Quiche Lorraine
Inés andaba en plena época de exámenes, hincando los codos día y noche sin tregua. Solo levantaba la cabeza cuando la llamaba su novio Antoine, un manchego de pura cepa que había estado un mes recogiendo fruta en Francia y al que la estancia le había cambiado hasta el nombre de pila. El portero, el señor Miguel —un manitas para todo—, estaba medio sordo, así que probablemente ni se enteraba de la misa la media; pero su señora, doña Candelaria… ¡ay, doña Candelaria! Esa mujer se sabía hasta la cara B del próximo vinilo que pincharían en el guateque. A ella no se le escapaba ni el vuelo de una mosca, y puso el grito en el cielo en cuanto olió el jolgorio del descansillo.
La estampa era un cuadro: don Ernesto en batín y pantuflas, plantado en jarras ante la puerta del susodicho; Inés, con los pelos de punta y el móvil pegado a la oreja, aspaventando mientras le retransmitía a su Antoine la verbena del piso de al lado; y doña Candelaria aporreando la madera con saña, mientras el bueno del señor Miguel jaleaba:
—¡Qué bien canta el jodío, leñe!
Estaban para sacarles una foto.
La verdad es que, cuando el vecino abrió la puerta, la comitiva entró casi en tromba al salón. Cualquiera diría que aquello fue un allanamiento en toda regla. Y no, la intención no era esa, pero doña Candelaria empuñaba el palo de la escoba, el señor Miguel un destornillador de estrella, don Ernesto el bastón y la pobre Inés una estilográfica en alto. Los invitados se quedaron de piedra, la música se cortó de golpe y se hizo un silencio sepulcral… justo en el preciso instante en que yo asomaba por el umbral. Tropecé con la zapatilla de cuadros de don Ernesto y la quiche que traía en las manos voló describiendo una parábola perfecta para estamparse de lleno en el pecho del anfitrión.
A lo que el señor Miguel, eufórico, remató:
—¡Vaya leche le ha dao la vecina, leñe, pa matarlo!
El primer registro documentado de este bocado data de principios del siglo XVII, hacia 1605, en la corte del ducado de Lorena en Nancy. En sus orígenes era una preparación campesina y humilde que los panaderos horneaban aprovechando los recortes de masa de pan sobrante. Esa base rústica se forraba en un molde y se cubría con un batido de huevos y nata fresca, una emulsión que en la cocina francesa tradicional recibe el nombre de migaine.
Curiosamente, la versión primitiva no llevaba carne: fue la evolución en los fogones populares la que incorporó la panceta ahumada cortada en tiras gruesas o dados (lardons), aportando el contrapunto salino y ahumado definitivo. Aquellas primeras tartas se cocían en hornos comunales de leña, lo que impregnaba a la masa y al relleno de un aroma rústico inconfundible.
Con el tiempo, la receta experimentó dos saltos determinantes. Por una parte, la densa masa de pan dio paso a la masa quebrada (pâte brisée) o al hojaldre, ganando una textura crujiente y mantecosa que elevó el conjunto. Por otra, tras la guerra franco-prusiana de 1870, el éxodo de familias lorenesas hacia París popularizó el plato en los cafés y bistrós de la capital. Fue allí donde surgieron variantes que añadían queso gruyer o emmental rallado, fórmula que dio origen a la quiche vosgienne (o a la versión parisina) pese a que el canon lorenés más purista prescinde de cualquier queso.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en la década de 1950, la quiche lorraine conquistó el Reino Unido y los Estados Unidos como símbolo de refinamiento y practicidad para almuerzos y recepciones. Hoy en día, la receta clásica francesa sigue fiel a su regla de oro: masa quebrada, huevos, nata, panceta ahumada, nuez moscada y pimienta negra.
Actualizada 2026.
Quiche Lorraine
Ingredientes:
- 1 masa quebrada casera o comprada
- 200 g de panceta ahumada
- 4 huevos
- 400 ml de nata fresca
- 1 pizca de pimienta
- 1 pizca de nuez moscada
- Molde para tarta de 20 cm de diámetro
- Forra el molde con la masa quebrada, recortando el sobrante del borde con un rodillo.
- Pincha la base de la masa con un tenedor.
- Coloca papel de horno sobre la masa y, encima, algún peso (como garbanzos secos o bolitas de cerámica especiales) para evitar que suba.
- Hornea la base durante 15 minutos.
- Corta la panceta en dados pequeños.
- Fríelo en una sartén muy caliente, sin añadir grasa, hasta que esté bien dorado.
- Escurre sobre papel de cocina para eliminar el exceso de grasa.
- En un bol, bate los huevos con la nata.
- Añade la nuez moscada y la pimienta, e incorpora el tocino.
- Vierte la mezcla sobre la base de masa precocida.
- Hornea durante 35 minutos.
Preguntas frecuentes
¿La quiche Lorraine auténtica lleva queso?
No. La receta original del ducado de Lorena del siglo XVII no lleva queso — solo huevos, nata fresca y panceta ahumada. La versión con queso gruyer o emmental es una variante parisina que surgió tras la guerra franco-prusiana de 1870, cuando los lorenos emigraron a la capital y adaptaron la receta. Hoy la versión con queso es la más extendida en España, pero técnicamente no es una quiche Lorraine sino una quiche parisina.
¿Por qué se hornea la masa en blanco antes de añadir el relleno?
Para evitar que la base quede cruda y húmeda al contacto con el relleno líquido. El horneado en blanco — con papel de horno y garbanzos encima para que no suba — sella la masa y la hace ligeramente crujiente antes de recibir la mezcla de huevos y nata. Sin este paso la base queda blanda y empapada. Es el secreto de una quiche con la base crujiente que contrasta con el relleno cremoso.
¿Cómo sé si la quiche está lista para sacar del horno?
Debe estar dorada por encima, inflada y ligeramente temblorosa en el centro — como un flan que aún no ha cuajado del todo. Ese temblor residual es correcto: el calor del molde terminará la cocción fuera del horno. Si esperas a que el centro esté completamente firme dentro del horno, la quiche quedará demasiado seca. Con 35 minutos a 180°C suele estar lista, aunque cada horno es diferente.
















bona dia amore , pues queda apuntat que es de lo que m'agrada fer ultimament . bonisima recepta . bon cap de setmana caty !
ResponderEliminarHola guapa, gràcies per venir, bon cap de setmana.
EliminarQue maravilla de receta, tiene que estar delicioso!
ResponderEliminarLo está, gracias guapa
EliminarQuina mengera que fa, Cati. Aquesta és de les receptes que m'agraden, me la guard per fer-la prest. M' encanten les fotos i la història. Besades!
ResponderEliminarGràcies guapa
Eliminarjejeje, pa matarlo no sé, pero para morirse debe estar este delicioso pastel, prefiero la guerra de almohadas no desperdicio nada.:)
ResponderEliminarNo se de donde sacas las recetas, pero son de lo mas rico y original.
Un besote y feliz fin de semana.
muchas gracias por tus lindas palabras guapa. Besos
EliminarNo me importaría participar en una salada guerra de pasteles, eso sí...no iba a poner la menor resistencia y recibiría al enemigo con la boca abierta de par en par, sobre todo si lo que trae es un pastel tan delicioso como promete serlo el tuyo. Un enorme abrazo y gracias por tu introducción, llena de humor. Bss
ResponderEliminarjajajajaja, yo creo que también me pasaría, vivan las guerras de tartas!
EliminarBesos
Que buena pinta tiene eso Caty ! !!!
ResponderEliminarQue buena eres haciendo fotos, cuanto tengo que aprender jejejejeje
Un besazo bombón
Un besazo guapa
EliminarReceta sana y deliciosa, me apunto la receta! Un besote preciosa!
ResponderEliminarGracias guapa
EliminarLa semana pasada la compre, así verde, porque vi la coliflor naranja de tu risotto y me había dado cosilla de que yo no había trabajado con "coliflowers" de colores, nosotros la comimos hervida que nos encanta con un buen correo de limón. Y mira por donde hoy traes la verde. ¿¿ que me gusta la verdura de colores¡¡¡ parece que entra mejor, bueno a mi hija no le entra tenga el color que tenga¡¡¡
ResponderEliminarAsí que este pastel tan precioso y seguro que exquisito, tendrá que esperar que venga de Polonia mi hija Lola que es la verdulera (en el buen sentido de la palabra) de la casa.
leyendo tu entradora, me ha acordado que Mai me contaba que el 13 celebró el cumple de Gü hasta las 4 de ella madrugá ..... jaaaaaaa ¡¡¡ me la imagino con un Don Ernesto y una Doña Candelaia en al puerta de su casa y ella ofreciendo ajoblanco jaaaaaaaaaaa ¡¡¡¡ tengo que decirla que pase a leerte, digna estampa de una fiesta.
Cata siempre alegrándonos el día con tus lecturas ¡¡que me gustan¡¡¡¡
Bssesos preciosa, desde Almeria
Esto del corrector es insufrible, pone lo que el da la gana y no lo que realmente quieres decir. pero tu me entiendes, verdad ???mas besines
Eliminarjajajajajaja, qué divertida eres! claro que te entiendo guapa, besos
EliminarAquí estoy que me manda la Seña Lola.. ay madre! ahora con remordimientos. La fiesta empezó a las 6 de la tarde porque aquí se intenta ser civiliza'o y terminarla pronto. El problema es que se nos subió el vinillo y el ajoblanco nos puso a cien por hora y nos liamos la manta a la cabeza y ea! que la fiesta se alargó más de la cuenta. Nuestro vecino, con el que nos llevamos bien, también tuvo fiesta así que imagina que escándalo montamos! en estéreo!
ResponderEliminarY a los Señores Spolenak no los invitamos nadie porque son odiosos. Ella es mala por puro deporte, no tiene que tener nada en contra de nadie para criticarlo. Es su naturaleza, malicienta, agria y envidiosa. Lleva especialmente mal que una guiri sureña se haya enfrascado a un buen mozo de 2 metros y 10 años menor que la intrusa... mala chufa la que me tiene, pa'qué mentir... el marido, cuando Luquitas era chico, dijo que menos mal que el niño había salido rubito como el padre, porque los niños morenitos, contra más al sur, más turbio tienen el alma... mala entraña vino a decir... vaya, que no son de fiar... con un cuajo brutal como quién sienta cátedra... a una mole de carne y huesos que calza esa mentalidad, jamás ofreceré mi ajoblanco. Jamás!
Así que se quedaron sin fiesta y estoy segura que sin dormir... ¿conocías esa faceta mía tan de malauva? pues sí, si me tocan el ajoblanco de Lola me enciendo como una pira:-D un besazo!
Tu pastel caerá, vaya si caerá!
Malauva tiene la vecina, esa se merece que le caigan todos los pasteles encima y sin fiestas de por vida, menos mal que tenemos a Lola, jajajajaja.
EliminarBesos sureña
Un pastel para triunfar, tiene que saber a gloria. Un abrazo, Clara
ResponderEliminarGracias guapa
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