Espinagada
Valldemossa, 14 de agosto de 1911, calle Chopin n.º 4. En esa calle nace Jaime Mas Estrades, en el seno de una familia humilde con huerto propio, en tiempos de escasez y necesidad. Tuvo que espabilarse pronto y, como muchos niños de la época, dejó la escuela a una edad temprana. Cinco hijos eran muchas bocas que alimentar y se necesitaban manos en la tierra para sacar adelante la cosecha: almendros, avellanos, olivos y alguna encina; cultivaban trigo, verduras y legumbres, y criaban cerdos y gallinas.
—Tenim llom de porc negre! —pregonaba uno en el mercado.
—Verdura, verdura per fer espinagada! —cantaba otro.
Era la jerga del bullicioso mercado de la capital. Allí llevaban lo que producía la familia y compraban lo estrictamente imprescindible, además de un poco de tabaco que luego él liaba en cigarrillos finos para que le duraran unos días más.
El molinero les molía el trigo y, con la harina, podían hacer pan para racionarlo día a día, pues hasta la siguiente cosecha no habría más. Con la aceituna de destrío elaboraban aceite y, con la de mejor calidad, conservas en salmuera. La matanza del cerdo era el pilar de la alimentación familiar, pero aun así había noches en las que la necesidad apretaba. La caza y las fiestas del pueblo eran la única evasión de la que disfrutaban.
Lejana quedaba la aventura que vivieron él y Sebastián, su amigo entrañable: aquella en la que, sin permiso de nadie, se hicieron a la mar con los pescadores. Su huerto lindaba con el Mediterráneo y los marineros pasaban por allí camino de la playa donde varaban sus botes. A veces había trueque —sobre todo cuando apetecía comer pescado— y les guardaban en el cobertizo del huerto los aperos y artes de pesca.
Esa aventura no la olvidaron jamás. Fue la experiencia de sus vidas, según recordaba Jaime a sus 75 años, aunque les costara una buena reprimenda de sus padres y jornadas de trabajo extra en el huerto. Aquella jornada la pesca fue soberbia, abundante: las barcas regresaron rebosantes a la orilla.
Montevideo, 14 de febrero de 1928. Con tan solo 16 años llega Jaime Mas Estrades a Uruguay, aferrado a una maleta de cartón, recién desembarcado del buque que lo trasladó de Mallorca a Barcelona y, desde allí, a su nueva patria. En tercera clase, por supuesto; ya se sabe: agua tibia y rancho escaso. Pero tuvo fortuna: una pareja catalana de primera clase que viajaba hacia Argentina lo cobijó y lo alimentó durante el trayecto. Siempre lamentó haber perdido su dirección; estén donde estén, gracias.
Los tres varones de la familia emprendieron el viaje hacia el Nuevo Mundo para enviar sustento a los que quedaron en Valldemossa. Al llegar, contaron con la protección de don Vicente Colom, amigo de la familia: un hombre bajito, calvo, de hablar pausado y nobleza infinita, que regentaba una panadería convertida en el primer refugio para los paisanos que emigraban de Valldemossa a Montevideo.
Jaime echó raíces y formó su propia familia en Montevideo. Es en la madurez cuando la memoria rescata el pasado y se añoran aquellas vivencias y rostros que quedaron al otro lado del océano en el instante en que se «cruzó el charco». Allí probó a elaborar sobrasada artesanal; él y su familia se sentían profundamente orgullosos del resultado. Aún hoy la siguen preparando, ya no solo por mantener el vínculo con una tierra distante, sino por veneración y amor a una familia, a un padre, a unos abuelos y a una historia que floreció lejos de su origen.
Noventa y cinco años después de su nacimiento, su jornada en la tierra llegó a su fin. Quizá volvió a cruzar el mar; quizá quiso emprender su última travesía pescando en la playita junto al huerto; quizá aquel día los pescadores regresaron con las barcas colmadas y él celebró la hazaña a su lado.
Quiero recalcar aquí que muchas otras personas también me transmiten lo mucho que les gustan mis historias, y no quiero dejarlas atrás, pues son igualmente fieles seguidoras de ellas. Gracias a todas.
Unir la gastronomía de Mallorca y la de Uruguay no es fácil, pero como país que recibió a tantos españoles en su momento, imagino que algo de parecido tendremos, ¿no crees? Agradecida por la carta que recibí de ti, Jaime, contándome la historia familiar de tu padre, decidí que la receta de unión entre nosotros sería la espinagada —con cerdo, por supuesto, que para las matances es fundamental— y con verduras; quizás no las mismas que cultivabais en vuestro huerto familiar de Sa Sini, pero perfectamente podrían serlo. Además, en Mallorca ahora es justo la época de comerla.
Vosotros tenéis vuestra propia empanada; aunque son diferentes, ambas quizás deriven de la misma raíz. Espero que te guste, pues la historia de este post ya la conoces: es la de tu padre y también la he escrito desde el corazón.
Espinagada mallorquina de lomo con col
- Disuelve la levadura con el agua y mezcla con los demás ingredientes hasta formar una masa de la misma consistencia que el pan.
- Déjala tapada reposando durante 1 hora.
- Mientras prepara el relleno.
- Corta el lomo en dados pequeños.
- Limpia y corta la verdura en brunoise.
- Ponla en un bol y condiméntala.
- Precalienta el horno a 175 ºC
- Pon papel de hornear sobre la mesa y separa en dos la masa (o en tres o no separar, depende del tamaño que quiera cada uno).
- Aplana la masa en forma de círculo.
- Forma un rectángulo con el relleno en el centro del círculo y cierra la empanada o bien con repulgue o bien juntando la masa como si fuera un sobre.
- Cuece al horno durante 1 hora.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Cuál es el origen de la espinagada y por qué se asocia a las fiestas de San Antonio?
La espinagada es una de las empanadas más singulares y emblemáticas de la repostería salada mallorquina, originaria concretamente de la zona de Sa Pobla. Tradicionalmente se elabora para las fiestas de Sant Antoni (16 y 17 de enero). Originalmente se rellenaba con anguilas de la Albufera de Mallorca y espinacas (de ahí su nombre), aunque la variante de lomo de cerdo con col borretxona se convirtió en una de las favoritas tras las matanzas de invierno.
¿Qué aporta la col borretxona mallorquina frente a otras variedades de col?
La col borretxona (col rizada de hoja oscura autóctona de las islas) es más tierna, jugosa y aromática que las coles de hoja lisa. Al picarse fina y adobarse cruda antes del horneado, se cocina en sus propios jugos dentro del envoltorio de masa sin aportar exceso de agua.
¿Se puede congelar la espinagada ya horneada?
Sí, una vez horneada y completamente fría a temperatura ambiente, se puede envolver herméticamente en film transparente y congelar. Para consumirla, basta con descongelarla a temperatura ambiente y darle un golpe de horno a 180 °C durante 10 minutos para devolverle la textura crujiente a la masa.
(Carta de Jaime Mas de su padre)














¡Qué historia tan bonita!.y que recetón....fusión de países que me gusta..y yo he estado en Valldemossa...embarazada de mi hija Maialen que tiene ya....la friolera de 30 años....terrible.....hace 30 años estuve en Mallorca, creo que es hora de volver...jaja....
ResponderEliminarUn beso guapa
Marialuisa
Pues ya es hora de remediarlo, no crees? jajajajaja ;)
EliminarBesos
Yo AMO esas historias también! ésta me hizo que mis ojos se llenaran de océano... Las historias y la comida para mi son inseparables. Todo empezó cuando mi madre me contó miles para que comiera... Gracias Caty! besos miles!
ResponderEliminaroh! qué bonito!!!! ya me gustaría escucharlas ❤ Besos bella
EliminarEs que tus historias son una maravilla, y hacen de tu blog un rincón tan, tan especial, el acompañamiento perfecto de tus ricas recetas :). Me encanta empezar la semana leyéndote! Qué bonito homenaje has hecho a Jaime y a las dos tierras, además que tiene un pintón estupendo. Las empanadas y masas saladas de este estilo me gustan mucho y me recuerdan también a mi familia, que atesora sus propias recetas (como todas, verdad?).
ResponderEliminarUn abrazo
Gracias guapa, me consta que mis historias te gustan, un beso grande
EliminarHola guapísima !!!
ResponderEliminarYo también te recalco que tus historias son magníficas y enganchan más que los buenos bombones. Hoy la he disfrutado de una forma especial, y sin querer que terminase . . . me ha sabido a poco y has contado mucho, mucho.
La receta no la conocía, y es que me doy cuenta de la cantidad de platos de tu tierra que son maravillosos pero desconocidos para mí.
Gracias por estos momentos tan bonitos leídos y por estas recetas para rechupetearse hasta la última miga que caiga.
Besotes mi niña, feliz semaana.
Gracias a ti por tus lindas palabras, un beso grande
EliminarSeguro que está en el mar. Seguro, donde va a ir si no...
ResponderEliminar:)
Yo también lo creo ❤
EliminarUMMMMMMMMMM que bueno¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
ResponderEliminarJajajaja, me alegra que te guste :D
EliminarFantástica tu manera de contar la historia y fantástica la receta!!! Preciosa. Besitos, guapa!
ResponderEliminarGracias mi niña!!!
EliminarEntrar en tu pista, siempre es un espectáculo y no me extraña que le guste a tanta gente sea de donde sea, aunque sé por lo poco que te conozco que estos detalles, son los que le llenan a una de orgullo bien entendido.
ResponderEliminarUn trabajo bien hecho, siempre recibe sus frutos y aunque no soy nadie para decirlo, el cariño también se perciben en cada receta además de lo sabrosa que debe estar.
Un besote preciosa
Gracias mi linda Merche!!! un beso grande
EliminarESOOOOOO me encanta la espinagada , aqui no la fan pero jo solec fer-ne de tant en tant ara menys pero m'encanta . besades
ResponderEliminarLe deseo muy buen viaje porque si de algo estoy segura, es que un aventurero jamás renuncia al camino... o al mar. Precioso homenaje y receta que me llama a gritos. Un besazo
ResponderEliminarYo soy de las que disfruta de tus historias tanto como de las recetas.
ResponderEliminarEl hecho de que se desarrollen en Mallorca, tierra que acogió a la familia de mi madre después de la guerra y de haber ido a visitar a mis abuelos varias veces cuando aún vivían, me hacen idealizar aquella tierra que siempre me evoca olor a pinares húmedos aunque ahora ya no haya tantos, como me cuenta mi primo Pedro cuando se lo digo ;-) Tengo pendiente volver, lo voy dejando pero quiero ir pronto con Javier que sólo ha estado en la capital durante el viaje de fin de bachillerato.
La empanada (fíjate que pensé que sería de espinacas por el nombre) tiene pintaza. Ummmm <3
Bonita historia, estupenda receta. Sigue uniendo historias y recetas porque siempre son perfectas.
ResponderEliminarBesotes,
Qué ganas tengo de probarlas, me encantan seguro, bsss
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