Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Tarta de chocolate

Cada día salía de casa para dar un paseo por el barrio. Me gustaba caminar sin prisa: saludar a Grace, que tenía una pequeña tienda en una de las calles tranquilas de River North; esquivar a los chicos que salían de clase; ayudar al señor Henry, demasiado sordo y casi ciego para cruzar la calle solo, y sentarme un rato en el Riverwalk a contemplar el río Chicago.

Después me dirigía a The Little Corner, un pequeño café y pastelería escondido entre edificios antiguos y modernos. Por las mañanas se llenaba de gente con prisas por un café y algo dulce antes de empezar la jornada; por la tarde, en cambio, se volvía un rincón sosegado y acogedor, perfecto para quienes buscábamos una pausa antes de volver a casa. Allí me esperaba Claire: menuda, risueña y con unos ojos que cortaban la respiración a cualquiera que se detuviera a mirarla. Siempre regalaba una sonrisa, incluso a quienes iban demasiado rápido como para devolverle el saludo.

Y allí estaba yo, sentado junto a la ventana, viendo el ajetreo ajeno y aliviado de no formar parte de esa vorágine, cuando apareció ella con su magia habitual. Llevaba algo entre las manos, cubierto por un paño delicado. Me miró con picardía.

I'll give you some if you can guess what it is… —siempre conseguía hacerme sonreír.

—¡Mmm! ¿Una calabaza? —pregunté divertido.

Nope! —negó ella.

—¿Le has quitado el sombrero al señor Henry? —bromeé.

No way! —exclamó entre risas.

—De acuerdo, me rindo —dije al fin.

Oh, come on! Chocolate cake for you! —anunció al retirar la tela.

Debajo apareció una tarta de chocolate espléndida, tan dulce como su mirada y tan perfecta como solo ella sabía prepararla. Si alguna vez visitas Chicago, búscala, déjate envolver por su magia y déjate mirar por sus ojos. Siempre sabrá cómo sorprenderte.


Tarta de chocolate de cumpleaños

Tarta de chocolate de dos pisos



La historia de la tarta de chocolate comenzó a consolidarse en 1764, cuando el doctor James Baker y un molinero descubrieron cómo moler las habas de cacao con grandes piedras de molino mecánicas, obteniendo una pasta y un polvo de cacao más accesibles para la población. Hasta ese momento, el chocolate se consumía en Europa principalmente como bebida exclusiva de las clases altas, costumbre extendida tras la llegada del cacao americano a España. Pese a este avance, la repostería tardó décadas en integrar el cacao directamente en las masas horneadas, limitándose al principio a rellenos o coberturas líquidas.

Un hito fundamental para la repostería fina ocurrió en Viena en 1832, cuando el joven aprendiz Franz Sacher creó la célebre tarta Sacher (Sachertorte). Ideada para agasajar al príncipe Klemens von Metternich, consistía en un bizcocho denso de chocolate con mermelada de albaricoque y un glaseado firme de chocolate negro. Este postre causó sensación en las cortes europeas, aunque distaba del concepto de tarta casera y esponjosa que se popularizaría más adelante. El verdadero punto de inflexión técnico llegó en 1847 en los Estados Unidos, cuando la autora culinaria Eliza Leslie publicó la primera receta impresa de un pastel de chocolate en su libro The Lady's Receipt-Book. Aquella versión pionera consistía en un bizcocho claro que simplemente llevaba trozos de chocolate picado repartidos por la masa.

La evolución hacia el postre húmedo, tierno y oscuro que conocemos hoy culminó a finales del siglo XIX. En 1879, el chocolatero suizo Rodolphe Lindt inventó el proceso de conchado (agitar, calentar y airear continuamente la pasta de chocolate durante horas o días para lograr una textura suave y eliminar la acidez indeseada), un método de refinado que permitía obtener un chocolate mucho más sedoso y fácil de fundir para emulsionar con la harina y la mantequilla. 

A partir de 1886, los recetarios norteamericanos estandarizaron la adición de chocolate fundido y cacao en polvo directamente en la masa. El abaratamiento de los procesos industriales y la popularización de impulsores químicos, como el bicarbonato sódico o la levadura química, permitieron que los hogares adoptaran este dulce como el postre insignia de cumpleaños y celebraciones a partir de la década de 1890. Durante los años treinta del siglo XX, recetas emblemáticas e intensas como el pastel Devil's food ('comida del diablo') consolidaron definitivamente la identidad de este icono de la gastronomía mundial.
Tengo que decir que es mi preferida; bueno, una de ellas. Además, es perfecta para cumpleaños: el hecho de que sea de dos pisos, con una ganache untuosa que la envuelve y una decoración sencilla, la hace irresistible, ¿no crees?

Actualizada 2026.

Tarta de chocolate


2 moldes redondos de 20 cm de diámetro

Ingredientes de los bizcochos
  • 200 g harina de repostería
  • 90 g azúcar blanco
  • 90 g azúcar moreno o panela
  • 60 g cacao en polvo sin azúcar
  • 6 g (1 cucharadita y media) levadura en polvo
  • 6 g (1 cucharadita y media) bicarbonato sódico
  • 2-3 g (1/2 cucharadita rasa) sal
  • 1 sobre de café instantáneo
  • 2 huevos grandes
  • 200 ml leche
  • 100 ml aceite suave
  • 1 cdta. y media de extracto de vainilla
  • 180 ml agua hirviendo

Elaboración
  1. Tamiza en un bol amplio los ingredientes secos.
  2. Mezcla brevemente con las varillas de mano.
  3. Añade los ingredientes líquidos a los secos.
  4. Bate a mano hasta que no queden grumos secos.
  5. Reparte la masa a partes iguales en los dos moldes de 20 cm previamente engrasados y con papel en la base.
  6. Hornea a 175°C (calor arriba y abajo sin ventilador) durante 25-30 minutos. Comprueba con un palillo en el centro antes de retirar.

Ganache de chocolate


Ingredientes
  • 300 g chocolate para postres
  • 300 ml nata para montar (35% M.G.)
  • 50 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente

Elaboración
  1. Trocea el chocolate y colócalo en un bol amplio.
  2. Vierte la nata hirviendo sobre el chocolate troceado, remueve hasta integrar y añade la mantequilla en dados hasta que se funda.
  3. Cubre el bol con film transparente en contacto con la superficie (a piel) y déjalo en la nevera un mínimo de 4 a 6 horas (o de un día para otro) para que la grasa cristalice bien.
  4. Bate con varillas eléctricas a velocidad media durante 1 o 2 minutos.
  5. En cuanto coja cuerpo y haga picos suaves, para inmediatamente (si te pasas de batido, la grasa se puede cortar).

Una vez que los bizcochos estén fríos y hayan reposado sobre una rejilla de repostería, corta la parte superior si ha quedado algo de copete para nivelarlos. Esparce parte de la ganache sobre una de las bases; la cantidad es orientativa, pero ten en cuenta que debe sobrarte suficiente para cubrir el exterior. Coloca el otro bizcocho encima, dejando el relleno en el medio, y extiende el resto de la ganache por toda la superficie y los laterales hasta que la tarta quede cubierta por completo. Si lo deseas, decora con virutas de chocolate o con lo que prefieras. Refrigera hasta que la tengas que servir.

Si te gusta mucho el chocolate puedes disfrutar en Circus day de bizcochos, galletas y crinkles.



Tarta de chocolate con ganache de chocolate



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Coca de nueces

Encontrarte en aquel aeropuerto, tan repleto de gente corriendo de un lado a otro, y verte a ti, en medio de la nada, tocando un piano que publicitaba una escuela de música cualquiera, fue como un sueño. Estabas tan erguido, sentado en la banqueta, con los ojos cerrados y absorto en el sonido que tus dedos arrancaban a las teclas.

Y yo, con los ojos bien abiertos, trataba de que mis oídos se llenaran de esa música y no del bullicio de las idas y venidas. Me fui acercando paso a paso, sintiendo cada vez más cerca el ritmo, hasta que, sin darme cuenta, el rumor del entorno se disipó y solo quedamos tú y yo.

Cuando desperté del trance, ya estabas de pie con la maleta en la mano y sonriéndome. Mi reacción fue aplaudir; resultaba extraño ser la única en hacerlo, pero te lo merecías. Descubrir que íbamos a viajar en el mismo vuelo fue pura casualidad: los billetes asomaban por el bolsillo de tu chaqueta y los míos descansaban en mi mano. Así entrelazamos nuestros caminos.

—¿Conoces algo de California? —me preguntaste.

—No, solo las nueces —respondí entre risas.

—Pues te gustará: nuestros amaneceres, las playas… y nuestras nueces, claro —aseguraste.

Y así despegó mi viaje, con el corazón en un puño y la ilusión de descubrir un nuevo mundo.


Coca con masa de nueces y relleno de berenjena y langostinos

Coca de nueces con berenjena y langostino


La historia de las nueces de California en España conecta de forma circular el pasado colonial español, la modernización de los cultivos agrícolas y el auge del consumo de frutos secos en Europa.

A finales del siglo XVIII, los sacerdotes franciscanos españoles —la mayoría de origen andaluz y extremeño— introdujeron los primeros nogales en California. Estos árboles, originarios de Europa y Asia, prosperaron de manera excepcional gracias a las similitudes climáticas y al fértil suelo del Valle Central estadounidense. A partir de 1867 se inició la producción comercial a gran escala en los Estados Unidos, dando origen a una de las industrias agrícolas más tecnificadas del mundo, regulada posteriormente por organismos sectoriales como la California Walnut Commission.

La llegada masiva de la nuez de California a España comenzó a fraguarse en el último tercio del siglo XX. Tradicionalmente, el mercado español consumía nuez local, pero el volumen de producción nacional era bajo y los métodos de secado y homogeneización no estaban lo bastante estandarizados. Con la apertura comercial y la globalización, las distribuidoras españolas encontraron en la nuez de California un producto sumamente atractivo por su calibre regular, su cáscara fina fácil de quebrar y una apariencia clara y limpia que conquistó con rapidez los lineales de los supermercados.

A partir de la década de 1980, el auge de las nueces norteamericanas fue tan notable en el país que impulsó una profunda transformación en el propio campo español. Agricultores y empresas nacionales observaron el éxito del producto importado y decidieron aclimatar esas mismas variedades en suelo peninsular. Entre 1985 y 1992 comenzaron a introducirse patrones y variedades desarrollados por la Universidad de California, como la célebre Chandler o la Vina. Grandes firmas del sector establecieron extensas plantaciones en zonas de Extremadura, Andalucía o Castilla-La Mancha utilizando técnicas de regadío inspiradas directamente en los noguerales californianos.

En la actualidad, España se mantiene como uno de los principales compradores mundiales de este fruto seco, importando miles de toneladas anuales desde los valles de California para cubrir más del 80 % de la demanda interna. Su presencia ha transformado los hábitos alimentarios españoles, pasando de ser un bocado reservado casi exclusivamente a la Navidad a consolidarse como un básico diario de la dieta mediterránea gracias a la difusión científica de sus propiedades cardiosaludables.

No sé cuándo llegaron las nueces a mi vida; era pequeña, seguro. Quizá las comíamos más en Navidad, pero sí que forman parte de mí: los frutos secos en general, y las nueces en particular, me fascinan tanto que me declaro una auténtica #NuezLover. Por eso son las protagonistas de esta tapa tan mediterránea, como yo.

Esta vez me he atrevido a triturarlas ligeramente —sin pasarme, para evitar que suelten su aceite y formen una pasta o mantequilla— y las he integrado en la masa de coca, tan típica del Mediterráneo. Hornear la masa en blanco, sin el relleno, consigue que quede crujiente y contraste a la perfección con la suavidad de la berenjena asada y el langostino. ¿Un secreto? Si la dejas reposar unas horas, sabe aún mucho mejor.

Actualizada 2026.

Coca de nueces con berenjena y langostinos



La coca de nueces:
  • 100 ml agua
  • 100 ml aceite suave
  • 50 g de nueces molidas
  • Harina (la que necesite)
El topping de berenjena y langostinos:
  • 2 berenjenas asadas
  • 1 cebolla
  • 2 ajos
  • 20 langostinos
Para decorar:
  • Nueces 
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal en escamas

Para la coca:
  1. Precalienta el horno a 200 ºC 
  2. Pon en un bol el agua, el aceite y las nueces molidas, añade harina y amasa, dejará de necesitar harina cuando la masa no se pegue a las manos. 
  3. Deja reposar la masa unos minutos. 
  4. Mientras, prepara un cuchillo, una regla y papel de hornear. 
  5. Sobre el papel de hornear estira la masa, 1/2 cm más o menos de grosor, con la regla y el cuchillo mide y corta rectángulos de 5x10 cm. 
  6. Hornea 20 minutos o hasta que la masa se dore.

Collage de elaboración de la masa de la coca de nueces

Collage del relleno para la coca de nueces


Para la berenjena y langostinos:
  1. Pela y corta en cuadraditos la berenjena asada.
  2. Corta en brunoise la cebolla y pica el ajo. 
  3. En una sartén con 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, a fuego lento, confita la cebolla y el ajo, con cuidado no quemarlo. 
  4. Añade la berenjena y cocina hasta que se confite con la cebolla y el ajo pero a fuego un poco más fuerte. Saca de la sartén. 
  5. Usa esa misma sartén con un poco más de aceite para cocinar a fuego suave los langostinos. 
  6. Reservar.

Montaje:
  1. Sobre una bandeja coloca las cocas de nueces y sobre cada coca unas cucharadas de berenjena. 
  2. Para finalizar con dos langostinos sobre cada una. 
  3. Pon una nuez a mitad de la coca y riega sobre ella un poco de aceite y unas escamas de sal.

Coca de nueces individual con berenjenas asadas


Preguntas frecuentes

¿Por qué se hornea la coca sin el relleno?

Hornear la masa en blanco — sin el relleno — es el secreto para conseguir una coca completamente crujiente. Si pones el relleno desde el principio, la humedad de la berenjena y los langostinos impediría que la masa se seque y quedara blanda. Con el horneado en blanco primero obtienes esa textura crujiente que contrasta perfectamente con la suavidad del relleno.

¿Se puede cambiar el relleno por otro?

Sí — la masa de nueces es tan versátil que admite cualquier relleno mediterráneo. Una lectora en los comentarios la usó de base para una coca de sardinas con excelentes resultados. Cualquier combinación de verduras asadas, embutidos, queso o pescado funciona bien. La clave es que el relleno no sea demasiado líquido para no reblandecer la base crujiente.

¿Se puede preparar la coca de nueces con antelación?

La masa horneada en blanco se puede preparar con horas de antelación y guardar a temperatura ambiente. El relleno también se puede tener preparado por separado en la nevera. El montaje final — relleno sobre la coca — conviene hacerlo justo antes de servir para que la base no absorba la humedad del relleno y mantenga el crujiente.


Coca de anous amb albergínies


Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day.

Embutido de higo

Buscaba dentro del cajón mis ganas de juventud y no encontraba nada que me llevara a ella. En la biblioteca de casa, llena de libros del pasado, hallaba el saber de otros y viajaba a través de su imaginación, pero tampoco la encontré. Lo sé, te preguntarás por qué buscaba algo que se supone que se lleva dentro. La juventud no es una etapa que empieza y termina en unas fechas concretas: es un estado sin cifra ni caducidad. «¡Hasta que el cuerpo aguante!», exclaman unos; otros, resignados, ya no creen en esas milongas.

María me relataba cómo se había hecho fuerte y cómo hay que seguir mirando siempre hacia adelante. Pero la juventud… a ratos se le asomaba a los ojos, a los gestos, a las palabras. Y esos instantes eran justo lo que yo perseguía.

—¿Cuál es tu comida preferida? —le pregunté.

—¡Mmm! Un poco de pan, aceite de oliva del bueno y tres higos secos —me respondió.

—¿De verdad? —inquirí asombrada.

Ella se rio.

—¡Pues claro! Puede que creas que debería decir otro manjar, pero ese es mi secreto. Es lo que me sienta bien, lo que me hace feliz cuando lo como. No es el elixir de la eterna juventud ni espero que me lleve a vivir cien años… pero, cada vez que lo tomo, me siento en paz. Y eso, al fin y al cabo, también forma parte de mantenerse joven, ¿no crees? —remató, dejándome con la boca abierta.


Embutido de higos secos mallorquín

Embutido de higos secos receta mediterránea


El pan de higo y el embutido de higos secos tienen su origen en la necesidad milenaria de conservar los excedentes de las cosechas otoñales en la cuenca del Mediterráneo. Las civilizaciones de la Antigüedad —como la egipcia, la griega y la romana— ya consumían higos secos de forma habitual gracias a su alto valor energético, su resistencia al paso del tiempo y su facilidad de transporte para soldados y campesinos. Durante la Hispania romana, estos frutos se prensaban y se mezclaban con especias o hierbas aromáticas para crear masas compactas que servían de sustento básico durante los duros inviernos.

La receta tradicional del pan de higo se consolidó en la península ibérica gracias a la influencia de la gastronomía andalusí durante la Edad Media. En al-Ándalus se perfeccionaron las técnicas de secado al sol y se introdujeron ingredientes clave como almendras, nueces, ajonjolí, clavo, canela y anís. Esta mezcla no solo enriquecía el sabor, sino que actuaba como un conservante natural que evitaba la proliferación de microorganismos. Las comunidades rurales de regiones como Andalucía, Extremadura, Murcia y la Comunidad Valenciana adoptaron esta preparación como un recurso indispensable frente a la escasez.

La variante conocida como embutido de higos secos surgió de la imitación visual de las chacinas tradicionales de la matanza. Los campesinos con menos recursos idearon este dulce picando los higos secos con frutos secos, especias y un toque de licor (generalmente aguardiente o anís). Posteriormente, introducían esta masa compacta en tripas vegetales o lienzos de tela, atándolos fuertemente con hilo para prensar el contenido y darle la forma cilíndrica de un salchichón o un chorizo. Esto permitía cortar el dulce en rodajas finas, recreando el consumo de un embutido curado.

A lo largo de los siglos, este alimento pasó de ser un recurso de subsistencia a convertirse en un dulce tradicional muy ligado a la Navidad y a las tareas agrícolas. Su elaboración se realizaba de manera colectiva en los hogares al término de la recolección de la higuera: se empleaban moldes de madera o paños de tela para prensar enérgicamente la masa, expulsando el aire para asegurar una conservación óptima que se prolongaba durante meses.

En la actualidad, tanto el pan de higo como el embutido de higos secos han dejado atrás su perfil de mera supervivencia para revalorizarse en la gastronomía contemporánea. La combinación clásica de higo y almendra se considera hoy una auténtica exquisitez artesanal, apreciada por su origen natural y la ausencia de azúcares añadidos. Además, su consumo ha saltado del ámbito estrictamente dulce al maridaje salado, convirtiéndose en el acompañamiento predilecto de tablas de quesos curados, patés y chacinas ibéricas.

Decía María Zannia sobre los higos en Grecia: «Desde la Antigüedad, los higos caseros se esparcían sobre las tejas de las casas y se secaban al sol para poder disfrutar de su sabor y sus propiedades durante todo el año».

Yo crecí entre cañizos repletos de higos a finales de verano, puestos a secar para conservarlos y disfrutarlos —como María en Grecia— durante el resto del año. Es una delicia que los mediterráneos gozamos tanto al preparar como al degustar. Aquí los higos secos acompañan infinidad de platos o son el ingrediente principal. Son los favoritos de mi madre y, en su momento, también lo fueron míos.

Esta receta es muy similar a la del pan de higo, solo que, en lugar de presentarse con la forma alargada de un embutido, se moldea redonda como una hogaza de pan.

Actualizada 2026.


Embutido de higos secos



Ingredientes:
  • 500 g de higos secos (sin harinas)
  • 80 g de almendras peladas, tostadas y picadas en trozos.
  • 1 cdta. de sésamo
  • 1/2 cdta. de canela
  • 1/2 cdta. de nuez moscada
  • 1/2 cdta. de pimentón ahumado
  • 1/2 cdta. de pimentón picante
  • 1 pizca de clavo molido
  • 2 cdas. Moscatel
  • Harina tamizada
En Thermomix:
  1. Primero corta a trocitos los higos secos a cuchillo (yo lo probé sin cortar y la Thermomix no los trituró, así que los corté en trocitos pequeños y no hubo problema). 
  2. Pon los trocitos en la Thermomix junto con las especias y el moscatel. 
  3. Tritura velocidad 10. 
  4. Saca y pon la masa en un cuenco.
  5. Añade las almendras picadas y el sésamo, y amasa.
  6. Echa la harina suficiente en una superficie limpia. 
  7. Coge una bola de masa para enrollarla sobre la fécula.
  8. Quita el exceso de fécula y ponla sobre film transparente.
  9. Haz un cilindro con la masa y envuelve con el film dándole forma de embutido.
  10. Retuerce los extremos del film, para cerrarlo, termina con un hilo en cada extremo para asegurar que no se abra. 
  11. Deja en el frigorífico mínimo toda la noche o hasta el momento de servir. 

Elaboración tradicional:
  1. Corta los higos en trozos medianos retirando el pezón duro. 
  2. Colócalos en el vaso de una picadora o procesador de alimentos junto con las especias y el Moscatel. 
  3. Procesa a pulsos cortos hasta obtener una pasta densa y maleable.
  4. Pasa la pasta de higos a un cuenco grande. 
  5. Añade las almendras picadas y el sésamo. 
  6. Amasa con las manos ligeramente húmedas durante 1-2 minutos para que los frutos secos se distribuyan de forma homogénea.
  7. Espolvorea un poco de harina o fécula sobre la mesa de trabajo. 
  8. Divide la masa en una o dos porciones, haz rodar cada porción sobre la superficie para formar un cilindro compacto (tipo salchichón) y sacude el exceso de polvo blanco superficial.
  9. Coloca el cilindro sobre film transparente, enrolla apretando bien para eliminar bolsas de aire y gira los extremos como un caramelo. 
  10. Ata las puntas con hilo de cocina para mantener la presión y refrigera durante al menos 12 horas antes de cortar en rodajas finas.

Notas: 
Es una delicia si se acompaña de queso curado de oveja o cabra o queso azul.


Embutido de higos secos con almendras


Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo se conserva el embutido de higos?

En la nevera perfectamente 3-4 semanas bien envuelto en film transparente. Si hace frío también aguanta a temperatura ambiente durante días, como cualquier fruta seca. Es un dulce de conservación natural gracias al azúcar propio del higo y a las especias que actúan como conservantes — exactamente como lo hacían las civilizaciones mediterráneas de la Antigüedad.

¿Se puede hacer sin Thermomix?

Sí — la receta incluye la elaboración tradicional completa. Un procesador de alimentos o una picadora potente funcionan perfectamente. La clave es cortar los higos en trozos pequeños antes de triturarlos para que la máquina no se fuerce. Si no tienes ningún aparato, puedes picarlos finamente a cuchillo y amasar a mano — el resultado es algo más rústico pero igualmente delicioso.

¿Con qué se sirve mejor el embutido de higos?

Cortado en rodajas finas como un embutido y acompañado de queso curado de oveja o cabra, queso azul o queso de Mahón. También marida perfectamente con foie gras, paté o una tabla de embutidos ibéricos. En Navidad es una alternativa artesanal y sin azúcar añadido al turrón convencional que sorprende siempre a los invitados.


Embutido de higos secos con quesos

Relato y fotografía @catypol - Circus day

Tarta de limón sin horno

Ir a casa de la abuela siempre me gustó. Ese era mi lugar favorito en el mundo. Claro que a la abuela solo la veíamos cuando mamá tenía vacaciones. Eso solía ser justo antes de que empezara la escuela, cuando los limones estaban en su mejor momento.

La abuela los llamaba primofiore y a mí me daba la risa, porque siempre lo decía con aire de condesa italiana, aunque tenía acento de Cuenca.

—Los primofiore son los primeros limones, los buenos —me explicaba, señalando su árbol como quien muestra una reliquia sagrada.

Yo no sabía nada de limones, pero sí sabía que con esos hacía la tarta de limón «más mejor» del mundo. Así lo decía yo. Con dos «más» y la boca ya salivando. Nunca sobraba. Y por mucho que le suplicara a mamá que se llevara limones y me hiciera una igual en casa, no había manera.

—No es la misma cocina —decía ella.

—No es la misma cocinera —decía yo.

Y entonces sonreía y zanjaba la conversación con su arma favorita:

—Pues aprende tú, que la abuela seguro te deja el secreto.

El problema es que, cuando por fin crecí, ya no había limonero. El campo se había convertido en una urbanización con nombres exóticos: Residencial Costa de Oro, Jardines de Capri... La casa de la abuela se había ido con ella.

Ahora, cada vez que veo limones, la recuerdo. Dicen que eso es nostalgia. Yo también lo digo, pero de la buena. De la que no aprieta el pecho, sino que te hace sonreír con los ojos. Y, sin pensarlo, sonrío. Y en mi lengua, lo juro, vuelve a aparecer ese sabor ácido y dulce: el de los primofiore de la abuela. El de la tarta «más mejor» del mundo.

Lemon pie sin horno con merengue

Tarta de limón con merengue y sin horno



La tarta de limón actual nació en el siglo XIX en la repostería de Estados Unidos, aunque sus raíces directas provienen de las técnicas culinarias europeas.

El ingrediente central de este postre es la crema de limón o lemon curd, creada originalmente en Inglaterra por comunidades protestantes y cuáqueras durante el siglo XVIII. En esa época, los colonos británicos llevaron la receta a América del Norte. Las primeras versiones consistían simplemente en una base de masa quebrada rellena con esta natilla horneada, simulando la consistencia de un flan o pudín, pero carecían por completo de la cubierta esponjosa debido a la escasez y al alto coste del azúcar y de los huevos.

La evolución definitiva hacia el clásico pastel de limón con merengue ocurrió en Filadelfia en 1806 gracias a Elizabeth Goodfellow, una cocinera estadounidense que dirigió la primera escuela de pastelería de ese país. La receta estrella de Goodfellow requería una gran cantidad de yemas de huevo para lograr la consistencia cremosa del relleno. Para evitar el desperdicio de ingredientes, decidió batir las claras sobrantes con azúcar y colocarlas sobre el pastel, horneándolo ligeramente. Su alumna Eliza Leslie documentó y publicó estas instrucciones culinarias en las décadas posteriores, expandiendo la popularidad del plato por todo el territorio norteamericano.

A mediados del siglo XIX, el término lemon cream pie ya se había consolidado, y para el año 1869 se registró formalmente por primera vez el nombre moderno de lemon meringue pie. Paralelamente, en Europa se desarrollaron variantes regionales sofisticadas como la tarte au citron en Francia. Más adelante, en los años treinta del siglo XX, surgieron adaptaciones comerciales en Florida que dieron origen al Key lime pie, utilizando leche condensada y limas locales. Hoy en día, esta tarta está considerada uno de los postres más internacionales y versionados de la gastronomía mundial.

Esta es, de todas las tartas, mi preferida, la clásica y esta versión que no necesita horno. Cada etapa de mi vida era diferente pero durante muuuucho tiempo siempre era de chocolate, siempre iba y venía y volvía al chocolate pero desde hace un tiempo el chocolate me empalaga y el limón me enamora, y el pie o tarta de limón está ya en mi corazón, ayer fue mi cumple y la tarta fue de limón. 

Actualizada 2026.


Tarta de limón sin horno


Ingredientes
  • 300 g de galleta tipo 'Digestive'
  • 130 g de mantequilla fundida
  • La ralladura de 1 limón
  • 150 g de queso de untar
  • 100 ml de nata para montar (35% MG)
  • El zumo de 2 limones
  • La ralladura de 1 limón
  • 150 g de azúcar
  • 1 sobre de gelatina neutra
  • 150 ml de agua
  • Molde de pie de 20 cm.

La base de la tarta:
  1. Tritura las galletas y cuando tengan un aspecto arenoso, añade la mantequilla fundida y la ralladura de 1 limón.
  2. Cuando todos los ingredientes estén bien mezclados, forma la base en un molde, (preferiblemente desmontable). 
  3. Aprieta bien la mezcla de galletas trituradas para que quede muy compacta y sea firme. 
  4. Reserva en la nevera.

La gelatina:
  1. En un cazo, pon a cocer el agua y cuando hierva retira del fuego y echa la gelatina. 
  2. Remueve bien hasta que se disuelva y reserva.

El relleno:
  1. En otro bol o recipiente para batir, echa la ralladura y el zumo de los limones, la nata, el queso de untar, el azúcar y la gelatina ya preparada. 
  2. Bátelo todo bien hasta obtener una mezcla homogénea.

Monta la tarta:
  1. Echa la mezcla sobre la base de galletas y déjalo cuajar todo en la nevera durante al menos 4 horas. 
  2. Si puedes dejarla reposar toda la noche o incluso un día entero, quedará perfecta.
  3. Decora con nata montada o merengue o con frutilla.

Tarta de limón sin horno y fría


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Focaccia

Trabajar en el campo nunca fue una opción. Quería ver mundo, trabajar en lo que encontrara y ahorrar lo suficiente para seguir viajando. Todos sus amigos tenían, pegados en las paredes de sus habitaciones, pósteres de la actriz o cantante famosa de turno. Él no. Él tenía un mapamundi en el que planeaba sus viajes.

Cuando su padre tuvo que contratar a jornaleros de otros países, no se lo podía creer. ¿Cómo era posible que vinieran allí a trabajar en su campo? Aquella tierra que él tanto detestaba, que tantas horas de sueño y diversión le había robado. Pero no encontraban mano de obra, y fue la única salida legal y rápida: había que cosechar y faltaban brazos.

La llegada de esos hombres le venía bien. Podrían hablarle de sus países, de sus vivencias, y así obtendría información de primera mano para cuando emprendiera el viaje. Al caer el sol, se acercaba a los barracones habilitados para ellos con una focaccia entre las manos y una botella de vino, y conversaban hasta bien entrada la noche.

Fue durante mucho tiempo un contraste doloroso para su padre: contemplaba las ansias de partir de su hijo frente a la añoranza de sus hombres por lo que habían dejado atrás. Uno soñaba con marcharse; los otros no habían tenido más remedio. El padre había prometido no entrometerse, pero aún guardaba la esperanza de que cambiara de opinión. Aunque bien sabía que haría falta un milagro… y de eso, en el campo, siempre andamos escasos.

Foccacia italiana casera con tomatitos y albahaca

Foccacia de la Italia con tomatitos


La focaccia genovesa, conocida en su tierra como fügassa, es un pilar de la gastronomía de Liguria —cuna de Cristóbal Colón y del pesto de albahaca—, con raíces que se hunden en las civilizaciones más antiguas del Mediterráneo. El término proviene del latín panis focacius, en alusión al pan plano cocinado sobre las brasas del focus u hogar. Culturas como la fenicia, la cartaginesa o la griega ya elaboraban masas similares con harinas de centeno, cebada o mijo, sazonadas de forma sencilla con aceite de oliva local y sal marina gruesa.

Durante la Edad Media, este alimento consolidó su arraigo en la República de Génova. Los testimonios escritos ya registran su presencia habitual hacia el año 1300, convertida en el sustento predilecto de marineros, pescadores y estibadores por su bajo coste, su aporte calórico y su excelente conservación durante las largas travesías marítimas. El aroma de la masa recién horneada impregnaba el centro histórico, convirtiéndose en un ritual diario para todas las clases sociales.

La devoción popular por este pan dejó anécdotas curiosas: su consumo se extendió tanto en las iglesias durante bodas y funerales que, en el siglo XVI, el obispo de Génova prohibió comerla en los templos para evitar distracciones en el culto. Entretanto, los obradores de la costa ligur perfeccionaron la técnica con harinas de gran fuerza y el aceite de oliva virgen de la región, logrando esa textura tierna por dentro, crujiente en los bordes y salpicada por los emblemáticos hoyuelos donde se concentra la salmuera.

Hoy en día, la receta tradicional mantiene sus estándares y los panaderos locales la protegen con orgullo. Una de las costumbres más arraigadas en Génova es disfrutarla caliente por la mañana, cortada en tiras alargadas llamadas slerfe y mojada directamente en el café con leche o en el capuchino del desayuno.

¿Qué mejor que unir aventuras, tomate y focaccia, un buen aceite de albahaca, escamas de sal y tomillo? El resultado es justo el que ves: una explosión de sabor en cada bocado que te hará viajar.

Actualizada 2016.


Focaccia italiana


Ingredientes {para 3 panes pequeños}
  • 400 g de harina de fuerza
  • 10 g de sal
  • 8 g de levadura fresca
  • 300 g de agua tibia
  • 75 g aceite de oliva
  • 3 racimos de tomates cherry
  • Aceite de albahaca
  • Tomillo
  • Escamas de sal

Elaboración:
  1. En un recipiente pequeño, mezcla la harina con la sal. 
  2. En un cuenco grande, disuelve la levadura en el agua. 
  3. Vierte la mezcla del primer recipiente en el segundo, añade el aceite de oliva y remueve con una cuchara de madera hasta formar una masa ligeramente pegajosa. 
  4. Traslada la masa a otro cuenco engrasado. 
  5. Cubre y deja reposar durante 30 minutos.
  6. Pasado ese tiempo, y sin sacar la masa del recipiente, realiza pliegues simples, toma porciones del borde y llévalas hacia el centro. 
  7. Tapa y deja reposar otros 30 minutos. 
  8. Repite los pliegues. 
  9. Deja levar 1 hora más, o hasta que la masa doble su volumen.
  10. Divide la masa en tres partes, aplánalas ligeramente con las manos para formar los bollos y deja reposar durante 10 minutos.
  11. Decora con racimos de tomatitos.
  12. Rocía con un poco de aceite de albahaca.
  13. Espolvorea con tomillo y escamas de sal. 
  14. Deja levar 20 minutos más.
  15. Mientras tanto, precalienta el horno a 240 °C. 
  16. Hornea durante unos 35 minutos o hasta que la superficie esté dorada. 
  17. Para comprobar si el pan está cocido, golpea la base con una cuchara, si el sonido es seco, está listo.
Otro pan italiano es la schiacciata de patata, sin tiempo de levados.

Foccacia con tomatitos y albahaca

Preguntas frecuentes

¿Por qué la focaccia tiene hoyuelos?

Los hoyuelos son la marca identitaria de la focaccia genovesa y tienen una función técnica importante. Al presionar la masa con los dedos antes de hornearla se crean pequeñas cavidades donde se acumula la salmuera de aceite de oliva, agua y sal. Durante la cocción ese líquido se evapora lentamente manteniendo la miga húmeda y esponjosa mientras la superficie queda dorada y crujiente.

¿Se puede preparar la focaccia sin horno?

En sartén de hierro fundido bien caliente y tapada puede funcionar, aunque el resultado es diferente — más húmedo y sin el dorado característico de la superficie. Para un resultado auténtico el horno es imprescindible, idealmente con calor por arriba y por abajo a temperatura alta — 240°C — para conseguir la corteza crujiente característica de Liguria.

¿Qué diferencia hay entre la focaccia y el pan?

La diferencia principal está en la hidratación y el aceite. La masa de focaccia lleva mucha más agua que el pan convencional — lo que la hace más pegajosa y difícil de trabajar — y una cantidad generosa de aceite de oliva tanto en la masa como por encima. Eso es lo que le da su textura característica: tierna y casi húmeda por dentro, crujiente y dorada por fuera.


Foccacia de Genova con tomate y albahaca


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Schiacciata de patata

Todo empezó con una apuesta tonta durante una noche disparatada de juego de rol en el piso de Gianni, justo encima de una trattoria que olía perpetuamente a ajo y a decisiones cuestionables.

—El que pierda se presenta mañana en la Piazza della Signoria vestido con minifalda, ¿eh? —dijo Marco, agitando los dados con una sonrisa maliciosa.

—Y con una pistola. Pero de esas que disparan burbujas, nada de dramatismos —añadió Luca, con restos de pizza en la cara y el corazón libre de toda dignidad.

A la mañana siguiente, allí estaban: dos hombres adultos y barbudos —uno con minifalda de lentejuelas moradas y otro con una de tul azul celeste— armados con pistolas de pompas y una mirada derrotada pero desafiante.

—¿Y ahora qué? —preguntó Gianni, disparando una ráfaga de burbujas sobre una pareja de turistas japoneses que los filmaba con admiración contenida.

—Ahora, schiacciata —respondió Luca, señalando con su arma hacia una terraza cercana.

Se sentaron a comer como si nada: piernas peludas al aire y el orgullo intacto. Mientras tanto, las pompas seguían flotando por la plaza como si La dolce vita hubiera colisionado con un cumpleaños infantil en el jardín.

De pronto, una mujer mayor, elegantísima, con gafas oscuras y porte de directora de ópera, se les acercó.

—¿Modelos para un anuncio? —preguntó con acento francés.

—No —respondió Gianni mientras masticaba con descaro—. Jugadores de rol con mal perder.

—Y buen gusto para la comida —añadió Luca, brindando con un vaso de agua y una sonrisa salpicada de jabón.

Al final del día, los turistas los aplaudían, los carabinieri les pedían selfies y la trattoria de abajo los contrató para promocionar sus nuevas Cosplay Nights. Y así fue como dos amigos, una tirada de dados y sendas pistolas de burbujas conquistaron Florencia en minifalda. Porque en la vida, o haces el ridículo… o lo haces con estilo.

Schiacciata italiana pan típico italiano

Schiacciata de patata de la Toscana italiana


La schiacciata italiana es uno de los panes planos más antiguos y representativos de la región de Toscana, íntimamente ligado a la tradición culinaria de la ciudad de Florencia. Su origen se entrelaza de forma directa con las primeras masas fermentadas de la época del Imperio romano, cuando se cocinaba el célebre panis focacius sobre piedras calientes o bajo las cenizas de los fogones. El término actual proviene directamente del verbo italiano schiacciare, que significa literalmente 'aplastar' o 'presionar', en alusión a la técnica artesanal de extender la masa con la yema de los dedos antes de introducirla en el horno.

Durante siglos, este pan evolucionó como una receta humilde vinculada a la vida de los campesinos toscanos. Para aprovechar los restos de masa sobrante de la hornada cotidiana, los agricultores la estiraban bien para que quedara fina e irregular. Las clásicas hendiduras que se forman en su superficie al presionarla servían para retener el aceite de oliva virgen extra, la sal marina y las hierbas aromáticas añadidas encima. A diferencia de la esponjosa focaccia de la vecina Liguria, la versión toscana se consolidó como un pan notablemente más plano, crujiente por fuera y con una miga ligera en su interior.

Con el paso del tiempo, surgieron variantes históricas vinculadas a los ciclos agrícolas de la región. Un claro ejemplo es la schiacciata con l'uva ('schiacciata con uvas'), un pan dulce típico de la vendimia otoñal que se enriquecía con uvas negras locales. Asimismo, la tradición florentina desarrolló la schiacciata alla fiorentina, un bizcocho esponjoso aromatizado y decorado con azúcar glas que se convirtió en el dulce insignia de los carnavales.

En las últimas décadas, el uso de la schiacciata salada tradicional ha experimentado una revolución global. Su estructura firme pero ligera la transformó en el soporte ideal para elaborar el auténtico panino italiano (cuyo plural es panini), rellenándose con embutidos icónicos como la mortadela, el prosciutto toscano y quesos regionales como el pecorino. Hoy en día, lo que comenzó como un alimento básico de subsistencia campesina se considera un baluarte del patrimonio gastronómico de Italia en todo el mundo.

La schiacciata di patate (o schiacciata de patata) representa otra vertiente fascinante de la cocina toscana y del norte de Italia, pero se aleja notablemente de la estructura del pan tradicional para convertirse en una tarta salada fina, dorada y sumamente crujiente que no requiere fermentación ni levadura.

Esta variante comparte el origen humilde y campesino de la gastronomía toscana. Nació en los hogares rurales como una receta de aprovechamiento absoluto: cuando no había tiempo para esperar las largas horas de levado del pan, o cuando escaseaba la levadura, se recurría a las patatas de la huerta, agua y un puñado de harina.

En los últimos años, la schiacciata di patate ha vivido una segunda época dorada, convirtiéndose en un fenómeno viral en redes sociales gracias a su corteza tostada y a su sencillez de preparación.

Dependiendo de la zona y de la tradición familiar, existen dos métodos principales para integrar la patata. En el estilo rústico se corta en rodajas finas, en láminas casi transparentes con ayuda de una mandolina, y se sumerge en agua para retirar el exceso de almidón; luego se mezcla con una pastella (papilla líquida) de harina, agua, aceite de oliva virgen extra y romero, logrando que al hornearse en bandeja amplia el agua se evapore y el queso se funda con la harina creando una costra crujiente. 

La otra opción consiste en rallarla o machacarla: la patata cruda se ralla gruesa o se aplasta ligeramente para integrarse de forma homogénea con la harina, lo que da como resultado una textura más compacta y uniforme, a medio camino entre un rösti suizo y una focaccia ultrafina.

Actualizada 2026.

Schiacciata de patata

Ingredientes:
  • 400 g de patatas sin pelar y limpias
  • 200 g de harina
  • 300 ml de agua
  • 3 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cdta. de sal
  • Unas hojas de romero
  • Escamas de sal y aceite de oliva virgen extra 
Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 200 ºC con ventilador. 
  2. Cubre una bandeja con papel de horno. 

     

  3. Bate en un bol el agua a temperatura ambiente con la sal y tres cucharadas de aceite con un batidor de varillas. 
  4. La sal debe disolverse del todo, y la mezcla, emulsionar ligeramente. 

     

  5. Añade la harina tamizada pasada por un colador poco a poco, y sigue mezclando hasta que quede una pasta cremosa. 

     

  6. Lava bien las patatas y córtalas en láminas finas con una mandolina. 
  7. Añádelas a la masa y mézclalas. 

     

  8. Vierte la mezcla en la bandeja y reparte bien. 
  9. Reparte hojas de romero por encima. 
  10. Hornea entre 45 y 50 minutos o hasta que esté bien dorado. 
  11. Saca del horno, pinta con aceite de oliva y esparce unas escama de sal.
  12. Corta y sirve inmediatamente.

Si te apasiona el pan, también te gustará el llonguet mallorquín, el panecillo tradicional de Palma.


Schiacciata de patata de Italia

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre schiacciata y focaccia?

La diferencia principal está en el origen y la textura. La focaccia es ligur — de la región de Génova — y es más esponjosa, alta y con más aceite. La schiacciata es toscana — de Florencia — y es notablemente más plana, crujiente y con menos miga. Esta versión de patata va aún más lejos: prescinde completamente de la levadura y usa la patata como agente que da cuerpo a la masa.

¿Por qué no necesita levadura esta schiacciata?

Porque la patata sustituye la función estructural de la levadura. Las láminas de patata mezcladas con la pastella de harina, agua y aceite crean una masa que al hornearse a temperatura alta produce vapor interior que la hace crujiente sin necesitar fermentación. Es la misma lógica de los panes sin levadura de la tradición campesina — rapidez y aprovechamiento de lo que había en la despensa.

¿Se puede hacer con otras hierbas además del romero?

Sí. El tomillo, la salvia o el orégano fresco funcionan perfectamente. En la tradición toscana el romero es el más habitual por ser la hierba aromática más abundante en la región. También puedes añadir ajo laminado encima antes de hornear para una versión más intensa, incluso queso. La flor de sal y un buen aceite de oliva virgen extra al final son los únicos imprescindibles.


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Frit Bord mallorquín

Cuenta la leyenda que un joven astrónomo árabe llamado Omar construyó la torre más alta del pueblo para observar las estrellas. Vivía obsesionado con hallar un astro que solo aparecía cada cien años. Una noche lo vio, pero refulgía con tanta fuerza que lo dejó ciego. A cambio, recibió el don de «mirar» el futuro a través de los sonidos del viento. De ahí proviene el topónimo: de Bini ('hijo de') y Mira, por su singular visión.

Cada agosto, el pueblo celebra Ses Llavors d’Omar ('Las semillas de Omar'). No es una feria cualquiera; es un despliegue de orgullo payés. Durante el día grande de la huerta, las cazuelas de barro tradicionales (greixoneres) se colocan sobre brasas de leña en plena plaza Mayor. El frit es la máxima expresión del ingenio de los antepasados de Binimira: un plato nacido de la necesidad que, con el tiempo, se convirtió en una auténtica exquisitez. Antes de empezar a comer, el payés más anciano del pueblo alza una rama de hinojo y bendice la mesa en nombre de la tierra. Los vecinos se reúnen con sus platos de barro y una buena rebanada de pa de pagès.

Al caer el sol, el ambiente se transforma. El misticismo de la leyenda cobra vida con el baile de los dimonis. Estos demonios son únicos en la isla: visten sacos de arpillera cubiertos de pequeños espejos redondos que reflejan las chispas y simulan estrellas errantes. Portan máscaras con un solo ojo central, en honor a la mirada del astrónomo, y danzan frenéticamente al son de los tambores intentando «cazar» la luz de las antorchas, hasta que el Dimoni Gros es derrotado simbólicamente por el tañido de una campana, devolviendo la paz al valle.

Presidiendo cada acto aparecen las figuras más altas y queridas del pueblo: los gigantes de Binimira, en Pep i na Maria. Cuando ambos bailan el bolero final en la plaza, se dan por concluidas las fiestas.

No hay pirotecnia —hace años que un incendio la dejó fuera del programa—, pero tampoco hace falta. El cielo se llena de constelaciones y el pueblo entero se detiene a contemplarlas.

Quién sabe… Quizá alguna sea la misma que vio Omar.


Nota: El relato es inventado: en Mallorca no existe Binimira. Es mi manera de homenajear el pasado árabe y la herencia que dejó en la isla, reflejada, por ejemplo, en la toponimia de muchos pueblos.



Frit bord mallorquín de verduras

Ingredientes del frit bord mallorquín


En la gastronomía mallorquina también contamos con platos vegetarianos, sobre todo en verano. Se aprovecha la abundancia de hortalizas de temporada y siempre viene bien incorporar estas opciones tan mediterráneas al recetario. Este plato en concreto también se puede preparar en invierno con las verduras propias de los meses fríos.

Su nombre, frit bord, se debe a que no lleva carne entre sus ingredientes es totalmente de verduras de temporada. Cada casa tiene su propia fórmula; algunos le añaden calabacín, pero a mí me recuerda demasiado al tumbet, así que prefiero prescindir de él. Se suele acompañar con olives trencades mallorquinas (aceitunas partidas), tal como se hace con el frit tradicional con carne.

El frito mallorquín (o frit mallorquí) es una de las preparaciones culinarias más antiguas documentadas en España, cuyo origen se remonta al siglo XIV. Este plato emblemático de las islas Baleares aparece citado en el célebre Llibre de Sent Soví, uno de los recetarios más antiguos de Europa en lengua romance. Su historia refleja la evolución cultural de Mallorca al fusionar tradiciones religiosas, técnicas de subsistencia campesina y el aprovechamiento integral de los recursos locales.

Historiadores y gastrónomos coinciden en que los antecedentes más claros del frito mallorquín provienen de la cocina andalusí y judeosefardí. Ambas culturas compartían en la isla la costumbre de freír asaduras y casquería fina sazonadas con hortalizas de temporada, especias y hierbas aromáticas. Con la consolidación cristiana, la receta evolucionó de forma sustancial: el cordero —pilar de las tradiciones judía e islámica— comenzó a convivir con el cerdo y sus derivados, cuyo consumo servía incluso como demostración pública de fe durante los siglos de mayor presión inquisitorial.

En el entorno rural, el plato se afianzó como la comida comunitaria por excelencia vinculada a las labores del campo, en especial tras las matanzas tradicionales (frit de matances) o el sacrificio de corderos en Pascua. Nada del animal se desperdiciaba: las vísceras frescas (corazón, pulmones e hígado) se cortaban en dados pequeños y se cocinaban de inmediato en cazuelas de barro tradicionales (greixoneres) con abundante aceite de oliva virgen para alimentar a la familia y a los jornaleros.

La versión actual no terminó de perfilarse hasta la llegada de los alimentos procedentes de América. La fórmula medieval original se limitaba a carne, casquería, hinojo y ajos; fue a partir de los siglos XVI y XVII cuando se incorporaron progresivamente las patatas y los pimientos rojos, aportando volumen, textura y su característico colorido. El hinojo fresco silvestre (fonoll) se mantuvo inalterable como el aroma identitario indiscutible; como reza la sabiduría popular en la isla, sin hinojo no hay verdadero frit, sino un simple salteado de carne.
 

Actualizada 2026.

Frit bord mallorquín

Ingredientes: 
  • 6 patatas medianas
  • 1 cabeza de ajos
  • 1 hoja de laurel
  • 1 cebolleta
  • 2 pimientos verdes 
  • 1 pimiento rojo
  • 2 berenjenas
  • Sal y Pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Hinojo

Mise en place:
  1. Limpia las verduras. 
  2. Pela y corta las patatas en dados de unos 2 cm. 
  3. Déjalas en remojo mientras sigues con las demás verduras. 
  4. Corta el resto de verdura en cubos de similar tamaño que la patata. 
  5. Limpia el hinojo. 
  6. Separa los ajos de la cabeza y cháfalos un poco sin pelarlos. 
Elaboración:
  1. En una sartén con aceite de oliva fríe las patatas. 
  2. Saca de la sartén y reserva sobre papel de cocina para que absorba el aceite.
  3. En una cazuela, si es de barro mejor, con cuatro cucharadas de aceite, sofríe a fuego fuerte los ajos y el laurel, un minuto. 
  4. Añade la cebolleta. 
  5. Remueve, a los pocos minutos, añade el pimiento rojo y verde, remueve. 
  6. Unos minutos de cocción y añade la berenjena, salpimienta. 
  7. Baja el fuego y deja rehogar hasta que la verdura esté pochada. 
  8. Añade las patatas y el hinojo, remueve y mezcla bien con la verdura. 
  9. Rectifica de sal si hace falta. 
  10. Sirve.

Nota: 
Acompaña con "pa moreno" (pan de pueblo) y olives "trencades" (aceitunas partidas). Opcional, si te gusta el picante le puedes añadir una punta de guindilla a trocitos.

Debido a mi tipo de fogón lo hice con olla de acero inoxidable pero el tradicional se hace en olla de barro.

Otros platos mallorquines: Lomo con col, escaldums de pavo o greixera de faves


Elaboración del frit bord mallorquin

Preguntas frecuentes

¿Qué significa "frit bord" en mallorquín?

Bord en catalán mallorquín significa literalmente "bastardo" o "ilegítimo" — en el sentido de que no es el frit auténtico con carne y vísceras. Es la versión sin carne, hecha solo con verduras de temporada. El nombre no tiene connotación peyorativa — es simplemente la denominación popular para distinguirlo del frit mallorquí tradicional.

¿Por qué el hinojo es imprescindible en el frit?

El hinojo fresco silvestre — el fonoll — es el aroma identitario del frit mallorquí desde el siglo XIV. Como reza la sabiduría popular mallorquina, sin hinojo no hay verdadero frit, sino un simple salteado de verduras. Aporta un aroma anisado suave que lo diferencia de cualquier otro salteado mediterráneo. En temporada se recoge silvestre en los campos de Mallorca.

¿Se puede hacer el frit bord en invierno?

Sí — la propia receta lo indica. En verano se usan las verduras de la huerta mallorquina de temporada: pimientos, berenjenas y calabacín. En invierno el frit bord se adapta con las verduras de la estación: coliflor, col, alcachofas o acelgas. El hinojo y la patata son los únicos ingredientes que permanecen en todas las versiones a lo largo del año.



Frito mallorquín de verduras


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Untable de alcachofa

Reunirse con los vecinos es, a veces, como una película de Woody Allen: sin Nueva York de por medio, pero con humor, drama y tragedia. Cada uno vive la historia de manera diferente en narraciones paralelas que no son iguales, aunque comparten elementos comunes; tanto si hablan de la vecina nueva como si rescatan anécdotas de la más antigua. Sentados al frío del invierno o a la sombra en verano, bebiendo lo que sea y, sobre todo, comiendo. Nada de alcachofas… o sí, pero solo como guarnición de algo que esté "bueno". Siempre preparados para el siguiente sarao, aunque el presente todavía no haya terminado, poniéndose al día de los últimos acontecimientos para los rezagados o sacándole punta a los antiguos, si cabe.

—¿Qué quieres beber?

—Agua.

—¿Agua?…

Me gustaría que dejaran de preguntármelo. Me miran como si el agua fuera un líquido radiactivo y creyeran que, al beberla, me saldrán antenas con ojos y la piel se me volverá verde. Sí, señoras y señores: agua. Esa que también bebemos cuando tenemos sed, necesitamos hidratarnos o cocinamos. La que nuestro cuerpo necesita más que el alcohol, los zumos o los refrescos. Sí, soy un poco antisocial.

—¿Estás a dieta?

—¿De la alcachofa?

—No. Y no.

Si de pronto escucho gritar «¡CORTEN!», no me extrañaría nada.


Untable de corazones de alcachofas fácil

Untable con corazones de alcachofas y anchoas


El humus es probablemente el untable vegetal más antiguo y documentado del mundo. Aunque varias culturas se disputan su invención exacta, los primeros registros escritos de una preparación similar a base de garbanzos, sésamo, limón y ajo aparecen en El Cairo medieval durante el siglo XIII. Paralelamente, en la cuenca del Mediterráneo, la abundancia de olivos llevó a la creación de la tapenade en la antigua Roma, donde se machacaban aceitunas con alcaparras y aceite para untar sobre panes rústicos. Estas pastas primitivas no eran lujos culinarios, sino raciones energéticas fundamentales para viajeros, agricultores y soldados que necesitaban fuentes de proteína vegetal duraderas y fáciles de transportar.

Mientras Oriente Medio perfeccionaba las pastas de legumbres, en Mesoamérica los aztecas desarrollaron el ahuacamolli, el antepasado directo del guacamole. Desde el año 500 a. C., las comunidades indígenas trituraban el aguacate en morteros de piedra llamados molcajetes, mezclándolo con chiles y tomates locales. Para los aztecas, este untable cremoso tenía un profundo valor mitológico y nutricional, ya que consideraban el aguacate una fruta sagrada vinculada con la fuerza y la fertilidad. Tras la colonización, los españoles intentaron replicarlo, pero la dificultad para cultivar aguacates en Europa mantuvo a esta joya vegetal como un secreto americano durante siglos.

A finales del siglo XIX, los untables de frutos secos vivieron una transformación técnica y médica en los Estados Unidos. El médico John Harvey Kellogg patentó una versión temprana de la manteca o crema de cacahuete en 1895 como un alimento blando y altamente proteico para los pacientes ancianos de su sanatorio que no podían masticar carne. Casi al mismo tiempo, el químico y botánico George Washington Carver impulsó el cultivo masivo del cacahuete y desarrolló decenas de aplicaciones culinarias para este ingrediente. Lo que comenzó como un suplemento hospitalario en frascos de vidrio se industrializó rápidamente y se convirtió en un pilar de la alimentación estadounidense debido a su bajo coste y a su larga vida útil.

La segunda mitad del siglo XX redefinió por completo el propósito de los untables vegetales. Durante las décadas de 1960 y 1970, los movimientos contraculturales, el vegetarianismo ético y las crisis del petróleo despertaron un interés masivo por las alternativas a la carne y a los lácteos. Las tiendas de dietética comenzaron a popularizar patés elaborados a base de tofu, levadura nutricional, champiñones y semillas de girasol, buscando imitar la textura de los patés cárnicos franceses. Esta evolución convirtió a los untables de un simple recurso de subsistencia en un símbolo de activismo ambiental y alimentación consciente.

En el siglo XXI, la historia de estos productos dio un salto técnico hacia la alta cocina y el diseño alimentario. La necesidad de reducir la huella de carbono y el auge global de las dietas vegetales impulsaron la creación de quesos untables de nueva generación. Utilizando técnicas de fermentación idénticas a las tradicionales, pero aplicadas a bebidas de almendras, anacardos y altramuces, se logró recrear la textura untuosa y los sabores complejos del queso crema o el camembert. Hoy en día, los untables vegetales ya no se limitan a un público nicho, sino que compiten en los supermercados globales como opciones gastronómicas versátiles, sostenibles y saludables para todo tipo de comensales.

Yo soy fan absoluta de la alcachofa, y ¿cómo no iba a preparar un untable con un ingrediente tan rico?, ¿no crees?

Actualizada 2026.


Untable de corazones de alcachofas

Ingredientes
  • 200 g de corazones de alcachofa (equivalente a 1 frasco en agua y sal), escurridos
  • 2 filetes de anchoa en aceite
  • 1 diente de ajo pequeño
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 cdas. de queso para untar
  • 2 cdas. de aceite de oliva
  • Unas gotas de zumo de limón
  • Un chorrito de aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta recién molida, al gusto
Elaboración
  1. Escurre los corazones de alcachofa y sécalos para eliminar el exceso de humedad, apriétalos bien para que suelta el agua. 
  2. En una túrmix mezcla las alcachofas, las anchoas, el ajo, la cebolla cortada a trozos, el queso, el limón y el aceite de oliva. 
  3. Bate hasta que quede una pasta. 
  4. Prueba y añade sal y pimienta al gusto. 
  5. Remueve. 
  6. Transfiere a un frasco y refrigera.

Nota: 
Antes de servir, decora con un poco perejil o cilantro fresco y un chorrito de aceite de oliva virgen extra.


Collage del proceso de elaboración del untable de alcachofa con anchoas y queso


Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer sin anchoas para una versión vegetariana?

Sí. Las anchoas aportan un punto de umami y sal que intensifica el sabor del conjunto, pero si prefieres una versión vegetariana puedes omitirlas completamente. Para compensar el umami, añade una cucharadita de alcaparras o una pizca de sal de algas. El resultado sigue siendo cremoso y sabroso.

¿Cuánto tiempo se conserva el untable de alcachofa?

En un frasco hermético en la nevera aguanta perfectamente 4-5 días. Con el tiempo el sabor de las anchoas y el ajo se intensifica y el untable está aún más sabroso al segundo día. Antes de servir, sácalo de la nevera 10 minutos antes para que recupere la textura cremosa.

¿Con qué se sirve mejor el untable de alcachofa?

Con galletas tipo crackers o biscotes es la opción más habitual. También queda muy bien con crudités de zanahoria, apio o pepino, con pan tostado o con regañás. Para una presentación más elegante, sírvelo en una cucharita de aperitivo con una alcaparra encima — queda perfecto en cualquier tabla de aperitivos.


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Lechona al horno

Era la última noche de Marta en el observatorio astronómico de Son Bernat y los científicos habían decidido despedirla como se merecía: con una pequeña fiesta improvisada en la cúpula, justo al lado del telescopio más preciado, el Meade LX200.

—¡Sorpresa! —gritó el equipo al verla entrar—. ¡Trajimos porcella!

Marta se tapó la boca para no soltar una carcajada. Allí estaba, en medio de monitores, lentes y gráficos de galaxias, una bandeja inmensa con una lechona humeante, flanqueada por botellas de vino barato y vasos de plástico con nombres escritos en rotulador indeleble.

—¿Quién demonios trajo una porcella a un observatorio? —preguntó Marta entre risas.

—Yo —dijo tímidamente Ernesto, el astrofísico más callado del equipo, con una servilleta en la mano y un rubor galáctico en las mejillas—. Me pareció muy mallorquín.

La noche transcurrió entre anécdotas, abrazos y teorías cuánticas mezcladas con chistes malos. A medianoche, cuando ya casi nadie podía moverse del empacho, Marta subió sola a la plataforma del telescopio. Ernesto la siguió.

—¿Te vas feliz? —preguntó él, mirando al cielo.

—Sí —respondió ella, sin apartar la vista de Saturno—. Pero voy a echar de menos todo esto. Incluso tus ecuaciones interminables.

Hubo un silencio. Luego, Ernesto se rascó la nuca, respiró hondo y soltó:

—¿Te puedo dar un beso de despedida?

Marta lo miró. Dudó. Y después, sonriendo, se acercó. El beso fue torpe, cálido y con un inconfundible regusto a lechona. Y aunque nadie lo supo en ese momento, aquel fue el primer beso en la historia del observatorio que quedó registrado: por puro despiste, Ernesto se había dejado encendida la cámara de la cúpula.

Desde entonces, cada vez que alguien revisa el archivo histórico, entre imágenes de nebulosas y supernovas, aparece siempre ese instante congelado entre las estrellas.


Porcella mallorquina al horno

Lechona al horno mallorquina


La porcella rostida al forn es el plato central y más emblemático de las grandes celebraciones en Mallorca, especialmente durante las fiestas de Navidad. Su origen se remonta a la tradición ganadera de las islas Baleares, donde el cerdo ha sido históricamente la base de la subsistencia rural y la despensa familiar.

La elaboración de este manjar está estrechamente vinculada al porc negre (cerdo negro), una raza autóctona de Mallorca criada en libertad y alimentada a base de higos y bellotas. El sacrificio de la lechona —un ejemplar que todavía no ha sido destetado y que pesa entre cuatro y cinco kilos— suponía un hito anual reservado para las mesas más solemnes. La carne se sazonaba desde la víspera con limón, manteca de cerdo, pimienta y sal para garantizar una textura melosa por dentro y una piel sumamente crujiente por fuera.

El método de cocción forjó una arraigada tradición comunitaria en los pueblos mallorquines. Como la mayoría de las casas campesinas no disponían de horno de leña propio o este no era lo bastante grande para albergar la pieza entera, las familias llevaban sus bandejas al panadero local. El horno del pueblo se convertía así en un punto de encuentro vecinal durante la víspera navideña, donde se controlaba con precisión el asado sobre leña de acebuche o encina.

La relevancia cultural de este plato quedó inmortalizada por el archiduque Luis Salvador de Austria en su monumental obra enciclopédica del siglo XIX, Die Balearen. En sus crónicas, el archiduque documentó de forma explícita que la porcella rostida era considerada la comida más apreciada, distinguida y festiva de toda la cocina mallorquina.

Hoy en día, la receta se mantiene fiel a sus raíces en hogares, restaurantes tradicionales y cellers. Para proteger y garantizar el origen de este legado culinario frente a la carne de importación, en el año 2016 se creó oficialmente la marca de garantía Porcella de Mallorca (o Porcella Mallorquina), asegurando que el plato se elabore con animales nacidos, criados y sacrificados en la propia isla.

En casa, y supongo que en la de muchos mallorquines, la lechona es la reina indiscutible de las celebraciones; sobre todo en Navidad y antes también en las bodas. Yo crecí comiendo porcella el día de Navidad: de primer plato, sopa farcida (sopa rellena) y, de segundo, porcella rustida al forn con patató y ensalada de lechuga. En Mallorca, junto a la pierna de cordero, el cerdo sigue siendo la gran estrella. Y es que nos encanta que la corteza haga ¡crac, crac! al morderla.

Actualizada 2026.


Porcella (lechona) al horno


Ingredientes:
  • Una lechona de unos 6 kilos
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta negra
  • Ajos
  • Limones
  • Manteca de cerdo
  • Tomillo
  • Una copa de brandy

Elaboración:
  1. Friega sobre la piel con sal, pimienta y manteca de cerdo. 
  2. Para el interior, machaca los ajos y friégalos con aceite de oliva y zumo de limón en abundancia. 
  3. Deja unas ramas de tomillo. 
  4. Coloca la lechona en una fuente untada con manteca de cerdo, cubre con film y deja en el frigorífico hasta el día siguiente.
  5. Saca la lechona del frigorífico y deja en el horno con la piel hacia abajo, cocina por una hora a 175º C. 
  6. Después de este tiempo saca del horno y dale la vuelta para que la piel quede hacia arriba. 
  7. Cubre con papel de aluminio y vuelve al horno unos 45 minutos más.
  8. Una vez pasado este tiempo retira el papel de aluminio y rocía la lechona con el brandy. 
  9. Sube la temperatura a 190º C y cocina unos 10 minutos más. 
  10. Sirve con patata frita, cortada en cubos, en Mallorca tenemos "patató" que es una patata pequeñita, y una ensalada de lechuga.

Lechoncito al horno con patatas y ensalada


Preguntas frecuentes

¿Qué es el porc negre mallorquín?

El porc negre es una raza porcina autóctona de Mallorca, criada en semilibertad y alimentada principalmente con higos, bellotas y algarrobas. Su carne es más oscura, jugosa y sabrosa que la del cerdo blanco convencional. Desde 2001 cuenta con denominación de origen propia que garantiza su autenticidad y origen mallorquín.

¿Por qué la porcella se macera desde la víspera?

La maceración nocturna con manteca, sal, pimienta, ajos, aceite y limón tiene dos funciones: ablandar la carne para que quede melosa por dentro durante la larga cocción, y secar ligeramente la piel para que al hornearla quede completamente crujiente. Sin esa maceración previa el resultado es mucho menos jugoso y la piel no hace el ¡crac! característico.

¿Se puede hacer lechona en horno convencional de casa?

Sí, perfectamente. El truco es respetar los tiempos y temperaturas — primero baja con la piel hacia abajo, después vuelta con papel de aluminio para que no se seque, y los últimos minutos a temperatura más alta con el brandy para conseguir la piel crujiente. Un horno doméstico de 60 cm cabe perfectamente una lechona de 5-6 kilos.



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