La historia de la remolacha comenzó en las costas del Mediterráneo y el norte de África, donde su ancestro silvestre, la acelga marina, era recolectada por civilizaciones antiguas como los egipcios, los griegos y los romanos. Durante la Antigüedad, estas culturas consumían únicamente las hojas verdes de la planta como alimento, mientras que la raíz, que entonces era delgada, dura y de color pálido, se reservaba casi exclusivamente para usos medicinales orientados a tratar dolores o problemas sanguíneos.
El aprovechamiento culinario de la raíz cambió gradualmente durante la Edad Media y el Renacimiento, periodo en el que la selección agrícola en monasterios y campos europeos dio origen a variedades más carnosas y nutritivas, las cuales se integraron formalmente en la dieta de países como Francia y España hacia el siglo XV.
El gran giro en el destino de la planta ocurrió en el siglo XVIII, específicamente en 1747, cuando el químico alemán Andreas Marggraf descubrió que las raíces contenían cristales de azúcar idénticos a los de la caña procedentes de las colonias tropicales. Décadas más tarde, su discípulo Franz Karl Achard logró seleccionar genéticamente las variedades con mayor concentración de sacarosa y fundó la primera fábrica de procesamiento.
Finalmente, el siglo XIX consolidó a la remolacha como un recurso geopolítico estratégico debido a las guerras napoleónicas. Ante el bloqueo marítimo impuesto por Gran Bretaña que impedía la llegada de azúcar caribeño a la Europa continental, Napoleón Bonaparte impulsó de forma masiva el cultivo de la remolacha azucarera en 1811, financiando escuelas de procesamiento y fábricas. Este empuje político transformó la industria mundial, logró que Europa fuera autosuficiente y convirtió a la remolacha en un pilar de la economía agrícola que perdura hasta el día de hoy.
En cuanto a sus propiedades, la remolacha ayuda a mejorar la circulación y a relajar los vasos sanguíneos, aporta un extra de energía al aumentar el suministro de oxígeno a los músculos, combate los radicales libres, mejora el estado de la piel, favorece el tránsito intestinal y ayuda a potenciar la concentración y la memoria. Aunque es una verdura que suele generar amores u odios, en hummus resulta una excelente opción para disfrutarla.
Hummus de remolacha
Ingredientes para 2/3 comensales
- 60 gramos de remolacha cocida
- 115 gramos de garbanzos cocidos
- 1 cucharada sopera de tahini
- 1 Ajo
- 1/2 cucharadita de comino molido
- El zumo de medio limón pequeño
- Sal al gusto
- Aceite de oliva virgen extra (para decorar)
- Semillas de sésamo tostado o garbanzos (para decorar)
- Pon todos los ingredientes en el vaso y programa 1-2 minutos en velocidad progresiva 5-6.
- Prueba de sal y si necesitas más añádele.
- Si no tienes Thermomix, usa la túrmix o vaso americano.
- Pon en un cuenco y decora con semillas de sésamo tostado o garbanzos y aceite o al gusto.

















