Oggi farò una zuppa, forse toscana, con il suo pane ricco e un po’ di parmigiano. Sedetevi e godetevela con me, avete voglia?
Estábamos en un pequeño restaurante: yo en la entrada y él detrás de la barra. No había nadie más; era la hora de comer allí, aunque en mi país todavía no. Mi estómago protestaba y no me apetecía almorzar sola.
Un aroma delicioso me envolvió y me transportó sin darme cuenta: la calidez del lugar, el perfume que escapaba de los fogones y su presencia, que me dejó clavada en el umbral. Cuando escuché su voz, salí del trance y solo acerté a asentir. Me acerqué y tomé asiento a su lado. Sus manos pulcras se movieron con destreza y, como por arte de magia, sacó una cuchara.
—Adivina —me soltó.
No respondí; solo le sostuve la sonrisa.
No sabía qué esperar; mi mente estaba en blanco. Necesitaba algo distinto, estaba cansada de la rutina, y no me defraudó. Una copa de buen vino y aquella compañía superaban con creces cualquier expectativa.
Cuando posó el plato humeante frente a mí, se me iluminó la mirada y el corazón me dio un vuelco. Me acaricié las mejillas encendidas con la punta de los dedos mientras una oleada de felicidad me recorría entera.
Él se levantó, me miró un instante y se esfumó. Jamás volví a verlo ni a revivir la magia que embriagó mis sentidos aquel día. No puedo aseguraros que vayáis a sentir lo mismo, pero, si cerráis los ojos, vislumbraréis aquel pequeño rincón… y él os estará esperando.
El origen de esta receta se remonta a la Edad Media, época en la que los sirvientes feudales recogían las rebanadas de pan ácimo que los nobles utilizaban a modo de platos durante los banquetes. Esas sobras empapadas en los jugos de las carnes se cocían después con las verduras de la huerta para alimentar a las familias campesinas. Con el paso de los siglos, la preparación se consolidó como uno de los grandes estandartes de la cucina povera (la cocina humilde tradicional), una cultura gastronómica basada en el aprovechamiento absoluto de los recursos, en particular del pan duro.
La base de una auténtica ribollita exige tres ingredientes indispensables: el pan toscano rústico desmigado (elaborado tradicionalmente sin sal), las alubias blancas (generalmente de la variedad cannellini) y el cavolo nero (la col negra o col rizada toscana), una verdura invernal muy resistente a las heladas. Todo ello se estofa a fuego suave a partir de un sofrito clásico de cebolla, zanahoria y apio, junto a otras hortalizas de temporada.
Al reposar y hervirse por segunda vez al día siguiente con el pan integrado, la miga se deshace por completo, absorbe el caldo y transforma la sopa primitiva en un potaje denso, aterciopelado y casi cremoso. Lo que nació como una comida de subsistencia se sirve hoy con orgullo tanto en las mesas familiares como en afamadas trattorias, coronado siempre con un generoso hilo de aceite de oliva virgen extra toscano.
Guiso ribollita de la Toscana
- 4 cdas. aceite de oliva
- 80 g de cebolla picada
- 1 diente de ajo picado
- 250 g de alubias blancas cocidas
- 150 g de jamón serrano a taquitos
- 1 guindilla seca pequeña o 1/2 grande
- Tomillo y romero (fresco o seco)
- 100 g de zanahoria cortada a cuadrados
- 80 g de apio cortado a rodajas
- 100 g de puerro cortado aros
- 150 g de acelgas cortadas en tiras
- Sal y pimienta
- 2 l de agua
- 4 rebanadas tostadas de pan
- 50 g de parmesano recién rallado
Elaboración:
- Calienta el aceite en una olla, rehoga la cebolla y el ajo sin que lleguen a dorarse, y añade el puerro. Remueve bien para que se integren los sabores, incorpora la zanahoria y, seguidamente, el apio.
- Mezcla de nuevo y rehoga unos minutos.
- Añade el agua, remueve y espera a que hierva.
- Cuando rompa a hervir, incorpora la guindilla, el romero, el tomillo, pimienta negra y sal.
- Deja que continúe la cocción.
- Mientras tanto, tritura una parte de las alubias blancas y reserva.
- Pasados unos cinco minutos de hervor, añade las alubias enteras, la pasta de alubias que has triturado, el jamón y las acelgas.
- Mezcla todo con suavidad y deja hervir unos 20 minutos más.
- Sirve la sopa en un cuenco, coloca una rebanada de pan encima y espolvorea con parmesano rallado justo antes de llevarla a la mesa.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se tritura una porción de las alubias antes de sumarlas a la olla?
Es el recurso clásico de la cocina toscana para trabar el caldo sin recurrir a harinas ni espesantes artificiales. Al triturar una fracción de las legumbres cocidas y devolverla a la cazuela, su almidón se disuelve de forma homogénea durante los últimos 20 minutos de hervor, transformando un caldo ligero en una sopa densa, reconfortante y con cuerpo aterciopelado.
¿De dónde procede el nombre ribollita y cuál es su origen histórico?
Ribollita significa literalmente «rehervida» en italiano. Nació como un plato humilde de origen campesino (cucina povera) en el que las familias reutilizaban la sopa de verduras y alubias sobrante del día anterior. Al recalentarla o hervirla de nuevo al día siguiente junto con trozos de pan toscano duro y rancio (pane sciocco), el pan absorbía el caldo espeso, logrando un guiso aún más sabroso y contundente sin desperdiciar comida.
¿Por qué en la tradición italiana se sirve con pan duro y col negra (cavolo nero)?
El pilar vegetal canónico de la receta toscana es el cavolo nero (col negra o col rizada toscana), de hoja oscura, firme y ligeramente amarga; las acelgas de esta receta son el sustituto doméstico perfecto cuando no está de temporada. Tradicionalmente, además, el pan no se tuesta solo para colocarlo encima, sino que se alternan capas de pan blanco sin sal del día anterior y sopa en la cazuela, dejándolo reposar para que las rebanadas se empapen por completo y el guiso adquiera consistencia casi de pudin rústico.
Catypol
18.4.12







