Ensalada de fideos
Kenji sostenía con firmeza un paraguas de seda negra con protección UV 50+. A su lado, Hiro sostenía otro paraguas, sintiéndose un poco intimidado de la belleza de Florida.
—Abuelo, la gente nos mira —susurró Hiro—. Aquí nadie usa paraguas si no está lloviendo a cántaros.
—Que miren, Hiro-kun —respondió Kenji. — El sol es un dragón de fuego que devora la piel.
Llegaron a una ventanita de café en la Calle Ocho. El calor rebotaba en el pavimento, pero Kenji no cerraba su paraguas.
—Next! —gritó una señora detrás del mostrador, con el pelo teñido de un rubio platino cegador—. ¿Qué les pongo, honey?
Kenji se acercó, manteniendo el paraguas lo suficientemente bajo para no golpear a la señora, pero lo suficientemente alto para proteger su frente.
—Konnichiwa—dijo Kenji, haciendo una venia —. Quiero... black coffee.
—¿Un colada, señor? —preguntó la señora, mirándolo con curiosidad—. ¿Y por qué el paraguas, cielo? Si hay un sol bellísimo para coger color.
Kenji la miró con profunda seriedad —La piel es como el tofu, señora. Si se cocina mucho, se pone dura y fea. Keep it white, keep it light. ¿Tú me entiende', bro?
La señora soltó una carcajada y le sirvió el café en los vasitos pequeños de plástico. —¡Ay, qué cómico el chino! —exclamó ella.
—Es japonés, please —corrigió Hiro tímidamente.
—¡SUGOI! —exclamó, con una energía renovada—. ¡Esto no es café ! ¡Siento que puedo correr hasta Orlando y volver! Quizás era mejor tomar una ensalada fresca.
En ese momento, un grupo de modelos esbeltas en patines pasó rozando los paraguas de los Matsuhisa. Una de ellas, con la piel bronceada color canela brillante, se detuvo.
—Hey, guys! Me encanta el vibe victoriano de sus umbrellas —dijo ella, secándose el sudor
Kenji la miró por debajo del borde de su paraguas negro, como un ninja observando desde las sombras. —Es por la dignidad, señorita. — Usted es muy pretty, pero debe cuidarse del sol.
Kenji le guiñó un ojo, abrió su abanico con un golpe seco de muñeca y siguió caminando por la acera, bajo su sombra privada, mientras Hiro corría tras él intentando que sus paraguas no chocaran como espadas de samurái.


- 150 gramos de fideos
- 40 gramos de puerros en rodajas
- Aceite para freír
- 24 alcachofas baby
- 1/2 manojo de perejil o rodajas de limón
- 1/2 cucharada aceite de oliva
- 1/2 cucharadita aceite de trufa (yo no he usado)
- Gotas jugo de yuzu (he usado lima)
- 1 pizca de pimienta recién molida
- 1/2 cucharada miso blanco seco (yo no he usado)
- 1/2 cucharada queso parmesano rallado
- Pizca de sal
- 1 cucharada de aderezo de Yuzu
- 3 cucharadas Jugo Yuzu (he usado lima)
- 1/2 cucharadita pimienta recién molida negro
- 1/2 cucharadita puré de ajo
- 90 mililitros de aceite de semilla de uva (yo he usado de oliva)
- Cocina los fideos en agua hirviendo durante aproximadamente 3 minutos, escurre y enjuaga con agua fría para eliminar el exceso de almidón.
- Escurre y reserva.
- Fríe los puerros a 160 °C, hasta que estén crujientes.
- Reserva.
- Corta las alcachofas tan delgadas como el papel.
- Coloca en agua con perejil o limón para evitar la decoloración.
- Seca las alcachofas apretando suavemente en una toalla.
- Mezcla el aceite de oliva, el aceite de trufa, el jugo de yuzu, la pimienta molida, el Miso blanco seco y el queso parmesano.
- Sazona con una pizca de sal al gusto.
- Mezcla con la mitad de los puerros fritos.
- Mezcla los fideos en el aderezo Yuzu y cubre con la ensalada de alcachofas.
- Adorna con los puerros restantes.












Muy buena pinta, me sorprende lo del parmesano en esta receta, pero seguro que le da un toque especial.
ResponderEliminarGracias guapa!
EliminarComo siempre...espectacular!!! me ha encantado, aunque el toque del parmesano no lo acabo de integrar, pero seguro que tiene su porqué. Bss
ResponderEliminarSi, lo del toque parmesano chirría un poco pero te aseguro que sabe muy bien, jeje. Besos
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