Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Patatas alioli sin huevo

Las cuatro habían quedado para tomar un aperitivo... y patatas... con alioli... y solucionar sus vidas.

A las dos horas no habían arreglado ninguna vida, pero habían destripado una ruptura, diagnosticado dos traumas familiares, descubierto una posible ciberestafa y observado un lunar sospechoso que resultó ser una lenteja.

—Creo que necesito un cambio radical —dijo Catalina. 
—Córtate el flequillo —respondió Rosa. 
—Eso no es un cambio radical. Aunque, bien pensado, según el peluquero que me toque, igual sí.

Mientras discutían, Núria abrió una aplicación de inversión porque había visto un vídeo de veinte segundos sobre libertad financiera. Veinte minutos después, había comprado acciones de una empresa que, según descubrieron más tarde, fabricaba piezas para máquinas de ordeño automáticas.

—Bueno, la gente seguirá bebiendo leche. 
—Eres intolerante a la lactosa. 
—Precisamente. Estoy diversificando riesgos.

La última en llegar fue Cris, sofocada.

—Perdón por el retraso. 
—¿Qué ha pasado? 
—He seguido a un perro durante tres calles porque estaba convencida de que lo reconocía. 
—¿Y lo reconocías? 
—No. Era un perro. No sé por qué esperaba otro desenlace.

Hubo un silencio.

—¿Os dais cuenta de que ninguna de nosotras está capacitada para aconsejar a las demás? 
—Sí. 
—¿Y de que llevamos tiempo haciéndolo? 
—También.

Pidieron otra ronda de patatas con aperitivo (ellas no bebían alcohol; igual eso debía cambiar).

Las cuatro estuvieron de acuerdo en una cosa: sus vidas eran un desastre. Lo que nunca lograron acordar fue de quién era el desastre más entretenido.

Patatas alioli mallorquinas

Patatas con alioli y palo con sifón

Las patatas alioli son una de las tapas más populares, tradicionales y económicas de la gastronomía española. Se sirven principalmente como aperitivo frío y, junto con las patatas bravas, constituyen un entrante imprescindible en la barra de cualquier bar o terraza. Son especialmente apreciadas durante los meses de verano por su carácter refrescante.

Para su elaboración suelen emplearse variedades de patata de carne firme, como la agria o la Monalisa, ya que absorben bien los sabores y mantienen una textura consistente tras la cocción, sin deshacerse.

Aunque el término all i oli significa literalmente «ajo y aceite» en catalán, en la hostelería popular suele prepararse una salsa emulsionada a base de ajo, aceite y leche, prescindiendo del huevo por motivos de seguridad alimentaria. A pesar de no corresponderse con la receta tradicional, esta preparación continúa denominándose alioli de forma generalizada.

El plato se corona habitualmente con perejil fresco picado, que aporta contraste visual y una nota de frescura que equilibra el conjunto. No obstante, para quienes no son aficionados a esta hierba, puede servirse perfectamente sin ella.

Mi versión es sencilla, como casi todas las variantes de esta receta, y está elaborada con alioli de leche. Me acostumbré a prepararla así durante mi etapa trabajando en un restaurante y, desde entonces, he seguido haciéndola de la misma manera. Y como forman parte de un aperitivo también las he acompañado de otro aperitivo mallorquín: Palo con sifón.


PATATAS ALIOLI SIN HUEVO - LA TAPA ESPAÑOLA CON ALIOLI DE RESTAURANTE 


Ingredientes para 4 tapas
  • 500 g de patatas (variedad Monalisa o Agria)
  • 60 ml de leche
  • 1 diente de ajo
  • 120 ml de aceite de girasol o de oliva suave
  • Sal
  • Perejil fresco picado

Elaboración
  1. Pela las patatas y córtalas en dados medianos, procurando que todos tengan un tamaño similar.
  2. Cuécelas en abundante agua con sal durante unos 18-20 minutos, o hasta que estén tiernas pero aún firmes.
  3. Escúrrelas bien y deja que se enfríen por completo.
  4. Prepara el alioli. Para ello, coloca en el vaso de la batidora la leche, los ajos pelados, una pizca de sal y el aceite.
  5. Tritura con la batidora hasta que la mezcla emulsione y adquiera una textura cremosa. Si lo deseas más espeso, añade un poco más de aceite y continúa batiendo hasta obtener la consistencia que prefieras.
  6. Mezcla las patatas frías con el alioli hasta que queden bien cubiertas.
  7. Guarda las patatas en la nevera durante al menos 30 minutos antes de servir para que los sabores se integren y el resultado sea más sabroso.
Nota:
Justo antes de servir, espolvorea perejil fresco picado por encima para aportar un toque de color y frescura.

Patatas alioli cremosas listas para servir versión rápida


Preguntas frecuentes


¿Qué llevan las patatas alioli?

Las patatas alioli llevan patatas cocidas y alioli. En la versión casera más segura y popular, el alioli se prepara con aceite, leche y ajo, sin huevo.

¿Cómo hacer salsa alioli para patatas?

Coloca en el vaso de la batidora 60 ml de leche, un diente de ajo, una pizca de sal y 120 ml de aceite de girasol o de oliva suave. Tritura hasta que emulsione y quede cremoso: sin huevo y sin riesgo. La «fórmula» consiste en una medida de leche por dos medidas de aceite, un diente de ajo (o más, al gusto del consumidor) y una pizca de sal.

¿Cuál es la diferencia entre patatas alioli y patatas bravas?

Las patatas bravas llevan salsa brava picante y se sirven fritas. Las patatas alioli llevan alioli cremoso y las patatas suelen cocerse. Son las dos tapas más populares de la gastronomía española.

¿Qué lleva la salsa alioli?

El alioli tradicional lleva solo ajo y aceite de oliva. Sin embargo, en bares y restaurantes es habitual utilizar una versión con leche en lugar de huevo, ya que resulta más fácil de emulsionar y evita el riesgo de salmonelosis. Además, en muchos establecimientos se recurre al alioli comercial por ser una opción más rápida.


Patatas alioli españolas con palo con sifón


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Cheesecake Tiramisú

En una pequeña cafetería de Roma llamada “Dolce Vita”, Tommaso Bartolomei seguía empeñado en convertirse en el italiano más americano del barrio. Había cambiado su peinado, llevaba gafas de sol incluso de noche y pronunciaba cualquier palabra inglesa con una confianza absoluta.

Aquella tarde entró en la cafetería.

Hello everybody!

Nadie respondió. La camarera, Lucía, levantó la vista.

—¿Qué quieres, Tommaso?

Él apoyó ambas manos en la barra y habló muy serio:

—Hoy quiero un auténtico dessert americano.

—Tenemos tiramisú.

Tommaso hizo una mueca de superioridad.

—No, no, no… yo hablo de sweet international culture. Algo tipo… cheesecake.

Lucía señaló la vitrina.

—También hay cheesecake.

Y entonces ocurrió. Tommaso se quedó inmóvil. A la izquierda: una cheesecake brillante, perfecta, cremosa. A la derecha: un tiramisú espolvoreado con cacao, suave, glorioso, con olor a café recién hecho. El silencio fue absoluto.

Madonna santa… —susurró.

Lucía cruzó los brazos.

—¿Entonces?

Tommaso empezó a caminar nervioso de un lado a otro.

—La cheesecake es moderna… americana… cosmopolitan…

Se giró hacia el tiramisú.

—Pero el tiramisú… mamma mia… el tiramisú te abraza el alma…

Un señor del fondo dejó el periódico para observar la escena. Los demás ya hacía rato que estaban pendientes de Tommaso. Tommaso sudaba.

—¡No puedo elegir! ¡Es como escoger entre Elvis Presley y mi nonna!

Lucía ya estaba perdiendo la paciencia.

—Tommaso, hay gente esperando.

Él cerró los ojos dramáticamente.

Okay… decisión final…

Todo el bar contuvo la respiración. Tommaso señaló con solemnidad…

…la cheesecake.

Hubo murmullos. Lucía sirvió la porción. Tommaso cogió el tenedor, dio un bocado… y asintió lentamente.

Very good

Pero en ese momento vio cómo servían un tiramisú en la mesa de al lado. El cacao cayó lentamente sobre la crema. El aroma del café llegó hasta él. Tommaso tembló.

—No… no debo mirar…

El señor del fondo sonrió. Tommaso aguantó exactamente siete segundos. Después se levantó de golpe y gritó:

—¡LUCÍA, TRÁEME TAMBIÉN EL TIRAMISÚ Y QUE DIOS DECIDA!

El bar entero rompió a reír. Y esa noche, derrotado pero feliz, Tommaso salió de la cafetería con la camisa manchada de cacao y queso crema murmurando:

—América inventó la cheesecake… pero Italia inventó la felicidad.


tarta de queso con sabor a tiramisú

tarta de queso de tiramisu

Existen pocos postres que definan tan bien la identidad de sus regiones como la cheesecake y el tiramisú. Mientras la primera es un legado de la Grecia Antigua que Nueva York elevó a la perfección, el segundo nació en los salones de Italia como el 'tentempié' definitivo. Al unirlos, creamos un puente gastronómico: la textura densa y cremosa del queso se rinde ante la intensidad del espresso y la suavidad del mascarpone, logrando un postre que no solo satisface el paladar, sino que despierta los sentidos.

Tarta de queso de tiramisú

Ingredientes
  • 320 g de queso crema.
  • 250 g de queso Mascarpone.
  • 4 huevos L
  • 200 g de azúcar.
  • 200 ml de nata líquida (35% MG).
  • 3 cucharadas colmadas de café soluble.
  • 2 cucharadas de Amaretto.
  • 1 cucharada de harina de trigo.
  • Bizcochos de soletilla.
  • Para el remojo: 1 taza de café expreso muy fuerte + 1 chorrito de amaretto.
  • Para decorar: Cacao puro en polvo.

1. Infusionar la base: 

Calienta la nata y disuelve en ella las 3-4 cucharadas de café soluble. Remueve hasta que sea un jarabe oscuro y deja que temple.

2. Crear la crema:

En la batidora o Thermomix, bate el queso crema y el mascarpone con el azúcar. Añade los huevos y 2 cucharadas de amaretto. Incorpora el "jarabe" de café que preparaste y la harina. Bate hasta que sea una crema homogénea y de un color café con leche intenso.

3. El montaje:

1. Forra el molde (18-20 cm) con papel de horno humedecido.

2. El baño: Pasa las soletillas por la taza de café fuerte con amaretto. Ojo: vuelta y vuelta rápida. No queremos que se deshagan, solo que se saturen de sabor.

3. Capas: Cubre el fondo del molde con una capa densa de soletillas mojadas, bien apretadas. Vierte la mitad de la mezcla. Pon otra capa de soletillas mojadas en medio y termina de verter el resto de la crema.

4. Horneado y Enfriado

• Hornea a 200°C durante 40 minutos. Si te han quedado las soletillas arriba y ves que se doran mucho tapa con un papel de aluminio.

• Apaga el horno, deja la puerta entreabierta 15 minutos. Luego sácala y, cuando esté a temperatura ambiente, métela en la nevera al menos 8-12 horas. El sabor del café y el licor se asientan y ganan potencia con el frío.

• Justo antes de servir, desmolda con cuidado y cubre la superficie con una capa generosa de cacao puro tamizado.



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Brochetas dulces

Al final de la comida, entre bocados de postre y el principio de la sobremesa, empiezan las grandes historias.

Primero son pequeñas, casi tímidas, como si se asomaran con cautela desde la memoria. Alguien menciona un verano lejano, otro corrige un detalle —«no fue en el 98, fue el año de la tormenta grande»— y, de pronto, la mesa entera se inclina un poco hacia el centro, como si el mantel guardara un secreto.

Las cucharillas tintinean dentro de las tazas de café. Afuera, la tarde se vuelve más lenta.

Entonces aparece la primera carcajada.

Es la señal. A partir de ahí, todo se desordena: los recuerdos se pisan unos a otros, las versiones cambian, los héroes crecen y las desgracias se vuelven casi cómicas. El tío que siempre habla poco levanta un dedo para aclarar algo importante que nadie recordaba; la abuela niega con la cabeza, pero sonríe, porque sabe que la historia verdadera ya no importa.

Lo que importa es el viaje. Pincelada a pincelada… o, mejor dicho, a brocheta de fresa y chocolate.

—Eso no fue así —dice alguien—. Lo que pasó de verdad fue…

Y la historia vuelve a empezar.

Mientras tanto, el café se enfría lentamente y el sol baja un poco más por la ventana. Nadie tiene prisa. Las migas sobre el mantel parecen un mapa diminuto de lugares que quizá existieron o quizá no.

En algún momento, alguien cuenta algo que nunca había contado antes.

Y entonces la mesa se queda en silencio.
Un silencio corto, atento.

Porque todos entienden que, sin darse cuenta, acaban de entrar en otra historia distinta.

Brochetas dulces

Brochestas dulces de brownie, crepes y fresas


La práctica de ensartar alimentos se remonta a la prehistoria. Está documentada desde el Homo erectus, que utilizaba esta técnica para asar carne, y que con el tiempo evolucionó en diversas culturas para asar también frutas y verduras. Se cree que los pinchos de fruta tienen raíces en Asia y en la antigua Grecia y Roma, donde la fruta fresca era un postre habitual. Aunque la técnica es muy antigua, la brocheta de postre, como concepto versátil, es una variante moderna de preparaciones saladas tradicionales como los shish kebabs árabes o los souvlakis griegos. 

Estas brochetas dulces de fresas son un postre perfecto para el verano o para sorprender en una sobremesa. En mi opinión, es una forma diferente y fresca de presentar un postre. Y, si combinas bien los ingredientes, puede incluso convertirse en el centro de la sobremesa. ¿No lo crees?


Brochets de fresas, crepes y bizcocho de chocolate

Ingredientes para 4 personas (8 - 12 brochetas)
  • Crepes: 4-6 unidades (puedes comprarlas listas o hacerlas con harina, leche y huevo).
  • Relleno: Mermelada de albaricoque o melocotón o dulce de leche.
  • Acompañamiento: Bizcocho de chocolate (cortado en unos 16-20 cubos medianos).
  • Fruta: 12-15 fresas frescas, lavadas y sin el tallo verde.
  • Decoración: Azúcar glass para espolvorear.
  • Utensilios: Palillos largos para brochetas.
Preparación: 
Organiza todos tus elementos en la mesa de trabajo: las crepes estiradas, los cubos de bizcocho ya cortados, las fresas limpias y la mermelada.

Relleno de Crepes: 
Extiende una capa fina y uniforme de mermelada sobre toda la superficie de cada crepe usando una espátula. En lugar de mermelada puedes usar otro tipo de relleno que te guste más.

Enrollado: 
Enrolla la crepe de forma apretada para que el relleno se mantenga en su lugar y el cilindro quede firme.

Corte: 
Corta los rollitos de crepe en rodajas de aproximadamente 2 cm de ancho (estilo "sushi").

Ensamblaje (Parte 1): 
Toma un palillo de brocheta y comienza a insertar los ingredientes.

Ensamblaje (Parte 2): 
Repite el proceso hasta llenar la brocheta o terminar con los ingredientes. Asegúrate de que queden bien sujetas.

Toque Final: 
Coloca las brochetas en un plato plano y, con ayuda de un colador pequeño, espolvorea azúcar glass por encima para darles ese acabado profesional.

Presentación: 
Sirve inmediatamente.


Paso a paso de las brochetas dulces

Si las haces mini pueden formar parte de una tabla dulce:

tabla dulce


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Chili con carne

En una noche de luna llena, a la orilla del Río Bravo, Juan “Big Boots” Smith —vaquero texano de sombrero enorme y dueño de un caballo que, en lugar de relinchar, parecía que hablaba— escuchó un lamento que le erizó hasta el bigote.

—¡Aaaaay, mis hiiijos! —lloraba una silueta blanca que flotaba sobre el agua.

Juan tragó saliva, se ajustó el cinturón y murmuró, disimulando el temblor de la voz:

—Ma’am, si perdió a sus niños, yo tengo un lazo… y chili.

La Llorona apareció frente a él, dramática como telenovela de la tarde. Juan, nervioso y muerto de miedo, le ofreció el chili con carne que estaba comiendo.

—Mire, señora Llorona, aquí en Texas resolvemos todo hablando —dijo, lo primero que le vino a la cabeza.

La Llorona parpadeó, confundida; siempre había creído que por allí todo se resolvía a tiros.

Entre cucharadas de chili y lágrimas, la leyenda se calmó, dejó de llorar y hasta soltó una risa cuando Juan le contó que una vez había confundido un cactus con un toro. Al final, La Llorona regresó al río, dejando a Juan con el plato vacío y una palidez tan profunda que tardó días en recuperar el color. Desde entonces, esperaba no volver a cruzarse con almas en pena tan desviadas de su camino… o tendría que dejar de acampar de noche, o llevar más chili en las alforjas.


Chili con carne

Chili texmex


El chili con carne es un plato emblemático de la cocina Tex-Mex que nació en el siglo XIX en Texas como resultado del intercambio cultural entre la población anglosajona y la mexicana. Su origen comercial está ligado a las «Chili Queens», mujeres de origen mexicano que vendían este guiso picante en las plazas públicas de San Antonio, convirtiéndolo en una comida callejera muy popular. Al mismo tiempo, los vaqueros y soldados tejanos adoptaron una versión deshidratada en forma de bloques compactos de carne, grasa y chiles, la cual transportaban fácilmente y preparaban con solo añadir agua hirviendo. 

El plato alcanzó notoriedad nacional tras presentarse con gran éxito en la Feria Mundial de Chicago en 1893, lo que impulsó su expansión por todo Estados Unidos hasta convertirse en el plato oficial de Texas. En la actualidad existe una firme controversia sobre su receta, ya que la tradición purista tejana exige que el guiso contenga únicamente carne de res y una pasta concentrada de chiles, mientras que la versión Tex-Mex comercializada fuera del estado suele incorporar frijoles y tomate para suavizar el sabor. 

Es una receta sumamente fácil de preparar. Aunque, mi versión, cuando lo cociné no tenía frijoles negros en casa, así que los sustituí por alubias... ¡y tengo que decir que quedó riquísimo igualmente!

En casa nos gustó muchísimo. Como a mis comensales les encanta el picante y yo lo prefiero más suave, decidí adaptarlo para que fuera apto para todos. Por ello, si eres de los que disfrutan con el picante intenso, te animo a probar la receta y a añadirle la cantidad que desees para ponerla a tu gusto.


Chili con carne


Ingredientes para 4 personas

  • 400 g de carne picada de ternera
  • 100 g de alubias rojas (ya cocidas) o frijoles negros
  • 25 g de cebolla blanca picada 
  • 1 diente de ajo picado 
  • 50 g de tomate concentrado 
  • 300 g de tomate troceado
  • 2 cdas. soperas de aceite de oliva o girasol 
  • 5 g de chili en polvo (1 cucharadita de café)
  • 5 g de comino (1 cucharadita de café)
  • 3 g de pimentón picante (media cucharadita)
  • 2 g de sal 
  • Una pizca de pimienta negra (al gusto)
  • Una pizca de cayena (al gusto)
  • 2 o 4 rodajitas finas de chili rojo fresco
  • Cilantro fresco para decorar

Elaboración
  1. En una sartén o cazuela amplia, calienta el aceite a fuego suave y añade el ajo. Deja que se dore ligeramente para que suelte todo su aroma. Pero cuidado a no quemarlo.
  2. Incorpora la cebolla blanca y rehógala hasta que esté transparente.
  3. Añade la cayena, el pimentón, el comino y el chili en polvo. Remueve las especias rápido (apenas unos segundos) para que se tuesten sin quemarse, evitando así que el plato amargue.
  4. Sube un poco el fuego y añade la carne de ternera. Cocínala removiendo constantemente hasta que cambie de color y esté bien suelta.
  5. Añade el tomate concentrado y mézclalo bien con la carne para que se caramelice un poco. Acto seguido, vierte el tomate troceado, la sal, la pimienta y una parte del cilantro.
  6. Incorpora las alubias rojas. Mezcla todo con suavidad para que se integren los sabores sin romper la legumbre. Rectifica de sal si es necesario, y de picante también, quizás te guste mucho el picante y quieras añadir más.
  7. Sirve caliente con unas rodajitas de chili rojo fresco por encima y cilantro fresco. 
  8. Acompaña con nachos o arroz o burritos. Si crees que pica mucho acompaña con unas cucharadas de yogur o crema agria o queso.
Chili mexicano


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Hummus de remolacha

El lunes decidí empezar una vida sana. Hice hummus de remolacha. Desayuné un bol. En la vida sana casi todo se come en bol. Mi bol llevaba semillas, fruta cortada y una cucharada de hummus de remolacha, por lo del equilibrio.

Luego tocaba ejercicio.
Puse una clase de “Yoga para principiantes”.
La profesora dijo:
—Conecta con tu cuerpo
A mi cuerpo le costó la "conexión".

A media mañana me entró hambre. Pero como ahora soy una persona consciente, no comí pan. Me comí palitos de zanahoria con hummus de remolacha. A la hora de comer: pollo plancha. Lo acompañé con verduras asadas y otra cucharada de hummus de remolacha, porque ya estaba hecho y no se iba a perder.

Durante el día bebí agua. Mucha. Tanta que empecé a sospechar que la vida sana consiste en vivir cerca de un baño. A las seis, crisis existencial leve. Respiré hondo. Me repetí: “No todo tiene que ser perfecto”. Y me tomé un café descafeinado, una ya no está para dormir poco. Por la noche, cena ligera: crema detox. Lo que sea que signifique esa palabra en la vida. Pero la serví con un topping elegante de hummus de remolacha, porque el color rosa y verde "casan".

Antes de dormir escribí en mi diario de gratitud:
—Estoy agradecida por mi compromiso.
—Por mi tránsito intestinal.
—Y por el pan, que no he olvidado.

Me acosté sintiéndome muy sana. Un poco vacía. Y con la firme sospecha de que mañana volveré a comprar pan.


Hummus de remolacha y tahini

Hummus de remolacha


La historia de la remolacha comenzó en las costas del Mediterráneo y el norte de África, donde su ancestro silvestre, la acelga marina, era recolectada por civilizaciones antiguas como los egipcios, los griegos y los romanos. Durante la Antigüedad, estas culturas consumían únicamente las hojas verdes de la planta como alimento, mientras que la raíz, que entonces era delgada, dura y de color pálido, se reservaba casi exclusivamente para usos medicinales orientados a tratar dolores o problemas sanguíneos.

El aprovechamiento culinario de la raíz cambió gradualmente durante la Edad Media y el Renacimiento, periodo en el que la selección agrícola en monasterios y campos europeos dio origen a variedades más carnosas y nutritivas, las cuales se integraron formalmente en la dieta de países como Francia y España hacia el siglo XV.

El gran giro en el destino de la planta ocurrió en el siglo XVIII, específicamente en 1747, cuando el químico alemán Andreas Marggraf descubrió que las raíces contenían cristales de azúcar idénticos a los de la caña procedentes de las colonias tropicales. Décadas más tarde, su discípulo Franz Karl Achard logró seleccionar genéticamente las variedades con mayor concentración de sacarosa y fundó la primera fábrica de procesamiento.

Finalmente, el siglo XIX consolidó a la remolacha como un recurso geopolítico estratégico debido a las guerras napoleónicas. Ante el bloqueo marítimo impuesto por Gran Bretaña que impedía la llegada de azúcar caribeño a la Europa continental, Napoleón Bonaparte impulsó de forma masiva el cultivo de la remolacha azucarera en 1811, financiando escuelas de procesamiento y fábricas. Este empuje político transformó la industria mundial, logró que Europa fuera autosuficiente y convirtió a la remolacha en un pilar de la economía agrícola que perdura hasta el día de hoy.

En cuanto a sus propiedades, la remolacha ayuda a mejorar la circulación y a relajar los vasos sanguíneos, aporta un extra de energía al aumentar el suministro de oxígeno a los músculos, combate los radicales libres, mejora el estado de la piel, favorece el tránsito intestinal y ayuda a potenciar la concentración y la memoria. Aunque es una verdura que suele generar amores u odios, en hummus resulta una excelente opción para disfrutarla.

Hummus de remolacha


Ingredientes para 2/3 comensales
  • 60 gramos de remolacha cocida
  • 115 gramos de garbanzos cocidos
  • 1 cucharada sopera de tahini
  • 1 Ajo
  • 1/2 cucharadita de comino molido
  • El zumo de medio limón pequeño
  • Sal al gusto
  • Aceite de oliva virgen extra (para decorar)
  • Semillas de sésamo tostado o garbanzos (para decorar)

Elaboración
  1. Pon todos los ingredientes en el vaso y programa 1-2 minutos en velocidad progresiva 5-6. 
  2. Prueba de sal y si necesitas más añádele.
  3. Si no tienes Thermomix, usa la túrmix o vaso americano.
  4. Pon en un cuenco y decora con semillas de sésamo tostado o garbanzos y aceite o al gusto. 

¿Te gusta el hummus?:

Hummus con remolacha

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Pudín de roscón

Había tres Reyes Magos convencidos de que lo tenían todo bajo control. Melchor había revisado las estrellas, Gaspar había hecho los cálculos y Baltasar… bueno, Baltasar llevaba el camello con el mejor sentido de orientación, o eso creía.

La estrella brillaba con fuerza, sí, pero nadie se dio cuenta de un pequeño detalle.

—¿No sienten que hace un poco más de frío de lo normal? —preguntó Gaspar, ajustándose la capa mientras soplaba un viento helado.
—Es el aire puro del desierto nocturno —respondió Melchor con seguridad, mientras el camello resbalaba sobre algo sospechosamente blanco.

Al amanecer, en lugar de palmeras encontraron pinos, sin un roscón debajo, esos estaban bien plantados. En vez de arena, nieve. Y en lugar de pastores… un grupo de renos los observaba con evidente desconcierto.

—Melchor —dijo Baltasar—, ¿desde cuándo Belén tiene auroras boreales?
Melchor miró al cielo verdoso, luego al mapa, y finalmente a la estrella, que parecía parpadear como riéndose de ellos.
—Bueno… técnicamente seguimos una estrella. Nunca especificó cuál Belén.

El oro se congeló, el incienso no encendía y la mirra fue confundida con un nuevo sabor de jarabe medicinal. Un anciano barbudo, vestido de rojo, los saludó amablemente y les sugirió que quizás habían pasado “un poquito” de largo.

Horas después, ya de regreso y con los camellos usando bufandas, los tres Reyes llegaron por fin al sur correcto.

—Para el próximo año —dijo Gaspar— llevamos GPS.
—Mejor Google Maps —añadió Baltasar.
Melchor suspiró mirando la estrella.




Quizás pienses que es difícil que sobre roscón, pero, en casa somos pocos y sí sobro. Como el roscón era casero y grande y, no estaba relleno aproveché para elaborar el pudín, que es lo que se suele hacer si en casa eres cocinillas y te gusta usar las "sobras" de lo que sea. También decirte que si no tienes roscón puedes hacerlo con ensaimada, croissant o pan. Así es la cocina de aprovechamiento. 
¡Feliz día de Reyes!

· PUDÍN DE ROSCÓN ·


Ingredientes

Pudín
  • 400 mililitros de leche 
  • 4 huevos M
  • 50 gramos de azúcar
  • 1 chorrito de agua de azahar
  • Sobras de roscón

Caramelo (también puedes comprarlo hecho)
  • 80 gramos de azúcar
  • 1 cucharada de agua

Elaboración

Precalienta el horno a 150º C.

Caramelo
  1. Pon el azúcar en un cazo con el agua, remueve que se mezcle bien y calienta a fuego fuerte sin remover.
  2. Cuando empiece a coger color ámbar, saca del fuego y vierte en el molde o moldes elegidos. Cuidado que quema mucho. Deja enfriar por completo.

Pudín
  1. Corta a trozos el roscón. Puede añadirle las frutas y almendras (si lleva). Es mejor hacerlo cuando el roscón está más seco que tierno.
  2. Mezcla los huevos con la leche, el azúcar y el agua de azahar.
  3. Mezcla una parte del roscón dentro de la mezcla de leche y dale unos "golpes" de Túrmix. También puedes hacerlo con la Thermomix si tienes.
  4. Unos cuantos trozos del roscón déjalos dentro el molde.
  5. Vierte la mezcla en el molde o moldes con el caramelo.
  6. Lleva agua a ebullición para el baño maría; coloca el molde dentro de la fuente, vierte el agua hirviendo, cierra el horno y cuece tapado 35-40 minutos.
  7. Prueba con un palillo que el pudín esté cuajado por el centro. 
  8. Sácalo y deja enfriar por completo a temperatura ambiente; después enfría en la nevera.
  9. Si el caramelo se queda en el molde puedes calentarlo un poco para echarlo por encima.


Relato y fotografías @catypol - Circus day blog.

Chocolate a la taza

Por fin había llegado su época favorita. La casa de los abuelos la recibió justo cuando los primeros copos de nieve empezaban a caer, silenciosos, como si no quisieran despertar a nadie. Sus padres la dejaban ir unos días antes de Navidad para que pudiera contarles, sin prisas, todo lo que había vivido en el colegio y con sus amigos. A los abuelos les encantaba tenerla para ellos solos, antes de que la Nochebuena llenara la casa de voces y risas alrededor de la gran mesa del comedor.

Al abrir la maleta, entre la ropa apareció un reno de peluche con la nariz roja… y encendida. La luz palpitaba suavemente, como un pequeño corazón. Casi gritó del susto. No recordaba haberlo visto nunca, y estaba segura de que su madre no lo había puesto allí. Iba a preguntarse cómo había llegado hasta ese lugar cuando un movimiento reclamó su atención.

La almohada de la cama se movía despacio, como si respirara. Se quedó muy quieta. Miró a su abuela preguntándose si ella también lo había notado, pero ella seguía doblando la ropa, ajena a todo. Luego dijo que iba a ordenar el baño y salió de la habitación.

Con el corazón latiéndole en los oídos, se acercó a la cama. Estiró la mano con cuidado y levantó la almohada. De debajo asomó una diminuta cabeza peluda, dos ojos brillantes y una nariz húmeda.

Guau —susurró el cachorro.

Ella abrió la boca, ahogando un chillido, maravillada. Los abuelos aparecieron en la puerta y se miraron sonriendo. Poco después, la cocina se llenó del aroma del chocolate caliente, ese que deja un bigote dulce en los labios. Eran días de magia y las sonrisas duraban todo el día.




Para mí, el chocolate a la taza en Navidad significa Nochebuena, después de la misa del Gallo, el 24 de diciembre. Recuerdo que los niños que hacíamos la catequesis formábamos parte de esa misa; tarde, sí, pero después nos invitaban a tomar chocolate con ensaimadas. Después de la comunión, el chocolate lo tomábamos en casa, también tarde y después de la misa del Gallo pero en casa. Ya hace tiempo que no voy a la misa del Gallo, pero sigo bebiendo chocolate, a veces con ensaimada, otras con churros y otras sin acompañamiento. 

Recuerdo a mi madre hacernos chocolate a la taza con una pastilla grande de chocolate. Ahora, hay muchas versiones en el mercado para hacerlo. Yo quería probar una versión fácil, rápida y con pocos ingredientes. Uso arrurruz para espesar, suele usarse en repostería vegana y hoy en día se encuentra fácil en herbolarios. El kuzu, también, aunque es un poco más caro. 

Lo hago de esta manera porqué los chocolates a la taza en polvo comerciales suelen llevar mucho azúcar, y espesantes como almidón de maíz o arroz, aditivos, gomas (xantana o tara) y aglomerantes que le da la textura cremosa al calentarse.

El arrurruz es un tubérculo similar en apariencia a la patata (Maranta arundinacea). Pertenece a la misma familia que el jengibre y la cúrcuma. Es fácil de digerir y no presenta molestias ni inflamación, También es sin gluten. Se usa como espesante o gelificante natural en la cocina, especialmente en repostería. Para mi, como alternativa a la fécula de maíz me parece mejor, tiene más proteínas y menos calorías.

🎄 Chocolate a la taza, fácil y rápido 🎄

Ingredientes
  • 1/2 l de leche almendras (o la que te guste más)
  • 2 cdas. soperas de azúcar (o cualquier endulzante que te guste)
  • 2 cdas. de arrurruz o kuzu*
  • 2 cdas. de cacao natural sin azúcar en polvo

Elaboración
Disuelve el arrurruz en dos o tres cucharadas de leche. Reserva. Pon los ingredientes restantes en un cazo al fuego. Remueve para que los ingredientes se disuelvan bien. Añade el arrurruz disuelto y sigue removiendo hasta que espese. Sirve.

*El Kuzu suele se venderse en formato granulado o trozos pequeños, que se disuelven en líquidos, en cambio el arrurruz ya se vende molido.


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