10 agosto 2026

Menjar Blanc
El primer día de vacaciones, la familia Miller llegó al hotel Bahía Matzoc con el entusiasmo desordenado de quien cree que un cambio de código postal resolverá sus problemas emocionales. No ocurrió.
 
El hotel estaba en una pequeña cala de Mallorca donde todo olía a sal y protector solar. Claire Miller, profesora de instituto y organizadora profesional de crisis familiares, había reservado tres habitaciones.

—Es perfecto —dijo Claire.

Su marido, Oliver, llevaba una camisa de lino beige que lo hacía parecer un gurú financiero a punto de arruinarte la vida. Había prometido «desconectar del trabajo», aunque ya estaba respondiendo correos mientras fingía admirar un acebuche. Los hijos tampoco ayudaban. Nick, de diecinueve años, había decidido convertirse en DJ espiritual después de un retiro de fin de semana en Ibiza. Su hermana Mia, de dieciséis, estaba atravesando esa etapa donde cualquier interacción familiar le producía un dolor físico visible. Y luego estaba la abuela Abigail. Abigail tenía setenta y ocho años, fumaba a escondidas como una adolescente rebelde y había venido solo porque sospechaba que alguien quería meterla en una residencia.

—No pienso morir jugando al bingo —declaró mientras pedía un chupito a las once de la mañana.

La primera catástrofe llegó durante la cena bufé. Oliver confundió una fuente de gazpacho con salsa para nachos. Mia descubrió que su exnovio estaba alojado en el mismo hotel con una influencer sueca llamada Freja que parecía diseñada por inteligencia artificial. Nick intentó animar el ambiente pinchando música desde el móvil y provocó que un camarero tropezara con una bandeja de cervezas. Pero el verdadero desastre ocurrió al tercer día. Abigail desapareció. Solo dejaron una nota escrita en una servilleta: «Me he ido con un alemán. No dramaticéis». La familia entró inmediatamente en pánico. 

—¿Qué alemán? —preguntó Claire. 
—Había uno en el aquagym que la miraba mucho —dijo Mia. 
—Eso era porque la abuela hacía trampas con los churros de piscina —respondió Nick. 

Pasaron tres horas buscándola por playas, mercadillos y chiringuitos hasta que finalmente la encontraron jugando al póquer en el bar del puerto con un hombre llamado Hans, un jubilado muniqués que llevaba sandalias de cuero, calcetines y una coleta diminuta. Abigail levantó la vista, molesta. 

—¿Ya estáis otra vez controlándome? Estoy ganando ciento veinte euros. 

Y efectivamente estaba ganando. Lo extraño fue que, después de aquello, las vacaciones mejoraron. Claire dejó de fingir perfección. Oliver apagó el móvil después de que Abigail amenazara con tirarlo al mar. Mia empezó a hablar con un socorrista local que tenía unos bíceps terapéuticos. Y Nick consiguió trabajo improvisando sesiones musicales al atardecer para turistas ligeramente borrachos. 

La última noche cenaron juntos frente al mar. Había viento cálido, pescado a la plancha, Menjar blanc de postre y una tranquilidad rara, casi sospechosa. 

—Quizá necesitábamos esto —dijo Claire. 
—¿Una experiencia transformadora? —preguntó Oliver. 
—No. Un hotel donde nadie nos conozca cuando hacemos el ridículo. 
Abigail brindó con su copa. 
—Las familias felices son las que sobreviven suficientes veranos seguidos. 

Y por una vez, nadie discutió. Aunque diez minutos después Hans apareció sin camiseta conduciendo una Vespa alquilada, así que la paz duró relativamente poco.


Menjar blanc mallorquí

Flor de almendro

Tres razones principales por las que se asocia a Tarragona y no tanto a Mallorca:

1. La leyenda de la Cartuja de Scala Dei
Se cuenta que el Menjar Blanc tal y como lo conocemos (dulce y de Cuaresma) nació en la Cartuja de Scala Dei, en el Priorat (Tarragona). Los monjes necesitaban un postre que cumpliera con el ayuno de Semana Santa, por lo que sustituyeron los huevos y la leche de la crema catalana por leche de almendras y almidón de arroz. Al ser una institución tan poderosa, la receta se extendió por toda la región.

2. El "Menjablanc de Reus" como marca
Mientras que en Mallorca el Menjar Blanc se mantuvo más como una receta casera o de convento, en Reus se convirtió en un emblema comercial. Reus es históricamente una capital mundial de la almendra.

Desde el siglo XIX, confiterías icónicas de la ciudad empezaron a comercializarlo de forma masiva.

Incluso se inventaron preparados en polvo (similares al Flanín) para hacerlo en casa, lo que fijó el nombre de "Menjablanc de Reus" en el imaginario colectivo.

3. La mención en el Quijote
Un punto clave para la fama tarraconense/catalana es la literatura. Miguel de Cervantes menciona en "El Quijote" que Sancho Panza y Don Quijote comen "manjar blanco" durante su visita a Barcelona. Esto le dio un pedigrí histórico vinculado a la costa catalana.

La realidad es que el Menjar Blanc es un patrimonio compartido de la antigua Corona de Aragón. En Mallorca se mantuvo más fiel a la receta medieval de leche de almendras pura. De hecho, en las islas es muy común encontrarlo en los recetarios antiguos como un plato para convalecientes. En Tarragona/Reus evolucionó hacia un postre festivo más denso, a menudo usando harina de arroz en lugar de solo almidón.

En resumen: Nació en la cultura árabe, se perfeccionó en los monasterios medievales de toda la zona (incluida Mallorca) y Reus lo "adoptó" como hijo predilecto gracias a su gran industria de la almendra.

La historia antigua del Menjar Blanc es fascinante porque nos lleva de viaje desde la medicina medieval hasta la repostería de lujo que hoy conocemos. Es uno de los platos más antiguos de Europa que todavía se consumen, con menciones en libros de cocina del siglo XIV como el Llibre de Sent Soví. De plato para enfermos a postre de reyes.

Aunque hoy lo vemos como un postre dulce similar a un flan o natilla, su origen es muy distinto: no siempre fue un postre: en la Edad Media era un plato "blanco" (por la pureza que representaba) que podía ser dulce o salado. Se consideraba un alimento de "dieta" para enfermos y gente delicada de las clases altas. Su gran éxito en Mallorca y Cataluña se debió a la Cuaresma. Al no llevar leche animal ni huevos (originalmente se espesaba con harina de arroz), era el sustituto perfecto para los días de ayuno religioso.

Esta receta sigue los pasos de los manuales antiguos (como el de Ruperto de Nola), pero adaptada para que puedas disfrutar de esa textura de "flan" de almendra en casa.

Menjar Blanc


Ingredientes:
  • 300 g de almendras crudas y peladas
  • 1 litro de agua  
  • 150 g de azúcar 
  • 70 g de almidón de arroz 
  • Corteza de un limón
  • Una pizca de sal 

Opcional: Una cucharada de agua de rosas o de azahar.

Opcional: Decora con algunas almendras tostadas picadas, o con canela o con unos granos de granada como he hecho yo.

Elaboración:
  1. En lugar de usar leche de brik, tritura las almendras con el agua. Deja macerar la mezcla unas horas. Luego, fíltrala a través de un paño de lino o algodón fino, apretando con fuerza hasta extraer todo el jugo. Este líquido blanco y denso es la base real del postre.
  2. Pon la leche de almendras en una olla (preferiblemente de fondo grueso) junto con la piel de limón y la pizca de sal. Separa un vaso de esta leche en frío para disolver el almidón de arroz.
  3. Calienta la leche a fuego suave (añade el agua de rosas o azahar si lo has elegido). Cuando empiece a humear, añade el azúcar. Remueve con una cuchara de madera (tradicionalmente se decía que el metal podía alterar el sabor delicado).
  4. Retira la piel de limón. Incorpora el almidón disuelto. Ahora el secreto es la paciencia: remueve siempre hacia el mismo lado a fuego muy lento. El almidón de arroz tarda en "explotar", pero cuando lo hace, crea una crema brillante y mucho más ligera que la de otros cereales.
  5. Vierte la crema en cazuelas de barro o moldes de cerámica o el molde que más te guste. El barro ayuda a mantener la humedad justa. Deja que repose a temperatura ambiente hasta que cuaje por completo antes de llevarlo al frescor de la nevera.

Menjar blanc con granos de granada





Collage de Menjar Blanc y flores de almendro

Relato y fotografías @catypol - Circus day

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