—¿Para los vecinos? ¡Pero si los conocemos a todos! —protestaba con vehemencia.
Catalina, que tenía más años y un porte más sereno, lo veía de otro modo. Le parecía fantástico celebrar juntos todos los años de penurias que habían pasado y, de paso, animar un poco la decadencia del barrio. Los apartamentos de las playas de la isla provocaban que, al primer rayo de sol, la gente saliera disparada de sus casas hacia su refugio vacacional.
—Seremos pocos, mujer. ¿No ves que todos los jóvenes se han ido de vacaciones? Haremos una bonita fiesta para saludarnos y contarnos las alegrías... ¡que de penas ya está lleno el mundo! Anda, ayúdame a montarla —pidió, lenta pero firme en su decisión.
Y María, por amor a Catalina, la ayudó encantada.
El barrio quedó precioso. La sombra de los árboles refrescaba la tarde. La gente, aunque sofocada por el calor, se vistió con ropa alegre y colorida. Se saludaban unos a otros como si hiciera mucho tiempo que no se veían. La felicidad de recordar por qué eran vecinos los rejuveneció y les hizo disfrutar de la fiesta.
Al final, María y Catalina se miraron con ojillos de felicidad. Habían llorado juntas, y ahora reían más que nadie y por nada. Era tiempo de mezclarse con todos, sin importar lo que les hubiera pasado, lo que pensaran o en qué circunstancias hubieran vivido. Todos, reunidos en el mismo lugar, construyeron una fiesta perfecta. Compartían las viandas que cada uno había traído de su cocina y, mientras comían cocarrois, charlaban animadamente. La mejor mesa que podían tener era la que ellos mismos formaban.
La palabra cocarroi ha desconcertado a los lingüistas durante décadas. En el dialecto catalán del Alguer (Cerdeña), existe la palabra cocorroi, pero allí no es una empanada de verdura, sino un panecillo festivo de pascua con un huevo duro en el centro. Antoni Maria Alcover y Francesc de Borja Moll (creadores del Diccionari Català-Valencià-Balear) relacionaron la raíz con coc (coca) y sufijos propios del catalán medieval, compartidos por otras rutas de la Corona de Aragón.
Históricamente, la masa del cocarroi delataba el origen socioeconómico o la zona de la isla donde se elaboraba. En algunas comarcas de la Serra de Tramuntana o en familias acomodadas, se añadía un toque de azúcar y zumo de naranja a la masa, creando un fuerte contraste con el salado y picante de las acelgas con pimentón. En épocas de verdadera escasez o de rigor litúrgico, la masa se hacía únicamente con agua hirviendo, aceite y harina (sin nada de manteca), resultando en una superficie más lisa y rígida pero totalmente limpia de grasas animales.
El pellizcado superior que sella el cocarroi no es un simple adorno. Antiguamente, cuando las familias llevaban sus cocarrois a hornear al horno comunitario (forn de vila), el número de "pellizcos" o la forma del pellizcado de la cima servía como firma para reconocer qué cocarrois pertenecían a cada casa sin confundirlos. También servía para diferenciar el contenido sin abrir la masa. Por ejemplo, los cocarrois de verdura solían cerrarse con una cresta central marcada, mientras que los de cebolla a veces presentaban un formato ligeramente diferente o marcas laterales. A partir del siglo XVI, con la llegada del pimiento de América, la variedad local Tap de Cortí se integró en la mezcla de acelgas o col. Su inclusión no era meramente gastronómica: actuaba como conservante natural junto con el aceite de oliva, permitiendo que el cocarroi aguantara varios días en la despensa del payés sin deteriorarse.
- Bolivia: salteñas
- Brasil: pastéis
- Chile: empanadas de pino
- China: dumplings / jiaozi
- Corea: mandu
- Escocia: Scottish bridie
- España: empanadillas
- Finlandia: karjalanpiirakka
- Hispanoamérica: empanadas / carimañolas
- India: gujhia
- Inglaterra: Cornish pasties
- Indonesia y Malasia: karipap
- Italia: culurgiones / calzoni
- Jamaica: Jamaican patties
- Japón: gyozas
- Líbano y Siria: fatayer
- Malta: qassatat
- Mongolia: khuushuur
- Nepal y Tíbet: momo
- Nigeria: meat pies
- Portugal: chamuças / pastéis de massa tenra
- Rusia: pierogi
- Sefardíes (comunidades): burekas
- Turquía: çiğ börek
- Ucrania: varenyky
- U. S. A.: hand pies
- Uzbekistán: samsa
Cocarrois
- 1 taza de agua
- 1 taza de manteca de cerdo, fundida
- ½ taza de aceite de oliva
- Harina de trigo (la que necesite)
- 3 cebolletas
- 1 manojo de acelgas
- 1 manojo de hojas de col
- ½ coliflor pequeña
- Pasas
- Sal, pimienta negra y pimentón dulce
- Aceite de oliva virgen extra
Para el relleno: Corta la verdura en brunoise o en trocitos pequeñitos y mézclala toda. Salpimienta y añade también pimentón dulce junto con un poco de aceite de oliva virgen extra.
Formado de los cocarrois: Haz una bola con un poco de masa y aplánala con un rodillo; en el centro ponle un poco de relleno y unas pasas. Cierra la masa por la parte superior con un pellizco.
Horneado: Hornea a 200 °C durante 40 minutos o hasta que la masa esté dorada.
Nota: Para los vegetarianos, la masa se puede hacer sin manteca de cerdo: solo hay que añadir 1 taza de aceite en lugar de media y quitar la taza de manteca; lo demás, todo igual.
Y para los que lo de la taza les supera y lo prefieren en gramos*:
- 350 g de agua
- 150 g de aceite
- 250 g de manteca derretida
- 1 kg de harina (más o menos)
Y para los que quieren vestirlo de fiesta, puedes añadir una salsita (la que más te guste) en una pipeta de cocina, le darás más sabor y textura extra.

Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre cocarroi y empanadilla?
La diferencia principal está en la masa y el cierre. El cocarroi usa una masa con manteca de cerdo y aceite de oliva, más quebrada y sabrosa que la empanadilla industrial. El cierre en pellizcos en la parte superior también es distinto — la empanadilla se cierra presionando el borde con un tenedor.
¿Se pueden congelar los cocarrois?
Sí, aguantan perfectamente en el congelador hasta tres meses. Puedes congelarlos crudos — antes de hornear — o ya horneados. Para consumirlos, hornéalos directamente desde el congelador a 180°C durante 20-25 minutos si están crudos, o 10 minutos si ya están horneados.
¿Qué es el pimiento Tap de Cortí?
Es una variedad de pimiento rojo autóctona de Mallorca, pequeño y muy aromático, que se usa principalmente seco y molido. Tiene Indicación Geográfica Protegida y es uno de los ingredientes más representativos de la cocina mallorquina tradicional. Se puede encontrar en mercados de la isla y en tiendas de productos mallorquines online.
¡Por si fuera poco! En cuanto Inés me invitó a formar parte de la II edición de @davantalposat, dije que sí al instante. Como este volumen gira en torno a los entrantes y tapas mallorquinas, me preguntó por dos clásicos: los cocarrois y el tumbet.Gracias, Inés, por contar conmigo una vez más ♥️





































