Y en primavera llegaba su pasión por las flores. Si por ella fuera, su jardín estaría lleno de flores y quizás algún árbol. Bueno, árbol ya había uno, un albaricoquero que hacía que el conjunto del jardín fuera especial, ya que sus frutos anaranjados y rojizos eran una delicia, no solo para la vista, sino también para el paladar. Cuando esto ocurría, su vecina se acercaba para hornear un bizcocho, y pasaban la tarde admirando las flores del jardín mientras compartían un trocito de ese bizcocho familiar que ella le cocinaba.
Cada especie floral era seleccionada para elaborar una diadema que engalanaba las cabezas de muchas novias. Llegaban de todas partes de la isla para llevárselas y formar parte de un día tan especial para ellas, y eso la emocionaba. Cada año era lo mismo, y cada año le latía el corazón de felicidad cuando sucedía.
Bodas, comuniones o simplemente un detalle para hacer sentir especial a alguien... Le encantaba ver luego las fotos que le enviaban. Tenía un tablón donde las exponía, y había un mosaico tan variopinto y precioso que era el orgullo de su trabajo. Allí se veía no solo el resultado de su labor, sino también cómo la vida de sus flores se alargaba mucho más a través de esos recuerdos. Recuerdos de otras personas, y también suyos. Eso la unía a ellos.
Ingredientes
- 110 gramos de harina
- 8 gramos de levadura en polvo
- 1 huevo
- 100 gramos de azúcar
- Una pizca de sal
- 50 mililitros de aceite de oliva suave
- 50 mililitros de leche
- Albaricoques frescos de temporada (para decorar)
- Sobrasada mallorquina (para decorar)
- Azúcar glas (opcional, para espolvorear)
- Mezcla en un bol la harina, la levadura, el azúcar y la sal.
- Añade el huevo, el aceite y la leche, y bate hasta que la masa quede suave y sin grumos.
- Rellena cápsulas o moldes individuales (que quepan en tu freidora de aire o en el horno).
- Deja reposar la masa en la nevera durante 30 minutos.
- Sobre cada porción de masa, coloca medio albaricoque (presiona suavemente, sin hundirlo del todo) y una cucharadita de sobrasada.
- Si quieres, espolvorea un poco de azúcar glas por encima.
- Hornea a 180 °C durante 20 minutos, o hasta que estén doraditos y bien cocidos.





