Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.
Ichi Fuji, ni taka, san nasubi. El mejor sueño es con el monte Fuji, el segundo mejor es ver halcones, y el tercero berenjenas, según este antiguo proverbio japonés. ¿Alguna vez soñaste con berenjenas? Pues la noche del 1 de Enero es un buen momento para soñar con ellas, el primer sueño del año. Según el folklore japonés soñar con berenjenas, halcones o el monte Fuji es señal de que vas a tener un año lleno de fortunas. El monte Fuji es el más alto en Japón, soñar con él significa que alcanzarás tus objetivos más altos. El halcón es considerado un ave muy inteligente y fuerte, soñar con él te hará poseer esas características.
Y las berenjenas?, hay tres teorías: La primera dice que como en el Japón antiguo eran verduras muy caras, soñar con ellas significa fortuna. La segunda teoría dice que como el gran Shogun Tokugawa Ieyasu amaba las berenjenas, soñar con ellas significa que tendrás grandes conquistas en aquello que te propongas. Por último, como berenjena se dice "Nasu" en japonés y existe un verbo homófono que significa "alcanzar un objetivo", soñar con berenjenas es señal de que este año podrás alcanzar tus objetivos.
La berenjena es un producto culinario muy apreciado por diferentes culturas y aquí le debemos su presencia a platos tan conocidos como el tumbet, la escalivada, la musaka o el ratatouille. Y esta vez servirán para que los comensales disfruten una manera diferente de comer arroz y soja, de verdad que no te dejarán indiferentes, y quién sabe? si sueñas con ellas igual consigues tus sueños.
· BERENJENA BALLS ·
Ingredientes
1 berenjena
1 taza arroz para sushi (cocinado)
15 gramos de salsa de soja Kikkoman
10 gramos de sake
5 gramos de azúcar
10 gramos de agua
Aceite de sésamo
Las bolas.
Corta la berenjena en bastones de unos 2 mm. de ancho y hierve durante 3 minutos en agua.
Cuela y refresca con agua fría.
Sobre un cuenco no muy hondo coloca un cuadrado de film transparente.
Ve colocando sobre el film las tiras de berenjenas, entrelazándolas.
Sobre el trenzado coloca una bolita de arroz y usa el film para cerrar quedando como una bola.
Pincha con un palillo para que el agua de las berenjenas salga.
mientras apretar bien pero con cuidado.
Reserva.
Mezcla en un cuenco el azúcar, la soja, el sake y el agua.
En una sartén con aceite de sésamo rehoga las bolitas de berenjena (sin el film).
Primero por la base abierta del arroz y después el lado contrario.
Termina echando la mezcla de soja por encima y remueve para que todo se integre y el azúcar se diluya bien.
Sirve.
Con esta receta participé en el concurso de Kikkoman 2015. Receta y fotografías @catypol - Circus day.
El entierro de la sardina en mi pueblo es ese momento surrealista donde el luto más riguroso y la borrachera más alegre se dan la mano en una procesión de apenas tres calles.
Este año, el "féretro" era una caja de fruta forrada con papel de pinocho negro, y la sardina, una creación de cartón con una mirada de pánico que compartíamos todos los presentes. El drama lo ponían las "viudas": un grupo de tíos de metro ochenta con barbas de tres días, medias de rejilla y velos de encaje que rescataron de sus abuelas.
— ¡Ay, que se nos va la criatura! —gritaba mi vecino Paco, secándose lágrimas imaginarias.
El clímax llegó en la plaza. Según el protocolo, debíamos quemar al pescado para purificar nuestros pecados carnavalescos. El problema es que el ayuntamiento, en un ataque de prudencia, prohibió las hogueras grandes. Así que allí estábamos: ciento cincuenta personas vestidas de riguroso luto rodeando una pequeña hoguera donde la sardina ardía con dignidad.
La banda municipal tocó una marcha fúnebre tan desafinada que parecía que los instrumentos también tuvieran pena. Cuando la sardina se convirtió en ceniza... enterrar a la sardina es como intentar enterrar tu propia vergüenza después de haber bailado "La Macarena" encima de una mesa. No estás triste por el pescado, estás triste porque mañana curras y tú de penitente tienes poco.
[RETO COOKING THE CHEF]
Aplicado, trabajador, serio y apasionado por la profesión de la abuela Angeleta y de su madre, Montserrat, cocinera de Can Roca. Cuando Joan tiene solo nueve años, su madre le encarga una chaquetilla de cocinero a medida, que aún guarda y que en alguna ocasión ha servido de disfraz de su hijo. Se pasa las tardes en al cocina y, de forma inconsciente, empieza a fraguar su futuro. Cuando llega el momento, no duda en decidir qué quiere ser de mayor: "Yo veía que en el restaurante de mis padres la gente era feliz". Con esto es suficiente, él quiere seguir haciendo feliz a la gente. (Fragmento del libro El Celler de Can Roca).
Cuando cocinamos aunamos multitud de ingredientes: experiencia, técnica, tradición, expresión, valores, innovación, experimentación...Cada cocinero y cocinera basa su cocina en diferentes factores, muchas veces difíciles de explicar, que sin duda distinguen sus platos y menús. Estos son precisamente algunos de los grandes valores de la cocina: la diversidad y la singularidad. Joan Roca
Como cada día 5, toca reto Cooking the chef, y este mes nos rendimos a la cocina maravillosa de Joan Roca, uno de los tres hermanos propietarios del restaurante El Celler de Can Roca. Cuando vi el nombre del cocinero en el email no sabía si reír o llorar, pensé en no participar este mes, pero, después recordé que tampoco era para tanto, estaba segura que él, que empezó desde abajo debía tener recetas fáciles, accesibles a todos y deliciosas. Así es, entre las muchas que tiene en su maravilloso libro de cocina con Joan Roca me topé con unas crujientes sardinas que harían de tapa o entrante a alguna comida que tuviéramos en casa. Las recomiendo? totalmente, sí, ya sé, es una fritura, pero vale la pena, y si no es así ya me contaréis.
· SARDINA CON ALBAHACA Y LIMÓN ·
Ingredientes {para 4 personas}
12 filetes de sardina
12 hojas de albahaca fresca
4 hojas de pasta brick o filo
50 gramos de aceite
Limón
Pimienta Elaboración
Coloca los filetes durante 5 minutos en una salmuera de agua fría al 10% de sal.
Aparte, mezcla el aceite con un poco de zumo de limón y pimienta.
Seca las sardinas y ponlas en un recipiente con la mezcla de aceite y zumo de limón, dejamos adobar 30 minutos.
Corta las hojas de pasta brick o filo en forma de triángulo.
Coloca un filete de sardina junto con una hoja de albahaca, y la envuelve con el triángulo de pasta filo o brick.
Pega la parte exterior con unas gotas de agua para que no se abra al freír.
Calienta aceite a 180 ºC en una sartén y fríe la sardina.
Al dorarse sácala y deja sobre un papel secante para que absorba el exceso de aceite.
Espolvorea con ralladura de piel de limón y sirve enseguida.
Nota (cosa mía no del chef): son super fáciles de hacer pero pongamos que no nos apetece adobar las sardinas, no tenemos tiempo o nos da pereza, puedes usar sardinas en lata, pero te recomiendo quitarles el exceso de aceite de la lata.
Eran las seis de la mañana en el laboratorio. El aire estaba saturado de vapores de esencia de lavanda y la desesperación de su joven aprendiz, Barnaby, que intentaba dormir en un rincón sobre una silla.
— ¡Barnaby! ¡Despierta! —gritó Alcuino, agitando un matraz que emitía un brillo verde fosforescente—. He dado con la clave. Olvida la Piedra Filosofal. ¡He descubierto el Vaso de la Eterna Alerta!
Barnaby abrió un ojo, con cautela. — Maestro, la última vez que intentó hacer "café alquímico", el gato empezó a hablar en latín y las paredes se volvieron de terciopelo.
Alcuino ignoró las advertencias. Según sus cálculos, si mezclaba vinagre con ajo, tres gotas de vino y un poco de enebro, el resultado sería una mezcla que otorgaría al catador la energía de diez caballos.
— Solo hay que estabilizar la reacción —murmuró Alcuino, vertiendo el líquido sobre un filtro hecho con el calcetín.
El alquimista lo cató. Durante tres segundos, no ocurrió nada. Al cuarto segundo, sus ojos empezaron a girar en direcciones opuestas. Al quinto, Alcuino comenzó a vibrar con tal intensidad que los frascos de la estantería empezaron a bailar.
— ¡Barnaby! —gritó Alcuino —. ¡Puedo ver el futuro!
En ese preciso instante, la mezcla alcanzó su punto crítico de ebullición espiritual. No hubo una explosión violenta, sino un sonido de plop muy seco. De repente, todo el laboratorio —incluyendo al maestro y al aprendiz— estaba cubierto por una fina capa de purpurina dorada. Alcuino miró sus manos brillantes.
— Bueno —dijo con una sonrisa maníaca—, no es oro, pero es muy festivo. Barnaby, apunta en el grimorio: "Añadir menos vino y más enebro".
[RETO COOKING THE CHEF]
Heston Blumenthal nace en Londres en 1966. En un viaje a la Provenza con sus padres, con 16 años quedó enamorado de la zona y la gastronomía. Visitó uno de los restaurantes más famosos de Francia, L'Oustau de Baumaniere.
No tiene formación reglada. Al volver a Londres intentó trabajar en hoteles y restaurantes pero era muy joven. Se pasó el tiempo leyendo y empapándose de cocina francesa y con el dinero que ganaba de cualquier trabajo que podía conseguir se pagaba sus vacaciones en Francia. Allí visitaba restaurantes, viñedos, fabricantes de quesos y carnes y artesanos.
En Agosto de 1995 abrió al fin su propio restaurante: “The Fat Duck” y en menos de 10 años ya tenía 3 estrellas Michelin. En el 2005, fue proclamado el Mejor Restaurante en el mundo por el "50 el Mejor" la Academia de más de 600 críticos gastronómicos internacionales, periodistas y chefs de cocina.
Hoy toca reto #cookingthechef y el cocinero elegido es todo un alquimista en la cocina, pero yo me he inclinado por su parte casera, la que cocina cuando está en familia y libre de experimentos.
· CHOUCROÛTE ·
Ingredientes para 4 personas
50 gramos de mantequilla
200 gramos de cebolla pelada y cortada en juliana
1 diente de ajo, pelado y picado
1 cucharadita de bayas de enebro, envuelta en una bolsa de muselina
150 mililitros de vino Gewürztraminer
25 mililitros de vinagre
Sal y pimienta negra
1/2 col rizada
1 cucharada de AOVE Señorios de Relleu (él usa aceite de semillas de uva o de cacahuete)
20 gramos de tocino ahumado
Elaboración
Derrite la mantequilla en una sartén a fuego medio.
Añade la cebolla y el ajo junto con las bayas dentro de la muselina.
Cocina hasta que la cebolla adquiera un ligero color, aproximadamente 20 minutos.
Retira las bayas y agrega el vino y el vinagre, deja reducir durante 5 minutos.
Salpimienta y retira del fuego.
Cuela la cebolla y reserva el líquido.
Corta la col a la mitad y retira el núcleo duro.
Separa las hojas y córtalas en tiras de 5 milímetros.
Calienta el aceite en una sartén a fuego medio-alto, a continuación, añade el tocino y cocina hasta que esté ligeramente dorado.
Retíralo y deja que drene sobre un papel de cocina.
Añade la col a la sartén y cocina durante aproximadamente 5 minutos.
Mezcla la cebolla, el tocino y el líquido de cocción reservado.
Continua la cocción durante 5 minutos, o hasta que el repollo esté tierno.
Sazona con sal y pimienta recién molida antes de servir.
Y con esta receta participo en el reto deCOOKING THE CHEF.
La iglesia abandonada sobre el acantilado llevaba décadas cerrada, hasta que alguien —no se sabía quién— colocó una mesa larga de madera en el altar y abrió un pequeño restaurante de temporada. No tenía nombre, solo un cartel que decía: “Comida casera. Buenas vistas. No garantizamos salvación.”
Clara y Julián, veinteañeros con poco presupuesto y muchas ganas de historias, llegaron allí siguiendo un rumor de mochileros: “El sitio con el mejor pollo escabechado del litoral. Cerca de un faro.” Se sentaron junto a la mesa, con el viento marino colándose por los vitrales rotos y el océano rompiendo justo debajo del acantilado. El camarero les sirvió el escabeche como si formara parte del ritual eclesiástico.
—¿Siempre fue un restaurante? —preguntó Clara, curiosa.
—No. Antes aquí la gente venía a buscar respuestas —dijo el camarero—Ahora vienen por la curiosidad.
Julián alzó la copa improvisada con vino, brindó por lo absurdo y murmuró: —A veces las mejores vistas están justo donde nadie pensó en poner un mantel.
El faro, por cierto, seguía ahí. Solo que ahora alumbraba a los que se atrevían a subir a comer.
Aunque es mucho más conocido el escabeche de perdices que otras carnes, es igual de rico. Además de acompañar ensaladas u otras elaboraciones su jugo está para mojar pan, o aderezar platos. Los tarros pueden ser de rosca o a presión. También se puede cocinar en olla exprés pero yo no lo he hecho nunca, así que no puedo aconsejarte sobre ello. El escabeche me ha durado hasta 6 meses, no tengo tarros de más tiempo porque no hago muchos y siempre se terminan antes. Si te gusta, añade zanahoria y cebolla, yo a veces lo hago, en esta ocasión para el blog no lo hice, así que no sale en la foto, pero con estas verduritas está top también.
· ESCABECHE DE POLLO ·
500 gramos de pollo o pavo (Pechuga o contramuslos)
20 granos de pimienta
2 hojas de laurel
4 dientes de ajo, pelados
4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
6 cucharadas vinagre de vino, de Jerez o de manzana
2 botes de cristal, limpios
Olla ancha y alta
Elaboración.
Corta el pollo en trozos, sala.
Introduce el pollo (en crudo) y el resto de ingredientes dentro de los botes de cristal.
Cierra bien el bote.
Vas a cocinar los botes al baño maría, con su propio jugo.
Para ello, pon los botes bien cerrados en una olla ancha y alta.
Añade agua hasta un dedo por debajo de la tapa y lleva a ebullición (el agua NO debe llegar a cubrir la tapa o la goma naranja en caso de usar botes a presión).
Cuando el agua empiece a hervir, cocina durante 1 hora 15 minutos (como el agua se llega a evaporar, yo hiervo agua y se la voy añadiendo a medida que veo que el agua de la olla va bajando de nivel).
Apaga el fuego.
Deja enfriar los botes antes de manipularlos o usa protección si lo haces.
En un pequeño restaurante de barrio en Seúl, Min-jun trabajaba como ayudante de cocina. Su especialidad no eran los platos elaborados… sino el kimchi de pepino. Lo preparaba con tanta pasión que los clientes aseguraban que tenía más emoción que cualquier episodio de televisión.
Un día, entró Hye-jin, una estudiante de arquitectura que venía corriendo porque su gato había derribado todos sus apuntes de un solo manotazo. Agitada, pidió lo primero que vio en la carta:
—“Un plato de kimchi de pepino, por favor.”
—“¡No te iré a dejar así, no después de lo que pasamos juntos!” —exclamó Min-jun, levantando la cuchara como si fuera una espada.
Ella se quedó en silencio, pensando que quizá había pedido algo secreto del menú. En realidad, él estaba practicando su guion de un casting. Desde ese día, Hye-jin empezó a visitar el restaurante solo para ver cómo Min-jun servía el kimchi con frases sacadas de guiones, aunque muy cursis para ser coreanos:
—“Aquí tienes tu kimchi… fresco como mi amor eterno.”
—“Cada pepino está relleno de destino, ¿lo aceptas?”
—“¡Atiende, el picante de este bocado es nada comparado con el fuego de mi corazón!”
¿Listo para usar esos pepinos de la manera más deliciosa? Este kimchi rápido de pepino es un plato refrescante, perfecto para un caluroso día de verano o como guarnición o entrante para platos principales más contundentes. El kimchi coreano tradicional se fermenta y se puede disfrutar durante días o semanas. Esta versión está condimentada con ajo, salsa de pescado y un toque de chile coreano en polvo, lo que le da un sabor intenso en menos tiempo.
· KIMCHI DE PEPINO ·
2 pepinos para encurtir u otros pepinos pequeños
1 cucharadita de sal
2 dientes de ajo, finamente picados
2 cebolletas, solo las partes blancas y verdes claras, finamente picadas
Trozo de jengibre fresco de 1¼ de pulgada , pelado y picado finamente
2 cucharadas de vinagre de arroz
1/2 cucharita de chile coreano en polvo (si te gusta mucho el picante ponle más)
2 cucharaditas de azúcar
½ cucharadita de salsa de pescado
Elaboración
Corta 2 pepinos a rodajas de 3 mm de grosor.
Colócalos en un bol mediano y mézclalos bien con 1 cucharadita de sal.
Déjalos reposar a temperatura ambiente durante unos 30 minutos.
Mientras tanto, mezcla el ajo, las cebolletas, el jengibre picado, el vinagre, el chile en polvo, el azúcar y la salsa de pescado en un bol.
Escurre los pepinos (desecha el líquido).
Incorpora los pepinos a la mezcla de vinagre.
Cubre y refrigera de 12 a 24 horas antes de servir.
Siempre que teníamos que hablar sobre algún tema un poco peliagudo, lo hacíamos en la cocina, cocinando. En mi familia, gente muy pasional, las noticias de nuestras vidas iban regadas de aceite de oliva, alguna copa de vino e incluso, si la noticia era buena, alguna “aceitunita” para acompañar, o un poco de hummus.
Preparando una tortilla española fue cuando se anunció un embarazo. Debe ser por eso de que había que ponerle huevos… ¡digo yo! Con la paella vino el “me voy de casa”, y no, no estábamos embarazados ni pensábamos estarlo, pero quería volar, probar otra aventura. Que la paella llevara pollo, y que los pollos “vuelen” fuera del nido, debe ser la relación. ¡En fin!
La cosa es que nos acostumbramos así. Supongo que empezó con eso de “¿qué hay de nuevo, familia?” justo cuando empezábamos a hacer la cena, por eso de que en todo el día no te ves y quieres saber. Es un sello característico de la familia.
Todo ha ido evolucionando. Cuando era pequeña, las historias eran a la hora de comer, y solían ser sobre lo que pasaba en el pueblo o en el cole. Como cuando vino a vivir cerca de casa una familia de Oriente Medio… fue muy comentado, creo que incluso más que el “me voy de casa” y casi, casi, que el embarazo.
Concentradas todas delante de nuestro móvil, orquestando desde aquí y desde allí un viaje a un lugar que nos reuniera, quedamos en vernos seis de muchas pero todas dábamos nuestro punto de vista, vinieran o no, estaríamos juntas aunque la mayoría estuviera en alma y unas pocas en cuerpo.
Por un momento en la historia de Unidas por un click toda la energía que hace que nos movamos, nos saludemos, nos contemos, nos queramos, viajaría desde todas partes del Mundo para acunarnos en BILBAO, y las seis que estuvimos allí la sentimos así.
Este viaje es el primero, espero que de muchos más, con mis chicas de UNIDAS POR UN CLICK, España.
De izquierda a derecha: Matilde, Rosa, Mela, Fer, Isa y yo. (Foto prestada por Matilde)
Qué maravilloso ese sentimiento, una mezcla de nervios, ansia, cariño, se convierte como por arte de magia y con un simple abrazo en algo sólido en lo que apoyarte, en besos y cariños, confidencias de un pasado y de un presente que fluyen con naturalidad, como si fuésemos una familia alejada por kilómetros pero unida al fin y al cabo.
A mi regreso aterricé feliz de haber compartido no solo un photowalk con las mejores compis. Fotografías bonitas, comida deliciosa y aventura de tres días en un Bilbao que no deja indiferente a nadie.
Esta receta la elaboré para un concurso propuesto por una marca de supermercados Vasco y, no, no gané, pero me hizo recordar esos momentos bonitos que pasé con mis chicas, seguro que si estuviésemos juntas lo comeríamos con mucho gusto entre risas y aventuras.
El concurso nos pedía una receta con un queso de la zona, en mi caso mallorquín, no tiene mucho truco ni elaboración, es fácil y para comer reunidos con amigos o familia. Alguien me preguntó si no le pongo tahini, no, yo no, pero tú si quieres pónselo ;)
· HUMMUS DE QUESO ·
Ingredientes para 4
200 gramos de garbanzos cocidos
70 gramos de queso artesano de sabor fuerte, a trocitos
3 cucharadas de queso en crema
1 ajo
1/2 cucharadita de comino en polvo
1 chorrito de aceite de oliva
Para decorar (opcional):
Pimentón dulce
Semillas de sésamo (tostadas o negras)
Aceite de oliva virgen extra
Elaboración
Licúa todos los ingredientes en la túrmix o Thermomix hasta que esté hecho una pasta.
Para servir decora con pimentón dulce, semillas de sésamo y aceite de oliva virgen extra.
Acompáñalo de picos, pan, bastoncillos de verdura, etc.…
Nota: si no lo vas a comer al momento y lo refrigeras, atempéralo fuera del frigorífico antes de comerlo, así no estará tan frío y podrás untarlo mejor. Si lo quieres más untuoso siempre puedes añadir un poco de leche al licuado hasta conseguir la consistencia que te guste.
Si te perdiera en una gran ciudad buscaría en cada calle, edificio o rincón que pudiera.
Si fuera en una montaña, los árboles y la tierra me hablarían de ti y hasta el viento se uniría en la búsqueda.
Tan lejos a veces de la realidad que creo que te he perdido, pero luego vuelves igual que un torbellino y alborotas cada paso que hemos dado.
Fragilidad quizás no sea la palabra pues la fuerza sale de todos tus rincones, dulzura es la más apropiada si nos iluminas con una sonrisa.
Ahora has crecido, ya son cuatro los años, el Uno ya no está solo y conseguiste formar una pequeña gran familia en donde las historias mejor contadas están aún por llegar pues las que ya conocemos nos han dejado un delicioso sabor de boca y como no, queremos más.
El amor es para siempre; pero su familia también. Entre cenicienta y los padres de ella en versión griega pensé que sería la receta apropiada para esta familia, no la de la película, que sí, que lo es, sino más bien la vuestra, por eso de todas las recetas que tenéis yo decidí que la que cocinaría para vosotros tenía que llevar una mezcla de todo ello.
Si estás leyendo esto y estás pensando que se me ha "ido la olla", que no, que no es así, si te diriges a la entrada que Cocinando con Catman hizo en su día verás que están relacionadas, y si has visto la película que anuncian en la entrada lo comprenderás mejor.
También tiene tu ingrediente sorpresa, al que he cortado por la mitd y flambeado con un chorrito de brandy para que decore el pastel. En mi caso no es un pastel cuadrado sino uno redondo pequeño y otros de tamaño más pequeñitos, como una gran familia. Feliz 4 aniversario.
· KOLOUKYTHÁKIA ME FILLO ·
Ingredientes
1 paquete de pasta filo
750 gramos de calabacines
3 patatas
2 cebollas
sal
1 cucharada de pan rallado
400 gramos de queso feta
Nuez moscada
Pimienta negra
Aceite de oliva
1 huevo (para pintar)
3 higos maduros (opcional)
Un chorrito de brandy (opcional)
El relleno.
Pela las patatas, las cebollas y los calabacines y hervir seguidamente en agua con sal.
Alcanzado el punto de cocción adecuado, escurrir el agua y triturar con la batidora hasta obtener un puré bastante espeso.
Ese puré sazónalo con la pimienta y la nuez moscada y después añade el pan rallado y el queso. Mezcla bien. Precalienta el horno a 200 ºC
La masa.
Corta una hoja de la pasta filo por la mitad y colócala en un molde.
Pinta la hoja con aceite de oliva.
Pon sobre esta hoja, otra hoja de pasta filo, que volverás a pintar con aceite.
Pon otra hoja y así hasta 6.
Pon el “relleno” y repite la misma operación.
Las primeras 6 capas no recorto los sobrantes porque al poner el relleno lo doblo por encima.
Pero en las 6 capas restantes si recorto para que la capa de arriba quede más bonita y sin zonas con demasiada masa.
Hornear durante unos 20 minutos hasta que este dorado.
Deja enfriar.
Corta los higos por la mitad y flaméalos con un chorrito de brandy.
Coloca los higos sobre el pastel filo.
Servir.
Nota: puedes hacer la versión de Manu, en molde cuadrado, o la mía en molde redondo pequeño y algunos en molde individual.
Con esta receta participo en el concurso 4 años cocinando contigo de Cocinando con Catman y el concurso cocina griega de Canal Cocina.
En la cocina del restaurante de Mamma Campisi, el joven chef Angelo estaba teniendo un día para olvidar. El calor de Missouri era pegajoso, el jefe de cocina le gritaba en un dialecto que Angelo juraría que incluía insultos a sus tatarabuelos, y él acababa de recibir una carta de una novia que decía que se iba con un marinero.
Angelo sostenía una cesta llena de raviolis frescos, rellenos de carne y sueños rotos. Su cerebro estaba en otra parte, concretamente en un puerto de San Diego, cuando se acercó a la freidora industrial pensando que era la olla de agua hirviendo.
¡Chof!
El aceite saltó como un volcán en erupción. Angelo se quedó paralizado.
—¡Angelo, testa di cavolo! —rugió el jefe de cocina, asomándose—. ¿Qué has hecho? ¡Los raviolis se hierven, no se queman como tus neuronas!
Angelo miró el aceite. En lugar de convertirse en una masa pastosa y triste, los raviolis estaban flotando, hinchándose como pequeños cojines dorados y crujientes.
—Yo... yo quería probar una técnica de la Sicilia profunda, capo —mintió Angelo.
El jefe de cocina agarró el ravioli, que quemaba como el núcleo de la Tierra, lo sopló tres veces y le pegó un mordisco. El CRUNCH se oyó hasta en la mesa de los Soprano.
Cuando era muy pequeña escuché tantas veces la frase, vamos a tomar el aperitivo, que yo quería ser mayor para saber que era. Normalmente se tomaba después de misa de 12 en el bar, para unos eran tapas con algún vino o un espirituoso, llamémosle vermú, pero para mi era un incógnita.
No crecí más deprisa por eso, ni me regalaron puntos ni vidas para llegar a probarlo, de hecho cuando me hice mayor ni iba a misa, ni tomaba aperitivo/vermú. Con los años he seguido sin ir a misa pero he cambiado la costumbre, a veces cuando vives donde vives y te da la ocasión de probar los productos de la tierra, el aperitivo vuelve a surgir del pasado y esta vez se coloca en domingo, igual que antes, pero para hacer una excursión a un pueblo de montaña mallorquín, y llevarme a casa una botella de un vino que tiene su historia y que para saborearlo con el aperitivo de esta entrada es perfecto.
Aprovechando que Cocineros del Mundo este mes ha decidido que las recetas que debemos elaborar sean con la pasta rellena de la conocida marca Gionvanni Rana, mi opción fue aprovechar la deliciosa pasta para "retomar" el aperitivo igual que si fuera domingo y muy a mi manera.
Decidí que la pasta rellena sería con tomate, pues el pueblo que visité y sale en las fotos es conocido por sus tomates de ramillete mallorquín, y por eso elegí los raviolis con tomate y atún, pero mi duda fue el cómo los cocino para el aperitivo?, con salsa?, al final mi elección fueron los raviolis fritos que tanto se ven por la red y que yo no había probado.
Los acompañé de salsa de berenjena, así el aperitivo se convirtió en una charla animada, con unos raviolis fritos y un buen vino blanco para brindar por el verano y las cosas simples de la vida.
· RAVIOLIS FRITOS ·
Ingredientes
1 bolsa de Raviolis de tomate y atún de Giovanni Rana
AOVE Señorios de Relleu
Para la salsa (en Thermomix)
1 berenjena pequeña asada, pelada y escurrida
1 diente de ajo
30 gramos de cebolla
125 mililitros de nata para cocinar
2 cucharadas de AOVE Señorios de Relleu
1 cucharadita de sal y pimienta
La salsa.
Pon en el vaso de la Thermomix la cebolla y el ajo, 4seg. vel.4.
Baja con la espátula los trozos que hayan quedado arriba del vaso.
Añade el aceite y pocha durante 5min. varoma velocidad 1.
Añade la nata, 8min. 100º velocidad 1.
Añade la berenjena asada, la pimienta y la sal, picar, 4 seg. vel.4.
Saca y pon en una fuente.
Los raviolis.
Por otra parte poner el aceite en una sartén y cuando esté caliente fríe los raviolis, baja la potencia del fuego una vez que el aceite esté caliente o se quemarán.
Es muy rápido así que en nada de tiempo están cocinados.
Sácalos de la sartén y déjalos sobre papel absorbente.
Presentación. Sirve los raviolis con la salsa, cada uno en una fuente, con unos palillos para pincharlos y una copa de vino o si preferís de vermú.
Con esta receta participo en el reto de Julio de Cocineros del Mundo propuesto por Giovanni Rana.
Paseando por el pueblo nos encontramos un pajarito que cayó del nido, pobre! no sé si llegó a salvarse, lo dejamos en el mismo lugar esperanzados que lo recogiera la madre.
Además usamos los espejos para divertirnos, idea de Matilde, pero lo mejor del día fue la compañía, y el paseo por uno de los pueblos más bonitos de Mallorca. #recuperandotradiciones.
En la cima de una nube muy mullida que flotaba justo en la frontera del espacio aéreo divino, Zeus y Júpiter se habían citado para una "cumbre de identidad". Aunque técnicamente eran la misma persona, sus personalidades chocaban más que dos rayos en agosto.
—Mira, philosophe de pacotilla —dijo Júpiter, ajustándose una toga impecablemente planchada y rígida—. No puedes ir por ahí con el pelo alborotado y lanzando truenos a cualquiera que no te invite a un ouzo. Necesitas gravitas. Orden. Un poco de derecho civil.
Zeus, que estaba recostado con los pies descalzos y una jarra de ambrosía a medio terminar con una tapa de calamar, soltó una carcajada que hizo temblar el Partenón.
—¿Orden? ¡Por Cronos, Júpiter! Eres tan aburrido que hasta las estatuas bostezan cuando pasas. Yo soy la chispa, el drama, la tragedia poética. Tú pareces un senador que ha desayunado demasiado mármol.
—Se llama organización, Zeus —replicó Júpiter, sacando un papiro lleno de tablas y censos—. Mientras tú te transformas en cisne o en lluvia de oro para perseguir ninfas y crear caos dinástico, yo estoy construyendo acueductos y calzadas. ¡He sistematizado el Olimpo!
—Has "romanizado" el Olimpo —corrigió Zeus con un bostezo—. Le has puesto nombres de planetas a todo y ahora mis hijos parecen una lista de deberes de astronomía. ¿Marte? ¿En serio? Ares daba mucho más miedo, era un desastre con patas. Marte parece que va a pasarme una inspección de hacienda.
Júpiter suspiró y miró su rayo, que estaba pulido y guardado en una funda de cuero reglamentaria.
—Es que los tiempos cambian. La gente ya no quiere mitos raros sobre centauros borrachos. Quieren un Imperio. Quieren leyes.
—La gente quiere fiesta y un poco de misterio —dijo Zeus, guiñándole un ojo—. Pero oye, te reconozco una cosa: lo de los gladiadores es un puntazo. Un poco sangriento para mi gusto griego, pero muy entretenido.
—Sabía que te gustaría —asintió Júpiter con una sonrisa de suficiencia—. Hagamos un trato: tú te quedas con la poesía y los dramas de teatro, y yo me encargo de que el mundo funcione a las horas previstas.
—Hecho —dijo Zeus, levantando su jarra—. Pero si me vuelvo a transformar en toro, no me vengas con que necesito un permiso de circulación.
[RETO TIA ALIA]
Si no leí mal hoy es el último mes de reto de tía Alía hasta dentro de unos meses, o sea que ponemos vacaciones igual que las que tienen los niños en el cole. Para este mes de junio Carmen eligió dos de las recetas de tía Alia, igual que los meses pasados, sólo que últimamente yo no participé. Pero en esta ocasión tenía ganas, y también tiempo.
Los calamares rellenos que recuerdo que mi madre hacía en casa están rellenos de carne picada, deliciosos, aunque esta vez el relleno es otro y también nos han gustado mucho, tanto que los he repetido dos veces, y dos veces porque las fotos que les saqué a los primeros no me gustaron así que volví a repetir para sacar las fotos que veis aquí hoy.
Cómo siempre os dejo la receta que Carmen nos facilita, y yo no suelo adaptar los ingredientes a no ser que sea necesario, en este caso lo hice. Y por qué? pues porque yo no puse tinta del calamar, me parece de sabor muy fuerte y no la uso en la cocina, así que sustituí la tinta de calamar por tomates Cherry, esa es la única diferencia.
En una caja de lata, abollada por el tiempo, dormían los soldaditos de Pavía. No eran de plomo ni de estaño: estaban hechos de memoria. Cada uno llevaba un uniforme diminuto, botones gastados y una mirada fija, como si aún esperaran una orden que nunca llegaría.
Dicen que custodiaban una ciudad que ya no existe, con calles de mármol y pan caliente al amanecer. Cuando el mundo cambió y los mapas se reescribieron, alguien los guardó para que no estorbaran al futuro. Desde entonces, solo despertaban de noche.
Al sonar las doce, marchaban en silencio sobre la mesa del comedor. No combatían: recordaban. Formaban filas para no olvidar los nombres, las canciones, las promesas que se dijeron antes de la batalla. Sabían que su misión no era vencer, sino permanecer.
Una mañana, la caja apareció vacía. En su lugar, sobre la mesa, había una sola cosa: un botón dorado. Y en la casa, desde entonces, nadie volvió a decir que el pasado estaba muerto.
El nombre se asocia tradicionalmente a la batalla de Pavía (1525), en la que las tropas españolas derrotaron al ejército francés. No hay una prueba documental definitiva, pero la explicación más aceptada es simbólica y visual: El bacalao rebozado y frito, cortado en tiras alargadas, recuerda a pequeños soldados en formación. El pimiento rojo asado o frito, colocado encima o al lado, evoca la banda roja del uniforme de los tercios españoles.
Así, el plato se convirtió en una especie de homenaje culinario, irónico y castizo, a una victoria militar. Los soldaditos de Pavía nacen en el entorno de:
Tabernas y casas de comidas de Madrid Cocina del siglo XIX y principios del XX Aprovechamiento del bacalao en salazón, barato, duradero y muy común en el interior de España
El bacalao era ideal para épocas de Cuaresma y para alimentar a clases populares, lo que ayudó a que el plato se difundiera rápidamente.
· SOLDADITOS DE PAVÍA ·
Ingredientes (4 personas)
Para el bacalao 500 g de bacalao salado Agua fría (para el remojo)
Para la masa del rebozado 150 g de harina de trigo 200 ml de agua fría 6 g de sal 1 diente de ajo (5 g), muy picado 10 g de perejil fresco, muy picado 6 g de levadura química tipo en polvo 8–10 hebras de azafrán
Para freír 500 ml de aceite de oliva suave o girasol alto oleico
Para acompañar 2 pimientos rojos grandes (350–400 g) 10 ml de aceite de oliva virgen extra Sal al gusto
Para la salsa de pimiento asado y chile 150 g de pimiento rojo asado 20 ml de aceite de oliva virgen extra 1 cucharada de agua o caldo suave (15 ml) 1 pizca de chile (al gusto) Sal
Elaboración 1.- Desalar el bacalao Remoja el bacalao durante 24 horas, en frío, cambiando el agua 2–3 veces. Retira piel y espinas, corta en tiras alargadas y sécalas muy bien.
2.- Asar los pimientos Asa los pimientos enteros al horno a 200 °C hasta que la piel esté bien tostada. Tápalos y deja sudar, pélalos y córtalos en tiras. Reserva parte para la salsa.
3.- Infusionar el azafrán Tuesta ligeramente las hebras de azafrán y machácalas. Mézclalas con 2 cucharadas del agua de la receta para extraer aroma y color.
4.- Preparar la masa Mezcla harina y sal. Añade el agua poco a poco hasta obtener una pasta ligera. Incorpora el ajo, el perejil y el azafrán infusionado. Justo antes de freír, añade la levadura.
5.- Freír los soldaditos Calienta el aceite a 180–190 °C. Reboza el bacalao con ayuda de una cuchara y fríe en tandas pequeñas hasta dorar. Escurre sobre papel absorbente.
6.- Salsa de pimiento asado y chile Tritura el pimiento asado con el aceite, el agua o caldo, la sal y una pizca de chile. Debe quedar una salsa sedosa, ligeramente picante y equilibrada.
7.- Presentación Sirve los soldaditos bien calientes, acompañados de tiras de pimiento rojo asado y la salsa aparte o en la base del plato.
Siempre que llegaba al final de un año no lo sentía así. Sí, se decía, de acuerdo, es lo que piensa la mayoría, pero en realidad, pensaba ella, mi año se acaba un día antes de mi cumpleaños. El año que termina para todos no es especial, ni el primer día del año es diferente, sino una continuación de lo mismo.
En cambio, "mi año" comienza con un beso de mi familia, un —¡Levántate que hoy es tu día!—, un desayuno especial con tortitas, una fiesta con mi tribu, soplando velas, cantando “Feliz cumpleaños” y regalándome —¡Sí, cariño!— todo el día, hasta que me vuelvo a la cama y guardo como un tesoro ese día, con fotos, con dibujos, con recuerdos que, aunque pasen los días, siempre me hacen sonreír.
Ese, ese es mi principio de año, el que no lleva etiquetas, ni propósitos de dietas ni la promesa de que el año que viene será mejor, el que celebro con más amor.
Y para ti, ¿cuándo empieza tu año?.
Se acabó. Se terminó el año y, con él, las vacaciones. Se acaban las tardes de pelis de dibujos comiendo palomitas mientras intento enterarme del diálogo a la vez que mi hijo me explica su propia versión de la trama. O lo de cocinar su plato favorito casi todos los días porque, como no hay cole, parece que es lo que "toca".
Se acabó el tiempo permitido para volver a ser niños sin desentonar; se terminaron los reencuentros, los brindis, los deseos y los buenos propósitos.
Pero no todo es drama: para hacer la vuelta más llevadera, estas tortitas saladas de espinacas son el acompañamiento perfecto para lo que quieras. Quedan especialmente bien con salmón o, si te sientes creativo, con unas gambitas salteadas.
· TORTITAS SALADAS DE ESPINACAS ·
Ingredientes
240 mililitros de leche
2 porciones de espinacas congeladas
1 huevo
180 gramos de harina de garbanzo
1 cucharadita de levadura en polvo
1/2 cucharadita de bicarbonato
1/2 cucharadita de sal
2 cucharadas de Aceite de oliva virgen extra
Elaboración
Pon la leche y las espinacas en una batidora. Yo lo he hecho con la Thermomix. Bate hasta obtener una mezcla líquida sin grumos.
Añade los demás ingredientes y vuelve a batir hasta que la masa sea más espesa y también sin grumos.
Calienta una sartén con un poco de aceite. Cuando esté caliente, vierte un cucharón de masa. Ten cuidado de no calentar demasiado la sartén para que las tortitas queden verdes y no se pongan marrones al cocinarlas.
Cocina las tortitas una a una, dándoles la vuelta y dejando que se hagan unos minutos por cada lado.
Sirve con lo que más te guste.
Relato, fotografías y vídeo @catypol - Circus day.
Todo comenzó cuando el despistado Aric, un novio emocionado por su próxima boda, se encontró con una mariposa que llevaba un cartel que decía: "¡Sígueme para una boda aún más emocionante!". Sin pensarlo dos veces, Aric persiguió a la mariposa y, para sorpresa de todos, la ceremonia fue celebrada en la cima de un acantilado, debajo del árbol de los deseos. Todos los vecinos acudieron vestidos con colores vibrantes y sonrisas verdaderas: querían de todo corazón a Aric y sabían que haría feliz a Fiora.
Fiora era la heredera de una larga dinastía de hechiceros; en sus venas fluía la magia. Aunque no la había usado con Aric, él había caído rendido a sus pies nada más verla. Fue como sacado de un cuento o una fábula. Algunos de esos cuentos terminaban con una moraleja, y otros simplemente con un “colorín colorado”. Y aunque en su boda no comieron perdices, sí hubo muchas empanadas… y un final feliz.
A todos (o casi) nos gusta viajar, y aunque no podemos hacerlo siempre podemos viajar leyendo, maravillosas aventuras se puede vivir con un libro, aunque también se puede pasar las vacaciones cocinando ¿no crees?. Con esta empanada de brócoli que improvisé un día que no tenía ganas de cocinar pero sí de leer... y por supuesto de viajar, ¿lejos?, no sé, ¡dónde sea!, ¿y tú?.
· EMPANADA DE BRÓCOLI ·
Ingredientes
1 láminas de masa de hojaldre
1/2 cebolla picada y 1 ajo picado
1/2 brócoli pequeño
50 gramos de champiñones limpios y troceados
1 bolsa de cuatro quesos
Sal al gusto
1 huevo para dar color a la masa
Aceite para pochar
Elaboración
Precalienta el horno a 180 ºC.
Cocina el brócoli, ya sea hirviéndolo o al microondas si viene en bolsa.
Mientras tanto, en una sartén con un poco de aceite, sofríe la cebolla, el ajo y los champiñones.
Cuando esté todo cocinado, mezcla el brócoli (puedes cortar el brócoli en trozos más pequeños si prefieres) con la mezcla de la sartén en un cuenco.
Salpimienta al gusto y añade la bolsa de cuatro quesos rallados. Mezcla bien.
Sobre la mitad de una lámina de masa, esparce la mezcla preparada y cierra con la otra mitad, sellando los bordes con un tenedor.
Pinta la masa con huevo batido.
Hornea durante 30 minutos o hasta que la masa esté dorada.
Sirve caliente, cuando el queso esté completamente fundido.
Había viajado a tantos lugares como años tenía, por trabajo, por placer, por familia, y siempre volvía al mismo lugar: su casa, o lo que ella consideraba su hogar. Tantas veces le había atraído quedarse en otro diferente, pero cuando se paraba a pensar, su hogar solo era aquí, y eso la hacía volver.
¿Podía decir que ya nada le asombraba? ¡Mmm, no! Todavía tenía curiosidad, todavía se sentía sorprendida cuando algo le llegaba al corazón. Como aquella vez, en la India, cuando una chica, casi una niña, servía en un pequeño restaurante familiar y le aconsejó que probara un curry de sandía, que según ella era famoso por la zona, aunque no viera demasiada gente allí sentada para tomarlo. Y sí, sabía bien: era especiado y sencillo, como debía ser. Ese día fue toda una sorpresa, no solo por descubrir el curry de sandía, sino también por la belleza del lugar y de la chica.
Y cuando llegaba a casa, intentaba acordarse de todos los detalles del viaje: los aromas, la gente, la cultura y también los sabores. Intentaba reproducirlos en un librito de viaje que, curiosamente, nunca llevaba consigo cuando viajaba. Le producía más placer volver a viajar en sus recuerdos una vez en casa. Allí escribía todo cuanto había vivido, hacía pequeños dibujos cuando no conseguía definirlo con palabras, anotaba horarios de vuelos, nombres de barcos o enganchaba fotos o entradas de cualquier cosa: teatro, museos, metro...
Después de haber sacado todo de la mente, guardaba el librito en su estantería de los viajes, segura de que, si algún día alguien la heredaba, viviría como una gran aventura la historia de alguien que, aunque viajara mucho, siempre volvía a su hogar.
Cuando me encontré con este plato tradicional de Rajasthan, el estado más grande de la India ubicado en la esquina noroeste del país, no sabía muy bien qué pensar de él. Pero funciona, este plato dulce y picante es una prueba de que la sandía es mucho más versátil de lo que jamás imaginé. Es una receta de Camellia Panjabi, su experiencia al frente de varios de los mejores restaurantes indios de Londres y su deseo insaciable de sacar a la luz las recetas regionales de su país de origen nos hace saber que el curry va mucho más allá que la carne, pescado o los vegetales.
· CURRY DE SANDÍA ·
Ingredientes para 2
220 gramos de sandía
200 mililitros de sandía licuada
1/2 cucharadita de cayena
1/2 cucharadita de cúrcuma en polvo
1/2 cucharadita de cilantro en polvo
1/4 cucharadita de comino en polvo
2 cucharaditas de zumo de limón
1 ajo prensado
1 cucharadita de jengibre rallado
2 cucharadas de aceite
1 pizca de sal
* Cilantro fresco para servir (opcional)
* Pappadums (opcional)
Elaboración
Corta y despepita la sandía. Con una parte, licúa hasta obtener el zumo; reserva la otra mitad en dados.
En el zumo de sandía, mezcla la cayena, la cúrcuma, el cilantro, el comino, el ajo, el jengibre y la sal.
Calienta el aceite en un wok o sartén y añade el zumo especiado de sandía. Baja la intensidad del fuego y cocina durante 3 minutos.
Añade el zumo de limón y los dados de sandía. Remueve con cuidado para integrar y deja cocinar unos 3 minutos más.
Nota: Puedes servirlo como guarnición o acompañado de arroz, como en este caso, y añadir cilantro fresco picado si te gusta, junto con pan pappadum.
Marta estaba sentada en su regazo. Balbuceaba mientras el vaivén de su cuerpo, con el que intentaba tranquilizarla, empezaba a hacer efecto en la niña. Canturreaba por lo bajo una canción de cuna, vieja y casi olvidada, pero que se negaba a actualizar para no perder sus raíces.
La noche había sido muy larga. Marta no la había dejado descansar y su cuerpo estaba ya al límite. Habían comido tortillitas de arroz para llenar el estómago, y ahora solo deseaba que la nana hiciera efecto y la dejara tranquila y dormida... para poder hacer ella lo mismo. ¡Dios, cómo echaba de menos los tiempos pasados!
No es que no quisiera a la niña. La amaba. La había llevado dentro durante siete meses. La pequeña tuvo prisa por salir, y casi no lo cuenta cuando se puso de parto. Al final, una cesárea decidió cómo llegaría al mundo, porque su cuerpo no daba para más. Y nueve meses después, seguía casi en el mismo estado.
A pesar de todo, la unión que había entre ellas era fuerte, y eso la llenaba de orgullo. La hacía sonreír, la calmaba y le daba fuerzas para seguir adelante. Ya volvería la energía, cuando tuviera que volver.
Esta entrada me recuerda mis noches sin dormir después de tener a mi hijo. ¡Dios! Esas comidas a deshoras, esas ganas de salir corriendo cuando no dormía... El arroz es uno de mis ingredientes preferidos, así que no le digo que no, incluso si la tortilla no lleva patata, sino arroz.
Si te digo que esta receta tiene muchos años...
Si te digo que era parte de un coleccionable de recetas de una revista (una de esas que ya han desaparecido)...
Si te digo que esta es mi primera vez haciéndola, pero no será la última...
Y que el resultado nos encantó...
Pues bien, esta es mi receta para el concurso de tortillas de Canal Cocina. Y aunque gané, no pude disfrutar del premio porque era en Madrid y en ese momento no podía viajar. Aun así, estoy muy feliz de haber ganado.
· TORTILLITAS DE ARROZ ·
Ingredientes para 4 tortillitas
1 taza de arroz hervido
4 huevos
100 gramos de jamón cocido
50 gramos de pechuga de pollo (puede ser fiambre o pollo asado)
50 gramos de queso mozzarella rallado
Sal y pimienta al gusto
Aceite para freír las tortillas
Elaboración
Corta el jamón y el pollo en trocitos pequeños.
Incorpóralos al arroz hervido junto con el queso rallado.
Salpimienta al gusto y mezcla bien con los huevos.
Pon al fuego una sartén pequeña con un poco de aceite.
Forma tortillitas con la mezcla y cocínalas hasta que queden doraditas por ambos lados.
Nota: Esta receta admite muchísimas variantes: puedes aprovechar restos de arroz tres delicias, añadir verduritas, gambitas… ¡lo que tengas a mano! Es muy versátil y perfecta para no tirar nada. Además, al llevar queso, tiene una textura deliciosa que se deshace en la boca. Una receta sencilla, sabrosa y con espíritu #zerowaste.
Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.
Con esta receta participo y soy ganadora en el concurso de tortillas de Canal cocina (año 2011).