Trempó mallorquín
Era tan alto como un campanario, tenía una barba áspera hecha de raíces y un único ojo amarillo como la luna llena. Cuando caminaba, la tierra temblaba bajo sus pies. Le llamaban Bategot porque, cuando caminaba por encima de las rocas, la tierra hacía bategot, bategot, como si tuviera un corazón demasiado grande para caber dentro del mundo.
Bategot era fuerte, orgulloso y malhumorado. Creía que la montaña, el mar y el viento le pertenecían. Si alguien le llevaba la contraria, bramaba tan fuerte que las ventanas del pueblo se estremecían. Por eso, todos le temían.
Todos menos Margalida, una muchacha pequeña como una almendra y astuta como una zorra, que había aprendido de su abuela que hasta el gigante más grande tenía un punto débil.
Una tarde de septiembre, Margalida encontró a Bategot sentado junto a su cueva, llorando como un niño.
—¿Qué os pasa, señor gigante? —preguntó.
—¡Todo lo que como es amargo! ¡Los higos, el pan, la miel! ¡Voy a morir de hambre!
Margalida probó uno de los higos de su cesta.
—A mí me parece dulce. Quizá el problema no esté en la comida, sino en vos.
El gigante se enfureció, pero la muchacha no huyó.
—Mañana bajaréis al pueblo y pediréis comida sin obligar a nadie. Ya veréis qué sucede.
Al día siguiente, Bategot descendió de la montaña con un saco vacío. Al principio, exigía comida a gritos, hasta que una anciana le enseñó a pedirla por favor. Le dieron pan moreno, trempó, naranjas y queso. Y, para su sorpresa, todo le supo delicioso.
Pero Margalida aún tenía una última lección para él:
—Si sois tan fuerte, ¿por qué no ayudáis a quienes lo necesitan?
El gigante descubrió que las lluvias habían destrozado los caminos por donde los campesinos transportaban sus cosechas. Durante tres días, retiró piedras, apartó troncos y abrió paso entre las rocas.
Cuando terminó, los habitantes del pueblo le llevaron pan, trempó, higos y una jarra de miel como agradecimiento.
Aquella vez, Bategot no tuvo que esforzarse para sonreír.
Desde entonces, dejó de asustar a la gente. Y cuentan los más viejos de Mallorca que, cuando la Tramuntana sopla entre las rocas, todavía se escucha una voz profunda que susurra:
«¡Qué dulce es el mundo cuando no crees que te pertenece todo!».
Porque Bategot aprendió que hay hambres que no se sacian comiendo, sino compartiendo.
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| Producto local - Pimiento verde mallorquín |
El trempó mallorquín es la ensalada veraniega más emblemática de Mallorca. Su base fundamental e innegociable se compone de tres únicas hortalizas: tomate, cebolla y el auténtico pimiento verde mallorquín (variedad local de tono claro, terso y carnoso).
Todo ello se adereza de forma tradicional únicamente con sal y un buen aceite de oliva o aceite de oliva virgen extra —según los gustos—. No obstante, en torno al aliño existe el debate de siempre: hay quienes disfrutan añadiéndole un toque de vinagre, mientras que a otros les resulta más que suficiente con la propia y refrescante acidez natural del tomate. Como suele decirse, para gustos los colores.
A partir de esta estructura sagrada, cada casa y cada persona le añade lo que le apetece: desde unas aceitunas o unos garbanzos hasta pescados en salazón. Además, esta misma mezcla es el alma y la base de la célebre coca de trempó.
Con la llegada del invierno, como el genuino pimiento verde mallorquín es una verdura estrictamente estacional y estival, se suele sustituir por el pimiento italiano (aunque, por qué no decirlo, hay quienes lo emplean durante todo el año debido a que resulta más económico y fácil de encontrar).
En catalán balear, el verbo trempar significa «aliñar», «aderezar» o «vestir» las verduras con aceite, sal y vinagre (o en este caso, con la propia acidez del tomate). De ahí que el nombre del plato no haga referencia directa a las hortalizas que lo componen, sino al acto crucial de aliñarlas adecuadamente para integrar sus jugos.
Los ingredientes (tomate, pimiento verde mallorquín y cebolla) no se cortan en rodajas ni en trozos grandes, sino en dados pequeños y homogéneos. El secreto tradicional consiste en trocear las verduras, aderezarlas y dejarlas reposar unos minutos antes de servir para que la sal y el aceite extraigan la marea o «juguillo» natural del tomate, creando un caldillo donde empapar el pan.
Si creciste en Mallorca, seguro que te acuerdas de las pulguitas de trempó envueltas en las míticas servilletas de papel en zig-zag (esas que limpiaban más bien poco). Supongo que, como no se manchaban, dejaban una presentación limpia y bonita. Yo las recuerdo en las mesas de celebraciones, y es en celebraciones donde yo también las preparo; siempre hay alguien que me felicita por recordarlas. Y tú, ¿las recuerdas?
Trempó mallorquín
El trempó no entiende de pesos exactos ni de básculas de precisión: se mide a ojo, ya que el tamaño de las hortalizas condiciona el resultado.
Ingredientes (para 4 personas):
3 pimientos verdes mallorquines (de carne clara) medianos o grandes
1 cebolla blanca dulce grande (o dos pequeñas)
2 tomates maduros grandes, carnosos y jugosos.
Un buen aceite de oliva o aceite de oliva virgen extra (al gusto).
Sal al gusto.
Elaboración:
Corta las hortalizas: Pica los pimientos, la cebolla y los tomates en dados pequeños y homogéneos.
Mezcla las verduras: Coloca todas las hortalizas troceadas en un cuenco amplio y remueve suavemente para integrar los colores.
Aliña el conjunto: Sazona con sal al gusto y riega generosamente con el aceite de oliva.
Corta las hortalizas: Pica los pimientos, la cebolla y los tomates en dados pequeños y homogéneos.
Mezcla las verduras: Coloca todas las hortalizas troceadas en un cuenco amplio y remueve suavemente para integrar los colores.
Aliña el conjunto: Sazona con sal al gusto y riega generosamente con el aceite de oliva.
Deja reposar: Permite que la preparación descanse unos minutos antes de servir para que la sal extraiga el jugo natural del tomate y este se amalgame con el aceite.
Notas:
Si lo deseas, puedes enriquecer el trempó añadiendo garbanzos cocidos, bonito desmigado, sardinas en lata o aceitunas mallorquinas; o bien, como en esta ocasión, utilizarlo para rellenar tiernas pulguitas de pan.
Si lo deseas, puedes enriquecer el trempó añadiendo garbanzos cocidos, bonito desmigado, sardinas en lata o aceitunas mallorquinas; o bien, como en esta ocasión, utilizarlo para rellenar tiernas pulguitas de pan.
Preguntas frecuentes (FAQ):
¿Por qué es tan importante usar el pimiento verde mallorquín y cuál es su sustituto en invierno?
El pimiento verde mallorquín es una variedad autóctona estival de tono verde claro (casi blanco), carne fina y tersa, y un sabor muy suave sin amargor. En invierno, al ser un producto de temporada, el sustituto tradicional y más común es el pimiento italiano, aunque hay quienes emplean este último todo el año por ser más económico.
¿Es necesario añadir vinagre al aliño del trempó?
No es obligatorio y depende del gusto de cada cual. En la tradición mallorquina existe una arraigada división: mientras algunos disfrutan del toque punzante del vinagre, muchos prefieren prescindir de él, pues consideran que la acidez natural del tomate maduro combinada con un buen aceite de oliva y sal es más que suficiente.














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