El primero en probarla fue Biel des Trons, que llevaba setenta años bebiendo café negro servido por humanos malhumorados.
—Això no pot anar bé mai —dictaminó, mirando la pantalla táctil como si fuera una bomba.
Metió una moneda de un euro. La máquina emitió un pitido, tragó el dinero y permaneció inmóvil.
—Ja ho sabia jo.
Entonces apareció un turista alemán en sandalias y calcetines.
—Vielleicht müssen Sie hier drücken.
Pulsó un botón. La máquina rugió, tembló y expulsó un líquido marrón con espuma sospechosa. Biel lo observó.
—No pareix cafè.
Pero el alemán sonrió encantado y se fue feliz con el vaso. Aquello preocupó mucho al pueblo. Porque si los extranjeros empezaban a disfrutar aquel brebaje, alguien podría pensar que en Mallorca se bebía eso voluntariamente. A la mañana siguiente, la máquina amaneció cubierta con una sábana blanca. Encima, un cartel escrito a mano: «DESCANSA EN PAU».
Nadie confesó haberlo hecho. El ayuntamiento abrió una investigación seria, que consistió básicamente en preguntar en el bar si alguien había visto o sabía algo.
—¿Quién ha tapado la máquina?
—Ni idea —respondían todos, sin apartar la vista de la partida de dominó.
La única pista era que, desde aquella noche, la máquina había empezado a funcionar perfectamente… pero solo en mallorquín.
«Triï la seva beguda.»
«Monedes insuficients.»
«Torni-ho a provar, beneit.»
El técnico de Palma vino dos veces. La tercera renunció.
—No entiendo nada —dijo—. El sistema operativo está en alemán, pero alguien ha instalado frases payesas dentro del software.
Mientras tanto, el pueblo recuperó la calma. Los jubilados volvieron a sus sillas. El café de Can Rafel siguió siendo fuerte, corto y ligeramente peligroso para la tensión arterial, aunque a veces lo acompañaban de llesques de papa y eso lo suavizaba un poco. Y la máquina permaneció allí muchos años, sin vender apenas nada. Excepto a los turistas, que la recomendaban muchísimo en internet.
El misterio de su nombre: ¿Por qué "de papa"? Es la pregunta que todo el mundo se hace. No tiene nada que ver con el tubérculo (la patata), ni tampoco directamente con el Papa de Roma como figura religiosa.
El Diccionari Alcover-Moll ya documenta las llesques de papa por escrito en Mallorca en el segle XVI. En aquella época, "papa" o "papes" hacía referencia a las gachas o papillas espesas a base de leche y harina (o pan) que se daban a los niños pequeños y a los enfermos porque eran fáciles de digerir y muy nutritivas. Al ser un pan completamente ablandado en leche, heredó ese nombre popular.
Antes de la expulsión y las conversiones forzosas en el siglo XIV y XV, los judíos de Mallorca preparaban por su Pascua (Pésaj) un dulce prácticamente idéntico llamado "rebanadas de parida paskuales". Cuando la comunidad judía (los llamados xuetes en Mallorca) tuvo que ocultar sus tradiciones, el plato se mimetizó perfectamente con el calendario cristiano de la Semana Santa, permitiéndoles mantener sus costumbres culinarias sin levantar sospechas ante la Inquisición.
Es una receta con más de 500 años de historia viva que pasó de los recetarios medievales y sefardíes a las cocinas de las abuelas de la isla.
Llesques de papa mallorquinas
Ingredientes:
- 1 l de leche entera.
- 350 g - 400 g de pan de barra del día anterior (aproximadamente una barra común, cortada en rodajas).
- 1 rama de canela.
- Corteza de media naranja y medio limón (evitando la parte blanca).
- 3 huevos.
- 70 g de azúcar.
- Aceite de oliva suave para freír
En una olla, vierte el litro de leche junto con la rama de canela y las cortezas de cítricos. Lleva a fuego medio. Justo cuando empiece a hervir, retira del fuego, añade el azúcar, tapa la olla y deja reposar durante 15 minutos para que la leche absorba todos los aromas. Pasado ese tiempo, cuela la leche para retirar las cortezas y la canela, y deja que se temple.
Corta la barra de pan en rebanadas gruesas. Colócalas extendidas en una bandeja honda y vierte la leche templada por encima. Deja que el pan absorba el líquido durante unos 15 minutos. Si es necesario, dales la vuelta a mitad del proceso con mucha delicadeza. El pan debe quedar muy bien empapado, casi al límite de romperse, pero manteniendo su forma.
Bate los 3 huevos en un plato hondo. Pon a calentar abundante aceite en una sartén a fuego medio-alto (lo ideal es mantenerlo a unos 170°C - 180°C si tienes termómetro, para que se doren sin quemarse).
Con la ayuda de una espátula o con las manos y mucho cuidado, pasa cada rebanada de pan por el huevo batido, asegurándote de que se cubra bien por las dos caras. Échalas al aceite caliente en tandas pequeñas para que no baje la temperatura.
Fríe las llesques durante 1 o 2 minutos por cada lado, hasta que tengan un color dorado precioso. Retíralas con una espumadera y déjalas escurrir sobre un plato con papel absorbente de cocina para eliminar el exceso de grasa.
El truco de la abuela: Si te sobra un poco de leche del remojo y un poco de huevo batido, no lo tires. Puedes mezclar ambos restos, pasarlos por la sartén y hacer una especie de natilla rápida para acompañar.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿En qué se diferencian las llesques de papa de las torrijas tradicionales peninsulares?
Aunque la base de pan empapado en leche aromatizada y frito es la misma, en Mallorca reciben históricamente el nombre de llesques de papa (o llesquetes de papa). Tradicionalmente se infusionan con canela y cáscara de naranja y limón, y se sirven espolvoreadas con azúcar y canela o con miel de flores local, siendo un dulce de aprovechamiento típico de Cuaresma y Semana Santa.
¿Por qué es preferible usar pan del día anterior y no pan de molde suave?
El pan de barra asentado o del día anterior posee una miga más firme y una corteza estructurada capaz de absorber una gran cantidad de leche sin deshacerse. El pan fresco o de molde blando tiende a desmoronarse al manipularlo tras el remojado.
¿Cuál es la temperatura ideal del aceite para freír las llesques?
La temperatura óptima oscila entre los 170 °C y los 180 °C. Si el aceite está demasiado frío, el pan absorberá grasa en exceso y quedará aceitoso; si está demasiado caliente, el rebozado de huevo se quemará por fuera antes de que el interior alcance la textura cremosa característica.




























