María se afanaba en tener la casa preparada para cuando llegaran los invitados, subía y bajaba con rapidez, deshacía y hacía las camas, abría las ventanas para airear y cerraba todo una vez limpio.
Estaba contenta por esas fechas, la familia la visitaba y disfrutaría con ella lo que el resto del año lo hacía con nosotros, primos cercanos viejos y jóvenes, todos cabrían en casa como calzador hace que metamos el pie en el zapato, y durante unos días de fiesta la comida también formaría parte de todo ello, por esto fue a visitar al viejo carnicero para que preparara lo que deseaba, después visitaría la pequeña tienda del pueblo y después de que el Sr. Bartolomé le tomara el pelo, por supuesto siempre con su beneplácito pues menudo genio gastaba ella, le compraría cebollas y café recién molido.
También se dirigiría a la bodega a buscar el vino y por último el pan en la panadería cerca de casa. Así de feliz vendría después ella para ponerse manos a la obra, y una vez que todos estuvieran en casa todo cobraría vida, demasiada diría yo, las comidas eran para ponerse al día y las noches para salir a bailar, dejarse acariciar por la suave brisa que el calor dejaba pasar y esconderse en las sombras para robar el beso anhelado con sabor a sal y a vida.
Estaba contenta por esas fechas, la familia la visitaba y disfrutaría con ella lo que el resto del año lo hacía con nosotros, primos cercanos viejos y jóvenes, todos cabrían en casa como calzador hace que metamos el pie en el zapato, y durante unos días de fiesta la comida también formaría parte de todo ello, por esto fue a visitar al viejo carnicero para que preparara lo que deseaba, después visitaría la pequeña tienda del pueblo y después de que el Sr. Bartolomé le tomara el pelo, por supuesto siempre con su beneplácito pues menudo genio gastaba ella, le compraría cebollas y café recién molido.
También se dirigiría a la bodega a buscar el vino y por último el pan en la panadería cerca de casa. Así de feliz vendría después ella para ponerse manos a la obra, y una vez que todos estuvieran en casa todo cobraría vida, demasiada diría yo, las comidas eran para ponerse al día y las noches para salir a bailar, dejarse acariciar por la suave brisa que el calor dejaba pasar y esconderse en las sombras para robar el beso anhelado con sabor a sal y a vida.


Forma parte del recetario mallorquín, eso significa que cada familia tendrá su propia receta, esta forma parte de mi familia, de mis recuerdos culinarios y desde hace un tiempo es más especial pues, aunque no con conejo si con pollo, fue receta ganadora e incluida en el libreto de recetas que acompañó el libro de Ferrán Adrià: La comida de la familia, concretamente el #menú4.
· CONEJO (O POLLO) CON CEBOLLA ·
Ingredientes para 6
- 2 kilos de cebollas
- 400 gramos de tomate natural triturado
- 3 dientes de ajos
- 1,125 kilos de conejo (o pollo) troceado
- 125 mililitros de vino Moscatel
- 250 mililitros de agua o caldo
- 2 hojas de laurel
- Pimienta negra molida
- Sal
- Aceite de oliva
Elaboración
- Pela y pica los ajos.
- Pela y corta la cebolla en juliana fina.
- Pon en una cacerola grande al fuego con el aceite de oliva.
- Sofríe los ajos y dora el conejo.
- Añade la cebolla y deja sofreír un par de minutos.
- Agrega el tomate triturado, el moscatel, el agua o caldo y el laurel.
- Salpimienta a gusto y deja reducir.
- Remueve y deja cocer unos 30 minutos, hasta que el conejo esté bien cocinado.

Relato, receta y fotografías@catypol - Circus day.


