Mateo Txistu flotaba sobre un huerto de Guipúzcoa. Sus perros fantasmales, cansados de correr tras liebres inexistentes, aprovechaban para olisquear unos pepinos. Mateo, sin embargo, se quedó petrificado ante una hilera de tomates que brillaban con un rojo tan intenso que parecían rubíes del infierno.
— ¡Por el bastón de San José! —exclamó Mateo, ajustándose la sotana etérea—. Estos frutos claman por una transmutación. No pueden terminar en una simple ensalada con cebolla.
Abajo, Patxi, un campesino con una espalda tan ancha como un frontón y la paciencia de un buey, recolectaba los tomates con la delicadeza. No veía a Mateo, ni oía el silbido fantasmal del cura.
Mateo se puso a la altura de la oreja de Patxi y empezó a hablar como un barman.
— ¡Escúchame, buen hombre! —gritó Mateo—. Lo que tienes ahí no es verdura, ¡es el alma de un Cóctel de Sangre!
Patxi, sintiendo una brisa fría en el cuello, se rascó la oreja. — Maldita tramontana... —gruñó el campesino.
Harto de no ser escuchado, Mateo dio un silbido que hizo que todas las hojas de los tomates vibraran al unísono. Patxi, convencido de que venía tormenta, agarró su cesta y salió corriendo hacia el caserío a toda prisa.
— Qué desperdicio... —susurró el cura fantasma—. El mundo moderno no está preparado para un cura que sabe lo que es un buen Garrotín. ¡Perros! ¡A correr! ¡A ver si el vecino tiene vodka!
[COOKING THE CHEF]
Nací en la calle General Echagüe, junto a la Parte Vieja donostiarra, pero lo cierto es que casi nunca parábamos en casa. Mis padres eran propietarios del Bodegón Alejandro, toda una institución popular en nuestra ciudad. Allí hacíamos la vida.
A mi padre, carnicero de profesión, lo conocía todo el mundo. Amaba con pasión las cosas de nuestra tierra y sabía rodearse de gente de su estilo. Pero no le gustaba la cocina, siempre estaba en el comedor, como si fuera un cliente privilegiado. Mi madre, Gabriela, andaba siempre trasegando de la cocina al comedor, atendiendo a la clientela y cuidando de nosotros.
Mi madre y mi tía María, que eran quienes gobernaban realmente la nave, intentaban quitarme las ganas de ser cocinero, decían que era una profesión muy dura, que había cosas mejores en la vida, que cualquier otro oficio me haría más feliz. Pero a cabezota no me gana nadie, así que un día me dijeron que si quería guisar comenzara a trabajar a las ocho de la mañana como todo el mundo y sin parar hasta medianoche. Y así ha sido hasta hoy.
__Martín Berasategui para JotDown.
Y sí, esta es mi receta elegida del chef Martín Berasategui con la que participo en el reto
Cooking the chef, una receta fácil, deliciosa y apropiada para estos días que vendrán de calor intenso, además servida en copas de cóctel la hace más cool, podrás brindar por esas noches de verano.
· GARROTÍN DE TOMATE Y VODKA ·
El garrotín de tomate:
500 gramos de tomate
22 gramos de kétchup
25 gramos de concentrado de tomate
120 gramos de hielo pile
45 gramos de aceite de oliva
20 gramos de aceite de albahaca
Hojas de albahaca
Sal y pimienta
25 gramos de vinagre de sidra
El aceite de albahaca:
3 dientes de ajo
Pimienta negra en grano
Hojas de albahaca
Aceite de oliva virgen
El granizado de vodka:
500 gramos de agua
50 gramos de azúcar
70 gramos de vodka
1 hoja de gelatina o 1 sobre gelatina de 6 gramos.
El aceite de albahaca:
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Introduce todos los ingredientes en un bote de cristal, cubre con el aceite y deja macerar un mínimo de 15 días en algún lugar que no esté expuesto a la luz.
El granizado de vodka:
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Calienta el agua con el azúcar, sin que hierva, y agrégale la gelatina previamente hidratada.
- Agrega el vodka, mezcla bien y coloca en un recipiente.
- Congela y a la hora de servir raspa con un tenedor para hacer el granizado.
El garrotín de tomate:
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Corta los tomates en trozos con piel y pepitas.
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Introduce dentro de un vaso de batidora y agrégale el kétchup, el tomate concentrado y el vinagre de sidra.
- Mezcla durante 1-2 minutos y filtra por un colador fino.
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Salpimienta y coloca de nuevo en el vaso junto al hielo pile y los dos tipos de aceite.
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Tritura 1-2 minutos más y vierte en las copas para servir.
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Servir en copas, coloca una buena cucharada del granizado por encima y unas hojas de albahaca frescas para decorar.
Notas:
- Martín recomienda conservar el aceite de albahaca dentro de la nevera.
- La gelatina en el granizado hace que aguante más tiempo sin que se convierta en agua.
Fotografías @catypol - Circus day.