—Sí, señora, ahora mismo —respondió Teresa.
Entonces, Teresa se quitó el mandil y voló escaleras abajo hacia la panadería. Allí estaba él, Nicolás. Se encargaba de que al horno no le faltara leña, de que el pan no se quemara, de que todo se cociera en su punto… y de piropearla cada vez que ella entraba por la puerta trasera, como hacían las criadas de la zona.
Pero allí también estaba doña Francisca, la encargada de rellenar empanadas, pasteles y, por supuesto, las deliciosas agujas de pollo. ¡Qué mala leche se gastaba la señora!
—¿Qué, ya estás aquí otra vez? —le preguntaba siempre, mirando de reojo a Nicolás.
—Sí, doña Francisca. Mi señora me envía a por agujas de pollo —le contestaba Teresa, más roja que un tomate.
—Pues ponte a la cola, bonita, que hoy todas las señoras se han puesto de acuerdo para comerlas —se reía doña Francisca con sorna.
A Teresa el corazón le latía con fuerza. Así podría contemplar durante más tiempo a Nicolás. Se puso en la cola de criadas, toda feliz. Roja, pero feliz.
Cuando por fin le tocó el turno, recordó que había salido con tanta prisa que se le había olvidado coger el dinero. Y doña Francisca no fiaba ni a su sombra. Tuvo que bajar la cabeza y salir corriendo, dejando a Nicolás desconcertado.
Al llegar a casa, doña Emilia ya la esperaba con ansia de agujas… y se puso de un humor de perros al saber la verdad.
—Ay, Te-re-si-ta… Si te dieran una aguja de pollo cada vez que piensas en el panadero, no tendrías que bajar a por ellas: ¡las tendríamos por docenas en casa!
Su origen histórico se sitúa entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, una época en la que las cocinas profesionales y domésticas dependían por completo de la optimización de los recursos alimentarios. Tras los grandes banquetes o las comidas familiares de los domingos, donde el pollo asado o en pepitoria era el plato estrella, los panaderos idearon este formato para dar una segunda vida noble a los restos de carne, combinándolos con ingredientes económicos y accesibles como la harina y la leche.
El término «aguja» hace referencia directa a la morfología de la pieza, ya que los pasteleros moldeaban el hojaldre de forma alargada, elíptica y con los extremos ligeramente rematados en punta, asemejándose a las agujas de tejer o coser de la época. A diferencia de las famosas panades o los cocarrois, que se elaboran con masas consistentes a base de manteca de cerdo (saïm), la aguja de pollo introdujo la técnica del hojaldre francés en los obradores mallorquines.
Esta masa requiere un proceso de plegado minucioso que, al hornearse, genera una cubierta exterior extremadamente crujiente, ligera y de tono dorado, que contrasta a la perfección con la untuosidad de su interior. Hoy en día se pueden encontrar en los hornos; quizás no en todos, pero sí en muchos.
Receta actualizada en 2026.
Agujas de pollo mallorquinas con bechamel y pollo asado
1 plancha de hojaldre
Para el relleno
- 130 g de pollo asado, picado
- 2 huevos cocidos
- 1 cebolla pequeña, picada
- 300 ml de leche
- 1 cda. de harina
- Sal al gusto
- Pimienta negra molida
- 2 cdas. de aceite de oliva
El relleno:
- En una sartén, calienta el aceite y pocha la cebolla hasta que esté transparente.
- Retira del fuego, añade la harina y remueve enseguida para que se integre bien con la cebolla.
- Vierte la leche poco a poco, remueve constantemente para evitar grumos, y vuelve a poner la sartén al fuego.
- Salpimienta al gusto y continua removiendo hasta que la mezcla comience a hervir y espese ligeramente.
- Añade el pollo picado, mezcla bien y, tras el segundo hervor, apaga el fuego.
- Pica los huevos cocidos y agrégalos a la bechamel.
- Reserva.
- Estira la plancha de hojaldre.
- Como los moldes son alargados, recorta rectángulos que encajen en ellos.
- Forra los moldes con el hojaldre, presionando con la yema de los dedos en las esquinas y el fondo.
- Recorta la masa sobrante a ras del borde.
- Rellena cada molde con la bechamel de pollo.
- Decora la parte superior con unas tiras de hojaldre en forma de “X”.
- Hornea durante 45 minutos, o hasta que el hojaldre esté dorado y crujiente.
- Deja enfriar completamente antes de desmoldar y servir.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se pueden comprar agujas de pollo en Mallorca?
En los hornos tradicionales mallorquines — los forn de pa — es donde se encuentran las auténticas. También las elaboran algunas pastelerías artesanas de la isla. Fuera de Mallorca prácticamente no existen, lo que hace que esta receta casera sea la única manera de disfrutarlas.
¿Se puede sustituir el pollo asado por otro relleno?
La aguja de pollo mallorquina auténtica lleva bechamel de pollo — ese es su relleno tradicional y el que la define. Si en casa no tienes pollo asado, puedes usar pollo cocido o a la plancha desmenuzado. El resultado sigue siendo fiel a la receta original.
¿Se pueden congelar las agujas de pollo?
Sí, perfectamente. Puedes congelarlas antes de hornear — directamente con el relleno dentro del molde — o ya horneadas y frías. Para consumirlas desde el congelador, hornéalas a 180°C unos 20 minutos si están crudas, o 10 minutos si ya están horneadas para recuperar el crujiente del hojaldre.


































