Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Schiacciata de patata

Todo empezó con una apuesta tonta durante una noche disparatada de juego de rol en el piso de Gianni, justo encima de una trattoria que olía perpetuamente a ajo y a decisiones cuestionables.

—El que pierda se presenta mañana en la Piazza della Signoria vestido con minifalda, ¿eh? —dijo Marco, agitando los dados con una sonrisa maliciosa.

—Y con una pistola. Pero de esas que disparan burbujas, nada de dramatismos —añadió Luca, con restos de pizza en la cara y el corazón libre de toda dignidad.

A la mañana siguiente, allí estaban: dos hombres adultos y barbudos —uno con minifalda de lentejuelas moradas y otro con una de tul azul celeste— armados con pistolas de pompas y una mirada derrotada pero desafiante.

—¿Y ahora qué? —preguntó Gianni, disparando una ráfaga de burbujas sobre una pareja de turistas japoneses que los filmaba con admiración contenida.

—Ahora, schiacciata —respondió Luca, señalando con su arma hacia una terraza cercana.

Se sentaron a comer como si nada: piernas peludas al aire y el orgullo intacto. Mientras tanto, las pompas seguían flotando por la plaza como si La dolce vita hubiera colisionado con un cumpleaños infantil en el jardín.

De pronto, una mujer mayor, elegantísima, con gafas oscuras y porte de directora de ópera, se les acercó.

—¿Modelos para un anuncio? —preguntó con acento francés.

—No —respondió Gianni mientras masticaba con descaro—. Jugadores de rol con mal perder.

—Y buen gusto para la comida —añadió Luca, brindando con un vaso de agua y una sonrisa salpicada de jabón.

Al final del día, los turistas los aplaudían, los carabinieri les pedían selfies y la trattoria de abajo los contrató para promocionar sus nuevas Cosplay Nights. Y así fue como dos amigos, una tirada de dados y sendas pistolas de burbujas conquistaron Florencia en minifalda. Porque en la vida, o haces el ridículo… o lo haces con estilo.

Schiacciata italiana pan típico italiano

Schiacciata de patata un pan italiano
 


La schiacciata italiana es uno de los panes planos más antiguos y representativos de la región de Toscana, íntimamente ligado a la tradición culinaria de la ciudad de Florencia. Su origen se entrelaza de forma directa con las primeras masas fermentadas de la época del Imperio romano, cuando se cocinaba el célebre panis focacius sobre piedras calientes o bajo las cenizas de los fogones. El término actual proviene directamente del verbo italiano schiacciare, que significa literalmente 'aplastar' o 'presionar', en alusión a la técnica artesanal de extender la masa con la yema de los dedos antes de introducirla en el horno.

Durante siglos, este pan evolucionó como una receta humilde vinculada a la vida de los campesinos toscanos. Para aprovechar los restos de masa sobrante de la hornada cotidiana, los agricultores la estiraban bien para que quedara fina e irregular. Las clásicas hendiduras que se forman en su superficie al presionarla servían para retener el aceite de oliva virgen extra, la sal marina y las hierbas aromáticas añadidas encima. A diferencia de la esponjosa focaccia de la vecina Liguria, la versión toscana se consolidó como un pan notablemente más plano, crujiente por fuera y con una miga ligera en su interior.

Con el paso del tiempo, surgieron variantes históricas vinculadas a los ciclos agrícolas de la región. Un claro ejemplo es la schiacciata con l'uva ('schiacciata con uvas'), un pan dulce típico de la vendimia otoñal que se enriquecía con uvas negras locales. Asimismo, la tradición florentina desarrolló la schiacciata alla fiorentina, un bizcocho esponjoso aromatizado y decorado con azúcar glas que se convirtió en el dulce insignia de los carnavales.

En las últimas décadas, el uso de la schiacciata salada tradicional ha experimentado una revolución global. Su estructura firme pero ligera la transformó en el soporte ideal para elaborar el auténtico panino italiano (cuyo plural es panini), rellenándose con embutidos icónicos como la mortadela, el prosciutto toscano y quesos regionales como el pecorino. Hoy en día, lo que comenzó como un alimento básico de subsistencia campesina se considera un baluarte del patrimonio gastronómico de Italia en todo el mundo.

La schiacciata di patate (o schiacciata de patata) representa otra vertiente fascinante de la cocina toscana y del norte de Italia, pero se aleja notablemente de la estructura del pan tradicional para convertirse en una tarta salada fina, dorada y sumamente crujiente que no requiere fermentación ni levadura.

Esta variante comparte el origen humilde y campesino de la gastronomía toscana. Nació en los hogares rurales como una receta de aprovechamiento absoluto: cuando no había tiempo para esperar las largas horas de levado del pan, o cuando escaseaba la levadura, se recurría a las patatas de la huerta, agua y un puñado de harina.

En los últimos años, la schiacciata di patate ha vivido una segunda época dorada, convirtiéndose en un fenómeno viral en redes sociales gracias a su corteza tostada y a su sencillez de preparación.

Dependiendo de la zona y de la tradición familiar, existen dos métodos principales para integrar la patata. En el estilo rústico se corta en rodajas finas, en láminas casi transparentes con ayuda de una mandolina, y se sumerge en agua para retirar el exceso de almidón; luego se mezcla con una pastella (papilla líquida) de harina, agua, aceite de oliva virgen extra y romero, logrando que al hornearse en bandeja amplia el agua se evapore y el queso se funda con la harina creando una costra crujiente. 

La otra opción consiste en rallarla o machacarla: la patata cruda se ralla gruesa o se aplasta ligeramente para integrarse de forma homogénea con la harina, lo que da como resultado una textura más compacta y uniforme, a medio camino entre un rösti suizo y una focaccia ultrafina.

Actualizada 2026.

Schiacciata de patata

Ingredientes:
  • 400 g de patatas sin pelar y limpias
  • 200 g de harina
  • 300 ml de agua
  • 3 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cdta. de sal
  • Unas hojas de romero
  • Escamas de sal y aceite de oliva virgen extra 
Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 200 ºC con ventilador. 
  2. Cubre una bandeja con papel de horno. 

     

  3. Bate en un bol el agua a temperatura ambiente con la sal y tres cucharadas de aceite con un batidor de varillas. 
  4. La sal debe disolverse del todo, y la mezcla, emulsionar ligeramente. 

     

  5. Añade la harina tamizada pasada por un colador poco a poco, y sigue mezclando hasta que quede una pasta cremosa. 

     

  6. Lava bien las patatas y córtalas en láminas finas con una mandolina. 
  7. Añádelas a la masa y mézclalas. 

     

  8. Vierte la mezcla en la bandeja y reparte bien. 
  9. Reparte hojas de romero por encima. 
  10. Hornea entre 45 y 50 minutos o hasta que esté bien dorado. 
  11. Saca del horno, pinta con aceite de oliva y esparce unas escama de sal.
  12. Corta y sirve inmediatamente.

Si te apasiona el pan sin levadura, también te gustará el llonguet mallorquín, el panecillo tradicional de Palma.


Schiacciata italiana hecha con patata


Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre schiacciata y focaccia?

La diferencia principal está en el origen y la textura. La focaccia es ligur — de la región de Génova — y es más esponjosa, alta y con más aceite. La schiacciata es toscana — de Florencia — y es notablemente más plana, crujiente y con menos miga. Esta versión de patata va aún más lejos: prescinde completamente de la levadura y usa la patata como agente que da cuerpo a la masa.

¿Por qué no necesita levadura esta schiacciata?

Porque la patata sustituye la función estructural de la levadura. Las láminas de patata mezcladas con la pastella de harina, agua y aceite crean una masa que al hornearse a temperatura alta produce vapor interior que la hace crujiente sin necesitar fermentación. Es la misma lógica de los panes sin levadura de la tradición campesina — rapidez y aprovechamiento de lo que había en la despensa.

¿Se puede hacer con otras hierbas además del romero?

Sí. El tomillo, la salvia o el orégano fresco funcionan perfectamente. En la tradición toscana el romero es el más habitual por ser la hierba aromática más abundante en la región. También puedes añadir ajo laminado encima antes de hornear para una versión más intensa, incluso queso. La flor de sal y un buen aceite de oliva virgen extra al final son los únicos imprescindibles.


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Frit Bord mallorquín

Cuenta la leyenda que un joven astrónomo árabe llamado Omar construyó la torre más alta del pueblo para observar las estrellas. Vivía obsesionado con hallar un astro que solo aparecía cada cien años. Una noche lo vio, pero refulgía con tanta fuerza que lo dejó ciego. A cambio, recibió el don de «mirar» el futuro a través de los sonidos del viento. De ahí proviene el topónimo: de Bini ('hijo de') y Mira, por su singular visión.

Cada agosto, el pueblo celebra Ses Llavors d’Omar ('Las semillas de Omar'). No es una feria cualquiera; es un despliegue de orgullo payés. Durante el día grande de la huerta, las cazuelas de barro tradicionales (greixoneres) se colocan sobre brasas de leña en plena plaza Mayor. El frit es la máxima expresión del ingenio de los antepasados de Binimira: un plato nacido de la necesidad que, con el tiempo, se convirtió en una auténtica exquisitez. Antes de empezar a comer, el payés más anciano del pueblo alza una rama de hinojo y bendice la mesa en nombre de la tierra. Los vecinos se reúnen con sus platos de barro y una buena rebanada de pa de pagès.

Al caer el sol, el ambiente se transforma. El misticismo de la leyenda cobra vida con el baile de los dimonis. Estos demonios son únicos en la isla: visten sacos de arpillera cubiertos de pequeños espejos redondos que reflejan las chispas y simulan estrellas errantes. Portan máscaras con un solo ojo central, en honor a la mirada del astrónomo, y danzan frenéticamente al son de los tambores intentando «cazar» la luz de las antorchas, hasta que el Dimoni Gros es derrotado simbólicamente por el tañido de una campana, devolviendo la paz al valle.

Presidiendo cada acto aparecen las figuras más altas y queridas del pueblo: los gigantes de Binimira, en Pep i na Maria. Cuando ambos bailan el bolero final en la plaza, se dan por concluidas las fiestas.

No hay pirotecnia —hace años que un incendio la dejó fuera del programa—, pero tampoco hace falta. El cielo se llena de constelaciones y el pueblo entero se detiene a contemplarlas.

Quién sabe… Quizá alguna sea la misma que vio Omar.


Nota: El relato es inventado: en Mallorca no existe Binimira. Es mi manera de homenajear el pasado árabe y la herencia que dejó en la isla, reflejada, por ejemplo, en la toponimia de muchos pueblos.



Frit bord mallorquín de verduras

Ingredientes del frit bord mallorquín


En la gastronomía mallorquina también contamos con platos vegetarianos, sobre todo en verano. Se aprovecha la abundancia de hortalizas de temporada y siempre viene bien incorporar estas opciones tan mediterráneas al recetario. Este plato en concreto también se puede preparar en invierno con las verduras propias de los meses fríos.

Su nombre, frit bord, se debe a que no lleva carne entre sus ingredientes es totalmente de verduras de temporada. Cada casa tiene su propia fórmula; algunos le añaden calabacín, pero a mí me recuerda demasiado al tumbet, así que prefiero prescindir de él. Se suele acompañar con olives trencades mallorquinas (aceitunas partidas), tal como se hace con el frit tradicional con carne.

El frito mallorquín (o frit mallorquí) es una de las preparaciones culinarias más antiguas documentadas en España, cuyo origen se remonta al siglo XIV. Este plato emblemático de las islas Baleares aparece citado en el célebre Llibre de Sent Soví, uno de los recetarios más antiguos de Europa en lengua romance. Su historia refleja la evolución cultural de Mallorca al fusionar tradiciones religiosas, técnicas de subsistencia campesina y el aprovechamiento integral de los recursos locales.

Historiadores y gastrónomos coinciden en que los antecedentes más claros del frito mallorquín provienen de la cocina andalusí y judeosefardí. Ambas culturas compartían en la isla la costumbre de freír asaduras y casquería fina sazonadas con hortalizas de temporada, especias y hierbas aromáticas. Con la consolidación cristiana, la receta evolucionó de forma sustancial: el cordero —pilar de las tradiciones judía e islámica— comenzó a convivir con el cerdo y sus derivados, cuyo consumo servía incluso como demostración pública de fe durante los siglos de mayor presión inquisitorial.

En el entorno rural, el plato se afianzó como la comida comunitaria por excelencia vinculada a las labores del campo, en especial tras las matanzas tradicionales (frit de matances) o el sacrificio de corderos en Pascua. Nada del animal se desperdiciaba: las vísceras frescas (corazón, pulmones e hígado) se cortaban en dados pequeños y se cocinaban de inmediato en cazuelas de barro tradicionales (greixoneres) con abundante aceite de oliva virgen para alimentar a la familia y a los jornaleros.

La versión actual no terminó de perfilarse hasta la llegada de los alimentos procedentes de América. La fórmula medieval original se limitaba a carne, casquería, hinojo y ajos; fue a partir de los siglos XVI y XVII cuando se incorporaron progresivamente las patatas y los pimientos rojos, aportando volumen, textura y su característico colorido. El hinojo fresco silvestre (fonoll) se mantuvo inalterable como el aroma identitario indiscutible; como reza la sabiduría popular en la isla, sin hinojo no hay verdadero frit, sino un simple salteado de carne.
 

Actualizada 2026.

Frit bord mallorquín

Ingredientes: 
  • 6 patatas medianas
  • 1 cabeza de ajos
  • 1 hoja de laurel
  • 1 cebolleta
  • 2 pimientos verdes 
  • 1 pimiento rojo
  • 2 berenjenas
  • Sal y Pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Hinojo

Mise en place:
  1. Limpia las verduras. 
  2. Pela y corta las patatas en dados de unos 2 cm. 
  3. Déjalas en remojo mientras sigues con las demás verduras. 
  4. Corta el resto de verdura en cubos de similar tamaño que la patata. 
  5. Limpia el hinojo. 
  6. Separa los ajos de la cabeza y cháfalos un poco sin pelarlos. 
Elaboración:
  1. En una sartén con aceite de oliva fríe las patatas. 
  2. Saca de la sartén y reserva sobre papel de cocina para que absorba el aceite.
  3. En una cazuela, si es de barro mejor, con cuatro cucharadas de aceite, sofríe a fuego fuerte los ajos y el laurel, un minuto. 
  4. Añade la cebolleta. 
  5. Remueve, a los pocos minutos, añade el pimiento rojo y verde, remueve. 
  6. Unos minutos de cocción y añade la berenjena, salpimienta. 
  7. Baja el fuego y deja rehogar hasta que la verdura esté pochada. 
  8. Añade las patatas y el hinojo, remueve y mezcla bien con la verdura. 
  9. Rectifica de sal si hace falta. 
  10. Sirve.

Nota: 
Acompaña con "pa moreno" (pan de pueblo) y olives "trencades" (aceitunas partidas). Opcional, si te gusta el picante le puedes añadir una punta de guindilla a trocitos.

Debido a mi tipo de fogón lo hice con olla de acero inoxidable pero el tradicional se hace en olla de barro.

Otros platos mallorquines: Lomo con col, escaldums de pavo o greixera de faves


Elaboración del frit bord mallorquin

Preguntas frecuentes

¿Qué significa "frit bord" en mallorquín?

Bord en catalán mallorquín significa literalmente "bastardo" o "ilegítimo" — en el sentido de que no es el frit auténtico con carne y vísceras. Es la versión sin carne, hecha solo con verduras de temporada. El nombre no tiene connotación peyorativa — es simplemente la denominación popular para distinguirlo del frit mallorquí tradicional.

¿Por qué el hinojo es imprescindible en el frit?

El hinojo fresco silvestre — el fonoll — es el aroma identitario del frit mallorquí desde el siglo XIV. Como reza la sabiduría popular mallorquina, sin hinojo no hay verdadero frit, sino un simple salteado de verduras. Aporta un aroma anisado suave que lo diferencia de cualquier otro salteado mediterráneo. En temporada se recoge silvestre en los campos de Mallorca.

¿Se puede hacer el frit bord en invierno?

Sí — la propia receta lo indica. En verano se usan las verduras de la huerta mallorquina de temporada: pimientos, berenjenas y calabacín. En invierno el frit bord se adapta con las verduras de la estación: coliflor, col, alcachofas o acelgas. El hinojo y la patata son los únicos ingredientes que permanecen en todas las versiones a lo largo del año.



Frito mallorquín de verduras


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Untable de alcachofa

Reunirse con los vecinos es, a veces, como una película de Woody Allen: sin Nueva York de por medio, pero con humor, drama y tragedia. Cada uno vive la historia de manera diferente en narraciones paralelas que no son iguales, aunque comparten elementos comunes; tanto si hablan de la vecina nueva como si rescatan anécdotas de la más antigua. Sentados al frío del invierno o a la sombra en verano, bebiendo lo que sea y, sobre todo, comiendo. Nada de alcachofas… o sí, pero solo como guarnición de algo que esté "bueno". Siempre preparados para el siguiente sarao, aunque el presente todavía no haya terminado, poniéndose al día de los últimos acontecimientos para los rezagados o sacándole punta a los antiguos, si cabe.

—¿Qué quieres beber?

—Agua.

—¿Agua?…

Me gustaría que dejaran de preguntármelo. Me miran como si el agua fuera un líquido radiactivo y creyeran que, al beberla, me saldrán antenas con ojos y la piel se me volverá verde. Sí, señoras y señores: agua. Esa que también bebemos cuando tenemos sed, necesitamos hidratarnos o cocinamos. La que nuestro cuerpo necesita más que el alcohol, los zumos o los refrescos. Sí, soy un poco antisocial.

—¿Estás a dieta?

—¿De la alcachofa?

—No. Y no.

Si de pronto escucho gritar «¡CORTEN!», no me extrañaría nada.


Untable de corazones de alcachofas fácil

Untable con corazones de alcachofas y anchoas


El humus es probablemente el untable vegetal más antiguo y documentado del mundo. Aunque varias culturas se disputan su invención exacta, los primeros registros escritos de una preparación similar a base de garbanzos, sésamo, limón y ajo aparecen en El Cairo medieval durante el siglo XIII. Paralelamente, en la cuenca del Mediterráneo, la abundancia de olivos llevó a la creación de la tapenade en la antigua Roma, donde se machacaban aceitunas con alcaparras y aceite para untar sobre panes rústicos. Estas pastas primitivas no eran lujos culinarios, sino raciones energéticas fundamentales para viajeros, agricultores y soldados que necesitaban fuentes de proteína vegetal duraderas y fáciles de transportar.

Mientras Oriente Medio perfeccionaba las pastas de legumbres, en Mesoamérica los aztecas desarrollaron el ahuacamolli, el antepasado directo del guacamole. Desde el año 500 a. C., las comunidades indígenas trituraban el aguacate en morteros de piedra llamados molcajetes, mezclándolo con chiles y tomates locales. Para los aztecas, este untable cremoso tenía un profundo valor mitológico y nutricional, ya que consideraban el aguacate una fruta sagrada vinculada con la fuerza y la fertilidad. Tras la colonización, los españoles intentaron replicarlo, pero la dificultad para cultivar aguacates en Europa mantuvo a esta joya vegetal como un secreto americano durante siglos.

A finales del siglo XIX, los untables de frutos secos vivieron una transformación técnica y médica en los Estados Unidos. El médico John Harvey Kellogg patentó una versión temprana de la manteca o crema de cacahuete en 1895 como un alimento blando y altamente proteico para los pacientes ancianos de su sanatorio que no podían masticar carne. Casi al mismo tiempo, el químico y botánico George Washington Carver impulsó el cultivo masivo del cacahuete y desarrolló decenas de aplicaciones culinarias para este ingrediente. Lo que comenzó como un suplemento hospitalario en frascos de vidrio se industrializó rápidamente y se convirtió en un pilar de la alimentación estadounidense debido a su bajo coste y a su larga vida útil.

La segunda mitad del siglo XX redefinió por completo el propósito de los untables vegetales. Durante las décadas de 1960 y 1970, los movimientos contraculturales, el vegetarianismo ético y las crisis del petróleo despertaron un interés masivo por las alternativas a la carne y a los lácteos. Las tiendas de dietética comenzaron a popularizar patés elaborados a base de tofu, levadura nutricional, champiñones y semillas de girasol, buscando imitar la textura de los patés cárnicos franceses. Esta evolución convirtió a los untables de un simple recurso de subsistencia en un símbolo de activismo ambiental y alimentación consciente.

En el siglo XXI, la historia de estos productos dio un salto técnico hacia la alta cocina y el diseño alimentario. La necesidad de reducir la huella de carbono y el auge global de las dietas vegetales impulsaron la creación de quesos untables de nueva generación. Utilizando técnicas de fermentación idénticas a las tradicionales, pero aplicadas a bebidas de almendras, anacardos y altramuces, se logró recrear la textura untuosa y los sabores complejos del queso crema o el camembert. Hoy en día, los untables vegetales ya no se limitan a un público nicho, sino que compiten en los supermercados globales como opciones gastronómicas versátiles, sostenibles y saludables para todo tipo de comensales.

Yo soy fan absoluta de la alcachofa, y ¿cómo no iba a preparar un untable con un ingrediente tan rico?, ¿no crees?

Actualizada 2026.


Untable de corazones de alcachofas

Ingredientes
  • 200 g de corazones de alcachofa (equivalente a 1 frasco en agua y sal), escurridos
  • 2 filetes de anchoa
  • 1 diente de ajo pequeño
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 cdas. de queso para untar
  • 2 cdas. de aceite de oliva
  • Unas gotas de zumo de limón
  • Un chorrito de aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta recién molida, al gusto
Elaboración
  1. Escurre los corazones de alcachofa y sécalos para eliminar el exceso de humedad, apriétalos bien para que suelta el agua. 
  2. En una túrmix mezcla las alcachofas, las anchoas, el ajo, la cebolla cortada a trozos, el queso, el limón y el aceite de oliva. 
  3. Bate hasta que quede una pasta. 
  4. Prueba y añade sal y pimienta al gusto. 
  5. Remueve. 
  6. Transfiere a un frasco y refrigera.

Nota: 
Antes de servir, decora con un poco perejil o cilantro fresco y un chorrito de aceite de oliva virgen extra.


Collage del proceso de elaboración del untable de alcachofa con anchoas y queso


Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer sin anchoas para una versión vegetariana?

Sí. Las anchoas aportan un punto de umami y sal que intensifica el sabor del conjunto, pero si prefieres una versión vegetariana puedes omitirlas completamente. Para compensar el umami, añade una cucharadita de alcaparras o una pizca de sal de algas. El resultado sigue siendo cremoso y sabroso.

¿Cuánto tiempo se conserva el untable de alcachofa?

En un frasco hermético en la nevera aguanta perfectamente 4-5 días. Con el tiempo el sabor de las anchoas y el ajo se intensifica y el untable está aún más sabroso al segundo día. Antes de servir, sácalo de la nevera 10 minutos antes para que recupere la textura cremosa.

¿Con qué se sirve mejor el untable de alcachofa?

Con galletas tipo crackers o biscotes es la opción más habitual. También queda muy bien con crudités de zanahoria, apio o pepino, con pan tostado o con regañás. Para una presentación más elegante, sírvelo en una cucharita de aperitivo con una alcaparra encima — queda perfecto en cualquier tabla de aperitivos.


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Lechona al horno

Era la última noche de Marta en el observatorio astronómico de Son Bernat y los científicos habían decidido despedirla como se merecía: con una pequeña fiesta improvisada en la cúpula, justo al lado del telescopio más preciado, el Meade LX200.

—¡Sorpresa! —gritó el equipo al verla entrar—. ¡Trajimos porcella!

Marta se tapó la boca para no soltar una carcajada. Allí estaba, en medio de monitores, lentes y gráficos de galaxias, una bandeja inmensa con una lechona humeante, flanqueada por botellas de vino barato y vasos de plástico con nombres escritos en rotulador indeleble.

—¿Quién demonios trajo una porcella a un observatorio? —preguntó Marta entre risas.

—Yo —dijo tímidamente Ernesto, el astrofísico más callado del equipo, con una servilleta en la mano y un rubor galáctico en las mejillas—. Me pareció muy mallorquín.

La noche transcurrió entre anécdotas, abrazos y teorías cuánticas mezcladas con chistes malos. A medianoche, cuando ya casi nadie podía moverse del empacho, Marta subió sola a la plataforma del telescopio. Ernesto la siguió.

—¿Te vas feliz? —preguntó él, mirando al cielo.

—Sí —respondió ella, sin apartar la vista de Saturno—. Pero voy a echar de menos todo esto. Incluso tus ecuaciones interminables.

Hubo un silencio. Luego, Ernesto se rascó la nuca, respiró hondo y soltó:

—¿Te puedo dar un beso de despedida?

Marta lo miró. Dudó. Y después, sonriendo, se acercó. El beso fue torpe, cálido y con un inconfundible regusto a lechona. Y aunque nadie lo supo en ese momento, aquel fue el primer beso en la historia del observatorio que quedó registrado: por puro despiste, Ernesto se había dejado encendida la cámara de la cúpula.

Desde entonces, cada vez que alguien revisa el archivo histórico, entre imágenes de nebulosas y supernovas, aparece siempre ese instante congelado entre las estrellas.


Porcella mallorquina al horno

Lechona al horno mallorquina


La porcella rostida al forn es el plato central y más emblemático de las grandes celebraciones en Mallorca, especialmente durante las fiestas de Navidad. Su origen se remonta a la tradición ganadera de las islas Baleares, donde el cerdo ha sido históricamente la base de la subsistencia rural y la despensa familiar.

La elaboración de este manjar está estrechamente vinculada al porc negre (cerdo negro), una raza autóctona de Mallorca criada en libertad y alimentada a base de higos y bellotas. El sacrificio de la lechona —un ejemplar que todavía no ha sido destetado y que pesa entre cuatro y cinco kilos— suponía un hito anual reservado para las mesas más solemnes. La carne se sazonaba desde la víspera con limón, manteca de cerdo, pimienta y sal para garantizar una textura melosa por dentro y una piel sumamente crujiente por fuera.

El método de cocción forjó una arraigada tradición comunitaria en los pueblos mallorquines. Como la mayoría de las casas campesinas no disponían de horno de leña propio o este no era lo bastante grande para albergar la pieza entera, las familias llevaban sus bandejas al panadero local. El horno del pueblo se convertía así en un punto de encuentro vecinal durante la víspera navideña, donde se controlaba con precisión el asado sobre leña de acebuche o encina.

La relevancia cultural de este plato quedó inmortalizada por el archiduque Luis Salvador de Austria en su monumental obra enciclopédica del siglo XIX, Die Balearen. En sus crónicas, el archiduque documentó de forma explícita que la porcella rostida era considerada la comida más apreciada, distinguida y festiva de toda la cocina mallorquina.

Hoy en día, la receta se mantiene fiel a sus raíces en hogares, restaurantes tradicionales y cellers. Para proteger y garantizar el origen de este legado culinario frente a la carne de importación, en el año 2016 se creó oficialmente la marca de garantía Porcella de Mallorca (o Porcella Mallorquina), asegurando que el plato se elabore con animales nacidos, criados y sacrificados en la propia isla.

En casa, y supongo que en la de muchos mallorquines, la lechona es la reina indiscutible de las celebraciones; sobre todo en Navidad y antes también en las bodas. Yo crecí comiendo porcella el día de Navidad: de primer plato, sopa farcida (sopa rellena) y, de segundo, porcella rustida al forn con patató y ensalada de lechuga. En Mallorca, junto a la pierna de cordero, el cerdo sigue siendo la gran estrella. Y es que nos encanta que la corteza haga ¡crac, crac! al morderla.

Actualizada 2026.


Porcella (lechona) al horno


Ingredientes:
  • Una lechona de unos 6 kilos
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta negra
  • Ajos
  • Limones
  • Manteca de cerdo
  • Tomillo
  • Una copa de brandy

Elaboración:
  1. Friega sobre la piel con sal, pimienta y manteca de cerdo. 
  2. Para el interior, machaca los ajos y friégalos con aceite de oliva y zumo de limón en abundancia. 
  3. Deja unas ramas de tomillo. 
  4. Coloca la lechona en una fuente untada con manteca de cerdo, cubre con film y deja en el frigorífico hasta el día siguiente.
  5. Saca la lechona del frigorífico y deja en el horno con la piel hacia abajo, cocina por una hora a 175º C. 
  6. Después de este tiempo saca del horno y dale la vuelta para que la piel quede hacia arriba. 
  7. Cubre con papel de aluminio y vuelve al horno unos 45 minutos más.
  8. Una vez pasado este tiempo retira el papel de aluminio y rocía la lechona con el brandy. 
  9. Sube la temperatura a 190º C y cocina unos 10 minutos más. 
  10. Sirve con patata frita, cortada en cubos, en Mallorca tenemos "patató" que es una patata pequeñita, y una ensalada de lechuga.

Lechoncito al horno con patatas y ensalada


Preguntas frecuentes

¿Qué es el porc negre mallorquín?

El porc negre es una raza porcina autóctona de Mallorca, criada en semilibertad y alimentada principalmente con higos, bellotas y algarrobas. Su carne es más oscura, jugosa y sabrosa que la del cerdo blanco convencional. Desde 2001 cuenta con denominación de origen propia que garantiza su autenticidad y origen mallorquín.

¿Por qué la porcella se macera desde la víspera?

La maceración nocturna con manteca, sal, pimienta, ajos, aceite y limón tiene dos funciones: ablandar la carne para que quede melosa por dentro durante la larga cocción, y secar ligeramente la piel para que al hornearla quede completamente crujiente. Sin esa maceración previa el resultado es mucho menos jugoso y la piel no hace el ¡crac! característico.

¿Se puede hacer lechona en horno convencional de casa?

Sí, perfectamente. El truco es respetar los tiempos y temperaturas — primero baja con la piel hacia abajo, después vuelta con papel de aluminio para que no se seque, y los últimos minutos a temperatura más alta con el brandy para conseguir la piel crujiente. Un horno doméstico de 60 cm cabe perfectamente una lechona de 5-6 kilos.



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Pijama postre

Para desconcierto de los feligreses de la plaza de San Pedro, la fumata blanca que salía de la chimenea de la Capilla Sixtina anunciaba un nuevo papa. El problema era simple: el papa seguía siendo el mismo desde hacía ocho años. No había sede vacante. No había fallecimiento. No había renuncia. Nada.

En el interior del Palacio Apostólico, el caos no era ruidoso, pero sí anormal. Siempre había demasiada tranquilidad dentro, incluso cuando se conspiraba.

El cardenal secretario entró casi corriendo en la sala de coordinación.

—¿Quién ha autorizado la fumata blanca?

Silencio. Un técnico levantó la mano lentamente.

—No era fumata… Era una prueba de presión del sistema de ventilación.

—¿Una prueba de qué?

—De ventilación. De rutina. Se suponía que salía humo «neutro».

El cardenal Rossi cerró los ojos.

—Nada que salga por esa chimenea es «neutro».

En la plaza, la expectación crecía. Dentro, el intento de control de daños, también.

—Bien —dijo el cardenal decano con voz cansada—. O aclaramos esto en cinco minutos o tendremos que explicar por qué hemos anunciado un papa que ya está tomando café en pijama en sus aposentos.

En ese instante, entró el papa en cuestión.

—¿Por qué hay gente gritando fuera?

El cardenal secretario suspiró.

—Por la fumata blanca.

El papa frunció el ceño.

—¿Perdón? ¿La qué?

El cardenal secretario tragó saliva.

—La fumata blanca… Santidad.

—Ah —dijo el papa, mirando hacia la ventana—. ¿Ya han elegido a alguien?

El cardenal Rossi dejó escapar una risa ahogada entre carraspeos.

—Ha sido un error técnico.

El papa asintió lentamente.

—Entonces… ¿la gente está celebrando un error técnico?

El papa suspiró.

—Perfecto. Salgo yo a aclararlo.

Y mientras se dirigía a la puerta, añadió sin detenerse:

—Que alguien apague el humo antes de que me elijan a mí sin consultarme.

Pijama postre español de los 80

Pijama postre español de bodas



Durante la década de los cincuenta, los oficiales y marineros de la Sexta Flota de los Estados Unidos frecuentaban el puerto de Barcelona y solían comer en el restaurante de Paco Parellada. En una de estas visitas, un militar norteamericano pidió de postre un clásico de la gastronomía francesa llamado pêche Melba, una elaboración creada por el chef Auguste Escoffier que combinaba melocotón, salsa de frambuesa y helado de vainilla.

El encargado del establecimiento, Paco Parellada, no dominaba el inglés ni la fonética de los clientes extranjeros. Al escuchar la petición de pêche Melba pronunciada con un fuerte acento estadounidense, Parellada entendió la palabra «pijama». Sin dudarlo, transmitió la comanda a la cocina utilizando ese curioso nombre.

La cocina del restaurante no disponía de los ingredientes exactos de la receta francesa original, por lo que improvisaron una interpretación propia con los productos locales que tenían a mano. Decidieron servir en un plato combinado una base de flan de huevo, melocotón en almíbar, piña, helado de vainilla y una generosa porción de nata montada coronada con una guinda. El resultado fue un postre sumamente contundente que fascinó a los comensales.

A partir de esa divertida confusión, el pijama se consolidó en la carta fija del establecimiento. Su popularidad se extendió de forma masiva por Cataluña, la Comunidad Valenciana y el resto de España, alcanzando su máximo apogeo durante los años setenta y ochenta. Se convirtió en el rey indiscutible de los menús de fin de semana, bautizos, bodas y cenas de Navidad en los restaurantes de barrio y casas de comidas de todo el país. Hoy en día está considerado el máximo exponente de la repostería clásica o «viejuna» española.

A lo largo del tiempo, cada cual lo ha personalizado añadiendo algún que otro ingrediente. Yo me he limitado a preparar la versión que conozco, la que nos servían en las bodas, ya que fue en esas celebraciones donde lo descubrí. Verano es tiempo de bodas y aunque ya no se sirven pijamas en Circus day lo recordamos.


Pijama postre español — la receta del postre de bodas de los 80


Ingredientes:
  • Melocotón en almíbar
  • Piña natural o en almíbar
  • Guindas confitadas
  • Nata montada
  • Flan de huevo (receta abajo)
  • Helado de vainilla (receta abajo)
  • Para decorar (barquillos, galletas, virutas de colores o de chocolate...)

Elaboración:
  1. Puedes comprar el flan de huevo y el helado que más te guste o hacer las recetas escritas abajo.
  2. Coloca en un plato de postre, el flan de huevo, el melocotón y piña, una o dos bolas de helado de vainilla y corónalo con nata montada y cerezas.
  3. Decóralo con virutas de colores o de chocolate, con barquillos o como la imaginación te diga.


Helado de vainilla para pijama


Helado de vainilla sin heladera


Ingredientes
  • 300 ml de nata para montar (35% M.G.)
  • 300 ml de leche entera
  • 1 cdta. de pasta de vainilla
  • 80 g de azúcar
  • 4 yemas de huevos

Elaboración
  1. En un cazo calienta la leche, la vainilla, las yemas de huevo y el azúcar.
  2. Mientras se calienta, bate sin parar para disolver el azúcar y evitar que se cuaje el huevo.
  3. Calienta la mezcla sin que llegue a hervir en ningún momento.
  4. Cuando ves que aparecen burbujitas en la superficie retira del fuego y pasa la mezcla a un bol.
  5. Añade la nata y mezcla bien hasta incorporar.
  6. Vierte la crema del helado en un recipiente con tapa y guarda en el congelador.
  7. A partir de este momento, cada 30 o 45 minutos tienes que retirar el helado del congelador.
  8. Bate bien para romper los cristales de hielo que pudieran formarse y guárdalo de nuevo.
  9. Repite esta operación 3 o 4 veces.
  10. Para servir el helado, retíralo del congelador 10 minutos antes para que se ablande un poco y poder servirlo bien.

Flan de huevo casero


Flan de huevo casero con caramelo


Ingredientes
  • 500 ml de leche entera
  • 125 g de azúcar
  • 3 huevo
  • 1 piel de limón
  • 1 canela en rama

Caramelo:
  • 100 g de azúcar
  • 40 g de agua
  • 10 g de zumo de limón
  • 30 g de agua para el final

Elaboración caramelo:
  1. Junta en un cazo el azúcar, los 40 gramos de agua y el zumo de limón y pon a calentar. No remuevas ni toques la mezcla.
  2. Dejar hervir. Con el tiempo irá cogiendo color cada vez más tostado. Cuanto más oscuro, más tostado sabrá.
  3. Cuando llegue al color que deseas, vierte los otros 30 gramos de agua, reservados hervidos en otro cazo o en el microondas, que esté en punto de ebullición cuando lo añadas a la mezcla del caramelo.
  4. Remueve el cazo —sin varillas— para integrar todo y deja que se enfríe fuera del fuego.

Elaboración flan:
  1. Calienta la leche con la piel de limón y la canela en rama.
  2. Cuando arranque a hervir retira del fuego y deja que infusione al tiempo que enfría durante 30 minutos. Mezcla los huevos con el azúcar, removiendo con suavidad y sin batir.
  3. Incorpora la leche y remueve suavemente hasta que el azúcar se haya disuelto.
  4. Pasa la mezcla por un colador fino.
  5. Cubre la base de las flaneras con una fina capa de caramelo líquido.
  6. Rellena con la mezcla, con cuidado y lentamente para no incorporar aire, y colócalas en una fuente de horno.
  7. Llena la fuente con un dedo de agua e introdúcelas en el horno, precalentado con calor arriba y abajo, a 180 ºC.
  8. Cuece durante 25-30 minutos o hasta que, al introducir una aguja en el flan, esta salga limpia.
  9. Retira los moldes del horno.
  10. Espera a que se atemperen antes de pasarlos a la nevera y deja que reposen durante 24 horas.
Otro clásico en las bodas era el cóctel de gambas, así empezaba la fiesta. En Mallorca también clásico en las bodas era (y es en alguna) la lechona.

Pijama famoso postre español

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el origen del nombre "pijama" para este postre?

El nombre nació de una confusión lingüística en Barcelona durante los años cincuenta. El marinero americano pidió un *pêche Melba* — el clásico postre francés de Escoffier — y Paco Parellada, el encargado del restaurante, entendió "pijama" por el acento norteamericano. La cocina improvisó con lo que tenía y así nació el postre más español de todos, con nombre accidental incluido.

¿Se puede hacer el helado de vainilla sin heladera?

Sí — y es exactamente como está hecha esta receta. El truco es sacarlo del congelador cada 30-45 minutos durante las primeras 3-4 horas y batirlo bien para romper los cristales de hielo que se forman. Con 3 o 4 batidos queda cremoso y sin cristales. A partir de ese momento ya puedes dejarlo congelar sin intervenir.

¿Se puede usar flan de sobre en lugar de flan casero?

Sí, la propia receta lo indica como opción. El pijama original de restaurante se hacía con productos industriales — flan de sobre, helado comercial y fruta en almíbar de bote. Esa es parte de su esencia popular y sin pretensiones. La versión casera con flan de huevo y helado artesano es más elaborada pero igualmente válida.



Octava reunión de cocineros blogueros

Es un gustazo cuando nos reunimos los blogueros cocineros mallorquines (no estamos todos pero si muchos de ellos), a veces la nostalgia nos puede y recordamos postres o platos de nuestro pasado, los más jovenes igual no tanto pero los mayores si, jeje, es inevitable. 
Me recuerda a un bodorrio casi tanto como para celebrar un viva los novios, hablar de eso me llevó a recordar el pijama que yo solo comía en bodas, seguro que tú también lo recuerdas. 



Relato y fotografías @catypol - Circus day.


Tarta de chocolate sin horno

Un sábado por la mañana, cuando la casa todavía está tranquila y todos duermen, me gusta levantarme y pasearme en ese silencio. Escucho al señor gorrión saludarme, a las perras desperezarse e, incluso, si me esfuerzo, puedo llegar a oír a un vecino corriendo.

El ruido del reloj, poco a poco, me devuelve a la realidad del paso del tiempo y, de pronto, todo empieza a funcionar: los grifos del baño, los dibujos en la tele, los chillidos de «¡Buenos días!», las patitas de las perras sobre el parqué, la cafetera, la tostadora y el sonido de mi voz:

—Suena el timbre (¡Riiiin, riiiin, riiiin!) —repito—. ¿Alguien puede abriiiir? ¡Llaman a la puertaaa!

Al final, tengo que abrir yo. Me miro el pijama (menos mal que no está manchado), me recojo el pelo, me froto la cara para espabilarme y abro la puerta. En el umbral hay un señor. No sería nada extraño si no fuera porque va vestido con un esmoquin. Mi cara debe de ser un poema, pues el señor me sonríe y me pide un café. Es entonces cuando me acuerdo de mi madre, que solía decirme: «No hables con desconocidos».

¡En fin! Ese día debía de estar aventurera, así que lo dejé pasar. De repente, parecía que había vuelto el silencio de cuando me acababa de levantar: todo enmudeció; todo se centró en ese extraño que había dejado entrar en casa y que, tan elegantemente, se dirigía a la mesa del desayuno.

—¡Buenos días, familia! ¿Qué tal habéis dormido? ¿Habéis tenido dulces sueños? —preguntó y se sentó.

El estupor general era tan evidente que tuve que animar a todos a sentarse a la mesa. Y, como si fuera uno más, empezaron los interrogatorios, más ruido, platos y tazas, las perras… y todo volvió a la normalidad. Incluso hubo risas y armonía. Al despedirse, nos dejó un regalo: una tarta que haría que esa mañana fuese recordada no porque tuviéramos un extraño en la mesa, sino por la elegancia de su esmoquin y por el sabor de la tarta.

Tarta de chocolate negro sin horno estilo tuxedo

Tarta fría de chocolate estilo tuxedo


A veces, la decoración de una tarta —aunque sea la más sencilla del mundo— es lo que arranca los «¡ooh!» de los comensales, ¿no crees? Igual que cuando nos vestimos de fiesta.

Por ejemplo, con esta tarta. Claro que puedes presentarla sin nada encima, pero si quieres conseguir ese «¡oh!» de admiración, entonces vístela de etiqueta.

Tuxedo: la traducción de esta palabra inglesa es esmoquin, el traje que suelen vestir los hombres para los eventos más elegantes.

Mi versión es una tarta fría y sin horno. Elegante y vestida para una ocasión especial… o no. Para mí, cualquier reunión con mi tribu ya es especial, y a mi tribu le chifla esta combinación. Supersencilla y decorada para sacarte una sonrisa.

Te recomiendo que no te saltes el paso de disolver la maicena o el arrurruz en frío, o de lo contrario te quedará un pegote al calentarlo. Y si quieres que, aun sin decoración, te feliciten por el resultado, procura que el chocolate sea del bueno, bueno. No te arrepentirás.

Actualizada 2026.



Tarta fría de chocolate sin horno Tuxedo

La base:
  • 154 g (1 paquete) de galletas tipo Oreo relleno incluido 
  • 75 g de mantequilla fundida
  • Molde cuadrado desmontable de 17 × 17 cm (8 cm de altura)

La crema:
  • 600 ml de nata para montar (38 % de materia grasa)
  • 50 g de almidón de maíz o arrurruz
  • 80 g de azúcar (si te gusta muchísimo el dulce llega hasta 100 gramos)
  • 75 ml leche 
  • 200 g de chocolate negro troceado
  • 30 g de mantequilla
  • 1/2 cdta. de sal

Decoración (opcional):
  • Chocolate blanco para fundir

Elaboración:
  1. Pon las galletas (galleta y relleno) en una picadora y tritúralas hasta que queden reducidas a polvo.
  2. Añade la mantequilla fundida y mezcla hasta que los ingredientes queden bien integrados.
  3. Cubre el molde desmontable con papel de horno. Agrega la mezcla de galletas y mantequilla y extiéndela bien por toda la base presionando. 
  4. Reserva en el congelador.
  5. En un vaso bate la maicena o arrurruz con la leche. 
  6. Pon en un cazo la nata, el azúcar, la leche y la mezcla de maicena o arrurruz disuelta. 
  7. Remueve y calienta a fuego medio hasta que espese.
  8. Retira del fuego, añade el chocolate y remueve hasta que se derrita. 
  9. Añade la mantequilla y la sal. Remueve.
  10. Saca la base del congelador y vierte la mezcla dentro.
  11. Introduce el molde en el frigorífico y deja enfriar hasta que esté bien cuajada (4 horas o toda la noche).
Decoración:
  1. Decora con chocolate blanco como si fuera un tuxedo (esmoquin). 
  2. Para ello, yo lo hago de la siguiente manera: preparo una bandeja que quepa en el frigorífico y la cubro con papel de hornear. 
  3. Una vez que el chocolate blanco está derretido, lo introduzco en una manga pastelera, corto un agujerito en la punta de la manga y, directamente sobre el papel, trazo la decoración que ves en la foto. 
  4. Al terminar, llevo la bandeja a la nevera para que el chocolate solidifique. 
  5. Finalmente, cuando el pastel ya está bien frío, coloco las piezas encima para decorarlo.
Notas
  • También puedes preparar versiones individuales en moldes pequeños, cajitas o recipientes.
  • Si te gusta que la base de la tarta sea más gruesa, añade más galletas y mantequilla.
  • Por supuesto puedes usar otro molde, no tiene que ser cuadrado.

Si te gusta mucho el chocolate en Circus day lo tenemos en polos, a la taza, y en brownie además de otras recetas que puedes encontrar en tickets.




Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer sin molde de aro?

Sí. Puedes preparar la tarta directamente en vasitos de cristal individuales o en copas de postre, montando las capas igual. Queda una presentación muy elegante y te ahorras el desmolde. También funciona un molde redondo normal forrado con film transparente para facilitar el desmoldado.

¿Cuánto tiempo necesita en la nevera para cuajar bien?

Un mínimo de 4 horas, aunque lo ideal es dejarla toda la noche. Al día siguiente la textura es perfecta — las capas están bien asentadas y el sabor de la cobertura de chocolate blanco se integra completamente con la crema negra.

¿Se puede congelar la tarta de chocolate sin horno?

Sí, aguanta perfectamente en el congelador hasta un mes. Descongélala en la nevera durante la noche anterior — nunca a temperatura ambiente porque la condensación arruina la cobertura. Una vez descongelada tiene exactamente la misma textura que recién hecha.



tarta sin horno de chocolate decorada como tuxedo


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Pa amb oli

En Galilea de la Serra, un pueblo tan pequeño de Mallorca que hasta Google lo colocaba en la segunda página del buscador, las fiestas patronales empezaban siempre con el mismo problema: nadie sabía exactamente cómo terminaban. La culpa era de don Bartomeu, el alcalde, que cada año ampliaba el programa «por petición popular», o eso decía él.

A las diez de la mañana había misa. A las once, pasacalles. A las doce, vermut. A la una, concurso de pa amb oli. Y a partir de ahí, según el programa, «actividades diversas».

Las actividades diversas eran peligrosas.

El año anterior habían organizado una carrera de sacos que terminó con tres vecinos dentro de un huerto y el párroco con un esguince. Por eso, aquel año el alcalde había prometido algo más tranquilo: el primer Campeonato Internacional de Lanzamiento de Almohada.

—¿Internacional? —preguntó Catalina.

—Por si los residentes extranjeros se animan —respondió el alcalde.

El campeonato comenzó a las cinco de la tarde y terminó rápidamente cuando una almohada aterrizó sobre la cabeza del juez, quien decidió descalificar a todo el mundo.

A las siete llegó el momento más esperado: el concurso de decoración de balcones. El ganador fue, por tercer año consecutivo, el balcón de Antònia Moliner.

—¿Qué has puesto este año? —le preguntó una vecina.

—No res.

—¿Nada?

—He colgado todos los calcetines desparejados, bragas y calzoncillos, organizados por colores, que me ha traído la Tramontana, con un letrero que pone: «Si quieres que te lo devuelva, ya sabes lo que tienes que hacer».

Ganó por unanimidad.

La noche terminó con baile en la plaza. La orquesta tocaba pasodobles, los jóvenes intentaban bailar reguetón y los mayores discutían por la incomodidad de las sillas.

A medianoche, el alcalde subió al escenario:

—¡Vecinos! ¡Un año más hemos demostrado que Galilea de la Serra sabe divertirse!

En ese momento se apagaron todas las luces.

Hubo un silencio.

Después, alguien gritó:

—¿Habéis pagado la factura de la luz?

Y otro:

—¿Es parte del espectáculo?

Durante veinte minutos nadie supo qué hacer, así que continuaron bailando a oscuras.

Al día siguiente, el alcalde anunció que aquello había sido un rotundo éxito y que, para el próximo año, incorporaría «un espectáculo de luz y sonido».

La gente empezó a echarse a temblar. Porque en Galilea de la Serra todos sabían una cosa: cuando el alcalde decía que algo había sido un éxito, lo peor todavía estaba por llegar.


La base de un pa amb oli mallorquín

Panorámica de la Galilea Mallorquina



Este mes, el evento «Hecho en mi cocina» en su edición número 63 (HEMC #63), organizado por Cristina del blog LeBonVivant, nos propone descubrir los sabores de nuestro verano. ¿A qué sabe? En Circus Day sabe a montaña, a mar; sabe al huerto de mis vecinos Manolo y Mari; sabe a vino y a la piña que han traído Biel y Esperanza, también vecinos. Y a fiestas de pueblo.

El pa amb oli (o pamboli) es uno de los pilares gastronómicos más identitarios de Mallorca. Una combinación humilde de pan moreno —tostado o no, según el gusto de cada uno—, tomàtiga de ramellet, aceite de oliva virgen extra y sal, que forma parte de la vida cotidiana en la isla, tanto en las casas como en las pamboleries.

La primera referencia escrita del plato aparece documentada a mediados del siglo XVIII de la mano del fraile franciscano Jaume Oliver. En su recetario titulado Modo de cuynar a la mallorquina, el fraile describe una receta llamada panboli bo ('pan con aceite bueno'). En este documento histórico, la preparación consistía únicamente en rebanadas de pan payés aliñadas con aceite de oliva virgen extra y sal.

Este origen demuestra que la tradición insular de untar el pan con aceite ya estaba plenamente consolidada antes de que el tomate se convirtiera en un ingrediente cotidiano de la cocina popular.

El plato experimentó su mayor revolución con la integración del tomate, un fruto que llegó de América pero que tardó siglos en consumirse crudo y untado en el pan de forma masiva. En Mallorca, este emparejamiento alcanzó la perfección gracias al desarrollo del tomate de ramillete (tomàtiga de ramellet).

Esta variedad autóctona se caracteriza por su piel dura, su acidez marcada y su alta concentración de jugo. Los agricultores cosían los tomates en ramilletes y los colgaban en lugares secos y ventilados, lo que permitía conservarlos frescos durante todo el año, incluso en los meses de invierno. Al restregar este tomate específico sobre el pan moreno, la miga absorbía perfectamente la pulpa sin ablandar la corteza.

Hoy en día, un pa amb oli tradicional se sirve junto a embutidos locales como el camaiot (un embutido cocido de cerdo muy denso) y la sobrasada, quesos artesanos de Mahón, aceitunas mallorquinas aliñadas con hinojo, alcaparras o hinojo marino en vinagre (fonoll marí).

Aunque parezca una receta sencilla, la forma de prepararlo sigue levantando pasiones e intensos debates entre los puristas de la isla: ¿primero el tomate o el aceite? La ortodoxia mallorquina dicta que el orden de los factores sí altera el producto: primero se tuesta ligeramente el pan si no es del día (opcional), después se frota enérgicamente la tomàtiga de ramellet, a continuación se vierte el aceite de oliva virgen extra en hilo continuo y, finalmente, se corona con unos granos de sal marina.

Y sí, es nuestro fast food. ¿Fácil, verdad?

¿Y para acompañarlo? Boquerones en vinagre, jamón, queso, fuet, aceitunas, hinojo marino... En esta ocasión también hubo tortilla de flores de calabacín, porque tenía en la huerta y porque, cuando os pregunté cómo podía cocinarlas, la mayoría me recomendasteis hacer una tortilla. Así que, ¡muchísimas gracias!

Así de auténtico sabe mi verano.

Actualizada 2026.



Pa amb oli mallorquí


Ingredientes

  • Pa moreno (pa moreno es un pan que se hace en Mallorca, que puedes sustituir por cualquier pan que te guste a ti)

  • Tomàtiga de ramellet

  • Aceite de oliva virgen extra

  • Sal

Para acompañar (opcional)

  • Boquerones en vinagre

  • Escalivada

  • Jamón 

  • Queso

  • Fuet

  • Tortilla

  • Aceitunas

  • Hinojo marino

Elaboración

  1. Corta el pan moreno en rebanadas.

  2. Parte la tomàtiga de ramellet por la mitad y frótala sobre el pan.

  3. Añade aceite de oliva virgen extra.

  4. Incorpora sal al gusto.

  5. Sirve acompañado de embutidos, quesos, verduras, encurtidos o lo que más te apetezca.


Nuestro pan con aceite mallorquín

Pan con tomate mallorquín


Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre el pa amb oli mallorquín y el pan con tomate catalán?

La diferencia principal está en el tomate y el orden. El pan con tomate catalán usa tomate fresco de cualquier variedad, a menudo triturado o en rama, y habitualmente se frota con ajo primero. El pa amb oli mallorquín usa específicamente la tomàtiga de ramellet — una variedad autóctona de piel dura que se conserva colgada en ristras — y no lleva ajo. Primero se frota el tomate, después el aceite y finalmente la sal. El orden importa.

¿Dónde encontrar tomàtiga de ramellet fuera de Mallorca?

Es un producto autóctono mallorquín de temporada — se cosecha en verano y se conserva colgada hasta el invierno. Fuera de Mallorca es muy difícil de encontrar en estado fresco. En tiendas de productos mallorquines online quizás la puedas comprar. Como sustitución, un tomate maduro de piel firme y poco agua — tipo pera o rama bien maduro — es la opción más cercana.

¿Qué es una pamboleria?

Una pamboleria es un establecimiento típico mallorquín especializado exclusivamente en pa amb oli. No es un bar convencional ni un restaurante — es un local donde solo se sirve pa amb oli con diferentes acompañamientos: sobrasada, camaiot, queso de Mahón, aceitunas, boquerones y encurtidos. Son un fenómeno gastronómico único de Mallorca sin equivalente en el resto de España.








Fotografías @catypol - Circus day.

Llonguet mallorquín

Abrir una pequeña panadería es, en estos tiempos, como diría María, una locura. Irme del pueblo con ese poco dinero ahorrado, que tanto me costó conseguir, para continuar mis andanzas en la capital, no fue fácil, ni aventurero, ni apreciado por parte de la familia. Lo sé: las raíces son importantes, siempre que no te detengan.

Y ahí estaba yo, fregando el suelo de lo que sería para mí una nueva etapa: muchísimo trabajo y apretarme el cinturón, segurísimo. Pero hacer pan se me daba bien. En la capital todos hablaban del llonguet, el panecillo más consumido por la mayoría. Nada de pan de pueblo, tosco y poco sabroso… Bueno, los tiempos cambian, los gustos también, y yo tendría que amoldarme a mi nueva situación.

Vivir encima de la panadería me permitía no perder tiempo entre caminos, idas y venidas. María, al final, había venido a verme. Pensé que estaba alucinando cuando se presentó de repente. Me entraron ganas de llorar, pero sabía que, si lo hacía, era como darle una pequeña victoria, y no quería concedérsela. Así que levanté el mentón, miré a mi alrededor, como enseñándole lo conseguido, y le guiñé el ojo para que viera que podía estar tranquila. Ella. Porque mi interior estaba como un flan.

María me sonrió, se acercó sigilosa hasta mí, como si supiera lo que sucedía dentro de mí, y me abrazó con fuerza. Me confesó que estaba orgullosa y que no importaba si me quedaba toda la vida: eso significaría que todo estaba bien. Pero que, si quería volver, ella nunca me preguntaría, ni dejaría de estar orgullosa, ni me juzgaría.

Después de su partida me sentí feliz. Quizá por su aprobación, quizá por su visita, quizá porque me sentía capaz… o porque sabía que, aunque estuviera lejos, ella luchaba por mí.


Llonguet de Mallorca tradicional

Llonguet mallorquín el panecillo tradicional


El llonguet es un panecillo tradicional de miga elástica, corteza fina y una hendidura longitudinal característica, cuyo origen e historia están estrechamente ligados a la cultura urbana de Cataluña y, muy especialmente, de Palma.

Aunque hoy se considera un emblema de la identidad mallorquina, los historiadores sitúan las raíces del llonguet en Francia. Este tipo de panecillo refinado se introdujo en Cataluña alrededor del año 1700 y llegó a los hornos de Palma hacia 1800. En sus inicios, debido a su compleja elaboración artesanal y al uso de harinas muy blancas, era un producto exclusivo de las clases nobles y de la burguesía urbana, diferenciándose del pan moreno tradicional o pa de pagès que consumían las clases populares y los habitantes del campo.

A lo largo de los siglos XIX y XX, la popularidad del llonguet se consolidó en la capital de las islas Baleares. Mientras en los pueblos de Mallorca se seguía elaborando de forma casera el pan de hogaza tradicional, las panaderías de Palma producían este panecillo a diario. Los habitantes de la part forana, al ver la preferencia de los ciudadanos por este pan que consideraban sofisticado, comenzaron a llamar a los habitantes de la capital «llonguets» con un tono irónico y burlón. Con el paso del tiempo, el mote original se transformó en un motivo de orgullo cultural y hoy en día llonguet es el gentilicio popular e identitario de los palmesanos. El propio archiduque Luis Salvador ya documentó la alta calidad y predilección por este panecillo oblongo en su monumental obra Die Balearen a finales del siglo XIX.

Más allá de su consumo, el llonguet cumplía una función técnica crucial dentro de los antiguos hornos de leña. Al ser una pieza pequeña, los panaderos lo colocaban en las primeras tandas de horneado para generar la humedad y el vapor necesarios que requería el resto de los panes de mayor tamaño. Se lo consideraba de forma interna como un pan auxiliar que ayudaba a que las demás masas se hornearan correctamente dentro del obrador.

A mediados del siglo XX, con la llegada de la industrialización y la aparición de las barras de pan modernas de producción rápida, el llonguet inició un periodo de decadencia. Su exigente proceso de amasado, formado y greñado manual provocó que muchas panaderías comerciales dejaran de fabricarlo, situándolo al borde de la desaparición. Sin embargo, la movilización ciudadana y la resistencia de los hornos tradicionales lograron revertir la situación.

A partir de 2014, colectivos como Orgull Llonguet impulsaron la recuperación de este patrimonio gastronómico. La Consejería de Trabajo, Comercio e Industria del Gobierno balear lo protegió bajo la marca de garantía Pa d'aquí. Actualmente se celebra la Ruta del Llonguet en Palma y el panecillo forma parte indispensable de las fiestas patronales de San Sebastián, consolidado como el soporte perfecto para los bocadillos de la merienda local. También existe la Fira del llonguet, en la que, además de consumir llonguets, multiples actividades dan paso a homenajear este panecillo palmesano. 

Lo maravilloso del llonguet es que se presta a todo: relleno de sobrasada, de queso y tomate, de embutidos o incluso de preparaciones más modernas. Para mí, evoca recuerdos de infancia: era la merienda que mi madre me preparaba para el colegio, sencilla y deliciosa. Hoy cualquiera puede vivir esa experiencia, ya sea probando las propuestas más creativas en los bares de Palma o llevándose unos cuantos llonguets recién horneados para rellenarlos en casa al gusto.

Actualizada 2026.


Panecillo llonguet mallorquín casero


Prefermento 
100 g de harina de fuerza
50 g de agua
1 g de levadura fresca

Masa
500 g de harina de fuerza
285 g de agua
10 g de sal
2 g de levadura fresca
El prefermento

El prefermento (la noche anterior):
Diluye la levadura en el agua y añade la harina, remueve hasta que se forme una masa sin grumos y deja fermentar hasta doblar su tamaño, toda la noche a temperatura ambiente.

Llonguet:
  1. Mezcla el prefermento (cortado en pequeños trozos) con el resto de ingredientes. 
  2. No añadas toda el agua de golpe sino poco a poco. 
  3. Amasa hasta formar una bola lisa. 
  4. Deja fermentar unos 45 minutos tapado a temperatura ambiente. 
  5. Pasado este tiempo desgasifica la masa con un rodillo si no puedes con las manos. 
  6. Una vez desgasificado bien vas a empezar a plegar la masa, cuantos más plegados hagas mejor. 
  7. Forma un rulo y córtalo en trozos iguales, verás que en la masa interior se ve los plegados. 
  8. Usa un trapo enharinado y coloca los trozos en el trapo haciendo pliegues a los lados y tapando todos los trozos de masa para que fermente aproximadamente una hora y media a temperatura ambiente. 
  9. Verás que se hinchan bastante. 
  10. Ahora tienes que hacerle un corte por la mitad bastante profundo. 
  11. Llévalos al horno a 220 ºC unos 20 - 30 minutos. 
  12. Sácalos y deja enfriar.

Paso a paso elaboración llonguet


Preguntas frecuentes

¿Por qué los palmesanos se llaman "llonguets"?

El mote tiene origen irónico. Los habitantes de la part forana — los pueblos del interior de Mallorca — llamaban "llonguets" a los palmesanos con cierta burla, porque estos preferían el refinado panecillo urbano al pan de hogaza tradicional del campo. Con el tiempo el apodo se convirtió en motivo de orgullo y hoy llonguet es el gentilicio popular e identitario de los habitantes de Palma.

¿Qué es un prefermento y para qué sirve en el llonguet?

El prefermento es una masa madre rápida que se prepara la noche anterior con harina, agua y muy poca levadura. Al fermentar lentamente durante toda la noche desarrolla sabores complejos y mejora la estructura del gluten. En el llonguet da la miga elástica y la corteza fina características que no se consiguen con un amasado rápido y levado corto.

¿Cuál es la diferencia entre el llonguet y una barra de pan?

La diferencia principal está en el proceso y la forma. El llonguet es un panecillo individual oblongo con una hendidura longitudinal profunda que se hace manualmente — el greñado es parte de su identidad. La barra industrial se produce de forma mecanizada y rápida. La miga del llonguet es más elástica y la corteza más fina y delicada que la de una barra convencional.


Panecillo llonguet mallorquín tradicional

Fotografía de Palma de Mallorca dentro de una botella
Palma de Mallorca en miniatura dentro de una botella — ciudad del llonguet.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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