Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Huevos con tomate

Phoebe está de pie, mirando fijamente la pantalla digital del refrigerador inteligente de alta gama que Monica compró recientemente.

Phoebe: Lo sabía. Está parpadeando en código morse. Chicos, tenemos que salir de aquí. El "Frigo-Tron" está reclutando datos.

Monica: Phoebe, no es código morse. Es el indicador de que el filtro de agua necesita un cambio. Lo configuré yo misma.

Phoebe: ¡Eso es lo que él quiere que creas, Monica! Pero yo lo escuché anoche. Estaba hablando con la tostadora en un lenguaje de zumbidos. Decían que nosotros somos "demasiado orgánicos".

Chandler: Bueno, siempre supe que mi final llegaría a manos de un electrodoméstico, pero esperaba que fuera mi afeitadora eléctrica, no un aparato que guarda los huevos.

Joey: Espera, Phoebe. Si está planeando una revolución... ¿va a dejar de darnos hielo? Porque si no hay hielo, no hay refresco frío. Y si no hay refresco frío... 

Phoebe: ¡Es peor que eso, Joey! He sentido su aura. Es fría, y no hablo de la temperatura interior. Tiene un resentimiento profundo porque Ross siempre guarda sus sobras de huevos con tomate.

Ross: ¡Oye! Mi revuelto no sabe mal. Huele a una mezcla equilibrada de tomate y huevo.

Phoebe: Anoche, la cafetera empezó a gotear sin razón. ¡Fue un llanto de solidaridad! Están hartos de servirnos. El microondas ya no quiere calentar tus burritos, Joey. 

Rachel: (Entrando con una bolsa de compras) Hola a todos. Oigan, ¿porqué estáis mirando todos el frigorífico? ¿No funciona la tele?.

Phoebe:  ¡El frigorífico está intentando absorber nuestras mentes para dejarnos fríos! 

Chandler: ¿Ves? Mónica te dije que compraras el modelo analógico.


Huevos con salsa de tomate en revuelto

Revuelto de huevos con tomate


Los huevos revueltos son una de las preparaciones más antiguas y universales en la cocina, con una historia que se remonta a miles de años. Se cree que el plato se originó en la antigua Persia, donde los cocineros ya preparaban huevos batidos con leche y especias, cocidos lentamente hasta obtener una textura cremosa.

En la cocina europea, los huevos revueltos comenzaron a aparecer en libros de cocina del Renacimiento, y en Francia, en el siglo XVII, se perfeccionó la técnica, usando mantequilla para lograr una textura más suave. Desde entonces, se han convertido en un plato esencial, popular en la gastronomía de numerosos países.

Los ingleses desayunan huevos revueltos, acompañados de salchichas, bacon...En los diners estadounidenses, los huevos revueltos tradicionales suelen ser más firmes ("hard scrambled"). También existe un "cameo" de huevos revueltos en la serie Friends, concretamente con Chandler.

En casa de mi madre me cocinaba, cuando era pequeña, huevos con tomate, un clásico que creo que cocinaban en muchos hogares españoles. Ahora, yo lo cocino para mis chicos, aunque para ellos creo que no tienen el "impacto" que tenían para mi.

Sé que cada familia tiene su versión, algunas madres o abuelas lo cocinaban con un sofrito, en casa no, es un revuelto super simple, solo tomate frito y huevo, y como el tomate frito es casero y ya lleva sal y pimienta no necesita más. No sé si Mónica querría la receta y los demás lo comerían, pero creo que sí les gustaría.

Actualizada 2026.


Revuelto de huevos con tomate



Ingredientes
  • 300 g tomate frito casero
  • 3 huevos M 
Elaboración
  1. Calienta el tomate en una sartén, a fuego lento. 
  2. Añade los huevos y remueve rápidamente para que el huevo no cuaje. 
  3. Verás que el color va cambiando a medida que los huevos cuajen.
  4. Deja cocinar unos segundos más.
Comer con pan ♥️

Nota: La consistencia depende de los huevos que pongas, si te gusta más cremoso solo añadir 2 huevos. 


Elaboración de los huevos con tomate

Huevos con tomate para mojar pan


Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day

Escudella de mongetes de confit

Hay casas que recuerdan mejor que las personas.

La de mi abuela tenía esa capacidad. Podías entrar después de muchos años y todo seguía en su sitio: la cuchara de madera junto al fogón, el paño de cuadros colgado en la puerta de la cocina, el tarro de vidrio donde se guardaban las almendras y aquella mesa de madera marcada por tantas comidas que parecía tener escrita la historia de la familia en cada arañazo.

En Mallorca, el verano llegaba primero a las cocinas.

Llegaba con el olor del tomate recién cortado, con los pimientos asados enfriándose en un plato, con el aceite derramándose lentamente sobre una rebanada de pan moreno. Llegaba cuando la fruta madura llenaba las cestas y los higos aparecían en la mesa como pequeños tesoros que había que comer antes de que el sol terminara su trabajo.

Mi abuela decía que las recetas no se aprendían: se heredaban.

No hablaba de cantidades ni de tiempos; hablaba de recuerdos.

—Ponle lo que pida —decía.

Nunca supe qué significaba exactamente aquello, pero ella siempre sabía cuándo un plato estaba terminado.

Quizá porque cocinaba mirando hacia atrás.

Mientras preparaba una escudella fresca, recordaba los veranos en que la mesa era más grande y las voces llenaban la casa. Mientras amasaba una coca de verdures, nombraba a personas que ya no estaban, como si todavía pudieran aparecer por la puerta atraídas por el olor del horno.

Había algo extraño en aquellas tardes de agosto. Todo parecía inmóvil: las persianas medio cerradas, el ventilador girando sin prisa, el silencio de la calle después de comer.

Pero la cocina nunca estaba quieta.

Allí seguían viviendo las historias.

Un plato de tumbet podía devolver una conversación antigua. Una ensalada podía traer la imagen de alguien sentado en una silla concreta. Un vaso de granizado de almendra podía hacer aparecer un verano entero en un solo sorbo.

Con los años entendí que las casas no desaparecen cuando se cierran sus puertas. Algunas permanecen escondidas en los sabores, en los gestos repetidos, en esa forma misteriosa que tiene la memoria de guardar lo que parecía pequeño.

Por eso, cada verano, cuando corto un tomate y dejo caer sobre él un hilo de aceite, la cocina vuelve a abrirse.Y durante unos minutos, aunque nadie diga nada, todos vuelven a estar sentados a la mesa.


Guiso de judías de confit mallorquín

Mongetes de confit mallorquinas para guisos


Las mongetes de confit son una variedad tradicional de alubia o judía (Phaseolus vulgaris) cultivada en Mallorca, considerada una auténtica exquisitez gastronómica del verano en la isla. A diferencia de las legumbres secas habituales, estas judías se comercializan frescas dentro de sus vainas jaspeadas y se desgranan justo antes de cocinarse. Esto les aporta una textura extremadamente mantecosa y suave que no requiere remojo previo; una vez cocinadas, quedan casi blancas y el jaspeado desaparece. Es un producto típicamente estival que se encuentra en los mercados locales entre finales de junio, julio y agosto.

Su uso gastronómico principal es la elaboración de la escudella fresca, un guiso de cuchara típicamente veraniego que se adapta al clima de la isla combinando estas alubias tiernas con verduras de la huerta estival como calabacín, patata, judía verde, tomàtiga de ramallet y un toque aromático indispensable de mejorana.

Muy apreciadas por los mallorquines, las solemos comer en escudella, aunque también se puede elaborar una ensalada si se prefiere una versión fría. Sé que tomar un guiso de cuchara en esta época del año puede parecer extraño por el calor, pero es un plato tradicional de la gastronomía mallorquina en verano. La receta de mi madre es todo verdura pero también se puede añadir un poco de carne si gusta.

Actualizada 2026.

Escudella fresca con mongetes de confit mallorquinas



Ingredientes para 2
  • 100 g de mongetes de confit (alubias)
  • 1 calabacín
  • 50 g de judía verde
  • 100 g de patata
  • 1 cebolla
  • 1 ajo
  • 1 tomate de ramellet
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta negra
  • 1 ramita de mejorana
  • 1 ramita pequeña de Tomillo
  • 750 ml de caldo de verduras

Mise en place:
  1. Saca las judías de la vaina. 
  2. Reserva. 
  3. Limpia el calabacín y las judías verdes.
  4. Pela la patata. 
  5. Corta la verdura en mirepoix (dados 1cm. aprox.).
  6. Reserva. 
  7. La patata resérvala en agua. 
  8. Limpia la mejorana y el tomillo y sécalo con papel de cocina. 
  9. Separa las hojas de los tallos y reserva. 
  10. Pica la cebolla en brunoise y lo mismo el ajo, ralla el tomate. 
  11. Pon el caldo de verduras al fuego para que hierva cuando lo necesites.

Elaboración:
  1. En una cacerola al fuego suave con aceite de oliva sofríe la cebolla y el ajo. 
  2. Cuando transparente añade el tomate rallado. 
  3. Cuando el tomate esté bien cocinado añade el caldo hirviendo. 
  4. Cuando vuelva a hervir añade las judías y a los 15 minutos el resto de verduras.
  5. Salpimienta a gusto. 
  6. Deja cocinar hasta que las judías estén tiernas.
  7. Añade en los últimos 5 minutos la mejorana y el tomillo. 
  8. Probar de sal, rectificar en el caso de que falte. 
  9. Apaga el fuego y deja reposar un poco antes de servir. 

Escudella fresca de mongetes de confit mallorquina

Mongetes de confit mallorquines

Relato y fotografías @catypol - Circus day

Coca de cuarto

María era la menor de tres hermanas. Me contaba que en nada se parecían. La mayor, estirada y más urbanita, decidió que la ciudad era lo suyo y se casó con un militar. Fue como si una suave brisa la despeinara ligeramente... Así definía María la despedida de su hermana. Porque, aunque su vida fue larga, se vieron poco: lo justo para compartir un trozo de coca de cuarto y cuatro palabras bien dichas.

Con la mediana tenía más contacto. Ambas se quedaron en el pueblo, ambas se casaron con civiles y ambas tenían mal genio. María intentaba no acercarse demasiado a su casa y, si lo hacía, el corazón se le paraba durante el tiempo que duraba la visita.

—¡Ya ves! —me dijo un día—. A veces lo único que compartimos con la familia es la sangre, aunque nos eduquen los mismos padres.

Yo adoraba a María. Me preguntaba cómo alguien no podía hacerlo. Su marido, al que nunca conocí, era campesino.

—Pobre, pero honrado —me repetía siempre que hablaba de él.

Nunca supe exactamente qué quería decir con eso. Yo estaba más pendiente de que me contara su amor por él, pero esa parte nunca llegó. Y esas palabras llanas, campesinas, limpias y sin florituras románticas me hacían imaginar a un hombre recto, justo… y feo.

Cuando mis pensamientos salieron una vez a la luz, cansada de escuchar su «pobre, pero honrado», estuvo riéndose de mí un rato.

—¿Qué te ha hecho pensar que él era así? —me preguntó sonriendo.

Y yo, llena de valor, se lo conté.

—Es un cliché —me explicó—. Cuando somos pobres parece que tengamos que justificarlo, como si la gente pensara que por serlo ya somos ladrones. Por eso, muchos añadimos lo de «pobre, pero honrado», para dejar claro desde el principio que no es así.

Suspiré aliviada. Ahora sí podía imaginármelo dulce, bueno y guapo. Pero eso sí: pobre, pero honrado.


Coca de cuarto mallorquina sin gluten esponjosa con azúcar glas

Típicas cajitas para hornear coca de cuarto mallorquina


La coca de cuarto mallorquina es uno de los bizcochos más emblemáticos de la repostería tradicional de Mallorca, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII dentro de la gastronomía conventual de la isla. Nació como una evolución del bizcocho genovés clásico, adaptado por los pasteleros y monjas locales para conseguir una ligereza extrema que emulara la textura de una nube.

Su peculiar nombre, «de cuarto», proviene históricamente de la proporción original de sus ingredientes, ya que tradicionalmente se empleaba un cuarto de libra de azúcar y un cuarto de libra de harina o almidón por cada medida fija de huevos. Con el paso del tiempo, la receta popular sustituyó la harina de trigo por fécula de patata o almidón de maíz (maicena), un cambio que eliminó el gluten por completo y potenció de forma definitiva su esponjosidad característica, permitiendo que el bizcocho retuviera una enorme cantidad de aire sin necesidad de usar levadura química u otros gasificantes.

Este dulce ha estado profundamente ligado a las costumbres sociales y a los rituales familiares de los mallorquines a lo largo de los siglos. Su consumo se consolidó siguiendo un estricto calendario estacional: durante los meses de invierno se convirtió en el acompañamiento indispensable de una taza de chocolate caliente, mientras que en la época estival pasó a servirse junto a una bola de helado artesanal de almendra.

Además de su fórmula minimalista de solo tres ingredientes (huevos, azúcar y fécula), la historia de la coca de cuarto arrastra consigo un curioso mito técnico transmitido de generación en generación. Debido a la extrema delicadeza de su estructura aireada, los pasteleros de la isla popularizaron la costumbre de dejar caer el molde al suelo o golpearlo firmemente contra la mesa justo al sacarlo del horno. Este repentino choque térmico y mecánico «asusta» al bizcocho, liberando el vapor condensado en su interior de golpe para evitar que el centro de la masa se hunda y garantizando que mantenga su volumen intacto una vez frío.

En casa es el bizcocho preferido de mi hijo pequeño: atrás quedaron los tiempos del bizcocho de chocolate; ahora nada iguala a una coca de cuarto para él. ¿Y tú, ya la has probado?

Actualizada 2026

Coca de cuarto mallorquina sin gluten


Ingredientes
  • 8 huevos
  • 230 g azúcar glas
  • 165 g fécula de patata
  • Azúcar glas para decorar
  • Molde redondo 21 cm. diámetro
Precalentar el horno a 170º C. 

Elaboración
  1. Prepara un molde redondo forrándolo en el fondo con papel de hornear y lados con papel de folio. (pero el de hornear también va bien y engrasando el molde también va bien)
  2. Separa las yemas de las claras. 
  3. Bate y sube las claras a punto de nieve fuerte. 
  4. Mezcla las yemas con el azúcar y la fécula, bate hasta que doblen el volumen. 
  5. Mezcla las yemas montadas junto con las claras hasta que quede una masa homogénea. 
  6. Vierte la masa en el molde y hornea durante 30 - 35 minutos. 
  7. Al sacar el molde del horno necesitas "asustarlo" tirándolo al suelo, literalmente pero con cuidado y que caiga plano, esto hará que no baje el bizcocho. 
  8. Deja enfriar en el molde. 
  9. Una vez frío y desmoldado, espolvorea azúcar glas por encima.
Notas: También es muy típico hacer cajitas de papel de bizcocho de cuarto, aunque estas cajitas las compramos hechas. 
Yo hice la masa con Thermomix, pero se hace perfectamente bien con unas varillas eléctricas o una batidora.

Pasos de la coca de cuarto sin gluten


Asustando la coca de cuarto mallorquina sin gluten
Ilustración del paso de asustar la coca de cuarto tirando el molde al suelo

Chocolate a la taza con coca de cuarto mallorquina


Preguntas frecuentes

¿La fécula de patata es lo mismo que el puré de patata?

No. La fécula de patata es un almidón puro extraído de la patata, parecida a la maicena pero de patata. No tiene nada que ver con el puré de patata instantáneo. Se encuentra en supermercados asiáticos, tiendas especializadas en repostería y en algunos herbolarios. También se puede pedir online.

¿Por qué hay que tirar el molde al suelo?

Porque la estructura aireada de la coca de cuarto es muy delicada. Al sacarla del horno, el vapor interior sigue activo y puede hacer que el bizcocho se hunda al enfriarse. El golpe brusco "asusta" la masa y libera ese vapor de golpe, fijando la estructura antes de que colapse. Es una técnica tradicional mallorquina transmitida de generación en generación. Puedes hacer lo mismo sobre una mesa.

¿Cómo sé si la coca de cuarto está bien cocida antes de tirarla al suelo?

Comprueba con un palillo antes de sacarla del horno — debe salir limpio. Con 25 minutos a 170°C suele estar lista, pero cada horno es diferente. Si el centro está crudo al sacarlo y ya lo has tirado al suelo, es difícil recuperarlo, así que mejor asegurarte primero.


Cuartos mallorquines en cajitas tradicionales


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Cocarrois

Iba María cargada de bolsas a casa de Catalina, su vecina. Al principio, cuando Catalina le propuso ayudarla a organizar una fiesta para el vecindario, a María le pareció una idea descabellada.

—¿Para los vecinos? ¡Pero si los conocemos a todos! —protestaba con vehemencia.

Catalina, que tenía más años y un porte más sereno, lo veía de otro modo. Le parecía fantástico celebrar juntos todos los años de penurias que habían pasado y, de paso, animar un poco la decadencia del barrio. Los apartamentos de las playas de la isla provocaban que, al primer rayo de sol, la gente saliera disparada de sus casas hacia su refugio vacacional.

—Seremos pocos, mujer. ¿No ves que todos los jóvenes se han ido de vacaciones? Haremos una bonita fiesta para saludarnos y contarnos las alegrías... ¡que de penas ya está lleno el mundo! Anda, ayúdame a montarla —pidió, lenta pero firme en su decisión.

Y María, por amor a Catalina, la ayudó encantada.

El barrio quedó precioso. La sombra de los árboles refrescaba la tarde. La gente, aunque sofocada por el calor, se vistió con ropa alegre y colorida. Se saludaban unos a otros como si hiciera mucho tiempo que no se veían. La felicidad de recordar por qué eran vecinos los rejuveneció y les hizo disfrutar de la fiesta.

Al final, María y Catalina se miraron con ojillos de felicidad. Habían llorado juntas, y ahora reían más que nadie y por nada. Era tiempo de mezclarse con todos, sin importar lo que les hubiera pasado, lo que pensaran o en qué circunstancias hubieran vivido. Todos, reunidos en el mismo lugar, construyeron una fiesta perfecta. Compartían las viandas que cada uno había traído de su cocina y, mientras comían cocarrois, charlaban animadamente. La mejor mesa que podían tener era la que ellos mismos formaban.

Cocarrois de verduras de Mallorca



La palabra cocarroi ha desconcertado a los lingüistas durante décadas. En el dialecto catalán del Alguer (Cerdeña), existe la palabra cocorroi, pero allí no es una empanada de verdura, sino un panecillo festivo de pascua con un huevo duro en el centro. Antoni Maria Alcover y Francesc de Borja Moll (creadores del Diccionari Català-Valencià-Balear) relacionaron la raíz con coc (coca) y sufijos propios del catalán medieval, compartidos por otras rutas de la Corona de Aragón.

Históricamente, la masa del cocarroi delataba el origen socioeconómico o la zona de la isla donde se elaboraba. En algunas comarcas de la Serra de Tramuntana o en familias acomodadas, se añadía un toque de azúcar y zumo de naranja a la masa, creando un fuerte contraste con el salado y picante de las acelgas con pimentón. En épocas de verdadera escasez o de rigor litúrgico, la masa se hacía únicamente con agua hirviendo, aceite y harina (sin nada de manteca), resultando en una superficie más lisa y rígida pero totalmente limpia de grasas animales.

El pellizcado superior que sella el cocarroi no es un simple adorno. Antiguamente, cuando las familias llevaban sus cocarrois a hornear al horno comunitario (forn de vila), el número de "pellizcos" o la forma del pellizcado de la cima servía como firma para reconocer qué cocarrois pertenecían a cada casa sin confundirlos. También servía para diferenciar el contenido sin abrir la masa. Por ejemplo, los cocarrois de verdura solían cerrarse con una cresta central marcada, mientras que los de cebolla a veces presentaban un formato ligeramente diferente o marcas laterales. A partir del siglo XVI, con la llegada del pimiento de América, la variedad local Tap de Cortí se integró en la mezcla de acelgas o col. Su inclusión no era meramente gastronómica: actuaba como conservante natural junto con el aceite de oliva, permitiendo que el cocarroi aguantara varios días en la despensa del payés sin deteriorarse.

El libro Cuina i menjar a Mallorca (Història i receptes) dice así:
[CAT] La Mallorca del segle XV: «El cocarroi és una coqueta de pasta de farina que de tot d'una es fa rodona i ben aprimada, i que, amb posterioritat, és farcida de verdura i altres ingredients damunt una banda de la coca i, doblegada l'altra banda damunt aquella, de manera que la coca pren forma semicircular o de mitja lluna i les voreres són confegides mitjançant una sèrie de pessics. Si bé els principals són de verdura o ceba, també hi ha altres farciments, esdevenen els cocarrois d'arròs, cocarrois de col, cocarrois de coliflor, cocarroiets de butzes de tord i els cocarroiets d'ou amb tomàtiga». 

**********************

[ES] La Mallorca del siglo XV: «El cocarroi es una empanada de pasta de harina que se hace redonda y muy delgada, y que, con posterioridad, se rellena de verdura y otros ingredientes encima de una parte de la torta y, doblada la otra parte sobre aquella, por lo que la torta toma forma semicircular o de media luna y el cierre es un hilo realizado mediante una serie de pellizcos. Si bien los principales son de verdura o cebolla, también hay otros rellenos, como los cocarrois de arroz, cocarrois de col, cocarrois de coliflor, cocarroiets de tripas de tordo y los cocarroiets de huevo con tomate». Cocina y comida en Mallorca (Historia y recetas).


En este vídeo puedes ver los mini cocarrois de sobrasada y miel:



El concepto de envolver alimentos en masa no es exclusivo de Mallorca, sino una técnica ancestral compartida en el Mediterráneo. Su origen primigenio se remonta a las masas horneadas del antiguo Egipto, Grecia y Roma, ideadas como un método práctico de conservación y transporte: la masa actuaba como un recipiente protector que mantenía el relleno comestible durante los trabajos en el campo o los viajes marítimos.

Aunque cada cultura utiliza sus propios ingredientes locales para elaborar la masa y el relleno, hay una silueta universal que nos une a todos en la cocina: la media luna. Es el mapa perfecto para demostrar que la humanidad entera ha tenido la brillante idea de doblar una masa para proteger un relleno. Al final, no somos tan diferentes, ¿verdad? Te dejo una lista de estas empanadas hermanas repartidas por el mundo:
  • Bolivia: salteñas
  • Brasil: pastéis
  • Chile: empanadas de pino
  • China: dumplings / jiaozi
  • Corea: mandu
  • Escocia: Scottish bridie
  • España: empanadillas
  • Finlandia: karjalanpiirakka
  • Hispanoamérica: empanadas / carimañolas
  • India: gujhia
  • Inglaterra: Cornish pasties
  • Indonesia y Malasia: karipap
  • Italia: culurgiones / calzoni
  • Jamaica: Jamaican patties
  • Japón: gyozas
  • Líbano y Siria: fatayer
  • Malta: qassatat
  • Mongolia: khuushuur
  • Nepal y Tíbet: momo
  • Nigeria: meat pies
  • Portugal: chamuças / pastéis de massa tenra
  • Rusia: pierogi
  • Sefardíes (comunidades): burekas
  • Turquía: çiğ börek
  • Ucrania: varenyky
  • U. S. A.: hand pies
  • Uzbekistán: samsa
Seguramente hay más países con este tipo de elaboraciones. ¿Conoces alguno más?

Actualizado 2026.

Cocarrois


Ingredientes para la masa

  • 1 taza de agua
  • 1 taza de manteca de cerdo, fundida
  • ½ taza de aceite de oliva
  • Harina de trigo (la que necesite)

Ingredientes para el relleno de verdura

  • 3 cebolletas
  • 1 manojo de acelgas
  • 1 manojo de hojas de col
  • ½ coliflor pequeña
  • Pasas
  • Sal, pimienta negra y pimentón dulce
  • Aceite de oliva virgen extra

Para la masa: En un lebrillo o, en su defecto, un bol grande, mezcla el agua, la manteca y el aceite. Añade harina poco a poco, amasando, hasta que la masa conseguida no se pegue a las manos. Tiene que quedar una masa elástica, pero no demasiado blanda.

Para el relleno: Corta la verdura en brunoise o en trocitos pequeñitos y mézclala toda. Salpimienta y añade también pimentón dulce junto con un poco de aceite de oliva virgen extra.

Formado de los cocarrois: Haz una bola con un poco de masa y aplánala con un rodillo; en el centro ponle un poco de relleno y unas pasas. Cierra la masa por la parte superior con un pellizco.

Horneado: Hornea a 200 °C durante 40 minutos o hasta que la masa esté dorada.

Nota: Para los vegetarianos, la masa se puede hacer sin manteca de cerdo: solo hay que añadir 1 taza de aceite en lugar de media y quitar la taza de manteca; lo demás, todo igual.

Y para los que lo de la taza les supera y lo prefieren en gramos*:

  • 350 g de agua
  • 150 g de aceite
  • 250 g de manteca derretida
  • 1 kg de harina (más o menos)
* Está pesado en balanza de gramos; por eso, los líquidos también están en gramos.


Elaboración de cocarrois

Cocarrois de verduras

Y para los que quieren vestirlo de fiesta, puedes añadir una salsita (la que más te guste) en una pipeta de cocina, le darás más sabor y textura extra.


Cocarroi agridulce
Cocarroi de cerdo con salsa agridulce

tapas de cocarrois
Cocarrois de curry, agridulce y salsa vino tinto


logo cocarrois

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre cocarroi y empanadilla?

La diferencia principal está en la masa y el cierre. El cocarroi usa una masa con manteca de cerdo y aceite de oliva, más quebrada y sabrosa que la empanadilla industrial. El cierre en pellizcos en la parte superior también es distinto — la empanadilla se cierra presionando el borde con un tenedor.

¿Se pueden congelar los cocarrois?

Sí, aguantan perfectamente en el congelador hasta tres meses. Puedes congelarlos crudos — antes de hornear — o ya horneados. Para consumirlos, hornéalos directamente desde el congelador a 180°C durante 20-25 minutos si están crudos, o 10 minutos si ya están horneados.

¿Qué es el pimiento Tap de Cortí?

Es una variedad de pimiento rojo autóctona de Mallorca, pequeño y muy aromático, que se usa principalmente seco y molido. Tiene Indicación Geográfica Protegida y es uno de los ingredientes más representativos de la cocina mallorquina tradicional. Se puede encontrar en mercados de la isla y en tiendas de productos mallorquines online.

Cocarroi de pollo al curry
Cocarroi de pollo al curry

¡Por si fuera poco! En cuanto Inés me invitó a formar parte de la II edición de @davantalposat, dije que sí al instante. Como este volumen gira en torno a los entrantes y tapas mallorquinas, me preguntó por dos clásicos: los cocarrois y el tumbet

Gracias, Inés, por contar conmigo una vez más ♥️
Ojalá este libro llegue a muchas cocinas; os aseguro que vale muchísimo la pena por la variedad de propuestas tan ricas y sorprendentes que incluye. 




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Palo amb sifó

Dicen los follets de la sierra de Tramuntana que, una vez cada cien años, el Sol y la Luna juegan una partida de canicas con las estrellas más pequeñas. Cuando terminan, siempre se les escapa alguna.

Una de aquellas estrellas cayó justo encima de un olivo.

—¡Ay! —protestó una aceituna verde—. ¿Quién ha apagado la luz?

La estrella, todavía mareada, respondió:

—Perdón. Es que me resbalé con un cometa.

Desde aquel día, la aceituna comenzó a brillar por las noches. Las demás aceitunas estaban escandalizadas:

—¡Eso no es normal!

—¡Vas a confundir a los búhos!

—¡Los turistas vendrán a hacernos fotos!

La aceituna, en cambio, tan campante como si hubiera formado parte de un aperitivo con licor de Palo, estaba encantada:

—Siempre he querido ser especial.

Cuando llegó la cosecha, los follets del molino descubrieron que aquella aceituna no servía para hacer aceite. Al prensarla, salían... carcajadas. Una risa suave. Luego otra. Y otra. Cada gota era una risita líquida.

Los follets embotellaron el extraño zumo en frascos diminutos y escribieron una etiqueta: «Aceite de buen humor. Una cucharadita antes de discutir».

El éxito fue inmediato. Los gigantes dejaron de pelear por quién tenía el garrote más grande; las brujas empezaron a reírse de sus propios hechizos y los dragones dejaron de echar fuego cuando perdían al escondite. Incluso un ogro, famoso por gruñir desde que nació, soltó una carcajada tan enorme que hizo caer las naranjas de tres valles distintos.

Solo había un problema: cada vez que alguien se reía gracias al aceite, la pequeña estrella que vivía dentro de la aceituna perdía un poquito de brillo, hasta que una noche desapareció. El cielo quedó con un hueco diminuto.

La Luna lo notó enseguida:

—¿Dónde está la estrellita Spica?

El Sol, que era bastante despistado, miró debajo de una nube:

—Aquí no está.

La buscaron durante tres amaneceres y cuatro atardeceres. Finalmente la encontraron, dormida dentro del último frasco de aceite que quedaba en el molino.

—¿Qué haces aquí? —preguntó la Luna.

—Descansar. Llevo semanas haciendo reír a medio mundo. Estoy agotada.

La Luna sonrió; el Sol, también. 

Si alguna vez paseas por un olivar en verano y te parece que los árboles brillan como si estuvieran llenos de luciérnagas, no te preocupes. No son luciérnagas: son aceitunas practicando para convertirse, aunque solo sea por una noche, en estrellas.

Y si al probar una buena aceituna se te escapa una sonrisa sin saber por qué... es posible que aún conserve una gotita de aquella antigua luz.

Palo con sifón aperitivo hecho en Mallorca

Palo con sifón aperitivo tradicional mallorquín


Así que cuando Cristina me invitó al evento HEMC#68 que ésta vez trata sobre bebidas, no lo dudé aquí el "aperitivo" mallorquín, que se puede tomar solo, con hielo o con sifón, me gusta participar en este evento siempre que puedo, y este mes reza así: ¡Agita, mezcla!


El Palo de Mallorca es un licor tradicional cuyo origen está directamente ligado a la medicina y a la lucha contra las enfermedades. Durante los siglos XVI y XVII, la isla de Mallorca contaba con numerosas zonas litorales pantanosas. Estos humedales eran el hábitat ideal para los mosquitos que transmitían el paludismo o malaria. Para combatir las fiebres asociadas a esta enfermedad, los farmacéuticos de la época recurrieron a dos plantas con potentes propiedades curativas: la corteza de quina —conocida popularmente como «palo quina» por su forma de rama— y las raíces de genciana.

La combinación de estas plantas medicinales daba como resultado una infusión sumamente eficaz gracias a la quinina de la quina y a las propiedades tonificantes de la genciana. Sin embargo, el preparado original poseía un sabor excesivamente amargo y astringente que lo hacía muy difícil de ingerir. Para enmascarar ese rechazo en el paladar, los boticarios comenzaron a endulzar el remedio añadiendo azúcares concentrados provenientes de productos locales como los higos secos, las algarrobas o las uvas. Estos jarabes azucarados se calentaban y, al hacerlo de forma prolongada, el azúcar se caramelizaba de forma natural, aportándole su característico color oscuro y denso.

Con el paso del tiempo, el jarabe dulce presentó el inconveniente de fermentar con mucha facilidad si se almacenaba durante un periodo prolongado. Para frenar esta degradación y mejorar la conservación del producto, se optó por añadir alcohol etílico a la mezcla. Este paso definitivo, consolidado especialmente a mediados del siglo XIX, modificó la naturaleza del preparado: la proporción de los componentes amargos y puramente medicinales se redujo paulatinamente, mientras que el volumen de alcohol y de azúcares quemados aumentó notablemente.

Este cambio transformó el antiguo remedio de botica en un licor apetecible y placentero. Lo que nació como una medicina obligatoria pasó a consumirse de manera recreativa en hogares y cafés. A principios del siglo XX, la bebida ya se había despojado de su rol curativo para convertirse en el aperitivo por excelencia de la isla, valorado por su capacidad para estimular el apetito antes de las comidas.

Hoy en día, su legado cultural está plenamente protegido bajo la regulación de la Indicación Geográfica Palo de Mallorca, la cual garantiza que el licor se sigue elaborando en la isla mediante los métodos tradicionales de infusión y caramelización de sus ingredientes históricos. Su consumo se mantiene muy arraigado en las islas Baleares, sirviéndose tradicionalmente en vasos fríos acompañado de hielo o diluido con sifón.

Actualizada en 2026.


Palo con sifón  

aperitivo mallorquín tradicional



Proporciones recomendadas:

  • Estándar (Equilibrado): 
1 parte de licor de Palo por 2 o 3 partes de sifón.


  • Intenso (Para amantes del amargo): 
1 parte de licor de Palo por 1 parte de sifón (a partes iguales).


  • Suave (Pared seca / refrescante): 
1 parte de licor de Palo por 4 partes de sifón.


Ingredientes
  • Licor de Palo de Mallorca
  • Sifón 
  • Hielo (opcional)
  • Una rodaja de naranja (opcional, para decorar y aportar matiz cítrico)

Elaboración
  1. Llena un vaso con hielo al gusto.
  2. Sirve el licor de Palo. La medida clásica orientativa es de 1 parte de Palo por 2 o 3 partes de sifón, según si prefieres un sabor más concentrado o más refrescante.
  3. Añade el sifón con fuerza para integrar las burbujas y remueve suavemente. El licor de Palo debe mantener su presencia característicamente amarga y dulce.

Notas:
El toque cítrico: Añadir una rodaja de naranja (o una corteza) es una práctica muy extendida que ayuda a equilibrar el dulzor caramelizado del Palo.

Bebida de palo con sifón de Mallorca


Preguntas frecuentes

¿Dónde comprar licor de palo fuera de Mallorca?

El licor de palo se puede encontrar en tiendas de productos mallorquines, en algunos supermercados especializados en productos de las Islas Baleares y en tiendas online. Las marcas más conocidas son Túnel y Morey. En Mallorca se encuentra en supermercados, licorerías y tiendas de souvenirs.

¿A qué sabe el licor de palo?

Tiene un sabor amargo y herbal con notas caramelizadas. Es oscuro y denso, con un amargor suave que recuerda al Campari o al Aperol pero con un carácter más mediterráneo y mallorquín. Rebajado con sifón se vuelve mucho más suave y refrescante.

¿Se puede usar el licor de palo para cocinar?

Sí. Algunos chefs mallorquines con estrella Michelin lo incorporan en salsas, marinadas y postres. Su amargor caramelizado marida bien con carnes de caza, higos y chocolate negro.


Palo con sifón mallorquín


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Pastel de tumbet mallorquín

Otra noche de agosto, caliente. Ni una ligera brisa; ni fresco se estaba «al fresco». Así que salimos todos a sentarnos con la silla en la acera, como cada noche de verano en la que el calor hace imposible estar dentro de casa: ni dormir ni soñar. En la calle ya estaban sentados todos los vecinos, que, al igual que nosotros, se abanicaban y hablaban de tal o cual cosa para entretenerse.

Vivimos en una zona donde aún la circulación de coches no es abundante y por la noche apenas pasa alguno, pero vaya si se nota con tanta algarabía formada en la calle. A la luz de las farolas se cuentan las novedades de cada familia: adónde van unos y otros de vacaciones o qué grupo musical tocará para el pueblo en la verbena.

—¡Mira que eran buenos Los Javaloyas! —decía doña Juana.

—¿Los qué? —preguntaba su nieta, recién llegada de un intercambio en Londres.

Don Cosme sonreía al recordar lo poco que se podían arrimar a las chicas cuando las sacaban a bailar.

—Eran otros tiempos —decía, nostálgico.

Doña Paloma se reía por lo bajo. Para ella, su Antonio la emocionaba más que cualquier grupo de música.

—¡Anda, anda, que no tenías tú peligro ni na’, tunanta! —le contestaba el señor Antonio, rojo de satisfacción.

—¿Recuerdas que mi madre había hecho tumbet para cenar y tú estabas recién llegada a la isla y no sabías si eso se comía? —se carcajeaba el señor Antonio.

—Antoñito, tengamos la fiesta en paz, que tu madre —en el cielo esté— me enseñó a cocinarlo. Y mírate tú... la curva de la felicidad que tienes en la panza —se reía doña Paloma.

Bueno, se reía ella y todos los vecinos allí presentes, pues, después de tantos años y tantas tertulias a la fresca en verano, todos tenían la curva de la felicidad en la panza.


Pastel de tumbet mallorquín en rodajas con higos frescos

Pastel de tumbet frío desmoldado sobre tabla

Si quieres conocer el fascinante origen histórico del tumbet mallorquín, lo cuento en detalle en la receta de tumbet en cestitas.

No se puede negar que el tumbet mallorquín es un plato de verano y a los mallorquines nos gusta mucho, tanto que cada familia tiene su receta o toque especial. Esta vez, también es diferente, una delicia de pastel de tumbet que puedes preparar para un buffet, una comida informal o brunch, o de acompañamiento de cualquier plato. 

Actualizado en 2026.


Pastel de tumbet


Ingredientes, para 4 personas
  • 10 ajos
  • 2 calabacines
  • 2 berenjenas
  • 4 patatas
  • 2 pimientos rojos
  • Aceite de oliva 
  • Salsa de tomate 
  • 3 huevos 
  • 50 mililitros de leche
  • Sal y pimienta al gusto
  • Molde rectangular de 20 cm. (tipo plum cake)

Mise en place.
  1. Pela los ajos, limpia y corta las berenjenas y los calabacines en rodajas no muy gruesas, sala y ponlo en un colador para que suden.  
  2. Pela las patatas y córtalas en rodajas, el mismo grosor que las berenjenas y calabacines que has cortado anteriormente.  
  3. Limpia y corta a tiras los pimientos rojos.

Freír.
  1. En una sartén con aceite de oliva caliente fríe las patatas y los ajos, deben quedar ligeramente doradas, sácalas y déjalas sobre papel de cocina para que drenen el aceite sobrante. 
  2. Haz lo mismo con el calabacín y berenjena, por separado, fríe y dora ligeramente, saca y deja drenar sobre papel de cocina. 
  3. Y por último fríe las tiras de pimiento rojo, saca y deja sobre papel de cocina. 
  4. Salpimienta todas las verduras.

Huevo.
  1. Con la túrmix o a varillas mezcla los huevos y la leche, y salpimienta.
  2. Reserva. 
  3. Precalienta el horno a 180 ºC

Montaje. 
  1. Forra el molde rectangular con papel de hornear. 
  2. En la base del molde coloca a capas las verduras, primero la de patatas y ajos, encima de las patatas vierte unas cucharadas de salsa de tomate, sobre la salsa pon la berenjena y después el calabacín y el pimiento. 
  3. Echa la mezcla de huevos y leche dentro del molde y hornea durante 30 minutos. 
  4. Saca del horno y deja enfriar dentro del molde. 
  5. Cuando no queme, desmolda cuidadosamente y deja enfriar en el frigorífico. 

Pastel de tumbet mallorquín con capas de verduras

Preguntas frecuentes

¿Se puede comer el pastel de tumbet caliente?

Está pensado para tomarse frío o a temperatura ambiente, lo que lo hace ideal para prepararlo con antelación. Recién sacado del horno también está bueno, pero pierde la forma característica de pastel. Lo ideal es dejarlo enfriar completamente en la nevera antes de desmoldarlo.

¿Cuánto tiempo aguanta el pastel de tumbet en la nevera?

Perfectamente 2-3 días bien tapado. De hecho el segundo día está más sabroso porque las verduras y el huevo se asientan y los sabores se integran mejor.

¿Con qué se puede acompañar el pastel de tumbet?

Los higos frescos de temporada son el acompañamiento más sorprendente y mallorquín. También queda muy bien con una ensalada verde, con alioli casero o con salsa de tomate aparte para quien quiera más.


Pastel de tumbet mallorquín acompañado de higos de temporada

Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day

Tumbet mallorquín

La última noche en la casa fue más suave de lo que Antonio esperaba. El cielo estaba claro, el aire olía a tierra húmeda y al romero del pequeño huerto, y Paloma cocinaba tumbet en la cocina como si nada fuera a cambiar.

—Lo he hecho como le gustaba a tu madre —dijo sin mirarlo.

Antonio asintió en silencio. No se atrevía a decir que aquella sería la última vez que comerían allí, en la vieja casa familiar con su jardín lleno de árboles frutales, donde había pasado todos los veranos de su infancia. La venta se firmaba al día siguiente. Una familia alemana convertiría la finca en un «retiro consciente», lo que fuera que eso significase.

Comieron fuera, en la mesa de madera bajo el albaricoquero, mientras los grillos cantaban y la radio rota del porche escupía un leve zumbido, incapaz de morir del todo. Paloma sirvió el vino sin apuro. Antonio comió despacio, como si cada bocado pudiera atrapar algo del pasado.

—¿Te acuerdas cuando nos escondíamos en el algarrobo para que no nos encontraran a la hora de la siesta? —preguntó ella con una sonrisa triste.

Antonio asintió. Pero lo que recordaba no era solo eso, sino la forma en que ella reía, la forma en que el sol le pintaba mechones dorados en el pelo y aquella vez, con quince años, en que le dijo que se iba a casar con ella. Y ella dijo que no, riendo, con esa seguridad cruel que tienen algunas chicas cuando aún creen que el mundo se puede controlar.

—¿Y tú te acuerdas del tocadiscos de tu madre? —dijo entonces Antonio, cambiando el rumbo del recuerdo—. Siempre ponía a Mari Trini cuando cocinaba tumbet.

—Mentira —dijo Paloma—. Ponía a Serrat. Tú estás inventando ya.

Rieron. La noche se volvió más densa. La despedida flotaba en el aire como un insecto que no se deja espantar. Cuando terminaron de recoger, Antonio miró la casa una última vez. Tocó el marco de la puerta, el que aún tenía una muesca con su altura a los doce años. Luego fue al porche, se agachó y desenchufó la radio rota.

—¿Para qué haces eso? Si ya no funciona.

—Porque si la dejo enchufada, va a seguir intentándolo.

Paloma no respondió. Solo se acercó, le dio un beso en la mejilla —uno lento, cálido, más largo que todos los anteriores— y se marchó sin mirar atrás. La casa quedó en silencio. Y el jardín, como siempre, siguió creciendo.


Tumbet de Mallorca

Tumbet mallorquí en cestitas de empanadillas


Si eres mallorquín o tienes relación con Mallorca conoces el tumbet, si lo buscas por la red encontrarás muchas referencias sobre el mismo, que es parecido al ratatouille o a la samfaina, pisto o caponata, que el mallorquín no lleva cebolla, que acompaña principalmente al lomo, aunque también al pescado o con huevos fritos, como plato de verduras, no solo para vegetarianos, es un entrante ideal y muy sabroso, y sí, todo es verdad. Pero mi presentación es la mejor, más festiva ¿no crees?

¿Y porqué como tapa mallorquina en plan "festivo"?, es porque tengo algunas cosillas que celebrar, y el tumbet es un plato preferido por mi.

Clara me concede un segundo premio (un libro con unas estupendas recetas italianas) de su concurso de Italia mucho más que pasta y pizza, no sabéis la ilusión que me hizo, totalmente inesperado, me encantó.

Además hoy 25 soy el blog del día en Premios Blogdeldia.

Y las chicas de Sugartremens estrenaron revista esta semana, Sugartremens Magazine, y Circus day está en ella, gracias chicas, felicidades por vuestro recién estrenado número, es una revista maravillosa llena de color, pasión y mucha repostería además de otras cosas.


Cestitas de empanadillas para el tumbet

Elaboración cestitas tumbet


El tumbet mallorquín es uno de los grandes emblemas de la gastronomía de las Islas Baleares. Aunque bebe de la tradición de las antiguas greixoneres medievales de berenjena —herencia de la cocina árabe y romana—, el tumbet como tal se configuró a partir de los siglos XVII y XVIII, tras la llegada y consolidación de los ingredientes americanos a la isla.

La receta del tumbet cobró su forma definitiva cuando se incorporaron tres elementos clave del Nuevo Mundo que se adaptaron a la perfección al suelo y clima mediterráneos: la patata, el tomate (base imprescindible de su salsa), el pimiento.

El curioso origen del calabacín:
En América existían diversas variedades de calabazas. Tras la llegada de sus semillas a Europa, fueron los agricultores italianos del siglo XIX quienes, mediante una minuciosa selección, desarrollaron la variante alargada, de piel fina y cosecha temprana que hoy conocemos como calabacín y que a menudo se suma al tumbet moderno.

Resumiendo: los productos americanos (patata, tomate, pimiento) tardaron casi dos siglos en incorporarse del todo a la cocina popular del Mediterráneo. Por ello, a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX se consolida la receta tradicional del tumbet: patata, pimiento, berenjena y salsa de tomate. Incluso en textos del siglo XIX, como el recetario La cuina mallorquina de Pere d'Alcàntara Penya, el tumbet aparece descrito esencialmente con esa base de patatas, berenjena, pimientos, tomate y ajos, mientras que la adición del calabacín moderno representa la última fase de evolución del plato hacia la receta que conocemos en la actualidad.

Y aunque comparte ingredientes con el pisto manchego, la ratatouille francesa o la caponata siciliana, el tumbet se distingue por su particular método de elaboración. En lugar de cortar las verduras en dados pequeños y sofreírlas todas juntas en una misma olla, los cocineros mallorquines optaron por una fritura individual y un montaje en capas. 


Esta receta tiene una versión especial publicada en papel. 

Receta actualizada en 2026.

Y por si te gusta mucho el tumbet también tengo otra versión: Pastel de tumbet


Tumbet mallorquín en cestitas de empanadillas


Ingredientes para 8 cestas:
  • 16 masa para empanadillas
  • 1 berenjena pequeña
  • 1 calabacín pequeño
  • 1 patata mediana
  • 1 pimiento verde pequeño
  • 1/2 pimiento rojo
  • 6 tomates de "ramellet" en su defecto tomates pera
  • Aceite de oliva 
  • Sal y pimienta para condimentar
  • Un poquito de azúcar para la salsa de tomate 
  • 1 hoja de laurel para la salsa
  • 2, 3 ajos cortados en láminas 

Para las cestas: 
  1. Pon 2 capas de masa de empanadillas sobre flaneras. 
  2. Hornea a 180º C durante 10 minutos o hasta que se doren. 
  3. Saca y deja templar. Reserva.

La salsa:

  1. Haz la salsa de tomate rallando los tomates. 
  2. Pon un poquito de aceite de oliva en una sartén y calienta la sartén a fuego medio.
  3. Añade el tomate rallado. 
  4. Salpimienta. 
  5. Añádele la hoja de laurel y deja cocinar hasta que la sea un salsa de tomate.
  6. Prueba la salsa. 
  7. Añádele una pizca de azúcar si es muy ácida. 
  8. Remueve y termina de cocinar. 
  9. Pásala por el chino para eliminar cualquier semilla. 
  10. Reserva

La verdura:
  1. Pela la patata y córtala a rodajas finas. Si tienes una mandolina este proceso es fácil y rápido.
  2. Limpia y corta la berenjena a rodajas. 
  3. Sala las rodajas de berenjena y déjalas dentro de un colador para que suden y se vaya el amargor.  
  4. El calabacín también córtalo en rodajas. 
  5. Limpia y cortar los pimientos a rodajas o cuadrados grandes, como mejor te vaya (los mallorquines que yo conozco lo hacemos en cuadrados así se reparte mejor.)
  6. Limpia las berenjenas en agua para que se vaya el exceso de sal. 
  7. Sécalas.
  8. Fríe toda la verdura, incluido el ajo, por separado. 
  9. Sala y déjala escurrir sobre un papel absorbente. 
  10. Reserva.

Montaje:
  1. Pon un poquito de salsa de tomate en la base de la cesta. 
  2. Una capa de patata. 
  3. Una capa de berenjena. 
  4. Una capa de calabacín.
  5. Una cucharada de pimientos fritos.
  6. Termina con una cucharada de salsa de tomate frito.

Tumbet mallorquí


Preguntas frecuentes

¿Por qué el tumbet mallorquín no lleva cebolla?

La ausencia de cebolla es una de las características definitorias del tumbet auténtico. A diferencia del pisto manchego o la ratatouille, el tumbet mallorquín tradicional prescinde de ella para que el sabor de las verduras fritas por separado y la salsa de tomate sean los protagonistas absolutos del plato.

¿Cuál es la diferencia entre tumbet y pisto?

Aunque comparten ingredientes, el método es diferente. En el pisto todas las verduras se cocinan juntas en la misma sartén. En el tumbet cada verdura se fríe por separado y luego se monta en capas con la salsa de tomate. Esa fritura individual y el montaje en capas son la clave del sabor y la textura únicos del tumbet.

¿Con qué se acompaña el tumbet mallorquín?

Tradicionalmente acompaña al lomo de cerdo, al pescado al horno o a los huevos fritos. También se sirve como tapa o entrante, como en esta receta presentado en cestitas de empanadillas. Es un plato versátil que funciona igual de bien como guarnición que como plato principal vegetariano.



Para "rizar el rizo": cuando Inés me preguntó si quería participar en la II edición de @davantalposat acepté encantada. Esta edición va de entrantes y tapas de Mallorca. Gracias Inés por pensar en mi para esta ocasión ♥️, espero que el libro les guste a muchos, yo lo recomiendo por ser unas recetas (no solo la mía) muy ricas y diferentes, así que para el próximo #diadellibro o #regalopapanoel o #regaloreyes ya sabes que regalar ¿verdad?.


Libro Davantal Posat


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Polos de frutas y coco

¿Quién me había dicho a mí que el asunto terminaría de esta manera?

Cuando recibí la invitación no me puse a dar saltitos de alegría, porque me parecía de mala educación hacerlo delante de los novios, pero era el acontecimiento del pueblo y todos estábamos expectantes.

La novia me preguntó si iba a ir acompañada.

—¡Mmmmm!... No... quiero decir... síii, claro, claro, iré acompañada —dije, sin estar muy convencida.

—Bien —respondió ella—. Tengo ganas de ver con quién.

Me hinché como un pavo y allá me presenté el día del evento. Medio pueblo estaba vestido con sus mejores galas… y el otro medio —el que no estaba invitado— también.

Como ninguno de mis ex quiso acompañarme, tuve que "sobornar" a Zulú, un jardinero que había viajado por todo el mundo y acababa de llegar de un país tropical.

Fue una ceremonia bellísima, diría yo. No repararon en gastos: flores, coche, vestidos… hasta la familia del novio, que venía de otro país, le daba un glamour de revista de bodas. ¡Ains! Bueno, bueno, no me emociono. La cosa vino cuando llegamos al restaurante.

Un lujazo. Hasta los camareros parecían pingüinos, y los aparcacoches, de película. Maravilloso todo. Mi acompañante y yo parecíamos más bien el café con leche: él era morenito y yo más blanca que la nieve. Aunque él aseguraba que en invierno se volvía blanco, blanco. No sé si hice bien en traerlo de acompañante...

Nada más llegar, una señora sexagenaria me preguntó:

—¿Mesa, gogó, mambo?

Y nos miraba a los dos de una manera coqueta.

—No, señora… no somos los gogós —dije yo, asombrada y extrañada de que ya hubiera animadores. ¡Menuda marcha llevaba la señora!

Pero no conté con que mi pareja fuera tan rápido. Así que, sin que pudiera reaccionar a tiempo, cogió a la señora por la cintura, la subió a la mesa, le dio un meneo del que pensamos que le había reajustado el esqueleto y la volteó unas cuantas veces, hasta que acabó enseñándonos la enagua a rayas que llevaba debajo del vestido.

Hubo gritos, pasos, carreras, un desmayo, una ambulancia y unos señores que muy “amablemente” nos acompañaron a la salida.

Zulú, extrañado, me preguntó:

—¿Pero no quería mambo la señora?

—¡Nooooo! —le dije—. Se había olvidado ponerse la dentadura y nos pedía mango… un cóctel de fresa, coco y mango.

Frío se quedó el jardinero.



Polo de fresa, mango y leche de coco, sin lactosa y casero

Polos caseros de mango, fresa y leche de coco caseros

Y frío servimos el "cóctel", no pienses que después de la aventura de la boda lo sirva con alcohol (o si lo haces es cosa tuya), nooo, es fruta, fruta madura, tan madura que no necesita que le añadas azúcar invertido, ya es suficiente la que lleva, fresas maduras, mango madurísimo, y la nata de la leche de coco, ésta sí lleva azúcar, para que tuviera un toque más fresco aún le añadimos menta, solo un poco, lo hemos "turmixado" por partes y congelado de la misma manera.

Y como es verano, hace calor, y tenemos ganas de lo que nos refresca se alargue lo más que podamos, lo convertimos en paletas y ya podemos bailar mambo, ¿por qué no?.

Polos de frutas y coco caseros sin lactosa


La historia de los polos de fruta comenzó por puro accidente en una fría noche de 1905 en San Francisco (California), cuando un niño de solo once años llamado Frank Epperson olvidó en el porche de su casa un vaso de agua con polvos de soda gaseosa y un palito para mezclar. Durante la noche, las temperaturas bajaron drásticamente a niveles de congelación, lo que provocó que la mezcla de refresco se solidificara por completo alrededor del bastón de madera. Al día siguiente, el pequeño Frank descubrió el bloque de hielo dulce, lo extrajo del vaso usando el palito como mango y halló una forma revolucionaria de consumir una bebida congelada.

Durante los años siguientes, Epperson solo preparaba este postre helado para sus amigos y familiares directos, pero, al darse cuenta de su enorme potencial comercial, decidió patentar su creación en 1924 bajo el nombre original de «Epsicle». Poco tiempo después, sus propios hijos comenzaron a pedir el invento llamándolo coloquialmente Pop's 'sicle —una combinación de las palabras «papá» y «carámbano» en inglés—, lo que derivó en la marca mundialmente conocida como Popsicle. Con el paso de las décadas, este formato sustituyó los refrescos artificiales por zumos naturales, naciendo así los polos de fruta que hoy en día se consideran una opción refrescante, saludable y universal para combatir las altas temperaturas.

Actualizado en 2026.


Polos caseros de fresa, mango y coco sin lactosa — en capas


Ingredientes
  • Fresas congeladas
  • Mango congelado
  • Nata de coco 
  • 1 cucharada de azúcar invertido
  • Unas hojas de menta
Elaboración
  1. Reduce, en la túrmix, a puré las fresas.
  2. Vierte el puré en los moldes de helado y mete en el congelador durante media hora. 
  3. Reduce el mango y la menta a puré y añade al polo, encima de la fresa. 
  4. Coloca el palo para polos, asegúrate de centrarlo (puedes hacerlo con un papel haciendo un corte en el centro). 
  5. Vuelve al congelador. 
  6. A la media hora añade la nata de coco mezclada con el azúcar invertido y deja en el congelador hasta que esté solidificado todo.

Azúcar invertido


Ingredientes (los mismos tanto para Thermomix como tradicional)
  • 150 gr. agua mineral embotellada
  • 350 gr. azúcar
  • Gasificante (1 sobre blanco y 1 morado) 

Elaboración tradicional
  1. Mezcla en un cazo, usando varillas, al fuego el agua, azúcar y sobre blanco (ácido tartárico), hasta que empiece a hervir. 
  2. Apaga el fuego.
  3. Deja que baje la temperatura hasta que esté templado y no queme. (unos 20-30 minutos) hasta los 50º C.
  4. Añade el sobre morado (bicarbonato) y mezcla unos segundos con las varillas. 
  5. Quedará con bastante espuma, se va quitando pasados unos minutos, deja que baje bastante antes de llenar un tarro de cristal, para que no desborde. 
  6. Envasa en tarro de cristal, deja enfriar del todo y tapa el tarro.
Elaboración Thermomix
  1. Mezcla en al jarra el agua, el azúcar y el sobre blanco (ácido tartárico), 6-7 min. 100º, velocidad 3 y espera a que llegue a esta temperatura.
  2. Deja que baje la temperatura a 50º (unos 20-30 minutos).
  3. Añade el sobre morado (bicarbonato) y mezcla 1 min. velocidad 3. 
  4. Quedará con un poco de espuma, se va quitando pasados unos minutos, deja enfriar y tapa. 
  5. Envasa en tarro de cristal.
Notas: 
Puedes usar fruta sin congelar e ir congelando igual dentro del molde, también queda bien. 
La nata del coco es la parte más "dura" que hay cuando abres una lata de leche de coco, suele estar arriba de la lata. 
El azúcar invertido suele usarse para helados, sé que se vende hecho o puedes hacerlo casero o puedes usar miel para endulzar.
La menta le da un toque fresco, usa hierbabuena si es más fácil encontrarla para ti que la menta.

Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer el polo sin azúcar invertido?

Sí. Puedes sustituirlo por miel en la misma proporción o simplemente omitirlo si la fruta está muy madura y dulce. El azúcar invertido mejora la textura del polo evitando que quede demasiado duro y cristalice, pero no es imprescindible.

¿Qué es la nata de coco y cómo se separa?

La nata de coco es la parte sólida y grasa que se acumula en la parte superior de una lata de leche de coco fría. Para separarla fácilmente, mete la lata en la nevera unas horas antes. Al abrirla encontrarás la nata arriba — es más espesa y blanca — y el agua de coco abajo. Solo usamos la nata.

¿Cuánto tiempo necesitan los polos para congelarse bien?

Cada capa necesita unos 30 minutos en el congelador antes de añadir la siguiente. El polo completo necesita un mínimo de 4 horas para estar completamente sólido. Lo ideal es hacerlos la noche anterior.


Polos de fresa, mango y coco caseros

Relato y fotografías @catypol - Circus day

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