—¿Has visto a tu nieto? —preguntó Lea.
—Sí. Ha terminado la carrera de medicina.
—¡Magnífico! ¿Y ya trabaja?
—Todavía no. Ahora está buscando quién le enseñe lo que no aprendió en la universidad.
Lea asintió.
—Eso se llama experiencia. La parte cara de la educación.
Permanecieron un momento en silencio.
Después Esther dijo:
—¿Y tu hija?
—Muy bien. Se ha comprado una casa enorme.
—¿Grande?
—Enorme. Tiene habitaciones que no sabe para qué sirven.
—Entonces es una casa moderna.
—¿Por qué moderna?
—Porque antes las personas construían casas para vivir. Ahora construyen casas para preguntarse dónde dejaron las llaves.
Lea sonrió.
Llegó el autobús, pero estaba lleno y lo dejaron pasar.
—¿Por qué no has subido? —preguntó Esther.
—Porque iba demasiado lleno.
—¿Y qué harás ahora?
—Esperar al siguiente.
—¿Y si también va lleno?
Lea se encogió de hombros.
—Entonces esperaré otro.
—Eso puede durar todo el día.
—Exactamente. A mi edad, la paciencia ya no es una virtud; es una estrategia.
Pasó un joven corriendo, hablando por teléfono.
—No tengo tiempo...
Lea lo observó alejarse.
—Pobrecillo.
—¿Por qué?
—Porque cree que el tiempo es algo que se puede perder.
Esther pensó un instante.
—¿Y no lo es?
—No. Lo que se pierde son las gafas, las llaves o la paciencia.
Las dos rieron.
Llegó otro autobús.
Esta vez subió Esther.
Antes de entrar, miró a Lea.
—¿Nos vemos el jueves que viene?
Lea hizo un gesto de duda.
—Si Dios quiere.
Esther asintió.
—Y si no quiere, nos veremos el viernes. No conviene discutir con Él, pero tampoco darle demasiada ventaja.
La historia de los judíos en Mallorca comenzó en el siglo V y alcanzó su máximo esplendor bajo el reinado de Jaime I (siglo XIII), cuando el barrio judío de Palma (el call) se convirtió en un gran foco cultural y científico destacado por su famosa escuela de cartografía.
La repostería tradicional de la Semana Santa mallorquina conserva vínculos evidentes con el Pésaj o Pascua judía. Los populares crespells, unas galletas secas con formas geométricas y estrelladas, derivan de la tradición de elaborar el matzá o pan ácimo. Del mismo modo, los robiols —unas empanadillas dulces rellenas— guardan una estrecha relación formal y conceptual con las hamentashen sefardíes. Estos dulces permitieron a los conversos seguir horneando sus masas rituales bajo la fachada de las festividades cristianas del calendario oficial.
Durante los siglos XIX y XX, las olas migratorias hacia América y la posterior creación del Estado de Israel provocaron un fenómeno de fusión global. En ciudades como Nueva York, las panaderías judías popularizaron preparaciones tradicionales en todo el mundo, integrando el chocolate de forma masiva en el babka clásico y estandarizando los bizcochos de Europa oriental. Hoy en día, la repostería judía vive un renacimiento contemporáneo donde los sabores cítricos e impregnados de almíbar de los sefardíes se entrecruzan con las masas densas y horneadas de los asquenazíes, manteniendo viva una herencia milenaria que convierte cada ingrediente en un símbolo histórico y espiritual.
Bizcocho de miel y té negro
- 6 huevos (separadas claras y yemas)
- 100 g de azúcar
- 150 g de miel
- 180 ml de aceite de oliva suave
- 120 ml de té negro fuerte (templado o frío)
- 275 g de harina de trigo
- 1 cda. levadura en polvo
- 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio
- 1 pizca de sal
Elaboración
Precalienta el horno a 180 °C.
- Engrasa un molde de bundt cake usando mantequilla derretida o spray desmoldante, asegurándote de cubrir cada hendidura y el tubo central. Espolvorea con una capa fina de harina o cacao en polvo y sacude el exceso.
- En un bol grande, bate las yemas con la mitad del azúcar hasta que la mezcla blanquee y esté cremosa.
- Añade el aceite en un hilo constante sin dejar de batir hasta que quede emulsionado.
- Mezcla la miel con el té negro.
- Tamiza la harina, la levadura, el bicarbonato y la pizca de sal.
- Integra en las yemas los ingredientes secos y los líquidos (miel + té) alternándolos en dos o tres tandas, mezclando a velocidad baja o con espátula solo hasta integrar.
- En un bol limpio y seco, bate las claras hasta que comiencen a espumar.
- Añade el resto del azúcar poco a poco y bate a velocidad media-alta hasta obtener picos firmes pero flexibles.
- Añade un tercio de las claras montadas a la mezcla de yemas y remueve sin miedo para aligerar la masa.
- Incorpora el resto de las claras en dos tandas con una espátula, haciendo movimientos envolventes de abajo hacia arriba para conservar todo el aire posible.
- Vierte la masa en el molde preparado de forma uniforme. Da un par de golpecitos suaves sobre la encimera para eliminar burbujas grandes de aire.
- Hornea a 180 °C durante 45 minutos. Comprueba el punto pinchando el centro con un palillo o brocheta; debe salir limpio.
- Deja reposar el bundt cake dentro del molde sobre una rejilla durante 10 minutos exactos.
- Pasa una espátula fina o palillo por los bordes con cuidado, coloca la rejilla encima del molde y dale la vuelta para desmoldar.
- Deja enfriar por completo sobre la rejilla.
Preguntas frecuentes
¿Se nota el sabor del té negro en el bizcocho?
Apenas. El té negro integrado con los demás ingredientes aporta un fondo de sabor sutil y ligeramente amargo que complementa la miel sin protagonismo propio. Si no te gusta el té o no lo tienes, puedes sustituirlo por agua templada en la misma cantidad y el resultado sigue siendo excelente.
¿Se puede hacer este bizcocho sin molde bundt?
Sí, perfectamente. Un molde de bizcocho redondo de 23 cm o un molde rectangular funcionan igual de bien. El tiempo de horneado puede variar ligeramente — comprueba el punto con un palillo a partir de los 40 minutos.
¿Por qué este bizcocho es apto para la dieta kosher?
Porque no mezcla lácteos con carne. La receta usa aceite de oliva en lugar de mantequilla, lo que la convierte en una preparación parve — neutra según las leyes dietéticas judías — apta para servir al final de cualquier comida, con o sin carne.
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| El mismo bizcocho con otros moldes |














