlandés.
La gran genialidad de este postre reside en una reacción puramente química: la acidez natural, las levaduras y el gas carbónico de la cerveza negra actúan como potentes ablandadores del gluten de la harina. Al interactuar con el bicarbonato sódico en el horno, generan una miga extraordinariamente aireada pero densa, jugosa y aterciopelada, que tarda días en secarse. En contra de lo que se suele pensar, el bizcocho no tiene un regusto fuerte a alcohol o a taberna, ya que este se evapora por completo durante el horneado. Lejos de emborrachar, la cerveza rebaja el dulzor excesivo del azúcar y realza de forma espectacular los matices del cacao puro, aportando sutiles notas tostadas a café, regaliz y malta que recuerdan a un pan de jengibre oscuro sin especias.
En el plano histórico, la receta moderna es una evolución de los pasteles tradicionales de chocolate y licores (como el ron o el brandy) que se preparaban en el Reino Unido e Irlanda durante las celebraciones invernales. Sin embargo, el empujón definitivo hacia el estrellato global llegó a principios de la década de 2000 gracias a la célebre cocinera y divulgadora británica Nigella Lawson, quien popularizó la fórmula en sus libros y programas de televisión. Lawson ideó una estética impecable que imita a la perfección una auténtica pinta de cerveza: la base oscura simula el cuerpo de la bebida, coronada por una generosa capa irregular de frosting a base de queso crema, nata y azúcar glas que emula la inconfundible espuma blanca y cremosa de la Guinness.
Hoy celebramos San Patricio, patrón de Irlanda, tierra donde fue esclavo durante su adolescencia, donde encontró la fe para ordenarse sacerdote y a donde regresó para evangelizar a quienes lo habían cautivado. Supo respetar sus costumbres, les habló con un lenguaje llano y popularizó el trébol de tres hojas que hoy representa a todo el país.
Es de sobra conocido el carácter afable de los irlandeses, su abundancia de pelirrojos y, por supuesto, este legendario pastel de cerveza negra, sin olvidar la marea verde que inunda las calles cada 17 de marzo. Pero este mes también nos trae el Día Internacional de la Mujer, el Día de las Islas Baleares y la ansiada primavera. ¿No te parece que marzo es la excusa perfecta para regalarte un buen trozo de pastel?
Actualizada 2026.
Bizcocho Guinness
- 250 ml de cerveza Guinness
- 250 g de mantequilla
- 75 g de cacao en polvo, puro sin azúcar
- 300 g de azúcar
- 140 ml de crème fraîche
- 2 huevos
- 1 cdta. de esencia de vainilla
- 275 g de harina
- 2 ½ cdtas. de bicarbonato
- 300 g de queso crema, frío
- 150 g de azúcar glas, tamizado
- 125 ml de nata para montar, fría
- Precalentar el horno a 180 ºC
- Unta un molde desmontable con mantequilla y espolvorea con harina o rocía spray para moldes.
- Pon la cerveza y la mantequilla en un cazo, y calienta hasta que se haya derretido.
- Echa el cacao y el azúcar en un cuenco, y vierte la cerveza con mantequilla.
- Mezcla con unas varillas la nata agria, los huevos y la vainilla y échalo a la mezcla de azúcar con mantequilla y cerveza.
- Añade la harina y el bicarbonato (previamente tamizados), y mezcla con una espátula o un robot de cocina.
- Echa la masa en el molde y hornea 45 minutos o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
- Saca del horno y deja reposar unos minutos.
- Desmolda hasta que esté frío sobre una rejilla.
- En un bol tamiza el azúcar y bate con el queso crema hasta que el azúcar haya quedado totalmente disuelto.
- Añade la nata y bate hasta que te quede una mezcla aireada y esponjosa como de nata montada espesa.
- Cuando el bizcocho esté frío pon la cobertura en el centro del bizcocho y reparte del centro hacia afuera. Tiene que quedar como si fuera la espuma de la cerveza negra.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es indispensable calentar la cerveza Guinness con la mantequilla antes de incorporar el cacao y el azúcar?
La cerveza negra de tipo stout aporta matices tostados, café y cebada que necesitan calor para florecer. Al derretir la mantequilla directamente en la cerveza tibia, se crea una base emulsionada caliente que disuelve de inmediato los cristales de azúcar y «hace florecer» (blooming) el cacao puro en polvo. Este golpe térmico hidrata las partículas secas del cacao y extrae sus aceites esenciales más profundos, intensificando el color oscuro casi azabache del pastel y eliminando el regusto terroso o astringente que dejaría el cacao mezclado en frío.
¿Qué función química cumplen la crème fraîche y el bicarbonato en una masa tan densa?
A diferencia de los bizcochos tradicionales que recurren a polvos de hornear (levadura química), esta receta depende exclusivamente de bicarbonato sódico. El bicarbonato es una base que necesita un medio ácido para activarse y liberar dióxido de carbono: la acidez natural de la crème fraîche (o nata agria), sumada a la del cacao no alcalinizado y al pH de la propia cerveza fermentada, reacciona produciendo una gran cantidad de gas. Esta fermentación química interna aligera una masa cargada de mantequilla y azúcares, logrando una miga esponjosa, elástica y con una humedad extrema que se conserva intacta durante días.
¿Por qué el queso crema y la nata para el glaseado deben estar rigurosamente fríos antes de montarse con el azúcar glas?
El glaseado busca reproducir visualmente la icónica corona de espuma blanca y compacta de una pinta de Guinness recién tirada. Para que la nata monte y mantenga su emulsión junto al queso, los glóbulos de grasa láctea deben mantenerse en estado sólido (entre 4 °C y 6 °C). Si los ingredientes estuviesen templados, la fricción de las varillas y el poder licuante del azúcar harían que la mezcla colapsara, convirtiéndose en una salsa fluida e inestable. El frío riguroso garantiza que el batido atrape aire, consiguiendo una textura sedosa, densa y con suficiente cuerpo para sostenerse en el centro de la tarta sin escurrirse por los bordes.






























