12 agosto 2026

Cocas de patata mallorquinas
—Fray Miquel, dígame una cosa —preguntó George Sand, plantándose frente al monje con las manos metidas en las mangas—: ¿los mallorquines son siempre así?

El monje la miró con cautela:

—¿Así cómo?

—Poco hospitalarios.

Fray Miquel respiró hondo:

—No creo que esa sea la palabra.

—¿No? Llegamos a la isla buscando descanso, sol y tranquilidad. Y hemos encontrado lluvia, viento, frío, barro y gente que nos mira como si hubiéramos venido a robarles un cerdo o la piara entera.

—Este invierno está siendo especialmente malo.

—Eso dicen todos. Es una respuesta muy cómoda. Cuando llueve, es el invierno. Cuando hace frío, es el invierno. Cuando no quieren atenderte, también debe de ser el invierno.

El monje intentó contener una sonrisa:

—Quizá los mallorquines sean simplemente reservados.

—Reservados… —repitió Sand—. En Francia, cuando alguien llega enfermo y con frío, le ofrecen una sopa.

—Aquí también y, algún generoso, hasta una coca de patata.

—¿Dónde?

—En algún sitio.

—¡Exactamente!

Desde la celda llegó la tos de Chopin.

George Sand señaló hacia allí:

—¿Lo oye? Mi pobre Frédéric lleva días tosiendo, y este lugar tiene tanta humedad que hasta el piano parece tener reuma.

Fray Miquel miró hacia la ventana, donde la lluvia golpeaba los cristales:

—La humedad no es culpa de los monjes.

—Tampoco he dicho que lo fuera.

—Lo ha pensado.

—Eso sí.

El monje sonrió:

—Quizá Mallorca no sea como usted esperaba.

—No. Y eso es decirlo con mucha educación.

—¿Y qué esperaba?

George Sand se quedó pensando:

—Una isla cálida. Gente amable. Un poco de hospitalidad.

Fray Miquel bajó la cabeza para esconder la risa:

—Señora Sand, quizá dentro de unos días cambiará el tiempo.

—Eso espero. Porque si tarda mucho, voy a escribir un libro.

El monje levantó la mirada:

—¿Sobre Mallorca?

—Naturalmente.

—¿Y será favorable?

George Sand lo miró fijamente:

—Fray Miquel, después de este invierno, ¿usted qué haría?

El monje se quedó pensativo:

—Yo no escribiría sobre el tiempo.

—¿Por qué?

—Porque el tiempo puede cambiar.

George Sand sonrió por primera vez:

—Tiene usted razón. Entonces escribiré sobre los mallorquines.

El monje suspiró:

—Eso sí que no cambiará con el sol.



Clásicas cocas de patata mallorquinas espolvoreadas con azúcar

Cocas de patata mallorquinas típicas de Valldemossa


Tras la llegada de la patata a la isla a finales del siglo XVII, este tubérculo se destinaba casi exclusivamente a guisos campesinos. Sin embargo, el gran hito transformador tuvo lugar en 1799, cuando el repostero Jaume Martí presentó ante la Real Sociedad de Amigos del País de Mallorca* un novedoso pan dulce con patata, horneado bajo las pautas de un ciudadano francés refugiado que huía de la Revolución francesa.

Esta idea fue rápidamente adoptada por los agricultores de la zona, quienes descubrieron que incorporar patata hervida a las masas permitía ahorrar harina costosa y conseguir un bollo excepcionalmente tierno, esponjoso y jugoso. El municipio montañoso de Valldemossa se erigió en el epicentro de esta tradición, transmitiendo y perfeccionando la receta artesanal de generación en generación.

A partir de 1920, con la apertura de la emblemática pastelería Can Molinas en Valldemossa, el producto dio el salto a la comercialización a gran escala, consolidando su cuidada elaboración de fermentación lenta de hasta 24 horas. Hoy en día, la coca de patata es un símbolo gastronómico de Mallorca, servida tradicionalmente espolvoreada con azúcar glas y acompañada de chocolate caliente en invierno o de granizado de almendra durante el verano.

*La Real Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País fue una institución ilustrada fundada en 1778 bajo el reinado de Carlos III. Su objetivo principal era modernizar la economía, la agricultura, el comercio y la educación en Mallorca para superar las crisis de subsistencia y el atraso técnico de la época.

Formada por nobles, intelectuales, clérigos y comerciantes de la isla, la sociedad funcionó como un motor de innovación práctica. Entre sus principales logros destacan el fomento de nuevos cultivos, como la patata o la alfalfa; la mejora de los métodos ganaderos e industriales; el impulso de la enseñanza técnica, y la creación de proyectos de reforestación.

Aunque cesó su actividad a lo largo del siglo XIX a medida que el Estado y otras instituciones públicas asumieron sus competencias, dejó un valioso legado histórico y documental que hoy se conserva en el Arxiu del Regne de Mallorca.


Cocas de patata mallorquinas


Ingredientes
  • 75 g de patata cocida y machacada
  • 70 g de manteca de cerdo a temperatura ambiente
  • 75 g de azúcar blanco
  • 2 huevos grandes
  • 20 g de levadura fresca
  • 40 ml de agua
  • 375 g de harina de fuerza
  • Azúcar glas para espolvorear las cocas por encima

Elaboración
  1. Poner en un bol la patata cocida, manteca, azúcar, huevos, levadura, agua y harina. 
  2. Amasar hasta obtener una masa lisa y elástica. 
  3. Hacer una bola con la masa y dejar en un bol ligeramente engrasado tapado para que doble su volumen. 
  4. Una vez doblado el volumen, desgasificar y formar las bolas de unos 75 g más o menos. 
  5. Bolear cada una que quede redonda y poner sobre la bandeja del horno. 
  6. Cubrir y dejar levar hasta que doblen el tamaño.
  7. Precalentar el horno a 170º C calor arriba y abajo. 
  8. Cuando estén levadas hornearlos durante 20 minutos. 
  9. Sacar y dejar enfriar sobre una rejilla. 
  10. Al enfriar espolvorear con azúcar glas.
Eclipse total en Valldemossa con cocas de patata incluidas
Mi eclipse de sol total del día 12 fue en Valldemossa


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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