Porque nunca respondía lo mismo.
—Voy a buscar algas.
Al día siguiente:
—Voy a contar olas.
Y el jueves:
—Voy a recoger suspiros.
Aquella última respuesta dejó al pueblo completamente intrigado.
—¿Los suspiros se recogen? —preguntó el panadero.
—Depende de quién suspire —contestó Mei con absoluta seriedad.
Mei caminó hasta una gran roca frente al mar, dejó el cubo a su lado, se sentó y cerró los ojos.
No hizo nada más.
Pasó una hora.
Luego otra.
Entonces apareció una mujer muy anciana a la que nadie recordaba haber visto antes.
Se sentó junto a Mei.
No hablaron del tiempo.
Ni del pescado.
Ni del precio del mercado.
Hablaron de las veces que habían sentido miedo.
De las decisiones que nunca se atrevieron a tomar.
De las palabras que guardaron durante tantos años que terminaron pesándoles más que las piedras del fondo del mar.
Cada historia terminaba con un largo suspiro.
Entonces Mei abría el cubo azul, hacía el gesto de atrapar algo con las manos y volvía a cerrarlo con mucho cuidado.
—¡Está guardando los suspiros! —susurró un vecino que la había estado observando.
Cuando la anciana se marchó, Mei regresó tranquilamente al pueblo.
Los curiosos salieron a recibirla.
—¡Enséñanos el cubo!
Mei levantó la tapa.
Estaba completamente vacío.
—¿Dónde están los suspiros? —preguntó uno.
—Ya hicieron su trabajo.
—¿Qué trabajo?
—Salir de donde llevaban demasiado tiempo encerrados.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Hasta que el panadero rompió el silencio.
—Pues yo llevo veinte años suspirando para que mi pan acompañe una buena hamburguesa y mi mujer la quiere con lechuga.
Mei lo miró con una sonrisa.
—Eso ya no es un suspiro.
—¿Entonces qué es?
—Envidia.
Tres ancianas soltaron una carcajada al mismo tiempo.
Desde aquel día, cuando alguien necesitaba desahogarse, caminaba hasta la gran roca.
No hacía falta llevar un cubo.
Eso sí, Mei nunca dejó de llevar el suyo.
—¿Y para qué lo llevas ahora? —le preguntaban.
Ella sonreía mientras contemplaba el horizonte.
Y desde entonces, cada vez que alguien suspiraba en Haerim, los demás sonreían. Porque sabían que aquel era el sonido que hacía un corazón cuando, por fin, empezaba a pesar un poco menos.
Casi como abrir una caja de sorpresas empezó este año (suspiro), y diría que seguirá así un tiempo más. Aunque ya hayamos pasado la mitad del mes y el tiempo avance sin que nadie lo dirija ni lo contemple, yo todavía me aferro a la sensación de que estamos a principios de año. No tengo propósitos ni grandes planes; simplemente quiero continuar con lo que hacía el año pasado.
Parece que desde la última entrada hubiera estado de vacaciones, pero nada más lejos de la realidad: estoy más sumergida que nunca en el mundo de la cocina. Y me gusta. Debo decir que cada vez que tengo clase me siento muy bien entre ollas, cuchillos y fogones. Al volver a la escuela, me he dado cuenta de que cocinar no es solo algo que me desestresa, sino que realmente me apasiona.
La historia de la hamburguesa envuelta en lechuga (conocida popularmente en inglés como lettuce wrap burger o, de forma más casera, «lechurguesa») se originó comercialmente en la década de 1970 en California (Estados Unidos), de la mano de la famosa cadena de comida rápida In-N-Out Burger. Aunque envolver alimentos en hojas verdes es una práctica ancestral en las gastronomías asiáticas, su aplicación al formato de la hamburguesa moderna nació como respuesta a necesidades dietéticas y de salud. Este «invento» consistía en reemplazar por completo el pan de bollo tradicional por crujientes y grandes hojas de lechuga iceberg para envolver la carne y los aderezos.
Más tarde, cadenas como Five Guys adoptaron esta tendencia de forma oficial, ofreciendo la alternativa en su menú bajo el nombre directo de lettuce wrap. A diferencia de otras franquicias tradicionales que preempaquetan el producto, esta marca introdujo la opción alineándose estrictamente con su conocida filosofía de personalización absoluta y frescura. Así, en esta cadena se puede cambiar el pan por lechuga, aligerando notablemente el menú.
Mi versión: con verduras, miso y huevo
De esta receta tengo que decir que la salsa de miso me sorprendió muchísimo, y usar miel fue todo un acierto. También me encantó la mezcla de verduras. La salsa de ostras le aporta un sabor excelente, aunque quiero probarla la próxima vez con salsa de pescado para ver cómo varía el matiz.
El toque del huevo fue un extra que resultó ser indispensable: cuando lo probé sin él, no me pareció lo mismo. Desde luego, comerlo todo entre hojas de lechuga es una manera tan deliciosa como cualquier otra de disfrutar de una hamburguesa. Así que, si queréis disfrutar de una comida completa y, a la vez, introducir nuevos sabores en vuestro registro, no dudes en probarla. Si prefieres la versión clásica que haces en casa, también es una muy buena opción. Haz esa versión que te haga suspirar.
Hamburguesa envuelta en lechuga
- 1/2 col china
- 4 zanahorias
- 1 manojo cebollino
- 2 dientes de ajo
- 2 cdas. de hojuelas de chile
- 2 cdas. de semillas de sésamo
- 2 cdas. de salsa de ostras
- 1 cda. de aceite de sésamo
- 2 cdas. de aceite
- 2 cdas. de pasta de miso
- 1 cdas. de zumo de lima
- 4 cdas. de mayonesa
- 1 cdtas. miel
- 500 g carne picada
- Sal y pimienta
- Aceite para la plancha
- 4 huevos
- Aceite para freír los huevos
- 8 hojas de lechuga Iceberg
- Para la salsa miso: Mezcla la pasta de miso con el zumo de lima, la mayonesa y la miel, remueve y reserva.
- Para las hamburguesas: Mezcla la carne con un poco de sal y pimienta, y forma las hamburguesas, con molde o con las manos. Reserva.
- Para la verdura: Corta en juliana la col china, y las zanahorias en bastoncillos. El cebollino, córtalo en 3 partes o por la mitad. Pica el ajo.
- En un wok con el aceite, saltea la verdura, que quede hecha pero crujiente, añade el chile, las semillas de sésamo, la salsa de ostras y el aceite de sésamo. Remueve todo para que se impregne bien toda la verdura.
- Mientras en un plancha caliente con un poco de aceite cocina las hamburguesas, otra opción es hacerlas al horno o a la parrilla.
- Y en una sartén caliente con aceite fríe los huevos, por separado.
- Finalmente, cuando todos los ingredientes están cocinados, pon superpuestas dos hojas de lechuga en 4 platos, reparte la verdura dentro de las hojas de lechuga, encima pon la hamburguesa y sobre ella el huevo.
- Sirve junto la salsa miso que tenías reservada.






















