Polos de chocolate y Kitkat
No había otra opción. Mientras el asunto no se resolviera, tenía que seguir viviendo allí, quisiera o no; y aquello la desesperaba. Cada vez que pensaba en cómo salir de aquella situación, se le hacía un nudo en el estómago.
A su familia y a sus amigos les decía que lucharía hasta el final, que no pensaba rendirse, que aguantaría lo que hiciera falta hasta quedarse sin una gota de aliento.
Lo decía con mucha convicción.
Bueno… casi siempre.
Porque algunas noches, mientras intentaba conciliar el sueño con un ventilador apuntándole directamente a la cara, pensaba que quizá había exagerado un poco con lo de «hasta el final».
Vivir tan lejos de los suyos la había hecho fuerte. También más dura, más independiente y, con el tiempo, bastante reservada. Había aprendido a guardarse ciertas cosas para sí misma y a seguir adelante sin hacer demasiado ruido.
Pero entonces llegaban las visitas.
Y con ellas, todo cambiaba.
Redescubría la ciudad, encontraba rincones que creía conocer, se reía más de lo habitual y saboreaba la comida de otra manera. Hasta el bochorno parecía menos insoportable cuando tenía a alguien con quien compartirlo.
No se quejaba: en realidad, estaba bien adaptada. Había aprendido a querer aquella vida, aunque una parte de su corazón siguiera mirando hacia casa.
Y cuando las visitas se marchaban, esa parte volvía a hacerse notar.
Entonces no regresaba directamente a casa. Necesitaba una pequeña tregua antes de enfrentarse otra vez al silencio, al calor y a sus propios pensamientos. Así que se acercaba a un puestecito de helados, pedía uno —siempre uno, porque tampoco hacía falta solucionar la vida de golpe— y buscaba un rincón desde el que observar a la gente pasar.
Allí, mordisco a mordisco, recolocaba sus recuerdos, repasaba lo vivido y se daba ánimos para volver.
El polo no solucionaba el problema. Tampoco hacía que los echara menos de menos.
Pero ayudaba.
Porque algunas cosas no tienen remedio inmediato.
Y un polo no arregla la vida, pero consigue que, durante un rato, todo resulte bastante más dulce.
La historia del famoso chocolate KitKat comenzó en el Reino Unido gracias a la sugerencia de un trabajador. En la década de 1930, un empleado de la confitera Rowntree's, ubicada en la ciudad de York, dejó una propuesta en el buzón de sugerencias de la fábrica: crear una chocolatina económica y fácil de transportar que un obrero pudiera llevar en la fiambrera para tomar durante el descanso del trabajo.
A partir de aquella idea, la empresa lanzó el producto al mercado el 29 de agosto de 1935 con el nombre de Rowntree's Chocolate Crisp. La presentación original consistía en cuatro barquillos crujientes cubiertos por una capa de chocolate con leche. Dos años más tarde, en 1937, la compañía rebautizó el dulce como KitKat Chocolate Crisp para lograr una marca más comercial y memorable. La denominación «KitKat» procedía indirectamente de un club político y literario del siglo XVIII londinense llamado Kit-Cat Club, cuyas tertulias se celebraban en la pastelería de Christopher Catling, apodado Kit Cat.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez derivada del racionamiento de alimentos forzó una transformación drástica. Entre 1942 y 1947, la falta de leche obligó a Rowntree's a modificar la receta original y utilizar chocolate negro. Para advertir a los consumidores de esta alteración temporal y evitar equívocos, la marca sustituyó su característico envoltorio rojo por uno de color azul. Una vez concluido el conflicto y restablecido el suministro habitual, el dulce recuperó tanto su fórmula con chocolate con leche como su emblemático color rojo corporativo.
El despegue definitivo de la marca en la cultura popular llegó en 1957 con el estreno de su célebre eslogan: «Have a break… have a KitKat». Esta campaña transformó la percepción del producto, asociando la chocolatina no solo con un bocado dulce, sino con el ritual cotidiano de hacer una pausa en mitad de la jornada laboral o escolar.
La expansión internacional dio un giro en 1988, cuando la multinacional suiza Nestlé adquirió Rowntree's. A partir de entonces, Nestlé asumió la distribución global del producto en casi todo el mundo, con la excepción de Estados Unidos. En el mercado estadounidense, los derechos de producción pertenecían a The Hershey Company en virtud de un acuerdo de licencia previo firmado en 1970, el cual sigue vigente en la actualidad.
Con el cambio de milenio, la marca protagonizó un fenómeno cultural masivo e insólito en Japón. La pronunciación del nombre en japonés, Kitto Katsu, guarda un gran parecido fonético con la expresión «seguro que ganarás» o «triunfarás sin falta». Gracias a esta coincidencia, la chocolatina se convirtió en un amuleto de buena suerte que familiares y amigos regalan a los estudiantes ante los exámenes de acceso. Para capitalizar este furor, Nestlé desarrolló cientos de ediciones exclusivas para el mercado nipón: desde té verde matcha y sake hasta variantes tan singulares como el wasabi o el melón. Hoy en día, el dulce se comercializa en más de ochenta países y figura entre los aperitivos más reconocibles del planeta.
Supongo que has visto en infinidad de películas o series cómo «ahogan» las penas sus protagonistas; sí, con helado. Lo habitual suele ser abrazarse a una tarrina gigante, pero en esta ocasión me apetecía preparar polos caseros. Polos de chocolate con KitKat: nada de tarrinas, aunque el antojo se me quitó exactamente igual.
Actualizado 2026.
Polos de chocolate y Kitkat
- 20 g de chocolate
- 50 g de miel o azúcar invertido
- 7 g de fécula de maíz
- 8 g de cacao puro en polvo sin azúcar
- 300 ml de leche
- 7 g de queso crema
- 6 mini galletas Kitkat
- Diluye la Maizena con la leche.
- Derrite el chocolate en el microondas o a baño María.
- En una cacerola al fuego. Añade la leche con la Maizena, el chocolate, la miel o el azúcar invertido, el queso y el cacao. Cocina y remueve hasta espesar, siempre a fuego bajo.
- Saca del fuego, y por si queda algún grumo pasa la mezcla por un colador.
- Vierte el líquido en los moldes.
- Añade los mini Kitkat en los moldes, si quieres usar la hendidura de la galleta para poner el palito de madera, como se ve en la foto, pero si no puedes por el tipo de molde o no te gusta, puedes colocarlo de la manera tradicional.
- Llevar el molde con las galletas al congelador.
- Para desmoldar simplemente sumerge los moldes en agua templada y así saldrán con más facilidad.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se pone el KitKat como palito del polo?
La hendidura natural del KitKat mini es perfecta para encajar el palito de madera. Simplemente inserta el palo de madera en esa ranura antes de meter el molde en el congelador. Si tu molde no permite esa disposición o prefieres la presentación tradicional, puedes colocar la galleta KitKat verticalmente en el centro del polo — queda igual de crujiente y el contraste de texturas es el mismo.
¿Se puede hacer sin molde de polos?
Sí. Puedes usar vasitos de yogur pequeños, cubiteras de silicona o cualquier recipiente que aguante el congelador. Para los vasitos de yogur, cubre la parte superior con papel de aluminio y haz un pequeño corte en el centro para insertar el palito — así se mantiene vertical mientras se congela.
¿Por qué se usa queso crema en la mezcla de chocolate?
El queso crema aporta cremosidad y evita que el polo quede demasiado duro al congelarse. La grasa del queso interfiere con la formación de cristales de hielo grandes, dando una textura más suave y agradable al morder. Es el mismo principio por el que muchas recetas de helado casero usan nata o queso — sin esa grasa el resultado es más hielo que helado.
Relato y fotografías de @catypol - Circus day.















Ya sabes cuanto me gusta tu puesta en escena dialéctica, vamos que siempre consigues ponernos en situación y de esta manera intuimos lo que viene después. Estupenda, como siempre, la receta, tus historias (aunque no sean ciertas) y todo, todo, todo ¡Muak!
ResponderEliminarWuala! Caty que bien nos va a venir esta receta para este caluroso verano.
ResponderEliminarPerfecto, te quedó perfecto.
Besos.
jo que rico helado por favor!!! babeando estoy!
ResponderEliminarJo Caty que cosita tan rica y tan original, la historia me ha encantado!
ResponderEliminarY sí, momento película pena tarrina helado y a comer es fantástico.
Besazos.
Una pinta ESPECTACULAR, me encanta!!!!!!!
ResponderEliminarBuenoooooo, es una cosa preciosaaa, me ha encantado y me ha sorprendido. Te ha quedado muy bien y tengo la sensación que debe saber a gloria.
ResponderEliminarBss
La cocina de Mar
http://la-cocina-de-mar.blogspot.com.es/
Me ha encantado la entrada!! despues de un día cansadísimo que bueno encontrarme frente a un texto tuyo, unas fotos y una receta fantastica:)
ResponderEliminarhoysonrioalespejo.blogspot.com
Muy rico ese heladito, me encantan las fotos que has hecho.
ResponderEliminarBesos!
Menuda recetita la tuya Caty. Con esta en el concurso no va a haber quien gane. Qué difícil va a ser competir contra tí...casi que ya ni me molesto en hacer nada original...jajajaja. Es que tienes un arte que es imposible de igualar.
ResponderEliminarSuerte y hasta pronto :)
Me rechifla esta receta ya sin haberla probado! La puesta en escena es espectacular, algo que viniendo de ti no me sorprende! Lo tienen muy pero que muy difícil el resto de participantes del concurso... siento objetiva, no te lo digo porque seas mi favo ;)
ResponderEliminarMuaks!
Super regio me encanta luce muy bonito,abrazos y abrazos.
ResponderEliminarCon una delicia fresca como ésta las penas son menos penas, eso no cabe duda y qué precioso queda!!! Buenísimo tiene que estar!!!
ResponderEliminarFeliz findeeeeeee!!!!!!
ResponderEliminariloviuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
se nota que soy Juana????? :P
qué original!!!me ha encantado
ResponderEliminarQue delicia!! Seguro será un postre amado por los niños. Lo prepararé con ellos. Gracias por la receta.
ResponderEliminarBss
tita
me gustan mucho tus historias y como nos cuenta las recetas. Bss
ResponderEliminar