La cuestión es que la del segundo es el centro de operaciones: te pone al corriente de todo y de todos. A la del quinto le gusta absolutamente todo de todo el mundo, da igual el qué, el cómo o el cuándo. La del primero no está nunca, por lo que es, como no podía ser de otra manera, la más despellejada. La del ático nos informa al minuto de los chollos del supermercado, de la mercería e incluso de la joyería de la plaza Mayor. ¿Y los nuevos? Una pareja de malayos que no nos entiende —ni creo que tenga el menor interés en hacerlo—. Las del patio los han dejado «en espera», a ver si se los acepta en la comunidad o no.
Como ha llegado el buen tiempo, han decidido organizar una fiesta con todo el vecindario y han repartido una notita muy mona por los buzones. Ahora andan haciendo cábalas: quién vendrá seguro, quién es duda y, por supuesto, quién no aparecerá ni harto de vino. En ese saco ya han metido a la del primero. A los malayos los han dejado en interrogante: no es seguro que hayan descifrado el mensaje, pero lo mismo, por el dibujito, han pillado algo… y capaces son de plantarse allí con un bizcocho para que los admitan, por fin, en el grupo.
La del quinto va, seguro. La del segundo, también —que tiene que sacar fotos y tomar nota de todo para el parte posterior, no vaya a ser que se le escape un detalle—. La del ático anda regateando con el del súper a ver si nos hace precio especial por las bebidas, porque, ¡oiga!, somos una barbaridad, aprieta el calor y vamos a beber de lo lindo. Así que… hazme una rebajita, guapi.
El kek sarang semut, conocido también en Malasia como kek gula hangus, es uno de los bizcochos tradicionales más sorprendentes del sudeste asiático. Su nombre en malayo se traduce literalmente como «tarta de nido de hormigas», un apelativo muy gráfico que alude a su curiosa e intrincada estructura interior. Guarda parentesco con una «prima hermana» vietnamita, el bánh bò, aunque se distinguen con claridad en el paladar: mientras la versión malaya despliega notas de caramelo tostado, la vietnamita destaca por el perfume a coco.
En los países anglosajones se comercializa bajo el nombre de honeycomb cake («pastel de panal de abeja»). Para el público occidental, asociar un dulce a la miel resulta mucho más apetecible que evocar insectos correteando, pese a que la disposición de los alvéolos encaja con ambas figuras. En la tradición malaya, la comparación con un hormiguero describe a la perfección esos laberínticos túneles verticales que horadan la miga.
La gran peculiaridad de este dulce no reside en su presentación externa —más bien sobria y de un tono tostado oscuro—, sino en esa textura única: esponjosa, elástica y perforada de arriba abajo. Al morderlo, regala esa sensación ligeramente gomosa y masticable tan apreciada en la repostería asiática, alejada del desmigado quebradizo del bizcocho tradicional de nuestras meriendas. Su sabor es puro confort, con recuerdos intensos a toffee y azúcar quemado que dejan un regusto amargo muy equilibrado.
En los hogares malayos es una receta imprescindible, habitual tanto para romper el ayuno durante el Ramadán como para acompañar una taza humeante de café o té por la tarde.
Es un pastel delicioso, jugoso y fascinante: una vez que empieces a pellizcarlo, no podrás parar. Y si tienes fiesta vecinal a la vista, anímate a prepararlo y llévalo; te aseguro que te lloverán los corazones.
Actualizado 2026.
Tarta nido de abeja - Bizcocho malayo sabor caramelo tostado
- 100 g de mantequilla sin sal
- 180 g de leche condensada
- 240 ml agua
- 150 g de panela
- 4 huevos
- 130 g de harina
- 10 g de bicarbonato de sodio
- Molde de 20 cm. redondo o 18x18 cm. cuadrado
- Añade la mantequilla, leche condensada, agua y panela en una cazo.
- Pon el cazo a fuego alto y sin dejar de remover hasta que la mantequilla se haya derretido y la panela se haya disuelto.
- Quita el cazo del fuego y deja enfriar.
- No cocines la mezcla durante mucho tiempo, el líquido no debe evaporarse, lo que puede afectar la textura de la tarta.
- Bate los huevos en un bol.
- Añade 1/3 de la mezcla anterior en los huevos batidos.
- Tamiza la harina en el bol, bate bien hasta incorporar toda la harina y que no queden grumos.
- Vierte lentamente el resto de la mezcla mientras bates simultáneamente la masa.
- Bate hasta que todos los ingredientes estén bien incorporados.
- Deja la masa en reposo durante 15 minutos.
- Prepara el molde con papel de hornear.
- Después de 15 minutos de reposo, tamiza el bicarbonato de sodio en la masa y mezcla bien.
- Vierte la mezcla por un tamiz y en el molde.
- Pon el molde en el cuarto estante del horno.
- Hornea 180 ºC durante 20 minutos.
- La tarta se volverá de un color marrón oscuro, reduce el calor a 160 ºC y hornea otros 20 o 25 minutos. Comprueba que al hacer la prueba del palillo sale limpio.
- Saca y enfría.
- La panela se puede sustituir por azúcar moreno.
- Se puede usar batidora pero a la velocidad más baja.
- A veces pasa que no se forman los agujeros del nido de abeja, y sale un pastel muy denso, puede ser debido a la temperatura del horno demasiado elevada o demasiado baja.
Si buscas bizcochos fuera de lo común, tienes el trifle cake o el kasutera.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se incorpora el bicarbonato de sodio justo al final y tras el reposo?
Es el secreto técnico para conseguir la famosa estructura interna de «nido de abeja» (sarang semut). Si el bicarbonato se mezclara al principio, comenzaría a reaccionar de inmediato con la acidez de la panela y la leche condensada, perdiendo fuelle antes de entrar al horno. Al tamizarlo tras los 15 minutos de reposo y hornear al instante, el desprendimiento súbito de dióxido de carbono viaja de abajo hacia arriba en vertical a través de la masa líquida, perforando los característicos túneles que dan nombre a este bizcocho.
¿Por qué se hornea en dos fases de temperatura diferentes (180 °C y 160 °C)?
El golpe térmico inicial a 180 °C es indispensable para activar el bicarbonato con fuerza y hacer subir la masa antes de que cuaje por completo. Sin embargo, al contener una proporción tan alta de azúcares no refinados (panela y leche condensada), la masa carameliza y se oscurece con suma rapidez; bajar la temperatura a 160 °C durante los últimos 20 o 25 minutos asegura que el interior termine de cocerse de manera uniforme sin que la corteza se queme o adquiera notas amargas.
¿Qué origen tiene este dulce y por qué se le conoce como pastel «nido de abeja»?
En el sudeste asiático —particularmente en Malasia e Indonesia— este pastel recibe nombres como kek sarang semut («nido de hormigas») o kek gula hangus («pastel de azúcar quemado»). Debe su fama visual a su corte transversal: a diferencia de un bizcocho esponjoso tradicional de miga cerrada, este presenta infinidad de cavidades tubulares elásticas similares a un panal, acompañadas de una textura sorprendentemente gelatinosa, tierna y con un profundo sabor a toffee tostado.





























