Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

image
Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Café dalgona

En lo alto de una montaña cubierta de niebla se alzaba una casita solitaria, con tejado de madera musgosa y ventanas siempre empañadas. No había caminos marcados para llegar hasta allí, salvo un sendero escondido entre pinos viejos y susurros del bosque. Los lugareños decían que en esa casa vivía un espíritu antiguo. Otros aseguraban que solo era un viejo ermitaño que servía café. Pero la verdad era otra.

Dentro de la casita había un pequeño café: tres mesas, una estufa de hierro y una repisa repleta de tazas desiguales. Detrás del mostrador, el dueño, un Gumiho de ojos grises y voz suave, preparaba café con una delicadeza que rozaba lo ritual. Aquel espíritu zorro de nueve colas había renunciado a devorar almas humanas hacía siglos. Ahora solo recolectaba historias a cambio de una taza de café.

Un día subió hasta la casita una chica de pelo oscuro. No parecía perdida ni asustada. Traía en brazos una marioneta de madera, tan gastada que apenas mantenía sus hilos unidos. Se sentó sin hablar, y el Gumiho le sirvió una taza.

—¿Qué historia traes? —preguntó él.

La chica señaló el pozo del fondo del jardín, visible desde la ventana. No era un pozo cualquiera: su brocal estaba tallado con símbolos antiguos, y un viento helado salía de su interior, incluso en verano.

—Mi madre tiró mi voz ahí —dijo la chica en lenguaje de signos.

El Gumiho la observó con cuidado. No era raro que las personas vinieran a él con dolores que no podían explicar. Pero lo de la chica era distinto.

—¿Y qué quieres que haga?

—Quiero que me enseñes a hacer café —respondió—. Dicen que el tuyo trae los recuerdos de vuelta.

Durante días, la chica aprendió. Aprendió a moler los granos con ritmo lento, a medir el agua como si fuera un conjuro y a esperar el momento exacto en que el aroma del café abría puertas invisibles. Una noche, bajo la luna llena, preparó sola su primera taza. La dejó sobre el brocal del pozo, junto a su marioneta. El vapor subió formando figuras que danzaban como recuerdos. Y entonces, desde el fondo, una voz —su voz— subió con el humo.

El Gumiho la observó sin intervenir. Solo sonrió, como lo hace quien guarda secretos y sabe que algunas heridas se curan con historias, otras con café y otras dejando ir una marioneta al fondo de un pozo.


Dalgona café coreano con café instantáneo con agua y azúcar

Dalgona café hecho con café soluble con azúcar y agua caliente


La palabra dalgona hace referencia a un caramelo tradicional coreano, elaborado a base de azúcar derretido y bicarbonato de sodio, que se popularizó en la década de 1960. En enero de 2020, el actor surcoreano Jung Il-woo visitó un restaurante en Macao para el programa de televisión Stars' Top Recipe, en el que le sirvieron un café batido a mano. Al probarlo, el actor comentó que la textura esponjosa y el sabor dulce y amargo le recordaban directamente a ese dulce de su infancia. A partir de esa emisión, el término «café dalgona» quedó bautizado de manera oficial en la cultura popular.

El despegue definitivo de la bebida ocurrió durante los meses de confinamiento por la pandemia de 2020. La receta compartida por creadores de contenido en plataformas como YouTube y TikTok se transformó en un reto viral para millones de personas atrapadas en sus hogares. Debido a que solo requería tres ingredientes básicos accesibles en cualquier despensa (café instantáneo, azúcar y agua caliente) y demandaba un esfuerzo físico notable al batirse de forma manual, se convirtió en el pasatiempo culinario perfecto para la cuarentena. La llamativa separación visual entre la densa espuma color toffee y la leche fría inferior consolidó su éxito en redes sociales.

Aunque Corea del Sur reclamó el nombre comercial moderno, la práctica de emulsionar café instantáneo con azúcar es un método antiguo presente en diversas regiones de Asia meridional, donde se conoce comúnmente como phenti hui o café batido de la India. Asimismo, guarda una estrecha relación técnica con el clásico café frappé desarrollado en Grecia durante la década de 1950 por la compañía Nescafé, demostrando que la famosa espuma de la cuarentena era en realidad la reinvención de una fórmula global ya existente.

Un gumiho es una criatura mítica coreana: un zorro de nueve colas que ha vivido miles de años y que puede transformarse, generalmente en una hermosa mujer, para seducir y devorar el corazón o el hígado de los hombres. Aunque a veces busca convertirse en humano de forma permanente, esta dualidad lo transforma en un personaje fascinante y complejo del folclore y la cultura coreana.

No sé mucho sobre Corea del Sur ni tampoco sobre sus leyendas, pero lo que sí sé de ellos es que les gusta mucho el café y, cómo no podía ser de otra forma, este café que se hizo tan famoso en las redes sociales es cosa suya. ¿Lo has probado?

Actualizada al 2020.



Café dalgona 

Ingredientes
  • 2 cdas. de café soluble
  • 2 cdas. de azúcar
  • 2 cdas. de agua caliente
  • Leche o bebida vegetal
  • Hielo (opcional)
Elaboración
  1. En un recipiente, vierte el café soluble con el azúcar y el agua caliente (es muy importante que el café sea soluble y el agua esté caliente o templada para conseguir el resultado deseado). 
  2. Bate esta mezcla con unas varillas eléctricas (con las eléctricas conseguirás la espuma de café más rápido). 
  3. En un vaso, llena 3/4 partes de leche o bebida vegetal. 
  4. Si te gusta con hielo este es el momento de añadirlo. 
  5. Por último, con una cuchara, coloca la espuma de café dalgona cuidadosamente sobre la leche y listo para saborearlo. 


café Dalgona de invención coreana con café soluble

café Dalgona coreano con café instantáneo


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Rosquillas de licor de hierbas

El pueblo ya olía a festivo: a leña húmeda, a sobrasada caliente y a discusiones familiares sobre si el xot estaba demasiado seco. En la plaza, la cofradía Déu Meu, Que Mos Fas Falta llevaba tres días sin el Cristo porque «lo estaban restaurando», que en mallorquín significa que alguien lo había llevado a casa para que no pasara frío.


La noche de la Segona Festa, mientras todos estaban llenos de rezos y caminatas, ocurrió lo impensable: apareció un dimoni. No uno cualquiera: este llevaba una caperutxa torcida, espardenyes y una copa de herbes en la mano.

—No venc a fer mal —dijo—. Només venc per berenar.

Y antes de que nadie pudiera decir «¡cagondena!», el dimoni se sentó en la mesa familiar y se zampó una empanada, tres rosquillas y un rubiol, «solo por no hacer un feo».

María, que ya lo había visto todo en esta vida, reaccionó con calma:

—Dimoni o no, si bebes herbes, luego no me enciendas el fogueró —le dijo.

El dimoni asintió, eructó suavemente y desapareció en una nube con olor a anís y azúcar, dejando detrás una nota: «Què en som jo de la mort d'en Berga?».

Desde entonces, en el pueblo nadie se sorprende si faltan rosquillas o lo que sea en la mesa. Dicen que no es gula: es tradición.


«Què en som jo de la mort d'en Berga?»: expresión popular mallorquina que se utiliza para manifestar que uno no tiene la culpa, responsabilidad o intervención en un asunto, especialmente cuando se busca un culpable.


Rosquillas de licor de hierbas de Mallorca

Rosquillas de licor de Mallorca


Anualmente, en casa, hacemos licor de hierbas, yo no, en realidad le gusta hacerlas a Tomás. Así que como puedes imaginar tenemos cosecha anual que, a veces, regalamos y muy poquísimas veces consumimos, yo no, Tomás, yo me dedico a hacer elaboraciones con ellas, como estas rosquillas.

El licor de hierbas mallorquinas nació en los monasterios de Mallorca durante la Edad Media, cuando los monjes combinaban conocimientos de destilación de origen árabe con las propiedades medicinales de la vegetación local. Estos religiosos maceraban plantas aromáticas en alcohol para crear remedios caseros contra dolencias digestivas y otras enfermedades de la época.

Con el paso de los siglos, la receta traspasó las paredes de los conventos y llegó a las casas particulares del entorno rural de la isla. Los payeses mallorquines convirtieron la elaboración del licor en un ritual anual vinculado a la época de la cosecha, utilizando el excedente de alcohol de las destilaciones de vino y recolectando las plantas silvestres más comunes de sus campos. Cada familia perfeccionó su propia receta secreta, transmitida oralmente de generación en generación, lo que generó una gran variedad de matices en toda la geografía insular.

A finales del siglo XIX comenzó la producción artesanal a mayor escala con la apertura de las primeras destilerías comerciales en pueblos como Esporles, Santa Maria del Camí o Llucmajor. Estas empresas familiares estandarizaron las tres variedades tradicionales que se consumen hoy en día: dulces, secas y mezcladas. El licor se consolidó rápidamente como la bebida de hospitalidad por excelencia en los hogares mallorquines, sirviéndose siempre al final de las comidas familiares.

El gran impulso internacional del licor de hierbas llegó a mediados del siglo XX con el auge del turismo masivo en las islas Baleares. Los visitantes extranjeros descubrieron este brebaje local y comenzaron a demandarlo en sus países de origen, transformando un remedio medicinal tradicional en un souvenir gastronómico muy popular. Para proteger su autenticidad frente a posibles imitaciones, la Unión Europea y el Gobierno de las Islas Baleares crearon la indicación geográfica protegida Hierbas de Mallorca en el año 2002.

La historia de las rosquillas es un viaje milenario que transforma una simple masa frita en uno de los dulces más tradicionales de la gastronomía hispana, con raíces que se hunden en el Imperio romano y la influencia árabe medieval. Su antepasado directo se encuentra en los pasteles fritos romanos, pero fue el pueblo árabe el que, durante su asentamiento en la península ibérica en el siglo X, introdujo las masas a base de trigo fritas y bañadas en miel. Aquellos primeros dulces, similares a buñuelos, evolucionaron cuando los panaderos se percataron de que la masa no se cocinaba de forma uniforme en el centro; la solución fue retirar esa parte central, dando origen a su icónica forma de anillo.

Con el paso de los siglos, la receta incorporó ingredientes locales como el anís y se vinculó profundamente a las festividades religiosas y populares, teniendo su máxima expresión en la capital española durante la Edad Media y la Ilustración. Durante el siglo XVIII, el paladar goloso de la corte de los Borbones impulsó variantes refinadas, pero fue en el siglo XIX cuando el dulce se convirtió en un fenómeno de masas gracias a la pradera de San Isidro en Madrid. La leyenda popular otorga este éxito a la tía Javiera, una mítica pastelera que vendía sus rosquillas caseras en la romería del santo y cuya fama generó decenas de imitadores que aseguraban ser sus familiares para vender más.

Esta evolución popular dio lugar a una clasificación que hoy forma parte de la cultura gastronómica: las tontas, que mantienen la masa original sin glaseado; las listas, bañadas con un almíbar de azúcar, limón y huevo; las francesas, creadas por el cocinero de la reina Bárbara de Braganza con un toque de almendra picada; y las de Santa Clara, cubiertas con un vistoso merengue blanco seco. Lo que comenzó como un ingenioso truco de cocción para evitar que el centro quedara crudo terminó convertido en un emblema repostero que ha sobrevivido al paso de los siglos.

Y aquí he creado las mallorquinas, con licor de hierbas casero.

Rosquillas de licor de hierbas mallorquinas



Ingredientes
  • 3 huevos 
  • 150 g de azúcar
  • 100 ml de aceite
  • 50 ml de licor de hierbas mallorquinas
  • Ralladura de limón
  • 500 g de harina
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • 1 pellizco de sal
  • Aceite para freír
  • Azúcar para rebozar

La masa:
  1. Bate el azúcar con los huevos. 
  2. Añade el aceite, el licor de hierbas, la ralladura de limón, la sal y la harina tamizada con la levadura. Amasa bien hasta que quede una masa pegajosa pero manejable. 
  3. Forma una bola con la masa y envuélvela en film transparente. 
  4. Deja que repose en la nevera un par de horas, para que sea más fácil manipularla.

Formar las rosquillas:
  1. Unta la encimera y tus manos con aceite y forma bolitas con la masa, del tamaño que quieras y haz un agujero en el centro de la bola.
Freír:
  1. Calienta aceite en una sartén y fríe las rosquillas, con cuidado de que no se quemen ni queden crudas por dentro. Para ello, pon el aceite a fuego medio, sin que llegue a humear, si el fuego es fuerte las rosquillas se harán demasiado por fuera y quedarán crudas por dentro.
  2. Cuando estén doradas por ambos lados, sácalas de la sartén y ponlas sobre papel de cocina absorbente para eliminar el exceso de aceite. 
  3. Sin esperar demasiado, antes de que se enfríen, rebózalas en azúcar.

alt="Rosquillas mallorquinas de licor de hierbas rebozadas de azúcar"

Preguntas frecuentes

¿Se puede sustituir el licor de hierbas por otro licor?

Sí. El anís dulce es la sustitución más natural y la más cercana al sabor original. También puedes usar licor de menta o de naranja para una versión diferente. Si no quieres alcohol, sustituye el licor por zumo de naranja en la misma cantidad y añade una pizca de anís en grano molido.

¿Por qué hay que reposar la masa en la nevera?

El reposo en frío endurece la masa y facilita mucho el formado de las rosquillas. Sin ese reposo la masa queda demasiado pegajosa para trabajarla con las manos. Con dos horas en la nevera se manipula perfectamente y las rosquillas mantienen la forma al freírse.

¿Cuánto aguantan las rosquillas?

En un recipiente hermético a temperatura ambiente aguantan perfectamente 3-4 días sin perder su textura. No las guardes en la nevera — el frío las endurece y pierden el crujiente exterior. Si quieres conservarlas más tiempo, congélalas antes de rebozar en azúcar y rebózalas al descongelarlas.

Rosquillas mallorquinas de licor de hierbas rebozadas en azúcar


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Greixonera de brossat

Cuando los primeros ingleses llegaron al pueblo, los mallorquines los miraban con recelo. No por maldad, sino porque desayunaban té caliente en pleno agosto y se empeñaban en sentarse al sol hasta ponerse rojos cangrejo.

El señor Wilkins, expatriado reciente y poeta en excedencia, decidió integrarse. Lo anunció solemnemente en la plaza, frente al colmado de Can Biel, donde tres hombres jugaban al dominó desde 1960 sin que nadie recordara quién había ganado la última partida. Wilkins aseguró que amaba Mallorca “por su silencio ancestral”. Los mallorquines asintieron sin corregirle: el silencio era simplemente la hora de la siesta. Wilkins, con su entusiasmo de poeta, quiso profundizar:

— Es una paz casi mística, ¿no cree? ¿En qué piensan ustedes cuando callan durante horas?

Los tres hombres se miraron. Biel, el dueño del colmado, se rascó la oreja y dejó escapar un suspiro cansado.

— En si el viento vendrá de Tramuntana o de Llevant, señor Wilkins. Porque uno trae frío y el otro trae moscas. Para lo místico ya tenemos al señor cura, que para eso cobra.

Hubo un silencio denso, de esos que pesan. La integración empezó mal. Wilkins intentó convencer a su casera, na Margalida, de que la "greixonera" era demasiado “emocional” para el desayuno. Ella le respondió que podía ponerle encima la mermelada inglesa que a él le gustaba tanto si quería para que "lo emocional" fuera más de su tierra y beber junto con ese té inglés. Fin de la controversia. Wilkins comprendió que la diplomacia inglesa no tenía nada que hacer.

En el pueblo, la familia lo era todo. Todo se sabía antes de que ocurriera y, si no ocurría, se inventaba. La Guardia Civil —dos hombres con tricornios— lo observaban todo con calma. No hacían preguntas: ya conocían las respuestas. Cuando Wilkins preguntó qué hacían exactamente, le explicaron que mantenían el orden natural de las cosas, lo cual incluía que los ingleses no cambiaran su mundo y que el mundo no cambiara demasiado deprisa. Eran otros tiempos.

Un día llegó Ava Gardner.

No llegó: apareció. Ava se sentó en la terraza del bar, pidió algo que nadie entendió —posiblemente un Martini seco con una aceituna— y sonrió como si el pueblo entero fuera un decorado. Los hombres dejaron de jugar al dominó. Las mujeres fingieron no mirar. Wilkins, que la conocía de otras ocasiones, se acercó a saludarla. Ava dijo que adoraba la isla, pero que temía que algún día la llenaran de hoteles “como cajas de zapatos para extranjeros”.

Pasaron los años. Llegaron más turistas, menos silencio y demasiada gente. El señor Wilkins envejeció escribiendo poemas que nadie leía y defendiendo una Mallorca que ya solo existía en sus recuerdos y en las discusiones del bar. Na Margalida siguió sirviendo "greixonera". Y el pueblo, paciente, aprendió a sonreír a los visitantes mientras no estorbasen. Porque en Mallorca, incluso el cambio llega despacio.
Y siempre, siempre, tiene la cortesía de llegar tarde al té.

Inspirado en "Breus històries mallorquines" de Robert Graves




La "greixonera de brossat" es uno de los postres más tradicionales y queridos de Mallorca. Una tarta de requesón melosa que toma su nombre de la cazuela de barro (greixonera) en la que se hornea. Es un postre de aprovechamiento con una textura suave y un sabor característico a requesón, limón y canela. 
La "greixonera" mallorquina originalmente no llevaba restos de ensaimada, fue en tiempos modernos que se le añade, queda como un pudín, y va a gusto del consumidor. 
Es un postre sencillo y fácil de nuestra cocina, no se habla mucho de él en los libros antiguos pero sí que es muy común en la cocina repostera de los mallorquines. Entiendo, que ahora, es más famoso la cheesecake o tarta de queso, pero este postre no deja indiferente.
El requesón es un ingrediente muy presente en la Pascua mallorquina, los "robiols" suelen, además de confitura o cabello de ángel, ir rellenos de requesón. No hace falta decir que si no tienes una cazuela de barro puedes hacerlo en otra, sea de cerámica o cristal. Y acompañarlo, si te apetece, con mermelada y ¿por qué no? un té.


· GREIXONERA DE BROSSAT ·

Ingredientes 
  • 400 gramos de requesón
  • 75 gramos de azúcar
  • 80 gramos de leche
  • 1 huevo entero
  • 2 yemas de huevo
  • Una cucharadita de piel de limón rallado
  • Una pizca de canela
  • Mantequilla o manteca para untar el molde
  • Cazuela de barro (greixonera) de 18 cm. diámetro. Altura 4/5 cm.

Elaboración
  1. Unta una cazuela de barro con un poco de mantequilla o manteca. Enciende el horno a 180º C.
  2. Pon todos los ingredientes dentro de un bol y mezcla con la batidora eléctrica hasta conseguir una mezcla homogénea. Vierte la mezcla dentro de la cazuela de barro (si quieres añadir trocitos de ensaimada, este es el momento) y hornea.
  3. Se cuece en unos 45 minutos. Si ves que la superficie coge mucho color, tapa con papel de aluminio.
  4. Puedes comprobar si está cocida pinchando con un palillo y que salga seco. Deja enfriar y guarda en el frigorífico. 


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Felices fiestas

Celebrando un año más, deseándote lo mejor y que se cumplan tus deseos, que se repitan los abrazos y que haya de nuevos, que los besos viajen de aquí para allá, cerca y lejos, come y bebe, guarda los recuerdos bonitos y los que no lo son, que viajen al olvido. 

Celebra lo bueno y la salud, dile al vecino, si está solo que se apunte a la fiesta, si la abuela sigue con el ceño fruncido, deshazlo, como la calceta, y dale un beso por Navidad. Que no sabes si la pareja ha entendido tu carta de Navidad, da lo mismo, seguro que te sorprende y el próximo año ¡hazle un vídeo!. 

No importa si es Santa, los Reyes o quien sea ha envuelto tu regalo, lo importante aún cuando crecemos es mantenernos ilusionados, ese ratito, ese poquito, ese pasito y así cuando lo abramos sentir todo el amor que han puesto en él. 

Bones Festes




Fotografía @catypol - Circus day.




Panades

En todos los pueblos existe una casa grande y señorial, hogar de una familia poderosa con miembros a veces inhumanos, bellos y ricos. Donde yo vivía también había una. La familia Acosta poseía un viñedo, contrataba a los pueblerinos para encargarse de él y luego lo vendía a un alto precio en la ciudad. La señora Acosta manejaba con mano férrea toda la empresa y también a la familia. Cuentan que su marido murió en extrañas circunstancias una madrugada en la que salió a cazar: iba solo con sus perros y a caballo, y nunca se supo qué pasó ni quién fue. Desde entonces, una nube negra planea sobre el casoplón de los Acosta.

Y allí vive Sara, la hija pequeña de la familia: un tanto cursi, totalmente enamorada de Keanu Reeves desde que lo vio en Matrix, y, además, malhablada, ingeniosa y sincera. A su madre no le hace ninguna gracia este carácter y está segurísima de que no conseguirá casarla con ningún terrateniente del lugar, así que la tiene trabajando en la cocina para que aprenda el oficio o controle su mala lengua.

La cocina la dirige Martina, mujer de pocas palabras y mucho carácter, aunque a Sara le cae bien.

—Señora Martina, ¿le parece que hagamos empanadas estas fiestas? —le preguntó Sara.

—¡Mh, no sé, Sara! Ya sabes que a tu madre no le gustan —respondió la cocinera.

—A mi madre no le gustan, a mi madre no le gustan... —se burló Sara—. ¡Pero si se las come de dos en dos! —añadió con sarcasmo.

Todos en la cocina rieron, excepto Martina.

—¡Chis, que no te oiga tu madre o se va a liar, niña! —exclamó Martina, acallando a todos de golpe mientras Sara sonreía de oreja a oreja.


Empanadas mallorquinas rellenas de pescado musola

Empanadas mallorquinas rellenas de carne de pollo

panades mallorquines farcides de xot o porc o peix


De pequeña, nuestra Pascua familiar significaba hacer empanadas (panades), de carne y pescado, robiols y crespellines. Las mujeres de la familia nos reuníamos para elaborarlas y las llevábamos a cocer a uno de los hornos del pueblo. Poníamos las empanadas encima de unos moldes antiguos, acompañadas de un cartoncito con el apellido familiar, y allá que se iban. Es un ritual que seguro un día echaré de menos: mi abuela, mi madre, mis hermanas... Aquel día era el día de las mujeres de la familia, y guardo el recuerdo como un tesoro.

Mi hijo, disfrutando de las vacaciones de Pascua, decidió que también quería hacer empanadas. Hace unos años hizo un taller y se lo pasó tan bien que ahora quiere experimentar, pero con un relleno totalmente diferente al clásico. Así que yo hice las tradicionales de musola, y él las hizo de lo que más le gusta. ¿Imaginas de qué?

Panades mallorquines


Ingredientes Masa:
  • 125 ml. manteca fundida
  • 250 ml. aceite de oliva
  • 250 ml. agua
  • Harina, la que admita
Elaboración:
  1. En un cuenco grande vierte la manteca, el aceite y el agua. 
  2. Echa la harina poco a poco y amasa al mismo tiempo hasta que la masa no se pegue a las manos. 

· RELLENOS ·
1.- Salchichas con patatas (este relleno lo eligió mi hijo, no es tradicional)

  • 6 salchichas de pollo cortadas a trocitos de unos 4 cm.
  • 2 patatas medianas cortadas a cubos pequeños
  • 100 g de guisantes
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra
Mezcla todos los ingredientes, salpimienta y aliña con un poco de aceite.


2.- Musola (mussola) (Este sí es un relleno tradicional)

  • 500 g de musola, limpia sin piel ni espina, cortada a trozos pequeños
  • 150 g de acelgas sin tronco, cortada a trozos pequeños
  • 150 g de cebolla tierna, cortada a trozos pequeños
  • 100 g guisantes
  • Sal y pimienta
  • Pimentón
  • Aceite de oliva virgen extra
Mezcla todos los ingredientes, salpimienta, sazona con pimentón y aliña con un poco de aceite.

Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 200 º C
  2. Haz bolas con la masa y dale forma a la base (como si fuera el culo de un vaso). 
  3. No hagas la base ni muy fina, se rompería fácil, ni muy gruesa, sería muy pastosa después de cocida.
  4. Una vez que tienes la base pon el relleno que has preparado con anterioridad. 
  5. Con un poco más de masa en forma de tapa cierra las bases rellenas y haz el repulgue.
  6. Hornea durante 45 minutos o hasta que la masa esté dorada.

Paso a paso de cómo hacer empanadas mallorquinas

Preguntas frecuentes (FAQ):

¿Qué tipo de masa se utiliza tradicionalmente para elaborar las panades mallorquines?

La masa de las panades se elabora tradicionalmente con una combinación de manteca de cerdo fundida, aceite de oliva, agua y harina, logrando una textura firme, quebradiza y dorada tras el horneado.

¿Cómo se consigue hacer el característico repulgue para cerrar las empanadas sin que se abran?

El repulgue se realiza uniendo los bordes de la base y la tapa mediante un pliegue continuo hecho con los dedos. Es importante sellar bien los bordes presionando suavemente para evitar que los jugos del relleno se escapen en el horno.

¿Se pueden rellenar las panades con otros ingredientes además de carne o pescado?

Sí, aunque las de musola con acelgas y guisantes son clásicas de Semana Santa, hoy en día se admiten versiones modernas o infantiles al gusto, como las pollo al curry e incluso variantes de cordero o guisantes con sobrasada que también son un clásico.


empanadas mallorquinas de cordero o cerdo para Semana Santa


Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day.

Gofres de tortilla

El cocinero Robledo era un hombre metódico, amante del orden y de las recetas exactas. Su ayudante, Lolo, en cambio, era curioso y hacía demasiadas preguntas para alguien con un cuchillo en la mano.

—Huevos por un lado, patatas por otro —ordenó Robledo.

Mientras el cocinero terminaba con las patatas, Lolo decidió «optimizar el tiempo» y empezó a batir los huevos con entusiasmo exagerado. Tanto, que cuando Robledo se dio la vuelta, Lolo ya había vertido los huevos sobre las patatas recién cocinadas.

—¡¿Qué has hecho?! —gritó el cocinero.

—Unir ingredientes, jefe. Así avanzamos más rápido —contestó mientras lo echaba todo a una sartén.

Robledo, horrorizado, observó la mezcla cuajarse lentamente. Decidió no tocar nada, solo para poder decir luego: «Te lo advertí». Cuando estuvo lista, la cortaron con desconfianza... y la probaron.

Silencio.

—Lolo —dijo finalmente Robledo—, esto está sorprendentemente bien.

—Entonces... ¿lo anotamos en el recetario?

Robledo suspiró, tomó la pluma y escribió: «Tortilla: huevos y patatas juntos».


Gofre de tortilla española hecho en gofrera

Gofres de tortilla española con patata y huevo


Aunque la patata llegó a Europa procedente de América en el siglo XVI gracias a los conquistadores españoles, inicialmente no se consideraba un alimento apto para el consumo humano generalizado. Se utilizaba como planta ornamental o forraje para animales, y su consumo se limitaba a épocas de extrema necesidad o a instituciones como el Hospital de la Sangre de Sevilla. El huevo, por su parte, ya se empleaba en preparaciones similares a las frittatas desde la época romana.

Durante siglos existieron en España las tortillas de huevo con cebolla, hierbas u otros condimentos, pero sin el famoso tubérculo. La primera receta documentada de una tortilla propiamente española, registrada por Diego Granado Maldonado en 1599, incluía cebolla, tocino y especias, pero omitía por completo la patata. No fue hasta 1767 cuando el tratado La Agricultura General mencionó por primera vez el uso de la patata dentro de este tipo de platos.

El verdadero hito histórico que cambió el rumbo de este plato ocurrió en Extremadura en el año 1798. Un estudio del científico Javier López Linaje sacó a la luz un documento de Villanueva de la Serena (Badajoz) firmado por Joseph de Tena Godoy y el marqués de Robledo. Estos hacendados ilustrados buscaban un alimento barato, nutritivo y rápido de preparar para combatir las severas hambrunas de la época. Aunque inicialmente pretendían crear un pan de patata, acabaron mezclando el tubérculo con huevo y pasándolo por la sartén, dando vida a la primera prototortilla documentada.

Paralelamente, se extendió una famosa leyenda en Navarra que situaba la invención del plato en el siglo XIX, durante las guerras carlistas. Según este relato popular, el general Tomás de Zumalacárregui ideó la tortilla de patatas como una solución rápida para alimentar a sus tropas hambrientas. Otra variante de la misma leyenda cuenta que fue un ama de casa navarra quien, al recibir al general sin apenas víveres en su despensa, improvisó un revuelto con los únicos ingredientes que tenía a mano: huevos, patatas y cebollas. Aunque la investigación histórica ha demostrado que el plato ya existía de antes, esta época sirvió para popularizar masivamente su consumo por toda la geografía española.

A principios del siglo XX, el plato ya estaba plenamente consolidado en la sociedad. El cronista Julio Camba observaba en sus escritos cómo el grosor, el punto de cocción o los ingredientes añadidos a la tortilla servían como una auténtica huella dactilar que revelaba la procedencia regional y la clase social de las familias que viajaban en los trenes de la época.

La receta continuó evolucionando técnicamente. El cocinero Teodoro Bardají Mas publicó en 1935 la versión que más se asemeja a la metodología contemporánea. Hoy en día, la receta tradicional defiende los ingredientes base de patata, huevo, aceite de oliva y sal, mientras que la inclusión o exclusión de la cebolla se mantiene como uno de los debates gastronómicos más vivos y apasionados de España.

Ferran Adrià la preparó con patatas de bolsa fritas, toda una innovación en el momento. Seguramente habrá otras maneras de cocinar una tortilla de patatas empleando diversas técnicas para el tubérculo; basta con buscar un poco. En mi caso, si necesito una tortilla de patatas rápida, cocino las patatas en el microondas durante diez minutos o uso patatas en bote precocinadas. De una u otra manera, mezclándolas con huevo y cebolla —en este caso deshidratada— y utilizando una gofrera, consigo una versión rápida y deliciosa que acompaña perfectamente, por ejemplo, un buen salmón. Y si te animas a probar añadiendo otros ingredientes, como quesos u otras verduras, ya me contarás.


Gofres de tortilla española


Ingredientes para 1 unidad:
  • 1 patata o boniato cocinada al microondas durante 10 minutos
  • 1 cda. de cebolla "crujiente"
  • Sal
  • 1 cdta. de aceite de oliva virgen extra
  • 1 huevo grande
Elaboración:
  1. Calienta la gofrera.
  2. Tritura o machaca bien la patata (o el boniato), y añádele la cebolla crujiente, la sal y el aceite de oliva virgen extra.

  3. Incorpora el huevo y mezcla bien hasta obtener una masa homogénea.

  4. Vierte la mezcla en la gofrera precalentada y cocina hasta que el gofre esté dorado y bien hecho.

  5. Sírvelo caliente como plato principal o como un original acompañamiento para carnes, pescados o verduras.



Preguntas frecuentes (FAQ):

¿Por qué se utiliza la patata cocida al microondas para esta receta de gofres?

Cocinar la patata en el microondas permite ablandarla rápidamente sin exceso de humedad, logrando una textura idónea para machacarla y mezclarla con el huevo y la cebolla sin que la masa quede demasiado líquida.

¿Se puede sustituir la cebolla crujiente por cebolla natural?

Sí, aunque la cebolla crujiente aporta un toque de textura y rapidez muy cómodo, se puede emplear cebolla pochada o deshidratada; si usas cebolla fresca cruda, es recomendable picarla muy fina para que se cocine bien en la gofrera.

¿Cómo se evita que la mezcla se pegue a las placas de la gofrera?

Conviene engrasar ligeramente ambas placas de la gofrera con unas gotas de aceite o mantequilla antes de verter la mezcla, asegurando así un desmoldado perfecto y un acabado crujiente.


Relato, vídeos y fotografías @catypol - Circus day

Cinnamon rolls muffins

Nils, que era un niño muy travieso, decidió atrapar al gnomo con una red de mariposas. Logró capturarlo, pero su victoria duró un suspiro.

—¡Suéltame, niño insolente! —chilló el gnomo desde la red—. ¡O te arrepentirás!

Nils, lejos de asustarse, empezó a balancear la red como si fuera un juguete. Pero, de repente, sintió una bofetada invisible tan fuerte que lo mandó directo al suelo. El mundo empezó a crecer; los rolls de canela que había hecho su madre se convirtieron en una gran montaña... o eso creía él.

Nils se miró en un fragmento de espejo que había caído al suelo. No medía más de un palmo. Tenía la cara de siempre, pero el cuerpo de un muñeco.

—¡Gnomo! ¡Señor Gnomo! —gritó con una vocecita que sonaba como un pito de juguete—. ¡Era una broma! ¡Vuelva a ponerme como antes!

Pero el gnomo se había esfumado. Nils corrió hacia el patio buscando ayuda, solo para descubrir que las gallinas —a las que ayer había perseguido con un palo— ahora lo rodeaban formando un círculo y picoteando el suelo.

Fue en ese momento de pánico cuando escuchó el aleteo de los gansos salvajes y vio a Martin, el ganso blanco de la granja, estirando el cuello hacia el cielo.


Magdalenas de canela como los cinnamon rolls

Cinnamon rolls muffins con mucha canela y glaseado

Los primeros rollos de canela comenzaron a hornearse en Suecia y Dinamarca, derivados de tradiciones reposteras escandinavas del siglo XIX. En Suecia, el kanelbulle forma parte de su identidad cultural, y su día nacional se celebra el 4 de octubre. A diferencia de la versión americana, la receta sueca suele incluir cardamomo en la masa, no lleva glaseado cremoso y se adorna con azúcar perlado. Inmigrantes alemanes y suecos llevaron la tradición a Estados Unidos a finales de aquel siglo.

En América, el rollo evolucionó: se volvió más grande, más dulce y se cubrió con el característico glaseado de queso crema o de azúcar. En 1959, la empresa Pillsbury introdujo los rollos de canela envasados en tubos refrigerados, facilitando su consumo en los hogares. Posteriormente, la cadena Cinnabon, fundada en 1985, estandarizó la versión moderna y mundialmente reconocida. Además de ser un dulce, la expresión en inglés cinnamon roll se utiliza coloquialmente para describir a una persona tierna o de buen corazón.

A mí me encantan los rollos de canela, pero no tengo tiempo de hacerlos; el tiempo de levado se me hace largo, así que, para quitarme el antojo en casa, preparo unos muffins de canela. Es lo que más se les parece, verdad verdadera. Los dibujos de las cápsulas de los muffins los pinté yo.


Magdalenas sabor rollos de canela


Ingredientes:
  • 300 g de harina
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • 1/2 cdta. de sal
  • 90 g de azúcar
  • 3 cdas. de mantequilla derretida y enfriada
  • 1 huevo
  • 250 ml de leche
Cobertura y relleno:
  • 200 g de azúcar moreno o panela
  • 3 cdtas. de canela molida
  • 3 cdtas. de mantequilla derretida
Glaseado:
  • 60 g de queso en crema ablandado
  • 100 g de azúcar en polvo
  • 1 cda. de leche
  • Pizca de vainilla
Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 200 ºC
  2. Prepara el molde para los muffins.
  3. En un cuenco grande tamiza los ingredientes secos. 
  4. En un cuenco aparte mezcla los ingredientes húmedos. 
  5. Haz un hueco en medio de los ingredientes secos y vierte los húmedos hasta que se mezclen bien.
  6. Mezcla todos los ingredientes de la cobertura y relleno.
  7. Incorpora la mitad de la mezcla de cobertura y relleno a la masa de muffins.
  8. Vierte la masa de muffins en cada molde. 
  9. Cúbrelos con el resto de cobertura y relleno.
  10. Hornea durante 12/15 minutos (o hasta que los muffins recuperen su forma original al presionarlos ligeramente).
  11. Retira del horno y deja enfriar. 
  12. Transfiere a una rejilla.
  13. Bate todos los ingredientes del glaseado y vierte sobre los muffins.

Magdalenas sabor rollos de canela con glaseado por encima


Preguntas frecuentes (FAQ):

¿Por qué se incorpora parte de la cobertura y relleno directamente dentro de la masa de las magdalenas?

Al añadir la mitad de la mezcla de azúcar moreno, canela y mantequilla en el interior de la masa, se consigue replicar el característico remolino y sabor especiado de los tradicionales rollos de canela en cada bocado.

¿Se puede sustituir el queso en crema del glaseado por otro ingrediente si no se dispone de él?

Sí, aunque el queso en crema aporta el toque clásico de la cobertura de los rollos de canela americanos, se puede preparar un glaseado sencillo y delicioso mezclando únicamente azúcar en polvo con un chorrito de leche o de nata líquida.

¿Cómo se debe conservar este tipo de magdalenas para que mantengan su textura tierna?

ideal es guardarlas en un recipiente hermético a temperatura ambiente durante los dos primeros días. Si van a durar más tiempo, es aconsejable mantenerlas en el frigorífico debido al glaseado de queso crema, atemperándolas ligeramente antes de consumir.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

¿Estás buscando algo en especial?

Contacta conmigo