Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Perrito caliente

Heredar la casa de tía Ana fue como recibir un premio que aún siento no merecer.

De niño pasaba allí las vacaciones de verano: un caserón señorial, con servicio doméstico y casi siempre abarrotado de invitados. Mi tía era una mujer sumamente carismática.

Desde luego, mis estíos en su casa resultaban de lo más divertidos. Aunque durante el día apenas la veía, jamás olvidaba darme las buenas noches y apagar la luz de mi habitación.

Su cumpleaños caía en pleno verano, de modo que, durante los días previos, iba y venía de acá para allá ultimando los preparativos de la fiesta. Yo también estaba invitado a esa velada y me permitían trasnochar hasta las tantas, algo que me fascinaba.

Al caer la tarde me colaba en la cocina para ver al servicio afanarse de un lado a otro. Los perritos calientes formaban parte del menú —detalle que me entusiasmaba—, al igual que el cava y el vino, que yo cataba a hurtadillas en las copas que abandonaban los convidados.

Experimentaba entonces un vaivén mareante, como si navegase a bordo de un pequeño barco en alta mar.

A la mañana siguiente, la jaqueca era implacable; sin embargo, mi tía me estrechaba en un abrazo… sin reproches ni sermones. Y aquello, a pesar de mis travesuras, me hacía sentir el sobrino más afortunado del mundo.

Con los años se acabaron aquellos veranos. Empecé a preferir los planes con mis amigos; luego, una cosa llevó a la otra y no regresé jamás… hasta hoy.

Sentado en la cocina del caserón, en soledad, evoco el trasiego espectral del personal de servicio, el sabor primario de aquel perrito caliente devorado con deleite y la silueta de la tarta de cumpleaños.

Aún me parece oír las risas y la música que brotaban del salón. Casi puedo vislumbrarla recorriendo las estancias, saludando a unos y a otros, recibiendo agasajos y pendiente en todo momento de que nada fallase.


Perrito caliente de pollo casero con salsa de tomate y mango

Perrito caliente de pollo con salsa ketchup y mango


Descubrir que puedo controlar lo que como en aspectos que normalmente deciden otros me llena de alegría; poder elegir los ingredientes y lograr un resultado excelente me transporta a menudo a mi niñez. El aroma que desprendía la tienda de ultramarinos cuando molían el café al instante para despacharlo lo inundaba todo con un perfume tan tentador que, aun sin haberlo probado jamás, me hacía imaginar su sabor. O el ritual de ir cada tarde con la lechera a buscar la leche para luego ver cómo la hervían en casa... Y qué delicia aquella nata, ¿verdad? Aún me acuerdo del repartidor de bebidas con sus cajas de gaseosa, naranjada, limonada y piña mallorquina, ese refresco que parece de cola pero no lo es.

No, no estoy nostálgica, al menos en este momento, pues la propuesta de hoy lo deja bien claro: perrito caliente casero. En mi infancia no guardo recuerdo alguno de que mi madre elaborara salchichas en casa; más bien las comprábamos frescas y de calidad en una de las carnicerías del pueblo. Sin embargo, el proceso me evoca aquellos tiempos en los que sabíamos con certeza qué comíamos, gracias a productos de proximidad, caseros y de procedencia conocida.

Para la receta de esta entrada descubrí varias joyas: un chutney de mango y un kétchup casero que merecen muchísimo la pena, además de unos tubos de aluminio muy originales para rellenar con las salsas y acompañar la carne. En esta ocasión quise que la salchicha se asemejara a una de tipo Frankfurt o vienesa para emular el perrito caliente clásico, pero en versión totalmente artesanal. Una comida rápida que me apetecía muchísimo preparar.

Presenté el plato con estos tubos dosificadores. El abrelatas de la fotografía inferior ya tiene sus años: cuenta con una pestaña que antaño servía para sellar o abrir conservas y que yo he rescatado para plegar el cierre del tubo. Después diseñé unas etiquetas para identificar la salsa que contiene cada uno. Basta con utilizar una manga pastelera para llenarlos; así de sencillo.

En cuanto a las salchichas, las cociné primero al vapor y después las marqué en la plancha: quedan perfectas. Añadí una pizca de pimentón de la Vera para aportarles un toque ahumado. Para rematar el conjunto, preparé un poco de cebolla caramelizada; ese contrapunto dulce redondea un bocado exquisito.

Actualizada 2026.


Perrito caliente artesanal de pollo con ketchup casero y chutney de mango 



Rinde: 4 salchichas (de 80–90 g aprox.)

Para las salchichas:
  • 2 contramuslos de pollo (sin piel ni hueso)
  • 1/2 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 1/2 zanahoria (pelada)
  • 1 trocito pequeño de remolacha
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de pimentón de la Vera (si te gusta ahumado)
  • Sal al gusto
  • Pimienta negra molida al gusto
  • Film transparente
  • Hilo de cocina

Salchichas caseras:
  1. En una picadora, tritura el huevo junto con la cebolla, el ajo, la zanahoria y la remolacha hasta obtener una mezcla homogénea. 
  2. Añade los contramuslos de pollo troceados, la sal, la pimienta y el pimentón, y vuelve a triturar hasta conseguir una masa compacta y bien integrada.
  3. Cortar trozos de film transparente, coloca porciones de la mezcla en el centro y forma cilindros del tamaño de una salchicha. 
  4. Enrolla bien el film haciendo presión y ata los extremos.
  5. Cuece las salchichas al vapor durante 7 minutos. 
  6. Deja templar unos minutos, retira el film con cuidado y dora en una plancha o sartén con un poco de aceite hasta que estén ligeramente tostadas por fuera.

Presentación:
Sirve las salchichas en pan tipo hot dog, acompaña de cebolla caramelizada y tus salsas favoritas. 

Nota: 
Si prefieres la carne picada del supermercado, 300 - 350 gramos sería el equivalente más o menos.


Ketchup casero para 4 perritos calientes


Ingredientes:
  • 4 cucharadas soperas rasas de tomate concentrado
  • 1 cucharada sopera de miel
  • 1 cucharada sopera de vinagre de manzana
  • 1 cucharada sopera (añade media más si lo quieres más fluido) de agua
  • Una pizca muy pequeña de sal
Elaboración:
  1. En un vaso o cuenco pequeño, echa el tomate, la miel, el vinagre y la pizca de sal.
  2. Mezcla bien con una cucharilla hasta que la miel se integre y quede una pasta brillante.
  3. Añade el agua y vuelve a remover para darle la textura perfecta de ketchup.
  4. Rellena los tubitos con la salsa (opcional).


Chutney de mango 


Ingredientes para 4 perritos:
  • 1/2 mango (cortado en daditos muy pequeños, tamaño guisante).
  • 2 cucharadas soperas de cebolla picada muy fina.
  • 1 cucharada sopera generosa.
  • 1 cucharada sopera de vinagre de manzana
  • Una pizca (la punta de una cucharadita) de curry en polvo
  • Una pizca de sal

Elaboración:
  1. En un cazo pequeño con unas gotas de aceite, cocina la cebolla a fuego medio durante 2 minutos hasta que brille.
  2. Añade el mango, el azúcar, el vinagre, el curry y la sal. Baja el fuego al mínimo.
  3. Cocina destapado durante unos 6 a 8 minutos, removiendo a menudo. Como hay poca cantidad, el vinagre y el azúcar formarán un almíbar espeso muy rápido y el mango se pondrá tierno enseguida.
  4. Aplasta un poquito los trozos con el tenedor para que quede como una mermelada con textura y se sostenga bien encima de la salchicha.
  5. Rellena los tubitos con la salsa (opcional).

Cebolla caramelizada versión rápida


Ingredientes para 4 perritos calientes:
  • 2 cebollas medianas (300 - 400 g en total)
  • 1 cda. aceite de oliva
  • 1 cdta. mantequilla
  • Una pizca de bicarbonato
  • 1 cda. azúcar moreno
  • 1 cda. de vinagre balsámico

Elaboración:
  1. Corta la cebolla. Pícala en juliana (tiras finas) para que se ablande en tiempo récord.
  2. En una sartén con una cucharada de aceite de oliva y una cucharadita de mantequilla a fuego medio-alto, añade la cebolla con una pizca de sal.
  3. Añade una pizca diminuta de bicarbonato de sodio (menos de un cuarto de cucharadita). Verás que la cebolla empieza a sudar y a ponerse amarilla casi de inmediato. Cocina moviendo constantemente durante 5 minutos.
  4. Cuando esté blanda y empiece a dorarse, baja a fuego medio, añade una cucharada de azúcar moreno (o azúcar blanco) y una cucharada de vinagre balsámico (o de Módena).
  5. Cocina 3-4 minutos más hasta que el líquido se evapore y se forme un almíbar oscuro y brillante. 


Perrito caliente dentro de film para cocinar al vapor

Tubos de aluminio rellenos de ketchup casero y chutney de mango para perrito caliente
Los tubos se pueden encontrar por Internet en empresas que vendan utensilios de cocina y catering.

Preguntas frecuentes

¿Por qué es preferible utilizar contramuslos de pollo en lugar de pechuga y qué función cumplen el huevo y el trocito de remolacha en la farsa?

La pechuga de pollo posee muy poca grasa intramuscular y tiende a secarse con rapidez tras la cocción. El contramuslo aporta mayor proporción de colágeno y lípidos naturales, lo que garantiza una salchicha jugosa y tierna al morder. A su vez, el huevo actúa como aglutinante térmico: sus proteínas coagulan durante el vaporizado, compactando la farsa para que mantenga una consistencia firme y homogénea al retirar el envoltorio. Por su parte, la carne de ave triturada adquiere un tono pálido y grisáceo poco apetecible; el trocito de remolacha cruda aporta betacianinas, un pigmento vegetal natural que tiñe la masa de un atractivo tono rosáceo —emulando el aspecto de una salchicha tradicional de carnicería— sin alterar en absoluto el sabor final.

¿Qué ventajas técnicas aporta cocer las salchichas al vapor envueltas en film antes de dorarlas en la plancha?

El enrollado hermético con film transparente ejerce una presión uniforme que expulsa las bolsas de aire internas y define la forma cilíndrica de la pieza. La cocción al vapor calienta la carne de manera suave y homogénea hasta el corazón sin someterla a la turbulencia del agua hirviendo, lo que evita que la farsa se deforme, se agriete o pierda sus jugos por lixiviación. Una vez fraguadas las proteínas y enfriada ligeramente la pieza, la salchicha se vuelve estructuralmente estable; pasarla después por una sartén muy caliente permite desencadenar las reacciones de Maillard en la superficie para obtener una corteza dorada, crujiente y aromática sin riesgo de resecar el interior.

¿Cómo equilibra la combinación de kétchup exprés y chutney de mango el perfil graso y ahumado del perrito?

La salchicha casera presenta notas grasas, cárnicas y el matiz torrefacto del pimentón de la Vera, complementado por la melosidad de la cebolla caramelizada. Para que el conjunto no resulte pesado en boca, las dos salsas aportan un contraste ácido y aromático complementario: el kétchup casero ofrece una acidez directa y limpia gracias al vinagre de manzana y la concentración del tomate umami, mientras que el chutney de mango introduce acidez málica, dulzor frutal y las notas especiadas del curry. Este juego de contrastes limpia el paladar entre bocado y bocado, realzando el sabor del pollo sin enmascararlo.


Salchicha casera de pollo tipo perrito caliente


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Atascaburras manchego

El señor Alejandro tenía un ritual sagrado para despojarse del mundo exterior. Nada más cruzar el umbral, se descalzaba y se ponía sus zapatillas con forma de perrito: una pequeña rebeldía contra el casero, que le prohibía tener animales en el edificio. Luego venía la transformación: se desabrochaba los primeros botones de la camisa, se servía una copa de vino tinto y se ataba a la cintura el delantal negro que una exnovia —de la que guardaba algunos recuerdos — le había regalado.

A Alejandro le fascinaba cocinar. Su piso era diminuto, tanto que en la cocina apenas se podía bailar un chotis bien apretado, pero él cocinaba a lo grande. Y esa noche, el aroma a bacalao y ajo comenzó a filtrarse por las rendijas de la ventilación, como un hechizo que recorría el pasillo del edificio.

Al otro lado de la pared, el sutil tintineo de los cuchillos de Alejandro activaba siempre el mismo resorte.

Doña Puri, su vecina, agudizó el oído. Una sonrisa enigmática dibujó sus labios. Dejó caer la bata de seda y se plantó frente al espejo del tocador. No era una mujer que improvisase. Se perfiló los labios con un rojo criminal, se soltó el pelo con estudiada lentitud y se aplicó unas gotas de un perfume que olía a prohibido justo donde nace el cuello.

Puri no sabía freír ni un huevo, pero sabía de la vida. Y, sobre todo, sabía leer a Alejandro a través de los tabiques.

Minutos después, cruzó el pasillo. El eco de sus tacones rompió el silencio del edificio. Llamó a la puerta con tres golpes rítmicos, lentos: casi una provocación.

Cuando Alejandro abrió, se quedó sin aliento. Ella estaba apoyada en el marco de la puerta, mirándolo fijamente a los ojos con una intensidad que hacía olvidar cualquier conversación casual.

—Ay, Alejandro... —susurró Puri con una voz arrastrada que erizó la piel del cocinero—. Se me ha quedado la cocina completamente vacía. ¿Tendrás por ahí un poco de sal... o prefieres invitarme a esa cena que huele tan peligrosamente bien?

Alejandro sonrió, un tanto nervioso, dejando la puerta abierta de par en par.

—Para ti, Puri, siempre tengo sitio. Aunque la cocina sea pequeña.

—Mejor —respondió ella dando un paso hacia el interior, reduciendo la distancia entre los dos hasta que el aroma de su perfume eclipsó el de la cena—. En los espacios pequeños es donde ocurren las mejores cosas.

Mientras Alejandro se daba la vuelta para servir una segunda copa, Puri lanzó una mirada cómplice a la ventana de la cocina. Sabía perfectamente que Alejandro ocultaba algo en sus largas noches de cocina a solas, y él sabía que Puri no venía precisamente por sal. La tensión entre los dos se podía cortar con uno de los afilados cuchillos de Alejandro, pero ninguno de los dos tenía prisa por resolver el misterio... mientras la cena siguiera al fuego.




[RETO COOKING THE CHEF]

«En los ochenta yo tenía una estrella y me la quitaron cuando tuve éxito en la televisión», dice Karlos Arguiñano. Los platos que le hacen feliz —o, mejor dicho, sus platos predilectos— son la ensaladilla rusa, las croquetas y los chipirones, ya sea en su tinta o frescos salteados; ha reiterado en muchas ocasiones que a él lo que de verdad le gusta es comer. Amigo de sus amigos y, por encima de todo, entregado a su familia y a sus trabajadores, quienes, como él mismo afirma, ya forman parte de ella. De él afirmó Ferran Adrià: «Nunca vamos a poder agradecerle el apoyo que ha dado a la cocina; fue el primero que se dio cuenta de que la cocina de vanguardia era importante para este país».

De todos los cocineros españoles, creo que es el único que no necesita presentación: el que ha entrado en casa de la mayoría a la hora del almuerzo, el que cuenta chistes que nos hacen reír (por no llorar) y el que no ha dudado en soltar alguna «lindeza» a los políticos y a la Iglesia. Sus recetas son ricas, ricas y «con fundamento». Este mes cocinamos las propuestas de un chef mediático y entrañable: Karlos Arguiñano. Con esta elaboración participo en el reto Cooking the Chef.

Karlos atesora tantas recetas que da vértigo contarlas, por lo que elegir una responde inevitablemente a la cercanía o al corazón. En mi caso, a la memoria familiar: mi padre, manchego de Cuenca, llegó muy joven a Mallorca. De él no conservo un recetario manchego escrito; por eso, en cuanto descubro alguna fórmula que me emociona, me la traigo a Circus Day

Tradicionalmente se sirve en cazuela de barro, pero, como con las cantidades de Karlos sale bastante volumen —él emplea un kilo de patatas—, opté por repartirla en tarros de cristal individuales. No obstante, la receta está pensada como aperitivo para cuatro comensales, así que lo ideal sigue siendo presentarla en cazuela de barro.

Atascaburras o ajoarriero manchego. Cuentan que sus creadores fueron dos pastores que quedaron aislados tras una gran nevada y que, sin más recursos que unas patatas y unas espinas de bacalao seco, vertieron un buen chorro de aceite de oliva al comprobar que el guiso carecía de consistencia y lo majaron con fuerza en el mortero para deshacer la dureza de las raspas. Al probarlo, comentaron que era una comida capaz de «hartar hasta a las burras», anécdota popular a la que la tradición atribuye su denominación. Aunque existen referencias escritas sobre este plato desde el siglo XVII, circula también otra explicación etimológica: cuando un burro queda atrapado en el denso barro arcilloso de La Mancha, el chasquido sordo que produce al meter y sacar las pezuñas recuerda de inmediato al sonido rítmico del mazo al ligar las patatas, el ajo y el bacalao en el mortero.

Actualizada 2026.



Atascaburras o ajoarriero manchego con huevo duro y nueces


Ingredientes para 1 tapa para 4 personas:
  • 350 g (1 patata grande o 2 medianas)
  • 140 g bacalao desalado
  • 1 diente de ajo
  • 1 huevo
  • 4 nueces
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Perejil

Elaboración:
  1. Lava las patatas y cuécelas en una cazuela con agua durante 25-30 minutos. Sazona.
  2. Coloca el huevo en otro cazo con agua con sal y deja cocer durante 10 minutos.
  3. Pon agua a calentar en otra cazuela, añade el bacalao y cuece durante 5 minutos.
  4. Reserva el agua del bacalao.
  5. Pela y pica el ajo.
  6. Pela la patata y trocéala.
  7. Pela el huevo y córtalo en cuartos.
  8. Casca las nueces y reserva.
  9. Maja el ajo en un mortero.
  10. Colócalo en un bol.
  11. Añade las patatas y sigue majando.
  12. Incorpora el bacalao desmigado y mezcla bien.
  13. Vierte un poco de aceite sin dejar de remover. Si queda muy espeso, echa un poco del caldo de cocer el bacalao (tiene que quedar como un puré).
  14. Sirve la mezcla repartida en 1 cazuela de barro.
  15. Adorna cada ración con las nueces y el huevo.
  16. Coloca una hoja de perejil.



Preguntas frecuentes

¿Por qué es fundamental cocer las patatas enteras y con piel en lugar de peladas y troceadas?

Cocer las patatas con su piel intacta evita que absorban un exceso de agua libre durante la ebullición. El atascaburras es una emulsión mecánica entre el almidón de la patata, el colágeno del bacalao y el aceite de oliva; si el tubérculo retiene demasiada agua de cocción, la masa resultante queda aguada, gomosa y carente de cohesión, impidiendo que el aceite ligue correctamente y arruinando la textura densa de puré rústico.

¿Por qué se debe reservar y utilizar el agua de cocción del bacalao para ajustar la textura?

Durante los cinco minutos de escalfado del bacalao, parte de su gelatina natural y sus jugos salinos se transfieren al agua. Si la masa majada en el mortero queda excesivamente densa, aligerarla con unas cucharadas de este caldo templado no solo hidrata la fécula sin enfriar el majado, sino que aporta colágeno disuelto —un emulsionante natural idéntico al del pilpil— que ayuda a trabar el aceite de oliva virgen extra y refuerza el sabor marino tradicional.

¿Por qué este plato se debe majar a mano en mortero y no con batidora eléctrica?

La acción mecánica de las cuchillas a alta velocidad rompe de forma violenta las células de la patata, liberando amilopectina y amilosa en masa, lo que transforma el puré en un engrudo elástico, pegajoso y desagradable. El majado paciente con la maza de madera aplasta las células sin reventarlas en exceso, permitiendo que la fibra del bacalao se deshile de forma natural y logrando esa textura untuosa pero con mordida, tan representativa de la cocina de pastores.




Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Granada con queso y chocolate

Lo último que recuerdo fue que me apeé del coche justo en el momento en que pasaba otro vehículo. De la autopista al cielo fue un rápido ascenso… y aquí estoy yo, esperando en la puerta, sin maletas y… ¿desnudo? No sé si llamarlo así: no me veo el cuerpo cuando miro hacia abajo.

Delante de mí había un señor muy atareado con un gran libro. Escribía de derecha a izquierda y apenas levantó la cabeza cuando me acerqué.

—Hola… ¿señor? —dije alzando la voz.

—¡Hum! —exclamó, mirándome de reojo.

—¿Habla mi idioma? —ya puestos, pregunté.

—Aquí hablamos todos los idiomas, ¡zoquete! —soltó, levantando por fin la vista del libro.

—Ah… pues no sé muy bien qué hago aquí. Señor, ¿es esto el cielo?

—¡Hum! Bueno, si quieres llamarlo así. Cada uno lo llama a su manera. Aquí se acepta de todo —contestó él.

No parecía un hombre muy hablador, y yo ya me estaba cansando de sonsacarle. ¡Que me devuelvan al coche y santas pascuas!

—Esto… ¿y ahora qué hago? —volví a preguntar.

—¡Pues mira! —me dijo él, de pronto muy resuelto—. Hoy te encargarás del huerto. ¡Chist! Ni rechistes —me cortó tapándome la boca con un gesto—. Tienes un saco justo en la entrada. Vas a ir a recoger granadas, todas las de los granados que hay al fondo del huerto. Después las abrirás, sacarás los arilos y los guardarás en bolsas —concluyó.

—Pero… ¿y eso cuánto durará? —me atreví a preguntar.

—Toda la eternidad, hijo mío. Toda la eternidad —contestó sonriendo.

 
Bola dulce de chocolate y queso con granada fresca

Bola de queso y chocolate recubierta de granada fresca


El nombre de la granada procede del latín medieval granatum, que significa «manzana con muchas semillas». Ha sido citada en numerosos textos antiguos, desde el Libro del Éxodo en la Torá hasta el Corán, pasando por los himnos homéricos y las tablillas mesopotámicas, por citar solo unos pocos.

Los antiguos egipcios elaboraban con su zumo un vino ligero con notas de frambuesa y solían incluir granadas en sus ajuares funerarios. En Grecia, Hipócrates recomendaba su zumo para aplacar la fiebre, mientras que los babilonios masticaban sus granos antes del combate convencidos de que los volvía invencibles.

Los romanos descubrieron el fruto a través de los fenicios, que lo llevaron hasta Roma desde las costas de Oriente Próximo. La Biblia, por su parte, alude en incontables pasajes a esta fruta, siempre como símbolo de prosperidad y bendición.

Más que una fuente de nutrientes, la granada formaba parte indisoluble de muchas civilizaciones. Pocas frutas condensan a la vez tanta carga de esperanza y de tragedia mítica. Lo que a simple vista parece un mero deleite para el paladar es, en realidad, un puente histórico entre culturas de la Antigüedad.

Y aquí entro yo: como la granada y el cacao hacen una pareja fantástica, he decidido unirlos. Para esta ocasión preparé una crema de chocolate casera (estilo Nutella o Nocilla) que coge cuerpo al enfriarse; así, combinada con queso crema y reposada en la nevera, queda con una textura firme y perfecta.

No le he añadido azúcar extra —a mi juicio no la necesita en absoluto— ni frutos secos picados, ya que la propia crema de chocolate lleva avellanas. Después solo hace falta un poco de paciencia para incrustar los arilos alrededor de la bola; y tranquilo/a, que no tardarás una eternidad. Una vez lista ya puedes hincarle el diente: los granos le aportan un contraste crujiente, fresco y delicioso.

Actualizado 2026.


 

Bola de granada con queso y chocolate


Ingredientes:
  • 100 g de queso para untar
  • 100 g crema de chocolate para untar 
  • 1 granada
Para servir: palitos de hojaldre, galletitas, pan...

Elaboración:
  1. Mezcla el queso con la crema de chocolate. 
  2. En un film transparente forma una bola y deja en el frigorífico hasta que se solidifique un poco. 
  3. Mientras, abre la granada y extrae los arilos o semillas. 
  4. Cuando haya pasado 1 hora, saca la bola de frigorífico y quita el film.
  5. Pon en un plato y cubre toda ella con los arilos de la granada. 
  6. Es laborioso pero fácil.
  7. Sirve con palitos de hojaldre, o con galletitas, pan...

Paso a paso de cómo formar una bola de queso y chocolate


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable enfriar la mezcla de queso y crema de chocolate en film antes de adherir la granada?

Al combinar el queso de untar con la crema de chocolate a temperatura ambiente, las grasas lácteas y los aceites vegetales se ablandan, dando como resultado una masa tierna y pegajosa. Si se intentasen incrustar los granos de granada en ese momento, la presión deformaría la esfera y el jugo de la fruta resbalaría sobre la superficie grasa. La refrigeración dentro del film transparente permite que las grasas cristalicen y adquieran la firmeza necesaria para manipular la pieza como un bloque estable, ofreciendo la resistencia justa para que los arilos queden anclados sin hundirse ni aplastar la forma redondeada.

¿Qué función gastronómica cumplen los arilos de granada frente a la combinación de queso y chocolate?

La crema de queso y chocolate aporta un perfil denso, graso y marcadamente dulce. En boca, esta textura puede saturar con rapidez el paladar si no cuenta con un elemento de contraste. Los arilos de granada aportan dos recursos esenciales: una acidez tánica fresca que limpia la untuosidad de las grasas lácteas y un estallido crujiente y jugoso (crunch) que rompe la monotonía cremosa del relleno, logrando un bocado equilibrado que funciona tanto de postre como de aperitivo dulce.

¿Cómo conviene preparar los granos de la granada para evitar que la humedad arruine la cobertura?

Al desgranar la fruta es habitual que algunos arilos se rompan y liberen jugo, o que queden adheridos fragmentos de las membranas blanquecinas internas (el albedo). Es fundamental retirar con cuidado todas esas pieles amargas y colocar las semillas limpias sobre papel absorbente unos minutos antes de rebozar la esfera. Si los granos estuviesen mojados en su propio zumo, crearían una película acuosa resbaladiza que impediría que se adhieran con firmeza al queso, además de teñir la crema de cacao con un exceso de líquido que aflojaría la estructura en el plato de presentación.


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Gofres belgas

Cuando esos seres azules aparecieron por casa, yo acababa de llegar de fiesta. Un fiestón. Así que pensé que eran fruto de mi imaginación. ¡Qué malo es el ron!

Después de dormir doce horas, sin saber ni qué día era, me desperté… y allí seguían esos seres azules. Pensé: «Alguien me ha echado algo en la copa y el efecto todavía dura». Llegué a duras penas a la cocina a por café y, como seguían ahí, juré muy en serio que no volvería a beber. Palabrita.

Así que, cuando llamaron al timbre, también creí que era producto de mi imaginación… hasta que la llamada se volvió tan insistente que tuve que admitir que no, que aquello era real.

Al abrir la puerta, me encontré con el vecino: un señor con bigote y gafas cuadradas, sonriente y que hablaba a voces. Para mi desgracia.

—Estaba dibujando en casa a unos seres azules cuando, de pronto, salieron de mi bloc de dibujo y saltaron por la ventana —me soltó sin más.

—¡Hombre, vecino! Tú también estuviste en el fiestón —le dije riendo.

Entró en casa y, como por arte de magia, sacó una flauta que hizo sonar de forma estridente. De inmediato, todos y cada uno de los seres azules salieron de sus rincones y desfilaron ante mis ojos como platos.

¡Uf! Creo que la próxima vez que monten una fiesta, mejor me quedo en el sofá viendo la tele.


Los Pitufos fueron creados por el historietista belga Pierre Culliford, más conocido por su nombre artístico Peyo. El término "pitufo" (schtroumpf en francés) surgió cuando Peyo olvidó la palabra "salero" durante una cena con su colega André Franquin y le pidió que le pasara "el schtroumpf".



Gofre de Lieja pequeño y redondeado

Gofres belgas de Lieja



El gofre es tan antiguo como la propia historia de la humanidad, con su ancestro más remoto en las tortas de cereales que ya se cocinaban en el Neolítico sobre piedras calientes. En la antigua Grecia hallamos asimismo un molde compuesto por dos placas de hierro que servía para preparar pequeños pasteles. Más adelante, en la Edad Media, se elaboraban una suerte de obleas que se ofrecían en el culto religioso y que después consumían los fieles; solían ser redondeadas y lucían grabados con motivos heráldicos o religiosos marcados por las planchas metálicas. No fue hasta el siglo XIII cuando surgió el antecedente directo del gofre moderno, de la mano de un herrero que forjó moldes en forma de cuadrícula inspirándose en los panales de las abejas.

Su origen histórico está rodeado de leyendas locales, siendo la más popular aquella que atribuye su creación al cocinero del príncipe-obispo de Lieja en el siglo XVIII, quien supuestamente ideó este pastel añadiendo vainilla y azúcar grueso a una masa de brioche.

La variedad más extendida e internacional de Bélgica es el gofre de Lieja, el que suele despacharse en la mayoría de puestos callejeros y cafeterías. Junto a él destaca la otra gran variante tradicional: el gofre de Bruselas. ¿Cómo distinguirlos? A simple vista, por su silueta: el de Lieja es más denso, pequeño y de bordes redondeados e irregulares; el de Bruselas, en cambio, es más grande, ligero y con un corte rectangular bien definido.

Actualizada 2026.

Gofres belgas 


Ingredientes:
  • 250 g de harina de trigo de fuerza 
  • 90 ml leche 
  • 25 g de levadura fresca de panadería 
  • 2 huevos M
  • Una pizca de sal
  • 1/2 cdita. esencia de vainilla
  • 125 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 150 g de azúcar perlado 
Presentación:
Nata y fresas

Elaboración:
  1. Calienta ligeramente la leche y disuelve en ella la levadura fresca y la esencia de vainilla. Es importante que no la calientes demasiado o la levadura no actuará.
  2. En un bol grande, incorpora la harina y la sal.
  3. Mezcla y haz un hueco en el centro; añade ahí la leche con la levadura y los huevos.
  4. Con un tenedor, integra los ingredientes hasta obtener una masa homogénea.
  5. Deja fermentar la masa en un lugar cálido durante unos 45 minutos, tapada con un paño limpio o con papel film.
  6. Pasado este tiempo, añade la mantequilla en trocitos y amasa hasta que quede totalmente integrada.
  7. Agrega el azúcar perlado.
  8. Amasa un par de minutos más para que el azúcar se distribuya de manera uniforme.
  9. Pincela la gofrera con mantequilla y ponla a calentar.
  10. Cuando esté bien caliente, añade una porción de masa y cierra la tapa.
  11. Cocina durante unos 5 o 6 minutos, o hasta que el exterior quede dorado y crujiente.



Gofres de Bélgica

Preguntas frecuentes

¿Por qué es imprescindible utilizar azúcar perlado en lugar de azúcar blanquilla tradicional en esta masa?

El azúcar perlado está compuesto por granos compactos y prensados que poseen un punto de fusión más elevado que el azúcar común. Al someterse al calor directo de las placas de la gofrera, las perlas exteriores se funden lentamente, creando una costra de caramelo dorado, brillante y crujiente que envuelve la masa sin quemarse. Al mismo tiempo, los granos situados en el interior de la pieza no llegan a licuarse del todo, lo que aporta ese mordisco crujiente característico del gofre tradicional de Lieja, a diferencia del azúcar blanquilla, que se disolvería por completo durante el amasado y apelmazaría la miga.

¿Por qué la mantequilla debe añadirse después de la primera fermentación y no al principio junto con los demás ingredientes?

La masa contiene una proporción elevada de grasa (la mitad del peso de la harina). La grasa lubrica las cadenas proteicas de glutenina y gliadina, lo que dificulta que se entrelacen para formar una red elástica si se incorpora desde el comienzo; además, un exceso de grasa temprana ralentiza la reproducción de las levaduras. Al permitir que la masa fermente primero solo con harina, leche y huevos, se consolida una estructura de gluten fuerte capaz de retener el gas. Integrar la mantequilla blanda al final nutre y suaviza esa malla ya formada, logrando un gofre tierno y briochado por dentro sin perder volumen ni consistencia.

¿Qué precauciones deben tomarse con la temperatura de la gofrera durante la cocción para evitar que el caramelo se amargue?

La presencia del azúcar perlado exige un control térmico cuidadoso: el azúcar se carameliza entre los 160 °C y 180 °C, pero si la gofrera supera ese rango se carboniza con rapidez, arruinando el postre con un regusto acre y ahumado. La plancha debe estar caliente para sellar la masa y crear la corteza, pero a una potencia media-alta constante, nunca al máximo. Además, los restos de caramelo fundido que quedan entre los surcos de la máquina tras cada tanda continúan cocinándose; por ello, conviene limpiar con un papel absorbente doblado o una espátula de silicona el azúcar residual entre gofre y gofre para no transferir quemados a las siguientes porciones.



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Guinness cake

Fiona vivía cuesta arriba, en una casa verde, primer piso, izquierda. No era la típica pitonisa a la que visitan los famosos; más bien era una mujer del pueblo, con camisa de lunares rojos y falda hasta los tobillos, subida a sus tacones y con los ojos pintados de verde esmeralda.

Cuando Conor, el vecinito universitario, le preguntaba si veía alguna novia en su futuro, ella lo hacía ponerse colorado:

—Conor, loveen, si my hubby, que en paz descanse, hubiera tenido esos labios que tú tienes, la cola de mujeres que le habría rondado habría sido como de aquí al súper de Molly.

Y Conor se iba más contento que unas castañuelas, a poner morritos a las niñas.

Por la noche, una vez por semana, la visitaba Alana, mujerona buena donde las haya, pero con muchas bocas que alimentar. ¡Ay, Alana! Quería saber el número ganador de la lotería, y Fiona siempre le soltaba:

—Alana, cailín, primero hay que jugar para que te toque.

Y Alana pensaba que, si se echaba un novio lotero, igual le solucionaba lo de la papeleta.

Briana se iba a casar. Andaba nerviosa porque no había «catado» al novio.

—¿Y si resulta que no me gusta? ¿Se lo puedo return a su madre? —preguntó.

Fiona, muy seria, le contestó:

—¡Ay, a ghrá! El novio no sé cómo será; aquí lo que importa es que sepa play the guitar well. Que si gusta, gusta. ¡Deseando que llegue el Saturday para celebrarlo, yeah! ¡Que te lo digo yo!

Y así Fiona iba dando consejos a uno y a otra, a este y a aquella, sin bola de cristal, sin cartas ni lecturas, porque ella no era una adivina como las demás. Te subía la moral o te largaba una historia. ¿Y si se enfadaba? ¡Ay! Si se enfadaba Fiona, lo veía todo casi negro, negro, black… como el chocolate y la Guinness.


Bizcocho de chocolate con cerveza Guinness

Bizcocho irlandés hecho con cerveza Guinness



El bizcocho Guinness, también conocido como tarta de cerveza negra y chocolate, es una de las creaciones más icónicas y aclamadas de la repostería contemporánea. Consiste en un pastel de chocolate densamente húmedo cuya base líquida sustituye parcial o totalmente el agua o la leche por la famosa cerveza negra de tipo stout, de origen irlandés.

La gran genialidad de este postre reside en una reacción puramente química: la acidez natural, las levaduras y el gas carbónico de la cerveza negra actúan como potentes ablandadores del gluten de la harina. Al interactuar con el bicarbonato sódico en el horno, generan una miga extraordinariamente aireada pero densa, jugosa y aterciopelada, que tarda días en secarse. En contra de lo que se suele pensar, el bizcocho no tiene un regusto fuerte a alcohol o a taberna, ya que este se evapora por completo durante el horneado. Lejos de emborrachar, la cerveza rebaja el dulzor excesivo del azúcar y realza de forma espectacular los matices del cacao puro, aportando sutiles notas tostadas a café, regaliz y malta que recuerdan a un pan de jengibre oscuro sin especias.

En el plano histórico, la receta moderna es una evolución de los pasteles tradicionales de chocolate y licores (como el ron o el brandy) que se preparaban en el Reino Unido e Irlanda durante las celebraciones invernales. Sin embargo, el empujón definitivo hacia el estrellato global llegó a principios de la década de 2000 gracias a la célebre cocinera y divulgadora británica Nigella Lawson, quien popularizó la fórmula en sus libros y programas de televisión. Lawson ideó una estética impecable que imita a la perfección una auténtica pinta de cerveza: la base oscura simula el cuerpo de la bebida, coronada por una generosa capa irregular de frosting a base de queso crema, nata y azúcar glas que emula la inconfundible espuma blanca y cremosa de la Guinness.

Hoy celebramos San Patricio, patrón de Irlanda, tierra donde fue esclavo durante su adolescencia, donde encontró la fe para ordenarse sacerdote y a donde regresó para evangelizar a quienes lo habían cautivado. Supo respetar sus costumbres, les habló con un lenguaje llano y popularizó el trébol de tres hojas que hoy representa a todo el país.

Es de sobra conocido el carácter afable de los irlandeses, su abundancia de pelirrojos y, por supuesto, este legendario pastel de cerveza negra, sin olvidar la marea verde que inunda las calles cada 17 de marzo. Pero este mes también nos trae el Día Internacional de la Mujer, el Día de las Islas Baleares y la ansiada primavera. ¿No te parece que marzo es la excusa perfecta para regalarte un buen trozo de pastel?

Actualizada 2026.


Bizcocho Guinness


Molde 23 cm diámetro

El bizcocho:
  • 250 ml de cerveza Guinness
  • 250 g de mantequilla
  • 75 g de cacao en polvo, puro sin azúcar
  • 300 g de azúcar
  • 140 ml de crème fraîche
  • 2 huevos
  • 1 cdta. de esencia de vainilla
  • 275 g de harina 
  • 2 ½ cdtas. de bicarbonato 
La cobertura:
  • 300 g de queso crema, frío
  • 150 g de azúcar glas, tamizado
  • 125 ml de nata para montar, fría
El bizcocho:
  1. Precalentar el horno a 180 ºC
  2. Unta un molde desmontable con mantequilla y espolvorea con harina o rocía spray para moldes.
  3. Pon la cerveza y la mantequilla en un cazo, y calienta hasta que se haya derretido. 
  4. Echa el cacao y el azúcar en un cuenco, y vierte la cerveza con mantequilla.
  5. Mezcla con unas varillas la nata agria, los huevos y la vainilla y échalo a la mezcla de azúcar con mantequilla y cerveza.
  6. Añade la harina y el bicarbonato (previamente tamizados), y mezcla con una espátula o un robot de cocina.
  7. Echa la masa en el molde y hornea 45 minutos o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
  8. Saca del horno y deja reposar unos minutos.
  9. Desmolda hasta que esté frío sobre una rejilla.

La cobertura:
  1. En un bol tamiza el azúcar y bate con el queso crema hasta que el azúcar haya quedado totalmente disuelto.
  2. Añade la nata y bate hasta que te quede una mezcla aireada y esponjosa como de nata montada espesa.
  3. Cuando el bizcocho esté frío pon la cobertura en el centro del bizcocho y reparte del centro hacia afuera. Tiene que quedar como si fuera la espuma de la cerveza negra.
 
Cerveza negra irlandesa Guinness


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable calentar la cerveza Guinness con la mantequilla antes de incorporar el cacao y el azúcar?

La cerveza negra de tipo stout aporta matices tostados, café y cebada que necesitan calor para florecer. Al derretir la mantequilla directamente en la cerveza tibia, se crea una base emulsionada caliente que disuelve de inmediato los cristales de azúcar y «hace florecer» (blooming) el cacao puro en polvo. Este golpe térmico hidrata las partículas secas del cacao y extrae sus aceites esenciales más profundos, intensificando el color oscuro casi azabache del pastel y eliminando el regusto terroso o astringente que dejaría el cacao mezclado en frío.

¿Qué función química cumplen la crème fraîche y el bicarbonato en una masa tan densa?

A diferencia de los bizcochos tradicionales que recurren a polvos de hornear (levadura química), esta receta depende exclusivamente de bicarbonato sódico. El bicarbonato es una base que necesita un medio ácido para activarse y liberar dióxido de carbono: la acidez natural de la crème fraîche (o nata agria), sumada a la del cacao no alcalinizado y al pH de la propia cerveza fermentada, reacciona produciendo una gran cantidad de gas. Esta fermentación química interna aligera una masa cargada de mantequilla y azúcares, logrando una miga esponjosa, elástica y con una humedad extrema que se conserva intacta durante días.

¿Por qué el queso crema y la nata para el glaseado deben estar rigurosamente fríos antes de montarse con el azúcar glas?

El glaseado busca reproducir visualmente la icónica corona de espuma blanca y compacta de una pinta de Guinness recién tirada. Para que la nata monte y mantenga su emulsión junto al queso, los glóbulos de grasa láctea deben mantenerse en estado sólido (entre 4 °C y 6 °C). Si los ingredientes estuviesen templados, la fricción de las varillas y el poder licuante del azúcar harían que la mezcla colapsara, convirtiéndose en una salsa fluida e inestable. El frío riguroso garantiza que el batido atrape aire, consiguiendo una textura sedosa, densa y con suficiente cuerpo para sostenerse en el centro de la tarta sin escurrirse por los bordes.



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Flan de ajo

Margarita Coloma era una mujer de pueblo auténtica. Toda su vida había vivido allí: conocía a todo el mundo y sabía perfectamente qué pasaba en cada momento. Era un tanto peculiar, y quienes la trataban sospechaban que era un poco bruja, o que algún antepasado suyo lo había sido. Por eso, no dudaban en acudir a ella si necesitaban un consejo o algún remedio «mágico» para resolver cualquier problema.

Pero una noche al mes, Margarita no estaba para nadie. Los vecinos pensaban que tenía una cita con «otras como ella», y por eso no brillaba luz alguna en sus ventanas. Alguien contó que una vez la vio regresar de madrugada completamente manchada: las manos, la cara, la ropa... parecía salida de un auténtico aquelarre. Y claro, el rumor no hizo más que alimentar su fama.

Margarita Coloma tenía una vecina muy querida, Pánfila, una anciana que se había quedado un poco sorda con los años, pero que era divertida y entrañable. Vivía con su hija, Amelia, y esta a veces la dejaba a su cuidado porque sabía que Margarita era buena persona y congeniaba con su madre. Aunque, en el fondo, la hija guardaba la secreta esperanza de que algún conjuro le devolviera el oído… pero, hasta ese momento, nada de nada.

Un día en que se quedó con la señora Pánfila, notó que la anciana andaba algo inquieta.

—Pánfila, ¿se encuentra bien hoy? —le preguntó, alzando bastante la voz.

—Te vieron la otra noche llena de manchas; la noche de luna llena —soltó Pánfila.

—¡Sí! —le gritó Margarita Coloma al oído—. Salí a plantar ajos —respondió sincera y a viva voz.

—¿Tropezar refajos? —dijo Pánfila con los ojos como platos—. Pues córtatelos, mujer, que tenemos modista en el pueblo —se rio ella sola.

—¡No! —insistió Margarita—. ¡Ajos! ¡A plantar ajos! —repitió a pleno pulmón.

—¿Ajos? —se extrañó la anciana.

Y entonces le dio tal ataque de risa que Margarita pensó que le iba a dar un pasmo. Pánfila no paraba de reír y de repetir «¡ajos, ajos!», mientras le caían lagrimones por las mejillas.

Cuando por fin logró serenarse, le dijo a Margarita con una sonrisa pícara:

—Mejor no le digamos nada a nadie, o todo ese cuento de la bruja se te va a ir al garete.



Flan de ajo para acompañar con patatas fritas

Flan de ajo cuajado al baño maría


Dicen que «los ajos no se pueden plantar con luna llena porque, si no, la tierra los expulsa»; será por eso que es mejor no sembrarlos bajo esa luna. Tendremos que decírselo a Margarita Coloma, a ver si deja de insistir.

En la antigua Roma y durante la Edad Media, las preparaciones cuajadas a base de huevo y leche solían ser saladas: se sazonaban con pimienta, pescados o verduras mucho antes de que el azúcar y el caramelo ganaran popularidad y dieran paso al flan dulce que conocemos hoy.

Esta receta es una auténtica delicia. Quizás pienses que el sabor a ajo resultará demasiado potente por la cantidad que lleva, pero te aseguro que no: se suaviza por completo durante la cocción y funciona como una guarnición insuperable. Yo lo he acompañado con patatas y romero, pero seguro que a ti se te ocurre otra combinación fantástica. ¡Espero que te guste!

Actualizada 2026.

 

Flan de ajo


Ingredientes para 4: 

  • 250 ml de nata para cocinar
  • 250 ml de leche
  • 4 huevos
  • 6 – 8 dientes de ajo asado (según el tamaño y tu gusto)
  • Sal y pimienta al gusto
  • Un poco de mantequilla para enmantecar los moldes

Precalienta el horno a 150 ºC

Elaboración:
  1. En una cacerola, calienta la leche con los dientes de ajo asado.
  2. Lleva a ebullición, baja el fuego y deja hervir suavemente durante 5 minutos.
  3. En un bol, bate los huevos junto con la nata, la sal y la pimienta.
  4. Añade la leche caliente con los ajos al batido anterior.
  5. Tritura con túrmix hasta que quede una mezcla fina.
  6. Enmanteca 4 moldes individuales (tipo flanera o ramequín) y vierte la mezcla.
  7. Coloca los moldes en una fuente con agua caliente (baño María), cúbrelos con papel aluminio y hornea durante 25–30 minutos, o hasta que estén cuajados (puedes comprobar con un palillo).
  8. Deja templar y sirve, calientes o fríos según la ocasión.


Elaboración al baño maría del flan de ajo


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable emplear ajo previamente asado en lugar de ajo crudo o rehogado?

El ajo crudo contiene alicina y otros compuestos azufrados picantes que resultarían excesivamente agresivos y amargos en un flan salado. Al asar la cabeza de ajo entera y lentamente (al horno o entre brasas), sus azúcares naturales se caramelizan mediante las reacciones de Maillard y la fructosa se concentra, perdiendo la acritud y adquiriendo una pasta cremosa, dulce y con sutiles notas a fruto seco. Esta pulpa confitada aromatiza la leche y la nata sin saturar el paladar, logrando un fondo suave y elegante que complementa la base de huevo.

¿Qué función cumple hornear los flanes al baño María tapados con papel de aluminio y a solo 150 °C?

Las proteínas del huevo (en particular la albúmina de la clara) cuajan a baja temperatura; si superan los 85 °C de forma violenta, expulsan el agua retenida por sinéresis, creando un flan acuoso, poroso y con sabor sulfuroso. El baño María amortigua la transmisión térmica directa y distribuye el calor de forma progresiva. A su vez, cubrir los ramequines con papel de aluminio retiene el vapor e impide que la superficie se reseque formando una costra dura antes de que el interior se coagule, garantizando una textura homogénea, aterciopelada y sin ojos ni burbujas.

¿Cómo debe integrarse la leche caliente aromatizada sobre los huevos batidos para evitar que cuajen antes de tiempo?

La mezcla de leche y nata caliente nunca debe verterse de golpe sobre los huevos batidos, ya que la temperatura elevada coagularía las yemas y claras al instante, arruinando la emulsión en forma de tortilla rota. Es necesario atemperar vertiendo la leche caliente en hilo fino y muy despacio mientras se remueve con varillas de manera continua. De este modo, la temperatura de los huevos sube gradualmente sin superar el punto de coagulación previo al horneado, asegurando que el triturado final resulte en una crema perfectamente lisa y fluida.



Flan de ajo acompañado de patatas fritas


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Patatas asadas rellenas

Cada vez que conocía un lugar nuevo de su nueva ciudad —la City—, lo apuntaba en la libreta. Cada vez que probaba un plato nuevo, también. Y cada vez que lo veía pasar por delante del restaurante, suspiraba. Y no, eso no lo apuntaba en la libreta. Se limitaba a dibujar una raya imaginaria en su mano, creyendo que, si las líneas dicen cómo somos y adónde vamos, quizás esa nueva marca quedaría grabada, y él se haría realidad algún día. Su compañera, que conocía bien la historia, negaba en silencio con la cabeza, suspirando también. Pero no por él, sino para darle valor a ella… para que diera el paso.

Y el paso llegó. Llegaba tarde, llovía, iba corriendo, resbaló y tropezó con él, justo cuando volvía a pasar por delante del restaurante. Fue tan rápido que, en vez de pintar la raya en su propia mano, la dibujó en la de él cuando la ayudó a levantarse. Él le sonrió, como si entendiera el ritual, antes de preguntarle si se encontraba bien. Ella asintió con la cabeza, incapaz de devolverle la mano en la que había trazado, con su dedo, la esperanza de volverse a ver.

Todo el personal del restaurante estaba pegado al cristal de la ventana, esperando algún resultado de ese encuentro. Todos se pintaron la raya en la mano, aguantando el suspiro hasta ver cómo terminaría la situación. En una ciudad que a veces es ciega entre unos y otros, no hay lugar para cuentos de hadas.


Patata asada rellena con huevo frito

Patatas asada rellena de guacamole



Uno de los platos favoritos de los británicos son las conocidas como baked o jacket potatoes. Se trata de una receta muy simple pero deliciosa: una patata asada al horno con la piel crujiente, el interior tierno y un relleno sabroso.

Aunque puedes prepararla en cualquier época del año, lo cierto es que es especialmente popular en una fecha concreta: el 5 de noviembre, durante la Bonfire Night o Noche de Guy Fawkes; es decir, la noche en la que se conmemora el frustrado complot contra Jacobo I por abrazar la Iglesia anglicana.

Es una receta humilde que apenas exige esfuerzo. Basta con embadurnar las patatas en aceite, meterlas al horno y asarlas hasta que queden tiernas por dentro y crujientes por fuera. Si eliges una buena variedad y cuidas el relleno, tendrás un plato exquisito. Además, a los ingleses les encanta añadir una nuez de mantequilla justo después de hacer el corte en cruz sobre la patata caliente, para que se funda y aporte todavía más sabor.

Los cinco rellenos más clásicos son:
  • Nata agria (sour cream)
  • Judías con tomate (baked beans)
  • Atún y maíz dulce
  • Beicon con queso
  • Mantequilla y cebollino

Pero esta es mi versión.

Actualizada 2026.


Patatas asadas rellenas


Ingredientes para 3 patatas:
  • 3 patatas medianas/grandes
  • Aceite de oliva virgen extra

Relleno Guacamole:
  • 1 aguacate maduro
  • 1 cucharada de jugo de lima
  • Cebolla cortada en brunoise 
  • Tomate picado
  • Cilantro picado
  • 1/2 cdta. de jalapeño picado 
  • Sal al gusto

Relleno gambas:
  • 6 gambas cocidas
  • 2 cdas. de sour cream
  • 1 cda. de zanahoria rallada
  • 1 guindilla en vinagre

Relleno huevo:
  • 1 huevo frito
  • Queso mozzarella
  • Sal y pimienta
Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 220 ºC. 
  2. Lava muy bien las patatas, seca y embadurna de aceite. 
  3. Introdúcelas en el horno y programa 30 minutos. 
  4. Voltéalas y programa 45 minutos más. 
  5. Mientras tanto haz los diferentes rellenos. 
  6. Cuando las patatas estén tiernas por dentro y la piel crujiente sácalas del horno. 
  7. Con cuidado de no quemarte haz un corte en forma de cruz en la superficie de cada patata. 
  8. Presiona los extremos de abajo hacia arriba para abrir la patata por el corte. 
  9. Rellena y sirve.

Guacamole: Quita la piel del aguacate y el hueso, pica hasta convertirlo en pasta, añade la lima, la cebolla y el cilantro, mezcla el jalapeño un poco de sal y el tomate, mezcla.

Gambas: Pica las gambas y mezcla con la sour cream y la zanahoria rallada. Cuando rellenes la patata pon la guindilla encima.

Huevo: Pon el queso dentro de la patata y asa al grill hasta que se derrita, pon encima el huevo frito y salpimienta.

Collage patatas asadas rellenas


Preguntas frecuentes

¿Por qué se hornean las patatas directamente untadas en aceite y sin envolver en papel de aluminio?

Envolver las patatas en papel de aluminio atrapa el vapor de agua que exhala el tubérculo, lo que en realidad produce una cocción al vapor que deja la piel blanda, húmeda y correosa. Al embadurnarlas únicamente con aceite de oliva virgen extra y dejarlas al aire libre a 220 °C, el calor seco deshidrata la capa exterior mientras la grasa fríe suavemente la piel. Esto genera una corteza dorada y muy crujiente que actúa como un cuenco rígido natural, manteniendo la pulpa interior tierna y cremosa.

¿Por qué se debe hacer el corte en cruz y presionar la base de la patata inmediatamente al sacarla del horno?

En el instante en que la patata sale del horno, su interior contiene vapor atrapado a alta temperatura. Si se deja enfriar cerrada, ese vapor condensa en la pulpa, volviéndola gomosa y pesada. Al realizar la incisión en cruz y presionar los extremos inferiores hacia arriba, la piel crujiente se abre limpiamente y libera una bocanada de vapor presurizado; este proceso airea el interior y rompe los granos de almidón cocidos, logrando esa textura esponjosa y aterciopelada idónea para absorber los jugos de los rellenos.

¿Qué precauciones de temperatura conviene tener al montar rellenos fríos (guacamole y gambas) frente al relleno caliente de huevo?

Para la versión de huevo y mozzarella, la patata debe estar recién salida del horno para aprovechar su calor residual, fundir el queso bajo el gril y recibir la yema fluida sin enfriarse. En cambio, para las versiones frías de guacamole y gambas con sour cream, conviene dejar templar la patata abierta unos minutos antes de coronarla; si se vierte la crema ácida o el aguacate sobre la patata hirviendo, la grasa de la nata se separará en una fase líquida y el aguacate se recalentará, perdiendo frescura y oxidando sus notas vegetales vivas.



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Mousse de chocolate

Todo comenzó cuando el despistado Aric, emocionado ante la inminencia de su boda, se topó con una mariposa que portaba un diminuto cartel: «¡Sígueme para una boda aún más emocionante!». Sin pensarlo dos veces, echó a correr tras ella y, para asombro de todos, el enlace acabó celebrándose al borde de un acantilado, justo al abrigo del árbol del cacao. El pueblo entero acudió vestido con ropas de colores vivos y sonrisas francas: adoraban a Aric y sabían de sobra que haría inmensamente feliz a Fiora.

Fiora descendía de un antiguo linaje de hechiceros; por sus venas corría la magia más pura. Aunque jamás había recurrido a ningún embrujo con Aric, él había caído rendido a sus pies desde el primer cruce de miradas. Aquello parecía salido de una fábula antigua. De esas que a veces cierran con moraleja y otras se despiden con un simple «colorín, colorado». Y aunque en el banquete no se sirvieron perdices, no faltaron riadas de chocolate… ni un final feliz.

Mousse de chocolate vegano para alérgicos o intolerantes

Mousse de chocolate con aguafaba de los garbanzos de bote


El nacimiento de este postre está ligado directamente al descubrimiento del aquafaba, el término culinario que recibe el agua viscosa resultante de la cocción de las legumbres. En diciembre de 2014, el tenor y cocinero aficionado francés Joël Roessel descubrió que el líquido de conservación de las conservas de palmitos y garbanzos formaba una espuma densa, similar a la clara montada, si se batía con energía. Roessel compartió sus ensayos en su blog de cocina vegetal, demostrando que aquel caldo habitualmente descartado poseía sorprendentes propiedades emulsionantes y espumantes gracias a las proteínas, saponinas y almidones que las legumbres liberan durante el hervor.

El testigo lo recogió en marzo de 2015 el ingeniero de software estadounidense Goose Wohlt. Obsesionado con perfeccionar el merengue vegano en los fogones de su casa, Wohlt comprobó que el caldo de los garbanzos en conserva montaba por sí solo con una firmeza impecable y un sabor prácticamente neutro, sin necesidad de recurrir a gomas ni espesantes artificiales. Bautizó el hallazgo uniendo las voces latinas aqua (agua) y faba (haba o alubia), y aprovechó el hito para idear la primera mousse de chocolate vegana moderna con solo dos ingredientes: aquafaba a punto de nieve y cobertura negra fundida.

La fórmula corrió como la pólvora por redes sociales y foros dedicados a la alimentación vegetal. La gran sorpresa de reposteros y aficionados de todo el mundo fue constatar que, al fundirse la espuma con la intensidad del cacao, el recuerdo a legumbre se desvanecía por completo, dando paso a una textura aireada, sedosa y untuosa, a la altura de la repostería clásica más exigente.

Hoy en día, este postre es un auténtico emblema del movimiento de cocina de aprovechamiento (zero waste), demostrando cómo la curiosidad doméstica puede transformar un residuo cotidiano en un bocado de alta gama apto para dietas veganas, alérgicos al huevo o intolerantes a los lácteos.

Ser la cuarta de cinco hermanos da para una enciclopedia de anécdotas, sobre todo de cuando éramos críos. Os podéis figurar a mi pobre madre capeando el temporal los fines de semana: sin colegio y con una energía inagotable que ni siquiera el campo abierto alrededor de casa lograban agotar.

Los desayunos de los domingos eran mi debilidad absoluta: chocolate a la taza bien espeso con ensaimada recién traída del horno. «¡Mmm!», pensaréis muchos; y sí, os doy toda la razón. En aquella mesa se veía de todo: quien devoraba primero la ensaimada para beberse después el chocolate a sorbos limpios; el que prefería el orden inverso; el purista que mojaba la miga hasta que no quedaba ni gota; y la que no paraba de corretear alrededor de la mesa hasta que tropezaba, vertía su taza y se quedaba compuesta y sin desayuno. Cada domingo traía su propia aventura, pero todos tenían en común una dulzura infinita.

Seguro que más de uno os sentís identificados: una casa llena de niños es garantía de taza derramada y zafarrancho a primera hora, ¿a que sí?

Aunque lo que hoy te traigo no es chocolate a la taza, tiene todo el aroma del mejor cacao; con la ventaja de que este no se derrama por más carreras que hagas por la cocina. Es una receta pensada al detalle para quienes no pueden o prefieren no tomar huevo —sean veganos, alérgicos o sencillamente curiosos—; y te aseguro que, si a mí me dejó con la boca abierta, a ti te va a fascinar.


Actualizada 2026.


Mousse de chocolate sin huevo


Ingredientes para 4:
  • El líquido (aguafaba) de 1 bote grande de garbanzos (400 g aprox.)
  • Unas gotas de zumo de limón
  • 135 g de chocolate negro
  • 65 g de mermelada de higos (o crema de dátil)

Elaboración:
  1. Vierte el líquido de los garbanzos en el cuenco de la batidora. 
  2. Bate a velocidad moderada durante 5 minutos. 
  3. Cuando comience a montar, añade unas gotas de limón y aumenta la velocidad hasta obtener un merengue firme con picos. 
  4. Derrite el chocolate al baño María. 
  5. Una vez fuera del fuego, añade la mermelada y mezcla bien. 
  6. Incorpora la mezcla de chocolate al merengue con movimientos suaves y envolventes hasta que esté completamente integrado. 
  7. Reparte en moldes individuales y refrigera al menos 4 horas antes de servir.

Notas:

  1. Importante que no lleve sal el agua de cocción.
  2. Si quieres usar el merengue con otras elaboraciones dulces puedes añadirle azúcar como se haría con un merengue hecho con claras de huevo.



Preguntas frecuentes

¿Por qué es capaz el aguafaba de montar como las claras de huevo y qué función cumplen las gotas de limón?

El agua de cocción de los garbanzos concentra una combinación equilibrada de proteínas solubles (albúminas y globulinas) y saponinas vegetales. Al batir con varillas, estas moléculas tensioactivas atrapan burbujas de aire y forman una película protectora alrededor de cada cavidad, emulando la estructura física de un merengue tradicional. Las gotas de zumo de limón aportan ácido cítrico, el cual reduce el pH del medio; esta acidez debilita las cargas electrostáticas repulsivas entre las cadenas de proteínas, permitiendo que se enlacen con mayor firmeza y creando una espuma mucho más estable y resistente al colapso.

¿Qué temperatura debe tener la mezcla de chocolate y mermelada antes de incorporarla al merengue vegetal?

La mezcla debe estar tibia o a temperatura ambiente (en torno a 35-40 °C). Si el chocolate se vierte demasiado caliente, el choque térmico desnaturalizará de golpe la débil red proteica del aguafaba montada, fundiendo las burbujas de aire y licuando la preparación. Por el contrario, si se deja enfriar en exceso, el chocolate comenzará a cristalizar y endurecerse antes de tiempo, formando grumos duros y apelmazados al contacto con la espuma fría en lugar de integrarse en una emulsión homogénea y aterciopelada.

¿Por qué es indispensable que el líquido de los garbanzos no contenga sal añadida?

Muchos botes de legumbres comerciales incorporan cantidades considerables de salmuera para su conservación. En una elaboración dulce tan delicada como esta mousse, un exceso de sodio alteraría de manera negativa el equilibrio gustativo frente al chocolate negro y los higos, dejando un regusto salino estridente y poco apetecible. Además, a nivel físico-químico, concentraciones elevadas de sal interfieren en la capacidad de hidratación y espumado de las proteínas vegetales, dificultando que el merengue alcance el volumen y la rigidez de picos necesarios.


Ingredientes de la mousse de chocolate con aguafaba


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