Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Salsa a la pimienta sin Bovril

La cocina del Thousand Sunny estaba en plena ebullición. Sanji, impecable con su traje negro, preparaba un entrecot con salsa de pimienta, reducción de coñac y patatas doradas.

En ese preciso instante, Luffy apareció por la puerta.

—¡SANJI! ¿YA ESTÁ LA COMIDA?

—¡FUERA DE MI COCINA, PEDAZO DE HAMBRIENTO!

—¡Pero tengo tanta hambre que podría comerme el barco!

—¡Pues empieza por masticar tus modales!

Sanji terminó el plato con una delicadeza digna de un restaurante parisino. La carne estaba dorada por fuera, jugosa por dentro y bañada en una salsa aromática que habría hecho llorar de emoción a cualquier chef francés.

Colocó el entrecot sobre la mesa.

Luffy se abalanzó sobre él.

—¡GOMU GOMU NO… MORDISCO!

En menos de tres segundos, el plato quedó vacío.

Sanji permaneció inmóvil. Una vena comenzó a palpitarle en la frente.

—Luffy… ¿HAS SABOREADO LA SALSA?

—¿Qué salsa?

—¿Y LA REDUCCIÓN DE COÑAC?

—¿Qué reducción?

—¿Y LA CARNE?

Luffy se relamió.

—Estaba rica. ¿Hay más?

Sanji encendió un cigarrillo, miró al horizonte y contuvo las lágrimas.

—He dedicado veinte minutos a una obra maestra culinaria para que este idiota la inhale como si fuera aire.

Desde la puerta, Zoro soltó una carcajada.

—Al menos no se ha comido el plato.

Sanji se giró lentamente.

—¿Quieres comprobar cuánto tarda un cocinero en convertirte en una brocheta, marimo?

Zoro dejó de reír.

Aquella noche, Sanji preparó otro entrecot, esta vez para Nami, servido con una salsa de pimienta perfecta y una copa de vino.

Nami probó el primer bocado y cerró los ojos, encantada.

—Sanji, esto es maravilloso.

El cocinero se arrodilló a sus pies, con corazones en los ojos.

—¡NAMI-SWAAAN! ¡Cocinaría mil entrecots por ti!

Al fondo, Luffy levantó la mano.

—¿Y yo puedo comerme el de Nami?

Sanji salió disparado con una patada.

—¡DIABLE JAMBE! ¡FUERA DE MI COMEDOR!

Y así quedó demostrado que, en el Thousand Sunny, la cocina francesa era un arte… y alimentar a Luffy, una guerra sin tregua.


Inspirado en Sanji de One Piece.


Salsa a la pimienta con miso en lugar de concentrado de carne

tiras de entrecot con salsa a la pimienta hecha con miso


La historia del miso —cuyo nombre significa literalmente «fuente del sabor»— comenzó hace más de 1300 años en la antigua China antes de transformarse en uno de los pilares fundamentales de la identidad culinaria de Japón. Sus raíces más remotas se remontan al siglo IV a. C. en territorio chino, donde se elaboraba un condimento primitivo llamado hisio o sho, una pasta salada nacida de la fermentación de la soja que constituía la fase previa a la creación de la salsa de soja. Las primeras menciones escritas del término propiamente evolucionado surgieron alrededor del año 800.

Este valioso condimento llegó al archipiélago japonés en el siglo VII, introducido muy probablemente por monjes budistas. En sus primeros siglos en Japón, el miso era considerado un artículo de absoluto lujo y un tesoro gastronómico reservado exclusivamente a la nobleza, la corte imperial y las élites. Durante esta época se empleaba incluso como medicina o guarnición directa, en lugar de disolverse en caldos.

La gran transformación cultural del miso ocurrió durante el período Kamakura (1185-1333), cuando se arraigó la filosofía de alimentación de los guerreros samuráis conocida como Ichiju-issai, traducida como «una sopa, un plato». Fue en este contexto donde se popularizó de forma definitiva el consumo del miso en forma de sopa caliente, convirtiéndose en el sustento diario ideal para los soldados gracias a su facilidad de transporte en forma de bolitas secas y a su inmenso valor energético y nutricional.

Durante el posterior período Muromachi (1333-1573), el conocimiento de la fermentación se democratizó y las clases populares comenzaron a elaborar sus propias variedades caseras. Ya en el período Sengoku (hacia el año 1500), la altísima demanda bélica impulsó la apertura de la primera factoría industrial de miso, llamada Oensogura, lo que facilitó el abastecimiento a gran escala para las campañas militares.

A partir de entonces, el perfeccionamiento de la técnica con el hongo kōji (Aspergillus oryzae) y las tradiciones locales consolidaron variantes regionales icónicas elaboradas a base de soja, arroz o cebada. En la actualidad, el proceso artesanal que requiere largos meses o incluso años de maduración convive con una producción masiva que permite disfrutar de este pilar del sabor umami en todo el mundo.

El bovril se utiliza tradicionalmente en la salsa a la pimienta para aportar un fondo intenso de umami, sal y un matiz tostado o caramelizado. El miso —especialmente el miso oscuro o miso tinto— cumple exactamente esa misma función, pero añadiendo una profundidad de sabor aún más compleja gracias a la fermentación natural.

¿Qué tipo de Miso elegir?
  • Miso rojo u oscuro (aka miso): Es la mejor opción para sustituir al bovril. Posee un sabor potente, salado y profundo que imita muy bien el fondo cárnico del extracto de buey.
  • Miso blanco (shiro miso): Es más suave y dulce. También funciona muy bien, aunque dará como resultado una salsa un poco más delicada y cremosa.

Actualizada 2026.


Salsa a la Pimienta con Miso sin concentrado de carne (Bovril)


Ingredientes:

  • 1 o 2 cdas. de pimienta verde en salmuera (o pimienta negra o verde deshidratada machacada)
  • 1 cda. de mantequilla o aceite de oliva
  • 2 cdas. generosas de miso (rojo u oscuro preferiblemente en lugar de Bovril)
  • 400 ml nata para cocinar (o bebida vegetal rica)
  • 35 ml de coñac, brandy o whisky (opcional, para desglasar).
  • 100 ml de caldo (de carne, verdura o agua caliente para disolver el miso).
  • 1cdta. de pimienta negra molida

Disolver el miso: En un tazón pequeño, mezcla la cucharadita de miso con los 100 ml de caldo caliente (o agua) hasta tener un líquido homogéneo sin grumos. Reserva.

Tostar la pimienta: En una sartén o cazo a fuego medio, añade la mantequilla. Agrega los granos de pimienta (puedes aplastar la mitad para liberar más aroma) y saltea durante 1 minuto.

Desglasar (Opcional): Vierte el coñac, brandy o whisky y deja que el alcohol se evapore casi por completo.

Incorporar el miso y la nata: Baja el fuego e incorpora la mezcla de miso disuelto. Remueve bien. A continuación, vierte la nata poco a poco sin dejar de remover para que emulsione bien. Añade la pimienta negra molida y remueve.

Reducir y ajustar: Deja cocinar a fuego lento durante unos 3 a 5 minutos hasta que la salsa espese a tu gusto. Prueba el punto de sal y pimienta al final y rectifica si fuera necesario.


Notas: 
  • El miso es bastante salado por sí solo. No añadas sal adicional a la salsa hasta el final, tras haber probado el conjunto. 
  • No viertas la pasta de miso directamente en la sartén caliente, ya que le costará integrarse y formará grumos. Disuélvela primero en un chorrito de caldo caliente o en un poco de nata antes de incorporarla.
  • Los fermentos y aromas del miso se conservan mejor si no se somete a una ebullición prolongada a fuego fuerte. Añádelo hacia la mitad o el final de la cocción.
  • Opciones para acompañar la salsa a la pimienta (además de la carne): pescados, tofu, tempeh, seitán, setas portobello o de cardo, y huevos flor o escalfados.

Miso y pimienta verde para la salsa de pimienta sin Bovril



Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es preferible usar miso en lugar de bovril o concentrado de carne?

El miso aporta el mismo matiz sabroso y umami que el extracto de carne tradicional, pero con un perfil botánico y fermentado más complejo, ideal para opciones vegetarianas o para quienes buscan una profundidad de sabor más elegante y suave.

¿Se puede utilizar pimienta negra en grano si no se dispone de pimienta verde?

Sí, aunque la pimienta verde en salmuera es más blanda y aporta una frescura vegetal característica, la pimienta negra o verde seca machacada en mortero funciona perfectamente, proporcionando un toque más picante y aromático.

¿Cómo evitar que la nata se corte al mezclarla con el miso?

La clave es mantener el fuego suave al incorporar la nata y verterla poco a poco mientras se remueve. Disolver el miso previamente en un caldo templado evita cambios bruscos de temperatura que puedan descomponer la grasa de la nata.


Salsa a la pimienta hecha con miso en lugar de bovril


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Champiñones calaveras

Cuando Martina heredó la mansión victoriana, lo primero que encontró fueron unas cuantas goteras, marañas de telarañas, champiñones creciendo en el sótano y un fantasma atrapado en el espejo del baño.

—¡Por fin! —chilló el espectro—. Llevo ciento veinte años esperando a alguien con la suficiente mala suerte como para invocarme.

—¿Eres peligroso? —preguntó ella.

—Muchísimo. Puedo apagar las luces, mover los muebles y hacer que la red Wi-Fi funcione únicamente cuando te sientes en el inodoro.

Martina lo observó con auténtico respeto. Aquello sí que era maldad pura.

—¿Cómo te llamas?

—Baltasar Mortaja, terror de los vivos, azote de los difuntos y antiguo campeón regional de lanzamiento de ectoplasma.

—Encantada, Baltasar. ¿Sabes arreglar una caldera?

El fantasma se quedó flotando a medio metro del suelo, profundamente ofendido.

—¡Soy una entidad sobrenatural!

—Perfecto. Entonces no tendrás ningún inconveniente en atravesar las paredes y mirar qué demonios pasa con las tuberías.

Baltasar decidió vengarse. Durante toda la noche hizo crujir la tarima, susurró oscuras amenazas desde los armarios y cortó la leche de la nevera hasta convertirla en yogur.

A las tres de la madrugada, Martina apareció en el salón con una humeante taza de chocolate caliente entre las manos.

—Mira, fantasma: o me echas una mano con la caldera o pongo un anuncio de tu habitación en una plataforma de alquiler vacacional.

—¡No puedes hacer eso!

—¿Por qué no? ¿Acaso en esos sitios no aceptan mascotas?

Baltasar lanzó un chillido tan espantoso que tres cuadros cayeron de golpe contra el suelo y un murciélago salió molesto de la chimenea.

A la mañana siguiente, la caldera funcionaba a pleno rendimiento. El espectro había pasado la noche entera reparándola entre maldiciones en latín y consultas desesperadas a tutoriales de YouTube.

Martina le dejó una nota pegada en el cristal del espejo:

«Gracias, Baltasar. Esta tarde vienen unos posibles compradores. Haz el favor de comportarte como un muerto normal».

Baltasar sonrió mostrando una hilera de dientes amarillentos. Porque, si algo había aprendido en sus ciento veinte años de cautiverio, era que los vivos podían llegar a ser muchísimo más terroríficos que los muertos. Y además, el alquiler de una mansión victoriana incluiría calefacción, pero desde luego no servicio de limpieza paranormal.


Inspirado en Beetlejuice. "No confíes en los vivos" ("Never trust the living").


Sopa con champiñones calaveras tallados para Halloween

Pizza con champiñones calaveras tallados a mano

De la tierra húmeda y la densa niebla 
brotan rostros blancos que la noche celebra. 
Corta el hongo, esculpe el hueso, 
¡que el caldero hierva con el alma de un beso!

La historia del champiñón es la crónica de un hongo que pasó de brotar de forma silvestre en los campos europeos a convertirse en la variedad culinaria más cultivada y consumida del mundo. Aunque la recolección de setas silvestres se remonta a la prehistoria, el champiñón común que hoy conocemos (Agaricus bisporus) tiene su origen moderno en los alrededores de París. Su domesticación no solo revolucionó la gastronomía, sino que también dio vida a una industria agrícola tecnológicamente avanzada.

Durante milenios, los hongos estuvieron rodeados de un halo de misterio y recelo. Sociedades de la Antigüedad como la romana apreciaban profundamente ciertas setas por sus virtudes gastronómicas, pero conocían de sobra su peligrosidad. Asimismo, comunidades como los antiguos aborígenes canarios y otras culturas locales ya los recolectaban y consumían directamente de la naturaleza. Sin embargo, el verdadero viaje del champiñón de París comenzó a mediados del siglo XVII en Francia. Hacia 1650, unos agricultores franceses observaron que una pequeña seta de tono blanquecino crecía de forma espontánea sobre el estiércol de caballo utilizado en las meloneras. Fascinados por su aroma suave y su sabor sutil, los horticultores comenzaron a cultivarlos de manera sistemática para abastecer a las cocinas aristocráticas, ganándose rápidamente un lugar de honor en los banquetes del rey Luis XIV.

A pesar de su popularidad, el cultivo al aire libre chocaba con el enorme obstáculo del clima: las heladas invernales y el calor estival paralizaban por completo la producción. La solución a este problema llegó a principios del siglo XIX gracias al ingenio de un hortelano francés llamado monsieur Chambry. Alrededor de 1811, Chambry descubrió que las antiguas canteras subterráneas de piedra caliza abandonadas bajo París poseían un microclima ideal para el hongo. Al trasladar las camas de sustrato al interior de estas galerías oscuras, húmedas y con una temperatura constante, consiguió desvincular la producción de las estaciones del año. Este hallazgo convirtió a las galerías subterráneas parisinas en el epicentro de la producción micológica, asentando de forma definitiva la denominación internacional de «champiñón de París».

El éxito del método subterráneo parisino no tardó en expandirse por toda Europa y el resto del mundo. A finales del siglo XIX y principios del XX, el cultivo migró desde las cuevas tradicionales hacia instalaciones industriales concebidas para controlar la humedad y la temperatura de manera milimétrica. En España, regiones como La Rioja adoptaron el cultivo del champiñón a partir de la primera mitad del siglo XX, impulsadas por las técnicas importadas de los productores franceses. Hoy en día, gracias a la pasteurización de los sustratos y a los avances de la micología moderna, el champiñón ha dejado atrás su antigua exclusividad cortesana para transformarse en un ingrediente accesible, nutritivo y pilar fundamental de la cocina global cotidiana.

En Circus Day los hemos convertido en simpáticas calaveras listas para disfrutar en Halloween, en fiestas de disfraces o en cualquier momento en que te apetezca un toque divertido.


Champiñones calaveras para Halloween


Ingredientes:
  • Champiñones frescos enteros (de tamaño mediano o grande)
  • Pajitas de plástico o metal de diferentes diámetros (para troquelar los ojos)
  • Un cuchillo pequeño de puntilla o mondador bien afilado

Elaboración:
  1. Limpia cuidadosamente los champiñones con un paño húmedo o pincel de cocina para retirar los restos de tierra (evita sumergirlos en agua para que no pierdan firmeza).
  2. Corta cada champiñón por la mitad longitudinalmente, manteniendo el pie adherido al sombrero.
Talla de la cara de la calavera
  1. Ojos: Presiona firmemente con el extremo de una pajita sobre el sombrero del champiñón para troquelar dos orificios circulares a la altura de los ojos.
  2. Cuencas: Utiliza la punta del cuchillo pequeño para retirar el exceso de carne del interior de cada orificio y definir las cuencas oculares.
  3. Dientes y mandíbula: Practica pequeños cortes verticales paralelos en la parte inferior del sombrero y a lo largo del pie del champiñón para simular la dentadura de la calavera.

Notas: 
Utiliza estos champiñones tallados para decorar por encima cremas de verduras, sopas de setas o pizzas antes de hornearlas durante la época de Halloween.



Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué tipo de champiñón es mejor para hacer las calaveras de Halloween?

Los champiñones Paris blancos medianos o grandes son ideales porque tienen una superficie lisa y clara que resalta las sombras talladas. Los champiñones Portobello también funcionan muy bien si se busca un acabado más oscuro o tenebroso.

¿Se deforman las calaveras de champiñón al cocinarlas?

Si se hornean en una pizza o se saltean a fuego fuerte brevemente, mantienen su forma a la perfección. Para sopas o cremas, conviene incorporarlos justo al final o cocinarlos al vapor unos minutos para colocarlos flotando sobre el plato como guarnición vistosa.

¿Cómo evitar que los champiñones tallados se oscurezcan antes de usarlos?

Si no vas a usarlos de inmediato, rocíalos levemente con unas gotas de zumo de limón para conservar su tono claro y firmeza. Aunque un poco oscuros quedan más tétricos ¿No crees?


Sopa y pizza con champiñones tallados en forma de calaveras

Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Melón al mojito

Creció entre historias de piratas, mares de un azul turquesa, aguas cristalinas y toneles de ron. Ser hija de marineros en tiempos revueltos, en tierras sin dueño y de tesoros escondidos, alimentó su fascinación por esas leyendas que su familia se empeñaba en mantener vivas para atraer a los turistas perdidos en aquella isla.

Se decía que su antepasado más ilustre había sido el mismísimo Sir Francis Drake. Ella no tenía la menor idea de si era verdad o leyenda, pero si afirmar que sí significaba atraer a más clientes a su excursión de la «búsqueda del tesoro»… ¡bienvenido fuera el parentesco!

Su padre hacía tiempo que se había marchado de la isla. Su madre había quedado a la deriva, con la mirada fija cada mañana en el horizonte marino por si él regresaba. A ella no le quedó más remedio que orquestar un plan para ganar dinero y no morir en el intento.

Allí había crecido y allí pensaba morir. Era la pirata perfecta —salvo por la dentadura podrida y las borracheras nocturnas—. Podría haber actuado en cualquier superproducción de piratas: conocía los códigos, la jerga, los tacos y los nombres (inventados por ella) de los corsarios más «ilustres» que jamás habían surcado los mares.

Solo le faltaba una buena cicatriz en la mejilla para infundir respeto a la mismísima Armada Invencible. Bueno, o eso le gustaba imaginar… y eso mismo les vendía a los visitantes. Le apasionaba sentirse una leyenda viva, y aquello la entretenía tanto o más que un buen trago de ron.


Melón macerado con mojito y ensartado en brochetas

Melón al mojito elaborado con un melón dulce y el cóctel cubano


El antecedente genético del mojito es una mezcla conocida como draque o drake, que consiste en combinar aguardiente de caña, azúcar, lima (o limón) y hierbabuena. Esta combinación fue creada por un colaborador del famoso corsario inglés Sir Francis Drake, quien, curiosamente, llevaba el mismo apellido que su capitán. En tiempos de piratería, la brebaje se utilizaba para combatir males estomacales, prevenir el cólera y aliviar el Intenso calor de las Antillas.

Aunque comúnmente se piensa que el mojito se inventó en La Bodeguita del Medio, la realidad es que los cubanos ya lo preparaban mucho antes de la apertura del célebre local. Su origen moderno se remonta a alrededor de 1910, en un bar de la playa de La Concha. El nombre proviene de la adaptación al español de mojo, un término derivado del vocablo africano o caribeño que aludía a aderezos y mezclas, aunque también se asocia informalmente con la coctelería británica de la época.

Sin duda, el mojito más famoso del mundo es el de La Bodeguita del Medio, inmortalizado por el escritor Ernest Hemingway con su conocida frase: «Mi daiquirí en El Floridita y mi mojito en La Bodeguita».

Curiosamente, mi primer mojito lo disfruté en La Bodeguita del Medio, pero no en Cuba, sino aquí, en esta isla mía. Y tenía que ser un estadounidense quien le diera una vuelta de tuerca para presentárnoslo bien fresco, con fruta dulce y sabrosa. ¿Te atreves a probarlo? Mira que si empiezas, no podrás parar. Sírvelo a tus invitados mientras preparas una barbacoa y te convertirás en el corsario preferido de todas las fiestas.

Actualizada 2026.


Melón al mojito helado


Ingredientes:
  • 8 brochetas o palillos de madera
  • ½ melón dulce (tipo piel de sapo o cantaloupe), pelado y cortado en 8 cuñas

Ingredientes del mojito:
  • 1 cda. de azúcar
  • El zumo de 3 limas
  • 5 ramitas de menta o hierbabuena
  • 3/4 taza de ron blanco
  • 1/2 taza agua

Elaboración:

  1. Coloca las cuñas de melón en una fuente o bandeja.
  2. Haz la mezcla de mojito: Coloca todos los ingredientes en una licuadora y pica. 
  3. Vierte la mezcla sobre las cuñas de melón y refrigera 1 hora.
  4. Cubre una bandeja que quepa en el congelador con papel de hornear. 
  5. Saca las cuñas de la fuente. 
  6. Pincha cada cuña de melón con un stick, y ponlo sobre la bandeja. 
  7. Congela de 20 a 30 minutos. 
  8. Sirve frío.

Paso a paso de cómo elaborar melón con mojito

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué se congela el melón solo entre 20 y 30 minutos?

Este tiempo justo permite que la capa exterior del melón se congele formando una fina corteza helada y refrescante, mientras que el interior se mantiene jugoso y lleno de la mezcla macerada de mojito. Si se deja más tiempo, la fruta se endurecería demasiado para morderla cómodamente.

¿Se puede preparar una versión sin alcohol para niños o eventos familiares?

Sí, perfectamente. Basta con sustituir el ron blanco por la misma cantidad de agua de coco, refresco de lima-limón o simplemente incrementar ligeramente el agua y el zumo de lima para obtener unas brochetas refrescantes y aptas para todos los públicos.

¿Qué variedad de melón es la más adecuada para esta receta?

El melón piel de sapo aporta una carne firme que absorbe muy bien el mojito sin deshacerse, mientras que el melón cantaloupe o el galia aportan un vistoso contraste de color naranja o verde brillante e intensifican el dulzor natural de la preparación.


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Hamburguesa de gambas

La mañana en la playa de Katsurahama había empezado tranquila: el sol calentaba sin exagerar, las gaviotas peleaban por migas y el viejo barco pesquero Ryoma dormitaba amarrado junto al espigón como un gato perezoso.

A pocos metros, bajo una sombrilla color crema, una mujer de unos setenta años lucía unas gafas de sol enormes y redondas, un bañador amarillo chillón cuajado de lunares negros y unas zapatillas deportivas de colores imposibles. Tenía el pelo de plateado recogido en un moño desenfadado y miraba el móvil un poco agobiada. En la otra mano sostenía una hamburguesa de gambas.

—¿Va a comérsela o a interrogarla? —preguntó Miyako, la vigilante de seguridad encargada de la zona.

—Perdón —dijo la mujer—. Es que estoy distraída. Me llamo Rina Fukushi. Estoy esperando una llamada importante y… bueno, se me han perdido unas joyas de mucho valor.

—¿Aquí?

—No estoy segura. Las llevaba conmigo en una bolsita dentro del bolso. Me bajé del barco privado hace una hora y vine directamente a la playa a comer algo. Solo me distraje un momento…

Miyako echó un vistazo alrededor. El único movimiento era el de un grupo de pescadores limpiando redes junto al Rocamar y un niño persiguiendo a un cangrejo con un palo.

—¿Lo ha denunciado ya? —preguntó la guardia, sin dramatismo.

—No. Preferí preguntar primero por aquí. Es algo… embarazoso. Mi familia cree que últimamente estoy un poco despistada. Pero esas joyas… no son la corona de Inglaterra, pero sí son importantes para mí.

—Entiendo —dijo Miyako—. Lo que no entiendo es por qué vino sola a una playa con joyas.

Rina suspiró.

—Supongo que quería un momento de libertad: comer algo sencillo, ver el mar y poner en orden mis ideas antes de decirles que tenemos que hablar.

Miyako la miró un segundo, sonrió con amabilidad y dijo:

—Si quiere, puede ensayar conmigo. Prometo no juzgarla.

Levantó su móvil y le mostró una cuenta con más de dos millones de seguidores. En la pantalla aparecía ella misma viajando sola por Japón y enseñando a preparar recetas tradicionales con música J-pop de fondo.

—Soy yo —dijo—. Llevo dos años creando contenido. Mi familia cree que paso las tardes haciendo punto; el tema de las joyas no les hará gracia.

Miyako miró la pantalla, después a Rina y de nuevo la pantalla.

—¿Usted es… influencer?

Miyako abrió la boca, pero no llegó a decir nada. En ese momento, un pescador se acercó con una bolsita de terciopelo en la mano.

—¿Busca esto, señora? Lo encontramos junto al motor del barco.

Rina se ruborizó. Recuperó sus joyas con alivio y, por primera vez, le dio un mordisco a la hamburguesa de gambas.

—Está deliciosa —dijo, casi riendo—. Mucho mejor que un menú kaiseki de doce pases.

Miyako, todavía desconcertada, sonrió y le contestó:

—Se lo dije: aquí no tenemos corona, pero las gambas son las reinas.


Hamburguesa Ebi Katsu de gambas japonesa con panko

Hamburguesa de gambas japonesa Ebi Katsu con panko


El origen del elemento central, el ebi katsu (la chuleta de gambas), se remonta a la gastronomía yōshoku, un estilo de cocina japonesa con influencia occidental que floreció a partir de las eras Meiji y Taishō. Inspirados por los empanados europeos, los cocineros japoneses desarrollaron técnicas para rebozar mariscos y carnes en panko crujiente.

La transformación de esta receta casera en hamburguesa ocurrió formalmente en 1977, cuando la cadena japonesa de comida rápida Lotteria (hoy conocida como Zetteria en algunas regiones) introdujo la primera hamburguesa de gambas en su menú bajo el nombre de Ebi Burger. Este invento resolvió de forma brillante un problema técnico de la hostelería: colocar gambas fritas alargadas dentro de un pan redondo provocaba que los clientes mordieran solo pan en los extremos. Al unificar el marisco en una masa circular compacta, se garantizaba el sabor a gamba desde el primer hasta el último bocado.

Debido a su inmediato éxito y a su perfecta adaptación al paladar local —que priorizaba el pescado y el marisco sobre las carnes rojas—, la idea fue adoptada rápidamente por la competencia. La famosa cadena nacional MOS Burger lanzó su propia versión perfeccionada y, años más tarde, multinacionales como McDonald's Japón se rindieron al fenómeno creando la Ebi Filet-O para poder competir en el mercado nipón.

Hoy en día, la Ebi Katsu Burger se compone tradicionalmente de este medallón de gambas frito en panko, acompañado de una cama de col o repollo finamente cortado en juliana y una generosa porción de salsa tártara cremosa con toques cítricos, todo servido en un panecillo tierno. Se mantiene como un pilar fundamental de la cultura culinaria japonesa moderna y una parada obligatoria para los amantes de la comida rápida de calidad.

En mi caso, no la he acompañado de repollo ni de col: simplemente le puse un lecho de canónigos y, aunque el panecillo no es casero, cuidé el detalle de usar uno de mi absoluta confianza. Y sí, por si te lo preguntas: está deliciosa.


Actualizada 2026.

Hamburguesa de gambas japonesa (Ebi Katsu burger)



Ingredientes para 4:

  • 16 gambones frescos o congelados (pelados y desvenados)
  • 150 g de panko (pan rallado japonés)
  • 2 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 100 g de harina de trigo (para el rebozado)
  • 3 huevos medianos (M)
  • Sal y pimienta negra recién molida
  • 4 panecillos para hamburguesa (de estilo brioche o de tu confianza)
  • Un puñado de canónigos frescos (o repollo en juliana fina)

Salsa tártara:
  • 1 chalota (picada en brunoise o dados muy finos)
  • 8 pepinillos en vinagre pequeños
  • 125 g de mayonesa
  • 1 cda. de vino blanco seco (o zumo de limón)
  • Sal y pimienta negra recién molida

Tostar el panko:
  1. Calienta el aceite de oliva en una sartén a fuego medio e incorpora el panko.
  2. Remueve de forma continua para evitar que los trozos más pequeños se quemen, hasta obtener un color dorado uniforme y crujiente.
  3. Retira a un plato amplio para cortar la cocción y deja enfriar por completo antes de usar.
Salsa Tártara:
  1. Deja la chalota picada en remojo en agua fría durante 10 minutos para suavizar su sabor y eliminar el amargor.
  2. Escurre bien la chalota, mézclala en el vaso de la batidora con los pepinillos picados, la mayonesa y el vino blanco.
  3. Salpimienta al gusto y tritura todo hasta lograr una salsa fina y homogénea. 
  4. Reserva en frío.
Las hamburguesas:
  1. Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo. Forra la bandeja con papel de hornear.
  2. Limpia, desvena y seca muy bien las gambas con papel absorbente para que no formen una pasta al enharinarse.
  3. Agrupa las gambas (4 por cada hamburguesa) dándoles forma redonda y compacta. Salpimienta.
  4. Pasa cada medallón cuidadosamente por harina de trigo, luego por huevo batido y finalmente reboza generosamente con el panko tostado.
  5. Coloca los medallones sobre la bandeja y hornea a 180 °C durante 15 minutos hasta que el pescado esté cocinado y el rebozado quede crujiente.


Montaje:
  1. Tuesta ligeramente los panecillos de hamburguesa.
  2. Coloca el medallón de gambas recién horneado sobre la base del pan.
  3. Agrega encima una cama de canónigos frescos y baña con una generosa cucharada de salsa tártara fina.
  4. Cubre con la tapa del panecillo y sirve de inmediato.


Collage del paso a paso de cómo se hace la hamburguesa de gambas

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué se tuesta previamente el panko en la sartén si luego las hamburguesas van al horno?

El panko no se dora al mismo ritmo en el horno que cuando se fríe en abundante aceite caliente. Al dorarlo previamente en la sartén con un par de cucharadas de aceite, se consigue ese color dorado espectacular y una textura ultra crujiente sin necesidad de sumergir las hamburguesas en una fritura pesada.

¿Cómo se logra que las gambas mantengan la forma de hamburguesa redonda sin deshacerse?

El secreto está en secar muy bien las gambas con papel de cocina para eliminar la humedad superficial. Al pasarlas de forma compacta por la harina, el huevo y el panko, la capa de rebozado actúa como una estructura firme que sella el medallón durante el horneado.

¿Cuál es la diferencia entre la salsa tártara tradicional y la versión triturada para esta hamburguesa?

La salsa tártara clásica suele llevar los tropiezos de pepinillo y alcaparras picados a mano de forma rústica. Triturar ligeramente la mezcla con la mayonesa genera una crema fina y sedosa que se adhiere perfectamente al rebozado de panko y al pan de la hamburguesa sin derramarse al morder.



Hamburguesa japonesa Ebi Katsu con panko crujiente


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Sardinas Can Roca

El Entierro de la Sardina en mi pueblo es ese momento surrealista en el que el luto más riguroso y la borrachera más alegre se dan la mano en una procesión de apenas tres calles.

Este año, el «féretro» era una caja de fruta forrada con papel de pinocho negro, y la sardina, una creación de cartón con una mirada de pánico que compartíamos todos los presentes. El drama lo ponían las «viudas»: un grupo de tíos de metro ochenta con barbas de tres días, medias de rejilla y velos de encaje que rescataron de sus abuelas.

—¡Ay, que se nos va la criatura! —gritaba mi vecino Paco, secándose lágrimas imaginarias.

El clímax llegó en la plaza. Según el protocolo, debíamos quemar al pescado para purificar nuestros pecados carnavalescos. El problema es que el ayuntamiento, en un ataque de prudencia, prohibió las hogueras grandes. Así que allí estábamos: ciento cincuenta personas vestidas de riguroso luto rodeando una pequeña hoguera donde la sardina ardía con dignidad.

La banda municipal tocó una marcha fúnebre tan desafinada que parecía que los instrumentos también tenían pena. Cuando la sardina se convirtió en cenizas... enterrar a la sardina es como intentar enterrar tu propia vergüenza después de haber bailado La Macarena encima de una mesa. No estás triste por el pescado: estás triste porque mañana trabajas y tú de penitente tienes poco.

 
Filo en forma de triángulos rellenos de sardinas frescas

Triángulos de masa filo con sardinas frescas receta de Joan Roca



[RETO COOKING THE CHEF]
«Aplicado, trabajador, serio y apasionado por la profesión de la abuela Angeleta y de su madre, Montserrat, cocinera de Can Roca. Cuando Joan tiene solo nueve años, su madre le encarga una chaquetilla de cocinero a medida, que aún guarda y que en alguna ocasión ha servido de disfraz a su hijo. Se pasa las tardes en la cocina y, de forma inconsciente, empieza a fraguar su futuro. Cuando llega el momento, no duda en decidir qué quiere ser de mayor: “Yo veía que en el restaurante de mis padres la gente era feliz”. Con esto es suficiente: él quiere seguir haciendo feliz a la gente».

(Fragmento del libro El Celler de Can Roca*)*

«Cuando cocinamos aunamos multitud de ingredientes: experiencia, técnica, tradición, expresión, valores, innovación, experimentación... Cada cocinero y cocinera basa su cocina en diferentes factores, muchas veces difíciles de explicar, que sin duda distinguen sus platos y menús. Estos son precisamente algunos de los grandes valores de la cocina: la diversidad y la singularidad».

—Joan Roca

Como cada día 5, toca el reto Cooking the Chef, y este mes nos rendimos a la cocina maravillosa de Joan Roca, uno de los tres hermanos propietarios del restaurante El Celler de Can Roca. Cuando vi el nombre del cocinero en el correo electrónico no sabía si reír o llorar; pensé en no participar este mes, pero después recordé que tampoco era para tanto: estaba segura de que él, que empezó desde abajo, debía de tener recetas fáciles, accesibles para todos y deliciosas. 

Y así es: entre las muchas que tiene en su maravilloso libro Cocina con Joan Roca, me topé con unas crujientes sardinas que harían de tapa o entrante perfecto en alguna comida en casa. ¿Las recomiendo? Totalmente. Sí, ya sé que es una fritura, pero vale la pena; y si no es así, ya me contarás.

Actualizada 2026.


Sardinas con albahaca y limón 



Ingredientes para 4:
  • 12 filetes de sardina fresca (limpios de espinas)
  • 12 hojas de albahaca fresca
  • 4 hojas de pasta brick o filo
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 limón (su zumo y la ralladura de la piel)
  • Pimienta negra recién molida (al gusto)
  • Aceite de oliva o de girasol para freír
  • Sal marina (para la salmuera) 

Elaboración:
  1. Sumerge los filetes de sardina durante 5 minutos en una salmuera de agua fría al 10 % de sal (100 g de sal por cada litro de agua). Transcurrido este tiempo, escúrrelos y sécalos suavemente con papel absorbente.
  2. Emulsiona en un recipiente el aceite de oliva con unas gotas de zumo de limón y pimienta negra al gusto. Introduce los filetes de sardina y déjalos adobar durante 30 minutos.
  3. Corta cada hoja de pasta brick o filo en tres triángulos proporcionales.
  4. Coloca sobre cada triángulo de pasta una hoja de albahaca fresca y un filete de sardina escurrido. Enrolla la pasta sobre el pescado para formar un paquete cilíndrico y humedece el extremo exterior con unas gotas de agua para sellarlo bien y evitar que se abra durante la fritura.
  5. Calienta abundante aceite en una sartén a 180 °C y fríe las sardinas en tandas pequeñas hasta que la pasta adquiera un tono dorado y crujiente.
  6. Retíralas con una espumadera y déjalas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa. Espolvorea con la ralladura de piel de limón recién rallada y sirve de inmediato.

Nota personal del blog: 
Son superfáciles de hacer. Sin embargo, si un día no te apetece adobar las sardinas, no tienes tiempo o te da pereza el proceso, puedes pincelar los filetes frescos directamente con la emulsión de limón y pimienta justo antes de envolverlos. Si optas por sardinas en conserva de lata, manipúlalas con mucho cuidado al envolverlas para que no se desmiguen y asegúrate de secar bien el exceso de aceite con papel absorbente.

Adaptación a la freidora de aire (Airfryer):

  • A diferencia de la sartén, en la freidora de aire debes pincelar o pulverizar ligeramente los paquetes de pasta brick/filo con aceite de oliva por ambos lados antes de meterlos. Esto es fundamental para que la masa se dore de forma homogénea y quede crujiente en lugar de seca o blanquecina.
  • Precalienta la freidora de aire a 190 °C o 200 °C. Cocina los paquetes durante 5 a 7 minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción (hacia el minuto 3 ó 4) para que se doren por igual.
  • Las hojas de pasta filo o brick son muy ligeras. Asegúrate de colocar las sardinas con el pliegue hacia abajo y, si tu freidora tiene un ventilador muy potente, no satures la cesta para evitar que el aire desplace los paquetes antes de que se doren.
  • La pasta brick se vuelve especialmente quebradiza en la freidora de aire, por lo que es recomendable no amontonar las sardinas en la cesta para que el aire circule bien alrededor de cada pieza.
  • Al ser una cocción tan rápida (apenas 6 minutos en total), el filete de sardina no se seca y conserva todo el jugo junto con el aroma de la albahaca y el limón.
 


Triángulos de masa filo con sardinas del Joan Roca


Preguntas frecuentes

¿Puedo sustituir la pasta brick o filo si no la encuentro?

Sí. Puedes utilizar oblea de empanadilla (estirada bien fina con un rodillo) o masa de rollito de primavera (spring roll pastry). La pasta filo o brick es la opción ideal por su finura y textura crujiente, pero con obleas finas también obtendrás un resultado excelente.

¿Cómo evito que la pasta filo se rompa o se seque al manipularla?

La pasta filo se seca y se vuelve quebradiza muy rápido en contacto con el aire. El truco es mantener las hojas que no estés usando cubiertas con un paño de cocina ligeramente humedecido mientras vas montando los paquetes uno a uno.

¿Es mejor freírlas en sartén o prepararlas en la freidora de aire (airfryer)?

En la sartén tradicional obtendrás un dorado uniforme y ultrakrispy en menos de 2 minutos. Sin embargo, en la airfryer quedan igualmente crujientes y con mucho menos aceite: basta con pincelarlas ligeramente con aceite de oliva y cocinarlas a 190 °C durante 5–7 minutos, dándoles la vuelta a la mitad.



Con esta receta participo en el reto:


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Trufas de chocolate

—Por favor, mamá, deja de mojarme el pelo con saliva —protestaba yo, enfurruñado.

—Mi niño, ese remolino que se te levanta en la coronilla queda fatal —respondía ella, mirándome con devoción.

No me entraba en la cabeza que, a pesar de mis pelos en la barba, siguiera tratándome como a un párvulo. Creí ingenuamente que echar las tardes en el obrador de doña Luisa serviría, además de para costearme mis caprichos, para que asumiera de una vez que ya era un hombre hecho y derecho. Vano intento: ella andaba bastante más pendiente de sus propios años que de los míos.

Mi madre es una mujer de armas tomar. Hasta el director del banco se echaba a temblar cada vez que la veía asomar por la puerta si un solo céntimo bailaba en la cartilla. Y mi padre… bueno, él ponía pies en polvorosa en cuanto la descubría pintándose los labios de carmín encendido. Sostenía que aquello presagiaba tormenta, y que si se había librado de la mili y de cualquier conflicto bélico, no pensaba estrenarse en casa; de modo que enfilaba calle abajo a guarecerse en la taberna de don Antón.

Una vez al mes, mi madre se esfumaba. Religiosamente. Mi padre, aliviado y risueño, aprovechaba la tregua para atrincherarse entre fogones y deleitarnos con nuestros manjares favoritos. Yo, carcomido por la intriga de crío, la acorralaba antes de cruzar el umbral:

—Mamá, ¿adónde vas?

—¡A comer trufas, tesoro! —soltaba siempre, enigmática.

Nunca tuve claro si aquello era una contraseña secreta o si de veras se daba semejante homenaje clandestino: jamás regresaba con una triste cajita en las manos.

Años después, ya adulto, quise desvelar el misterio:

—¿De verdad era tan crucial escaparse a comer trufas, mamá?

—No, mi vida —susurró con infinita ternura—. El bocado en sí es lo de menos. Lo sagrado del ritual es cómo te hace sentir por dentro… y la pizca de felicidad que te rescata del mundo.


Trufas de chocolate con nata y licor

Trufas con chocolate negro y cacao puro sin azúcar



La historia de las trufas de chocolate es la crónica de un afortunado accidente de obrador ocurrido en las vísperas navideñas de 1895 en la localidad francesa de Chambéry. Este bocado, hoy indiscutible emblema de elegancia y alta chocolatería en todo el mundo, nació del ingenio apresurado del maestro pastelero Louis Dufour al verse contra las cuerdas ante la inminencia de las fiestas.

Aquel diciembre, Dufour comprobó con inquietud que sus vitrinas se habían quedado desabastecidas de bombones y que carecía de género suficiente para acometer una remesa tradicional. Guiado por el orgullo gremial y negándose en redondo a pedir auxilio a los obradores vecinos, decidió improvisar en su taller con lo que guardaba en la alacena. Mezcló nata fresca caliente, chocolate negro fundido y una pizca de vainilla, logrando una emulsión espesa y brillante: lo que hoy la pastelería técnica denomina ganache.

En cuanto la pasta tomó cuerpo y enfrió lo justo para ser maleable, Dufour boleó pequeñas porciones irregulares a mano alzada. Con el fin de vestirlas para la venta y evitar que el calor de los dedos fundiera la masa, las bañó en una película ligera de cobertura y las rebozó en cacao puro en polvo. Al contemplar el acabado, advirtió al instante que aquellas bolitas oscuras, rugosas y de aspecto terroso guardaban un asombroso parecido con las trufas negras del Périgord, los cotizados hongos silvestres que los cerdos y perros rastreaban bajo el suelo del bosque. Sin dudarlo, bautizó el invento como truffe en chocolat.

El furor desatado en Chambéry no tardó en cruzar fronteras. En 1902, Antoine Dufour, pariente del pastelero, desembarcó en Londres para fundar la mítica bombonería Prestat, introduciendo la receta en los salones de la alta sociedad eduardiana. La exquisitez causó tal devoción entre la nobleza que Prestat acabó recibiendo la Real Cédula de Proveedor de la Casa Real británica (Royal Warrant), encumbrando la trufa al rango de capricho aristocrático internacional.

Con el transcurrir de las décadas surgieron diversas variantes geográficas, como la trufa belga —más próxima al praliné por su encamisado crujiente y rellenos de frutos secos— o la versión estadounidense de mediados del siglo XX, formulada con mantecas vegetales y chocolate con leche. No obstante, el corazón de la verdadera trufa sigue anclado en aquel desliz navideño de Louis Dufour: el encuentro untuoso y fundente de nata y cacao que se rinde por entero al calor del paladar.

Actualizada 2026.


Trufas de chocolate


Ingredientes:
  • 200 g de chocolate 
  • 100 ml de nata para montar (35% de materia grasa)
  • 25 g de mantequilla
  • 25 g de cacao puro en polvo sin azúcar (para rebozar)
  • 1 cda. de licor (el que prefieras: ron, brandy, Cointreau...) opcional

Calienta la nata:
  1. Coloca la nata en un cazo pequeño y caliéntala a fuego medio. 
  2. Mientras tanto, trocea el chocolate en pedacitos pequeños con un cuchillo afilado: así se fundirá más fácilmente.
Funde el chocolate:
  1. Cuando la nata esté caliente (sin que llegue a hervir), añade el chocolate y remueve lentamente. 
  2. Una vez que casi todo el chocolate se haya derretido, retira el cazo del fuego.
Añade la mantequilla y el licor:
  1. Incorpora la mantequilla cortada en trocitos junto con el licor (si lo usas). 
  2. Mezcla bien hasta que la crema esté suave, brillante y totalmente integrada.
Deja enfriar:
  1. Vierte la mezcla en un bol o déjala en el mismo cazo. 
  2. Espera a que pierda el calor, tápala con film transparente y refrigera durante al menos 2 horas, o hasta que esté firme y manejable.
Forma las trufas:
  1. Saca la mezcla del frigorífico y, con una cucharita, toma porciones de unos 10 gramos (puedes pesar la primera para guiarte o hazlo a tu aire). 
  2. Con las manos limpias o guantes de un solo uso, forma bolitas girándolas entre las palmas.

Rebózalas en cacao:
  1. Prepara un plato hondo con cacao puro sin azúcar. 
  2. A medida que formes las trufas, pásalas por el cacao para cubrirlas por completo. 
  3. Puedes ayudarte de una cuchara o hacerlas rodar directamente con las manos limpias (el cacao se adhiere mejor si las trufas están bien frías).

Guarda y disfruta:
Coloca las trufas ya rebozadas en un recipiente hermético y consérvalas en la nevera. 


Trufas con chocolate y cacao puro sin azúcar

Preguntas frecuentes

¿Qué tipo de chocolate es el mejor para preparar estas trufas?

Lo ideal es utilizar un chocolate negro con un porcentaje de cacao de entre el 60 % y el 70 %. Un porcentaje superior puede hacer que la ganache quede demasiado amarga o seca, mientras que el chocolate con leche aportaría un exceso de azúcar y una textura demasiado blanda.

¿Se pueden congelar las trufas de chocolate?

Sí, se congelan perfectamente. Puedes guardarlas en un recipiente hermético bien separadas con papel vegetal hasta 2 meses. Para consumirlas, solo debes pasarlas a la nevera unas horas antes y darles un ligero rebozado extra en cacao puro si han absorbido humedad.

¿Cómo evitar que la masa de chocolate se pegue a las manos al formarlas?

El secreto está en enfriar muy bien la masa en el frigorífico (mínimo 2-3 horas) y formar las bolitas con rapidez para no transmitirles calor. También ayuda mucho lavarse las manos con agua muy fría antes de manipularlas o usar guantes finos de uso alimentario.



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Chana Masala

Paras Gavaskar suspiró, contemplando el fregadero. Parecía que una horda de juggernauts hubiera tenido una pelea de comida usando chana masala.

—Por el honor de mis ancestros y el código de los kshatriya —murmuró Paras, ajustándose los guantes de goma amarillos que contrastaban horriblemente con su piel violeta—, esta salsa endurecida no prevalecerá. —E invocó su armadura.

Con un estallido de energía mandarina, una figura espectral y colosal de energía sólida rodeó su cuerpo. El aura de Indra creció hasta que su casco de energía rozó el techo de la cocina. Sus cuatro brazos de energía brillaban con una intensidad guerrera.

—¡CONTEMPLAD EL PODER DE INDRA! —rugió, mientras usaba uno de sus brazos astrales para verter una cantidad industrial de detergente en una olla—. ¡Ninguna mancha de grasa es lo suficientemente fuerte para resistir mi voluntad!

En ese momento, Anole (Victor Borkowski) entró en la cocina buscando un yogur nocturno. Se quedó paralizado ante la visión: Paras estaba levitando ligeramente, rodeado por una armadura de tres metros de altura que sostenía una olla antiadherente con una delicadeza aterradora.

—Eh… ¿Paras? —preguntó Anole, parpadeando—. ¿Es necesario el despliegue místico para una olla de garbanzos?

—¡Silencio, Victor! —respondió Paras con una voz que resonaba con eco celestial—. La última vez que Cyclops usó esta olla, dejó residuos de carbono que solo pueden ser purificados mediante el fuego de mi espíritu… y este cepillo que encontré en el jardín.

Justo cuando Paras aplicó la «fuerza espiritual» para quitar una mancha persistente, la energía de su armadura hizo cortocircuito con el microondas.

¡ZAP!

Una descarga de energía salió disparada, rebotó en la tostadora y convirtió el paquete de cereales de Beast en una nube de confeti humeante.

La armadura se desvaneció con un suave pop. Paras quedó allí de pie, con los guantes de goma derretidos en las puntas y la cara cubierta de hollín morado oscuro.

Anole suspiró y le pasó un trapo de cocina.

—La próxima vez, prueba con agua caliente, Guerrero del Dharma. Es menos probable que invoques una inspección de bomberos.

Paras asintió con dignidad, se limpió una mancha de la mejilla y decidió que, para la próxima misión (limpiar el baño de los chicos), necesitaría al menos a dos miembros más de los New X-Men.


Chana Masala con garbanzos y especias con toque de limón

Chana Masala con muchas especias y un toque refrescante de limón


El chana masala tiene sus raíces en la histórica región del Pundjab, un territorio agrario que hoy en día abarca el norte de la India y el este de Pakistán. Su nombre proviene de los términos en hindi y urdu donde chana significa 'garbanzo' y masala hace referencia a la mezcla de especias que define a la cocina india.

Originalmente, el plato nació dentro de las comunidades agrícolas de la región como una solución culinaria económica, nutritiva y altamente saciante.

Al ser los garbanzos un ingrediente local asequible y una fuente excepcional de proteínas vegetales, se convirtieron en la base perfecta para alimentar a familias trabajadoras utilizando recursos mínimos. Tradicionalmente, se utilizaba una variedad específica conocida como kabuli chana o chole, que destaca por su firmeza y un ligero sabor que recuerda a la avellana. El método histórico de preparación consistía en remojar las legumbres secas durante la noche para luego cocinarlas muy lentamente en ollas de barro sobre fogatas de leña, lo que permitía que la salsa de tomate y cebolla se espesara de forma natural y adquiriera una profunda complejidad ahumada.

La identidad del chana masala se consolidó gracias al uso de técnicas regionales de preservación de alimentos. El toque cítrico y ácido característico de las versiones más auténticas proviene del uso tradicional del amchur (polvo de mango verde seco) y de semillas de granada, elementos clave que equilibraban el picante de los chiles, el jengibre y el garam masala. A diferencia de muchos otros platos de la gastronomía del sur de Asia, el chana masala es un curry vegano por naturaleza, concebido desde sus inicios sin carne en la ecuación.

Con el paso del tiempo, el plato trascendió los hogares rurales para convertirse en uno de los pilares de la comida callejera del noroeste de la India, popularizándose masivamente en la combinación conocida como chole bhature, donde se sirve acompañado de un pan frito e inflado. En las últimas décadas, la migración de las comunidades pundjabíes y la expansión de los restaurantes indios en Occidente, especialmente en el Reino Unido, transformaron este humilde guiso casero en uno de los platos más reconocidos y consumidos de la cocina india a nivel internacional.

La semana pasada tuve la ocasión de asistir a un interesante y, por qué no decirlo, divertido evento. Como bien dice su creador, mezcla a amigos, clientes y conocidos con afición a la buena gastronomía, el slow food y el coworking. Esta vez me dio la oportunidad de cocinar el chana masala, con muchas especias y un toque cítrico, y que además casa muy bien con el hashtag #LunesSinCarne. 

Esta fue mi aportación a la mesa:

Actualizada 2026.

 

Chana Masala


Ingredientes para 4:
  • 1 cdta. de comino
  • 1 cdta. de cilantro
  • 1 cda. de aceite de oliva virgen extra 
  • 1 cebolla, picada
  • 2 zanahorias medianas/grandes, cortadas en mirepoix
  • 1 calabacín, cortado en mirepoix
  • 1 cdta. de garam masala 
  • 1 cdta. curry
  • 1 diente de ajo, picado
  • 1 cdta. de jengibre fresco, pelado y picado
  • 1 chile pequeño fresco, picado
  • 1 ralladura de limón
  • 1 cda. de pasta de tomate
  • 400 g de tomate triturado
  • 1/2 taza de caldo de verduras
  • 1 bote de garbanzos cocidos
  • Sal y pimienta
  • 2 cdas. de zumo de limón
  • Cilantro picado, para servir
Elaboración
  1. Empieza calentando una olla grande a fuego medio con una cucharada de aceite de oliva. 
  2. Cuando el aceite esté caliente, añade la cebolla picada y remueve con suavidad. 
  3. Déjala caramelizar ligeramente hasta que adquiera un tono dorado.
  4. Incorpora entonces la zanahoria y el calabacín troceados. 
  5. Remueve bien y deja que se pochen unos minutos, permitiendo que las verduras se ablanden y se impregnen del sabor de la cebolla.
  6. Es el momento de las especias: garam masala, curry, comino y cilantro. Añádelas a la olla y mezcla durante un minuto para que se tuesten ligeramente y liberen todo su perfume. 
  7. A continuación, incorpora el ajo picado, el jengibre fresco rallado, el chile (ajusta la cantidad según tu gusto) y la ralladura de limón. Remueve una vez más para integrar todos estos aromas vibrantes.
  8. Añade la pasta de tomate, mezcla bien, y enseguida incorpora el tomate triturado. Remueve y, cuando todo esté bien ligado, vierte el caldo de verduras caliente junto con los garbanzos cocidos. 
  9. Salpimienta al gusto.
  10. Lleva tu chana masala a ebullición, luego baja el fuego y deja que se cocine a fuego lento durante unos 25 minutos. 
  11. Justo antes de servir, exprime un poco de zumo de limón sobre el guiso para aportarle frescura y equilibrio.
  12. Termina con un toque de cilantro fresco picado por encima, y sirve caliente.


Los comensales e invitados fuimos Raúl y Helena, dos de los tres chicos que forman Palma en tu mano; Helios, de la galería de arte S. B.; Marga Coll; Rafa, de Rataiz; Alejandro, el creador y «maestro de ceremonias» de #AmanidaParty, y yo misma, para terminar el espectáculo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se deben tostar brevemente las especias en la olla antes de añadir los líquidos?

Este proceso, conocido en la cocina india como blooming o templado de especias, utiliza el calor suave de la grasa líquida para liberar los aceites esenciales liposolubles contenidos en el garam masala, el curry, el comino y el cilantro. Tostarlas durante apenas un minuto transforma sus aromas crudos en notas complejas, cálidas y ahumadas sin llegar a quemarlas, creando la base profunda de sabor que caracteriza al chana masala.

¿Qué función cumplen el zumo y la ralladura de limón al final del cocinado?

El limón aporta un toque de acidez brillante que imita el papel del amchur (polvo de mango seco) usado en la receta tradicional india. Esta acidez no solo equilibra la suntuosidad del tomate triturado y la densidad del almidón de los garbanzos, sino que también realza el picor del chile fresco y del jengibre, haciendo que los sabores resulten mucho más frescos y definidos en el paladar.

¿Cómo influye el corte en mirepoix de la zanahoria y el calabacín en la textura final del guiso?

El corte en mirepoix (dados pequeños y uniformes) permite que las verduras se pochen y se cocinen al mismo ritmo que los garbanzos. Durante los 25 minutos de cocción a fuego lento, los trozos de zanahoria y calabacín se ablandan lo suficiente para integrarse en la salsa de tomate, aportando un dulzor natural que contrarresta la acidez sin perder por completo su estructura ni deshacerse en forma de puré.


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Mejillones Bloody Mary

Decidí que, para empezar mi transformación, debía ir al gimnasio antes de la oficina. Mala idea. Las máquinas de gimnasia son, en realidad, instrumentos de tortura diseñados por personas delgadísimas que odian el Bloody Mary.

Traté de subirme a la cinta de correr con dignidad. El problema es que intenté ajustar mi Wonderbra mientras la cinta ya estaba a una velocidad de «maratón olímpico». Resultado: salí disparada hacia atrás como un corcho de champán, aterrizando directamente sobre un instructor de spinning que parecía esculpido por el mismísimo Miguel Ángel.

—¿Estás bien? —me preguntó él, con una sonrisa de dientes blancos cegadores.

—¡Perfectamente! —respondí yo, mientras intentaba desenredar mi auricular de su manillar—. Solo estaba probando la resistencia del suelo. Es… muy sólido. Excelente calidad.

Llegué a la oficina de la editorial con veinte minutos de retraso y el pelo con el volumen de una oveja eléctrica debido a la humedad. Daniel Cleaver estaba apoyado en mi escritorio, luciendo esa sonrisa de «sé que no llevas medias a juego».

—Bridget, querida —dijo arrastrando las palabras—. El informe sobre los nuevos poetas modernistas. ¿Lo tienes?

En ese momento, mi cerebro decidió que era una excelente oportunidad para recordar que el informe estaba en mi casa, justo al lado de la caja de bombones vacía.

—Está… en proceso de edición final, Daniel —mentí, sintiendo cómo mis mejillas adquirían el tono de un tomate maduro a punto de explotar—. Es una pieza compleja. Requiere… matices.

—Ya veo. ¿Y los «matices» incluyen ese trocito de perejil que tienes entre los dientes frontales?

Me quedé congelada. Daniel soltó una carcajada y se alejó. Pasé los siguientes diez minutos en el baño, intentando limpiarme con papel higiénico húmedo, solo para terminar con pedacitos de papel blanco pegados en la cara.

Mejillones Bloody Mary con passata y vodka y oporto

Mejillones Bloody Mary de Jamie Oliver chef inglés



[RETO COOKING THE CHEF]
  1. Rechazó varias ofertas de revistas para posar desnudo.
  2. En 1999 fue invitado al número 10 de Downing Street para preparar un almuerzo para el primer ministro británico, Tony Blair, quien estaba agasajando al primer ministro italiano, Massimo D'Alema.
  3. Vive en Londres con su esposa, Jools Oliver, y se desplaza por la ciudad en moto.
  4. Escribió el libro The Naked Chef para acompañar a la serie. Publicado por Penguin, ocupó el primer puesto en la lista de bestsellers durante más de diez semanas.
  5. Es editor de gastronomía de la revista británica GQ y cuenta con una columna habitual en la revista Saturday Times.
  6. Al cumplir los dieciséis años, ingresó en el Westminster Catering College, donde completó su formación reglada.
  7. Cocinó en el aclamado River Café de Londres durante tres años.
  8. Fue galardonado con la MBE (Miembro de la Orden del Imperio Británico) en la Lista de Honores del Cumpleaños de la Reina de 2003 por sus servicios a la hostelería.
  9. Es disléxico, una condición que requirió cinco años de educación especial durante su infancia.
  10. También toca la batería con sus compañeros de secundaria en una banda llamada Scarlet Division. Según el propio Jamie, suenan como una mezcla de «Catatonia y Texas con un toque más duro».
¿Has adivinado qué chef nos toca este mes?

Y con esta receta de Jamie Oliver, el chef propuesto este mes, participo en el reto Cooking the Chef. Tiene tantísimas recetas que da vértigo —fáciles, sencillas y otras no tanto—, ha escrito multitud de libros y protagonizado numerosos programas de cocina. No necesita presentación, ¿verdad?

Actualizada 2026.

Mejillones Bloody Mary


Ingredientes:
  • 300 ml de passata o zumo de tomate
  • 1 cda. de salsa Perrins
  • 1 cda. y media de rábano picante
  • 1/2 guindilla roja fresca, cortada en lonchas muy finas
  • 1/2 apio, usar solo las pencas
  • 4 dientes de ajo
  • Un chorrito de Oporto
  • Un buen chorro de vodka
  • 1 limón
  • Sal y pimienta
  • 2 kg de mejillones, lavados y sin barbas
  • Un manojo pequeño de perejil picado
Pan para acompañar

Elaboración:
  1. Echa la passata en una jarra con la salsa Perrins y el rábano picante. 
  2. Añade la guindilla, el apio cortado en trozos y el ajo.
  3. Añade el oporto y un chorro generoso de vodka. 
  4. Tritura todo. 
  5. Exprime encima el zumo del limón y sazona con sal y pimienta al gusto.
  6. Echa los mejillones en una cacerola caliente.
  7. Echa encima el Bloody Mary y tapa. 
  8. Agita y espera a que los mejillones se abran, sube el fuego al máximo.
  9. Cuando los mejillones estén abiertos, sácalos con una espumadera y colócalos en la fuente de servir. 
  10. Deja el caldo de la cocción para que reduzca y espese. 
  11. Vierte el caldo del Bloody Mary por encima de los mejillones y espolvorea con el perejil picado. 
  12. Lleva a la mesa y sirve en cuencos juntamente con un buen pan para mojar en la salsa.

Mejillones al vapor con salsa de tomate Bloody Mary


Preguntas frecuentes

¿Qué aporta el contraste entre el vodka y el vino de Oporto a la base de tomate del guiso?

El vodka actúa como un potenciador de sabor neutro que disuelve las sustancias aromáticas solubles en alcohol presentes en el tomate y las especias, aportando un golpe limpio y punzante característico del cóctel. Por su parte, el vino de Oporto equilibra esa potencia e intensidad al añadir un matiz dulce, afrutado y complejo que redondea la acidez del zumo de tomate y de la salsa Perrins.


¿Por qué se deben retirar los mejillones con una espumadera nada más abrirse para luego reducir la salsa aparte?


Los mejillones requieren un tiempo de cocción muy breve (apenas de 3 a 5 minutos al vapor) para no volverse gomosos ni perder su jugo característico. Al sacarlos tan pronto como se abren, se preserva su textura melosa y tierna, mientras que la salsa puede continuar hirviendo a fuego fuerte para evaporar el exceso de agua liberado por los moluscos, espesando y concentrando todos los aromas del Bloody Mary.


¿Cuál es la función del rábano picante y la guindilla fresca en esta preparación marina?

Tanto el rábano picante como la guindilla aportan dos tipos de picante complementarios: el rábano produce un ardor nasal y fresco que limpia el paladar, mientras que la guindilla roja aporta un picor en boca más persistente. Esta combinación corta la suntuosidad del caldo, realza el matiz yodo del mejillón y emula la mezcla clásica del cóctel con salsa de rábano y Tabasco.



Relato y fotografías @catypol - Circus day

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