Javier llegó a Madrid un viernes de julio de 1985 con una mochila, un walkman con las pilas agotadas y la firme ilusión de ver algo —lo que fuera— de esa Movida madrileña que tanto salía en la tele de su pueblo. Pero antes tenía que entregar unos papeles a su tío, que trabajaba en un edificio de oficinas de la calle Alcalá.
El hall del edificio era todo pop art, Ceesepe, le dijo el portero, debía ser una palabra en clave, pensó Javier. Entró con su carpeta y preguntó por la oficina de su tío Miguel. Se acercó al ascensor justo cuando un chico con chaqueta militar y gafas oscuras estaba dentro.
—¡Pisa el acelerador, hombre! —le dijo Sabina, viendo que el chico no entraba.
Javier pulsó el botón, algo confuso. En el ascensor, mientras subía, olía fuerte a laca y colonia cara. En una de las paredes, alguien había pegado con celo una pegatina que decía: «Gabinete Caligari vive». Sonaba a secta.
La puerta se abrió en la planta 3. Entró un grupo con estética juvenil: todos llevaban vaqueros; camisetas tipo polo; alguno iba con americana y todos con zapatillas.
—¿Vamos al quinto? —preguntó Javier, educado.
—¡Siempre, chaval! —respondió uno con voz grave y gafas cuadradas negras.
Y se bajaron en el cuarto cantando a coro: «Sufre mamón, devuélveme a mi chica…». Javier se quedó solo. Y algo inquieto.
En la planta 5 salió al pasillo, donde se topó de bruces con una mujer que se retocaba los labios en un espejo de mano. Pelazo cardado, sombras azules y tacones imposibles.
—Uy, perdona. ¿Buscas algo? —le preguntó Alaska.
—A mi tío —dijo sin aclarar.
—¡A quién le importa! Si lo ves, dile que Tino se ha dejado el bastón en recepción.
Confundido, siguió andando. Vio una puerta entreabierta con música y se asomó. Encontró a un grupo afinando un teclado y discutiendo que «resaca» rimaba con «petaca».
—¿Esto es la oficina del señor Miguel? —preguntó Javier, educadamente.
—¡No! Esto es Un Pingüino en mi Ascensor, colega —respondieron.
Una chica apareció por detrás comiendo una tapa de ensaladilla.
—¡Rufino! Está al fondo, junto a los de Radio Futura —le dijo sonriendo Luz.
Javier llegó muy desconcertado y dejó la carpeta a su tío.
—¿Qué, Javier? ¿Te ha molado algo de la Movida? —le preguntó su tío.
Javier dudó.
—¡Hummm! Pero si no he visto nada de la Movida todavía.
El tío soltó una carcajada.
—¡Ay, muchacho, qué despiste llevas!
Cuando Javier salió del edificio, iba tarareando sin saberlo algo que acababa de oír arriba. Le pareció pegadizo:
«No me mires, no me mires, no me mires…»
La transformación masiva del plato comenzó tras la Revolución rusa de 1917. El exilio de la aristocracia y la escasez de alimentos provocaron una inevitable simplificación de la receta dentro y fuera de la Unión Soviética. Los ingredientes caros y exóticos fueron sustituidos por alternativas más accesibles y cotidianas como la patata cocida, la zanahoria, los guisantes, el huevo duro y el pollo, este último reemplazado más tarde por el atún en lata en la Europa mediterránea. La mayonesa comercial facilitó que la receta se estandarizara en los hogares de todo el mundo.
Cuando Franco quiso cambiarle el nombre:
Actualizada 2026.
Ensaladilla rusa casera con mayonesa de huevo o sin huevo
- 2 patatas nuevas
- 2 huevos
- 1 zanahoria
- 4 judías verdes
- Una pizca de sal
- 1 huevo entero crudo
- 250 mililitros de aceite de oliva o de girasol
- 1 cucharada de vinagre
- Una pizca de sal
- Cuece las patatas sin pelar y enteras partiendo de agua fría o tibia con 3 gramos de sal por litro de agua, fíjate que la cocción sea suave y que el agua no haga grandes búrbujas.
- Cuece, a parte de las patatas, también la zanahoria, pelada y entera, y las judías verdes enteras, sin las puntas.
- Cuece los huevos, 10 minutos, y separa las claras de las yemas.
- Reserva las yemas para el final.
- Una vez que las patatas no quemen, pélalas y córtalas (puedes rallarla si te gusta así) en cuadraditos pequeños.
- Corta también la zanahoria y las judías verdes del mismo modo.
- Ralla las claras de huevo cocidas.
- Mezcla la zanahoria, las judías verdes, la patata y las claras ralladas.
- Sala si es necesario.
- Refrigera.
Mayonesa:
- Pon el huevo, el aceite, el vinagre y la sal en el vaso de la batidora.
- Introduce la batidora hasta que toque el fondo del vaso y, sin moverla, ponla en marcha hasta que emulsione.
- En ese momento, levanta suavemente el brazo de la batidora hasta que la mezcla esté completamente integrada.
- Rectifica de sal.
- Si se desea una textura más espesa, añade un hilo de aceite poco a poco mientras sigues batiendo.
- Refrigera.
- Cuando todo esté bien frío, mezcla la ensaladilla con la mayonesa.
- Coloca la mezcla en un bol o tupper de cristal y ralla por encima las yemas cocidas.
- Tapa y refrigera hasta el momento de servir.
2 huevos duros
4 cucharadas de de agua
2 cucharadas de aceite de oliva o 1 cucharada de oliva y 1 cucharada de girasol
1 cucharada de vinagre
Sal
1 cucharadita de mostaza
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama ensaladilla "rusa" si es un plato tan español?
Porque su origen está en la ensalada Olivier, creada en 1860 por el chef Lucien Olivier en el restaurante Hermitage de Moscú. Con el tiempo la receta llegó a España y se adaptó a la despensa local sustituyendo los ingredientes zaristas por patata, zanahoria, guisantes y atún. Curiosamente, durante el franquismo se intentó rebautizarla como "ensalada nacional" por el rechazo ideológico a todo lo soviético, pero el nombre popular siempre ganó.
¿Cuánto tiempo aguanta la ensaladilla rusa en la nevera?
Con mayonesa casera de huevo, un máximo de 24-48 horas bien tapada. Con la versión de mayonesa sin huevo de huevo duro, aguanta 3-4 días sin problema. Nunca la dejes más de dos horas fuera de la nevera en verano — es el principal riesgo de intoxicación alimentaria.
¿Cuál es el secreto para que la ensaladilla quede perfecta?
Tres claves: usar patata nueva del mismo tamaño para que cuezan parejo, enfriar todos los ingredientes completamente antes de mezclar con la mayonesa, y añadir la mayonesa en el último momento justo antes de servir. La patata caliente con mayonesa es el error más común y el que más afecta a la textura y seguridad del plato.







































