Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Dumplings

Hace mucho tiempo, cuando Cantón —entonces conocida como Guangzhou— era una humilde aldea castigada por la sequía, los campos estaban agrietados y las ollas, vacías.

En el cielo, cinco inmortales observaban la desolación montados en sendas cabras de distintos colores.

—Esto no puede seguir así —dijo el primero—. ¡La gente lleva días sin probar bocado!

—¿Y si les enviamos lluvia? —propuso el segundo.

—Ya lo intentamos; ahora no es tiempo de precipitaciones —respondió el tercero.

—Podríamos enviarles oro —sugirió el cuarto.

El quinto lo miró con cara de pocos amigos:

—¿Y de qué les sirve el oro si no tienen ni un solo grano de arroz? Además, acabarían peleándose por él. ¡Enviémosles arroz!

Los otros cuatro asintieron. Era una idea brillante, aunque ninguno quiso admitir que no se le había ocurrido antes.

Así pues, descendieron a la Tierra envueltos en nubes suaves, sosteniendo espigas de arroz entre sus manos y montados en sus cabras de colores. Al tocar el suelo, las espigas se multiplicaron al instante y los campos se cubrieron de dorados arrozales.

—¡Lo hemos conseguido! —exclamó el primero.

—Naturalmente —dijo el cuarto, recolocándose la túnica—. Era exactamente mi plan.

—¡Tu plan era enviar oro! —le recordó el quinto.

Mientras los inmortales discutían sobre quién merecía más mérito, los habitantes de Cantón ya estaban cocinando. El aroma del arroz recién cosechado impregnó las calles, las verduras saltaban en los woks y alguien preparó una enorme bandeja de jiaozis, los pequeños paquetitos rellenos que simbolizan la riqueza y la abundancia.

Uno de los inmortales olfateó el aire:

—¿Qué es ese olor tan sugerente?

—Un símbolo de prosperidad —explicó otro.

—Pues dame tres símbolos. No, mejor cinco... por si acaso.

Cuando llegó el momento de regresar al firmamento, los cinco inmortales reunieron a sus monturas.

—Deberíamos dejarles un recuerdo para que no nos olviden —dijo el primero.

—¿Una estatua? —propuso el segundo.

—¿De oro? —insistió el cuarto, ilusionado.

—¡De piedra! —sentenció el quinto—. Así perdurará para siempre.

Dicho esto, las cinco cabras se transformaron en piedra para velar por la ciudad eternamente.

—¿Creéis que nos recordarán como a héroes? —preguntó uno de los inmortales mientras ascendían hacia las nubes.

—Sin duda —respondió el quinto—. Aunque me temo que recordarán con más cariño el arroz que nuestras caras.

Y no se equivocaba. Hoy en día, las cinco cabras permanecen en el parque Yuexiu, firmes y majestuosas, como emblema de Cantón, la famosa «Ciudad de las Cinco Cabras». Una metrópoli donde el arroz nunca falta, la dicha se celebra alrededor de la mesa y cinco inmortales aprendieron una valiosa lección: si quieres que la humanidad te recuerde para siempre, no le des un discurso... ¡dale de comer!


Dumplings con papel de arroz rellenos de col y carne picada

Dumplings con papel de arroz rellenos de carne picada


Los jiaozis son originarios del norte de China, aunque su enorme popularidad hizo que se extendieran rápidamente por regiones del sur como Cantón y, finalmente, por todo el continente asiático. Se clasifican según el tipo de masa, su forma y la técnica de cocción empleada. Nacieron como una ingeniosa fórmula de cocina de aprovechamiento para dar salida a restos de carnes y vegetales. En muchas culturas orientales se asocian con la riqueza y la buena suerte, por lo que son indispensables durante las celebraciones del Año Nuevo Chino.

Los dumplings comprenden una amplia familia global de masas rellenas, entre las que destacan los tradicionales jiaozis del norte de China. Sin embargo, en esta ocasión nos alejamos de la masa de trigo tradicional para preparar unos dumplings con obleas de papel de arroz: una versión moderna, crujiente por fuera, extremadamente jugosa por dentro y totalmente libre de gluten

La verdad es que no recuerdo la primera vez que probé la cocina china, ni dónde ni con quién, pero me apasiona; al menos la versión que disfrutamos aquí. Nunca he visitado China —aunque me encantaría—, y supongo que, como ocurre con casi todas las gastronomías del mundo, han sabido adaptar su recetario a los gustos occidentales. 


Dumplings con papel de arroz


Ingredientes:
  • 16-20 obleas/láminas de papel de arroz (se usan 2 por cada dumpling para dar firmeza)
  • 250 g de carne picada de cerdo (o pollo/pavo)
  • 150 g de col china (o repollo) picada muy fina
  • 1 zanahoria pequeña rallada
  • 2 cebolletas picadas
  • 1 diente de ajo minado
  • 1 cm de jengibre fresco rallado
  • 1 cda. de salsa de soja
  • 1 cdta. de aceite de sésamo
  • 2 cdas. de aceite de sésamo (para dorar en la sartén)
  • Sal y pimienta al gusto

Para la salsa de acompañamiento:
  • 2 cdas. de salsa de soja
  • 1 cda. de vinagre de arroz (o vinagre de manzana)
  • 1 cdta. de aceite de sésamo
  • 1/2 cdta. de semillas de sésamo tostadas
  • Unas hojuelas de guindilla (opcional)

Elaboración:
1. Preparación del relleno (mise en place)
  1. En un bol amplio, mezcla la carne picada con la col china picada, la zanahoria rallada, la cebolleta, el ajo y el jengibre.
  2. Añadela salsa de soja, la cucharadita de aceite de sésamo, la sal y la pimienta. Integra bien todos los ingredientes con las manos o una espátula.
  3. Cocina el relleno en una sartén a fuego medio durante 5-7 minutos hasta que la carne esté hecha y las verduras reducidas. 
  4. Deja enfriar ligeramente.

2. Hidratación y montado con papel de arroz
  1. Llena un plato hondo o bandeja con agua templada.
  2. Sumerge una lámina de papel de arroz durante 5-10 segundos hasta que esté flexible pero no demasiado blanda.
  3. Colócala sobre una superficie lisa (una tabla ligeramente húmeda).
  4. Pon una cucharada generosa de relleno en el centro.
  5. Dobla los bordes hacia el centro (primero los lados, luego arriba y abajo) formando un paquete rectangular bien sellado.
  6. Hidrata una segunda lámina de papel de arroz y envuelve el paquete previo en sentido contrario. Esto evita que se rompa o se pegue al cocinar.

3. Cocción crujiente en sartén
Calienta las 2 cucharadas de aceite en una sartén antiadherente a fuego medio.
Coloca los dumplings dejando espacio entre ellos para que no se peguen entre sí.
Dora durante 3-4 minutos por cada lado hasta que el papel de arroz adquiera un tono dorado, burbujeante y crujiente.
Mezcla los ingredientes de la salsa en un cuenco pequeño y servir los dumplings bien calientes.


Dumplings de carne picada col china y zanahoria


Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es fundamental usar dos láminas de papel de arroz por cada dumpling?

El papel de arroz es muy fino y delicado al hidratarse. Usar una sola capa provocaría que la humedad del relleno rompa la masa durante la cocción o que se pegue a la sartén. La doble capa aporta la firmeza necesaria para lograr el exterior ultra crujiente característico de esta receta.

¿Esta receta de dumplings es apta para celíacos (sin gluten)?

Sí, el papel de arroz es naturalmente libre de gluten. Solo debes asegurarte de utilizar una salsa de soja certificada sin gluten (tamari) para el adobo del relleno y la salsa de acompañamiento.

¿Se pueden cocinar al vapor o al horno en lugar de en la sartén?

Si se cocinan al vapor, el papel de arroz adquiere una textura demasiado pegajosa y gomosa. La mejor alternativa al dorado en sartén es prepararlos en la freidora de aire (air fryer) a 190 °C durante 10-12 minutos (pincelándolos previamente con un poco de aceite), donde quedan igual de crujientes.



Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Espinagada

Para Jaime Mas (hijo)

Valldemossa, 14 de agosto de 1911, calle Chopin n.º 4. En esa calle nace Jaime Mas Estrades, en el seno de una familia humilde con huerto propio, en tiempos de escasez y necesidad. Tuvo que espabilarse pronto y, como muchos niños de la época, dejó la escuela a una edad temprana. Cinco hijos eran muchas bocas que alimentar y se necesitaban manos en la tierra para sacar adelante la cosecha: almendros, avellanos, olivos y alguna encina; cultivaban trigo, verduras y legumbres, y criaban cerdos y gallinas.

—Tenim llom de porc negre! —pregonaba uno en el mercado.

—Verdura, verdura per fer espinagada! —cantaba otro.

Era la jerga del bullicioso mercado de la capital. Allí llevaban lo que producía la familia y compraban lo estrictamente imprescindible, además de un poco de tabaco que luego él liaba en cigarrillos finos para que le duraran unos días más.

El molinero les molía el trigo y, con la harina, podían hacer pan para racionarlo día a día, pues hasta la siguiente cosecha no habría más. Con la aceituna de destrío elaboraban aceite y, con la de mejor calidad, conservas en salmuera. La matanza del cerdo era el pilar de la alimentación familiar, pero aun así había noches en las que la necesidad apretaba. La caza y las fiestas del pueblo eran la única evasión de la que disfrutaban.

Lejana quedaba la aventura que vivieron él y Sebastián, su amigo entrañable: aquella en la que, sin permiso de nadie, se hicieron a la mar con los pescadores. Su huerto lindaba con el Mediterráneo y los marineros pasaban por allí camino de la playa donde varaban sus botes. A veces había trueque —sobre todo cuando apetecía comer pescado— y les guardaban en el cobertizo del huerto los aperos y artes de pesca.

Esa aventura no la olvidaron jamás. Fue la experiencia de sus vidas, según recordaba Jaime a sus 75 años, aunque les costara una buena reprimenda de sus padres y jornadas de trabajo extra en el huerto. Aquella jornada la pesca fue soberbia, abundante: las barcas regresaron rebosantes a la orilla.

Montevideo, 14 de febrero de 1928. Con tan solo 16 años llega Jaime Mas Estrades a Uruguay, aferrado a una maleta de cartón, recién desembarcado del buque que lo trasladó de Mallorca a Barcelona y, desde allí, a su nueva patria. En tercera clase, por supuesto; ya se sabe: agua tibia y rancho escaso. Pero tuvo fortuna: una pareja catalana de primera clase que viajaba hacia Argentina lo cobijó y lo alimentó durante el trayecto. Siempre lamentó haber perdido su dirección; estén donde estén, gracias.

Los tres varones de la familia emprendieron el viaje hacia el Nuevo Mundo para enviar sustento a los que quedaron en Valldemossa. Al llegar, contaron con la protección de don Vicente Colom, amigo de la familia: un hombre bajito, calvo, de hablar pausado y nobleza infinita, que regentaba una panadería convertida en el primer refugio para los paisanos que emigraban de Valldemossa a Montevideo.

Jaime echó raíces y formó su propia familia en Montevideo. Es en la madurez cuando la memoria rescata el pasado y se añoran aquellas vivencias y rostros que quedaron al otro lado del océano en el instante en que se «cruzó el charco». Allí probó a elaborar sobrasada artesanal; él y su familia se sentían profundamente orgullosos del resultado. Aún hoy la siguen preparando, ya no solo por mantener el vínculo con una tierra distante, sino por veneración y amor a una familia, a un padre, a unos abuelos y a una historia que floreció lejos de su origen.

Noventa y cinco años después de su nacimiento, su jornada en la tierra llegó a su fin. Quizá volvió a cruzar el mar; quizá quiso emprender su última travesía pescando en la playita junto al huerto; quizá aquel día los pescadores regresaron con las barcas colmadas y él celebró la hazaña a su lado.


Empanada espinagada de lomo con col mallorquina casera

Espinagada de llom amb col mallorquina cassolana


No sé si llamarlo «De Valldemossa a Montevideo». Mi historia con Jaime data de hace poco tiempo. Un día recibí un precioso correo electrónico en el que me decía lo mucho que le gustan mis historias; las recetas también, pero especialmente los relatos que escribo con tanto cariño, medio reales, medio inventados. Se ve que le gustan más. Sinceramente, mi corazón se ensanchó de agradecimiento, porque nacen desde mi memoria hasta mi alma y ya forman parte de Circus Day tanto como las recetas.

Quiero recalcar aquí que muchas otras personas también me transmiten lo mucho que les gustan mis historias, y no quiero dejarlas atrás, pues son igualmente fieles seguidoras de ellas. Gracias a todas.

Unir la gastronomía de Mallorca y la de Uruguay no es fácil, pero como país que recibió a tantos españoles en su momento, imagino que algo de parecido tendremos, ¿no crees? Agradecida por la carta que recibí de ti, Jaime, contándome la historia familiar de tu padre, decidí que la receta de unión entre nosotros sería la espinagada —con cerdo, por supuesto, que para las matances es fundamental— y con verduras; quizás no las mismas que cultivabais en vuestro huerto familiar de Sa Sini, pero perfectamente podrían serlo. Además, en Mallorca ahora es justo la época de comerla.

Vosotros tenéis vuestra propia empanada; aunque son diferentes, ambas quizás deriven de la misma raíz. Espero que te guste, pues la historia de este post ya la conoces: es la de tu padre y también la he escrito desde el corazón.


Espinagada mallorquina de lomo con col


La masa:
250 ml de agua
25 g de levadura fresca
125 ml de aceite de oliva virgen extra
1 cda. de manteca (opcional)
Harina de trigo común (la que admita la mezcla, aprox. 400-500 g)

El relleno:
500 g de carne de cerdo
1/2 col pequeña rizada (Borretxona mallorquina)
2 puerros
3 ajos
2 cebolletas
Pasas

Condimento:
1 cda. de manteca colorada disuelta
Pimentón dulce
Pimiento rojo picante o guindilla molida
Sal
Aceite de oliva virgen extra

Para la masa:
  1. Disuelve la levadura con el agua y mezcla con los demás ingredientes hasta formar una masa de la misma consistencia que el pan. 
  2. Déjala tapada reposando durante 1 hora. 
  3. Mientras prepara el relleno. 

Mise en place:
  1. Corta el lomo en dados pequeños. 
  2. Limpia y corta la verdura en brunoise. 
  3. Ponla en un bol y condiméntala. 
  4. Precalienta el horno a 175 ºC

Formar las empanadas:
  1. Pon papel de hornear sobre la mesa y separa en dos la masa (o en tres o no separar, depende del tamaño que quiera cada uno). 
  2. Aplana la masa en forma de círculo. 
  3. Forma un rectángulo con el relleno en el centro del círculo y cierra la empanada o bien con repulgue o bien juntando la masa como si fuera un sobre.  
  4. Cuece al horno durante 1 hora. 

Espinagada mallorquina hecha con lomo con col


Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Cuál es el origen de la espinagada y por qué se asocia a las fiestas de San Antonio?

La espinagada es una de las empanadas más singulares y emblemáticas de la repostería salada mallorquina, originaria concretamente de la zona de Sa Pobla. Tradicionalmente se elabora para las fiestas de Sant Antoni (16 y 17 de enero). Originalmente se rellenaba con anguilas de la Albufera de Mallorca y espinacas (de ahí su nombre), aunque la variante de lomo de cerdo con col borretxona se convirtió en una de las favoritas tras las matanzas de invierno.

¿Qué aporta la col borretxona mallorquina frente a otras variedades de col?

La col borretxona (col rizada de hoja oscura autóctona de las islas) es más tierna, jugosa y aromática que las coles de hoja lisa. Al picarse fina y adobarse cruda antes del horneado, se cocina en sus propios jugos dentro del envoltorio de masa sin aportar exceso de agua.

¿Se puede congelar la espinagada ya horneada?

Sí, una vez horneada y completamente fría a temperatura ambiente, se puede envolver herméticamente en film transparente y congelar. Para consumirla, basta con descongelarla a temperatura ambiente y darle un golpe de horno a 180 °C durante 10 minutos para devolverle la textura crujiente a la masa.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.
(Carta de Jaime Mas de su padre)

Canelones de gambas

En una cala escondida de la costa, donde la brisa marina olía a sal y a vino joven, se encontraba el pequeño pueblo de Sant Camil. Allí vivía Rosita, una señora divertida, de voz ronca por los años y las carcajadas, que había decidido en su jubilación hacer lo que siempre quiso: abrir la primera bodega submarina del pueblo.

—Si los vinos envejecen mejor bajo el mar... ¡pues yo también! —decía, hundiendo botellas y preocupaciones entre las rocas sumergidas.

Pero no todos compartían su entusiasmo. Un grupo de jubilados que se hacían llamar «La Cofradía del Bingo» empezó a quejarse de que el vino submarino «molestaba a los peces» y de que Rosita «quería hundir el pueblo como un Titanic de segunda».

Rosita, lejos de amilanarse, organizó una comida al aire libre para calmar los ánimos. Preparó canelones y colocó la mesa bajo el árbol de la vida, un viejo olivo retorcido que, según la leyenda, crecía justo en el centro energético del pueblo.

Los jubilados llegaron con el ceño fruncido. Sin embargo, tras el primer bocado y una copa de tinto submarino, las quejas se diluyeron.

—Este vino está raro... pero me gusta —admitió Manolo, el más cascarrabias.

—Es como si el mar te diera un abrazo —añadió otra vecina, con los ojos brillantes.

Rosita sonrió en silencio, sintiendo el calor leve del sol sobre los hombros mientras la brisa marina refrescaba la velada. Alguien sacó un acordeón y las sombras del olivo se llenaron de bailes improvisados. En las miradas de los vecinos ya no quedaba rastro de dudas, solo la certeza de que el verdadero centro energético de Sant Camil no estaba bajo las raíces del viejo árbol, sino alrededor de una mesa compartida.


Canelones de gambas y salsa rosa con yema de huevo

Canelones de gambas y salsa rosa con huevo picado


La historia de los canelones comenzó en Italia, donde el término proviene de la palabra cannelloni —diminutivo de canna—, que significa «caña» o «tubo», haciendo referencia directa a su característica forma cilíndrica. Aunque la pasta rellena tiene raíces antiguas que se remontan incluso a la época de Cicerón en el Imperio romano, la receta moderna empezó a perfilarse a finales del siglo XVIII. Los primeros registros escritos se atribuyen al chef napolitano Vincenzo Corrado, quien describió una pasta en forma de tubo rellena de carne y trufas, cocinada en una salsa de carne. Más adelante, el célebre compositor Gioachino Rossini, conocido por su desbordante pasión culinaria, popularizó una versión de este plato rellena de carne o pollo con foie-gras, trufas y champiñones, cubierta con salsa bechamel y queso parmesano gratinado.

A lo largo del siglo XIX, los canelones cruzaron las fronteras italianas y experimentaron una enorme transformación cultural al llegar a Cataluña. Introducidos por cocineros italianos y suizos que trabajaban en las fondas y restaurantes de lujo de la burguesía barcelonesa —como el famoso Maison Dorée—, el plato causó un furor inmediato. A diferencia de la receta original italiana, que solía emplear carne picada cruda cocinada directamente en un sofrito, los cocineros catalanes adaptaron la preparación asando previamente piezas enteras de carne (cerdo, ternera y ave) que luego picaban finamente. Además, se consolidó la costumbre de cocer la pasta por completo, alejándose del tradicional punto al dente italiano.

La popularización masiva de los canelones en España se consolidó definitivamente a principios del siglo XX. Un hito clave ocurrió en 1911, cuando el empresario Ramón Flo empezó a comercializar las placas secas de pasta bajo la marca El Pavo, facilitando enormemente su elaboración en los hogares. Paralelamente, la receta se difundió entre las clases populares gracias a las lecciones de cocina impartidas por chefs como Giuseppe Rondisoni en el Institut de Cultura i Biblioteca Popular de la Dona. Esta asimilación cultural dio origen a la arraigada tradición de los canelones de San Esteban, consumidos cada 26 de diciembre. Aunque existe el mito urbano de que nacieron estrictamente como «cocina de aprovechamiento» para dar salida a las sobras de la escudella navideña, la investigación gastronómica demuestra que se adoptaron como un plato festivo y refinado por derecho propio. A través de las corrientes migratorias italianas del siglo XX, la preparación también se expandió con fuerza por Latinoamérica, convirtiéndose hoy en un clásico de la gastronomía global.

La versión fría de los canelones —popularmente conocidos como «canelones de verano»— nació a mediados del siglo XX en España como una ingeniosa respuesta de la cocina doméstica para combatir el intenso calor estival sin renunciar a uno de los platos más queridos del recetario. A medida que la preparación caliente tradicional se consolidaba en las casas, las familias buscaron adaptarla eliminando los dos elementos que más calor aportaban a la cocina: el horneado prolongado y la densa salsa bechamel.

Canelones de gambas y salsa rosa


Ingredientes:
  • 12 láminas de pasta para canelones
  • 4 huevos 
  • 1/2 piña fresca (o en su jugo)
  • 20 gambas cocidas y peladas

Salsa rosa
  • 150 g de mayonesa
  • 3 cdas. de ketchup
  • 1/2 cda. de vinagre de vino blanco o manzana
  • 1/2 cda. de brandy o coñac
  • 1/2 cda. de zumo de limón
  • 1/2 cda. de mostaza suave
  • Una pizca de sal

Mise en place:
  1. Cuece las láminas de pasta en abundante agua hirviendo con sal según el tiempo indicado por el fabricante. Escurre y enfria en un recipiente con agua y hielo para cortar la cocción. Extiende sobre un paño limpio de cocina.
  2. Cuece los 4 huevos en agua hirviendo durante 10 minutos. Retira del fuego y enfria inmediatamente con agua fría y hielo para pelarlos con facilidad.
  3. Pela los huevos. Separa y reservarlas yemas de 2 de ellos para la decoración final.
  4. Trocea en dados pequeños la piña, las gambas cocidas y los huevos restantes (incluyendo las dos claras sobrantes). Reserva.

La salsa:
  1. En un cuenco, mezcla la mayonesa con el ketchup, el vinagre, el brandy, el zumo de limón y la mostaza.
  2. Bate enérgicamente hasta obtener una salsa homogénea, cremosa y de tono rosado. 
  3. Prueba y rectifica de sal si fuera necesario.

Montaje:
  1. En un recipiente amplio, mezcla la piña picada, las gambas y el huevo troceado con tres cuartas partes de la salsa rosa. Prueba el relleno y ajusta de sal.
  2. Extiende las láminas de pasta bien secas sobre la mesa de trabajo.
  3. Reparte el relleno en el centro de cada lámina y enrolla con cuidado para formar los canelones.
  4. Pincela la superficie de los canelones con el resto de la salsa rosa.
  5. Ralla o pica finamente las 2 yemas de huevo reservadas y espolvoréalas por encima para decorar (efecto mimosa). 
  6. Sirve bien fríos.


Canelones fríos de gambas con salsa rosa y huevo

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué es importante enfriar la pasta y los huevos en agua con hielo?

El choque térmico interrumpe de inmediato la cocción. En el caso de las láminas de pasta, evita que se pasen o se vuelvan quebradizas; en el caso de los huevos, ayuda a que la yema mantenga un color vivo sin cercos oscuros y facilita que la cáscara se desprenda de una sola pieza.

¿Se puede sustituir la piña fresca por piña en conserva?

Sí, se puede utilizar piña en su jugo. Simplemente asegúrate de escurrirla muy bien sobre un colador y secarla con papel absorbente antes de trocearla para que no aporte exceso de agua al relleno ni diluya la consistencia de la salsa rosa.

¿Cómo se deben conservar los canelones de verano antes de servir?

Al ser un plato frío con base de mayonesa y marisco, debe guardarse en el frigorífico dentro de un recipiente hermético hasta el momento de consumir. Se recomienda sacarlos entre 5 y 10 minutos antes de llevar a la mesa para apreciar mejor el contraste de sabores.



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