Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

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Terrina de tortillas

El inspector Marcel Dubois tenía un bigote tan perfectamente peinado que parecía una obra de arte en miniatura. Vivía por el orden, por las listas y por las pequeñas satisfacciones de la lógica. Su asistente, Clara, prefería las prisas y las soluciones prácticas; juntos formaban un equipo que funcionaba como un reloj suizo con una cuerda suelta.

Un martes por la mañana, el señor Pascal, dueño del restaurante del barrio, apareció en el despacho al borde de un ataque de nervios:

—¡Ha desaparecido mi receta secreta!

No faltaba dinero, nadie había forzado la puerta y todo estaba en su sitio. Todo, menos un viejo librito que contenía la fórmula de su famosa terrina de tortillas.

Marcel se ajustó el bigote y empezó a investigar.

Encontró harina en el delantal del aprendiz, una mancha de huevo en la manga del repartidor y una diminuta huella junto al cubo de basura.

—¡El repartidor! —dijo Clara.

—Demasiado fácil —respondió Marcel.

Después de interrogar a medio barrio y beberse un café que, según él, era imprescindible para la investigación, Marcel descubrió la verdad.

El aprendiz había cogido el librito para practicar la receta y sorprender a su novia. Lo había dejado por accidente dentro de una cesta de la compra. El repartidor, creyendo que alguien la había olvidado, la llevó a la tienda de la esquina para devolverla. Y la vecina del tercero, al ver la cesta junto a la basura, pensó que era precisamente eso: basura.

Caso resuelto.

Sin ladrones, sin conspiraciones y sin persecuciones. Solo una cadena de despistes perfectamente organizada.

Marcel devolvió el librito al señor Pascal con una nota:

    «Orden y método, siempre».

Clara añadió debajo:

    «Y etiquetas en las cestas».

El aprendiz pidió disculpas, el repartidor regaló unas burratas y Marcel alisó su bigote con la misma delicadeza con la que cerró el caso. No necesitó grandes deducciones, solo atención a los pequeños detalles y una taza de café.

—¿Ves? —dijo Clara entre risas—. Al final, el misterio tenía menos suspense que una cesta de la compra. Pero, al menos, la próxima vez tendrá mejor envoltorio.



Terrina de tortillas de patatas y de espinacas y chorizo

Terrina de tortillas con tortillas comerciales cocinadas


El origen de la terrina combina la necesidad de conservación de alimentos con la evolución de la alta cocina clásica. Su nombre proviene directamente del recipiente de barro cocido, llamado terrine en francés (derivado del latín terrinus, que significa 'hecho de tierra'), donde tradicionalmente se horneaba y se servía este plato.

Durante la Edad Media en Europa, los cocineros buscaban métodos eficaces para prolongar la vida útil de las carnes y los vegetales antes de la existencia de la refrigeración moderna. Al picar finamente los ingredientes, sazonarlos con hierbas y cocinarlos lentamente al baño maría dentro de un recipiente hermético, descubrieron que la grasa natural o los jugos liberados creaban un sello protector al enfriarse. Este proceso impedía la entrada de aire y bacterias, permitiendo almacenar el alimento durante semanas en sótanos fríos. Las primeras versiones eran densas y rústicas, compuestas principalmente por carnes de caza, cerdo y vísceras.

Con la llegada del Renacimiento y la posterior consolidación de la gastronomía francesa en los siglos XVII y XVIII, la terrina se transformó en un símbolo de estatus y sofisticación. Los chefs de la corte real comenzaron a refinar las recetas para complacer a la aristocracia, diversificando los ingredientes más allá de las carnes pesadas. Introdujeron capas geométricas de vegetales coloridos, como zanahorias, espárragos y espinacas, para crear contrastes visuales atractivos al cortar las rebanadas. También incorporaron huevos enteros cocidos en el centro de la preparación, un detalle técnico que requería gran precisión para que el huevo quedara perfectamente centrado y con la textura ideal tras el horneado.

A diferencia del paté tradicional, que suele texturizarse como una pasta homogénea y untable a menudo envuelta en una costra de masa, la terrina se consolidó como un plato frío de ingredientes picados de forma más rústica o dispuestos en láminas visibles. El uso del baño maría se mantuvo como el estándar de cocción indispensable, ya que el calor indirecto y suave coagula las proteínas del huevo o los jugos de las verduras sin resecar los bordes, garantizando una consistencia firme pero húmeda.

En la cocina contemporánea, la terrina ha evolucionado hacia opciones mucho más ligeras y saludables. Las versiones modernas suelen prescindir de las grasas animales pesadas, utilizando en su lugar gelatinas vegetales, claras de huevo o purés de legumbres para amalgamar los ingredientes. Hoy en día, una terrina de verduras asadas o de pollo con finas hierbas se valora tanto por su sabor delicado como por su atractiva presentación estética, consolidando un legado culinario que transformó una técnica de supervivencia medieval en un arte visual para el paladar.

Mi versión es una terrina sencilla elaborada con tortillas compradas, aunque puedes prepararlas tú a tu gusto si lo prefieres. Y digo sencilla porque lo es si recurres a las tortillas ya hechas, ya que el montaje del plato es muy rápido.

He utilizado burrata porque su interior es sumamente cremoso e ideal para elaborar la mezcla que, junto con la leche, cuaja fácilmente con la gelatina. Yo la dejé toda la noche en el frigorífico, pero, si la preparas por la mañana, para la cena estará perfectamente cuajada.

Terrina de tres tortillas en mosaico con crema de burrata


Ingredientes
  • 3 tortillas de patata:
  • 1 clásica (solo patata o con cebolla)
  • 1 de espinacas (para la capa verde)
  • 1 de chorizo o pimiento rojo 
  • 80 g leche
  • 2 burratas
  • 6 hojas de gelatina neutra (10 g)
  • Sal
  • Pimienta blanca
  • Aceite de oliva virgen extra
Elaboración
  1. Hidrata la hojas de gelatina en agua fría durante 5 minutos.
  2. Escúrrelas y caliéntalas con la leche 30 segundos en el microondas
  3. Tritura la burrata con la leche, una cucharada de aceite y una pizca de sal hasta obtener una crema fina.
  4. Corta las 3 tortillas precocinadas en dados regulares
  5. Cubre el fondo de tu molde (20×10 cm) con una fina capa de crema de queso.
  6. Alterna los dados de las 3 tortillas combinando los colores para crear el efecto mosaico/ajedrez.
  7. Ve vertiendo la crema de queso entre capa y capa para asegurarte de que rellene todos los huecos entre los dados.
  8. Finaliza cubriendo la superficie con el resto del queso.
  9. Deja reposar en el frigorífico toda la noche.





Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer con tortillas caseras en lugar de compradas?

Sí, y el resultado es aún mejor. La ventaja de las tortillas compradas es la rapidez — el montaje se hace en minutos. Si usas tortillas caseras, asegúrate de que estén completamente frías antes de cortarlas en dados, para que mantengan la forma y no se deshagan al mezclarlas con la crema de burrata.

¿Se puede sustituir la burrata por otro queso?

Sí. La burrata es ideal por su interior cremoso que emulsiona perfectamente con la leche y la gelatina. Como alternativa, la mozzarella fresca escurrida o el queso crema tipo Philadelphia funcionan bien. El resultado es algo menos cremoso pero igualmente sabroso. Evita quesos curados o muy salados — desequilibran el sabor de las tortillas.

¿Cuánto tiempo necesita la terrina para cuajar bien?

Lo ideal es dejarla toda la noche en el frigorífico. Si la preparas por la mañana, para la cena — unas 8 horas después — ya estará perfectamente cuajada y lista para desmoldar. No intentes desmoldarla antes de las 6 horas mínimo aunque parezca firme por arriba — el centro necesita tiempo para solidificarse completamente con la gelatina.


Collage del proceso de elaboración de la terrina de tortillas en mosaico


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Ensaladilla rusa

Javier llegó a Madrid un viernes de julio de 1985 con una mochila, un walkman con las pilas agotadas y la firme ilusión de ver algo —lo que fuera— de esa Movida madrileña que tanto salía en la tele de su pueblo. Pero antes tenía que entregar unos papeles a su tío, que trabajaba en un edificio de oficinas de la calle Alcalá.

El hall del edificio era todo pop art, Ceesepe, le dijo el portero, debía ser una palabra en clave, pensó Javier. Entró con su carpeta y preguntó por la oficina de su tío Miguel. Se acercó al ascensor justo cuando un chico con chaqueta militar y gafas oscuras estaba dentro.

—¡Pisa el acelerador, hombre! —le dijo Sabina, viendo que el chico no entraba.

Javier pulsó el botón, algo confuso. En el ascensor, mientras subía, olía fuerte a laca y colonia cara. En una de las paredes, alguien había pegado con celo una pegatina que decía: «Gabinete Caligari vive». Sonaba a secta.

La puerta se abrió en la planta 3. Entró un grupo con estética juvenil: todos llevaban vaqueros; camisetas tipo polo; alguno iba con americana y todos con zapatillas.

—¿Vamos al quinto? —preguntó Javier, educado.

—¡Siempre, chaval! —respondió uno con voz grave y gafas cuadradas negras.

Y se bajaron en el cuarto cantando a coro: «Sufre mamón, devuélveme a mi chica…». Javier se quedó solo. Y algo inquieto.

En la planta 5 salió al pasillo, donde se topó de bruces con una mujer que se retocaba los labios en un espejo de mano. Pelazo cardado, sombras azules y tacones imposibles.

—Uy, perdona. ¿Buscas algo? —le preguntó Alaska.

—A mi tío —dijo sin aclarar.

—¡A quién le importa! Si lo ves, dile que Tino se ha dejado el bastón en recepción.

Confundido, siguió andando. Vio una puerta entreabierta con música y se asomó. Encontró a un grupo afinando un teclado y discutiendo que «resaca» rimaba con «petaca».

—¿Esto es la oficina del señor Miguel? —preguntó Javier, educadamente.

—¡No! Esto es Un Pingüino en mi Ascensor, colega —respondieron.

Una chica apareció por detrás comiendo una tapa de ensaladilla.

—¡Rufino! Está al fondo, junto a los de Radio Futura —le dijo sonriendo Luz.

Javier llegó muy desconcertado y dejó la carpeta a su tío.

—¿Qué, Javier? ¿Te ha molado algo de la Movida? —le preguntó su tío.

Javier dudó.

—¡Hummm! Pero si no he visto nada de la Movida todavía.

El tío soltó una carcajada.

—¡Ay, muchacho, qué despiste llevas!

Cuando Javier salió del edificio, iba tarareando sin saberlo algo que acababa de oír arriba. Le pareció pegadizo:

«No me mires, no me mires, no me mires…»

Pintxo de ensaladilla rusa casera presentada sobre tostas de pan

Tapa de ensaladilla rusa española con mayonesa casera



La Movida Madrileña fue un movimiento contracultural que surgió en Madrid durante la década de 1980, caracterizado por su espíritu de libertad y experimentación en diversos ámbitos artísticos como la música, el cine, la moda y el cómic.

Vale, la Movida madrileña, la ensaladilla rusa, los 80, en esa época, aunque yo no era una gran comensal, la ensaladilla rusa era la reina del verano en casa. De la ensaladilla dicen que fue cosa de un cocinero de origen ruso, otros que ya estaba en recetarios antiguos, que existen variantes en diferentes continentes. A estas alturas de la vida ¿quién no se ha rendido a la ensaladilla? En España la comemos como tapa, como acompañamiento a rebozados, como plato único, para llevar, para comer en casa, para niños, para mayores... ahora adoro la ensaladilla, SIEMPRE.

La ensaladilla rusa nació en Moscú en 1860 bajo el nombre de ensalada Olivier, creada por el chef Lucien Olivier en su lujoso restaurante Hermitage. Aunque existen registros británicos y franceses previos de ensaladas con aderezos similares, la versión sofisticada de este cocinero de origen franco-belga consolidó el mito del plato. Aquella receta original distaba mucho de la versión popular actual: el chef utilizaba ingredientes de la alta cocina zarista como carne de faisán, urogallo, lengua de ternera, caviar, colas de cangrejo de río, alcaparras y pepinillos. Todo esto se ligaba con una salsa secreta basada en una mayonesa aderezada con vinagre de vino francés y especias, cuya fórmula exacta el autor se llevó a la tumba.

La transformación masiva del plato comenzó tras la Revolución rusa de 1917. El exilio de la aristocracia y la escasez de alimentos provocaron una inevitable simplificación de la receta dentro y fuera de la Unión Soviética. Los ingredientes caros y exóticos fueron sustituidos por alternativas más accesibles y cotidianas como la patata cocida, la zanahoria, los guisantes, el huevo duro y el pollo, este último reemplazado más tarde por el atún en lata en la Europa mediterránea. La mayonesa comercial facilitó que la receta se estandarizara en los hogares de todo el mundo.

Cuando Franco quiso cambiarle el nombre:

En España, el plato arraigó con fuerza durante el siglo XX hasta convertirse en un elemento indispensable de la cultura del tapeo. Su presencia fue tan notable que durante la dictadura franquista se generó una curiosa polémica ideológica: debido al rechazo del régimen hacia todo lo vinculado con la Unión Soviética y el comunismo, en muchos menús y bares locales se rechazó el término original y se le renombró de forma temporal como «ensalada nacional» o «ensaladilla española». Con la llegada de la democracia, el plato recuperó su denominación popular, consolidando versiones regionales que añaden ingredientes como aceitunas, pimientos morrones o distintos tipos de marisco.

Actualizada 2026.



Ensaladilla rusa casera con mayonesa de huevo o sin huevo


Ingredientes para 2 - 4 
  • 2 patatas nuevas
  • 2 huevos 
  • 1 zanahoria
  • 4 judías verdes
  • Una pizca de sal
Nota: Para la ensaladilla usa mejor patata nueva y mira que sean del mismo tamaño para cocinarlas. 

Para la mayonesa
  • 1 huevo entero crudo
  • 250 mililitros de aceite de oliva o de girasol
  • 1 cucharada de vinagre
  • Una pizca de sal
Sirve con anchoas, o gambas, o ventresca o piparra o pimiento rojo, brócoli, aguacate, aceitunas...

Ensaladilla:
  1. Cuece las patatas sin pelar y enteras partiendo de agua fría o tibia con 3 gramos de sal por litro de agua, fíjate que la cocción sea suave y que el agua no haga grandes búrbujas.
  2. Cuece, a parte de las patatas, también la zanahoria, pelada y entera, y las judías verdes enteras, sin las puntas. 
  3. Cuece los huevos, 10 minutos, y separa las claras de las yemas. 
  4. Reserva las yemas para el final.
  5. Una vez que las patatas no quemen, pélalas y córtalas (puedes rallarla si te gusta así) en cuadraditos pequeños. 
  6. Corta también la zanahoria y las judías verdes del mismo modo. 
  7. Ralla las claras de huevo cocidas. 
  8. Mezcla la zanahoria, las judías verdes, la patata y las claras ralladas. 
  9. Sala si es necesario. 
  10. Refrigera.

Mayonesa:
  1. Pon el huevo, el aceite, el vinagre y la sal en el vaso de la batidora. 
  2. Introduce la batidora hasta que toque el fondo del vaso y, sin moverla, ponla en marcha hasta que emulsione. 
  3. En ese momento, levanta suavemente el brazo de la batidora hasta que la mezcla esté completamente integrada.
  4. Rectifica de sal. 
  5. Si se desea una textura más espesa, añade un hilo de aceite poco a poco mientras sigues batiendo. 
  6. Refrigera.

Montaje:
  1. Cuando todo esté bien frío, mezcla la ensaladilla con la mayonesa.
  2. Coloca la mezcla en un bol o tupper de cristal y ralla por encima las yemas cocidas. 
  3. Tapa y refrigera hasta el momento de servir.

Si quieres una mayo más fácil y sin "riesgo", esta es la receta:

Ingredientes
2 huevos duros
4 cucharadas de de agua
2 cucharadas de aceite de oliva o 1 cucharada de oliva y 1 cucharada de girasol
1 cucharada de vinagre
Sal
1 cucharadita de mostaza

Elaboración
Bate con la túrmix hasta conseguir la consistencia de salsa.

Si quieres la versión con alioli también es un clásico español.

Receta de la ensaladilla rusa con mayonesa casera


Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama ensaladilla "rusa" si es un plato tan español?

Porque su origen está en la ensalada Olivier, creada en 1860 por el chef Lucien Olivier en el restaurante Hermitage de Moscú. Con el tiempo la receta llegó a España y se adaptó a la despensa local sustituyendo los ingredientes zaristas por patata, zanahoria, guisantes y atún. Curiosamente, durante el franquismo se intentó rebautizarla como "ensalada nacional" por el rechazo ideológico a todo lo soviético, pero el nombre popular siempre ganó.

¿Cuánto tiempo aguanta la ensaladilla rusa en la nevera?

Con mayonesa casera de huevo, un máximo de 24-48 horas bien tapada. Con la versión de mayonesa sin huevo de huevo duro, aguanta 3-4 días sin problema. Nunca la dejes más de dos horas fuera de la nevera en verano — es el principal riesgo de intoxicación alimentaria.

¿Cuál es el secreto para que la ensaladilla quede perfecta?

Tres claves: usar patata nueva del mismo tamaño para que cuezan parejo, enfriar todos los ingredientes completamente antes de mezclar con la mayonesa, y añadir la mayonesa en el último momento justo antes de servir. La patata caliente con mayonesa es el error más común y el que más afecta a la textura y seguridad del plato.


Ensaladilla rusa un clásico de la cocina española en verano


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Huevos con tomate

Phoebe está de pie, mirando fijamente la pantalla digital del refrigerador inteligente de alta gama que Monica compró recientemente.

Phoebe: Lo sabía. Está parpadeando en código morse. Chicos, tenemos que salir de aquí. El "Frigo-Tron" está reclutando datos.

Monica: Phoebe, no es código morse. Es el indicador de que el filtro de agua necesita un cambio. Lo configuré yo misma.

Phoebe: ¡Eso es lo que él quiere que creas, Monica! Pero yo lo escuché anoche. Estaba hablando con la tostadora en un lenguaje de zumbidos. Decían que nosotros somos "demasiado orgánicos".

Chandler: Bueno, siempre supe que mi final llegaría a manos de un electrodoméstico, pero esperaba que fuera mi afeitadora eléctrica, no un aparato que guarda los huevos.

Joey: Espera, Phoebe. Si está planeando una revolución... ¿va a dejar de darnos hielo? Porque si no hay hielo, no hay refresco frío. Y si no hay refresco frío... 

Phoebe: ¡Es peor que eso, Joey! He sentido su aura. Es fría, y no hablo de la temperatura interior. Tiene un resentimiento profundo porque Ross siempre guarda sus sobras de huevos con tomate.

Ross: ¡Oye! Mi revuelto no sabe mal. Huele a una mezcla equilibrada de tomate y huevo.

Phoebe: Anoche, la cafetera empezó a gotear sin razón. ¡Fue un llanto de solidaridad! Están hartos de servirnos. El microondas ya no quiere calentar tus burritos, Joey. 

Rachel: (Entrando con una bolsa de compras) Hola a todos. Oigan, ¿porqué estáis mirando todos el frigorífico? ¿No funciona la tele?.

Phoebe:  ¡El frigorífico está intentando absorber nuestras mentes para dejarnos fríos! 

Chandler: ¿Ves? Mónica te dije que compraras el modelo analógico.


Huevos con salsa de tomate en revuelto

Revuelto de huevos con tomate


Los huevos revueltos son una de las preparaciones más antiguas y universales en la cocina, con una historia que se remonta a miles de años. Se cree que el plato se originó en la antigua Persia, donde los cocineros ya preparaban huevos batidos con leche y especias, cocidos lentamente hasta obtener una textura cremosa.

En la cocina europea, los huevos revueltos comenzaron a aparecer en libros de cocina del Renacimiento, y en Francia, en el siglo XVII, se perfeccionó la técnica, usando mantequilla para lograr una textura más suave. Desde entonces, se han convertido en un plato esencial, popular en la gastronomía de numerosos países.

Los ingleses desayunan huevos revueltos, acompañados de salchichas, bacon...En los diners estadounidenses, los huevos revueltos tradicionales suelen ser más firmes ("hard scrambled"). También existe un "cameo" de huevos revueltos en la serie Friends, concretamente con Chandler.

En casa de mi madre me cocinaba, cuando era pequeña, huevos con tomate, un clásico que creo que cocinaban en muchos hogares españoles. Ahora, yo lo cocino para mis chicos, aunque para ellos creo que no tienen el "impacto" que tenían para mi.

Sé que cada familia tiene su versión, algunas madres o abuelas lo cocinaban con un sofrito, en casa no, es un revuelto super simple, solo tomate frito y huevo, y como el tomate frito es casero y ya lleva sal y pimienta no necesita más. No sé si Mónica querría la receta y los demás lo comerían, pero creo que sí les gustaría.

Actualizada 2026.


Revuelto de huevos con tomate



Ingredientes
  • 300 g tomate frito casero
  • 3 huevos M 
Elaboración
  1. Calienta el tomate en una sartén, a fuego lento. 
  2. Añade los huevos y remueve rápidamente para que el huevo no cuaje. 
  3. Verás que el color va cambiando a medida que los huevos cuajen.
  4. Deja cocinar unos segundos más.
Comer con pan ♥️

Nota: La consistencia depende de los huevos que pongas, si te gusta más cremoso solo añadir 2 huevos. 


Elaboración de los huevos con tomate


Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer con tomate de bote en lugar de tomate casero?

Sí, aunque el resultado cambia. El tomate frito casero ya lleva sal, pimienta y el punto de cocción justo, por lo que no necesita nada más. Con tomate de bote el plato sigue siendo rico pero convendrá añadir sal y un chorrito de aceite de oliva para acercarlo al sabor de siempre.

¿Cuántos huevos se necesitan para que quede cremoso?

Con 300 g de tomate frito, dos huevos dan un resultado más cremoso y jugoso. Tres huevos producen un revuelto más consistente. La clave es no dejar de remover desde el momento en que el huevo entra en la sartén y retirar del fuego antes de que cuaje del todo, porque el calor residual termina la cocción.

¿Con qué se acompaña mejor este revuelto?

Con pan. Siempre con pan. Un pan de miga densa que aguante el peso del revuelto sin deshacerse. En casa no se concibe este plato sin él — como bien sabe Ross, que según Phoebe lleva años guardando sus sobras en el frigorífico.


Huevos con tomate para mojar pan


Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day

Puerros en vinagreta

Historias de sobremesa... ¡Qué bonita palabra!

Una mesa grande, de mucha cabida. Sillas —ahora vacías— para cada comensal. Una suave música que no moleste, cuando las conversaciones sean las protagonistas. Mantel blanco sobre la mesa y un jarrón con flores, mientras no estorbe. Ventanas abiertas, ya que todavía hace buen tiempo para poder tenerlas así, y un suave aroma que sale de la cocina, advirtiendo que ya está todo casi a punto para salir.

Los comensales empiezan a llegar. Se sienten los primeros besos, uno a cada lado, las miradas divertidas, de reconocimiento, de amistad. Las palabras salen según sienten los corazones; los abrazos son auténticos; las conversaciones, ligeras; las presentaciones, entre desconocidos.

El corazón de la cocina late con fuerza. La casa está iluminada y huele a mar, por la cercanía de él. Se auguran buenas historias, risas y carcajadas, muchos «mmmm» saboreando los platos, con ese mar y montaña, también huerto, ¿por qué no? Esos puerros vestidos de fiesta. El postre: hoy me salto la dieta. La foto finish de todos los presentes. El chinchín con los nuevos deseos, o quizá alguno viejo que aún no se ha cumplido. Las ganas de repetir la velada, otro día, en otro lugar, ¿con más gente? Siempre.

Puerros en vinagreta

Blogueros cocineros mallorquines

De izq. a dcha. José Antonio, Cristina, María, Teresa, Koldo, Mercedes, Lucía, Macu, Caty y Juana

Quizás pienses que los blogueros de Mallorca no necesitamos ninguna excusa para reunirnos, y tienes razón: nos gusta quedar, salir a cenar, conocer a quienes no conocíamos porque no habían podido venir con anterioridad y tomarnos algo. Esta vez tuvimos la oportunidad de conocer un poco más a Koldo Royo. Él mismo nos recibió: encantador, bromista y buen cocinero. Las tapas que degustamos nos encantaron a todos; fue una grata experiencia culinaria.

Y ¿de qué se habla en una cena con blogueros de cocina? ¿De cocina? No, en realidad no. De cocina hablamos poquito; alguna referencia sí hacemos, pero nada más. La verdad es que de estas comidas surgen otros proyectos, talleres, ideas, nuevas citas para quedar, recomendaciones sobre otros blogs, viajes y momentos para reír, reír muchísimo.

Actualizada en el 2026.

 

Puerros en vinagreta



Ingredientes
  • 3 puerros grandes
vinagreta:
  • 1/2 cebolla picada
  • 1/2 pimiento rojo picado
  • 1/2 pimiento verde picado
  • 2 cdas. de vinagre de manzana o de vino
  • 4 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • Sal al gusto
  • 1 cdta. de mostaza en grano (encurtida) o de salsa de mostaza (opcional)
  • 1 huevo cocido (opcional)
Nota: si te sobran partes del puerro, pícalas y añádelas a la vinagreta. Si no tienes mostaza en grano encurtida a mano, puedes usar una cucharadita de salsa de mostaza de toda la vida, o incluso mostaza a la antigua (la que lleva granitos). Le dará un punto ácido y alegre que tan bien le va al puerro.

Elaboración
  1. Lava los puerros retirando la parte más verde y la piel más externa, elimina toda la tierra. 
  2. Corta cada puerro en 3 partes. 
  3. Hierve agua y cuece los puerros durante 20 minutos. 
  4. Cuela y enfría para cortar la ebullición. 
  5. Mientras se hacen los puerros haz la vinagreta. 
  6. Pica todos los ingredientes y cuece el huevo 10 minutos si vas a usarlo. 
  7. Mezcla toda la verdura y añade el vinagre, el aceite, la sal y la mostaza.
  8. Pon los puerros en un recipiente y vierte la vinagreta por encima. 
  9. Decora con huevo rallado.
  10. Deja macerar unas horas, si lo preparas por la mañana déjalo hasta la noche así tendrá más sabor.



Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Curry de sandía

En la corte de Agra, el príncipe Salim tenía un problema serio: se aburría.

Fue entonces cuando apareció Anarkali.

No entró por la puerta principal, como dictaba el protocolo, sino por una ventana, porque —según dijo— “las entradas oficiales tienen demasiada burocracia”. Era bailarina, cantante y, por lo visto, completamente inmune al miedo a los guardias reales.

Salim quedó inmediatamente fascinado. No tanto por su belleza, sino porque Anarkali era la única persona en todo el palacio que no se impresionaba cuando él decía “soy el príncipe”.

—Pues encantada —respondía ella—. ¿Sabes bailar o solo sabes mandar?

Eso, naturalmente, marcó el inicio del conflicto.

El emperador Akbar, padre de Salim, no veía con buenos ojos la presencia de Anarkali en palacio. Le resultaba inapropiada, disruptiva y, en términos de corte, excesivamente difícil de encajar en cualquier protocolo.

—¡Sacadla de aquí! —ordenaba el gran visir cada vez que la veía.

Sin embargo, Salim no solo ignoraba las advertencias: había comenzado a ausentarse de los asuntos de la corte con alarmante frecuencia. Mientras tanto, él y Anarkali habían desarrollado un sistema de comunicación secreto, basado en coreografías. Si ella giraba dos veces hacia la izquierda, significaba “escápate esta noche”. Si él respondía con un salto poco elegante, significaba “lo intentaré”.

El problema creció cuando el príncipe dejó de aparecer incluso en las reuniones más importantes. La corte, sin su heredero, empezó a perder estabilidad. Finalmente, el emperador Akbar decidió intervenir.

—Se acabó —dijo con firmeza—. Esta situación se ha vuelto insostenible.

Pero antes de que pudiera imponerse una solución definitiva, Anarkali hizo lo único que nadie esperaba: pidió bailar ante el emperador.

No fue una danza común. Fue una ejecución tan precisa y expresiva que la gran sala quedó en absoluto silencio. Incluso los consejeros más rígidos olvidaron por un momento su postura oficial. Salim, desde un lado, la observaba con una mezcla de orgullo y emoción contenida.

Cuando terminó, el silencio se prolongó unos segundos.

Luego, el emperador suspiró.

—Está bien —dijo finalmente—. Pero que conste en acta que esto no cambia mi opinión… aunque haya sido extraordinario.

Y así, entre tensiones de corte, música y decisiones imposibles, el reino aprendió una lección que nadie se atrevió a escribir en los registros oficiales: en la India de los cuentos, el arte y el amor a veces desordenan el mundo… pero también lo vuelven inolvidable.


Curry de sandía


Curry de sandía de la India

El curry de sandía (conocido localmente como tarbooz ki sabji) es uno de los platos más sorprendentes de la gastronomía de Rayastán, nacido de la pura necesidad de sobrevivir en el desierto de Thar.

Su origen se debe a la escasez y a la supervivencia en una geografía hostil, ya que Rayastán es una región árida con una carencia histórica de agua y vegetales verdes. Cuando las sandías estaban en temporada, los habitantes consumían la pulpa roja para hidratarse y usaban el resto para cocinar. Originalmente, era un plato humilde de pastores y agricultores en épocas de sequía extrema; con el tiempo, los chefs reales (khansamas) de los palacios de Jaipur y Jodhpur adoptaron la receta. Los palacios añadieron chiles de Mathania (un chile local muy costoso) y frutos secos, con lo que transformaron un plato de crisis en un manjar digno de la realeza rajput.

Cuando me encontré con este plato tradicional de Rayastán —el estado más grande de la India, ubicado en la esquina noroeste del país—, no sabía muy bien qué pensar. Pero funciona: este plato dulce y picante es una prueba de que la sandía es mucho más versátil de lo que jamás imaginé.

Receta actualizada en el 2026.





Curry de sandía


Ingredientes para 2

  • 220 g de sandía
  • 200 ml de sandía licuada
  • 1/2 cdta. de cayena
  • 1/2 cdta. de cúrcuma en polvo
  • 1/2 cdta. de cilantro en polvo
  • 1/4 cdta. de comino en polvo
  • 2 cdtas. de zumo de limón
  • 1 ajo prensado
  • 1 cdta. de jengibre rallado
  • 2 cdas. de aceite
  • 1 pizca de sal
* Cilantro fresco para servir (opcional)
* Pappadums (opcional)

Elaboración
  1. Corta y despepita la sandía. Con una parte, licúa hasta obtener el zumo; reserva la otra mitad en dados.
  2. En el zumo de sandía, mezcla la cayena, la cúrcuma, el cilantro, el comino, el ajo, el jengibre y la sal.
  3. Calienta el aceite en un wok o sartén y añade el zumo especiado de sandía. Baja la intensidad del fuego y cocina durante 3 minutos.
  4. Añade el zumo de limón y los dados de sandía. Remueve con cuidado para integrar y deja cocinar unos 3 minutos más.
Nota: 
Puedes servirlo como guarnición o acompañado de arroz, como en este caso, y añadir cilantro fresco picado si te gusta, junto con pan pappadum crujiente.

Collage de curry de sandía



Relato, fotografías y vídeo @catypol - Circus day.

Cóctel de pescado y marisco

Me acostumbré a llevar un lápiz en el bolso. Escribía en servilletas, tarjetas usadas, papeles varios y tiques de compra; escribía o dibujaba, dependía de lo que en aquel momento me tenía cautivada. Y así le conocí: sentada en una mesa de una terraza, tomando café y escribiendo en una servilleta, cuando noté que alguien me estaba observando por encima de mi hombro. «¡Cotilla!», dije yo en alto.

Y de pronto, ante mí, apareció una cara sonriente: pelirrojo con pecas y muy seguro de sí mismo. «¿Estás anotando tu número de teléfono para dármelo?», me preguntó. «No», dije yo, «estoy anotando las groserías que te diré si sigues con esa actitud insolente». No pude menos que sonreír. «¡Oh! Das de lleno en mi corazón», y se encogió, poniendo sus manos sobre su pecho. Y eso me hizo soltar una carcajada.

Se ofreció a llevarme de tour por la ciudad, como si yo fuera una turista, y me dejé llevar. Seguimos dando vueltas y llegamos a una librería. Pegué mi nariz al cristal de la ventana mientras veía que él entraba y hablaba con la dependenta.

Después nos detuvimos en un pequeño restaurante para tomar un cóctel marinero, y no pude dejar de sonreír durante todo el almuerzo. Allí fue cuando sacó un paquete, que me cabía en la mano, envuelto en un precioso papel, y dentro estaba la libreta más bonita que había visto en mi vida. «¿Es para que te anote mi número de teléfono?», pregunté yo. «No», dijo él esta vez, «es para que anotes las groserías que no me has dicho».

Cócteles de pescados y mariscos

Cóctel de pescado y marisco


No hace un año tuve la suerte de conocer a Carmen, nos conocimos en una reunión blogger que se hizo en Madrid, la primera impresión que me llevé de ella fue estupenda, agradable y muy abierta. Es una mujer simpática y muy cercana, sé que las que la conocéis pensáis si no igual; parecido. Pues esta guapa mujer que tiene un blog muy especial y que el pasado marzo hizo un añito, celebra esta semana su cumple blog, y yo quería estar presente en la celebración. ¡Muchas felicidades Tía Alia!

Nos pedías una receta de la cocina tradicional y familiar, además una historia que ligue con ella, y como es una fiesta, y vamos a celebrarlo, sacaremos las copas, pondremos cintas de colores, un mantel bonito y un poco de luz.

Mi historia.
Vengo de una familia grande, mi abuela materna tuvo 8 hijos y 20 nietos de los cuales 5 son de mi madre, por lo que nuestra casa siempre estaba llena de gente, ya nosotros somos muchos, pero como mi abuela vivía con nosotros pues los demás hijos y nietos también la visitaban así que imagínate. 
Cuando más se notaba que éramos una familia grande era en los bautizos, comuniones o bodas, sobre todo en las bodas. Toda la familia asistía, la ceremonia, las fotos, los achuchones, besos y el convite, por fin el convite, a veces tradicional, otras más atrevido, los entrantes casi siempre igual, pero había veces que nos servían un cóctel, yo preguntaba siempre por qué aquello nos lo servían en copa__para hacer bonito, cariño, por que la comida también entra por los ojos__pero por mis ojos entraban otras cosas, la mesa de los novios, nunca se tiene demasiado hambre, nunca se come mucho en esa mesa. 
Si el que inventó el que se besen cobrara derechos de autor, sería rico. 
Quién se había sentado al lado de quién, y quién lo había hecho porque había llegado tarde y tenía que sentarse donde había sitio, a veces no en el sitio correcto, ahora las mesas llevan el cartelito correspondiendo al invitado, nada de aventura. 
¿Y el ritual de cortar la liga y la corbata? la que se formaba para "vender" un trocito, sin palabras.

Los banquetes que yo recuerdo terminaban con un postre llamado pijama, por si alguien se había quedado con hambre claro, y ¿el puro?, fumaban puro hasta el que no fumaba tabaco, esas caras rollizas sacando humo como si un poblado indio hiciera señales. 
Se puede adivinar que yo no era muy fan de estas celebraciones, y sigo sin serlo, pero en estos eventos conocí algunos platos que no solíamos hacer en casa, el cóctel de pescado y marisco (o cóctel de gambas) fue uno de ellos, con el tiempo "acogimos" esta receta que nos gusta mucho y ahora hacemos, no puedo evitar recordar con una sonrisa como la conocí.

El mejor coctel de pescado y marisco


El origen y la evolución del cóctel de pescado y marisco en Europa están íntimamente ligados a la alta cocina de mediados del siglo XX y a la posterior democratización de la gastronomía festiva. Aunque la idea de servir mariscos fríos con salsas tiene raíces en los antiguos banquetes franceses, la fórmula europea moderna nació como una adaptación del estilo estadounidense que triunfaba en los años veinte y treinta del siglo pasado. Los chefs del viejo continente tomaron el concepto anglosajón y lo refinaron para adaptarlo a los paladares locales, sustituyendo las salsas americanas más picantes por una emulsión más suave y sofisticada que combinaba mayonesa con kétchup, rematada con licores tradicionales europeos como el brandy, el coñac o el whisky escocés.

A partir de la década de 1960, el plato se convirtió en un símbolo de estatus y modernidad culinaria en el Reino Unido gracias al impulso de la chef británica Fanny Cradock, quien popularizó el «prawn cocktail» como el entrante imprescindible de cualquier cena elegante. Esta moda se extendió rápidamente por los restaurantes y hoteles de toda Europa, llegando a España e Italia durante el auge turístico de los años setenta. En los hogares españoles, la preparación se consolidó bajo el nombre de cóctel de gambas, transformándose en el plato estrella de los banquetes de boda y, especialmente, de las cenas de Nochebuena y Fin de Año debido a su vistosidad y a la posibilidad de prepararlo con antelación.

Con el paso de las décadas, la receta original europea experimentó ligeras variaciones regionales según la disponibilidad del producto local. Mientras que en las costas del norte de Europa se priorizaban los camarones árticos de tamaño pequeño y el cangrejo, en los países mediterráneos se optó por piezas más grandes como los langostinos y las gambas, introduciendo a veces dados de pescado blanco firme cocido al vapor. A pesar de que durante los años noventa el plato sufrió cierto declive al ser considerado un cliché de la cocina «viejuna», hoy en día ha experimentado un resurgimiento nostálgico en los bistrós europeos, donde los chefs contemporáneos lo reivindican respetando su esencia original pero elevando la calidad del marisco fresco.

Receta actualizada en 2026.


Cóctel de pescado y marisco con salsa rosa 



Ingredientes para 4 personas
  • 1/2 lechuga
  • 450 g de merluza
  • 300 g de mejillones
  • 300 g de almejas
  • 500 g de gambas o langostinos

Para el court-buillón o caldo corto

  • 1 1/2 l agua
  • 1 rodaja de limón
  • 1 cebolla pequeña
  • 1 tomate
  • 1 puerro
  • 2 ramas de perejil
  • 1 diente de ajo
  • Unos granos de pimienta 
  • Sal
  • 1 copita de vino blanco seco

Para la salsa

  • 300 g de mayonesa
  • 6 cdas. de ketchup
  • 1 cda. de vinagre
  • 1 cda. de brandy o whisky
  • 1 cda. de zumo de limón
  • 1 cdta. de mostaza
  • Sal

Elaboración
  1. Para el court-buillon: Pon una olla al fuego con los ingredientes troceados, menos la rodaja de limón, que se pone entera.
  2. Lleva a ebullición y déjalo hervir unos 10 o 15 minutos.
  3. Filtra el caldo y déjalo en otra olla al fuego. Cuando hierva, pon dentro el pescado limpio y cocínalo durante 3 minutos.
  4. Añádele en el último minuto las gambas o langostinos, sin pelar, dejando que hiervan durante 1 minuto. Retira del fuego y tápalo.
  5. Limpia los mejillones y las almejas.
  6. Cuécelos en una olla, tapados, con un chorrito de vino y una hoja de laurel. Una vez abiertos, apártalos del fuego. Si alguno no se hubiera abierto, se tira.
  7. Escurre los mejillones y las almejas, desecha el caldo de la cocción y deja que los moluscos se enfríen por completo.
  8. Lava y seca la lechuga. Córtala en tiras finas, tipo juliana, y resérvala.
  9. Escurre el pescado y el marisco, y límpialo de piel y espinas. Trocea el pescado, pela las gambas o langostinos, y saca los mejillones y las almejas de las conchas. Reserva todo.

Para la salsa: 
  1. Mezcla la mayonesa con los demás ingredientes. Prueba de sal y rectifica si hiciera falta.

Montaje: 
  1. Monta el cóctel en copas. Una parte de lechuga. Encima colócale el pescado y el marisco. Finalmente napa con la salsa. 
  2. Sirve frío.

El cóctel marinero de restaurante

Preguntas frecuentes

¿Se puede preparar el cóctel de marisco con antelación?

Sí, es una de sus grandes ventajas para las celebraciones. Puedes cocinar el pescado y el marisco con hasta 24 horas de antelación y guardarlos tapados en la nevera. Monta las copas justo antes de servir para que la lechuga no se ablande.

¿Qué diferencia hay entre cóctel de gambas y cóctel de marisco?

El cóctel de gambas solo lleva gambas o langostinos. El cóctel de pescado y marisco es más completo: incluye merluza u otro pescado blanco, mejillones, almejas y gambas. La salsa rosa es la misma en ambos casos.

¿Qué es el court-bouillon o caldo corto?

Es un caldo aromático rápido hecho con verduras, hierbas y vino blanco en el que se cuece el pescado y el marisco. Da mucho más sabor que el agua sola y es el secreto de los restaurantes para conseguir un marisco jugoso y aromático.


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Patatas alioli sin huevo

Las cuatro habían quedado para tomar un aperitivo... y patatas... con alioli... y solucionar sus vidas.

A las dos horas no habían arreglado ninguna vida, pero habían destripado una ruptura, diagnosticado dos traumas familiares, descubierto una posible ciberestafa y observado un lunar sospechoso que resultó ser una lenteja.

—Creo que necesito un cambio radical —dijo Catalina. 
—Córtate el flequillo —respondió Rosa. 
—Eso no es un cambio radical. Aunque, bien pensado, según el peluquero que me toque, igual sí.

Mientras discutían, Núria abrió una aplicación de inversión porque había visto un vídeo de veinte segundos sobre libertad financiera. Veinte minutos después, había comprado acciones de una empresa que, según descubrieron más tarde, fabricaba piezas para máquinas de ordeño automáticas.

—Bueno, la gente seguirá bebiendo leche. 
—Eres intolerante a la lactosa. 
—Precisamente. Estoy diversificando riesgos.

La última en llegar fue Cris, sofocada.

—Perdón por el retraso. 
—¿Qué ha pasado? 
—He seguido a un perro durante tres calles porque estaba convencida de que lo reconocía. 
—¿Y lo reconocías? 
—No. Era un perro. No sé por qué esperaba otro desenlace.

Hubo un silencio.

—¿Os dais cuenta de que ninguna de nosotras está capacitada para aconsejar a las demás? 
—Sí. 
—¿Y de que llevamos tiempo haciéndolo? 
—También.

Pidieron otra ronda de patatas con aperitivo (ellas no bebían alcohol; igual eso debía cambiar).

Las cuatro estuvieron de acuerdo en una cosa: sus vidas eran un desastre. Lo que nunca lograron acordar fue de quién era el desastre más entretenido.

Patatas alioli mallorquinas

Patatas con alioli y palo con sifón

Las patatas alioli son una de las tapas más populares, tradicionales y económicas de la gastronomía española. Se sirven principalmente como aperitivo frío y, junto con las patatas bravas, constituyen un entrante imprescindible en la barra de cualquier bar o terraza. Son especialmente apreciadas durante los meses de verano por su carácter refrescante.

Para su elaboración suelen emplearse variedades de patata de carne firme, como la agria o la Monalisa, ya que absorben bien los sabores y mantienen una textura consistente tras la cocción, sin deshacerse.

Aunque el término all i oli significa literalmente «ajo y aceite» en catalán, en la hostelería popular suele prepararse una salsa emulsionada a base de ajo, aceite y leche, prescindiendo del huevo por motivos de seguridad alimentaria. A pesar de no corresponderse con la receta tradicional, esta preparación continúa denominándose alioli de forma generalizada.

El plato se corona habitualmente con perejil fresco picado, que aporta contraste visual y una nota de frescura que equilibra el conjunto. No obstante, para quienes no son aficionados a esta hierba, puede servirse perfectamente sin ella.

Mi versión es sencilla, como casi todas las variantes de esta receta, y está elaborada con alioli de leche. Me acostumbré a prepararla así durante mi etapa trabajando en un restaurante y, desde entonces, he seguido haciéndola de la misma manera. Y como forman parte de un aperitivo también las he acompañado de otro aperitivo mallorquín: Palo con sifón.


PATATAS ALIOLI SIN HUEVO - LA TAPA ESPAÑOLA CON ALIOLI DE RESTAURANTE 


Ingredientes para 4 tapas
  • 500 g de patatas (variedad Monalisa o Agria)
  • 60 ml de leche
  • 1 diente de ajo
  • 120 ml de aceite de girasol o de oliva suave
  • Sal
  • Perejil fresco picado

Elaboración
  1. Pela las patatas y córtalas en dados medianos, procurando que todos tengan un tamaño similar.
  2. Cuécelas en abundante agua con sal durante unos 18-20 minutos, o hasta que estén tiernas pero aún firmes.
  3. Escúrrelas bien y deja que se enfríen por completo.
  4. Prepara el alioli. Para ello, coloca en el vaso de la batidora la leche, los ajos pelados, una pizca de sal y el aceite.
  5. Tritura con la batidora hasta que la mezcla emulsione y adquiera una textura cremosa. Si lo deseas más espeso, añade un poco más de aceite y continúa batiendo hasta obtener la consistencia que prefieras.
  6. Mezcla las patatas frías con el alioli hasta que queden bien cubiertas.
  7. Guarda las patatas en la nevera durante al menos 30 minutos antes de servir para que los sabores se integren y el resultado sea más sabroso.
Nota:
Justo antes de servir, espolvorea perejil fresco picado por encima para aportar un toque de color y frescura.

Patatas alioli cremosas listas para servir versión rápida


Preguntas frecuentes


¿Qué llevan las patatas alioli?

Las patatas alioli llevan patatas cocidas y alioli. En la versión casera más segura y popular, el alioli se prepara con aceite, leche y ajo, sin huevo.

¿Cómo hacer salsa alioli para patatas?

Coloca en el vaso de la batidora 60 ml de leche, un diente de ajo, una pizca de sal y 120 ml de aceite de girasol o de oliva suave. Tritura hasta que emulsione y quede cremoso: sin huevo y sin riesgo. La «fórmula» consiste en una medida de leche por dos medidas de aceite, un diente de ajo (o más, al gusto del consumidor) y una pizca de sal.

¿Cuál es la diferencia entre patatas alioli y patatas bravas?

Las patatas bravas llevan salsa brava picante y se sirven fritas. Las patatas alioli llevan alioli cremoso y las patatas suelen cocerse. Son las dos tapas más populares de la gastronomía española.

¿Qué lleva la salsa alioli?

El alioli tradicional lleva solo ajo y aceite de oliva. Sin embargo, en bares y restaurantes es habitual utilizar una versión con leche en lugar de huevo, ya que resulta más fácil de emulsionar y evita el riesgo de salmonelosis. Además, en muchos establecimientos se recurre al alioli comercial por ser una opción más rápida.


Patatas alioli españolas con palo con sifón


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Chili con carne

En una noche de luna llena, a la orilla del Río Bravo, Juan “Big Boots” Smith —vaquero texano de sombrero enorme y dueño de un caballo que, en lugar de relinchar, parecía que hablaba— escuchó un lamento que le erizó hasta el bigote.

—¡Aaaaay, mis hiiijos! —lloraba una silueta blanca que flotaba sobre el agua.

Juan tragó saliva, se ajustó el cinturón y murmuró, disimulando el temblor de la voz:

—Ma’am, si perdió a sus niños, yo tengo un lazo… y chili.

La Llorona apareció frente a él, dramática como telenovela de la tarde. Juan, nervioso y muerto de miedo, le ofreció el chili con carne que estaba comiendo.

—Mire, señora Llorona, aquí en Texas resolvemos todo hablando —dijo, lo primero que le vino a la cabeza.

La Llorona parpadeó, confundida; siempre había creído que por allí todo se resolvía a tiros.

Entre cucharadas de chili y lágrimas, la leyenda se calmó, dejó de llorar y hasta soltó una risa cuando Juan le contó que una vez había confundido un cactus con un toro. Al final, La Llorona regresó al río, dejando a Juan con el plato vacío y una palidez tan profunda que tardó días en recuperar el color. Desde entonces, esperaba no volver a cruzarse con almas en pena tan desviadas de su camino… o tendría que dejar de acampar de noche, o llevar más chili en las alforjas.


Chili con carne

Chili texmex


El chili con carne es un plato emblemático de la cocina Tex-Mex que nació en el siglo XIX en Texas como resultado del intercambio cultural entre la población anglosajona y la mexicana. Su origen comercial está ligado a las «Chili Queens», mujeres de origen mexicano que vendían este guiso picante en las plazas públicas de San Antonio, convirtiéndolo en una comida callejera muy popular. Al mismo tiempo, los vaqueros y soldados tejanos adoptaron una versión deshidratada en forma de bloques compactos de carne, grasa y chiles, la cual transportaban fácilmente y preparaban con solo añadir agua hirviendo. 

El plato alcanzó notoriedad nacional tras presentarse con gran éxito en la Feria Mundial de Chicago en 1893, lo que impulsó su expansión por todo Estados Unidos hasta convertirse en el plato oficial de Texas. En la actualidad existe una firme controversia sobre su receta, ya que la tradición purista tejana exige que el guiso contenga únicamente carne de res y una pasta concentrada de chiles, mientras que la versión Tex-Mex comercializada fuera del estado suele incorporar frijoles y tomate para suavizar el sabor. 

Es una receta sumamente fácil de preparar. Aunque, mi versión, cuando lo cociné no tenía frijoles negros en casa, así que los sustituí por alubias... ¡y tengo que decir que quedó riquísimo igualmente!

En casa nos gustó muchísimo. Como a mis comensales les encanta el picante y yo lo prefiero más suave, decidí adaptarlo para que fuera apto para todos. Por ello, si eres de los que disfrutan con el picante intenso, te animo a probar la receta y a añadirle la cantidad que desees para ponerla a tu gusto.


Chili con carne


Ingredientes para 4 personas

  • 400 g de carne picada de ternera
  • 100 g de alubias rojas (ya cocidas) o frijoles negros
  • 25 g de cebolla blanca picada 
  • 1 diente de ajo picado 
  • 50 g de tomate concentrado 
  • 300 g de tomate troceado
  • 2 cdas. soperas de aceite de oliva o girasol 
  • 5 g de chili en polvo (1 cucharadita de café)
  • 5 g de comino (1 cucharadita de café)
  • 3 g de pimentón picante (media cucharadita)
  • 2 g de sal 
  • Una pizca de pimienta negra (al gusto)
  • Una pizca de cayena (al gusto)
  • 2 o 4 rodajitas finas de chili rojo fresco
  • Cilantro fresco para decorar

Elaboración
  1. En una sartén o cazuela amplia, calienta el aceite a fuego suave y añade el ajo. Deja que se dore ligeramente para que suelte todo su aroma. Pero cuidado a no quemarlo.
  2. Incorpora la cebolla blanca y rehógala hasta que esté transparente.
  3. Añade la cayena, el pimentón, el comino y el chili en polvo. Remueve las especias rápido (apenas unos segundos) para que se tuesten sin quemarse, evitando así que el plato amargue.
  4. Sube un poco el fuego y añade la carne de ternera. Cocínala removiendo constantemente hasta que cambie de color y esté bien suelta.
  5. Añade el tomate concentrado y mézclalo bien con la carne para que se caramelice un poco. Acto seguido, vierte el tomate troceado, la sal, la pimienta y una parte del cilantro.
  6. Incorpora las alubias rojas. Mezcla todo con suavidad para que se integren los sabores sin romper la legumbre. Rectifica de sal si es necesario, y de picante también, quizás te guste mucho el picante y quieras añadir más.
  7. Sirve caliente con unas rodajitas de chili rojo fresco por encima y cilantro fresco. 
  8. Acompaña con nachos o arroz o burritos. Si crees que pica mucho acompaña con unas cucharadas de yogur o crema agria o queso.
Chili mexicano


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Hummus de remolacha

El lunes decidí empezar una vida sana. Hice hummus de remolacha. Desayuné un bol. En la vida sana casi todo se come en bol. Mi bol llevaba semillas, fruta cortada y una cucharada de hummus de remolacha, por lo del equilibrio.

Luego tocaba ejercicio.
Puse una clase de “Yoga para principiantes”.
La profesora dijo:
—Conecta con tu cuerpo
A mi cuerpo le costó la "conexión".

A media mañana me entró hambre. Pero como ahora soy una persona consciente, no comí pan. Me comí palitos de zanahoria con hummus de remolacha. A la hora de comer: pollo plancha. Lo acompañé con verduras asadas y otra cucharada de hummus de remolacha, porque ya estaba hecho y no se iba a perder.

Durante el día bebí agua. Mucha. Tanta que empecé a sospechar que la vida sana consiste en vivir cerca de un baño. A las seis, crisis existencial leve. Respiré hondo. Me repetí: “No todo tiene que ser perfecto”. Y me tomé un café descafeinado, una ya no está para dormir poco. Por la noche, cena ligera: crema detox. Lo que sea que signifique esa palabra en la vida. Pero la serví con un topping elegante de hummus de remolacha, porque el color rosa y verde "casan".

Antes de dormir escribí en mi diario de gratitud:
—Estoy agradecida por mi compromiso.
—Por mi tránsito intestinal.
—Y por el pan, que no he olvidado.

Me acosté sintiéndome muy sana. Un poco vacía. Y con la firme sospecha de que mañana volveré a comprar pan.


Hummus de remolacha y tahini

Hummus de remolacha


La historia de la remolacha comenzó en las costas del Mediterráneo y el norte de África, donde su ancestro silvestre, la acelga marina, era recolectada por civilizaciones antiguas como los egipcios, los griegos y los romanos. Durante la Antigüedad, estas culturas consumían únicamente las hojas verdes de la planta como alimento, mientras que la raíz, que entonces era delgada, dura y de color pálido, se reservaba casi exclusivamente para usos medicinales orientados a tratar dolores o problemas sanguíneos.

El aprovechamiento culinario de la raíz cambió gradualmente durante la Edad Media y el Renacimiento, periodo en el que la selección agrícola en monasterios y campos europeos dio origen a variedades más carnosas y nutritivas, las cuales se integraron formalmente en la dieta de países como Francia y España hacia el siglo XV.

El gran giro en el destino de la planta ocurrió en el siglo XVIII, específicamente en 1747, cuando el químico alemán Andreas Marggraf descubrió que las raíces contenían cristales de azúcar idénticos a los de la caña procedentes de las colonias tropicales. Décadas más tarde, su discípulo Franz Karl Achard logró seleccionar genéticamente las variedades con mayor concentración de sacarosa y fundó la primera fábrica de procesamiento.

Finalmente, el siglo XIX consolidó a la remolacha como un recurso geopolítico estratégico debido a las guerras napoleónicas. Ante el bloqueo marítimo impuesto por Gran Bretaña que impedía la llegada de azúcar caribeño a la Europa continental, Napoleón Bonaparte impulsó de forma masiva el cultivo de la remolacha azucarera en 1811, financiando escuelas de procesamiento y fábricas. Este empuje político transformó la industria mundial, logró que Europa fuera autosuficiente y convirtió a la remolacha en un pilar de la economía agrícola que perdura hasta el día de hoy.

En cuanto a sus propiedades, la remolacha ayuda a mejorar la circulación y a relajar los vasos sanguíneos, aporta un extra de energía al aumentar el suministro de oxígeno a los músculos, combate los radicales libres, mejora el estado de la piel, favorece el tránsito intestinal y ayuda a potenciar la concentración y la memoria. Aunque es una verdura que suele generar amores u odios, en hummus resulta una excelente opción para disfrutarla.

Hummus de remolacha


Ingredientes para 2/3 comensales
  • 60 gramos de remolacha cocida
  • 115 gramos de garbanzos cocidos
  • 1 cucharada sopera de tahini
  • 1 Ajo
  • 1/2 cucharadita de comino molido
  • El zumo de medio limón pequeño
  • Sal al gusto
  • Aceite de oliva virgen extra (para decorar)
  • Semillas de sésamo tostado o garbanzos (para decorar)

Elaboración
  1. Pon todos los ingredientes en el vaso y programa 1-2 minutos en velocidad progresiva 5-6. 
  2. Prueba de sal y si necesitas más añádele.
  3. Si no tienes Thermomix, usa la túrmix o vaso americano.
  4. Pon en un cuenco y decora con semillas de sésamo tostado o garbanzos y aceite o al gusto. 

¿Te gusta el hummus?:

Hummus con remolacha

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Carpaccio de higos con jamón ibérico

Deseo
Deseo que al soplar todo vuelva a su estado normal.
Deseo que al palmear mis manos sea porque acompañan una bonita melodía.
Deseo vibrar por emoción y no por miedo.
Deseo ser pequeña, pero con intención grande.
Deseo ver a través y no dejar que la luz me ciegue.
Deseo llegar tarde y entera antes que pronto y rota.
Deseo correr sin ser perseguida.
Deseo amar sin ser castigada.
Deseo una mente clara, sin carpaccios de nada.
Deseo un día de lluvia si limpia el ánimo.
Deseo un día de sol si llena el alma.
Deseo gritar si es de felicidad
o quedarme muda, pero solo si hace falta.

Carpaccio de higos, jamón y queso

Higos, jamón y queso de cabra


Los higos son uno de los frutos más antiguos cultivados por la humanidad y su historia está entrelazada con el origen de la agricultura. Restos arqueológicos hallados en el valle del Jordán demuestran que el ser humano ya domesticaba la higuera hace más de once mil años, adelantándose incluso al cultivo del trigo y las legumbres. Esta fruta, originaria de Oriente Próximo, se expandió rápidamente por toda la cuenca del Mediterráneo gracias a los fenicios y a los navegantes de la Antigüedad.

En el Antiguo Egipto, los higos se convirtieron en un alimento básico y sagrado, utilizándose tanto en la dieta diaria como en ofrendas funerarias para los faraones. Posteriormente, en la Grecia clásica, el higo alcanzó un estatus de honor al ser considerado el manjar predilecto de los atletas olímpicos, quienes lo consumían como una fuente natural de energía rápida durante sus entrenamientos. El propio Platón era un devoto consumidor de esta fruta, lo que le valió el apodo de «filósofo filóhigo» debido a su creencia de que potenciaba la inteligencia.

La Antigua Roma heredó esta devoción culinaria y expandió el cultivo del higo por todo su imperio, integrándolo en recetas tanto dulces como saladas. Los romanos descubrieron que los higos secos eran el alimento perfecto para los soldados en campaña debido a su larga conservación y alto valor calórico. En esta época, el higo también poseía una fuerte carga simbólica de fertilidad y prosperidad, estando presente en los banquetes de las clases altas y en las celebraciones populares.

Durante la Edad Media, el cultivo del higo se consolidó en la península ibérica gracias a la influencia de la cultura andalusí. Los árabes perfeccionaron los sistemas de regadío y las técnicas de secado, convirtiendo al higo seco en un producto de exportación clave y en un pilar de la repostería medieval. Al ser un endulzante natural en una época donde el azúcar era un lujo prohibitivo, el higo se utilizaba para espesar salsas, endulzar guisos de carne y preparar panes energéticos que consumían tanto campesinos como viajeros.

Con la llegada de la Edad Moderna y los viajes de exploración, los misioneros españoles transportaron las primeras higueras al continente americano durante el siglo XVI. El clima de zonas como California y Perú resultó ideal para su desarrollo, dando lugar a variedades famosas como el higo «Misión». En la actualidad, el higo ha pasado de ser un recurso de supervivencia y un endulzante básico a ocupar un lugar de honor en la alta cocina global, donde se valora su versatilidad para contrastar con quesos maduros, carnes de caza y postres sofisticados.

Esta receta no es sofisticada ni de alta cocina; es una elaboración sencilla pero tan deliciosa que convertirá a todos sus ingredientes en auténticos protagonistas de tu mesa.

Carpaccio de higos


Ingredientes para 4
  • 8 higos o brevas
  • Queso de cabra, a trocitos
  • Jamón ibérico
  • Semillas de calabaza y girasol
  • Aceite de oliva virgen extra
Elaboración
  1. Pela los higos, ponlos entre dos hojas de film transparente y con un rodillo de cocina aplánalos hasta dejar una masa de higos fina. 
  2. Guarda en el congelador mínimo 1 hora. 
  3. Para prepararlo para servir deja atemperar unos 5 minutos sin papel film, encima del plato que quieras servirlo. 
  4. Esparce por encima unos trocitos de queso de cabra, un poco de jamón y unas semillas de calabaza y girasol. 
  5. Rocía con un poco de aceite de oliva virgen extra y sirve.

Mira cómo prepararlo paso a paso:




Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre higos y brevas?

Las brevas son el primer fruto de la higuera, más grandes y que maduran en junio-julio. Los higos son el segundo fruto, más pequeños y dulces, que maduran en agosto-septiembre. Ambos funcionan igual de bien en esta receta.

¿Se puede hacer el carpaccio de higos sin congelar?

El paso del congelador es clave para conseguir la textura característica del carpaccio. Sin él, los higos se aplastan pero no mantienen la forma. Con una hora en el congelador quedan perfectos y se pueden preparar con antelación.

¿Con qué más se puede acompañar el carpaccio de higos?

La miel de romero, los frutos secos tostados como nueces o pistachos, el rúcula o el queso azul son combinaciones excelentes. El jamón ibérico y el queso de cabra son los clásicos que nunca fallan.


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