Frit Bord mallorquín
Cada agosto, el pueblo celebra Ses Llavors d’Omar ('Las semillas de Omar'). No es una feria cualquiera; es un despliegue de orgullo payés. Durante el día grande de la huerta, las cazuelas de barro tradicionales (greixoneres) se colocan sobre brasas de leña en plena plaza Mayor. El frit es la máxima expresión del ingenio de los antepasados de Binimira: un plato nacido de la necesidad que, con el tiempo, se convirtió en una auténtica exquisitez. Antes de empezar a comer, el payés más anciano del pueblo alza una rama de hinojo y bendice la mesa en nombre de la tierra. Los vecinos se reúnen con sus platos de barro y una buena rebanada de pa de pagès.
Al caer el sol, el ambiente se transforma. El misticismo de la leyenda cobra vida con el baile de los dimonis. Estos demonios son únicos en la isla: visten sacos de arpillera cubiertos de pequeños espejos redondos que reflejan las chispas y simulan estrellas errantes. Portan máscaras con un solo ojo central, en honor a la mirada del astrónomo, y danzan frenéticamente al son de los tambores intentando «cazar» la luz de las antorchas, hasta que el Dimoni Gros es derrotado simbólicamente por el tañido de una campana, devolviendo la paz al valle.
Presidiendo cada acto aparecen las figuras más altas y queridas del pueblo: los gigantes de Binimira, en Pep i na Maria. Cuando ambos bailan el bolero final en la plaza, se dan por concluidas las fiestas.
No hay pirotecnia —hace años que un incendio la dejó fuera del programa—, pero tampoco hace falta. El cielo se llena de constelaciones y el pueblo entero se detiene a contemplarlas.
Quién sabe… Quizá alguna sea la misma que vio Omar.
Nota: El relato es inventado: en Mallorca no existe Binimira. Es mi manera de homenajear el pasado árabe y la herencia que dejó en la isla, reflejada, por ejemplo, en la toponimia de muchos pueblos.
Su nombre, frit bord, se debe a que no lleva carne entre sus ingredientes es totalmente de verduras de temporada. Cada casa tiene su propia fórmula; algunos le añaden calabacín, pero a mí me recuerda demasiado al tumbet, así que prefiero prescindir de él. Se suele acompañar con olives trencades mallorquinas (aceitunas partidas), tal como se hace con el frit tradicional con carne.
Historiadores y gastrónomos coinciden en que los antecedentes más claros del frito mallorquín provienen de la cocina andalusí y judeosefardí. Ambas culturas compartían en la isla la costumbre de freír asaduras y casquería fina sazonadas con hortalizas de temporada, especias y hierbas aromáticas. Con la consolidación cristiana, la receta evolucionó de forma sustancial: el cordero —pilar de las tradiciones judía e islámica— comenzó a convivir con el cerdo y sus derivados, cuyo consumo servía incluso como demostración pública de fe durante los siglos de mayor presión inquisitorial.
En el entorno rural, el plato se afianzó como la comida comunitaria por excelencia vinculada a las labores del campo, en especial tras las matanzas tradicionales (frit de matances) o el sacrificio de corderos en Pascua. Nada del animal se desperdiciaba: las vísceras frescas (corazón, pulmones e hígado) se cortaban en dados pequeños y se cocinaban de inmediato en cazuelas de barro tradicionales (greixoneres) con abundante aceite de oliva virgen para alimentar a la familia y a los jornaleros.
La versión actual no terminó de perfilarse hasta la llegada de los alimentos procedentes de América. La fórmula medieval original se limitaba a carne, casquería, hinojo y ajos; fue a partir de los siglos XVI y XVII cuando se incorporaron progresivamente las patatas y los pimientos rojos, aportando volumen, textura y su característico colorido. El hinojo fresco silvestre (fonoll) se mantuvo inalterable como el aroma identitario indiscutible; como reza la sabiduría popular en la isla, sin hinojo no hay verdadero frit, sino un simple salteado de carne.
Actualizada 2026.
Frit bord mallorquín
- 6 patatas medianas
- 1 cabeza de ajos
- 1 hoja de laurel
- 1 cebolleta
- 2 pimientos verdes
- 1 pimiento rojo
- 2 berenjenas
- Sal y Pimienta
- Aceite de oliva virgen extra
- Hinojo
- Limpia las verduras.
- Pela y corta las patatas en dados de unos 2 cm.
- Déjalas en remojo mientras sigues con las demás verduras.
- Corta el resto de verdura en cubos de similar tamaño que la patata.
- Limpia el hinojo.
- Separa los ajos de la cabeza y cháfalos un poco sin pelarlos.
- En una sartén con aceite de oliva fríe las patatas.
- Saca de la sartén y reserva sobre papel de cocina para que absorba el aceite.
- En una cazuela, si es de barro mejor, con cuatro cucharadas de aceite, sofríe a fuego fuerte los ajos y el laurel, un minuto.
- Añade la cebolleta.
- Remueve, a los pocos minutos, añade el pimiento rojo y verde, remueve.
- Unos minutos de cocción y añade la berenjena, salpimienta.
- Baja el fuego y deja rehogar hasta que la verdura esté pochada.
- Añade las patatas y el hinojo, remueve y mezcla bien con la verdura.
- Rectifica de sal si hace falta.
- Sirve.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa "frit bord" en mallorquín?
Bord en catalán mallorquín significa literalmente "bastardo" o "ilegítimo" — en el sentido de que no es el frit auténtico con carne y vísceras. Es la versión sin carne, hecha solo con verduras de temporada. El nombre no tiene connotación peyorativa — es simplemente la denominación popular para distinguirlo del frit mallorquí tradicional.
¿Por qué el hinojo es imprescindible en el frit?
El hinojo fresco silvestre — el fonoll — es el aroma identitario del frit mallorquí desde el siglo XIV. Como reza la sabiduría popular mallorquina, sin hinojo no hay verdadero frit, sino un simple salteado de verduras. Aporta un aroma anisado suave que lo diferencia de cualquier otro salteado mediterráneo. En temporada se recoge silvestre en los campos de Mallorca.
¿Se puede hacer el frit bord en invierno?
Sí — la propia receta lo indica. En verano se usan las verduras de la huerta mallorquina de temporada: pimientos, berenjenas y calabacín. En invierno el frit bord se adapta con las verduras de la estación: coliflor, col, alcachofas o acelgas. El hinojo y la patata son los únicos ingredientes que permanecen en todas las versiones a lo largo del año.















Que ricura tu receta de hoy :-))
ResponderEliminarUn saludito
Gracias guapa!
EliminarUna cosa tan rica no se debe perder de nuestra dieta, y aqui esta mi Caty para recordarnos que la dieta mediterranea es la mas sana y mejor, con que poco se puede comer bien, un besito mi reina
ResponderEliminarJajajaja, gracias cielo, un beso
EliminarCom m'agrada la cuina tradicional de cada lloc...cada vegada més! Aquesta recepta ha d'estar super...gràcies per compartir reina!
ResponderEliminarPetons guapa!
Gràcies Gemma, un petonàs!
EliminarBonita historia, siempre es agradable leer lo que escribes y la receta no la conocia, se ve muy rico ese plato!
ResponderEliminarBs!
Gracias guapa, un besito
EliminarAquestes receptes de cuina tradicional que hem dw conservar.
ResponderEliminarM'agrada molt aquesta d'avui, a més és molt de temporada.
Ptnts
Glòria
Gràcies guapa, Petons.
Eliminar¡Qué entrañable historia del baúl y las cartas, Caty! Yo también tengo una parecida en la familia y ella también se llamaba María.
ResponderEliminarSi me dicen de pequeña que me tengo que tomar ese plato seguro que me hubieran dado un disgusto. Ahora en cambio, creo que podría vivir sólo de verduras y fruta. Cómo cambia todo con la edad ;-)