El Rey Sol, Luis XIV, paseaba por la Galería de los Espejos con un humor de perros. Las guerras contra la Gran Alianza le estaban costando una fortuna y, lo peor de todo, el estrés le estaba quitando el apetito por las chuletas.
A su lado, tratando de mantener el ritmo de las zancadas reales, iba Louis de Béchameil, su jefe de casa y un financiero que sabía más de salsas que de asedios.
—¡Béchameil! —tronó el Rey, deteniéndose ante un ventanal—. Guillermo de Orange me está tocando las narices en los Países Bajos. Necesito más oro para los cañones. ¡Fundid la vajilla de plata! ¡Toda!
Béchameil palideció. Para un hombre que vivía por y para la etiqueta de la mesa, fundir la plata era como pedirle a un ángel que se cortara las alas.
—Majesté, por favor —suplicó Béchameil con una reverencia que casi hace que su peluca toque el suelo—. Si fundimos la plata, ¿en qué serviremos el rodaballo? ¿En platos de barro como si fuéramos... paysans (campesinos)? ¡El prestigio de Francia está en su salsa, no solo en su pólvora!
—¡El prestigio de Francia está en que mis fronteras no retrocedan un palmo! —rugió Luis XIV—. Si tengo que comer con las manos sobre una tabla de madera para pagar a mis mosqueteros, lo haré. ¡Es una guerre total!
Béchameil suspiró. Sabía que discutir con el Rey Sol cuando estaba en modo "conquistador" era inútil, pero su mente de maître no descansaba.
—Está bien, Sire. Fundiremos la plata. Pero tengo una condición —dijo Béchameil con audacia—. Si vamos a comer en loza barata, necesito que la comida sea tan sublime que nadie se fije en el plato. He estado experimentando con una mezcla de velouté y crema, algo suave, blanco, perfecto...
El Rey lo miró de reojo, impaciente. —¿Y cómo piensas llamar a ese invento mientras mis soldados pasan hambre en el Rin?
—La llamaré Salsa Béchamel, mon Roi. Así, aunque Francia esté en bancarrota por vuestras gloriosas batallas, mi nombre sobrevivirá al menos en los libros de cocina.

[RETO TIA ALIA]
Algo que me gusta mucho de éste reto mensual es el libre albedrío a la hora de hacer la receta, no hay que pesar ingredientes, a veces muy genérico y siempre divertido. En el caso de éste mes, pasa lo mismo, nos habla de chuletas, pero chuletas ¿de qué? ¿de cerdo? ¿de cordero?, ninguna cantidad específica por lo que en mi caso poca cantidad y de cordero, y servir acompañado, ¿sí o no?, por eso es la entrada más gustosa, y la hago como se hacía antes, sin peso, sin cantidades y a ojo, esa licencia me la permito en este reto y me gusta mucho.

Las recetas escritas a máquina me recuerdan a cuando yo aprendí a escribir a máquina, usábamos una Olivetti línea 98, nos tapaban las teclas y debíamos seguir el texto de un libro de texto, no podíamos usar corrector y no debíamos mirar el texto que íbamos escribiendo, se notaba un montón la fuerza de algunos dedos y la debilidad de otros. ¿Y el ruido? tac, tac, tac...no puedo evitar remontarme a tiempos pasados cuando llega este reto, y es que las recetas de un tiempo pasado también forman parte de un presente estén escritas a máquina o no.

Relato y fotografías @catypol - Circus day.


