En el interior del Palacio Apostólico, el caos no era ruidoso, pero sí anormal. Siempre había demasiada tranquilidad dentro, incluso cuando se conspiraba.
El cardenal secretario entró casi corriendo en la sala de coordinación.
—¿Quién ha autorizado la fumata blanca?
Silencio. Un técnico levantó la mano lentamente.
—No era fumata… Era una prueba de presión del sistema de ventilación.
—¿Una prueba de qué?
—De ventilación. De rutina. Se suponía que salía humo «neutro».
El cardenal Rossi cerró los ojos.
—Nada que salga por esa chimenea es «neutro».
En la plaza, la expectación crecía. Dentro, el intento de control de daños, también.
—Bien —dijo el cardenal decano con voz cansada—. O aclaramos esto en cinco minutos o tendremos que explicar por qué hemos anunciado un papa que ya está tomando café en pijama en sus aposentos.
En ese instante, entró el papa en cuestión.
—¿Por qué hay gente gritando fuera?
El cardenal secretario suspiró.
—Por la fumata blanca.
El papa frunció el ceño.
—¿Perdón? ¿La qué?
El cardenal secretario tragó saliva.
—La fumata blanca… Santidad.
—Ah —dijo el papa, mirando hacia la ventana—. ¿Ya han elegido a alguien?
El cardenal Rossi dejó escapar una risa ahogada entre carraspeos.
—Ha sido un error técnico.
El papa asintió lentamente.
—Entonces… ¿la gente está celebrando un error técnico?
El papa suspiró.
—Perfecto. Salgo yo a aclararlo.
Y mientras se dirigía a la puerta, añadió sin detenerse:
—Que alguien apague el humo antes de que me elijan a mí sin consultarme.
El encargado del establecimiento, Paco Parellada, no dominaba el inglés ni la fonética de los clientes extranjeros. Al escuchar la petición de pêche Melba pronunciada con un fuerte acento estadounidense, Parellada entendió la palabra «pijama». Sin dudarlo, transmitió la comanda a la cocina utilizando ese curioso nombre.
La cocina del restaurante no disponía de los ingredientes exactos de la receta francesa original, por lo que improvisaron una interpretación propia con los productos locales que tenían a mano. Decidieron servir en un plato combinado una base de flan de huevo, melocotón en almíbar, piña, helado de vainilla y una generosa porción de nata montada coronada con una guinda. El resultado fue un postre sumamente contundente que fascinó a los comensales.
A partir de esa divertida confusión, el pijama se consolidó en la carta fija del establecimiento. Su popularidad se extendió de forma masiva por Cataluña, la Comunidad Valenciana y el resto de España, alcanzando su máximo apogeo durante los años setenta y ochenta. Se convirtió en el rey indiscutible de los menús de fin de semana, bautizos, bodas y cenas de Navidad en los restaurantes de barrio y casas de comidas de todo el país. Hoy en día está considerado el máximo exponente de la repostería clásica o «viejuna» española.
A lo largo del tiempo, cada cual lo ha personalizado añadiendo algún que otro ingrediente. Yo me he limitado a preparar la versión que conozco, la que nos servían en las bodas, ya que fue en esas celebraciones donde lo descubrí. Verano es tiempo de bodas y aunque ya no se sirven pijamas en Circus day lo recordamos.
Pijama postre español — la receta del postre de bodas de los 80
- Melocotón en almíbar
- Piña natural o en almíbar
- Guindas confitadas
- Nata montada
- Flan de huevo (receta abajo)
- Helado de vainilla (receta abajo)
- Para decorar (barquillos, galletas, virutas de colores o de chocolate...)
- Puedes comprar el flan de huevo y el helado que más te guste o hacer las recetas escritas abajo.
- Coloca en un plato de postre, el flan de huevo, el melocotón y piña, una o dos bolas de helado de vainilla y corónalo con nata montada y cerezas.
- Decóralo con virutas de colores o de chocolate, con barquillos o como la imaginación te diga.
Helado de vainilla sin heladera
- 300 ml de nata para montar (35% M.G.)
- 300 ml de leche entera
- 1 cdta. de pasta de vainilla
- 80 g de azúcar
- 4 yemas de huevos
- En un cazo calienta la leche, la vainilla, las yemas de huevo y el azúcar.
- Mientras se calienta, bate sin parar para disolver el azúcar y evitar que se cuaje el huevo.
- Calienta la mezcla sin que llegue a hervir en ningún momento.
- Cuando ves que aparecen burbujitas en la superficie retira del fuego y pasa la mezcla a un bol.
- Añade la nata y mezcla bien hasta incorporar.
- Vierte la crema del helado en un recipiente con tapa y guarda en el congelador.
- A partir de este momento, cada 30 o 45 minutos tienes que retirar el helado del congelador.
- Bate bien para romper los cristales de hielo que pudieran formarse y guárdalo de nuevo.
- Repite esta operación 3 o 4 veces.
- Para servir el helado, retíralo del congelador 10 minutos antes para que se ablande un poco y poder servirlo bien.
- 500 ml de leche entera
- 125 g de azúcar
- 3 huevo
- 1 piel de limón
- 1 canela en rama
- 100 g de azúcar
- 40 g de agua
- 10 g de zumo de limón
- 30 g de agua para el final
- Junta en un cazo el azúcar, los 40 gramos de agua y el zumo de limón y pon a calentar. No remuevas ni toques la mezcla.
- Dejar hervir. Con el tiempo irá cogiendo color cada vez más tostado. Cuanto más oscuro, más tostado sabrá.
- Cuando llegue al color que deseas, vierte los otros 30 gramos de agua, reservados hervidos en otro cazo o en el microondas, que esté en punto de ebullición cuando lo añadas a la mezcla del caramelo.
- Remueve el cazo —sin varillas— para integrar todo y deja que se enfríe fuera del fuego.
- Calienta la leche con la piel de limón y la canela en rama.
- Cuando arranque a hervir retira del fuego y deja que infusione al tiempo que enfría durante 30 minutos. Mezcla los huevos con el azúcar, removiendo con suavidad y sin batir.
- Incorpora la leche y remueve suavemente hasta que el azúcar se haya disuelto.
- Pasa la mezcla por un colador fino.
- Cubre la base de las flaneras con una fina capa de caramelo líquido.
- Rellena con la mezcla, con cuidado y lentamente para no incorporar aire, y colócalas en una fuente de horno.
- Llena la fuente con un dedo de agua e introdúcelas en el horno, precalentado con calor arriba y abajo, a 180 ºC.
- Cuece durante 25-30 minutos o hasta que, al introducir una aguja en el flan, esta salga limpia.
- Retira los moldes del horno.
- Espera a que se atemperen antes de pasarlos a la nevera y deja que reposen durante 24 horas.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el origen del nombre "pijama" para este postre?
El nombre nació de una confusión lingüística en Barcelona durante los años cincuenta. El marinero americano pidió un *pêche Melba* — el clásico postre francés de Escoffier — y Paco Parellada, el encargado del restaurante, entendió "pijama" por el acento norteamericano. La cocina improvisó con lo que tenía y así nació el postre más español de todos, con nombre accidental incluido.
¿Se puede hacer el helado de vainilla sin heladera?
Sí — y es exactamente como está hecha esta receta. El truco es sacarlo del congelador cada 30-45 minutos durante las primeras 3-4 horas y batirlo bien para romper los cristales de hielo que se forman. Con 3 o 4 batidos queda cremoso y sin cristales. A partir de ese momento ya puedes dejarlo congelar sin intervenir.
¿Se puede usar flan de sobre en lugar de flan casero?
Sí, la propia receta lo indica como opción. El pijama original de restaurante se hacía con productos industriales — flan de sobre, helado comercial y fruta en almíbar de bote. Esa es parte de su esencia popular y sin pretensiones. La versión casera con flan de huevo y helado artesano es más elaborada pero igualmente válida.



































