Sorrentinos de kiwi
Primero cayó un cilindro en mitad del olivar. Tenía la corteza rugosa y oscura, como la piel de un fruto gigantesco y oxidado. Nadie le dio importancia hasta que el metal comenzó a respirar. En cuestión de horas, de su interior emergió una estructura de tres patas, alta y estilizada como una aguja de catedral, cuyo rayo de luz blanca no destruía las cosas: las evaporaba en un chasquido sordo.
Durante tres semanas, el mundo habitado se redujo a la penumbra. Las ciudades principales cayeron sin que ningún ejército pudiera arañar siquiera la coraza dorada de las máquinas. Los gobiernos desaparecieron entre interferencias de radio, y los supervivientes aprendieron la gramática del miedo: caminar sin hacer ruido sobre la gravilla, no encender fuego al anochecer y respirar despacio bajo las bóvedas de ladrillo de las viejas estaciones de tren.
Mateo compartía humedad, algún kiwi y latas de conserva con desconocidos cuyos nombres no importaban. Allí abajo, el tiempo no se medía en horas, sino en el retumbar distante de los pasos metálicos que hacían vibrar el polvo del techo. Un anciano sin gafas repetía a oscuras que la inteligencia siempre encontraba un camino hacia la luz. Nadie le contestaba.
Una mañana de martes, el silencio no fue el preludio de un ataque, sino una ausencia pesada y limpia.
Mateo subió los escalones del tramo de salida con las manos pegadas a la pared de azulejos fríos. Al asomarse a la avenida principal, el aire olía a pino quemado y a mar. Los tres trípodes de la plaza permanecían inmóviles, recortados contra el cielo matutino. Uno de ellos tenía la cabeza inclinada hacia un lado, como un pájaro cansado. Mientras Mateo miraba, las articulaciones de la máquina cedieron con un crujido seco y la masa de hierro se desplomó sobre el asfalto.
No hubo disparos. No hubo victoria.
Los conquistadores que habían cruzado el vacío interestelar, inmunes a la artillería humana, yacían desarticulados dentro de sus cabinas de titanio, derrotados por bacterias microscópicas que habitaban en el polvo de la tierra desde hacía millones de años. La vida en el planeta no se había defendido con cañones, sino con su propia biología.
Días más tarde, al cruzar el vestíbulo en ruinas de una antigua biblioteca, Mateo encontró un trazo hecho con carbón sobre la piedra calcárea:
«Creímos que el cielo era nuestro porque sabíamos medir las distancias».
Mateo se detuvo unos segundos, pasó los dedos sobre el hollín de las letras y salió al exterior. El aire de la tarde era fresco. Levantó la vista hacia el firmamento despejado y comprendió que el universo nunca perteneció a nadie; solo nos concede, de vez en cuando, el privilegio de habitarlo.
—Sí, creo que sí —le respondo.
—¿Y por qué no han venido a vernos aún? —sigue preguntando.
—¡Hum! No lo sé, quizás no tenemos nada interesante que haga que vengan —digo.
—¿Crees que todos son de color verde o los hay de diferentes colores? —y siguió hablando del tema.
Con el panorama cinematográfico infantil de este último año hemos viajado por el espacio: muchas aventuras recorriendo el firmamento, aunque la mayoría de las veces son ellos los que nos invaden ya que nosotros no solemos hacerlo —«somos más caseros», diría yo—.
La cosa es que es inevitable conocer el espacio a través de la pantalla, sea con palomitas, sea con telescopio. Así que, cuando debíamos elaborar una receta para el concurso Zespri España, y como en casa nos gustan mucho los kiwis Zespri Green, ¿por qué no viajar hasta el espacio para traérnosla? O, mejor dicho, ¿por qué no vienen los extraterrestres a elaborarla? Cosa que tienen difícil: debe ser una receta saludable, pues el kiwi es rico en fibra y vitamina C, y queremos que todo nos alimente bien. Los raviolis redondos se llaman sorrentinos; en Circus Day son de kiwi y voladores.
Arriba puedes ver el dibujo que estaba haciendo mi hijo mientras manteníamos la conversación.
Sorrentinos de kiwi o platillos volantes
Ingredientes para 4 unidades:
Los sorrentinos "platillos":
- 1 kiwi Zespri Green
- Agua (hasta completar 150 g)
- 1 sobre de agar agar de 2 g
- 1 kiwi Zespri Green
- 2 cdas. de crema de leche de coco
- 1 cda. de azúcar
- Sirope de chocolate para decorar (con él haremos la estela de la nave)
Elaboración:
Los raviolis («platillos»):
- Prepara un tapete de silicona, una bandeja o papel de hornear sobre una bandeja.
- Pela el kiwi, licúalo y pesa el resultado; agrégale el agua necesaria hasta alcanzar los 150 gramos (el nuestro pesó, una vez licuado, 50 gramos, por lo que le añadimos 100 gramos de agua).
- Remueve bien la mezcla. Quedará un líquido fluido (es lo correcto).
- Añade el agar-agar en frío al líquido y remueve hasta que se disuelva por completo.
- Llévalo al fuego hasta que rompa a hervir y retíralo.
- Vierte poco a poco el líquido sobre el tapete o la bandeja. Muévelo suavemente para que se extienda de forma homogénea y quede una capa fina.
- Deja que se enfríe y cuaje en el frigorífico.
El relleno («extraterrestre»):
- Pela y corta en rodajas el segundo kiwi.
- Mezcla la crema de la leche de coco con el azúcar.
- Con un aro de emplatar o un cortapastas redondo, corta la capa de gelatina hasta obtener 8 círculos (si los haces muy grandes, obtendrás menos unidades).
- En un plato, vierte un poco de sirope de chocolate y extiéndelo con un pincel para simular la estela de la nave.
- Coloca en un extremo un círculo de gelatina; sobre este, dispón una cucharadita de crema de coco y una rodaja de kiwi.
- Cierra la preparación cubriéndola con otro círculo de gelatina a modo de tapa.
Preguntas frecuentes
¿Qué función cumple el agar-agar en la formación de los discos de gelatina y por qué se aplica en frío?
El agar-agar es un gelificante vegetal extraído de algas marinas que necesita disolverse completamente en un líquido frío antes de llevarse a ebullición. A diferencia de la gelatina animal, el agar-agar activa sus propiedades gelificantes al alcanzar los 90–100 °C y cuaja con rapidez al enfriarse a temperatura ambiente, formando una lámina firme, flexible y resistente que permite cortar los discos («platillos») sin que se rompan ni se derritan al manipularlos.
¿Por qué es necesario rebajar el zumo de kiwi con agua para conseguir la consistencia adecuada?
El kiwi contiene actinidina, una enzima proteolítica que degrada las proteínas y puede interferir en los procesos de gelificación tradicionales, además de aportar una acidez y un sabor muy intensos en puro. Al diluir el licuado de kiwi con agua hasta alcanzar los 150 gramos, se equilibra la acidez, se suaviza el sabor para el paladar infantil y se logra la fluidez idónea para crear una capa fina y uniforme sobre el tapete de silicona.
¿Cómo se logra que la presentación simule una nave espacial sobre el plato?
El montaje juega con formas geométricas y contrastes de color: la base de sirope de chocolate extendida con pincel simula la estela o estela de propulsión de la nave en el espacio, mientras que la transparencia verde de los discos de gelatina de kiwi, al encerrar la crema blanca de coco y la rodaja central de fruta, crea el volumen y la estética visual de un platillo volante (sorrentino dulce).
















creía en Instagram que era una Medusa (es la bióloga que hay en mi jajajajajajaja!) pero claro que es un OVNI!!!!! besos hermosa! siempre un placer pasar por aquí
ResponderEliminarjajajajaja, podría ser una medusa, besitos guapa!
EliminarQué divertido, a los niños seguro les encanta¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
ResponderEliminarEstá delicioso! además "destapa" la imaginación, y los niños tienen mucha. Besos
EliminarEstoy alucinando y no precisamente porqué creas en extraterrestres ;) lo hago porque estos raviolis son "Circus" total y en la linea de dejar con la boca abierta al personal :)
ResponderEliminarYa sabes que yo nunca me pondré a hacerlos, nos queremos mucho pero en esto no coincidimos ;)...pero disfruto muchísimo de lo depurad de las lineas, de esta presentación y de tú originalidad mi Caty!!!!
Dale mil besos a Sergi y dile que su dibujo es precioso...igual que sus reflexiones :)
Cena prontooooooo!!!
Loviu chiki <3
Eres un amor, me alegra que te gusten, un besazo mi reina.
Eliminarqué artista eres Caty, estoy segura de que has dejado a Sergi totalmente convencido de que existen, qué monada de receta!!! bssssss
ResponderEliminarBueno, en casa el artista es Sergi, yo sólo soy el ejecutor, jajaja. Besos
EliminarEs genial!!! Me chiflan tus platillos, son fantásticos los mire como los mire.
ResponderEliminarGracias guapa
EliminarHola Catyyyy, jo ajalá y que ganes el concurso porque estos platillos volantes son la leche, aparte de que tienen que estar pero que bien ricos. Ojalá y que ganes, lo deseo de verdad, te lo curras al cien por cien.
ResponderEliminarUn besooo
Positiva ante todo, señores de Zespri ya la habéis leído, jajajaja, a ganar. Besitos guapísima
EliminarViva la originalidad y la imaginación!!!!
ResponderEliminarMe ha encantado... Intentaré hacérselo a Javier que, aunque ya es adulto, aún cree en los extraterrestres... como si fuera exclusivo de los peques ;-)
No hay edad, grandes y pequeños a disfrutar del kiwi...y de los platillos, jeje.
EliminarBesos
¡Qué espectáculo!
ResponderEliminarMuchos besos,
Vero
La cocina de Vero
Gracias linda, besos
EliminarQué original y qué chulo! Y seguro que además muy rico :)
ResponderEliminarbesos
Gracias guapa
EliminarOhhhhh que bonic!!! Que bonic el color verd, que bonic el dibuix del teu fill i que bonics els ovnis!!! M'ha encantat Que senzill, que delicat i que tendre. Una inspiració fabulosa. Estic flipant!!!
ResponderEliminarJo també crec que si no venen és perqué realment no tenim res interessant a ensenyar-los, i veient com està el món cada cop n'estic més convençuda, clar que aquests fantàstics platerets bé valen un viatge interespacial!
Un petó, preciosa i segueix imaginant!!!
Un petonas, guapa, gràcies per les teves paraules
EliminarQuerida Caty! Son totalmente tu estilo estos ravioli, la presentación no puede ser más bonita! Me imagino lo que ha disfrutado el pequeño con este plato. Besos
ResponderEliminar