Savillum la tarta de queso
—¡Fabio! ¡Viejo amigo! —exclama Escipión, rebosante de adrenalina—. ¿Viste eso? Zama. Pum. Fin de la guerra. Aníbal está en su casa pidiendo asilo político y yo tengo un apodo nuevo que rima con el continente que acabo de dominar: «el Africano».
Fabio exhala un suspiro que parece cargar con toda la historia de la República.
—Sí, sí... Muy ruidoso todo, Publio —dice Fabio, limpiándose una mota de polvo de la toga—. Felicidades por no morir. Pero seamos honestos: Aníbal ya estaba agotado. Básicamente, tú solo llegaste para darle el último empujón. Si yo no lo hubiera tenido vagando por Italia durante dieciséis años, aburriéndolo hasta las lágrimas con mis retiradas estratégicas, ese hombre te habría merendado con un poco de savillum.
—¿En serio, Fabio? —se ríe Escipión—. Crucé el mar, recluté a los veteranos que tú habías jubilado, convencí a los númidas de que cambiaran de bando y derroté al general más peligroso de la historia en su propio patio... ¿y dices que fue porque tú lo «aburriste»?
—Exactamente —asiente Fabio con una seriedad absoluta—. Yo fui el que lo dejó sin suministros. Yo fui el que destruyó su moral. Tú solo fuiste el cobrador que llegó cuando la factura ya estaba vencida. De hecho, deberías agradecérmelo. Si te lo hubiera dejado fresco, ahora tu título sería «Escipión el Desaparecido».
Escipión se queda mirándolo, entre la admiración y las ganas de volver a África para no escucharlo:
—Eres increíble, Fabio. He traído toneladas de plata para el tesoro de Roma.
—Plata... Qué vulgar —murmura Fabio mientras se da la vuelta para irse—. Atrae a los ladrones y a la inflación. En mis tiempos, nos bastaba con el orgullo y un puñado de habas.
Mientras Fabio se aleja con su paso lento y calculado, Escipión le grita:
—¡Oye, Fabio! ¡Voy a proponer que mi estatua sea más alta que la tuya!
Fabio, sin detenerse, levanta una mano:
—No te molestes, Publio. Seguramente la pondrán en un lugar con muchas corrientes de aire. Yo esperaré a que se erosione... Tarde o temprano, el tiempo siempre me da la razón.
Nota real: Catón el Viejo vivió durante la época de la República Romana, sirviendo bajo influyentes figuras como Quinto Fabio Máximo (el "Cunctator") y Publio Cornelio Escipión el Africano.
Con el paso de los siglos, la tarta de queso se ha convertido en una elaboración muy conocida y realizada alrededor del mundo: la famosísima New York cheesecake, las variopintas tartas de queso con galleta, con mermelada, con frutas, con diferentes tipos de leche, etcétera. Y aunque la que comemos o hacemos hoy en día nada tiene que ver con esta tarta de queso simple, básica y original, pienso que en aquel momento debía ser un manjar de dioses o, más bien, de emperadores.
El pastel de queso no solo es uno de los postres favoritos del mundo: es también uno de los más antiguos. Se sabe que data del año 776 a. C.; sin embargo, las primeras recetas de esta preparación dulce se popularizaron en el libro de Marco Porcio Catón.
El savillum es una receta romana que se encuentra en De Agri Cultura (siglo II a. C.), la obra más antigua conocida de la prosa romana. Fue escrita por el político Catón el Viejo, un hombre conocido por su devoción a la sencillez y su amor por la vida en el campo. De acuerdo con el estilo de vida de su autor, De Agri Cultura es un manual de instrucciones práctico sobre agricultura. Las recetas que aparecen en él son tan sencillas y rústicas como el propio savillum.
La receta en latín es la siguiente:
Savillum hoc modo facito. Farinae selibram, casei P. II S una conmisceto quasi libum, mellis P. ✳ et ovum unum. Catinum fictile oleo unguito. Ubi omnia bene conmiscueris, in catinum indito, catinum testo operito. Videto ut bene percoquas medium, ubi altissimum erit. Ubi coctum erit, catinum eximito, papaver infriato, sub testum subde paulisper, postea eximito. Ita pone cum catillo et lingula. (De Agri Cultura, 84)
Que vendría a decir algo así:
«Haz el savillum de la siguiente manera: mezcla todo junto, media libra de harina, dos libras y media de queso (como para el libum), un cuarto de libra de miel y un huevo. Unta con aceite una escudilla de barro. Cuando lo hayas mezclado todo bien, échalo en la escudilla y cúbrela con una tapadera de barro. Procura que se cueza bien por el centro, donde es más alto: cuando esté cocido, retira la escudilla, úntalo de miel, espolvorea encima amapola molida, colócalo un poco bajo la tapadera de barro y retíralo después: sírvelo así en su escudilla y con una cuchara». (De Agri Cultura, 84)
Las versiones en línea de esta receta hablan de un solo huevo, además de queso tipo feta y requesón (que yo no he usado). Quería un pastel de queso suave y no seco; eso me hizo pensar que si en aquella época se lo comían con cuchara, debía de ser más cremoso que seco. También pensé que le había puesto poca miel, acostumbrados como estamos en exceso al azúcar, pero me sorprendió gratamente —aunque si eres muy, muy goloso, quizás te sepa a poco—.
El tipo de queso que se consumía en aquel siglo era de cabra o de oveja; elegí un queso feta por esa misma razón, por estar elaborado con leche de cabra y oveja, y añadí queso en crema para aportarle untuosidad (otras recetas utilizan requesón).
El resultado está riquísimo: me sorprendió de verdad. No es demasiado dulce y la textura no resulta para nada seca en caliente. Cuando se enfría sí se queda un poco más firme, lo que me hace pensar que ponerle dos huevos en lugar de uno quizás haya ayudado (o tal vez poner menos harina). Si alguien lo ha hecho con un solo huevo, ¡ya me contará!
En Mallorca tenemos la greixonera de brossat que tiene similitud, usamos requesón, azúcar, huevos, leche y se cuece en una olla de barro, no usamos harina pero está la versión que incluye ensaimada, como un pudding.
Con esta receta participo en el reto de Cooking the chef de septiembre: Gastronomía Íbera
Savillum la tarta de queso Catón
Ingredientes:
- 200 g de queso Feta
- 75 g de queso crema (o requesón)
- 2 huevos
- 40 g de harina
- 25 g de miel
· Miel y semillas de amapola para decorar
Elaboración
- Precalentar el horno a 200º C
- Mezcla todos los ingredientes (yo los he mezclado con la Thermomix, sí, lo sé, tiene poco de romano pero es lo que hay, también se puede hacer bien con la túrmix, el queso feta es difícil de deshacer bien).
- Unta un molde de barro (el mio es muy pequeño, 16 cm. x 4 cm. "foto abajo") con un poco de aceite y esparce bien con un papel cocina.
- Vierte la mezcla y hornea durante 20 minutos.
- Saca del horno y rocía el pastel con miel y semillas de amapola (opcional) y deja reposar 5 minutos dentro del horno aún caliente.
Relato y fotografías @catypol - Circus day.














Nunca hubiese imaginado que las tartas de queso viniesen de tan lejos!!!! Vaya sorpresa!
ResponderEliminarBesos
lo que aprendemos en este reto eh?, besos guapa
EliminarYo me apunto a una tarta de queso con los ojos cerrados, pero aquí con ellos muy abiertos porque me parece precioso encontrarme con recetas antiguas.
ResponderEliminarBss
Elena
es una tarta de queso base, pero es bueno saber cómo empezó todo. Besos chicas!
Eliminaruau!! tiene que estar riquísima, me encanta saber que ya gustaban las tartas de queso!
ResponderEliminarun besito
es muy sencilla y nada que ver con las de ahora pero en su esencia, sí, está muy rica. Besos
EliminarSeguro que de aquí partió la tarta de queso, es muy curiosa tu receta ademas de muy interesante. Gracias. besos.
ResponderEliminarGracias a ti
EliminarBesos
Si es que está todo inventado... Genial esta tarta de queso tan añeja. Besos.
ResponderEliminarGracias
EliminarBesos
Me ha encantado la introducción y esta tarta de queso tan ... viejuna. Cómo no les iba a gustar a los romanos con lo sibaritas que eran.... Muchas gracias por participar, la receta es un regalo.
ResponderEliminarBesos
esta si que es viejuna, jajajaja, gracias por pasarte.
EliminarUn beso
Una ricura de pastel de queso, no sabía que era tan antíguo, seguro que en aquella época lo disfrutaban un montón.
ResponderEliminarBss
seguro que si, gracias por comentar.
EliminarBesos
No puedo describir la alegría que me dió ver tu receta en mi correo. Los motivos son varios. Acá lo importante es Caty su inefable historia y esta receta que trataré de llevar a cabo. Gracias.
ResponderEliminarrecibe mis saludos con todo el cariño y el afecto que te profeso.
Cariños a los tuyos.
Jaime
Gracias Jaime, siempre tan atento, me encanta que hayas venido a visitarme, te mando un fuerte abrazo desde Mallorca
EliminarBesos
Me parece una tarta genial y sanota!!! Quizá sin yema de huevo quede menos seca. Un amigo chef me dice que por ejemplo no la utilice para hacer las albóndigas que secan mucho la carne. Receton. Bsss
ResponderEliminarMuchas gracias Marga por tu consejo, yo pensé al contrario mira tu por donde!!
EliminarBesos
Mi querida Caty, siempre feliz de ver tus respuestas al reto.. me encanta! Cómo dice Manu, no esperaba una tarta de queso, una precursora de la cheesecake NY! Y es que, como se dice a veces, todo está inventado. Me gustan estos platos sencillos pero que llenan el espiritu. Yo tb hice un plato sencillo pero muy sabroso. Gracias!
ResponderEliminarA mi también me gustan los platos sencillos, supongo que nuestro paladar se ha acostumbrado a la evolución pero sería interesante saber cómo sabían esos platos en aquel tiempo con sus productos. Besos guapa, siempre es un placer participar
EliminarCaty cada cocina es un cuento tan interesante, esta tarta de queso con sus sabores más marcados por el tipo de queso que usaban sigue haciendo en mi mente una idea de lo fuertes en gustos que eran los seres de aquellos tiempos, por diferentes preparaciones que he visto. Me encantan los quesos de cabra o de oveja, tienen esa personalidad y carácter que los hace especiales, ahora veo esta tarta de queso y me quedo sorprendida como bien dices puede que originalmente se hiciera con requesón, como sea creo que con la miel hacen una dupla especial, un postre antiguo que me llama mucho la atención.
ResponderEliminarMe llevo un pedazo de tu tarta, te mando un abrazo!
Muchas gracias, Nati por tus lindas palabras, un abrazo grande
Eliminarbesos
Vaya leccion de historia y culinaria nos has dado hoy! Me encanta la riqueza de esta entrada y vaya tarta de queso! Yo soy de las que reduce el azucar a todo, asi que de seguro que esta tarta es perfecta para mi, te aseguro que voy a tener que hacerla!
ResponderEliminarBesos
Yo también reduzco el azúcar en las preparaciones dulces, aún así creo que tiene suficiente dulzor. Gracias por tus palabras, besos
EliminarVaya pintaza mas increible!!besos
ResponderEliminargracias! besos
EliminarQue estupenda receta de tarta de queso, me encanta por varias razones pero, como no soy muy de dulce, la principal es que no sea empalagosa. Una opción muy interesante.
ResponderEliminarBesos
Pues igual que a mi, no es empalagosa pero si muy básica. Besos
EliminarTienes razón, las tartas de queso son universales, pero no me hubiese imaginado que viniesen de tan antiguo. Estupenda receta. Besos
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario. Besos
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