Galletas de hojaldre
Así que me acostumbré. Me divertía, pues era una solemne ceremonia digna de verse y de disfrutarse.
—¿Lo quieres con una nube, verdad, querida? —preguntaba el señor Belmonte.
—¡Ciertamente, querido! —contestaba la señora Villalonga.
Los demás nos servíamos en silencio, como parte del ritual. Al terminar, se rompía la magia que por unos minutos había flotado en el ambiente, y todo volvía a la normalidad de siempre: el señor Belmonte se iba con sus amigos al bar, la señora Villalonga salía a correr con una vecina, nosotros nos quedábamos a hacer los deberes y, al caer la tarde, yo me marchaba a casa.
Nada hacía presagiar que aquel día sería diferente; así que, puntual como un reloj, estábamos todos aguardando el silbido de la tetera. A las cinco en punto, sonó… y la liturgia volvió a comenzar.
—¿Lo quieres con una nube, verdad, querida? —repitió el señor Belmonte.
—Hoy no, querido —respondió la señora Villalonga—. Hoy lo quiero con hielo.
El señor Belmonte, desconcertado, balbuceó:
—Pe… pe… pero eso no es posible, querida. Así no es como lo solemos tomar…
—Lo sé, querido —replicó ella con una sonrisa serena—. Pero las costumbres cambian, se transforman, se simplifican… como nuestras galletas, querido. Igual de sencillas que nuestras galletas.
La historia del hojaldre hunde sus raíces en la repostería de Oriente Próximo y la cuenca mediterránea, donde civilizaciones como la griega y la árabe ya utilizaban masas delgadas superpuestas —como la masa filo— para hornear pasteles dulces y crujientes. Sin embargo, aquellas preparaciones primitivas se lograban estirando láminas individuales casi transparentes y pincelándolas con grasa una a una, método laborioso que difiere de la técnica actual. La verdadera innovación del hojaldre clásico, consistente en encerrar un bloque de materia grasa dentro de la masa base (el plastón) y someterla a pliegues sucesivos para crear cientos de finas hojas alternas, comenzó a gestarse en la Europa medieval bajo la indudable influencia de la repostería andalusí.
La consolidación y el refinamiento del método tal como hoy lo conocemos se fraguaron en Francia a lo largo del siglo XVII. La tradición popular atribuye la invención del hojaldre moderno al pintor y aprendiz de pastelero Claude Gelée hacia 1640: según el relato, al intentar elaborar un pan ligero para su padre enfermo —sujeto a una dieta estricta—, envolvió un trozo de mantequilla en el pastón y lo dobló varias veces antes de hornearlo, asombrándose ante el descomunal volumen adquirido por la pieza. No obstante, los recetarios históricos constatan que fórmulas afines ya circulaban antes por España y Francia. Fue el célebre cocinero François Pierre de La Varenne quien codificó de manera metódica el sistema de pliegues por etapas, conocido como «vueltas», en su influyente tratado Le Cuisinier françois (1651).
El impulso definitivo que coronó al hojaldre en la cima de la alta repostería llegó a principios del siglo XIX de la mano de Marie-Antoine Carême. Reconocido como el gran arquitecto de la cocina gala, Carême sistematizó el principio físico tras la masa: fijó el estándar canónico en seis vueltas para garantizar una subida regular y estratificada, impulsada por el vapor de agua retenido entre las láminas impermeables de mantequilla. Valiéndose de esta estructura etérea y crujiente, creó piezas monumentales y legó al mundo creaciones imperecederas como el milhojas (mille-feuille) y los volovanes (vol-au-vent), consagrando el hojaldre como un estandarte universal que hoy brilla tanto en bocados dulces como salados.
Conocemos todo tipo de galletas: unas elaboradísimas y otras no tanto, ¿verdad? Pues el chef británico Heston Blumenthal lo ha simplificado de forma magistral: entre las recetas que suele preparar en familia tiene una versión que, además de sencillísima, es ideal para acompañar una buena taza de té. Eso sí: mejor salir a correr después que dejarse caer por el bar, porque las calorías no nos las quita nadie, pero el momento mágico está asegurado. Puedes pedir a los más pequeños que te echen una mano: la palabra «galletas» obra auténticos milagros cuando andan revolucionados.
Actualizada 2026.
Galletas de hojaldre caramelizadas con azúcar glas de Heston Blumenthal
- 1 plancha de hojaldre
- Azúcar glas
- Estira la plancha de hojaldre con un rodillo, hasta que quede lo más delgada posible.
- Espolvorea por encima azúcar glas en lugar de harina.
- Enrolla la masa hasta formar un cilindro que cortarás en discos delgados.
- Estira los discos con un rodillo hasta que queden finos, también espolvorea por encima azúcar glas.
- Pon los discos sobre bandejas y congélalos durante media hora o refrigéralos durante una hora.
- Calienta el horno a 220º C.
- Pon la masa fría sobre las bandejas de hornear, si solo tienes una bandeja, sácalos del frío a medida que lo necesites.
- Hornea hasta que estén doradas.
- Mientras se hornean necesitas un cazo pequeño de fondo pesado dentro del congelador.
- Cuando las galletas estén horneadas, sácalas del horno y usa el cazo frío apretando con fuerza sobre cada una de ellas, así quedaran muy finas.
- Frías se endurecen un poco y estarán listas para comer.
El cazo frío no rompe las galletas porque la masa sigue caliente y flexible al salir del horno. El frío del cazo baja su temperatura rápidamente mientras las aplana, fijando así la forma ultrafina antes de que se enfríen del todo.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se congela o refrigera la masa antes de hornear?
Porque el frío endurece la grasa del hojaldre — la mantequilla — y permite que los discos mantengan su forma perfectamente al entrar en el horno muy caliente. Si los horneas sin refrigerar previamente, la grasa se funde antes de que la masa haya empezado a estructurarse y las galletas pierden la forma redonda y se encogen de manera irregular.
¿Se puede usar azúcar normal en lugar de azúcar glas?
El azúcar glas se disuelve y carameliza mucho más uniformemente que el azúcar granulado, que tiende a quedarse en granos sin fundir y puede quemar en puntos concretos. Para esta receta el azúcar glas es el correcto — aporta esa capa dorada y uniforme que hace tan atractivas estas galletas. El azúcar normal no da el mismo resultado.
¿Con qué se sirven mejor estas galletas?
Con té o café, como en la receta original de Heston. Varios lectores las sirven con helado de vainilla — la temperatura contrasta muy bien con el caramelo crujiente. También quedan perfectas como base de un milhojas rápido: apila tres galletas con nata montada y fresas entre capa y capa. La caja de lata de la foto es la presentación perfecta para regalarlas.















Con lo que me gusta el hojaldre! Qué ricas deben estar estas galletas.
ResponderEliminarBesos!
Boba me dejas Caty, que hermosura de galletas, eres una maquina haciendo maravillas, las probare segurisimo, un beso grande preciosa
ResponderEliminarMi querida amiga, que gusto me daria a mi de tomar estas ricas galletas con te o con leche me da igual, pero ni con el señor Belmonte, ni con la señora Villalonga , yo me las tomaria contigo encantada de la vida, por que tienen una pinta divina , asi que las tengo que hacer ya mismo. Mil besicos tesoro mio, y feliz fin de semana
ResponderEliminarQuerida Caty me encantaría haber presenciado unos de esos tes. Tus hojaldres me rechiflan. Estos días en Marrakech no he parado de probarlo. Bsss
ResponderEliminarQué buena receta como siempre.......vengo rápido a veros....estoy super liada con una amiga Venezolana que no nos habíamos visto desde hace 37 años......así que perdonarme si voy corriendo.
ResponderEliminarUn besazo
Marialuisa
Hala, 37 años!!! por supuesto perdonada, perdonadísima! muaks!
EliminarYo siempre me debato entre el mantener la tradición de las costumbres y su modificación para evolucionarlas y adaptarlas... nunca sé qué prefiero! Lo mejor es que salga todo de forma natural, supongo :).
ResponderEliminarCuando estuve en Cantabria aprendí a valorar mucho más la maravillosa sencillez de un buen hojaldre, y tengo que decir que estas galletas caramelizadas no necesitan nada más para ser de lo más tentadoras.
Un abrazo
Estas las probaré creo que hoy... más simple imposible!!! Y han de estar riquísimas
ResponderEliminarbesos
Sencillo y delicioso. Acamapoañadas con una bola de helado, deben ser increíbles! Besos
ResponderEliminarSimples y deliciosas Caty, feliz domingo guapa.
ResponderEliminarPuro vicio. Esta técnica de enrollar el hojaldre para luego cortar discos y aplastarlos, es la que utilizo (aunque no los plancho tanto) para los pasteis de belem, y da un resultado espectacular, mucho más hojaldrado y crujiente que poniendo discos de hojaldre a pelo. Me lo enseñaron a hacer en un viaje a Lisboa, y es genial.
ResponderEliminarLas galletas, que te digo, que son sencillas, y maravillosas. No siempre tenemos que complicarnos la vida. A veces, una se puede tomar el té con hielo, y el mundo... sigue girando!
Yo soy mas de café pero por un buen té helado y esas deliciosas galletas me apunto a un bombardeo. Un beso.
ResponderEliminarUmmmm... Yo las hago así pero nunca tan finitas y ahora sé cómo conseguirlo ;-)
ResponderEliminarPintaza en esas maravillosas fotografías que invitan a tocar la pantalla (pasar la lengua sería demasiado)
Siempre digo que en la sencillez está el gusto y la grandeza y estas galletas son un buen ejemplo de ello .
ResponderEliminarQué delicia al alcance de cualquiera, me encantannnnnnnn !!!
Besinos.
Sencillas y a la vista espectaculares. Al paladar seguro que no se quedarán atrás!!! Besiños.
ResponderEliminarBuaaa que buenas!! lo primero que se me a ocurrido ha sido para acompañar un helado, me las llevo!!!! magnificas! Bss
ResponderEliminarQue gran idea de hacer estas galletas! Y tan faciles, gracias por compartir!
ResponderEliminarBs!
Esto lo tengo que probar!!!! me han encantado
ResponderEliminarBss
Me has dejado con los ojitos haciendo chiribitas. Eso de chafarlas cuando las sacas del horno lo he tenido que leer un par de veces para estar segura de lo que leía. Creía que al sacarlas si las chafabas se romperian, pero veo que no. Desde luego creo que los peques no pondrán reparos en una receta tan divertida y tan fácil y en comerselo menos aún
ResponderEliminarEspectaculares galletas mi reina, yo no soy de tomar te a las cinco, ni siquiera café, pero ... si tu me das un par de estas galletitas me lo tomo jaja jajaja
ResponderEliminarAdemás ... son de esas galletas que dices, tengo antojo de dulce, pero ... no se que hacer, ¿quién no tiene una placa de hojaldre en su casa? Lo dicho te pone ipso facto manos a la obra !!!
Me super encantan
Besos preciosa, loviu
Que buena idea el hojaldre fino es crujiente y así con el azúcar por encima igual o mas buenas que la famosa coca de vidre.
ResponderEliminarPetons
Buenísima idea. He disfrutado mucho la sencillez de esta receta y también tu introducción.
ResponderEliminarBesitos,
Vero
La cocina de Vero
Es curioso como a veces tenemos costumbres que ni nosotros mismos sabemos de donde vienen.. aunque es genial saltárselas y de vez en cuando dar un golpe de timón, verdad??????? :)
ResponderEliminarEstas galletas me encantan..sabes que adoro la simplicidad, trabajar con pocos elementos y conseguir resultados impresionantes como este!!!
De Blumenthal veía una serie en canal cocina que me gustaba mucho..ese hombre es realmente sorprendente...casi tanto como tú mi Caty!!!!
Loviuuuu..see you tomorow!!!!!
Eso de aplastar las galletas con un cazo frío me ha sorprendido...lo he leído dos veces porque pensaba que no estaba haciéndolo bien jejejejej. Dignas de probar. Un besote y buen finde
ResponderEliminarQue ricas se ven estas galletas! Con un poquito de helado estarán de muerte!
ResponderEliminarhttps://www.homedelicatessen.com
Las costumbres se hacen leyes decía mi padre .... y nosotros a las 5 de la tarde echamos la siesta .... ya sabes ... el Sr. Belmonte se pierde un precioso ritual de sofá ;-))))) ahora que me lo perdería por estas ricas galletas. Siempre sorprendiendo y es verdad, ¡¡mira que cosa mas sencilla y que rica ¡¡, lo del cazo un puntazo. El hojaldre caramelizado lo vi con Paco Torreblanca y el me lo explico por encima, pero tu y que me perdone el Sr. Francisco, me lo has explicado mucho mejor. Creo que sirve para galletas, para hacer milhojas .... ufff, cuantos usos se le puede dar. El detalle del bote de lata, ¡¡¡ fantástico ¡¡¡ como todo lo que haces. que bonito legado para tu nieto ... ahora que ya lo tienes.
ResponderEliminarBssss, Sra. Imaginación, desde Almeria. Muacccck
¡Hola guapa!, ya ves que retrasada voy entre mis vienes y vas......pero me he propuesto leer todas vuestras recetas y eso es lo que hago, como siempre, una historia preciosa y unas galletas ¡QUE TE SALES!.....
ResponderEliminarUn beso guapísima....me encanta verte siempre.
Marialuisa
q ricas Caty! con solo dos ingredientes y un poco de paciencia! originales y buenas, igual q la historia, q me hizo reir mucho!
ResponderEliminarYo me quedo con estas galletas y cedo el té para el Sr. Belmonte y cuantos amantes del té pasen por aquí, estas galletas me parecen idóneas con un café aunque sea con hielo.
ResponderEliminarBuen fin de semana.
Blanca de JUEGO DE SABORES
Que sencillas y que buena pinta tienen, me parece raro que no se rompan al apretarlas una vez hechas con el cazo frio, no sé si algo no lo he entendido bien. Saludos
ResponderEliminarFrancisca, te lo explico, cuando las aplastas con el cazo la masa aún está caliente y aunque el cazo esté frío no las rompe aunque les baje la temperatura, besos.
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