Si fuera en una montaña, los árboles y la tierra me hablarían de ti, e incluso el viento se uniría a la búsqueda.
A veces me hallo tan lejos de la realidad que creo que te he perdido; pero luego vuelves, igual que un torbellino, y alborotas cada paso que hemos dado.
Fragilidad quizás no sea la palabra, pues la fuerza brota de todos tus rincones; dulzura es la más apropiada cuando nos iluminas con una sonrisa.
Ahora has crecido: ya son cuatro años. El uno ya no está solo y has conseguido formar una pequeña gran familia en la que las historias mejor contadas están aún por llegar; pues las que ya conocemos nos han dejado un delicioso sabor de boca y, cómo no, queremos más.
Este plato, cuyo nombre se traduce literalmente como «calabacines con masa» o «pastel de calabacín», representa la quintaesencia de la cocina de aprovechamiento del Mediterráneo, donde los productos de la huerta e ingredientes locales se combinan de forma magistral.
El concepto de envolver rellenos en finas láminas de masa tiene antecedentes muy antiguos. En la Antigua Grecia ya se consumían pasteles primitivos que mezclaban harina, agua, miel y quesos. Sin embargo, la masa filo tal como la conocemos hoy —cuyo nombre proviene de la palabra griega fíllo, que significa «hoja»— se perfeccionó durante el Imperio bizantino en las cocinas de Constantinopla. Los cocineros desarrollaron la técnica de estirar la masa manualmente hasta dejarla tan delgada como el papel, permitiendo crear capas crujientes al hornearlas con aceite de oliva o mantequilla.
Originalmente, los pasteles salados en Grecia eran considerados comida de campesinos. Las familias de regiones montañosas y rurales dependían del pastoreo y de lo que cultivaban en sus pequeños huertos. Históricamente, la tarta hermana más famosa ha sido la spanakopita (de espinacas), pero durante el final del verano y los meses de otoño los huertos griegos sufrían una enorme sobreproducción de calabacines. Para evitar que se echaran a perder, las amas de casa idearon rellenar las láminas de filo con calabacín rallado. Para dar estructura y equilibrar la alta humedad del vegetal, añadían huevos y quesos locales como el feta o el anthotyro, sazonando todo con abundantes hierbas frescas como el eneldo y la menta.
La popularidad del plato se disparó masivamente a mediados del siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. En una Grecia que atravesaba momentos de extrema pobreza, las familias necesitaban recetas muy económicas que rindieran para muchos comensales. El calabacín era un ingrediente muy barato y accesible, lo que convirtió a esta preparación en un pilar de la resistencia alimentaria en los hogares. Con el tiempo, la receta evolucionó y se diversificó: en algunas regiones se prepara con calabacines verdes de verano, mientras que en otras zonas, como el Peloponeso, se utilizan calabazas de invierno para crear variantes tanto saladas como dulces endulzadas con canela y almíbar. Hoy en día, ha dejado atrás su origen humilde para convertirse en un emblema de la identidad culinaria helénica, servido tanto en tabernas familiares como en pastelerías tradicionales de todo el país.
El amor es para siempre; pero su familia, también. Entre Cenicienta y los padres de ella en versión griega, pensé que sería la receta apropiada para esta familia —no la de la película, que sí, que lo es, sino más bien la vuestra—; por eso, de todas las recetas que tenéis, yo decidí que la que cocinaría para vosotros tenía que llevar una mezcla de todo ello.Si estás leyendo esto y piensas que se me ha «ido la olla», pues no, no es así: si te diriges a la entrada que Cocinando con Catman hizo en su día verás que están relacionadas; y si has visto la película que anuncian en la entrada, lo comprenderás mejor.
También tiene tu ingrediente sorpresa, al que he cortado por la mitad y flambeado con un chorrito de brandy para que decore el pastel. En mi caso no es un pastel cuadrado, sino uno redondo pequeño y otros de tamaño más pequeñito: como una gran familia. ¡Feliz cuarto aniversario!
Actualizada 2026.
Koloukythákia me fíllo
- 3 patatas
- 2 cebollas
- 750 g de calabacines
- Sal
- Pimienta negra
- Nuez moscada
- 1 cda. de pan rallado
- 400 g de queso feta
- 1 paquete de pasta filo
- Aceite de oliva
- 1 huevo (para pintar)
- 3 higos maduros (opcional)
- Un chorrito de brandy (opcional)
- Pela las patatas, las cebollas y los calabacines y hiérvelos en agua con sal.
- Alcanzado el punto de cocción adecuado, escurre el agua y tritura las verduras con la batidora hasta obtener un puré bastante espeso.
- Muele la nuez moscada y la pimienta negra y sazona el puré.
- Añade el pan rallado y el queso, y mézclalo bien.
- Precalienta el horno a 200 °C.
- Corta una hoja de la pasta filo por la mitad y colócala en un molde.
- Pinta la hoja con aceite de oliva.
- Pon sobre esta hoja otra hoja de pasta filo, que volverás a pintar con aceite.
- Pon otra hoja y así hasta 6.
- Pon el relleno y repite la misma operación.
- Las primeras 6 capas no recorto los sobrantes porque al poner el relleno lo doblo por encima.
- Pero en las 6 capas restantes sí recorto para que la capa de arriba quede más bonita y sin zonas con demasiada masa.
- Pinta la masa con huevo batido.
- Hornea durante unos 20 minutos o hasta que esté dorado.
- Deja enfriar.
- Corta los higos por la mitad y flaméalos en una sartén con un chorrito de brandy.
- Coloca los higos sobre el pastel filo.
- Sirve.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es imprescindible añadir el pan rallado al puré de calabacín, patata y queso feta antes de montar el pastel?
El calabacín y las patatas cocidas retienen una cantidad muy elevada de agua libre, incluso después de un escurrido concienzudo. Al triturar las verduras e incorporar el pan rallado, sus partículas de almidón actúan como un secante natural e higroscópico: absorben el exceso de humedad del puré durante el horneado y evitan que la base líquida humedezca las capas inferiores de la masa filo, garantizando que esta quede completamente crujiente, dorada y hojaldrada.
¿Cuál es la función técnica de pincelar cada lámina de pasta filo con aceite de oliva antes de superponer la siguiente?
La pasta filo es una masa extremadamente fina y carente de grasa en su composición base. Pincelar aceite de oliva virgen extra entre lámina y lámina crea una barrera lipídica que aísla cada capa. Durante el horneado a 200 °C, el aire atrapado entre las láminas junto con la grasa del aceite provoca que la masa se insufle, se separe en finas hojas independientes y alcance esa textura quebradiza, crujiente y dorada característicamente helénica.
¿Qué precauciones hay que tomar al manipular la pasta filo y doblar los bordes para que no se rompa ni quede apelmazada?
La masa filo se deshidrata y se vuelve quebradiza en cuestión de minutos al contacto con el aire ambiente; por ello, conviene mantener las hojas cubiertas con un paño ligeramente húmedo mientras se trabaja. Al dejar los sobrantes de las primeras 6 capas sin recortar para doblarlos sobre el puré, se consigue un sellado hermético que evita fugas del relleno. Recortar solo las 6 capas superiores garantiza que la cubierta se hornee de forma uniforme sin acumular pliegues grumosos de masa dura en las esquinas.





































