Martín, que llevaba meses intentando convencerla de que viajara con él, encontró aquella condición bastante curiosa:
—¿Y si no aparece?
—Esperaremos.
—¿Cuánto?
—Hasta que aparezca.
—Muy bien. Me tranquiliza saber que has pensado en todos los detalles.
Y emprendieron el viaje.
Durante días recorrieron la costa buscando el lugar perfecto. El primer día discutieron porque Martín llegó tarde. El segundo, porque Clara había escogido un sitio desde el que el sol desaparecía detrás de una montaña. El tercero, porque Martín aseguró que el horizonte estaba demasiado nublado y Clara respondió que él siempre encontraba una excusa para no mirar.
—No entiendo por qué quieres verlo tanto —protestó él.
—Porque quiero saber si es tan maravilloso como dicen.
—¿Y si no lo es?
Clara lo miró, se encogió de hombros y sonrió. Martín sonrió. Aquella tarde, el cielo estaba despejado. Los dos se sentaron frente al mar. El sol descendió lentamente. Ninguno habló. Y, justo cuando desaparecía, emergió durante un instante un diminuto resplandor verde.
Clara se quedó inmóvil:
—¿Lo has visto?
Martín tardó unos segundos en responder:
—No —bromeó.
Clara lo miró sorprendida:
—¿Entonces por qué sonríes?
—Porque llevamos una semana discutiendo por verlo y, por una vez, has estado cinco segundos callada.
Clara le dio un empujón en el hombro:
—Eres insoportable.
—Pero has sonreído.
Clara volvió la mirada hacia el horizonte, satisfecha:
—Sí.
Y ninguno de los dos volvió a mencionar el rayo verde.
Al menos durante los diez minutos siguientes.
Esta es la primera historia: de cómo una persona con la que me encontré una vez y con la que tuve un breve contacto me describió en su blog; algo totalmente sorprendente para mí, que suelo pasar desapercibida. Ella, que se llama Laura, trabaja en una biblioteca a la que fui a documentarme. Así me llevé dos sorpresas: una fue la receta y la otra, una entrada dedicada a Circus Day, mi blog que, aunque es de cocina y no lo indica en su título (por lo que cuesta encontrarlo), es mallorquín de nacimiento, alma y corazón.
La segunda historia fue hace mucho más tiempo y es la verdadera razón de esta entrada, aunque no lo parezca. En ella conocí a otra persona, Carmen; es más, comimos juntas junto a mi adorada Mamen y su marido (que en su momento vivieron en Mallorca). Allí conocí a la dueña del blog Rezetas de Carmen (años después coincidí con ella y con su marido en Ibiza, pero esa es otra historia), que está de aniversario y de concurso. Así que esta entrada también va dedicada a ella y a ese día tan lindo que pasamos. Por eso, cuando Carmen nos pide que elaboremos una receta de un libro, pensé en este: en un libro que me uniese por historia, pues, al fin y al cabo, en mi vida hay muchas historias y las más bonitas las he vivido con muchos de vosotros. He aquí las historias de una receta, de un libro, de dos personas a las que conocí y con las que me relacioné de diferente manera.
Aquí mi versión de Robiols de llet actualizada a 2026.
Robiols de llet de 1915 - receta antigua mallorquina de buñuelos de leche con manteca
Ingredientes
- 125 g de harina de trigo
- 80 g de manteca de cerdo
- 250 ml de leche
- 3 huevos grandes
- Aceite para freír
- Azúcar para servir con los buñuelos
- En una cacerola funde la manteca.
- Seguidamente añade la leche.
- Remueve en todo momento y añade la harina, se formará una masa más compacta.
- Asegúrate que la harina se ha integrado bien y no han quedado grumos y está bien cocinada.
- Apaga el fuego y deja enfriar un poco.
- Cuando no te queme al tocar la masa le vas añadiendo los huevos, uno a uno e integrándose bien antes de añadir el otro.
- Reserva la masa.
- Calienta en una sartén aceite, baja un poco el fuego ya que el aceite no se tiene que quemar y tiene que freír los buñuelos por dentro.
- Forma, con dos cucharas o con manga pastelera (yo lo probé con la manga y no me gustó el resultado por lo que para mi comodidad es mejor con dos cucharas).
- Los buñuelos los freí en tandas de cuatro o cinco (para controlarlos mejor y no se quemarán).
- Una vez fritos saca y pon sobre papel de cocina para absorber el exceso de aceite que tengan.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llaman robiols de llet si parecen buñuelos?
En la repostería mallorquina del siglo XIX las categorías no estaban tan definidas como hoy. El propio libro de 1915 indica que "se frijen com a bunyols de vent" — se fríen como buñuelos de viento — usando esa referencia para explicar la técnica a las amas de casa. La masa, hecha cociendo harina en leche y manteca antes de añadir los huevos, es la misma técnica de la pasta choux francesa adaptada a la despensa mallorquina.
¿Se puede sustituir la manteca de cerdo por mantequilla?
Sí, aunque el sabor cambia ligeramente. La manteca de cerdo mallorquina —el saïm— aporta un sabor más neutro y una textura más crujiente que la mantequilla. Con mantequilla el resultado es más similar a los buñuelos de viento o profiteroles franceses clásicos. Ambas versiones están deliciosas.
¿Cuándo se comen los robiols de llet en Mallorca?
Tradicionalmente se preparan para el Día de las Vírgenes, el 21 de octubre, cuando en Mallorca se celebra con serenatas, buñuelos y mistela. Son uno de los dulces típicos de esa noche junto con los buñuelos de viento. Fuera de esa fecha también se pueden preparar como postre o merienda en cualquier época del año.








































