Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mole verde

Don Chencho era el hombre más tacaño de D.F. Se decía que era capaz de quitarle un peso a un ciego y pedirle el cambio. Una noche, mientras caminaba por un sendero oscuro contando sus monedas, escuchó el rítmico trote de un caballo.

De la penumbra surgió un caballero impecable: traje de charro negro con botonadura de oro puro, un sombrero de ala ancha que ocultaba su rostro y un caballo cuyos ojos brillaban como brasas de carbón.
—Buenas noches, Chencho —dijo el Charro con una voz que sonaba a ultratumba y a seda—. Te veo muy preocupado por esos centavos. ¿Qué te parecería una bolsa llena de monedas de oro? De las que no se acaban nunca.

A Chencho se le iluminaron los ojos más que al caballo. —¿Oro? ¿Del de verdad? ¿Y qué quiere a cambio? ¿Mi alma?

El Charro Negro asintió con elegancia, sacando una bolsa de cuero que tintineaba de forma celestial. —Solo un pequeño contrato. Oro infinito a cambio de tu compañía eterna en mi... hacienda particular. Hace calor, pero nunca falta el trabajo.
Chencho, que era ambicioso pero no tonto, miró la bolsa y luego el traje del Charro.

—Mire, patrón —dijo Chencho rascándose la barba—, acepto. Pero con una condición de caballero. Ese traje de charro que trae... es de una calidad impresionante. Si me voy al infierno, quiero ir elegante. El oro me lo da ahora, pero el alma se la lleva cuando me consiga un sastre que me haga una botonadura de plata como la suya, pero con mi nombre grabado en cada pieza.

—¿Un sastre? —rugió el Charro—. ¡Soy el cobrador del averno, no el asistente de un modista!

—Ah, pues si no hay atención al cliente, no hay contrato —replicó Chencho guardándose sus monedas de cobre—. Además, ese caballo suyo suelta mucho pelo. Mi alma vale al menos que un plato de mole.

El Charro Negro, indignado por la y la tacañería de Chencho, espoleó a su caballo y desapareció en una nube de azufre, gritando que prefería llevarse a políticos.

Chencho volvió a su casa silbando. Había salvado su alma, no por santo, sino porque al diablo no le salía a cuenta pagarle el sastre.




[RETO COOKING THE CHEF]
Sin investigación no hay cocina, en el sentido que si creas de la nada acabas creando nada, entonces nosotros creemos que nuestra cocina es básicamente un seguimiento sobre la tradición, y de ahí es de donde partimos, sin conocer nuestras raíces es muy difícil crear.

El círculo. Ni principio ni fin.
"La madre tierra es circular. La tortilla es circular. La ciudad es circular. El calendario maya es circular. Y emplato en círculo". Su logo es un círculo que contiene su nombre. Movámonos en círculo y regresemos al inicio. El plato que mejor encaja en la teoría del círculo es Madre Mole. El nombre impacta porque a una madre no se la nombra de forma gratuita. Si sacas a jugar a una madre, que sea en serio, de forma respetuosa. El mole es un icono. Pocos platos más intrincados y profundos: México cabe dentro. Salsa espesa con decenas de ingredientes, que cooperan, que se complementan, que se entrelazan hasta conformar un sabor nuevo. El mole es uno y cien.

De niño, en la escuela, a Enrique lo llamaban Pozole: "Me gustaba el pozole, la sopa con oreja, trompa, buche de cerdo y maíz. Lo de Pozole fue deteriorando, pasó a Pozol, a Puchol y de ahí a Pujol. Al principio algunos pensaban que era un restaurante catalán, lo que creo confusión". ¿Por qué no catalán? El abuelo paterno, Enrique, lo era.

"Naces cocinero y ya te chingaste", expresa Enrique con esos ojos de chino que le diluyen la sonrisa. Los padres, Alfonso y Pilar, quisieron que estudiara alguna profesión con prestigio, aunque cuando a los 12 años el chavo calentó una sopa de Campbell's para darles la bienvenida tras un viaje, supieron que el fuego sería el ganador. Enrique Olvera para el Periódico.

Señoras y señores estamos a día 5 y este mes toca presentar al gran chef Mexicano Enrique Olvera y con ello participo en el reto Cooking The Chef, bienvenidos al show.

Los moles son sinónimos de estacionalidad. Como muchas referencias tradicionales, conjugan, a la perfección, el "aquí y el ahora" que a tantos chefs nos interesa reflejar en nuestras cocinas. Enrique Olvera, México de adentro hacía afuera.

· MOLE VERDE ·

Para 4

Espárragos y habas tiernas.
8 espárragos verdes, con las puntas separadas de los tallos
1 cucharadita de sal 
100 gramos de haba tierna y limpia

Mole de brócoli.
1/2 cebolla blanca cortada en trozos grandes
1 diente de ajo grande
60 ml. aceite de oliva
200 gramos de brócoli cortado en trozos grandes
80 gramos de los tallos de espárragos reservados, troceados
1 chile jalapeño
35 gramos de pepita de calabaza
240 ml. agua
20 gramos de cilantro
1 cucharadita de sal

Col china.
1 cucharada de cebolla blanca fileteada
1 cucharadita de aceite de oliva
8 hojas de col china cortadas en chiffonade
3 cucharadas de agua
1 cucharadita de sal

Alcachofa.
2 alcachofas tiernas
120 ml. de vinagre blanco 
2 cucharadas de zumo de limón
240 ml. de aceite de oliva
1 cucharadita de sal

Puré de espinacas.
1 cucharadita de bicarbonato de sodio
1 cucharadita de sal
80 gramos de espinaca tierna

Puré de nabo.
1 1/2 piezas de nabo pelado
240 ml. de nata para cocinar
1 cucharadita de sal

Coliflor.
100 gramos de coliflor blanca en un solo florete cortado en pluma y 4 láminas
1 cucharada de zumo de lima
1 cucharadita de sal 


Espárragos y habas tiernas.
  1. Lleva a ebullición 1 litro de agua con sal. 
  2. Cuece las puntas de espárrago y las habas durante 5 minutos. 
  3. Escurre, enfría y pela las habas.

Mole de brócoli.
  1. En una cacerola, pocha a fuego medio la cebolla y el ajo. 
  2. Añade el brócoli, después los tallos de espárragos y finalmente el chile. 
  3. Echa las pepitas de calabaza y el agua, lleva a ebullición. 
  4. Retira del fuego e incorpora el cilantro. 
  5. Tritura, pasa por un colador fino y pon a fuego medio hasta que hierva. 
  6. Retira del fuego y rectifica la sazón.

Col china.
  1. En una sartén a fuego medio, saltea la cebolla en el aceite. 
  2. Agrega la col y el agua.
  3. Tapa y cuece a fuego bajo durante 3 minutos. 
  4. Sazona y reserva.

Alcachofa.
  1. Pon 1 litro de agua con el zumo de limón y el vinagre, sumerge las alcachofas durante 15 minutos. 
  2. Escurre y corta en octavos. 
  3. Calienta una olla con el aceite y la sal a 65 ºC y cocina las alcachofas 25 minutos manteniendo la temperatura constante. 
  4. Reserva.

Puré de espinacas.
  1. En una olla a fuego alto, lleva a ebullición 1 litro de agua con el bicarbonato y la sal. 
  2. Blanquea las espinacas durante 30 segundos. 
  3. Escurre, enfría, tritura y pasa por un colador fino. 
  4. Rectifica la sazón y pon el puré en una manga o botella dispensadora.

Puré de nabo.
  1. Pica el nabo finamente y cocina en una olla con la crema y la sal a fuego medio hasta que suavice. 
  2. Tritura y pasa por un colador fino. 
  3. Coloca en una maga o botella dispensadora.

Coliflor.
  1. Sazona la coliflor con el zumo de lima y la sal. 
  2. Separa en pequeños floretes y hornea a 180 ºC durante 20 minutos, hasta que se dore.

Montaje.
  1. En cada plato, extiende 90 gramos de mole en forma de círculo con ayuda del dorso de una cuchara. 
  2. Dispone encima la col, las habas, los espárragos y las alcachofas. 
  3. Pon 3 bombones de ambos purés y termina con una lámina de coliflor. 

Notas: 
Él usa sal de Colima para la alcachofa y el puré de espinacas para lo demás sal fina. 
En vez de nabo usa colinabo pero no encontré en la verdulería. 
También usa chile serrano en lugar de jalapeño pero el único que encontré natural era el jalapeño y de bote. 




Fotografías @catypol - Circus day.

Greixera de faves

¡Uep! ¡Qué ambiente hay hoy! —gritó Biel mientras corría por la plaza del pueblo.

Era Carnaval y Mallorca estaba de fiesta. Los xeremiers llenaban las calles de música, los niños lanzaban confeti sin parar y entre la gente desfilaban dimonis, payeses, marineros, piratas, flores de almendro y hasta una enorme grupo de niños pequeños vestidos de ensaïmada.

Catalina, disfrazada de almendro en flor, se quedó de repente muy seria:

—Idò... Aquí pasa algo: falta el rey.

Sin el Rey del Carnaval, la fiesta empezó a perder su magia. La música sonaba más bajita; nada de confeti ni cazuela de habas.

—¡Tenemos que encontrarlo! —dijo Biel.

Los dos amigos buscaron por todas partes. Miraron detrás de los gigantes y cabezudos, dentro de un carro lleno de naranjas, junto a los tambores de los dimonis...

Nada.

Cuando ya estaban a punto de rendirse, escucharon una risita:

—Je, je, je...

Venía de debajo de un almendro en flor.

Allí estaba el Rey del Carnaval, escondido detrás de su máscara brillante.

—¿Por qué te escondes? —preguntó Catalina.

El rey suspiró:

—Porque todos están tan ocupados preparando el desfile perfecto que se han olvidado de lo más importante: divertirse.

Los dos niños se miraron y sonrieron.

Sin pensarlo dos veces, comenzó el ball de bot en la plaza. Se unieron los dimonis, los músicos, una jaia que bailaba como si tuviera veinte años, un bufón de palacio y todo el pueblo.

Las carcajadas se escuchaban desde el campanario hasta el puerto.

Entonces, la corona del Rey del Carnaval empezó a brillar.

—¡Ahora sí! —dijo levantándose—. ¡Este sí es el Carnaval de Mallorca!


Greixera de faves tendres mallorquina

Habas frescas en vaina para cazuela mallorquina de habas


La greixera de faves tendres es un plato tradicional de la gastronomía de Mallorca cuyo origen está estrechamente ligado al calendario religioso y agrícola de la isla. Históricamente, el carnaval o Darrers Dies representaba la última oportunidad para consumir carne, manteca y huevos en abundancia antes de entrar en el periodo de privación y ayuno que imponía la Cuaresma. En esta misma época del año, los huertos mallorquines comenzaban a ofrecer las primeras habas tiernas de la temporada, un ingrediente humilde pero versátil que los isleños combinaban con los excedentes de las matanzas del invierno para crear elaboraciones contundentes. La necesidad de aprovechar estos alimentos grasos antes de la prohibición religiosa dio vida a este tipo de recetas de cazuela, conocidas localmente como greixeres.

Con el paso de las generaciones, este plato se consolidó como un símbolo de reunión familiar y comunitaria durante los días previos al Miércoles de Ceniza. Las familias se juntaban para compartir la greixera de faves tendres junto a otros manjares carnavalescos. Aunque las estrictas restricciones de la Cuaresma perdieron fuerza con la modernización de la sociedad, la receta ha sobrevivido en el recetario popular como un homenaje a la cocina de aprovechamiento y a la temporalidad del campo mallorquín. Hoy en día, degustar este plato, cada vez menos, durante el carnaval sigue siendo una forma de evocar el pasado agrícola de Mallorca y de preservar una costumbre culinaria que equilibra la riqueza de la matanza con la frescura de las primeras cosechas de la primavera.

Es tiempo de carnaval y en Mallorca también se cocina este plato aunque es un poco desconocido hoy en día. Entiendo que si estás leyendo esta receta desconozcas los platos de cuchara mallorquines como: escaldums, escudella i sopes mallorquines, son platos con mucha verdura y deliciosos, te lo aseguro. Así que cuál fue mi sorpresa cuando en la plaza del pueblo el verdulero tenía habas frescas. Lo reconozco, tardé mucho en apreciar esta cazuela, pero no me arrepiento lo más mínimo. Es tan fácil de cocinar que solo necesitas buenos ingredientes, mi versión no lleva carne pero también es posible cocinarla con cerdo y botifarrons. 

Greixera de faves tendres mallorquina
(Cazuela de habas tiernas mallorquina)


Para 4 

Ingredientes
  • 3 ajos
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 tomates (ramallet)
  • 2 zanahorias pequeñas
  • 3 patatas medianas
  • 1 alcachofa
  • Mejorana
  • Perejil
  • 4 almendras
  • Pimienta negra
  • Pimentón
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 litro de caldo de verduras (o agua)
  • 500 g de habas tiernas (sin vaina)
  • 100 g de guisantes
  • Sal
  • 1 hoja de laurel
  • 4 huevos cocidos

Mise en place:
  1. Pica el ajo. 
  2. Corta la cebolla en brunoise. 
  3. Ralla los tomates. 
  4. Pela y corta la zanahoria en rodajas. 
  5. Pela y corta las patatas en cubos. 
  6. Pela y corta la alcachofa quedándote con el corazón. 
  7. Haz un picadillo con las almendras, perejil, mejorana, pimienta negra, pimentón y aceite.

Greixera:
  1. Haz un sofrito con el ajo, cebolla y tomate. 
  2. Añade el caldo (o agua) y las habas.
  3. Cuando hierva añade los guisantes, la zanahoria, las patatas, el picadillo, laurel y sal. 
  4. Que hierva hasta que las habas estén cocinadas. 
  5. Corta los huevos cocidos a cuartos y añádelos al guiso. 
  6. Apaga el fuego y sirve.


Cazuela de habas tiernas mallorquina


Preguntas frecuentes

¿Dónde se pueden encontrar habas frescas y cómo elegirlas?

Durante su temporada —que va de finales del invierno a principios de la primavera—, es muy fácil encontrarlas en los mercados locales y verdulerías. Lo ideal es elegir vainas firmes, crujientes y de un color verde vivo que rompan al doblarlas. Si no es temporada o resulta difícil conseguirlas al natural, se pueden utilizar habas desgranadas congeladas; conservan muy bien su sabor y textura, permitiendo disfrutar de esta receta en cualquier época del año.

¿Puedo añadir algún tipo de carne a la cazuela?

Por supuesto. La versión vegetal a base de verduras y huevo cocido resulta ligera y deliciosa, pero la costumbre tradicional de los Darrers Dies admite incorporar carnes de la matanza. Le van de maravilla unos trozos de magro de cerdo, panceta o unos trozos de botifarró tradicional, los cuales se sofríen al inicio junto a los ajos y la cebolla para que liberen su jugo antes de añadir el caldo.

¿Con qué se sugiere acompañar esta greixera?

El acompañamiento perfecto e indispensable es un buen pan de pagès (o pan payés artesanal), de corteza crujiente y miga densa, ideal para mojar en la salsa enriquecida por el sofrito de tomàtiga de ramallet y la picada de almendras y mejorana. Para maridar, un vino tinto joven de la tierra o una copa de vino blanco bien fresco equilibran a la perfección la melosidad de las habas tiernas.

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Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Entre el cielo y el infierno

Aquí me tienes, sentada delante de un micro, intentando "arreglar" la vida amorosa de los oyentes… mientras la mía va cuesta abajo desde ayer.
¡Ayer! (suspiro) Un día en el que me levanté poderosa, ágil, guapa… vamos, feliz, para resumir. Llena de power of love.
Tenía mi brillante anillo en el dedo anular de la mano izquierda, la organización de la boda lista para ponerla en marcha y un novio de película. Así empezó mi día… antes de que se estropeara.

Cuando esa mujer entró por la puerta de la radio, pensé que era la organizadora de eventos. Hubiera jurado que ella era la mujer que iba a encargarse de mi boda. Y bueno, tampoco nadie me dijo lo contrario.
Así que la agarré por el brazo, casi volando la llevé a mi despacho y la llené de información sobre lo que sí quería y lo que no, sin que ella dijera ni mu en ningún momento.
Lo que sí noté fue que, en algún punto de mi parloteo, su boca se torció.

Desde luego, hablar de la futura suegra sin conocerla —aunque en mi cabeza ya me había hecho a MI IDEA— no ayudó mucho a que todo fuera bien. ¿Qué suegra que se precie no "puede" conocer a su nuera hasta el último momento, eh?

Ahora solo me recuerdo vagamente, de pie junto a la mesa, con ella sentada en la silla. Yo mirándola con seguridad y, por qué no decirlo, con cierto desprecio… y ella, torciéndosele la sonrisa.
Cuando mi prometido entró en la sala y soltó:
—Ah, veo que ya conoces a mi madre…
…me quise morir. (Imagina a un japonés practicándose el harakiri: pues así me vi yo.)

¡En fin! —y nunca mejor dicho—, después de que el niño de mamá se enfadara tanto, no quiso volver a verme. Se llevó mi anillo, y yo me pasé lo que quedaba del día bajando al infierno desde mi nube.

Y aquí me tienes, otra vez, sentada delante de un micro, intentando "arreglar" la vida amorosa de los oyentes…





Chocolates Valor me invitó a participar en el #chocolatechallenge2 que no gané pero mi propuesta es una tentación que no necesita mucha explicación, el algodón de azúcar es la nube de "el cielo" y las fresas de la tarta, las llamas del "infierno", y si lo pruebas ¿cuál de tus instintos "despertará" primero? 😉

· PASTEL DE CHOCOLATE 
ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO ·


La genovesa de cacao.
  • 3 huevos tamaño 
  • Una pizca de sal
  • 105 gramos de azúcar
  • 30 gramos de mantequilla
  • 80 gramos de harina 
  • 25 gramos de cacao puro sin azúcar



La crema diplomática de chocolate.
  • 2 hojas de gelatina 
  • 250 mililitros de leche
  • 1 vaina de vainilla
  • 2 yemas de huevo
  • 50 gramos de azúcar
  • 25 gramos de harina de trigo
  • 70 gramos de chocolate a trocitos pequeños
  • 200 gramos de nata para montar


La gelatina de fresas.
  • 200 gramos de fresas
  • 75 gramos de azúcar
  • 6 gramos de gelatina neutra (1 sobre)


Las avellanas caramelizadas.
  • 340 gramos de azúcar
  • 90 mililitros de agua
  • 1 cucharada de jarabe de maíz blanco
  • 15 avellanas tostadas sin piel
  • 15 palillos de madera
  • Celo
  • Hojas de periódico
  • Tijera


Otros ingredientes.
  • 10 fresas
  • Licor de Cointreau o almíbar de calar
  • Azúcar para hacer algodón de azúcar


Utensilios.
  • Molde 16 centímetros de diámetro
  • Film transparente
  • Manga pastelera desechable
  • Máquina para hacer algodón de azúcar

Plancha bizcocho Genovesa de cacao
  1. Funde la mantequilla y reserva. 
  2. Precalienta el horno a 180 ºC.
  3. Separa las claras de las yemas y reserva las yemas. 
  4. Pon las claras en la batidora y añadie una pizca de sal. 
  5. Comienza a batir hasta que empiecen a estar espumosas, en este momento añade el azúcar poco a poco y continua batiendo hasta que queden montadas a punto de nieve. 
  6. Añade las yemas y mezcla con suavidad para evitar que las claras pierdan aire. 
  7. Vierte poco a poco la mantequilla en el recipiente donde tienes la preparación y mezcla con mucha suavidad. 
  8. Tamiza la harina y el cacao sobre la preparación y mezcla con movimientos envolventes de abajo arriba hasta integrarlo por completo.
  9. Forra una bandeja de horno con papel de horno y vierte la preparación. 
  10. Extiende con una espátula y hornea durante 10 minutos. 
  11. Deja enfriar. 
  12. Reserva.

Crema diplomática de chocolate.
  1. Moja la gelatina en un recipiente con agua helada durante unos minutos hasta que se ablanden. 
  2. Escurre la gelatina para eliminar el exceso de agua. 
  3. Raspa la vaina de vainilla para extraer las semillas del interior y pon la leche en un cazo junto con las semillas. 
  4. Lleva a ebullición. 
  5. Pon en el cuenco de la batidora las yemas y el azúcar, bate hasta blanquear. 
  6. Tamiza la harina y añádela al cuenco. 
  7. Mezcla hasta que quede suave. 
  8. Vierte poco a poco la mitad de la leche en el cuenco y mezcla hasta que no queden grumos. 
  9. Pasa la mezcla por un colador y vuelve al cazo con la leche restante. 
  10. Lleva al fuego y remueve hasta que empiece a hervir, baja el fuego y cocina hasta que espese. 
  11. Añade los trozos de chocolate hasta que se fundan y seguidamente la gelatina. 
  12. Vierte en un cuenco y deja enfriar. 
  13. Remueve ocasionalmente. 
  14. Una vez frío, monta la nata y añádela a la mezcla. 
  15. Pon en la manga pastelera cerrada y guarda en el frigorífico hasta su utilización.

Gelatina de fresas.
  1. Hidrata la gelatina en un poco de agua fría.
  2. Tritura las fresas y el azúcar con la batidora. 
  3. Cuela para quitarle las semillas e impurezas y calienta el puré obtenido en un cazo. 
  4. Añade la gelatina al puré de frutas caliente. 
  5. Remueve hasta que la gelatina esté totalmente disuelta y retírala del fuego. 
  6. Deja enfriar.

Montaje de la tarta.
  1. Corta un disco de genovesa de 16 cm. 
  2. Forra los bordes y la tapadera de nuestro molde con film transparente. 
  3. Pon dentro y abajo el disco de genovesa de chocolate. 
  4. Pon en un cuenco un poco de licor de Cointreau o almíbar de calar y pincela la base de la genovesa. 
  5. Escudilla con la manga pastelera el lado del molde con la crema diplomática. 
  6. Corta las fresas reservadas por la mitad y colócalas, rodeando el molde, con la mitad plana en el borde del molde. 
  7. Rellena con el resto de crema y fresas el centro del molde hasta que queden tapadas completamente y la parte superior del molde totalmente plana. 
  8. Reserva en el frigorífico.
  9. Cuando la gelatina esté fría vierte sobre la crema diplomática. 
  10. Al haberse enfriado endurece un poco y no traspasa. 
  11. Mira que la gelatina quede plana y bien repartida sobre el molde. 
  12. Enfría. 
  13. Una vez solidificada tapa con film transparente y reserva en el frigorífico.

Avellanas caramelizadas.
  1. Introduce suavemente un palillo de madera en cada avellana girando suavemente con la punta. 
  2. Pon las hojas de periódico en el suelo, justo debajo de la encimera en donde colocarás las avellanas. 
  3. Corta trocitos de celo y sitúalo para cogerlo fácilmente. 
  4. En un cazo al fuego disuelve el azúcar, el jarabe y el agua, removiendo constantemente hasta que el azúcar se disuelva. 
  5. Baja el fuego y deja que el caramelo se vuelva de color ámbar oscuro. 
  6. Quita del fuego y pon sobre una fuente con hielo para que baje la temperatura y se espese un poco. 
  7. Enseguida que bañes en el caramelo una avellana y el goteo se desliza hacia abajo, corta y coloca con el celo en el filo de la encimera asegurándote que cae sobre las hojas de periódico. 
  8. Continua con todas las avellanas. 
  9. Si se endurece pronto, calienta un poco para terminar de bañar todas las avellanas. 
  10. Déjalas enfriar.  
  11. Una vez frías, corta un poco con un tijera, si hiciera falta, las hebras del caramelo. 
  12. Y con cuidado saca el palillo de madera. 

Algodón de azúcar.
  1. Pon una cucharada de azúcar en la máquina de algodón de azúcar y enciéndela. 
  2. Cuando la máquina esté caliente empieza a sacar las hebras de algodón que recogerás con un palo.

Montaje final.
  1. Saca la tarta del molde con cuidado. 
  2. Deposita las avellanas caramelizadas con las puntas hacía arriba en el centro de la tarta. 
  3. Y sobre las puntas el algodón de azúcar. 

Nota: Si no tienes máquina de algodón de azúcar, comprar el algodón hecho. 



Relato, fotos, vídeo y receta @catypol - Circus day.

Mejillones el Bulli

El Museo de Historia y Curiosidades no tenía presupuesto para cámaras de seguridad. A las doce en punto, el silencio se rompió con un bostezo metálico y el crujido de huesos milenarios. Todo iba bien hasta que Augusto, el emperador romano, decidió que no podía pasar una noche más sin probar la tecnología moderna. Se acercó a la máquina expendedora de la entrada, arrastrando sus pies de piedra con un ruido de lija.

—¡Por los dioses! —exclamó Augusto, señalando un paquete de colores—. ¿Qué clase de manjar es este que tiene tanto color?

El T-Rex, que pasaba por allí moviendo la cola y casi derribando jarrones de la dinastía Ming intentó ayudar.

—¡RAWWR!

—¡Ni se les ocurra! —chilló el Faraón Tut, saliendo de su sarcófago —. Si rompen el cristal, mañana el conservador nos pone a todos a la venta.

El Hombre de Neandertal, que era el único con pulgares funcionales y una mente curiosa, se acercó a la máquina. Miró la ranura de las monedas, miró su taparrabos de piel de bisonte y, con un suspiro, sacó una moneda que había encontrado en la sección de numismática y filatelia.

La introdujo en la ranura. La máquina emitió un pitido de pánico, una luz roja parpadeó y, de repente, expulsó una caja de colores de golpe.

—¿Mejillones? —preguntó Augusto con cara de asombro.

A las seis de la mañana, cuando el guarda de seguridad abrió la puerta, encontró al T-Rex en su pedestal, a la momia en su caja y a Augusto en su nicho. Lo único extraño era que el emperador romano tenía una mancha en la túnica de mármol y a los pies del dinosaurio había cáscaras de mejillones vacías.



[RETO COOKING THE CHEF]
"La gente piensa que soy extravagante, pero soy una persona normal", dice. "Estoy casado y sin hijos. Mi esposa es maravillosa, maravillosa. No separo mi trabajo de mi vida. Todo es uno. Pero hay aspectos de mi vida personal que no son públicos. Nunca he tomado una foto en mi casa para una publicación, voy al cine, al teatro, leo el periódico: soy normal siempre decimos que la gente que trabajó en el Bulli eran personas comunes que hicieron cosas extraordinarias". Ferrán Adrià para Epicorius.

Había una vez, el lenguaje gastronómico era francés. Si un chef quería subir los precios en su menú, todo lo que tenía que hacer era añadir un toque de "jus", un toque de "vin", tal vez un poco "petit". palabras en francés que forjaron una conexión entre lo que el chef estaba sirviendo y el hogar de "gastronomía": usted podría estar comiendo pescado y patatas fritas en un pub de Croydon, lo llaman "poisson-frites" y de repente estás en una brasserie de París , mirando profundamente en los ojos de un aspirante a actriz de teatro mientras se recita con ternura Rimbaud.

A continuación, Ferran Adrià llegó, y la jerga gastronómica dio un giro tecnocrático. Palabras como "deconstruir" y "esferificación" aparecieron en los menús. Adrià se llama a sí mismo un chef de "vanguardia", un "constructivista culinario" y un "modernista". Los alimentos dejaron de sonar poéticos y adquirieron una teoría más académica: en 10 años se pasó de Rimbaud a Roland Barthes, de ménage à trois a "pastinaca tres maneras". Alex Dymoke en City A.M. sobre Ferrán Adrià

Creo que has adivinado que estamos a día 5 y con esta receta participo en el reto Cooking The Chef . Este mes está dedicado a Ferrán Adrià, y yo no tengo mucho más que decir, para mi es un genio, un creativo gastronómico.

Por cierto; mi receta de pollo con cebolla (receta familiar) está incluida en el libreto que acompaña el libro de Ferrán Adrià: La comida de la familia. #menú4. Fue elegida entre muchas y forma parte de las únicas 15 recetas que componen este libreto 😍


Tapas fría - 1994 - Receta 239 

· MEJILLONES CON ESPUMA DE CILANTRO ·

Para 4

Para abrir los mejillones
4 mejillones (de roca) de 30 g/u.

Para los mejillones gelatinados
4 mejillones de roca (elaboración anterior) 
50 g de agua de mejillón (elaboración anterior)
1/4 de hoja de gelatina de 2 g (previamente rehidratada en agua fría)

Para el agua de cilantro 
150 g de cilantro fresco 
100 g de agua

Para la espuma de cilantro 
100 g de agua de cilantro (elaboración anterior)
1⁄4 de hoja de gelatina de 2 g (previamente rehidratada en agua fría)
1 sifón ISI de 1⁄2 l 
1 carga de N2O
sal

Para la juliana de naranja 
1 naranja

Otros 
sal gorda 


Mejillones.
  1. Sumerge en agua hirviendo los mejillones durante 10 segundos.
  2. Con la ayuda de una puntilla corta los pedúnculos que unen los mejillones con las valvas. 
  3. Saca los moluscos y huélelos uno a uno.
  4. Guárdalos en su propia agua pasada por una estameña.
  5. Guarda las valvas.

Mejillones gelatinados.
  1. Coloca los mejillones en una rejilla con una separación entre ellos de 1 cm. 
  2. Guarda en la nevera.
  3. Calienta 1/4 parte del agua del mejillón y disuelve la gelatina. 
  4. Retira del fuego y mezcla con el resto del agua de mejillón.
  5. Guarda la mitad del agua de mejillón en la nevera y ve removiéndola de vez en cuando hasta que adquiera densidad espesa.
  6. Napa cada mejillón con la gelatina comprobando la densidad, puesto que si está muy líquida no se adhiere al molusco y si está demasiado cuajada no lo cubrirá uniformemente.
  7. Guarda el mejillón en la nevera para que la gelatina se solidifique.
  8. Repite los puntos 4 y 5 dos veces más.

Agua de cilantro.
  1. Separa las hojas de los tallos. 
  2. Necesitas 100 gramos de hojas de cilantro.
  3. Escalda las hojas en agua hirviendo, durante 5 segundos.
  4. Refresca en agua y hielo y escurre.
  5. Tritura con 100 gramos de agua. 
  6. Cuela y pasa por una estameña.

Espuma de cilantro.
  1. Calienta 1/4 parte del agua de cilantro y disuelve la gelatina.
  2. Retira del fuego y mezcla con el resto del agua. 
  3. Pom punto de sal.
  4. Cuela y llena el sifón con la ayuda de un embudo.
  5. Carga el sifón y deja reposar 2 horas en la nevera.

Juliana de naranja.
  1. Pela la naranja y procura dejar el mínimo de parte blanca del interior de la piel.
  2. Haz una juliana de piel de naranja de 0,1 cm de grosor y de 3 cm de longitud.

Acabado y presentación.
Extiende en cuatro platos una capa de sal gorda. 
Deja las 8 valvas de los mejillones limpias de pedúnculos y disponlas encima de los platos con sal gorda.
Pon un mejillón, con la cara gelatinada hacia arriba, en una de las dos valvas de cada plato.
Llena la otra valva de cada plato con espuma de cilantro.
Acaba con tres tiras de juliana de naranja encima de la espuma de cilantro.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Dumplings

Hace mucho, cuando Guangzhou era una aldea castigada por la sequía, los campos estaban agrietados y las ollas vacías.

El cielo, compadecido, envió a cinco inmortales montados en cinco cabras de distintos colores. Descendieron envueltos en nubes suaves, con espigas de arroz entre las manos. Al tocar la tierra, las espigas se multiplicaron en arrozales dorados que crecieron como si hubieran estado esperando una señal.

La gente celebró, rió y cocinó sin descanso. Entre el vapor de las nuevas cosechas, alguien preparó el primer gran banquete. Había arroz fragante, verduras salteadas… y, discretamente en una bandeja de bambú, jiaozis, como símbolo de prosperidad.

Los inmortales sonrieron, satisfechos. Antes de partir, las cinco cabras se transformaron en piedra para proteger la ciudad para siempre. Hoy pueden verse en el Yuexiu Park, firmes y orgullosas.

Desde entonces, Guangzhou es conocida como la Ciudad de las Cinco Cabras: un lugar donde el arroz nunca falta… 




Los dumplings o jiaozis son una tradición de Cantón, una región ubicada al sur de China, pero se acabó extendiendo por todo el continente asiático. Se clasifican de acuerdo a la masa, su forma y su manera de cocinado. Se cree que nacieron como una forma de aprovechamiento de sobras de carnes y vegetales. En muchas culturas asiáticas, se asocian con la riqueza y la buena suerte, especialmente durante las celebraciones del Año Nuevo Chino.

La verdad es que no recuerdo la primera vez que comí comida China, ni dónde ni con quién, pero me encanta, o al menos la que se come aquí, nunca he estado en China (me gustaría), supongo que como en todo han adaptado su cocina a los gustos occidentales. En este caso me he atrevido con unos dumplings  pero hechos con obleas de arroz, sin gluten y con mucho sabor. Aunque los tradicionales me gustan mucho también.


· DUMPLINGS ·

Ingredientes
300 gramos de carne picada mezclada de cerdo y ternera
1 zanahoria
1 cebolla pequeña
1 ajo
1 trocito de jengibre
2 hojas de col
2 cucharadas de salsa de soja (sin gluten) + para servir
1 cucharada de aceite de sésamo
Unas hojas de cilantro picadito
Obleas de arroz
Alga nori (opcional)
Aceite de oliva virgen extra

Elaboración
  1. Pela y pica la zanahoria, la cebolla, el ajo, el jengibre y la col. 
  2. Pon en una sartén una cucharada de aceite. 
  3. Cuando esté caliente sofríe la cebolla, que se rehogue. 
  4. Añade la carne picada y remueve para que se deshaga un poquito. 
  5. Añade el resto de verduras. 
  6. Cocina hasta que la carne esté lista. 
  7. Añade la soja, remueve bien. 
  8. Apaga el fogón. 
  9. Con el fuego apagado, añade el aceite de sésamo y el cilantro. 
  10. Remueve bien y deja reposar un poco.
  11. Mientras, mojas las obleas de arroz en agua, de una en una, y corta a trozos el alga nori. 
  12. Cuando la oblea esté blandita, haz dos montoncitos con el relleno sobre un trocito de alga nori y cierra. 
  13. Corta en 2 y cierra.
  14. Pon una sartén al fuego con una cucharada de aceite.
  15. Tuesta un poco los dumplings por ambos lados. 
  16. Para darles la vuelta y que no se peguen usa dos lenguas, se ve que con la silicona no se pega la oblea. 
  17. Sirve con salsa de soja o con la salsa que más te guste.





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Espinagada

Para Jaime Mas (hijo)

Valldemossa, 14 de agosto de 1911, calle Chopin nº 4. En esa calle nace Jaime Mas Estrades, en una familia humilde, con huerto familiar, en tiempos de escasez y necesidad. Tuvo que espabilarse pronto y, como muchos niños, dejó la escuela a edad temprana. Cinco hijos eran muchas bocas que alimentar y se necesitaban manos en el huerto para sacar adelante la cosecha. Almendros, avellanos, olivos y alguna encina; plantaban trigo, verduras y legumbres, y criaban cerdos y gallinas.

Tenim llom de porc negre —chillaba uno en el mercado.
Verdura, verdura per fer espinagada —cantaba otro.

Era la jerga del bullicioso mercado de la capital. Allí llevaban lo que cosechaba la familia y compraban lo imprescindible, además de un poco de tabaco que luego liaba en cigarrillos finos para que le durara unos días más.

El molinero les molía el trigo y, con la harina, podían hacer pan para comer un poco cada día, pues hasta la próxima cosecha no había más. Con la aceituna desechada hacían aceite y, con las buenas, conservas en salmuera. La matanza del cerdo ayudaba en la alimentación familiar, pero aun así había noches en las que la necesidad apretaba. Cazar y las fiestas del pueblo eran la única diversión que tenían.

Lejana queda la aventura que vivieron él y Sebastián, su amigo entrañable: aquella en la que, sin permiso, se fueron con los pescadores a faenar. Su huerto daba al Mediterráneo y los pescadores pasaban por allí camino de la playa, donde tenían sus botes. A veces había trueque, sobre todo cuando querían comer pescado, y les guardaban en el galpón del huerto sus artes de pesca.

Esa aventura no la olvidaron jamás. Fue la experiencia de sus vidas, decía Jaime a los 75 años, aunque significara el enfado de sus padres y trabajo extra en el huerto. La pesca fue tan buena, muchísima, que los botes regresaron llenos de pescado.

Montevideo, 14 de febrero de 1928. Con 16 años llega Jaime Mas Estrades a Uruguay, con una maleta de cartón, recién bajado de un barco que lo llevó de Mallorca a Barcelona y, de allí, a su nuevo país. En tercera clase, por supuesto; ya se sabe: agua tibia y comida escasa. Pero tuvo suerte: una pareja catalana de primera clase, que se dirigía a Argentina, lo ayudó y lo alimentó durante el trayecto. Siempre lamentó la pérdida de su dirección; estén donde estén, gracias.

Los tres varones de la familia partieron hacia allí para ayudar a los que se quedaron en Valldemossa, que bajo la protección de don Vicente Colom, amigo de la familia: un hombre bajito, calvo, de hablar pausado y lleno de bondad, que regentaba una panadería que se convirtió en el primer refugio para los que llegaban desde Valldemossa a Montevideo.

Jaime creció y formó su familia en Montevideo. Es de mayor cuando se recuerda el pasado y se añoran aquellas experiencias y personas que quedaron atrás en el momento en que “cruzó el charco”. Allí probó a elaborar sobrasada; orgulloso estaba él y su familia del resultado. Aún hoy la siguen elaborando, ya no solo por la raíz de una tierra lejana, sino por el recuerdo y el amor a una familia, a un padre, a unos abuelos, a una historia que creció lejos de aquí.

Noventa y cinco años después de su nacimiento, su vida en la tierra terminó. Quizá volvió a cruzar el mar; quizá quiso vivir su última aventura pescando en la playita junto al huerto; quizá aquel día los pescadores regresaron con los botes llenos y celebró la hazaña con ellos.





No sé si llamarlo de Valldemossa a Montevideo. Mi historia con Jaime data de hace poco tiempo. Un día recibí un precioso correo electrónico en el que Jaime me decía lo mucho que le gustan mis historias; las recetas también, pero especialmente las historias que escribo con tanto cariño, medio reales, medio inventadas. Se ve que le gustan más. Sinceramente, mi corazón se ensanchó de agradecimiento, porque nacen desde mi memoria hasta mi alma y ya forman parte de Circus Day casi tanto como las recetas.

Quiero recalcar aquí que muchas otras personas también me hablan de lo mucho que les gustan mis historias, y no quiero dejarlas atrás, pues son igualmente seguidoras de ellas. Gracias a todos.

Ya digo que unir la gastronomía de Mallorca y Uruguay no es fácil, pero como país que recibió a tantos españoles en su momento, imagino que algo de parecido tendremos, ¿no crees? Agradecida por la carta que recibí de ti, Jaime, contándome la historia familiar de tu padre, decidí que la receta de unión entre nosotros sería la espinagada, con cerdo, por supuesto, que para la matanza es importante, y con verduras; no las que plantabais en vuestro huerto familiar, Sa Sini, pero podría ser. Además, en Mallorca ahora es tiempo de comerla.

Vosotros tenéis vuestra empanada, aunque diferentes, ambas quizá deriven de la misma raíz. Espero que te guste, pues la historia de este post ya la sabes: es la de tu padre y también la he escrito desde el corazón.


· ESPINAGADA DE LLOM AMB COL ·

La masa
250 mililitros de agua
25 gramos de levadura fresca
125 mililitros de aceite de oliva
1 cucharada de manteca (opcional)
La harina que necesite

El relleno.
500 gramos de carne de cerdo
1/2 col pequeña rizada (Borretxona mallorquina)
2 puerros
3 ajos
2 cebolletas
Pasas

Condimento.
1 cucharada de manteca colorada disuelta
Pimentón
Pimiento rojo picante
Sal
Aceite de oliva

Para la masa.
  1. Disuelve la levadura con el agua y mezcla con los demás ingredientes hasta formar una masa de la misma consistencia que el pan. 
  2. Déjala tapada reposando durante 1 hora. 
  3. Mientras prepara el relleno. 

Mise en place.
  1. Corta el lomo en dados pequeños. 
  2. Limpia y corta la verdura en brunoise. 
  3. Ponla en un bol y condiméntala. 
  4. Precalienta el horno a 175 ºC

Formar las espinagadas.
  1. Pon papel de hornear sobre la mesa y separa en dos la masa (o en tres o no separar, depende del tamaño que quiera cada uno). 
  2. Aplana la masa en forma de círculo. 
  3. Forma un rectángulo con el relleno en el centro del círculo y cierra la empanada o bien con repulgue o bien juntando la masa como si fuera un sobre.  
  4. Cuece al horno durante 1 hora. 


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(Carta de Jaime Mas de su padre)

Tarta Tatin

En el Hotel Tatin, el aire olía a la desesperación de Stéphanie Tatin, la hermana encargada de los fogones. Mientras su hermana Caroline recibía a marqueses y magnates del ferrocarril con una sonrisa perfecta, 

Aquella tarde de domingo, el comedor estaba a rebosar de gente esperando una suculenta cena como cada tarde.

—¡Stéphanie, los señores de París tienen prisa! —gritó Caroline desde la puerta.

Presa del pánico, Stéphanie se dio cuenta de un detalle fatal: se había olvidado de poner la masa en el fondo del molde. 

—¡Por todos los santos! —exclamó Stéphanie—. Ya no hay tiempo de empezar de nuevo.

En un acto de desesperación culinaria, agarró la masa y la lanzó encima del relleno. "Que se cocine al revés", pensó, "si preguntan, diré que es la última moda en Versalles".

Cuando sacó el sartén del horno, le dio la vuelta al invento con un movimiento digno de un acróbata de circo. El resultado era un desastre glorioso. Al llevarlo al comedor, un influyente senador de Orleáns clavó su tenedor en la tarta. El silencio fue absoluto.

El Senador: Se limpió el bigote y exclamó: —¡Sacrebleu! Stéphanie, esta tarta "del revés" es rara, ¡pero sabe a gloria!




[RETO COOKING THE CHEF]
La inspiración culinaria de Ottolenghi proviene de sus fuertes raíces mediterráneas y de su amor incondicional por los ingredientes. Aunque él no sea vegetariano, su enfoque para su cocina es completamente original e innovador, y se basa en sabores intensos y en combinaciones asombrosas y refrescantes. 

Chef de profesión, israelí de nacimiento y obsesionado con mejorar el mundo desde su cocina, Yotam Ottolenghi está llamado a cambiar la forma de comer de la clase media. A sus 44 años, la influencia que ejerce en los hábitos alimenticios de los británicos es enorme, aunque lo normal es que ni siquiera nos suene su nombre. Pero quizá por poco tiempo, ya que desde su viaje por diferentes islas mediterráneas la cultura culinaria de Mallorca lo engatusó y está dispuesto a convertirse en su mejor embajador.

“No conocía mucho las islas mediterráneas, pero tenía bastantes expectativas. Antes de llegar a Mallorca tenía el prejuicio de que todo sería demasiado turístico y de que me costaría encontrar la auténtica cocina local. Sin embargo, me sorprendí gratamente de la cocina local, que es realmente especial”, asegura el chef en una entrevista concedida al diario británico The Times. El confidencial.


Teniendo la oportunidad de hablar sobre Yotam Ottolenghi no iba a desperdiciar la ocasión de nombrar su opinión de cuando estuvo en Mallorca, y en honor a ello, he usado patató mallorquín, nuestras patatas baby, que usamos sobretodo en las comidas navideñas para acompañar diversas carnes o pescados.  Como bien habéis leído, hoy toca la receta del chef que nos propone Cooking The Chef y con esta receta participo en el reto, estoy muy feliz, es un cocinero que me gusta mucho. 
Esta ocasión he cocinado una tarta de su libro El Gourmet Vegetariano, ¡delicioso!


· TARTA TATIN ·

Para 4

Ingredientes 
  • Molde para pastel de 22 cm. diámetro
  • 200 gramos de tomates cherry
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 500 gramos de patatas baby con la piel (Patató mallorquí)
  • 1 cebolla grande cortada en rodajas finas
  • 40 gramos de azúcar
  • 10 gramos de mantequilla
  • 3 ramitas de orégano
  • 150 gramos de queso de cabra curado en lonchas
  • 1 lámina de masa de hojaldre
  • Sal y pimienta negra

Elaboración
  1. Precalienta el horno a 130 ºC 
  2. Corta los tomates por la mitad y colócalos sobre papel de horno con la parte de la piel hacia abajo. 
  3. Rocíalos con aceite de oliva y salpimienta. 
  4. Hornea durante 45 minutos.
  5. Cocina las patatas en agua hirviendo con sal durante 25 minutos. 
  6. Escurre y deja enfriar. 
  7. Corta la parte superior e inferior de cada patata y, a continuación, córtalas en rodajas de 2 centímetros de grueso.
  8. Pocha la cebolla con el aceite y un poco de sal durante 10 minutos, o hasta que empiece a estar dorada.
  9. Cuando tengas todas las verduras preparadas, unta un molde para pastel de 22 centímetros de diámetro con un poco de aceite y fórralo con papel de horno. 
  10. En un cazo pequeño, calienta a fuego vivo el azúcar y la mantequilla, sin dejar de remover con una cuchara de madera, hasta obtener un caramelo oscuro. 
  11. Con cuidado, vierte el caramelo en el molde e inclínalo para que se reparta por la base. 
  12. Esparce las hojas de orégano sobre el caramelo.
  13. Coloca en la base del mode las rodajas de patata muy juntas, con el lado cortado hacia abajo. 
  14. Entre los huecos que queden entre las patatas, reparte la cebolla y los tomates y salpimienta generosamente. 
  15. Dispone las lonchas de queso sobre las patatas hasta cubrirlas. 
  16. Corta un círculo de la masa que sea 3 centímetros más grande que el molde. 
  17. Dispone la masa sobre el relleno y mete el borde dentro del molde cubriendo completamente las patatas. 
  18. De este modo, puedes conservar la tarta en la nevera hasta 24 horas.
  19. Precalienta el horno a 200 ºC
  20. Hornea la tarta durante 25 minutos y entonces baja la temperatura a 180 ºC
  21. Hornea 15 minutos más o hasta que la masa esté cocinada. 
  22. Retira del horno y deja enfriar sólo 2 minutos. 
  23. Coloca un plato invertido sobre el molde y, con cuidado, dale la vuelta. 
  24. Retira el molde y sirve la tarta caliente o templada.


Fotografías @catypol - Circus day.

Canelones de gambas

En una cala escondida de la costa, donde la brisa marina olía a sal y a vino joven, se encontraba el pequeño pueblo de Sant Camil. Allí vivía Rosita, una señorona divertida, de voz ronca por los años y las carcajadas, que había decidido en su jubilación hacer lo que siempre quiso: abrir la primera bodega submarina del pueblo.

Si los vinos envejecen mejor bajo el mar… ¡pues yo también! —decía, hundiendo botellas y preocupaciones entre las rocas sumergidas.

Pero no todos compartían su entusiasmo. Un grupo de jubilados que se hacían llamar "La Cofradía del Bingo", empezaron a quejarse de que el vino submarino “molestaba a los peces” y que Rosita “quería hundir el pueblo como un Titanic de segunda”.

Rosita, lejos de amilanarse, organizó una comida al aire libre para calmar los ánimos. Preparó canelones de gambas y colocó la mesa bajo el árbol de la vida, un viejo olivo retorcido que, según la leyenda, crecía justo en el centro energético del pueblo.

Los jubilados llegaron con ceños fruncidos. Pero tras el primer bocado y una copa de tinto submarino, las quejas se diluyeron.

Este vino está raro… pero me gusta —admitió Manolo, el más cascarrabias.

Es como si el mar te diera un abrazo —dijo otra, con los ojos brillantes.

Rosita sonrió, orgullosa. Cuando el sol empezó a caer y la brisa se volvió más fresca, alguien sacó un acordeón. Bailaron, rieron y despejaron dudas.





· CANELONES DE GAMBAS ·

Ingredientes 
12 láminas de pasta para canelones
4 huevos 
1/2 piña
20 gambas cocidas 

Salsa rosa
150 gramos de mayonesa
3 cucharadas de ketchup
1/2 cucharada de vinagre
1/2 cucharada de brandy 
1/2 cucharada de zumo de limón
1/2 cucharada de mostaza
Sal

Mise en place.
  1. Hierve las láminas de pasta. 
  2. Deja enfriar. 
  3. Cuece los huevos durante 10 minutos y enfríalos con agua y hielo.
  4. Pélalos y abre dos huevos, reserva sus yemas. 
  5. Trocea la piña, los huevos y las gambas cocidas. 
  6. Reserva.

La salsa. 
  1. Mezcla la mayonesa con los demás ingredientes y prueba de sal.

Montaje.
  1. Mezcla la salsa con la piña, el cangrejo y los huevos. 
  2. Prueba de sal. 
  3. Extiende las láminas de pasta y rellénalas. 
  4. Forma los canelones. 
  5. Pica las yemas de huevo apartadas. 
  6. Pincela los canelones con salsa rosa y sobre ella espolvorea con yema de huevo. 


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day

Felices Fiestas

Cinco años contando historias, unas mías, mi vida, otras mías inventadas pero relacionadas de algún modo conmigo y algunas historias que inventaron otros. Un año le escribí a Papá Noel para que me trajera un Control + Z, no debía ser mi año de suerte pues ahí sigo, sin poder volver para atrás cuando lo necesite y esperando escuchar las campanillas encima de mi tejado. Hasta le puse luz, por si se había perdido, pero no, tampoco funcionó. Así que le escribí otra carta quizás más realista.

Pensé que igual el fantasma de la navidad futura me ayudarían a iluminarme mejor. Pero me dijo que me lo cocinara yo solita, como hizo un tal "Pane de toni", y ahí ando, volviendo al pasado a ver si se me arregla el presente,  aunque todos me dicen que con chocolate se arregla todo, y quizás sea así, quizás entre tanto batiburrillo de recetas encuentras la tuya,  si bien no la receta la historia que la acompaña te hace un poquito feliz, entonces ni Papá Noel, ni fantasmas ni ocho cuartos, entonces tú me darás el mejor regalo de Navidad.

Por mi parte desearte una feliz Navidad, disfruta con los tuyos, recibe salud y amor, lo demás vendrá solo. Vendré a saludarte para año nuevo, a desearte otro año mejor, mientras sé feliz... Ho Ho Ho.


Fotografía @catypol - Circus day.

Tambó d'ametlla

Mamá le dije al señor Gustavo que viniera a comer, su hija está de viaje y no quiero que coma solo._ me comentó mi hija justo cuando iba a repasar la vajilla para asegurarme que estuviera perfecta. Y yo le dije a la señora Adelaida que también viniera, ¡uy! lo siento mami, no te lo comenté, se me olvidó, ayer la vi sentada en el parque y parece tan triste desde que su marido se fue._ fue el siguiente comentario que recibí de mi hijo pequeño, el salvavidas del vecindario. Bueno, al menos esta vez conozco a los comensales, hubo un año que me trajeron a un vagabundo y el pobre estaba más avergonzado que nosotros.

Bien, estas fiestas pondremos dos platos más, por ahora, veremos a medida que pasa el día qué sucede, conociendo a mi familia pueda que hasta Papá Noel venga a comer después de haber pasado su noche "loca" por el Mundo, y alguno de mis hijos lo hay convencido para que se apunte al evento. ¡Huuummm! se me olvidaba, debo incluir a Lolo, el amigo invisible de Marta, o vamos a tener una comida llena de berridos y reproches, ¡uff!, vale, tres platos más.

Cariño_ me dice mi marido mientras me besa. Le he dicho a mi jefe que se venga a comer, ya sabes que los divorcios son duros y él tiene a su familia lejos, no te importa ¿verdad?_sigue hablando mientras me ayuda a poner la mesa. Y ¡bueno! se me olvidaba que el "grandullón" también tiene un gran corazón, así que no me quejo. De acuerdo, pero tendréis que ayudar todos, invitados incluidos_ dije yo intentando poner voz seria, aunque por dentro me siento feliz de formar parte de una familia como la nuestra.  



Recuerdo mi niñez, el día de Navidad es el cumpleaños de mi madre y todos nos reuníamos en casa, somos una familia muy grande por lo que la mesa era laaargaaa, los chillidos presentes y el olor a comida también. En esa comida no faltaba el tambó d'ametlla, es nuestro guirlache, casero, fácil y sí, muy calórico, jeje, pero bueno, es Navidad, no?. 

Ten cuidado a quemarte, pero es un turrón de almendra fácil y muy dulce con el que si no te atreves a elaborar otros con éste puedes empezar y en poco tiempo ya lo tienes en la mesa, recuerda en dejarlo enfriar.

· TAMBÓ D'AMETLLA ·

Ingredientes
  • 200 gramos de almendras peladas y tostadas
  • 200 gramos de azúcar
  • 1 limón
Elaboración
  1. Pon una sartén al fuego, vierte las almendras y seguidamente el azúcar, deja que el azúcar se funda y remueve para que no se queme. 
  2. Mientras pon un poco de aceite o bien en un mármol o sobre una bandeja de metal. 
  3. Cuando toda la mezcla está bien fundida pasarla, con cuidado a no quemarte, sobre la bandeja y con el limón partido aplana el turrón. 
  4. Deja enfriar. 
  5. Una vez frío trocea con las manos.





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Crystal Snowball

Cuando llegaban las vacaciones de Navidad me gustaba visitar la tienda de antigüedades del señor Erwin, respiraba historia y polvo de años mejores pero a mi realmente me gustaba. Solía ir a ayudar a mi abuela mientras mis padres trabajaban y ella fue la que me llevó a descubrir este rincón de la calle Viena, y fue el mejor descubrimiento de mi corta vida.

Cada vez que cruzaba la puerta sonaba una campanilla pequeña, __tilín, y el señor Erwin miraba hacía mi y sonreía, nos gustamos desde la primera vez que nos vimos, era un señor rechoncho, calvo y con gafas minúsculas que le colgaban de su pequeña nariz, sus ojos guardaban secretos y eso hacía que yo tuviera curiosidad por todo.

Las antigüedades que allí se vendían eran verdaderas reliquias y todas tenían una historia relacionada con el señor Erwin, un espejito que perteneció a Hedy Lamarr, una batuta de Mozart, o unos binoculares de Friedrich Voigtländer, pero lo que me atraía con intensidad eran las bolas de nieve que reposaban en una vitrina justo en el centro de la tienda.

En ellas podía reconocer la Torre Eiffel, la Torre de Londres o la Estatua de la libertad, en otras había figuras y casas navideñas, Papá Noel o una bailarina a punto de girar sobre sí misma. Pero la que más me gustaba era la de un pequeño muñeco de nieve con la nariz de zanahoria, una bufanda a rayas y un gorro negro.

El señor Erwin me contaba que esa era especial. Había pertenecido a un rey del desierto que murió sin ver la nieve y que creía que mientras estuviera dentro de la bola nunca nevaría en su país, y guardaba la bola como el mayor tesoro, la volteaba todos los días y le hacía sonreír. A mi eso también me hacía sonreír, yo también vivía en un lugar sin nieve, seguramente, como pensaba el rey, debía estar toda en la bola.


Nota: Erwin Perzy, mientras experimentaba para crear una lámpara para un hospital, accidentalmente descubrió el efecto de la nieve en el agua dentro de una esfera de cristal. Inicialmente, su intención era mejorar la iluminación, pero el efecto de la nieve que caía en el agua dentro de la esfera lo fascinó. Su hijo, Erwin Perzy II, continuó con la tradición familiar y popularizó la bola de nieve como regalo navideño con motivos como Santa Claus, árboles de Navidad y muñecos de nieve.


    En diciembre de 2103 hice un taller de estas cupcakes en Snack Market, no sé por qué no las había publicado con anterioridad, y aunque lo bueno se hace esperar nunca pensé esperar tanto, jajajaja, en fin! ahora ya tenéis la receta que usé para hacer estas cupcakes, espero os guste. La gelatina se come, sí, pero no sabe a nada. Intenta al hinchar los globos que queden lo más redonditos posible o tendrás esferas alargadas en vez de redondas. ¡Espero te guste!

    · CUPCAKES BOLAS DE NIEVE ·

    Ingredientes para 6
    Bolas de "cristal"
    • 6 globos para agua
    • Brochetas de madera
    • Una base de corcho para poder pinchar las brochetas
    • 100 mililitros de agua
    • 50 gramos de gelatina neutra en polvo
    Cupcakes de vainilla
    • 100 gramos de mantequilla, a temperatura ambiente
    • 80 gramos de azúcar
    • 1 pizca de sal
    • Las semillas de 1/2 vaina de vainilla
    • 2 huevos M
    • 100 gramos de harina con levadura
    Decoración
    • Crema de chocolate y avellanas
    • Coco rallado para la nieve
    • Cápsulas de cupcakes doradas o rojas
    • Cupcake wrappers dorado o rojo
    • Muñequitos de nieve de chocolate o Papá Noel de chocolate
    Elaboración 
    1. 24 horas antes preparar las bolas de "cristal": Hincha los globos (con aire), al ser de agua no nos permitirá hinchar mucho pues explotan, no hace falta que sean bolas muy grandes, lo suficiente para poder llevar dentro una figurita. Intenta que queden redonditos para que se asemejen mejor a una bola de cristal.  Ata los globos a las brochetas de madera. Hidrata durante 5 minutos la gelatina con el agua, remueve y lleva 20 segundos al micro, remove y cuela la gelatina dentro de un cuenco. Moja los globos bien de gelatina y deja secar pinchados en el corcho durante 24 horas o hasta que estén bien secos. Para quitarle el globo a la bola de gelatina, sólo hay que pincharla y tirar poco a poco de ella. Tranquilos, si se rompe el globo, dejar reposar unas horas y saldrán solos. Recorta un poco la base de las bolas para hacer la boca un poco más grande y así poder poner bien encima las cupcakes.
    2. Cupcakes: Pon la mantequilla, el azúcar, la sal y las semillas de vainilla en el cuenco de la batidora. Bate hasta que la preparación esté pálida y esponjosa. Bate ligeramente los huevos en otro cuenco y agrégalos lentamente a la mezcla anterior, sin dejar de batir. Tamiza la harina y añade poco a poco a la mezcla. Utilizando una manga pastelera o cuchara rellena los moldes de los cupcakes a dos tercios de su capacidad. Hornea 15 minutos a 180 ºC o hasta que al insertar un palillo salga limpio. 
    3. Decoración: Si las cupcakes han hecho copete, cortárselo para que queden planas. Unta por encima de la cupcake la crema de chocolate, y sobre la crema esparcir coco rallado como si fuera nieve, y tiene que estar bien nevado. Pon la cupcake dentro de una cápsula de cupcake roja o dorada, y esta a la vez dentro del wrapper. Pon el muñequito de chocolate sobre la nieve, haciendo un poco de presión para que no se caiga, y termina con la bola de gelatina. 





     

    Con esta receta participo en el Reto de "Christmas Time" de la comunidad Cocineros del Mundo en G+ Reto ChristmasTime CdM 2016 



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