Eran tiempos modernos, me decía mi abuelo, y yo lo miraba con interrogantes. Eso le hacía sonreír.
Era un hombre alto —o eso pensaba yo—, pues cuando estaba al lado de mi abuela parecían la una y media, y eso me hacía sonreír a mí.
Cuando hacía un sol de justicia, como decía él, se sentaba bajo el parral, cigarro en boca, gorra campesina y la mirada perdida en el campo. Sus tierras estaban llenas de almendros: los cuidaba, los recogía y llevaba las almendras a la cooperativa para que las pelasen con aquellas grandes máquinas.
Cuando iba a recogerlas, siempre me llevaba con él. Me decía:
—Seguro que se quedan una buena parte de mis almendras.
Luego se encogía de hombros y me sonreía… o lo que yo pensaba que era una sonrisa, pues sus finos labios dibujaban una línea un poco más larga de lo habitual.
Nunca supe si era cierto lo que decía o si simplemente era su forma de quejarse por algo que no podía controlar. Gran parte de las almendras se vendían a la cooperativa, y una pequeñísima parte nos la llevábamos a casa, para el turrón o para el helado, según las ganas de trabajar de mi abuela. Porque de eso se encargaba ella; él decía que ya había hecho su parte.
Ahora sí que llegaron los tiempos modernos: en el campo del abuelo ya no hay almendros. Poco a poco fueron desapareciendo. Él tampoco está ya. No es nostalgia… o quizás sí, un poco.
Cada vez que como helado de almendra recuerdo su sonrisa —o lo que yo pensaba que era su sonrisa— y la imagen de verlo sentado bajo el parral, cigarro en boca y gorra campesina, atraviesa mi mente. Entonces sonrío.


En casa de mis abuelos maternos teníamos almendros. Recogíamos la almendra nosotros mismos y la usábamos, sobre todo, para hacer turrón. El almendro es un árbol que hoy en día necesita más agua de la que dispone; el clima ha cambiado tanto en Mallorca que muchísimos de ellos murieron y, en su lugar, ahora se plantan algarrobos.
Recuerdo perfectamente las fiestas del pueblo en verano. San Bartolomé es el patrón y se celebra el 24 de agosto. Ese verano en concreto, siendo yo una niña pequeña, estaba sentada en la plaza del pueblo con mi madre y mi hermano menor. Habíamos ido a ver un concurso de helados hechos con la heladera tradicional, esa de manivela y hielo. No tanta gente tenía una, pero aun así participaron las familias suficientes como para que no se anulara el certamen. Me debió de impresionar muchísimo, porque es un recuerdo que conservo muy vivo: el helado que ganó fue uno de melón. Y sí, lo probé. Creo que nunca he vuelto a comer un helado de melón tan rico; de hecho, no he vuelto a probarlo porque jamás volví a verlo en ninguna parte.
Durante mis veranos infantiles, el postre de los domingos siempre era helado. Específicamente, helado de almendra que mi madre elaboraba a base de un preparado mallorquín de azúcar y almendra (o a veces de avellana). En invierno, el postre dominical cambiaba por el flan. Al llegar la adolescencia todo aquello se perdió; eran otros tiempos. Ahora, la nostalgia lo ha traído de nuevo. La nostalgia... o quizás el hecho de que los helados suelen ser para el verano, aunque se puedan disfrutar todo el año si a uno le apetece. Aquí te traigo mi versión para que salga cremoso y no un bloque duro.
· HELADO DE ALMENDRAS ·
Ingredientes
- 1 litro de leche entera y fresca
- 180 g de almendras peladas (o harina de almendras)
- 100 g de azúcar
- 100 g de miel o azúcar invertido
- La piel de 1 limón (sin la parte blanca)
- 1 rama de canela
- 11 g de fécula de arroz
Paso 1: Infusionar y espesar
Pon en el vaso de la Thermomix el litro de leche entera, el azúcar y la miel, la piel de limón, la canela y la fécula.
Programa 8 minutos, 90°C, velocidad 2.
Retira la piel de limón. Vierte esta leche en cubiteras. Deja enfriar y métela al congelador hasta que esté congelada.
Paso 2: El día del heladoPon las almendras en el vaso limpio y seco. Pica 25 segundos, velocidad progresiva 5-10 hasta que se hagan harina fina. O usa harina de almendra directamente.
Saca los cubitos de tu leche ya cocinada y congelada. Déjalos 2 minutos sobre la encimera para que no estén como el granito.
Añade los cubitos al vaso junto con la harina de almendra. Programa 1 minuto y medio, velocidad 5-10, ayudándote con la espátula por el bocal si es necesario, hasta que veas que se forma una crema helada perfecta, sin un solo cristal de hielo.
Notas:
Si no tienes Thermomix hazlo con la túrmix o con un procesador de alimentos, pero que las almendras sean en harina y no enteras así será más fácil, si no usa harina de almendras directamente.
¿Por qué leche entera fresca? Porque es mucho mejor que la que se vende en tetrabrick para el helado. La leche fresca solo se pasteuriza (se calienta suavemente a unos 72º C). Al mantener sus proteínas intactas, estas tienen una capacidad mucho mayor para atrapar el aire y la grasa durante el batido en la Thermomix. El resultado es un helado notablemente más cremoso, con más cuerpo y que se derrite más lentamente. La grasa de la leche fresca emulsiona mejor con la grasa natural de la almendra que vas a triturar. Al unirse la grasa láctea de calidad con el almidón de arroz, la estructura del helado queda "blindada" contra los cristales de hielo. Usa el tetrabrik solo si te pilla de imprevisto y no tienes otra cosa a mano.
¿Dónde comprar la leche fresca? En la sección frío (neveras) de lácteos de los supermercados.
¿Dónde puedes encontrar fécula de arroz? En supermercados asiáticos o online. Quizás donde vives también puedes encontrarlo en grandes superficies. Yo suelo comprarlo en supermercados asiáticos así me aseguro encontrarlo.
Este es el helado para preparar (fotos abajo) que mi madre hacía cuando era pequeña, de la empresa Gelabert de Porreres (Mallorca).

Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.