Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

image
Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Entradas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entradas. Mostrar todas las entradas

Atascaburras manchego

El señor Alejandro tenía un ritual sagrado para despojarse del mundo exterior. Nada más cruzar el umbral, se descalzaba y se ponía sus zapatillas con forma de perrito: una pequeña rebeldía contra el casero, que le prohibía tener animales en el edificio. Luego venía la transformación: se desabrochaba los primeros botones de la camisa, se servía una copa de vino tinto y se ataba a la cintura el delantal negro que una exnovia —de la que guardaba algunos recuerdos — le había regalado.

A Alejandro le fascinaba cocinar. Su piso era diminuto, tanto que en la cocina apenas se podía bailar un chotis bien apretado, pero él cocinaba a lo grande. Y esa noche, el aroma a bacalao y ajo comenzó a filtrarse por las rendijas de la ventilación, como un hechizo que recorría el pasillo del edificio.

Al otro lado de la pared, el sutil tintineo de los cuchillos de Alejandro activaba siempre el mismo resorte.

Doña Puri, su vecina, agudizó el oído. Una sonrisa enigmática dibujó sus labios. Dejó caer la bata de seda y se plantó frente al espejo del tocador. No era una mujer que improvisase. Se perfiló los labios con un rojo criminal, se soltó el pelo con estudiada lentitud y se aplicó unas gotas de un perfume que olía a prohibido justo donde nace el cuello.

Puri no sabía freír ni un huevo, pero sabía de la vida. Y, sobre todo, sabía leer a Alejandro a través de los tabiques.

Minutos después, cruzó el pasillo. El eco de sus tacones rompió el silencio del edificio. Llamó a la puerta con tres golpes rítmicos, lentos: casi una provocación.

Cuando Alejandro abrió, se quedó sin aliento. Ella estaba apoyada en el marco de la puerta, mirándolo fijamente a los ojos con una intensidad que hacía olvidar cualquier conversación casual.

—Ay, Alejandro... —susurró Puri con una voz arrastrada que erizó la piel del cocinero—. Se me ha quedado la cocina completamente vacía. ¿Tendrás por ahí un poco de sal... o prefieres invitarme a esa cena que huele tan peligrosamente bien?

Alejandro sonrió, un tanto nervioso, dejando la puerta abierta de par en par.

—Para ti, Puri, siempre tengo sitio. Aunque la cocina sea pequeña.

—Mejor —respondió ella dando un paso hacia el interior, reduciendo la distancia entre los dos hasta que el aroma de su perfume eclipsó el de la cena—. En los espacios pequeños es donde ocurren las mejores cosas.

Mientras Alejandro se daba la vuelta para servir una segunda copa, Puri lanzó una mirada cómplice a la ventana de la cocina. Sabía perfectamente que Alejandro ocultaba algo en sus largas noches de cocina a solas, y él sabía que Puri no venía precisamente por sal. La tensión entre los dos se podía cortar con uno de los afilados cuchillos de Alejandro, pero ninguno de los dos tenía prisa por resolver el misterio... mientras la cena siguiera al fuego.




[RETO COOKING THE CHEF]

«En los ochenta yo tenía una estrella y me la quitaron cuando tuve éxito en la televisión», dice Karlos Arguiñano. Los platos que le hacen feliz —o, mejor dicho, sus platos predilectos— son la ensaladilla rusa, las croquetas y los chipirones, ya sea en su tinta o frescos salteados; ha reiterado en muchas ocasiones que a él lo que de verdad le gusta es comer. Amigo de sus amigos y, por encima de todo, entregado a su familia y a sus trabajadores, quienes, como él mismo afirma, ya forman parte de ella. De él afirmó Ferran Adrià: «Nunca vamos a poder agradecerle el apoyo que ha dado a la cocina; fue el primero que se dio cuenta de que la cocina de vanguardia era importante para este país».

De todos los cocineros españoles, creo que es el único que no necesita presentación: el que ha entrado en casa de la mayoría a la hora del almuerzo, el que cuenta chistes que nos hacen reír (por no llorar) y el que no ha dudado en soltar alguna «lindeza» a los políticos y a la Iglesia. Sus recetas son ricas, ricas y «con fundamento». Este mes cocinamos las propuestas de un chef mediático y entrañable: Karlos Arguiñano. Con esta elaboración participo en el reto Cooking the Chef.

Karlos atesora tantas recetas que da vértigo contarlas, por lo que elegir una responde inevitablemente a la cercanía o al corazón. En mi caso, a la memoria familiar: mi padre, manchego de Cuenca, llegó muy joven a Mallorca. De él no conservo un recetario manchego escrito; por eso, en cuanto descubro alguna fórmula que me emociona, me la traigo a Circus Day

Tradicionalmente se sirve en cazuela de barro, pero, como con las cantidades de Karlos sale bastante volumen —él emplea un kilo de patatas—, opté por repartirla en tarros de cristal individuales. No obstante, la receta está pensada como aperitivo para cuatro comensales, así que lo ideal sigue siendo presentarla en cazuela de barro.

Atascaburras o ajoarriero manchego. Cuentan que sus creadores fueron dos pastores que quedaron aislados tras una gran nevada y que, sin más recursos que unas patatas y unas espinas de bacalao seco, vertieron un buen chorro de aceite de oliva al comprobar que el guiso carecía de consistencia y lo majaron con fuerza en el mortero para deshacer la dureza de las raspas. Al probarlo, comentaron que era una comida capaz de «hartar hasta a las burras», anécdota popular a la que la tradición atribuye su denominación. Aunque existen referencias escritas sobre este plato desde el siglo XVII, circula también otra explicación etimológica: cuando un burro queda atrapado en el denso barro arcilloso de La Mancha, el chasquido sordo que produce al meter y sacar las pezuñas recuerda de inmediato al sonido rítmico del mazo al ligar las patatas, el ajo y el bacalao en el mortero.

Actualizada 2026.



Atascaburras o ajoarriero manchego con huevo duro y nueces


Ingredientes para 1 tapa para 4 personas:
  • 350 g (1 patata grande o 2 medianas)
  • 140 g bacalao desalado
  • 1 diente de ajo
  • 1 huevo
  • 4 nueces
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Perejil

Elaboración:
  1. Lava las patatas y cuécelas en una cazuela con agua durante 25-30 minutos. Sazona.
  2. Coloca el huevo en otro cazo con agua con sal y deja cocer durante 10 minutos.
  3. Pon agua a calentar en otra cazuela, añade el bacalao y cuece durante 5 minutos.
  4. Reserva el agua del bacalao.
  5. Pela y pica el ajo.
  6. Pela la patata y trocéala.
  7. Pela el huevo y córtalo en cuartos.
  8. Casca las nueces y reserva.
  9. Maja el ajo en un mortero.
  10. Colócalo en un bol.
  11. Añade las patatas y sigue majando.
  12. Incorpora el bacalao desmigado y mezcla bien.
  13. Vierte un poco de aceite sin dejar de remover. Si queda muy espeso, echa un poco del caldo de cocer el bacalao (tiene que quedar como un puré).
  14. Sirve la mezcla repartida en 1 cazuela de barro.
  15. Adorna cada ración con las nueces y el huevo.
  16. Coloca una hoja de perejil.



Preguntas frecuentes

¿Por qué es fundamental cocer las patatas enteras y con piel en lugar de peladas y troceadas?

Cocer las patatas con su piel intacta evita que absorban un exceso de agua libre durante la ebullición. El atascaburras es una emulsión mecánica entre el almidón de la patata, el colágeno del bacalao y el aceite de oliva; si el tubérculo retiene demasiada agua de cocción, la masa resultante queda aguada, gomosa y carente de cohesión, impidiendo que el aceite ligue correctamente y arruinando la textura densa de puré rústico.

¿Por qué se debe reservar y utilizar el agua de cocción del bacalao para ajustar la textura?

Durante los cinco minutos de escalfado del bacalao, parte de su gelatina natural y sus jugos salinos se transfieren al agua. Si la masa majada en el mortero queda excesivamente densa, aligerarla con unas cucharadas de este caldo templado no solo hidrata la fécula sin enfriar el majado, sino que aporta colágeno disuelto —un emulsionante natural idéntico al del pilpil— que ayuda a trabar el aceite de oliva virgen extra y refuerza el sabor marino tradicional.

¿Por qué este plato se debe majar a mano en mortero y no con batidora eléctrica?

La acción mecánica de las cuchillas a alta velocidad rompe de forma violenta las células de la patata, liberando amilopectina y amilosa en masa, lo que transforma el puré en un engrudo elástico, pegajoso y desagradable. El majado paciente con la maza de madera aplasta las células sin reventarlas en exceso, permitiendo que la fibra del bacalao se deshile de forma natural y logrando esa textura untuosa pero con mordida, tan representativa de la cocina de pastores.




Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Flan de ajo

Margarita Coloma era una mujer de pueblo auténtica. Toda su vida había vivido allí: conocía a todo el mundo y sabía perfectamente qué pasaba en cada momento. Era un tanto peculiar, y quienes la trataban sospechaban que era un poco bruja, o que algún antepasado suyo lo había sido. Por eso, no dudaban en acudir a ella si necesitaban un consejo o algún remedio «mágico» para resolver cualquier problema.

Pero una noche al mes, Margarita no estaba para nadie. Los vecinos pensaban que tenía una cita con «otras como ella», y por eso no brillaba luz alguna en sus ventanas. Alguien contó que una vez la vio regresar de madrugada completamente manchada: las manos, la cara, la ropa... parecía salida de un auténtico aquelarre. Y claro, el rumor no hizo más que alimentar su fama.

Margarita Coloma tenía una vecina muy querida, Pánfila, una anciana que se había quedado un poco sorda con los años, pero que era divertida y entrañable. Vivía con su hija, Amelia, y esta a veces la dejaba a su cuidado porque sabía que Margarita era buena persona y congeniaba con su madre. Aunque, en el fondo, la hija guardaba la secreta esperanza de que algún conjuro le devolviera el oído… pero, hasta ese momento, nada de nada.

Un día en que se quedó con la señora Pánfila, notó que la anciana andaba algo inquieta.

—Pánfila, ¿se encuentra bien hoy? —le preguntó, alzando bastante la voz.

—Te vieron la otra noche llena de manchas; la noche de luna llena —soltó Pánfila.

—¡Sí! —le gritó Margarita Coloma al oído—. Salí a plantar ajos —respondió sincera y a viva voz.

—¿Tropezar refajos? —dijo Pánfila con los ojos como platos—. Pues córtatelos, mujer, que tenemos modista en el pueblo —se rio ella sola.

—¡No! —insistió Margarita—. ¡Ajos! ¡A plantar ajos! —repitió a pleno pulmón.

—¿Ajos? —se extrañó la anciana.

Y entonces le dio tal ataque de risa que Margarita pensó que le iba a dar un pasmo. Pánfila no paraba de reír y de repetir «¡ajos, ajos!», mientras le caían lagrimones por las mejillas.

Cuando por fin logró serenarse, le dijo a Margarita con una sonrisa pícara:

—Mejor no le digamos nada a nadie, o todo ese cuento de la bruja se te va a ir al garete.



Flan de ajo para acompañar con patatas fritas

Flan de ajo cuajado al baño maría


Dicen que «los ajos no se pueden plantar con luna llena porque, si no, la tierra los expulsa»; será por eso que es mejor no sembrarlos bajo esa luna. Tendremos que decírselo a Margarita Coloma, a ver si deja de insistir.

En la antigua Roma y durante la Edad Media, las preparaciones cuajadas a base de huevo y leche solían ser saladas: se sazonaban con pimienta, pescados o verduras mucho antes de que el azúcar y el caramelo ganaran popularidad y dieran paso al flan dulce que conocemos hoy.

Esta receta es una auténtica delicia. Quizás pienses que el sabor a ajo resultará demasiado potente por la cantidad que lleva, pero te aseguro que no: se suaviza por completo durante la cocción y funciona como una guarnición insuperable. Yo lo he acompañado con patatas y romero, pero seguro que a ti se te ocurre otra combinación fantástica. ¡Espero que te guste!

Actualizada 2026.

 

Flan de ajo


Ingredientes para 4: 

  • 250 ml de nata para cocinar
  • 250 ml de leche
  • 4 huevos
  • 6 – 8 dientes de ajo asado (según el tamaño y tu gusto)
  • Sal y pimienta al gusto
  • Un poco de mantequilla para enmantecar los moldes

Precalienta el horno a 150 ºC

Elaboración:
  1. En una cacerola, calienta la leche con los dientes de ajo asado.
  2. Lleva a ebullición, baja el fuego y deja hervir suavemente durante 5 minutos.
  3. En un bol, bate los huevos junto con la nata, la sal y la pimienta.
  4. Añade la leche caliente con los ajos al batido anterior.
  5. Tritura con túrmix hasta que quede una mezcla fina.
  6. Enmanteca 4 moldes individuales (tipo flanera o ramequín) y vierte la mezcla.
  7. Coloca los moldes en una fuente con agua caliente (baño María), cúbrelos con papel aluminio y hornea durante 25–30 minutos, o hasta que estén cuajados (puedes comprobar con un palillo).
  8. Deja templar y sirve, calientes o fríos según la ocasión.


Elaboración al baño maría del flan de ajo


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable emplear ajo previamente asado en lugar de ajo crudo o rehogado?

El ajo crudo contiene alicina y otros compuestos azufrados picantes que resultarían excesivamente agresivos y amargos en un flan salado. Al asar la cabeza de ajo entera y lentamente (al horno o entre brasas), sus azúcares naturales se caramelizan mediante las reacciones de Maillard y la fructosa se concentra, perdiendo la acritud y adquiriendo una pasta cremosa, dulce y con sutiles notas a fruto seco. Esta pulpa confitada aromatiza la leche y la nata sin saturar el paladar, logrando un fondo suave y elegante que complementa la base de huevo.

¿Qué función cumple hornear los flanes al baño María tapados con papel de aluminio y a solo 150 °C?

Las proteínas del huevo (en particular la albúmina de la clara) cuajan a baja temperatura; si superan los 85 °C de forma violenta, expulsan el agua retenida por sinéresis, creando un flan acuoso, poroso y con sabor sulfuroso. El baño María amortigua la transmisión térmica directa y distribuye el calor de forma progresiva. A su vez, cubrir los ramequines con papel de aluminio retiene el vapor e impide que la superficie se reseque formando una costra dura antes de que el interior se coagule, garantizando una textura homogénea, aterciopelada y sin ojos ni burbujas.

¿Cómo debe integrarse la leche caliente aromatizada sobre los huevos batidos para evitar que cuajen antes de tiempo?

La mezcla de leche y nata caliente nunca debe verterse de golpe sobre los huevos batidos, ya que la temperatura elevada coagularía las yemas y claras al instante, arruinando la emulsión en forma de tortilla rota. Es necesario atemperar vertiendo la leche caliente en hilo fino y muy despacio mientras se remueve con varillas de manera continua. De este modo, la temperatura de los huevos sube gradualmente sin superar el punto de coagulación previo al horneado, asegurando que el triturado final resulte en una crema perfectamente lisa y fluida.



Flan de ajo acompañado de patatas fritas


Relato y fotografía @catypol - Circus day.

Patatas asadas rellenas

Cada vez que conocía un lugar nuevo de su nueva ciudad —la City—, lo apuntaba en la libreta. Cada vez que probaba un plato nuevo, también. Y cada vez que lo veía pasar por delante del restaurante, suspiraba. Y no, eso no lo apuntaba en la libreta. Se limitaba a dibujar una raya imaginaria en su mano, creyendo que, si las líneas dicen cómo somos y adónde vamos, quizás esa nueva marca quedaría grabada, y él se haría realidad algún día. Su compañera, que conocía bien la historia, negaba en silencio con la cabeza, suspirando también. Pero no por él, sino para darle valor a ella… para que diera el paso.

Y el paso llegó. Llegaba tarde, llovía, iba corriendo, resbaló y tropezó con él, justo cuando volvía a pasar por delante del restaurante. Fue tan rápido que, en vez de pintar la raya en su propia mano, la dibujó en la de él cuando la ayudó a levantarse. Él le sonrió, como si entendiera el ritual, antes de preguntarle si se encontraba bien. Ella asintió con la cabeza, incapaz de devolverle la mano en la que había trazado, con su dedo, la esperanza de volverse a ver.

Todo el personal del restaurante estaba pegado al cristal de la ventana, esperando algún resultado de ese encuentro. Todos se pintaron la raya en la mano, aguantando el suspiro hasta ver cómo terminaría la situación. En una ciudad que a veces es ciega entre unos y otros, no hay lugar para cuentos de hadas.


Patata asada rellena con huevo frito

Patatas asada rellena de guacamole



Uno de los platos favoritos de los británicos son las conocidas como baked o jacket potatoes. Se trata de una receta muy simple pero deliciosa: una patata asada al horno con la piel crujiente, el interior tierno y un relleno sabroso.

Aunque puedes prepararla en cualquier época del año, lo cierto es que es especialmente popular en una fecha concreta: el 5 de noviembre, durante la Bonfire Night o Noche de Guy Fawkes; es decir, la noche en la que se conmemora el frustrado complot contra Jacobo I por abrazar la Iglesia anglicana.

Es una receta humilde que apenas exige esfuerzo. Basta con embadurnar las patatas en aceite, meterlas al horno y asarlas hasta que queden tiernas por dentro y crujientes por fuera. Si eliges una buena variedad y cuidas el relleno, tendrás un plato exquisito. Además, a los ingleses les encanta añadir una nuez de mantequilla justo después de hacer el corte en cruz sobre la patata caliente, para que se funda y aporte todavía más sabor.

Los cinco rellenos más clásicos son:
  • Nata agria (sour cream)
  • Judías con tomate (baked beans)
  • Atún y maíz dulce
  • Beicon con queso
  • Mantequilla y cebollino

Pero esta es mi versión.

Actualizada 2026.


Patatas asadas rellenas


Ingredientes para 3 patatas:
  • 3 patatas medianas/grandes
  • Aceite de oliva virgen extra

Relleno Guacamole:
  • 1 aguacate maduro
  • 1 cucharada de jugo de lima
  • Cebolla cortada en brunoise 
  • Tomate picado
  • Cilantro picado
  • 1/2 cdta. de jalapeño picado 
  • Sal al gusto

Relleno gambas:
  • 6 gambas cocidas
  • 2 cdas. de sour cream
  • 1 cda. de zanahoria rallada
  • 1 guindilla en vinagre

Relleno huevo:
  • 1 huevo frito
  • Queso mozzarella
  • Sal y pimienta
Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 220 ºC. 
  2. Lava muy bien las patatas, seca y embadurna de aceite. 
  3. Introdúcelas en el horno y programa 30 minutos. 
  4. Voltéalas y programa 45 minutos más. 
  5. Mientras tanto haz los diferentes rellenos. 
  6. Cuando las patatas estén tiernas por dentro y la piel crujiente sácalas del horno. 
  7. Con cuidado de no quemarte haz un corte en forma de cruz en la superficie de cada patata. 
  8. Presiona los extremos de abajo hacia arriba para abrir la patata por el corte. 
  9. Rellena y sirve.

Guacamole: Quita la piel del aguacate y el hueso, pica hasta convertirlo en pasta, añade la lima, la cebolla y el cilantro, mezcla el jalapeño un poco de sal y el tomate, mezcla.

Gambas: Pica las gambas y mezcla con la sour cream y la zanahoria rallada. Cuando rellenes la patata pon la guindilla encima.

Huevo: Pon el queso dentro de la patata y asa al grill hasta que se derrita, pon encima el huevo frito y salpimienta.

Collage patatas asadas rellenas


Preguntas frecuentes

¿Por qué se hornean las patatas directamente untadas en aceite y sin envolver en papel de aluminio?

Envolver las patatas en papel de aluminio atrapa el vapor de agua que exhala el tubérculo, lo que en realidad produce una cocción al vapor que deja la piel blanda, húmeda y correosa. Al embadurnarlas únicamente con aceite de oliva virgen extra y dejarlas al aire libre a 220 °C, el calor seco deshidrata la capa exterior mientras la grasa fríe suavemente la piel. Esto genera una corteza dorada y muy crujiente que actúa como un cuenco rígido natural, manteniendo la pulpa interior tierna y cremosa.

¿Por qué se debe hacer el corte en cruz y presionar la base de la patata inmediatamente al sacarla del horno?

En el instante en que la patata sale del horno, su interior contiene vapor atrapado a alta temperatura. Si se deja enfriar cerrada, ese vapor condensa en la pulpa, volviéndola gomosa y pesada. Al realizar la incisión en cruz y presionar los extremos inferiores hacia arriba, la piel crujiente se abre limpiamente y libera una bocanada de vapor presurizado; este proceso airea el interior y rompe los granos de almidón cocidos, logrando esa textura esponjosa y aterciopelada idónea para absorber los jugos de los rellenos.

¿Qué precauciones de temperatura conviene tener al montar rellenos fríos (guacamole y gambas) frente al relleno caliente de huevo?

Para la versión de huevo y mozzarella, la patata debe estar recién salida del horno para aprovechar su calor residual, fundir el queso bajo el gril y recibir la yema fluida sin enfriarse. En cambio, para las versiones frías de guacamole y gambas con sour cream, conviene dejar templar la patata abierta unos minutos antes de coronarla; si se vierte la crema ácida o el aguacate sobre la patata hirviendo, la grasa de la nata se separará en una fase líquida y el aguacate se recalentará, perdiendo frescura y oxidando sus notas vegetales vivas.



Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day

Empanadas de menestra

En una ciudad completamente digitalizada existía una agencia muy especial: Héroes de Pantalla S. A. Su lema era claro: «Salvamos el mundo desde casa». Allí trabajaban tres superhéroes con más seguidores que reflejos:

Capitán Wifi, experto en señales inestables y poses dramáticas frente al rúter.

Flower Power, cuya única forma de comunicarse consistía en memes y reacciones animadas.

The Pig, que dominaba todos los enchufes inteligentes, aunque jamás encontraba su propio cargador.

Un día, la ciudad entró en pánico: un virus informático llamado Bugzilla había infectado todos los asistentes virtuales. Alexa cantaba ópera a las tres de la mañana, Siri recitaba en latín una receta de empanada y los robots aspiradores empezaron a marcarse coreografías en círculos.

El alcalde, desesperado, telefoneó a los Héroes de Pantalla.

—¡Necesitamos su ayuda! ¡La tecnología se ha vuelto loca!

Capitán Wifi se levantó de su silla gamer y declaró con solemnidad:

—Mi módem ha hablado. Es hora de actuar.

Se conectaron al sistema central. The Pig tecleaba a toda velocidad, aunque la mitad de los caracteres eran emoticonos por error. Flower Power, superútil, respondió al caos con un gif de un perro rodeado de llamas diciendo: «This is fine».

Los tres discutían en una reunión virtual donde los micrófonos fallaban sin cesar:

—¿Me oyes?

—Te veo, pero no te oigo.

—¿Hola?

—¡Dale al botón del micro, por el amor de Jobs!

Tras cuarenta y tres minutos de diálogo para besugos, consiguieron acceder al núcleo del sistema. Allí estaba Bugzilla, un escarabajo gigante hecho de código corrupto que bailaba una jota sobre la placa base.

—¡Al ataque! —gritó Capitán Wifi, y acto seguido se le cayó la conexión de Zoom.

The Pig lanzó su comando definitivo: sudo salvar-el-mundo-ahora.

El sistema soltó un chirrido, Bugzilla estornudó y acabó desinflándose como una app en fase beta sin soporte. La ciudad recuperó la normalidad. Los asistentes virtuales dieron las gracias en ochenta idiomas y los robots aspiradores regresaron dócilmente a su base. Desde entonces, los Héroes de Pantalla son pura leyenda, aunque todavía no han logrado que su impresora imprima una hoja sin atascarse.


El comando sudo en sistemas como Linux y macOS permite a un usuario ejecutar comandos con los privilegios de otro usuario, generalmente el superusuario (root).


Empanada rellena de menestra de verduras

Interior de las empanadas de. menestra


Crecí entre el TBO, Tintín, Zipi y Zape, El Capitán Trueno y el Don Miki; entre superhéroes, travesuras, aventuras y viajes. Me fascinaba el dibujo… bueno, en realidad me sigue fascinando, así que sigo intentándolo.

Cuando la Asociación Española de Fabricantes de Vegetales Congelados se puso en contacto conmigo para colaborar en la segunda edición de «Mi verdura congelada», recalcando la importancia de crear recetas atractivas para los peques, me encantó la idea.

Las empanadas representan uno de los fenómenos gastronómicos más universales y versátiles de la historia culinaria: consisten, básicamente, en una fina masa de pan, masa quebrada u hojaldre que envuelve un relleno dulce o salado antes de hornearse o freírse.

El origen de esta preparación se remonta a la Antigüedad, cuando pastores y viajeros necesitaban una forma práctica de transportar alimentos durante largas jornadas sin que se contaminaran con el polvo del camino. Envolver la comida dentro de una masa de trigo u otros cereales permitía que el relleno se cocinara en su propio jugo y se conservara en buen estado durante varios días. La costumbre llegó a Europa a través de los pueblos nómadas de Oriente y arraigó con fuerza en la península ibérica durante la época andalusí, sirviendo de antecedente directo a la célebre empanada gallega, inmortalizada ya en el siglo XII en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela o las mallorquinas panades y espinagada.

Con la llegada de los españoles a América, el concepto cruzó el Atlántico y evolucionó en cada región al incorporar ingredientes autóctonos, hasta erigirse en un pilar de su identidad cultural. En Sudamérica destacan la empanada argentina —famosa por variantes regionales como la salteña o la tucumana, rellenas de carne cortada a cuchillo y huevo duro—, la empanada chilena o de «pino», con abundante cebolla picada y aceitunas, y las recetas colombianas y venezolanas, elaboradas con masa de maíz pilado y fritas hasta quedar bien crujientes.

El cierre de la masa, conocido popularmente como repulgue o simba, cumple una función tanto estética como práctica: sella los jugos en el interior y, tradicionalmente, su dibujo sirve para identificar el relleno sin necesidad de abrir la pieza. Hoy en día, las empanadas triunfan en todo el mundo, tanto en puestos callejeros como en propuestas gourmet, y para elaborarlas en casa se puede recurrir desde los cortadores metálicos tradicionales hasta modernos moldes que garantizan un sellado perfecto sin complicaciones.

Hoy, en tiempos de héroes digitales, diálogos para besugos y tecnología punta, decidí que este espectáculo sería como los de antes: con unos superhéroes de pacotilla, pero con corazón de menestra; de esos que hasta el niño más moderno recordará.

Actualizado 2026.



Empanadas de menestra y atún


Ingredientes:
  • 4 láminas de masa para empanada
  • 500 g de menestra congelada
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 100 g de salsa de tomate casera
  • 2 latas de atún natural (pequeñas)
  • 2 huevos cocidos
  • 1 poquito de sal, pimienta negra y comino en polvo
  • Cortapastas (los que usas para galletas)
  • Palitos de madera de helado (remójalos en agua durante un rato para que no se quemen en el horneado)
  • 1 huevo para pintar la masa

El relleno:
  1. Pocha en la menestra en una sartén con el aceite de oliva, sin descongelar, hasta que esté doradita y cocinada (Si crees que hay trozos de verdura demasiado grande puedes cortarlos con una tijera). 
  2. Añade la salsa de tomate. 
  3. Remueve y apaga el fogón. 
  4. Añade el atún, escurrido y desmigado. 
  5. Remueve. 
  6. Ralla los huevos cocidos y mezcla.
  7. Por último, añade la sal, pimienta negra y comino.

Precalienta el horno a 180 ºC

Montaje:
  1. Abre las láminas de empanada y corta con el cortapastas las formas elegidas. Para hacer el rectángulo del capitán Wifi sólo corta con un cuchillo y una regla el tamaño 10x5 cm. o si lo prefieres un poco más grande 12x6 cm.
  2. Sobre una mitad pon una o unas cucharadas de menestra y un palo de helado. 
  3. Cierra con la otra mitad y aprieta los bordes con el dedo o con un tenedor. 
  4. Pinta la masa con el huevo y hornea durante 30 minutos o hasta que la masa esté dorada.

Notas:
Los cortapastas cuando más grandes mejor, pero si no tienes puedes hacer rectángulos y ponerles encima decoración como lleva el héroe de la foto. También puedes hacerlas sin el palito de helado.

🔴 Si quieres hacer la masa de empanada en lugar de comprarla esta es la receta:

Masa casera de empanada


Ingredientes:
  • 150 g de agua
  • 50 g de vino blanco
  • 200 g de aceite de oliva suave
  • 600 g de harina de trigo
  • 10 g de sal

Elaboración:
  1. En un bol grande, mezcla el agua, el vino y el aceite.
  2. Añade la sal y la harina poco a poco, mezclando con las manos hasta integrar.
  3. Amasa sobre una superficie limpia hasta obtener una masa suave y homogénea.
  4. Forma una bola, cúbrela con un paño y deja reposar 30 minutos en el frigorífico.

Nota: 
Esta masa queda muy flexible y fácil de manejar. Si la quieres más crujiente, sustituye la mitad del aceite por manteca de cerdo derretido. Y si no quieres que la masa lleve vino, usa solo agua. Si haces otro tipo de relleno y quieres usar, para la masa, el aceite que salga de este relleno, también puedes usarlo, así la masa tendrá más saborcito.

🔴 Si prefieres un relleno de bonito o atún:


Ingredientes:
  • 2 botes de 195 g de bonito en conserva 
  • 2 cebollas medianas
  • Una pizca de sal
  • 5 cdas. de tomate frito
  • 1 cdta. de pimentón ahumado (o el que más te guste)

Elaboración:
  1. Abre los botes de bonito y vuélcalos en un colador de cocina a fin de que escurra todo el aceite.
  2. Pica las cebollas en brunoise y póchalas en una sartén con el aceite del bonito (si es demasiado aceite no se lo añadas todo) y un poquito de sal hasta que estén transparente.
  3. Añade el tomate y mezcla.
  4. Agrega el pimentón.
  5. Deja pochar el conjunto durante 3 minutos a fuego medio- bajo.
  6. Prueba la mezcla y rectifica de sal.
Opcional: Pimientos asados y huevo cocido.



Collage paso a paso de como hacer empanadas de menestra


¡La II edición de mi verdura congelada ya está en marcha!. Para la Asociación Española de Fabricantes de Vegetales Congelados (ASEVEC), el objetivo es concienciar a la población de la importancia de introducir verduras en la dieta diaria, y este año, con especial atención a los más pequeños.  Creemos que es fundamental sensibilizar a las familias sobre la importancia de enseñar, desde la infancia, a adquirir hábitos saludables. Así, entre todos, aportamos nuestro granito de arena para reducir los alarmantes índices de sobrepeso y obesidad infantil existentes hoy en día.

¿Por qué verduras congeladas y cuáles son sus ventajas?
- Llegan a la mesa prácticamente en las mismas condiciones y con la misma calidad con las que son recogidas en la huerta.
- El proceso de ultracongelación minimiza las posibilidades de contaminación de los alimentos; evitando comprometer la salud de las personas.
- Se pueden consumir todo el año.

Empanada superhéroe de menestra de verduras

Preguntas frecuentes

¿Por qué es imprescindible remojar los palitos de madera antes de meterlos al horno?

La madera seca expuesta a 180 °C durante media hora tiende a deshidratarse rápidamente, chamuscarse e incluso arder por los extremos que sobresalen. Sumergirlos en agua durante 15 o 20 minutos satura sus poros de humedad; de este modo, el agua se evapora lentamente durante la cocción protegiendo la madera, lo que permite que el palo actúe como un soporte firme y limpio para comer la empanadilla a modo de piruleta.

¿Cómo evitar que la menestra congelada ablande y rompa la masa de la empanada?

Las verduras ultracongeladas contienen abundante agua intercelular. Si se introdujeran directamente en crudo o con exceso de caldo, el vapor acumulado empaparía la masa por dentro, impidiendo que dore y volviéndola pastosa. Saltearlas a fuego vivo en la sartén hasta que evaporen todo el líquido y empiecen a dorarse garantiza un relleno seco, concentrado y con la consistencia idónea para sellar los paquetitos sin escapes.

¿Qué función cumple añadir vino blanco y reposar la masa casera en frío?

El alcohol del vino blanco actúa inhibiendo parcialmente el desarrollo excesivo de la malla de gluten al contacto con la harina, lo que da como resultado una masa más quebradiza, hojaldrada y crujiente al hornearse en lugar de una corteza correosa o gomosa. Por su parte, los 30 minutos de reposo en la nevera enfrían las grasas (el aceite o la manteca) y relajan la tensión del amasado, permitiendo estirar la lámina con el rodillo de forma muy fina sin que se encoja.



Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day.

Tarta salada

Antonia es enfermera en el centro de salud de Lorena. Tiene mucho carácter, algo muy notable cuando se enfada, aunque es más conocida como Santa Paciencia, porque la tiene. Es paciente cuando don Felipe la señala con el dedo tras haberse equivocado de día y acudir a la cita médica un día antes de lo que le tocaba:

—¡Ah, Santa Paciencia!

O cuando Luis se resfría por haber estado esperando bajo la lluvia a que su novia le perdonara por llegar tarde a la cita del sábado. Entonces, Luis le llora las penas a Antonia mientras espera que el médico lo atienda:

—¡Ah, Santa Paciencia!

Ella deja escapar una risita tonta, cosa que desconcierta a Luis.

Antonia es bajita, rubia, con ojos azules, mejillas sonrosadas y siempre lleva los labios pintados de rojo pasión. Suspira a menudo. Cuando la sala de espera está vacía, es lo único que se oye. Suponemos que esos suspiros son su manera de gestionar las palabras que no dice, pero que sí piensa. El doctor Manuel la anima a que no se reprima, y ella deja escapar una risita tonta cuando él se lo propone, cosa que desconcierta al doctor.

Cada domingo, después de misa, acude al bar del pueblo a comer un trocito de tarta salada y una copa de vino. Allí se encuentra con muchos de los pacientes que, en algún momento de sus vidas, han ido —y siguen yendo— a verla. Saben que no deben molestarla en su día libre. Creen que deja la Santa Paciencia en el centro de salud y que no le temblará el pulso para gritar a quien la interrumpa mientras come. Eso desconcierta a los lugareños… y ella deja escapar una risita tonta.

Tarta salada de patatas y acelgas

Tarta ligera con patatas y acelgas de tamaño pequeño


El origen de este bocado se remonta al antiguo Egipto, donde se horneaban masas rústicas de cereal rellenas de carne o pescado. En Mesopotamia, los sumerios ya habían dejado constancia de elaboraciones semejantes: una tablilla de arcilla datada en torno al 2000 a. C. recoge lo que se considera la receta precursora del pastel de pollo.

Los griegos adoptaron y perfeccionaron aquellas fórmulas otorgando más consistencia a la masa de harina y agua, creando pasteles de carne picada con una base de costra inferior. Más tarde, Roma expandió y enriqueció la técnica por todo el continente incorporando mariscos, pescados y quesos, como en el célebre libum, un pastel ritual a base de queso fresco, harina y huevo que se ofrecía a los dioses.

Durante la Edad Media, las tartas saladas vivieron su época dorada por motivos estrictamente prácticos. La masa —conocida en el inglés de la época como coffyn— se preparaba tosca, gruesa y endurecida. Aquella corteza exterior no estaba pensada para comerse: funcionaba como un recipiente hermético para cocer los jugos a fuego abierto y resguardar el relleno del aire, lo que permitía conservar los alimentos durante semanas y transportarlos en viajes largos. En los banquetes nobiliarios, estas piezas se convirtieron en un alarde de estatus y se rellenaban de caza mayor y aves aromatizadas con especias de lujo.

A partir del Renacimiento, el abaratamiento del azúcar refinado en el siglo XVI deslindó la pastelería salada de la dulce. Al independizarse los postres, los cocineros refinaron las masas saladas, sustituyendo los recipientes duros medievales por masas quebradas mantecosas, finas y crujientes.

En la Francia de la época despuntó la quiche en la región de Lorena, aunando masa quebrada con un delicado batido de huevos, nata y panceta. En paralelo, Italia consolidó joyas de huerta como la emblemática torta pasqualina de Liguria —con finísimas capas de masa, acelgas, ricotta y huevos enteros en su interior—, mientras que en el Reino Unido los meat pies se convirtieron en el almuerzo de bolsillo de la clase obrera durante la Revolución Industrial.

Hoy en día, la tarta salada ha pasado de ser un simple contenedor protector a una de las preparaciones más versátiles de la cocina contemporánea.

Por mi parte, te diré que es una receta facilísima y muy agradecida para adaptar a cualquier pauta: basta con ajustar el peso de los ingredientes y el molde. Evidentemente, Tomás y yo no nos zampamos de una sentada una tarta de 18 cm, pero sí nos repartimos de maravilla una individual de 12 cm. Queda tan rica que pienso seguir experimentando con mil rellenos más; ya me entenderás en cuanto la pruebes.

Actualizada 2026.


Tarta salada con patatas


Ingredientes 
  • 500 g patatas
  • 200 g acelgas (o espinacas)
  • 1 manojo cebolletas
  • 4 huevos 
  • 250 g queso fresco batido desnatado
  • 100 g queso Gorgonzola
  • Ralladura de 1 limón
  • 1 cda. AOVE Señorios de Relleu (usar para saltear la verdura)
  • Sal y Pimienta negra
  • Mantequilla para el molde
  • Molde desmontable de 18 centímetros de diámetro

Elaboración:
  1. Pela las patatas, córtalas con mandolina o sin ella a unos 3-4 mm de grosor. 
  2. Ponlas en una bandeja de horno y hornea 10 minutos a 180º C. 
  3. Mientras, limpia la verdura y quita las pencas de las acelgas y córtalas en tiras. 
  4. Trocea en brunoise las cebolletas. 
  5. Rehoga en una sartén con aceite de oliva las cebolletas primero y después añade las espinacas. Salpimienta. 
  6. En un cuenco, bate los huevos, el queso y la ralladura del limón.
  7. Salpimienta.
  8. Unta de mantequilla el molde y coloca las patatas como base. 
  9. Añade las verduras pochadas a cuenco de crema de huevo y queso. 
  10. Mezcla y vierte en el molde encima de las patatas. 
  11. Hornea 40 minutos a 180º C.

Elaboración de tarta salada con patatas y acelgas

Preguntas frecuentes

¿Se puede sustituir el gorgonzola por otro queso?

Sí — y varios lectores ya lo han hecho con excelentes resultados. El gorgonzola aporta un punto intenso y salado que contrasta con la suavidad de las acelgas y la ralladura de limón. Si prefieres un sabor más suave, el queso feta, el queso de cabra o un queso semi curado funcionan perfectamente. Para una versión más neutra, el queso crema o la ricotta son las alternativas más ligeras.

¿Se puede sustituir las acelgas por espinacas?

Sí, perfectamente. Las espinacas tienen un sabor más suave y menos amargor que las acelgas, lo que las hace más fáciles de aceptar para quienes no son muy aficionados a las verduras de hoja. El proceso es idéntico — saltéalas bien para eliminar el exceso de agua antes de mezclarlas con la crema de queso y huevos.

¿Se puede hacer en un molde más grande para más personas?

Sí — simplemente multiplica los ingredientes en proporción al molde. Para un molde de 18 cm (4-6 personas) duplica todas las cantidades. El tiempo de horneado aumenta unos 10-15 minutos adicionales. Comprueba el punto con un palillo — cuando salga limpio y la superficie esté dorada, está lista.



Tarta con acelgas y patatas en un molde pequeño

Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Empanada con crêpes

En un pequeño pueblo de la Galia hay un poco de revuelo. El druida del lugar prepara una poción que hace que los más débiles se vuelvan fuertes, y los que ya son fuertes no pueden tomarla. Por eso, por ahí anda uno gruñendo porque no le dieron a él. El bardo del pueblo anda acicalándose y preparando su lira para la gran actuación de la noche.

—¿¿De la noche?? ¿Qué sucede por la noche? —pregunta el galo.

El jefe de la aldea hasta se ha bajado de su escudo por la asombrosa pregunta que el galo acaba de hacer.

—¿¡Cómo!? ¿No lo sabes? —le pregunta.

El galo, aún más asombrado al ver que el jefe se ha bajado del escudo (y eso, señores, pasa en raras ocasiones), deduce que lo que sea que va a suceder debe ser importante.

—Noooo… —responde.

El más viejo de la aldea acude raudo y veloz (todavía le dura el efecto de la pócima), y va riendo:

—¡Ja, ja, ja! ¡Grande y tonto! —se burla.

Su mujer le riñe:

—No te rías del chico —le dice con ternura—. Él se cayó en el caldero de pequeño, y por eso no estaba en la cola cuando se comentó lo de esta noche —explica dulcemente.

Su mejor amigo entonces lo coge del brazo y se lo lleva a la plaza central de la aldea.

—Aquí empezará la fiesta esta noche —le confiesa—. ¿Y a que no sabes cuál será el plato principal? —dice, muy contento.

—Jabalí —sentencia el galo más grande.

—¡Noooo! —niega su mejor amigo—. Esta noche, querido amigo, comeremos crêpes, de mil maneras —le corrige.

—¿Crêpes? —pregunta el galo, extrañado.

Empanada de crêpes rellena de calabacín

Empanada de crêpes francesas con huevos de codorniz



La historia de las crêpes es una de las más arraigadas de la gastronomía francesa y sus antecedentes se remontan a la época del Imperio romano, cuando se cocinaban gachas líquidas de agua y cereales rústicos sobre piedras planas calentadas directamente al fuego. El término procede del latín crispus («crespo» u «ondulado»), en alusión a los bordes finos y ligeramente rizados que adquiere la masa al dorarse sobre la superficie ardiente.

El auténtico despegue de esta elaboración tuvo lugar durante el siglo XII en la Bretaña histórica, al noroeste de Francia. Tras las Cruzadas, se introdujo en Europa el cultivo del trigo sarraceno (o alforfón), un grano oscuro y rústico que arraigó con fuerza en los suelos ácidos y húmedos bretones. Con esta harina nació la galette bretona: una masa salada elaborada únicamente con alforfón, agua y sal que se extendía en capas finísimas sobre una placa circular de hierro fundido (billig) mediante un pequeño rastrillo de madera (rozell). Estas tortas se convirtieron en el sustento básico del campesinado, sustituyendo al pan de cada día.

Con la posterior generalización de la harina de trigo candeal, la fórmula evolucionó hacia la variante dulce contemporánea. El gluten del trigo blanco aportó una textura elástica, fina y suave, idónea para enriquecer el batido con leche fresca, huevos, mantequilla fundida y azúcar. Así, la crêpe propiamente dicha se independizó de la galette y conquistó los hogares de todo el país.

Esta masa está íntimamente ligada a la fiesta de la Candelaria (la Chandeleur), cada dos de febrero. En la tradición popular, la fecha marcaba el final del invierno y el renacer de la luz; las familias preparaban crêpes con la harina sobrante como símbolo de prosperidad, emulando la forma redonda y dorada del sol. De ahí surgió el célebre ritual de voltear la masa en el aire con la mano derecha mientras se sostenía una moneda de oro en la izquierda: si caía limpia y plana sobre la sartén, auguraba un año próspero y cosechas abundantes.

A finales del siglo XIX, el plato entró por la puerta grande en la alta cocina con la célebre crêpe Suzette. Cuenta la crónica que nació en 1895 por un afortunado descuido en el Café de París de Montecarlo, cuando el joven cocinero Henri Charpentier preparaba unas crêpes para el futuro Eduardo VII, por entonces príncipe de Gales. El licor de naranja se prendió de forma accidental sobre la sartén y, al probar el flambeado, descubrieron que el licor caramelizaba los jugos de manera sublime. El bocado se bautizó en honor a la joven francesa que acompañaba al heredero en la mesa.

Hoy en día, las crêpes gozan de un prestigio universal: desde las centenarias crêperies bretonas que preservan el canon artesanal hasta los puestos callejeros de cualquier rincón del mundo, continúan siendo un lienzo gastronómico perfecto tanto para rellenos clásicos como para la cocina más creativa.

Actualizada 2026.


Empanada con crêpes rellena de calabacín con huevos de codorniz



Ingredientes para 2 personas (para molde 12 cm.)
Para las crêpes:
  • 75 g de harina
  • 200 ml de leche
  • 2 huevos 
  • Sal al gusto
Para el relleno:
  • 2 calabacines
  • 2 huevos 
  • 150 g de queso para untar o queso fresco
  • 6 huevos de codorniz cocidos
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta al gusto

La masa:
En un bol, bate los huevos con la leche, la harina y una pizca de sal hasta obtener una masa sin grumos. Deja reposar al menos 15 minutos.

Preparar el calabacín:

Ralla los calabacines, mézclalos con un poco de sal y deja reposar en un colador durante 15–20 minutos. Después, presiona con las manos o un paño limpio para eliminar el exceso de agua. Sofríe el calabacín escurrido en una sartén con un chorrito de aceite durante 2–3 minutos para evaporar aún más humedad. Reserva y deja enfriar.

Preparar el relleno:
En un cuenco, mezcla los huevos batidos, el queso, el calabacín salteado, sal y pimienta al gusto. Aquí puedes añadir también otras hierbas o especias si prefieres.

Hacer las crêpes:

Pon una sartén o crepera al fuego con un poco de aceite o mantequilla. Cocina las crêpes finas y flexibles. Con esta cantidad deberían salir unas 3 grandes (descartando la primera, que a menudo sale regular).

Montaje de la empanada:
Precalienta el horno a 180 ºC
Forra el molde (12 cm) con una o varias crêpes superpuestas, dejando que sobresalgan por los bordes. Coloca los huevos de codorniz cocidos en la base. Vierte encima el relleno. Dobla los bordes de las crêpes hacia el centro para cerrar la empanada.

Horneado:
Cubre con papel de aluminio (para evitar que se queme la superficie) y hornea durante unos 40 minutos. Retira el papel los últimos 5 minutos si quieres que se dore ligeramente.

Servir:

Desmolda con cuidado. Sirve caliente o templada.

Mosaico de la crêpes para rellenarlas como empanada


Preguntas frecuentes

¿Por qué se descarta el primer crêpe?

El primer crêpe casi siempre sale irregular porque la sartén todavía no ha alcanzado la temperatura uniforme. Es el crêpe de prueba — sirve para ajustar el fuego, la cantidad de masa y el punto de mantequilla. A partir del segundo ya salen perfectos. En la aldea gala también descartaban el primero, aunque Obélix siempre se lo comía antes de que nadie se diera cuenta.

¿Se puede sustituir el calabacín por otro relleno?

Sí — y esa es la gracia de esta receta. El calabacín funciona perfectamente porque tiene poca agua una vez escurrido y rallado. Otras verduras que funcionan igual de bien: espinacas salteadas y escurridas, pisto de verduras bien seco, champiñones pochados o puerro confitado. Lo importante es que el relleno no sea líquido para que los crêpes no se reblandezcan.

¿Por qué es importante escurrir bien el calabacín?

El calabacín tiene un altísimo contenido en agua — hasta un 95%. Si no se escurre bien antes de mezclarlo con el queso y los huevos, toda esa agua se libera durante el horneado y la empanada queda aguada y blanda. El truco de salar el calabacín rallado y dejarlo reposar en un colador durante 20 minutos elimina la mayor parte del líquido. El paso de saltearlo después acaba de secar cualquier humedad residual.


porción de crêpe empanada con huevo de codorniz y calabacín


Relato y fotografías @catypol - Circus day

Semillas de mostaza

Sentado frente a la puerta del templo, se dedicaba a observar a la gente que entraba y salía de él: penitentes, turistas, hombres y mujeres, mayores y jóvenes. Todos se paraban ante el umbral, lo observaban y entraban; en cambio, los que salían no miraban atrás, como si hubieran dejado dentro todos los demonios que llevaban encima y no quisieran que regresaran una vez fuera. Él no era entusiasta de los templos, ni del rezo ni del perdón. Había dejado esa parte de la vida en manos de su familia: ella se encargaba de su alma, o al menos de rezar por ella. Él pensaba que ya estaba perdida.

Cuando la vio salir del templo, pensó que se había escapado un ángel de algún rincón del edificio. Sus ojos verdes rasgados, pómulos altos y boca agraciada; asomaba cabello negro por debajo del pañuelo que llevaba sobre la cabeza. Su vestido largo casi le tapaba los pies y una sonrisa —de haber dejado sus pecados rezando— lo atrajo como un imán. Y la siguió.

Ella cruzó la plaza, llegó al mercado y se paró frente al puesto de las especias. Compró semillas de mostaza y rio con gusto por algo que el mercader le había dicho. Siguió su camino por las callejuelas estrechas de la ciudad. Él la siguió con cuidado, procurando que ella no se diera cuenta. Era especialista en eso. La vio entrar en otro portal. Ese no era un templo, sino más bien la entrada de un palacio. Ahora entendía por qué lo había atraído tanto aquella mujer. Negó con la cabeza, sonrió y siguió su camino.

—No es para ti —se dijo, y suspiró, regresando sobre sus pasos.


Semillas de mostaza encurtida para bocadillos o sandwiches

Semillas de mostaza encurtidas en huevo relleno y ensaladilla



En la tradición bíblica, la semilla de mostaza aparece en las parábolas de los evangelios de Mateo y Lucas como símbolo de fe y crecimiento. Sin embargo, su historia escrita se remonta mucho antes: ya en el siglo V a. C. figuraba en relatos budistas de la India. En el sur de Asia, este diminuto grano es un pilar culinario indiscutible: las semillas se templan en aceite caliente hasta que chisporrotean y revientan liberando todo su aroma, sus hojas tiernas se cocinan como verdura y su potente aceite no solo reina en las sartenes, sino que se emplea tradicionalmente en masajes para templar el cuerpo durante los inviernos rigurosos.

En la gastronomía de regiones como Bengala, el aceite de mostaza (shorsher tel) es el medio de cocción por excelencia y aporta un regusto pungente inconfundible. Allí, las semillas majadas son el alma de emblemáticos guisos de pescado picantes como el machher jhaal o el paturi, además de enriquecer encurtidos tradicionales a base de mango verde, chile y mostaza en polvo madurados al sol en su propio aceite.

Pickled mustard seeds, semillas de mostaza encurtidas o el llamado «caviar de mostaza»: distintos nombres para una pequeña joya crujiente que transforma cualquier receta. Son el contrapunto perfecto para coronar huevos rellenos, hamburguesas, ensaladas, ensaladillas, tablas de quesos, bocatas, sándwiches o perritos calientes; en fin, hasta donde alcance la imaginación. Y no, no tienen la textura ni la acidez punzante de la salsa de mostaza comercial: estallan suavemente en boca y su sabor delicado te conquistará al primer bocado.


Actualizada 2026.


Semillas de mostaza encurtidas 


Ingredientes
  • 150 g de semillas de mostaza
  • 300 ml vinagre de manzana (o de vino)
  • 1/2 cdta. de sal
  • 1 cdta. de Tandoori masala (o el condimento que más te guste)
  • 150 ml vinagre de manzana (o de vino)
  • 125 ml vinagre de manzana (o de vino)

Elaboración
  1. Pon las semillas de mostaza en remojo con el vinagre y la sal, durante 2 horas a temperatura ambiente. 
  2. Añade el tandoori masala y remueve. 
  3. Lleva a ebullición a fuego bajo con 15 mililitros de vinagre. 
  4. Remueve para que no se pegue durante 20 minutos. 
  5. Deja enfriar. 
  6. Añade los últimos 125 mililitros de vinagre. 
  7. Remueve. 
  8. Transfiere a un bote y refrigera. 
  9. Dura varios meses.
Nota: 
El vinagre se añade en tres momentos distintos — 300 ml para el remojo inicial, 150 ml para la cocción y 125 ml al final en frío.



Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo duran las semillas de mostaza encurtidas?

Varios meses en la nevera en un bote hermético bien cerrado. El vinagre actúa como conservante natural — cuanto más tiempo pasan en el bote, más suave y redondo se vuelve su sabor. Las primeras 48 horas son las más intensas; a partir de la primera semana alcanzan su punto óptimo.

¿Se puede cambiar el tandoori masala por otra especia?

Sí — y esa es la gracia de la receta. El tandoori masala aporta un perfil cálido y aromático con cúrcuma, comino y cardamomo. Puedes sustituirlo por curry en polvo para un sabor más familiar, por pimentón ahumado para una versión más española, o por hierbas provenzales para una versión mediterránea. Cada especia cambia completamente el perfil del caviar de mostaza.

¿Por qué explotan las semillas de mostaza en boca?

Porque al encurtirlas en vinagre las semillas absorben líquido y se hinchan ligeramente, pero mantienen su membrana exterior intacta. Al morderlas esa membrana revienta liberando el interior — una combinación de aceite esencial de mostaza y el líquido de encurtido — en una explosión de sabor suave y aromático. Por eso se llaman "caviar de mostaza" — el efecto es muy similar al del caviar real pero sin el precio.


Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Brocomole

Cuando era estudiante, vivía en un minipiso en el barrio Latino. No tenía más que una sola habitación; todo el piso era una única estancia: dormitorio, cocina, sala de estar y baño. Bueno, el baño estaba separado por un biombo con una gran ilustración de Betty Boop. No iba conmigo, pero sí con la decoración y con la bañera de patas que ocultaba.

En la misma planta vivían otros estudiantes y una señorona caribeña que, cuando cantaba, hacía temblar los finos cristales de las ventanas al son de su voz.

—Mijita, yo iba pa soprano, pero se me crusó en la vida un caballero inglés y no solo bebí los vientos por él, también todito el ron que había en el bar donde trabajaba por aquel entonse —me decía cuando la veía alicaída.

Persea Laura, que así se llamaba la doña, despachaba en la sección de frutas y verduras de la grocery más alegre del barrio. Cuando íbamos a por género, ella siempre me regalaba un aguacate y me soltaba:

Pa que te dé enelgía, mijita, que estás muy sola.

Aquello me desconcertaba, y debía de notárseme a leguas porque ella remataba a voz en grito:

—¡Que es afrodisiaco, mijita! —y me guiñaba el ojo, dejándome a cuadros.

El resto de clientes se reía por lo bajini y yo acababa saliendo casi a la carrera de la tienda.

No sé si me hacía falta esa «enelgía», pero me zampaba el aguacate como si fuera el mayor manjar de la semana. Quizás influenciada por la sensual Betty Boop o por la vecina caribeña que vivía a dos puertas de la mía; el caso es que fue la etapa más feliz de mi vida universitaria.


(Nota: Aguacatero del género Persea de la familia Lauraceae.)


Brocomole salsa guacamole con brócoli y aguacate

Brocomole con floretes de brócoli y aguacate


El guacamole tiene su origen en la época prehispánica en el centro y sur de México, donde los mexicas preparaban una salsa espesa llamada āhuacamolli, voz náhuatl que se traduce como «salsa de aguacate». La mitología mesoamericana atribuía la receta al propio dios Quetzalcóatl, quien según la leyenda la obsequió a los humanos para que disfrutasen de sus virtudes nutritivas y energéticas. En sus inicios, la fórmula original era sumamente sencilla y consistía únicamente en aguacate machacado, chiles, jitomate y sal de grano, ingredientes nativos que se majaban en un molcajete de piedra volcánica.

Con la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, el plato experimentó un profundo mestizaje culinario. Los europeos quedaron fascinados con la salsa por su textura cremosa y su sabor, pero al resultarles compleja la pronunciación nativa, adaptaron el término fonéticamente hasta alumbrar la voz «guacamole». Como el aguacate no resistía la travesía transatlántica y su cultivo no cuajó de inmediato en Europa, la receta se enriqueció sobre el propio terreno novohispano incorporando ingredientes traídos del Viejo Mundo, como la cebolla, el ajo, el cilantro y la lima.

Esta evolución transformó el preparado prehispánico en la versión que hoy triunfa a escala internacional, consolidando al guacamole como un pilar indiscutible de la gastronomía mexicana.

El brocomole —o guacamole con brócoli— es una vuelta de tuerca vegetal que no te puedes perder: fresco, suave y comodísimo. El sabor del brócoli queda completamente integrado y pasa inadvertido, por lo que resulta un truco perfecto para sumar nutrientes a la mesa. Sírvelo con nachos crujientes, bastones de zanahoria o cómelo directamente a cucharadas; ya verás qué delicia.

Actualizada 2026.


Brocomole


Ingredientes para 4:
  • 400 g de floretes de brócoli
  • 2 aguacates maduros grandes
  • El jugo de un limón mediano
  • 2 dientes de ajo
  • 300 g de tomate maduro
  • 20 g de cilantro, al gusto
  • 150 g de cebolla roja o blanca
  • Sal al gusto
  • 20 ml de aceite de oliva

Elaboración:
  1. Hierve durante 3 minutos las ramitas de brócoli. 
  2. Cuela y deja enfriar.
  3. Corta el brócoli, el tomate y el cilantro en trocitos muy pequeños. 
  4. Pica el ajo y corta la cebolla en brunoise.
  5. Pela y quita el hueso al aguacate.
  6. En un bol, chafa el aguacate con un tenedor hasta hacerlo puré.
  7. Vierte el jugo del limón sobre el aguacate y remueve.
  8. Incorpora el ajo, el tomate y el cilantro, integrándolos bien.
  9. Añade los trocitos de brócoli y la cebolla, y combina el conjunto.
  10. Por último, incorpora la sal y el aceite de oliva.
  11. Remueve bien todos los ingredientes.
  12. Sirve.

Si te gustan los untables saludables para aperitivo, también te encantarán el untable de alcachofa y el resto de untables del blog.



Brocomole y nachos con cilantro para dippear

Preguntas frecuentes

¿Se nota el sabor del brócoli en el brocomole?

Prácticamente no. El aguacate, el tomate, el cilantro y el limón dominan completamente el sabor del conjunto. El brócoli aporta textura, nutrientes y volumen sin imponer su sabor característico. Es el truco perfecto para añadir verdura extra a la dieta sin que nadie — especialmente los niños — lo detecte.

¿Cuánto brócoli se puede añadir sin que cambie el sabor?

La proporción de esta receta — 400 g de brócoli por 2 aguacates — es la que mejor equilibra nutrición y sabor. Si añades más brócoli que aguacate el sabor empieza a notarse. Si quieres reducir el aguacate por precio o disponibilidad, no superes una proporción de 2:1 brócoli respecto al aguacate.

¿Cómo evitar que el brocomole se oxide y ennegrezca?

El jugo de limón de la receta ya actúa como antioxidante natural. Para conservarlo en la nevera, cubre la superficie directamente con film transparente pegado al brocomole — sin dejar aire entre el film y la salsa. También ayuda dejar el hueso del aguacate dentro del cuenco. Aguanta perfectamente 24 horas sin ennegrecerse con estos trucos.


Vasito de brocomole con palitos de zanahoria


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Mousse de atún

Todo empezó cuando la tía Clotilde, en bata, con rulos en la cabeza y katiuskas moradas, decidió que el mundo estaba a punto de acabarse porque su horóscopo advertía: «Prepárate para lo inesperado».

—¡Hay que construir un arca de Noé! —gritó mientras untaba mousse de atún en galletitas, convencida de atraer así a animales con buen gusto.

Encendió el fuego de la chimenea, desplegó sobre la mesa sus dibujos del arca y reclutó a su tripulación: tres nietos, un gato regordete y un robot aspirador llamado Carlitos.

En cuanto cayeron las primeras gotas —tres mal contadas—, Clotilde se encaramó a la bañera y clamó: «¡Al arca, todos!», cargando con los bocetos como señal de partida. Nadie osó detenerla.

Cenaron mousse, contemplaron los dibujos y terminaron durmiéndose al calor de las brasas. Fin del diluvio. O del delirio. Lo que llegara primero.


Mousse de atún en limón como recipiente

Mousse de atún dentro de un limón fresco



La historia de la mousse de atún aúna la técnica de la alta cocina francesa, el auge de la industria conservera del siglo XX y la cultura del aperitivo rápido de posguerra. Aunque el concepto culinario de la mousse —«espuma» en francés— nació en el siglo XVIII vinculado a la repostería de autores como Menon, pronto dio el salto al recetario salado para aportar ligereza y untuosidad a carnes, mariscos y pescados.

A comienzos de la pasada centuria, los cocineros galos empezaron a servir la mousse de thon en los banquetes más selectos. Elaboraban la farsa batiendo el pescado con mantequilla en pomada, nata, mayonesa y un toque de gelatina para darle estructura antes de encajarla en moldes decorativos. Al mismo tiempo, la irrupción masiva de la conserva de atún en las décadas de 1910 y 1920 democratizó el producto: lo que antes era un ingrediente exclusivo pasó a ser un básico asequible en cualquier despensa doméstica.

El gran auge popular de la mousse de atún estalló entre los años sesenta y setenta. Durante esas décadas, la receta cruzó el Atlántico y se coronó reina de las fiestas y cócteles en Estados Unidos y Europa. La moda de la época rendía culto a los entremeses vistosos y fáciles de compartir, lo que disparó el uso de los icónicos moldes metálicos con silueta de pez. Aquellas versiones caseras se preparaban en minutos mezclando atún en lata, queso crema, mayonesa, salsa Worcestershire y gelatina neutra, decorando el lomo con finas rodajas de pepino a modo de escamas y aceitunas en los ojos.

En el Mediterráneo, especialmente en Italia bajo el nombre de spuma di tonno, la receta se consolidó como un clásico atemporal para untar sobre crostini o rellenar hortalizas de verano. Hoy, la mousse de atún ha desterrado las formas escultóricas de los setenta, pero conserva intacto su trono en el aperitivo gracias a su textura sedosa, su frescura y su insuperable practicidad.

«La naturaleza es sabia», «tiempo al tiempo», «al mal tiempo, buena cara», «año nuevo, vida nueva», «mañana será otro día»… Decimos, escuchamos y sentenciamos con estas u otras fórmulas parecidas para zanjar una charla, retratar un estado de ánimo o darnos ánimos, casi siempre sin darles mayor trascendencia: las hemos convertido en un comodín automático, casi despojado de significado por pura costumbre.

Son frases populares y corrientes que lo mismo suelta un político que un publicista o Clotilde, la vecina, cuando te cuenta que fulanito es como el perro del hortelano —que ni come ni deja comer—, pero que «tiempo al tiempo, que a cada cerdo le llega su san Martín».

Llevémoslo ahora al terreno gastronómico, porque ya te estarás preguntando qué pinta todo esto entre fogones. Pues bien: hoy el protagonismo es para el limón. Es una delicia en repostería, el toque maestro para infinidad de platos, el comodín perfecto para sustituir el vinagre en las ensaladas y el eterno remedio mañanero con agua templada para «depurar» el… ¿estómago?, ¿hígado?, ¿nada? Pero «en ayunas y templadita sienta de maravilla», insiste Clotilde. En fin: un cítrico humilde y cotidiano que nunca falta en la despensa y que siempre está listo para aliñar, realzar o redondear una receta.

Y como una servidora también recurre a los clásicos cuando toca, hoy le doy una vuelta al limón y lo convierto en un vistoso cuenco natural para servir una mousse de atún. Un aperitivo fresco, resultón y perfecto tanto para vestir una mesa de fiesta como para darse un homenaje cualquier día.

Actualizada 2026.


Mousse de atún

Ingredientes:
  • 2 limones grandes
  • 160 g de atún 
  • 1 cda. de limón
  • 1 cda. de alcaparras
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 1 cda. de mayonesa
  • 1 ramitas de perejil
  • 100 g de mozzarella
  • 100 ml de caldo de pescado
  • 2 sobres Agar Agar (4 gr.)
  • Sal al gusto


Elaboración:
  1. Limpia los limones, corta la punta y con un cuchillo afilado vacíalos, guarda un poco de pulpa para sacar la cucharada de limón que después usarás. 
  2. Limpia y seca bien los limones, por fuera y por dentro, reserva.
  3. Añade el Agar Agar al caldo, en frío, y ponlo en un cazo a fuego moderado. 
  4. Lleva a ebullición, baja el fuego y deja cocer 2 minutos. 
  5. Pon todos los ingredientes en una túrmix, incluido el caldo. 
  6. Pica todo hasta que te quede una pasta homogénea. 
  7. Rectifica de sal. 
  8. Rellena los limones con la pasta obtenida y  lleva al frigorífico hasta que solidifiquen. 
  9. Al estar sólido pues cortarlo a rodajas o servirlo tal cual para untar directamente del limón.

Si te gustan las mousses de pescado para aperitivo, también te encantará la tapa de mousse de bonito — otra presentación original para sorprender a tus invitados.




Preguntas frecuentes

¿Cómo se vacía el limón sin romperlo?

El truco está en cortar primero una pequeña tapa en la punta del limón — solo la punta, no más — y después trabajar con un cuchillo afilado de punta fina pegado a la piel interior, girando el limón sobre sí mismo. Una cucharilla de postre ayuda a extraer la pulpa restante. Lo importante es no presionar la piel desde fuera para que mantenga la forma cilíndrica que necesita para sostenerse en el plato.

¿Se puede hacer la mousse sin agar-agar?

Sí, con gelatina neutra en la misma proporción. La diferencia es que el agar-agar cuaja a temperatura ambiente y es apto para veganos, mientras que la gelatina necesita frío para solidificar y es de origen animal. En ambos casos el resultado es una mousse compacta que mantiene la forma al cortarla en rodajas.

¿Por qué lleva mozzarella en lugar de queso crema?

La mozzarella aporta una cremosidad más suave y ligera que el queso crema, con menos grasa y sabor más neutro que no compite con el atún. Al triturarla junto con el caldo caliente y el agar-agar se integra perfectamente en la masa. El queso crema también funciona si no tienes mozzarella, aunque el resultado es algo más denso y salado.



Mousse de atún con mozzarella dentro de un limón


Relato, fotografías y vídeo @catypol - Circus day.

¿Estás buscando algo en especial?

Contacta conmigo