Risotto con pak choi
Normalmente respetábamos nuestro espacio —cada cual el suyo, vaya—, pero todas estaban al tanto de mis sentimientos por ella, y en cuanto asomaba el tema no perdían ocasión de tomarme el pelo:
—¡Ay, mi Claudia del alma! ¿Me das la mano? ¿Vamos a pasear? ¿Quieres ser mi novia? —¡ja, ja, ja!
Me echaba a temblar con solo imaginar el momento de presentárselas. Pánico me daban. Mamá me soltó un día:
—Cariño, no te haces una idea de la suerte que tienes con tus hermanas. Si yo algún día faltara, velarían por ti como si fuera yo misma.
«Sí, claro —pensaba para mis adentros—, eso es lo que tú te crees. Esta tarde me van a hacer la pascua todo lo que puedan y más».
¡Ay, qué cansinas!
Cuando Claudia llamó a la puerta, ellas todavía no habían vuelto. Así que, casi dando brincos de puro alivio, la invité a pasar. Era tan bonita… Se me salía el corazón del pecho cada vez que me dedicaba una sonrisa. Venía con la lección impecable: había repasado el tema a fondo y se lo sabía mil veces mejor que yo. Tuvo que aclararme más de una duda, pero yo era feliz con solo escuchar su voz.
Hasta que entraron en tromba. Siempre se sabe cuándo llegan juntas: el recibidor se transforma en una verbena y el eco de sus voces sacude toda la casa.
¡Ay, Señor, qué cansinas!
El cruce fue inevitable. Me dije: «Adiós, amore».
Pero Claudia encajó el golpe con una soltura pasmosa. Las saludó con la misma efusividad —debe de ser complicidad femenina— e incluso les rio las gracias, aunque a mí no me hicieran ninguna. Debieron de verme la cara de cordero a punto de entrar al matadero, porque levantaron el campamento enseguida y me dejaron respirar aliviado.
Al final, el ogro no era tan fiero como lo pintaban… Así que bajé la guardia y se me ocurrió proponer una tregua en la cocina para merendar y despejarnos un rato.
¡Ja! Craso error.
¿Tienes hermanas? ¿Una chica especial con la que estás a punto de dar el paso? Nunca las sientes en la misma mesa. ¿Sabes en qué acaba la jugada? En un frente común: parlotear sin tregua, reírse a coro, aliarse para dejarte en evidencia… y terminar cocinando juntas el mejor risotto que te puedas echar a la boca.
El punto de partida se sitúa en la Baja Edad Media, hacia el siglo XIV, cuando las rutas comerciales venecianas y los lazos con la Corona de Aragón asentaron el cultivo del arroz en la península itálica. Las llanuras inundables de la cuenca del río Po, repartidas entre Lombardía, Piamonte y el Véneto, ofrecían las condiciones hidrológicas idóneas para su implantación. A lo largo de los siglos XV y XVI, casas gobernantes como los Sforza en Milán impulsaron su siembra a gran escala, transformando un producto reservado antaño a boticas y despensas nobles en pilar de subsistencia y motor económico regional.
La génesis del risotto como método singular —añadir caldo hirviendo de manera paulatina mientras se remueve sin descanso— cristalizó en Milán. La crónica popular sitúa el origen de su receta más icónica, el risotto alla milanese, en 1574, en plenas obras del Duomo. Cuenta la leyenda que un joven aprendiz de vidriero apodado Zafferano, habituado a teñir las vidrieras de la catedral con azafrán, vertió una pizca de esta especia en el arroz del banquete nupcial de la hija de su maestro. El intenso tono dorado, semejante al oro puro, cautivó a los convidados y no tardó en ser adoptado por la nobleza de la ciudad.
Lejos del mito, el primer registro que describe el procedimiento contemporáneo data de 1809, recogido en el recetario Il cuoco moderno. Años después, en 1853, el cocinero piamontés Giovanni Vialardi sistematizó la técnica en su Trattato di cucina, documentando por vez primera el paso culminante de la mantecatura: emulsionar el arroz fuera del fuego con dados de mantequilla helada y queso Parmigiano Reggiano recién rallado para ligar el almidón y lograr ese vaivén ondulante y cremoso conocido como all'onda.
En pleno siglo XX, la selección de variedades de grano medio y alto contenido en amilosa, como el Carnaroli, el Arborio o el Vialone Nano, consagró la preparación en los altares de la alta cocina. Esta arquitectura del grano garantiza la textura perfecta: un corazón firme al diente (al dente) envuelto en una crema sedosa natural, sin trampa ni cartón y lejos de cualquier añadido de nata. En la actualidad, el risotto es una lección de paciencia y precisión química donde el tiempo, el calor y el almidón se alían para honrar la despensa italiana.
Actualizada 2026.
Risotto de coliflor y pak choi
Ingredientes para 4:
- 2 l de caldo de verduras
- 1 coliflor pequeña
- Agua para hervir la coliflor
- 2 cdas. de mantequilla
- 140 g de cebolla
- 300 g de arroz arborio
- 180 ml de vino blanco seco
- 170 g de queso parmesano y más cantidad para servir
- 1 pak choi
- Sal y pimienta negra molida, al gusto
- Corta la coliflor en floretes y hierve en abundante agua durante 3 minutos.
- Escurre y reserva.
- Lava el pak choi y corta en tiras finas.
- Reserva.
- Pela y pica finamente la cebolla en brunoise.
- Pon el caldo de verduras a calentar en una olla, debe estar hirviendo en el momento de añadirlo al arroz, ya que esto es clave para un risotto cremoso.
- En una cacerola grande, derrite la mantequilla a fuego bajo y rehoga la cebolla hasta que esté transparente.
- Añade el arroz y remueve para que se impregne bien de la grasa.
- Sube el fuego, vierte el vino blanco y remueve hasta que se haya evaporado el alcohol.
- A partir de aquí, añade el caldo hirviendo de un cazo en un cazo, removiendo constantemente.
- Espera a que el arroz absorba casi por completo el líquido antes de añadir el siguiente cazo.
- Repite este proceso durante unos 20–25 minutos, hasta que el arroz esté tierno pero al dente.
- Es posible que no necesites todo el caldo.
- Cuando el arroz esté en su punto, añade rápidamente el queso Parmesano.
- Remueve bien y baja el fuego al mínimo.
- Prueba y ajusta de sal y pimienta al gusto —recuerda que el queso ya aporta salinidad.
- Incorpora el pak choi y remueve suavemente.
- Por último, añade la coliflor reservada, mezcla con cuidado para no romper los floretes, y sirve el risotto bien caliente.
- Si te gusta, añade más Parmesano por encima antes de llevar a la mesa.
- Usé una coliflor naranja pero igual sirve una blanca.
- En lugar de pak choi, también puedes emplear acelga o espinaca.
- El pak choi no necesita una cocción larga; bastará con añadirlo en el último momento.
- Si no te agrada el tallo, puedes retirarlo al cortarlo, o bien picarlo muy fino, como si fuera cebolla.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el caldo debe mantenerse hirviendo al incorporarlo al arroz?
Es la regla de oro del risotto: si viertes caldo frío o tibio, cortarás en seco el hervor de la cazuela. Ese choque térmico frena la cocción del grano y, lo más importante, interrumpe la fricción constante que libera el almidón del arroz arborio, impidiendo que se ligue esa crema untuosa tan característica de la técnica del risottare.
¿Por qué se añaden la coliflor y el pak choi en los últimos minutos?
Para preservar intactas sus texturas y colores. El pak choi apenas precisa de 1 o 2 minutos con el calor residual del arroz para quedar tierno y crujiente a la vez; si se cocinase desde el principio, sus hojas perderían el verde brillante y quedarían lacias. Por su parte, escaldar previamente los floretes de coliflor y sumarlos al final evita que se deshagan al remover el arroz durante el mantecare, garantizando bocados enteros y limpios.
¿Qué alternativas hay al pak choi y a la coliflor naranja?
Si no encuentras pak choi, la acelga tradicional (troceando la penca fina y la hoja en tiras) o un buen puñado de espinacas tiernas funcionan como sustitutos perfectos. Respecto a la coliflor naranja, su tono cobrizo aporta un contraste cromático espectacular gracias a su contenido natural en betacarotenos, pero comparte sabor y comportamiento en cocción con la coliflor blanca común, el romanesco o el brócoli morado.














Querida Caty, tu coliflor naranja me parece apasionante, qué bonito color, desconozco el pak choi y me lo apunto. voy detrás de 3 hermanas, me creo todo lo que pueda pasar, jajaj, bsss
ResponderEliminarGracias guapísima, un beso
EliminarA veces pienso que me hubiera gustado tener una hermana para poder conspirar contra mi hermano y sus "amigas-novias", pero no me quejo de mi familia :).
ResponderEliminarSiempre cuentas unas historias y describes unas situaciones tan bien que todo cobra vida en mi cabeza mientras sigo leyéndote! Me encanta :D.
Y me encanta tu risotto, encima con esa preciosa coliflor! Aquí jamás encuentro ninguna variedad de colorines, con lo que me gustan a mí las verduras de tonalidades diferentes... en fin, me contentaré con mis aburridas coliflores blancas, que también están muy ricas.
Un abrazo
Las hermanas somos un poco pesadas, te lo digo yo, pero es bueno, al final te inmunizas de muchas cosas, jajajajaja, un beso grande Liliana
Eliminarbona dia xata , m'has donat una bona idea , m'encanten els risotos vegetarians
ResponderEliminarbesades
Gràcies guapa, besades
EliminarPreciosa, que historia más chula, eso es siempre lo que he echado de menos, hermanos, aunque también me he librado las discusiones y demás,pero ahora miro a mis hijos y lo veo tan, tan bonito.
ResponderEliminarTan bonito y bueno como ese risotto que has preparado, se ve delicioso y suave, como siempre una delicia.
Un besazo
Sí, las discusiones también están entre hermanos, pero se siento uno más acompañado, jajajaja.
EliminarBesos
Me ha encantado la introducción... En serio las hermanas somos tan malas??? jaajajaja
ResponderEliminarNo conocía la historia del risotto... bueno saber de dónde viene. Eran otros tiempos y las bodas eras más "de andar por casa", no como ahora.
Y el risotto que nos traes me parece delicioso... la coliflor la tengo, me falta el pak choi, pero eso tiene arreglo.
besos
Gracias bonita, un beso
EliminarCaty se ve formidable.
ResponderEliminarYa sabes que me rechifla la coliflor ;-))
Un saludito
Muchas gracias linda
EliminarQue bonita la intro.... Y que bueno debe de estar ese risotto!! Me encanta el pak choi y la coliflor con el arroz es de acierto total!! Besos
ResponderEliminarCierto, después de probarlo lo repetiré más veces. Besitos
EliminarEstoy segura que Claudia quería disimular para no mostrarle su amor de primeras , enseñándole el camino a seguir, que aprenda a ser un gran cocinero que a las mujeres también nos gusta que nos conquisten por el estómago jaja....
ResponderEliminarMe encanta leerte mi Caty y me apasiona tu cocina con estas recetas que siempre me dejan cautiva de tus platos.
Un abrazo .
Es verdad a las mujeres también nos gusta pero se llevan la fama los hombres, jajajaja.
EliminarBesitos linda
No vaig tenir sort la única vegada que vaig emprar el pak choi i no n'he tornat a comprar. Aqest risotto té molt bona pinta, crec que li donaré una altra oportnitat i aplicaré la teva recepta. Gràcies Caty, fins ben aviat!
ResponderEliminarJa em contaràs guapa. Besades
EliminarQue rica mezcla de culturas. Me apetece muchísimo probar este risotto.
ResponderEliminarNo conocía el origen de este plato, querida. Muy interesante. Del amor siempre salen las mejores cosas.
Besitos,
Vero
La cocina de Vero
Pruébalo y cuéntamelo, bella.
EliminarBesos
Cómo no va a gustarme este platazo y la historia de amores sonrojados? jajajajajaja Creo que a todos nos conquistan por el estómago, no solo a los hombres.
ResponderEliminarNo entiendo cómo puede haber gente a la que no le guste comer vegetales o la preciosa y deliciosa coliflor. A mí me enamoran con solo mirarlas!
Besitos reina
A mi también ;)
Eliminarbesos
A estas horas, Caty, es puro masoquismo entrar en tu blog. ¡qué pintaza!!!!!!
ResponderEliminarA según que horas no se puede mirar Internet, jajajajaja
EliminarNo sabía la historia del Rissotto, que gracia! y que divertida la historia de ese hombrecito tan resalao, sin mofa, eeehhh! Una delicia el rissotto de coliflor, tengo ganas de hacerlo! besitos
ResponderEliminarJajajajaja, vale, un beso guapa
EliminarPintaza!!! me quedo a comer ¿puedo?
ResponderEliminarUn abrazo!!!
Por supuesto, quédate!
EliminarQué fotos más bonintas! No he cocinado nunca pak choi. Buena oportunidad ;) Un beso
ResponderEliminarMe llevaba tantos años con mi hermana que no tuve tiempo a esas complicidades, eso si ¡¡yo la chantajeaba¡¡¡ jaaaaaaaa, ella se dejaba. Se nota su ausencia... menos mal que yo tuve cuatro hijos, para q se hagan compañía y se chinchen entre ellos, es una delicia tenerlos todos en casa.
ResponderEliminarNo sabia la historia del risotto, me ha gustado. Ayer compre yo una coliflor verde, era preciosa, seran nuevas variedades, aunque saben igual.
Muy rico el risotto. Sabes que la mayor plantación de pak choi esta en Murcia ?? al menos eso leí hace poco. Muy cerquita de casa.
bsss preciosa, siempre es un placer visual y para el alma pasar por tu blog.
Besazos desde Almeria
Qué te quiero Lola! lo sabes, no? guapa
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