Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Granada con queso y chocolate

Lo último que recuerdo fue que me apeé del coche justo en el momento en que pasaba otro vehículo. De la autopista al cielo fue un rápido ascenso… y aquí estoy yo, esperando en la puerta, sin maletas y… ¿desnudo? No sé si llamarlo así: no me veo el cuerpo cuando miro hacia abajo.

Delante de mí había un señor muy atareado con un gran libro. Escribía de derecha a izquierda y apenas levantó la cabeza cuando me acerqué.

—Hola… ¿señor? —dije alzando la voz.

—¡Hum! —exclamó, mirándome de reojo.

—¿Habla mi idioma? —ya puestos, pregunté.

—Aquí hablamos todos los idiomas, ¡zoquete! —soltó, levantando por fin la vista del libro.

—Ah… pues no sé muy bien qué hago aquí. Señor, ¿es esto el cielo?

—¡Hum! Bueno, si quieres llamarlo así. Cada uno lo llama a su manera. Aquí se acepta de todo —contestó él.

No parecía un hombre muy hablador, y yo ya me estaba cansando de sonsacarle. ¡Que me devuelvan al coche y santas pascuas!

—Esto… ¿y ahora qué hago? —volví a preguntar.

—¡Pues mira! —me dijo él, de pronto muy resuelto—. Hoy te encargarás del huerto. ¡Chist! Ni rechistes —me cortó tapándome la boca con un gesto—. Tienes un saco justo en la entrada. Vas a ir a recoger granadas, todas las de los granados que hay al fondo del huerto. Después las abrirás, sacarás los arilos y los guardarás en bolsas —concluyó.

—Pero… ¿y eso cuánto durará? —me atreví a preguntar.

—Toda la eternidad, hijo mío. Toda la eternidad —contestó sonriendo.

 
Bola dulce de chocolate y queso con granada fresca

Bola de queso y chocolate recubierta de granada fresca


El nombre de la granada procede del latín medieval granatum, que significa «manzana con muchas semillas». Ha sido citada en numerosos textos antiguos, desde el Libro del Éxodo en la Torá hasta el Corán, pasando por los himnos homéricos y las tablillas mesopotámicas, por citar solo unos pocos.

Los antiguos egipcios elaboraban con su zumo un vino ligero con notas de frambuesa y solían incluir granadas en sus ajuares funerarios. En Grecia, Hipócrates recomendaba su zumo para aplacar la fiebre, mientras que los babilonios masticaban sus granos antes del combate convencidos de que los volvía invencibles.

Los romanos descubrieron el fruto a través de los fenicios, que lo llevaron hasta Roma desde las costas de Oriente Próximo. La Biblia, por su parte, alude en incontables pasajes a esta fruta, siempre como símbolo de prosperidad y bendición.

Más que una fuente de nutrientes, la granada formaba parte indisoluble de muchas civilizaciones. Pocas frutas condensan a la vez tanta carga de esperanza y de tragedia mítica. Lo que a simple vista parece un mero deleite para el paladar es, en realidad, un puente histórico entre culturas de la Antigüedad.

Y aquí entro yo: como la granada y el cacao hacen una pareja fantástica, he decidido unirlos. Para esta ocasión preparé una crema de chocolate casera (estilo Nutella o Nocilla) que coge cuerpo al enfriarse; así, combinada con queso crema y reposada en la nevera, queda con una textura firme y perfecta.

No le he añadido azúcar extra —a mi juicio no la necesita en absoluto— ni frutos secos picados, ya que la propia crema de chocolate lleva avellanas. Después solo hace falta un poco de paciencia para incrustar los arilos alrededor de la bola; y tranquilo/a, que no tardarás una eternidad. Una vez lista ya puedes hincarle el diente: los granos le aportan un contraste crujiente, fresco y delicioso.

Actualizado 2026.


 

Bola de granada con queso y chocolate


Ingredientes:
  • 100 g de queso para untar
  • 100 g crema de chocolate para untar 
  • 1 granada
Para servir: palitos de hojaldre, galletitas, pan...

Elaboración:
  1. Mezcla el queso con la crema de chocolate. 
  2. En un film transparente forma una bola y deja en el frigorífico hasta que se solidifique un poco. 
  3. Mientras, abre la granada y extrae los arilos o semillas. 
  4. Cuando haya pasado 1 hora, saca la bola de frigorífico y quita el film.
  5. Pon en un plato y cubre toda ella con los arilos de la granada. 
  6. Es laborioso pero fácil.
  7. Sirve con palitos de hojaldre, o con galletitas, pan...

Paso a paso de cómo formar una bola de queso y chocolate


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable enfriar la mezcla de queso y crema de chocolate en film antes de adherir la granada?

Al combinar el queso de untar con la crema de chocolate a temperatura ambiente, las grasas lácteas y los aceites vegetales se ablandan, dando como resultado una masa tierna y pegajosa. Si se intentasen incrustar los granos de granada en ese momento, la presión deformaría la esfera y el jugo de la fruta resbalaría sobre la superficie grasa. La refrigeración dentro del film transparente permite que las grasas cristalicen y adquieran la firmeza necesaria para manipular la pieza como un bloque estable, ofreciendo la resistencia justa para que los arilos queden anclados sin hundirse ni aplastar la forma redondeada.

¿Qué función gastronómica cumplen los arilos de granada frente a la combinación de queso y chocolate?

La crema de queso y chocolate aporta un perfil denso, graso y marcadamente dulce. En boca, esta textura puede saturar con rapidez el paladar si no cuenta con un elemento de contraste. Los arilos de granada aportan dos recursos esenciales: una acidez tánica fresca que limpia la untuosidad de las grasas lácteas y un estallido crujiente y jugoso (crunch) que rompe la monotonía cremosa del relleno, logrando un bocado equilibrado que funciona tanto de postre como de aperitivo dulce.

¿Cómo conviene preparar los granos de la granada para evitar que la humedad arruine la cobertura?

Al desgranar la fruta es habitual que algunos arilos se rompan y liberen jugo, o que queden adheridos fragmentos de las membranas blanquecinas internas (el albedo). Es fundamental retirar con cuidado todas esas pieles amargas y colocar las semillas limpias sobre papel absorbente unos minutos antes de rebozar la esfera. Si los granos estuviesen mojados en su propio zumo, crearían una película acuosa resbaladiza que impediría que se adhieran con firmeza al queso, además de teñir la crema de cacao con un exceso de líquido que aflojaría la estructura en el plato de presentación.


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Gofres belgas

Cuando esos seres azules aparecieron por casa, yo acababa de llegar de fiesta. Un fiestón. Así que pensé que eran fruto de mi imaginación. ¡Qué malo es el ron!

Después de dormir doce horas, sin saber ni qué día era, me desperté… y allí seguían esos seres azules. Pensé: «Alguien me ha echado algo en la copa y el efecto todavía dura». Llegué a duras penas a la cocina a por café y, como seguían ahí, juré muy en serio que no volvería a beber. Palabrita.

Así que, cuando llamaron al timbre, también creí que era producto de mi imaginación… hasta que la llamada se volvió tan insistente que tuve que admitir que no, que aquello era real.

Al abrir la puerta, me encontré con el vecino: un señor con bigote y gafas cuadradas, sonriente y que hablaba a voces. Para mi desgracia.

—Estaba dibujando en casa a unos seres azules cuando, de pronto, salieron de mi bloc de dibujo y saltaron por la ventana —me soltó sin más.

—¡Hombre, vecino! Tú también estuviste en el fiestón —le dije riendo.

Entró en casa y, como por arte de magia, sacó una flauta que hizo sonar de forma estridente. De inmediato, todos y cada uno de los seres azules salieron de sus rincones y desfilaron ante mis ojos como platos.

¡Uf! Creo que la próxima vez que monten una fiesta, mejor me quedo en el sofá viendo la tele.


Los Pitufos fueron creados por el historietista belga Pierre Culliford, más conocido por su nombre artístico Peyo. El término "pitufo" (schtroumpf en francés) surgió cuando Peyo olvidó la palabra "salero" durante una cena con su colega André Franquin y le pidió que le pasara "el schtroumpf".



Gofre de Lieja pequeño y redondeado

Gofres belgas de Lieja



El gofre es tan antiguo como la propia historia de la humanidad, con su ancestro más remoto en las tortas de cereales que ya se cocinaban en el Neolítico sobre piedras calientes. En la antigua Grecia hallamos asimismo un molde compuesto por dos placas de hierro que servía para preparar pequeños pasteles. Más adelante, en la Edad Media, se elaboraban una suerte de obleas que se ofrecían en el culto religioso y que después consumían los fieles; solían ser redondeadas y lucían grabados con motivos heráldicos o religiosos marcados por las planchas metálicas. No fue hasta el siglo XIII cuando surgió el antecedente directo del gofre moderno, de la mano de un herrero que forjó moldes en forma de cuadrícula inspirándose en los panales de las abejas.

Su origen histórico está rodeado de leyendas locales, siendo la más popular aquella que atribuye su creación al cocinero del príncipe-obispo de Lieja en el siglo XVIII, quien supuestamente ideó este pastel añadiendo vainilla y azúcar grueso a una masa de brioche.

La variedad más extendida e internacional de Bélgica es el gofre de Lieja, el que suele despacharse en la mayoría de puestos callejeros y cafeterías. Junto a él destaca la otra gran variante tradicional: el gofre de Bruselas. ¿Cómo distinguirlos? A simple vista, por su silueta: el de Lieja es más denso, pequeño y de bordes redondeados e irregulares; el de Bruselas, en cambio, es más grande, ligero y con un corte rectangular bien definido.

Actualizada 2026.

Gofres belgas 


Ingredientes:
  • 250 g de harina de trigo de fuerza 
  • 90 ml leche 
  • 25 g de levadura fresca de panadería 
  • 2 huevos M
  • Una pizca de sal
  • 1/2 cdita. esencia de vainilla
  • 125 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 150 g de azúcar perlado 
Presentación:
Nata y fresas

Elaboración:
  1. Calienta ligeramente la leche y disuelve en ella la levadura fresca y la esencia de vainilla. Es importante que no la calientes demasiado o la levadura no actuará.
  2. En un bol grande, incorpora la harina y la sal.
  3. Mezcla y haz un hueco en el centro; añade ahí la leche con la levadura y los huevos.
  4. Con un tenedor, integra los ingredientes hasta obtener una masa homogénea.
  5. Deja fermentar la masa en un lugar cálido durante unos 45 minutos, tapada con un paño limpio o con papel film.
  6. Pasado este tiempo, añade la mantequilla en trocitos y amasa hasta que quede totalmente integrada.
  7. Agrega el azúcar perlado.
  8. Amasa un par de minutos más para que el azúcar se distribuya de manera uniforme.
  9. Pincela la gofrera con mantequilla y ponla a calentar.
  10. Cuando esté bien caliente, añade una porción de masa y cierra la tapa.
  11. Cocina durante unos 5 o 6 minutos, o hasta que el exterior quede dorado y crujiente.



Gofres de Bélgica

Preguntas frecuentes

¿Por qué es imprescindible utilizar azúcar perlado en lugar de azúcar blanquilla tradicional en esta masa?

El azúcar perlado está compuesto por granos compactos y prensados que poseen un punto de fusión más elevado que el azúcar común. Al someterse al calor directo de las placas de la gofrera, las perlas exteriores se funden lentamente, creando una costra de caramelo dorado, brillante y crujiente que envuelve la masa sin quemarse. Al mismo tiempo, los granos situados en el interior de la pieza no llegan a licuarse del todo, lo que aporta ese mordisco crujiente característico del gofre tradicional de Lieja, a diferencia del azúcar blanquilla, que se disolvería por completo durante el amasado y apelmazaría la miga.

¿Por qué la mantequilla debe añadirse después de la primera fermentación y no al principio junto con los demás ingredientes?

La masa contiene una proporción elevada de grasa (la mitad del peso de la harina). La grasa lubrica las cadenas proteicas de glutenina y gliadina, lo que dificulta que se entrelacen para formar una red elástica si se incorpora desde el comienzo; además, un exceso de grasa temprana ralentiza la reproducción de las levaduras. Al permitir que la masa fermente primero solo con harina, leche y huevos, se consolida una estructura de gluten fuerte capaz de retener el gas. Integrar la mantequilla blanda al final nutre y suaviza esa malla ya formada, logrando un gofre tierno y briochado por dentro sin perder volumen ni consistencia.

¿Qué precauciones deben tomarse con la temperatura de la gofrera durante la cocción para evitar que el caramelo se amargue?

La presencia del azúcar perlado exige un control térmico cuidadoso: el azúcar se carameliza entre los 160 °C y 180 °C, pero si la gofrera supera ese rango se carboniza con rapidez, arruinando el postre con un regusto acre y ahumado. La plancha debe estar caliente para sellar la masa y crear la corteza, pero a una potencia media-alta constante, nunca al máximo. Además, los restos de caramelo fundido que quedan entre los surcos de la máquina tras cada tanda continúan cocinándose; por ello, conviene limpiar con un papel absorbente doblado o una espátula de silicona el azúcar residual entre gofre y gofre para no transferir quemados a las siguientes porciones.



Relato, fotos y receta @catypol - Circus day.

Guinness cake

Fiona vivía cuesta arriba, en una casa verde, primer piso, izquierda. No era la típica pitonisa a la que visitan los famosos; más bien era una mujer del pueblo, con camisa de lunares rojos y falda hasta los tobillos, subida a sus tacones y con los ojos pintados de verde esmeralda.

Cuando Conor, el vecinito universitario, le preguntaba si veía alguna novia en su futuro, ella lo hacía ponerse colorado:

—Conor, loveen, si my hubby, que en paz descanse, hubiera tenido esos labios que tú tienes, la cola de mujeres que le habría rondado habría sido como de aquí al súper de Molly.

Y Conor se iba más contento que unas castañuelas, a poner morritos a las niñas.

Por la noche, una vez por semana, la visitaba Alana, mujerona buena donde las haya, pero con muchas bocas que alimentar. ¡Ay, Alana! Quería saber el número ganador de la lotería, y Fiona siempre le soltaba:

—Alana, cailín, primero hay que jugar para que te toque.

Y Alana pensaba que, si se echaba un novio lotero, igual le solucionaba lo de la papeleta.

Briana se iba a casar. Andaba nerviosa porque no había «catado» al novio.

—¿Y si resulta que no me gusta? ¿Se lo puedo return a su madre? —preguntó.

Fiona, muy seria, le contestó:

—¡Ay, a ghrá! El novio no sé cómo será; aquí lo que importa es que sepa play the guitar well. Que si gusta, gusta. ¡Deseando que llegue el Saturday para celebrarlo, yeah! ¡Que te lo digo yo!

Y así Fiona iba dando consejos a uno y a otra, a este y a aquella, sin bola de cristal, sin cartas ni lecturas, porque ella no era una adivina como las demás. Te subía la moral o te largaba una historia. ¿Y si se enfadaba? ¡Ay! Si se enfadaba Fiona, lo veía todo casi negro, negro, black… como el chocolate y la Guinness.


Bizcocho de chocolate con cerveza Guinness

Bizcocho irlandés hecho con cerveza Guinness



El bizcocho Guinness, también conocido como tarta de cerveza negra y chocolate, es una de las creaciones más icónicas y aclamadas de la repostería contemporánea. Consiste en un pastel de chocolate densamente húmedo cuya base líquida sustituye parcial o totalmente el agua o la leche por la famosa cerveza negra de tipo stout, de origen irlandés.

La gran genialidad de este postre reside en una reacción puramente química: la acidez natural, las levaduras y el gas carbónico de la cerveza negra actúan como potentes ablandadores del gluten de la harina. Al interactuar con el bicarbonato sódico en el horno, generan una miga extraordinariamente aireada pero densa, jugosa y aterciopelada, que tarda días en secarse. En contra de lo que se suele pensar, el bizcocho no tiene un regusto fuerte a alcohol o a taberna, ya que este se evapora por completo durante el horneado. Lejos de emborrachar, la cerveza rebaja el dulzor excesivo del azúcar y realza de forma espectacular los matices del cacao puro, aportando sutiles notas tostadas a café, regaliz y malta que recuerdan a un pan de jengibre oscuro sin especias.

En el plano histórico, la receta moderna es una evolución de los pasteles tradicionales de chocolate y licores (como el ron o el brandy) que se preparaban en el Reino Unido e Irlanda durante las celebraciones invernales. Sin embargo, el empujón definitivo hacia el estrellato global llegó a principios de la década de 2000 gracias a la célebre cocinera y divulgadora británica Nigella Lawson, quien popularizó la fórmula en sus libros y programas de televisión. Lawson ideó una estética impecable que imita a la perfección una auténtica pinta de cerveza: la base oscura simula el cuerpo de la bebida, coronada por una generosa capa irregular de frosting a base de queso crema, nata y azúcar glas que emula la inconfundible espuma blanca y cremosa de la Guinness.

Hoy celebramos San Patricio, patrón de Irlanda, tierra donde fue esclavo durante su adolescencia, donde encontró la fe para ordenarse sacerdote y a donde regresó para evangelizar a quienes lo habían cautivado. Supo respetar sus costumbres, les habló con un lenguaje llano y popularizó el trébol de tres hojas que hoy representa a todo el país.

Es de sobra conocido el carácter afable de los irlandeses, su abundancia de pelirrojos y, por supuesto, este legendario pastel de cerveza negra, sin olvidar la marea verde que inunda las calles cada 17 de marzo. Pero este mes también nos trae el Día Internacional de la Mujer, el Día de las Islas Baleares y la ansiada primavera. ¿No te parece que marzo es la excusa perfecta para regalarte un buen trozo de pastel?

Actualizada 2026.


Bizcocho Guinness


Molde 23 cm diámetro

El bizcocho:
  • 250 ml de cerveza Guinness
  • 250 g de mantequilla
  • 75 g de cacao en polvo, puro sin azúcar
  • 300 g de azúcar
  • 140 ml de crème fraîche
  • 2 huevos
  • 1 cdta. de esencia de vainilla
  • 275 g de harina 
  • 2 ½ cdtas. de bicarbonato 
La cobertura:
  • 300 g de queso crema, frío
  • 150 g de azúcar glas, tamizado
  • 125 ml de nata para montar, fría
El bizcocho:
  1. Precalentar el horno a 180 ºC
  2. Unta un molde desmontable con mantequilla y espolvorea con harina o rocía spray para moldes.
  3. Pon la cerveza y la mantequilla en un cazo, y calienta hasta que se haya derretido. 
  4. Echa el cacao y el azúcar en un cuenco, y vierte la cerveza con mantequilla.
  5. Mezcla con unas varillas la nata agria, los huevos y la vainilla y échalo a la mezcla de azúcar con mantequilla y cerveza.
  6. Añade la harina y el bicarbonato (previamente tamizados), y mezcla con una espátula o un robot de cocina.
  7. Echa la masa en el molde y hornea 45 minutos o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
  8. Saca del horno y deja reposar unos minutos.
  9. Desmolda hasta que esté frío sobre una rejilla.

La cobertura:
  1. En un bol tamiza el azúcar y bate con el queso crema hasta que el azúcar haya quedado totalmente disuelto.
  2. Añade la nata y bate hasta que te quede una mezcla aireada y esponjosa como de nata montada espesa.
  3. Cuando el bizcocho esté frío pon la cobertura en el centro del bizcocho y reparte del centro hacia afuera. Tiene que quedar como si fuera la espuma de la cerveza negra.
 
Cerveza negra irlandesa Guinness


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable calentar la cerveza Guinness con la mantequilla antes de incorporar el cacao y el azúcar?

La cerveza negra de tipo stout aporta matices tostados, café y cebada que necesitan calor para florecer. Al derretir la mantequilla directamente en la cerveza tibia, se crea una base emulsionada caliente que disuelve de inmediato los cristales de azúcar y «hace florecer» (blooming) el cacao puro en polvo. Este golpe térmico hidrata las partículas secas del cacao y extrae sus aceites esenciales más profundos, intensificando el color oscuro casi azabache del pastel y eliminando el regusto terroso o astringente que dejaría el cacao mezclado en frío.

¿Qué función química cumplen la crème fraîche y el bicarbonato en una masa tan densa?

A diferencia de los bizcochos tradicionales que recurren a polvos de hornear (levadura química), esta receta depende exclusivamente de bicarbonato sódico. El bicarbonato es una base que necesita un medio ácido para activarse y liberar dióxido de carbono: la acidez natural de la crème fraîche (o nata agria), sumada a la del cacao no alcalinizado y al pH de la propia cerveza fermentada, reacciona produciendo una gran cantidad de gas. Esta fermentación química interna aligera una masa cargada de mantequilla y azúcares, logrando una miga esponjosa, elástica y con una humedad extrema que se conserva intacta durante días.

¿Por qué el queso crema y la nata para el glaseado deben estar rigurosamente fríos antes de montarse con el azúcar glas?

El glaseado busca reproducir visualmente la icónica corona de espuma blanca y compacta de una pinta de Guinness recién tirada. Para que la nata monte y mantenga su emulsión junto al queso, los glóbulos de grasa láctea deben mantenerse en estado sólido (entre 4 °C y 6 °C). Si los ingredientes estuviesen templados, la fricción de las varillas y el poder licuante del azúcar harían que la mezcla colapsara, convirtiéndose en una salsa fluida e inestable. El frío riguroso garantiza que el batido atrape aire, consiguiendo una textura sedosa, densa y con suficiente cuerpo para sostenerse en el centro de la tarta sin escurrirse por los bordes.



Relato y fotografías @catypol - Circus day


Flan de ajo

Margarita Coloma era una mujer de pueblo auténtica. Toda su vida había vivido allí: conocía a todo el mundo y sabía perfectamente qué pasaba en cada momento. Era un tanto peculiar, y quienes la trataban sospechaban que era un poco bruja, o que algún antepasado suyo lo había sido. Por eso, no dudaban en acudir a ella si necesitaban un consejo o algún remedio «mágico» para resolver cualquier problema.

Pero una noche al mes, Margarita no estaba para nadie. Los vecinos pensaban que tenía una cita con «otras como ella», y por eso no brillaba luz alguna en sus ventanas. Alguien contó que una vez la vio regresar de madrugada completamente manchada: las manos, la cara, la ropa... parecía salida de un auténtico aquelarre. Y claro, el rumor no hizo más que alimentar su fama.

Margarita Coloma tenía una vecina muy querida, Pánfila, una anciana que se había quedado un poco sorda con los años, pero que era divertida y entrañable. Vivía con su hija, Amelia, y esta a veces la dejaba a su cuidado porque sabía que Margarita era buena persona y congeniaba con su madre. Aunque, en el fondo, la hija guardaba la secreta esperanza de que algún conjuro le devolviera el oído… pero, hasta ese momento, nada de nada.

Un día en que se quedó con la señora Pánfila, notó que la anciana andaba algo inquieta.

—Pánfila, ¿se encuentra bien hoy? —le preguntó, alzando bastante la voz.

—Te vieron la otra noche llena de manchas; la noche de luna llena —soltó Pánfila.

—¡Sí! —le gritó Margarita Coloma al oído—. Salí a plantar ajos —respondió sincera y a viva voz.

—¿Tropezar refajos? —dijo Pánfila con los ojos como platos—. Pues córtatelos, mujer, que tenemos modista en el pueblo —se rio ella sola.

—¡No! —insistió Margarita—. ¡Ajos! ¡A plantar ajos! —repitió a pleno pulmón.

—¿Ajos? —se extrañó la anciana.

Y entonces le dio tal ataque de risa que Margarita pensó que le iba a dar un pasmo. Pánfila no paraba de reír y de repetir «¡ajos, ajos!», mientras le caían lagrimones por las mejillas.

Cuando por fin logró serenarse, le dijo a Margarita con una sonrisa pícara:

—Mejor no le digamos nada a nadie, o todo ese cuento de la bruja se te va a ir al garete.



Flan de ajo para acompañar con patatas fritas

Flan de ajo cuajado al baño maría


Dicen que «los ajos no se pueden plantar con luna llena porque, si no, la tierra los expulsa»; será por eso que es mejor no sembrarlos bajo esa luna. Tendremos que decírselo a Margarita Coloma, a ver si deja de insistir.

En la antigua Roma y durante la Edad Media, las preparaciones cuajadas a base de huevo y leche solían ser saladas: se sazonaban con pimienta, pescados o verduras mucho antes de que el azúcar y el caramelo ganaran popularidad y dieran paso al flan dulce que conocemos hoy.

Esta receta es una auténtica delicia. Quizás pienses que el sabor a ajo resultará demasiado potente por la cantidad que lleva, pero te aseguro que no: se suaviza por completo durante la cocción y funciona como una guarnición insuperable. Yo lo he acompañado con patatas y romero, pero seguro que a ti se te ocurre otra combinación fantástica. ¡Espero que te guste!

Actualizada 2026.

 

Flan de ajo


Ingredientes para 4: 

  • 250 ml de nata para cocinar
  • 250 ml de leche
  • 4 huevos
  • 6 – 8 dientes de ajo asado (según el tamaño y tu gusto)
  • Sal y pimienta al gusto
  • Un poco de mantequilla para enmantecar los moldes

Precalienta el horno a 150 ºC

Elaboración:
  1. En una cacerola, calienta la leche con los dientes de ajo asado.
  2. Lleva a ebullición, baja el fuego y deja hervir suavemente durante 5 minutos.
  3. En un bol, bate los huevos junto con la nata, la sal y la pimienta.
  4. Añade la leche caliente con los ajos al batido anterior.
  5. Tritura con túrmix hasta que quede una mezcla fina.
  6. Enmanteca 4 moldes individuales (tipo flanera o ramequín) y vierte la mezcla.
  7. Coloca los moldes en una fuente con agua caliente (baño María), cúbrelos con papel aluminio y hornea durante 25–30 minutos, o hasta que estén cuajados (puedes comprobar con un palillo).
  8. Deja templar y sirve, calientes o fríos según la ocasión.


Elaboración al baño maría del flan de ajo


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable emplear ajo previamente asado en lugar de ajo crudo o rehogado?

El ajo crudo contiene alicina y otros compuestos azufrados picantes que resultarían excesivamente agresivos y amargos en un flan salado. Al asar la cabeza de ajo entera y lentamente (al horno o entre brasas), sus azúcares naturales se caramelizan mediante las reacciones de Maillard y la fructosa se concentra, perdiendo la acritud y adquiriendo una pasta cremosa, dulce y con sutiles notas a fruto seco. Esta pulpa confitada aromatiza la leche y la nata sin saturar el paladar, logrando un fondo suave y elegante que complementa la base de huevo.

¿Qué función cumple hornear los flanes al baño María tapados con papel de aluminio y a solo 150 °C?

Las proteínas del huevo (en particular la albúmina de la clara) cuajan a baja temperatura; si superan los 85 °C de forma violenta, expulsan el agua retenida por sinéresis, creando un flan acuoso, poroso y con sabor sulfuroso. El baño María amortigua la transmisión térmica directa y distribuye el calor de forma progresiva. A su vez, cubrir los ramequines con papel de aluminio retiene el vapor e impide que la superficie se reseque formando una costra dura antes de que el interior se coagule, garantizando una textura homogénea, aterciopelada y sin ojos ni burbujas.

¿Cómo debe integrarse la leche caliente aromatizada sobre los huevos batidos para evitar que cuajen antes de tiempo?

La mezcla de leche y nata caliente nunca debe verterse de golpe sobre los huevos batidos, ya que la temperatura elevada coagularía las yemas y claras al instante, arruinando la emulsión en forma de tortilla rota. Es necesario atemperar vertiendo la leche caliente en hilo fino y muy despacio mientras se remueve con varillas de manera continua. De este modo, la temperatura de los huevos sube gradualmente sin superar el punto de coagulación previo al horneado, asegurando que el triturado final resulte en una crema perfectamente lisa y fluida.



Flan de ajo acompañado de patatas fritas


Relato y fotografía @catypol - Circus day.

Patatas asadas rellenas

Cada vez que conocía un lugar nuevo de su nueva ciudad —la City—, lo apuntaba en la libreta. Cada vez que probaba un plato nuevo, también. Y cada vez que lo veía pasar por delante del restaurante, suspiraba. Y no, eso no lo apuntaba en la libreta. Se limitaba a dibujar una raya imaginaria en su mano, creyendo que, si las líneas dicen cómo somos y adónde vamos, quizás esa nueva marca quedaría grabada, y él se haría realidad algún día. Su compañera, que conocía bien la historia, negaba en silencio con la cabeza, suspirando también. Pero no por él, sino para darle valor a ella… para que diera el paso.

Y el paso llegó. Llegaba tarde, llovía, iba corriendo, resbaló y tropezó con él, justo cuando volvía a pasar por delante del restaurante. Fue tan rápido que, en vez de pintar la raya en su propia mano, la dibujó en la de él cuando la ayudó a levantarse. Él le sonrió, como si entendiera el ritual, antes de preguntarle si se encontraba bien. Ella asintió con la cabeza, incapaz de devolverle la mano en la que había trazado, con su dedo, la esperanza de volverse a ver.

Todo el personal del restaurante estaba pegado al cristal de la ventana, esperando algún resultado de ese encuentro. Todos se pintaron la raya en la mano, aguantando el suspiro hasta ver cómo terminaría la situación. En una ciudad que a veces es ciega entre unos y otros, no hay lugar para cuentos de hadas.


Patata asada rellena con huevo frito

Patatas asada rellena de guacamole



Uno de los platos favoritos de los británicos son las conocidas como baked o jacket potatoes. Se trata de una receta muy simple pero deliciosa: una patata asada al horno con la piel crujiente, el interior tierno y un relleno sabroso.

Aunque puedes prepararla en cualquier época del año, lo cierto es que es especialmente popular en una fecha concreta: el 5 de noviembre, durante la Bonfire Night o Noche de Guy Fawkes; es decir, la noche en la que se conmemora el frustrado complot contra Jacobo I por abrazar la Iglesia anglicana.

Es una receta humilde que apenas exige esfuerzo. Basta con embadurnar las patatas en aceite, meterlas al horno y asarlas hasta que queden tiernas por dentro y crujientes por fuera. Si eliges una buena variedad y cuidas el relleno, tendrás un plato exquisito. Además, a los ingleses les encanta añadir una nuez de mantequilla justo después de hacer el corte en cruz sobre la patata caliente, para que se funda y aporte todavía más sabor.

Los cinco rellenos más clásicos son:
  • Nata agria (sour cream)
  • Judías con tomate (baked beans)
  • Atún y maíz dulce
  • Beicon con queso
  • Mantequilla y cebollino

Pero esta es mi versión.

Actualizada 2026.


Patatas asadas rellenas


Ingredientes para 3 patatas:
  • 3 patatas medianas/grandes
  • Aceite de oliva virgen extra

Relleno Guacamole:
  • 1 aguacate maduro
  • 1 cucharada de jugo de lima
  • Cebolla cortada en brunoise 
  • Tomate picado
  • Cilantro picado
  • 1/2 cdta. de jalapeño picado 
  • Sal al gusto

Relleno gambas:
  • 6 gambas cocidas
  • 2 cdas. de sour cream
  • 1 cda. de zanahoria rallada
  • 1 guindilla en vinagre

Relleno huevo:
  • 1 huevo frito
  • Queso mozzarella
  • Sal y pimienta
Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 220 ºC. 
  2. Lava muy bien las patatas, seca y embadurna de aceite. 
  3. Introdúcelas en el horno y programa 30 minutos. 
  4. Voltéalas y programa 45 minutos más. 
  5. Mientras tanto haz los diferentes rellenos. 
  6. Cuando las patatas estén tiernas por dentro y la piel crujiente sácalas del horno. 
  7. Con cuidado de no quemarte haz un corte en forma de cruz en la superficie de cada patata. 
  8. Presiona los extremos de abajo hacia arriba para abrir la patata por el corte. 
  9. Rellena y sirve.

Guacamole: Quita la piel del aguacate y el hueso, pica hasta convertirlo en pasta, añade la lima, la cebolla y el cilantro, mezcla el jalapeño un poco de sal y el tomate, mezcla.

Gambas: Pica las gambas y mezcla con la sour cream y la zanahoria rallada. Cuando rellenes la patata pon la guindilla encima.

Huevo: Pon el queso dentro de la patata y asa al grill hasta que se derrita, pon encima el huevo frito y salpimienta.

Collage patatas asadas rellenas


Preguntas frecuentes

¿Por qué se hornean las patatas directamente untadas en aceite y sin envolver en papel de aluminio?

Envolver las patatas en papel de aluminio atrapa el vapor de agua que exhala el tubérculo, lo que en realidad produce una cocción al vapor que deja la piel blanda, húmeda y correosa. Al embadurnarlas únicamente con aceite de oliva virgen extra y dejarlas al aire libre a 220 °C, el calor seco deshidrata la capa exterior mientras la grasa fríe suavemente la piel. Esto genera una corteza dorada y muy crujiente que actúa como un cuenco rígido natural, manteniendo la pulpa interior tierna y cremosa.

¿Por qué se debe hacer el corte en cruz y presionar la base de la patata inmediatamente al sacarla del horno?

En el instante en que la patata sale del horno, su interior contiene vapor atrapado a alta temperatura. Si se deja enfriar cerrada, ese vapor condensa en la pulpa, volviéndola gomosa y pesada. Al realizar la incisión en cruz y presionar los extremos inferiores hacia arriba, la piel crujiente se abre limpiamente y libera una bocanada de vapor presurizado; este proceso airea el interior y rompe los granos de almidón cocidos, logrando esa textura esponjosa y aterciopelada idónea para absorber los jugos de los rellenos.

¿Qué precauciones de temperatura conviene tener al montar rellenos fríos (guacamole y gambas) frente al relleno caliente de huevo?

Para la versión de huevo y mozzarella, la patata debe estar recién salida del horno para aprovechar su calor residual, fundir el queso bajo el gril y recibir la yema fluida sin enfriarse. En cambio, para las versiones frías de guacamole y gambas con sour cream, conviene dejar templar la patata abierta unos minutos antes de coronarla; si se vierte la crema ácida o el aguacate sobre la patata hirviendo, la grasa de la nata se separará en una fase líquida y el aguacate se recalentará, perdiendo frescura y oxidando sus notas vegetales vivas.



Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day

Mousse de chocolate

Todo comenzó cuando el despistado Aric, emocionado ante la inminencia de su boda, se topó con una mariposa que portaba un diminuto cartel: «¡Sígueme para una boda aún más emocionante!». Sin pensarlo dos veces, echó a correr tras ella y, para asombro de todos, el enlace acabó celebrándose al borde de un acantilado, justo al abrigo del árbol del cacao. El pueblo entero acudió vestido con ropas de colores vivos y sonrisas francas: adoraban a Aric y sabían de sobra que haría inmensamente feliz a Fiora.

Fiora descendía de un antiguo linaje de hechiceros; por sus venas corría la magia más pura. Aunque jamás había recurrido a ningún embrujo con Aric, él había caído rendido a sus pies desde el primer cruce de miradas. Aquello parecía salido de una fábula antigua. De esas que a veces cierran con moraleja y otras se despiden con un simple «colorín, colorado». Y aunque en el banquete no se sirvieron perdices, no faltaron riadas de chocolate… ni un final feliz.

Mousse de chocolate vegano para alérgicos o intolerantes

Mousse de chocolate con aguafaba de los garbanzos de bote


El nacimiento de este postre está ligado directamente al descubrimiento del aquafaba, el término culinario que recibe el agua viscosa resultante de la cocción de las legumbres. En diciembre de 2014, el tenor y cocinero aficionado francés Joël Roessel descubrió que el líquido de conservación de las conservas de palmitos y garbanzos formaba una espuma densa, similar a la clara montada, si se batía con energía. Roessel compartió sus ensayos en su blog de cocina vegetal, demostrando que aquel caldo habitualmente descartado poseía sorprendentes propiedades emulsionantes y espumantes gracias a las proteínas, saponinas y almidones que las legumbres liberan durante el hervor.

El testigo lo recogió en marzo de 2015 el ingeniero de software estadounidense Goose Wohlt. Obsesionado con perfeccionar el merengue vegano en los fogones de su casa, Wohlt comprobó que el caldo de los garbanzos en conserva montaba por sí solo con una firmeza impecable y un sabor prácticamente neutro, sin necesidad de recurrir a gomas ni espesantes artificiales. Bautizó el hallazgo uniendo las voces latinas aqua (agua) y faba (haba o alubia), y aprovechó el hito para idear la primera mousse de chocolate vegana moderna con solo dos ingredientes: aquafaba a punto de nieve y cobertura negra fundida.

La fórmula corrió como la pólvora por redes sociales y foros dedicados a la alimentación vegetal. La gran sorpresa de reposteros y aficionados de todo el mundo fue constatar que, al fundirse la espuma con la intensidad del cacao, el recuerdo a legumbre se desvanecía por completo, dando paso a una textura aireada, sedosa y untuosa, a la altura de la repostería clásica más exigente.

Hoy en día, este postre es un auténtico emblema del movimiento de cocina de aprovechamiento (zero waste), demostrando cómo la curiosidad doméstica puede transformar un residuo cotidiano en un bocado de alta gama apto para dietas veganas, alérgicos al huevo o intolerantes a los lácteos.

Ser la cuarta de cinco hermanos da para una enciclopedia de anécdotas, sobre todo de cuando éramos críos. Os podéis figurar a mi pobre madre capeando el temporal los fines de semana: sin colegio y con una energía inagotable que ni siquiera el campo abierto alrededor de casa lograban agotar.

Los desayunos de los domingos eran mi debilidad absoluta: chocolate a la taza bien espeso con ensaimada recién traída del horno. «¡Mmm!», pensaréis muchos; y sí, os doy toda la razón. En aquella mesa se veía de todo: quien devoraba primero la ensaimada para beberse después el chocolate a sorbos limpios; el que prefería el orden inverso; el purista que mojaba la miga hasta que no quedaba ni gota; y la que no paraba de corretear alrededor de la mesa hasta que tropezaba, vertía su taza y se quedaba compuesta y sin desayuno. Cada domingo traía su propia aventura, pero todos tenían en común una dulzura infinita.

Seguro que más de uno os sentís identificados: una casa llena de niños es garantía de taza derramada y zafarrancho a primera hora, ¿a que sí?

Aunque lo que hoy te traigo no es chocolate a la taza, tiene todo el aroma del mejor cacao; con la ventaja de que este no se derrama por más carreras que hagas por la cocina. Es una receta pensada al detalle para quienes no pueden o prefieren no tomar huevo —sean veganos, alérgicos o sencillamente curiosos—; y te aseguro que, si a mí me dejó con la boca abierta, a ti te va a fascinar.


Actualizada 2026.


Mousse de chocolate sin huevo


Ingredientes para 4:
  • El líquido (aguafaba) de 1 bote grande de garbanzos (400 g aprox.)
  • Unas gotas de zumo de limón
  • 135 g de chocolate negro
  • 65 g de mermelada de higos (o crema de dátil)

Elaboración:
  1. Vierte el líquido de los garbanzos en el cuenco de la batidora. 
  2. Bate a velocidad moderada durante 5 minutos. 
  3. Cuando comience a montar, añade unas gotas de limón y aumenta la velocidad hasta obtener un merengue firme con picos. 
  4. Derrite el chocolate al baño María. 
  5. Una vez fuera del fuego, añade la mermelada y mezcla bien. 
  6. Incorpora la mezcla de chocolate al merengue con movimientos suaves y envolventes hasta que esté completamente integrado. 
  7. Reparte en moldes individuales y refrigera al menos 4 horas antes de servir.

Notas:

  1. Importante que no lleve sal el agua de cocción.
  2. Si quieres usar el merengue con otras elaboraciones dulces puedes añadirle azúcar como se haría con un merengue hecho con claras de huevo.



Preguntas frecuentes

¿Por qué es capaz el aguafaba de montar como las claras de huevo y qué función cumplen las gotas de limón?

El agua de cocción de los garbanzos concentra una combinación equilibrada de proteínas solubles (albúminas y globulinas) y saponinas vegetales. Al batir con varillas, estas moléculas tensioactivas atrapan burbujas de aire y forman una película protectora alrededor de cada cavidad, emulando la estructura física de un merengue tradicional. Las gotas de zumo de limón aportan ácido cítrico, el cual reduce el pH del medio; esta acidez debilita las cargas electrostáticas repulsivas entre las cadenas de proteínas, permitiendo que se enlacen con mayor firmeza y creando una espuma mucho más estable y resistente al colapso.

¿Qué temperatura debe tener la mezcla de chocolate y mermelada antes de incorporarla al merengue vegetal?

La mezcla debe estar tibia o a temperatura ambiente (en torno a 35-40 °C). Si el chocolate se vierte demasiado caliente, el choque térmico desnaturalizará de golpe la débil red proteica del aguafaba montada, fundiendo las burbujas de aire y licuando la preparación. Por el contrario, si se deja enfriar en exceso, el chocolate comenzará a cristalizar y endurecerse antes de tiempo, formando grumos duros y apelmazados al contacto con la espuma fría en lugar de integrarse en una emulsión homogénea y aterciopelada.

¿Por qué es indispensable que el líquido de los garbanzos no contenga sal añadida?

Muchos botes de legumbres comerciales incorporan cantidades considerables de salmuera para su conservación. En una elaboración dulce tan delicada como esta mousse, un exceso de sodio alteraría de manera negativa el equilibrio gustativo frente al chocolate negro y los higos, dejando un regusto salino estridente y poco apetecible. Además, a nivel físico-químico, concentraciones elevadas de sal interfieren en la capacidad de hidratación y espumado de las proteínas vegetales, dificultando que el merengue alcance el volumen y la rigidez de picos necesarios.


Ingredientes de la mousse de chocolate con aguafaba


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Sandwich libro

Había quedado con unos amigos para ir a la biblioteca. Mientras esperaba, sentada en la escalera de la entrada, admiraba la puerta de enfrente. Preciosa: roja, con un arco de madera moldurada en la parte superior, robusta y visiblemente antigua. Los años, la intemperie y tantas manos que la empujaron la habían envejecido con gracia, dejándola encajada en su marco como si estuviera allí solo para que el mundo la admirase. O, al menos, eso me gustaba pensar a mí.

No sabía quién vivía allí —si un vecino solitario o una familia entera—, así que recurrí a la imaginación para poblar el misterio. En esa casa vive una pareja de diseñadores: ella, de moda; él, de interiores. La puerta da paso a un recibidor blanco, minimalista pero acogedor, salpicado por los tonos cálidos que se escapan de un imponente lienzo de aire renacentista.

Ella es pelirroja, de ojos verdes y silueta esbelta, de esas mujeres capaces de lucir con soltura vestidos imposibles que al resto nos quedarían como un disfraz. Él es moreno, de mirada oscura y mandíbula marcada; quizá no tan atlético como desearía, pero disciplinado: solo rompe la rutina una vez por semana con un buen sándwich y una copa compartida con los compañeros de la oficina.

Justo cuando empezaba a elucubrar sobre cómo sería su convivencia, aparecieron mis amigos a lo lejos agitando los brazos para apurarme. Y así, de golpe, la ensoñación se disolvió ante la realidad. Pero tú no tienes prisa: puedes seguir imaginando.


Sandwich librito relleno de jamón y queso o aguacate



La historia de la tortilla de maíz comenzó hace más de 3000 años en Mesoamérica, donde el maíz era un grano sagrado que los mayas asociaban con la creación misma del ser humano. Para hacerlo digestible y nutritivo, las civilizaciones prehispánicas desarrollaron el proceso de nixtamalización, cociendo el grano en agua con cal para desprender su cascarilla, liberar la niacina y poder molerlo en el metate. La masa resultante se palmeaba a mano para formar discos delgados llamados tlaxcalli, los cuales se cocían sobre un comal de barro y servían a la vez como sustento primordial y como cubierto comestible.

Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, los europeos rebautizaron este alimento como «tortilla» por su semejanza formal con las tortas redondas de su tierra natal. Aunque intentaron imponer el cultivo de trigo para la elaboración de pan, la tortilla de maíz resistió y se erigió en el eje indiscutible de la cocina mestiza, armonizando a la perfección con los nuevos ingredientes cárnicos y los quesos traídos de ultramar. Ya en el siglo XX, el oficio dio un salto cualitativo con la invención de las primeras máquinas tortilladoras mecánicas y la patente de la harina de maíz nixtamalizada, avances que estandarizaron su producción y permitieron que este icono de la gastronomía mexicana conquistara mesas en todo el planeta.

Pasó el Día del Libro, lo sé, e incluso el Día de la Madre —que tampoco viene nada mal para regalar lecturas—, pero ahora llega el tiempo de pícnic, las escapadas a la playa o las fiestas a gogó. Así que pensamos que un sándwich encaja en cualquier ocasión tanto como un buen libro: ¿por qué no unir ambos conceptos? En Circus day nos hemos propuesto que a estos no los leas, sino que te los comas, literalmente.

Pintas la portada como se te antoje: puedes escribir mensajitos o estampar sellos que te molen, y después pasas al relleno. ¿Que a tu chico le pirran los pepinillos? Pues escúrrelos bien y dale forma a tu obra literaria. ¿Que a los niños les tiran los clásicos? ¡Cuéntales un cuento! Sigue tu instinto y crea una colección que se convertirá en la auténtica atracción de la fiesta.

Actualizada 2026.


Sandwich libro


Ingredientes:
  • Tortillas de trigo 
  • Aguacate
  • Nueces
  • Sal y pimienta y unas gotas de limón para el aguacate
  • Queso para untar
  • Salmón ahumado
  • Queso en láminas
  • Jamón York
  • Rotuladores o colorantes alimentarios
Elaboración:
  1. Con un cutter o un cuchillo afilado y una regla corta las tortillas en rectángulos (si cortas rectángulos pequeños puedes hacer mini libros para tomar con el té). 
  2. Pinta la portada derecha del rectángulo y el lomo con el dibujo, mensaje o sello que más te guste, usando para ello rotuladores o colorantes alimentarios. 

Libritos:
- Libro de guacamole: 
Rellena el interior del rectángulo con guacamole y ciérralo como si fuera un libro.
 
- Libro de salmón y queso: 
Unta el interior con queso de untar y coloca encima unas lonchas de salmón ahumado. 
 
- Libro mixto: 
Coloca una loncha de queso y otra de jamón dulce en el interior. Si prefieres el queso caliente, caliéntalo unos segundos en el microondas antes de añadir el jamón.


Notas: 
  • Si no vas a comerlos en el momento, envuelve los “libros” con film transparente y refrigéralos hasta su consumo.
  • Con los restos de las tortillas podemos freírlos o los horneamos hasta quedar crujientes si los espolvoreamos con especias nos aportará un toque de sabor o si preferimos dulce con un poco de azúcar.



Paso a paso de la elaboración de los sandwiches libritos


Preguntas frecuentes

¿Por qué se utilizan tortillas de trigo para formar los «libros» en lugar de láminas de pan de molde?

Las tortillas de trigo cocidas presentan una estructura fina, continua y sin porosidades abiertas, lo que proporciona una superficie lisa y uniforme similar a la cartulina o al cuero de una encuadernación. Esta textura permite doblar la pieza por la mitad para simular el lomo del libro sin que la masa se quiebre ni se desmigue, además de ofrecer un soporte seco y plano sobre el que dibujar con rotuladores alimentarios sin que la tinta se expanda o se difumine por capilaridad.

¿Por qué es fundamental añadir unas gotas de limón al relleno de aguacate si los libritos no se consumen de inmediato?

Al triturar o cortar la pulpa del aguacate, la enzima polifenol oxidasa entra en contacto con el oxígeno del aire, iniciando una reacción de pardeamiento enzimático que vuelve la crema oscura y visualmente poco apetecible. El ácido cítrico del limón actúa como un antioxidante natural reduciendo el pH del medio, lo que frena la actividad de esta enzima y preserva tanto el color verde vivo como el frescor del relleno mientras los aperitivos reposan refrigerados.

¿Qué precauciones conviene tener con la tinta de los rotuladores comestibles al refrigerar los sándwiches envueltos en film?

La mayoría de los colorantes alimentarios son hidrosolubles y muy sensibles a la condensación. Al enfriar las tortillas en el frigorífico envueltas en film transparente, la humedad residual de los rellenos puede evaporarse y condensar contra el plástico, emborronando los trazos de la portada o el lomo. Para garantizar un acabado nítido, conviene dejar secar el dibujo al aire un par de minutos antes de montar el relleno y procurar no presionar el film directamente contra la cara ilustrada.


Sandwiches en forma de librito de varios rellenos

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Sandwich Calas

La recuerdo sentada junto a la chimenea; esa estampa de invierno es la que con más fuerza sobrevive en mi memoria después de tantos años. Me hablaba de su pasado, de un tiempo revuelto y gris, violento y pobre. Yo era inconscientemente curiosa y preguntaba sin entender muy bien de sentimientos: quería llegar a imaginar cómo habría sido su vida, y eso, sin marcas en el corazón, es imposible. Sus relatos eran conmovedores, aunque callaba más de lo que contaba, detalle que comprendí mucho más tarde. Yo era su «descendiente» e iba a la escuela con otros «descendientes»; jamás hubo una desavenencia: era parte de su cometido enseñarme concordia, y siempre lo hizo con maestría.

En nuestro jardín teníamos plantadas calas. De vez en cuando cortábamos algunas para adornar en ramo alguna estancia de la casa; forman parte de mi infancia tanto como ella, y con su presencia despedíamos el frío. La cala es símbolo de pureza por su blanco inmaculado y su cáliz en trompeta, silueta que evoca las curvas de una mujer; y ya que el domingo 8 celebramos el Día de la Mujer, qué mejor manera de honrar la concordia y el florecer del buen tiempo.

Concordia parvae res crescunt, discordia maximae dilabuntur. («Mediante la concordia las cosas pequeñas crecen; mediante la discordia, las más grandes se derrumban». Salustio, La guerra de Yugurta).


Sandwiches en forma de calas con queso y zanahoria


Si en su momento empezó Fran con su receta para la concordia pasando el testigo a Marga para que también se pusiera a ello, ahora soy yo que gracias a ella les traigo la mía, y para no ser menos yo paso el testigo a Lola para que sigamos con este reto tan bonito. #recetaparalaconcordia

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Sandwiches Calas


Ingredientes
para 8:

  • 100 g de queso para untar 
  • 50 g de  nueces muy picadas
  • Pimentón dulce
  • 8 rebanadas de pan blanco de molde
  • 1/2 zanahoria pelada 
  • Tallos de cebolla verde
Elaboración:
  1. En un cuenco, mezcla el queso y las nueces. 
  2. Con un rodillo, extiende cada loncha de pan. 
  3. Usa un cortador de 6 cm. de diámetro para cortar 8 rebanadas de pan de molde en círculo. 
  4. Unta, alrededor de 1 cucharadita de la mezcla de queso crema en cada rebanada de pan. 
  5. En el Centro espolvorea con pimentón, y pliega la parte inferior de pan uno sobre otro, aprieta para sellar. 
  6. Corta pequeños trozos de zanahoria, en palitos, y colócalos en el centro de cada sándwich para simular el estambre de la flor. 
  7. Adorna con la cebolla verde para formar los tallos.

Paso a paso de la elaboración de las calas

Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable aplanar el pan de molde con rodillo antes de cortarlo y plegarlo?

El pan de molde contiene una miga aireada y elástica que tiende a agrietarse o romperse si se curva en seco. Al pasar el rodillo con firmeza, se compacta la estructura alveolar de la miga y se expulsan las bolsas de aire, transformando la rebanada en una lámina densa, elástica y maleable. Esta compresión permite enrollar la base en forma de cono cónico (imitando la espata de la flor de cala) sin que los bordes se quiebren ni pierdan la curvatura sellada.

¿Qué función mecánica cumple la mezcla de queso crema en la base del sándwich?

Además de aportar sabor untuoso y textura crujiente con la nuez, el queso crema actúa como un adhesivo estructural comestible gracias a su contenido de grasa láctea y consistencia plástica. Al presionar los dos bordes inferiores solapados del disco de pan, el queso fluye entre las fibras de la miga y se adhiere a ellas, manteniéndolas unidas bajo presión para que el cucurucho no se abra espontáneamente al colocarlo sobre la bandeja.

¿Por qué se utilizan bastones de zanahoria y tallos de cebolla verde para el acabado botánico?

La cala (Zantedeschia aethiopica) se caracteriza morfológicamente por una gran bráctea blanca envolvente que cobija un espádice central cilíndrico amarillo o anaranjado. El bastoncillo de zanahoria replica con exactitud el color, la rigidez vertical y el grosor de ese órgano floral interno, mientras que los tallos verdes de cebolleta (o cebolla verde) aportan la flexibilidad, el color herbáceo vivo y la longitud necesarios para simular los tallos naturales de la planta en el emplatado.


Sandwich en forma de cala con relleno de queso y zanahoria


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Bizcocho en cáscara de huevo

—¿De verdad tienes una gallina como animal de compañía? —me preguntó asombrada.

—¡Ajá! —respondí sonriendo—. En realidad fue una «herencia» que no busqué, pero en cuanto vi cómo me miraba, no pude resistirme y me la traje a casa. Y bueno, ya no pone huevos, está muy mayor, pero me gusta su compañía —añadí encogiéndome de hombros, como restándole importancia.

El señor Eier tenía una casa grande en el campo. No era una granja —al menos él no la trataba como tal—, aunque contaba con algunos frutales, caballos y gallinas. Era una preciosa estampa pintada de azul celeste y blanco que, en mitad del verde de los prados, parecía un pedacito de cielo de verano. Y seguía pareciendo de ensueño incluso cuando sobre la tierra se posaba la gruesa capa de nieve en invierno.

Siempre había gente en su casa: vecinos, amigos, viajeros, estudiantes… y yo, con el corazón en pedazos y un lío en la cabeza tan grande que no se me ocurrió otra salida que escapar. Y terminé allí. Los últimos en llegar siempre se encargaban de alguna faena, y a mí me tocó recoger cada mañana los huevos recién puestos para el desayuno.

Al principio, madrugar tanto se me hacía cuesta arriba. Así que iba al gallinero refunfuñando y, ya de paso, les soltaba a las gallinas mis desvelos y mis quejas sobre la vida. Inexplicablemente, todas, apoltronadas en sus «tronas», me escuchaban expectantes, ladeando un poco la cabeza en un silencio sepulcral. Hicieron las veces de un buen terapeuta. De tarde en tarde, alguna soltaba un breve cacareo, como si me diese la razón.

Hasta que un buen día se me ocurrió comparar a alguien con un zorro… y ahí sí que se armó la marimorena. Levantaron el vuelo en tromba y cacarearon con tal furor que pensé que el cobertizo se venía abajo. Terminé cubierta de plumas hasta las cejas y resoplando por el sobresalto.

Todavía puedo escuchar la carcajada limpia del señor Eier cuando se lo conté.

(Eier en alemán significa huevos ).


Bizcocho en cáscara de huevo sabor vainilla

Bizcocho de vainilla dentro de cáscaras de huevo


La práctica de hornear bizcochos dentro de cáscaras de huevo naturales es una de las técnicas más sugerentes, delicadas y visuales de la repostería artesana. Aunque en los últimos años se ha viralizado en redes como un ingenioso truco festivo, esta costumbre hunde sus raíces en la cocina de aprovechamiento tradicional europea y en el profundo simbolismo de las celebraciones primaverales.

Históricamente, el empleo de la cáscara como molde comestible se vincula a los ritos de la Pascua y al renacer del campo. Durante siglos, el huevo simbolizó la fertilidad y la vida nueva. En la Edad Media, su consumo quedaba estrictamente vetado a lo largo de los cuarenta días de la Cuaresma; una prohibición litúrgica que empujaba a los campesinos a conservar las puestas sumergiéndolas en soluciones salinas o baños de cera. Al irrumpir el Domingo de Resurrección, las despensas contaban con un excedente descomunal, desatando una auténtica eclosión de repostería festiva rica en huevo, manteca y azúcar.

La idea de vaciar las cáscaras para rellenarlas con masas batidas respondió tanto a la fantasía lúdica como a la escasez de moldes de hojalata en los hogares campesinos más humildes. En comarcas de Centroeuropa y del arco mediterráneo, las familias desaguaban los huevos practicando una incisión milimétrica en la base para volcar el contenido en las masas de fiesta. Lejos de desechar el cascarón, este se hervía en agua con sal para higienizarlo, se engrasaba por dentro con un velo fino de aceite y se colmaba con masa de bizcocho mediante conos de papel o mangas improvisadas para deslumbrar a los más pequeños.

Durante la cocción, la cáscara se comporta como un micromolde cerámico perfecto: distribuye la temperatura de forma gradual y homogénea, propiciando un leudado simétrico y sellando la humedad interior con una ternura que rara vez iguala el metal o la silicona. Al salir del horno, basta recortar la cúpula sobrante que asoma por el orificio para obtener una pieza pulcra y hermética.

En la actualidad, este primor del recetario popular ha vivido una segunda juventud impulsado por el movimiento do it yourself (DIY) y la divulgación culinaria en internet. Hoy es habitual teñir las cáscaras antes del horneado o jugar con masas marmoladas y de terciopelo rojo (red velvet) para evocar huevos fantásticos. Al llevarlos a la mesa, el comensal debe pelar la cáscara como si de un huevo duro se tratase, descubriendo el corazón esponjoso y aromático en un juego que devuelve a la repostería su magia más pura e interactiva.

Actualizada 2026.



Bizcocho de vainilla en cáscara de huevo 


Preparación de las cáscaras de huevo:

Necesitas:
  • 6 Huevos grandes
  • Agua, sal, vinagre (para limpiar)
  • Una aguja gruesa o un sacapuntas para huevos (opcional)
Vaciar los huevos:
  • Con una aguja, haz un agujero en la parte superior del huevo.
  • Vacía el contenido dentro de un cuenco (uno puedes usarlo para la receta, el resto guárdalo para una tortilla, por ejemplo).
Lavar las cáscaras:
  • Enjuágalas con agua templada y vinagre.
  • Sumérgelas en agua con sal durante 30 minutos, intenta que se hundan dejando que entre agua en su interior. Luego escurre y seca bien.
  • Engrasar las cáscaras:
  • Una vez secas, vierte una gotita de aceite dentro de cada cáscara y agita para cubrir el interior.
  • Coloca las cáscaras con el agujero hacia arriba en una bandeja de magdalenas con papel de aluminio o papel de horno dentro del molde para mantenerlas estables.

Bizcochos de vainilla (receta para 6/8 cáscaras):

Ingredientes:

  • 1 huevo grande (puedes usar uno de los que vaciaste)
  • 60 g de azúcar
  • 1 cdta. de extracto de vainilla
  • 60 ml de aceite suave o mantequilla derretida
  • 60 ml de leche 
  • 80 g de harina
  • ½ cdta. de levadura en polvo
  • 3 g de bicarbonato de sodio
  • Una pizca de sal
Elaboración:
  • Precalienta el horno a 180 °C.
  • Bate el huevo con el azúcar hasta que blanquee.
  • Añade la vainilla, el aceite y la leche/kéfir. Mezcla bien.
  • Incorpora la harina, levadura, bicarbonato y sal, mezclando hasta obtener una masa homogénea.
  • Llena las cáscaras hasta ⅔ de su capacidad con una manga pastelera.
  • Hornea durante 20 minutos o hasta que al insertar un palillo salga limpio.
  • Deja enfriar. Si el bizcocho sobresale de la cáscara, elimina el sobrante con cuidado con un cuchillo y limpia la zona con un paño mojado limpio.

Salsa de limón en tres versiones


Tienes 3 opciones elige la que más te guste. 

1. Kéfir de limón como salsa ligera (sin modificar):
  • Añade un chorrito de miel o sirope si lo quieres un poco más dulce.
  • Ralla un poco de limón por encima o añade unas hojitas de menta.


2. Salsa de kéfir de limón con cuerpo (ligeramente espesada):

Para una textura más cremosa tipo crema inglesa o yogur batido:

Ingredientes:
  • 100 ml de kéfir de limón
  • 1 cucharadita de miel o azúcar glas (opcional)
  • 1 cucharadita de maicena disuelta en 1 cucharada de agua fría

Elaboración:
  • Calienta ligeramente el kéfir (sin que llegue a hervir).
  • Añade la maicena disuelta y remueve hasta que espese ligeramente (como una crema suave).
  • Endulza al gusto y deja enfriar.


3. Versión tipo crema batida de kéfir de limón:


Mezcla el kéfir con un poco de nata semimontada para una crema aireada:

Ingredientes:
  • 100 mililitros de kéfir de limón
  • 50 mililitros de nata para montar
  • 1 cucharada de azúcar glas (opcional)

Elaboración:
  • Monta la nata a medio punto.
  • Incorpora el kéfir con movimientos envolventes.
  • Sirve frío como topping o acompañamiento.

Acompañamiento: 

Sirve los huevos con la crema de kefir que hayas elegido. Puedes romper la cáscara en mesa o presentarlos pelados con un hilo de kéfir por encima. También puedes servirlos con helado.


Bizcocho de vainilla con salsa de limón

Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable desinfectar y secar a conciencia el interior de las cáscaras antes de hornear?

La superficie interior del huevo crudo alberga restos de albúmina y microorganismos como Salmonella. El lavado inicial con agua templada y vinagre disuelve la cutícula orgánica residual, mientras que la inmersión en agua salada actúa como un desinfectante osmótico eficaz. Asimismo, dejarlas secar por completo antes de añadir la gota de aceite es crucial: si quedara humedad atrapada, el aceite resbalaría sin adherirse a las paredes de carbonato de calcio, provocando que la masa se pegue y resulte imposible pelar el huevo limpiamente tras la cocción.

¿Por qué no se deben rellenar las cáscaras más allá de dos tercios de su capacidad?

La combinación de levadura química y bicarbonato sódico genera una rápida expansión de gases al entrar en contacto con los líquidos y el calor de 180 °C. Si se rebasa la marca de dos tercios, la masa crecerá en exceso fuera del orificio superior formando un «hongo» irregular que deformará la curvatura ovalada del huevo y podría volcar la cáscara dentro del molde. Ese tercio libre actúa como cámara de expansión para que el bizcocho desarrolle una forma perfecta y confinada.

¿Por qué en la versión espesada de la salsa de kéfir se debe evitar que este hierva?

El kéfir es un lácteo fermentado que contiene una suspensión viva de bacterias y levaduras, además de caseínas en un medio ácido. Si se somete a temperaturas de ebullición, el choque térmico desnaturaliza de golpe las proteínas lácteas en presencia de la acidez, cortando la preparación en grumos ásperos y separando el suero líquido. Calentarlo suavemente al mínimo permite activar la maicena sin destruir la emulsión ni arruinar la textura sedosa de la salsa.


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