Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Llesques de papa

Cuando el señor Bernadet decidió modernizar el pueblo, nadie sospechó que el caos llegaría en forma de máquina expendedora. La instalaron junto al bar de Can Rafel, justo donde antes se sentaban los jubilados a discutir si había llovido más en el 78 o en el 82. La máquina prometía «CAFÉ INTERNACIONAL – CAPPUCCINO – CHOCOLATE PREMIUM», todo en siete idiomas y con una voz femenina que decía «gracias» en un tono meloso.

El primero en probarla fue Biel des Trons, que llevaba setenta años bebiendo café negro servido por humanos malhumorados.

—Això no pot anar bé mai —dictaminó, mirando la pantalla táctil como si fuera una bomba.

Metió una moneda de un euro. La máquina emitió un pitido, tragó el dinero y permaneció inmóvil.

—Ja ho sabia jo.

Entonces apareció un turista alemán en sandalias y calcetines.

—Vielleicht müssen Sie hier drücken.

Pulsó un botón. La máquina rugió, tembló y expulsó un líquido marrón con espuma sospechosa. Biel lo observó.

—No pareix cafè.

Pero el alemán sonrió encantado y se fue feliz con el vaso. Aquello preocupó mucho al pueblo. Porque si los extranjeros empezaban a disfrutar aquel brebaje, alguien podría pensar que en Mallorca se bebía eso voluntariamente. A la mañana siguiente, la máquina amaneció cubierta con una sábana blanca. Encima, un cartel escrito a mano: «DESCANSA EN PAU».

Nadie confesó haberlo hecho. El ayuntamiento abrió una investigación seria, que consistió básicamente en preguntar en el bar si alguien había visto o sabía algo.

—¿Quién ha tapado la máquina?

—Ni idea —respondían todos, sin apartar la vista de la partida de dominó.

La única pista era que, desde aquella noche, la máquina había empezado a funcionar perfectamente… pero solo en mallorquín.

«Triï la seva beguda.»

«Monedes insuficients.»

«Torni-ho a provar, beneit.»

El técnico de Palma vino dos veces. La tercera renunció.

—No entiendo nada —dijo—. El sistema operativo está en alemán, pero alguien ha instalado frases payesas dentro del software.

Mientras tanto, el pueblo recuperó la calma. Los jubilados volvieron a sus sillas. El café de Can Rafel siguió siendo fuerte, corto y ligeramente peligroso para la tensión arterial, aunque a veces lo acompañaban de llesques de papa y eso lo suavizaba un poco. Y la máquina permaneció allí muchos años, sin vender apenas nada. Excepto a los turistas, que la recomendaban muchísimo en internet.


Llesques de papa típicas de Mallorca

Llesques de papa mallorquinas tradición Semana Santa


Aunque hoy en día en toda España se asocien directamente con las torrijas de Semana Santa, las llesques de papa mallorquinas tienen una identidad histórica propia, ligada a la supervivencia, a la mezcla de culturas de la isla y a la medicina antigua.

El misterio de su nombre: ¿Por qué "de papa"? Es la pregunta que todo el mundo se hace. No tiene nada que ver con el tubérculo (la patata), ni tampoco directamente con el Papa de Roma como figura religiosa.

El Diccionari Alcover-Moll ya documenta las llesques de papa por escrito en Mallorca en el segle XVI. En aquella época, "papa" o "papes" hacía referencia a las gachas o papillas espesas a base de leche y harina (o pan) que se daban a los niños pequeños y a los enfermos porque eran fáciles de digerir y muy nutritivas. Al ser un pan completamente ablandado en leche, heredó ese nombre popular.

Las raíces judías (Sefardíes). Aunque en Mallorca se consumen tradicionalmente durante la Cuaresma y la Semana Santa cristiana (vinculadas al ayuno de carne y al aprovechamiento del pan sobrante), los historiadores gastronómicos de las islas, como Antoni Tugores, apuntan a un origen mucho más remoto: la cocina judío-sefardí.

Antes de la expulsión y las conversiones forzosas en el siglo XIV y XV, los judíos de Mallorca preparaban por su Pascua (Pésaj) un dulce prácticamente idéntico llamado "rebanadas de parida paskuales". Cuando la comunidad judía (los llamados xuetes en Mallorca) tuvo que ocultar sus tradiciones, el plato se mimetizó perfectamente con el calendario cristiano de la Semana Santa, permitiéndoles mantener sus costumbres culinarias sin levantar sospechas ante la Inquisición.

El "alimento de parteras" (Medicina antigua). Durante siglos, las llesques de papa no se consideraban un postre de fiesta, sino un reconstituyente médico. Se creía que la combinación de pan, leche y huevo era el mejor remedio para que las mujeres que acababan de dar a luz recuperaran las fuerzas y estimularan la subida de la leche materna. De hecho, el famoso músico y poeta del siglo XV Juan del Encina las menciona como "plato indicado para parturientas", y en la vecina isla de Menorca se las conoce directamente con el nombre de sopes de partera.

Es una receta con más de 500 años de historia viva que pasó de los recetarios medievales y sefardíes a las cocinas de las abuelas de la isla.

Llesques de papa mallorquinas


Ingredientes:
  • 1 l de leche entera.
  • 350 g - 400 g de pan de barra del día anterior (aproximadamente una barra común, cortada en rodajas).
  • 1 rama de canela.
  • Corteza de media naranja y medio limón (evitando la parte blanca).
  • 3 huevos.
  • 70 g de azúcar.
  • Aceite de oliva suave para freír


1. Infusionar la leche:
En una olla, vierte el litro de leche junto con la rama de canela y las cortezas de cítricos. Lleva a fuego medio. Justo cuando empiece a hervir, retira del fuego, añade el azúcar, tapa la olla y deja reposar durante 15 minutos para que la leche absorba todos los aromas. Pasado ese tiempo, cuela la leche para retirar las cortezas y la canela, y deja que se temple.

2. Remojar el pan:
Corta la barra de pan en rebanadas gruesas. Colócalas extendidas en una bandeja honda y vierte la leche templada por encima. Deja que el pan absorba el líquido durante unos 15 minutos. Si es necesario, dales la vuelta a mitad del proceso con mucha delicadeza. El pan debe quedar muy bien empapado, casi al límite de romperse, pero manteniendo su forma.

3. Rebozar y freír:
Bate los 3 huevos en un plato hondo. Pon a calentar abundante aceite en una sartén a fuego medio-alto (lo ideal es mantenerlo a unos 170°C - 180°C si tienes termómetro, para que se doren sin quemarse).

Con la ayuda de una espátula o con las manos y mucho cuidado, pasa cada rebanada de pan por el huevo batido, asegurándote de que se cubra bien por las dos caras. Échalas al aceite caliente en tandas pequeñas para que no baje la temperatura.

4. Dorar y escurrir:
Fríe las llesques durante 1 o 2 minutos por cada lado, hasta que tengan un color dorado precioso. Retíralas con una espumadera y déjalas escurrir sobre un plato con papel absorbente de cocina para eliminar el exceso de grasa.

El truco de la abuela: Si te sobra un poco de leche del remojo y un poco de huevo batido, no lo tires. Puedes mezclar ambos restos, pasarlos por la sartén y hacer una especie de natilla rápida para acompañar.


Mosaico de las llesques de papa mallorquinas


Preguntas frecuentes (FAQ)

¿En qué se diferencian las llesques de papa de las torrijas tradicionales peninsulares?

Aunque la base de pan empapado en leche aromatizada y frito es la misma, en Mallorca reciben históricamente el nombre de llesques de papa (o llesquetes de papa). Tradicionalmente se infusionan con canela y cáscara de naranja y limón, y se sirven espolvoreadas con azúcar y canela o con miel de flores local, siendo un dulce de aprovechamiento típico de Cuaresma y Semana Santa.

¿Por qué es preferible usar pan del día anterior y no pan de molde suave?

El pan de barra asentado o del día anterior posee una miga más firme y una corteza estructurada capaz de absorber una gran cantidad de leche sin deshacerse. El pan fresco o de molde blando tiende a desmoronarse al manipularlo tras el remojado.

¿Cuál es la temperatura ideal del aceite para freír las llesques?

La temperatura óptima oscila entre los 170 °C y los 180 °C. Si el aceite está demasiado frío, el pan absorberá grasa en exceso y quedará aceitoso; si está demasiado caliente, el rebozado de huevo se quemará por fuera antes de que el interior alcance la textura cremosa característica.


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Cocas de turrón de almendra

Se acercaba Navidad y yo no había avisado a la familia de mi llegada, esperaba sorprenderles y llegar a tiempo para ayudarles a preparar todo. Me gustaba levantarme temprano y entrar en la cocina la primera, aunque nunca fue así, siempre se levantaban todas antes que yo y a mi me daba la sensación de llegar tarde y me entristecía, por mucho que dijeran que ellas acaban de entrar en la cocina no lo parecía viendo la mesa con la mise en place para elaborar cocas de turrón.

María me abrazaba y me ofrecía café antes de ponerme un delantal y contarme que este ritual nunca debe perderse, mi madre ponía los ojos en blanco como si entendiera que las nuevas generaciones no lo seguiríamos, a mi me dolía un poco el corazón, sabía que no siempre estaríamos todas. Mi hermana suele empezar las mañanas con té, a ella el café no le gusta y María, aunque también se lo preparaba, no le entusiasmaba, cosa que hacía que ella también pusiera los ojos en blanco como mamá e hiciera que me diera cuenta que se parecían mucho las dos, eso me hacía sonreír.

También se reunía con nosotras la hermana de papá, solo nos tenía a nosotros y no nos gustaba que estuviera sola, así que también se apuntaba a todos los eventos, mi mamá y ella congeniaban muy bien y se la pasaban hablando sobre tal o cual persona, cuando pasaba eso papá siempre huía, sabía demasiado sobre las batallitas de ellas en el pasado y aunque él no ponía los ojos en blanco, sus muecas eran muy graciosas, yo me parecía mucho a él y eso me hacía sonreír.

Así que cuando llegué a casa, no quise entrar con mi llave, toqué el timbre y esperé ansiosa ver sus caras de alegría, hacía mucho que no estaba en casa y lo echaba de menos. Se oían pasos hacía la puerta, y me preparé para gritar ¡Feliz Navidad! y abrir mis brazos en señal de regalo por volver al hogar.


Cocas de turrón de almendras de Mallorca

Cocas de turrón navideñas mallorquinas



Historia y Tradición
La tradición de elaborar el turrón en Mallorca está ligada a la festividad de Santa Catalina (25 de noviembre). Este período es crucial porque el turrón artesanal requiere un largo tiempo de reposo, entre 20 días y un mes, para que sus sabores y texturas maduren a tiempo para la mesa navideña. Es un plato típicamente invernal y una tradición gastronómica sencilla y muy arraigada, o lo era cuando yo era pequeña.

Turrón de Almendra Tostada (Proceso Tradicional en barra):
"El proceso tradicional del turrón de almendra tostada comienza escaldando el corazón de la almendra (bessó) para pelarlo. Luego se tuesta en el horno, cuidando que quede bien cocido para asegurar una correcta ligazón con el azúcar. Finalmente, se muele la almendra y se mezcla con el azúcar en polvo. La pasta se dispone en cajas de madera forradas con papel sulfurizado (para absorber el aceite) y se deja reposar durante varias semanas o un mes. Se acostumbra a prepararlo para Santa Catalina y consumirlo en Navidad." 

En casa, cuando yo era pequeña, se hacía de los dos tipos, las cocas de turrón y el turrón de almendras tostadas en cajitas. El de cacao no se hacía, es una "novedad" pero una novedad bienvenida ahora.

Cocas de turrón de almendras mallorquinas


Ingredientes
  • 200 g de almendra molida cruda
  • 145 g de azúcar
  • 1 cucharadita pequeña de canela
  • Ralladura de la piel de 1 limón (pequeño)
  • El zumo de medio limón
  • Ralladura de la piel de 1 naranja 
  • El zumo de 1 naranja (mediana/pequeña)
  • Obleas para turrón

Elaboración
  1. Lava el limón y ralla su piel dentro de un cuenco. Reserva la ralladura.
  2. Ralla la piel de la naranja y exprime la naranja. Vierte el zumo de limón y naranja más la ralladuras en un cuenco grande. Agrega el azúcar y la canela en polvo. Mezcla bien con unas varillas hasta integrar y que el azúcar se disuelva.
  3. Incorpora la almendra molida a la mezcla anterior. Amasa hasta formar una masa homogénea y ligeramente pegajosa.
  4. Dispone una oblea (con la parte lisa hacia arriba) sobre una superficie limpia y plana.
  5. Con un pincel mojado en agua(o con una servilleta mojada o con el dedo), no lo mojes demasiado o la oblea se romperá, pincela el borde de la oblea. Coloca una porción de la masa de turrón encima de la oblea en el centro. Con los dedos mojados, extiende la masa de manera uniforme, dejando la zona mojada del borde sin rellenar.
  6. Pon la segunda oblea encima (con la cara lisa hacia el relleno).
  7. Con una servilleta encima de la oblea, presiona suavemente y poco a poco el borde con los dedos, asegurándote de que el sellado quede firme y bien cerrado. Repite el proceso con el resto de las obleas.



Cocas de turrón de almendras y cacao


Ingredientes
  • 200 g de almendra molida tostada
  • 150 g de azúcar
  • 50 g de cacao puro y sin azúcar
  • 25 ml de leche de almendras
  • Ralladura de la piel de 1 naranja 
  • El zumo de 1 naranja (mediana/pequeña)
  • Obleas para turrón

Elaboración
  1. Ralla la piel de la naranja y exprime la naranja. Vierte el zumo de naranja más la ralladura en un cuenco grande. Agrega el azúcar. Mezcla bien con unas varillas hasta integrar y que el azúcar se disuelva. Añade el cacao en polvo y mezcla hasta integrar bien.
  2. Incorpora la almendra molida a la mezcla anterior. Amasa hasta formar una masa homogénea y ligeramente pegajosa.
  3. Dispone una oblea (con la parte lisa hacia arriba) sobre una superficie limpia y plana.
  4. Con un pincel mojado en agua(o con una servilleta mojada o con el dedo), no lo mojes demasiado o la oblea se romperá, pincela el borde de la oblea. Coloca una porción de la masa de turrón encima de la oblea en el centro. Con los dedos mojados, extiende la masa de manera uniforme, dejando la zona mojada del borde sin rellenar.
  5. Pon la segunda oblea encima (con la cara lisa hacia el relleno).
  6. Con una servilleta encima de la oblea, presiona suavemente y poco a poco el borde con los dedos, asegurándote de que el sellado quede firme y bien cerrado. Repite el proceso con el resto de las obleas.




Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es fundamental humedecer los bordes de la oblea con moderación?

La fécula de la oblea es sumamente sensible a la humedad. Un toque ligero de agua (con pincel, servilleta o la yema del dedo) activa el almidón para que funcione como pegamento natural; sin embargo, un exceso de líquido ablandará en exceso la oblea y hará que se rompa al sellar o manipular el turrón.

¿Qué diferencia existe entre usar almendra molida cruda o tostada según la variedad?

En la receta tradicional mallorquina, la almendra cruda se combina con cítricos (limón y naranja) y canela, logrando un matiz fresco y jugoso de mazapán tradicional. En cambio, para la versión con cacao, la almendra tostada aporta notas más intensas e hidrófobas que equilibran el amargor del cacao puro y la leche de almendras.

¿Cómo se deben conservar las cocas de turrón para que las obleas no se ablanden?

Lo ideal es envolver cada coca de turrón de forma individual en papel vegetal o de horno y guardarlas en un recipiente hermético en un lugar fresco y seco (fuera de la nevera). Así, las obleas mantendrán su textura firme y el relleno conservará su humedad óptima durante semanas.



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Duquesas de requesón

Cuentan que la "Jaia Corema" no siempre tuvo siete piernas. Hubo un tiempo en que solo tenía dos, pero también tenía paciencia, que es más difícil de conseguir y mucho menos apreciada. Todo empezó el año en que el Rey Carnaval decidió que la fiesta no iba a terminar nunca. Al principio parecía buena idea: música sin pausa, mesas siempre llenas, gente disfrazada incluso para ir a comprar pan. Pero pronto nadie dormía, nadie recordaba qué día era. Fue entonces cuando apareció la Jaia.

No gritó ni dio órdenes. Se plantó en medio de la plaza, con una mirada que no admitía discusiones, y dijo simplemente:

—Hasta aquí.

El Rey Carnaval se rió. Intentó convencerla con bailes, con dulces, con promesas de días eternos sin normas. Pero la Jaia no se movió. Así que hicieron un trato, porque en Mallorca hasta las discusiones acaban en acuerdo: cada semana, el caos tendría una oportunidad de redimirse.

Si alguien en el pueblo hacía algo que devolviera un poco de orden —no orden aburrido, sino ese que hace que todo encaje sin que nadie lo note—, la Jaia cedería una de sus piernas y el Carnaval perdería un poco de fuerza.

Nadie entendió muy bien cómo empezó, pero funcionó.

Una mujer ayudó, sin decir nada, a llevar la bolsa de la compra de una vecina mayor. Y ese gesto, tan pequeño que casi se pierde, hizo que una de las piernas de la Jaia desapareciera como si nunca hubiera estado allí.

Un pescador decidió ayudar a otro que no había pescado para que no se fuera con las manos vacías. Otra pierna menos.

Un grupo de amigos, en mitad de la fiesta, defendió a una chica que estaba siendo molestada por otros. La Jaia se quedó con una pierna menos.

Semana a semana, sin discursos ni grandes hazañas, el pueblo empezó a recordar cómo era vivir sin exceso. Y el Rey Carnaval, cada vez más ligero de poder, ya no imponía la fiesta.

Cuando la Jaia se quedó sin su última pierna, nadie se atrevió a preguntar qué pasaría. Pero no cayó. Se mantuvo en pie de alguna manera que no parecía necesitar explicación.

El Rey Carnaval, por primera vez sin disfraz, la miró con respeto.

—Has ganado —admitió.

Ella negó con la cabeza.

—No. Hemos aprendido juntos.

Desde entonces, cada año vuelven ambos. Él trae el ruido, ella el equilibrio. Y entre los dos, el pueblo recuerda que ni la fiesta puede durar para siempre… ni hace falta que termine del todo.


Duquesas de requesón de Mallorca

Moldes para hacer duquesas de requesón mallorquinas




Las Duquesas de Requesón (duqueses de brossat) son uno de los tesoros más elegantes de la repostería mallorquina. Aunque hoy las vemos en las pastelerías, su origen es doméstico y antiguo, apareciendo en libretas familiares de los siglos XIX y XX.

Como no existían los moldes de silicona ni de metal ligero, se utilizaban las famosas tiras de papel. Se cortaba una tira de papel de estraza o pergamino, se unía formando un aro y la masa se adaptaba a ese círculo. Esto le daba ese aspecto de "corona" tan característico.

En libros de referencia sobre la gastronomía y el folclore mallorquín (como los de Pedro de Alcántara Penya o en el Die Balearen del Archiduque Luis Salvador), se menciona que el consumo de dulces de requesón aumenta drásticamente durante la Cuaresma y la Semana Santa.

Antiguamente, la producción de leche de oveja y cabra era máxima en primavera gracias a los pastos frescos. Por ello, el requesón era abundante y de mejor calidad justo en las fechas de Pascua.

En textos del siglo XIX y principios del XX, las duquesas aparecen como un dulce de "convit" (convite). No eran un dulce diario, sino que se elaboraban para bautizos y bodas debido a su forma delicada se consideraban un dulce elegante para celebraciones familiares.

Era común que los hornos las prepararan para las fiestas patronales de verano e invierno.

En resumen: Aunque no tienen una única festividad exclusiva, su "época dorada" tradicional es la Primavera (Pascua), debido a la abundancia de requesón fresco y las restricciones religiosas de la época que favorecían los dulces lácteos frente a los que usaban grasas animales prohibidas.

Duquesas de requesón mallorquinas


La Masa:
  • 250 g de harina de trigo
  • 100 g de manteca de cerdo (saïm)
  • 75-100 g de azúcar
  • 1 yema de huevo
  • Un chorrito de vino dulce Moscatel

El Relleno:
  • 450 g de requesón (brossat)
  • 175 g de azúcar
  • 3 huevos grandes
  • Ralladura de 1/2 limón
  • Una pizca de canela

Preparar la masa: 
Mezcla la manteca (a temperatura ambiente) con el azúcar y la yema. Añade el vino y ve incorporando la harina hasta obtener una masa que no se pegue a las manos. Déjala reposar unos 30 minutos en el frigorífico.

Preparar el relleno: 
En un bol aparte, desmenuza bien el requesón con un tenedor (en las recetas antiguas se pasaba por un colador fino para que no hubiera grumos). Mézclalo con el azúcar, la ralladura, la canela y los huevos batidos hasta que quede una crema espesa.

Montaje:
Estira la masa con un rodillo (unos 3-4 mm de grosor).
Corta círculos de unos 10-12 cm de diámetro. Coloca el círculo de masa en el fondo, subiendo un poco por las paredes del aro.

Nota: 
El truco del molde: Si no tienes los aros de metal tradicionales, corta tiras de papel de hornear de unos 4 cm de alto y únelas con un clip o hilo formando un aro. 

Horneado: Rellena cada "cestita" con la crema de requesón (casi hasta arriba, ya que al hornear suben como un suflé y luego bajan). Hornea a 180°C durante unos 30-35 minutos hasta que el relleno esté cuajado y dorado.

Acabado: Deja enfriar totalmente antes de quitar el aro de papel o metal. Espolvorea con azúcar glas si lo deseas.



Duquesas dulces de requesón mallorquinas

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Se puede sustituir el brossat o requesón mallorquín por otro tipo de queso?

El brossat tradicional aporta una textura granulosa y un sabor lácteo muy fresco característico de la repostería balear. Si no dispones de él, el sustituto más idóneo es un requesón artesanal de oveja o cabra, o en su defecto, una ricotta bien escurrida.

¿Por qué se utiliza manteca de cerdo (saïm) en la masa en lugar de mantequilla?

La manteca de cerdo es la grasa tradicional de las masas dulces de las Islas Baleares. Le aporta a la masa una textura quebradiza única, suavemente hojaldrada y con la consistencia auténtica de las duquesas. Si utilizas mantequilla, obtendrás una masa sabrosa pero de perfil más parecido a la pasta brisa.

¿Cómo evitar que el relleno se desborde al subirse durante el horneado?

Al contener huevo batido, el relleno de requesón tiende a hincharse como un suflé por el calor del horno. Es importante no sobrepasar las tres cuartas partes del molde o aro y hornéalas a 180 °C constante. Al retirarlas del horno, el relleno bajará ligeramente de forma natural hasta asentarse con su consistencia cremosa final.


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Salsa a la pimienta sin Bovril

La cocina del Thousand Sunny estaba en plena ebullición. Sanji, impecable con su traje negro, preparaba un entrecot con salsa de pimienta, reducción de coñac y patatas doradas.

En ese preciso instante, Luffy apareció por la puerta.

—¡SANJI! ¿YA ESTÁ LA COMIDA?

—¡FUERA DE MI COCINA, PEDAZO DE HAMBRIENTO!

—¡Pero tengo tanta hambre que podría comerme el barco!

—¡Pues empieza por masticar tus modales!

Sanji terminó el plato con una delicadeza digna de un restaurante parisino. La carne estaba dorada por fuera, jugosa por dentro y bañada en una salsa aromática que habría hecho llorar de emoción a cualquier chef francés.

Colocó el entrecot sobre la mesa.

Luffy se abalanzó sobre él.

—¡GOMU GOMU NO… MORDISCO!

En menos de tres segundos, el plato quedó vacío.

Sanji permaneció inmóvil. Una vena comenzó a palpitarle en la frente.

—Luffy… ¿HAS SABOREADO LA SALSA?

—¿Qué salsa?

—¿Y LA REDUCCIÓN DE COÑAC?

—¿Qué reducción?

—¿Y LA CARNE?

Luffy se relamió.

—Estaba rica. ¿Hay más?

Sanji encendió un cigarrillo, miró al horizonte y contuvo las lágrimas.

—He dedicado veinte minutos a una obra maestra culinaria para que este idiota la inhale como si fuera aire.

Desde la puerta, Zoro soltó una carcajada.

—Al menos no se ha comido el plato.

Sanji se giró lentamente.

—¿Quieres comprobar cuánto tarda un cocinero en convertirte en una brocheta, marimo?

Zoro dejó de reír.

Aquella noche, Sanji preparó otro entrecot, esta vez para Nami, servido con una salsa de pimienta perfecta y una copa de vino.

Nami probó el primer bocado y cerró los ojos, encantada.

—Sanji, esto es maravilloso.

El cocinero se arrodilló a sus pies, con corazones en los ojos.

—¡NAMI-SWAAAN! ¡Cocinaría mil entrecots por ti!

Al fondo, Luffy levantó la mano.

—¿Y yo puedo comerme el de Nami?

Sanji salió disparado con una patada.

—¡DIABLE JAMBE! ¡FUERA DE MI COMEDOR!

Y así quedó demostrado que, en el Thousand Sunny, la cocina francesa era un arte… y alimentar a Luffy, una guerra sin tregua.


Inspirado en Sanji de One Piece.


Salsa a la pimienta con miso en lugar de concentrado de carne

tiras de entrecot con salsa a la pimienta hecha con miso


La historia del miso —cuyo nombre significa literalmente «fuente del sabor»— comenzó hace más de 1300 años en la antigua China antes de transformarse en uno de los pilares fundamentales de la identidad culinaria de Japón. Sus raíces más remotas se remontan al siglo IV a. C. en territorio chino, donde se elaboraba un condimento primitivo llamado hisio o sho, una pasta salada nacida de la fermentación de la soja que constituía la fase previa a la creación de la salsa de soja. Las primeras menciones escritas del término propiamente evolucionado surgieron alrededor del año 800.

Este valioso condimento llegó al archipiélago japonés en el siglo VII, introducido muy probablemente por monjes budistas. En sus primeros siglos en Japón, el miso era considerado un artículo de absoluto lujo y un tesoro gastronómico reservado exclusivamente a la nobleza, la corte imperial y las élites. Durante esta época se empleaba incluso como medicina o guarnición directa, en lugar de disolverse en caldos.

La gran transformación cultural del miso ocurrió durante el período Kamakura (1185-1333), cuando se arraigó la filosofía de alimentación de los guerreros samuráis conocida como Ichiju-issai, traducida como «una sopa, un plato». Fue en este contexto donde se popularizó de forma definitiva el consumo del miso en forma de sopa caliente, convirtiéndose en el sustento diario ideal para los soldados gracias a su facilidad de transporte en forma de bolitas secas y a su inmenso valor energético y nutricional.

Durante el posterior período Muromachi (1333-1573), el conocimiento de la fermentación se democratizó y las clases populares comenzaron a elaborar sus propias variedades caseras. Ya en el período Sengoku (hacia el año 1500), la altísima demanda bélica impulsó la apertura de la primera factoría industrial de miso, llamada Oensogura, lo que facilitó el abastecimiento a gran escala para las campañas militares.

A partir de entonces, el perfeccionamiento de la técnica con el hongo kōji (Aspergillus oryzae) y las tradiciones locales consolidaron variantes regionales icónicas elaboradas a base de soja, arroz o cebada. En la actualidad, el proceso artesanal que requiere largos meses o incluso años de maduración convive con una producción masiva que permite disfrutar de este pilar del sabor umami en todo el mundo.

El bovril se utiliza tradicionalmente en la salsa a la pimienta para aportar un fondo intenso de umami, sal y un matiz tostado o caramelizado. El miso —especialmente el miso oscuro o miso tinto— cumple exactamente esa misma función, pero añadiendo una profundidad de sabor aún más compleja gracias a la fermentación natural.

¿Qué tipo de Miso elegir?
  • Miso rojo u oscuro (aka miso): Es la mejor opción para sustituir al bovril. Posee un sabor potente, salado y profundo que imita muy bien el fondo cárnico del extracto de buey.
  • Miso blanco (shiro miso): Es más suave y dulce. También funciona muy bien, aunque dará como resultado una salsa un poco más delicada y cremosa.

Actualizada 2026.


Salsa a la Pimienta con Miso sin concentrado de carne (Bovril)


Ingredientes:

  • 1 o 2 cdas. de pimienta verde en salmuera (o pimienta negra o verde deshidratada machacada)
  • 1 cda. de mantequilla o aceite de oliva
  • 2 cdas. generosas de miso (rojo u oscuro preferiblemente en lugar de Bovril)
  • 400 ml nata para cocinar (o bebida vegetal rica)
  • 35 ml de coñac, brandy o whisky (opcional, para desglasar).
  • 100 ml de caldo (de carne, verdura o agua caliente para disolver el miso).
  • 1cdta. de pimienta negra molida

Disolver el miso: En un tazón pequeño, mezcla la cucharadita de miso con los 100 ml de caldo caliente (o agua) hasta tener un líquido homogéneo sin grumos. Reserva.

Tostar la pimienta: En una sartén o cazo a fuego medio, añade la mantequilla. Agrega los granos de pimienta (puedes aplastar la mitad para liberar más aroma) y saltea durante 1 minuto.

Desglasar (Opcional): Vierte el coñac, brandy o whisky y deja que el alcohol se evapore casi por completo.

Incorporar el miso y la nata: Baja el fuego e incorpora la mezcla de miso disuelto. Remueve bien. A continuación, vierte la nata poco a poco sin dejar de remover para que emulsione bien. Añade la pimienta negra molida y remueve.

Reducir y ajustar: Deja cocinar a fuego lento durante unos 3 a 5 minutos hasta que la salsa espese a tu gusto. Prueba el punto de sal y pimienta al final y rectifica si fuera necesario.


Notas: 
  • El miso es bastante salado por sí solo. No añadas sal adicional a la salsa hasta el final, tras haber probado el conjunto. 
  • No viertas la pasta de miso directamente en la sartén caliente, ya que le costará integrarse y formará grumos. Disuélvela primero en un chorrito de caldo caliente o en un poco de nata antes de incorporarla.
  • Los fermentos y aromas del miso se conservan mejor si no se somete a una ebullición prolongada a fuego fuerte. Añádelo hacia la mitad o el final de la cocción.
  • Opciones para acompañar la salsa a la pimienta (además de la carne): pescados, tofu, tempeh, seitán, setas portobello o de cardo, y huevos flor o escalfados.

Miso y pimienta verde para la salsa de pimienta sin Bovril



Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es preferible usar miso en lugar de bovril o concentrado de carne?

El miso aporta el mismo matiz sabroso y umami que el extracto de carne tradicional, pero con un perfil botánico y fermentado más complejo, ideal para opciones vegetarianas o para quienes buscan una profundidad de sabor más elegante y suave.

¿Se puede utilizar pimienta negra en grano si no se dispone de pimienta verde?

Sí, aunque la pimienta verde en salmuera es más blanda y aporta una frescura vegetal característica, la pimienta negra o verde seca machacada en mortero funciona perfectamente, proporcionando un toque más picante y aromático.

¿Cómo evitar que la nata se corte al mezclarla con el miso?

La clave es mantener el fuego suave al incorporar la nata y verterla poco a poco mientras se remueve. Disolver el miso previamente en un caldo templado evita cambios bruscos de temperatura que puedan descomponer la grasa de la nata.


Salsa a la pimienta hecha con miso en lugar de bovril


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Champiñones calaveras

Cuando Martina heredó la mansión victoriana, lo primero que encontró fueron unas cuantas goteras, marañas de telarañas, champiñones creciendo en el sótano y un fantasma atrapado en el espejo del baño.

—¡Por fin! —chilló el espectro—. Llevo ciento veinte años esperando a alguien con la suficiente mala suerte como para invocarme.

—¿Eres peligroso? —preguntó ella.

—Muchísimo. Puedo apagar las luces, mover los muebles y hacer que la red Wi-Fi funcione únicamente cuando te sientes en el inodoro.

Martina lo observó con auténtico respeto. Aquello sí que era maldad pura.

—¿Cómo te llamas?

—Baltasar Mortaja, terror de los vivos, azote de los difuntos y antiguo campeón regional de lanzamiento de ectoplasma.

—Encantada, Baltasar. ¿Sabes arreglar una caldera?

El fantasma se quedó flotando a medio metro del suelo, profundamente ofendido.

—¡Soy una entidad sobrenatural!

—Perfecto. Entonces no tendrás ningún inconveniente en atravesar las paredes y mirar qué demonios pasa con las tuberías.

Baltasar decidió vengarse. Durante toda la noche hizo crujir la tarima, susurró oscuras amenazas desde los armarios y cortó la leche de la nevera hasta convertirla en yogur.

A las tres de la madrugada, Martina apareció en el salón con una humeante taza de chocolate caliente entre las manos.

—Mira, fantasma: o me echas una mano con la caldera o pongo un anuncio de tu habitación en una plataforma de alquiler vacacional.

—¡No puedes hacer eso!

—¿Por qué no? ¿Acaso en esos sitios no aceptan mascotas?

Baltasar lanzó un chillido tan espantoso que tres cuadros cayeron de golpe contra el suelo y un murciélago salió molesto de la chimenea.

A la mañana siguiente, la caldera funcionaba a pleno rendimiento. El espectro había pasado la noche entera reparándola entre maldiciones en latín y consultas desesperadas a tutoriales de YouTube.

Martina le dejó una nota pegada en el cristal del espejo:

«Gracias, Baltasar. Esta tarde vienen unos posibles compradores. Haz el favor de comportarte como un muerto normal».

Baltasar sonrió mostrando una hilera de dientes amarillentos. Porque, si algo había aprendido en sus ciento veinte años de cautiverio, era que los vivos podían llegar a ser muchísimo más terroríficos que los muertos. Y además, el alquiler de una mansión victoriana incluiría calefacción, pero desde luego no servicio de limpieza paranormal.


Inspirado en Beetlejuice. "No confíes en los vivos" ("Never trust the living").


Sopa con champiñones calaveras tallados para Halloween

Pizza con champiñones calaveras tallados a mano

De la tierra húmeda y la densa niebla 
brotan rostros blancos que la noche celebra. 
Corta el hongo, esculpe el hueso, 
¡que el caldero hierva con el alma de un beso!

La historia del champiñón es la crónica de un hongo que pasó de brotar de forma silvestre en los campos europeos a convertirse en la variedad culinaria más cultivada y consumida del mundo. Aunque la recolección de setas silvestres se remonta a la prehistoria, el champiñón común que hoy conocemos (Agaricus bisporus) tiene su origen moderno en los alrededores de París. Su domesticación no solo revolucionó la gastronomía, sino que también dio vida a una industria agrícola tecnológicamente avanzada.

Durante milenios, los hongos estuvieron rodeados de un halo de misterio y recelo. Sociedades de la Antigüedad como la romana apreciaban profundamente ciertas setas por sus virtudes gastronómicas, pero conocían de sobra su peligrosidad. Asimismo, comunidades como los antiguos aborígenes canarios y otras culturas locales ya los recolectaban y consumían directamente de la naturaleza. Sin embargo, el verdadero viaje del champiñón de París comenzó a mediados del siglo XVII en Francia. Hacia 1650, unos agricultores franceses observaron que una pequeña seta de tono blanquecino crecía de forma espontánea sobre el estiércol de caballo utilizado en las meloneras. Fascinados por su aroma suave y su sabor sutil, los horticultores comenzaron a cultivarlos de manera sistemática para abastecer a las cocinas aristocráticas, ganándose rápidamente un lugar de honor en los banquetes del rey Luis XIV.

A pesar de su popularidad, el cultivo al aire libre chocaba con el enorme obstáculo del clima: las heladas invernales y el calor estival paralizaban por completo la producción. La solución a este problema llegó a principios del siglo XIX gracias al ingenio de un hortelano francés llamado monsieur Chambry. Alrededor de 1811, Chambry descubrió que las antiguas canteras subterráneas de piedra caliza abandonadas bajo París poseían un microclima ideal para el hongo. Al trasladar las camas de sustrato al interior de estas galerías oscuras, húmedas y con una temperatura constante, consiguió desvincular la producción de las estaciones del año. Este hallazgo convirtió a las galerías subterráneas parisinas en el epicentro de la producción micológica, asentando de forma definitiva la denominación internacional de «champiñón de París».

El éxito del método subterráneo parisino no tardó en expandirse por toda Europa y el resto del mundo. A finales del siglo XIX y principios del XX, el cultivo migró desde las cuevas tradicionales hacia instalaciones industriales concebidas para controlar la humedad y la temperatura de manera milimétrica. En España, regiones como La Rioja adoptaron el cultivo del champiñón a partir de la primera mitad del siglo XX, impulsadas por las técnicas importadas de los productores franceses. Hoy en día, gracias a la pasteurización de los sustratos y a los avances de la micología moderna, el champiñón ha dejado atrás su antigua exclusividad cortesana para transformarse en un ingrediente accesible, nutritivo y pilar fundamental de la cocina global cotidiana.

En Circus Day los hemos convertido en simpáticas calaveras listas para disfrutar en Halloween, en fiestas de disfraces o en cualquier momento en que te apetezca un toque divertido.


Champiñones calaveras para Halloween


Ingredientes:
  • Champiñones frescos enteros (de tamaño mediano o grande)
  • Pajitas de plástico o metal de diferentes diámetros (para troquelar los ojos)
  • Un cuchillo pequeño de puntilla o mondador bien afilado

Elaboración:
  1. Limpia cuidadosamente los champiñones con un paño húmedo o pincel de cocina para retirar los restos de tierra (evita sumergirlos en agua para que no pierdan firmeza).
  2. Corta cada champiñón por la mitad longitudinalmente, manteniendo el pie adherido al sombrero.
Talla de la cara de la calavera
  1. Ojos: Presiona firmemente con el extremo de una pajita sobre el sombrero del champiñón para troquelar dos orificios circulares a la altura de los ojos.
  2. Cuencas: Utiliza la punta del cuchillo pequeño para retirar el exceso de carne del interior de cada orificio y definir las cuencas oculares.
  3. Dientes y mandíbula: Practica pequeños cortes verticales paralelos en la parte inferior del sombrero y a lo largo del pie del champiñón para simular la dentadura de la calavera.

Notas: 
Utiliza estos champiñones tallados para decorar por encima cremas de verduras, sopas de setas o pizzas antes de hornearlas durante la época de Halloween.



Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué tipo de champiñón es mejor para hacer las calaveras de Halloween?

Los champiñones Paris blancos medianos o grandes son ideales porque tienen una superficie lisa y clara que resalta las sombras talladas. Los champiñones Portobello también funcionan muy bien si se busca un acabado más oscuro o tenebroso.

¿Se deforman las calaveras de champiñón al cocinarlas?

Si se hornean en una pizza o se saltean a fuego fuerte brevemente, mantienen su forma a la perfección. Para sopas o cremas, conviene incorporarlos justo al final o cocinarlos al vapor unos minutos para colocarlos flotando sobre el plato como guarnición vistosa.

¿Cómo evitar que los champiñones tallados se oscurezcan antes de usarlos?

Si no vas a usarlos de inmediato, rocíalos levemente con unas gotas de zumo de limón para conservar su tono claro y firmeza. Aunque un poco oscuros quedan más tétricos ¿No crees?


Sopa y pizza con champiñones tallados en forma de calaveras

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Melón al mojito

Creció entre historias de piratas, mares de un azul turquesa, aguas cristalinas y toneles de ron. Ser hija de marineros en tiempos revueltos, en tierras sin dueño y de tesoros escondidos, alimentó su fascinación por esas leyendas que su familia se empeñaba en mantener vivas para atraer a los turistas perdidos en aquella isla.

Se decía que su antepasado más ilustre había sido el mismísimo Sir Francis Drake. Ella no tenía la menor idea de si era verdad o leyenda, pero si afirmar que sí significaba atraer a más clientes a su excursión de la «búsqueda del tesoro»… ¡bienvenido fuera el parentesco!

Su padre hacía tiempo que se había marchado de la isla. Su madre había quedado a la deriva, con la mirada fija cada mañana en el horizonte marino por si él regresaba. A ella no le quedó más remedio que orquestar un plan para ganar dinero y no morir en el intento.

Allí había crecido y allí pensaba morir. Era la pirata perfecta —salvo por la dentadura podrida y las borracheras nocturnas—. Podría haber actuado en cualquier superproducción de piratas: conocía los códigos, la jerga, los tacos y los nombres (inventados por ella) de los corsarios más «ilustres» que jamás habían surcado los mares.

Solo le faltaba una buena cicatriz en la mejilla para infundir respeto a la mismísima Armada Invencible. Bueno, o eso le gustaba imaginar… y eso mismo les vendía a los visitantes. Le apasionaba sentirse una leyenda viva, y aquello la entretenía tanto o más que un buen trago de ron.


Melón macerado con mojito y ensartado en brochetas

Melón al mojito elaborado con un melón dulce y el cóctel cubano


El antecedente genético del mojito es una mezcla conocida como draque o drake, que consiste en combinar aguardiente de caña, azúcar, lima (o limón) y hierbabuena. Esta combinación fue creada por un colaborador del famoso corsario inglés Sir Francis Drake, quien, curiosamente, llevaba el mismo apellido que su capitán. En tiempos de piratería, la brebaje se utilizaba para combatir males estomacales, prevenir el cólera y aliviar el Intenso calor de las Antillas.

Aunque comúnmente se piensa que el mojito se inventó en La Bodeguita del Medio, la realidad es que los cubanos ya lo preparaban mucho antes de la apertura del célebre local. Su origen moderno se remonta a alrededor de 1910, en un bar de la playa de La Concha. El nombre proviene de la adaptación al español de mojo, un término derivado del vocablo africano o caribeño que aludía a aderezos y mezclas, aunque también se asocia informalmente con la coctelería británica de la época.

Sin duda, el mojito más famoso del mundo es el de La Bodeguita del Medio, inmortalizado por el escritor Ernest Hemingway con su conocida frase: «Mi daiquirí en El Floridita y mi mojito en La Bodeguita».

Curiosamente, mi primer mojito lo disfruté en La Bodeguita del Medio, pero no en Cuba, sino aquí, en esta isla mía. Y tenía que ser un estadounidense quien le diera una vuelta de tuerca para presentárnoslo bien fresco, con fruta dulce y sabrosa. ¿Te atreves a probarlo? Mira que si empiezas, no podrás parar. Sírvelo a tus invitados mientras preparas una barbacoa y te convertirás en el corsario preferido de todas las fiestas.

Actualizada 2026.


Melón al mojito helado


Ingredientes:
  • 8 brochetas o palillos de madera
  • ½ melón dulce (tipo piel de sapo o cantaloupe), pelado y cortado en 8 cuñas

Ingredientes del mojito:
  • 1 cda. de azúcar
  • El zumo de 3 limas
  • 5 ramitas de menta o hierbabuena
  • 3/4 taza de ron blanco
  • 1/2 taza agua

Elaboración:

  1. Coloca las cuñas de melón en una fuente o bandeja.
  2. Haz la mezcla de mojito: Coloca todos los ingredientes en una licuadora y pica. 
  3. Vierte la mezcla sobre las cuñas de melón y refrigera 1 hora.
  4. Cubre una bandeja que quepa en el congelador con papel de hornear. 
  5. Saca las cuñas de la fuente. 
  6. Pincha cada cuña de melón con un stick, y ponlo sobre la bandeja. 
  7. Congela de 20 a 30 minutos. 
  8. Sirve frío.

Paso a paso de cómo elaborar melón con mojito

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué se congela el melón solo entre 20 y 30 minutos?

Este tiempo justo permite que la capa exterior del melón se congele formando una fina corteza helada y refrescante, mientras que el interior se mantiene jugoso y lleno de la mezcla macerada de mojito. Si se deja más tiempo, la fruta se endurecería demasiado para morderla cómodamente.

¿Se puede preparar una versión sin alcohol para niños o eventos familiares?

Sí, perfectamente. Basta con sustituir el ron blanco por la misma cantidad de agua de coco, refresco de lima-limón o simplemente incrementar ligeramente el agua y el zumo de lima para obtener unas brochetas refrescantes y aptas para todos los públicos.

¿Qué variedad de melón es la más adecuada para esta receta?

El melón piel de sapo aporta una carne firme que absorbe muy bien el mojito sin deshacerse, mientras que el melón cantaloupe o el galia aportan un vistoso contraste de color naranja o verde brillante e intensifican el dulzor natural de la preparación.


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Hamburguesa de gambas

La mañana en la playa de Katsurahama había empezado tranquila: el sol calentaba sin exagerar, las gaviotas peleaban por migas y el viejo barco pesquero Ryoma dormitaba amarrado junto al espigón como un gato perezoso.

A pocos metros, bajo una sombrilla color crema, una mujer de unos setenta años lucía unas gafas de sol enormes y redondas, un bañador amarillo chillón cuajado de lunares negros y unas zapatillas deportivas de colores imposibles. Tenía el pelo de plateado recogido en un moño desenfadado y miraba el móvil un poco agobiada. En la otra mano sostenía una hamburguesa de gambas.

—¿Va a comérsela o a interrogarla? —preguntó Miyako, la vigilante de seguridad encargada de la zona.

—Perdón —dijo la mujer—. Es que estoy distraída. Me llamo Rina Fukushi. Estoy esperando una llamada importante y… bueno, se me han perdido unas joyas de mucho valor.

—¿Aquí?

—No estoy segura. Las llevaba conmigo en una bolsita dentro del bolso. Me bajé del barco privado hace una hora y vine directamente a la playa a comer algo. Solo me distraje un momento…

Miyako echó un vistazo alrededor. El único movimiento era el de un grupo de pescadores limpiando redes junto al Rocamar y un niño persiguiendo a un cangrejo con un palo.

—¿Lo ha denunciado ya? —preguntó la guardia, sin dramatismo.

—No. Preferí preguntar primero por aquí. Es algo… embarazoso. Mi familia cree que últimamente estoy un poco despistada. Pero esas joyas… no son la corona de Inglaterra, pero sí son importantes para mí.

—Entiendo —dijo Miyako—. Lo que no entiendo es por qué vino sola a una playa con joyas.

Rina suspiró.

—Supongo que quería un momento de libertad: comer algo sencillo, ver el mar y poner en orden mis ideas antes de decirles que tenemos que hablar.

Miyako la miró un segundo, sonrió con amabilidad y dijo:

—Si quiere, puede ensayar conmigo. Prometo no juzgarla.

Levantó su móvil y le mostró una cuenta con más de dos millones de seguidores. En la pantalla aparecía ella misma viajando sola por Japón y enseñando a preparar recetas tradicionales con música J-pop de fondo.

—Soy yo —dijo—. Llevo dos años creando contenido. Mi familia cree que paso las tardes haciendo punto; el tema de las joyas no les hará gracia.

Miyako miró la pantalla, después a Rina y de nuevo la pantalla.

—¿Usted es… influencer?

Miyako abrió la boca, pero no llegó a decir nada. En ese momento, un pescador se acercó con una bolsita de terciopelo en la mano.

—¿Busca esto, señora? Lo encontramos junto al motor del barco.

Rina se ruborizó. Recuperó sus joyas con alivio y, por primera vez, le dio un mordisco a la hamburguesa de gambas.

—Está deliciosa —dijo, casi riendo—. Mucho mejor que un menú kaiseki de doce pases.

Miyako, todavía desconcertada, sonrió y le contestó:

—Se lo dije: aquí no tenemos corona, pero las gambas son las reinas.


Hamburguesa Ebi Katsu de gambas japonesa con panko

Hamburguesa de gambas japonesa Ebi Katsu con panko


El origen del elemento central, el ebi katsu (la chuleta de gambas), se remonta a la gastronomía yōshoku, un estilo de cocina japonesa con influencia occidental que floreció a partir de las eras Meiji y Taishō. Inspirados por los empanados europeos, los cocineros japoneses desarrollaron técnicas para rebozar mariscos y carnes en panko crujiente.

La transformación de esta receta casera en hamburguesa ocurrió formalmente en 1977, cuando la cadena japonesa de comida rápida Lotteria (hoy conocida como Zetteria en algunas regiones) introdujo la primera hamburguesa de gambas en su menú bajo el nombre de Ebi Burger. Este invento resolvió de forma brillante un problema técnico de la hostelería: colocar gambas fritas alargadas dentro de un pan redondo provocaba que los clientes mordieran solo pan en los extremos. Al unificar el marisco en una masa circular compacta, se garantizaba el sabor a gamba desde el primer hasta el último bocado.

Debido a su inmediato éxito y a su perfecta adaptación al paladar local —que priorizaba el pescado y el marisco sobre las carnes rojas—, la idea fue adoptada rápidamente por la competencia. La famosa cadena nacional MOS Burger lanzó su propia versión perfeccionada y, años más tarde, multinacionales como McDonald's Japón se rindieron al fenómeno creando la Ebi Filet-O para poder competir en el mercado nipón.

Hoy en día, la Ebi Katsu Burger se compone tradicionalmente de este medallón de gambas frito en panko, acompañado de una cama de col o repollo finamente cortado en juliana y una generosa porción de salsa tártara cremosa con toques cítricos, todo servido en un panecillo tierno. Se mantiene como un pilar fundamental de la cultura culinaria japonesa moderna y una parada obligatoria para los amantes de la comida rápida de calidad.

En mi caso, no la he acompañado de repollo ni de col: simplemente le puse un lecho de canónigos y, aunque el panecillo no es casero, cuidé el detalle de usar uno de mi absoluta confianza. Y sí, por si te lo preguntas: está deliciosa.


Actualizada 2026.

Hamburguesa de gambas japonesa (Ebi Katsu burger)



Ingredientes para 4:

  • 16 gambones frescos o congelados (pelados y desvenados)
  • 150 g de panko (pan rallado japonés)
  • 2 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 100 g de harina de trigo (para el rebozado)
  • 3 huevos medianos (M)
  • Sal y pimienta negra recién molida
  • 4 panecillos para hamburguesa (de estilo brioche o de tu confianza)
  • Un puñado de canónigos frescos (o repollo en juliana fina)

Salsa tártara:
  • 1 chalota (picada en brunoise o dados muy finos)
  • 8 pepinillos en vinagre pequeños
  • 125 g de mayonesa
  • 1 cda. de vino blanco seco (o zumo de limón)
  • Sal y pimienta negra recién molida

Tostar el panko:
  1. Calienta el aceite de oliva en una sartén a fuego medio e incorpora el panko.
  2. Remueve de forma continua para evitar que los trozos más pequeños se quemen, hasta obtener un color dorado uniforme y crujiente.
  3. Retira a un plato amplio para cortar la cocción y deja enfriar por completo antes de usar.
Salsa Tártara:
  1. Deja la chalota picada en remojo en agua fría durante 10 minutos para suavizar su sabor y eliminar el amargor.
  2. Escurre bien la chalota, mézclala en el vaso de la batidora con los pepinillos picados, la mayonesa y el vino blanco.
  3. Salpimienta al gusto y tritura todo hasta lograr una salsa fina y homogénea. 
  4. Reserva en frío.
Las hamburguesas:
  1. Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo. Forra la bandeja con papel de hornear.
  2. Limpia, desvena y seca muy bien las gambas con papel absorbente para que no formen una pasta al enharinarse.
  3. Agrupa las gambas (4 por cada hamburguesa) dándoles forma redonda y compacta. Salpimienta.
  4. Pasa cada medallón cuidadosamente por harina de trigo, luego por huevo batido y finalmente reboza generosamente con el panko tostado.
  5. Coloca los medallones sobre la bandeja y hornea a 180 °C durante 15 minutos hasta que el pescado esté cocinado y el rebozado quede crujiente.


Montaje:
  1. Tuesta ligeramente los panecillos de hamburguesa.
  2. Coloca el medallón de gambas recién horneado sobre la base del pan.
  3. Agrega encima una cama de canónigos frescos y baña con una generosa cucharada de salsa tártara fina.
  4. Cubre con la tapa del panecillo y sirve de inmediato.


Collage del paso a paso de cómo se hace la hamburguesa de gambas

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué se tuesta previamente el panko en la sartén si luego las hamburguesas van al horno?

El panko no se dora al mismo ritmo en el horno que cuando se fríe en abundante aceite caliente. Al dorarlo previamente en la sartén con un par de cucharadas de aceite, se consigue ese color dorado espectacular y una textura ultra crujiente sin necesidad de sumergir las hamburguesas en una fritura pesada.

¿Cómo se logra que las gambas mantengan la forma de hamburguesa redonda sin deshacerse?

El secreto está en secar muy bien las gambas con papel de cocina para eliminar la humedad superficial. Al pasarlas de forma compacta por la harina, el huevo y el panko, la capa de rebozado actúa como una estructura firme que sella el medallón durante el horneado.

¿Cuál es la diferencia entre la salsa tártara tradicional y la versión triturada para esta hamburguesa?

La salsa tártara clásica suele llevar los tropiezos de pepinillo y alcaparras picados a mano de forma rústica. Triturar ligeramente la mezcla con la mayonesa genera una crema fina y sedosa que se adhiere perfectamente al rebozado de panko y al pan de la hamburguesa sin derramarse al morder.



Hamburguesa japonesa Ebi Katsu con panko crujiente


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Sardinas Can Roca

El Entierro de la Sardina en mi pueblo es ese momento surrealista en el que el luto más riguroso y la borrachera más alegre se dan la mano en una procesión de apenas tres calles.

Este año, el «féretro» era una caja de fruta forrada con papel de pinocho negro, y la sardina, una creación de cartón con una mirada de pánico que compartíamos todos los presentes. El drama lo ponían las «viudas»: un grupo de tíos de metro ochenta con barbas de tres días, medias de rejilla y velos de encaje que rescataron de sus abuelas.

—¡Ay, que se nos va la criatura! —gritaba mi vecino Paco, secándose lágrimas imaginarias.

El clímax llegó en la plaza. Según el protocolo, debíamos quemar al pescado para purificar nuestros pecados carnavalescos. El problema es que el ayuntamiento, en un ataque de prudencia, prohibió las hogueras grandes. Así que allí estábamos: ciento cincuenta personas vestidas de riguroso luto rodeando una pequeña hoguera donde la sardina ardía con dignidad.

La banda municipal tocó una marcha fúnebre tan desafinada que parecía que los instrumentos también tenían pena. Cuando la sardina se convirtió en cenizas... enterrar a la sardina es como intentar enterrar tu propia vergüenza después de haber bailado La Macarena encima de una mesa. No estás triste por el pescado: estás triste porque mañana trabajas y tú de penitente tienes poco.

 
Filo en forma de triángulos rellenos de sardinas frescas

Triángulos de masa filo con sardinas frescas receta de Joan Roca



[RETO COOKING THE CHEF]
«Aplicado, trabajador, serio y apasionado por la profesión de la abuela Angeleta y de su madre, Montserrat, cocinera de Can Roca. Cuando Joan tiene solo nueve años, su madre le encarga una chaquetilla de cocinero a medida, que aún guarda y que en alguna ocasión ha servido de disfraz a su hijo. Se pasa las tardes en la cocina y, de forma inconsciente, empieza a fraguar su futuro. Cuando llega el momento, no duda en decidir qué quiere ser de mayor: “Yo veía que en el restaurante de mis padres la gente era feliz”. Con esto es suficiente: él quiere seguir haciendo feliz a la gente».

(Fragmento del libro El Celler de Can Roca*)*

«Cuando cocinamos aunamos multitud de ingredientes: experiencia, técnica, tradición, expresión, valores, innovación, experimentación... Cada cocinero y cocinera basa su cocina en diferentes factores, muchas veces difíciles de explicar, que sin duda distinguen sus platos y menús. Estos son precisamente algunos de los grandes valores de la cocina: la diversidad y la singularidad».

—Joan Roca

Como cada día 5, toca el reto Cooking the Chef, y este mes nos rendimos a la cocina maravillosa de Joan Roca, uno de los tres hermanos propietarios del restaurante El Celler de Can Roca. Cuando vi el nombre del cocinero en el correo electrónico no sabía si reír o llorar; pensé en no participar este mes, pero después recordé que tampoco era para tanto: estaba segura de que él, que empezó desde abajo, debía de tener recetas fáciles, accesibles para todos y deliciosas. 

Y así es: entre las muchas que tiene en su maravilloso libro Cocina con Joan Roca, me topé con unas crujientes sardinas que harían de tapa o entrante perfecto en alguna comida en casa. ¿Las recomiendo? Totalmente. Sí, ya sé que es una fritura, pero vale la pena; y si no es así, ya me contarás.

Actualizada 2026.


Sardinas con albahaca y limón 



Ingredientes para 4:
  • 12 filetes de sardina fresca (limpios de espinas)
  • 12 hojas de albahaca fresca
  • 4 hojas de pasta brick o filo
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 limón (su zumo y la ralladura de la piel)
  • Pimienta negra recién molida (al gusto)
  • Aceite de oliva o de girasol para freír
  • Sal marina (para la salmuera) 

Elaboración:
  1. Sumerge los filetes de sardina durante 5 minutos en una salmuera de agua fría al 10 % de sal (100 g de sal por cada litro de agua). Transcurrido este tiempo, escúrrelos y sécalos suavemente con papel absorbente.
  2. Emulsiona en un recipiente el aceite de oliva con unas gotas de zumo de limón y pimienta negra al gusto. Introduce los filetes de sardina y déjalos adobar durante 30 minutos.
  3. Corta cada hoja de pasta brick o filo en tres triángulos proporcionales.
  4. Coloca sobre cada triángulo de pasta una hoja de albahaca fresca y un filete de sardina escurrido. Enrolla la pasta sobre el pescado para formar un paquete cilíndrico y humedece el extremo exterior con unas gotas de agua para sellarlo bien y evitar que se abra durante la fritura.
  5. Calienta abundante aceite en una sartén a 180 °C y fríe las sardinas en tandas pequeñas hasta que la pasta adquiera un tono dorado y crujiente.
  6. Retíralas con una espumadera y déjalas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa. Espolvorea con la ralladura de piel de limón recién rallada y sirve de inmediato.

Nota personal del blog: 
Son superfáciles de hacer. Sin embargo, si un día no te apetece adobar las sardinas, no tienes tiempo o te da pereza el proceso, puedes pincelar los filetes frescos directamente con la emulsión de limón y pimienta justo antes de envolverlos. Si optas por sardinas en conserva de lata, manipúlalas con mucho cuidado al envolverlas para que no se desmiguen y asegúrate de secar bien el exceso de aceite con papel absorbente.

Adaptación a la freidora de aire (Airfryer):

  • A diferencia de la sartén, en la freidora de aire debes pincelar o pulverizar ligeramente los paquetes de pasta brick/filo con aceite de oliva por ambos lados antes de meterlos. Esto es fundamental para que la masa se dore de forma homogénea y quede crujiente en lugar de seca o blanquecina.
  • Precalienta la freidora de aire a 190 °C o 200 °C. Cocina los paquetes durante 5 a 7 minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción (hacia el minuto 3 ó 4) para que se doren por igual.
  • Las hojas de pasta filo o brick son muy ligeras. Asegúrate de colocar las sardinas con el pliegue hacia abajo y, si tu freidora tiene un ventilador muy potente, no satures la cesta para evitar que el aire desplace los paquetes antes de que se doren.
  • La pasta brick se vuelve especialmente quebradiza en la freidora de aire, por lo que es recomendable no amontonar las sardinas en la cesta para que el aire circule bien alrededor de cada pieza.
  • Al ser una cocción tan rápida (apenas 6 minutos en total), el filete de sardina no se seca y conserva todo el jugo junto con el aroma de la albahaca y el limón.
 


Triángulos de masa filo con sardinas del Joan Roca


Preguntas frecuentes

¿Puedo sustituir la pasta brick o filo si no la encuentro?

Sí. Puedes utilizar oblea de empanadilla (estirada bien fina con un rodillo) o masa de rollito de primavera (spring roll pastry). La pasta filo o brick es la opción ideal por su finura y textura crujiente, pero con obleas finas también obtendrás un resultado excelente.

¿Cómo evito que la pasta filo se rompa o se seque al manipularla?

La pasta filo se seca y se vuelve quebradiza muy rápido en contacto con el aire. El truco es mantener las hojas que no estés usando cubiertas con un paño de cocina ligeramente humedecido mientras vas montando los paquetes uno a uno.

¿Es mejor freírlas en sartén o prepararlas en la freidora de aire (airfryer)?

En la sartén tradicional obtendrás un dorado uniforme y ultrakrispy en menos de 2 minutos. Sin embargo, en la airfryer quedan igualmente crujientes y con mucho menos aceite: basta con pincelarlas ligeramente con aceite de oliva y cocinarlas a 190 °C durante 5–7 minutos, dándoles la vuelta a la mitad.



Con esta receta participo en el reto:


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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