El día de Halloween, Florencia cumplirá 16 años, y este año recibirá como regalo familiar los poderes que hasta ahora le habían sido guardados por ser demasiado joven para dominarlos. Y aunque Cordelia le había enseñado lo más básico —para que, al recibirlos, no tuviera que empezar de cero—, Florencia estaba aterrada. Pensaba que, si algo salía mal con los conjuros, terminaría enterrada en cualquier tumba del panteón familiar. Cordelia no sabía de dónde había sacado tal idea y, aunque se lo había desmentido mil veces, el carácter de Florencia se veía venir tozudo.
Así que, para disipar nervios, dudas y demás tonterías que pudieran vagar por la cabeza de su hermana, Cordelia decidió que era un buen día para enseñarle a hacer pan. Pero pan de verdad, sin magia. Eso desconcertó a Florencia: no era precisamente hábil en la cocina, y hacer calabazas con pan le parecía más difícil que conjurar una segunda cabeza a Calcetines. Solo pensarlo hizo que el gato la mirara con desconfianza y saliera corriendo de la casa: quizás esa loca quería usarlo como experimento, y no pensaba quedarse a averiguarlo… ¡no fuera a terminar atado como el pan, y con dos cabezas!
Tras la llegada de los colonos europeos a América del Norte durante el siglo XVII, el trigo escaseaba o no se daba con la misma facilidad que en Europa debido a los suelos frescos y húmedos. La calabaza (Cucurbita moschata y Cucurbita pepo), cultivo autóctono de la agricultura nativa americana que formaba parte del sistema de «Las Tres Hermanas» (maíz, judías y calabaza), era abundante, resistente y fácil de almacenar durante el invierno.
Los Colonos adoptaron la masa hervida o asada de calabaza para estirar las escasas provisiones de harina de trigo o de centeno. Al mezclar la pulpa de calabaza cocida con las masas fermentadas con levadura viva (generalmente espuma de cerveza o levadura madre de masa), descubrieron que la calabaza no solo hacía rendir la harina, sino que mantenía la miga excepcionalmente tierna por más tiempo debido a los azúcares naturales y la humedad de la hortaliza.
La referencia formal más célebre en la literatura culinaria aparece en 1796, en el primer libro de cocina publicado en Estados Unidos: American Cookery de Amelia Simmons. En él figuran fórmulas para Pumpkin Bread que emplean masa fermentada con levadura, combinando puré de calabaza, harina de trigo o maíz y esponjas de levadura tradicional.
En estas recetas primigenias, la calabaza no se utilizaba como un saborizante festivo o dulce, sino como un ingrediente estructural básico del pan diario, similar al uso de la patata (potato bread) en Centroeuropa durante las épocas de escasez.
En la panadería moderna, la técnica ha evolucionado incorporando no solo el puré en la masa para aportar color anaranjado y jugosidad, sino también el uso de las pipas de calabaza (pepitas) integradas para aportar contraste crujiente, así como el modelado ortotípico mediante atado con hilo de cocina para darle forma de hortaliza antes de la segunda fermentación.
Actualizada 2026.
Pan de calabaza
- 500 g de harina de fuerza
- 10 g de levadura fresca
- 100 g de calabaza asada y en puré
- 5 g de sal
- 1 cda. de aceite de oliva
- 160 g de agua
- 20 g pipas de calabaza
- Hilo de cocina
- Mezcla el agua con la levadura y deja reposar unos minutos hasta que se active.
- Mientras tanto, mezcla la harina con la sal.
- Coloca la harina en el bol de la amasadora, añade la mezcla de levadura, el puré de calabaza y el aceite. Amasa hasta que se forme una masa homogénea. Incorpora las pipas de calabaza y continúa amasando durante 10 minutos, hasta obtener una textura suave y elástica.
- Espolvorea ligeramente la mesa de trabajo con harina y forma una bola con la masa.
- Divide en dos partes, o en cuatro si prefieres hacer panecillos individuales.
- Corta un metro de hilo de cocina por cada pieza de masa.
- Coloca el hilo en el centro de la bola y cruza en forma de cruz, girando en dirección opuesta para formar ocho secciones.
- No es necesario apretar demasiado: cuando la masa leve, se formarán de manera natural los surcos que darán forma de calabaza.
- Coloca las masas en una bandeja de horno con papel vegetal, cúbrelas con un paño limpio y deja levar hasta que doblen su tamaño.
- Precalienta el horno a 200 °C
- Hornea durante 20 minutos si has hecho panecillos, o 30 minutos si son panes más grandes.
- Retira del horno, corta con cuidado el hilo y deja enfriar completamente sobre una rejilla.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Por qué se utiliza hilo de cocina antes de hornear el pan de calabaza?
El hilo de cocina se ata alrededor de la masa formando ochos o secciones para simular los gajos característicos de una calabaza. No debe apretarse demasiado, ya que durante el levado y el horneado la masa se expande de manera natural, creando la forma deseada sin aplastarse.
¿Cómo se debe retirar el hilo de cocina después de hornear las piezas?
Es fundamental dejar enfriar el pan por completo sobre una rejilla. Una vez frío, se corta el hilo con unas tijeras con mucho cuidado y se tira suavemente de los extremos para desenredarlo sin dañar la corteza.
¿Qué función cumple el puré de calabaza en la masa de pan de fuerza?
El puré de calabaza asada aporta humedad y una textura muy tierna a la miga, además de un sutil toque dulzón y un color anaranjado precioso que complementa a la perfección el crujiente de las pipas de calabaza integradas en el interior.





































