Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Sardinas Can Roca

El Entierro de la Sardina en mi pueblo es ese momento surrealista en el que el luto más riguroso y la borrachera más alegre se dan la mano en una procesión de apenas tres calles.

Este año, el «féretro» era una caja de fruta forrada con papel de pinocho negro, y la sardina, una creación de cartón con una mirada de pánico que compartíamos todos los presentes. El drama lo ponían las «viudas»: un grupo de tíos de metro ochenta con barbas de tres días, medias de rejilla y velos de encaje que rescataron de sus abuelas.

—¡Ay, que se nos va la criatura! —gritaba mi vecino Paco, secándose lágrimas imaginarias.

El clímax llegó en la plaza. Según el protocolo, debíamos quemar al pescado para purificar nuestros pecados carnavalescos. El problema es que el ayuntamiento, en un ataque de prudencia, prohibió las hogueras grandes. Así que allí estábamos: ciento cincuenta personas vestidas de riguroso luto rodeando una pequeña hoguera donde la sardina ardía con dignidad.

La banda municipal tocó una marcha fúnebre tan desafinada que parecía que los instrumentos también tenían pena. Cuando la sardina se convirtió en cenizas... enterrar a la sardina es como intentar enterrar tu propia vergüenza después de haber bailado La Macarena encima de una mesa. No estás triste por el pescado: estás triste porque mañana trabajas y tú de penitente tienes poco.

 
Filo en forma de triángulos rellenos de sardinas frescas

Triángulos de masa filo con sardinas frescas receta de Joan Roca



[RETO COOKING THE CHEF]
«Aplicado, trabajador, serio y apasionado por la profesión de la abuela Angeleta y de su madre, Montserrat, cocinera de Can Roca. Cuando Joan tiene solo nueve años, su madre le encarga una chaquetilla de cocinero a medida, que aún guarda y que en alguna ocasión ha servido de disfraz a su hijo. Se pasa las tardes en la cocina y, de forma inconsciente, empieza a fraguar su futuro. Cuando llega el momento, no duda en decidir qué quiere ser de mayor: “Yo veía que en el restaurante de mis padres la gente era feliz”. Con esto es suficiente: él quiere seguir haciendo feliz a la gente».

(Fragmento del libro El Celler de Can Roca*)*

«Cuando cocinamos aunamos multitud de ingredientes: experiencia, técnica, tradición, expresión, valores, innovación, experimentación... Cada cocinero y cocinera basa su cocina en diferentes factores, muchas veces difíciles de explicar, que sin duda distinguen sus platos y menús. Estos son precisamente algunos de los grandes valores de la cocina: la diversidad y la singularidad».

—Joan Roca

Como cada día 5, toca el reto Cooking the Chef, y este mes nos rendimos a la cocina maravillosa de Joan Roca, uno de los tres hermanos propietarios del restaurante El Celler de Can Roca. Cuando vi el nombre del cocinero en el correo electrónico no sabía si reír o llorar; pensé en no participar este mes, pero después recordé que tampoco era para tanto: estaba segura de que él, que empezó desde abajo, debía de tener recetas fáciles, accesibles para todos y deliciosas. 

Y así es: entre las muchas que tiene en su maravilloso libro Cocina con Joan Roca, me topé con unas crujientes sardinas que harían de tapa o entrante perfecto en alguna comida en casa. ¿Las recomiendo? Totalmente. Sí, ya sé que es una fritura, pero vale la pena; y si no es así, ya me contarás.

Actualizada 2026.


Sardinas con albahaca y limón 



Ingredientes para 4:
  • 12 filetes de sardina fresca (limpios de espinas)
  • 12 hojas de albahaca fresca
  • 4 hojas de pasta brick o filo
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 limón (su zumo y la ralladura de la piel)
  • Pimienta negra recién molida (al gusto)
  • Aceite de oliva o de girasol para freír
  • Sal marina (para la salmuera) 

Elaboración:
  1. Sumerge los filetes de sardina durante 5 minutos en una salmuera de agua fría al 10 % de sal (100 g de sal por cada litro de agua). Transcurrido este tiempo, escúrrelos y sécalos suavemente con papel absorbente.
  2. Emulsiona en un recipiente el aceite de oliva con unas gotas de zumo de limón y pimienta negra al gusto. Introduce los filetes de sardina y déjalos adobar durante 30 minutos.
  3. Corta cada hoja de pasta brick o filo en tres triángulos proporcionales.
  4. Coloca sobre cada triángulo de pasta una hoja de albahaca fresca y un filete de sardina escurrido. Enrolla la pasta sobre el pescado para formar un paquete cilíndrico y humedece el extremo exterior con unas gotas de agua para sellarlo bien y evitar que se abra durante la fritura.
  5. Calienta abundante aceite en una sartén a 180 °C y fríe las sardinas en tandas pequeñas hasta que la pasta adquiera un tono dorado y crujiente.
  6. Retíralas con una espumadera y déjalas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa. Espolvorea con la ralladura de piel de limón recién rallada y sirve de inmediato.

Nota personal del blog: 
Son superfáciles de hacer. Sin embargo, si un día no te apetece adobar las sardinas, no tienes tiempo o te da pereza el proceso, puedes pincelar los filetes frescos directamente con la emulsión de limón y pimienta justo antes de envolverlos. Si optas por sardinas en conserva de lata, manipúlalas con mucho cuidado al envolverlas para que no se desmiguen y asegúrate de secar bien el exceso de aceite con papel absorbente.

Adaptación a la freidora de aire (Airfryer):

  • A diferencia de la sartén, en la freidora de aire debes pincelar o pulverizar ligeramente los paquetes de pasta brick/filo con aceite de oliva por ambos lados antes de meterlos. Esto es fundamental para que la masa se dore de forma homogénea y quede crujiente en lugar de seca o blanquecina.
  • Precalienta la freidora de aire a 190 °C o 200 °C. Cocina los paquetes durante 5 a 7 minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción (hacia el minuto 3 ó 4) para que se doren por igual.
  • Las hojas de pasta filo o brick son muy ligeras. Asegúrate de colocar las sardinas con el pliegue hacia abajo y, si tu freidora tiene un ventilador muy potente, no satures la cesta para evitar que el aire desplace los paquetes antes de que se doren.
  • La pasta brick se vuelve especialmente quebradiza en la freidora de aire, por lo que es recomendable no amontonar las sardinas en la cesta para que el aire circule bien alrededor de cada pieza.
  • Al ser una cocción tan rápida (apenas 6 minutos en total), el filete de sardina no se seca y conserva todo el jugo junto con el aroma de la albahaca y el limón.
 


Triángulos de masa filo con sardinas del Joan Roca


Preguntas frecuentes

¿Puedo sustituir la pasta brick o filo si no la encuentro?

Sí. Puedes utilizar oblea de empanadilla (estirada bien fina con un rodillo) o masa de rollito de primavera (spring roll pastry). La pasta filo o brick es la opción ideal por su finura y textura crujiente, pero con obleas finas también obtendrás un resultado excelente.

¿Cómo evito que la pasta filo se rompa o se seque al manipularla?

La pasta filo se seca y se vuelve quebradiza muy rápido en contacto con el aire. El truco es mantener las hojas que no estés usando cubiertas con un paño de cocina ligeramente humedecido mientras vas montando los paquetes uno a uno.

¿Es mejor freírlas en sartén o prepararlas en la freidora de aire (airfryer)?

En la sartén tradicional obtendrás un dorado uniforme y ultrakrispy en menos de 2 minutos. Sin embargo, en la airfryer quedan igualmente crujientes y con mucho menos aceite: basta con pincelarlas ligeramente con aceite de oliva y cocinarlas a 190 °C durante 5–7 minutos, dándoles la vuelta a la mitad.



Con esta receta participo en el reto:


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Trufas de chocolate

—Por favor, mamá, deja de mojarme el pelo con saliva —protestaba yo, enfurruñado.

—Mi niño, ese remolino que se te levanta en la coronilla queda fatal —respondía ella, mirándome con devoción.

No me entraba en la cabeza que, a pesar de mis pelos en la barba, siguiera tratándome como a un párvulo. Creí ingenuamente que echar las tardes en el obrador de doña Luisa serviría, además de para costearme mis caprichos, para que asumiera de una vez que ya era un hombre hecho y derecho. Vano intento: ella andaba bastante más pendiente de sus propios años que de los míos.

Mi madre es una mujer de armas tomar. Hasta el director del banco se echaba a temblar cada vez que la veía asomar por la puerta si un solo céntimo bailaba en la cartilla. Y mi padre… bueno, él ponía pies en polvorosa en cuanto la descubría pintándose los labios de carmín encendido. Sostenía que aquello presagiaba tormenta, y que si se había librado de la mili y de cualquier conflicto bélico, no pensaba estrenarse en casa; de modo que enfilaba calle abajo a guarecerse en la taberna de don Antón.

Una vez al mes, mi madre se esfumaba. Religiosamente. Mi padre, aliviado y risueño, aprovechaba la tregua para atrincherarse entre fogones y deleitarnos con nuestros manjares favoritos. Yo, carcomido por la intriga de crío, la acorralaba antes de cruzar el umbral:

—Mamá, ¿adónde vas?

—¡A comer trufas, tesoro! —soltaba siempre, enigmática.

Nunca tuve claro si aquello era una contraseña secreta o si de veras se daba semejante homenaje clandestino: jamás regresaba con una triste cajita en las manos.

Años después, ya adulto, quise desvelar el misterio:

—¿De verdad era tan crucial escaparse a comer trufas, mamá?

—No, mi vida —susurró con infinita ternura—. El bocado en sí es lo de menos. Lo sagrado del ritual es cómo te hace sentir por dentro… y la pizca de felicidad que te rescata del mundo.


Trufas de chocolate con nata y licor

Trufas con chocolate negro y cacao puro sin azúcar



La historia de las trufas de chocolate es la crónica de un afortunado accidente de obrador ocurrido en las vísperas navideñas de 1895 en la localidad francesa de Chambéry. Este bocado, hoy indiscutible emblema de elegancia y alta chocolatería en todo el mundo, nació del ingenio apresurado del maestro pastelero Louis Dufour al verse contra las cuerdas ante la inminencia de las fiestas.

Aquel diciembre, Dufour comprobó con inquietud que sus vitrinas se habían quedado desabastecidas de bombones y que carecía de género suficiente para acometer una remesa tradicional. Guiado por el orgullo gremial y negándose en redondo a pedir auxilio a los obradores vecinos, decidió improvisar en su taller con lo que guardaba en la alacena. Mezcló nata fresca caliente, chocolate negro fundido y una pizca de vainilla, logrando una emulsión espesa y brillante: lo que hoy la pastelería técnica denomina ganache.

En cuanto la pasta tomó cuerpo y enfrió lo justo para ser maleable, Dufour boleó pequeñas porciones irregulares a mano alzada. Con el fin de vestirlas para la venta y evitar que el calor de los dedos fundiera la masa, las bañó en una película ligera de cobertura y las rebozó en cacao puro en polvo. Al contemplar el acabado, advirtió al instante que aquellas bolitas oscuras, rugosas y de aspecto terroso guardaban un asombroso parecido con las trufas negras del Périgord, los cotizados hongos silvestres que los cerdos y perros rastreaban bajo el suelo del bosque. Sin dudarlo, bautizó el invento como truffe en chocolat.

El furor desatado en Chambéry no tardó en cruzar fronteras. En 1902, Antoine Dufour, pariente del pastelero, desembarcó en Londres para fundar la mítica bombonería Prestat, introduciendo la receta en los salones de la alta sociedad eduardiana. La exquisitez causó tal devoción entre la nobleza que Prestat acabó recibiendo la Real Cédula de Proveedor de la Casa Real británica (Royal Warrant), encumbrando la trufa al rango de capricho aristocrático internacional.

Con el transcurrir de las décadas surgieron diversas variantes geográficas, como la trufa belga —más próxima al praliné por su encamisado crujiente y rellenos de frutos secos— o la versión estadounidense de mediados del siglo XX, formulada con mantecas vegetales y chocolate con leche. No obstante, el corazón de la verdadera trufa sigue anclado en aquel desliz navideño de Louis Dufour: el encuentro untuoso y fundente de nata y cacao que se rinde por entero al calor del paladar.

Actualizada 2026.


Trufas de chocolate


Ingredientes:
  • 200 g de chocolate 
  • 100 ml de nata para montar (35% de materia grasa)
  • 25 g de mantequilla
  • 25 g de cacao puro en polvo sin azúcar (para rebozar)
  • 1 cda. de licor (el que prefieras: ron, brandy, Cointreau...) opcional

Calienta la nata:
  1. Coloca la nata en un cazo pequeño y caliéntala a fuego medio. 
  2. Mientras tanto, trocea el chocolate en pedacitos pequeños con un cuchillo afilado: así se fundirá más fácilmente.
Funde el chocolate:
  1. Cuando la nata esté caliente (sin que llegue a hervir), añade el chocolate y remueve lentamente. 
  2. Una vez que casi todo el chocolate se haya derretido, retira el cazo del fuego.
Añade la mantequilla y el licor:
  1. Incorpora la mantequilla cortada en trocitos junto con el licor (si lo usas). 
  2. Mezcla bien hasta que la crema esté suave, brillante y totalmente integrada.
Deja enfriar:
  1. Vierte la mezcla en un bol o déjala en el mismo cazo. 
  2. Espera a que pierda el calor, tápala con film transparente y refrigera durante al menos 2 horas, o hasta que esté firme y manejable.
Forma las trufas:
  1. Saca la mezcla del frigorífico y, con una cucharita, toma porciones de unos 10 gramos (puedes pesar la primera para guiarte o hazlo a tu aire). 
  2. Con las manos limpias o guantes de un solo uso, forma bolitas girándolas entre las palmas.

Rebózalas en cacao:
  1. Prepara un plato hondo con cacao puro sin azúcar. 
  2. A medida que formes las trufas, pásalas por el cacao para cubrirlas por completo. 
  3. Puedes ayudarte de una cuchara o hacerlas rodar directamente con las manos limpias (el cacao se adhiere mejor si las trufas están bien frías).

Guarda y disfruta:
Coloca las trufas ya rebozadas en un recipiente hermético y consérvalas en la nevera. 


Trufas con chocolate y cacao puro sin azúcar

Preguntas frecuentes

¿Qué tipo de chocolate es el mejor para preparar estas trufas?

Lo ideal es utilizar un chocolate negro con un porcentaje de cacao de entre el 60 % y el 70 %. Un porcentaje superior puede hacer que la ganache quede demasiado amarga o seca, mientras que el chocolate con leche aportaría un exceso de azúcar y una textura demasiado blanda.

¿Se pueden congelar las trufas de chocolate?

Sí, se congelan perfectamente. Puedes guardarlas en un recipiente hermético bien separadas con papel vegetal hasta 2 meses. Para consumirlas, solo debes pasarlas a la nevera unas horas antes y darles un ligero rebozado extra en cacao puro si han absorbido humedad.

¿Cómo evitar que la masa de chocolate se pegue a las manos al formarlas?

El secreto está en enfriar muy bien la masa en el frigorífico (mínimo 2-3 horas) y formar las bolitas con rapidez para no transmitirles calor. También ayuda mucho lavarse las manos con agua muy fría antes de manipularlas o usar guantes finos de uso alimentario.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Chana Masala

Paras Gavaskar suspiró, contemplando el fregadero. Parecía que una horda de juggernauts hubiera tenido una pelea de comida usando chana masala.

—Por el honor de mis ancestros y el código de los kshatriya —murmuró Paras, ajustándose los guantes de goma amarillos que contrastaban horriblemente con su piel violeta—, esta salsa endurecida no prevalecerá. —E invocó su armadura.

Con un estallido de energía mandarina, una figura espectral y colosal de energía sólida rodeó su cuerpo. El aura de Indra creció hasta que su casco de energía rozó el techo de la cocina. Sus cuatro brazos de energía brillaban con una intensidad guerrera.

—¡CONTEMPLAD EL PODER DE INDRA! —rugió, mientras usaba uno de sus brazos astrales para verter una cantidad industrial de detergente en una olla—. ¡Ninguna mancha de grasa es lo suficientemente fuerte para resistir mi voluntad!

En ese momento, Anole (Victor Borkowski) entró en la cocina buscando un yogur nocturno. Se quedó paralizado ante la visión: Paras estaba levitando ligeramente, rodeado por una armadura de tres metros de altura que sostenía una olla antiadherente con una delicadeza aterradora.

—Eh… ¿Paras? —preguntó Anole, parpadeando—. ¿Es necesario el despliegue místico para una olla de garbanzos?

—¡Silencio, Victor! —respondió Paras con una voz que resonaba con eco celestial—. La última vez que Cyclops usó esta olla, dejó residuos de carbono que solo pueden ser purificados mediante el fuego de mi espíritu… y este cepillo que encontré en el jardín.

Justo cuando Paras aplicó la «fuerza espiritual» para quitar una mancha persistente, la energía de su armadura hizo cortocircuito con el microondas.

¡ZAP!

Una descarga de energía salió disparada, rebotó en la tostadora y convirtió el paquete de cereales de Beast en una nube de confeti humeante.

La armadura se desvaneció con un suave pop. Paras quedó allí de pie, con los guantes de goma derretidos en las puntas y la cara cubierta de hollín morado oscuro.

Anole suspiró y le pasó un trapo de cocina.

—La próxima vez, prueba con agua caliente, Guerrero del Dharma. Es menos probable que invoques una inspección de bomberos.

Paras asintió con dignidad, se limpió una mancha de la mejilla y decidió que, para la próxima misión (limpiar el baño de los chicos), necesitaría al menos a dos miembros más de los New X-Men.


Chana Masala con garbanzos y especias con toque de limón

Chana Masala con muchas especias y un toque refrescante de limón


El chana masala tiene sus raíces en la histórica región del Pundjab, un territorio agrario que hoy en día abarca el norte de la India y el este de Pakistán. Su nombre proviene de los términos en hindi y urdu donde chana significa 'garbanzo' y masala hace referencia a la mezcla de especias que define a la cocina india.

Originalmente, el plato nació dentro de las comunidades agrícolas de la región como una solución culinaria económica, nutritiva y altamente saciante.

Al ser los garbanzos un ingrediente local asequible y una fuente excepcional de proteínas vegetales, se convirtieron en la base perfecta para alimentar a familias trabajadoras utilizando recursos mínimos. Tradicionalmente, se utilizaba una variedad específica conocida como kabuli chana o chole, que destaca por su firmeza y un ligero sabor que recuerda a la avellana. El método histórico de preparación consistía en remojar las legumbres secas durante la noche para luego cocinarlas muy lentamente en ollas de barro sobre fogatas de leña, lo que permitía que la salsa de tomate y cebolla se espesara de forma natural y adquiriera una profunda complejidad ahumada.

La identidad del chana masala se consolidó gracias al uso de técnicas regionales de preservación de alimentos. El toque cítrico y ácido característico de las versiones más auténticas proviene del uso tradicional del amchur (polvo de mango verde seco) y de semillas de granada, elementos clave que equilibraban el picante de los chiles, el jengibre y el garam masala. A diferencia de muchos otros platos de la gastronomía del sur de Asia, el chana masala es un curry vegano por naturaleza, concebido desde sus inicios sin carne en la ecuación.

Con el paso del tiempo, el plato trascendió los hogares rurales para convertirse en uno de los pilares de la comida callejera del noroeste de la India, popularizándose masivamente en la combinación conocida como chole bhature, donde se sirve acompañado de un pan frito e inflado. En las últimas décadas, la migración de las comunidades pundjabíes y la expansión de los restaurantes indios en Occidente, especialmente en el Reino Unido, transformaron este humilde guiso casero en uno de los platos más reconocidos y consumidos de la cocina india a nivel internacional.

La semana pasada tuve la ocasión de asistir a un interesante y, por qué no decirlo, divertido evento. Como bien dice su creador, mezcla a amigos, clientes y conocidos con afición a la buena gastronomía, el slow food y el coworking. Esta vez me dio la oportunidad de cocinar el chana masala, con muchas especias y un toque cítrico, y que además casa muy bien con el hashtag #LunesSinCarne. 

Esta fue mi aportación a la mesa:

Actualizada 2026.

 

Chana Masala


Ingredientes para 4:
  • 1 cdta. de comino
  • 1 cdta. de cilantro
  • 1 cda. de aceite de oliva virgen extra 
  • 1 cebolla, picada
  • 2 zanahorias medianas/grandes, cortadas en mirepoix
  • 1 calabacín, cortado en mirepoix
  • 1 cdta. de garam masala 
  • 1 cdta. curry
  • 1 diente de ajo, picado
  • 1 cdta. de jengibre fresco, pelado y picado
  • 1 chile pequeño fresco, picado
  • 1 ralladura de limón
  • 1 cda. de pasta de tomate
  • 400 g de tomate triturado
  • 1/2 taza de caldo de verduras
  • 1 bote de garbanzos cocidos
  • Sal y pimienta
  • 2 cdas. de zumo de limón
  • Cilantro picado, para servir
Elaboración
  1. Empieza calentando una olla grande a fuego medio con una cucharada de aceite de oliva. 
  2. Cuando el aceite esté caliente, añade la cebolla picada y remueve con suavidad. 
  3. Déjala caramelizar ligeramente hasta que adquiera un tono dorado.
  4. Incorpora entonces la zanahoria y el calabacín troceados. 
  5. Remueve bien y deja que se pochen unos minutos, permitiendo que las verduras se ablanden y se impregnen del sabor de la cebolla.
  6. Es el momento de las especias: garam masala, curry, comino y cilantro. Añádelas a la olla y mezcla durante un minuto para que se tuesten ligeramente y liberen todo su perfume. 
  7. A continuación, incorpora el ajo picado, el jengibre fresco rallado, el chile (ajusta la cantidad según tu gusto) y la ralladura de limón. Remueve una vez más para integrar todos estos aromas vibrantes.
  8. Añade la pasta de tomate, mezcla bien, y enseguida incorpora el tomate triturado. Remueve y, cuando todo esté bien ligado, vierte el caldo de verduras caliente junto con los garbanzos cocidos. 
  9. Salpimienta al gusto.
  10. Lleva tu chana masala a ebullición, luego baja el fuego y deja que se cocine a fuego lento durante unos 25 minutos. 
  11. Justo antes de servir, exprime un poco de zumo de limón sobre el guiso para aportarle frescura y equilibrio.
  12. Termina con un toque de cilantro fresco picado por encima, y sirve caliente.


Los comensales e invitados fuimos Raúl y Helena, dos de los tres chicos que forman Palma en tu mano; Helios, de la galería de arte S. B.; Marga Coll; Rafa, de Rataiz; Alejandro, el creador y «maestro de ceremonias» de #AmanidaParty, y yo misma, para terminar el espectáculo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se deben tostar brevemente las especias en la olla antes de añadir los líquidos?

Este proceso, conocido en la cocina india como blooming o templado de especias, utiliza el calor suave de la grasa líquida para liberar los aceites esenciales liposolubles contenidos en el garam masala, el curry, el comino y el cilantro. Tostarlas durante apenas un minuto transforma sus aromas crudos en notas complejas, cálidas y ahumadas sin llegar a quemarlas, creando la base profunda de sabor que caracteriza al chana masala.

¿Qué función cumplen el zumo y la ralladura de limón al final del cocinado?

El limón aporta un toque de acidez brillante que imita el papel del amchur (polvo de mango seco) usado en la receta tradicional india. Esta acidez no solo equilibra la suntuosidad del tomate triturado y la densidad del almidón de los garbanzos, sino que también realza el picor del chile fresco y del jengibre, haciendo que los sabores resulten mucho más frescos y definidos en el paladar.

¿Cómo influye el corte en mirepoix de la zanahoria y el calabacín en la textura final del guiso?

El corte en mirepoix (dados pequeños y uniformes) permite que las verduras se pochen y se cocinen al mismo ritmo que los garbanzos. Durante los 25 minutos de cocción a fuego lento, los trozos de zanahoria y calabacín se ablandan lo suficiente para integrarse en la salsa de tomate, aportando un dulzor natural que contrarresta la acidez sin perder por completo su estructura ni deshacerse en forma de puré.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Mejillones Bloody Mary

Decidí que, para empezar mi transformación, debía ir al gimnasio antes de la oficina. Mala idea. Las máquinas de gimnasia son, en realidad, instrumentos de tortura diseñados por personas delgadísimas que odian el Bloody Mary.

Traté de subirme a la cinta de correr con dignidad. El problema es que intenté ajustar mi Wonderbra mientras la cinta ya estaba a una velocidad de «maratón olímpico». Resultado: salí disparada hacia atrás como un corcho de champán, aterrizando directamente sobre un instructor de spinning que parecía esculpido por el mismísimo Miguel Ángel.

—¿Estás bien? —me preguntó él, con una sonrisa de dientes blancos cegadores.

—¡Perfectamente! —respondí yo, mientras intentaba desenredar mi auricular de su manillar—. Solo estaba probando la resistencia del suelo. Es… muy sólido. Excelente calidad.

Llegué a la oficina de la editorial con veinte minutos de retraso y el pelo con el volumen de una oveja eléctrica debido a la humedad. Daniel Cleaver estaba apoyado en mi escritorio, luciendo esa sonrisa de «sé que no llevas medias a juego».

—Bridget, querida —dijo arrastrando las palabras—. El informe sobre los nuevos poetas modernistas. ¿Lo tienes?

En ese momento, mi cerebro decidió que era una excelente oportunidad para recordar que el informe estaba en mi casa, justo al lado de la caja de bombones vacía.

—Está… en proceso de edición final, Daniel —mentí, sintiendo cómo mis mejillas adquirían el tono de un tomate maduro a punto de explotar—. Es una pieza compleja. Requiere… matices.

—Ya veo. ¿Y los «matices» incluyen ese trocito de perejil que tienes entre los dientes frontales?

Me quedé congelada. Daniel soltó una carcajada y se alejó. Pasé los siguientes diez minutos en el baño, intentando limpiarme con papel higiénico húmedo, solo para terminar con pedacitos de papel blanco pegados en la cara.

Mejillones Bloody Mary con passata y vodka y oporto

Mejillones Bloody Mary de Jamie Oliver chef inglés



[RETO COOKING THE CHEF]
  1. Rechazó varias ofertas de revistas para posar desnudo.
  2. En 1999 fue invitado al número 10 de Downing Street para preparar un almuerzo para el primer ministro británico, Tony Blair, quien estaba agasajando al primer ministro italiano, Massimo D'Alema.
  3. Vive en Londres con su esposa, Jools Oliver, y se desplaza por la ciudad en moto.
  4. Escribió el libro The Naked Chef para acompañar a la serie. Publicado por Penguin, ocupó el primer puesto en la lista de bestsellers durante más de diez semanas.
  5. Es editor de gastronomía de la revista británica GQ y cuenta con una columna habitual en la revista Saturday Times.
  6. Al cumplir los dieciséis años, ingresó en el Westminster Catering College, donde completó su formación reglada.
  7. Cocinó en el aclamado River Café de Londres durante tres años.
  8. Fue galardonado con la MBE (Miembro de la Orden del Imperio Británico) en la Lista de Honores del Cumpleaños de la Reina de 2003 por sus servicios a la hostelería.
  9. Es disléxico, una condición que requirió cinco años de educación especial durante su infancia.
  10. También toca la batería con sus compañeros de secundaria en una banda llamada Scarlet Division. Según el propio Jamie, suenan como una mezcla de «Catatonia y Texas con un toque más duro».
¿Has adivinado qué chef nos toca este mes?

Y con esta receta de Jamie Oliver, el chef propuesto este mes, participo en el reto Cooking the Chef. Tiene tantísimas recetas que da vértigo —fáciles, sencillas y otras no tanto—, ha escrito multitud de libros y protagonizado numerosos programas de cocina. No necesita presentación, ¿verdad?

Actualizada 2026.

Mejillones Bloody Mary


Ingredientes:
  • 300 ml de passata o zumo de tomate
  • 1 cda. de salsa Perrins
  • 1 cda. y media de rábano picante
  • 1/2 guindilla roja fresca, cortada en lonchas muy finas
  • 1/2 apio, usar solo las pencas
  • 4 dientes de ajo
  • Un chorrito de Oporto
  • Un buen chorro de vodka
  • 1 limón
  • Sal y pimienta
  • 2 kg de mejillones, lavados y sin barbas
  • Un manojo pequeño de perejil picado
Pan para acompañar

Elaboración:
  1. Echa la passata en una jarra con la salsa Perrins y el rábano picante. 
  2. Añade la guindilla, el apio cortado en trozos y el ajo.
  3. Añade el oporto y un chorro generoso de vodka. 
  4. Tritura todo. 
  5. Exprime encima el zumo del limón y sazona con sal y pimienta al gusto.
  6. Echa los mejillones en una cacerola caliente.
  7. Echa encima el Bloody Mary y tapa. 
  8. Agita y espera a que los mejillones se abran, sube el fuego al máximo.
  9. Cuando los mejillones estén abiertos, sácalos con una espumadera y colócalos en la fuente de servir. 
  10. Deja el caldo de la cocción para que reduzca y espese. 
  11. Vierte el caldo del Bloody Mary por encima de los mejillones y espolvorea con el perejil picado. 
  12. Lleva a la mesa y sirve en cuencos juntamente con un buen pan para mojar en la salsa.

Mejillones al vapor con salsa de tomate Bloody Mary


Preguntas frecuentes

¿Qué aporta el contraste entre el vodka y el vino de Oporto a la base de tomate del guiso?

El vodka actúa como un potenciador de sabor neutro que disuelve las sustancias aromáticas solubles en alcohol presentes en el tomate y las especias, aportando un golpe limpio y punzante característico del cóctel. Por su parte, el vino de Oporto equilibra esa potencia e intensidad al añadir un matiz dulce, afrutado y complejo que redondea la acidez del zumo de tomate y de la salsa Perrins.


¿Por qué se deben retirar los mejillones con una espumadera nada más abrirse para luego reducir la salsa aparte?


Los mejillones requieren un tiempo de cocción muy breve (apenas de 3 a 5 minutos al vapor) para no volverse gomosos ni perder su jugo característico. Al sacarlos tan pronto como se abren, se preserva su textura melosa y tierna, mientras que la salsa puede continuar hirviendo a fuego fuerte para evaporar el exceso de agua liberado por los moluscos, espesando y concentrando todos los aromas del Bloody Mary.


¿Cuál es la función del rábano picante y la guindilla fresca en esta preparación marina?

Tanto el rábano picante como la guindilla aportan dos tipos de picante complementarios: el rábano produce un ardor nasal y fresco que limpia el paladar, mientras que la guindilla roja aporta un picor en boca más persistente. Esta combinación corta la suntuosidad del caldo, realza el matiz yodo del mejillón y emula la mezcla clásica del cóctel con salsa de rábano y Tabasco.



Relato y fotografías @catypol - Circus day

Tartaletas de limón

—¡Gastón! —exclamó Mademoiselle Jeanne, señalando el párrafo central resaltado en negrita—. Aquí dice que… que yo fui la «auténtica mente maestra tras la pólvora negra» y que lideré un asedio a la Bastilla montada sobre un avestruz de combate.

—¡Ups! —exclamó Gastón—. Verá, Mademoiselle Jeanne, estaba ordenando las fotos y se me mezcló una ficha con su nombre con un documental sobre la pólvora que vi en la televisión mientras dormitaba. Pensé: «Mademoiselle Jeanne tiene ese carácter explosivo cuando se enfada con el correo, ¡todo encaja!».

Prunelle, que pasaba por allí con un café en la mano, se detuvo en seco al oír lo del avestruz de combate.

—Pero, Gastón —continuó Mademoiselle Jeanne—, también has puesto que mi receta de tarte au citron fue la causa principal de la Guerra de los Cien Años porque el rey de Inglaterra no recibió su porción.

Gastón se encogió de hombros con una lógica irrefutable en su cabeza:

—Es que su pastel es histórico, Mademoiselle Jeanne. Cualquiera iría a la guerra por él. Y lo del año 1337… bueno, el teclado se quedó atascado con una miga de pan y me pareció una cifra con mucha personalidad.

Mademoiselle Jeanne suspiró, mirando la foto que acompañaba al artículo. No era una foto de ella, sino un grabado antiguo de una mujer con armadura a la que Gastón le había dibujado, con rotulador, sus características gafas y un moño.

—Y lo peor, Gastón… —dijo ella, señalando el pie de página—, es que me has puesto como contacto para «clases de esgrima con paraguas» y tengo cincuenta llamadas perdidas de la asociación de esgrimistas jubilados.

—¡Ah! ¡Eso es por el orden alfabético! —explicó Gastón—. Busqué «Defensa Personal» y «Dulce Jeanne», y el diccionario de mi cabeza hizo el resto. Además, jefe —dijo volviéndose hacia un Prunelle petrificado—, el artículo ha sido un éxito. ¡Se han agotado los ejemplares!

—¡Claro que se han agotado! —rugió Prunelle recuperando el habla—. ¡Los ha comprado todos el Museo de Historia Natural para usarlos en la sección de «Grandes Errores de la Humanidad»!

Mademoiselle Jeanne, incapaz de seguir seria, soltó una risita encantadora. Al final, Gastón siempre lograba que el caos pareciera, de algún modo, un acto de fe.


Inspirado en el cómic de Gastón Lagaffe


Tartaletas de limón de Paul Bocuse receta individual

Tartaleta de limón del famoso chef Paul Bocuse


[RETO COOKING THE CHEF]

Es uno de los chefs franceses más conocidos: Paul Bocuse, hijo de cocineros y con restaurante en Lyon. Yo creo que no necesita presentación, pues es sobradamente conocido; además, es creador de uno de los concursos de cocina con más prestigio del mundo a nivel profesional, el Bocuse d'Or, y cuenta en su haber con tres estrellas Michelin, así como con numerosos premios y honores a toda su trayectoria.

Pero también, a pesar de que sus platos no estén al alcance de cualquiera (o no, al menos, si los degustamos en su restaurante), podemos disfrutar de su gastronomía a través de sus libros. En ellos nos enseña la cocina francesa casera, en otros la cocina regional o simplemente la cocina de mercado con recetas sencillas para el chef. Señoras y señores: hoy toca reto Cooking the Chef.

Así que, después de leer y releer qué receta me gustaría cocinar, me he decidido por unas sencillas tartaletas de limón. Yo ya sabía que el resultado sería espectacular, sobre todo teniendo en cuenta que los limones son del jardín de unos amigos (¡y huelen maravillosamente!) y los huevos, totalmente camperos (amarillos a reventar, vamos). ¿El resultado? Desaparecieron más rápido que el tiempo que me llevó crearlas. Yo preparé tartaletas individuales, pero la cantidad da perfectamente para una tarta con un molde de 23 cm.

Actualizada 2026.


Tarta de limón de Paul Bocuse


La masa:
  • 125 g de mantequilla
  • La ralladura de 1 limón
  • 250 g de harina
  • 75 g de azúcar 
  • 1 pizca de sal
  • 1 huevo

El relleno:
  • 100 g de mantequilla en pomada
  • 125 g de azúcar
  • 3 huevos
  • 2 cdas. de nata espesa
  • 3 limones y su ralladura

La masa:
  1. En una cacerola pequeña derrite la mantequilla. 
  2. Agrega la ralladura de limón y deja reposar 5 minutos. 
  3. Por otro lado mezcla la harina, el azúcar y la pizca de sal. 
  4. Agrega el huevo y la mantequilla derretida. 
  5. Mezcla todo hasta que se integre bien. 
  6. Estira la masa entre dos hojas de hornear y transfiere al molde o moldes, preparados previamente o bien con spray para que no se pegue la masa o untado con mantequilla y harina. 
  7. Deja reposar 1/2 hora en el frigorífico. 
  8. Mientras precalienta el horno a 180 ºC 
  9. Una vez pasado el tiempo saca del frigorífico y pincha la base con un tenedor. 
  10. Extiende garbanzos en la base sobre papel de horno y hornea en blanco durante 20 minutos, o hasta que se dore la corteza. 
  11. Sácalo del horno, quita los garbanzos y el papel de hornear. 
  12. Deja enfriar sin sacar del molde. 
  13. No apagues el horno.

El relleno:
  1. Exprime los limones. 
  2. En un cuenco mezcla la mantequilla en pomada con el azúcar, los huevos y la nata. 
  3. Añade el zumo y su ralladura. 
  4. Bate todos los ingredientes y vierte en la base del pastel. 
  5. Vuelve a hornear durante 30 minutos o hasta que la base se vea firme. 
  6. Saca del horno y deja enfriar antes de servir. 

Tartaleta de limón con lemon curd suave y dulce


Preguntas frecuentes

¿Por qué es una técnica tan particular derretir la mantequilla con la ralladura para elaborar la masa (pâte sablée) en lugar de trabajarla en frío?

Al derretir la mantequilla con la ralladura de limón y dejarla reposar cinco minutos antes de integrarla, el calor suave de la grasa líquida actúa como vehículo para extraer y disolver los aceites esenciales aromáticos (limoneno) presentes en la piel del cítrico. Esto aromatiza intensamente toda la masa desde el interior. Además, al usarse derretida, la mantequilla impermeabiliza parcialmente la harina y evita un amasado prolongado, garantizando una textura de masa quebrada sablée muy crujiente y desmenuzable tras el horneado.

¿Qué función cumple el horneado a ciegas con garbanzos y por qué es indispensable antes de verter la crema de limón?

El horneado en blanco precocina la estructura de la masa quebrada y evita dos problemas comunes: que la masa suba o se deforme al crear vapor interno (peso de los garbanzos) y que el relleno líquido de limón ablande la base volviéndola pastosa (soggy bottom). Al dorar la corteza vacía previamente y dejarla enfriar, se forma una barrera crujiente y firme capaz de sostener la mezcla fluida de huevo, mantequilla y zumo durante la segunda cocción en el horno.

¿Por qué se añade nata espesa y mantequilla en pomada directamente al relleno en lugar de hacer una crema cocida al fuego (lemon curd)?

En esta fórmula clásica de la cocina casera francesa promovida por Paul Bocuse, el relleno se emulsiona en frío y se cuaja directamente dentro del molde en el horno (flan/tarte au citron al horno). La combinación de la mantequilla en pomada y las dos cucharadas de nata espesa suavizan la acidez directa del zumo fresco de limón y garantizan que, al coagular las proteínas del huevo a 180 °C, la tarta adquiera una textura cremosa, sedosa y estable sin necesidad de añadir almidones o gelatinas externas.



Y con esta receta participo en el reto COOKING THE CHEF.

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Conill amb ceba

María se afanaba en tener la casa preparada para cuando llegaran los invitados: subía y bajaba con rapidez, deshacía y hacía las camas, abría las ventanas para airear y cerraba todo una vez limpio.

Estaba contenta por esas fechas; la familia la visitaba y disfrutaría con ella lo que el resto del año hacía con nosotros. Primos cercanos, viejos y jóvenes, todos cabrían en casa como el calzador hace que metamos el pie en el zapato. Durante unos días de fiesta, la comida también formaría parte de todo ello; por esto fue a visitar al viejo carnicero para que le preparara lo que deseaba. Después visitaría la pequeña tienda del pueblo y, tras dejar que el Sr. Bartolomé le tomara el pelo —por supuesto, siempre con su beneplácito, pues ¡menudo genio gastaba ella!—, le compraría cebollas y café recién molido.

También se dirigiría a la bodega a buscar el vino y, por último, a la panadería cerca de casa a por el pan. Así de feliz vendría después para ponerse manos a la obra; y, una vez que todos estuvieran en casa, todo cobraría vida (demasiada, diría yo). Las comidas eran para ponerse al día y las noches para salir a bailar, dejarse acariciar por la suave brisa que el calor dejaba pasar y esconderse en las sombras para robar el beso anhelado con sabor a la sal de la vida.


Conejo o pollo con cebolla receta de mi familia

Conejo con cebolla receta familiar


La historia del conejo con cebolla, popularmente conocido como conejo encebollado, hunde sus raíces en la antigua tradición de la cocina mediterránea e ibérica. La abundancia natural del conejo en la península ibérica —cuyo propio nombre fenicio, I-Sphan-im, se traduce como «tierra de conejos»— lo convirtió, desde la época romana y medieval, en una de las fuentes de proteína más accesibles, sostenibles y consumidas por el pueblo llano.

El origen específico de guisarlo con una gran cantidad de cebolla responde a una necesidad puramente práctica y de subsistencia. Antiguamente, la caza del conejo de monte proveía una carne de sabor muy intenso, silvestre y de textura fibrosa o dura. Para ablandarla y mitigar la bravura de su gusto, los cocineros del entorno rural perfeccionaron la técnica del estofado lento empleando la cebolla como elemento vehicular. Al cocinarse despacio, la cebolla suelta sus azúcares naturales, caramelizándose y aportando una textura melosa que equilibra la falta de grasa del conejo y genera una salsa densa y reconfortante sin necesidad de ingredientes costosos.

A lo largo de los siglos, este plato humilde de pastores y cazadores se consolidó en los recetarios tradicionales de varias regiones españolas. Un ejemplo muy claro es el conill amb ceba de la gastronomía balear, tanto en Mallorca como en Menorca, donde se aromatiza habitualmente con vino de la tierra, laurel e incluso un toque dulce de pasas y piñones. Su evolución demuestra cómo la cocina del aprovechamiento fue capaz de transformar dos ingredientes básicos de la huerta y el campo en un pilar insustituible del recetario casero actual.

Forma parte del recetario tradicional mallorquín, lo que significa que cada familia tiene su propia versión. Esta receta forma parte de la mía, de mis recuerdos culinarios, y desde hace un tiempo es todavía más especial: aunque adaptada con pollo en lugar de conejo, fue una de las recetas ganadoras e incluidas en el libreto que acompañó el libro de Ferran Adrià, La comida de la familia (concretamente en el #Menú4).

Actualizado 2026.

Conejo (o pollo) con cebolla


Ingredientes para 6:
  • 2 kg de cebollas
  • 400 g de tomate natural triturado
  • 3 dientes de ajos
  • 1,125 kg de conejo (o pollo) troceado
  • 125 ml de vino Moscatel
  • 250 ml de agua o caldo
  • 2 hojas de laurel
  • Pimienta negra molida
  • Sal
  • Aceite de oliva

Elaboración:
  1. Pela y pica los ajos. 
  2. Pela y corta la cebolla en juliana fina. 
  3. Pon en una cacerola grande al fuego con el aceite de oliva.
  4. Sofríe los ajos y dora el conejo. 
  5. Añade la cebolla y deja sofreír un par de minutos. 
  6. Agrega el tomate triturado, el moscatel, el agua o caldo y el laurel. 
  7. Salpimienta a gusto y deja reducir. 
  8. Remueve y deja cocer unos 30 minutos, hasta que el conejo esté bien cocinado.

Conejo o pollo con cebolla receta mallorquina familiar

Preguntas frecuentes

¿Por qué es fundamental la proporción casi equivalente de cebolla respecto a la carne (2 kg para 1,125 kg)?

La cebolla en esta receta cumple una doble función esencial: aporta la jugosidad que le falta a una carne magra como el conejo (o el pollo) y crea, tras un sofrito prolongado, una base caramelizada natural. Durante la cocción lenta, la cebolla se reduce a un tercio de su volumen inicial, soltando sus azúcares y jugos para transformarse en una salsa melosa, densa y llena de sabor sin necesidad de añadir harinas ni espesantes artificiales.


¿Qué aporta el vino Moscatel al guiso y cómo debe evaporarse el alcohol?


El Moscatel aporta un contraste dulce y aromático muy característico de la cocina mediterránea y balear, que equilibra la acidez del tomate triturado y potencia la dulzura propia de la cebolla caramelizada. Es crucial añadirlo justo tras la cebolla y dejar que dé un hervor fuerte durante 2 o 3 minutos antes de tapar la cacerola o añadir todo el caldo, garantizando así que el alcohol se evapore por completo y quede únicamente el matiz perfumado del vino.


¿Cuál es el motivo de dorar la carne al principio y retirarla o sofreír la cebolla a fuego lento después?

El marcado inicial de la carne a fuego vivo crea una reacción de Maillard (dorado exterior) que sella los jugos internos y deja una capa tostada muy sabrosa en el fondo de la cacerola. Al bajar el fuego para pochar la cebolla despacio, esta va desglasando ese fondo de cocción enriqueciendo la salsa. Si la carne fuera demasiado pequeña o tendiera a secarse, se aconseja retirarla temporalmente tras dorarla, pochar la cebolla bien y volver a incorporarla para la media hora final de chup-chup.



Conejo con cebolla plato mallorquín receta familiar


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Coliflor a la naranja

Princesas que un día decidieron dejar de serlo. Decidieron poner otro color a su vida, soltarse el pelo… o quizá cortárselo. Decidieron que no querían un príncipe azul, ni siquiera un castillo. Y así, se formaron como cocineras, empresarias o viajeras de sus propios sueños.

No quisieron un final comiendo perdices ni vestidos de alta costura. Prefirieron correr hacia la danza y comer chocolate, antes que pasar un día sin probar bocado. Oler a margaritas, en lugar de al N.º 5. Chapotear descalzas en los charcos, en vez de llevar zapatos de tacón.

¿Quién dice que todo tiene que ser como los demás dicen? ¿Por qué seguir unas reglas o hacer lo que se espera de nosotras… si no nos apetece?


Coliflor rebozada con salsa de naranja y salsa de soja

Coliflor a la naranja con salsa de soja y vinagre de arroz


La historia de estos platos con salsa agridulce de naranja representa un fascinante viaje culinario que conecta el refinamiento europeo, la inmigración en Estados Unidos y la gastronomía vegana contemporánea. El pato a la naranja tiene sus raíces en la Florencia del siglo XVI con el nombre de paparo alla melarancia, una receta elaborada con naranjas amargas que la aristócrata Catalina de Médici introdujo en Francia tras su matrimonio con el rey Enrique II, y que fue refinada y popularizada siglos después por el legendario chef Auguste Escoffier.

Por su parte, el pollo a la naranja no pertenece a la gastronomía tradicional china, sino que es un invento de la cocina chino-estadounidense creado en 1987 por el chef Andy Kao para la cadena Panda Express, quien adaptó los sabores de la provincia de Hunan al paladar norteamericano añadiendo abundante azúcar y cítricos frescos de California.

Finalmente, la coliflor a la naranja es una evolución moderna surgida en el siglo XXI gracias al auge de la alimentación basada en plantas; un plato nacido en blogs de cocina y restaurantes veganos que buscaban replicar la textura crujiente y el adictivo sabor agridulce del pollo estadounidense utilizando ramilletes de coliflor rebozados y horneados. Del popular pollo a la naranja a esta versión vegetal hay un solo paso, y no decepciona ni un poquito. ¿El truco? Reduce la coliflor a ramitas pequeñas, como si fueran palomitas: queda un tamaño ideal y muy parecido al corte habitual del pollo.

Actualizada 2026.


Coliflor a la naranja



Ingredientes para 2:
  • 1 coliflor pequeña cortada en ramitas pequeñas
Para la mezcla de harina:
  • 1 huevo
  • 80 g de agua
  • 80 g de fécula de maíz o patata
  • 60 g de harina
  • 1 cdta. de aceite
Para la base:
  • 2 cdas. de aceite
  • 3 dientes de ajo pelado y picados
  • 1 manojo de cebolletas verdes, en rodajas
  • La ralladura de una naranja + su zumo
  • 2 cdas. de salsa de soja
  • 2 cdas. de  vinagre de arroz
Para la salsa de naranja:
  • 60 ml de zumo de naranja
  • 1 cdta. de fécula de maíz o patata
  • 1 cdta. de  azúcar
Para acompañar:
  • Arroz hervido
Elaboración
  1. Bate con la túrmix todos los ingredientes de la mezcla de harina hasta conseguir una pasta.
  2. Pon un wok con un poquito de aceite al fuego, sumerge los ramilletes de coliflor en la masa anterior, y fríe hasta que estén dorados. 
  3. Saca y deja escurrir sobre una servilleta de papel para que drene el aceite. 
  4. En una sartén caliente, sofríe con las 2 cucharadas de aceite el ajo. 
  5. Añade las cebolletas en rodajas, la ralladura de naranja y su zumo. 
  6. Cocina durante un minuto. 
  7. Añade la soja y el vinagre de arroz y lleva a ebullición. 
  8. Echa en la sartén la coliflor y mezcla. 
  9. Apaga el fuego y emplata junto el arroz. 
  10. Mientras en esa misma sartén, mezcla los ingredientes para la salsa de naranja y lleva a ebullición durante un minuto, removiendo constantemente. 
  11. Rocía sobre la coliflor con el arroz y sirve.

Coliflor con salsa de naranja cocinada en wok con aceite de sésamo


Preguntas frecuentes

¿Por qué es clave combinar fécula (de maíz o patata) con harina de trigo para la masa del rebozado de la coliflor?

La fécula carece de gluten y, al entrar en contacto con el aceite caliente, crea una capa exterior extremadamente fina, rígida y crujiente que retiene muy poca grasa. Por su parte, la harina de trigo aporta la elasticidad y estructura necesarias para que el rebozado se adhiera sin desprenderse. La mezcla de ambas consigue ese acabado estilo «bocado de palomita» (popcorn), ligero y crujiente, capaz de mantenerse firme durante minutos incluso tras ser impregnado por la salsa agridulce.

¿Qué papel cumple el vinagre de arroz en la base de la sartén y cómo equilibra el dulzor natural de la naranja?

El zumo y la ralladura de naranja aportan azúcares naturales y un intenso aroma cítrico que, de no equilibrarse, podrían resultar excesivamente empalagosos. El vinagre de arroz aporta una acidez suave y limpia con matices umami que corta el dulzor, aviva los aromas frescos del ajo sofrito y la cebolleta, y crea el perfil agridulce característico de los salteados orientales.

¿Por qué se espesa la salsa final aparte con fécula disuelta en frío y cuál es la ventaja de integrarla justo antes de servir?

La fécula de maíz o patata necesita disolverse primero en el zumo de naranja frío para no formar grumos al calentarse. Al llevarla a ebullición rápida en la sartén, los almidones se hidratan y espesan en cuestión de segundos, transformando el líquido en un glaseado brillante y denso. Añadir este toque final sobre la coliflor emplatada en lugar de reducir la masa en la sartén evita que el rebozado se ablande, preservando la textura crujiente de las ramitas.



Coliflor rebozad con fécula con salsa de naranja


Relato y fotografías @catypol - Circus day

Kimchi de pepino

En un pequeño restaurante de barrio en Seúl, Min-jun trabajaba como ayudante de cocina. Su especialidad no eran los platos complicados, sino el kimchi de pepino. Lo preparaba con tanta devoción que los clientes decían que sus platos tenían más drama que el final de temporada de una serie.

Un día entró Hye-jin, una estudiante de arquitectura que llegó sin aliento porque su gato acababa de tirar todos sus planos al suelo de un solo zarpazo. Agitada y con prisa, pidió lo primero que vio en el menú:

—Un plato de kimchi de pepino, por favor.

—¡No pienso soltarte la mano, no después de todo lo que hemos pasado juntos! —gritó Min-jun, alzando la cuchara de madera como si fuera la espada de un príncipe de época.

Hye-jin se quedó congelada, pensando si por error había pedido algún plato secreto fuera de carta. En realidad, el chico solo estaba ensayando sus líneas para una audición. Desde esa tarde, Hye-jin empezó a ir al restaurante solo para ver cómo Min-jun le servía el kimchi recitando frases sacadas de dramas románticos:

—Aquí tienes tu kimchi… tan fresco como mi primer amor.

—Este pepino y tú estabais predestinados a encontraros… ¿Aceptas tu destino?

—¡Cuidado! El picante de este bocado no es nada comparado con el fuego que quema mi corazón.


Kimchi de pepino conocido tradicionalmente como oi sobagi

Kimchi coreano de pepino fresco para verano



La historia del kimchi de pepino coreano, conocido tradicionalmente como oi sobagi (오이소박이), está profundamente ligada a la evolución de las técnicas de conservación y a los ciclos agrícolas de la península de Corea. Aunque hoy en día el kimchi de col china sea el más célebre en todo el mundo, las primeras versiones de verduras fermentadas en el país no contenían esta hortaliza ni el característico chile rojo.

Durante la Antigüedad, el concepto original del kimchi surgió hace más de dos mil años como una necesidad extrema para subsistir a los gélidos inviernos peninsulares, donde la escasez de cosechas frescas obligaba a conservar los vegetales en salmuera. Sin embargo, el pepino, gracias a su alto contenido hídrico y a su frescura natural, se erigió en el protagonista indiscutible del verano. A diferencia de las variedades pensadas para el almacenamiento invernal, la preparación con pepino nació como una variante estacional, ligera y de consumo inmediato que no demandaba meses de fermentación bajo tierra.

Un punto de inflexión decisivo tuvo lugar durante la dinastía Joseon, en concreto tras las invasiones japonesas de finales del siglo XVI. Fue en ese periodo cuando los comerciantes portugueses introdujeron el pimiento picante en Asia, un hecho que transformó la gastronomía coreana con la llegada del gochugaru (chile en copos o en polvo). A partir de entonces, la receta del pepino en salmuera incorporó ajo, jengibre y picante, consolidando el perfil de sabor vibrante que disfrutamos hoy.

La técnica específica del oi sobagi forjó asimismo su prestigio técnico y estético. El vocablo sobagi alude a la acción de rellenar. Tradicionalmente, los cocineros practican un corte longitudinal en cruz a lo largo del pepino, manteniendo intactos los extremos para introducir con destreza un aderezo aromático de cebollino picado, zanahoria, ajo y salsa de pescado. Este diseño no solo facilita que la salmuera penetre de manera uniforme y preserve una mordida firme y crujiente, sino que además viste la mesa con una presentación geométrica y refinada.

En la actualidad, esta receta sigue siendo el bocado estival por excelencia en los hogares coreanos: un acompañamiento (banchan) insustituible para limpiar el paladar y aligerar platos más grasos.

¿Listos para transformar unos sencillos pepinos en un festival de sabor? Este kimchi rápido y refrescante es el aliado perfecto para los días calurosos, ya sea como entrante o como contrapunto crujiente de guisos y carnes contundentes.

Actualizado 2026.


Kimchi de pepino

Ingredientes:
  • 2 pepinos para encurtir u otros pepinos pequeños
  • 1 cdta. de sal
  • 2 dientes de ajo picados
  • 2 cebolletas, solo las partes blancas y verdes claras picadas
  • Trozo de jengibre fresco de 1¼ de pulgada , pelado y picado 
  • 2 cdas. de vinagre de arroz
  • 1/2 cdta. de chile coreano en polvo (si te gusta mucho el picante ponle más)
  • 2 cdtas. de azúcar
  • ½ cdtas. de salsa de pescado

Elaboración:

  1. Corta 2 pepinos a rodajas de 3 mm de grosor. 
  2. Colócalos en un bol mediano y mézclalos bien con 1 cucharadita de sal. 
  3. Déjalos reposar a temperatura ambiente durante unos 30 minutos.
  4. Mientras tanto, mezcla el ajo, las cebolletas, el jengibre picado, el vinagre, el chile en polvo, el azúcar y la salsa de pescado en un bol.
  5. Escurre los pepinos (desecha el líquido). 
  6. Incorpora los pepinos a la mezcla de vinagre. 
  7. Cubre y refrigera de 12 a 24 horas antes de servir.

Kimchi de pepino coreano picante


Preguntas frecuentes

¿Por qué es imprescindible salar y reposar el pepino antes de añadir el aliño?

El pepino está compuesto por más de un 95 % de agua. El salado previo activa un proceso de ósmosis que extrae el exceso de líquido vegetativo en apenas 30 minutos; si se omitiera este paso, el pepino soltaría toda su agua dentro del aliño, aguando la mezcla y dejándola sin sabor. Además, esta técnica rompe ligeramente la turgencia inicial de la verdura, logrando esa textura elástica pero sumamente crujiente al morder.

¿Se puede sustituir el chile coreano (gochugaru) por pimentón picante o cayena?

No es lo ideal. El gochugaru no es solo picante: posee un matiz afrutado, ligeramente dulce y ahumado, además de una molienda en copos gruesos que aporta color brillante sin disolverse del todo. El pimentón picante común resulta demasiado terroso y amargo para esta receta, mientras que la cayena o el chile en polvo occidental aportan un fuego excesivo y plano. Si no encuentras gochugaru, es preferible usar copos de guindilla suaves triturados o una punta de pasta gochujang disuelta en el vinagre.

¿Cuánto tiempo aguanta este kimchi rápido en la nevera?

A diferencia del kimchi tradicional de col china, que mejora con meses de fermentación lenta, este encurtido rápido de pepino (oi muchim) está pensado para un consumo casi inmediato. En el frigorífico se conserva en su punto óptimo durante 3 o 4 días. A partir del quinto día, la acidez continuará ablandando el pepino y perderá esa textura tersa y crujiente tan apreciada.


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Corn Dogs

En la redacción del Daily Chronicle, Clark es el hombre más discreto del mundo. Revisa notas de prensa, corrige titulares y se pasa el día esquivando las bromas de los reporteros que creen estar salvando la democracia desde sus teclados.

Lo curioso de Clark es que nunca come con los demás. A la hora del almuerzo se levanta sin prisa, se ajusta las gafas y se esfuma con la excusa de que «necesita aire». Nunca dice adónde va, pero todos sospechan: a tres manzanas de la oficina hay un carrito que vende corn dogs humeantes, con mostaza amarilla y ketchup, como un semáforo en verde.

Allí lo encuentran a veces, apoyado contra la barandilla del metro, devorando su corn dog con parsimonia. No mastica, medita. Como si cada bocado fuera un ritual secreto, un pacto silencioso con la ciudad que lo rodea.

Al regresar a la oficina trae la corbata torcida, el pelo algo revuelto y la mirada distante. Preguntarle qué ha hecho es inútil: sonríe y vuelve a corregir comas. El patrón se repite siempre. En Nueva York hay un apagón, un incendio, una grúa caída en pleno Midtown… y justo en ese momento Clark se ha esfumado. Alguien bromea:

—Ya verán: un día este hombre va a salir corriendo y volverá con capa.

Él, mientras tanto, abre una carpeta, anota con calma y piensa que nadie presta demasiada atención al tipo callado que desaparece en mitad del almuerzo.


(Superman fue creado por Jerry Siegel y Joe Shuster. Debutó en la historieta Action Comics el 18 de abril de 1938)

Corn dog mini o pequeño perrito caliente con salsa ketchup

Corn dogs o perrito caliente rebozado y frito


El corn dog tiene un origen disputado que combina la tradición de los inmigrantes alemanes con el ingenio de los vendedores de feria en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX. A finales de la década de 1920, los productores de salchichas de origen alemán en Texas ya experimentaban rebozando sus productos en masa de maíz para adaptarlos al gusto local, aunque inicialmente se preparaban en moldes especiales y no llevaban el característico palito de madera. De hecho, el registro más antiguo de esta idea pertenece a Stanley S. Jenkins, quien en 1927 patentó en Nueva York un aparato para freír alimentos empalados y rebozados —incluidas las salchichas—, aunque nunca llegó a comercializarlos a gran escala.

La verdadera popularidad del corn dog estalló en la década de 1940, cuando se convirtió en el alimento rey de las ferias estatales y los carnavales gracias a la comodidad de poder consumirlo con una sola mano mientras se caminaba. En este período surgieron varios creadores que se atribuyeron su invención comercial. Entre ellos destacan los hermanos Carl y Neil Fletcher, quienes lanzaron sus «Corny Dogs» en la Feria Estatal de Texas, y George Boyington en Oregón, quien patentó el «Pronto Pup» tras quedarse sin panecillos tradicionales debido a una tormenta. Simultáneamente, en Illinois, el Cozy Dog Drive-In comenzó a venderlos ensartados en palitos en 1946, consolidando la forma moderna que conocemos hoy en día. Con los años, este concepto cruzó fronteras internacionales y evolucionó en Asia durante los años 80, dando origen a las famosas banderillas coreanas rebozadas en panko, patatas o ramen, y completando así la transformación global de este icónico aperitivo callejero.

Resumiendo: la historia dice que los inventaron en Estados Unidos en los años 40; en los 80 se popularizaron en Asia a su manera, más versionados y con una elaboración un poco diferente. No me atrevo a hablar muy alto, pero creo que en Europa no son tan conocidos, así que, entre susurros, te diré: están buenísimos hechos en casa. ¡Pruébalos!

Actualizada 2026.


Corn dogs mini


Ingredientes:
  • 1 paquete de salchichas Frankfurt
  • 70 g de harina de maíz
  • 80 g de harina de trigo 
  • 1 cda. de azúcar
  • 2 cdta. de levadura en polvo
  • 4 g de sal
  • 1 huevo 
  • 125 ml de leche 
  • Aceite para freír

Elaboración:
  1. Cortar las salchichas por la mitad (solo si son muy grandes, así te será más fácil manejarlas)
  2. Inserta un palito de brocheta de madera en cada salchicha (intenta que sea grueso, es mejor)
  3. En un bol grande mezcla la harina de maíz, la harina de trigo, el azúcar, la levadura o polvo de hornear, y la sal.
  4. En una taza, bate el huevo y la leche.
  5. Vierte los ingredientes húmedos sobre los ingredientes secos, y bate con la batidora
  6. Añade aceite a una sartén grande y calienta el aceite a fuego medio-alto.
  7. Sumerge cada salchicha en la mezcla de harina de maíz, hasta que esté completamente cubierta. 
  8. Para que resulte más sencillo pon la mezcla en un vaso alto.
  9. Pon la salchicha bañada en la masa en la sartén.
  10. Fríe hasta que esté dorado y crujiente, aproximadamente 3 minutos, luego pasa a un plato con papel de cocina para retirar el exceso de aceite.


Mini salchichas Frankfurt rebozadas con salsa ketchup

Preguntas frecuentes

¿Por qué es fundamental combinar harina de maíz con harina de trigo en la masa en lugar de usar un solo tipo de harina?

La harina de maíz aporta ese sabor característico ligeramente dulce y la textura crujiente tradicional del corn dog, pero carece del gluten necesario para dar elasticidad a la mezcla. Al combinarla con harina de trigo de fuerza o común, el gluten forma una estructura que retiene el gas de la levadura en polvo, permitiendo que la masa se infle, quede esponjosa por dentro y se adhiera perfectamente a la salchicha sin agrietarse ni desprenderse durante la fritura.

¿Qué truco de cocina asegura que la masa líquida se fije a la superficie lisa de la salchicha sin resbalar al sumergirla?

Las salchichas tipo Frankfurt suelen tener una fina capa de grasa protectora que repele las masas líquidas. El secreto para que el rebozado quede homogéneo es secar muy bien las salchichas con papel de cocina antes de insertar el palito y, opcionalmente, espolvorearlas con una película muy fina de harina de trigo. Al pasarlas por la mezcla densa en el vaso alto, la masa se agarrará uniformemente por todos los lados sin dejar zonas al descubierto.

¿Cuál es la temperatura ideal del aceite y por qué es imprescindible mantener la profundidad adecuada al freír los minicorn dogs?

El aceite debe mantenerse a una temperatura constante de entre 175 °C y 180 °C. Si el aceite está demasiado frío, la masa absorberá en exceso y quedará grasienta; si está demasiado caliente, el exterior de maíz se quemará en segundos antes de que la salchicha se caliente por dentro. Asimismo, la sartén debe tener suficiente profundidad de aceite para que los aperitivos floten o se puedan girar de inmediato sin que el palito toque el fondo, garantizando un dorado uniforme e inflado en sus tres minutos de cocción.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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