Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Buñuelos de las vírgenes

Los chicos salían del colegio con una rosa en la mano regalada por la chica «enamorada» y ellos, a cambio, se apresuraban para el último ensayo de la canción que le cantarían debajo de su ventana; aunque, pensándolo bien, solo lo hacían los más atrevidos... y los que querían comer buñuelos.

Para los padres, no sé si era un honor o un sacrificio tener al «maromo» cantándole a su hija, lo que por un lado significaba que era de buen ver, pero por otro así le verían bien la cara al pretendiente. Para las madres era un orgullo y una satisfacción, y cocinaban los buñuelos con los que después obsequiarían a los chicos.

Margarita espantaba a los chicos, así que sus padres sabían seguro que ninguno se atrevería a cantarle a su hija, y eso a la señora Juana no le gustaba nada. Intentaba instruir a su hija, quería que suavizara maneras, pero a menudo la daba por caso perdido. Al padre le daba igual; su hija era única para él y que le cantaran o no no era importante, a pesar de los sermones que le daba su mujer para que también él intentara instruirla.

El día que Margarita escuchó cantar una canción debajo de su ventana casi se cae de la cama. Alguien se había atrevido a cantarle y por poco se emociona, pero recordó que no le había dado una rosa a ningún chico, así que salió a la ventana para cantarle ella al pretendiente. Sin embargo, la señora Juana fue más rápida: llorando había salido a buscar al chico y lo hizo entrar. Cuando Margarita bajó y lo vio, se puso colorada y decidió quedarse callada ante la cara de felicidad que tenía su madre, limitándose a sonreír al joven. El chico comía todos los buñuelos que la madre le ponía y reía contento.

—Papá, creo que el próximo año deberías cantarle tú a mamá —dijo Margarita.

—Tarde, querida —le contestó su padre—. Tu madre probablemente no me abriría ni la puerta, y los buñuelos ni los olería.


Buñuelos mallorquines de patata para día de las vírgenes

Buñuelos de patata para el día de las vírgenes en Mallorca


En Mallorca, los rosaris ensucrats de Tots Sants y los buñuelos de patata y boniato (o solo de patata) son tradición. La noche del 20 al 21 de octubre se celebra en Mallorca una de las tradiciones más entrañables, dulces y arraigadas del otoño: la festividad de las Vírgenes (Les Verges), popularmente conocida por el aroma inconfundible a bunyols de patata i boniato que impregna las calles de pueblos y ciudades de toda la isla.

Aunque hoy en día la festividad se asocia primordialmente a las reuniones familiares, las meriendas escolares y las paradas callejeras de buñuelos, su origen está profundamente ligado a los rituales de cortejo juvenil del siglo XIX y principios del XX.

En aquella época, la noche del 20 de octubre (víspera de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes) era el momento elegido por los jóvenes solteros para rondar a las jóvenes de las que estaban enamorados. Los chicos, provistos de guitarras y acompañados por la pandilla de amigos para armarse de valor, se apostaban bajo las ventanas de las pretendidas para cantarles canciones populares de ronda —siendo la célebre copla de «Clavelitos, clavelitos...» o romances tradicionales los reyes indiscutibles del repertorio—.

Si la joven aceptaba el gesto y el pretendiente contaba con el beneplácito familiar, la tradición dictaba que la madre de la chica abría la puerta y obsequiaba a los rondadores con una buena bandeja de buñuelos recién hechos y un vaso de moscatel o malvasía.

Lejos de perderse, la noche de las Vírgenes se mantiene muy viva en Mallorca. Hoy en día, colegios, asociaciones de vecinos, hornos tradicionales y familias enteras perpetúan el rito: se preparan grandes cantidades de masa en palanganas, se montan cocinas improvisadas al aire libre y se comparten los buñuelos recién hechos entre vecinos, amigos y familiares, recordando que, aunque ya no corran las rondas de guitarra bajo los balcones, el dulce sabor del otoño mallorquín sigue cumpliendo su función más sagrada: reunirnos alrededor de la mesa.

Actualizada 2026.


Bunyols de les verges



Ingredientes:
  • 150 g patata 
  • 150 g boniato
  • 175 g harina 
  • 15 g levadura fresca
  • 1 huevo
  • 125 g agua de hervir la patata y el boniato
  • Aceite de oliva para freír
  • Azúcar para acompañar

Elaboración:
  1. Hierve la patata y el boniato hasta que estén blanditos.
  2. Pásalos por el pasapurés y deja que se enfríe. 
  3. Disuelve la levadura fresca con el agua. 
  4. En un cuenco grande mezcla la harina, la levadura con el agua, la patata, el boniato y el huevo, mezcla hasta que la masa quede homogénea. 
  5. Deja leudar hasta que doble el tamaño. 
  6. Pon abundante aceite en una sartén, cuando esté bien caliente, coge la masa con una mano como apretando el puño y con la otra mano mojada en agua, coge un poco de la masa agujereándola con el dedo al mismo tiempo y déjala dentro del aceite para que se fría. 
  7. Repítelo con toda la masa. 
  8. Sirve con azúcar.



Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué se utiliza el agua de cocción de la patata y el boniato para disolver la levadura?

El agua donde se han hervido la patata y el boniato contiene almidones solubles liberados por los tubérculos que favorecen la fermentación de la levadura fresca, aportando además mayor elasticidad y humedad a la masa tradicional.

¿Cuál es el truco para dar forma a los buñuelos sin que la masa se pegue a las manos?

Al tratarse de una masa muy blanda y pegajosa, el secreto consiste en mantener la mano libre humedecida en agua al tomar la porción de masa y realizar el agujero central con el pulgar justo antes de introducirla en el aceite caliente.

¿Se pueden preparar los buñuelos únicamente con patata o solo con boniato?

Sí, aunque la receta tradicional de las Vírgenes combina ambos tubérculos a partes iguales para equilibrar el dulzor y el color anaranjado, pueden elaborarse exclusivamente con patata ajustando ligeramente la cantidad de harina según la humedad de la masa.


Bunyols de patata per a les verges tipic de Mallorca


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day

Pan de calabaza

Cordelia Cabot es una bruja. Vive en una gran casa centenaria heredada de su familia, en medio de Meramar, un pequeño pueblo costero. Con ella viven su hermana pequeña, Florencia, y su gato Calcetines: negro como el carbón, con las patas blancas; viejo como los huesos de un muerto, tanto que Cordelia cree que nació cuando construyeron la casa.

El día de Halloween, Florencia cumplirá 16 años, y este año recibirá como regalo familiar los poderes que hasta ahora le habían sido guardados por ser demasiado joven para dominarlos. Y aunque Cordelia le había enseñado lo más básico —para que, al recibirlos, no tuviera que empezar de cero—, Florencia estaba aterrada. Pensaba que, si algo salía mal con los conjuros, terminaría enterrada en cualquier tumba del panteón familiar. Cordelia no sabía de dónde había sacado tal idea y, aunque se lo había desmentido mil veces, el carácter de Florencia se veía venir tozudo.

Así que, para disipar nervios, dudas y demás tonterías que pudieran vagar por la cabeza de su hermana, Cordelia decidió que era un buen día para enseñarle a hacer pan. Pero pan de verdad, sin magia. Eso desconcertó a Florencia: no era precisamente hábil en la cocina, y hacer calabazas con pan le parecía más difícil que conjurar una segunda cabeza a Calcetines. Solo pensarlo hizo que el gato la mirara con desconfianza y saliera corriendo de la casa: quizás esa loca quería usarlo como experimento, y no pensaba quedarse a averiguarlo… ¡no fuera a terminar atado como el pan, y con dos cabezas!


Pan de calabaza con puré de calabaza y pipas de calabaza

Pan de calabaza con calabaza y en forma de calabaza



Tras la llegada de los colonos europeos a América del Norte durante el siglo XVII, el trigo escaseaba o no se daba con la misma facilidad que en Europa debido a los suelos frescos y húmedos. La calabaza (Cucurbita moschata y Cucurbita pepo), cultivo autóctono de la agricultura nativa americana que formaba parte del sistema de «Las Tres Hermanas» (maíz, judías y calabaza), era abundante, resistente y fácil de almacenar durante el invierno.

Los Colonos adoptaron la masa hervida o asada de calabaza para estirar las escasas provisiones de harina de trigo o de centeno. Al mezclar la pulpa de calabaza cocida con las masas fermentadas con levadura viva (generalmente espuma de cerveza o levadura madre de masa), descubrieron que la calabaza no solo hacía rendir la harina, sino que mantenía la miga excepcionalmente tierna por más tiempo debido a los azúcares naturales y la humedad de la hortaliza.

La referencia formal más célebre en la literatura culinaria aparece en 1796, en el primer libro de cocina publicado en Estados Unidos: American Cookery de Amelia Simmons. En él figuran fórmulas para Pumpkin Bread que emplean masa fermentada con levadura, combinando puré de calabaza, harina de trigo o maíz y esponjas de levadura tradicional.

En estas recetas primigenias, la calabaza no se utilizaba como un saborizante festivo o dulce, sino como un ingrediente estructural básico del pan diario, similar al uso de la patata (potato bread) en Centroeuropa durante las épocas de escasez.

A medida que la calabaza se aclimató en el sur de Europa (especialmente en Italia, el sur de Francia y España), la tradición de la panificación fermentada adoptó la pulpa asada para enriquecer las masas. Se incorporaba en brioches rústicos de levadura mezclados con aceite de oliva y aromas cítricos (como la piel de naranja o el azahar), un antecedente directo de los panes aromáticos de otoño que se consumían tras la cosecha de la calabaza a finales de octubre y noviembre. El puré de calabaza es rico en almidones gelatinizados y pectinas. Cuando se añade a una masa fermentada con harina de fuerza y levadura, estas pectinas actúan reteniendo agua durante el horneado, lo que ralentiza el retroceso del almidón y logra que el pan se conserve tierno sin necesidad de añadir grandes cantidades de grasa o mantequilla.

Con la llegada de las levaduras comerciales prensadas y secas a finales del siglo XIX y principios del XX, el pan de calabaza fermentado pasó de ser un «pan de subsistencia» a un pan de especialista y repostería artesanal.

En la panadería moderna, la técnica ha evolucionado incorporando no solo el puré en la masa para aportar color anaranjado y jugosidad, sino también el uso de las pipas de calabaza (pepitas) integradas para aportar contraste crujiente, así como el modelado ortotípico mediante atado con hilo de cocina para darle forma de hortaliza antes de la segunda fermentación.

Y si haces calabacitas tipo panecillo individual para la cena de Halloween, seguro que a los comensales les gustará, ¿no crees? Además, hoy se celebra el #DíaMundialDelPan.

Actualizada 2026.


Pan de calabaza



Ingredientes para 2 panes o 4 panecillos:
  • 500 g de harina de fuerza
  • 10 g de levadura fresca
  • 100 g de calabaza asada y en puré
  • 5 g de sal
  • 1 cda. de aceite de oliva 
  • 160 g de agua
  • 20 g pipas de calabaza
  • Hilo de cocina
Elaboración:
  1. Mezcla el agua con la levadura y deja reposar unos minutos hasta que se active. 
  2. Mientras tanto, mezcla la harina con la sal.
  3. Coloca la harina en el bol de la amasadora, añade la mezcla de levadura, el puré de calabaza y el aceite. Amasa hasta que se forme una masa homogénea. Incorpora las pipas de calabaza y continúa amasando durante 10 minutos, hasta obtener una textura suave y elástica.
  4. Espolvorea ligeramente la mesa de trabajo con harina y forma una bola con la masa. 
  5. Divide en dos partes, o en cuatro si prefieres hacer panecillos individuales.
  6. Corta un metro de hilo de cocina por cada pieza de masa. 
  7. Coloca el hilo en el centro de la bola y cruza en forma de cruz, girando en dirección opuesta para formar ocho secciones. 
  8. No es necesario apretar demasiado: cuando la masa leve, se formarán de manera natural los surcos que darán forma de calabaza.
  9. Coloca las masas en una bandeja de horno con papel vegetal, cúbrelas con un paño limpio y deja levar hasta que doblen su tamaño.
  10. Precalienta el horno a 200 °C
  11. Hornea durante 20 minutos si has hecho panecillos, o 30 minutos si son panes más grandes.
  12. Retira del horno, corta con cuidado el hilo y deja enfriar completamente sobre una rejilla.

Paso a paso de cómo hacer panecillos en forma de calabaza

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué se utiliza hilo de cocina antes de hornear el pan de calabaza?

El hilo de cocina se ata alrededor de la masa formando ochos o secciones para simular los gajos característicos de una calabaza. No debe apretarse demasiado, ya que durante el levado y el horneado la masa se expande de manera natural, creando la forma deseada sin aplastarse.

¿Cómo se debe retirar el hilo de cocina después de hornear las piezas?

Es fundamental dejar enfriar el pan por completo sobre una rejilla. Una vez frío, se corta el hilo con unas tijeras con mucho cuidado y se tira suavemente de los extremos para desenredarlo sin dañar la corteza.

¿Qué función cumple el puré de calabaza en la masa de pan de fuerza?

El puré de calabaza asada aporta humedad y una textura muy tierna a la miga, además de un sutil toque dulzón y un color anaranjado precioso que complementa a la perfección el crujiente de las pipas de calabaza integradas en el interior.


Panecillos de calabaza en forma de calabaza y pipas


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Bullabesa de espinacas

Sentarse cerca de la chimenea encendida, al lado de María, me hacía olvidarme de mi día a día. Mis preguntas sobre cómo fue su juventud, cómo luchó por tantos hijos, y lo que opinaba sobre esto y aquello me desconectaban de mis inquietudes. Siempre vi en ella un referente de lucha; ella decía que lo hacía porque no le quedaba otra, pues si hubiera podido elegir, seguramente no estaríamos hablando ella y yo en ese momento.

No fui muy buena alumna suya. Quizás sus ganas de lucha se me quedaron tan dentro que, cuando deberían haber salido, se esfumaron, aunque siempre he pensado en ella cuando he sacado la pancarta, las uñas y el alma para seguir adelante.

Esa olla en el fuego, esa receta de fuera con espinacas pero con sabores de dentro, era inconfundible cuando hablábamos juntas mientras cocinábamos. Un plato caliente, un vaso de vino y una compañía inmejorable que sabía hablarme del tiempo, de la fuerza y de la esperanza.

 
Bullabesa vegetariana de espinacas con huevos y pan frito

Bullabesa de espinacas con huevos y especias anisadas


Una receta del programa de televisión Las recetas de Julie. En este caso me enamoró por la sencillez y los sabores suaves. Es tradicional en Marsella y, aunque es una ciudad pesquera, aquí se cumple la excepción —quizás por ser una receta antigua, quizás para variar en la gastronomía o quizás simplemente porque tenía que ser así—.

En el vídeo de Julie usan badiana fresca e hinojo seco; yo no tenía, así que usé semillas de hinojo en un difusor. También nombra el pimiento d'Espelette, pero en el vídeo no se refleja, así que no lo he añadido. Además, se cocina en una olla de barro que, si no fuera porque en casa tenemos inducción, yo también habría usado.

El resultado fue un guiso muy suave y muy rico. Acompañado de pan frito —aunque yo prefiero comerlo sin él—, es un plato para tener muy en cuenta. ¡Verdad verdadera!

Actualizada 2026.


Bullabesa de espinacas 

(La bouillabaisse d'épinards de Jeannine)


Ingredientes para 2:
  • 2 cdas. soperas de aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 1 puerro
  • 1 tomate rallado
  • 1 patata grande o 2 medianas, cortadas en rodajas de unos 0,5 cm. más o menos.
  • Azafrán
  • 500 ml de agua
  • 1/4 de cdta. de semillas de hinojo (o hinojo seco)
  • 1/4 de cdta. de semillas de anís estrellado ( o badiana)
  • Un trocito de piel de naranja seca
  • 1 hoja de laurel
  • Sal
  • 100 g de espinacas
  • 2 huevos
  • Pan frito (para acompañar)

Elaboración:
  1. Limpia y pica la cebolla, el puerro y el ajo. 
  2. En una olla/cacerola (si puede ser de barro mejor), verter el aceite y rehogar en él la cebolla, puerro y ajo. A fuego medio, que no se queme. 
  3. Seguidamente añade el tomate rallado, rehoga.
  4. Añade las patatas, removiendo para que se mezcle con el sofrito. 
  5. Del agua que tienes, aparta un vaso y en él diluye el azafrán.
  6. Añade este vaso de agua con azafrán a la olla, además del resto de agua. 
  7. Añade sal, la piel de la naranja, las semillas (en un difusor de infusiones) y deja cocinar durante 1/2 hora. 
  8. Corta las espinacas, en este caso yo usé espinacas baby, y agrégalas al guiso. 
  9. Remueve y tapa la olla. 
  10. Cocina 5 minutos más. 
  11. Parte los huevos de uno en uno y añádelos encima del guiso. 
  12. Tapa y deja cocinar hasta que la clara del huevo esté cocinada. 
  13. Apaga el fuego y sirve.

Ingredientes de la bullabesa de espinacas de las recetas de Julie

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Se puede sustituir el difusor de infusiones para las semillas?

Sí, si no dispones de un difusor, puedes envolver las semillas de hinojo y el anís estrellado en una pequeña muselina o gasa limpia bien atada. Esto es fundamental para evitar que las especias enteras queden sueltas en el caldo y dificulten su degustación.

¿Qué función cumple la piel de naranja seca en este guiso de verduras?

La piel de naranja aporta una nota cítrica sutil y aromática que equilibra perfectamente la contundencia del sofrito de aceite y el dulzor de las patatas, aportando la seña de identidad característica de esta receta tradicional provenzal.

¿Cómo se consigue que el huevo quede en su punto al final de la cocción?

Es indispensable romper el huevo e incorporarlo con cuidado sobre el guiso en los últimos minutos de fuego, manteniendo la olla tapada. El calor residual y el vapor cocinarán la clara dejándola firme mientras la yema permanece cremosa y melosa.


Bullabesa de espinacas de las recetas de Julie con pan frito


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Trempó mallorquín

Cuentan que, hace muchísimos años, cuando la sierra de Tramuntana todavía susurraba secretos al viento, vivía un gigante llamado Bategot en una cueva bajo los acantilados.

Era tan alto como un campanario, tenía una barba áspera hecha de raíces y un único ojo amarillo como la luna llena. Cuando caminaba, la tierra temblaba bajo sus pies. Le llamaban Bategot porque, cuando caminaba por encima de las rocas, la tierra hacía bategot, bategot, como si tuviera un corazón demasiado grande para caber dentro del mundo.

Bategot era fuerte, orgulloso y malhumorado. Creía que la montaña, el mar y el viento le pertenecían. Si alguien le llevaba la contraria, bramaba tan fuerte que las ventanas del pueblo se estremecían. Por eso, todos le temían.

Todos menos Margalida, una muchacha pequeña como una almendra y astuta como una zorra, que había aprendido de su abuela que hasta el gigante más grande tenía un punto débil.

Una tarde de septiembre, Margalida encontró a Bategot sentado junto a su cueva, llorando como un niño.

—¿Qué os pasa, señor gigante? —preguntó.

—¡Todo lo que como es amargo! ¡Los higos, el pan, la miel! ¡Voy a morir de hambre!

Margalida probó uno de los higos de su cesta.

—A mí me parece dulce. Quizá el problema no esté en la comida, sino en vos.

El gigante se enfureció, pero la muchacha no huyó.

—Mañana bajaréis al pueblo y pediréis comida sin obligar a nadie. Ya veréis qué sucede.

Al día siguiente, Bategot descendió de la montaña con un saco vacío. Al principio, exigía comida a gritos, hasta que una anciana le enseñó a pedirla por favor. Le dieron pan moreno, trempó, naranjas y queso. Y, para su sorpresa, todo le supo delicioso.

Pero Margalida aún tenía una última lección para él:

—Si sois tan fuerte, ¿por qué no ayudáis a quienes lo necesitan?

El gigante descubrió que las lluvias habían destrozado los caminos por donde los campesinos transportaban sus cosechas. Durante tres días, retiró piedras, apartó troncos y abrió paso entre las rocas.

Cuando terminó, los habitantes del pueblo le llevaron pan, trempó, higos y una jarra de miel como agradecimiento.

Aquella vez, Bategot no tuvo que esforzarse para sonreír.

Desde entonces, dejó de asustar a la gente. Y cuentan los más viejos de Mallorca que, cuando la Tramuntana sopla entre las rocas, todavía se escucha una voz profunda que susurra:

«¡Qué dulce es el mundo cuando no crees que te pertenece todo!».

Porque Bategot aprendió que hay hambres que no se sacian comiendo, sino compartiendo.


Trempó mallorquín hecho con pimiento y cebolla y tomate

Pimiento verde mallorquín para hacer trempó también llamado blanco
Producto local - Pimiento verde mallorquín


El trempó mallorquín es la ensalada veraniega más emblemática de Mallorca. Su base fundamental e innegociable se compone de tres únicas hortalizas: tomate, cebolla y el auténtico pimiento verde mallorquín (variedad local de tono claro, terso y carnoso).

Todo ello se adereza de forma tradicional únicamente con sal y un buen aceite de oliva o aceite de oliva virgen extra —según los gustos—. No obstante, en torno al aliño existe el debate de siempre: hay quienes disfrutan añadiéndole un toque de vinagre, mientras que a otros les resulta más que suficiente con la propia y refrescante acidez natural del tomate. Como suele decirse, para gustos los colores.

A partir de esta estructura sagrada, cada casa y cada persona le añade lo que le apetece: desde unas aceitunas o unos garbanzos hasta pescados en salazón. Además, esta misma mezcla es el alma y la base de la célebre coca de trempó.

Con la llegada del invierno, como el genuino pimiento verde mallorquín es una verdura estrictamente estacional y estival, se suele sustituir por el pimiento italiano (aunque, por qué no decirlo, hay quienes lo emplean durante todo el año debido a que resulta más económico y fácil de encontrar).

En catalán balear, el verbo trempar significa «aliñar», «aderezar» o «vestir» las verduras con aceite, sal y vinagre (o en este caso, con la propia acidez del tomate). De ahí que el nombre del plato no haga referencia directa a las hortalizas que lo componen, sino al acto crucial de aliñarlas adecuadamente para integrar sus jugos.

Los ingredientes (tomate, pimiento verde mallorquín y cebolla) no se cortan en rodajas ni en trozos grandes, sino en dados pequeños y homogéneos. El secreto tradicional consiste en trocear las verduras, aderezarlas y dejarlas reposar unos minutos antes de servir para que la sal y el aceite extraigan la marea o «juguillo» natural del tomate, creando un caldillo donde empapar el pan.

Si creciste en Mallorca, seguro que te acuerdas de las pulguitas de trempó envueltas en las míticas servilletas de papel en zig-zag (esas que limpiaban más bien poco). Supongo que, como no se manchaban, dejaban una presentación limpia y bonita. Yo las recuerdo en las mesas de celebraciones, y es en celebraciones donde yo también las preparo; siempre hay alguien que me felicita por recordarlas. Y tú, ¿las recuerdas?


Trempó mallorquín


El trempó no entiende de pesos exactos ni de básculas de precisión: se mide a ojo, ya que el tamaño de las hortalizas condiciona el resultado.

Ingredientes (para 4 personas):
3 pimientos verdes mallorquines (de carne clara) medianos o grandes
1 cebolla blanca dulce grande (o dos pequeñas)
2 tomates maduros grandes, carnosos y jugosos.
Un buen aceite de oliva o aceite de oliva virgen extra (al gusto).
Sal al gusto.

Elaboración:
Corta las hortalizas: Pica los pimientos, la cebolla y los tomates en dados pequeños y homogéneos.
Mezcla las verduras: Coloca todas las hortalizas troceadas en un cuenco amplio y remueve suavemente para integrar los colores.
Aliña el conjunto: Sazona con sal al gusto y riega generosamente con el aceite de oliva.
Deja reposar: Permite que la preparación descanse unos minutos antes de servir para que la sal extraiga el jugo natural del tomate y este se amalgame con el aceite.

Notas:
Si lo deseas, puedes enriquecer el trempó añadiendo garbanzos cocidos, bonito desmigado, sardinas en lata o aceitunas mallorquinas; o bien, como en esta ocasión, utilizarlo para rellenar tiernas pulguitas de pan.




Preguntas frecuentes (FAQ):

¿Por qué es tan importante usar el pimiento verde mallorquín y cuál es su sustituto en invierno?

El pimiento verde mallorquín es una variedad autóctona estival de tono verde claro (casi blanco), carne fina y tersa, y un sabor muy suave sin amargor. En invierno, al ser un producto de temporada, el sustituto tradicional y más común es el pimiento italiano, aunque hay quienes emplean este último todo el año por ser más económico.

¿Es necesario añadir vinagre al aliño del trempó?

No es obligatorio y depende del gusto de cada cual. En la tradición mallorquina existe una arraigada división: mientras algunos disfrutan del toque punzante del vinagre, muchos prefieren prescindir de él, pues consideran que la acidez natural del tomate maduro combinada con un buen aceite de oliva y sal es más que suficiente.

¿Por qué se debe dejar reposar el trempó unos minutos antes de servir?

El reposo de 5 a 10 minutos} permite que la sal extraiga los jugos naturales del tomate y las hortalizas. Este jugo se emulsiona de forma natural con el aceite de oliva, creando la marea o caldillo idóneo para mojar pan o acompañar el plato.


Pulguitas de pan rellenas de trempó envueltas en las servilletas zig-zag

Relato, receta, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Tomate frito casero

Julián y Nicolás eran gemelos y tenían una habilidad extraordinaria: podían convertir cualquier tarde tranquila en un desastre monumental en menos de cinco minutos.

Aquella mañana, su padre había dejado un examen de matemáticas sobre la mesa. Un examen corregido, con un enorme suspenso rojo en la primera página, parecía una mancha de tomate frito.

—Si mamá ve esto, nos quedamos sin bicicleta durante un mes —dijo Julián.

—Peor —respondió Nicolás—. Nos hará estudiar los domingos.

Los dos se miraron. No necesitaban más palabras.

Su plan era sencillo: cambiar el examen por uno nuevo, copiar las respuestas de un libro y devolverlo a su sitio antes de que nadie notara nada.

Todo iba bien hasta que su hermana pequeña entró en la habitación.

—¿Qué hacéis?

—Ciencias —contestaron al unísono.

Ella miró el papel, luego el libro abierto y, finalmente, las dos bicicletas apoyadas contra la pared.

—Ah. Pues papá está abajo. Dice que quiere hablar con vosotros sobre el examen.

Los gemelos palidecieron.

Bajaron las escaleras despacio, ensayando sus mejores caras de inocencia. Su padre los esperaba en el comedor con el examen en una mano y una sonrisa sospechosamente tranquila.

—Tengo una pregunta —dijo—. ¿Quién de los dos ha cambiado las respuestas?

—¡Él! —gritaron los dos, señalándose mutuamente.

Su padre levantó una ceja:

—Curioso. Porque este examen no es vuestro.

Silencio.

—Es el mío —añadió—. Lo encontré en un cajón de cuando tenía vuestra edad. Yo también suspendía matemáticas.

Los gemelos intercambiaron una mirada de alivio.

—Entonces… ¿no estamos castigados? —preguntó Nicolás.

—Todavía no. Pero, como sois tan buenos resolviendo problemas, vais a ayudarme a arreglar la bicicleta que habéis desmontado esta mañana.

Desde el garaje llegó un ruido metálico.

Su padre miró hacia la puerta:

—Por cierto, ¿qué habéis hecho con las piezas que sobraban?

Julián y Nicolás volvieron a mirarse. Esta vez, ninguno tenía un plan. Y aquella tarde, por primera vez en su vida, los dos gemelos desearon tener un examen de matemáticas.


Tomate frito casero con tomate pera y cebolla ajo y pimiento

Cartouche en la olla tapando el tomate frito cocinado


¿Qué es un cartouche y por qué no es lo mismo que una tapa?

Un cartouche es un disco de papel de horno o papel sulfurizado que se coloca directamente sobre la superficie de una preparación mientras se cocina. Se utiliza para regular la evaporación, conservar la humedad y evitar que se forme una película seca en la superficie de salsas, guisos o alimentos que necesitan una cocción suave.

Quizá te preguntes: ¿no hace lo mismo una tapa? No exactamente. Aunque ambas técnicas cubren la preparación, cada una permite controlar la humedad y la evaporación de una manera diferente.

La diferencia está en cómo cubren la preparación y cuánto vapor dejan escapar:
El cartouche: 
  • Contacto con la comida.  Se coloca directamente sobre la superficie de los alimentos o del líquido. 
  • Permite que escape parte del vapor y ralentiza la pérdida de humedad. 
  • Ayuda a evitar que se forme una película seca al limitar el contacto con el aire. 
  • Permite una reducción gradual sin exponer directamente la superficie al aire.
La tapa tradicional: 
  • Cubre la cazuela sin tocar directamente la preparación. 
  • Una tapa ajustada retiene más vapor y reduce la evaporación. 
  • La condensación puede volver a caer sobre la preparación, manteniendo húmeda la superficie. 
  • Favorece la retención de humedad y resulta útil cuando interesa conservar el líquido.
En resumen, utiliza una tapa cuando quieras retener la mayor parte de la humedad durante una cocción prolongada. Elige un cartouche cuando necesites mantener la superficie protegida, pero quieras permitir cierta evaporación para que el líquido se concentre poco a poco.

¿Dónde se utiliza esta técnica?

El cartouche forma parte de la cocina clásica francesa y resulta especialmente útil en preparaciones que requieren una cocción suave y controlada: frutas pochadas, verduras glaseadas, salsas, estofados y guisos de cocción lenta.

También puede incorporarse perfectamente a nuestro recetario tradicional: desde unas carrilleras o un fricandó hasta una salsa de tomate casera.

El cartouche en el tomate frito casero

En nuestra receta, el cartouche tiene varias ventajas. Al colocarlo directamente sobre el tomate, ayuda a mantener húmeda la superficie, reduce las salpicaduras y permite que la salsa se cocine lentamente mientras pierde parte de su agua.

No sustituye la vigilancia ni la reducción: conviene mantener un hervor suave y comprobar de vez en cuando que el tomate no se agarre al fondo.

¿Cómo saber si está listo? Observa la consistencia y prueba la salsa. Debe estar concentrada, sin exceso de agua y con el sabor del tomate bien desarrollado. Si el aceite comienza a separarse y aparece en pequeños regueros por los bordes, puede ser una señal de que la salsa ha reducido lo suficiente, aunque no es una prueba definitiva por sí sola.

Un gesto sencillo, heredado de la técnica francesa, que puede ayudarte a conseguir un tomate frito más uniforme, concentrado y sabroso.


Tomate frito casero 


Ingredientes:
  • 1 kg de tomates de pera muy maduros (rallados o triturados).
  • 4 o 5 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cebolla pequeña
  • 1 pimiento verde italiano pequeño
  • 2 dientes de ajo, todo picado finísimo
  • 50 - 75 ml de vino blanco seco (tipo Verdejo o Albariño)
  • 1 hoja de laurel grande o 2 pequeñas
  • Sal 
  • Una pizca de azúcar (solo si el tomate está muy ácido).
  • Una hoja de papel de horno o papel sulfurizado apto para cocinar

Elaboración con Cartouche:
  1. En una cazuela ancha, calienta el aceite de oliva a fuego medio-bajo. 
  2. Añade la cebolla, el pimiento verde y el ajo con una pizca de sal. 
  3. Cocina despacio durante quince a veinte minutos hasta que todo esté bien pochado.
  4. Sube el fuego a medio-alto, vierte el vino blanco y deja que evapore el alcohol durante dos o tres minutos.  
  5. Baja el fuego, incorpora el tomate triturado y la hoja de laurel. 
  6. Remueve bien para que se emulsione con el aceite del sofrito y espera a que empiece a burbujear. 
  7. Pon tu cartouche de papel (con su chimenea central cortada) directamente pegado a la superficie del tomate.
  8. Pon el fuego al mínimo. Deja que se cocine durante 45-60 minutos. Remueve de vez en cuando.
  9. Retira el papel y la hoja de laurel, prueba y rectifica de sal. Añade azúcar únicamente si la acidez resulta excesiva; no es un ingrediente obligatorio.
  10. Decide qué textura quieres para tu tomate frito. Si te gusta rústico, con pequeños trocitos de verdura, puedes dejarlo tal cual. Si prefieres una salsa fina y tradicional, pásala por el pasapurés. ¿Prefieres utilizar la batidora de mano? También es una buena opción. Tritura brevemente, con el cabezal siempre sumergido, para evitar incorporar demasiado aire. Un triturado prolongado puede aclarar el color de la salsa y darle una textura más espumosa. 
  11. Mi consejo: para conseguir un tomate frito fino, de color rojo intenso y textura sedosa, el pasapurés es una apuesta segura. Pero lo importante es que la salsa esté bien cocinada y reducida; el acabado final depende de tu gusto.


Notas:

  • Si quieres utilizarla como base para bacalao, tumbet, huevos fritos o albóndigas, esta versión funciona muy bien. 
  • Si buscas un tomate frito más concentrado, de sabor limpio y especialmente adecuado para conservar en la nevera o utilizar en otras recetas, reduciría la cantidad de cebolla y prescindiría del pimiento y del vino.


Paso a paso de cómo se hace un cartouche para ollas

Cartouche en la olla del tomate frito como tapa

tumbet mallorquín con lomo a la plancha y pan barra
Para el tumbet es ideal este tomate frito


Pregunta frecuente integrada (FAQ)

¿Cómo saber si el tomate es ácido y cómo corregirlo de forma natural?

Todos los tomates frescos contienen ácidos orgánicos, principalmente cítrico y málico. Su pH suele situarse aproximadamente entre 4 y 4,5, aunque varía según la variedad y el grado de madurez.

Pero, cuando cocinamos, no nos preocupa tanto el pH como el sabor: queremos una salsa en la que la acidez del tomate esté equilibrada, sin que resulte demasiado agria ni necesite un exceso de azúcar.

1. Antes de cocinar: elige un tomate maduro

  • Color: busca tomates de color intenso y bastante uniforme, característico de su variedad. Las zonas verdes pueden indicar una maduración incompleta, aunque el color por sí solo no determina la acidez.

  • Firmeza: debe ceder ligeramente al presionarlo con suavidad, sin estar blando ni presentar golpes.

  • Aroma: un aroma fresco y característico a tomate suele ser una buena señal de calidad y madurez.

2. Prueba el tomate en crudo

Cuando lo ralles o tritures, prueba una pequeña cantidad. Si predomina un sabor agrio y penetrante, probablemente necesitarás más cuidado al equilibrar la salsa. Si encuentras un sabor afrutado y ligeramente dulce, la percepción de acidez puede resultar más agradable.

Recuerda que la acidez y la astringencia no son lo mismo: la primera se percibe como un sabor agrio; la segunda, como una sensación de sequedad o aspereza en la boca.

3. Durante la cocción: deja que el sabor evolucione

A medida que el tomate se cocina y pierde agua, los sabores se concentran. La cebolla pochada aporta dulzor y profundidad, y una cocción suave ayuda a desarrollar los aromas de la salsa.

El cartouche, colocado directamente sobre la superficie, permite una cocción uniforme y limita las salpicaduras. Sin embargo, no neutraliza químicamente la acidez. A partir de los 40-45 minutos, prueba la salsa y decide si necesita algún ajuste; el tiempo dependerá de la cantidad de agua del tomate y de la consistencia que busques.

Un consejo de ciencia culinaria: cómo corregir la acidez

El azúcar no elimina los ácidos del tomate, pero puede suavizar su percepción al equilibrar el sabor. Si la salsa está bien cocinada y sigue resultando demasiado agria, puedes añadir una pizca pequeña de azúcar, probar y ajustar solo si es necesario.

Otra posibilidad es utilizar una cantidad mínima de bicarbonato sódico. Este reacciona con parte de los ácidos y eleva el pH, pero debe usarse con mucha moderación: un exceso puede alterar el sabor y la textura. Añádelo poco a poco, deja que termine la efervescencia y vuelve a probar.

Mi consejo: empieza por un tomate bien maduro, cocina lentamente y prueba antes de corregir. En un buen tomate frito, el objetivo no es eliminar toda la acidez, sino conseguir que el tomate, el aceite y las verduras formen una salsa equilibrada.

Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day. 

 

Tarta de chocolate

Cada día salía de casa para dar un paseo por el barrio. Me gustaba caminar sin prisa: saludar a Grace, que tenía una pequeña tienda en una de las calles tranquilas de River North; esquivar a los chicos que salían de clase; ayudar al señor Henry, demasiado sordo y casi ciego para cruzar la calle solo, y sentarme un rato en el Riverwalk a contemplar el río Chicago.

Después me dirigía a The Little Corner, un pequeño café y pastelería escondido entre edificios antiguos y modernos. Por las mañanas se llenaba de gente con prisas por un café y algo dulce antes de empezar la jornada; por la tarde, en cambio, se volvía un rincón sosegado y acogedor, perfecto para quienes buscábamos una pausa antes de volver a casa. Allí me esperaba Claire: menuda, risueña y con unos ojos que cortaban la respiración a cualquiera que se detuviera a mirarla. Siempre regalaba una sonrisa, incluso a quienes iban demasiado rápido como para devolverle el saludo.

Y allí estaba yo, sentado junto a la ventana, viendo el ajetreo ajeno y aliviado de no formar parte de esa vorágine, cuando apareció ella con su magia habitual. Llevaba algo entre las manos, cubierto por un paño delicado. Me miró con picardía.

—I'll give you some if you can guess what it is… —siempre conseguía hacerme sonreír.

—¡Mmm! ¿Una calabaza? —pregunté divertido.

—Nope! —negó ella.

—¿Le has quitado el sombrero al señor Henry? —bromeé.

—No way! —exclamó entre risas.

—De acuerdo, me rindo —dije al fin.

—Oh, come on! Chocolate cake for you! —anunció al retirar la tela.

Debajo apareció una tarta de chocolate espléndida, tan dulce como su mirada y tan perfecta como solo ella sabía prepararla. Si alguna vez visitas Chicago, búscala, déjate envolver por su magia y déjate mirar por sus ojos. Siempre sabrá cómo sorprenderte.


Tarta de chocolate de dos pisos con ganache de chocolate negro y virutas

Tarta de chocolate casera con bizcocho húmedo de dos capas



La historia de la tarta de chocolate comenzó a consolidarse en 1764, cuando el doctor James Baker y un molinero descubrieron cómo moler las habas de cacao con grandes piedras de molino mecánicas, obteniendo una pasta y un polvo de cacao más accesibles para la población. Hasta ese momento, el chocolate se consumía en Europa principalmente como bebida exclusiva de las clases altas, costumbre extendida tras la llegada del cacao americano a España. Pese a este avance, la repostería tardó décadas en integrar el cacao directamente en las masas horneadas, limitándose al principio a rellenos o coberturas líquidas.

Un hito fundamental para la repostería fina ocurrió en Viena en 1832, cuando el joven aprendiz Franz Sacher creó la célebre tarta Sacher (Sachertorte). Ideada para agasajar al príncipe Klemens von Metternich, consistía en un bizcocho denso de chocolate con mermelada de albaricoque y un glaseado firme de chocolate negro. Este postre causó sensación en las cortes europeas, aunque distaba del concepto de tarta casera y esponjosa que se popularizaría más adelante. El verdadero punto de inflexión técnico llegó en 1847 en los Estados Unidos, cuando la autora culinaria Eliza Leslie publicó la primera receta impresa de un pastel de chocolate en su libro The Lady's Receipt-Book. Aquella versión pionera consistía en un bizcocho claro que simplemente llevaba trozos de chocolate picado repartidos por la masa.

La evolución hacia el postre húmedo, tierno y oscuro que conocemos hoy culminó a finales del siglo XIX. En 1879, el chocolatero suizo Rodolphe Lindt inventó el proceso de conchado (agitar, calentar y airear continuamente la pasta de chocolate durante horas o días para lograr una textura suave y eliminar la acidez indeseada), un método de refinado que permitía obtener un chocolate mucho más sedoso y fácil de fundir para emulsionar con la harina y la mantequilla. 

A partir de 1886, los recetarios norteamericanos estandarizaron la adición de chocolate fundido y cacao en polvo directamente en la masa. El abaratamiento de los procesos industriales y la popularización de impulsores químicos, como el bicarbonato sódico o la levadura química, permitieron que los hogares adoptaran este dulce como el postre insignia de cumpleaños y celebraciones a partir de la década de 1890. Durante los años treinta del siglo XX, recetas emblemáticas e intensas como el pastel Devil's food ('comida del diablo') consolidaron definitivamente la identidad de este icono de la gastronomía mundial.
Tengo que decir que es mi preferida; bueno, una de ellas. Además, es perfecta para cumpleaños: el hecho de que sea de dos pisos, con una ganache untuosa que la envuelve y una decoración sencilla, la hace irresistible, ¿no crees?

Actualizada 2026.

Tarta de chocolate de dos pisos con ganache — receta de cumpleaños


2 moldes redondos de 20 cm de diámetro

Ingredientes de los bizcochos:
  • 200 g harina de repostería
  • 90 g azúcar blanco
  • 90 g azúcar moreno o panela
  • 60 g cacao en polvo sin azúcar
  • 6 g (1 cucharadita y media) levadura en polvo
  • 6 g (1 cucharadita y media) bicarbonato sódico
  • 2-3 g (1/2 cucharadita rasa) sal
  • 1 sobre de café instantáneo
  • 2 huevos grandes
  • 200 ml leche
  • 100 ml aceite suave
  • 1 cdta. y media de extracto de vainilla
  • 180 ml agua hirviendo

Elaboración:
  1. Tamiza en un bol amplio los ingredientes secos.
  2. Mezcla brevemente con las varillas de mano.
  3. Añade los ingredientes líquidos a los secos.
  4. Bate a mano hasta que no queden grumos secos.
  5. Reparte la masa a partes iguales en los dos moldes de 20 cm previamente engrasados y con papel en la base.
  6. Hornea a 175°C (calor arriba y abajo sin ventilador) durante 25-30 minutos. Comprueba con un palillo en el centro antes de retirar.

Ganache de chocolate negro para relleno y cobertura


Ingredientes
  • 300 g chocolate para postres
  • 300 ml nata para montar (35% M.G.)
  • 50 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente

Elaboración
  1. Trocea el chocolate y colócalo en un bol amplio.
  2. Vierte la nata hirviendo sobre el chocolate troceado, remueve hasta integrar y añade la mantequilla en dados hasta que se funda.
  3. Cubre el bol con film transparente en contacto con la superficie (a piel) y déjalo en la nevera un mínimo de 4 a 6 horas (o de un día para otro) para que la grasa cristalice bien.
  4. Bate con varillas eléctricas a velocidad media durante 1 o 2 minutos.
  5. En cuanto coja cuerpo y haga picos suaves, para inmediatamente (si te pasas de batido, la grasa se puede cortar).

Una vez que los bizcochos estén fríos y hayan reposado sobre una rejilla de repostería, corta la parte superior si ha quedado algo de copete para nivelarlos. Esparce parte de la ganache sobre una de las bases; la cantidad es orientativa, pero ten en cuenta que debe sobrarte suficiente para cubrir el exterior. Coloca el otro bizcocho encima, dejando el relleno en el medio, y extiende el resto de la ganache por toda la superficie y los laterales hasta que la tarta quede cubierta por completo. Si lo deseas, decora con virutas de chocolate o con lo que prefieras. Refrigera hasta que la tengas que servir.

Si te gusta mucho el chocolate puedes disfrutar en Circus day de bizcochos, galletas y crinkles.




Preguntas frecuentes

¿Para qué sirve el café instantáneo en la tarta de chocolate?

El café no aporta sabor a café — actúa como potenciador del sabor del cacao. El chocolate y el café comparten compuestos aromáticos que se complementan y al añadir café instantáneo a la masa el sabor a chocolate se intensifica notablemente sin que el lector detecte el café. Es el truco de los mejores pasteles de chocolate profesionales.

¿Por qué la ganache necesita reposar en nevera 4-6 horas?

Porque la grasa de la nata y el chocolate necesita tiempo para cristalizar y adquirir la consistencia correcta para montar. Si intentas batirla antes de ese reposo estará demasiado líquida y no cogerá cuerpo. Con el reposo correcto basta con 1-2 minutos de batido para conseguir una ganache firme, sedosa y perfecta para cubrir la tarta.

¿Se puede hacer la tarta de chocolate en un solo molde?

Sí, aunque el resultado visual es diferente. Con un solo molde de 20 cm obtienes un bizcocho más alto que puedes partir en dos capas con un cuchillo de sierra. La ventaja de los dos moldes es que los bizcochos quedan más uniformes y no hay que cortar. En cualquier caso, espera siempre a que estén completamente fríos antes de montar la tarta para que la ganache no se funda.



Tarta de chocolate cubierta de ganache con nata para cumpleaños


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Tarta de chocolate

Aquí me tienes, sentada delante del micrófono, intentando «arreglar» la vida amorosa de los oyentes... mientras la mía rueda cuesta abajo desde ayer.

¡Ayer! (Suspiro). Un día en el que me levanté poderosa, ágil, guapa... en fin, feliz, para resumir; llena de power of love. Tenía un brillante anillo en el dedo anular de la mano izquierda, la organización de la boda lista para ponerse en marcha y un novio de película. Así empezó mi mañana... antes de que todo se torciera.

Cuando esa mujer cruzó la puerta de la emisora, pensé que era la organizadora de eventos. Hubiera jurado que se trataba de la persona que iba a encargarse de mi boda y, a decir verdad, nadie me sacó de mi error. Así que la agarré del brazo, la llevé casi en volandas a mi despacho y la abrumé con un alud de detalles sobre lo que quería y lo que no, sin que ella dijera ni pío. Lo único que noté fue que, en un momento dado de mi monólogo, su boca dibujó un rictus extraño.

Desde luego, hablar de la futura suegra sin conocerla —aunque en mi cabeza ya me había hecho mi propia idea— no ayudó a que las cosas salieran bien. ¿Qué suegra que se precie se niega a conocer a su nuera hasta el último momento, eh?

Ahora solo me recuerdo vagamente de pie junto a la mesa, con ella acomodada en mi silla. Yo, observándola con aplomo y, por qué no decirlo, con cierto desdén; ella, con la sonrisa cada vez más torcida. Cuando mi prometido entró en la sala y soltó:

—Ah, veo que ya has conocido a mi madre...

...me quise morir. (Imagíname practicándome el harakiri a lo samurái: pues exactamente así me sentí).

¡En fin! —y nunca mejor dicho—, tras aquel monumental enfado del «niño de mamá», no quiso volver a verme. Se llevó mi anillo y yo me pasé lo que restaba de día descendiendo directamente al infierno desde mi nube.

Y aquí me tienes, otra vez, sentada delante del micrófono, intentando «arreglar» la vida amorosa de los oyentes...


Bizcocho de chocolate y fresas entre el cielo y el infierno



Chocolates Valor me invitó a participar en el #ChocolateChallenge2. Aunque no resulté ganadora, mi propuesta es una auténtica tentación que no necesita demasiadas explicaciones: el algodón de azúcar representa la nube del «cielo» y las fresas de la tarta evocan las llamas del «infierno». Y tú, si lo pruebas, ¿cuál de tus instintos dejarás que despierte primero?

Clasificación gastronómica y técnica:
  • Tarta fraisier de autor (versión de chocolate y fresa): Sigue la estructura clásica de la fraisier francesa, mostrando el corte lateral de las fresas frescas dispuestas simétricamente alrededor del molde.
  • Entremets / Tarta moussina o diplomática: Una elaboración por capas que combina un bizcocho genovés de cacao, crema diplomática de chocolate, fresas naturales y un mousse o cobertura de gelatina de fresa en la superficie.
  • Pastelería conceptual y de diseño: Incorpora elementos de azúcar soplado/hilado (caramelo hilado o avellanas garrapiñadas con picos de caramelo) y una estructura aérea de algodón de azúcar que simula nubes.


Actualizada 2026.


Tarta de chocolate entre el cielo y el infierno


La genovesa de cacao:
  • 3 huevos tamaño 
  • Una pizca de sal
  • 105 g de azúcar
  • 30 g de mantequilla
  • 80 g de harina 
  • 25 g de cacao puro sin azúcar

La crema diplomática de chocolate:
  • 2 hojas de gelatina 
  • 250 ml de leche
  • 1 vaina de vainilla
  • 2 yemas de huevo
  • 50 g de azúcar
  • 25 g de harina de trigo
  • 70 g de chocolate a trocitos pequeños
  • 200 g de nata para montar

La gelatina de fresas:
  • 200 g de fresas
  • 75 g de azúcar
  • 6 g de gelatina neutra (1 sobre)

Las avellanas caramelizadas:
  • 340 g de azúcar
  • 90 ml de agua
  • 1 cda. de jarabe de maíz blanco
  • 15 avellanas tostadas sin piel
  • 15 palillos de madera
  • Celo
  • Hojas de periódico
  • Tijera

Otros ingredientes:
  • 10 fresas
  • Licor de Cointreau o almíbar de calar
  • Azúcar para hacer algodón de azúcar

Utensilios:
  • Molde 16 centímetros de diámetro
  • Film transparente
  • Manga pastelera desechable
  • Máquina para hacer algodón de azúcar

Plancha bizcocho Genovesa de cacao:
  1. Funde la mantequilla y reserva. 
  2. Precalienta el horno a 180 ºC.
  3. Separa las claras de las yemas y reserva las yemas. 
  4. Pon las claras en la batidora y añade una pizca de sal. 
  5. Comienza a batir hasta que empiecen a estar espumosas, en este momento añade el azúcar poco a poco y continua batiendo hasta que queden montadas a punto de nieve. 
  6. Añade las yemas y mezcla con suavidad para evitar que las claras pierdan aire. 
  7. Vierte poco a poco la mantequilla en el recipiente donde tienes la preparación y mezcla con mucha suavidad. 
  8. Tamiza la harina y el cacao sobre la preparación y mezcla con movimientos envolventes de abajo arriba hasta integrarlo por completo.
  9. Forra una bandeja de horno con papel de horno y vierte la preparación. 
  10. Extiende con una espátula y hornea durante 10 minutos. 
  11. Deja enfriar. 
  12. Reserva.

Crema diplomática de chocolate:
  1. Moja la gelatina en un recipiente con agua helada durante unos minutos hasta que se ablanden. 
  2. Escurre la gelatina para eliminar el exceso de agua. 
  3. Raspa la vaina de vainilla para extraer las semillas del interior y pon la leche en un cazo junto con las semillas. 
  4. Lleva a ebullición. 
  5. Pon en el cuenco de la batidora las yemas y el azúcar, bate hasta blanquear. 
  6. Tamiza la harina y añádela al cuenco. 
  7. Mezcla hasta que quede suave. 
  8. Vierte poco a poco la mitad de la leche en el cuenco y mezcla hasta que no queden grumos. 
  9. Pasa la mezcla por un colador y vuelve al cazo con la leche restante. 
  10. Lleva al fuego y remueve hasta que empiece a hervir, baja el fuego y cocina hasta que espese. 
  11. Añade los trozos de chocolate hasta que se fundan y seguidamente la gelatina. 
  12. Vierte en un cuenco y deja enfriar. 
  13. Remueve ocasionalmente. 
  14. Una vez frío, monta la nata y añádela a la mezcla. 
  15. Pon en la manga pastelera cerrada y guarda en el frigorífico hasta su utilización.

Gelatina de fresas:
  1. Hidrata la gelatina en un poco de agua fría.
  2. Tritura las fresas y el azúcar con la batidora. 
  3. Cuela para quitarle las semillas e impurezas y calienta el puré obtenido en un cazo. 
  4. Añade la gelatina al puré de frutas caliente. 
  5. Remueve hasta que la gelatina esté totalmente disuelta y retírala del fuego. 
  6. Deja enfriar.

Montaje de la tarta:
  1. Corta un disco de genovesa de 16 cm. 
  2. Forra los bordes y la tapadera de nuestro molde con film transparente. 
  3. Pon dentro y abajo el disco de genovesa de chocolate. 
  4. Pon en un cuenco un poco de licor de Cointreau o almíbar de calar y pincela la base de la genovesa. 
  5. Escudilla con la manga pastelera el lado del molde con la crema diplomática. 
  6. Corta las fresas reservadas por la mitad y colócalas, rodeando el molde, con la mitad plana en el borde del molde. 
  7. Rellena con el resto de crema y fresas el centro del molde hasta que queden tapadas completamente y la parte superior del molde totalmente plana. 
  8. Reserva en el frigorífico.
  9. Cuando la gelatina esté fría vierte sobre la crema diplomática. 
  10. Al haberse enfriado endurece un poco y no traspasa. 
  11. Mira que la gelatina quede plana y bien repartida sobre el molde. 
  12. Enfría. 
  13. Una vez solidificada tapa con film transparente y reserva en el frigorífico.

Avellanas caramelizadas:
  1. Introduce suavemente un palillo de madera en cada avellana girando suavemente con la punta. 
  2. Pon las hojas de periódico en el suelo, justo debajo de la encimera en donde colocarás las avellanas. 
  3. Corta trocitos de celo y sitúalo para cogerlo fácilmente. 
  4. En un cazo al fuego disuelve el azúcar, el jarabe y el agua, removiendo constantemente hasta que el azúcar se disuelva. 
  5. Baja el fuego y deja que el caramelo se vuelva de color ámbar oscuro. 
  6. Quita del fuego y pon sobre una fuente con hielo para que baje la temperatura y se espese un poco. 
  7. Enseguida que bañes en el caramelo una avellana y el goteo se desliza hacia abajo, corta y coloca con el celo en el filo de la encimera asegurándote que cae sobre las hojas de periódico. 
  8. Continua con todas las avellanas. 
  9. Si se endurece pronto, calienta un poco para terminar de bañar todas las avellanas. 
  10. Déjalas enfriar.  
  11. Una vez frías, corta un poco con un tijera, si hiciera falta, las hebras del caramelo. 
  12. Y con cuidado saca el palillo de madera. 

Algodón de azúcar:
  1. Pon una cucharada de azúcar en la máquina de algodón de azúcar y enciéndela. 
  2. Cuando la máquina esté caliente empieza a sacar las hebras de algodón que recogerás con un palo.

Montaje final:
  1. Saca la tarta del molde con cuidado. 
  2. Deposita las avellanas caramelizadas con las puntas hacía arriba en el centro de la tarta. 
  3. Y sobre las puntas el algodón de azúcar. 

Nota: 
Si no tienes máquina de algodón de azúcar, comprar el algodón hecho. 


Collage del paso a paso del bizcocho de chocolate entre el cielo y el infierno

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Cómo se consigue que los picos de caramelo de las avellanas queden erguidos y perfectos?

El truco reside en controlar la viscosidad del caramelo. Tras alcanzar el tono ámbar oscuro, es fundamental enfriar brevemente la base del cazo sobre hielo para frenar la cocción y espesar la mezcla. Al sumergir la avellana clavada en el palillo y suspenderla boca abajo desde el borde de la encimera, la gravedad creará esa fina hebra alargada que se solidifica al instante en el aire.

¿Por qué se añade gelatina a la crema diplomática y cómo influye en el corte de la tarta?

La crema diplomática tradicional es una combinación de crema pastelera y nata montada. Al incluir gelatina, garantizamos que la crema adquiera la firmeza estructural necesaria para sostener las mitades de fresa en las paredes del molde y soportar el peso de la gelatina de fruta superior, asegurando un corte impecable y limpio sin que el relleno se desmorone.

¿Con qué antelación se deben colocar las avellanas caramelizadas y el algodón de azúcar sobre la tarta?

Ambas decoraciones son extremadamente sensibles a la humedad. Tanto las hebras de caramelo como el algodón de azúcar deben colocarse justo en el momento de servir. Si se introducen en la nevera o se montan con demasiada antelación, el algodón de azúcar se disolverá al contacto con la humedad de la gelatina de fresa y las hebras de caramelo perderán su firmeza.

¿Qué técnica garantiza que el patrón lateral de fresas quede perfectamente alineado y vistoso al desmoldar?

Es indispensable forrar el interior del molde con film transparente (o tira de acetato repostero) y presionar firmemente la parte plana de cada media fresa contra la pared antes de escudillar la crema diplomática. La crema debe rellenar todos los huecos entre fruta y fruta con la manga pastelera para evitar que se formen burbujas de aire visibles al retirar el aro.


Tarta mousse de chocolate con fresas avellanas caramelizadas y nube de algodón


Relato, fotos, vídeo y receta @catypol - Circus day.

Tarta Tatin

En el Hotel Tatin, el aire olía a la desesperación de Stéphanie Tatin, la hermana encargada de los fogones. Mientras su hermana Caroline recibía a marqueses y magnates del ferrocarril con una sonrisa perfecta, la cocina era un auténtico caos. Aquella tarde de domingo, el comedor estaba a rebosar de comensales impacientes que esperaban una suculenta cena.

—¡Stéphanie, los señores de París tienen prisa! —gritó Caroline desde la puerta.

Presa del pánico, Stéphanie reparó en un detalle fatal: las manzanas se estaban caramelizando demasiado en la mantequilla y el azúcar, pero se había olvidado por completo de poner la masa en el fondo del molde.

—¡Por todos los santos! —exclamó—. Ya no hay tiempo para empezar de nuevo.

En un acto de desesperación culinaria, agarró la masa y la lanzó sobre las manzanas. «Que se cocine al revés —pensó—; si preguntan, diré que es la última moda en Versalles».

Cuando sacó la sartén del horno, le dio la vuelta al invento con un movimiento digno de un acróbata de circo. El resultado era un desastre glorioso. Al llevarlo al comedor, un influyente senador de Orleans clavó su tenedor en la tarta. El silencio en la sala fue absoluto.

El senador se limpió el bigote con la servilleta y exclamó:

—¡Sacrebleu! Stéphanie, esta tarta «del revés» es extraña, ¡pero sabe a gloria!


Tarta tatin de Yotam Ottolenghi con patatas y tomates

Tarta tatin de Yotam Ottolenghi de patatas y queso de cabra


[RETO COOKING THE CHEF]

La inspiración culinaria de Yotam Ottolenghi proviene de sus profundas raíces mediterráneas y de un amor incondicional por los ingredientes. Aunque él no sea vegetariano, su enfoque en la cocina es completamente original e innovador: se basa en sabores intensos y en combinaciones asombrosas y refrescantes.

Chef de profesión, israelí de nacimiento y obsesionado con enriquecer el mundo desde sus fogones, Ottolenghi ha transformado la forma de comer de la clase media. A sus 44 años, la influencia que ejerce en los hábitos alimenticios del Reino Unido es enorme, aunque durante un tiempo su nombre apenas sonara en España. Sin embargo, tras su viaje por diversas islas mediterráneas, la cultura culinaria de Mallorca lo conquistó por completo y se ha convertido en uno de sus mejores embajadores.

«No conocía mucho las islas mediterráneas, pero tenía bastantes expectativas. Antes de llegar a Mallorca tenía el prejuicio de que todo sería demasiado turístico y de que me costaría encontrar la auténtica cocina local. Sin embargo, me sorprendió gratamente la gastronomía de la isla, que es realmente especial», aseguró el chef en una entrevista concedida al diario británico The Times.

Teniendo la oportunidad de hablar sobre Yotam Ottolenghi, no iba a dejar pasar la ocasión de recordar su opinión sobre su estancia en Mallorca. En su honor, he utilizado patató mallorquín (nuestras patatas baby), que empleamos sobre todo en las comidas navideñas para acompañar diversas carnes o pescados. Como bien sabéis, hoy toca la receta que nos proponen desde el reto Cooking the Chef, en el que participo muy feliz, ya que es un cocinero que me apasiona.

En esta ocasión, he preparado una tarta de su libro El gourmet vegetariano. ¡Sencillamente deliciosa!

Actualizada 2026.


Tarta Tatin sopresa



Ingredientes para 4:
  • Molde para pastel de 22 cm. diámetro
  • 200 g de tomates cherry
  • 2 cdas. de aceite de oliva
  • 500 g de patatas baby con la piel (Patató mallorquí)
  • 1 cebolla grande cortada en rodajas finas
  • 40 g de azúcar
  • 10 g de mantequilla
  • 3 ramitas de orégano
  • 150 g de queso de cabra curado en lonchas
  • 1 lámina de masa de hojaldre
  • Sal y pimienta negra

Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 130 ºC 
  2. Corta los tomates por la mitad y colócalos sobre papel de horno con la parte de la piel hacia abajo. 
  3. Rocíalos con aceite de oliva y salpimienta. 
  4. Hornea durante 45 minutos.
  5. Cocina las patatas en agua hirviendo con sal durante 25 minutos. 
  6. Escurre y deja enfriar. 
  7. Corta la parte superior e inferior de cada patata y, a continuación, córtalas en rodajas de 2 centímetros de grueso.
  8. Pocha la cebolla con el aceite y un poco de sal durante 10 minutos, o hasta que empiece a estar dorada.
  9. Cuando tengas todas las verduras preparadas, unta un molde para pastel de 22 centímetros de diámetro con un poco de aceite y fórralo con papel de horno. 
  10. En un cazo pequeño, calienta a fuego vivo el azúcar y la mantequilla, sin dejar de remover con una cuchara de madera, hasta obtener un caramelo oscuro. 
  11. Con cuidado, vierte el caramelo en el molde e inclínalo para que se reparta por la base. 
  12. Esparce las hojas de orégano sobre el caramelo.
  13. Coloca en la base del mode las rodajas de patata muy juntas, con el lado cortado hacia abajo. 
  14. Entre los huecos que queden entre las patatas, reparte la cebolla y los tomates y salpimienta generosamente. 
  15. Dispone las lonchas de queso sobre las patatas hasta cubrirlas. 
  16. Corta un círculo de la masa que sea 3 centímetros más grande que el molde. 
  17. Dispone la masa sobre el relleno y mete el borde dentro del molde cubriendo completamente las patatas. 
  18. De este modo, puedes conservar la tarta en la nevera hasta 24 horas.
  19. Precalienta el horno a 200 ºC
  20. Hornea la tarta durante 25 minutos y entonces baja la temperatura a 180 ºC
  21. Hornea 15 minutos más o hasta que la masa esté cocinada. 
  22. Retira del horno y deja enfriar sólo 2 minutos. 
  23. Coloca un plato invertido sobre el molde y, con cuidado, dale la vuelta. 
  24. Retira el molde y sirve la tarta caliente o templada.


Tarta tatin con hojadre y patatas de Yotam Ottolenghi


Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es crucial desmoldar la tarta solo 2 minutos después de sacarla del horno?

El tiempo de reposo es clave: si se desmolda inmediatamente, el relleno estará demasiado fluido y la estructura se desmoronará; por el contrario, si se espera demasiado, el caramelo de la base se enfriará y quedará pegado al papel, impidiendo que la tarta se desprenda limpia.

¿Se puede utilizar otro tipo de queso en lugar de queso de cabra curado?

Sí, se pueden utilizar opciones como queso manchego curado, feta desmenuzado, queso de Mahón o incluso gorgonzola si se busca un matiz potente que contraste con la dulzura del caramelo y la cebolla pochada.

¿Cómo influye el uso del patató mallorquín en el resultado final?

El patató es una patata pequeña de carne firme y textura cremosa que absorbe perfectamente los jugos del caramelo y la mantequilla sin deshacerse durante el horneado, aportando la consistencia idónea para sostener el hojaldre.


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