Escudella de mongetes de confit
La de mi abuela tenía esa capacidad. Podías entrar después de muchos años y todo seguía en su sitio: la cuchara de madera junto al fogón, el paño de cuadros colgado en la puerta de la cocina, el tarro de vidrio donde se guardaban las almendras y aquella mesa de madera marcada por tantas comidas que parecía tener escrita la historia de la familia en cada arañazo.
En Mallorca, el verano llegaba primero a las cocinas.
Llegaba con el olor del tomate recién cortado, con los pimientos asados enfriándose en un plato, con el aceite derramándose lentamente sobre una rebanada de pan moreno. Llegaba cuando la fruta madura llenaba las cestas y los higos aparecían en la mesa como pequeños tesoros que había que comer antes de que el sol terminara su trabajo.
Mi abuela decía que las recetas no se aprendían: se heredaban.
No hablaba de cantidades ni de tiempos; hablaba de recuerdos.
—Ponle lo que pida —decía.
Nunca supe qué significaba exactamente aquello, pero ella siempre sabía cuándo un plato estaba terminado.
Quizá porque cocinaba mirando hacia atrás.
Mientras preparaba una escudella fresca, recordaba los veranos en que la mesa era más grande y las voces llenaban la casa. Mientras amasaba una coca de verdures, nombraba a personas que ya no estaban, como si todavía pudieran aparecer por la puerta atraídas por el olor del horno.
Había algo extraño en aquellas tardes de agosto. Todo parecía inmóvil: las persianas medio cerradas, el ventilador girando sin prisa, el silencio de la calle después de comer.
Pero la cocina nunca estaba quieta.
Allí seguían viviendo las historias.
Un plato de tumbet podía devolver una conversación antigua. Una ensalada podía traer la imagen de alguien sentado en una silla concreta. Un vaso de granizado de almendra podía hacer aparecer un verano entero en un solo sorbo.
Con los años entendí que las casas no desaparecen cuando se cierran sus puertas. Algunas permanecen escondidas en los sabores, en los gestos repetidos, en esa forma misteriosa que tiene la memoria de guardar lo que parecía pequeño.
Por eso, cada verano, cuando corto un tomate y dejo caer sobre él un hilo de aceite, la cocina vuelve a abrirse.Y durante unos minutos, aunque nadie diga nada, todos vuelven a estar sentados a la mesa.
Las mongetes de confit son una variedad tradicional de alubia o judía (Phaseolus vulgaris) cultivada en Mallorca, considerada una auténtica exquisitez gastronómica del verano en la isla. A diferencia de las legumbres secas habituales, estas judías se comercializan frescas dentro de sus vainas jaspeadas y se desgranan justo antes de cocinarse. Esto les aporta una textura extremadamente mantecosa y suave que no requiere remojo previo; una vez cocinadas, quedan casi blancas y el jaspeado desaparece. Es un producto típicamente estival que se encuentra en los mercados locales entre finales de junio, julio y agosto.
Su uso gastronómico principal es la elaboración de la escudella fresca, un guiso de cuchara típicamente veraniego que se adapta al clima de la isla combinando estas alubias tiernas con verduras de la huerta estival como calabacín, patata, judía verde, tomàtiga de ramallet y un toque aromático indispensable de mejorana.
Muy apreciadas por los mallorquines, las solemos comer en escudella, aunque también se puede elaborar una ensalada si se prefiere una versión fría. Sé que tomar un guiso de cuchara en esta época del año puede parecer extraño por el calor, pero es un plato tradicional de la gastronomía mallorquina en verano. La receta de mi madre es todo verdura pero también se puede añadir un poco de carne si gusta.
Escudella de mongetes de confit — guiso de alubias mallorquín de verano
- 100 g de mongetes de confit (alubias)
- 1 calabacín
- 50 g de judía verde
- 100 g de patata
- 1 cebolla
- 1 ajo
- 1 tomate de ramellet
- Aceite de oliva
- Sal
- Pimienta negra
- 1 ramita de mejorana
- 1 ramita pequeña de Tomillo
- 750 ml de caldo de verduras
Mise en place:
- Saca las judías de la vaina.
- Reserva.
- Limpia el calabacín y las judías verdes.
- Pela la patata.
- Corta la verdura en mirepoix (dados 1cm. aprox.).
- Reserva.
- La patata resérvala en agua.
- Limpia la mejorana y el tomillo y sécalo con papel de cocina.
- Separa las hojas de los tallos y reserva.
- Pica la cebolla en brunoise y lo mismo el ajo, ralla el tomate.
- Pon el caldo de verduras al fuego para que hierva cuando lo necesites.
- En una cacerola al fuego suave con aceite de oliva sofríe la cebolla y el ajo.
- Cuando transparente añade el tomate rallado.
- Cuando el tomate esté bien cocinado añade el caldo hirviendo.
- Cuando vuelva a hervir añade las judías y a los 15 minutos el resto de verduras.
- Salpimienta a gusto.
- Deja cocinar hasta que las judías estén tiernas.
- Añade en los últimos 5 minutos la mejorana y el tomillo.
- Probar de sal, rectificar en el caso de que falte.
- Apaga el fuego y deja reposar un poco antes de servir.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se pueden encontrar las mongetes de confit?
Es un producto estrictamente estival y local. Se encuentran en los mercados tradicionales de Mallorca entre finales de junio y agosto. Fuera de la isla son muy difíciles de conseguir frescas, aunque en Cataluña y la Comunidad Valenciana existen variedades similares. Si no las encuentras, puedes sustituirlas por alubias pochas frescas, que tienen una textura y temporada parecidas.
¿Por qué se come un guiso caliente en verano en Mallorca?
Porque la temporada de las mongetes de confit coincide exactamente con el verano mallorquín. La tradición manda aprovechar el producto cuando está en su mejor momento, independientemente del calor. Es el mismo principio que llevaría a cualquier asturiano a comer fabada en agosto si la faba estuviera en temporada. El plato es ligero, con mucha verdura y caldo, lo que lo hace más llevadero de lo que parece.
¿Se puede hacer una versión fría de la escudella de mongetes?
Sí. Las propias mongetes de confit cocidas, ya frías, se pueden servir en ensalada con cebolleta, tomate de ramellet, aceite de oliva virgen extra y sal. Es una alternativa perfecta para los días de más calor que mantiene todo el sabor del producto sin necesidad de caldo caliente.















Son preciosas esa mongetes de confit, que nombre tan bonito =) Estos mallorquines orgullosos de su tierra son parte del encanto de la isla ¿que sería Mallorca sin vosotros?
ResponderEliminarUn besazo!!!
Que ricura nos hiciste hoy Caty.
ResponderEliminarPreciosas!! estas alubias.
Un saludito
Preciosas las fotos y !Oh un mallorquín! Me he reído mucho. Las mongetes ni las busco pues es imposible encontrarlas en Cádiz. Saludos.
ResponderEliminarAunque sea verano me comía un plato de esta escudella tan buena que nos traes.
ResponderEliminarDesde luego si sigue así la isla, cuando se vea a un autentico mallorquín lo vas a señalar con el dedo, y se quedaran atónitos¡¡
Buen verano
Bss
Ya quería tiempo y ganas para venir a dejarte un abrazo enorme y disfrutar de esta ricura, me encanta todo Caty, ese fragmento del libro, la delciadeza de las imágenes y el cariño que siempre pones a todo.
ResponderEliminarTe dejo mi mejor vibra linda!!
Un abrazo bella!
EliminarCaty me han encantado estas judias, son preciosas, y además seguro que están buenísimas !!! No las conocía, me imagino que solo las encontraréis por allí.
ResponderEliminarbesos,
Creo que hay en Cataluña también y no sé si en la Comunidad Valenciana, por ahora conozco en Mallorca pero es como la zanahoria morada que también venden en puntos determinados de la geografía española, igual con esto pasa lo mismo.
EliminarUn beso
Me super encanta!!
ResponderEliminarYo saco una versión en ensalada en unos días!! Nos hemos leído el pensamiento. Mi 50% sale de vez en cuando a relucir ☺️
Beso
Querida Caty, efectivamente mantener las constumbres, recetas, creo que hace que a España diferente, jajaj como el logo, somos así, y por favor que no perdamos nuestras recetas con calor o frío, da igual. Jajaj te comieste una fabada en Asturias con un poco de calorín. Ganísimas de probar tu escuedella a muchos grados, bsss guapisima
ResponderEliminarBuena reflexión! Jajaja! Por aquí también hay zonas superpobladas por otro tipo de inmigración...
ResponderEliminarEl guiso de rechupete! Menuda pinta tiene ese caldito... Aún con estos calores me zampaba con gusto una de esas cazuelitas.
Me he acordado de la zona de Murcia donde mi familia tiene la casa de campo, a pocos kilómetros de la playa y en medio de una invasión de urbanzaciones y campos de golf. Hay tantísimos turistas (o jubilados extranjeros que casi viven allí todo el año) que en algunos pueblos a veces lo raro es encontrarte a un lugareño de verdad!
ResponderEliminarEsas judías me parecen preciosas, es una pena que pierdan ese color al cocinarse, pero doy fe que también son deliciosas :).
Un abrazo
De pequeña las alubias eran el único alimento que me negaba a probar, tanto que cuando nos mudamos cerca de un lugar cuyas judías eran famosas lloré durante días diciéndole a mi madre que por favor no por ello cocinara más a menudo esta legumbre... Yo no las he preparado nunca, aunque con el tiempo he aprendido a degustarlas y valorarlas en aquellos lugares donde son típicas e incluso pido fabes, mongetes o judías en los restaurantes que las tienen como especialidad. Las que nos muestras son preciosas estéticamente y tienen pintaza en el plato.
ResponderEliminarTengo un amigo norteamericano que ha vivido en España muchos años, no ha llegado a integrarse del todo, nos achaca que somos poco abiertos para ciertas cosas: es judío (no practicante pero orgulloso de su origen) y me contaba que al llegar a España le llamó la atención que llamaran judías a estas legumbres; preguntó al camarero de un restaurante el porqué y a éste no se le ocurrió otra respuesta más limitada que decir "pues serán porque son feas". Cuando me contó la anécdota me sentí avergonzada del paisano y le comenté a mi amigo que debía haberle contestado "¿feas como María, la de Belén?"... Me respondió que hubiera estado bien pero que seguramente aquel señor (por llamarle de algún modo) no hubiese entendido la ironía... En fin, que las judías mallorquinas son preciosas, todas, las mongetes y las chuetas (tengo allí tías y primas de éstas últimas).
Besazos
La verdad es que no sé si la palabra judía refiriéndonos a la legumbre deriva de un origen hebreo, además creo que según la zona son nombradas cómo alubias de origen árabe, así que no entraré en detalles, no lo sé, las historia relata que vinieron de América pero eso me desconcierta aún más eso del nombre.
EliminarUn besito guapa
Creo y no me hagas mucho caso, que una vez que estuve en Mallorca probé los mongetes y desde luego me resulto extraño que con estas temperaturas se pudieran degustar como este, a día de hoy es un plato de cuchara que apetece, igual que las judias, aunque en sitios más templaditos.
ResponderEliminarPor aquí no las he visto, sera cuestión de darme una vuelta por Mallorca y poder degustarlas, te quedo un plato de 10, besotes
Preciosa
Sofía
No sé si encontraras en Mallorca algún restaurante que las cocine es más bien un plato casero, totalmente familiar, pero si te vienes a Mallorca en verano y te apetece probarlas con gusto yo te cocinaré el plato.
EliminarUn besito
Sin duda el visitante debe ir a aprender. Eso es imprescindible, no entiendo al turista que sale de casa para pedir bratwurst y paellas en Addis Abeba. Imposible entenderlo. Como a mis compañeros de viaje que en Hebrón eligieron para cenar una pizzería. En Hebrón!!! Ufs. Yo no pude y opté por un fast food yemení (no pude arrastrar más lejos a algunos de ellos).
ResponderEliminarEn todo caso, yo si viajo, sí averiguo sobre las variedades autóctonas y las pruebo, las repito, me pongo las botas, y disfruto de aquello que es auténtico, original y bello, como estas judías preciosas.
Aaah qué buena.
ResponderEliminarAquí en Donosti se le llama "Alubia pocha"...blanca, pinta o negra....pero pocha es cuando es fresca.
Es una delicia.....y verdura.
Besos guapa, qué rico tu post
Marialuisa
Deliciosa receta. Gracias por resfrecar nuestra memoris con esta ancestral receta.
ResponderEliminarLo de sentirte extraño en tu tierra también pasa en Barcelona.... La ciudad está repleta de turistas todo el año... Esas judias son preciosas, muy fotogenicas, y si forman parte de la cultura gastronomica mallorquina, seguro que estan riquisimas!!! Besos
ResponderEliminarPreciosas judías, Caty. En mi país le llamaríamos frijoles y comemos potajes todo el año a pesar de las altas temperaturas del trópico. Creo que nos viene de los españoles y la añoranza por sus platos, a los que luego fuimos agregando los sabores criollos.
ResponderEliminarMe encantaría aprender de los mallorquines y me brindo al asalto si pudiera.
Un beso grande,
Vero
Caty Hola! Me encantan estos post en los que el ingrediente estrella tiene su peculiaridad, su situación geográfica, que transmite bagaje cultural gastronómico, que solo lo aprecian los viajeros cuando se topan con esos platos que tan solo allí donde van los podrán saborear porque el contexto es el apropiado, que dejan recuerdos indescriptibles de esos momentos. Y si además el ingrediente es tan fotogénico... que más se puede pedir?... no apto para turistas, ellos no salen del jardín de infancia gastronómico, sólo se trasladan, no viajan.
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