Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Semillas de mostaza

Sentado frente a la puerta del templo, se dedicaba a observar a la gente que entraba y salía de él: penitentes, turistas, hombres y mujeres, mayores y jóvenes. Todos se paraban ante el umbral, lo observaban y entraban; en cambio, los que salían no miraban atrás, como si hubieran dejado dentro todos los demonios que llevaban encima y no quisieran que regresaran una vez fuera. Él no era entusiasta de los templos, ni del rezo ni del perdón. Había dejado esa parte de la vida en manos de su familia: ella se encargaba de su alma, o al menos de rezar por ella. Él pensaba que ya estaba perdida.

Cuando la vio salir del templo, pensó que se había escapado un ángel de algún rincón del edificio. Sus ojos verdes rasgados, pómulos altos y boca agraciada; asomaba cabello negro por debajo del pañuelo que llevaba sobre la cabeza. Su vestido largo casi le tapaba los pies y una sonrisa —de haber dejado sus pecados rezando— lo atrajo como un imán. Y la siguió.

Ella cruzó la plaza, llegó al mercado y se paró frente al puesto de las especias. Compró semillas de mostaza y rio con gusto por algo que el mercader le había dicho. Siguió su camino por las callejuelas estrechas de la ciudad. Él la siguió con cuidado, procurando que ella no se diera cuenta. Era especialista en eso. La vio entrar en otro portal. Ese no era un templo, sino más bien la entrada de un palacio. Ahora entendía por qué lo había atraído tanto aquella mujer. Negó con la cabeza, sonrió y siguió su camino.

—No es para ti —se dijo, y suspiró, regresando sobre sus pasos.


Semillas de mostaza encurtida para bocadillos o sandwiches

Semillas de mostaza encurtidas en huevo relleno y ensaladilla



En la tradición bíblica, la semilla de mostaza aparece en las parábolas de los evangelios de Mateo y Lucas como símbolo de fe y crecimiento. Sin embargo, su historia escrita se remonta mucho antes: ya en el siglo V a. C. figuraba en relatos budistas de la India. En el sur de Asia, este diminuto grano es un pilar culinario indiscutible: las semillas se templan en aceite caliente hasta que chisporrotean y revientan liberando todo su aroma, sus hojas tiernas se cocinan como verdura y su potente aceite no solo reina en las sartenes, sino que se emplea tradicionalmente en masajes para templar el cuerpo durante los inviernos rigurosos.

En la gastronomía de regiones como Bengala, el aceite de mostaza (shorsher tel) es el medio de cocción por excelencia y aporta un regusto pungente inconfundible. Allí, las semillas majadas son el alma de emblemáticos guisos de pescado picantes como el machher jhaal o el paturi, además de enriquecer encurtidos tradicionales a base de mango verde, chile y mostaza en polvo madurados al sol en su propio aceite.

Pickled mustard seeds, semillas de mostaza encurtidas o el llamado «caviar de mostaza»: distintos nombres para una pequeña joya crujiente que transforma cualquier receta. Son el contrapunto perfecto para coronar huevos rellenos, hamburguesas, ensaladas, ensaladillas, tablas de quesos, bocatas, sándwiches o perritos calientes; en fin, hasta donde alcance la imaginación. Y no, no tienen la textura ni la acidez punzante de la salsa de mostaza comercial: estallan suavemente en boca y su sabor delicado te conquistará al primer bocado.


Actualizada 2026.


Semillas de mostaza encurtidas 


Ingredientes
  • 150 g de semillas de mostaza
  • 300 ml vinagre de manzana (o de vino)
  • 1/2 cdta. de sal
  • 1 cdta. de Tandoori masala (o el condimento que más te guste)
  • 150 ml vinagre de manzana (o de vino)
  • 125 ml vinagre de manzana (o de vino)

Elaboración
  1. Pon las semillas de mostaza en remojo con el vinagre y la sal, durante 2 horas a temperatura ambiente. 
  2. Añade el tandoori masala y remueve. 
  3. Lleva a ebullición a fuego bajo con 15 mililitros de vinagre. 
  4. Remueve para que no se pegue durante 20 minutos. 
  5. Deja enfriar. 
  6. Añade los últimos 125 mililitros de vinagre. 
  7. Remueve. 
  8. Transfiere a un bote y refrigera. 
  9. Dura varios meses.
Nota: 
El vinagre se añade en tres momentos distintos — 300 ml para el remojo inicial, 150 ml para la cocción y 125 ml al final en frío.



Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo duran las semillas de mostaza encurtidas?

Varios meses en la nevera en un bote hermético bien cerrado. El vinagre actúa como conservante natural — cuanto más tiempo pasan en el bote, más suave y redondo se vuelve su sabor. Las primeras 48 horas son las más intensas; a partir de la primera semana alcanzan su punto óptimo.

¿Se puede cambiar el tandoori masala por otra especia?

Sí — y esa es la gracia de la receta. El tandoori masala aporta un perfil cálido y aromático con cúrcuma, comino y cardamomo. Puedes sustituirlo por curry en polvo para un sabor más familiar, por pimentón ahumado para una versión más española, o por hierbas provenzales para una versión mediterránea. Cada especia cambia completamente el perfil del caviar de mostaza.

¿Por qué explotan las semillas de mostaza en boca?

Porque al encurtirlas en vinagre las semillas absorben líquido y se hinchan ligeramente, pero mantienen su membrana exterior intacta. Al morderlas esa membrana revienta liberando el interior — una combinación de aceite esencial de mostaza y el líquido de encurtido — en una explosión de sabor suave y aromático. Por eso se llaman "caviar de mostaza" — el efecto es muy similar al del caviar real pero sin el precio.


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Hamburguesa de cordero

Era una noche brillante y mágica. La luna llena colgaba en el cielo como una lámpara gigante, iluminando el jardín de la familia Pérez. Bajo esa luz plateada, se alzaba orgullosa una tienda de campaña azul, con estrellas dibujadas con rotulador. Dentro, la pequeña Sofía, de cinco años, organizaba la «expedición lunar» junto a su hermanito de dos años, Leo, que básicamente babeaba sobre una linterna.

—¡Preparados para despegar, astronautas! —anunció Sofía con voz seria, mientras colocaba sobre sus cabezas cascos hechos con coladores de cocina.

Fuera de la tienda, el perro Rocky, un mestizo alegre con mucha energía, daba saltos alrededor como si la gravedad lunar ya estuviera haciendo efecto. De vez en cuando se metía en la tienda, se enredaba con los sacos y salía disparado con una zapatilla en la boca. Era el «perro explorador», según Sofía.

Pero algo faltaba en esta misión intergaláctica.

—¡Los suministros espaciales! —exclamó Sofía—. ¡No podemos ir a la Luna sin hamburguesas!

Con la determinación de una astronauta con hambre, salió corriendo hacia la cocina. Minutos después regresó con tres hamburguesas, que colocó con reverencia dentro de la tienda.

—Comida de astronautas —le explicó a Leo, quien aplaudió sin entender, pero claramente emocionado por la posibilidad de comer.

Los tres —Sofía, Leo y Rocky, que se sentó como un soldado esperando su ración— se lanzaron a devorar las hamburguesas bajo la luz de la linterna y la luna, entre risas, ladridos y algo de babas. Esa noche, la expedición no llegó a la Luna, pero aterrizó directamente en el corazón de los sacos de dormir y el cojín de Rocky. A la mañana siguiente, los padres encontraron la tienda completamente desordenada, una zapatilla mordida, restos de hamburguesa por todas partes y a los tres astronautas dormidos, acurrucados en una misión cumplida.

Hamburguesa de cordero mallorquín casera a la plancha

Hamburguesa de cordero hecha en casa a la plancha


La primera referencia documental de una preparación semejante data del Imperio romano bajo el nombre de isicia omentata, una receta recogida en el célebre tratado De re coquinaria que combinaba carne picada, miga de pan remojada en vino y especias. Siglos más tarde, durante el siglo XII, los pueblos jinetes mongoles y tártaros ablandaban y picaban carne magra para transportarla con facilidad bajo la silla de sus caballos, una costumbre que daría origen al steak tartar tras su desembarco en Rusia y el norte de Europa.

La fórmula evolucionó notablemente en el puerto de Hamburgo, en Alemania, donde cuajó el Hamburger steak o filete de Hamburgo: una pieza de vacuno picada, sazonada y pasada por la plancha o la parrilla. A lo largo del siglo XIX, las olas de inmigrantes alemanes que zarparon de Hamburgo rumbo a América llevaron consigo esta costumbre culinaria. En los muelles de urbes como Nueva York, los puestos portuarios empezaron a despachar estos filetes al estilo hamburgués para atraer a marineros y obreros europeos.

El salto crucial del filete al sándwich tuvo lugar en Estados Unidos entre finales del siglo XIX y principios del XX, en plena ebullición industrial, cuando la clase trabajadora demandaba bocados rápidos y asequibles para comer sobre la marcha. La autoría exacta del formato moderno sigue en disputa: Louis Lassen aseguraba haber servido la primera hamburguesa en Connecticut en el año 1900 al meter la carne entre dos rebanadas de pan tostado; otros cronistas atribuyen el mérito a Charlie Nagreen en la Feria del Condado de Outagamie de 1885, o a los hermanos Menches en Nueva York ese mismo año.

La consolidación industrial del plato llegó en 1921 de la mano de White Castle, la primera cadena que estandarizó la elaboración en serie, económica e higiénica de las hamburguesas. Dos décadas después, los hermanos McDonald revolucionaron el sector con su método de servicio rápido (Speedee Service System), fijando la icónica guarnición de kétchup, mostaza, pepinillos y queso fundido. La posterior expansión de las franquicias estadounidenses durante la segunda mitad del siglo XX transformó el panorama culinario global, encumbrando a la hamburguesa como icono indiscutible de la cultura pop y de la gastronomía contemporánea.

Esta es una receta de una carnicería que, ahora cerrada,  tuvieron a bien confiarme la receta de su hamburguesa de cordero, la misma que por entonces despachaban para un afamado restaurante, además de sus clientes habituales de la carnicería. 

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Hamburguesa de cordero mallorquín con curry, tomillo y orégano


Ingredientes para 4 hamburguesas:
  • 500 g de carne picada de cordero (125 g por hamburguesa aprox.)
  • 1 cdta. de sal al gusto
  • 1/2 cdta. de pimienta negra recién molida
  • 1 cdta. de tomillo 
  • 1 cdta. de orégano 
  • 2 dientes de ajo picados o machacados
  • 2 cdas. de perejil fresco picado
  • 1 cdta. de curry en polvo disuelto en 1-2 cucharadas de agua para que se integre bien
  • 4 panes de hamburguesa 
  • Queso para fundir, tomate, cebolla, pepinillo, salsa ketchup, mostaza, mayonesa...

Elaboración:
  1. Pon la carne picada en un bol grande. 
  2. Añade la sal y mezcla bien para que se distribuya. 
  3. Incorpora la pimienta negra y mezcla. 
  4. Agrega el tomillo y el orégano, mezcla de nuevo. 
  5. Añade el ajo picado y vuelve a mezclar. 
  6. Incorpora el perejil picado, mezcla. 
  7. Finalmente, añade el curry diluido y mezcla muy bien para que quede uniforme. 
  8. Luego forma las hamburguesas, con cuidado de no compactarlas demasiado, para que queden jugosas. 
  9. Cocina a la plancha o barbacoa a fuego medio-alto por cada lado, según el grosor y cómo te guste. 
  10. Preséntalas a tu gusto, con queso, tomate, cebolla, salsas...

Hamburguesa de cordero con curry y tomillo

Preguntas frecuentes

¿Por qué el curry se disuelve en agua antes de añadirlo?

Porque el curry en polvo seco no se integra uniformemente en la carne picada — quedan grumos que dan puntos de sabor muy intenso. Al disolverlo previamente en una o dos cucharadas de agua se distribuye perfectamente por toda la masa, dando un sabor uniforme y suave a todas las hamburguesas. Es el truco profesional de la carnicería que da origen a esta receta.

¿Por qué no hay que compactar demasiado la hamburguesa?

Cuanto más se compacta la carne, más se rompen las fibras musculares y más jugos se pierden durante la cocción. Una hamburguesa demasiado apretada queda seca y dura. Lo ideal es mezclar bien los ingredientes pero formar la hamburguesa con el mínimo de presión posible — que aguante la forma justa para cocinarse sin deshacerse.

¿A qué temperatura debe cocinarse la hamburguesa de cordero?

El cordero admite un punto más rosado que la ternera — no necesita estar completamente cocinado por dentro. A fuego medio-alto, 3-4 minutos por cada lado para un resultado jugoso y con el interior ligeramente rosado. Si la prefieres más hecha, añade un minuto más por lado y baja el fuego para que no se queme por fuera mientras se cocina por dentro.


Hamburguesa de cordero con explosión de sabores


Relato y fotografías @catypol -  Circus day.

Recetas con coliflor

Cuando todos ya dormían, corría escaleras arriba para tumbarme en el suelo del altillo, justo debajo de la claraboya redonda que el dueño original de la casa había hecho instalar para poder colocar allí su telescopio en invierno, cuando hacía tanto frío que incluso del cristal del aparato salían pequeñas nubes heladas.

No sé de constelaciones ni de otros mundos alineados con el mío. No sé quién vive en la Luna ni si en Marte hay marcianos o huertos de coliflor. Yo solo quiero un poco de paz, contar las estrellas como se cuentan las ovejas para dormir, pedir un deseo al paso de una estrella fugaz y dejarme envolver por la luz de la Luna cuando está llena.

Mis hermanos se ríen de mí cuando les cuento que visito el espacio sin cohete, o que su ruido es igual al del paso de meteoritos —aunque en el espacio no haya ruido—, y que en los anillos de Saturno suenan canciones para niños que puedes escuchar si cierras los ojos y abres la imaginación. Todos piensan que, si pudiera, sería astronauta.

Y no, yo no quiero ser astronauta. Me da miedo el silencio y el espacio infinito; temo que el cordón que me una a la nave se rompa y me deje vagando sin rumbo. A mí lo que me gusta es sacar la magia de donde sea, saber que si miro hacia arriba encontraré que el cielo sigue estando allí; que las respuestas las encuentro si las busco, y si no las busco, también. Que de la casualidad nacen grandes historias, recetas o sentimientos. Y que no le pongo fin a mi imaginación, porque la siento muy dentro, tan viva y tan clara como cuando miro el firmamento a través de la claraboya y veo todo un mundo de color.


Migas rápidas de colirroz con huevos fritos

Migas de coliflor con huevos fritos receta muy fácil



Las migas de coliflor son una propuesta culinaria moderna nacida a principios del siglo XXI al abrigo de corrientes como la dieta cetogénica o la paleodieta. El plato surge de la búsqueda de una alternativa ligera, saciante y sin gluten a las migas tradicionales, aquel contundente bocado de pastores elaborado a base de pan asentado frito. La tendencia se consolidó a nivel global en torno a 2012 con la popularización del «arroz de coliflor» en blogs gastronómicos de Estados Unidos y Europa, tras descubrirse que, al rallar o triturar los ramilletes crudos, se obtenía una textura granulada muy similar a la del cereal o la miga de pan.

A diferencia de la receta tradicional, que exige humedecer y trabajar pacientemente el pan en la sartén con manteca o aceite, la versión vegetal simplifica la técnica al máximo. Basta con saltear la coliflor rallada a fuego vivo con un hilo de aceite de oliva virgen extra para que se cocine en sus propios jugos, manteniendo una textura tierna pero con un punto crujiente (al dente). Para recrear el perfil sabroso y reconfortante de siempre, la base se acompaña de los aliños canónicos: ajos majados con su piel, buen pimentón de la Vera y, según la versión, chacinas clásicas como panceta, chorizo o taquitos de jamón.

Esta reinvención ilustra a la perfección la cocina contemporánea de sustitución, donde un ingrediente humilde de la huerta renueva un clásico sin renunciar a su arraigo. Lejos de quedar relegadas al ámbito de las dietas de adelgazamiento, las migas de coliflor se han ganado un hueco en los menús cotidianos gracias a su versatilidad, su aporte nutricional y su sencillez en los fogones.

La verdadera evolución hacia el hummus de verduras se fraguó entre finales del siglo XX y principios del XXI, impulsada por la globalización de la cocina mediterránea y el auge del veganismo en Europa y América. La industria alimentaria y la restauración occidental empezaron a reinterpretar la receta tradicional para seducir a un público que demandaba opciones más ligeras, vistosas y con perfiles nutricionales variados. Al triturar hortalizas cocidas o asadas junto con la base de garbanzo o sin él, se descubrió que no solo se enriquecía el sabor, sino que se obtenía una untuosidad sorprendente sin necesidad de incorporar grasas adicionales.

Entramos en una semana especial para los padres. Aunque la fiesta se ha vuelto muy comercial, aún recuerdo la manualidad que hacíamos en el cole para regalar: no se compraba nada. Y la verdad, tampoco hace falta gastar ahora: hijos, cocinad algo rico para celebrarlo —algo sano, para variar—, dadle un abrazo o un «te quiero» si hace tiempo que no lo hacéis. Veréis a vuestro padre feliz… y, al menos por un día, no le llevéis la contraria.

Actualizada 2026.

Aquí te dejo 2 recetas super fáciles.

Migas de colirroz


Para 2 comensales

Ingredientes:
  • Aceite de oliva 
  • 2 ajos picados
  • 75 g de panceta, cortada en trocitos pequeños
  • 1 cda. de pimentón dulce o ahumado
  • 200 g de colirroz (coliflor picada)
  • Sal
  • 2 huevos fritos (para acompañar)

Elaboración:
  1. Sofríe en aceite de oliva los ajos picados, a fuego bajo, añadir la panceta. 
  2. Añade el pimentón, remover. 
  3. Añade la colirroz, remover. 
  4. Añade la sal. 
  5. Remueve y deja cocinar 3 minutos. 
  6. Sirve.
  7. En una sartén aparte fríe 2 huevos. 
  8. Acompaña las migas con los huevos fritos.


Hummus de floretes de coliflor con tahini



Estaba en pleno atasco y mi paciencia cada vez iba a menos. Siempre me pregunté cómo lo hacía mi mujer sin explotar cada vez que se encontraba en esta situación. La compra, recoger al pequeño, llamar y recordar a los mayores que debían estar en casa después de clase, intentar cambiar de ruta para no encontrarme siempre con el mismo atasco de las cinco… ¡Uf! Debí aprender más de ella.

La adolescencia no es fácil, ni para ellos ni para mí. Recuerdo vagamente la mía y ahora quizás me vendría bien. Cada vez que le pregunto a mi padre sobre el tema, suspira y sonríe para terminar diciéndome: «Hijo mío, esa parte de tu vida mejor no recordarla», y eso me asusta, y mucho.

La rebeldía de los mayores hace que el pequeño me vea muchas veces irritado, y lo lamento. Él es todavía el que me abraza y me dice lo mucho que me quiere; el que me despierta por la mañana a besos, o el que me canta a pleno pulmón «Baby Shark» mientras conducimos al cole. Adoro esas manifestaciones de amor en estos tiempos revueltos.

«Eso no me gusta…», «estoy a dieta…», «ahora soy vegetariano…», «¡por favor!, eso ya no se lleva…», «necesito unas zapatillas nuevas…», «¡otra vez coliflor para comer!…», «me han invitado a una fiesta que terminará tarde, ¿me dejarás ir, verdad?…», «me viene a recoger mi novio…». ¿Queeeé? Es como vivir en el país de las maravillas, en el que ellos se han tomado la pócima para crecer y yo voy corriendo de un lado a otro como el Conejo Blanco: «¡No hay tiempo! ¡No hay tiempo!».


Hummus de coliflor


Ingredientes para 4 comensales:
  • 320 g de coliflor en floretes
  • 2 cdas. de aceite de oliva 
  • 2 cdas. de tahini
  • 2 cdas. de zumo de limón
  • 2 dientes de ajo
  • 2 cdtas. de comino molido
  • Sal y pimienta al gusto
Decoración:
  • Semillas de girasol, calabaza y/o sésamo negro
  • Aceite de oliva virgen extra
Elaboración:
  1. Hierve los floretes de la coliflor unos 4 minutos.
  2. En un vaso de túrmix, bate la coliflor con los demás ingredientes. 
  3. Salpimienta al gusto. 
  4. Sirve y decora con las semillas y un poco de aceite de oliva virgen extra.



Preguntas frecuentes

¿Qué es el colirroz y cómo se prepara?

El colirroz es coliflor rallada o triturada en trozos muy pequeños que imita la textura del arroz o la miga de pan. Para prepararlo en casa basta con rallar los ramilletes crudos con un rallador grueso o pulsarlos brevemente en un procesador de alimentos. También se vende ya preparado en muchos supermercados en la sección de refrigerados o congelados.

¿Se puede hacer el hummus de coliflor sin tahini?

Sí, aunque el tahini aporta el sabor a sésamo característico del hummus. Si no lo tienes o no te gusta, puedes sustituirlo por una cucharada de mantequilla de cacahuete suave o simplemente omitirlo. El resultado es un poco más ligero y con más protagonismo del sabor de la coliflor.

¿Para qué sirven las semillas de decoración en el hummus?

Las semillas de girasol, calabaza y sésamo negro no son solo decorativas — aportan textura crujiente, grasas saludables y proteínas vegetales al conjunto. En el hummus de coliflor, que es más ligero que el de garbanzo, las semillas añaden cuerpo y hacen el plato más saciante. También funcionan perfectamente como toppings en ensaladas o yogures.

Hummus de coliflor con palitos de galleta y topping de frutos secos

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Brocomole

Cuando era estudiante, vivía en un minipiso en el barrio Latino. No tenía más que una sola habitación; todo el piso era una única estancia: dormitorio, cocina, sala de estar y baño. Bueno, el baño estaba separado por un biombo con una gran ilustración de Betty Boop. No iba conmigo, pero sí con la decoración y con la bañera de patas que ocultaba.

En la misma planta vivían otros estudiantes y una señorona caribeña que, cuando cantaba, hacía temblar los finos cristales de las ventanas al son de su voz.

—Mijita, yo iba pa soprano, pero se me crusó en la vida un caballero inglés y no solo bebí los vientos por él, también todito el ron que había en el bar donde trabajaba por aquel entonse —me decía cuando la veía alicaída.

Persea Laura, que así se llamaba la doña, despachaba en la sección de frutas y verduras de la grocery más alegre del barrio. Cuando íbamos a por género, ella siempre me regalaba un aguacate y me soltaba:

Pa que te dé enelgía, mijita, que estás muy sola.

Aquello me desconcertaba, y debía de notárseme a leguas porque ella remataba a voz en grito:

—¡Que es afrodisiaco, mijita! —y me guiñaba el ojo, dejándome a cuadros.

El resto de clientes se reía por lo bajini y yo acababa saliendo casi a la carrera de la tienda.

No sé si me hacía falta esa «enelgía», pero me zampaba el aguacate como si fuera el mayor manjar de la semana. Quizás influenciada por la sensual Betty Boop o por la vecina caribeña que vivía a dos puertas de la mía; el caso es que fue la etapa más feliz de mi vida universitaria.


(Nota: Aguacatero del género Persea de la familia Lauraceae.)


Brocomole salsa guacamole con brócoli y aguacate

Brocomole con floretes de brócoli y aguacate


El guacamole tiene su origen en la época prehispánica en el centro y sur de México, donde los mexicas preparaban una salsa espesa llamada āhuacamolli, voz náhuatl que se traduce como «salsa de aguacate». La mitología mesoamericana atribuía la receta al propio dios Quetzalcóatl, quien según la leyenda la obsequió a los humanos para que disfrutasen de sus virtudes nutritivas y energéticas. En sus inicios, la fórmula original era sumamente sencilla y consistía únicamente en aguacate machacado, chiles, jitomate y sal de grano, ingredientes nativos que se majaban en un molcajete de piedra volcánica.

Con la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, el plato experimentó un profundo mestizaje culinario. Los europeos quedaron fascinados con la salsa por su textura cremosa y su sabor, pero al resultarles compleja la pronunciación nativa, adaptaron el término fonéticamente hasta alumbrar la voz «guacamole». Como el aguacate no resistía la travesía transatlántica y su cultivo no cuajó de inmediato en Europa, la receta se enriqueció sobre el propio terreno novohispano incorporando ingredientes traídos del Viejo Mundo, como la cebolla, el ajo, el cilantro y la lima.

Esta evolución transformó el preparado prehispánico en la versión que hoy triunfa a escala internacional, consolidando al guacamole como un pilar indiscutible de la gastronomía mexicana.

El brocomole —o guacamole con brócoli— es una vuelta de tuerca vegetal que no te puedes perder: fresco, suave y comodísimo. El sabor del brócoli queda completamente integrado y pasa inadvertido, por lo que resulta un truco perfecto para sumar nutrientes a la mesa. Sírvelo con nachos crujientes, bastones de zanahoria o cómelo directamente a cucharadas; ya verás qué delicia.

Actualizada 2026.


Brocomole


Ingredientes para 4:
  • 400 g de floretes de brócoli
  • 2 aguacates maduros grandes
  • El jugo de un limón mediano
  • 2 dientes de ajo
  • 300 g de tomate maduro
  • 20 g de cilantro, al gusto
  • 150 g de cebolla roja o blanca
  • Sal al gusto
  • 20 ml de aceite de oliva

Elaboración:
  1. Hierve durante 3 minutos las ramitas de brócoli. 
  2. Cuela y deja enfriar.
  3. Corta el brócoli, el tomate y el cilantro en trocitos muy pequeños. 
  4. Pica el ajo y corta la cebolla en brunoise.
  5. Pela y quita el hueso al aguacate.
  6. En un bol, chafa el aguacate con un tenedor hasta hacerlo puré.
  7. Vierte el jugo del limón sobre el aguacate y remueve.
  8. Incorpora el ajo, el tomate y el cilantro, integrándolos bien.
  9. Añade los trocitos de brócoli y la cebolla, y combina el conjunto.
  10. Por último, incorpora la sal y el aceite de oliva.
  11. Remueve bien todos los ingredientes.
  12. Sirve.

Si te gustan los untables saludables para aperitivo, también te encantarán el untable de alcachofa y el resto de untables del blog.



Brocomole y nachos con cilantro para dippear

Preguntas frecuentes

¿Se nota el sabor del brócoli en el brocomole?

Prácticamente no. El aguacate, el tomate, el cilantro y el limón dominan completamente el sabor del conjunto. El brócoli aporta textura, nutrientes y volumen sin imponer su sabor característico. Es el truco perfecto para añadir verdura extra a la dieta sin que nadie — especialmente los niños — lo detecte.

¿Cuánto brócoli se puede añadir sin que cambie el sabor?

La proporción de esta receta — 400 g de brócoli por 2 aguacates — es la que mejor equilibra nutrición y sabor. Si añades más brócoli que aguacate el sabor empieza a notarse. Si quieres reducir el aguacate por precio o disponibilidad, no superes una proporción de 2:1 brócoli respecto al aguacate.

¿Cómo evitar que el brocomole se oxide y ennegrezca?

El jugo de limón de la receta ya actúa como antioxidante natural. Para conservarlo en la nevera, cubre la superficie directamente con film transparente pegado al brocomole — sin dejar aire entre el film y la salsa. También ayuda dejar el hueso del aguacate dentro del cuenco. Aguanta perfectamente 24 horas sin ennegrecerse con estos trucos.


Vasito de brocomole con palitos de zanahoria


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Mousse de atún

Todo empezó cuando la tía Clotilde, en bata, con rulos en la cabeza y katiuskas moradas, decidió que el mundo estaba a punto de acabarse porque su horóscopo advertía: «Prepárate para lo inesperado».

—¡Hay que construir un arca de Noé! —gritó mientras untaba mousse de atún en galletitas, convencida de atraer así a animales con buen gusto.

Encendió el fuego de la chimenea, desplegó sobre la mesa sus dibujos del arca y reclutó a su tripulación: tres nietos, un gato regordete y un robot aspirador llamado Carlitos.

En cuanto cayeron las primeras gotas —tres mal contadas—, Clotilde se encaramó a la bañera y clamó: «¡Al arca, todos!», cargando con los bocetos como señal de partida. Nadie osó detenerla.

Cenaron mousse, contemplaron los dibujos y terminaron durmiéndose al calor de las brasas. Fin del diluvio. O del delirio. Lo que llegara primero.


Mousse de atún en limón como recipiente

Mousse de atún dentro de un limón fresco



La historia de la mousse de atún aúna la técnica de la alta cocina francesa, el auge de la industria conservera del siglo XX y la cultura del aperitivo rápido de posguerra. Aunque el concepto culinario de la mousse —«espuma» en francés— nació en el siglo XVIII vinculado a la repostería de autores como Menon, pronto dio el salto al recetario salado para aportar ligereza y untuosidad a carnes, mariscos y pescados.

A comienzos de la pasada centuria, los cocineros galos empezaron a servir la mousse de thon en los banquetes más selectos. Elaboraban la farsa batiendo el pescado con mantequilla en pomada, nata, mayonesa y un toque de gelatina para darle estructura antes de encajarla en moldes decorativos. Al mismo tiempo, la irrupción masiva de la conserva de atún en las décadas de 1910 y 1920 democratizó el producto: lo que antes era un ingrediente exclusivo pasó a ser un básico asequible en cualquier despensa doméstica.

El gran auge popular de la mousse de atún estalló entre los años sesenta y setenta. Durante esas décadas, la receta cruzó el Atlántico y se coronó reina de las fiestas y cócteles en Estados Unidos y Europa. La moda de la época rendía culto a los entremeses vistosos y fáciles de compartir, lo que disparó el uso de los icónicos moldes metálicos con silueta de pez. Aquellas versiones caseras se preparaban en minutos mezclando atún en lata, queso crema, mayonesa, salsa Worcestershire y gelatina neutra, decorando el lomo con finas rodajas de pepino a modo de escamas y aceitunas en los ojos.

En el Mediterráneo, especialmente en Italia bajo el nombre de spuma di tonno, la receta se consolidó como un clásico atemporal para untar sobre crostini o rellenar hortalizas de verano. Hoy, la mousse de atún ha desterrado las formas escultóricas de los setenta, pero conserva intacto su trono en el aperitivo gracias a su textura sedosa, su frescura y su insuperable practicidad.

«La naturaleza es sabia», «tiempo al tiempo», «al mal tiempo, buena cara», «año nuevo, vida nueva», «mañana será otro día»… Decimos, escuchamos y sentenciamos con estas u otras fórmulas parecidas para zanjar una charla, retratar un estado de ánimo o darnos ánimos, casi siempre sin darles mayor trascendencia: las hemos convertido en un comodín automático, casi despojado de significado por pura costumbre.

Son frases populares y corrientes que lo mismo suelta un político que un publicista o Clotilde, la vecina, cuando te cuenta que fulanito es como el perro del hortelano —que ni come ni deja comer—, pero que «tiempo al tiempo, que a cada cerdo le llega su san Martín».

Llevémoslo ahora al terreno gastronómico, porque ya te estarás preguntando qué pinta todo esto entre fogones. Pues bien: hoy el protagonismo es para el limón. Es una delicia en repostería, el toque maestro para infinidad de platos, el comodín perfecto para sustituir el vinagre en las ensaladas y el eterno remedio mañanero con agua templada para «depurar» el… ¿estómago?, ¿hígado?, ¿nada? Pero «en ayunas y templadita sienta de maravilla», insiste Clotilde. En fin: un cítrico humilde y cotidiano que nunca falta en la despensa y que siempre está listo para aliñar, realzar o redondear una receta.

Y como una servidora también recurre a los clásicos cuando toca, hoy le doy una vuelta al limón y lo convierto en un vistoso cuenco natural para servir una mousse de atún. Un aperitivo fresco, resultón y perfecto tanto para vestir una mesa de fiesta como para darse un homenaje cualquier día.

Actualizada 2026.


Mousse de atún

Ingredientes:
  • 2 limones grandes
  • 160 g de atún 
  • 1 cda. de limón
  • 1 cda. de alcaparras
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 1 cda. de mayonesa
  • 1 ramitas de perejil
  • 100 g de mozzarella
  • 100 ml de caldo de pescado
  • 2 sobres Agar Agar (4 gr.)
  • Sal al gusto


Elaboración:
  1. Limpia los limones, corta la punta y con un cuchillo afilado vacíalos, guarda un poco de pulpa para sacar la cucharada de limón que después usarás. 
  2. Limpia y seca bien los limones, por fuera y por dentro, reserva.
  3. Añade el Agar Agar al caldo, en frío, y ponlo en un cazo a fuego moderado. 
  4. Lleva a ebullición, baja el fuego y deja cocer 2 minutos. 
  5. Pon todos los ingredientes en una túrmix, incluido el caldo. 
  6. Pica todo hasta que te quede una pasta homogénea. 
  7. Rectifica de sal. 
  8. Rellena los limones con la pasta obtenida y  lleva al frigorífico hasta que solidifiquen. 
  9. Al estar sólido pues cortarlo a rodajas o servirlo tal cual para untar directamente del limón.

Si te gustan las mousses de pescado para aperitivo, también te encantará la tapa de mousse de bonito — otra presentación original para sorprender a tus invitados.




Preguntas frecuentes

¿Cómo se vacía el limón sin romperlo?

El truco está en cortar primero una pequeña tapa en la punta del limón — solo la punta, no más — y después trabajar con un cuchillo afilado de punta fina pegado a la piel interior, girando el limón sobre sí mismo. Una cucharilla de postre ayuda a extraer la pulpa restante. Lo importante es no presionar la piel desde fuera para que mantenga la forma cilíndrica que necesita para sostenerse en el plato.

¿Se puede hacer la mousse sin agar-agar?

Sí, con gelatina neutra en la misma proporción. La diferencia es que el agar-agar cuaja a temperatura ambiente y es apto para veganos, mientras que la gelatina necesita frío para solidificar y es de origen animal. En ambos casos el resultado es una mousse compacta que mantiene la forma al cortarla en rodajas.

¿Por qué lleva mozzarella en lugar de queso crema?

La mozzarella aporta una cremosidad más suave y ligera que el queso crema, con menos grasa y sabor más neutro que no compite con el atún. Al triturarla junto con el caldo caliente y el agar-agar se integra perfectamente en la masa. El queso crema también funciona si no tienes mozzarella, aunque el resultado es algo más denso y salado.



Mousse de atún con mozzarella dentro de un limón


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Ensalada Tetris

Una noche cualquiera, las chicas decidieron organizar una fiesta de pijamas en el piso de Bella, que vivía encima de una librería-cafetería con wifi rápido y sofá cómodo.

—¿Quién trae las palomitas? —gritó Bella desde la cocina, con un libro bajo el brazo y las gafas torcidas.

—¡Yo traigo ensalada! —dijo Ariel, que llegó en bici eléctrica, aún con gorro de nadadora y olor a cloro.

—¿De verdad? —preguntó asombrada Moana—. ¡Era mejor un poke bowl! —sonrió con inocencia.

—¿Quién ha dejado otro zapato en el ascensor? —preguntó Jasmín levantando una sandalia rosa con brillantes.

—Ups, creo que es mío —dijo Cenicienta, entrando en calcetines, con una pantufla colgando de su mochila.

Rapunzel fue la última en llegar, atascada en la puerta porque su melena se había enrollado en su pie.

—¿De verdad no quieres cortarte ni las puntas? —le susurró Aurora mientras intentaba ayudarla medio dormida, dejando a Rapunzel horrorizada.

Jasmín, por su parte, no paraba de frotar lámparas. Cada vez que veía una, le brillaban los ojos y decía: «¿Y si sale un genio?». Todas las chicas ponían los ojos en blanco. A las dos de la mañana, ya nadie veía la película. Ariel hacía estiramientos tipo sirena, Bella organizaba libros por orden y Cenicienta jugaba a emparejar zapatos como si fuera Tinder. De pronto, Aurora roncó tan fuerte que el altavoz inteligente de la sala pensó que era un comando de voz.

—¿Deseas pedir una pizza? —preguntó Siri.

—¡Sí! —gritaron todas.

Al final no hubo peli. Ni orden. Ni zapatos emparejados. Pero hubo risas, hojas verdes en sitios inesperados y un momento en que todas gritaron al ver que la lámpara de Jasmín se encendía, aunque solo porque estaba enchufada.
 
Ensalada con verduras y queso además de aceitunas

Ensalada con las verduras y el queso cortados en cubos


La Greek Tetris Salad (ensalada griega Tetris) no es un plato de origen antiguo ni una receta tradicional de la antigua Grecia, sino una innovación culinaria moderna impulsada por las redes sociales y la estética visual de plataformas como Instagram, Pinterest  y TikTok. Su historia surge de la fusión entre los ingredientes de la clásica ensalada campesina griega y el diseño geométrico del famoso videojuego soviético de los años ochenta, Tetris.

A nivel culinario, la base histórica de este plato se apoya en la ensalada griega tradicional, conocida en su país de origen como horiatiki. Aunque hoy se considera un emblema de su gastronomía, la horiatiki se consolidó recientemente en la década de 1960 en el barrio de Plaka, en Atenas. En aquella época, los dueños de las tabernas locales idearon agregar un bloque de queso feta sobre los vegetales básicos (tomate, pepino y cebolla) para evadir los precios máximos regulados por el Gobierno, creando así un plato exclusivo que podían cobrar más caro a los turistas. Paralelamente, en la cultura rural ya existía la costumbre de consumir melón o sandía junto con el queso feta para contrastar sabores dulces y salados durante los calurosos veranos mediterráneos.

La verdadera transformación hacia el concepto «Tetris» ocurrió en la última década gracias a blogueros gastronómicos y creadores de contenido digital que buscaban reinventar la presentación de la comida veraniega. El origen de esta tendencia geométrica se popularizó a través de recetas virales como la Melon and Feta Tetris Salad de portales culinarios. Los creadores comenzaron a cortar de forma meticulosa ingredientes firmes como el queso feta, la sandía, el melón, el pepino y los rabanitos en cubos idénticos y perfectos de aproximadamente dos centímetros. Al encajarlos de manera compacta y multicolor sobre el plato, emulaban los bloques o tetrominós cayendo de forma ordenada en una partida del videojuego, decorando el resultado final con aceitunas Kalamata, menta fresca y un aderezo ligero. Aunque visualmente recuerda también a la estructura de un cubo de Rubik, el nombre «Tetris» se asentó en las redes debido a la disposición plana e interactiva de los ingredientes, convirtiendo un almuerzo rústico en una obra de arte comestible de alta simetría.

Esta es la versión española de la Greek Tetris Salad: queda chulísima encima de la mesa y puedes prepararla del tamaño que quieras, individual o para compartir. También puedes cortarla así pero con otros ingredientes (que sean firmes), otros embutidos u otro aderezo, como en la versión de abajo; la imaginación es tuya.

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Ensalada Tetris



Ingredientes (para 2 – 4 personas):
  • 1 tomate de ensalada, cortado en cubos
  • 1/2 pimiento rojo y 1/2 pimiento verde, cortados en cubos
  • 1 pepino pequeño, cortado en cubos
  • 150 g de queso curado o semi, en cubos
  • 12 aceitunas negras de Aragón o arbequinas, sin hueso
  • 1/2 cebolla morada, en rodajas finas
  • 1 cucharada de alcaparras 
  • Sal en escamas
  • Pimentón dulce o ahumado 
  • Aceite de oliva virgen extra 
  • Vinagre de manzana 

Elaboración:
  1. Corta todos los ingredientes en cubos de tamaño similar para mantener la estética tipo mosaico. 
  2. Coloca cuidadosamente en un plato cuadrado formando un patrón ordenado, alternar el rojo del tomate y pimiento, el verde del pepino, el blanco del queso, las aceitunas y las alcaparras. 
  3. Añade por encima las rodajas finas de cebolla morada para dar contraste. 
  4. Espolvorea con sal en escamas y un poco de pimentón dulce o ahumado. 
  5. Rocía por encima aceite de oliva virgen extra y unas gotas de vinagre de manzana.


Notas:
Puedes hacerla con las verduras o frutas que más te gusten. Además, si la pieza es pequeña, déjala entera.

Ensalada hecha con cuadrados de verduras y frutas


Preguntas frecuentes

¿Cuál es el tamaño ideal de los cubos para la ensalada Tetris?

Aproximadamente 2 centímetros por lado — lo suficientemente grandes para que sean visibles y manipulables con el tenedor, y lo suficientemente uniformes para mantener la estética geométrica del plato. Un corte consistente es la clave visual de la ensalada. Para ello es útil cortar primero en láminas del grosor deseado y luego en tiras y cubos.

¿Se puede hacer con otros ingredientes además de los griegos?

Sí — y esa es la gracia de la versión española de esta ensalada. Cualquier ingrediente firme que se pueda cortar en cubos perfectos funciona: sandía y feta (la versión original viral), mango y aguacate, remolacha y queso de cabra, o embutido y queso curado como en esta receta. Lo que no funciona son ingredientes blandos o con mucho líquido que no mantienen la forma.

¿Cuánto tiempo aguanta la ensalada Tetris sin deshacerse?

Recién montada es cuando está en su mejor momento visual y de textura. Si la preparas con antelación, guarda los ingredientes cortados por separado en la nevera y móntalos justo antes de servir. El tomate y el pepino sueltan líquido con el tiempo y ablandan los demás ingredientes, perdiendo la forma geométrica característica.


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Espaguetis a la amatriciana

El verano hacía tiempo que había quedado atrás: los baños en la piscina, las siestas al mediodía, los juegos por la tarde-noche que llenaban la casa de una banda sonora especial, las cenas al aire libre y las películas proyectadas sobre una sábana blanca en el patio interior. ¡Oh! Esa parte era, sin duda, la mejor manera de terminar la noche.

Mamá y papá, cogidos de la mano; mis hermanas, alborotadas cuando salía un actor guapo —o eso decían ellas, porque a mí todos me parecían del montón—; mi nonna, limpiándose las lágrimas cuando la historia lo requería... Entonces se giraba hacia mí y me decía con dulzura:

—Mi niño bonito, no crezcas rápido.

Y a mí me desconcertaba. De todas formas, tenía que crecer, así que no le prestaba mucha atención cuando se ponía así de emocionada.

El día que mamá me dijo que esa noche veríamos un spaghetti western, me maravilló. A mí me gustaban mucho, mucho los espaguetis, pero no entendía lo de «occidental».

—¿Hay una película de espaguetis... occidentales?

No sabía qué pensar, así que me pasé el día persiguiendo a la nonna para que me contara el plan. Ella, muy reservada, solo me decía que la película me iba a gustar mucho.

—Hay caballos, disparos y vaqueros —me decía—. No en ese orden... pero los hay.

Y eso me dejó chof. Aunque bueno, si había todo eso, seguro que me gustaría. Sobre todo si, antes de la película, el espagueti estaba en mi plato.


espagueti amatriciana receta fácil con pecorino y guanciale

espagueti amatriciana italianos con queso y tocino


¡Yiiiijaaaa!

Cuando era pequeña, recuerdo que en La 2 emitían ciclos de cine con frecuencia. A veces eran de películas de baile con Fred Astaire y Ginger Rogers; otras, de cine negro… y otras, de westerns. Algunos eran estadounidenses, pero también los había rodados en España —los llamados chorizo westerns— o en Italia, conocidos como spaghetti westerns. Se los denominó así porque estaban dirigidos y producidos por italianos, y el apodo nació con un claro matiz burlón, al considerarse producciones de segunda fila y copias baratas del western clásico de Hollywood. La etiqueta fue acuñada por la crítica cinematográfica estadounidense e internacional durante los años sesenta.

A mí, la verdad, no es un género que me entusiasme, pero a nuestros mayores les chiflaba. Recuerdo a mi abuela o a mi padre pegados a la pantalla viendo estas películas con auténtica devoción.

Por lo visto, los míticos estudios donde se rodaban muchos de estos spaghetti westerns estaban en Roma. Curiosamente, en las cartas de los restaurantes italianos también abunda un plato clásico: los spaghetti all’amatriciana. Aunque tampoco son originarios de Roma, sino de Amatrice. Un poco como las películas, ¿no crees?

La amatriciana —o matriciana, en dialecto romano— es una salsa tradicional que toma su nombre de Amatrice, municipio de la provincia de Rieti (perteneciente a los Abruzos hasta 1927). Sus ingredientes canónicos son tres: careta de cerdo curada (guanciale), queso pecorino y tomate.

A lo largo del siglo XIX y principios del XX, la popularidad de la amatriciana en Roma creció de forma imparable gracias a los estrechos lazos entre ambas localidades. Por aquel entonces, muchos taberneros de la capital procedían de Amatrice, hasta el punto de que el término matriciano pasó a designar una «fonda con cocina». La salsa caló tan hondo que terminó consagrándose como un estandarte indiscutible de la cocina romana.

Y tú, ¿con cuál te quedas: con el espagueti… o con el western?

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Spaguetti all'amatriciana


Ingredientes
  • 400 g de espaguetis
  • 200 g de guanciale (o tocino)
  • 120 g de Pecorino
  • 500 g de tomates pelados

    Elaboración
  1. Cocina los espaguetis según las instrucciones del paquete.
  2. Pon una sartén al fuego bajo/medio. Corta el tocino en tiras y no en dados, añádelo a la sartén y déjalo sofreír en su propia grasa, a fuego lento. El tocino debe volverse transparente en la parte grasa, luego empezando a dorarse, y cuando esté crujiente y tostado ( con cuidado de no quemarlo ) recogerlo con una espumadera y reservarlo en un plato, pero dejar su grasa dentro del sartén.
  3. Vierte los tomates pelados en la sartén y cocina durante 10/15 minutos. 
  4. Una vez cocidos, tritúralos con un tenedor reduciéndolos a pulpa y añadir 20 gramos de queso pecorino rallado. 
  5. Escurre los espaguetis y añádelos a la salsa de la sartén, salteándolos a fuego fuerte durante 2 minutos y mezclando todo bien. 
  6. Agrega el tocino y el resto de queso pecorino, mezcla rápidamente y sirve la amatriciana bien caliente.

espagueti a la amatriciana con guanciale y pecorino


Preguntas frecuentes

¿Se puede sustituir el guanciale por bacon o panceta?

Sí, aunque en Italia los puristas no lo aceptan. El guanciale es la careta de cerdo curada — más grasa y sabrosa que el bacon o la panceta. La grasa del guanciale es lo que da la base de sabor a la salsa. El bacon ahumado cambia el perfil de sabor completamente — no es una amatriciana auténtica pero sigue siendo delicioso. La panceta curada es la mejor alternativa si no encuentras guanciale.

¿Por qué la amatriciana no lleva cebolla ni ajo?

Porque la receta canónica de Amatrice no los usa — y eso es motivo de debate serio en Italia. La discusión entre los partidarios de añadir cebolla y los puristas que la rechazan es casi tan antigua como la propia receta. La versión que se ha popularizado en Roma suele incluir cebolla, pero la original de Amatrice no. En esta receta se sigue la versión más fiel al origen.

¿Cuál es la diferencia entre amatriciana y matriciana?

Son el mismo plato con dos nombres. Amatriciana es el nombre original del municipio de Amatrice donde nació el plato. Matriciana es la corrupción romana del término — en el dialecto local de Roma "a" inicial se pierde con frecuencia — y es como la llaman habitualmente en los restaurantes y tascas de la capital italiana. Ambos nombres son igualmente válidos.




mapa italiano de los espagueti westerns


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Sopa de gambas

Malee vive en Chiang Mai, que significa literalmente «la nueva ciudad». Ella es muy curiosa e imaginativa, la única chica en la familia Suwanwimolkul, una familia numerosa que se dedica a las flores, por lo que viven a las afueras de la ciudad, donde tienen los viveros. Somchai también vive en la misma ciudad. De carácter tranquilo y simpático, es el único hijo de la familia Choochaimangkhala. Ellos se dedican a la agricultura, por lo que también viven a las afueras de la ciudad. Aunque no cerca de la familia Suwanwimolkul, sí siguen el mismo camino para repartir lo que cada familia cosecha.

Malee está enamorada de Somchai. ¿Y Somchai? Él parece muy ocupado y no suele hacerle caso a Malee, pero no la pierde de vista cuando se encuentran en el festival Yi Peng. Si la ve rodeada de muchos chicos, le compra un tom yam kung y espanta a todos con solo mirarlos. Eso hace que Malee no deje de sonreír. ¡Cuántas noches imaginándose pasear con él cogidos de la mano! Pero él nunca le ha mostrado interés en cogérsela. Ella cree que no se atreve por sus hermanos; él piensa que ella es demasiado atrevida. Y entre una y otro, la historia se va tejiendo poco a poco.

Con ganas de avanzar, Malee le escribe cartas y las esconde debajo de las piedras del camino que separa a las dos familias. Después, le hace un mapa a Somchai indicándole cómo encontrarlas. Somchai le gruñe sin asustarla; ella se ríe, esperanzada. Somchai espera la última hora de la tarde para hacer el recorrido y quedarse con las cartas; ella espera al amanecer para asegurarse de que las ha recogido. Y así, entre tarde y temprano, el cortejo empieza y acaba: a él, latiéndole el corazón al compás de cada palabra leída; ella, deseando una respuesta de sus labios; él, sonriendo con la lectura; ella, suspirando por ganar la batalla.


Sopa típica tailandesa de gambas con curry y coco un poco picante

Sopa de gambas con curry y coco de Tailandia



Tom Yam Kung es una sopa originaria de Tailandia y uno de los platos más representativos del país. "Tom" significa hervido o sopa. "Yam" se refiere a una mezcla, a menudo utilizada para describir ensaladas picantes y ácidas. "Kung" (o goong) significa gambas o langostinos. Por tanto, Tom Yam Kung es literalmente una “sopa hervida, ácida y picante con gambas”.

Es muy popular no solo en Tailandia, sino también en Laos y en otros países del sudeste asiático. Suele servirse como entrada o plato principal, a menudo acompañada de arroz jazmín. Se considera una sopa que estimula el apetito y el metabolismo, ideal para climas cálidos y húmedos. En Tailandia es habitual encontrarla en festivales, comidas familiares e incluso en puestos callejeros. Su relevancia a nivel global es tan grande que el gobierno tailandés ha impulsado su candidatura para ser reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

¡Voy al grano! Su elaboración es muy sencilla. Lo más complicado, quizás, sea encontrar algunos ingredientes como el lemongrass o la pasta de curry rojo. Yo los encontré en el supermercado asiático, y si tienes alguno cerca, probablemente tú también los encuentres sin problema. Por lo demás, no tiene misterio.

Puedes acompañarla con arroz, o tomarla tal cual. Eso sí: tiene un punto picante —no llega a adormecer la lengua, pero se nota— y está realmente deliciosa.

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Tom Yam Kung - sopa de gambas con curry y coco 


Ingredientes para 4:
  • 2 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 cebolla, picada en brunoise
  • 3 dientes de ajo, picados
  • 1/2 cdta. de comino molido
  • 1 cda. de pasta de curry rojo
  • 1 l de caldo de verduras
  • 1 trozo de jengibre fresco, pelado
  • 1 lemongrass, a trozos
  • 1 jalapeño, troceado
  • Granos de pimienta
  • Cilantro
  • 2 cdas. de salsa de pescado
  • 1 lata de leche de coco (400 ml aprox.)
  • 350 g de gambas, sin cáscara y desvenadas
  • 2 champiñones, en rodajas
  • El zumo de 1 lima
  • Cilantro picado para decorar
Elaboración:
  1. En una olla grande, calienta el aceite a fuego medio. Añade la cebolla y sofríe hasta que esté transparente.
  2. Incorpora el ajo picado, el comino y la pasta de curry rojo. Remueve bien y cocina durante 1 minuto para que se liberen los aromas.
  3. Añade el caldo de verduras, el jengibre, el lemongrass, el jalapeño, los granos de pimienta, las ramas de cilantro y la salsa de pescado. Remueve y lleva a ebullición.
  4. Reduce el fuego y deja cocinar durante 20 minutos para que el caldo se infusione con todos los sabores.
  5. Cuela el caldo y vuelve a ponerlo en la olla, desechando los sólidos.
  6. Añade la leche de coco, las gambas, los champiñones y el zumo de lima. Cocina a fuego medio durante unos 5 minutos, hasta que las gambas estén hechas.
  7. Sirve caliente, decorado con cilantro fresco picado.
Mira cómo prepararlo paso a paso:


Preguntas frecuentes

¿Dónde encontrar lemongrass y pasta de curry rojo en España?

En supermercados asiáticos es el lugar más fiable y económico para encontrar tanto el lemongrass fresco como la pasta de curry rojo. En grandes superficies como El Corte Inglés o Carrefour también suelen tenerlos en la sección de productos internacionales. Si no encuentras lemongrass fresco, el seco en tiendas de especias funciona como alternativa aunque con menos aroma.

¿Se puede hacer sin salsa de pescado?

Sí, aunque la salsa de pescado es uno de los ingredientes que da al Tom Yam Kung su sabor característico umami. Si la omites, compensa con una pizca más de sal y unas gotas de salsa de soja. Para una versión completamente vegetariana, sustituye también las gambas por tofu firme y el caldo de verduras por caldo de setas shiitake.

¿Por qué se cuela el caldo a mitad de la elaboración?

Porque el jengibre, el lemongrass, el jalapeño y los granos de pimienta se usan solo para infusionar el caldo con sus aromas — no se comen. Son muy fibrosos o demasiado intensos para tomarse directamente. Después de 20 minutos de cocción han cedido todos sus sabores al caldo y se desechan, igual que se hace con las hierbas aromáticas en un caldo de cocción.


Sopa de gambas con leche de coco y lemongrass



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Polos de chocolate y Kitkat

Vivía encima de una panadería. En invierno era casi perfecto: calentita, cómoda y con aquel olor a pan recién horneado que se colaba por todos los rincones de la casa. En verano, sin embargo, la historia era otra. El calor subía como si tuviera algo personal contra ella y las noches se convertían en una sucesión de vueltas en la cama, suspiros y pensamientos poco amables hacia el horno de abajo.

No había otra opción. Mientras el asunto no se resolviera, tenía que seguir viviendo allí, quisiera o no; y aquello la desesperaba. Cada vez que pensaba en cómo salir de aquella situación, se le hacía un nudo en el estómago.

A su familia y a sus amigos les decía que lucharía hasta el final, que no pensaba rendirse, que aguantaría lo que hiciera falta hasta quedarse sin una gota de aliento.

Lo decía con mucha convicción.

Bueno… casi siempre.

Porque algunas noches, mientras intentaba conciliar el sueño con un ventilador apuntándole directamente a la cara, pensaba que quizá había exagerado un poco con lo de «hasta el final».

Vivir tan lejos de los suyos la había hecho fuerte. También más dura, más independiente y, con el tiempo, bastante reservada. Había aprendido a guardarse ciertas cosas para sí misma y a seguir adelante sin hacer demasiado ruido.

Pero entonces llegaban las visitas.

Y con ellas, todo cambiaba.

Redescubría la ciudad, encontraba rincones que creía conocer, se reía más de lo habitual y saboreaba la comida de otra manera. Hasta el bochorno parecía menos insoportable cuando tenía a alguien con quien compartirlo.

No se quejaba: en realidad, estaba bien adaptada. Había aprendido a querer aquella vida, aunque una parte de su corazón siguiera mirando hacia casa.

Y cuando las visitas se marchaban, esa parte volvía a hacerse notar.

Entonces no regresaba directamente a casa. Necesitaba una pequeña tregua antes de enfrentarse otra vez al silencio, al calor y a sus propios pensamientos. Así que se acercaba a un puestecito de helados, pedía uno —siempre uno, porque tampoco hacía falta solucionar la vida de golpe— y buscaba un rincón desde el que observar a la gente pasar.

Allí, mordisco a mordisco, recolocaba sus recuerdos, repasaba lo vivido y se daba ánimos para volver.

El polo no solucionaba el problema. Tampoco hacía que los echara menos de menos.

Pero ayudaba.

Porque algunas cosas no tienen remedio inmediato.

Y un polo no arregla la vida, pero consigue que, durante un rato, todo resulte bastante más dulce.


Polos de chocolate rellenos con la galleta de chocolate Kitkat

Polos caseros de chocolate hechos sin heladera



La historia del famoso chocolate KitKat comenzó en el Reino Unido gracias a la sugerencia de un trabajador. En la década de 1930, un empleado de la confitera Rowntree's, ubicada en la ciudad de York, dejó una propuesta en el buzón de sugerencias de la fábrica: crear una chocolatina económica y fácil de transportar que un obrero pudiera llevar en la fiambrera para tomar durante el descanso del trabajo.

A partir de aquella idea, la empresa lanzó el producto al mercado el 29 de agosto de 1935 con el nombre de Rowntree's Chocolate Crisp. La presentación original consistía en cuatro barquillos crujientes cubiertos por una capa de chocolate con leche. Dos años más tarde, en 1937, la compañía rebautizó el dulce como KitKat Chocolate Crisp para lograr una marca más comercial y memorable. La denominación «KitKat» procedía indirectamente de un club político y literario del siglo XVIII londinense llamado Kit-Cat Club, cuyas tertulias se celebraban en la pastelería de Christopher Catling, apodado Kit Cat.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez derivada del racionamiento de alimentos forzó una transformación drástica. Entre 1942 y 1947, la falta de leche obligó a Rowntree's a modificar la receta original y utilizar chocolate negro. Para advertir a los consumidores de esta alteración temporal y evitar equívocos, la marca sustituyó su característico envoltorio rojo por uno de color azul. Una vez concluido el conflicto y restablecido el suministro habitual, el dulce recuperó tanto su fórmula con chocolate con leche como su emblemático color rojo corporativo.

El despegue definitivo de la marca en la cultura popular llegó en 1957 con el estreno de su célebre eslogan: «Have a break… have a KitKat». Esta campaña transformó la percepción del producto, asociando la chocolatina no solo con un bocado dulce, sino con el ritual cotidiano de hacer una pausa en mitad de la jornada laboral o escolar.

La expansión internacional dio un giro en 1988, cuando la multinacional suiza Nestlé adquirió Rowntree's. A partir de entonces, Nestlé asumió la distribución global del producto en casi todo el mundo, con la excepción de Estados Unidos. En el mercado estadounidense, los derechos de producción pertenecían a The Hershey Company en virtud de un acuerdo de licencia previo firmado en 1970, el cual sigue vigente en la actualidad.

Con el cambio de milenio, la marca protagonizó un fenómeno cultural masivo e insólito en Japón. La pronunciación del nombre en japonés, Kitto Katsu, guarda un gran parecido fonético con la expresión «seguro que ganarás» o «triunfarás sin falta». Gracias a esta coincidencia, la chocolatina se convirtió en un amuleto de buena suerte que familiares y amigos regalan a los estudiantes ante los exámenes de acceso. Para capitalizar este furor, Nestlé desarrolló cientos de ediciones exclusivas para el mercado nipón: desde té verde matcha y sake hasta variantes tan singulares como el wasabi o el melón. Hoy en día, el dulce se comercializa en más de ochenta países y figura entre los aperitivos más reconocibles del planeta.

Supongo que has visto en infinidad de películas o series cómo «ahogan» las penas sus protagonistas; sí, con helado. Lo habitual suele ser abrazarse a una tarrina gigante, pero en esta ocasión me apetecía preparar polos caseros. Polos de chocolate con KitKat: nada de tarrinas, aunque el antojo se me quitó exactamente igual.


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Polos de chocolate y Kitkat


Ingredientes para 6 polos:
  • 20 g de chocolate
  • 50 g de miel o azúcar invertido
  • 7 g de fécula de maíz
  • 8 g de cacao puro en polvo sin azúcar
  • 300 ml de leche 
  • 7 g de queso crema
  • 6 mini galletas Kitkat
Elaboración:
  1. Diluye la Maizena con la leche. 
  2. Derrite el chocolate en el microondas o a baño María. 
  3. En una cacerola al fuego. Añade la leche con la Maizena, el chocolate, la miel o el azúcar invertido, el queso y el cacao. Cocina y remueve hasta espesar, siempre a fuego bajo. 
  4. Saca del fuego, y por si queda algún grumo pasa la mezcla por un colador. 
  5. Vierte el líquido en los moldes.
  6. Añade los mini Kitkat en los moldes, si quieres usar la hendidura de la galleta para poner el palito de madera, como se ve en la foto, pero si no puedes por el tipo de molde o no te gusta, puedes colocarlo de la manera tradicional. 
  7. Llevar el molde con las galletas al congelador.
  8. Para desmoldar simplemente sumerge los moldes en agua templada y así saldrán con más facilidad.

Elaboración de los polos de chocolate con kitkat minis

Preguntas frecuentes

¿Cómo se pone el KitKat como palito del polo?

La hendidura natural del KitKat mini es perfecta para encajar el palito de madera. Simplemente inserta el palo de madera en esa ranura antes de meter el molde en el congelador. Si tu molde no permite esa disposición o prefieres la presentación tradicional, puedes colocar la galleta KitKat verticalmente en el centro del polo — queda igual de crujiente y el contraste de texturas es el mismo.

¿Se puede hacer sin molde de polos?

Sí. Puedes usar vasitos de yogur pequeños, cubiteras de silicona o cualquier recipiente que aguante el congelador. Para los vasitos de yogur, cubre la parte superior con papel de aluminio y haz un pequeño corte en el centro para insertar el palito — así se mantiene vertical mientras se congela.

¿Por qué se usa queso crema en la mezcla de chocolate?

El queso crema aporta cremosidad y evita que el polo quede demasiado duro al congelarse. La grasa del queso interfiere con la formación de cristales de hielo grandes, dando una textura más suave y agradable al morder. Es el mismo principio por el que muchas recetas de helado casero usan nata o queso — sin esa grasa el resultado es más hielo que helado.



Polos de chocolate hechos en molde con galleta kitkat dentro


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