Conill amb ceba
Estaba contenta por esas fechas; la familia la visitaba y disfrutaría con ella lo que el resto del año hacía con nosotros. Primos cercanos, viejos y jóvenes, todos cabrían en casa como el calzador hace que metamos el pie en el zapato. Durante unos días de fiesta, la comida también formaría parte de todo ello; por esto fue a visitar al viejo carnicero para que le preparara lo que deseaba. Después visitaría la pequeña tienda del pueblo y, tras dejar que el Sr. Bartolomé le tomara el pelo —por supuesto, siempre con su beneplácito, pues ¡menudo genio gastaba ella!—, le compraría cebollas y café recién molido.
También se dirigiría a la bodega a buscar el vino y, por último, a la panadería cerca de casa a por el pan. Así de feliz vendría después para ponerse manos a la obra; y, una vez que todos estuvieran en casa, todo cobraría vida (demasiada, diría yo). Las comidas eran para ponerse al día y las noches para salir a bailar, dejarse acariciar por la suave brisa que el calor dejaba pasar y esconderse en las sombras para robar el beso anhelado con sabor a la sal de la vida.
El origen específico de guisarlo con una gran cantidad de cebolla responde a una necesidad puramente práctica y de subsistencia. Antiguamente, la caza del conejo de monte proveía una carne de sabor muy intenso, silvestre y de textura fibrosa o dura. Para ablandarla y mitigar la bravura de su gusto, los cocineros del entorno rural perfeccionaron la técnica del estofado lento empleando la cebolla como elemento vehicular. Al cocinarse despacio, la cebolla suelta sus azúcares naturales, caramelizándose y aportando una textura melosa que equilibra la falta de grasa del conejo y genera una salsa densa y reconfortante sin necesidad de ingredientes costosos.
A lo largo de los siglos, este plato humilde de pastores y cazadores se consolidó en los recetarios tradicionales de varias regiones españolas. Un ejemplo muy claro es el conill amb ceba de la gastronomía balear, tanto en Mallorca como en Menorca, donde se aromatiza habitualmente con vino de la tierra, laurel e incluso un toque dulce de pasas y piñones. Su evolución demuestra cómo la cocina del aprovechamiento fue capaz de transformar dos ingredientes básicos de la huerta y el campo en un pilar insustituible del recetario casero actual.
Forma parte del recetario tradicional mallorquín, lo que significa que cada familia tiene su propia versión. Esta receta forma parte de la mía, de mis recuerdos culinarios, y desde hace un tiempo es todavía más especial: aunque adaptada con pollo en lugar de conejo, fue una de las recetas ganadoras e incluidas en el libreto que acompañó el libro de Ferran Adrià, La comida de la familia (concretamente en el #Menú4).
Actualizado 2026.
Conejo (o pollo) con cebolla
Ingredientes para 6:
- 2 kg de cebollas
- 400 g de tomate natural triturado
- 3 dientes de ajos
- 1,125 kg de conejo (o pollo) troceado
- 125 ml de vino Moscatel
- 250 ml de agua o caldo
- 2 hojas de laurel
- Pimienta negra molida
- Sal
- Aceite de oliva
Elaboración:
- Pela y pica los ajos.
- Pela y corta la cebolla en juliana fina.
- Pon en una cacerola grande al fuego con el aceite de oliva.
- Sofríe los ajos y dora el conejo.
- Añade la cebolla y deja sofreír un par de minutos.
- Agrega el tomate triturado, el moscatel, el agua o caldo y el laurel.
- Salpimienta a gusto y deja reducir.
- Remueve y deja cocer unos 30 minutos, hasta que el conejo esté bien cocinado.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es fundamental la proporción casi equivalente de cebolla respecto a la carne (2 kg para 1,125 kg)?
La cebolla en esta receta cumple una doble función esencial: aporta la jugosidad que le falta a una carne magra como el conejo (o el pollo) y crea, tras un sofrito prolongado, una base caramelizada natural. Durante la cocción lenta, la cebolla se reduce a un tercio de su volumen inicial, soltando sus azúcares y jugos para transformarse en una salsa melosa, densa y llena de sabor sin necesidad de añadir harinas ni espesantes artificiales.¿Qué aporta el vino Moscatel al guiso y cómo debe evaporarse el alcohol?
El Moscatel aporta un contraste dulce y aromático muy característico de la cocina mediterránea y balear, que equilibra la acidez del tomate triturado y potencia la dulzura propia de la cebolla caramelizada. Es crucial añadirlo justo tras la cebolla y dejar que dé un hervor fuerte durante 2 o 3 minutos antes de tapar la cacerola o añadir todo el caldo, garantizando así que el alcohol se evapore por completo y quede únicamente el matiz perfumado del vino.
¿Cuál es el motivo de dorar la carne al principio y retirarla o sofreír la cebolla a fuego lento después?
El marcado inicial de la carne a fuego vivo crea una reacción de Maillard (dorado exterior) que sella los jugos internos y deja una capa tostada muy sabrosa en el fondo de la cacerola. Al bajar el fuego para pochar la cebolla despacio, esta va desglasando ese fondo de cocción enriqueciendo la salsa. Si la carne fuera demasiado pequeña o tendiera a secarse, se aconseja retirarla temporalmente tras dorarla, pochar la cebolla bien y volver a incorporarla para la media hora final de chup-chup.
Relato, receta y fotografías@catypol - Circus day.















Hola Caty
ResponderEliminarpreciosas fotos y preciosa historia! Bss
Cuídate
Cristina
Ay, los recuerdos familiares de verano! Hoy en día es casi lo único que me gusta de esta ardiente estación, volver a mi tierra, a mi campo, a la familia, a esas comidas familiares, a esas noches entre risas :).
ResponderEliminarQué buenísimo aspecto tiene este plato tradicional! A mi madre le gustará mucho, sobre todo con conejo, le pasaré la receta.
Un abrazo
Bueno, bueno Caty. Perfecta receta.
ResponderEliminarGracias por tus consejos y esas lindisimas fotos.
Un amapuche.
Que fotos tan bellas y que ganas de probar ese conejo. Tengo el libro con la recopilación de recetas y una de mis preferidas fue la tuya.
ResponderEliminarMuchos besitos,
Vero
La cocina de Vero
Esta receta de toda la vida en tu familia esta tremenda, la combinación de la salsa es éxito seguro y el vinito le da el aroma sutil que convierten este humilde plato en disfrute total, eso si con un buen pan al lado.Desde luego es digna de figurar en el recetario de la comida de familia del maestro Adria
ResponderEliminarBona setmana
peto
Es emocionante guardar las recetas de generación en generación, me encanta!
ResponderEliminarBesos
Es emocionante guardar las recetas de generación en generación, me encanta!
ResponderEliminarBesos
ayyyy querida Caty, qué estupendas mujeres nos han acompañado en nuestra vida. Ahora nuestra María se llama Alicia, prepara la casa está deseanque mis padres vuelvan a Tapia, incluso nerviosa, ella domina, pongo aquí, hago allá, y les cuida como nadie, eso si solo esta por la mañana. No te creas a mi madre le vuelve un poco loca, !!esta mujer manda mucho!! jaja, eso sí en la cocina no le deja entrar, jejejje, exquisita receta, con sus recuerdos, su historia divinamente contada por alguien tan especial como tú, gracias querida Caty
ResponderEliminarBienvenido verano, que disfrutéis de él en vuestra preciosa isla ♥
ResponderEliminarAinsss, has dado con uno de los platos que me perdían de niña y curiosamente nunca lo he hecho en casa. Mi madre siempre decía que daba un montón de trabajo para tan poca carne. A ver si un día me animo y lo monto con pollo que siempre cunde un poco más. Besitos y preciosas fotos, como todo lo de este blog.
ResponderEliminarQué recuerdos Caty! Mi madre bordaba el conejo guisado y a mi me encantaba pero no sé porqué desde los embarazos no puedo casi tomarlo, no me entra. Por lo que este tuyo con pollo me viene genial. A disfrutar del verano y de la luz. Un beso gordo.
ResponderEliminarMonie
Difícil decidir si me gustan más tus relatos, tus fotografías o tus recetas, Caty, pero ahora que lo pienso, no es necesario decidir si en Circus day lo tengo todo ;-)
ResponderEliminarBesazos
Estoy contigo Hampton SC, me pasa igual. Bssss para las os Caty y Hampton
EliminarSe bien lo que son esos veranos, me veo en Maria, solo que sin berbena de noche, agotada mas bien, jaaaaaa. Esa es mi casa en verano, amigos y mas amigos, familia .... uffff un verano intenso ¡¡¡, es lo que tiene vivir cerca del mar. pero muy feliz y gustosa.
ResponderEliminarEste guiso, no lo recuerdo del libro, pero lo buscaré, ahora lo tengo en casa de mi amigo Emilio que es también muy cocinillas y lo estoy introduciendo en este mundo.
Me aprece un palto d elo mas apetecible.
Y esas croquetas ¡¡¡ mis hijas ya te digo que no al comerían, pero su padre y yo si daríamos buena cuenta, pintón ¡¡¡y esa presentación ¡¡¡
Me cautivas. Estoy rendida a ti ( me da igual que cada uno interprete lo que quiera¡¡¡¡)
Bssss, muchísimos besos desde mi tierra favorita, feliz comienzo de semana. Muacccck
Mi reina, que bien se tenía que comer en casa de María, y cuánto jolgorio debería formarse. Es lo bueno de las fiestas familiares ya sea en verano o en Navidad, que se juntan mayores y chicos y es la mezcla perfecta. Si luego encima se acompaña de un plato tan fantástico como este (aunque yo no soy muy amiga del conejo, todo hay que decirlo) pero ... tu has dicho que se puede sustituir por pollo jajaja,, así que me lo tomo al pie de la letra !!!
ResponderEliminarun beso muy fuerte mi reina y FELIZ VERANO
Caty, tres hurras por las recetas que cumplen con el requisito «esto se puede hacer». Hoy me viene de maravilla, no con rabbit, sino con pollo. Tengo todo en la despensa y ganas de usar el moscatel!
ResponderEliminarMolts petonets!
Marisa
Lo hago muy parecido con pollo aunque no le pongo moscatel si no vino blanco, la próxima vez lo pruebo, le debe de dar un sabor muy rico.
ResponderEliminarY te puedo decir que esta está riquísima, seguro que María la prepara para su familia.
Un besazo
una recepta bonisima , i les croquetas apuntades . besades
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