Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

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El origen de Le Dîner en Blanc se remonta a París en 1988, cuando el ciudadano francés François Pasquier decidió organizar una cena elegante al aire libre. El motivo principal del encuentro era reunir a sus amigos cercanos para ponerse al día tras haber pasado varios años viviendo en el extranjero.

Debido a que la convocatoria inicial superó las expectativas y la cantidad de asistentes confirmados resultó ser muy elevada, el jardín privado de Pasquier se quedó pequeño. Para solucionar el problema de espacio, el anfitrión tomó la decisión de trasladar la reunión a un espacio público y eligió el famoso parque del Bois de Boulogne, en el límite occidental de la capital francesa.

Al cambiar la localización a un entorno público concurrido, surgió el desafío logístico de lograr que los invitados se identificaran fácilmente entre la multitud. Pasquier instruyó entonces a todos los participantes para que asistieran vestidos estrictamente de blanco, con el fin de reconocerse a distancia. Además, bajo el concepto de unpicnic sofisticado, cada asistente debía llevar su propia comida, así como mesas, sillas y mantelería.

Lo que comenzó como una reunión informal entre conocidos se transformó rápidamente en un fenómeno global e institucionalizado. En las décadas posteriores, la tradición se expandió de manera oficial a través de redes de anfitriones y socios, y llegó a replicarse bajo estrictas normas de etiqueta en más de setenta ciudades de todo el mundo, incluidas grandes urbes de América, Asia y Oceanía. El evento actual mantiene el principio original de la ubicación secreta, la cual se desvela a los asistentes confirmados apenas unas horas antes de que comience la velada.

La singularidad de este evento radica en que se ocupa un espacio público no solo para mostrar la celebración, sino también para visibilizar el civismo de los asistentes, quienes respetan, limpian y vuelven a dejar el entorno en el mismo estado en que se encontraba antes de su uso.

En este evento, las mesas están compuestas por doce comensales invitados por un anfitrión (este año éramos cerca de mil personas) y cada una puede decorarse según el gusto del grupo. La única condición es que la vajilla, la cristalería, la cubertería y el resto del utillaje no sean de papel, plástico ni cartón, y que tanto el mantel como las servilletas sean de tela y de color blanco. Por ello, debemos organizarnos con bastante antelación para que, llegado el momento, todo esté convenientemente preparado.

Este año, para empezar, Martini nos invitó al aperitivo, preparado de forma muy sencilla: hielo, Martini Rosso, tónica y una rodaja de naranja. Quiero dar las gracias al organizador y a todos sus colaboradores, quienes en todo momento estuvieron atentos para que la gente se lo pasara bien y no nos faltara de nada.


Evento de la cena en blanco con 12 comensales amigos




Cena en blanco con cocarrois y sus doce amigos

8ª EDICIÓN DE LA CENA EN BLANCO EN PALMA DE MALLORCA

En nuestra mesa: Tomás, Arantxa, Biel, Isa, Vicky, Paloma, Estefanía, José,  Cristina, Sonia, Malena

Fotografías @catypol - Circus day.

Poke

En una pequeña aldea de Hawái vivía una joven llamada Nalu, que surfeaba como si el océano conociera su nombre. No remaba más rápido que los demás ni tenía la tabla más hermosa, pero parecía escuchar algo que nadie más podía oír: el momento exacto en que una ola estaba preparada para nacer.

Los ancianos decían que Nalu era una kupua, un ser capaz de cruzar los límites entre lo humano y lo divino. Algunos afirmaban que podía convertirse en una tortuga marina; otros, que su padre era un espíritu del océano. Ella nunca lo confirmó.

Una mañana, el mar amaneció inmóvil. Ni una brisa, ni una corriente, ni una sola ola rompía contra la orilla. Los pescadores temieron que el océano estuviera enfermo, y los surfistas regresaron a sus casas con las tablas bajo el brazo.

Nalu, en cambio, se adentró en el agua.

Remó hasta que la costa se convirtió en una línea verde y dorada. Allí dejó la tabla flotando y cerró los ojos.

Entonces lo escuchó.

Un latido profundo, antiguo, que ascendía desde las entrañas del océano.

—¿Por qué has dejado de bailar? —susurró.

El agua se oscureció a su alrededor. Una enorme sombra pasó bajo sus pies y emergió convertida en una tortuga de caparazón negro. Sus ojos parecían contener todas las tormentas que habían azotado las islas.

—Los humanos solo me buscan cuando quieren conquistarme —respondió una voz desde las profundidades—. Quieren la ola perfecta, la fotografía perfecta, la historia que los haga inmortales. Ya nadie viene a escuchar.

Nalu comprendió que aquella criatura no era un animal corriente. Era el espíritu que guardaba el ritmo del mar, y su tristeza había detenido las olas.

—Yo no quiero conquistarte —dijo—. Solo quiero aprender a cabalgar contigo.

La tortuga la observó durante largo rato.

—Entonces tendrás que aceptar que no todas las olas serán tuyas.

Nalu asintió.

El océano se elevó de pronto. Una pared de agua azul se alzó ante ella, más alta que cualquier ola que hubiera visto. La joven subió a su tabla, sintió la fuerza bajo sus pies y se dejó llevar.

No intentó dominar la ola. No trató de vencerla. Se inclinó cuando el agua giró, esperó cuando perdió velocidad y confió cuando la espuma la envolvió.

Por un instante, su cuerpo se volvió translúcido. Sus brazos adquirieron el brillo de las aletas y su cabello se extendió como una corriente oscura. Era humana y criatura marina al mismo tiempo.

Cuando llegó a la orilla, el mar volvió a respirar. Las olas regresaron, una tras otra, y los pescadores salieron de sus casas para contemplar el milagro.

Pero Nalu no contó lo que había sucedido. Se limitó a dejar su tabla sobre la arena, se sentó a comer un sencillo poke fresco frente al mar y se quedó mirando el horizonte.

Desde entonces, algunos surfistas aseguran haber visto una tortuga negra nadando junto a una joven que aparece en las olas más difíciles y desaparece antes de tocar la orilla.

Dicen que nunca busca la ola más grande, sino aquella que está dispuesta a recibirla.

Y que, si alguna vez el océano permanece en silencio, quizá no sea porque haya olvidado cómo crear olas.

Quizá esté esperando que alguien vuelva a escucharlo.


Poke sushi de atún de Hawaii con zanahoria y aguacate

Poke sushi de atún hawaiano con zanahoria y semillas de sésamo


Siglos antes de convertirse en una tendencia gastronómica global, los nativos polinesios ya elaboraban el poke —que en la lengua hawaiana significa literalmente «cortar en trozos» o «seccionar»— de una forma muy simple. Tras una jornada en el mar, los pescadores destripaban y descabezaban pescados locales pequeños, o utilizaban los recortes del atún, para comerlos crudos de inmediato de manera comunitaria. Para sazonar la carne fresca y enriquecer su sabor, la mezclaban con los ingredientes que tenían a mano en su entorno natural, principalmente sal marina gruesa, algas marinas nativas (limu) y nuez de la India tostada y machacada (inamona).

Este plato tradicional comenzó a transformarse profundamente a partir de finales del siglo XVIII con la llegada de los primeros barcos extranjeros y el posterior auge de las plantaciones de caña de azúcar. La inmigración masiva de trabajadores asiáticos, especialmente de Japón, China, Filipinas y Corea, redefinió la gastronomía de las islas e impactó directamente en el poke. Los inmigrantes japoneses introdujeron dos componentes que hoy se consideran fundamentales para el plato moderno: la salsa de soja (shoyu) y el aceite de sésamo tostado, además de popularizar de forma definitiva el uso del atún de aleta amarilla (ahi) como el pescado predilecto. Con el tiempo, la influencia coreana aportó el toque picante del aceite de chile o el gochujang, mientras que los comerciantes occidentales introdujeron las cebollas, consolidando la receta clásica que fusiona las raíces polinesias con los sabores de Asia Oriental.

Durante la década de 1970, el poke dejó de ser una comida exclusiva de pescadores o del ámbito doméstico para integrarse plenamente en la vida pública y comercial de Hawái. Comenzó a prepararse con técnicas de fileteado más limpias, se estandarizó en los menús de las celebraciones locales —como los tradicionales luau— y empezó a venderse de forma masiva en los mostradores de pescadería de los supermercados locales, convirtiéndose en el almuerzo rápido y accesible por excelencia entre los residentes.

El verdadero salto internacional del plato ocurrió a principios de la década de 2010, cuando cocineros hawaianos y californianos lo exportaron al territorio continental de los Estados Unidos. Para adaptarse al paladar global y al concepto de comida rápida saludable, el poke sufrió una nueva metamorfosis al servirse sobre camas de arroz caliente o quinua y añadir una variedad casi infinita de acompañamientos ajenos a la tradición original, como aguacate, mango, edamame y salsas cremosas como la mayonesa picante. Aunque hoy en día el poke se consume en todo el mundo en modernos formatos de bol personalizable, su esencia sigue fuertemente ligada a la historia de mestizaje cultural y generosidad costera del archipiélago de Hawái.

¿Es el plato de moda? Es una deliciosa ensalada de pescado crudo; normalmente suele prepararse con atún, aunque también las hay de salmón o pulpo (tako poke). Se sirve como aperitivo en Hawái y triunfa en Instagram, por lo que es una tendencia que ya se ha asentado firmemente en Europa.


Poke sushi de atún


Ingredientes para 2 raciones:
  • 1 lomo de atún (de unos 350 g previamente congelado y descongelado).
  • Arroz para sushi (preparado y ya frío).
  • 1 aguacate maduro pero firme.
  • Zanahoria (al gusto).
  • Rabanitos frescos.
  • Alga nori tostada en trocitos o tiras (kizami nori).
  • Semillas de sésamo tostado.

Para el marinado del atún:
  • 3 cdas. de salsa de soja.
  • 1 cda. de aceite de sésamo
  • 1 cda. de vinagre de arroz.
  • Cebollino fresco picado.
Para la salsa poke (salsa picante opcional):
  • 2 cdas. de salsa de soja.
  • 1 cdta. de azúcar.
  • 1 cda. de salsa de chile dulce (chili) o pasta picante.
  • 1 cda. de aceite de sésamo.

Elaboración:
  1. Marina el atún: En un bol, mezcla las 3 cucharadas de salsa de soja, la cucharada de aceite de sésamo, la de vinagre de arroz y el cebollino picado. Corta el lomo de atún en dados limpios y homogéneos, agrégalos al bol y remueve suavemente. Tapa el recipiente y déjalo reposar en el frigorífico entre 15 y 30 minutos (lo justo para que coja sabor sin que el ácido pase de cocinar el pescado).
  2. Prepara la base: Cocina y condimenta el arroz para sushi siguiendo el método tradicional, y deja que se temple o enfríe por completo antes de montar el plato.
  3. Prepara los vegetales: Pela y corta el aguacate en finas tiras. Corta la zanahoria y los rabanitos en rodajas muy finas (puedes darles forma decorativa o cortarlos en bastoncitos finos o juliana, según prefieras).
  4. Haz la salsa poke: En un cazo pequeño o recipiente apto, mezcla los ingredientes de la salsa poke (soja, azúcar, chile y aceite de sésamo). Calienta ligeramente durante unos segundos para disolver el azúcar por completo y deja enfriar.
  5. Monta los boles (poke bowls): Reparte el arroz ya frío como base en dos cuencos amplios. Coloca encima el atún macerado (escurrido del exceso de líquido), y dispón de forma ordenada los trozos de aguacate, la zanahoria y los rabanitos alrededor.
  6. Decora y sirve: Remata el plato esparciendo los trocitos de alga nori y las semillas de sésamo sobre el aguacate y el atún. Riega con una cucharada de la salsa poke preparada justo antes de llevar a la mesa.
Notas:
  • Puedes cambiar el atún por salmón fresco (también previamente congelado) si te gusta más.
  • Recuerda que el pescado utilizado debe haber estado congelado a -20 ºC durante al menos 48 horas para prevenir el anisakis, tal como exige la normativa sanitaria para consumirlo en crudo.

 
Poke sushi de atún típico hawaiano con aguacate y sésamo

Preguntas frecuentes (FAQ):

¿Es obligatorio congelar el atún antes de prepararlo en crudo?

Sí, de forma absoluta. Para consumir pescado crudo en casa con total seguridad sanitaria y evitar problemas relacionados con el anisakis, el lomo de atún debe haber estado congelado a una temperatura de -20 ºC durante al menos 48 horas antes de su descongelación y consumo.

¿Cuánto tiempo se debe dejar marinando el atún en la soja y el aceite de sésamo?

Al tratarse de dados de pescado fresco, el tiempo de marinado debe ser muy breve, entre 15 y 30 minutos en el frigorífico. Un tiempo excesivo (como varias horas) haría que la sal y los ácidos de los aderezos desnaturalizaran y cocieran en exceso la superficie del atún, alterando su textura melosa original.

¿Qué tipo de arroz es el más adecuado para preparar un poke casero?

Aunque la base tradicional hawaiana admitía ensaladas sin arroz o con vegetales, la adaptación moderna suele utilizar arroz para sushi (corto y avinagrado), ya que aporta una textura compacta y un contrapunto ligeramente acidulado ideal. 

Poke sushi de atún con salsa poke y zanahoria con nori


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Baumkuchen

La primera vez que el barón de Valdemora contó que había viajado a la Luna montado en una escoba, nadie le creyó. La segunda, aseguró que había compartido un Baumkuchen con el rey de los peces koi bajo las aguas del Pacífico. A la tercera, cuando afirmó haber detenido una tormenta sujetando las nubes con una cuerda, sus vecinos decidieron encerrarlo en el manicomio del pueblo.

Pero el barón tenía otros planes.

Una noche escapó por la ventana, se ató una sábana a la cintura y saltó al vacío. No cayó. Según explicó después, la Luna lo había reconocido como un viejo amigo y lo sostuvo en sus brazos.

Allí arriba encontró un jardín donde crecían estrellas en lugar de flores. Las recogió con cuidado, las guardó en los bolsillos y regresó a la Tierra antes del amanecer, deslizándose por un rayo de sol.

Al día siguiente, los vecinos lo encontraron dormido en la plaza, con los bolsillos llenos de pequeñas piedras luminosas.

—¡Otra mentira! —gritaron.

El barón sonrió y repartió las piedras entre los niños.

Aquella noche, por primera vez en cien años, el cielo del pueblo quedó completamente oscuro.

Y los vecinos comprendieron que, quizá, el barón no mentía tanto como ellos creían. O quizá, sencillamente, había descubierto que la realidad era un lugar demasiado pequeño para un hombre con tanta imaginación.

Porque el barón de Valdemora tenía un secreto que jamás confesó: no inventaba historias para que los demás le creyeran, sino para no tener que vivir en un mundo donde nada extraordinario pudiera suceder.


Inspirado en el barón de Münchhausen.


Baumkuchen o pastel de árbol bizcocho alemán

Bizcocho baumkuchen o pastel de árbol alemán


El Baumkuchen, conocido como el «rey de los pasteles» en Alemania, tiene una historia fascinante que se extiende por siglos y fronteras. Aunque su origen exacto es difícil de rastrear, la técnica de asar masa en capas sobre un espetón giratorio se remonta a las antiguas Grecia y Roma, donde se cocinaban panes festivos de forma similar sobre fuegos abiertos. Con el tiempo, esta práctica migró hacia el norte de Europa y evolucionó durante la Edad Media. Las primeras recetas escritas de pasteles cocinados en espetón aparecieron en libros de cocina alemanes a finales de la época medieval, como el famoso Das Buch von guter Speise (1350), aunque todavía no se llamaban Baumkuchen ni tenían la complejidad actual.

La evolución hacia el postre sofisticado que conocemos hoy se consolidó entre los siglos XVII y XVIII. El término Baumkuchen (que significa literalmente «pastel de árbol») apareció impreso por primera vez en 1682 en un libro de cocina escrito por Johann Sigismund Elsholtz, médico personal del elector de Brandeburgo. El nombre hace referencia directa a su apariencia interna: al cortarlo transversalmente, las finas capas doradas superpuestas imitan a la perfección los anillos de crecimiento del tronco de un árbol. Durante esta época, el pastel se convirtió en un lujo exclusivo de la aristocracia y la alta burguesía debido al coste de ingredientes, así como al intensivo trabajo manual que requería su elaboración, pues exigía girar el rodillo constantemente ante el fuego mientras se vertían capas milimétricas de masa líquida.

El siglo XIX marcó la edad de oro y la democratización del Baumkuchen, convirtiendo a ciudades como Salzwedel en auténticas capitales de este dulce. La realeza prusiana se enamoró de esta especialidad; el rey Federico Guillermo IV probó el Baumkuchen de Salzwedel en 1843 y quedó tan impresionado que ordenó que se enviara regularmente a la corte de Berlín, otorgándole al postre un estatus imperial.

La historia del Baumkuchen dio un giro global inesperado a principios del siglo XX gracias a un pastelero alemán llamado Karl Juchheim. Durante la Primera Guerra Mundial, Juchheim fue capturado por los japoneses en la concesión alemana de Tsingtao y llevado a un campo de prisioneros en la prefectura de Hiroshima. En 1919, se le pidió que presentara un producto artesanal en una exposición comercial en Hiroshima y decidió hornear un Baumkuchen. El pastel causó una sensación absoluta entre el público japonés. Tras su liberación, Juchheim y su esposa abrieron una pastelería en Yokohama y, posteriormente, otra en Kobe. Hoy en día, gracias a este legado, el Baumkuchen es tan popular en Japón como en Alemania, adoptado culturalmente como un regalo tradicional en bodas y celebraciones debido a que sus anillos simbolizan la longevidad y la prosperidad.

Para su elaboración tradicional se necesita un horno giratorio especial, por lo que resulta complicado prepararlo en casa. A nivel casero suele adoptar una forma cuadrada de pastel o redonda, pero sin el característico agujero central. Además, su proceso es laborioso, pues exige estar pendiente en todo momento del horneado.

No obstante, hoy en día existe una versión reducida que podemos elaborar fácilmente utilizando una sartén convencional o una crepera. En el vídeo puedes hacerte una idea de cómo prepararlo paso a paso.

Baumkuchen


Ingredientes:
  • 200 g de harina de trigo
  • 2 cdas. levadura en polvo
  • 6 huevos
  • 150 g azúcar glass
  • 140 ml de leche
  • 60 g de mantequilla sin sal
  • Aceite de oliva
  • Sartén para crepes o simplemente una sartén
  • Cilindro de madera
  • Guantes (para calor tipo los que se usan para modelar Isomalt)

Elaboración:
  1. Separa las yemas de las claras. Tamiza la harina y la levadura en polvo. Funde la mantequilla y la leche. Bate las claras con 75 gramos de azúcar. Añade otros 75 gramos de azúcar y bate a punto de nieve. 
  2. Añade las yemas de huevo todas a la vez y mezcla bien. Añade la harina tamizada en tres veces y mezcla hasta integrar completamente. Añade la mezcla de leche y mantequilla poco a poco. Mezcla bien para que todos los ingredientes se unan sin grumos.
  3. Calienta la sartén para crepes con un poco de aceite y empieza con una crepe. Cuando se forme las burbujas, coloca el cilindro en el borde de la masa y rueda hasta que la crepe quede redonda en el cilindro. Repite el proceso para la masa restante. 
  4. Enfría la tarta en el frigorífico, saca el tubo y corta los extremos de la tarta para ver las capas de la misma. Cortar aproximadamente 2 cm de espesor para servir.
Notas: 
El cilindro de madera lo usé sin papel de hornear y al final salió sin dificultad. 
Al principio usé una sartén para crepes pero al ser más grande que el diámetro de mi vitro terminé usando una sartén normal.


GUANTES: NO USAR GUANTES DE VINILO O NITRILO, los guantes que usé son de un taller que hice con isomalt y adecuados para el calor.



Preguntas frecuentes (FAQ): 

¿Qué tipo de utensilio o rodillo se debe utilizar como cilindro central y cómo se desmolda?

Lo ideal es emplear un cilindro de madera apto para uso alimentario y resistente al calor. No es estrictamente necesario cubrirlo con papel de hornear, ya que, al enfriarse la preparación en el frigorífico, el bizcocho se contrae ligeramente y se desmolda sin dificultad. Para manipular el cilindro caliente durante el enrollado, es fundamental utilizar guantes térmicos especiales (como los empleados para modelar isomalt) y evitar rotundamente los guantes de vinilo o nitrilo, que podrían derretirse.

¿Es imprescindible usar una crepera o sirve una sartén convencional?

Aunque una crepera o sartén para crêpes facilita la confección de finas capas de masa, una sartén antiadherente convencional funciona perfectamente. De hecho, si el diámetro de la crepera supera la zona de cocción de tu placa vitrocerámica o de inducción, es preferible utilizar una sartén tradicional de menor tamaño para garantizar una distribución uniforme del calor.

¿Cómo se consiguen los característicos «anillos de árbol» en esta versión sin horno giratorio?

El efecto visual de los anillos del Baumkuchen se logra dorando capas milimétricas de masa una a una en la sartén. Tan pronto como empiezan a brotar las primeras burbujas en la superficie de la crepe, se coloca el cilindro en un extremo y se rueda firmemente sobre la masa. Al repetir este proceso en espiral con toda la mezcla, enfriar el pastel y cortar los extremos, quedan al descubierto las finas capas superpuestas.


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