Focaccia
Cuando su padre tuvo que contratar a jornaleros de otros países, no se lo podía creer. ¿Cómo era posible que vinieran allí a trabajar en su campo? Aquella tierra que él tanto detestaba, que tantas horas de sueño y diversión le había robado. Pero no encontraban mano de obra, y fue la única salida legal y rápida: había que cosechar y faltaban brazos.
La llegada de esos hombres le venía bien. Podrían hablarle de sus países, de sus vivencias, y así obtendría información de primera mano para cuando emprendiera el viaje. Al caer el sol, se acercaba a los barracones habilitados para ellos con una focaccia entre las manos y una botella de vino, y conversaban hasta bien entrada la noche.
Fue durante mucho tiempo un contraste doloroso para su padre: contemplaba las ansias de partir de su hijo frente a la añoranza de sus hombres por lo que habían dejado atrás. Uno soñaba con marcharse; los otros no habían tenido más remedio. El padre había prometido no entrometerse, pero aún guardaba la esperanza de que cambiara de opinión. Aunque bien sabía que haría falta un milagro… y de eso, en el campo, siempre andamos escasos.
Durante la Edad Media, este alimento consolidó su arraigo en la República de Génova. Los testimonios escritos ya registran su presencia habitual hacia el año 1300, convertida en el sustento predilecto de marineros, pescadores y estibadores por su bajo coste, su aporte calórico y su excelente conservación durante las largas travesías marítimas. El aroma de la masa recién horneada impregnaba el centro histórico, convirtiéndose en un ritual diario para todas las clases sociales.
La devoción popular por este pan dejó anécdotas curiosas: su consumo se extendió tanto en las iglesias durante bodas y funerales que, en el siglo XVI, el obispo de Génova prohibió comerla en los templos para evitar distracciones en el culto. Entretanto, los obradores de la costa ligur perfeccionaron la técnica con harinas de gran fuerza y el aceite de oliva virgen de la región, logrando esa textura tierna por dentro, crujiente en los bordes y salpicada por los emblemáticos hoyuelos donde se concentra la salmuera.
Hoy en día, la receta tradicional mantiene sus estándares y los panaderos locales la protegen con orgullo. Una de las costumbres más arraigadas en Génova es disfrutarla caliente por la mañana, cortada en tiras alargadas llamadas slerfe y mojada directamente en el café con leche o en el capuchino del desayuno.
¿Qué mejor que unir aventuras, tomate y focaccia, un buen aceite de albahaca, escamas de sal y tomillo? El resultado es justo el que ves: una explosión de sabor en cada bocado que te hará viajar.
Actualizada 2016.
Focaccia italiana
- 400 g de harina de fuerza
- 10 g de sal
- 8 g de levadura fresca
- 300 g de agua tibia
- 75 g aceite de oliva
- 3 racimos de tomates cherry
- Aceite de albahaca
- Tomillo
- Escamas de sal
- En un recipiente pequeño, mezcla la harina con la sal.
- En un cuenco grande, disuelve la levadura en el agua.
- Vierte la mezcla del primer recipiente en el segundo, añade el aceite de oliva y remueve con una cuchara de madera hasta formar una masa ligeramente pegajosa.
- Traslada la masa a otro cuenco engrasado.
- Cubre y deja reposar durante 30 minutos.
- Pasado ese tiempo, y sin sacar la masa del recipiente, realiza pliegues simples, toma porciones del borde y llévalas hacia el centro.
- Tapa y deja reposar otros 30 minutos.
- Repite los pliegues.
- Deja levar 1 hora más, o hasta que la masa doble su volumen.
- Divide la masa en tres partes, aplánalas ligeramente con las manos para formar los bollos y deja reposar durante 10 minutos.
- Decora con racimos de tomatitos.
- Rocía con un poco de aceite de albahaca.
- Espolvorea con tomillo y escamas de sal.
- Deja levar 20 minutos más.
- Mientras tanto, precalienta el horno a 240 °C.
- Hornea durante unos 35 minutos o hasta que la superficie esté dorada.
- Para comprobar si el pan está cocido, golpea la base con una cuchara, si el sonido es seco, está listo.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la focaccia tiene hoyuelos?
Los hoyuelos son la marca identitaria de la focaccia genovesa y tienen una función técnica importante. Al presionar la masa con los dedos antes de hornearla se crean pequeñas cavidades donde se acumula la salmuera de aceite de oliva, agua y sal. Durante la cocción ese líquido se evapora lentamente manteniendo la miga húmeda y esponjosa mientras la superficie queda dorada y crujiente.
¿Se puede preparar la focaccia sin horno?
En sartén de hierro fundido bien caliente y tapada puede funcionar, aunque el resultado es diferente — más húmedo y sin el dorado característico de la superficie. Para un resultado auténtico el horno es imprescindible, idealmente con calor por arriba y por abajo a temperatura alta — 240°C — para conseguir la corteza crujiente característica de Liguria.
¿Qué diferencia hay entre la focaccia y el pan?
La diferencia principal está en la hidratación y el aceite. La masa de focaccia lleva mucha más agua que el pan convencional — lo que la hace más pegajosa y difícil de trabajar — y una cantidad generosa de aceite de oliva tanto en la masa como por encima. Eso es lo que le da su textura característica: tierna y casi húmeda por dentro, crujiente y dorada por fuera.















Hola Caty, me encanta la focaccia, soy una enamorada de ellas. Y también me ha encantado la historia del principio.
ResponderEliminarbesos,
Gracias linda
EliminarCaty me encanta este tipo de pan :-)
ResponderEliminarUn saludito
Saludos guapa
EliminarYo he comido muchas focaccias niña....tu además, hoy, ¡HAS HECHO ARTE!, tiene un pintón increíble.
ResponderEliminarBesos Caty, espero que hayas descansado en Semana Santa para volver a tus fans al 100%.
Con mucho cariño reina.
Marialuisa
Yo no he comido tantas pero lo reconozco, están riquísimas. Besos guapa
EliminarMe encanta esta focaccia, es simplemente preciosa. Y que historia tan bonita... soñar siempre es una cosa muy tierna, y soñar con viajar... eso es tiernísimo
ResponderEliminarHay que soñar, quizás lo justo pero no perderlo.
EliminarAy, viajar... uno de los placeres de la vida, aunque sea soñando, con la imaginación o escuchando las historias de otros. Tiene algo de mágico y de utópico todavía, a pesar de la explosión del turismo.
ResponderEliminarPero qué preciosa focaccia te has marcado! Me la imagino con un buen vino toscano, bajo la sombra de un árbol en uno de sus parajes al atardecer de verano, con esa luz dorada tan bonita que tiene esa tierra. Perfecta.
Yo también me la imagino así, la Toscana es un lindo lugar para soñar, verdad? Besos
EliminarMe han entrado ganas de este pan y de viajar a la Liguria... Tus palabras siempre me trasladan a otros lugares y/o tiempos... Tus fotografías directamente a la cocina: ^-^
ResponderEliminarGracias linda
EliminarA mí me encanta viajar, aunque desde que estoy emigrada mis viajes se reducen siempre... a volver!
ResponderEliminarLa foccacia me encanta. Hace tiempo que quiero hacer una, pero no me preguntes porqué nunca encuentro el tiempo.
besos
Lo entiendo, incluso volviendo se puede soñar. Gracias linda
EliminarQue ganas tengo de hacerla, pensaba hacer una que tengo de un libro, pero me fio mas de tu buena mano, asi que ya esta copiada, tengo una de pan para editar pero el tuyo vera pronto la luz, el relato muy bueno, describe lo que hay en muchas casas de hoy dia, un besito grande mi niña
ResponderEliminarUn beso mi Mamen
EliminarLa inconformidad es un estado en el que todos de una manera u otra nos vemos en algún momento de nuestra vida. Unos por salir, otros por entrar, cuesta estar absolutamente conforme con lo que tenemos y no es hasta que te ves privado de ello cuando más valor le das.
ResponderEliminarEsta foccacia es bella y seguro que deliciosa, a través de ella nuestra imaginación vuela y desearía estar allí y no trabajando, pero es lo que toca en este momento.
Parece que me leyeras el pensamiento, porque llevo semanas pensando en una foccacia con tomates cherrys en rama y ha sido verla y venir todo uno!!
Me encanta, así que me llevo tu receta!!!
Besotes hermosa!!!
Sí, y me alegro que seamos inconformistas aunque pueda ser tedioso para otros. Un beso guapa
EliminarMe parece divino! te ha quedado mmmmmm! y que fotos más bonitas ya me darás unos consejitos. Besitos
ResponderEliminarGracias guapa, jeje
EliminarNadie está contento con lo que tiene hasta que se pierde y entonces te das cuenta que buscas paraísos lejos sin valorar ni apreciar el que posees y que estaba ahí a escasos metros....
ResponderEliminarLa focaccia es una maravilla, si por mi fuera, la comería día sí y otro también !!!
Un abrazo preciosa mia.
Forma parte de nuestra condición humana, esa mezcla de inconformismo y sentimientos, y sí, debemos aprender a valorar, pero lo hacemos con la experiencia. Gracias preciosa por tus palabras.
EliminarMi reina me encanta esta foccacia, aunque el tomate no sea santo de mi devoción, ya tu sabes, pero asadito seguro que me lo como sin rechistar, jajaja, porque soy tan rara que de la única manera que no lo pruebo es en ensalada.
ResponderEliminarTiene un color dorado y precioso, lo que daría ahora mismo por hincarle el diente.
Ese jovenzuelo con ansias de conocer el mundo ¿pudo realizar su sueño?
Besotes y feliz semana mi reina
De verdad que te gustaría mucho, un poco chafada queda casi igual que un pan con tomate, jajajaja. El chico viajó pero volvió a casa. Besos mi reina.
Eliminarm'encanta aixi amb el ramallet jo tambe li poso sencer a la boca es una festa cuant explota el tomátic choooooooof jaja m'encanta besadaaaaaaaaaaas
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