Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Tarta de chocolate

Aquí me tienes, sentada delante del micrófono, intentando «arreglar» la vida amorosa de los oyentes... mientras la mía rueda cuesta abajo desde ayer.

¡Ayer! (Suspiro). Un día en el que me levanté poderosa, ágil, guapa... en fin, feliz, para resumir; llena de power of love. Tenía un brillante anillo en el dedo anular de la mano izquierda, la organización de la boda lista para ponerse en marcha y un novio de película. Así empezó mi mañana... antes de que todo se torciera.

Cuando esa mujer cruzó la puerta de la emisora, pensé que era la organizadora de eventos. Hubiera jurado que se trataba de la persona que iba a encargarse de mi boda y, a decir verdad, nadie me sacó de mi error. Así que la agarré del brazo, la llevé casi en volandas a mi despacho y la abrumé con un alud de detalles sobre lo que quería y lo que no, sin que ella dijera ni pío. Lo único que noté fue que, en un momento dado de mi monólogo, su boca dibujó un rictus extraño.

Desde luego, hablar de la futura suegra sin conocerla —aunque en mi cabeza ya me había hecho mi propia idea— no ayudó a que las cosas salieran bien. ¿Qué suegra que se precie se niega a conocer a su nuera hasta el último momento, eh?

Ahora solo me recuerdo vagamente de pie junto a la mesa, con ella acomodada en mi silla. Yo, observándola con aplomo y, por qué no decirlo, con cierto desdén; ella, con la sonrisa cada vez más torcida. Cuando mi prometido entró en la sala y soltó:

—Ah, veo que ya has conocido a mi madre...

...me quise morir. (Imagíname practicándome el harakiri a lo samurái: pues exactamente así me sentí).

¡En fin! —y nunca mejor dicho—, tras aquel monumental enfado del «niño de mamá», no quiso volver a verme. Se llevó mi anillo y yo me pasé lo que restaba de día descendiendo directamente al infierno desde mi nube.

Y aquí me tienes, otra vez, sentada delante del micrófono, intentando «arreglar» la vida amorosa de los oyentes...


Bizcocho de chocolate y fresas entre el cielo y el infierno



Chocolates Valor me invitó a participar en el #ChocolateChallenge2. Aunque no resulté ganadora, mi propuesta es una auténtica tentación que no necesita demasiadas explicaciones: el algodón de azúcar representa la nube del «cielo» y las fresas de la tarta evocan las llamas del «infierno». Y tú, si lo pruebas, ¿cuál de tus instintos dejarás que despierte primero?

Clasificación gastronómica y técnica:
  • Tarta fraisier de autor (versión de chocolate y fresa): Sigue la estructura clásica de la fraisier francesa, mostrando el corte lateral de las fresas frescas dispuestas simétricamente alrededor del molde.
  • Entremets / Tarta moussina o diplomática: Una elaboración por capas que combina un bizcocho genovés de cacao, crema diplomática de chocolate, fresas naturales y un mousse o cobertura de gelatina de fresa en la superficie.
  • Pastelería conceptual y de diseño: Incorpora elementos de azúcar soplado/hilado (caramelo hilado o avellanas garrapiñadas con picos de caramelo) y una estructura aérea de algodón de azúcar que simula nubes.


Actualizada 2026.


Tarta de chocolate entre el cielo y el infierno


La genovesa de cacao:
  • 3 huevos tamaño 
  • Una pizca de sal
  • 105 g de azúcar
  • 30 g de mantequilla
  • 80 g de harina 
  • 25 g de cacao puro sin azúcar

La crema diplomática de chocolate:
  • 2 hojas de gelatina 
  • 250 ml de leche
  • 1 vaina de vainilla
  • 2 yemas de huevo
  • 50 g de azúcar
  • 25 g de harina de trigo
  • 70 g de chocolate a trocitos pequeños
  • 200 g de nata para montar

La gelatina de fresas:
  • 200 g de fresas
  • 75 g de azúcar
  • 6 g de gelatina neutra (1 sobre)

Las avellanas caramelizadas:
  • 340 g de azúcar
  • 90 ml de agua
  • 1 cda. de jarabe de maíz blanco
  • 15 avellanas tostadas sin piel
  • 15 palillos de madera
  • Celo
  • Hojas de periódico
  • Tijera

Otros ingredientes:
  • 10 fresas
  • Licor de Cointreau o almíbar de calar
  • Azúcar para hacer algodón de azúcar

Utensilios:
  • Molde 16 centímetros de diámetro
  • Film transparente
  • Manga pastelera desechable
  • Máquina para hacer algodón de azúcar

Plancha bizcocho Genovesa de cacao:
  1. Funde la mantequilla y reserva. 
  2. Precalienta el horno a 180 ºC.
  3. Separa las claras de las yemas y reserva las yemas. 
  4. Pon las claras en la batidora y añade una pizca de sal. 
  5. Comienza a batir hasta que empiecen a estar espumosas, en este momento añade el azúcar poco a poco y continua batiendo hasta que queden montadas a punto de nieve. 
  6. Añade las yemas y mezcla con suavidad para evitar que las claras pierdan aire. 
  7. Vierte poco a poco la mantequilla en el recipiente donde tienes la preparación y mezcla con mucha suavidad. 
  8. Tamiza la harina y el cacao sobre la preparación y mezcla con movimientos envolventes de abajo arriba hasta integrarlo por completo.
  9. Forra una bandeja de horno con papel de horno y vierte la preparación. 
  10. Extiende con una espátula y hornea durante 10 minutos. 
  11. Deja enfriar. 
  12. Reserva.

Crema diplomática de chocolate:
  1. Moja la gelatina en un recipiente con agua helada durante unos minutos hasta que se ablanden. 
  2. Escurre la gelatina para eliminar el exceso de agua. 
  3. Raspa la vaina de vainilla para extraer las semillas del interior y pon la leche en un cazo junto con las semillas. 
  4. Lleva a ebullición. 
  5. Pon en el cuenco de la batidora las yemas y el azúcar, bate hasta blanquear. 
  6. Tamiza la harina y añádela al cuenco. 
  7. Mezcla hasta que quede suave. 
  8. Vierte poco a poco la mitad de la leche en el cuenco y mezcla hasta que no queden grumos. 
  9. Pasa la mezcla por un colador y vuelve al cazo con la leche restante. 
  10. Lleva al fuego y remueve hasta que empiece a hervir, baja el fuego y cocina hasta que espese. 
  11. Añade los trozos de chocolate hasta que se fundan y seguidamente la gelatina. 
  12. Vierte en un cuenco y deja enfriar. 
  13. Remueve ocasionalmente. 
  14. Una vez frío, monta la nata y añádela a la mezcla. 
  15. Pon en la manga pastelera cerrada y guarda en el frigorífico hasta su utilización.

Gelatina de fresas:
  1. Hidrata la gelatina en un poco de agua fría.
  2. Tritura las fresas y el azúcar con la batidora. 
  3. Cuela para quitarle las semillas e impurezas y calienta el puré obtenido en un cazo. 
  4. Añade la gelatina al puré de frutas caliente. 
  5. Remueve hasta que la gelatina esté totalmente disuelta y retírala del fuego. 
  6. Deja enfriar.

Montaje de la tarta:
  1. Corta un disco de genovesa de 16 cm. 
  2. Forra los bordes y la tapadera de nuestro molde con film transparente. 
  3. Pon dentro y abajo el disco de genovesa de chocolate. 
  4. Pon en un cuenco un poco de licor de Cointreau o almíbar de calar y pincela la base de la genovesa. 
  5. Escudilla con la manga pastelera el lado del molde con la crema diplomática. 
  6. Corta las fresas reservadas por la mitad y colócalas, rodeando el molde, con la mitad plana en el borde del molde. 
  7. Rellena con el resto de crema y fresas el centro del molde hasta que queden tapadas completamente y la parte superior del molde totalmente plana. 
  8. Reserva en el frigorífico.
  9. Cuando la gelatina esté fría vierte sobre la crema diplomática. 
  10. Al haberse enfriado endurece un poco y no traspasa. 
  11. Mira que la gelatina quede plana y bien repartida sobre el molde. 
  12. Enfría. 
  13. Una vez solidificada tapa con film transparente y reserva en el frigorífico.

Avellanas caramelizadas:
  1. Introduce suavemente un palillo de madera en cada avellana girando suavemente con la punta. 
  2. Pon las hojas de periódico en el suelo, justo debajo de la encimera en donde colocarás las avellanas. 
  3. Corta trocitos de celo y sitúalo para cogerlo fácilmente. 
  4. En un cazo al fuego disuelve el azúcar, el jarabe y el agua, removiendo constantemente hasta que el azúcar se disuelva. 
  5. Baja el fuego y deja que el caramelo se vuelva de color ámbar oscuro. 
  6. Quita del fuego y pon sobre una fuente con hielo para que baje la temperatura y se espese un poco. 
  7. Enseguida que bañes en el caramelo una avellana y el goteo se desliza hacia abajo, corta y coloca con el celo en el filo de la encimera asegurándote que cae sobre las hojas de periódico. 
  8. Continua con todas las avellanas. 
  9. Si se endurece pronto, calienta un poco para terminar de bañar todas las avellanas. 
  10. Déjalas enfriar.  
  11. Una vez frías, corta un poco con un tijera, si hiciera falta, las hebras del caramelo. 
  12. Y con cuidado saca el palillo de madera. 

Algodón de azúcar:
  1. Pon una cucharada de azúcar en la máquina de algodón de azúcar y enciéndela. 
  2. Cuando la máquina esté caliente empieza a sacar las hebras de algodón que recogerás con un palo.

Montaje final:
  1. Saca la tarta del molde con cuidado. 
  2. Deposita las avellanas caramelizadas con las puntas hacía arriba en el centro de la tarta. 
  3. Y sobre las puntas el algodón de azúcar. 

Nota: 
Si no tienes máquina de algodón de azúcar, comprar el algodón hecho. 


Collage del paso a paso del bizcocho de chocolate entre el cielo y el infierno

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Cómo se consigue que los picos de caramelo de las avellanas queden erguidos y perfectos?

El truco reside en controlar la viscosidad del caramelo. Tras alcanzar el tono ámbar oscuro, es fundamental enfriar brevemente la base del cazo sobre hielo para frenar la cocción y espesar la mezcla. Al sumergir la avellana clavada en el palillo y suspenderla boca abajo desde el borde de la encimera, la gravedad creará esa fina hebra alargada que se solidifica al instante en el aire.

¿Por qué se añade gelatina a la crema diplomática y cómo influye en el corte de la tarta?

La crema diplomática tradicional es una combinación de crema pastelera y nata montada. Al incluir gelatina, garantizamos que la crema adquiera la firmeza estructural necesaria para sostener las mitades de fresa en las paredes del molde y soportar el peso de la gelatina de fruta superior, asegurando un corte impecable y limpio sin que el relleno se desmorone.

¿Con qué antelación se deben colocar las avellanas caramelizadas y el algodón de azúcar sobre la tarta?

Ambas decoraciones son extremadamente sensibles a la humedad. Tanto las hebras de caramelo como el algodón de azúcar deben colocarse justo en el momento de servir. Si se introducen en la nevera o se montan con demasiada antelación, el algodón de azúcar se disolverá al contacto con la humedad de la gelatina de fresa y las hebras de caramelo perderán su firmeza.

¿Qué técnica garantiza que el patrón lateral de fresas quede perfectamente alineado y vistoso al desmoldar?

Es indispensable forrar el interior del molde con film transparente (o tira de acetato repostero) y presionar firmemente la parte plana de cada media fresa contra la pared antes de escudillar la crema diplomática. La crema debe rellenar todos los huecos entre fruta y fruta con la manga pastelera para evitar que se formen burbujas de aire visibles al retirar el aro.


Tarta mousse de chocolate con fresas avellanas caramelizadas y nube de algodón


Relato, fotos, vídeo y receta @catypol - Circus day.

Tarta Tatin

En el Hotel Tatin, el aire olía a la desesperación de Stéphanie Tatin, la hermana encargada de los fogones. Mientras su hermana Caroline recibía a marqueses y magnates del ferrocarril con una sonrisa perfecta, la cocina era un auténtico caos. Aquella tarde de domingo, el comedor estaba a rebosar de comensales impacientes que esperaban una suculenta cena.

—¡Stéphanie, los señores de París tienen prisa! —gritó Caroline desde la puerta.

Presa del pánico, Stéphanie reparó en un detalle fatal: las manzanas se estaban caramelizando demasiado en la mantequilla y el azúcar, pero se había olvidado por completo de poner la masa en el fondo del molde.

—¡Por todos los santos! —exclamó—. Ya no hay tiempo para empezar de nuevo.

En un acto de desesperación culinaria, agarró la masa y la lanzó sobre las manzanas. «Que se cocine al revés —pensó—; si preguntan, diré que es la última moda en Versalles».

Cuando sacó la sartén del horno, le dio la vuelta al invento con un movimiento digno de un acróbata de circo. El resultado era un desastre glorioso. Al llevarlo al comedor, un influyente senador de Orleans clavó su tenedor en la tarta. El silencio en la sala fue absoluto.

El senador se limpió el bigote con la servilleta y exclamó:

—¡Sacrebleu! Stéphanie, esta tarta «del revés» es extraña, ¡pero sabe a gloria!


Tarta tatin de Yotam Ottolenghi con patatas y tomates

Tarta tatin de Yotam Ottolenghi de patatas y queso de cabra


[RETO COOKING THE CHEF]

La inspiración culinaria de Yotam Ottolenghi proviene de sus profundas raíces mediterráneas y de un amor incondicional por los ingredientes. Aunque él no sea vegetariano, su enfoque en la cocina es completamente original e innovador: se basa en sabores intensos y en combinaciones asombrosas y refrescantes.

Chef de profesión, israelí de nacimiento y obsesionado con enriquecer el mundo desde sus fogones, Ottolenghi ha transformado la forma de comer de la clase media. A sus 44 años, la influencia que ejerce en los hábitos alimenticios del Reino Unido es enorme, aunque durante un tiempo su nombre apenas sonara en España. Sin embargo, tras su viaje por diversas islas mediterráneas, la cultura culinaria de Mallorca lo conquistó por completo y se ha convertido en uno de sus mejores embajadores.

«No conocía mucho las islas mediterráneas, pero tenía bastantes expectativas. Antes de llegar a Mallorca tenía el prejuicio de que todo sería demasiado turístico y de que me costaría encontrar la auténtica cocina local. Sin embargo, me sorprendió gratamente la gastronomía de la isla, que es realmente especial», aseguró el chef en una entrevista concedida al diario británico The Times.

Teniendo la oportunidad de hablar sobre Yotam Ottolenghi, no iba a dejar pasar la ocasión de recordar su opinión sobre su estancia en Mallorca. En su honor, he utilizado patató mallorquín (nuestras patatas baby), que empleamos sobre todo en las comidas navideñas para acompañar diversas carnes o pescados. Como bien sabéis, hoy toca la receta que nos proponen desde el reto Cooking the Chef, en el que participo muy feliz, ya que es un cocinero que me apasiona.

En esta ocasión, he preparado una tarta de su libro El gourmet vegetariano. ¡Sencillamente deliciosa!

Actualizada 2026.


Tarta Tatin sopresa



Ingredientes para 4:
  • Molde para pastel de 22 cm. diámetro
  • 200 g de tomates cherry
  • 2 cdas. de aceite de oliva
  • 500 g de patatas baby con la piel (Patató mallorquí)
  • 1 cebolla grande cortada en rodajas finas
  • 40 g de azúcar
  • 10 g de mantequilla
  • 3 ramitas de orégano
  • 150 g de queso de cabra curado en lonchas
  • 1 lámina de masa de hojaldre
  • Sal y pimienta negra

Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 130 ºC 
  2. Corta los tomates por la mitad y colócalos sobre papel de horno con la parte de la piel hacia abajo. 
  3. Rocíalos con aceite de oliva y salpimienta. 
  4. Hornea durante 45 minutos.
  5. Cocina las patatas en agua hirviendo con sal durante 25 minutos. 
  6. Escurre y deja enfriar. 
  7. Corta la parte superior e inferior de cada patata y, a continuación, córtalas en rodajas de 2 centímetros de grueso.
  8. Pocha la cebolla con el aceite y un poco de sal durante 10 minutos, o hasta que empiece a estar dorada.
  9. Cuando tengas todas las verduras preparadas, unta un molde para pastel de 22 centímetros de diámetro con un poco de aceite y fórralo con papel de horno. 
  10. En un cazo pequeño, calienta a fuego vivo el azúcar y la mantequilla, sin dejar de remover con una cuchara de madera, hasta obtener un caramelo oscuro. 
  11. Con cuidado, vierte el caramelo en el molde e inclínalo para que se reparta por la base. 
  12. Esparce las hojas de orégano sobre el caramelo.
  13. Coloca en la base del mode las rodajas de patata muy juntas, con el lado cortado hacia abajo. 
  14. Entre los huecos que queden entre las patatas, reparte la cebolla y los tomates y salpimienta generosamente. 
  15. Dispone las lonchas de queso sobre las patatas hasta cubrirlas. 
  16. Corta un círculo de la masa que sea 3 centímetros más grande que el molde. 
  17. Dispone la masa sobre el relleno y mete el borde dentro del molde cubriendo completamente las patatas. 
  18. De este modo, puedes conservar la tarta en la nevera hasta 24 horas.
  19. Precalienta el horno a 200 ºC
  20. Hornea la tarta durante 25 minutos y entonces baja la temperatura a 180 ºC
  21. Hornea 15 minutos más o hasta que la masa esté cocinada. 
  22. Retira del horno y deja enfriar sólo 2 minutos. 
  23. Coloca un plato invertido sobre el molde y, con cuidado, dale la vuelta. 
  24. Retira el molde y sirve la tarta caliente o templada.


Tarta tatin con hojadre y patatas de Yotam Ottolenghi


Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es crucial desmoldar la tarta solo 2 minutos después de sacarla del horno?

El tiempo de reposo es clave: si se desmolda inmediatamente, el relleno estará demasiado fluido y la estructura se desmoronará; por el contrario, si se espera demasiado, el caramelo de la base se enfriará y quedará pegado al papel, impidiendo que la tarta se desprenda limpia.

¿Se puede utilizar otro tipo de queso en lugar de queso de cabra curado?

Sí, se pueden utilizar opciones como queso manchego curado, feta desmenuzado, queso de Mahón o incluso gorgonzola si se busca un matiz potente que contraste con la dulzura del caramelo y la cebolla pochada.

¿Cómo influye el uso del patató mallorquín en el resultado final?

El patató es una patata pequeña de carne firme y textura cremosa que absorbe perfectamente los jugos del caramelo y la mantequilla sin deshacerse durante el horneado, aportando la consistencia idónea para sostener el hojaldre.


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Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Llesques de papa

Cuando el señor Bernadet decidió modernizar el pueblo, nadie sospechó que el caos llegaría en forma de máquina expendedora. La instalaron junto al bar de Can Rafel, justo donde antes se sentaban los jubilados a discutir si había llovido más en el 78 o en el 82. La máquina prometía «CAFÉ INTERNACIONAL – CAPPUCCINO – CHOCOLATE PREMIUM», todo en siete idiomas y con una voz femenina que decía «gracias» en un tono meloso.

El primero en probarla fue Biel des Trons, que llevaba setenta años bebiendo café negro servido por humanos malhumorados.

—Això no pot anar bé mai —dictaminó, mirando la pantalla táctil como si fuera una bomba.

Metió una moneda de un euro. La máquina emitió un pitido, tragó el dinero y permaneció inmóvil.

—Ja ho sabia jo.

Entonces apareció un turista alemán en sandalias y calcetines.

—Vielleicht müssen Sie hier drücken.

Pulsó un botón. La máquina rugió, tembló y expulsó un líquido marrón con espuma sospechosa. Biel lo observó.

—No pareix cafè.

Pero el alemán sonrió encantado y se fue feliz con el vaso. Aquello preocupó mucho al pueblo. Porque si los extranjeros empezaban a disfrutar aquel brebaje, alguien podría pensar que en Mallorca se bebía eso voluntariamente. A la mañana siguiente, la máquina amaneció cubierta con una sábana blanca. Encima, un cartel escrito a mano: «DESCANSA EN PAU».

Nadie confesó haberlo hecho. El ayuntamiento abrió una investigación seria, que consistió básicamente en preguntar en el bar si alguien había visto o sabía algo.

—¿Quién ha tapado la máquina?

—Ni idea —respondían todos, sin apartar la vista de la partida de dominó.

La única pista era que, desde aquella noche, la máquina había empezado a funcionar perfectamente… pero solo en mallorquín.

«Triï la seva beguda.»

«Monedes insuficients.»

«Torni-ho a provar, beneit.»

El técnico de Palma vino dos veces. La tercera renunció.

—No entiendo nada —dijo—. El sistema operativo está en alemán, pero alguien ha instalado frases payesas dentro del software.

Mientras tanto, el pueblo recuperó la calma. Los jubilados volvieron a sus sillas. El café de Can Rafel siguió siendo fuerte, corto y ligeramente peligroso para la tensión arterial, aunque a veces lo acompañaban de llesques de papa y eso lo suavizaba un poco. Y la máquina permaneció allí muchos años, sin vender apenas nada. Excepto a los turistas, que la recomendaban muchísimo en internet.


Llesques de papa típicas de Mallorca

Llesques de papa mallorquinas tradición Semana Santa


Aunque hoy en día en toda España se asocien directamente con las torrijas de Semana Santa, las llesques de papa mallorquinas tienen una identidad histórica propia, ligada a la supervivencia, a la mezcla de culturas de la isla y a la medicina antigua.

El misterio de su nombre: ¿Por qué "de papa"? Es la pregunta que todo el mundo se hace. No tiene nada que ver con el tubérculo (la patata), ni tampoco directamente con el Papa de Roma como figura religiosa.

El Diccionari Alcover-Moll ya documenta las llesques de papa por escrito en Mallorca en el segle XVI. En aquella época, "papa" o "papes" hacía referencia a las gachas o papillas espesas a base de leche y harina (o pan) que se daban a los niños pequeños y a los enfermos porque eran fáciles de digerir y muy nutritivas. Al ser un pan completamente ablandado en leche, heredó ese nombre popular.

Las raíces judías (Sefardíes). Aunque en Mallorca se consumen tradicionalmente durante la Cuaresma y la Semana Santa cristiana (vinculadas al ayuno de carne y al aprovechamiento del pan sobrante), los historiadores gastronómicos de las islas, como Antoni Tugores, apuntan a un origen mucho más remoto: la cocina judío-sefardí.

Antes de la expulsión y las conversiones forzosas en el siglo XIV y XV, los judíos de Mallorca preparaban por su Pascua (Pésaj) un dulce prácticamente idéntico llamado "rebanadas de parida paskuales". Cuando la comunidad judía (los llamados xuetes en Mallorca) tuvo que ocultar sus tradiciones, el plato se mimetizó perfectamente con el calendario cristiano de la Semana Santa, permitiéndoles mantener sus costumbres culinarias sin levantar sospechas ante la Inquisición.

El "alimento de parteras" (Medicina antigua). Durante siglos, las llesques de papa no se consideraban un postre de fiesta, sino un reconstituyente médico. Se creía que la combinación de pan, leche y huevo era el mejor remedio para que las mujeres que acababan de dar a luz recuperaran las fuerzas y estimularan la subida de la leche materna. De hecho, el famoso músico y poeta del siglo XV Juan del Encina las menciona como "plato indicado para parturientas", y en la vecina isla de Menorca se las conoce directamente con el nombre de sopes de partera.

Es una receta con más de 500 años de historia viva que pasó de los recetarios medievales y sefardíes a las cocinas de las abuelas de la isla.

Llesques de papa mallorquinas


Ingredientes:
  • 1 l de leche entera.
  • 350 g - 400 g de pan de barra del día anterior (aproximadamente una barra común, cortada en rodajas).
  • 1 rama de canela.
  • Corteza de media naranja y medio limón (evitando la parte blanca).
  • 3 huevos.
  • 70 g de azúcar.
  • Aceite de oliva suave para freír


1. Infusionar la leche:
En una olla, vierte el litro de leche junto con la rama de canela y las cortezas de cítricos. Lleva a fuego medio. Justo cuando empiece a hervir, retira del fuego, añade el azúcar, tapa la olla y deja reposar durante 15 minutos para que la leche absorba todos los aromas. Pasado ese tiempo, cuela la leche para retirar las cortezas y la canela, y deja que se temple.

2. Remojar el pan:
Corta la barra de pan en rebanadas gruesas. Colócalas extendidas en una bandeja honda y vierte la leche templada por encima. Deja que el pan absorba el líquido durante unos 15 minutos. Si es necesario, dales la vuelta a mitad del proceso con mucha delicadeza. El pan debe quedar muy bien empapado, casi al límite de romperse, pero manteniendo su forma.

3. Rebozar y freír:
Bate los 3 huevos en un plato hondo. Pon a calentar abundante aceite en una sartén a fuego medio-alto (lo ideal es mantenerlo a unos 170°C - 180°C si tienes termómetro, para que se doren sin quemarse).

Con la ayuda de una espátula o con las manos y mucho cuidado, pasa cada rebanada de pan por el huevo batido, asegurándote de que se cubra bien por las dos caras. Échalas al aceite caliente en tandas pequeñas para que no baje la temperatura.

4. Dorar y escurrir:
Fríe las llesques durante 1 o 2 minutos por cada lado, hasta que tengan un color dorado precioso. Retíralas con una espumadera y déjalas escurrir sobre un plato con papel absorbente de cocina para eliminar el exceso de grasa.

El truco de la abuela: Si te sobra un poco de leche del remojo y un poco de huevo batido, no lo tires. Puedes mezclar ambos restos, pasarlos por la sartén y hacer una especie de natilla rápida para acompañar.


Mosaico de las llesques de papa mallorquinas


Preguntas frecuentes (FAQ)

¿En qué se diferencian las llesques de papa de las torrijas tradicionales peninsulares?

Aunque la base de pan empapado en leche aromatizada y frito es la misma, en Mallorca reciben históricamente el nombre de llesques de papa (o llesquetes de papa). Tradicionalmente se infusionan con canela y cáscara de naranja y limón, y se sirven espolvoreadas con azúcar y canela o con miel de flores local, siendo un dulce de aprovechamiento típico de Cuaresma y Semana Santa.

¿Por qué es preferible usar pan del día anterior y no pan de molde suave?

El pan de barra asentado o del día anterior posee una miga más firme y una corteza estructurada capaz de absorber una gran cantidad de leche sin deshacerse. El pan fresco o de molde blando tiende a desmoronarse al manipularlo tras el remojado.

¿Cuál es la temperatura ideal del aceite para freír las llesques?

La temperatura óptima oscila entre los 170 °C y los 180 °C. Si el aceite está demasiado frío, el pan absorberá grasa en exceso y quedará aceitoso; si está demasiado caliente, el rebozado de huevo se quemará por fuera antes de que el interior alcance la textura cremosa característica.


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Cocas de turrón de almendra

Se acercaba Navidad y yo no había avisado a la familia de mi llegada, esperaba sorprenderles y llegar a tiempo para ayudarles a preparar todo. Me gustaba levantarme temprano y entrar en la cocina la primera, aunque nunca fue así, siempre se levantaban todas antes que yo y a mi me daba la sensación de llegar tarde y me entristecía, por mucho que dijeran que ellas acaban de entrar en la cocina no lo parecía viendo la mesa con la mise en place para elaborar cocas de turrón.

María me abrazaba y me ofrecía café antes de ponerme un delantal y contarme que este ritual nunca debe perderse, mi madre ponía los ojos en blanco como si entendiera que las nuevas generaciones no lo seguiríamos, a mi me dolía un poco el corazón, sabía que no siempre estaríamos todas. Mi hermana suele empezar las mañanas con té, a ella el café no le gusta y María, aunque también se lo preparaba, no le entusiasmaba, cosa que hacía que ella también pusiera los ojos en blanco como mamá e hiciera que me diera cuenta que se parecían mucho las dos, eso me hacía sonreír.

También se reunía con nosotras la hermana de papá, solo nos tenía a nosotros y no nos gustaba que estuviera sola, así que también se apuntaba a todos los eventos, mi mamá y ella congeniaban muy bien y se la pasaban hablando sobre tal o cual persona, cuando pasaba eso papá siempre huía, sabía demasiado sobre las batallitas de ellas en el pasado y aunque él no ponía los ojos en blanco, sus muecas eran muy graciosas, yo me parecía mucho a él y eso me hacía sonreír.

Así que cuando llegué a casa, no quise entrar con mi llave, toqué el timbre y esperé ansiosa ver sus caras de alegría, hacía mucho que no estaba en casa y lo echaba de menos. Se oían pasos hacía la puerta, y me preparé para gritar ¡Feliz Navidad! y abrir mis brazos en señal de regalo por volver al hogar.


Cocas de turrón de almendras de Mallorca

Cocas de turrón navideñas mallorquinas



Historia y Tradición
La tradición de elaborar el turrón en Mallorca está ligada a la festividad de Santa Catalina (25 de noviembre). Este período es crucial porque el turrón artesanal requiere un largo tiempo de reposo, entre 20 días y un mes, para que sus sabores y texturas maduren a tiempo para la mesa navideña. Es un plato típicamente invernal y una tradición gastronómica sencilla y muy arraigada, o lo era cuando yo era pequeña.

Turrón de Almendra Tostada (Proceso Tradicional en barra):
"El proceso tradicional del turrón de almendra tostada comienza escaldando el corazón de la almendra (bessó) para pelarlo. Luego se tuesta en el horno, cuidando que quede bien cocido para asegurar una correcta ligazón con el azúcar. Finalmente, se muele la almendra y se mezcla con el azúcar en polvo. La pasta se dispone en cajas de madera forradas con papel sulfurizado (para absorber el aceite) y se deja reposar durante varias semanas o un mes. Se acostumbra a prepararlo para Santa Catalina y consumirlo en Navidad." 

En casa, cuando yo era pequeña, se hacía de los dos tipos, las cocas de turrón y el turrón de almendras tostadas en cajitas. El de cacao no se hacía, es una "novedad" pero una novedad bienvenida ahora.

Cocas de turrón de almendras mallorquinas


Ingredientes
  • 200 g de almendra molida cruda
  • 145 g de azúcar
  • 1 cucharadita pequeña de canela
  • Ralladura de la piel de 1 limón (pequeño)
  • El zumo de medio limón
  • Ralladura de la piel de 1 naranja 
  • El zumo de 1 naranja (mediana/pequeña)
  • Obleas para turrón

Elaboración
  1. Lava el limón y ralla su piel dentro de un cuenco. Reserva la ralladura.
  2. Ralla la piel de la naranja y exprime la naranja. Vierte el zumo de limón y naranja más la ralladuras en un cuenco grande. Agrega el azúcar y la canela en polvo. Mezcla bien con unas varillas hasta integrar y que el azúcar se disuelva.
  3. Incorpora la almendra molida a la mezcla anterior. Amasa hasta formar una masa homogénea y ligeramente pegajosa.
  4. Dispone una oblea (con la parte lisa hacia arriba) sobre una superficie limpia y plana.
  5. Con un pincel mojado en agua(o con una servilleta mojada o con el dedo), no lo mojes demasiado o la oblea se romperá, pincela el borde de la oblea. Coloca una porción de la masa de turrón encima de la oblea en el centro. Con los dedos mojados, extiende la masa de manera uniforme, dejando la zona mojada del borde sin rellenar.
  6. Pon la segunda oblea encima (con la cara lisa hacia el relleno).
  7. Con una servilleta encima de la oblea, presiona suavemente y poco a poco el borde con los dedos, asegurándote de que el sellado quede firme y bien cerrado. Repite el proceso con el resto de las obleas.



Cocas de turrón de almendras y cacao


Ingredientes
  • 200 g de almendra molida tostada
  • 150 g de azúcar
  • 50 g de cacao puro y sin azúcar
  • 25 ml de leche de almendras
  • Ralladura de la piel de 1 naranja 
  • El zumo de 1 naranja (mediana/pequeña)
  • Obleas para turrón

Elaboración
  1. Ralla la piel de la naranja y exprime la naranja. Vierte el zumo de naranja más la ralladura en un cuenco grande. Agrega el azúcar. Mezcla bien con unas varillas hasta integrar y que el azúcar se disuelva. Añade el cacao en polvo y mezcla hasta integrar bien.
  2. Incorpora la almendra molida a la mezcla anterior. Amasa hasta formar una masa homogénea y ligeramente pegajosa.
  3. Dispone una oblea (con la parte lisa hacia arriba) sobre una superficie limpia y plana.
  4. Con un pincel mojado en agua(o con una servilleta mojada o con el dedo), no lo mojes demasiado o la oblea se romperá, pincela el borde de la oblea. Coloca una porción de la masa de turrón encima de la oblea en el centro. Con los dedos mojados, extiende la masa de manera uniforme, dejando la zona mojada del borde sin rellenar.
  5. Pon la segunda oblea encima (con la cara lisa hacia el relleno).
  6. Con una servilleta encima de la oblea, presiona suavemente y poco a poco el borde con los dedos, asegurándote de que el sellado quede firme y bien cerrado. Repite el proceso con el resto de las obleas.




Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es fundamental humedecer los bordes de la oblea con moderación?

La fécula de la oblea es sumamente sensible a la humedad. Un toque ligero de agua (con pincel, servilleta o la yema del dedo) activa el almidón para que funcione como pegamento natural; sin embargo, un exceso de líquido ablandará en exceso la oblea y hará que se rompa al sellar o manipular el turrón.

¿Qué diferencia existe entre usar almendra molida cruda o tostada según la variedad?

En la receta tradicional mallorquina, la almendra cruda se combina con cítricos (limón y naranja) y canela, logrando un matiz fresco y jugoso de mazapán tradicional. En cambio, para la versión con cacao, la almendra tostada aporta notas más intensas e hidrófobas que equilibran el amargor del cacao puro y la leche de almendras.

¿Cómo se deben conservar las cocas de turrón para que las obleas no se ablanden?

Lo ideal es envolver cada coca de turrón de forma individual en papel vegetal o de horno y guardarlas en un recipiente hermético en un lugar fresco y seco (fuera de la nevera). Así, las obleas mantendrán su textura firme y el relleno conservará su humedad óptima durante semanas.



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Duquesas de requesón

Cuentan que la "Jaia Corema" no siempre tuvo siete piernas. Hubo un tiempo en que solo tenía dos, pero también tenía paciencia, que es más difícil de conseguir y mucho menos apreciada. Todo empezó el año en que el Rey Carnaval decidió que la fiesta no iba a terminar nunca. Al principio parecía buena idea: música sin pausa, mesas siempre llenas, gente disfrazada incluso para ir a comprar pan. Pero pronto nadie dormía, nadie recordaba qué día era. Fue entonces cuando apareció la Jaia.

No gritó ni dio órdenes. Se plantó en medio de la plaza, con una mirada que no admitía discusiones, y dijo simplemente:

—Hasta aquí.

El Rey Carnaval se rió. Intentó convencerla con bailes, con dulces, con promesas de días eternos sin normas. Pero la Jaia no se movió. Así que hicieron un trato, porque en Mallorca hasta las discusiones acaban en acuerdo: cada semana, el caos tendría una oportunidad de redimirse.

Si alguien en el pueblo hacía algo que devolviera un poco de orden —no orden aburrido, sino ese que hace que todo encaje sin que nadie lo note—, la Jaia cedería una de sus piernas y el Carnaval perdería un poco de fuerza.

Nadie entendió muy bien cómo empezó, pero funcionó.

Una mujer ayudó, sin decir nada, a llevar la bolsa de la compra de una vecina mayor. Y ese gesto, tan pequeño que casi se pierde, hizo que una de las piernas de la Jaia desapareciera como si nunca hubiera estado allí.

Un pescador decidió ayudar a otro que no había pescado para que no se fuera con las manos vacías. Otra pierna menos.

Un grupo de amigos, en mitad de la fiesta, defendió a una chica que estaba siendo molestada por otros. La Jaia se quedó con una pierna menos.

Semana a semana, sin discursos ni grandes hazañas, el pueblo empezó a recordar cómo era vivir sin exceso. Y el Rey Carnaval, cada vez más ligero de poder, ya no imponía la fiesta.

Cuando la Jaia se quedó sin su última pierna, nadie se atrevió a preguntar qué pasaría. Pero no cayó. Se mantuvo en pie de alguna manera que no parecía necesitar explicación.

El Rey Carnaval, por primera vez sin disfraz, la miró con respeto.

—Has ganado —admitió.

Ella negó con la cabeza.

—No. Hemos aprendido juntos.

Desde entonces, cada año vuelven ambos. Él trae el ruido, ella el equilibrio. Y entre los dos, el pueblo recuerda que ni la fiesta puede durar para siempre… ni hace falta que termine del todo.


Duquesas de requesón de Mallorca

Moldes para hacer duquesas de requesón mallorquinas




Las Duquesas de Requesón (duqueses de brossat) son uno de los tesoros más elegantes de la repostería mallorquina. Aunque hoy las vemos en las pastelerías, su origen es doméstico y antiguo, apareciendo en libretas familiares de los siglos XIX y XX.

Como no existían los moldes de silicona ni de metal ligero, se utilizaban las famosas tiras de papel. Se cortaba una tira de papel de estraza o pergamino, se unía formando un aro y la masa se adaptaba a ese círculo. Esto le daba ese aspecto de "corona" tan característico.

En libros de referencia sobre la gastronomía y el folclore mallorquín (como los de Pedro de Alcántara Penya o en el Die Balearen del Archiduque Luis Salvador), se menciona que el consumo de dulces de requesón aumenta drásticamente durante la Cuaresma y la Semana Santa.

Antiguamente, la producción de leche de oveja y cabra era máxima en primavera gracias a los pastos frescos. Por ello, el requesón era abundante y de mejor calidad justo en las fechas de Pascua.

En textos del siglo XIX y principios del XX, las duquesas aparecen como un dulce de "convit" (convite). No eran un dulce diario, sino que se elaboraban para bautizos y bodas debido a su forma delicada se consideraban un dulce elegante para celebraciones familiares.

Era común que los hornos las prepararan para las fiestas patronales de verano e invierno.

En resumen: Aunque no tienen una única festividad exclusiva, su "época dorada" tradicional es la Primavera (Pascua), debido a la abundancia de requesón fresco y las restricciones religiosas de la época que favorecían los dulces lácteos frente a los que usaban grasas animales prohibidas.

Duquesas de requesón mallorquinas


La Masa:
  • 250 g de harina de trigo
  • 100 g de manteca de cerdo (saïm)
  • 75-100 g de azúcar
  • 1 yema de huevo
  • Un chorrito de vino dulce Moscatel

El Relleno:
  • 450 g de requesón (brossat)
  • 175 g de azúcar
  • 3 huevos grandes
  • Ralladura de 1/2 limón
  • Una pizca de canela

Preparar la masa: 
Mezcla la manteca (a temperatura ambiente) con el azúcar y la yema. Añade el vino y ve incorporando la harina hasta obtener una masa que no se pegue a las manos. Déjala reposar unos 30 minutos en el frigorífico.

Preparar el relleno: 
En un bol aparte, desmenuza bien el requesón con un tenedor (en las recetas antiguas se pasaba por un colador fino para que no hubiera grumos). Mézclalo con el azúcar, la ralladura, la canela y los huevos batidos hasta que quede una crema espesa.

Montaje:
Estira la masa con un rodillo (unos 3-4 mm de grosor).
Corta círculos de unos 10-12 cm de diámetro. Coloca el círculo de masa en el fondo, subiendo un poco por las paredes del aro.

Nota: 
El truco del molde: Si no tienes los aros de metal tradicionales, corta tiras de papel de hornear de unos 4 cm de alto y únelas con un clip o hilo formando un aro. 

Horneado: Rellena cada "cestita" con la crema de requesón (casi hasta arriba, ya que al hornear suben como un suflé y luego bajan). Hornea a 180°C durante unos 30-35 minutos hasta que el relleno esté cuajado y dorado.

Acabado: Deja enfriar totalmente antes de quitar el aro de papel o metal. Espolvorea con azúcar glas si lo deseas.



Duquesas dulces de requesón mallorquinas

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Se puede sustituir el brossat o requesón mallorquín por otro tipo de queso?

El brossat tradicional aporta una textura granulosa y un sabor lácteo muy fresco característico de la repostería balear. Si no dispones de él, el sustituto más idóneo es un requesón artesanal de oveja o cabra, o en su defecto, una ricotta bien escurrida.

¿Por qué se utiliza manteca de cerdo (saïm) en la masa en lugar de mantequilla?

La manteca de cerdo es la grasa tradicional de las masas dulces de las Islas Baleares. Le aporta a la masa una textura quebradiza única, suavemente hojaldrada y con la consistencia auténtica de las duquesas. Si utilizas mantequilla, obtendrás una masa sabrosa pero de perfil más parecido a la pasta brisa.

¿Cómo evitar que el relleno se desborde al subirse durante el horneado?

Al contener huevo batido, el relleno de requesón tiende a hincharse como un suflé por el calor del horno. Es importante no sobrepasar las tres cuartas partes del molde o aro y hornéalas a 180 °C constante. Al retirarlas del horno, el relleno bajará ligeramente de forma natural hasta asentarse con su consistencia cremosa final.


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Salsa a la pimienta sin Bovril

La cocina del Thousand Sunny estaba en plena ebullición. Sanji, impecable con su traje negro, preparaba un entrecot con salsa de pimienta, reducción de coñac y patatas doradas.

En ese preciso instante, Luffy apareció por la puerta.

—¡SANJI! ¿YA ESTÁ LA COMIDA?

—¡FUERA DE MI COCINA, PEDAZO DE HAMBRIENTO!

—¡Pero tengo tanta hambre que podría comerme el barco!

—¡Pues empieza por masticar tus modales!

Sanji terminó el plato con una delicadeza digna de un restaurante parisino. La carne estaba dorada por fuera, jugosa por dentro y bañada en una salsa aromática que habría hecho llorar de emoción a cualquier chef francés.

Colocó el entrecot sobre la mesa.

Luffy se abalanzó sobre él.

—¡GOMU GOMU NO… MORDISCO!

En menos de tres segundos, el plato quedó vacío.

Sanji permaneció inmóvil. Una vena comenzó a palpitarle en la frente.

—Luffy… ¿HAS SABOREADO LA SALSA?

—¿Qué salsa?

—¿Y LA REDUCCIÓN DE COÑAC?

—¿Qué reducción?

—¿Y LA CARNE?

Luffy se relamió.

—Estaba rica. ¿Hay más?

Sanji encendió un cigarrillo, miró al horizonte y contuvo las lágrimas.

—He dedicado veinte minutos a una obra maestra culinaria para que este idiota la inhale como si fuera aire.

Desde la puerta, Zoro soltó una carcajada.

—Al menos no se ha comido el plato.

Sanji se giró lentamente.

—¿Quieres comprobar cuánto tarda un cocinero en convertirte en una brocheta, marimo?

Zoro dejó de reír.

Aquella noche, Sanji preparó otro entrecot, esta vez para Nami, servido con una salsa de pimienta perfecta y una copa de vino.

Nami probó el primer bocado y cerró los ojos, encantada.

—Sanji, esto es maravilloso.

El cocinero se arrodilló a sus pies, con corazones en los ojos.

—¡NAMI-SWAAAN! ¡Cocinaría mil entrecots por ti!

Al fondo, Luffy levantó la mano.

—¿Y yo puedo comerme el de Nami?

Sanji salió disparado con una patada.

—¡DIABLE JAMBE! ¡FUERA DE MI COMEDOR!

Y así quedó demostrado que, en el Thousand Sunny, la cocina francesa era un arte… y alimentar a Luffy, una guerra sin tregua.


Inspirado en Sanji de One Piece.


Salsa a la pimienta con miso en lugar de concentrado de carne

tiras de entrecot con salsa a la pimienta hecha con miso


La historia del miso —cuyo nombre significa literalmente «fuente del sabor»— comenzó hace más de 1300 años en la antigua China antes de transformarse en uno de los pilares fundamentales de la identidad culinaria de Japón. Sus raíces más remotas se remontan al siglo IV a. C. en territorio chino, donde se elaboraba un condimento primitivo llamado hisio o sho, una pasta salada nacida de la fermentación de la soja que constituía la fase previa a la creación de la salsa de soja. Las primeras menciones escritas del término propiamente evolucionado surgieron alrededor del año 800.

Este valioso condimento llegó al archipiélago japonés en el siglo VII, introducido muy probablemente por monjes budistas. En sus primeros siglos en Japón, el miso era considerado un artículo de absoluto lujo y un tesoro gastronómico reservado exclusivamente a la nobleza, la corte imperial y las élites. Durante esta época se empleaba incluso como medicina o guarnición directa, en lugar de disolverse en caldos.

La gran transformación cultural del miso ocurrió durante el período Kamakura (1185-1333), cuando se arraigó la filosofía de alimentación de los guerreros samuráis conocida como Ichiju-issai, traducida como «una sopa, un plato». Fue en este contexto donde se popularizó de forma definitiva el consumo del miso en forma de sopa caliente, convirtiéndose en el sustento diario ideal para los soldados gracias a su facilidad de transporte en forma de bolitas secas y a su inmenso valor energético y nutricional.

Durante el posterior período Muromachi (1333-1573), el conocimiento de la fermentación se democratizó y las clases populares comenzaron a elaborar sus propias variedades caseras. Ya en el período Sengoku (hacia el año 1500), la altísima demanda bélica impulsó la apertura de la primera factoría industrial de miso, llamada Oensogura, lo que facilitó el abastecimiento a gran escala para las campañas militares.

A partir de entonces, el perfeccionamiento de la técnica con el hongo kōji (Aspergillus oryzae) y las tradiciones locales consolidaron variantes regionales icónicas elaboradas a base de soja, arroz o cebada. En la actualidad, el proceso artesanal que requiere largos meses o incluso años de maduración convive con una producción masiva que permite disfrutar de este pilar del sabor umami en todo el mundo.

El bovril se utiliza tradicionalmente en la salsa a la pimienta para aportar un fondo intenso de umami, sal y un matiz tostado o caramelizado. El miso —especialmente el miso oscuro o miso tinto— cumple exactamente esa misma función, pero añadiendo una profundidad de sabor aún más compleja gracias a la fermentación natural.

¿Qué tipo de Miso elegir?
  • Miso rojo u oscuro (aka miso): Es la mejor opción para sustituir al bovril. Posee un sabor potente, salado y profundo que imita muy bien el fondo cárnico del extracto de buey.
  • Miso blanco (shiro miso): Es más suave y dulce. También funciona muy bien, aunque dará como resultado una salsa un poco más delicada y cremosa.

Actualizada 2026.


Salsa a la Pimienta con Miso sin concentrado de carne (Bovril)


Ingredientes:

  • 1 o 2 cdas. de pimienta verde en salmuera (o pimienta negra o verde deshidratada machacada)
  • 1 cda. de mantequilla o aceite de oliva
  • 2 cdas. generosas de miso (rojo u oscuro preferiblemente en lugar de Bovril)
  • 400 ml nata para cocinar (o bebida vegetal rica)
  • 35 ml de coñac, brandy o whisky (opcional, para desglasar).
  • 100 ml de caldo (de carne, verdura o agua caliente para disolver el miso).
  • 1cdta. de pimienta negra molida

Disolver el miso: En un tazón pequeño, mezcla la cucharadita de miso con los 100 ml de caldo caliente (o agua) hasta tener un líquido homogéneo sin grumos. Reserva.

Tostar la pimienta: En una sartén o cazo a fuego medio, añade la mantequilla. Agrega los granos de pimienta (puedes aplastar la mitad para liberar más aroma) y saltea durante 1 minuto.

Desglasar (Opcional): Vierte el coñac, brandy o whisky y deja que el alcohol se evapore casi por completo.

Incorporar el miso y la nata: Baja el fuego e incorpora la mezcla de miso disuelto. Remueve bien. A continuación, vierte la nata poco a poco sin dejar de remover para que emulsione bien. Añade la pimienta negra molida y remueve.

Reducir y ajustar: Deja cocinar a fuego lento durante unos 3 a 5 minutos hasta que la salsa espese a tu gusto. Prueba el punto de sal y pimienta al final y rectifica si fuera necesario.


Notas: 
  • El miso es bastante salado por sí solo. No añadas sal adicional a la salsa hasta el final, tras haber probado el conjunto. 
  • No viertas la pasta de miso directamente en la sartén caliente, ya que le costará integrarse y formará grumos. Disuélvela primero en un chorrito de caldo caliente o en un poco de nata antes de incorporarla.
  • Los fermentos y aromas del miso se conservan mejor si no se somete a una ebullición prolongada a fuego fuerte. Añádelo hacia la mitad o el final de la cocción.
  • Opciones para acompañar la salsa a la pimienta (además de la carne): pescados, tofu, tempeh, seitán, setas portobello o de cardo, y huevos flor o escalfados.

Miso y pimienta verde para la salsa de pimienta sin Bovril



Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es preferible usar miso en lugar de bovril o concentrado de carne?

El miso aporta el mismo matiz sabroso y umami que el extracto de carne tradicional, pero con un perfil botánico y fermentado más complejo, ideal para opciones vegetarianas o para quienes buscan una profundidad de sabor más elegante y suave.

¿Se puede utilizar pimienta negra en grano si no se dispone de pimienta verde?

Sí, aunque la pimienta verde en salmuera es más blanda y aporta una frescura vegetal característica, la pimienta negra o verde seca machacada en mortero funciona perfectamente, proporcionando un toque más picante y aromático.

¿Cómo evitar que la nata se corte al mezclarla con el miso?

La clave es mantener el fuego suave al incorporar la nata y verterla poco a poco mientras se remueve. Disolver el miso previamente en un caldo templado evita cambios bruscos de temperatura que puedan descomponer la grasa de la nata.


Salsa a la pimienta hecha con miso en lugar de bovril


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Champiñones calaveras

Cuando Martina heredó la mansión victoriana, lo primero que encontró fueron unas cuantas goteras, marañas de telarañas, champiñones creciendo en el sótano y un fantasma atrapado en el espejo del baño.

—¡Por fin! —chilló el espectro—. Llevo ciento veinte años esperando a alguien con la suficiente mala suerte como para invocarme.

—¿Eres peligroso? —preguntó ella.

—Muchísimo. Puedo apagar las luces, mover los muebles y hacer que la red Wi-Fi funcione únicamente cuando te sientes en el inodoro.

Martina lo observó con auténtico respeto. Aquello sí que era maldad pura.

—¿Cómo te llamas?

—Baltasar Mortaja, terror de los vivos, azote de los difuntos y antiguo campeón regional de lanzamiento de ectoplasma.

—Encantada, Baltasar. ¿Sabes arreglar una caldera?

El fantasma se quedó flotando a medio metro del suelo, profundamente ofendido.

—¡Soy una entidad sobrenatural!

—Perfecto. Entonces no tendrás ningún inconveniente en atravesar las paredes y mirar qué demonios pasa con las tuberías.

Baltasar decidió vengarse. Durante toda la noche hizo crujir la tarima, susurró oscuras amenazas desde los armarios y cortó la leche de la nevera hasta convertirla en yogur.

A las tres de la madrugada, Martina apareció en el salón con una humeante taza de chocolate caliente entre las manos.

—Mira, fantasma: o me echas una mano con la caldera o pongo un anuncio de tu habitación en una plataforma de alquiler vacacional.

—¡No puedes hacer eso!

—¿Por qué no? ¿Acaso en esos sitios no aceptan mascotas?

Baltasar lanzó un chillido tan espantoso que tres cuadros cayeron de golpe contra el suelo y un murciélago salió molesto de la chimenea.

A la mañana siguiente, la caldera funcionaba a pleno rendimiento. El espectro había pasado la noche entera reparándola entre maldiciones en latín y consultas desesperadas a tutoriales de YouTube.

Martina le dejó una nota pegada en el cristal del espejo:

«Gracias, Baltasar. Esta tarde vienen unos posibles compradores. Haz el favor de comportarte como un muerto normal».

Baltasar sonrió mostrando una hilera de dientes amarillentos. Porque, si algo había aprendido en sus ciento veinte años de cautiverio, era que los vivos podían llegar a ser muchísimo más terroríficos que los muertos. Y además, el alquiler de una mansión victoriana incluiría calefacción, pero desde luego no servicio de limpieza paranormal.


Inspirado en Beetlejuice. "No confíes en los vivos" ("Never trust the living").


Sopa con champiñones calaveras tallados para Halloween

Pizza con champiñones calaveras tallados a mano

De la tierra húmeda y la densa niebla 
brotan rostros blancos que la noche celebra. 
Corta el hongo, esculpe el hueso, 
¡que el caldero hierva con el alma de un beso!

La historia del champiñón es la crónica de un hongo que pasó de brotar de forma silvestre en los campos europeos a convertirse en la variedad culinaria más cultivada y consumida del mundo. Aunque la recolección de setas silvestres se remonta a la prehistoria, el champiñón común que hoy conocemos (Agaricus bisporus) tiene su origen moderno en los alrededores de París. Su domesticación no solo revolucionó la gastronomía, sino que también dio vida a una industria agrícola tecnológicamente avanzada.

Durante milenios, los hongos estuvieron rodeados de un halo de misterio y recelo. Sociedades de la Antigüedad como la romana apreciaban profundamente ciertas setas por sus virtudes gastronómicas, pero conocían de sobra su peligrosidad. Asimismo, comunidades como los antiguos aborígenes canarios y otras culturas locales ya los recolectaban y consumían directamente de la naturaleza. Sin embargo, el verdadero viaje del champiñón de París comenzó a mediados del siglo XVII en Francia. Hacia 1650, unos agricultores franceses observaron que una pequeña seta de tono blanquecino crecía de forma espontánea sobre el estiércol de caballo utilizado en las meloneras. Fascinados por su aroma suave y su sabor sutil, los horticultores comenzaron a cultivarlos de manera sistemática para abastecer a las cocinas aristocráticas, ganándose rápidamente un lugar de honor en los banquetes del rey Luis XIV.

A pesar de su popularidad, el cultivo al aire libre chocaba con el enorme obstáculo del clima: las heladas invernales y el calor estival paralizaban por completo la producción. La solución a este problema llegó a principios del siglo XIX gracias al ingenio de un hortelano francés llamado monsieur Chambry. Alrededor de 1811, Chambry descubrió que las antiguas canteras subterráneas de piedra caliza abandonadas bajo París poseían un microclima ideal para el hongo. Al trasladar las camas de sustrato al interior de estas galerías oscuras, húmedas y con una temperatura constante, consiguió desvincular la producción de las estaciones del año. Este hallazgo convirtió a las galerías subterráneas parisinas en el epicentro de la producción micológica, asentando de forma definitiva la denominación internacional de «champiñón de París».

El éxito del método subterráneo parisino no tardó en expandirse por toda Europa y el resto del mundo. A finales del siglo XIX y principios del XX, el cultivo migró desde las cuevas tradicionales hacia instalaciones industriales concebidas para controlar la humedad y la temperatura de manera milimétrica. En España, regiones como La Rioja adoptaron el cultivo del champiñón a partir de la primera mitad del siglo XX, impulsadas por las técnicas importadas de los productores franceses. Hoy en día, gracias a la pasteurización de los sustratos y a los avances de la micología moderna, el champiñón ha dejado atrás su antigua exclusividad cortesana para transformarse en un ingrediente accesible, nutritivo y pilar fundamental de la cocina global cotidiana.

En Circus Day los hemos convertido en simpáticas calaveras listas para disfrutar en Halloween, en fiestas de disfraces o en cualquier momento en que te apetezca un toque divertido.


Champiñones calaveras para Halloween


Ingredientes:
  • Champiñones frescos enteros (de tamaño mediano o grande)
  • Pajitas de plástico o metal de diferentes diámetros (para troquelar los ojos)
  • Un cuchillo pequeño de puntilla o mondador bien afilado

Elaboración:
  1. Limpia cuidadosamente los champiñones con un paño húmedo o pincel de cocina para retirar los restos de tierra (evita sumergirlos en agua para que no pierdan firmeza).
  2. Corta cada champiñón por la mitad longitudinalmente, manteniendo el pie adherido al sombrero.
Talla de la cara de la calavera
  1. Ojos: Presiona firmemente con el extremo de una pajita sobre el sombrero del champiñón para troquelar dos orificios circulares a la altura de los ojos.
  2. Cuencas: Utiliza la punta del cuchillo pequeño para retirar el exceso de carne del interior de cada orificio y definir las cuencas oculares.
  3. Dientes y mandíbula: Practica pequeños cortes verticales paralelos en la parte inferior del sombrero y a lo largo del pie del champiñón para simular la dentadura de la calavera.

Notas: 
Utiliza estos champiñones tallados para decorar por encima cremas de verduras, sopas de setas o pizzas antes de hornearlas durante la época de Halloween.



Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué tipo de champiñón es mejor para hacer las calaveras de Halloween?

Los champiñones Paris blancos medianos o grandes son ideales porque tienen una superficie lisa y clara que resalta las sombras talladas. Los champiñones Portobello también funcionan muy bien si se busca un acabado más oscuro o tenebroso.

¿Se deforman las calaveras de champiñón al cocinarlas?

Si se hornean en una pizza o se saltean a fuego fuerte brevemente, mantienen su forma a la perfección. Para sopas o cremas, conviene incorporarlos justo al final o cocinarlos al vapor unos minutos para colocarlos flotando sobre el plato como guarnición vistosa.

¿Cómo evitar que los champiñones tallados se oscurezcan antes de usarlos?

Si no vas a usarlos de inmediato, rocíalos levemente con unas gotas de zumo de limón para conservar su tono claro y firmeza. Aunque un poco oscuros quedan más tétricos ¿No crees?


Sopa y pizza con champiñones tallados en forma de calaveras

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Melón al mojito

Creció entre historias de piratas, mares de un azul turquesa, aguas cristalinas y toneles de ron. Ser hija de marineros en tiempos revueltos, en tierras sin dueño y de tesoros escondidos, alimentó su fascinación por esas leyendas que su familia se empeñaba en mantener vivas para atraer a los turistas perdidos en aquella isla.

Se decía que su antepasado más ilustre había sido el mismísimo Sir Francis Drake. Ella no tenía la menor idea de si era verdad o leyenda, pero si afirmar que sí significaba atraer a más clientes a su excursión de la «búsqueda del tesoro»… ¡bienvenido fuera el parentesco!

Su padre hacía tiempo que se había marchado de la isla. Su madre había quedado a la deriva, con la mirada fija cada mañana en el horizonte marino por si él regresaba. A ella no le quedó más remedio que orquestar un plan para ganar dinero y no morir en el intento.

Allí había crecido y allí pensaba morir. Era la pirata perfecta —salvo por la dentadura podrida y las borracheras nocturnas—. Podría haber actuado en cualquier superproducción de piratas: conocía los códigos, la jerga, los tacos y los nombres (inventados por ella) de los corsarios más «ilustres» que jamás habían surcado los mares.

Solo le faltaba una buena cicatriz en la mejilla para infundir respeto a la mismísima Armada Invencible. Bueno, o eso le gustaba imaginar… y eso mismo les vendía a los visitantes. Le apasionaba sentirse una leyenda viva, y aquello la entretenía tanto o más que un buen trago de ron.


Melón macerado con mojito y ensartado en brochetas

Melón al mojito elaborado con un melón dulce y el cóctel cubano


El antecedente genético del mojito es una mezcla conocida como draque o drake, que consiste en combinar aguardiente de caña, azúcar, lima (o limón) y hierbabuena. Esta combinación fue creada por un colaborador del famoso corsario inglés Sir Francis Drake, quien, curiosamente, llevaba el mismo apellido que su capitán. En tiempos de piratería, la brebaje se utilizaba para combatir males estomacales, prevenir el cólera y aliviar el Intenso calor de las Antillas.

Aunque comúnmente se piensa que el mojito se inventó en La Bodeguita del Medio, la realidad es que los cubanos ya lo preparaban mucho antes de la apertura del célebre local. Su origen moderno se remonta a alrededor de 1910, en un bar de la playa de La Concha. El nombre proviene de la adaptación al español de mojo, un término derivado del vocablo africano o caribeño que aludía a aderezos y mezclas, aunque también se asocia informalmente con la coctelería británica de la época.

Sin duda, el mojito más famoso del mundo es el de La Bodeguita del Medio, inmortalizado por el escritor Ernest Hemingway con su conocida frase: «Mi daiquirí en El Floridita y mi mojito en La Bodeguita».

Curiosamente, mi primer mojito lo disfruté en La Bodeguita del Medio, pero no en Cuba, sino aquí, en esta isla mía. Y tenía que ser un estadounidense quien le diera una vuelta de tuerca para presentárnoslo bien fresco, con fruta dulce y sabrosa. ¿Te atreves a probarlo? Mira que si empiezas, no podrás parar. Sírvelo a tus invitados mientras preparas una barbacoa y te convertirás en el corsario preferido de todas las fiestas.

Actualizada 2026.


Melón al mojito helado


Ingredientes:
  • 8 brochetas o palillos de madera
  • ½ melón dulce (tipo piel de sapo o cantaloupe), pelado y cortado en 8 cuñas

Ingredientes del mojito:
  • 1 cda. de azúcar
  • El zumo de 3 limas
  • 5 ramitas de menta o hierbabuena
  • 3/4 taza de ron blanco
  • 1/2 taza agua

Elaboración:

  1. Coloca las cuñas de melón en una fuente o bandeja.
  2. Haz la mezcla de mojito: Coloca todos los ingredientes en una licuadora y pica. 
  3. Vierte la mezcla sobre las cuñas de melón y refrigera 1 hora.
  4. Cubre una bandeja que quepa en el congelador con papel de hornear. 
  5. Saca las cuñas de la fuente. 
  6. Pincha cada cuña de melón con un stick, y ponlo sobre la bandeja. 
  7. Congela de 20 a 30 minutos. 
  8. Sirve frío.

Paso a paso de cómo elaborar melón con mojito

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué se congela el melón solo entre 20 y 30 minutos?

Este tiempo justo permite que la capa exterior del melón se congele formando una fina corteza helada y refrescante, mientras que el interior se mantiene jugoso y lleno de la mezcla macerada de mojito. Si se deja más tiempo, la fruta se endurecería demasiado para morderla cómodamente.

¿Se puede preparar una versión sin alcohol para niños o eventos familiares?

Sí, perfectamente. Basta con sustituir el ron blanco por la misma cantidad de agua de coco, refresco de lima-limón o simplemente incrementar ligeramente el agua y el zumo de lima para obtener unas brochetas refrescantes y aptas para todos los públicos.

¿Qué variedad de melón es la más adecuada para esta receta?

El melón piel de sapo aporta una carne firme que absorbe muy bien el mojito sin deshacerse, mientras que el melón cantaloupe o el galia aportan un vistoso contraste de color naranja o verde brillante e intensifican el dulzor natural de la preparación.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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