Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Brownie en taza

Sentada sobre una chimenea del viejo centro de la ciudad, Agatha observaba el ir y venir de la gente. No sabía si le gustaba lo que veía. La evolución había hecho que, a veces, añorara aquellos tiempos sencillos: el bosque, la casita de chocolate —como ella la llamaba, pues era de color marrón—, el huerto que le suministraba alimento y una olla tan grande que, cuando la usaba, habría podido dar de comer a todo el pueblo.

Ahora vivía en la planta número trece de un edificio. Sí, en ese edificio sí existía esa planta, y ella era la única que la habitaba. Ya no usaba una olla como cuando era joven. Ahora casi todo se podía cocinar en el microondas. Tampoco tenía huerto: el supermercado de debajo del edificio la abastecía sin problema. Tenía un aspirador que limpiaba el suelo solo y una pantalla que le permitía leer cualquier libro de la biblioteca que quisiera.

La gente llamaba a eso «comodidad». Ella no estaba tan segura. Había crecido rodeada de gatos, escobas voladoras y libros de hechizos. Todo funcionaba con solo mover el dedo índice. Pensaba que aquello era muy moderno… hasta que el hijo del vecino de la planta seis le dijo que, si no tenía conexión wifi o Bluetooth, era del tiempo de los dinosaurios.

Brownie de chocolate y helado

Brownie cocinado en el microondas


Los mug cakes, o bizcochos en taza, son una opción tentadora para satisfacer antojos dulces de manera instantánea y sin complicaciones. Se cree que surgieron en la década de 2010 con la popularización de las recetas rápidas y prácticas en Internet. Inicialmente, se compartían en blogs culinarios y foros de cocina, donde los aficionados a la repostería experimentaban con diferentes combinaciones de ingredientes. Entre sus creaciones más conocidas está el brownie en taza, y por este mismo me he decidido, con un poco de helado de vainilla. Te quita el antojo de golpe. ¿No lo crees?.


· BROWNIE EN TAZA ·

Ingredientes:
  • 10 g de aceite de oliva
  • 30 g de azúcar
  • 10 g de leche
  • 1 huevo campero
  • 10 g de cacao puro sin azúcar
  • 30 g de harina
  • 1/4 de cdta. de levadura en polvo
  • 1 pizca de sal
  • 1 nuez troceada (opcional)
  • Trocitos de chocolate negro (opcional)

Elaboración
  1. Bate el aceite, el azúcar y la leche. 
  2. Añade el huevo. 
  3. Añade el cacao, la harina, la levadura y la sal. 
  4. Bate. 
  5. Añade la nuez y el chocolate si los has elegido. 
  6. Pon dentro de una taza y lleva al microondas 1 minuto. 
  7. Mi microondas es de 800 W.

    Notas:
  • Asegúrate de remover bien la mezcla y que no quede nada de harina sin integrar. 
  • No lo cocines demasiado o se secará mucho. 
  • ¡Ah! déjalo enfriar un poco o te quemarás. 
  • Y por último, decóralo como más te guste, helado, nata, etc

Brownie en taza en el microondas


Relato y fotografías @catypol - Circus day

Té de María Antonieta

María Antonia Josefa Juana Huerta del Rey es, además de una adolescente, una chica del montón… pero no del montón normal, sino del montón de la parte de arriba, pues vive en el ático del edificio de la plaza Viuda Capeto. Guapa y de lengua afilada, provoca que todo el bloque de pisos hable mal de ella. Bueno, lo hacen…, pero ella tampoco se calla con los vecinos, y eso trae de cabeza a sus padres. Una noche, casi, casi acaba de cabeza en el calabozo, porque María Antonia juraba y perjuraba que el vulgo la había robado mientras subía por la escalera hacia casa, y los del edificio estuvieron a punto de decapitarla.

¡En fin! La historia, que no es otra que la de una niña malcriada y llena de orgullo y satisfacción, no hace más que empeorar… a favor de la susodicha. Que si es una excéntrica, que si come dulces y pasteles a todas horas, que si toma té con tanto azúcar que da dolor de muelas, que si lleva joyas que claramente no puede costear —«¿a ver a quién se las ha robado?», se preguntan todos—, que si esto, que si aquello…

Creo que esta historia va a acabar muy mal. Pero, mientras tanto, disfrutemos de la receta de su té.

El té dulce que tomaba María Antonieta con algodón de azúcar

Té de María Antonieta con algodón de azúcar color azul


El té de María Antonieta es una famosa mezcla de té negro creada originalmente por casas de té francesas icónicas como Maison Ladurée y Nina's Paris. Se aromatiza con pétalos de rosa, notas cítricas, miel y manzanas frescas cultivadas directamente en los huertos históricos del Palacio de Versalles. Esto le otorga un sabor marcadamente floral, dulce y afrutado.

La tendencia moderna consiste en servir esta infusión caliente debajo, al lado o directamente vertida sobre una gran nube de algodón de azúcar rosado. En muchas cafeterías temáticas y salones de té de alta gama en ciudades como Londres, Hong Kong o Los Ángeles, el algodón de azúcar se moldea imitando los icónicos y ostentosos peinados de «Madame Déficit», cuanto más desbaratado esté el algodón en la taza, más caprichoso será el efecto.

Cuando el té caliente entra en contacto con el algodón de azúcar, este se derrite de forma instantánea. El azúcar hilado se disuelve por completo en el líquido, actuando como el endulzante natural de la infusión sin necesidad de añadir terrones de azúcar tradicionales. El proceso crea un espectáculo visual muy cotizado para vídeos en plataformas digitales.

Grandes referentes de la repostería como Ladurée incluyen esta temática no solo en tés, sino en macarons con sabor a té de María Antonieta y algodón de azúcar. Restaurantes de alta cocina teatral, como el célebre Barton G. en Estados Unidos, han inmortalizado el postre sirviendo gigantescas esculturas de algodón de azúcar rosa sobre la cabeza de un busto de María Antonieta, acompañadas de dulces y tés finos.

Puedes comprar algodón de azúcar o elaborarlo en casa si dispones de máquina para prepararlo.

Té de algodón de azúcar de María Antonieta


Ingredientes:
  • Té negro
  • Algodón de azúcar rosa (o de colores si te gustan más)
  • Las mejores tazas de té que tengas en casa

Elaboración:
  1. Coloca el algodón de azúcar en la taza de una manera "alocada" como los peinados de María Antonieta.
  2. Vierte el té caliente sobre el algodón de azúcar.

Notas:
Usa el té que más te guste. 
Recuerda que endulza mucho, mucho. Por si no eres de infusiones dulces como yo.
El de las fotos lo preparé con algodón de azúcar comercial pues es de colores. El de María Antonieta es el de color rosa, pero la nota de color me gustó.


Collage de ingredientes que componen el té de algodón de azúcar


Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day

Chocolate crinkles

Cuando una tirita formaba parte de la cura del dolor y las lágrimas duraban lo que duraba el “sana sanita”. 
Cuando en los cuentos de princesas, los príncipes salían del beso a una rana. 
Cuando la leche te dejaba bigote.
Cuando contabas me quiere, no me quiere, con los pétalos de una margarita, y si era sí, sonreías como una tonta y si era no, volvías a repetir para que saliera sí. 
Cuando las mariposas volaban en el estómago cada vez que te enamorabas. 
Cuando la primavera te hacía llorar de alegría y no de alergia. 
Cuando pedías un deseo a una estrella fugaz y te emocionabas por haberla visto y deseabas que se cumpliera. 
Cuando el chocolate te gustaba, y te sigue gustando, a porciones, a tableta, en taza, en bizcocho, en caramelo o en galleta.




Parece ser que la receta se originó en la primera mitad del siglo XX en la casa de Helen Fredell de St. Paul, Minnesota. En el “Cooky Carnival” de Betty Crocker (que presenta Molasses Crinkles), la Sra. Crocker escribe: “Cuando se sirvieron en Mrs. Fred Fredell's en St. Paul, Minnesota, estaban tan deliciosas que le supliqué la receta. Gracias a ella, miles de personas han disfrutado de estas galletas". 


·CHOCOLATE CRINKLES ·

Ingredientes
  • 60 gramos mantequilla 
  • 230 gramos chocolate semidulce o amargo, picado 
  • 85 gramos azúcar
  • 2 huevos grandes
  • 2 cucharaditas azúcar de vainilla
  • 195 gramos harina
  • 1/4 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de levadura en polvo
  • 110 gramos azúcar glass tamizado 

Elaboración
  1. Funde al baño María el chocolate con la mantequilla. 
  2. Reserva. 
  3. En la batidora, bate los huevos y el azúcar hasta que espese, se vuelva una crema blanca y esponjosa (de 3 a 5 minutos). 
  4. Añade la vainilla y seguidamente el chocolate. 
  5. Sigue batiendo hasta que se mezcle bien. 
  6. En un cuenco aparte mezcla la harina, la sal y la levadura en polvo. 
  7. Agrega los ingredientes secos con el chocolate y bate hasta que se mezcle todo bien. 
  8. Tapa con film y refrigera hasta que esté firme, desde unas horas hasta toda la noche. 
  9. Precalienta el horno a 165 ºC 
  10. En la bandeja del horno pon un papel de hornear. 
  11. Coloca el azúcar glass tamizada en un cuenco profundo. 
  12. Forma bolas de unos 2.5 cm. y hazlas rodar e impregnarse bien dentro del azúcar glass. 
  13. Tiene que quedar muy pero que muy recubierto. 
  14. Coloca en la bandeja dejando separación entre ellas (unos 5 cm.).
  15. Hornea unos 10 minutos, y deja reposar 5 sobre una rejilla. 



Relato y fotografías @catypol - Circus day

Burballes ramen

Cuando llegaba el frío invierno se metía en capas de ropa, "como una cebolla" decía ella, y eso le encantaba, le gustaba sentir el frío aun metida entre esas capas, decía que eso la hacía sentirse viva, con vigor para seguir adelante y notar cada parte de su cuerpo, después se tomaba una sopa que había personalizado después de un viaje a Japón.

Una vez, cuando su novio rompió con ella y la dejó desolada, sus amigas decidieron viajar a una isla con mucho calor, para divertirse, bailar y beber, beber hasta olvidar. Pero ella no soportaba el calor, tanto calor, decía que la asfixiaba y que hacía que el dolor se quedara dentro, sin poder salir, sin poder quitárselo de encima, el calor la aletargaba, dejaba su interior en pausa y que cuando volviera a la normalidad aún lo llevaría dentro.

Así que se fue de la isla igual que llegó, dolorosa además de quemada por el sol. Juró y perjuró que nunca volvería a quitar penas expuesta al calor. Ella necesita el frío, necesitaba sentirse viva para gritar a los cuatro vientos y en todos los idiomas que sabía, que ella era una guerrera.

Burballes mallorquinas estilo Ramen



Las burballes son una pasta artesanal mallorquina elaborada con sémola de trigo y agua, sin huevo. Existen dos variedades principales: la lisa y la rizada. Se asemejan a los tallarines, pero son más finas y anchas.

Antiguamente, se preparaban en guisos de carne, especialmente de liebre o pollo. Es un plato con un profundo valor social y cultural en Mallorca, un reflejo de la cocina más humilde y honesta.

Hoy en día, con la influencia del ramen japonés, he decidido adaptar nuestras burballes a este concepto. El resultado ha sido aplaudido en casa, ¡aunque la próxima vez ajustaré mejor la cocción del huevo! 😜

Burballes/Ramen

Ingredientes (4 personas)
  • 350-400 g de Burballa Arrisada (rizada)
  • 1,5 litros de caldo casero de pollo y carne
  • 2 contramuslos de pollo de corral (deshuesados)
  • 200 g de churrasquito de ternera en tiras finas
  • 200 g de Gírgolas mallorquinas
  • 2 alcachofas y unas flores de brócoli fresco
  • Toppings: 2 huevos camperos y cebollino fresco
Elaboración
  1. El Huevo: Cocer 6 minutos y medio, enfriar en hielo y pelar (yema cremosa).
  2. Verduras: Saltear los corazones de alcachofa hasta que estén crujientes.
  3. Carnes: Dorar los contramuslos (piel crujiente) y saltear la ternera hasta tostar.
  4. Setas: Pasar por la plancha hasta que doren.
  5. Caldo y Pasta: Hervir el caldo, añadir las burballes y, 3 minutos antes de terminar, añadir el brócoli.

Montaje
En un cuenco de barro caliente, servir la pasta con caldo. Colocar encima de forma ordenada el pollo, la ternera, las setas y la alcachofa. Terminar con el huevo y cebollino fresco.

Tip: Añade una gota de AOVE en crudo al final. El barro mantendrá el calor ideal.

 
Detalle del montaje del plato
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Savillum la tarta de queso

Escipión se baja de su carro triunfal, con la cara pintada de rojo —siguiendo la tradición— y una corona de laurel perfectamente nivelada. Se acerca a Fabio, que lo mira expectante.

—¡Fabio! ¡Viejo amigo! —exclama Escipión, rebosante de adrenalina—. ¿Viste eso? Zama. Pum. Fin de la guerra. Aníbal está en su casa pidiendo asilo político y yo tengo un apodo nuevo que rima con el continente que acabo de dominar: «el Africano».

Fabio exhala un suspiro que parece cargar con toda la historia de la República.

—Sí, sí... Muy ruidoso todo, Publio —dice Fabio, limpiándose una mota de polvo de la toga—. Felicidades por no morir. Pero seamos honestos: Aníbal ya estaba agotado. Básicamente, tú solo llegaste para darle el último empujón. Si yo no lo hubiera tenido vagando por Italia durante dieciséis años, aburriéndolo hasta las lágrimas con mis retiradas estratégicas, ese hombre te habría merendado con un poco de savillum.

—¿En serio, Fabio? —se ríe Escipión—. Crucé el mar, recluté a los veteranos que tú habías jubilado, convencí a los númidas de que cambiaran de bando y derroté al general más peligroso de la historia en su propio patio... ¿y dices que fue porque tú lo «aburriste»?

—Exactamente —asiente Fabio con una seriedad absoluta—. Yo fui el que lo dejó sin suministros. Yo fui el que destruyó su moral. Tú solo fuiste el cobrador que llegó cuando la factura ya estaba vencida. De hecho, deberías agradecérmelo. Si te lo hubiera dejado fresco, ahora tu título sería «Escipión el Desaparecido».

Escipión se queda mirándolo, entre la admiración y las ganas de volver a África para no escucharlo:

—Eres increíble, Fabio. He traído toneladas de plata para el tesoro de Roma.

—Plata... Qué vulgar —murmura Fabio mientras se da la vuelta para irse—. Atrae a los ladrones y a la inflación. En mis tiempos, nos bastaba con el orgullo y un puñado de habas.

Mientras Fabio se aleja con su paso lento y calculado, Escipión le grita:

—¡Oye, Fabio! ¡Voy a proponer que mi estatua sea más alta que la tuya!

Fabio, sin detenerse, levanta una mano:

—No te molestes, Publio. Seguramente la pondrán en un lugar con muchas corrientes de aire. Yo esperaré a que se erosione... Tarde o temprano, el tiempo siempre me da la razón.


Nota real: Catón el Viejo vivió durante la época de la República Romana, sirviendo bajo influyentes figuras como Quinto Fabio Máximo (el "Cunctator") y Publio Cornelio Escipión el Africano.


Tarta de queso Savillum romana

Savillum tarta de queso Catón romana


Era el Siglo de Oro, aquel en el que la cocina se revolucionó por el descubrimiento de nuevos productos de otras tierras; una época en la que ser cocinero era importante y atrás quedaba el tiempo de la sobriedad: ahora las mesas se llenaban de lujuria y tentación. Ellos inventaron el arte del exceso —aunque las guerras y la escasez nos hablen de todo lo contrario en tantas historias más cercanas a nuestro siglo—. Sin embargo, en aquel siglo, y aunque solo se conociera la cuchara y el resto se comiera con las manos, lo básico dio paso a las exóticas viandas en la mesa de los poderosos.

Con el paso de los siglos, la tarta de queso se ha convertido en una elaboración muy conocida y realizada alrededor del mundo: la famosísima New York cheesecake, las variopintas tartas de queso con galleta, con mermelada, con frutas, con diferentes tipos de leche, etcétera. Y aunque la que comemos o hacemos hoy en día nada tiene que ver con esta tarta de queso simple, básica y original, pienso que en aquel momento debía ser un manjar de dioses o, más bien, de emperadores.

El pastel de queso no solo es uno de los postres favoritos del mundo: es también uno de los más antiguos. Se sabe que data del año 776 a. C.; sin embargo, las primeras recetas de esta preparación dulce se popularizaron en el libro de Marco Porcio Catón.

El savillum es una receta romana que se encuentra en De Agri Cultura (siglo II a. C.), la obra más antigua conocida de la prosa romana. Fue escrita por el político Catón el Viejo, un hombre conocido por su devoción a la sencillez y su amor por la vida en el campo. De acuerdo con el estilo de vida de su autor, De Agri Cultura es un manual de instrucciones práctico sobre agricultura. Las recetas que aparecen en él son tan sencillas y rústicas como el propio savillum.

La receta en latín es la siguiente:
Savillum hoc modo facito. Farinae selibram, casei P. II S una conmisceto quasi libum, mellis P. ✳ et ovum unum. Catinum fictile oleo unguito. Ubi omnia bene conmiscueris, in catinum indito, catinum testo operito. Videto ut bene percoquas medium, ubi altissimum erit. Ubi coctum erit, catinum eximito, papaver infriato, sub testum subde paulisper, postea eximito. Ita pone cum catillo et lingula. (De Agri Cultura, 84)

Que vendría a decir algo así:
«Haz el savillum de la siguiente manera: mezcla todo junto, media libra de harina, dos libras y media de queso (como para el libum), un cuarto de libra de miel y un huevo. Unta con aceite una escudilla de barro. Cuando lo hayas mezclado todo bien, échalo en la escudilla y cúbrela con una tapadera de barro. Procura que se cueza bien por el centro, donde es más alto: cuando esté cocido, retira la escudilla, úntalo de miel, espolvorea encima amapola molida, colócalo un poco bajo la tapadera de barro y retíralo después: sírvelo así en su escudilla y con una cuchara». (De Agri Cultura, 84)

Las versiones en línea de esta receta hablan de un solo huevo, además de queso tipo feta y requesón (que yo no he usado). Quería un pastel de queso suave y no seco; eso me hizo pensar que si en aquella época se lo comían con cuchara, debía de ser más cremoso que seco. También pensé que le había puesto poca miel, acostumbrados como estamos en exceso al azúcar, pero me sorprendió gratamente —aunque si eres muy, muy goloso, quizás te sepa a poco—.

El tipo de queso que se consumía en aquel siglo era de cabra o de oveja; elegí un queso feta por esa misma razón, por estar elaborado con leche de cabra y oveja, y añadí queso en crema para aportarle untuosidad (otras recetas utilizan requesón).

El resultado está riquísimo: me sorprendió de verdad. No es demasiado dulce y la textura no resulta para nada seca en caliente. Cuando se enfría sí se queda un poco más firme, lo que me hace pensar que ponerle dos huevos en lugar de uno quizás haya ayudado (o tal vez poner menos harina). Si alguien lo ha hecho con un solo huevo, ¡ya me contará!

En Mallorca tenemos la greixonera de brossat que tiene similitud, usamos requesón, azúcar, huevos, leche y se cuece en una olla de barro, no usamos harina pero está la versión que incluye ensaimada, como un pudding.

Con esta receta participo en el reto de Cooking the chef de septiembre: Gastronomía Íbera


Savillum la tarta de queso Catón

Ingredientes:
  • 200 g de queso Feta
  • 75 g de queso crema (o requesón)
  • 2 huevos 
  • 40 g de harina
  • 25 g de miel
· Miel y semillas de amapola para decorar

Elaboración
  1. Precalentar el horno a 200º C
  2. Mezcla todos los ingredientes (yo los he mezclado con la Thermomix, sí, lo sé, tiene poco de romano pero es lo que hay, también se puede hacer bien con la túrmix, el queso feta es difícil de deshacer bien).
  3. Unta un molde de barro (el mio es muy pequeño, 16 cm. x 4 cm. "foto abajo") con un poco de aceite y esparce bien con un papel cocina. 
  4. Vierte la mezcla y hornea durante 20 minutos. 
  5. Saca del horno y rocía el pastel con miel y semillas de amapola (opcional) y deja reposar 5 minutos dentro del horno aún caliente.

Ingredientes para la tarta de queso catón


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Helado chocolate flash

Durante un tiempo fue como si el tiempo pasado hubiera sido olvidado: los «sin prisa», el «poco a poco», el «no quieras ir tan rápido», el «todo a su tiempo»... De repente, nos vimos envueltos en una vorágine de «corre, corre que te pillo», en la sensación de hastío en las colas de cualquier lugar y en esa ansiedad por finalizar todo con la misma rapidez con la que empezamos. Hablan de que la tecnología nos ha traído bienestar y, cómo no, esa ansiada inmediatez en aquello que hemos decidido ejecutar: lo queremos todo para ya.

Ahora, el mundo se ha parado por un tiempo; hemos visto cómo nuestra rápida y «acomodada» vida ha temblado y, para muchos, se ha desvanecido para siempre. Hemos vuelto a tener tiempo para organizarnos y a tener paciencia en las colas de cualquier lugar; hemos entendido que el tiempo tiene un precio; la salud, la mayor importancia; la paciencia, una virtud que debemos recuperar; el contacto humano, un valor altísimo, y el amor, todo el respeto del mundo.



Polos zip de chocolate flash con aguacate y fécula

Polos de chocolate flash con aguacate


Este 2020 no está resultando el buen año que pensaba que sería cuando despedí el 2019. Este año nos ha sacudido fuerte y para muchos ha sido una bendición poder recuperar valores perdidos; para otros, en cambio, ha sido una mala experiencia estar recluidos en casa.

Muchos hemos experimentado haciendo pan —yo experimenté con las ensaïmades—; la levadura fue un producto tan vendido en los supermercados que llegó a agotarse en algunos de ellos. Incomprensiblemente, el papel higiénico también (todavía no le encuentro el significado a aquello).

Algo que preparé también, llegado el verano, fue helado; estaba en mi lista. ¿Y en la tuya?

La creación de este concepto se atribuye al joven empresario de origen murciano Evaristo Burgueño Martín, quien en 1973, con solo veintitrés años, fundó la empresa Burmar en Badajoz. Allí lanzó al mercado el mítico Burmar Flax, un producto pionero que consistía en un envase plástico alargado y rectangular relleno de agua aromatizada con azúcar y colorantes. Paralelamente, otra empresa pionera de infusiones dirigida por José Nortes puso a la venta la Flaggolosina, un producto de características muy similares que también compitió por el liderazgo en los quioscos de la época.

Aunque la marca extremeña se escribía con «x» (Flax) y la competencia usaba «Flag», el término popular terminó mutando de forma unánime a flash. Esto se debió a un fenómeno de confusión popular: los primeros envases comercializados en muchas regiones tenían un color naranja muy llamativo y venían decorados con la imagen del superhéroe Flash, de DC Comics. Los niños empezaron a pedir de forma masiva el «polo de Flash» en los quioscos tradicionales, consolidando ese nombre para siempre, independientemente de la marca real que lo fabricase. Dependiendo de la zona geográfica de España, el producto también adoptó variantes locales como poloflán, poloflash o flan.

El producto se convirtió en un fenómeno de masas porque costaba apenas unas pesetas, lo que permitía a los niños comprarlo con su propia paga como sustituto económico de los helados de bola o de marca. El ritual consistía en comprar el líquido a temperatura ambiente en el quiosco de confianza o adquirir paquetes grandes en el supermercado para congelarlos directamente en el hogar. Una vez sólido, bastaba con cortar el extremo superior de plástico con unas tijeras o con los dientes y presionar desde abajo hacia arriba para disfrutar de sabores clásicos como fresa, limón, naranja, cola, lima y el cotizado color azul misterioso con sabor a frambuesa.

A día de hoy, multinacionales de las golosinas mantienen vivo el formato bajo distintas denominaciones comerciales, permaneciendo intacto en el imaginario colectivo como el gran símbolo refrescante de la infancia de varias generaciones.

Y en Circus day nos gusta de chocolate. ¿Y a ti? ¿Cuál es tu sabor?

Helado de chocolate flash


Ingredientes
  • 100 g de aguacate maduro
  • 300 ml de leche 
  • 50 g de queso crema 
  • 80 g de azúcar o eritritol glass
  • 35 g de cacao puro sin azúcar
  • 40 g de chocolate troceado
  • 1 cdta. de café soluble
  • Una pizca de sal
Elaboración
  1. Calienta 100 ml de la leche con el azúcar y el café hasta que esté caliente (sin hervir) y disuelve ahí el chocolate troceado hasta fundir.
  2. Añade el cacao en polvo y la sal, mezclando bien.
  3. Vierte en el vaso de la batidora con el resto de la leche fría, el queso crema y el aguacate.
  4. Bate a máxima potencia hasta obtener una crema fluida pero sedosa.
  5. Rellena los Zipzicles fácilmente con un embudo y congela.


Helado flash de chocolate en zipzicles

Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day

Café dalgona

En lo alto de una montaña cubierta de niebla se alzaba una casita solitaria, con tejado de madera musgosa y ventanas siempre empañadas. No había caminos marcados para llegar hasta allí, salvo un sendero escondido entre pinos viejos y susurros del bosque. Los lugareños decían que en esa casa vivía un espíritu antiguo. Otros aseguraban que solo era un viejo ermitaño que servía café. Pero la verdad era otra.

Dentro de la casita había un pequeño café: tres mesas, una estufa de hierro y una repisa repleta de tazas desiguales. Detrás del mostrador, el dueño, un Gumiho de ojos grises y voz suave, preparaba café con una delicadeza que rozaba lo ritual. Aquel espíritu zorro de nueve colas había renunciado a devorar almas humanas hacía siglos. Ahora solo recolectaba historias a cambio de una taza de café.

Un día subió hasta la casita una chica de pelo oscuro. No parecía perdida ni asustada. Traía en brazos una marioneta de madera, tan gastada que apenas mantenía sus hilos unidos. Se sentó sin hablar, y el Gumiho le sirvió una taza.

—¿Qué historia traes? —preguntó él.

La chica señaló el pozo del fondo del jardín, visible desde la ventana. No era un pozo cualquiera: su brocal estaba tallado con símbolos antiguos, y un viento helado salía de su interior, incluso en verano.

—Mi madre tiró mi voz ahí —dijo la chica en lenguaje de signos.

El Gumiho la observó con cuidado. No era raro que las personas vinieran a él con dolores que no podían explicar. Pero lo de la chica era distinto.

—¿Y qué quieres que haga?

—Quiero que me enseñes a hacer café —respondió—. Dicen que el tuyo trae los recuerdos de vuelta.

Durante días, la chica aprendió. Aprendió a moler los granos con ritmo lento, a medir el agua como si fuera un conjuro y a esperar el momento exacto en que el aroma del café abría puertas invisibles. Una noche, bajo la luna llena, preparó sola su primera taza. La dejó sobre el brocal del pozo, junto a su marioneta. El vapor subió formando figuras que danzaban como recuerdos. Y entonces, desde el fondo, una voz —su voz— subió con el humo.

El Gumiho la observó sin intervenir. Solo sonrió, como lo hace quien guarda secretos y sabe que algunas heridas se curan con historias, otras con café y otras dejando ir una marioneta al fondo de un pozo.


Dalgona café coreano con café instantáneo con agua y azúcar

Dalgona café hecho con café soluble con azúcar y agua caliente


La palabra dalgona hace referencia a un caramelo tradicional coreano, elaborado a base de azúcar derretido y bicarbonato de sodio, que se popularizó en la década de 1960. En enero de 2020, el actor surcoreano Jung Il-woo visitó un restaurante en Macao para el programa de televisión Stars' Top Recipe, en el que le sirvieron un café batido a mano. Al probarlo, el actor comentó que la textura esponjosa y el sabor dulce y amargo le recordaban directamente a ese dulce de su infancia. A partir de esa emisión, el término «café dalgona» quedó bautizado de manera oficial en la cultura popular.

El despegue definitivo de la bebida ocurrió durante los meses de confinamiento por la pandemia de 2020. La receta compartida por creadores de contenido en plataformas como YouTube y TikTok se transformó en un reto viral para millones de personas atrapadas en sus hogares. Debido a que solo requería tres ingredientes básicos accesibles en cualquier despensa (café instantáneo, azúcar y agua caliente) y demandaba un esfuerzo físico notable al batirse de forma manual, se convirtió en el pasatiempo culinario perfecto para la cuarentena. La llamativa separación visual entre la densa espuma color toffee y la leche fría inferior consolidó su éxito en redes sociales.

Aunque Corea del Sur reclamó el nombre comercial moderno, la práctica de emulsionar café instantáneo con azúcar es un método antiguo presente en diversas regiones de Asia meridional, donde se conoce comúnmente como phenti hui o café batido de la India. Asimismo, guarda una estrecha relación técnica con el clásico café frappé desarrollado en Grecia durante la década de 1950 por la compañía Nescafé, demostrando que la famosa espuma de la cuarentena era en realidad la reinvención de una fórmula global ya existente.

Un gumiho es una criatura mítica coreana: un zorro de nueve colas que ha vivido miles de años y que puede transformarse, generalmente en una hermosa mujer, para seducir y devorar el corazón o el hígado de los hombres. Aunque a veces busca convertirse en humano de forma permanente, esta dualidad lo transforma en un personaje fascinante y complejo del folclore y la cultura coreana.

No sé mucho sobre Corea del Sur ni tampoco sobre sus leyendas, pero lo que sí sé de ellos es que les gusta mucho el café y, cómo no podía ser de otra forma, este café que se hizo tan famoso en las redes sociales es cosa suya. ¿Lo has probado?

Actualizada al 2020.



Café dalgona 

Ingredientes
  • 2 cdas. de café soluble
  • 2 cdas. de azúcar
  • 2 cdas. de agua caliente
  • Leche o bebida vegetal
  • Hielo (opcional)
Elaboración
  1. En un recipiente, vierte el café soluble con el azúcar y el agua caliente (es muy importante que el café sea soluble y el agua esté caliente o templada para conseguir el resultado deseado). 
  2. Bate esta mezcla con unas varillas eléctricas (con las eléctricas conseguirás la espuma de café más rápido). 
  3. En un vaso, llena 3/4 partes de leche o bebida vegetal. 
  4. Si te gusta con hielo este es el momento de añadirlo. 
  5. Por último, con una cuchara, coloca la espuma de café dalgona cuidadosamente sobre la leche y listo para saborearlo. 


café Dalgona de invención coreana con café soluble

café Dalgona coreano con café instantáneo


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Rosquillas de licor de hierbas

El pueblo ya olía a festivo: a leña húmeda, a sobrasada caliente y a discusiones familiares sobre si el xot estaba demasiado seco. En la plaza, la cofradía Déu Meu, Que Mos Fas Falta llevaba tres días sin el Cristo porque «lo estaban restaurando», que en mallorquín significa que alguien lo había llevado a casa para que no pasara frío.


La noche de la Segona Festa, mientras todos estaban llenos de rezos y caminatas, ocurrió lo impensable: apareció un dimoni. No uno cualquiera: este llevaba una caperutxa torcida, espardenyes y una copa de herbes en la mano.

No venc a fer mal —dijo—. Només venc per berenar.

Y antes de que nadie pudiera decir «¡cagondena!», el dimoni se sentó en la mesa familiar y se zampó una empanada, tres rosquillas y un rubiol, «solo por no hacer un feo».

María, que ya lo había visto todo en esta vida, reaccionó con calma:

Dimoni o no, si bebes herbes, luego no me enciendas el fogueró —le dijo.

El dimoni asintió, eructó suavemente y desapareció en una nube con olor a anís y azúcar, dejando detrás una nota: «Què en som jo de la mort d'en Berga?».

Desde entonces, en el pueblo nadie se sorprende si faltan rosquillas o lo que sea en la mesa. Dicen que no es gula: es tradición.


«Què en som jo de la mort d'en Berga?»: expresión popular mallorquina que se utiliza para manifestar que uno no tiene la culpa, responsabilidad o intervención en un asunto, especialmente cuando se busca un culpable.


Rosquillas de licor de hierbas de Mallorca

Rosquillas de licor de Mallorca


Anualmente, en casa, hacemos licor de hierbas, yo no, en realidad le gusta hacerlas a Tomás. Así que como puedes imaginar tenemos cosecha anual que, a veces, regalamos y muy poquísimas veces consumimos, yo no, Tomás, yo me dedico a hacer elaboraciones con ellas, como estas rosquillas.

El licor de hierbas mallorquinas nació en los monasterios de Mallorca durante la Edad Media, cuando los monjes combinaban conocimientos de destilación de origen árabe con las propiedades medicinales de la vegetación local. Estos religiosos maceraban plantas aromáticas en alcohol para crear remedios caseros contra dolencias digestivas y otras enfermedades de la época.

Con el paso de los siglos, la receta traspasó las paredes de los conventos y llegó a las casas particulares del entorno rural de la isla. Los payeses mallorquines convirtieron la elaboración del licor en un ritual anual vinculado a la época de la cosecha, utilizando el excedente de alcohol de las destilaciones de vino y recolectando las plantas silvestres más comunes de sus campos. Cada familia perfeccionó su propia receta secreta, transmitida oralmente de generación en generación, lo que generó una gran variedad de matices en toda la geografía insular.

A finales del siglo XIX comenzó la producción artesanal a mayor escala con la apertura de las primeras destilerías comerciales en pueblos como Esporles, Santa Maria del Camí o Llucmajor. Estas empresas familiares estandarizaron las tres variedades tradicionales que se consumen hoy en día: dulces, secas y mezcladas. El licor se consolidó rápidamente como la bebida de hospitalidad por excelencia en los hogares mallorquines, sirviéndose siempre al final de las comidas familiares.

El gran impulso internacional del licor de hierbas llegó a mediados del siglo XX con el auge del turismo masivo en las islas Baleares. Los visitantes extranjeros descubrieron este brebaje local y comenzaron a demandarlo en sus países de origen, transformando un remedio medicinal tradicional en un souvenir gastronómico muy popular. Para proteger su autenticidad frente a posibles imitaciones, la Unión Europea y el Gobierno de las Islas Baleares crearon la indicación geográfica protegida Hierbas de Mallorca en el año 2002.

La historia de las rosquillas es un viaje milenario que transforma una simple masa frita en uno de los dulces más tradicionales de la gastronomía hispana, con raíces que se hunden en el Imperio romano y la influencia árabe medieval. Su antepasado directo se encuentra en los pasteles fritos romanos, pero fue el pueblo árabe el que, durante su asentamiento en la península ibérica en el siglo X, introdujo las masas a base de trigo fritas y bañadas en miel. Aquellos primeros dulces, similares a buñuelos, evolucionaron cuando los panaderos se percataron de que la masa no se cocinaba de forma uniforme en el centro; la solución fue retirar esa parte central, dando origen a su icónica forma de anillo.

Con el paso de los siglos, la receta incorporó ingredientes locales como el anís y se vinculó profundamente a las festividades religiosas y populares, teniendo su máxima expresión en la capital española durante la Edad Media y la Ilustración. Durante el siglo XVIII, el paladar goloso de la corte de los Borbones impulsó variantes refinadas, pero fue en el siglo XIX cuando el dulce se convirtió en un fenómeno de masas gracias a la pradera de San Isidro en Madrid. La leyenda popular otorga este éxito a la tía Javiera, una mítica pastelera que vendía sus rosquillas caseras en la romería del santo y cuya fama generó decenas de imitadores que aseguraban ser sus familiares para vender más.

Esta evolución popular dio lugar a una clasificación que hoy forma parte de la cultura gastronómica: las tontas, que mantienen la masa original sin glaseado; las listas, bañadas con un almíbar de azúcar, limón y huevo; las francesas, creadas por el cocinero de la reina Bárbara de Braganza con un toque de almendra picada; y las de Santa Clara, cubiertas con un vistoso merengue blanco seco. Lo que comenzó como un ingenioso truco de cocción para evitar que el centro quedara crudo terminó convertido en un emblema repostero que ha sobrevivido al paso de los siglos.

Y aquí he creado las mallorquinas, con licor de hierbas casero.

Rosquillas de licor de hierbas mallorquinas



Ingredientes
  • 3 huevos 
  • 150 g de azúcar
  • 100 ml de aceite
  • 50 ml de licor de hierbas mallorquinas
  • Ralladura de limón
  • 500 g de harina
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • 1 pellizco de sal
  • Aceite para freír
  • Azúcar para rebozar

La masa:
  1. Bate el azúcar con los huevos. 
  2. Añade el aceite, el licor de hierbas, la ralladura de limón, la sal y la harina tamizada con la levadura. Amasa bien hasta que quede una masa pegajosa pero manejable. 
  3. Forma una bola con la masa y envuélvela en film transparente. 
  4. Deja que repose en la nevera un par de horas, para que sea más fácil manipularla.

Formar las rosquillas:
  1. Unta la encimera y tus manos con aceite y forma bolitas con la masa, del tamaño que quieras y haz un agujero en el centro de la bola.
Freír:
  1. Calienta aceite en una sartén y fríe las rosquillas, con cuidado de que no se quemen ni queden crudas por dentro. Para ello, pon el aceite a fuego medio, sin que llegue a humear, si el fuego es fuerte las rosquillas se harán demasiado por fuera y quedarán crudas por dentro.
  2. Cuando estén doradas por ambos lados, sácalas de la sartén y ponlas sobre papel de cocina absorbente para eliminar el exceso de aceite. 
  3. Sin esperar demasiado, antes de que se enfríen, rebózalas en azúcar.

alt="Rosquillas mallorquinas de licor de hierbas rebozadas de azúcar"

Preguntas frecuentes

¿Se puede sustituir el licor de hierbas por otro licor?

Sí. El anís dulce es la sustitución más natural y la más cercana al sabor original. También puedes usar licor de menta o de naranja para una versión diferente. Si no quieres alcohol, sustituye el licor por zumo de naranja en la misma cantidad y añade una pizca de anís en grano molido.

¿Por qué hay que reposar la masa en la nevera?

El reposo en frío endurece la masa y facilita mucho el formado de las rosquillas. Sin ese reposo la masa queda demasiado pegajosa para trabajarla con las manos. Con dos horas en la nevera se manipula perfectamente y las rosquillas mantienen la forma al freírse.

¿Cuánto aguantan las rosquillas?

En un recipiente hermético a temperatura ambiente aguantan perfectamente 3-4 días sin perder su textura. No las guardes en la nevera — el frío las endurece y pierden el crujiente exterior. Si quieres conservarlas más tiempo, congélalas antes de rebozar en azúcar y rebózalas al descongelarlas.

Rosquillas mallorquinas de licor de hierbas rebozadas en azúcar


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Greixonera de brossat

Cuando los primeros ingleses llegaron al pueblo, los mallorquines los miraban con recelo. No por maldad, sino porque desayunaban té caliente en pleno agosto y se empeñaban en sentarse al sol hasta ponerse rojos cangrejo.

El señor Wilkins, expatriado reciente y poeta en excedencia, decidió integrarse. Lo anunció solemnemente en la plaza, frente al colmado de Can Biel, donde tres hombres jugaban al dominó desde 1960 sin que nadie recordara quién había ganado la última partida. Wilkins aseguró que amaba Mallorca “por su silencio ancestral”. Los mallorquines asintieron sin corregirle: el silencio era simplemente la hora de la siesta. Wilkins, con su entusiasmo de poeta, quiso profundizar:

— Es una paz casi mística, ¿no cree? ¿En qué piensan ustedes cuando callan durante horas?

Los tres hombres se miraron. Biel, el dueño del colmado, se rascó la oreja y dejó escapar un suspiro cansado.

— En si el viento vendrá de Tramuntana o de Llevant, señor Wilkins. Porque uno trae frío y el otro trae moscas. Para lo místico ya tenemos al señor cura, que para eso cobra.

Hubo un silencio denso, de esos que pesan. La integración empezó mal. Wilkins intentó convencer a su casera, na Margalida, de que la "greixonera" era demasiado “emocional” para el desayuno. Ella le respondió que podía ponerle encima la mermelada inglesa que a él le gustaba tanto si quería para que "lo emocional" fuera más de su tierra y beber junto con ese té inglés. Fin de la controversia. Wilkins comprendió que la diplomacia inglesa no tenía nada que hacer.

En el pueblo, la familia lo era todo. Todo se sabía antes de que ocurriera y, si no ocurría, se inventaba. La Guardia Civil —dos hombres con tricornios— lo observaban todo con calma. No hacían preguntas: ya conocían las respuestas. Cuando Wilkins preguntó qué hacían exactamente, le explicaron que mantenían el orden natural de las cosas, lo cual incluía que los ingleses no cambiaran su mundo y que el mundo no cambiara demasiado deprisa. Eran otros tiempos.

Un día llegó Ava Gardner.

No llegó: apareció. Ava se sentó en la terraza del bar, pidió algo que nadie entendió —posiblemente un Martini seco con una aceituna— y sonrió como si el pueblo entero fuera un decorado. Los hombres dejaron de jugar al dominó. Las mujeres fingieron no mirar. Wilkins, que la conocía de otras ocasiones, se acercó a saludarla. Ava dijo que adoraba la isla, pero que temía que algún día la llenaran de hoteles “como cajas de zapatos para extranjeros”.

Pasaron los años. Llegaron más turistas, menos silencio y demasiada gente. El señor Wilkins envejeció escribiendo poemas que nadie leía y defendiendo una Mallorca que ya solo existía en sus recuerdos y en las discusiones del bar. Na Margalida siguió sirviendo "greixonera". Y el pueblo, paciente, aprendió a sonreír a los visitantes mientras no estorbasen. Porque en Mallorca, incluso el cambio llega despacio.
Y siempre, siempre, tiene la cortesía de llegar tarde al té.

Inspirado en "Breus històries mallorquines" de Robert Graves




La "greixonera de brossat" es uno de los postres más tradicionales y queridos de Mallorca. Una tarta de requesón melosa que toma su nombre de la cazuela de barro (greixonera) en la que se hornea. Es un postre de aprovechamiento con una textura suave y un sabor característico a requesón, limón y canela. 
La "greixonera" mallorquina originalmente no llevaba restos de ensaimada, fue en tiempos modernos que se le añade, queda como un pudín, y va a gusto del consumidor. 
Es un postre sencillo y fácil de nuestra cocina, no se habla mucho de él en los libros antiguos pero sí que es muy común en la cocina repostera de los mallorquines. Entiendo, que ahora, es más famoso la cheesecake o tarta de queso, pero este postre no deja indiferente.
El requesón es un ingrediente muy presente en la Pascua mallorquina, los "robiols" suelen, además de confitura o cabello de ángel, ir rellenos de requesón. No hace falta decir que si no tienes una cazuela de barro puedes hacerlo en otra, sea de cerámica o cristal. Y acompañarlo, si te apetece, con mermelada y ¿por qué no? un té.


· GREIXONERA DE BROSSAT ·

Ingredientes 
  • 400 gramos de requesón
  • 75 gramos de azúcar
  • 80 gramos de leche
  • 1 huevo entero
  • 2 yemas de huevo
  • Una cucharadita de piel de limón rallado
  • Una pizca de canela
  • Mantequilla o manteca para untar el molde
  • Cazuela de barro (greixonera) de 18 cm. diámetro. Altura 4/5 cm.

Elaboración
  1. Unta una cazuela de barro con un poco de mantequilla o manteca. Enciende el horno a 180º C.
  2. Pon todos los ingredientes dentro de un bol y mezcla con la batidora eléctrica hasta conseguir una mezcla homogénea. Vierte la mezcla dentro de la cazuela de barro (si quieres añadir trocitos de ensaimada, este es el momento) y hornea.
  3. Se cuece en unos 45 minutos. Si ves que la superficie coge mucho color, tapa con papel de aluminio.
  4. Puedes comprobar si está cocida pinchando con un palillo y que salga seco. Deja enfriar y guarda en el frigorífico. 


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Felices fiestas

Celebrando un año más, deseándote lo mejor y que se cumplan tus deseos, que se repitan los abrazos y que haya de nuevos, que los besos viajen de aquí para allá, cerca y lejos, come y bebe, guarda los recuerdos bonitos y los que no lo son, que viajen al olvido. 

Celebra lo bueno y la salud, dile al vecino, si está solo que se apunte a la fiesta, si la abuela sigue con el ceño fruncido, deshazlo, como la calceta, y dale un beso por Navidad. Que no sabes si la pareja ha entendido tu carta de Navidad, da lo mismo, seguro que te sorprende y el próximo año ¡hazle un vídeo!. 

No importa si es Santa, los Reyes o quien sea ha envuelto tu regalo, lo importante aún cuando crecemos es mantenernos ilusionados, ese ratito, ese poquito, ese pasito y así cuando lo abramos sentir todo el amor que han puesto en él. 

Bones Festes




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Panades

En todos los pueblos existe una casa grande, señorial, con una familia poderosa y miembros, a veces inhumanos, bellos y ricos. Donde yo vivía también. La familia Acosta tenía un viñedo, contrataba a los pueblerinos para encargarse de él y lo vendía a un alto precio en la ciudad. La señora Acosta manejaba con mano férrea toda la empresa y también a la familia. Dicen que su marido murió en extrañas circunstancia una madrugada que salió a cazar, iba solo con sus perros y a caballo, y nunca se supo que pasó, ni quién fue. Desde entonces una nube negra vive sobre el casoplón de los Acosta.

Y allí vive Sara, es la hija pequeña de la familia, algo cursi, totalmente enamorada de Keanu Reeves desde que lo vio en Matrix y es, además, malhablada, ingeniosa y sincera, cosa que a su madre no le gusta para nada y está segurísima que no conseguirá casarla con ningún terrateniente del lugar, así que la tiene trabajando en la cocina para que aprenda el oficio o a controlar su mala lengua.

La cocina la dirige Martina, señora de poco hablar y mandar mucho, pero a Sara le cae bien. Señora Martina, ¿le parece que hagamos empanadas estas fiestas?__le pregunta Sara. Hmmm! no sé Sara, ya sabes que a tu madre no le gustan__dijo la cocinera. A mi madre no le gustan, a mi madre no le gustan__se burló Sara__pero si se las come de dos en dos__dijo Sara sarcástica, y todos en la cocina se reían excepto Martina. Ssshit! que no te oiga tu madre o se va a liar, niña!__decía Martina callando a todos de golpe mientras Sara sonreía de oreja a oreja.




De pequeña nuestra Pascua familiar significaba hacer empanadas (panades), de carne y pescado, robiols y crespellines. Las mujeres de la familia nos reunimos para elaborarlas y llevamos a cocer a uno de los hornos del pueblo. Ponemos las empanadas encima de estos moldes antiguos, con un cartoncito con el nombre familiar y allá que se van. Es un ritual que seguro un día echaré de menos, mi abuela, mi madre, mis hermanas, ese día era el día de las mujeres de la familia y guardó el recuerdo como un tesoro.

Mi hijo disfrutando de las vacaciones de Pascua decidió que también quería hacer empanadas. Hace unos años hizo un taller y se lo pasó tan bien que ahora él quiere experimentar, pero con un relleno totalmente diferente al clásico, así que yo hice las clásicas de pescado y él las hizo de lo que más le gusta ¿imaginas de qué?.

· PANADES ·

Ingredientes Masa
  • 125 ml. manteca {fundida}
  • 250 ml. aceite de oliva
  • 250 ml. agua
  • Harina {la que admita}
Elaboración
  1. En un cuenco grande vierte la manteca, el aceite y el agua. 
  2. Echa la harina poco a poco y amasa al mismo tiempo hasta que la masa no se pegue a las manos. 

· RELLENOS ·
1.- Salchichas con patatas (este relleno lo eligió mi hijo, no es tradicional)

  • 6 salchichas de pollo cortadas a trocitos de unos 4 cm.
  • 2 patatas medianas cortadas a cubos pequeños
  • 100 gramos de guisantes
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra
Mezcla todos los ingredientes, salpimienta y aliña con un poco de aceite.


2.- Mussola(Éste sí es un relleno tradicional)

  • 500 gramos de mussola (cazón), limpia sin piel ni espina, cortada a trozos pequeños
  • 150 gramos de acelgas sin tronco, cortada a trozos pequeños
  • 150 gramos de cebolla tierna, cortada a trozos pequeños
  • 100 gramos guisantes
  • Sal y pimienta
  • Pimentón
  • Aceite de oliva virgen extra
Mezcla todos los ingredientes, salpimienta, sazona con pimentón y aliña con un poco de aceite.

Elaboración
  1. Precalienta el horno a 200 º C
  2. Haz bolas con la masa y dale forma a la base (como si fuera el culo de un vaso). 
  3. No hagas la base ni muy fina, se rompería fácil, ni muy gruesa, sería muy pastosa después de cocida.
  4. Una vez que tienes la base pon el relleno que has preparado con anterioridad. 
  5. Con un poco más de masa en forma de tapa cierra las bases rellenas y haz el repulgue.
  6. Hornea durante 45 minutos o hasta que la masa esté dorada.



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Gofres de tortilla

El cocinero Robledo era un hombre metódico, amante del orden y de las recetas exactas. Su ayudante, Lolo, en cambio, era curioso y hacía demasiadas preguntas para alguien con un cuchillo en la mano.

—Huevos por un lado, patatas por otro —ordenó Robledo

Mientras el cocinero freía las patatas, Lolo decidió “optimizar el tiempo” y empezó a batir los huevos con entusiasmo exagerado. Tanto, que cuando Robledo se dio la vuelta, Lolo ya había vertido los huevos sobre las patatas cocinadas.

—¡¿Qué has hecho?! —gritó el cocinero.

—Unir ingredientes, jefe. Así avanzamos más rápido —contestó mientras lo echaba todo a una sartén.

Robledo, horrorizado, observó la mezcla cuajarse lentamente. Decidió no tocar nada, solo para poder decir luego “te lo advertí”. Cuando estuvo lista, la cortaron con desconfianza… y la probaron.

Silencio.

—Lolo —dijo finalmente Robledo—, esto está sorprendentemente bien.

—Entonces… ¿lo anotamos en el recetario?

Robledo suspiró, tomó la pluma y escribió: “Tortilla: huevos y patatas juntos.”




La patata y/o el boniato tiene que estar cocinada previamente, yo tengo 2 opciones, una es comprar la patata en bote que ya viene cocinada o cocinarla en el microondas, después todo el proceso es fácil o yo creo que es fácil, bueno, también tener una gofrera, aunque si no la tienes prueba con la sandwichera o sartén. Imaginación, también, estos son sencillos, llevan cebolla deshidratada, pero puedes añadirle la cebolla que más te guste, cocinada, cruda, sin cebolla y/o con otras verduras, queso, embutidos, etc.  

· GOFRES DE TORTILLA ·

Ingredientes para 1 unidad
  • 1 patata o boniato
  • 1 cucharada de cebolla "crujiente"
  • Sal
  • 1 cucharadita de aceite de oliva virgen extra
  • 1 huevo grande
Elaboración
Calienta la gofrera. 
Chafa la patata o boniato bien chafado, añádele la cebolla, sal y aceite.
Mezcla con el huevo. 
Pon la mezcla en la gofrera y cocina hasta que esté hecha. 
Sirve de acompañamiento de alguno de tus platos, o para hacer un pincho o así tal cual. 


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Cinnamon rolls muffins

Nils, era un niño muy travieso, decidió atrapar al gnomo con una red de mariposas. Logró capturarlo, pero su victoria duró poco y nada.

—¡Suéltame, niño insolente! —chilló el gnomo desde la red—. ¡O te arrepentirás!

Nils, lejos de asustarse, empezó a balancear la red como si fuera un juguete. Pero, de repente, sintió una bofetada invisible tan fuerte que lo mandó directo al suelo. El mundo empezó a crecer, los rolls que había hecho su madre se convirtieron en una gran montaña... o eso creía él.

Nils se miró en un fragmento de espejo que había caído al suelo. No medía más de un palmo. Tenía la cara de siempre, pero el cuerpo de un muñeco.

—¡Gnomo! ¡Señor Gnomo! —gritó con una vocecita que sonaba como un pito de juguete—. ¡Era una broma! ¡Vuelva a ponerme como antes!

Pero el gnomo se había esfumado. Nils corrió hacia el patio buscando ayuda, solo para descubrir que las gallinas, a las que ayer había perseguido con un palo, ahora lo rodeaban formando un círculo y picoteando el suelo.

Fue en ese momento de pánico cuando escuchó el aleteo de los gansos salvajes y vio a Martin, el ganso blanco de la granja, estirando el cuello hacia el cielo.



Los primeros rollos de canela comenzaron a hornearse en Suecia y Dinamarca, derivando de tradiciones reposteras escandinavas del siglo XIX. En Suecia, el kanelbulle es parte de su identidad cultural. Se celebra su día nacional el 4 de octubre. A diferencia de la versión americana, la receta sueca suele incluir cardamomo en la masa, no lleva glaseado cremoso, y se adorna con azúcar perlado. Inmigrantes alemanes y suecos llevaron la tradición a Estados Unidos a finales del siglo XIX. 
En América, el rollo evolucionó, volviéndose más grande, más dulce y con el característico glaseado de queso crema o glaseado de azúcar.
En 1959, la empresa Pillsbury introdujo los rollos de canela envasados en tubos refrigerados, facilitando su consumo en los hogares. Posteriormente, la cadena Cinnabon, fundada en 1985, estandarizó la versión moderna y mundialmente reconocida. El "Cinnamon Roll" además de ser un dulce, en inglés se usa para describir a una persona tierna o de buen corazón.

Y a mi me encantan los rolls de canela, pero no tengo tiempo de hacerlos, el tiempo del levado se me hace largo, así que para quitarme las ganas de comerlos en casa hago unos muffins de canela, es lo más que se le parecen, verdad, verdadera. Los dibujos de las cápsulas de los muffins los pinté yo 

· CINNAMON "ROLLS" MUFFINS ·

Ingredientes
  • 300 gramos de harina
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 100 gramos de azúcar
  • 3 cucharadas de mantequilla derretida y enfriada
  • 1 huevo
  • 250 mililitros de leche
Cobertura y relleno
  • 200 gramos de azúcar moreno o panela
  • 3 cucharaditas de canela molida
  • 3 cucharaditas de mantequilla derretida
Glaseado
  • 60 gramos de queso en crema ablandado
  • 120 gramos de azúcar en polvo
  • 1 cucharada de leche
  • Pizca de vainilla
Elaboración
  1. Precalienta el horno a 200 ºC
  2. Prepara el molde para los muffins.
  3. En un cuenco grande tamiza los ingredientes secos. 
  4. En un cuenco aparte mezcla los ingredientes húmedos. 
  5. Haz un hueco en medio de los ingredientes secos y vierte los húmedos hasta que se mezclen bien.
  6. Mezcla todos los ingredientes de la cobertura y relleno.
  7. Incorpora la mitad de la mezcla de cobertura y relleno a la masa de muffins.
  8. Vierte la masa de muffins en cada molde. 
  9. Cúbrelos con el resto de cobertura y relleno.
  10. Hornea durante 12/15 minutos (o hasta que los muffins recuperen su forma original al presionarlos ligeramente).
  11. Retira del horno y deja enfriar. 
  12. Transfiere a una rejilla.
  13. Bate todos los ingredientes del glaseado y vierte sobre los muffins.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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