Wilha estaba en la parada del bus, esperando una solución milagrosa a su problema. “Es un pequeño problema”, había dicho Jona cuando se lo explicó. “No lo subas de categoría, no lo merece”, había remarcado. Ella no lo veía así, pero por una vez hizo caso. Se permitió relajarse un poquito y dejar de sentir el estómago revuelto, limitando las vueltas solo a la cabeza. Tenía que parar a comer con su padre antes de ir a la biblioteca, y no quería que notara nada. Si lo hacía, la acribillaría a preguntas que ahora no podría responder.
Sentada en el bus, no pudo evitar fijarse en el chico rubio que tenía delante. Su cabello, un poco largo, le tapaba la nuca. Llevaba unos cascos encima de la cabeza —no auriculares, como casi todos—; él era de esos atrevidos, y eso la hizo sonreír. ¿De verdad estaba sonriendo?, pensó. Si él la había hecho sonreír y se daba la vuelta a mirarla, le daría una oportunidad. Y esa ocurrencia la hizo sonreír aún más.
Así bajó del autobús, sonriendo. Así la encontró su padre. Y la sonrisa se contagió: fue como un reflejo. Su padre sonrió, el chico rubio —que también se bajó en la misma parada— sonrió, y hasta la gente que hacía cola para subir al autobús del que ella acababa de bajar... también sonreía. Y de esta manera, el problema se esfumó. Se perdió en su mente, y el poder de la sonrisa pudo más. Al final, Jona tenía razón. Aquella nube oscura desapareció con la resplandeciente y poderosa sonrisa, que se amplió aún más cuando su padre la invitó a comer pizza… y el chico rubio le guiñó un ojo. Ese día prometía, aunque no hubiera empezado bien.
Sentada en el bus, no pudo evitar fijarse en el chico rubio que tenía delante. Su cabello, un poco largo, le tapaba la nuca. Llevaba unos cascos encima de la cabeza —no auriculares, como casi todos—; él era de esos atrevidos, y eso la hizo sonreír. ¿De verdad estaba sonriendo?, pensó. Si él la había hecho sonreír y se daba la vuelta a mirarla, le daría una oportunidad. Y esa ocurrencia la hizo sonreír aún más.
Así bajó del autobús, sonriendo. Así la encontró su padre. Y la sonrisa se contagió: fue como un reflejo. Su padre sonrió, el chico rubio —que también se bajó en la misma parada— sonrió, y hasta la gente que hacía cola para subir al autobús del que ella acababa de bajar... también sonreía. Y de esta manera, el problema se esfumó. Se perdió en su mente, y el poder de la sonrisa pudo más. Al final, Jona tenía razón. Aquella nube oscura desapareció con la resplandeciente y poderosa sonrisa, que se amplió aún más cuando su padre la invitó a comer pizza… y el chico rubio le guiñó un ojo. Ese día prometía, aunque no hubiera empezado bien.

Cocinar me relaja y me gusta, y me hace sonreír, pero lo que más me gusta es preparar las recetas para Circus day, como bien dice el nombre es parecido a la sensación de un día de circo si el resultado sale bien, porque a veces no sale pero me da la pauta para probar otras cosas. Hoy en día creo que no hay nada nuevo, sabores, formas y técnicas forman parte de muchos recetarios y yo, la verdad, no pretendo tampoco ni saberlo todo, ni aprenderlo todo, pero dar un "meneo" a la receta tradicional siempre me ha gustado, sin buscar nada más.
Cuando hablamos de pizza yo imagino una pizza casera, fina, con un poco de queso y tomate y algún ingrediente vegetal, poco más pues no me gusta muy cargada de ingredientes. Pero la verdad es que no somos muy "pizzeros" en casa, no tenemos día de la pizza semanal, ni tan siquiera ocasional así que cuando la comemos ha transcurrido tanto tiempo entre y entre que lo hacemos con ganas.
Pero esta vez yo quería algo diferente, quería todo el sabor de una pizza Margarita o napolitana pero con forma diferente, divertida y para todas las edades, que si digo para niños me vas a decir que para mayores también, y tendrás razón, para mayores también, lo hice con masa de pizza comprada, sin problema y así de fácil, aunque sé que la masa de Jamie Oliver es fácil de hacer y también puede servir si te animas hacerla tú.
· PIZZA BALLS ·
La masa
- Masa de pizza, casera o comprada
El relleno
- Mozzarella de búfala
- Sazonador especias para spaghetti (orégano, albahaca, cebolla, ajo, sal, tomate y pimienta negra)
- Salsa de tomate
- Máquina de cake pops
Elaboración
- Utiliza pequeñas porciones de masa muy fina —ayúdate con un rodillo para estirarla bien—.
- Coloca en el centro de cada porción 1/2 cucharadita de sazonador de especias para espagueti y un trocito de mozzarella.
- Cierra con cuidado, asegurándote de sellar bien los bordes, y da forma de bola pequeña, ligeramente menor que la cavidad de la máquina, ya que la masa crecerá un poco durante la cocción.
- Coloca las bolas en las cavidades de la máquina previamente engrasadas con una gota de aceite, para evitar que se peguen.
- Cocina durante unos 10 minutos, comprobando que estén bien hechas por dentro.
- Sirve acompañadas de salsa de tomate para mojar.
Nota: también puedes hacer las bolita sin máquina, solo tienes que hornearlas a 200 ºC hasta que se doren.
¿Has visto las servilletas Circus de la foto?, ¡me encantan! es un regalo de La cocina de Vero, gracias guapa, estaba esperando la receta apropiada para estrenarlas y creo que esta lo es ya que no sólo es famosa la pizza en Italia, sé que en EE.UU también tiene mucha historia y estás pizza balls serían ideales para ver un partido de la Super Bowl, ¿no crees?
AQUÍ EL VÍDEO CÓMO SE HACE:
Relato, receta, fotografía y vídeo @catypol - Circus day.























