Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Bizcochitos con albaricoques

La campana de la iglesia dio las siete mientras los últimos clientes abandonaban la terraza de la plaza.

—Demà plourà —sentenció Biel, mirando un cielo completamente despejado.

Nadie discutió. En el pueblo, las predicciones meteorológicas funcionaban igual que los rumores: no importaba si eran ciertas, sino quién las decía.

Clara acababa de llegar de Palma para vender la casa de su tía Margalida, fallecida hacía dos meses. Una casa antigua, cerrada desde entonces, con persianas verdes, un gran albaricoque en el jardín y vistas al mar. Aquella tarde encontró algo extraño. Dentro de un ejemplar amarillento de una guía inglesa de senderismo había una nota doblada cuatro veces. Solo contenía una frase:

"No vuelvas al faro después del 14 de octubre".

Sin firma. Sin fecha.

Clara preguntó discretamente en el café de la plaza.

—¿El faro? —dijo el camarero mientras secaba un vaso—. Hace años que nadie sube allí.

—¿Nadie?

—Bueno... nadie que quiera que lo vean.

La respuesta provocó algunas sonrisas alrededor. Sonrisas de esas que en Mallorca significan que la conversación no seguirá y que nadie piensa ayudarte. Al anochecer, Clara subió hasta el faro. La puerta estaba cerrada con un candado oxidado. O eso parecía. Porque cuando llegó, el candado solo parecía cerrado, pero estaba abierto. Y alguien había encendido una luz en el interior. Clara permaneció inmóvil unos segundos. Desde arriba, el mar golpeaba las rocas. Entonces oyó pasos. No detrás de ella. Dentro del faro. Y una voz que pronunció su nombre. La misma voz que había escuchado en el funeral de su tía. Aunque, según todo el pueblo, aquella persona llevaba veinte años muerta.

Coca de albaricoque mallorquina

Bizcocho de albaricoque mallorquín


Mallorca también se descubre a través de las historias. Entre recetas heredadas, tardes de verano y conversaciones de plaza, la isla ha inspirado a escritores que han encontrado aquí escenarios perfectos para el misterio. El breve relato que acompaña esta receta es una invitación a disfrutar de esa otra Mallorca: la de los secretos apenas susurrados, las casas cerradas frente al mar y las preguntas que quizá nunca encuentran respuesta. Porque pocas combinaciones resultan tan mallorquinas como una buena coca de albaricoque y una historia que nos haga pasar la página.

Mallorca ha sido, y sigue siendo, escenario de películas, series y novelas. Autores locales y extranjeros la han descrito como lugar de amor, drama y misterio. Sentarse a leer, a la sombra en verano o junto al fuego en invierno, acompañando a los protagonistas mientras buscan —o no— la solución a un enigma, también forma parte de la vida en la isla, aunque sea una de sus tradiciones menos conocidas.

Una receta bien mallorquina es la coca d'albercocs, a la que, a veces, añadimos sobrasada. Si bien mayo y junio son los meses del albaricoque mallorquín —rojizo, aromático y especialmente sabroso—, también son la época en la que llenamos nuestras cocas dulces con esta fruta tan esperada.

Las recetas tradicionales suelen elaborarse con masa fermentada y levadura panadera. Mi versión, más rápida y sencilla, está preparada en freidora de aire, aunque también puede hacerse en horno convencional. Así podrás disfrutar de un delicioso bizcocho de albaricoque con sobrasada en un plis plas.

Bizcochitos con albaricoque y sobrasada mallorquines 

Ingredientes
  • 110 g de harina
  • 8 g de levadura en polvo
  • 1 huevo
  • 100 g de azúcar
  • Una pizca de sal
  • 50 ml de aceite de oliva suave
  • 50 ml de leche
  • Albaricoques frescos de temporada (para decorar)
  • Sobrasada mallorquina (para decorar)
  • Azúcar glas (opcional, para espolvorear)
Elaboración
  1. Mezcla en un bol la harina, la levadura, el azúcar y la sal.
  2. Añade el huevo, el aceite y la leche, y bate hasta que la masa quede suave y sin grumos. 
  3. Rellena cápsulas o moldes individuales (que quepan en tu freidora de aire o en el horno).
  4. Deja reposar la masa en la nevera durante 30 minutos. 
  5. Sobre cada porción de masa, coloca medio albaricoque (presiona suavemente, sin hundirlo del todo) y una cucharadita de sobrasada.
  6. Si quieres, espolvorea un poco de azúcar glas por encima. 
  7. Hornea a 180 °C durante 20 minutos, o hasta que estén doraditos y bien cocidos.

Bizcochitos de albaricoque y sobrasada


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.      

Chupitos de sandía

Lauren vive a tres casas de la mía. La conocí un día que salía a tirar la basura y ella regaba sus cactus con una regadera en forma de flamenco. Me saludó con una sonrisa torcida y un «hola» que parecía salido de una película indie. Desde entonces, nos saludamos con una familiaridad extraña, como si nos conociéramos de antes.

Hace dos semanas me confesó que quería ser bartender. Lo dijo así, sin rodeos, mientras me ofrecía una rodaja de sandía helada.

—Quiero ser bartender. De verdad. Mezclar cosas, inventar cócteles, hacer trucos con las botellas. ¿Me prestas tu licuadora? —preguntó, como si eso fuera parte del trato.

Me reí y le dije que sí, y que si necesitaba un conejillo de indias para sus experimentos etílicos, yo me ofrecía voluntaria. Alguien tenía que sufrir los errores para que otros disfrutaran los aciertos. Esa misma noche llegó a mi casa con una sandía entera, una botella de vodka y un entusiasmo que daba miedo.

—Hoy probamos «La Sandía Cósmica» —anunció, como si presentara un nuevo planeta.

Cortó la sandía, vació parte de su pulpa en la licuadora, añadió un chorro generoso de vodka —muy generoso— y hielo. Lo sirvió en copas de vino porque «no tengo vasos de cóctel todavía». El resultado era rosa, espeso y peligrosamente delicioso.

—¿Y? —preguntó, observándome como un químico que espera que su fórmula no explote.

—Es como el verano en la boca, pero con intenciones oscuras —respondí, ya medio mareada tras el segundo trago.

Desde entonces, cada viernes es «noche de prueba». Ya hemos pasado por combinaciones con pepino, jengibre e incluso un experimento fallido con pimiento rojo que juramos olvidar. Lauren apunta todo en una libreta azul con dibujos de cócteles. Dice que un día abrirá su propio bar y que habrá un cóctel en el menú llamado «El Conejillo», en mi honor. Llevará vodka, sandía y un poco de locura. Y yo, claro, estaré en la primera mesa, brindando con una sonrisa torcida.

Mosaico de chupito de sandía fresca

Chupitos de sandia de gelatina

Nacido en el siglo XVIII como una medida médica y de control en las tabernas, el shot (chupito, caballito o corto) ha evolucionado desde un trago rápido de destilado puro hasta convertirse en un fenómeno global de la coctelería y la vida nocturna.

La historia de este formato comenzó en las tabernas europeas y americanas del siglo XVIII, donde se introdujeron vasos pequeños para estandarizar las raciones de licores fuertes —usados entonces como remedios medicinales— y evitar que los clientes bebieran directamente de las botellas comunes. Un siglo después, en las haciendas agaveras de México, nació el término "caballito": los capataces usaban un cuerno de toro recortado para catar el mezcal que, al no tener una base plana para apoyarse, debía beberse de un solo golpe al bajar del caballo. Ya en la década de 1920, la Ley Seca en Estados Unidos impulsó el uso de vasos pequeños fáciles de ocultar para el alcohol ilegal. Tras la prohibición, la industria del vidrio diseñó el vaso de shot moderno con una base extremadamente gruesa y pesada, pensada para resistir el golpe seco de los clientes contra la barra.

A partir de los años 70 y 80, el concepto se transformó por completo gracias a la experimentación en la coctelería. Los chupitos dejaron de ser solo destilados puros para convertirse en tragos dulces y visuales. Los bartenders jugaron con la densidad y el azúcar de los licores para crear los vistosos chupitos por capas o pousse-café, coronados por el famoso B-52, mientras que recetas cromáticas y amables como el Kamikaze o el Lemon Drop conquistaron la vida nocturna. En esta misma época dorada, las fiestas universitarias rescataron una vieja idea del siglo XIX y popularizaron masivamente los coloridos chupitos de gelatina, convirtiéndolos en el formato lúdico y portátil definitivo.

En España tuvieron una década muy popular. ¡Esos eran los míticos chupitos a 100 pesetas (los famosos "duros" o "un billete de cien")!

Esa moda tuvo su auténtico bum en la década de los 90, extendiéndose con mucha fuerza hasta el año 2001, justo antes de la llegada del euro en 2002 (cuando las 100 pesetas se convirtieron mágicamente en los famosos "60 céntimos", que pronto redondearon a un euro).

A mediados y finales de los 90, coincidiendo con la explosión de la "Ruta del Bakalao" y la cultura de los pubs de barrio, aparecieron locales que se dedicaban casi en exclusiva a esto. Eran las famosas "Chupiterías", donde las pizarras se llenaban de listas interminables con nombres muy gamberros, picantes o divertidos (como el Cerebrito, Muerte Súbita, Beso de Judas, o el Kryptonita).

Por un billete de 100 pesetas (o una moneda de cinco duros), tenías una variedad increíble de licores de colores, de piruleta, de manzana verde o cremas que marcaron a toda una generación antes de salir a la discoteca. 

Yo no fui muy entusiasta de esa moda pero sí, la probé. Aunque no soy muy de beber alcohol y prefiero las celebraciones en casa antes que en discotecas o pubs, reconozco que tuvo su qué en su momento.


Chupitos de sandía hechos con gelatina


Ingredientes
  • 10 limas
  • 1 sobre de gelatina de sandía
  • 250 ml de agua
  • 250 ml de vodka
  • Semillas de sésamo negro
Elaboración
  1. Corta las limas por la mitad, exprime y vacía bien las cáscaras. 
  2. Limpia por dentro y deja secar boca abajo. 
  3. Hierve el agua en un cazo. 
  4. Retira del fuego y disuelve el sobre de gelatina, remueve bien hasta que no queden grumos.
  5. Añade el vodka, vuelve a mezclar. Coloca las cáscaras de lima en un molde para magdalenas o en una huevera para que se mantengan rectas y no se vuelque el líquido. Reparte el líquido dentro de las cáscaras de lima, llenándolas hasta el borde
  6. Mete las limas en el frigorífico hasta que la gelatina cuaje bien. 
  7. Una vez firmes, corta cada mitad en cuñas con un cuchillo bien afilado y decora con unas semillas de sésamo negro.
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Chupitos de sandía fresca hechos con gelatina


Ingredientes
  • 10 limas
  • 250 ml de zumo de sandía fresca (licuada y colada).
  • 250 ml de vodka.
  • 10 g de gelatina neutra en polvo (aproximadamente 1 sobre) o 6 láminas de gelatina.
  • Semillas de sésamo negro (para decorar).
Elaboración
  1. Corta las limas por la mitad, exprime y vacía bien las cáscaras. 
  2. Tritura varios trozos de sandía fresca con la batidora y pásalo por un colador fino para eliminar las pepitas y la pulpa más densa. Necesitas medir exactamente 250 ml de líquido limpio. Reserva.
  3. Si usas gelatina en polvo: Separa unas 4 cucharadas del zumo de sandía en un vaso, echa el sobre de gelatina por encima y déjalo reposar 5 minutos para que se hidrate. Luego, calienta el resto del zumo de sandía en un cazo sin que llegue a hervir. Retira del fuego, añade la gelatina hidratada y remueve muy bien hasta que se disuelva por completo.
  4. Si usas láminas: Remójalas en agua fría durante 5-7 minutos. Calienta el zumo de sandía en un cazo, retíralo del fuego, escurre bien las láminas con las manos e incorpóralas al zumo caliente, removiendo hasta que desaparezcan.
  5. Añade el vodka, vuelve a mezclar. Coloca las cáscaras de lima en un molde para magdalenas o en una huevera para que se mantengan rectas y no se vuelque el líquido. Reparte el líquido dentro de las cáscaras de lima, llenándolas hasta el borde
  6. Mete las limas en el frigorífico hasta que la gelatina cuaje bien. 
  7. Una vez firmes, corta cada mitad en cuñas con un cuchillo bien afilado y decora con unas semillas de sésamo negro.

Chupitos divertidos de gelatina con sandía

Chupitos de sandía hechos con gelatina para fiestas


Preguntas frecuentes

¿Cuánto duran los chupitos de sandía en la nevera?

Aguantan perfectamente 2-3 días en el frigorífico bien tapados. El alcohol no se evapora al estar cuajados en gelatina.

¿Se pueden hacer sin alcohol?

Sí, sustituye el vodka por más zumo de sandía o agua con gas. Quedan igual de vistosos y son perfectos para niños.

¿Qué gelatina usar para los chupitos?

Puedes usar gelatina de sabor sandía para la versión más rápida, o gelatina neutra si prefieres la versión con sandía fresca natural.


Chupitos con sabor a gelatina fresquitos


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