09 mayo 2026

Cheesecake Tiramisú
En una pequeña cafetería de Roma llamada “Dolce Vita”, Ernesto “Nando” Bartolomei seguía empeñado en convertirse en el italiano más americano del barrio. Había cambiado su peinado, llevaba gafas de sol incluso de noche y pronunciaba cualquier palabra inglesa con una confianza absolutamente injustificada.

Aquella tarde entró en la cafetería.

—Hello everybody!

Nadie respondió.

La camarera, Lucía, levantó la vista.

—¿Qué quieres, Nando?

Él apoyó ambas manos en la barra y habló muy serio:

—Hoy quiero un auténtico dessert americano.

—Tenemos tiramisú.

Nando hizo una mueca de superioridad.

—No, no, no… yo hablo de sweet international culture. Algo tipo… cheesecake.

Lucía señaló la vitrina.

—También hay cheesecake.

Y entonces ocurrió.

Nando se quedó inmóvil.

A la izquierda: una cheesecake brillante, perfecta, cremosa.

A la derecha: un tiramisú espolvoreado con cacao, suave, glorioso, con olor a café recién hecho.

El silencio fue absoluto.

—Madonna santa… —susurró.

Lucía cruzó los brazos.

—¿Entonces?

Nando empezó a caminar nervioso de un lado a otro.

—La cheesecake es moderna… americana… cosmopolitan…

Se giró hacia el tiramisú.

—Pero el tiramisú… mamma mia… el tiramisú te abraza el alma…

Un señor del fondo dejó el periódico para observar la escena.

Otro cliente murmuró:

—Esto acaba mal.

Nando sudaba.

—¡No puedo elegir! ¡Es como escoger entre Elvis Presley y mi nonna!

Lucía ya estaba perdiendo la paciencia.

—Nando, hay gente esperando.

Él cerró los ojos dramáticamente.

—Okay… decisión final…

Todo el bar contuvo la respiración.

Nando señaló con solemnidad…

…la cheesecake.

Hubo murmullos.

Lucía sirvió la porción.

Nando cogió el tenedor, dio un bocado… y asintió lentamente.

—Very good…

Pero en ese momento vio cómo servían un tiramisú enorme en la mesa de al lado.

El cacao cayó lentamente sobre la crema.

El aroma del café llegó hasta él.

Nando tembló.

—No… no debo mirar…

El señor del fondo sonrió.

—Míralo. Está luchando consigo mismo.

Nando aguantó exactamente siete segundos.

Después se levantó de golpe y gritó:

—¡LUCÍA, TRÁEME TAMBIÉN EL TIRAMISÚ Y QUE DIOS DECIDA!

El bar entero rompió a reír.

Y esa noche, derrotado pero feliz, Nando salió de la cafetería con la camisa manchada de cacao y queso crema murmurando:

—América inventó la cheesecake… pero Italia inventó la felicidad.




Existen pocos postres que definan tan bien la identidad de sus regiones como la cheesecake y el tiramisú. Mientras la primera es un legado de la Grecia Antigua que Nueva York elevó a la perfección, el segundo nació en los salones de Italia como el 'tentempié' definitivo. Al unirlos, creamos un puente gastronómico: la textura densa y cremosa del queso se rinde ante la intensidad del espresso y la suavidad del mascarpone, logrando un postre que no solo satisface el paladar, sino que despierta los sentidos.


· CHEESECAKE TIRAMISÚ ·

Ingredientes
  • 320 g de queso crema.
  • 250 g de queso Mascarpone.
  • 4 huevos L
  • 200 g de azúcar.
  • 200 ml de nata líquida (35% MG).
  • 3 cucharadas colmadas de café soluble.
  • 2 cucharadas de Amaretto.
  • 1 cucharada de harina de trigo.
  • Bizcochos de soletilla.
  • Para el remojo: 1 taza de café expreso muy fuerte + 1 chorrito de amaretto.
  • Para decorar: Cacao puro en polvo.

1. Infusionar la base: 

Calienta la nata y disuelve en ella las 3-4 cucharadas de café soluble. Remueve hasta que sea un jarabe oscuro y deja que temple.

2. Crear la crema:

En la batidora o Thermomix, bate el queso crema y el mascarpone con el azúcar. Añade los huevos y 2 cucharadas de amaretto. Incorpora el "jarabe" de café que preparaste y la harina. Bate hasta que sea una crema homogénea y de un color café con leche intenso.

3. El montaje:

1. Forra el molde (18-20 cm) con papel de horno humedecido.

2. El baño: Pasa las soletillas por la taza de café fuerte con amaretto. Ojo: vuelta y vuelta rápida. No queremos que se deshagan, solo que se saturen de sabor.

3. Capas: Cubre el fondo del molde con una capa densa de soletillas mojadas, bien apretadas. Vierte la mitad de la mezcla. Pon otra capa de soletillas mojadas en medio y termina de verter el resto de la crema.

4. Horneado y Enfriado

• Hornea a 200°C durante 40 minutos. Si te han quedado las soletillas arriba y ves que se doran mucho tapa con un papel de aluminio.

• Apaga el horno, deja la puerta entreabierta 15 minutos. Luego sácala y, cuando esté a temperatura ambiente, métela en la nevera al menos 8-12 horas. El sabor del café y el licor se asientan y ganan potencia con el frío.

• Justo antes de servir, desmolda con cuidado y cubre la superficie con una capa generosa de cacao puro tamizado.



Relato, receta, fotografías y vídeo @catypol - Circus day.

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