El dulce más icónico de la isla, la
ensaimada, hunde sus raíces directamente en la
jalá, el pan trenzado y redondeado que los judíos consumen para celebrar el
Shabat y el año nuevo. Originalmente, esta masa festiva se elaboraba con aceite de oliva o grasa de ave, respetando las leyes del
kósher. Tras las conversiones forzosas, la comunidad tuvo que demostrar públicamente su supuesta fe católica añadiendo
«saïm» (manteca de cerdo) a la receta original.
La repostería tradicional de la Semana Santa mallorquina conserva vínculos evidentes con el
Pésaj o Pascua judía. Los populares
crespells, unas galletas secas con formas geométricas y estrelladas, derivan de la tradición de elaborar el
matzá o pan ácimo. Del mismo modo, los
robiols —unas empanadillas dulces rellenas— guardan una estrecha relación formal y conceptual con las
hamentashen sefardíes. Estos dulces permitieron a los conversos seguir horneando sus masas rituales bajo la fachada de las festividades cristianas del calendario oficial.
En sus inicios en el antiguo Mediterráneo, la dulcería judía compartía los ingredientes básicos de la región, destacando el trigo, el aceite de oliva, los frutos secos y la miel como endulzante principal. La evolución independiente de esta repostería estuvo fuertemente marcada por las leyes dietéticas judías, específicamente la prohibición de mezclar productos lácteos con carne en una misma comida. Esta regla impulsó el desarrollo de la pastelería
parve (neutra), elaborada tradicionalmente con aceite en lugar de mantequilla o manteca, lo que permitía consumir los postres al final de cualquier banquete sin violar los preceptos religiosos. Las festividades también moldearon las masas: la prohibición de consumir levadura durante el
Pésaj (la Pascua judía) dio origen a panes planos y bizcochos aireados a base de harina de matzá y huevo batido.
Durante los siglos XIX y XX, las olas migratorias hacia América y la posterior creación del Estado de Israel provocaron un fenómeno de fusión global. En ciudades como Nueva York, las panaderías judías popularizaron preparaciones tradicionales en todo el mundo, integrando el chocolate de forma masiva en el
babka clásico y estandarizando los bizcochos de Europa oriental. Hoy en día, la repostería judía vive un renacimiento contemporáneo donde los sabores cítricos e impregnados de almíbar de los sefardíes se entrecruzan con las masas densas y horneadas de los asquenazíes, manteniendo viva una herencia milenaria que convierte cada ingrediente en un símbolo histórico y espiritual.
Esta receta está adaptada de una cocinera judía australiana llamada Natanya Eskin, quien, junto con Lisa Goldberg, forma parte del blog
Monday Morning Cooking Club (entre otras), dedicado a recopilar recetas judías de todo el mundo, ella le pone un glaseado que yo no y usa un
Angel food cake en lugar del molde
bundt cake. Cierto que conocemos más a
Ottolenghi pero he ido más allá.
No sé mucho de cocina judía, pero no le digo que no a un bizcocho. ¿Y tú?
Bizcocho de miel y té negro
Ingredientes- 6 huevos (separadas claras y yemas)
- 100 g de azúcar
- 150 g de miel
- 180 ml de aceite de oliva suave
- 120 ml de té negro fuerte (templado o frío)
- 275 g de harina de trigo
- 1 cda. levadura en polvo
- 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio
- 1 pizca de sal
ElaboraciónPrecalienta el horno a 180 °C.
- Engrasa un molde de bundt cake usando mantequilla derretida o spray desmoldante, asegurándote de cubrir cada hendidura y el tubo central. Espolvorea con una capa fina de harina o cacao en polvo y sacude el exceso.
- En un bol grande, bate las yemas con la mitad del azúcar hasta que la mezcla blanquee y esté cremosa.
- Añade el aceite en un hilo constante sin dejar de batir hasta que quede emulsionado.
- Mezcla la miel con el té negro.
- Tamiza la harina, la levadura, el bicarbonato y la pizca de sal.
- Integra en las yemas los ingredientes secos y los líquidos (miel + té) alternándolos en dos o tres tandas, mezclando a velocidad baja o con espátula solo hasta integrar.
- En un bol limpio y seco, bate las claras hasta que comiencen a espumar.
- Añade el resto del azúcar poco a poco y bate a velocidad media-alta hasta obtener picos firmes pero flexibles.
- Añade un tercio de las claras montadas a la mezcla de yemas y remueve sin miedo para aligerar la masa.
- Incorpora el resto de las claras en dos tandas con una espátula, haciendo movimientos envolventes de abajo hacia arriba para conservar todo el aire posible.
- Vierte la masa en el molde preparado de forma uniforme. Da un par de golpecitos suaves sobre la encimera para eliminar burbujas grandes de aire.
- Hornea a 180 °C durante 45 minutos. Comprueba el punto pinchando el centro con un palillo o brocheta; debe salir limpio.
- Deja reposar el bundt cake dentro del molde sobre una rejilla durante 10 minutos exactos.
- Pasa una espátula fina o palillo por los bordes con cuidado, coloca la rejilla encima del molde y dale la vuelta para desmoldar.
- Deja enfriar por completo sobre la rejilla.

Preguntas frecuentes
¿Se nota el sabor del té negro en el bizcocho?
Apenas. El té negro integrado con los demás ingredientes
aporta un fondo de sabor sutil y ligeramente amargo que
complementa la miel sin protagonismo propio. Si no te gusta
el té o no lo tienes, puedes sustituirlo por agua templada
en la misma cantidad y el resultado sigue siendo excelente.
¿Se puede hacer este bizcocho sin molde bundt?
Sí, perfectamente. Un molde de bizcocho redondo de 23 cm
o un molde rectangular funcionan igual de bien. El tiempo
de horneado puede variar ligeramente — comprueba el punto
con un palillo a partir de los 40 minutos.
¿Por qué este bizcocho es apto para la dieta kosher?
Porque no mezcla lácteos con carne. La receta usa aceite
de oliva en lugar de mantequilla, lo que la convierte en
una preparación parve — neutra según las leyes dietéticas
judías — apta para servir al final de cualquier comida,
con o sin carne.
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| El mismo bizcocho con otros moldes |
Relato y fotografías @catypol - Circus day.