¿Quién me había dicho a mí que el asunto terminaría de esta manera?
Cuando recibí la invitación no me puse a dar saltitos de alegría, porque me parecía de mala educación hacerlo delante de los novios, pero era el acontecimiento del pueblo y todos estábamos expectantes.
La novia me preguntó si iba a ir acompañada.
—¡Mmmmm!... No... quiero decir... síii, claro, claro, iré acompañada —dije, sin estar muy convencida.
—Bien —respondió ella—. Tengo ganas de ver con quién.
Me hinché como un pavo y allá me presenté el día del evento. Medio pueblo estaba vestido con sus mejores galas… y el otro medio —el que no estaba invitado— también.
Como ninguno de mis ex quiso acompañarme, tuve que "sobornar" a Zulú, un jardinero que había viajado por todo el mundo y acababa de llegar de un país tropical.
Fue una ceremonia bellísima, diría yo. No repararon en gastos: flores, coche, vestidos… hasta la familia del novio, que venía de otro país, le daba un glamour de revista de bodas. ¡Ains! Bueno, bueno, no me emociono. La cosa vino cuando llegamos al restaurante.
Un lujazo. Hasta los camareros parecían pingüinos, y los aparcacoches, de película. Maravilloso todo. Mi acompañante y yo parecíamos más bien el café con leche: él era morenito y yo más blanca que la nieve. Aunque él aseguraba que en invierno se volvía blanco, blanco. No sé si hice bien en traerlo de acompañante...
Nada más llegar, una señora sexagenaria me preguntó:
—¿Mesa, gogó, mambo?
Y nos miraba a los dos de una manera coqueta.
—No, señora… no somos los gogós —dije yo, asombrada y extrañada de que ya hubiera animadores. ¡Menuda marcha llevaba la señora!
Pero no conté con que mi pareja fuera tan rápido. Así que, sin que pudiera reaccionar a tiempo, cogió a la señora por la cintura, la subió a la mesa, le dio un meneo del que pensamos que le había reajustado el esqueleto y la volteó unas cuantas veces, hasta que acabó enseñándonos la enagua a rayas que llevaba debajo del vestido.
Hubo gritos, pasos, carreras, un desmayo, una ambulancia y unos señores que muy “amablemente” nos acompañaron a la salida.
Zulú, extrañado, me preguntó:
—¿Pero no quería mambo la señora?
—¡Nooooo! —le dije—. Se había olvidado ponerse la dentadura y nos pedía mango… un cóctel de fresa, coco y mango.
Frío se quedó el jardinero.


Y frío servimos el "cóctel", no pienses que después de la aventura de la boda lo sirva con alcohol (o si lo haces es cosa tuya), nooo, es fruta, fruta madura, tan madura que no necesita que le añadas azúcar invertido, ya es suficiente la que lleva, fresas maduras, mango madurísimo, y la nata de la leche de coco, ésta sí lleva azúcar, para que tuviera un toque más fresco aún le añadimos menta, solo un poco, lo hemos "turmixado" por partes y congelado de la misma manera.
Y como es verano, hace calor, y tenemos ganas de lo que nos refresca se alargue lo más que podamos, lo convertimos en paletas y ya podemos bailar mambo, ¿por qué no?.
La historia de los polos de fruta comenzó por puro accidente en una fría noche de 1905 en San Francisco (California), cuando un niño de solo once años llamado Frank Epperson olvidó en el porche de su casa un vaso de agua con polvos de soda gaseosa y un palito para mezclar. Durante la noche, las temperaturas bajaron drásticamente a niveles de congelación, lo que provocó que la mezcla de refresco se solidificara por completo alrededor del bastón de madera. Al día siguiente, el pequeño Frank descubrió el bloque de hielo dulce, lo extrajo del vaso usando el palito como mango y halló una forma revolucionaria de consumir una bebida congelada.
Durante los años siguientes, Epperson solo preparaba este postre helado para sus amigos y familiares directos, pero, al darse cuenta de su enorme potencial comercial, decidió patentar su creación en 1924 bajo el nombre original de «Epsicle». Poco tiempo después, sus propios hijos comenzaron a pedir el invento llamándolo coloquialmente Pop's 'sicle —una combinación de las palabras «papá» y «carámbano» en inglés—, lo que derivó en la marca mundialmente conocida como Popsicle. Con el paso de las décadas, este formato sustituyó los refrescos artificiales por zumos naturales, naciendo así los polos de fruta que hoy en día se consideran una opción refrescante, saludable y universal para combatir las altas temperaturas.
Actualizado en 2026.
Polos caseros de fresa, mango y coco sin lactosa — en capas
Ingredientes
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Fresas congeladas
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Mango congelado
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Nata de coco
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1 cucharada de azúcar invertido
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Unas hojas de menta
Elaboración
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Reduce, en la túrmix, a puré las fresas.
- Vierte el puré en los moldes de helado y mete en el congelador durante media hora.
- Reduce el mango y la menta a puré y añade al polo, encima de la fresa.
- Coloca el palo para polos, asegúrate de centrarlo (puedes hacerlo con un papel haciendo un corte en el centro).
- Vuelve al congelador.
- A la media hora añade la nata de coco mezclada con el azúcar invertido y deja en el congelador hasta que esté solidificado todo.
Azúcar invertido
Ingredientes (los mismos tanto para Thermomix como tradicional)
- 150 gr. agua mineral embotellada
- 350 gr. azúcar
- Gasificante (1 sobre blanco y 1 morado)
Elaboración tradicional
- Mezcla en un cazo, usando varillas, al fuego el agua, azúcar y sobre blanco (ácido tartárico), hasta que empiece a hervir.
- Apaga el fuego.
- Deja que baje la temperatura hasta que esté templado y no queme. (unos 20-30 minutos) hasta los 50º C.
- Añade el sobre morado (bicarbonato) y mezcla unos segundos con las varillas.
- Quedará con bastante espuma, se va quitando pasados unos minutos, deja que baje bastante antes de llenar un tarro de cristal, para que no desborde.
- Envasa en tarro de cristal, deja enfriar del todo y tapa el tarro.
Elaboración Thermomix
- Mezcla en al jarra el agua, el azúcar y el sobre blanco (ácido tartárico), 6-7 min. 100º, velocidad 3 y espera a que llegue a esta temperatura.
- Deja que baje la temperatura a 50º (unos 20-30 minutos).
- Añade el sobre morado (bicarbonato) y mezcla 1 min. velocidad 3.
- Quedará con un poco de espuma, se va quitando pasados unos minutos, deja enfriar y tapa.
- Envasa en tarro de cristal.
Notas:
Puedes usar fruta sin congelar e ir congelando igual dentro del molde, también queda bien.
La nata del coco es la parte más "dura" que hay cuando abres una lata de leche de coco, suele estar arriba de la lata.
El azúcar invertido suele usarse para helados, sé que se vende hecho o puedes hacerlo casero o puedes usar miel para endulzar.
La menta le da un toque fresco, usa hierbabuena si es más fácil encontrarla para ti que la menta.
Preguntas frecuentes
¿Se puede hacer el polo sin azúcar invertido?
Sí. Puedes sustituirlo por miel en la misma proporción
o simplemente omitirlo si la fruta está muy madura y dulce.
El azúcar invertido mejora la textura del polo evitando que
quede demasiado duro y cristalice, pero no es imprescindible.
¿Qué es la nata de coco y cómo se separa?
La nata de coco es la parte sólida y grasa que se acumula
en la parte superior de una lata de leche de coco fría. Para
separarla fácilmente, mete la lata en la nevera unas horas
antes. Al abrirla encontrarás la nata arriba — es más espesa
y blanca — y el agua de coco abajo. Solo usamos la nata.
¿Cuánto tiempo necesitan los polos para congelarse bien?
Cada capa necesita unos 30 minutos en el congelador antes
de añadir la siguiente. El polo completo necesita un mínimo
de 4 horas para estar completamente sólido. Lo ideal es
hacerlos la noche anterior.
Relato y fotografías @catypol - Circus day