Albóndigas de pan
Él le decía que, por las mañanas, cuando preparaba el café, el aroma llegaba hasta su casa. No sabía si era cosa del viento o de su imaginación, pero cada vez que lo percibía sonreía, porque era su manera particular de saber que ella ya estaba despierta y dando guerra por la cocina. Ella se reía cuando él se lo contaba. Decía que exageraba, que ningún café tenía tanto alcance, pero, aun así, se le coloreaban las mejillas y bajaba un poco la mirada, como si no supiera muy bien qué responder.
A él le parecía una escena estupenda. Todavía conservaba algo de galán, aunque la enfermedad hubiera decidido instalarse en su cuerpo sin pedir permiso. Seguía disfrutando de esas pequeñas cosas que otros pasan por alto: el olor del café, una conversación desde la acera o el verla llegar a casa con una bolsa de la compra demasiado llena para alguien que aseguraba que solo iba a comprar pan.
Al mediodía, cuando sabía que la cocina de ella estaría en plena actividad, se la imaginaba con el delantal puesto, las mangas remangadas y una cuchara de madera en la mano. Se la imaginaba boleando albóndigas de pan mientras canturreaba una canción antigua, desafinando algunas notas y acertando otras por pura casualidad. También la imaginaba discutiendo con la receta, añadiendo ingredientes «a ojo» y diciendo que las cantidades exactas estaban muy bien para los libros, pero no para la vida real.
Entonces él cerraba los ojos y se veía sentado en una silla de la cocina, observando el trajín. La imaginaba dándole instrucciones que nadie le había pedido, corrigiendo el tamaño de las albóndigas y robando alguna antes de tiempo para comprobar si estaban buenas. Ella, por supuesto, fingiría enfadarse y le diría que así no había quien terminara la comida.
Le gustaba pensar en todo aquello. Le gustaba imaginar el ruido de los cacharros, el olor del caldo, las conversaciones sin importancia y las bromas repetidas cien veces. Le gustaba imaginar que estaba allí, compartiendo una mañana cualquiera, porque las mañanas corrientes suelen ser las mejores cuando se echan de menos.
Y aunque solo fuera en su cabeza, aunque solo existiera en esos momentos tranquilos entre recuerdo e imaginación, ella seguía estando cerca. Apenas a un par de casas de la suya.
Hace una semana me escribió Inés. Tiene un blog de cocina de mercado y, a través de un compañero de trabajo, conoció una historia. Es la historia de Jontxu, un niño de 8 años con una enfermedad poco común: leucodistrofia.
Su familia creó el proyecto «The Walk On Project» y ella, para aportar su pequeño granito de arena, me sugirió participar con una receta por una buena causa. Una receta sencilla que nos arrancara una sonrisa, que nos llevara a nuestra niñez, sin ingredientes de lujo, para publicarla en el blog el día 29 de febrero, una fecha que solo tenemos cada cuatro años, un día especial para una receta especial, para un niño especial.
Y yo participo con una receta fácil, sencilla y familiar; una receta que mi madre nos hacía cuando éramos pequeños y que siempre nos ha gustado mucho.
Esta receta es la única herencia que conservo de mi abuela paterna, una gran mujer conquense a la que no llegué a conocer, pero de la que mis hermanos hablan maravillas. Era una mujer ciega que atendía a su marido y a sus dos hijos. Mi madre aprendió a preparar estas albóndigas de pan siguiendo la receta de mi abuela, y ella me la enseñó a mí. Espero que te guste esta pequeña aportación.
Nota: por lo visto, a estas albóndigas se las conoce como «huevos tontos», una receta básica del recetario español. Sin embargo, en casa siempre fueron albóndigas de pan. ¡Ah!, y en Extremadura las llaman repápalos.
Albóndigas de pan de mi abuela
Ingredientes
- 100 g de pan de payés que tenga dos días (que esté duro)
- 3 cdas. de agua
- 2 huevos
- 3 ajos picados
- 1 cda. de perejil picado
- Sal
- Aceite para freír
- Quita la corteza del pan y desmenuza la miga.
- Mézclala con el agua, los huevos, el ajo picado y el perejil, y mezcla bien.
- Salpimienta al gusto.
- Forma bolitas con dos cucharas y fríelas en aceite caliente hasta que estén doradas.
- Puedes servirlas con salsa de tomate o añadirlas a guisos.
Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.













Me ha encantado la iniciativa, que duro debe de ser lidiar diariamente con enfermedades como esa, gracias por informar sobre la iniciativa y gracias también por compartir esta receta tan de siempre y a la vez tan rica
ResponderEliminarBESOS!
http://hoysonrioalespejo.blogspot.com/
Un post sensacional, y una iniciativa genial!!!!!además una receta sencilla, de siempre y seguro que deliciosa!!!!!besos
ResponderEliminarMe parece muy bonito el post de hoy :) tienen una pinta..... Estas son las mejores recetas. Un beso Caty :)
ResponderEliminarCaty me has emocionado. Millones de gracias por participar y no tengo palabras porque además lo has hecho con una receta de herencia familiar.
ResponderEliminarUn abrazo inmenso
Inés
Siempre es un placer participar cuando me piden ayuda, y la ocasión lo requiere.
EliminarGracias guapa
Me ha encantado Caty, tal y como tu eres :) y tu receta tambien, que mejor regalo que la herencia familiar, no la material sino la que se atesora con amor.
ResponderEliminarUn besote
Mi Caty!!!, que linda entrada..no solo es un homenaje a un pequeño niño, homenaje para que se recuerde que existen enfermedades en las que nadie piensa y esas personas cuentan...es un lindo homenaje a tu abuela ..que viendo como es la nieta, seguro que fue una mujer estupenda!
ResponderEliminarYa sabes lo mucho que te quiero..así que si te digo que tus albóndigas son maravillosas puede sonar a que lo dogo precisamente por eso...pero no!!!!, me encantan estas albóndigas......y me encantas tu!!!!!
cariños mi linda amiga!!!!
Hola mi reina! Estas albóndigas de pan, todo un descubrimiento para mi, pero me imagino lo buenas que están! Y sobre todo si las servimos sazonadas con una entrada tan re-bonitísima, para apoyar una iniciativa tan noble. Gracias por compartirla con nosotros!
ResponderEliminarUn beso grandote mi niña!!!
Una iniciativa preciosa para que reflexionemos sobre el sufrimiento de otras personas. Y unas albóndigas caseras y hechas con el amor de eso, de casa. Besos.
ResponderEliminarUna iniciativa genial! un besitoo
ResponderEliminarUna receta especial para un día especial, si señor. Todo mi apoyo! Yo esta semana también estoy colaborando con una receta para divulgar las enfermedades raras. Ya me he unido al grupo de WOP en fb para apoyarlos también. Un abrazo.
ResponderEliminarUn post magnifico. La receta te la copio voy a disfrutar haciendola.
ResponderEliminarUn beso
Precioso post y una iniciativa increíble. Gracias por compartirlo.
ResponderEliminarUn abrazo!
Olga
Hola Preciosa¡
ResponderEliminarTengo mi entrada preparada para el 29, con un pastel que mi hermana Rosi me reclama y reclama, pero como tus albóndigas ninguna¡¡ Una entrada bien bonita y un plato bien lleno de carió.
Un besazo guapísima, Teresa
Preciosa entrada, Caty. Un plato sencillo, pero absolutamente precioso. Un beso.
ResponderEliminarEspero que tan buena iniciativa dé sus frutos. Es una receta bien maja!
ResponderEliminarCaty, después de tanto tiempo sin pasar me encuentro con esta entrada tan bonita. En una iniciativa preciosa, y la receta genial.
ResponderEliminarUn beso fuerte
Qué ideal con una salsa de tomate un poco picante... o incluso con una salsa tártara, un ali oli... uf... que me imagino de todo!! :)
ResponderEliminarEs tremendo y desesperante imagino cuando te toca algo así.
ResponderEliminarFíjate que sin saber nada hoy yo también puse una comida de hoy pero con recuerdos de ayer, cuando era pequeña.
Tus albóndigas muy muy ricas, otra nueva idea para tomarlas.
Besazos.
Seguro que a Jontxu le encantarán estas deliciosas croquetas de pan Caty!! no hay como las recetas de madres y abuelas, son todo un tesoro, como el corazón que tú tienes amiga!!! eres impresionante!!!
ResponderEliminarbesiños salseros mi Caty!
Tito
Una iniciativa maravillosa, al igual que estas albóndigas, fáciles y llenas de amor y sabor a casa. Besotes
ResponderEliminarPues nunca he comido albóndigas de pan, qué idea más buena! A los peques seguro que les encanta. Qué bueno que hayas compartido una receta de tu abuela, ése tipo de recetas son las que se atesoran con más cariño.... Muy lindo tu aporte, Caty!
ResponderEliminarUn besito.
Que rica tiene que estar, bonita la iniciativa para enseñárnosla.
ResponderEliminarUn beso.
¡Bonita iniciativa!
ResponderEliminarQue ricas estas albóndigas, no las conocía y se ven de lo más apetitosas y mucho mejor para una iniciativa tan buena como esta.
ResponderEliminarBesotes
Jooo! si me hubiese enterado antes :((
EliminarHi Caty!
ResponderEliminarUna iniciativa preciosa, todo es poco para problemas tan grandes, tu receta seguro que sabe a gloria!!
Bye-besos.
que buenisima idea las albondigas de pan, me llevo tu receta!
ResponderEliminarUn saludo
Que receta más original , me encanta!!!
ResponderEliminarBesos :)
Hola! Me ha encantado tu blog, que buenas tus recetas. He descubierto esta página www.cazarecetas.com, donde puedes publicar tus recetas, promocionar tu blog y se dan premios a quien más recetas tenga. Echale un ojo por si te interesa.
ResponderEliminarUn saludo.
Me encantan la iniciativa y la receta de la abuela. Besos
ResponderEliminarTienen un aspecto estupendo. Tomo nota.
ResponderEliminarBss
La cocina de Mar
http://la-cocina-de-mar.blogspot.com
Pues seguro que estas albóndigas herencia de tu abu son una maravilla !!!
ResponderEliminarBesotes
Y felicidades por esta iniciativa tan bonita
RIIIIIIIcas!!!! albóndigas... a que niño no le gustán las albondigas... eh!!! a ninguno... y a los nuestros los Jontxus seguro que más que más... gracias por enviar el mail, gracias por avisarnos porque queriamos estar aquí... de todos modos mañana vuelvo por aqui no? ;-)
ResponderEliminarNi qué decir tiene que ésta es una maravillosa iniciativa. Que hay que dar toda la publicidad posible a la pelea contínua de estos incansables luchadores por la vida.
ResponderEliminarMe gustan mucho tus albóndigas, cuya historia has compartido con nosotros, la historia de otra luchadora.
Yo he aprendido a hacer estas albóndigas de parte de mi suegra y ella las pone cuando hace potaje. Qué te voy a decir de lo ricas que están en el potaje...
Un beso
Caty son geniales :) y la historia más!muaaaaaks
ResponderEliminarLa iniciativa es tan bonita que ponen sonrisas en la cara en días dificiles. Las albóndigas para mi son manjar Caty, pero te prometo que estas de tu madre no las había visto nunca!! Me han vuelto loquita, seguro que me las preparo este fin de semana!
ResponderEliminarMuchos besos.
¿Y a quien no le iba a gustar esta delicia de albóndigas?
ResponderEliminarUna rica aportación, para una bonita iniciativa. Gracias a la cual te he conocido.
Un saludo.
Preciosa iniciativa, sí señor. Las albóndigas de tu iaia divinas, qué ricas! Beso Caty, guapa
ResponderEliminarDeliciosas!
ResponderEliminarEl motivo de la receta me pareció precioso, pero me ha hecho mucha gracia la receta en sí. En casa la comemos desde pequeños, por lo visto la hacía la madre de mi madre, vamos mi abuela materna a la que no conocí. Y siempre las hemos llamado: tortillas de abuelita.
ResponderEliminarPor cierto,te he visto un comentario en otro blog, ya sé que no es el sitio pero te contesto aquí, la lata de leche condensada se cuece cerrada.
Besotes.
Gracias guapa!
EliminarCaty,
ResponderEliminarmenudas albóndigas! Me encantan las recetas que sirven para reciclar. Me la guardo para cuando tenga pan seco.
Un petó
Blanca
http://acalablanca.blogspot.com.es/
Se ven muy ricas, fáciles de hacer y bien sanas. Gracias por compartir esta receta familiar.
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