Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Pizza Balls

Wilha estaba en la parada del bus, esperando una solución milagrosa a su problema. “Es un pequeño problema”, había dicho Jona cuando se lo explicó. “No lo subas de categoría, no lo merece”, había remarcado. Ella no lo veía así, pero por una vez hizo caso. Se permitió relajarse un poquito y dejar de sentir el estómago revuelto, limitando las vueltas solo a la cabeza. Tenía que parar a comer con su padre antes de ir a la biblioteca, y no quería que notara nada. Si lo hacía, la acribillaría a preguntas que ahora no podría responder.

Sentada en el bus, no pudo evitar fijarse en el chico rubio que tenía delante. Su cabello, un poco largo, le tapaba la nuca. Llevaba unos cascos encima de la cabeza —no auriculares, como casi todos—; él era de esos atrevidos, y eso la hizo sonreír. ¿De verdad estaba sonriendo?, pensó. Si él la había hecho sonreír y se daba la vuelta a mirarla, le daría una oportunidad. Y esa ocurrencia la hizo sonreír aún más.

Así bajó del autobús, sonriendo. Así la encontró su padre. Y la sonrisa se contagió: fue como un reflejo. Su padre sonrió, el chico rubio —que también se bajó en la misma parada— sonrió, y hasta la gente que hacía cola para subir al autobús del que ella acababa de bajar... también sonreía. Y de esta manera, el problema se esfumó. Se perdió en su mente, y el poder de la sonrisa pudo más. Al final, Jona tenía razón. Aquella nube oscura desapareció con la resplandeciente y poderosa sonrisa, que se amplió aún más cuando su padre la invitó a comer pizza… y el chico rubio le guiñó un ojo. Ese día prometía, aunque no hubiera empezado bien.





Cocinar me relaja y me gusta, y me hace sonreír, pero lo que más me gusta es preparar las recetas para Circus day, como bien dice el nombre es parecido a la sensación de un día de circo si el resultado sale bien, porque a veces no sale pero me da la pauta para probar otras cosas. Hoy en día creo que no hay nada nuevo, sabores, formas y técnicas forman parte de muchos recetarios y yo, la verdad, no pretendo tampoco ni saberlo todo, ni aprenderlo todo, pero dar un "meneo" a la receta tradicional siempre me ha gustado, sin buscar nada más. 

Cuando hablamos de pizza yo imagino una pizza casera, fina, con un poco de queso y tomate y algún ingrediente vegetal, poco más pues no me gusta muy cargada de ingredientes. Pero la verdad es que no somos muy "pizzeros" en casa, no tenemos día de la pizza semanal, ni tan siquiera ocasional así que cuando la comemos ha transcurrido tanto tiempo entre y entre que lo hacemos con ganas.

Pero esta vez yo quería algo diferente, quería todo el sabor de una pizza Margarita o napolitana pero con forma diferente, divertida y para todas las edades, que si digo para niños me vas a decir que para mayores también, y tendrás razón, para mayores también, lo hice con masa de pizza comprada, sin problema y así de fácil, aunque sé que la masa de Jamie Oliver es fácil de hacer y también puede servir si te animas hacerla tú.

· PIZZA BALLS ·

La masa
  • Masa de pizza, casera o comprada
El relleno
  • Mozzarella de búfala
  • Sazonador especias para spaghetti (orégano, albahaca, cebolla, ajo, sal, tomate y pimienta negra)
  • Salsa de tomate 
  • Máquina de cake pops
Elaboración
  1. Utiliza pequeñas porciones de masa muy fina —ayúdate con un rodillo para estirarla bien—. 
  2. Coloca en el centro de cada porción 1/2 cucharadita de sazonador de especias para espagueti y un trocito de mozzarella. 
  3. Cierra con cuidado, asegurándote de sellar bien los bordes, y da forma de bola pequeña, ligeramente menor que la cavidad de la máquina, ya que la masa crecerá un poco durante la cocción.
  4. Coloca las bolas en las cavidades de la máquina previamente engrasadas con una gota de aceite, para evitar que se peguen. 
  5. Cocina durante unos 10 minutos, comprobando que estén bien hechas por dentro.
  6. Sirve acompañadas de salsa de tomate para mojar.
Nota: también puedes hacer las bolita sin máquina, solo tienes que hornearlas a 200 ºC hasta que se doren.




¿Has visto las servilletas Circus de la foto?, ¡me encantan! es un regalo de La cocina de Vero, gracias guapa, estaba esperando la receta apropiada para estrenarlas y creo que esta lo es ya que no sólo es famosa la pizza en Italia, sé que en EE.UU también tiene mucha historia y estás pizza balls serían ideales para ver un partido de la Super Bowl, ¿no crees?

AQUÍ EL VÍDEO CÓMO SE HACE:



Relato, receta, fotografía y vídeo @catypol - Circus day.

Espagueti O'Scarpariello

No recordaba cómo había llegado a parar dentro de aquel autocar lleno de turistas; solo recordaba que no quería estar sola. ¡En fin! Ya estaba dentro. Al no haber espacio, me senté al lado de una joven con pañuelo en la cabeza que no hacía más que mirarme. Al otro lado iban sentados dos chicos que no paraban de discutir sobre la madre de uno de ellos. En el asiento delante del mío estaba un señor, solo, dormido y roncando. Y detrás, un grupo de señoras maravilladas con cada cosa que veían por la ventana.

Junto al conductor iba el guía, un abuelete con camisa floreada, fan de Enrico Caruso, porque cada vez que cogía el micrófono nos señalaba y empezaba con un «’O sole mio». Cuando vio que no sabíamos mucho de ópera, pasó al «Dimmi quando tu verrai». Venir, venir… Más bien éramos nosotros los que íbamos a algún lugar, pero me acostumbré a ello, tanto que cuando la gente le contestaba «dimmi quando, quando, quando», el «’O sole mio» quedó en el olvido.

Hicimos una parada por ahí, entre Aversa y Sorrento, para estirar las piernas, desperezarnos, respirar un poco de aire marinero, comer pasta y disfrutar del sol de la Campania. La joven que se sentaba a mi lado al fin dejó de mirarme para admirar el paisaje; la pareja que antes discutía se sentó en la terraza de un pequeño café, besándose. Y sí, los demás miraban embobados a su alrededor. ¿Por qué será que Italia tiene ese efecto en la gente que la visita?
 


La historia de este plato parece estar vinculada a la tradición de los “scarpari” (zapateros). Durante el descanso del trabajo, los zapateros solían comer pasta, espagueti, penne rigate o paccheri, sazonados con salsa de tomate, queso y albahaca.

Por la red se pueden encontrar muchas recetas rápidas de esta salsa, yo he decidido hacer una versión un poco más elaborada, es la que hacemos en casa cuando la preparo. Es una salsa con gran cantidad de ajo, pero que eso no os influya a la hora de prepararla, la mezcla de manteca, albahaca y el tomate hace del conjunto una delicia. La pasta fresca es una delicia aunque casi siempre me lio con los números de la máquina de pasta.

· PASTA FRESCA CON SALSA SCARPARIELLO O SCARPARO ·


Ingredientes para 4 personas
  • 7 dientes de ajo pelados y picados
  • 3 cdas. albahaca picada
  • 2 cdas. de mantequilla 
  • 1/2 cebolla grande brunoise
  • 6 cdas. de aceite de oliva 
  • 1 hoja de laurel
  • 500 g de tomate pelado y troceado
  • 125 ml de vino blanco seco
  • 100 g de tomate cherry pera
  • Sal y pimienta al gusto
  • 350 g de pasta fresca

Elaboración
  1. Mezcla los ajos picados con la albahaca picada y la mantequilla, hasta obtener una pasta. 
  2. Reserva. 
  3. Limpia y corta los tomates cherry pera por la mitad, si son muy grandes a cuñas. 
  4. Reserva. 
  5. En una cacerola baja rehoga la cebolla en el aceite caliente, añade la hoja de laurel y el tomate troceado, sal y pimienta.
  6. Rehoga todo. 
  7. Añade el vino y deja cocinar todo a cacerola destapada, hasta que espese. 
  8. Echa los tomates cherry pera. 
  9. Por último añade la pasta que tenías reservada de mantequilla, ajo y albahaca. 
  10. Remueve todo hasta que la manteca se integre bien con la salsa y retirar del fuego.
  11. Ten la pasta que quieras usar, seca o fresca, cocinada.
  12. Sirve con la salsa y unas hojas de albahaca.


Y con esta receta participo en el concurso del blog Con las zarpas en la masa patrocinado por Homenaje a la cocina y Blume. Y GANO EL TERCER PUESTO ;)



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Labneh de cabra

Estábamos en el desierto; literal, en el desierto, desierto. En el guion había escenas que debían rodarse allí, así que allí estábamos todos, ocupando un mínimo espacio en tan grande extensión: seca y calurosa de día, y muy fría de noche. Como no había ningún pueblo cerca, tuvimos que acampar en tiendas no muy cómodas, pues el presupuesto no iba dirigido al confort, sino al rodaje; y como el espectáculo debe continuar, lo hacíamos todo tal como nos decían.

El primer día de rodaje nos levantamos muy, muy temprano. Debíamos rodar el amanecer y, antes de que sucediera, tenía que estar todo preparadísimo. Había nervios, sobre todo por parte de los actores, poco acostumbrados a este tipo de exteriores. La actriz principal decía que había dormido poco, poquísimo, y al actor, aunque no dijo nada, se le notaban los ojos rojos; no sabíamos si de no dormir o de empinar el codo, pero como no nos pagaban por eso, ni caso les hicimos.

Así estábamos cuando un grito nos despertó a todos de golpe. Pensamos que era una cabra —nos habían dicho que alguna encontraríamos—, pero no: el grito salió de la garganta de la actriz principal. Estaba chillando como una loca y eso hizo que todos nos acercáramos a ella a la carrera. Mudos nos quedamos cuando vimos a alguien vestido de negro, todo de negro (solo se le veían los ojos, de un azul intenso), sentado sobre un caballo, también negro, que relinchaba por el susto de los gritos de la actriz. Ella casi se desmaya de la impresión.

El director se acercó, más con miedo que con precaución, y le hizo señas para que bajara del caballo. El hombre bajó llevando consigo una gran bolsa de piel. Pensamos que igual nos sacaba un arma, pero no; de ella sacó una fiambrera de metal y se la entregó al director. Acto seguido, se subió al caballo y, desde arriba, gritó:

—¡Labneh!

Nos dejó boquiabiertos a todos.

Y como los chistes adivinatorios que tan famosos se hicieron años atrás te pregunto ¿cómo se llama la película?...



El yogur de leche de cabra ecológico es fácil de encontrar hoy en día en los mercados así que ¿por qué no probar?.

ACTO I o planteamiento
Para ello necesitas una muselina, un colador y un recipiente. Pones encima del recipiente el colador, encima del colador la muselina. Mezcla 500 g de yogur de cabra con 1/2 cdta. de sal. Vierte el yogur en el colador y dobla las puntas de la muselina sobre el yogur. Coloca un plato sobre la muselina y encima del plato una lata que no pese demasiado pero que haga presión para que desprenda todo el líquido. Deja reposar unas 24 horas en un sitio fresco. Aprieta de vez en cuando la muselina para que vaya eliminando líquido. Pasado el tiempo desmolda sobre un plato. 

ACTO II o confrontación
Para rizar más el rizo y aprovechar que tengo un delicioso AOVE me dispuse a preparar gelatina. Tenía ganas de prepararla pues con un buen aceite el resultado es excepcional, no es difícil y puede acompañar perfectamente al labneh y a la fruta. Me encantan este tipo de mezclas, la explosión de sabor que queda en la boca es intensa por lo que será un postre difícil de olvidar.

Para la gelatina usé, 2 g de agar agar, 50 g de agua, 15 g de azúcar, 50 g de aceite de oliva virgen extra y 1 cdta. de jengibre fresco rallado. En un cazo mezcla el agua y el azúcar a hervir, cuando está caliente añade el agar agar y por último el aceite y el jengibre. Deja hervir un poco. Emulsiona con una túrmix. Vierte la mezcla en moldes de silicona y dejar enfriar unas horas hasta que se solidifique. 

ACTO III o resolución
Para compensar el sabor asa unos albaricoques rojos en una sartén con un poco de azúcar moreno y ron dulce. También prepara unos higos, al natural y acompaña con ellos, las dos versiones de la fruta casan muy bien con el labneh de cabra, la gelatina de aceite y jengibre le da un delicioso sabor y contraste a todo el conjunto, ya sólo queda comerlo a cucharadas. 





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Pa de safarnària

Lupe se levantó un domingo con una sola idea en la cabeza: desayunar pan crujiente con aceite y tomate. Nada de tostadas gomosas del súper ni rebanadas aburridas. No. Ella quería pan, de ese que cruje y protesta cuando lo cortas, como si le costara separarse de sí mismo.

Así que, sin peinarse, se metió en sus sandalias (una de cada color, porque Lupe tenía ese don involuntario del desajuste encantador) y se fue al mercado. Pero el mercado estaba cerrado. Todo cerrado. Lupe bufó, caminó un rato sin rumbo y acabó, sin saber cómo, frente al lago del parque.

Allí, el agua brillaba con descaro bajo el sol, como si le importara poco el antojo panadero de Lupe. Sentada en un banco, con el estómago gruñendo, vio pasar a un niño pequeño. El niño soltaba barquitos de papel en el agua, cada uno con un trozo de pan dentro, como si fueran mensajes a los peces hambrientos.

—¿Y eso? —preguntó Lupe, sin poder evitarlo.

—Es para las carpas —dijo el niño con toda la seriedad de un capitán de cinco años—. Les gusta el pan con miga blandita. Pero a veces se lo lleva el pato ese que se cree tiburón.

En efecto, un pato se zambullía como un torpedo cada vez que un barco llegaba a media travesía. Lupe se rió y algo dentro de ella —quizás el hambre, quizás la ternura— se aflojó. Cogió un lápiz, tomó una hoja del cuaderno que siempre llevaba en el bolso y, sin pensarlo mucho, escribió:

«Quiero comer pan».

Hizo un barco con el papel, lo cargó con una galleta rota del fondo del bolso y lo echó al lago. El pato lo ignoró.

Pero, en ese mismo instante, alguien apareció por detrás y dijo:

—Perdona, ¿te gusta el pan? Tengo uno recién hecho y podría compartirlo contigo.

Era un chico delgado, con camiseta de rayas y pan en una bolsa de tela que olía a gloria celestial. Lupe lo miró. Miró el pan. Y luego, al lago.

—¿Tú crees en la magia de los barquitos de papel?

—A partir de ahora, sí —rió el chico.

Y así, Lupe desayunó pan crujiente a orillas del lago, con compañía inesperada. Porque a veces el universo no te da lo que pides… pero sí lo que realmente necesitas.





· PA DE SAFARNÀRIA · 

Ingredientes (1 hogaza mediana)
350 g de harina de fuerza
200 g de zanahoria morada cocida y triturada (al vapor o hervida, escurrida y hecha puré)
130–150 ml de agua (ajusta según humedad del puré)
7 g de sal
5 g de levadura seca de panadero (o 15 g de fresca)
10–15 g de miel o azúcar (opcional, realza el color y el sabor)
20 ml de aceite de oliva virgen extra
1 cdita de vinagre de manzana o zumo de limón (opcional, intensifica el morado)

Cuece la zanahoria:
  1. Pela y corta las zanahorias moradas. Cuece al vapor o hierve hasta que estén muy tiernas.
  2. Escurre bien y tritura hasta hacer un puré fino. Deja enfriar.

Mezcla la masa:
  1. En un bol, mezcla la harina con la sal y la levadura (seca, si es fresca, disuélvela antes en parte del agua).
  2. Añade el puré de zanahoria, el aceite, la miel y el vinagre.
  3. Incorpora el agua poco a poco mientras mezclas. La masa debe quedar suave y algo húmeda, pero no pegajosa.

Amasa:
  1. Amasa durante 8–10 minutos hasta que la masa esté elástica. Si está demasiado blanda, puedes añadir una cucharada de harina más.
  2. Puedes usar amasadora o hacer plegados cada 10 minutos durante 40 minutos.

Primer levado:
  1. Forma una bola y deja levar en un bol engrasado, tapado, durante 1 a 1,5 horas o hasta que duplique su volumen.

Formado:
  1. Desgasifica con suavidad. Forma una hogaza o pon en un molde de pan engrasado.
  2. Deja levar de nuevo unos 45–60 minutos.

Horneado:
  1. Precalienta el horno a 220 °C con vapor (puedes colocar un recipiente con agua caliente en la base del horno).
  2. Haz un corte decorativo si quieres.
  3. Hornea 35–40 minutos, bajando la temperatura a 200 °C después de 10 minutos.
  4. Deja enfriar completamente sobre rejilla antes de cortar.

Notas:
  1. El color de la zanahoria morada cocida puede variar al hornear (puede tender a tonos azules o grises por el pH). Añadir vinagre o limón ayuda a mantener el color más intenso.
  2. Este pan queda suave, húmedo y ligeramente dulce.
  3. Puedes usarlo para tostadas, bocadillos o como base para panecillos pequeños.


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Puré de patatas

Cinco estudiantes de intercambio se perdieron en una callejuela estrecha detrás de una conocida librería de Londres. Creían estar en camino hacia el Museo Británico, pero acabaron en una especie de mercado alternativo que parecía sacado de un libro raro.

¿Esto es el callejón Diagón? —preguntó Marta, riéndose.

Sí, claro, y yo soy Harry Potter —respondió Lucas, rodando los ojos.

En una esquina, junto a una tienda de libros viejos, había un carrito de comida con un cartel que decía:
“Puré de patatas profético — gratis hasta agotar existencias.”

Gratis —dijo Sofía—. ¿Qué puede salir mal?

El puré estaba increíble. Cremoso, caliente y con mucha mantequilla. Mientras comían, el dueño del carrito, un señor con un sombrero gigante con forma de embudo, los observaba con una sonrisa.

¿Sabían que este puré revela cosas sobre tu futuro? —les dijo, señalando su sombrero—. Yo no adivino con cartas ni bolas de cristal.

Los estudiantes rieron, pero Marta, por curiosidad, preguntó—¿Y qué ves en nosotros?

El hombre se acercó, los miró con aire teatral y dijo —Veo que habéis perdido algo importante… como la orientación, por ejemplo.

Eso ya lo sabemos —dijo Diego.—¿Y esto? —preguntó Inés, levantando una pequeña bolsa de tela que encontró en su bolsillo. Dentro había tres monedas de oro con un mapa dibujado en relieve.

¡Eso lo dejaste en el carrito! —le dijo el hombre—. Son monedas de cambio de la tienda de libros. Si las usas bien, te dan pistas para encontrar la salida__rió el señor.




Esta es mi versión de lo que considero el mejor puré de patata que he probado, el clásico puré francés del chef Joël Robuchon, quien dedicó un libro entero a las patatas. Su secreto: mucha mantequilla fresca y remover vigorosamente el puré. Para obtener un buen puré de patata, necesitas saber dos cosas: primero, la calidad de las patatas. Elige patatas amarillas con almidón, para un puré cremoso y suave, ya que tienen más humedad. El segundo consejo es nunca procesar las patatas. Usa un prensapatatas o un pasapurés manual. Ambas opciones trituran las patatas sin que queden pegajosas. Si procesas las patatas con una batidora de mano o un procesador de alimentos, el procesamiento libera más gluten y hace que el puré quede como pegamento. #diadelpuredepatatas


· PURÉ DE PATATAS ·

  • 500 g de patatas
  • 85 g de mantequilla, fría cortada a trozos pequeños
  • 235 ml de leche
  • 60 ml de nata
  • Sal al gusto

Elaboración
  1. Lava bien las patatas y córtalas por la mitad horizontalmente. Las mitades deben ser muy similares para que se cocinen uniformemente. 
  2. Colócalas en una olla grande y cúbrelas con agua fría, dejando unos 2,5 cm por encima de las patata. Añade media cucharada de sal gruesa por cada cuarto de agua de la olla. 
  3. Una vez que el agua alcance el punto de ebullición, baja el fuego a medio bajo y cocina a fuego lento las patatas sin tapar durante unos 20 minutos o hasta que la hoja de un cuchillo insertado en la patata la atraviese fácilmente.
  4. Trabaja rápidamente con las patatas aún calientes. 
  5. Escurre las patatas, pélalas y pásalas por el pasa purés o el prensapatatas. 
  6. Ponlas una sartén a fuego medio y remueve enérgicamente durante 4 minutos con una espátula de madera, dejando que se evapore el exceso de agua. 
  7. Empieza a añadir los trocitos de mantequilla fría, poco a poco, integrándolos bien y removiendo enérgicamente. 
  8. Hierve la leche y la nata y añádelas a la mezcla de patatas, en un chorro, hasta que se absorban por completo. 
  9. Dependiendo del nivel de humedad de las patatas, podría ser necesario ajustar la cantidad de leche, no querrás un puré sólido ni líquido. 
  10. Así que ve poco a poco al final para asegurarte de obtener la consistencia adecuada. 
  11. Si necesita añadir más leche, hazlo en caliente. 
  12. Prueba de sal y sirve.







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GastroBaleares




"Vet aquí"… Así comienzan les rondalles mallorquines, esos cuentos populares de Mallorca que se transmitían de boca en boca, de padres a hijos. Y, precisamente de boca en boca, queremos contar nuestro particular evento, que gracias a Manu y a María José haremos realidad el próximo 1 de junio.

Será una jornada instructiva y divertida, pensada para conocer algunos lugares interesantes de Palma, recorrer la isla en busca del producto mallorquín y terminar con una cena en un celler típico y con renombre.

La idea es que, con el tiempo, podamos organizar nuevos encuentros en las distintas islas para seguir descubriendo los diversos aspectos de las Baleares. Así pues, la convocatoria queda abierta: podéis dirigiros a los blogs de los organizadores para concretar detalles e informaros sobre el evento.

Manu y María José me pidieron que diseñara el logotipo para este encuentro gastronómico. Me dieron total libertad, así que, buscando un nexo de unión entre islas y saliendo de lo típico, se me ocurrió que quizá los tres animales de abasto podían representarnos muy bien.

El cerdo simboliza Mallorca, ya que de él elaboramos, entre otros productos, la conocida sobrasada. La vaca representa Menorca, famosa por sus quesos. Y la oveja encarna a Ibiza y Formentera, donde el flaó, dulce típico de allí, se elabora con leche de este animal.

Además, en los próximos años, el evento se trasladará a las demás islas: Mallorca será la primera, Menorca la segunda e Ibiza la tercera. Los tres logotipos irán adaptándose según la isla anfitriona y el enfoque del evento.

Y terminan diciendo: "Rondalla explicada, rondalla acabada".

Logotipo creado por @catypol

Pollo frito

En Shimoda, un pequeño pueblo costero, Haruki vivía una vida tranquila y rutinaria. Tenía veintitrés años, trabajaba a tiempo parcial en una tienda de manga y el resto del tiempo dibujaba el suyo propio, que llevaba años sin terminar. Su único lujo: un pollo frito de la combini los viernes por la tarde.

Todo habría seguido igual si no fuera por la llegada de Carmen. Carmen era su nueva vecina, una española de pelo rizado, voz alta y carácter muy entrometido. Había llegado al edificio con una bicicleta roja, una maleta gigante y una bola de discoteca bajo el brazo.

—¿Tú sabes dónde venden buen karaage? —le preguntó el primer día, asomándose por su ventana.

Haruki, que apenas hablaba con nadie que no fuera de papel o tinta, solo señaló hacia la combini de la esquina.

Carmen no se dio por vencida. A la semana siguiente, ya se había infiltrado en su rutina de viernes.

—Hoy lo compramos juntos, ¿vale? Y luego me enseñas ese manga tuyo que escondes.

El pollo frito crujía bien. El manga, según Carmen, «necesitaba más besos y menos peleas». Haruki se sonrojó. Ella se rió. Así empezó un verano raro.

Cada tarde salían en bicicleta. Carmen llevaba su bola de discoteca atada al manillar, diciendo que cualquier sitio podía ser una pista de baile si uno lo deseaba lo suficiente. Algunas noches subían al tejado del edificio, colgaban la bola con una cuerda de tender y la alumbraban con la linterna del móvil. Bailaban en silencio, con los grillos de fondo y la luna iluminando las vistas.

Un día, Carmen no tocó a su ventana. Ni al siguiente. Haruki esperó una semana antes de decidirse a subir al tejado con la bola de discoteca que ella había dejado olvidada. Allí, junto a la cuerda y un sobre con su nombre, encontró una nota:

«Me vuelvo a casa, pero tu historia no termina. Que tu manga tenga pollo frito, bicicletas y una bola brillante. Y también algún beso. Nos vemos en otra página».

Esa noche, Haruki dibujó hasta que salió el sol. El protagonista ya no peleaba tanto. Sonreía más. Y llevaba una bicicleta roja.




Considerada la Martha Stewart japonesa, Harumi Kurihara es, además de famosa en su país, una gran cocinera que ha traspasado fronteras y nos ha traído sus recetas. Ella se considera una ama de casa corriente pero con ocasión de viajar mucho y observar desde fuera su país, dice que una persona conoce verdaderamente su país cuando lo ha contemplado desde fuera, cuando conoce cómo lo ven los demás.

Yo tengo uno de sus libros, Harumi cada día, y sus recetas son deliciosas, y para que veáis que se puede disfrutar de un plato japonés con ingredientes que tenemos cerca, y que sabe deliciosamente bien, esta es una de las recetas que más me ha gustado de ese libro. Servido en un cuenco, o acompañando un poco de arroz japonés, o con fideos, según Harumi esta receta tiene mucho éxito entre sus lectores, y eso que tiene más de veinte años.

En el libro nos detalla una lista de ingredientes que suele tener en casa para cocinar, uno que me ha gustado mucho es la fécula de patata o Katakuriko. Ella dice que espesa los líquidos mejor que la harina o la fécula de trigo, además los fritos quedan más crujientes. Yo era un poco escéptica sobre ese punto, ¿más crujiente?, ¿harina de patata?, pues sí, así es, y en la primera foto se ve.

· POLLO FRITO CON SALSA DE PUERROS ·


Ingredientes para 4 personas (raciones pequeñas) 
  • 500 g de muslos de pollo, deshuesados con piel
  • 1/2 cucharada de salsa de soja
  • 1/2 cucharada de sake
  • Fécula de patata para rebozar el pollo
  • Aceite para freír

Para la salsa
  • 1 puerro
  • 100 ml salsa de soja
  • 1 cda. sake
  • 30 ml vinagre de arroz
  • 1 1/2 cdas. de azúcar
  • 1/2 cda. de aceite
  • 1 guindilla sin semillas picada

El pollo.
  1. Para el pollo, (perfora la piel con un tenedor, corta los trozos grandes por la mitad). 
  2. En mi caso corté las pechugas (usé pechugas pues era lo que tenía en casa) en trozos medianos, perforé igual para que el condimento entrara bien. 
  3. Deja la carne unos 10 minutos en la salsa de soja y el sake. 
  4. Ves removiendo para que se impregnen bien.

La salsa. 
  1. Pica muy fino el puerro. 
  2. Calienta el aceite en una sartén y cuando esté caliente saltea el puerro y la guindilla. 
  3. Yo sólo el puerro. 
  4. Aparte mezcla, la salsa de soja, el sake, el vinagre de arroz y el azúcar, en un cuenco. 
  5. Agrega esta preparación a la sartén, y remueve. 
  6. Cuando el azúcar se disuelva retira del fuego. 

El pollo. 
  1. Saca el pollo del adobo.  
  2. Rebózalo con la fécula de patata. 
  3. Mientras calienta aceite en una sartén y cuando esté caliente fríe el pollo. 
  4. Una vez hecho déjalo encima de papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. 
  5. Pon el pollo en una fuente y cúbrelo con la salsa.




Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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