Todos temían que de un momento a otro soltara un alarido y se abalanzara sobre los presentes, pero no fue así. Tomó aire hondo y, acomodándose el mechón rebelde tras la oreja, se limitó a soltar una palabra:
—Huevos.
Seguro que aguardaban un buen improperio, pues apenas se atrevían a parpadear, pero respiraron aliviados. Creyeron al principio que se habían agotado, aunque bastó echar un vistazo a la mesa para descubrir una huevera intacta; volvieron a clavar los ojos en ella sin entender nada.
Ella insistió:
—Huevos.
Los demás estuvieron a punto de soltar una carcajada limpia, pero se contuvieron al verla tan azorada, aun a sabiendas de que la mesa estaba bien surtida. Fue entonces cuando empezaron a tentar a la suerte en voz alta:
—Tortilla, huevos fritos, pasados por agua, escalfados, duros, poché, revueltos, aromatizados…
—No, no, no —negaba ella con la cabeza.
Luego los miró con un brillo travieso en los ojos y remató:
—Un huevo, dos huevos, tres huevos.
El merengue cocinado al horno, conocido comúnmente como merengue horneado o suspiros, tiene sus raíces en la evolución de la repostería europea entre los siglos XVII y XVIII. Aunque la tradición popular atribuye su invención al pastelero italiano Gasparini en la localidad suiza de Meiringen hacia 1720, los testimonios documentales demuestran que el batido de claras de huevo con azúcar ya se practicaba con anterioridad. El registro escrito más antiguo de una preparación horneada similar data de 1604, en el manuscrito culinario de la dama inglesa Lady Elinor Fettiplace, donde detalla unos bocados crujientes llamados white bisket bread. Por su parte, la voz francesa meringue apareció por primera vez impresa en el recetario del cocinero François Massialot en 1691, consolidando la técnica de deshidratar esta espuma a fuego muy suave para lograr su textura etérea.
El dominio técnico del merengue horneado estuvo estrechamente ligado a la evolución de los hornos. En sus orígenes, conseguir piezas inmaculadas, crujientes por fuera y completamente secas por dentro, suponía un reto monumental ante la ausencia de termómetros. Los maestros obradores debían aguardar a que los hornos comunales de leña perdieran fuerza tras la cochura del pan, aprovechando ese calor residual para secar las piezas durante horas. Si la bóveda conservaba demasiada temperatura, el azúcar de las claras se caramelizaba, tornando el dulce en tonos pardos y malogrando la blancura impoluta que demandaba la aristocracia de la época.
Durante el siglo XIX, la técnica alcanzó cotas de alta precisión de la mano de Marie-Antoine Carême. El célebre artífice de la haute cuisine popularizó el uso de la manga pastelera con boquillas estriadas, permitiendo escudillar el merengue en nidos, esferas y filigranas antes de llevarlo al calor. Carême sistematizó la cocción lenta y prolongada, convirtiendo este bocado en la arquitectura estructural de montajes más ambiciosos. Gracias a esta destreza nacieron hitos de la pastelería internacional como la pavlova —creada en tributo a la bailarina Anna Pávlova, con su corteza quebradiza y corazón esponjoso— o el vacherin, que combina discos crujientes con fruta fresca, chantillí y helado.
Actualizada 2026.
Esferas de merengue rellenas de crema pastelera y nata
- 60 g de clara de huevo
- 120 g de azúcar glass
- Termómetro
- Molde semiesférico
- 2 yemas de huevo
- 20 g de fécula de maíz
- 60 g de azúcar
- 250 g de leche
- 1 gota de vainilla
- 1 gota colorante alimentario amarillo
- Nata montada
- Mermelada fresa ácida para decorar
- Soplete
- Pon en un cuenco la fécula y las yemas y mezcla bien hasta que la fécula se haya disuelto.
- En un cazo pon la leche, la vainilla y el azúcar y calienta al fuego hasta que el azúcar se disuelva, remover en todo momento, cuando esté caliente pero sin hervir aparta del fuego y añade a la leche la mezcla de huevo con la fécula, remueve.
- Lleva otra vez al fuego, tiene que estar muy suave, y sin parar de remover, cuando empiece a hervir aparta del fuego. Si crees que el color es un amarillo suave añade una gota de colorante y remueve bien para que se mezcle.
- Pon la crema en un cuenco y tapa con film a pelo para que no forme una costra.
- Reserva.
- Pon una olla con agua al fuego que hierva.
- Cuando hierva pon un cuenco encima, un poco más grande que el diámetro de la olla para que se haga al baño María, y que el agua no llegue a tocar el cuenco.
- Pon las claras y el azúcar y mezcla con una varilla.
- Bate y mira, al mismo tiempo la temperatura de la mezcla, no debe sobrepasar los 60º. En caso contrario se cocerán las claras.
- Cuando el azúcar se ha derretido bien en las claras y no ha sobrepasado la temperatura pero si llegado a ella, retira con cuidado y pasa las claras a la batidora.
- Bate a velocidad media-alta hasta que se monten las claras, eso ocurrirá cuando se hayan enfriado y se forme un pico de merengue con las varillas.
- Pon el merengue en una manga pastelera y forma siguiendo la esfera círculos en las cavidades del molde dejando el centro vacío.
- Deja reposar 30 minutos.
- Mientras precalienta el horno a 80º C.
- Pasados los 30 minutos hornea por 2 horas 15 minutos.
- Saca del horno y deja enfriar.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se hornea el merengue a 80°C durante más de 2 horas?
Porque el objetivo no es cocer sino deshidratar — eliminar toda la humedad de las claras sin que el azúcar se caramelice. A temperaturas más altas el exterior se dora o se chamusca y el interior queda húmedo. A 80°C el proceso es lento pero el resultado es un merengue completamente blanco, seco por dentro y crujiente por fuera. Es la misma técnica que usaban los obradores del siglo XVIII con el calor residual del horno de leña.
¿Por qué no debe superar los 60°C la mezcla de claras?
Porque a partir de 60°C las proteínas de la clara empiezan a coagular — en la práctica, el huevo empieza a cocerse. Si eso ocurre, las claras no montarán correctamente y el merengue quedará líquido o grumoso. El termómetro es imprescindible en esta receta — no es un accesorio opcional sino la clave del éxito del merengue cocido.
¿Cuánto tiempo aguantan las esferas de merengue sin perder el crujiente?
Sin rellenar aguantan perfectamente 3-4 días en un recipiente hermético a temperatura ambiente, lejos de cualquier fuente de humedad. Una vez rellenas deben consumirse en el momento — la nata y la crema pastelera reblandecen el merengue en pocas horas. Por eso el montaje siempre se hace justo antes de servir, igual que una pavlova.


































