Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Sandwich libro

Había quedado con unos amigos para ir a la biblioteca. Mientras esperaba, sentada en la escalera de la entrada, admiraba la puerta de enfrente. Preciosa: roja, con un arco de madera moldurada en la parte superior, robusta y visiblemente antigua. Los años, la intemperie y tantas manos que la empujaron la habían envejecido con gracia, dejándola encajada en su marco como si estuviera allí solo para que el mundo la admirase. O, al menos, eso me gustaba pensar a mí.

No sabía quién vivía allí —si un vecino solitario o una familia entera—, así que recurrí a la imaginación para poblar el misterio. En esa casa vive una pareja de diseñadores: ella, de moda; él, de interiores. La puerta da paso a un recibidor blanco, minimalista pero acogedor, salpicado por los tonos cálidos que se escapan de un imponente lienzo de aire renacentista.

Ella es pelirroja, de ojos verdes y silueta esbelta, de esas mujeres capaces de lucir con soltura vestidos imposibles que al resto nos quedarían como un disfraz. Él es moreno, de mirada oscura y mandíbula marcada; quizá no tan atlético como desearía, pero disciplinado: solo rompe la rutina una vez por semana con un buen sándwich y una copa compartida con los compañeros de la oficina.

Justo cuando empezaba a elucubrar sobre cómo sería su convivencia, aparecieron mis amigos a lo lejos agitando los brazos para apurarme. Y así, de golpe, la ensoñación se disolvió ante la realidad. Pero tú no tienes prisa: puedes seguir imaginando.


Sandwich librito relleno de jamón y queso o aguacate



La historia de la tortilla de maíz comenzó hace más de 3000 años en Mesoamérica, donde el maíz era un grano sagrado que los mayas asociaban con la creación misma del ser humano. Para hacerlo digestible y nutritivo, las civilizaciones prehispánicas desarrollaron el proceso de nixtamalización, cociendo el grano en agua con cal para desprender su cascarilla, liberar la niacina y poder molerlo en el metate. La masa resultante se palmeaba a mano para formar discos delgados llamados tlaxcalli, los cuales se cocían sobre un comal de barro y servían a la vez como sustento primordial y como cubierto comestible.

Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, los europeos rebautizaron este alimento como «tortilla» por su semejanza formal con las tortas redondas de su tierra natal. Aunque intentaron imponer el cultivo de trigo para la elaboración de pan, la tortilla de maíz resistió y se erigió en el eje indiscutible de la cocina mestiza, armonizando a la perfección con los nuevos ingredientes cárnicos y los quesos traídos de ultramar. Ya en el siglo XX, el oficio dio un salto cualitativo con la invención de las primeras máquinas tortilladoras mecánicas y la patente de la harina de maíz nixtamalizada, avances que estandarizaron su producción y permitieron que este icono de la gastronomía mexicana conquistara mesas en todo el planeta.

Pasó el Día del Libro, lo sé, e incluso el Día de la Madre —que tampoco viene nada mal para regalar lecturas—, pero ahora llega el tiempo de pícnic, las escapadas a la playa o las fiestas a gogó. Así que pensamos que un sándwich encaja en cualquier ocasión tanto como un buen libro: ¿por qué no unir ambos conceptos? En Circus day nos hemos propuesto que a estos no los leas, sino que te los comas, literalmente.

Pintas la portada como se te antoje: puedes escribir mensajitos o estampar sellos que te molen, y después pasas al relleno. ¿Que a tu chico le pirran los pepinillos? Pues escúrrelos bien y dale forma a tu obra literaria. ¿Que a los niños les tiran los clásicos? ¡Cuéntales un cuento! Sigue tu instinto y crea una colección que se convertirá en la auténtica atracción de la fiesta.

Actualizada 2026.


Sandwich libro


Ingredientes:
  • Tortillas de trigo 
  • Aguacate
  • Nueces
  • Sal y pimienta y unas gotas de limón para el aguacate
  • Queso para untar
  • Salmón ahumado
  • Queso en láminas
  • Jamón York
  • Rotuladores o colorantes alimentarios
Elaboración:
  1. Con un cutter o un cuchillo afilado y una regla corta las tortillas en rectángulos (si cortas rectángulos pequeños puedes hacer mini libros para tomar con el té). 
  2. Pinta la portada derecha del rectángulo y el lomo con el dibujo, mensaje o sello que más te guste, usando para ello rotuladores o colorantes alimentarios. 

Libritos:
- Libro de guacamole: 
Rellena el interior del rectángulo con guacamole y ciérralo como si fuera un libro.
 
- Libro de salmón y queso: 
Unta el interior con queso de untar y coloca encima unas lonchas de salmón ahumado. 
 
- Libro mixto: 
Coloca una loncha de queso y otra de jamón dulce en el interior. Si prefieres el queso caliente, caliéntalo unos segundos en el microondas antes de añadir el jamón.


Notas: 
  • Si no vas a comerlos en el momento, envuelve los “libros” con film transparente y refrigéralos hasta su consumo.
  • Con los restos de las tortillas podemos freírlos o los horneamos hasta quedar crujientes si los espolvoreamos con especias nos aportará un toque de sabor o si preferimos dulce con un poco de azúcar.



Paso a paso de la elaboración de los sandwiches libritos


Preguntas frecuentes

¿Por qué se utilizan tortillas de trigo para formar los «libros» en lugar de láminas de pan de molde?

Las tortillas de trigo cocidas presentan una estructura fina, continua y sin porosidades abiertas, lo que proporciona una superficie lisa y uniforme similar a la cartulina o al cuero de una encuadernación. Esta textura permite doblar la pieza por la mitad para simular el lomo del libro sin que la masa se quiebre ni se desmigue, además de ofrecer un soporte seco y plano sobre el que dibujar con rotuladores alimentarios sin que la tinta se expanda o se difumine por capilaridad.

¿Por qué es fundamental añadir unas gotas de limón al relleno de aguacate si los libritos no se consumen de inmediato?

Al triturar o cortar la pulpa del aguacate, la enzima polifenol oxidasa entra en contacto con el oxígeno del aire, iniciando una reacción de pardeamiento enzimático que vuelve la crema oscura y visualmente poco apetecible. El ácido cítrico del limón actúa como un antioxidante natural reduciendo el pH del medio, lo que frena la actividad de esta enzima y preserva tanto el color verde vivo como el frescor del relleno mientras los aperitivos reposan refrigerados.

¿Qué precauciones conviene tener con la tinta de los rotuladores comestibles al refrigerar los sándwiches envueltos en film?

La mayoría de los colorantes alimentarios son hidrosolubles y muy sensibles a la condensación. Al enfriar las tortillas en el frigorífico envueltas en film transparente, la humedad residual de los rellenos puede evaporarse y condensar contra el plástico, emborronando los trazos de la portada o el lomo. Para garantizar un acabado nítido, conviene dejar secar el dibujo al aire un par de minutos antes de montar el relleno y procurar no presionar el film directamente contra la cara ilustrada.


Sandwiches en forma de librito de varios rellenos

Relato, fotografías y vídeo @catypol - Circus day blog.

Sandwich Calas

La recuerdo sentada junto a la chimenea; esa estampa de invierno es la que con más fuerza sobrevive en mi memoria después de tantos años. Me hablaba de su pasado, de un tiempo revuelto y gris, violento y pobre. Yo era inconscientemente curiosa y preguntaba sin entender muy bien de sentimientos: quería llegar a imaginar cómo habría sido su vida, y eso, sin marcas en el corazón, es imposible. Sus relatos eran conmovedores, aunque callaba más de lo que contaba, detalle que comprendí mucho más tarde. Yo era su «descendiente» e iba a la escuela con otros «descendientes»; jamás hubo una desavenencia: era parte de su cometido enseñarme concordia, y siempre lo hizo con maestría.

En nuestro jardín teníamos plantadas calas. De vez en cuando cortábamos algunas para adornar en ramo alguna estancia de la casa; forman parte de mi infancia tanto como ella, y con su presencia despedíamos el frío. La cala es símbolo de pureza por su blanco inmaculado y su cáliz en trompeta, silueta que evoca las curvas de una mujer; y ya que el domingo 8 celebramos el Día de la Mujer, qué mejor manera de honrar la concordia y el florecer del buen tiempo.

Concordia parvae res crescunt, discordia maximae dilabuntur. («Mediante la concordia las cosas pequeñas crecen; mediante la discordia, las más grandes se derrumban». Salustio, La guerra de Yugurta).


Sandwiches en forma de calas con queso y zanahoria


Si en su momento empezó Fran con su receta para la concordia pasando el testigo a Marga para que también se pusiera a ello, ahora soy yo que gracias a ella les traigo la mía, y para no ser menos yo paso el testigo a Lola para que sigamos con este reto tan bonito. #recetaparalaconcordia

Actualizada 2026.

Sandwiches Calas


Ingredientes
para 8:

  • 100 g de queso para untar 
  • 50 g de  nueces muy picadas
  • Pimentón dulce
  • 8 rebanadas de pan blanco de molde
  • 1/2 zanahoria pelada 
  • Tallos de cebolla verde
Elaboración:
  1. En un cuenco, mezcla el queso y las nueces. 
  2. Con un rodillo, extiende cada loncha de pan. 
  3. Usa un cortador de 6 cm. de diámetro para cortar 8 rebanadas de pan de molde en círculo. 
  4. Unta, alrededor de 1 cucharadita de la mezcla de queso crema en cada rebanada de pan. 
  5. En el Centro espolvorea con pimentón, y pliega la parte inferior de pan uno sobre otro, aprieta para sellar. 
  6. Corta pequeños trozos de zanahoria, en palitos, y colócalos en el centro de cada sándwich para simular el estambre de la flor. 
  7. Adorna con la cebolla verde para formar los tallos.

Paso a paso de la elaboración de las calas

Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable aplanar el pan de molde con rodillo antes de cortarlo y plegarlo?

El pan de molde contiene una miga aireada y elástica que tiende a agrietarse o romperse si se curva en seco. Al pasar el rodillo con firmeza, se compacta la estructura alveolar de la miga y se expulsan las bolsas de aire, transformando la rebanada en una lámina densa, elástica y maleable. Esta compresión permite enrollar la base en forma de cono cónico (imitando la espata de la flor de cala) sin que los bordes se quiebren ni pierdan la curvatura sellada.

¿Qué función mecánica cumple la mezcla de queso crema en la base del sándwich?

Además de aportar sabor untuoso y textura crujiente con la nuez, el queso crema actúa como un adhesivo estructural comestible gracias a su contenido de grasa láctea y consistencia plástica. Al presionar los dos bordes inferiores solapados del disco de pan, el queso fluye entre las fibras de la miga y se adhiere a ellas, manteniéndolas unidas bajo presión para que el cucurucho no se abra espontáneamente al colocarlo sobre la bandeja.

¿Por qué se utilizan bastones de zanahoria y tallos de cebolla verde para el acabado botánico?

La cala (Zantedeschia aethiopica) se caracteriza morfológicamente por una gran bráctea blanca envolvente que cobija un espádice central cilíndrico amarillo o anaranjado. El bastoncillo de zanahoria replica con exactitud el color, la rigidez vertical y el grosor de ese órgano floral interno, mientras que los tallos verdes de cebolleta (o cebolla verde) aportan la flexibilidad, el color herbáceo vivo y la longitud necesarios para simular los tallos naturales de la planta en el emplatado.


Sandwich en forma de cala con relleno de queso y zanahoria


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Bizcocho en cáscara de huevo

—¿De verdad tienes una gallina como animal de compañía? —me preguntó asombrada.

—¡Ajá! —respondí sonriendo—. En realidad fue una «herencia» que no busqué, pero en cuanto vi cómo me miraba, no pude resistirme y me la traje a casa. Y bueno, ya no pone huevos, está muy mayor, pero me gusta su compañía —añadí encogiéndome de hombros, como restándole importancia.

El señor Eier tenía una casa grande en el campo. No era una granja —al menos él no la trataba como tal—, aunque contaba con algunos frutales, caballos y gallinas. Era una preciosa estampa pintada de azul celeste y blanco que, en mitad del verde de los prados, parecía un pedacito de cielo de verano. Y seguía pareciendo de ensueño incluso cuando sobre la tierra se posaba la gruesa capa de nieve en invierno.

Siempre había gente en su casa: vecinos, amigos, viajeros, estudiantes… y yo, con el corazón en pedazos y un lío en la cabeza tan grande que no se me ocurrió otra salida que escapar. Y terminé allí. Los últimos en llegar siempre se encargaban de alguna faena, y a mí me tocó recoger cada mañana los huevos recién puestos para el desayuno.

Al principio, madrugar tanto se me hacía cuesta arriba. Así que iba al gallinero refunfuñando y, ya de paso, les soltaba a las gallinas mis desvelos y mis quejas sobre la vida. Inexplicablemente, todas, apoltronadas en sus «tronas», me escuchaban expectantes, ladeando un poco la cabeza en un silencio sepulcral. Hicieron las veces de un buen terapeuta. De tarde en tarde, alguna soltaba un breve cacareo, como si me diese la razón.

Hasta que un buen día se me ocurrió comparar a alguien con un zorro… y ahí sí que se armó la marimorena. Levantaron el vuelo en tromba y cacarearon con tal furor que pensé que el cobertizo se venía abajo. Terminé cubierta de plumas hasta las cejas y resoplando por el sobresalto.

Todavía puedo escuchar la carcajada limpia del señor Eier cuando se lo conté.

(Eier en alemán significa huevos ).


Bizcocho en cáscara de huevo sabor vainilla

Bizcocho de vainilla dentro de cáscaras de huevo


La práctica de hornear bizcochos dentro de cáscaras de huevo naturales es una de las técnicas más sugerentes, delicadas y visuales de la repostería artesana. Aunque en los últimos años se ha viralizado en redes como un ingenioso truco festivo, esta costumbre hunde sus raíces en la cocina de aprovechamiento tradicional europea y en el profundo simbolismo de las celebraciones primaverales.

Históricamente, el empleo de la cáscara como molde comestible se vincula a los ritos de la Pascua y al renacer del campo. Durante siglos, el huevo simbolizó la fertilidad y la vida nueva. En la Edad Media, su consumo quedaba estrictamente vetado a lo largo de los cuarenta días de la Cuaresma; una prohibición litúrgica que empujaba a los campesinos a conservar las puestas sumergiéndolas en soluciones salinas o baños de cera. Al irrumpir el Domingo de Resurrección, las despensas contaban con un excedente descomunal, desatando una auténtica eclosión de repostería festiva rica en huevo, manteca y azúcar.

La idea de vaciar las cáscaras para rellenarlas con masas batidas respondió tanto a la fantasía lúdica como a la escasez de moldes de hojalata en los hogares campesinos más humildes. En comarcas de Centroeuropa y del arco mediterráneo, las familias desaguaban los huevos practicando una incisión milimétrica en la base para volcar el contenido en las masas de fiesta. Lejos de desechar el cascarón, este se hervía en agua con sal para higienizarlo, se engrasaba por dentro con un velo fino de aceite y se colmaba con masa de bizcocho mediante conos de papel o mangas improvisadas para deslumbrar a los más pequeños.

Durante la cocción, la cáscara se comporta como un micromolde cerámico perfecto: distribuye la temperatura de forma gradual y homogénea, propiciando un leudado simétrico y sellando la humedad interior con una ternura que rara vez iguala el metal o la silicona. Al salir del horno, basta recortar la cúpula sobrante que asoma por el orificio para obtener una pieza pulcra y hermética.

En la actualidad, este primor del recetario popular ha vivido una segunda juventud impulsado por el movimiento do it yourself (DIY) y la divulgación culinaria en internet. Hoy es habitual teñir las cáscaras antes del horneado o jugar con masas marmoladas y de terciopelo rojo (red velvet) para evocar huevos fantásticos. Al llevarlos a la mesa, el comensal debe pelar la cáscara como si de un huevo duro se tratase, descubriendo el corazón esponjoso y aromático en un juego que devuelve a la repostería su magia más pura e interactiva.

Actualizada 2026.



Bizcocho de vainilla en cáscara de huevo 


Preparación de las cáscaras de huevo:

Necesitas:
  • 6 Huevos grandes
  • Agua, sal, vinagre (para limpiar)
  • Una aguja gruesa o un sacapuntas para huevos (opcional)
Vaciar los huevos:
  • Con una aguja, haz un agujero en la parte superior del huevo.
  • Vacía el contenido dentro de un cuenco (uno puedes usarlo para la receta, el resto guárdalo para una tortilla, por ejemplo).
Lavar las cáscaras:
  • Enjuágalas con agua templada y vinagre.
  • Sumérgelas en agua con sal durante 30 minutos, intenta que se hundan dejando que entre agua en su interior. Luego escurre y seca bien.
  • Engrasar las cáscaras:
  • Una vez secas, vierte una gotita de aceite dentro de cada cáscara y agita para cubrir el interior.
  • Coloca las cáscaras con el agujero hacia arriba en una bandeja de magdalenas con papel de aluminio o papel de horno dentro del molde para mantenerlas estables.

Bizcochos de vainilla (receta para 6/8 cáscaras):

Ingredientes:

  • 1 huevo grande (puedes usar uno de los que vaciaste)
  • 60 g de azúcar
  • 1 cdta. de extracto de vainilla
  • 60 ml de aceite suave o mantequilla derretida
  • 60 ml de leche 
  • 80 g de harina
  • ½ cdta. de levadura en polvo
  • 3 g de bicarbonato de sodio
  • Una pizca de sal
Elaboración:
  • Precalienta el horno a 180 °C.
  • Bate el huevo con el azúcar hasta que blanquee.
  • Añade la vainilla, el aceite y la leche/kéfir. Mezcla bien.
  • Incorpora la harina, levadura, bicarbonato y sal, mezclando hasta obtener una masa homogénea.
  • Llena las cáscaras hasta ⅔ de su capacidad con una manga pastelera.
  • Hornea durante 20 minutos o hasta que al insertar un palillo salga limpio.
  • Deja enfriar. Si el bizcocho sobresale de la cáscara, elimina el sobrante con cuidado con un cuchillo y limpia la zona con un paño mojado limpio.

Salsa de limón en tres versiones


Tienes 3 opciones elige la que más te guste. 

1. Kéfir de limón como salsa ligera (sin modificar):
  • Añade un chorrito de miel o sirope si lo quieres un poco más dulce.
  • Ralla un poco de limón por encima o añade unas hojitas de menta.


2. Salsa de kéfir de limón con cuerpo (ligeramente espesada):

Para una textura más cremosa tipo crema inglesa o yogur batido:

Ingredientes:
  • 100 ml de kéfir de limón
  • 1 cucharadita de miel o azúcar glas (opcional)
  • 1 cucharadita de maicena disuelta en 1 cucharada de agua fría

Elaboración:
  • Calienta ligeramente el kéfir (sin que llegue a hervir).
  • Añade la maicena disuelta y remueve hasta que espese ligeramente (como una crema suave).
  • Endulza al gusto y deja enfriar.


3. Versión tipo crema batida de kéfir de limón:


Mezcla el kéfir con un poco de nata semimontada para una crema aireada:

Ingredientes:
  • 100 mililitros de kéfir de limón
  • 50 mililitros de nata para montar
  • 1 cucharada de azúcar glas (opcional)

Elaboración:
  • Monta la nata a medio punto.
  • Incorpora el kéfir con movimientos envolventes.
  • Sirve frío como topping o acompañamiento.

Acompañamiento: 

Sirve los huevos con la crema de kefir que hayas elegido. Puedes romper la cáscara en mesa o presentarlos pelados con un hilo de kéfir por encima. También puedes servirlos con helado.


Bizcocho de vainilla con salsa de limón

Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable desinfectar y secar a conciencia el interior de las cáscaras antes de hornear?

La superficie interior del huevo crudo alberga restos de albúmina y microorganismos como Salmonella. El lavado inicial con agua templada y vinagre disuelve la cutícula orgánica residual, mientras que la inmersión en agua salada actúa como un desinfectante osmótico eficaz. Asimismo, dejarlas secar por completo antes de añadir la gota de aceite es crucial: si quedara humedad atrapada, el aceite resbalaría sin adherirse a las paredes de carbonato de calcio, provocando que la masa se pegue y resulte imposible pelar el huevo limpiamente tras la cocción.

¿Por qué no se deben rellenar las cáscaras más allá de dos tercios de su capacidad?

La combinación de levadura química y bicarbonato sódico genera una rápida expansión de gases al entrar en contacto con los líquidos y el calor de 180 °C. Si se rebasa la marca de dos tercios, la masa crecerá en exceso fuera del orificio superior formando un «hongo» irregular que deformará la curvatura ovalada del huevo y podría volcar la cáscara dentro del molde. Ese tercio libre actúa como cámara de expansión para que el bizcocho desarrolle una forma perfecta y confinada.

¿Por qué en la versión espesada de la salsa de kéfir se debe evitar que este hierva?

El kéfir es un lácteo fermentado que contiene una suspensión viva de bacterias y levaduras, además de caseínas en un medio ácido. Si se somete a temperaturas de ebullición, el choque térmico desnaturaliza de golpe las proteínas lácteas en presencia de la acidez, cortando la preparación en grumos ásperos y separando el suero líquido. Calentarlo suavemente al mínimo permite activar la maicena sin destruir la emulsión ni arruinar la textura sedosa de la salsa.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Berenjenas rellenas

Estaban las tres Marías sentadas en el comedor, desayunando juntas, como cada mañana. Habían decidido compartir piso desde que enviudaron. Vivían en un apartamento dentro de una residencia con todas las comodidades imaginables para su edad: médico, bingo, jardín y sala de baile. No se perdían ni una sola de las convocatorias; de lo contrario, se arriesgaban a quedarse descolgadas de los últimos dimes y diretes del centro. Y aunque eran mayores —porque viejas jamás, según su propio criterio—, aquel lugar daba para mucho cotilleo.

Las tres se llamaban María: María Antonia, María José y María del Carmen. Siempre bromeaban diciendo que en su época debía de estar de moda la Virgen María, y que sus madres se habían limitado a añadir detrás el nombre del pariente que «tocaba» por puro compromiso. En la intimidad se llamaban MariAn, MariJo y Mamen, pero para el resto eran, sin discusión, «las tres Marías», porque iban juntas a todas partes.

Las tres habían estado casadas con marineros —preferían ese término al de pescadores porque les sonaba más a la jet set—, aunque la verdad es que sentían tal orgullo por sus maridos que acababan confesando, entre carcajadas, la vez que uno pescó un pulpo con un calcetín blanco.

Durante el primer año de estancia, llegaron a la conclusión de que el personal de cocina carecía de la cualificación necesaria para tratar el pescado. Para disgusto de la directora, tomaron el mando: se colocaron sus delantales de recuerdo de la Cofradía de Pescadores de San Pedro y empezaron a dar órdenes a diestro y siniestro sobre qué, cómo y cuándo intervenir en los fogones.

Tras un par de horas de trajín entre ollas y sartenes, salieron al comedor por la puerta grande. Los residentes, puestos en pie, las ovacionaban. Ellas, más frescas que una merluza recién sacada del agua, sonreían triunfantes. Mientras tanto, el jefe de cocina le presentaba su ultimátum a la directora:

—¡Si vuelven a pisar mi cocina, yo me largo!


Berenjenas rellenas de gambas y rape



El origen geográfico de la berenjena se sitúa en el sudeste asiático, concretamente en las regiones montañosas y tropicales del noreste de la India, Birmania y China, donde se domesticó hace más de 4000 años a partir de variedades silvestres espinosas. En sus inicios, las berenjenas eran pequeñas, de color blanco o amarillento y con una forma ovalada que recordaba notablemente a la de un huevo. En los primeros tratados de medicina ayurvédica de la India ya se recogía su uso: no solo como alimento, sino también por sus virtudes terapéuticas y ornamentales.

La expansión de la berenjena hacia el oeste se debió sobre todo a los comerciantes árabes, quienes la descubrieron en sus rutas marítimas y caravaneras por Asia hacia el siglo VI, integrándola de lleno en su gastronomía y difundiéndola por todo el norte de África y Oriente Medio. Los árabes adaptaron su nombre al vocablo al-bâdinŷân, término derivado del persa antiguo. Durante la Alta Edad Media, la llegada de este fruto a la península ibérica y a Sicilia marcó el primer contacto de la berenjena con la Europa continental.

A pesar de su éxito en el mundo islámico, la Europa cristiana medieval la recibió con profundo recelo y temores supersticiosos. Al pertenecer a la familia de las solanáceas —emparentada con plantas tóxicas como la belladona—, los médicos y botánicos europeos de la época sostenían que su ingesta desataba fiebres, epilepsia, dolencias hepáticas, melancolía e incluso locura. En Italia se la llegó a bautizar como mela insana («manzana de la demencia»), denominación de la que deriva su nombre actual en italiano: melanzana. Además, en la España de la Inquisición, el consumo habitual de berenjenas estaba estrechamente vinculado a las comunidades judía y morisca; tanto es así que cocinarlas a la vista de todos podía servir de indicio delator para procesar a alguien por judaizante.

El prejuicio empezó a disiparse a medida que los cocineros mediterráneos afinaron las técnicas frente al fuego. Comprobaron que, sometida a una cocción prolongada y adecuada, el regusto amargo de la pulpa desaparecía por completo para dar paso a una textura extraordinariamente cremosa y sedosa, idónea para impregnarse de los sabores. A partir del siglo XVIII, el fruto logró despojarse por fin de su leyenda negra. Hoy en día se cultiva y se aprecia en medio mundo como un ingrediente imprescindible, versátil y muy sano.

A lo largo de sus vidas, seguro que las tres Marías prepararon más de una vez estas berenjenas rellenas de pescado y marisco; y si nunca llegaron a probarlas así, ¡es momento de que tomes el relevo! ¿La presentación? Es distinta y muy vistosa, ideal para lucirte en una comida especial. ¡Pruébala!

Actualizada 2026.


Berenjenas rellenas de gambas y rape


Ingredientes para 4:
  • 4 berenjenas medianas
  • 75 g de cebolla
  • 1/2 puerro
  • 160 g de rape (limpio, sin piel ni espinas)
  • 160 g de gambas 
  • Sal al gusto
  • Pimienta negra molida
  • 3 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 4 cdas. de salsa de tomate casera
  • 2 cdas. de harina
  • 75 ml de caldo de pescado o leche

Mise en place:
  1. Corta la cebolla en brunoise. 
  2. Lava el puerro, córtalo por la mitad y luego en láminas finas. 
  3. Corta el rape en dados pequeños. 
  4. Pela y desvena las gambas, pícalas en trozos. 
  5. Corta las berenjenas por la mitad longitudinalmente.

Cocción de las berenjenas:
  1. Pon a hervir una olla con agua y sal. 
  2. Introduce las mitades de berenjena y cuece durante unos 20 minutos, hasta que estén tiernas pero firmes. 
  3. Retira, escurre y deja enfriar. 
  4. Vacia con cuidado la pulpa sin romper la piel. 
  5. Reserva las pieles para usar como moldes. 
  6. Trocea la pulpa.

Preparación del relleno:
  1. En una sartén amplia, calienta el aceite de oliva. 
  2. Sofríe la cebolla hasta que esté transparente.
  3. Añade el puerro y cocina unos minutos más. 
  4. Incorpora la pulpa de berenjena y remueve. 
  5. Añade el rape y las gambas. 
  6. Cocina a fuego medio hasta que el marisco esté hecho. 
  7. Salpimienta al gusto. 
  8. Añade la salsa de tomate y mezcla bien. 
  9. Espolvorea la harina sobre el relleno, remueve bien y añade el caldo de pescado o la leche poco a poco. 
  10. Cocina hasta que espese, removiendo para evitar grumos. 
  11. Retira del fuego.

Montaje y horneado:
  1. Pincela ligeramente con aceite moldes individuales tipo flanera. 
  2. Forra cada molde con la piel de berenjena, colocando la parte oscura hacia fuera. 
  3. Rellena con el preparado de marisco. 
  4. Hornea a 200 ºC (horno precalentado) durante 20 minutos.

Emplatado:
  1. Sirve desmoldando las berenjenas rellenas sobre una base de salsa de tomate casera caliente.

Nota
  • El relleno que me sobró (poco) lo refrigeré y a los dos días lo usé con unos tartaletas pequeñas para canapés.

Pasos a seguir para formar las berenjenas rellenas

Versión clásica de las berenjenas rellenas de gambas y rape
Si prefieres también puedes hacer la versión clásica, colocando una gamba encima cuando horneas como decoración.


Preguntas frecuentes

¿Por qué se hornean dentro de moldes tipo flanera en lugar de hacerlo directamente sobre la bandeja?

Al haber hervido las berenjenas para ablandar la pulpa, la piel pierde su rigidez vegetal y queda sumamente flexible y frágil. Utilizar flaneras individuales actúa como un soporte estructural que mantiene la forma semiesférica compacta durante la cocción, evitando que la piel se abra o se desparrame por el peso del relleno húmedo. Además, esta técnica permite desmoldar piezas limpias y uniformes, logrando una presentación vertical muy elegante sobre el espejo de salsa de tomate.

¿Qué aporta el rape a este relleno y cómo evitar que quede seco o gomoso?

El rape destaca por su textura firme, tersa y cartilaginosa, que no se deshace ni se vuelve puré al integrarse con el sofrito y la pulpa de la berenjena, aportando una mordida limpia que contrasta con la cremosidad de la farsa. Para evitar que sus proteínas se sobrecocinen y endurezcan, el pescado y las gambas se cocinan apenas un par de minutos en la sartén; de este modo, completan su cocción justa dentro del horno protegidos por la salsa ligada y el envoltorio de la verdura.

¿Qué diferencia aporta ligar el relleno con caldo de pescado frente a utilizar leche?

La elección define el perfil aromático final del plato. Si se opta por un fumet o caldo de pescado concentrado (elaborado preferiblemente con la espina central del rape y las cabezas de las gambas), se intensifican las notas yodadas y marineras del sofrito sin añadir pesadez láctea. Por el contrario, emplear leche crea una ligera velouté o bechamel marina que aporta mayor untuosidad, redondea la acidez del tomate y suaviza los matices del marisco.


Relato, fotos y vídeo @catypol - Circus day.

Bizcocho malayo

Vivir en un edificio con patio de luces era lo que ahora llaman redes sociales, pero en vivo y en directo: uso exclusivo para seguidores, sin invitación ni nada. Si les gusta lo que haces, te lo dicen; y si no, también. Te dan más o menos visibilidad según les da el aire, sin algoritmos ni etiquetas. Es tan chiquito el patio que nos vemos como si estuviéramos pegados a una pantalla, y eso, al igual que en internet, te quita toda la privacidad.

La cuestión es que la del segundo es el centro de operaciones: te pone al corriente de todo y de todos. A la del quinto le gusta absolutamente todo de todo el mundo, da igual el qué, el cómo o el cuándo. La del primero no está nunca, por lo que es, como no podía ser de otra manera, la más despellejada. La del ático nos informa al minuto de los chollos del supermercado, de la mercería e incluso de la joyería de la plaza Mayor. ¿Y los nuevos? Una pareja de malayos que no nos entiende —ni creo que tenga el menor interés en hacerlo—. Las del patio los han dejado «en espera», a ver si se los acepta en la comunidad o no.

Como ha llegado el buen tiempo, han decidido organizar una fiesta con todo el vecindario y han repartido una notita muy mona por los buzones. Ahora andan haciendo cábalas: quién vendrá seguro, quién es duda y, por supuesto, quién no aparecerá ni harto de vino. En ese saco ya han metido a la del primero. A los malayos los han dejado en interrogante: no es seguro que hayan descifrado el mensaje, pero lo mismo, por el dibujito, han pillado algo… y capaces son de plantarse allí con un bizcocho para que los admitan, por fin, en el grupo.

La del quinto va, seguro. La del segundo, también —que tiene que sacar fotos y tomar nota de todo para el parte posterior, no vaya a ser que se le escape un detalle—. La del ático anda regateando con el del súper a ver si nos hace precio especial por las bebidas, porque, ¡oiga!, somos una barbaridad, aprieta el calor y vamos a beber de lo lindo. Así que… hazme una rebajita, guapi.


Bizcocho malayo sabor caramelo tostado

Bizcocho malayo con el interior como un nido de hormigas



El kek sarang semut, conocido también en Malasia como kek gula hangus, es uno de los bizcochos tradicionales más sorprendentes del sudeste asiático. Su nombre en malayo se traduce literalmente como «tarta de nido de hormigas», un apelativo muy gráfico que alude a su curiosa e intrincada estructura interior. Guarda parentesco con una «prima hermana» vietnamita, el bánh bò, aunque se distinguen con claridad en el paladar: mientras la versión malaya despliega notas de caramelo tostado, la vietnamita destaca por el perfume a coco.

En los países anglosajones se comercializa bajo el nombre de honeycomb cake («pastel de panal de abeja»). Para el público occidental, asociar un dulce a la miel resulta mucho más apetecible que evocar insectos correteando, pese a que la disposición de los alvéolos encaja con ambas figuras. En la tradición malaya, la comparación con un hormiguero describe a la perfección esos laberínticos túneles verticales que horadan la miga.

La gran peculiaridad de este dulce no reside en su presentación externa —más bien sobria y de un tono tostado oscuro—, sino en esa textura única: esponjosa, elástica y perforada de arriba abajo. Al morderlo, regala esa sensación ligeramente gomosa y masticable tan apreciada en la repostería asiática, alejada del desmigado quebradizo del bizcocho tradicional de nuestras meriendas. Su sabor es puro confort, con recuerdos intensos a toffee y azúcar quemado que dejan un regusto amargo muy equilibrado.

En los hogares malayos es una receta imprescindible, habitual tanto para romper el ayuno durante el Ramadán como para acompañar una taza humeante de café o té por la tarde.

Es un pastel delicioso, jugoso y fascinante: una vez que empieces a pellizcarlo, no podrás parar. Y si tienes fiesta vecinal a la vista, anímate a prepararlo y llévalo; te aseguro que te lloverán los corazones.

Actualizado 2026.



Tarta nido de abeja - Bizcocho malayo sabor caramelo tostado


Ingredientes:
  • 100 g de mantequilla sin sal
  • 180 g de leche condensada
  • 240 ml agua
  • 150 g de panela
  • 4 huevos
  • 130 g de harina
  • 10 g de bicarbonato de sodio
  • Molde de 20 cm. redondo o 18x18 cm. cuadrado
Precalienta el horno a 180 ª C

Elaboración:
  1. Añade la mantequilla, leche condensada, agua y panela en una cazo. 
  2. Pon el cazo a fuego alto y sin dejar de remover hasta que la mantequilla se haya derretido y la panela se haya disuelto. 
  3. Quita el cazo del fuego y deja enfriar. 
  4. No cocines la mezcla durante mucho tiempo, el líquido no debe evaporarse, lo que puede afectar la textura de la tarta.
  5. Bate los huevos en un bol. 
  6. Añade 1/3 de la mezcla anterior en los huevos batidos. 
  7. Tamiza la harina en el bol, bate bien hasta incorporar toda la harina y que no queden grumos. 
  8. Vierte lentamente el resto de la mezcla mientras bates simultáneamente la masa. 
  9. Bate hasta que todos los ingredientes estén bien incorporados. 
  10. Deja la masa en reposo durante 15 minutos. 
  11. Prepara el molde con papel de hornear.
  12. Después de 15 minutos de reposo, tamiza el bicarbonato de sodio en la masa y mezcla bien. 
  13. Vierte la mezcla por un tamiz y en el molde.
  14. Pon el molde en el cuarto estante del horno.
  15. Hornea 180 ºC durante 20 minutos. 
  16. La tarta se volverá de un color marrón oscuro, reduce el calor a 160 ºC y hornea otros 20 o 25 minutos. Comprueba que al hacer la prueba del palillo sale limpio. 
  17. Saca y enfría.

Notas: 
  • La panela se puede sustituir por azúcar moreno. 
  • Se puede usar batidora pero a la velocidad más baja. 
  • A veces pasa que no se forman los agujeros del nido de abeja, y sale un pastel muy denso, puede ser debido a la temperatura del horno demasiado elevada o demasiado baja.

Si buscas bizcochos fuera de lo común, tienes el trifle cake o el kasutera.


Paso a paso de la elaboración del bizcocho malayo

Preguntas frecuentes

¿Por qué se incorpora el bicarbonato de sodio justo al final y tras el reposo?

Es el secreto técnico para conseguir la famosa estructura interna de «nido de abeja» (sarang semut). Si el bicarbonato se mezclara al principio, comenzaría a reaccionar de inmediato con la acidez de la panela y la leche condensada, perdiendo fuelle antes de entrar al horno. Al tamizarlo tras los 15 minutos de reposo y hornear al instante, el desprendimiento súbito de dióxido de carbono viaja de abajo hacia arriba en vertical a través de la masa líquida, perforando los característicos túneles que dan nombre a este bizcocho.

¿Por qué se hornea en dos fases de temperatura diferentes (180 °C y 160 °C)?

El golpe térmico inicial a 180 °C es indispensable para activar el bicarbonato con fuerza y hacer subir la masa antes de que cuaje por completo. Sin embargo, al contener una proporción tan alta de azúcares no refinados (panela y leche condensada), la masa carameliza y se oscurece con suma rapidez; bajar la temperatura a 160 °C durante los últimos 20 o 25 minutos asegura que el interior termine de cocerse de manera uniforme sin que la corteza se queme o adquiera notas amargas.

¿Qué origen tiene este dulce y por qué se le conoce como pastel «nido de abeja»?

En el sudeste asiático —particularmente en Malasia e Indonesia— este pastel recibe nombres como kek sarang semut («nido de hormigas») o kek gula hangus («pastel de azúcar quemado»). Debe su fama visual a su corte transversal: a diferencia de un bizcocho esponjoso tradicional de miga cerrada, este presenta infinidad de cavidades tubulares elásticas similares a un panal, acompañadas de una textura sorprendentemente gelatinosa, tierna y con un profundo sabor a toffee tostado.




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Empanadas de menestra

En una ciudad completamente digitalizada existía una agencia muy especial: Héroes de Pantalla S. A. Su lema era claro: «Salvamos el mundo desde casa». Allí trabajaban tres superhéroes con más seguidores que reflejos:

Capitán Wifi, experto en señales inestables y poses dramáticas frente al rúter.

Flower Power, cuya única forma de comunicarse consistía en memes y reacciones animadas.

The Pig, que dominaba todos los enchufes inteligentes, aunque jamás encontraba su propio cargador.

Un día, la ciudad entró en pánico: un virus informático llamado Bugzilla había infectado todos los asistentes virtuales. Alexa cantaba ópera a las tres de la mañana, Siri recitaba en latín una receta de empanada y los robots aspiradores empezaron a marcarse coreografías en círculos.

El alcalde, desesperado, telefoneó a los Héroes de Pantalla.

—¡Necesitamos su ayuda! ¡La tecnología se ha vuelto loca!

Capitán Wifi se levantó de su silla gamer y declaró con solemnidad:

—Mi módem ha hablado. Es hora de actuar.

Se conectaron al sistema central. The Pig tecleaba a toda velocidad, aunque la mitad de los caracteres eran emoticonos por error. Flower Power, superútil, respondió al caos con un gif de un perro rodeado de llamas diciendo: «This is fine».

Los tres discutían en una reunión virtual donde los micrófonos fallaban sin cesar:

—¿Me oyes?

—Te veo, pero no te oigo.

—¿Hola?

—¡Dale al botón del micro, por el amor de Jobs!

Tras cuarenta y tres minutos de diálogo para besugos, consiguieron acceder al núcleo del sistema. Allí estaba Bugzilla, un escarabajo gigante hecho de código corrupto que bailaba una jota sobre la placa base.

—¡Al ataque! —gritó Capitán Wifi, y acto seguido se le cayó la conexión de Zoom.

The Pig lanzó su comando definitivo: sudo salvar-el-mundo-ahora.

El sistema soltó un chirrido, Bugzilla estornudó y acabó desinflándose como una app en fase beta sin soporte. La ciudad recuperó la normalidad. Los asistentes virtuales dieron las gracias en ochenta idiomas y los robots aspiradores regresaron dócilmente a su base. Desde entonces, los Héroes de Pantalla son pura leyenda, aunque todavía no han logrado que su impresora imprima una hoja sin atascarse.


El comando sudo en sistemas como Linux y macOS permite a un usuario ejecutar comandos con los privilegios de otro usuario, generalmente el superusuario (root).


Empanada rellena de menestra de verduras

Interior de las empanadas de. menestra


Crecí entre el TBO, Tintín, Zipi y Zape, El Capitán Trueno y el Don Miki; entre superhéroes, travesuras, aventuras y viajes. Me fascinaba el dibujo… bueno, en realidad me sigue fascinando, así que sigo intentándolo.

Cuando la Asociación Española de Fabricantes de Vegetales Congelados se puso en contacto conmigo para colaborar en la segunda edición de «Mi verdura congelada», recalcando la importancia de crear recetas atractivas para los peques, me encantó la idea.

Las empanadas representan uno de los fenómenos gastronómicos más universales y versátiles de la historia culinaria: consisten, básicamente, en una fina masa de pan, masa quebrada u hojaldre que envuelve un relleno dulce o salado antes de hornearse o freírse.

El origen de esta preparación se remonta a la Antigüedad, cuando pastores y viajeros necesitaban una forma práctica de transportar alimentos durante largas jornadas sin que se contaminaran con el polvo del camino. Envolver la comida dentro de una masa de trigo u otros cereales permitía que el relleno se cocinara en su propio jugo y se conservara en buen estado durante varios días. La costumbre llegó a Europa a través de los pueblos nómadas de Oriente y arraigó con fuerza en la península ibérica durante la época andalusí, sirviendo de antecedente directo a la célebre empanada gallega, inmortalizada ya en el siglo XII en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela o las mallorquinas panades y espinagada.

Con la llegada de los españoles a América, el concepto cruzó el Atlántico y evolucionó en cada región al incorporar ingredientes autóctonos, hasta erigirse en un pilar de su identidad cultural. En Sudamérica destacan la empanada argentina —famosa por variantes regionales como la salteña o la tucumana, rellenas de carne cortada a cuchillo y huevo duro—, la empanada chilena o de «pino», con abundante cebolla picada y aceitunas, y las recetas colombianas y venezolanas, elaboradas con masa de maíz pilado y fritas hasta quedar bien crujientes.

El cierre de la masa, conocido popularmente como repulgue o simba, cumple una función tanto estética como práctica: sella los jugos en el interior y, tradicionalmente, su dibujo sirve para identificar el relleno sin necesidad de abrir la pieza. Hoy en día, las empanadas triunfan en todo el mundo, tanto en puestos callejeros como en propuestas gourmet, y para elaborarlas en casa se puede recurrir desde los cortadores metálicos tradicionales hasta modernos moldes que garantizan un sellado perfecto sin complicaciones.

Hoy, en tiempos de héroes digitales, diálogos para besugos y tecnología punta, decidí que este espectáculo sería como los de antes: con unos superhéroes de pacotilla, pero con corazón de menestra; de esos que hasta el niño más moderno recordará.

Actualizado 2026.



Empanadas de menestra y atún


Ingredientes:
  • 4 láminas de masa para empanada
  • 500 g de menestra congelada
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 100 g de salsa de tomate casera
  • 2 latas de atún natural (pequeñas)
  • 2 huevos cocidos
  • 1 poquito de sal, pimienta negra y comino en polvo
  • Cortapastas (los que usas para galletas)
  • Palitos de madera de helado (remójalos en agua durante un rato para que no se quemen en el horneado)
  • 1 huevo para pintar la masa

El relleno:
  1. Pocha en la menestra en una sartén con el aceite de oliva, sin descongelar, hasta que esté doradita y cocinada (Si crees que hay trozos de verdura demasiado grande puedes cortarlos con una tijera). 
  2. Añade la salsa de tomate. 
  3. Remueve y apaga el fogón. 
  4. Añade el atún, escurrido y desmigado. 
  5. Remueve. 
  6. Ralla los huevos cocidos y mezcla.
  7. Por último, añade la sal, pimienta negra y comino.

Precalienta el horno a 180 ºC

Montaje:
  1. Abre las láminas de empanada y corta con el cortapastas las formas elegidas. Para hacer el rectángulo del capitán Wifi sólo corta con un cuchillo y una regla el tamaño 10x5 cm. o si lo prefieres un poco más grande 12x6 cm.
  2. Sobre una mitad pon una o unas cucharadas de menestra y un palo de helado. 
  3. Cierra con la otra mitad y aprieta los bordes con el dedo o con un tenedor. 
  4. Pinta la masa con el huevo y hornea durante 30 minutos o hasta que la masa esté dorada.

Notas:
Los cortapastas cuando más grandes mejor, pero si no tienes puedes hacer rectángulos y ponerles encima decoración como lleva el héroe de la foto. También puedes hacerlas sin el palito de helado.

🔴 Si quieres hacer la masa de empanada en lugar de comprarla esta es la receta:

Masa casera de empanada


Ingredientes:
  • 150 g de agua
  • 50 g de vino blanco
  • 200 g de aceite de oliva suave
  • 600 g de harina de trigo
  • 10 g de sal

Elaboración:
  1. En un bol grande, mezcla el agua, el vino y el aceite.
  2. Añade la sal y la harina poco a poco, mezclando con las manos hasta integrar.
  3. Amasa sobre una superficie limpia hasta obtener una masa suave y homogénea.
  4. Forma una bola, cúbrela con un paño y deja reposar 30 minutos en el frigorífico.

Nota: 
Esta masa queda muy flexible y fácil de manejar. Si la quieres más crujiente, sustituye la mitad del aceite por manteca de cerdo derretido. Y si no quieres que la masa lleve vino, usa solo agua. Si haces otro tipo de relleno y quieres usar, para la masa, el aceite que salga de este relleno, también puedes usarlo, así la masa tendrá más saborcito.

🔴 Si prefieres un relleno de bonito o atún:


Ingredientes:
  • 2 botes de 195 g de bonito en conserva 
  • 2 cebollas medianas
  • Una pizca de sal
  • 5 cdas. de tomate frito
  • 1 cdta. de pimentón ahumado (o el que más te guste)

Elaboración:
  1. Abre los botes de bonito y vuélcalos en un colador de cocina a fin de que escurra todo el aceite.
  2. Pica las cebollas en brunoise y póchalas en una sartén con el aceite del bonito (si es demasiado aceite no se lo añadas todo) y un poquito de sal hasta que estén transparente.
  3. Añade el tomate y mezcla.
  4. Agrega el pimentón.
  5. Deja pochar el conjunto durante 3 minutos a fuego medio- bajo.
  6. Prueba la mezcla y rectifica de sal.
Opcional: Pimientos asados y huevo cocido.



Collage paso a paso de como hacer empanadas de menestra


¡La II edición de mi verdura congelada ya está en marcha!. Para la Asociación Española de Fabricantes de Vegetales Congelados (ASEVEC), el objetivo es concienciar a la población de la importancia de introducir verduras en la dieta diaria, y este año, con especial atención a los más pequeños.  Creemos que es fundamental sensibilizar a las familias sobre la importancia de enseñar, desde la infancia, a adquirir hábitos saludables. Así, entre todos, aportamos nuestro granito de arena para reducir los alarmantes índices de sobrepeso y obesidad infantil existentes hoy en día.

¿Por qué verduras congeladas y cuáles son sus ventajas?
- Llegan a la mesa prácticamente en las mismas condiciones y con la misma calidad con las que son recogidas en la huerta.
- El proceso de ultracongelación minimiza las posibilidades de contaminación de los alimentos; evitando comprometer la salud de las personas.
- Se pueden consumir todo el año.

Empanada superhéroe de menestra de verduras

Preguntas frecuentes

¿Por qué es imprescindible remojar los palitos de madera antes de meterlos al horno?

La madera seca expuesta a 180 °C durante media hora tiende a deshidratarse rápidamente, chamuscarse e incluso arder por los extremos que sobresalen. Sumergirlos en agua durante 15 o 20 minutos satura sus poros de humedad; de este modo, el agua se evapora lentamente durante la cocción protegiendo la madera, lo que permite que el palo actúe como un soporte firme y limpio para comer la empanadilla a modo de piruleta.

¿Cómo evitar que la menestra congelada ablande y rompa la masa de la empanada?

Las verduras ultracongeladas contienen abundante agua intercelular. Si se introdujeran directamente en crudo o con exceso de caldo, el vapor acumulado empaparía la masa por dentro, impidiendo que dore y volviéndola pastosa. Saltearlas a fuego vivo en la sartén hasta que evaporen todo el líquido y empiecen a dorarse garantiza un relleno seco, concentrado y con la consistencia idónea para sellar los paquetitos sin escapes.

¿Qué función cumple añadir vino blanco y reposar la masa casera en frío?

El alcohol del vino blanco actúa inhibiendo parcialmente el desarrollo excesivo de la malla de gluten al contacto con la harina, lo que da como resultado una masa más quebradiza, hojaldrada y crujiente al hornearse en lugar de una corteza correosa o gomosa. Por su parte, los 30 minutos de reposo en la nevera enfrían las grasas (el aceite o la manteca) y relajan la tensión del amasado, permitiendo estirar la lámina con el rodillo de forma muy fina sin que se encoja.



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Boloñesa de lentejas

La mamma había estado cocinando todo el día. Las lentejas estaban preparadas para despedir el año, y esta vez sabíamos que decir adiós al pasado nos haría felices. No había sido un buen año, aunque mamá solía decirnos:

—¡Podría haber sido peor!

Pero yo no me lo creía.

Mirar hacia el futuro con esperanza es lo que todos hacemos en algún momento de la vida, y en nuestra familia nos levantábamos con esa ilusión cada día. Pero pasar página este año, y hacerlo con dignidad, era la mayor recompensa. La nonna nos había dejado ese mismo año, y desde que no estaba, parecía que la familia iba a la deriva.

Mi hermano mayor había decidido dar clases de salsa.

—¿De verdad? —le preguntó mi madre.

—¡Claro, corasón! —respondió él muy serio.

Después nos enteramos de que tenía una novia caribeña y nos quedamos tranquilos. Él tenía aspecto de ejecutivo agresivo y, más de una vez, habíamos pensado que estaba metido en la Cosa Nostra, así que no pudimos evitar respirar aliviados.

Mi tía abuela iba por su cuarto matrimonio. Bueno, ya era viuda de su cuarto marido; por eso no nos sorprendió que, durante el funeral de la nonna, encontrara al quinto novio —y quizá futuro marido— en el cementerio. No, no dentro de una tumba —si es lo que estás pensando—, sino entre los enterradores. Exactamente, un señor mayor… Lo de «mayor» lo digo por ser amable; hubo un momento en que pensamos que se alojaba en algún panteón. Ella, entre la risa y el llanto, no desentonaba con él.

Mi hermana pequeña decidió quedarse embarazada. No supimos muy bien por qué. Un año quiso ser enfermera, pero al ver la sangre se desmayó. Se dio cuenta de que, si tenía que verla a menudo, no le alcanzaría la vida para curarse todos los chichones de la cabeza. Lo siguiente que quiso ser fue profesora de autoescuela, aunque no tenía carné de conducir.

—¡Pero si no conduciré yo! —nos decía, muy resuelta.

No la hicimos cambiar de idea. Ella misma se dio cuenta cuando descubrió que en su lado del coche también había pedales y que, de tanto frenar, se golpeaba la cabeza contra el salpicadero. Así que todos pensamos que tanto golpe debió de afectarle de algún modo. Mi madre solo le comentó el dolor de cabeza que producen los hijos, y no se habló más del tema.

Y el párroco… Que no, no era de la familia, pero como si lo fuera. Había oficiado todos los sacramentos de la familia, por lo que nos conocía bien. Normalmente lo hacía con resignación y humor, sobre todo cuando se trataba de mi tía abuela. Nosotros, a cambio, lo invitábamos a comer después del oficio dominical. Ese día también estaba allí, mientras mi madre servía las lentejas con las que deseaba un año próspero para todos. Le preguntamos cómo creía que nos trataría el año nuevo. Él respondió:

—Comiendo muchas lentejas, familia… comiendo muchas lentejas.


Boloñesa italiana vegetariana con lentejas

Boloñesa hecha con lentejas y tomates



«Ser supersticioso es de ignorantes, pero no serlo trae mala suerte», decía el célebre dramaturgo napolitano Eduardo De Filippo. En Italia, despedir el año comiendo lentejas en Nochevieja es un ritual sagrado. Esta costumbre se remonta a la antigua Roma, donde se regalaba una pequeña bolsa de cuero llena de legumbres (scarsella) con el anhelo de que cada grano se transformara en una moneda de oro y atrajera la prosperidad.

Yo tuve mi particular reconciliación con este plato durante el embarazo de mi hijo: pasé de mirarlas con recelo a desearlas a diario. Mi madre no paraba de decirme que comí más lentejas en aquellos nueve meses que en toda mi vida. Buena prueba de ello son las recetas que ya he compartido en el blog, desde las versiones marineras hasta combinaciones más atrevidas como el guiso con remolacha.

La boloñesa vegetal nació como una reinterpretación directa del ragù tradicional boloñés, un estofado de carne de cocción lenta documentado desde el siglo XVIII. Las lentejas —en especial variedades de grano menudo y firme como la pardina o la roja coral— se erigieron como el sustituto natural idóneo: al chofchof con el soffritto clásico de cebolla, zanahoria y apio, absorben la reducción de vino y tomate con una textura sorprendentemente carnosa.

La receta pasó de ser una alternativa marginal en comunas vegetarianas durante los años setenta y ochenta a conquistar el panorama culinario masivo en los años dos mil, impulsada por la ebullición de los blogs gastronómicos y el movimiento internacional Meatless Monday (Los lunes sin carne). Frente a los ultraprocesados a base de soja texturizada, la boloñesa de lentejas se consolidó como una opción integral, asequible y rebosante de nutrientes.

Hoy en día, este plato trasciende las etiquetas vegetarianas y triunfa en millones de hogares que buscan reducir la proteína animal sin renunciar a la reconfortante untuosidad de una buena pasta italiana.

A continuación, te traigo mi versión de la boloñesa de lentejas, un acierto seguro que convencerá hasta a los más escépticos: si en casa hay remolones con la textura de la legumbre, basta con pasar la salsa por la batidora y quedará una textura suave y parecida a la carne picada. ¡Que empiece el espectáculo!


Actualizada 2026.


Boloñesa de lentejas con pasta capellini


Ingredientes para 4:
  • 1 zanahoria grande
  • 1 cebolla grande
  • 3 dientes de ajo
  • Sal y pimienta al gusto
  • 4 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 2 cdas. de orégano y albahaca
  • 200 g lentejas crudas (en remojo la noche anterior) o 1 bote de lentejas ya cocinadas
  • 100 ml de vino tinto
  • 200 g tomates triturados
  • 200 ml de caldo de verduras o agua (si hiciera falta)
  • 2 cdas. de vinagre
  • 350 g capellini
  • 6 hojas de albahaca picadas
  • Queso parmesano rallado

Elaboración:
  1. Calienta el aceite en una olla. 
  2. Añade el ajo y la cebolla picada, con un poco de sal para que se vaya pochando. 
  3. Para picar la zanahoria rápidamente: pélala, córtala a trozos y tritúrala en una picadora. 
  4. En menos de 5 segundos estará picada muy pequeña.
  5. Incorpora las especias, cocina 2 minutos a fuego fuerte y añade las lentejas junto con el tomate triturado y el vino o el líquido que vayas a utilizar.
  6. Incorpora también el vinagre y deja que se cocine. 
  7. Si has añadido lentejas ya cocidas, tendrás tu boloñesa lista en 15 minutos desde que comience a hervir. 
  8. Si tus lentejas son secas, te llevará unos 30 minutos y muy probablemente tendrás que añadir algo más de líquido hacia el final de la cocción, para que no se te peguen y se terminen de cocinar las lentejas
  9. Cuando tu boloñesa esté lista, utiliza, si tienes, una batidora de brazo para darle unos «golpes» de triturado. 
  10. De esta forma las lentejas dejarán de identificarse y la textura se parecerá muchísimo a la de la boloñesa tradicional
  11. Cocina los capellini según las indicaciones del paquete. 
  12. Cuela y sirve junto la boloñesa, la albahaca y el queso parmesano.

Boloñesa de lentejas vegetarian con capellini

Preguntas frecuentes

¿Por qué se añaden unas cucharadas de vinagre a la salsa?

El vinagre cumple una función química clave: aporta un toque de acidez viva que corta la pesadez de la legumbre, realza el dulzor natural de la cebolla y la zanahoria pochadas y despierta los matices del vino tinto. Es el truco definitivo para que una boloñesa vegetal gane profundidad y no resulte plana al paladar.

¿Por qué conviene triturar ligeramente las lentejas al final?

Darle unos pequeños toques con la batidora de brazo rompe solo una parte de las lentejas, liberando su almidón para espesar la salsa de forma natural. De este modo se consigue una textura densa y untuosa que se adhiere a la pasta, dejando un picadillo irregular que emula con gran fidelidad la consistencia del ragù clásico de carne.

¿Por qué usar capellini en lugar de una pasta clásica para boloñesa?

Por pura practicidad y ahorro de tiempo. Mientras que los formatos tradicionales de pasta seca requieren entre 9 y 12 minutos de hervor —más el tiempo que tarda la olla en romper a hervir—, los capellini están listos en apenas 2 o 3 minutos. Al ser un hilo tan fino, se cocinan casi al instante y absorben de maravilla los jugos de la salsa, lo que convierte a este plato en una comida completa lista en tiempo récord.



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Pantxineta

Se sentaba sobre mis rodillas y me contaba cómo había sido su día. Normalmente, había jugado con tal o cual niño o niña, y había merendado su bocado favorito: hojaldre con crema pastelera. Yo le acariciaba el pelo mientras tanto y la miraba como si cada historia fuera una sorprendente aventura. Me reía con sus gestos; adoraba ese momento dulce e infantil.

Así fue pasando el tiempo, entre sentarse sobre mis rodillas y descubrir nuevos sabores de la vida. Pero sus gestos seguían siendo míos, como si viera a un pequeño director de orquesta guiando a sus músicos. De vez en cuando, cuando refrescaba, nos tumbábamos en la hamaca a ver pasar las nubes: unas eran elefantes, corazones o algún castillo, y otras, cuando no tenían forma, simplemente algodón de azúcar.

Siempre que nos acercábamos a la piscina, metía primero su piececito y lo sacaba riendo y chillando por lo fría que estaba el agua, hasta que, de pronto, se lanzaba en bomba para pasar el mal trago y dejar de tiritar. Ya después, todo eran volteretas submarinas, intentando ver si, aunque solo fuera una piscina, aparecía el hada de las sirenas. Lucía le había dicho que existía, que ella la había visto… aunque ese verano no vino a visitarla.

Y, con la vuelta a la rutina, la felicidad no decaía. Eso es lo que me gusta de los niños: echaba de menos a sus amigos y volvía con ilusión a verlos. Yo echaría de menos que se sentara sobre mis rodillas y me contara sus aventuras.


Porción del postre vasco pantxineta con almendras

Pantxineta con hojaldre y almendras y crema pastelera



La pantxineta es uno de los postres más emblemáticos del País Vasco, cuyo origen se localiza con precisión en la ciudad de San Sebastián a principios del siglo XX. Este dulce vio la luz en 1915 en el obrador de la célebre Casa Otaegui, pastelería fundada en 1886 que llegó a ser proveedora de la Real Casa durante los veraneos de la reina regente María Cristina en la costa donostiarra.

Su creación fue fruto del fértil diálogo entre la tradición repostera francesa y la maestría artesanal local. En aquella época, la influencia gala al otro lado de la frontera popularizó el dominio del hojaldre mantecoso y las cremas finas. Inspirándose en estas técnicas, en Otaegui concibieron una tarta hojaldrada rellena de suave crema pastelera, rematada con almendra tostada y un ligero velo de azúcar glas. Al hornearse y servirse tradicionalmente templada, el contraste entre el crujido exterior y la untuosidad del corazón conquistó de inmediato a los comensales.

El nombre del pastel encierra una curiosa anécdota etimológica nacida de la fonética popular donostiarra. La receta se inspiró en elaboraciones galas con crema frangipane (franchipán); al intentar pronunciar este término foráneo, los clientes vascos adaptaron el sonido a su propia lengua hasta bautizarlo espontáneamente como pantxineta. La familia Otaegui no dudó en oficializar este nombre popular para registrar su creación más célebre.

Con el paso de las décadas, la pantxineta trascendió el obrador fundacional para convertirse en un emblema indiscutible de la repostería guipuzcoana y vasca, imprescindible hoy en sidrerías y restaurantes tradicionales. Aunque la fórmula original de 1915 continúa custodiada como un secreto familiar por los descendientes de Otaegui, el trinomio de hojaldre, crema y almendra forma ya parte del patrimonio gastronómico universal.

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Pantxineta 



Ingredientes para 8 personas:
  • 2 láminas de hojaldre
  • 150 g de almendras
  • 1 yema de huevo
  • 3 cucharadas de azúcar glas

Para la crema pastelera:
  • 1 l de leche
  • 5 claras de huevo
  • 150 g de azúcar
  • 70 g de maizena
  • 10 g de mantequilla
  • Cáscara de limón
  • Cáscara de naranja
  • 1 rama de canela
Precalentar el horno a 160º C

La crema pastelera:
  1. Calienta la leche con unos trocitos de cáscara de naranja y de limón, una rama de canela y la mantequilla. 
  2. Reserva. 
  3. Coloca un poco de la leche infusionada en un bol. 
  4. Añade el azúcar y maizena. 
  5. Remueve bien con la varilla. 
  6. Incorpora la clara de huevo y sigue removiendo. 
  7. Vuelca la leche sobre el bol, mezcla bien y pasa todo a la cazuela. 
  8. Remueve enérgicamente y cuando empiece a hervir, cocínala a fuego suave hasta que coja consistencia. Deja que se enfríe en un bol. 
  9. El resultado es una crema pastelera que parece cortada en lugar de cremosa, pero tiene que ser así por el horneado.

Montaje:
  1. Pon una lámina de hojaldre sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear. 
  2. Unta los bordes con la yema de huevo mezclada con un poco de agua. 
  3. Extiende la crema pastelera sobre el hojaldre. 
  4. Cubre con la otra lámina, cierra bien los bordes y pinta de nuevo la superficie con la yema. 
  5. Esparce las almendras laminadas sobre la tarta, espolvoréala con la mitad de azúcar glas y hornéala a 160 ºC durante 40 minutos. 
  6. Espolvoréala con el resto de azúcar glas. 
  7. Sirve la pantxineta templada.

Si te gustan las recetas con hojaldre, en Circus Day tenemos unas cuantas: croffles, mini croissants aux amandes, mattentaart, agujas de pollo mallorquinas o galletas de hojaldre.


Pastel de hojaldre con crema pastelera y almendras

Preguntas frecuentes

¿Por qué esta crema pastelera lleva solo claras y parece cortada?

Al prescindir de las yemas y cuajar la Maizena con las claras, la crema adquiere una textura más densa, firme y con un aspecto granulado similar al requesón o al cuajo. No es un error: esa consistencia más seca es imprescindible para que el relleno soporte el peso del hojaldre superior y no se licúe ni desborde por los laterales durante los 40 minutos de cocción en el horno.

¿Cuál es el secreto para que el hojaldre no quede crudo por la base?

Dado que la crema aporta bastante humedad, conviene colocar la bandeja en la parte media-baja del horno. Además, hornear a una temperatura moderada (160 °C) permite que el calor penetre despacio y cocine la lámina inferior antes de que las almendras laminadas y el azúcar glas de la superficie se doren en exceso.

¿De dónde procede el nombre y el origen de la pantxineta?

Es una creación donostiarra ideada a principios del siglo XX por la pastelería Otaegui de San Sebastián. El nombre procede de la adaptación fonética vasca de la voz francesa franchipane (el clásico relleno galo a base de crema y almendras). Con el tiempo, la receta evolucionó hacia este pastel hojaldrado con crema y almendras tostadas que hoy es un icono indiscutible de la repostería vasca.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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