—Pecado cuando mostraba mis largas piernas,
pecado cuando mis hombros tomaban el sol,
pecado cuando mi pelo ondeaba al viento como una bandera,
pecado cuando mis labios sugerían besos
o cuando mis manos rozaban su cuello perfecto y terminaban en su pecho —contestaba ella.
—No, eso no es pecado: enseñar tus largas piernas era presagio de vitalidad. ¿Y tus hombros? Tus hombros se tostaban y se volvían más bellos aún de lo que eran. Tu pelo, siempre fuerte y largo, no hacía más que dar envidia al viento: por eso intentaba quitártelo y lo ondeaba. Tus labios remolacha sonríen siempre y le quitan su enfado. Y cuando tus manos rozaban su piel, él se volvía manso, dulce y excitado. Eso, mi querida, no es pecado y nunca lo será —la tranquilizaba.
Se dice de ellas que crecieron en los Jardines Colgantes de Babilonia; los isabelinos ya las disfrutaban en tartas y guisos, y los cocineros medievales las introdujeron en sus pasteles. La conocida remolacha tiende a provocar una respuesta apasionada en la gente: o la adoran o la detestan. Quienes la rechazan dicen que tiene un sabor terroso, y no están equivocados.
Durante mucho tiempo, la remolacha se ha considerado un afrodisíaco en muchas culturas. Los antiguos romanos creían que las remolachas y su jugo promovían sentimientos amorosos; de hecho, los frescos con remolachas decoran las paredes del burdel Lupanar en Pompeya. En la mitología griega, Afrodita, la diosa del amor, comía remolacha para mejorar su atractivo.
Este pintoresco folclore en realidad tiene una base científica: las remolachas son una fuente natural de triptófano y betaína, dos sustancias que promueven la sensación de bienestar. También contienen altas cantidades de boro, un mineral que aumenta el nivel de las hormonas sexuales en el cuerpo humano.
Me gusta cocinar con remolacha, y debes saber que el queso de cabra y ella casan a la perfección. Este estofado de lentejas con remolacha, servido con queso de cabra, es una deliciosa manera de comer legumbres: las lentejas, «comida de viejas», pueden llegar a sorprenderte. ¿No crees?
¡Anímate a probarlo!
Estofado de lentejas con remolacha
- 2 cdas. de aceite de oliva
- 1/2 cebolla roja
- 120 g de zanahoria
- 70 g de apio
- 120 g de remolacha
- 3 dientes de ajo
- Una ramita de tomillo fresco
- 1 hoja de laurel
- 200 g de lentejas pardinas
- 1 l caldo de verduras
- Sal y pimienta negra
- 200 ml de zumo de remolacha
- 25 g mantequilla (opcional)
- 1 rulo de queso de cabra
- Vinagre balsámico (opcional)
- Corta la cebolla y el apio en brunoise.
- Corta la zanahoria y la remolacha en macedonia.
- Pica el ajo.
- Para el zumo de remolacha usar una licuadora, o pícala con la Thermomix junto con agua, deja reposar y cuela.
- Calienta el aceite de oliva en una olla, rehoga la cebolla, zanahoria, remolacha y apio durante 5 minutos.
- Baja el fuego y añade el ajo, las lentejas y las hierbas.
- Rehoga unos minutos más.
- Añade el caldo de verduras y salpimienta.
- Cuando llegue a hervir deja cocinar durante 30 minutos con la olla tapada a fuego lento.
- Pasado este tiempo, añade el zumo de remolacha y sigue cocinando unos 10 minutos más.
- Prueba la consistencia de la lenteja y la sal, si la lenteja ya está cocinada apaga el fuego y añade la mantequilla, remueve hasta disolver.
- Sirve con un trozo de queso de cabra y sobre él unas gotas de vinagre balsámico.












