—¡Ay, mamá! No me mires así, que parece que se te van a salir los ojos de un momento a otro.
¿Sabes qué es volar? Pues yo lo hago. Sin capa ni polvos mágicos. Verás:
—Cariño, ¿puedes ir a recoger a los niños? Tengo una reunión de última hora y no llegaré a tiempo.
Y eso te lo dicen justo cuando vas con esa ropa cómoda pero fea, fea; el pelo a su aire, la mascarilla verde en la cara y, en la mano, una infusión relajante para intentar terminar el día lo más digna y serena posible… antes de que lleguen las «fieras».
Tienes veinte minutitos: corres a por esos vaqueros, te los vas poniendo mientras te peinas y te recoges el pelo, te quitas la crema con la mejor toalla que tienes (porque las viejas de repente no aparecen) y dejas la infusión a medias, que hay que salir volando. Llegas al colegio casi sin aliento, y todas las mamis impecables y bien puestas, sin un pelo fuera de lugar, te miran complacidas y aliviadas de no ser ellas, sino tú, la que va de semejante guisa. ¡Ni Superman, oigan!
Aunque a mí, la verdad, me gustaría ser más villana que superheroína, sobre todo cuando el tiempo apremia, las tareas están sin hacer, la cocina tiene vida propia y mi madre ha decidido hacerme una visita sorpresa. Podría darle la bienvenida con una risa malvada y servirle una bomba de estas; así no desentonaría ni me miraría con esa condescendencia pensando: «¡Esta hija mía… qué mal se organiza!».
Pero lo mejor de ser superhéroe es cuando llegan esos abrazos y te sueltan: «Eres la mejor madre del mundo». Entonces, ni el mejor de los vuelos, ni los rayos fulminantes, ni los peores villanos superan eso. ¿No crees?
La historia de los bizcochos de chocolate comenzó propiamente a finales del siglo XIX, cuando el chocolate dejó de ser únicamente una bebida reconfortante para transformarse en un ingrediente sólido de repostería.
Antes de esta transición, las civilizaciones maya y mexica consumían el cacao como un brebaje denso y amargo llamado xocolatl. Tras la llegada de los españoles a América, la receta se modificó en Europa incorporando azúcar, canela y calor para adaptarla al gusto occidental. Durante los siglos XVII y XVIII, los pasteleros europeos empezaron a experimentar añadiendo cacao a masas densas y especiadas, más próximas a un pan dulce que a la esponjosidad actual. El marqués de Sade, por ejemplo, exigía desde prisión en pleno siglo XVIII que los pasteles que le enviaban contuvieran chocolate en su interior, prueba fehaciente del temprano furor por esta combinación.
El gran punto de inflexión técnico llegó en 1828, cuando el químico e inventor holandés Coenraad Johannes van Houten (junto a su padre, Casparus) desarrolló un método mecánico para prensar la manteca de cacao y obtener cacao desgrasado en polvo. Este avance facilitó enormemente la integración homogénea del chocolate con la harina y las grasas. Poco después, en 1832, el joven aprendiz Franz Sacher ideó en Viena la célebre tarta Sacher (Sachertorte), un hito de la pastelería centroeuropea a base de bizcocho de chocolate compacto, mermelada de albaricoque y glaseado brillante.
La primera receta impresa de un pastel de chocolate vio la luz en Estados Unidos en 1847, en el recetario The Lady's Receipt-Book de Eliza Leslie. No obstante, aquella fórmula primitiva se limitaba a picar trozos de chocolate sólido en una masa de bizcocho blanco tradicional. Fue a partir de 1886 cuando la repostería norteamericana estandarizó la disolución de cacao en polvo y chocolate fundido en el batido, logrando el color oscuro uniforme y la miga tierna que hoy reconocemos al instante.
Durante el siglo XX, la creatividad doméstica y la industria pastelera convirtieron este dulce en el rey indiscutible de cumpleaños y reuniones familiares. En los años treinta surgió el célebre Devil's food cake (pastel del diablo), una variante opulenta, chocolatosa y húmeda concebida como la némesis decadente del etéreo Angel food cake. Décadas más tarde triunfaron clásicos como la tarta Selva Negra (Schwarzwälder Kirschtorte) alemana, con su combinación de bizcocho de cacao, nata, cerezas y licor de kirsch. Hoy en día, la fórmula sigue reinventándose en versiones sin gluten, veganas o sin harinas refinadas.
¡En fin! Tanto si en casa sois más de superhéroes como si os tiran los villanos, este bocado es sencillísimo de preparar: tiene truco, sabe a puro chocolate y es una auténtica bomba de sabor en el paladar. Si involucras a los más pequeños en el amasado, se lo pasarán en grande mientras repasáis juntos la lista de sus personajes favoritos; seguro que estarán encantados de explicaros las hazañas de cada uno… aunque sea a su manera.
Actualizada 2026.
Bizcochos bomba de chocolate rellenos de Peta Zetas con mecha de regaliz
- 3 huevos
- 75 g de azúcar
- 1 pizca de canela
- 1 pizca de sal
- 30 g de cacao en polvo sin azúcar
- 100 g de harina
- 1/2 sobre de levadura en polvo
- 60 g de aceite de oliva
- 60 de leche
- 1 cdta. de vainilla
- Peta Zetas
- Regaliz de tubo
- Cordones de regaliz
- Chocolate para fundir , es opcional, visualmente es más bonito
- Un poco de esta glasa roja y amarilla para la decoración de las puntas de la mecha
- Bate los huevos con el azúcar hasta blanquear.
- Tamiza y mezcla el resto los ingredientes secos.
- Añade los ingredientes líquidos.
- Mezcla suavemente hasta conseguir una masa homogénea.
- Vierte en las cavidades del molde y hornea 20 minutos o hasta que la prueba del palillo salga limpia.
- Saca los semicírculos del molde y déjalos enfriar completamente sobre una rejilla.
- Si los semicírculos de bizcocho te han quedado un poco abombados, corta la base hasta que quede plana.
- Con un sacabolas o cuchara haz una hendidura para llenarla de Peta Zetas.
- Tapa con otra mitad.
- En este punto puedes cubrir con chocolate fundido o no, si decides que sí, una vez cubiertas las bolas dejar un tiempo en el frigorífico para que endurezca y puedas seguir con la decoración.
- De cualquier manera haz un pequeño agujerito sobre la bola e inserta un regaliz de tubo, dentro del tubo inserta un trozo de cordón de regaliz.
- Decora con un poco de glasa roja y amarilla la punta como si hiciera el efecto de que has encendido la bomba.
- Sirve.
- Los Peta Zetas dejan de ser activos con la humedad, así que, puedes servir las bombas tal cual, sin cubrirlas de chocolate para que al morder se note toda la fuerza de la "bomba" o, puedes cubrir el exterior de las bombas con chocolate, en este caso tendrá menos fuerza de estallido pero al morder y masticar seguirán "explotando".
- Eso sí, no elabores las bombas con mucho tiempo de antelación o perderán fuerza. Tampoco mezcles los Peta Zetas con algún relleno que se te ocurra pues dejarán de funcionar. En la cavidad de la bola SOLO pon los Peta Zetas y nada más.
Preguntas frecuentes
¿Por qué los Peta Zetas pierden fuerza con la humedad?
Los Peta Zetas son cristales de azúcar con dióxido de carbono atrapado en su interior bajo presión. La humedad disuelve el azúcar y libera el gas de forma prematura — antes de que lleguen a la boca. Por eso la nota de la receta es fundamental: monta las bombas el mismo día que las vayas a servir, pon solo Peta Zetas en la cavidad sin ningún otro relleno húmedo y, si las cubres de chocolate, tendrán menos explosión pero seguirán sorprendiendo.
¿Qué molde se necesita para hacer las bolas de bizcocho?
Un molde de semiesferas de silicona — el mismo que se usa para hacer bombones o tartas mousse. Con dos mitades iguales se obtiene la bola perfecta. El tamaño más práctico es de 6-7 cm de diámetro — lo suficientemente grande para albergar los Peta Zetas y la mecha de regaliz sin que la bomba se deshaga al manipularla.
¿Se puede hacer sin sacabolas?
Sí. Con una cucharita de café bien afilada funciona perfectamente para hacer la hendidura en el bizcocho donde van los Peta Zetas. La clave es no profundizar demasiado — necesitas que quede suficiente bizcocho en la base para que la bola se mantenga estable cuando insertas la mecha de regaliz.
Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day






























